CAPÍTULO 16

Querido diario:
Los segundos que siguieron fueron un auténtico caos. El techo se nos venía encima y las paredes enseñaban grietas escalofriantes. Los mortífagos desaparecieron uno por uno, huyendo de la muerte y de un posible arresto, así que sólo quedábamos nosotros. estábamos muy nerviosos. Todos buscábamos una salida. Todos, excepto Harry. El chico de la cicatriz no aparecía por ninguna parte.
- ¡¡Tenemos que encontrar a Harry!!.- sollozaba Hermione.
Cada uno hacía lo que podía. Los hechizos descomponedores no ayudaban mucho entre tanto escombro, y las transformaciones no daban suficiente para tantas rocas llovidas del cielo.
Por fin, lo vimos inconsciente junto a su escoba.
- Veamos, yo me apareceré en Hogwarts sujeta de Harry.- expuso la chica.- Ron, encárgate de Susan. Cuando lleguemos allí...
- ¡¡Esperen!!.- yo ya me había dirigido al sur de la sala.- ¿Y qué hacemos con Malfoy?.- ninguno contestó.- chicos, no podemos dejarlo aquí, ¡¡no podemos!!
Me miraron sin ninguna expresión en sus caras.
- Está bien. Ron, encárgate tú también de Malfoy.
- ¿Yo? ¿Y por qué yo?.- protestaba el pelirrojo
- ¡¡Porque es tu chica la que desea salvar su vida!!
Ron se quedó con la boca abierta. Me miró buscando refugio en mi mirada y yo solo pude devolverle otra de súplica.
- Bueno, marchémonos de aquí.
El chico anilló su brazo al mío, sujetándolo fuertemente. Yo abracé el cuerpo de Malfoy contra mi pecho. El chico de Slytherin era liviano, pero más alto que yo, así que me costaba sostenerlo con firmeza.
- ¿Listos? ¡¡Pues allá vamos!!.- Hermione desapareció dejando sus palabras a medio acabar.
Ron la imitó. Nuestros cuerpos parecían no regirse por el espacio y el tiempo. Por un momento creí sospechar que Malfoy abrió los ojos y me miró. Pero eso era imposible.
Instantáneamente, nos encontrábamos en los terrenos de Hogwarts, junto al lago.
- Ron, encárgate de hablar con Dumbledore o con la profesora Mc Gonagall. Susan y yo nos ocuparemos de los chicos.
Ron hizo un signo de protesta. Al parecer, la expresión de Hermione para dirigirse a Harry y Malfoy como iguales le disgustaba. Pero no la desobedeció, y en breve se puso en marcha.
Ya en la enfermería, la señora Pomfrey atendió a los heridos, sometiéndonos a un sin fin de preguntas.
- Ahora no podemos contestarle,- se disculpó Hermione,- pero lo haremos mañana, con la presencia de los profesores.
La enfermera no entendía nada, pero sabía de la condición de Hermione, pues en más de una ocasión, la chica visitaba su enfermería y no le daba ningún problema.
Camino de la torre de Gryffindor, vi que una lágrima asomaba en sus castaños ojos.
- No llores, mujer, Harry se pondrá bien, ya lo verás.
- He pasado tanto miedo...
- Ahora ya todo pasó. Todos estamos bien. Hemos regresado. Y Harry se recuperará pronto, ha demostrado ser más fuerte de lo que pensábamos. Lo ha vencido.
- ¿Tú crees?.- en sus ojos brillaba la luna.
- ¿Tú lo viste por allí?
- No... pero...- miró hacia atrás, como si creyese que estaba ahí.- ¿y si logró escapar? ¿y si huyó y...?
- Yo creo que no. Pienso que ahora mismo debe encontrarse sepultado bajo todas esas piedras. Aunque eso sólo podrá confirmárnoslo Harry. Él fue el único que lo vio antes de que la cueva estallara.
Habíamos llegado a la habitación. Las chicas dormían plácidamente. Cuando fui a cambiarme el vestido y vi los rasguños, no pude reprimir un quejido.
- Qué lastima de vestido... la próxima vez que me cite con un mortífago le exigiré que sea en horario normal, así podré ir más cómoda al duelo...
La chica soltó una breve carcajada mientras dijo reparo . Yo le agradecí con una sonrisa.
- ¿Sabes qué? Te echaba mucho de menos cuando estabas en la enfermería.- terminé de acomodarme entre las sábanas.- no soportaba ver esa cama vacía.
- Yo pensé en ti cada momento que pasé allí. Pensaba que al menos si dormía en esa cama extraña era gracias a ti.
Y con esas palabras y un buenas noches cariñoso, nos dormimos. Había sido una noche muy larga y merecíamos un descanso.

CAPÍTULO 17

Querido diario:
Aquella mañana de sábado lucía un hermoso sol de primavera transitoria, pues faltaban pocos días para la llegada del verano. Bajé a desayunar temprano, como siempre, pero ahora mucho más, pues desde el día de la fiesta, todos me preguntaban cosas como estás saliendo con Ronald Weasley o sabes por qué Harry Potter está en la enfermería . La hora del desayuno era mi único momento de tranquilidad, nadie solía madrugar para bajar al comedor. Pero cuando llegué, me llevé una sorpresa:
La mesa de Slytherin estaba vacía (bueno, eso no suele ser muy anormal, los chicos de Slytherin acostumbraban a bajar más tarde). Tampoco había alumnos de Hufflepuff. En cambio, un gran grupo en la mesa de Gryffindor me esperaba. También había alumnos de Ravenclaw, pero estos parecían marcharse con prisa. Tan sólo la profesora Mc Gonagall, Hagrid y el profesor Ion Ander estaban allí. El profesor Ion Ander... ¿cómo demonios había llegado ahí? Será que no le echamos de menos cuando comenzó la lucha de los dementores.
- Eh, Susan, Susan, vamos, ven aquí?.- Ron y Neville me llamaron alegremente.
- Buenos días, chicos, ¿qué ocurre hoy aquí?
- Nada, los partidos de quidditch se han reiniciado, aunque para lo que queda de curso... Dumbledore ha decidido que sean partidos benéficos, ya sabes, para ayudar al Hospital San Mungo.
- sí. Yo hubiera preferido que jugaran Gryffindor contra Slytherin, pero Dumbledore no ha querido.- Seamus le dirigió una mirada a Harry.- el equipo tiene bajas...
- ¡¡Harry!! Qué bueno que estás aquí, ¿cuando has llegado?
- Esta mañana, por Merlín, ya estaba harto de vivir en la enfermería.
No pude contener la risa. Lo abracé como si no lo hubiera visto en muchos años. Hermione me dirigió una sonrisa.
- Eh, eh, tranquila, no hagas que me ponga celosa.
Una sonrisa sentenció su comentario.
- Bueno, supongo que no serías la única que sufriera de celos.- tras esto, miré a Ron. Él también sonrió.
Estábamos todos bromeando cuando llegó Luna. Su llegada nos tomó sobresaltados, porque no esperábamos a nadie más, con el primer partido de quidditch en mucho tiempo disputándose.
- ¡¡Eh, Luna, ven y siéntate con nosotros!!.- la invité.
La chica se sentó tímidamente a nuestro lado. Me costaba verla tan discreta cuando sabía que ella no era así. Estaba muy seria, pero lograba disimularlo.
- Bueno, Harry, ya cuéntanos lo que pasó, ¡¡nos tienes en ascuas!!.- Ginny le revolvía sus ya revueltos cabellos color azabache. Todos siguieron su ejemplo, quejándose por la tardanza.
- Está bien, está bien, ¡¡tranquilos!!.- Harry sonreía.- Os lo contaré todo.
Y efectivamente, así lo hizo. Su actuación inicial fue la esperada por los mortífagos, pues Harry, siempre acompañado de Hermione y del mapa del merodeador, descubrió que Ron y yo habíamos desaparecido en el bosque, y en breves segundo, nuestros nombres desaparecían del mapa. El resto de la historia era común para los cuatro.
- Mmm... ese Malfoy, deberíais haberlo dejado allí...- Seamus apretaba los puños mientras hablaba.
- Esto... chicos... siento interrumpiros pero me tengo que ir.- Luna parecía nerviosa.- tengo que hablar con... en fin, ¡nos vemos luego!
Y se marchó. A ninguno le pareció extraña su repentina marcha, pues apenas había probado su zumo de zanahoria y su tostada, pero a mí me pareció inesperada. No sé, era tan raro ver a Luna así...
El resto del día transcurrió tranquilo. La gente parecía ajena a lo que unos días atrás había ocurrido a miles de kilómetros de allí. Aunque pronto lo sabrían.
Esa noche, como tantas otras veces lo habíamos venido haciendo a los largo de seis cursos, Dumbledore nos dirigía un conmovedor discurso de despedida. Un discurso que la mayoría atendía impaciente, pues tras éste, pronunciaría el nombre de la casa ganadora del año. En nuestra mesa se respiraba paz, muchos sospechaban que la copa sería nuestra, pues aunque en quidditch no hubiéramos participado, daban por suficiente mi lucha contra el dementor y la batalla contra los mortífagos. Efectivamente, eso tendría mucho que ver, pero no fue del todo así:
- Queridos alumnos, como cada año, otro curso se va. Y otra copa de la casa debe ser entregada a su respectiva dueña, ganadora y merecedora de gloria. Pues bien: hasta ahora, los relojes de arena, que no de pulsera, dan este resultado.-(cuando aludió al doméstico tipo de reloj pegué un respingo de mi silla): ¡¡Hufllepuff, en cuarto lugar con sus maravillosos 356 puntos!!.- Un aplauso colectivo inundó el comedor.- ¡¡Ravenclaw, en tercer lugar con unos bien merecidos 412 puntos!!.- el aplauso se extendió.- ¡¡Gryffindor, ocupando el segundo lugar con sus altos 422 puntos!!.- el aplauso continuaba, pero en menor grada sobre nuestra mesa.- ¡¡y... Slytherin, que con sus 501 se proclama hoy ganadora de la Copa de la Casa!!
El comedor estalló entre gritos y vítores, con el aplauso ya de fondo. No podíamos creer que todo fuera a acabar así.
- Pero como hace ya seis años,- prosiguió el director.- la historia se repite. Unos eventos de última hora hacen que modifiquemos los relojes. Y es que debemos añadir 20 puntos a la cúpula de Gryffindor, pues la valentía de Ronald Weasley fue por una buena intención.- Ron era ya un cuerpo rojo, lo miraras por donde lo miraras.- Por la siempre excelente actuación de la señorita Granger, que con gran valentía se enfrentó a dos mortífagos, otros 20 puntos.- los aplausos iban acompañados de murmullos.- También Harry Potter puso parte de su valentía en práctica, así que por ello, otros veinte puntos.- nadie entendía la "indiferencia" del director frente al vencedor del duelo con Voldemort. Ya en una ocasión, Harry había sido quien más puntos recibió del mismo.- Pero sin duda, por la sangre fría, su astucia y su compasión... Susan Miralleso, ¡¡recibe usted 30 puntos!!
El público estalló. Muchos de mis compañeros me abrazaron en señal de felicitación.
- ¡¡¡¡Superamos a Slytherin, somos campeones!!!!.- gritó un alegre Neville
Efectivamente, nuestro reloj ahora contenía muchos más rubíes que esmeraldas el reloj verde y plateado. Pero la alegría se desvaneció al oír de nuevo las palabras del director.
- Sí, sí, felicidades para Gryffindor. Pero aún... aún quedan otros puntos por entregar.- todos deseábamos que fueran para nuestra casa.- Hubo alguien en este colegio, y que ahora se encuentra en esta sala que, además de mostrar su apoyo y amistad incondicional a nuestros héroes, ayudó a Gryffindor en esta aventura. No sólo los previno, sino que actuó con madurez y determinación. Cuando aún nada era sospechoso, ya sabía de lo que pronto era de ocurrir. Por ello, premio a Luna Lovegood, de Ravenclaw, ¡¡con 100 puntos!!
La mesa de Ravenclaw se puso de pie. Todos gritaban y saltaban de alegría, cogiendo a Luna como una marioneta. La chica sonreía divertida. Yo me limité a saludarla desde mi asiento. Ella en cambio, gritó mi nombre mientras agitaba su brazo.
- ¡¡Eh!! ¡¡Hemos empatado, hemos empatado con Gryffindor!!.- gritaba Nazareth desde su mesa.
Los chicos empezamos a mirarnos, preguntándonos qué sucedería ahora, pues el director se había sentado en señal de que no había más puntos para repartir. Fue la profesora Mc Gonagall quien se alzó esta vez.
- Alumnos, el profesor Dumbledore ya ha repartido los puntos pendientes. Pero no ha acabado de hablar. Les ruego silencio y compostura, por favor!!
Y todos obedecimos. En seguida, el director volvió a levantarse, y tras unos segundos de silencio exclamó:
- Como veis, se ha producido un empate. Un empate entre dos casas. El empate es entre dos y la copa, sólo una. Ocurriendo esto, podemos pensar en dos soluciones:
la primera es repartir un punto más para romper la igualdad. Pero no me parece justo entregar un punto sin motivo, pues todos y cada uno de los que estáis aquí sois igual de merecedores de dicho punto. Así que, por primera vez en la Historia de Hogwarts, la Copa de la Casa no figurará en ninguna sala común.- todos murmuraban resentidos.- y no figurará en ninguna sala común porque esta vez se expondrá en la Sala de Trofeos del castillo. Así, ninguna de las casas vencedoras reclamará la copa. Y sí, por primera vez en la Historia de Hogwarts... Gryffindor y Ravenclaw, este año sois... los ganadores de la Copa de la Casa.
De nuevo los aplausos ensordecían el comedor. En seguida, el director dio unas suaves palmadas, y la sala quedó adornada con banderas rojas y azules, combinadas de manera alterna. Sobre la mesa de los profesores, capitaneaban un león y un águila.

CAPÍTULO 18

Ha pasado mucho tiempo desde aquella noche en Hogwarts, celebrando una vez más la bien merecida Copa de la Casa de Gryffindor, esta vez junto con los alumnos de Ravenclaw. Pues bien, de eso hace ya algunos años, aunque lo recuerdo todo con la misma nitidez.

Recuerdo la mañana que llegó el Expreso de Hogwarts a la estación de Hogsmeade como si fuera ayer. Amaneció nublado. Todos recogíamos nuestras cosas en parte con la ilusión de volver a estar con nuestra familia, pero en parte con nostalgia, pues los meses de vivencia en Hogwarts son tan acogedores como los vividos en casa, y nuestros compañeros son como nuestra segunda familia, compartiendo las mismas ilusiones al mismo tiempo.

Estábamos todos en el tren. Hagrid nos saludaba agitadamente. También el nos echaría de menos, a algunos aún más después de haber terminado el último curso y comenzar así la vida laboral. Todos se preocupaban de estar conmigo, de mirarme, de pedirme cosas... y me agobiaba. Es cierto que no añoraba el estado de soledad en el que siempre me había hallado, pero tampoco me atraía la popularidad. Así que fui corriendo a buscar a Luna y a las snitches doradas.

En lugar de encontrarlas, abrí un compartimento lleno de caras conocidas, y éstas no me permitieron salir de allí:

- ¿Dónde te habías metido, Susan? te estábamos esperando!!

- Hermione tiene razón, sabíamos que vendrías con nosotros.- Harry me hizo ademán para que me sentara a su lado. Ya no podía negarme.

- Justo ahora hablábamos del profesor Ion Ander, ¿cómo crees que llegó al colegio sin ningún rasguño?

- Pues no lo sé, yo la verdad es que no le vi, ni siquiera cuando salí a por las antorchas y convertirlas en la escoba.- era cierto, no percaté de se ausencia.

- ¡A lo mejor tenía una capa invisible!.- Ron se levantó de su asiento como si sus palabras botaran.

- No seas bobo, Rony, los mortífagos son descosedores de las capas invisibles, acaban con el cabello de demiguise invisible con sus maldiciones, entre ellas con la maldición imperius.- Hermione le tomó por el brazo para que se volviera a sentar. Él lo hizo lentamente debido a la desilusión.

- Los mortífagos son descosedores de las capas invisibles.- repitió el pelirrojo con tono de burla.

- Pero no detectores de animagos.- Luna acababa de llegar. Su voz, firme, llamó la atención de todos los presentes.- ¿Puedo sentarne?

- Claro, por favor.- Harry hizo un hueco en los asientos para que nos acomodásemos todos.

- El profesor Ion Ander es un animago.

- ¿Y cómo lo sabes?.- dijo Hermione con curiosidad.

- Yo lo vi. Fue en Hogsmeade, cuando falté a clase.

- ¿Tú faltaste a clase?.- los chicos preguntaron con asombro.

- Luna, creo que nos debes una explicación detallada sobre todo.- le dije con seriedad.- ¡Tu carta fue de lo más extraña!

- Es cierto, pero no podía hacerlo mejor. En ese momento el tiempo era oro, así que una nota para advertirte era sólo una medida pobre.

- Cuéntanoslo todo, por favor.- pidió el trío de Gryffindor al unísono.

- Está bien. Todo comenzó aquí, justo aquí, en el Expreso de Hogwarts. Estaba sola en el compartimento esperando al carrito de golosinas y como no llegaba decidí buscarlo. El pasillo de mi vagón estaba desierto pero cuando llegué al final, oí una voz, una voz muy desagradable. Era Malfoy. Charlaba tranquilamente como una chica de Hufflepuff, Lissy Cloud creo que era. Vi cómo ponía sus juegos de seducción en práctica y me oculté, esperando que la pareja se fuera a otro sitio. No presté mucha atención, pero recuerdo que Malfoy le preguntó algo... algo que tenía que ver con una pulserita que él mismo decía haberle regalado. Al parecer, la chica la había perdido y eso al chico no le hizo mucha gracia. No me interesaba esa discusión de enamorados, así que volví a mi compartimento malhumorada, pues el carrito no llegaba. ¡Y es que... qué podía tener de interesante tal conversación! Luego llegaron las pérdidas de mis compañeras: Julie perdió su joyero, Susan su reloj... al principio pensábamos que eran los dementores los causantes de tal misterio, pero aunque así fuese, un dementor no puede coger un joyero y salir corriendo, no. Así que fui pensando en Malfoy.

- ¿De modo que ese era tu plan?.- la interrumpí.

- Bueno, reconozco que las snitches tuvieron una buena idea pensando en tenderles una trampa a los dementores. Bien es cierto que eso es un disparate. Pero tenderle una trampa al ladrón sí. Porque todo indicaba que había un ladrón, y un ladrón muy inteligente por cierto. No atendía a objetos valiosos, sino a objetos cotidianos, de significativo valor: Susan adora la puntualidad, e incluso se adelanta a los sitios a los que va; Julie custodiaba su joyero con amor porque no tenía joyas que guardar; el mejor amigo de Hermione siempre era un libro...

- ¡¡Eh!!.- se quejaron los chicos.

- Bueno, bueno, al menos eso pensó Malfoy. Un libro es más fácil de llevar que un alumno. Se podía decir que un ladrón estaba entre nosotros, y no un ladrón cualquiera, sino alguien en contra de los sangre - sucia. Me pareció curioso que cada vez que algo desaparecía, Malfoy montara uno de sus numeritos con Susan en público, sobre todo con ella, una sangre-sucia. Y entonces lo recordé: Malfoy se preocupó de que una simple Hufflepuff, una simple sangre sucia, hubiera perdido algo... así que... por qué no utilizar a alguien como Susan, la que tanto asco le producía? Pensé que era muy retorcido eso que pensé... pero es que luego todo encajaba: Malfoy siempre te atacaba en público, hacía que interviniéramos chicos como Harry, Ron, Hermione e incluso yo (recordáis la pelea en el Gran Comedor, verdad?), hizo que uno de nosotros entrara en el bosque, da igual quién fue (Susan me contó que su víctima aquella vez era Neville), el caso es que él sabía que uno de vosotros entraría ahí, y fue nada más y nada menos que Susan quien logró escabullir al dementor. Eso, créanme, no le hizo mucha gracia. Desde entonces, siempre estaba picándola: Susan no tienes amigos, Susan no puedes ir al baile, Susan esto, Susan lo otro... ¿acaso no era evidente que estaba equivocado?

- Un poco...

- ¿Un poco? ¡Estaba mejor que nunca! Sólo lo hacía para que no fuese al baile. Ese era su plan. Pero seguía siendo algo rebuscado, así que decidí ir a hablar con Dumbledore. Y éste nunca me recibió. Así que tuve que recurrir a... otros métodos...

- ¿Otros métodos?.- Hermione se levantó de su asiento.- ¿Estás insinuando que entraste por la fuerza?

- Bueno... sí... y no... veréis, yo...- carraspeó.- soy animaga.

- ¿¿¿QUÉ???.- ahora estábamos todos de pie.

- Sí, sí, ya sé que es muy raro y muy difícil y todo eso pero... sí, lo soy. ¡Ah, y ni se os ocurra decirlo por ahí, no estoy registrada en el Ministerio!

- ¿Lo sabe Dumbledore?

- Ahora sí. Veréis, como no me hacía ni caso y la situación me parecía extrema (porque me lo jugaba todo a una carta) tomé mi aspecto animal y me colé por la ventana.

- uau... ¿Qué animal eres, Luna? ¿Un dragón?

- ¡¡Ron!!

- Jeje, no, me transformo en una paloma.

- Vaya... bueno, ¿y qué pasó? hasta ahora, eso no tiene mucho que ver con el profesor Ion Ander.- le dije impaciente.

- Tranquila, a eso voy. A Dumbledore no le molestó mi capacidad de transformación, al contrario: le entusiasmó. Atinó a decirme que el profesor Ion Ander se encontraba en la sala y si quería que se retirara para tener una conversación privada. Yo pedí que se manifestase y que compartiese la charla con nosotros, pues lo que venía a decirles era muy importante. El profesor se mostró muy exhaustivo al recoger toda la información y en seguida se puso en camino para Hogsmeade y formar con los demás aurores. Pero justo cuando se iba llegó Snape. El profesor de pociones le "rogó" a Ion Ander que bajase al aula de Defensa, pues unos alumnos de Slytherin necesitaban de sus conocimientos. Le dije a Dumbledore que vigilase a Malfoy, pero rechazó mi petición diciendo que estaba acusando a un alumno sin suficientes pruebas y sin tener en cuenta la gravedad de mi actuación.- Luna miró al suelo.- Respeté su opinión de prudencia pero no me contuve, así que le advertí de mi insistencia en el asunto y de que... estaría fuera de Hogwarts.

- ¡¡Vaya!! ¿Y qué te dijo el director?.- Ron tenía los ojos muy abiertos, le estaba entusiasmando el relato de la chica de Ravenclaw.

- No le di tiempo a contestar, sino que me volví a transformar en paloma y me marché. Intentó impedirlo, pero le fue imposible.- esta vez miro hacia la ventana.- Estuve muy lejos... en... bueno, no importa el lugar, siempre ha sido mi refugio. Luego volví a Hogwarts, pero no con forma humana. Busqué a Malfoy en la torre de Slytherin, en los baños de chicos, en el campo de quiddtch, pero no di con él. Hasta que descubrí lo que quería saber: Crabble y Goyle no estaban con Malfoy; ellos mismos le preguntaban a Pansy dónde estaba su amigo. Sin perder ni un minuto, me apresuré en escribirle una carta al director, diciéndole que "su querido alumno de Slytherin" había desaparecido y que el profesor Ion Ander se encontraba en apuros.

- ¿Cómo sabías tú eso?.- le preguntó Harry

- ¡¡Vigilé a los aurores!! Y todos estaban muy preocupados por él... así que regresé al colegio para buscar a... algún topo de color pardo por los jardines

- ¿¿El profesor Ion Ander se convierte en un topo?? Hermione, ayúdame a convertirme en dragón...

- ¡¡Y dale con el dragón, Ron, qué pesadito te pones!! Continúa Luna, por favor

- Sí. Bueno, el caso es que Malfoy no daba señales de vida, iba a perderse la fiesta, ¡¡y un profesor había desaparecido!! Busqué a Dumbledore para contarle sobre el profesor. El director me dijo que, en el caso de que Malfoy fuera el culpable, ¿cómo podría haber conseguido esos objetos?

- Sí, eso, ¿cómo?

- Ron...

- Vale, vale, ya me callo...

- Fue mucho más simple de lo que creen: yo lo descubrí gracias a Nazareth Watson.

- ¿Nazareth?.- pregunté extrañada.- ¿qué tiene que ver ella en todo esto?

- Ella fue quien te sugirió desmemorizar a Malfoy, ¿recuerdas?

Era cierto. Al momento sus palabras regresaron a mi memoria: Hazle un conjuro paralizador y cuélgalo en el alféizar de Mc Gonagall

- Es cierto que no os paralizaron pero... desmemorizaron, sí. Por eso se os iba la memoria.

- La recuperé en el bosque, junto a Ron. Pero ya era demasiado tarde...

- Cuando Dumbledore quiso actuar, sí que se hizo tarde. ya no podíamos hacer nada: cinco alumnos habían desaparecido. Cinco alumnos... y un profesor.

- Que es un auror.- replicó Ron.- No, Hermione, no puedo callarme, es cierto que lo pillaron solo, pero es un auror, él sabe defenderse. Seguro que cavó un túnel mientras luchábamos y escapó de allí, al fin y al cabo... eso es lo que hacen los topos, ¿no?

- Dumbledore estaba destrozado, no entendía cómo había ocurrido todo en sus narices y no pudo impedir nada. Es por eso que fue a visitarme.- Luna miró a Harry a los ojos.- me dijo que si os ocurría algo, no se lo perdonaría jamás, sobre todo por ti. Al parecer, más de una persona dio su vida para salvarte y temía que por su culpa, eso hubiera sido en vano. Me dio mucha pena...- una lágrima rodó por su mejilla.

- Ya, Luna, ya todo eso pasó.

- Sí. Ahora eres toda una heroína, y Ravenclaw ganó por ti, campeona.

La chica le agradeció el comentario al pelirrojo con una sonrisa.

En ese preciso instante entró Malfoy en el compartimento.

- ¿Susan?

Todos permanecimos callados. A todos les sorprendió su presencia y el tono de su voz. A mí, que me hubiera llamado por mi nombre, sin insultos de por medio.

CAPÍTULO 19

Querido diario:

Ese incómodo silencio no duró mucho, pues yo no lo permití.

- ¿Qué quieres, Malfoy?

- Hablar contigo.- no podíamos creerlo. El chico de Slytherin se dirigía a mí seriamente y sin ofender a nadie.- será solo un momento.

- Está bien.

Salimos al pasillo del tren. No había mucha gente, pero evitando que nos vieran juntos, el chico de los cabellos dorados se apresuro hacia el balcón del tren, sin dejar de mirar a un lado y a otro.

- Mira Malfoy, no te dije nada ahí dentro porque te superábamos en numero pero ahora te diré que...

- Escúchame,- me espetó el chico con brusquedad,- por favor.

¿¿Por favor?? desde cuando Draco Malfoy me pedía algo educadamente?? ¡¡Lo único que me había pedido a lo largo de los años era que muriese pronto!!

- Vengo a pedirte perdón.

- ¿¿Perdón?? ¿¿Tú a mi??.- lo miré incrédula.

- Ya sé que no me he portado bien contigo, y que de hecho, eras una de las personas que más he detestado...hasta ahora.- hizo una pausa, suspiró y prosiguió.- debido a mi educación, siempre he sentido asco por los mestizos, los traidores a la sangre... y los muggles. Ha sido un valor universal en mi familia y por tanto en mi vida. Es por eso que os he tratado siempre así.

- ¿¿Te estás justificando??

- ¡¡Me estoy disculpando!!

Me quedé perpleja. Nunca me imaginé un Malfoy compasivo y tolerante. Y ahí estaba él, dándome explicaciones voluntariamente.

- Juré lealtad a mi sangre durante el resto de mi vida, y aprendí que ésta no tenía mucha importancia cuando se trataba de cuestiones honorarias.- seguía mirando fijamente hacia los árboles que el Expresso de Hogwarts iba dejando atrás,- Supe que algún día debería favores al Señor Tenebroso, pero nunca pensé que detestaría hacerlo.

Al decir esto, apretó los puños. Yo lo miraba fijamente y un tanto extraña. Aún no salía de mi asombro.

- Como bien sabes, mi padre está en Azkaban, y eso parecía importarle poco a Lord Voldemort. En lugar de eso, parecía alegrarle, pues en su ausencia, mi querido padre dejó de prestarle atención y se concentró más en su familia. Sobre todo en mí.- sus ojos empezaron a brillar.- Empezó a comportarse como un verdadero padre, preocupado por su hijo adolescente.

De repente me miró. Nuestros ojos se encontraron y permanecieron unidos unos instantes hasta que comenzó a hablar, sin dejar de mirarme:

- ¡Tuve que hacerlo, Susan! ¡¡Tuve que obedecerle sin resistencia alguna!! Era la única salida, ¡¡era la única forma de defender a mi padre!!

Dejé de mirarle. Sabía cómo se sentía, y de verdad lo comprendía, pero no asimilaba su falta de corazón humano al permitir que un grupo de asesinos mataran a tantos chicos como desearan.

Entonces, se acercó a mí y tomó mi cara entre sus manos, torciéndola hasta mirar la suya frente a frente.

- Hacer algo atroz por salvar la vida de mi padre a cambio puede ser fácil de entender pero...- titubeó,- ¡¡lo que no entiendo es cómo salvaste a la persona que quería destruir tu vida!!

Di un respingo y me alejé. Los límites del asombro habían quedado muy atrás, pues Malfoy no dejaba de darme sorpresas. Tenía razón. Él intentó matarme, él fue la razón de muchas de mis desgraciadas historias en Hogwarts. Y yo lo rescaté, decidí sacarlo de aquella lejana cueva, en contraposición con Ron y sus amigos. Pero aún había algo que no encajaba del todo.

- Malfoy- también era raro que le hablase yo en ese tono,- ¿Cómo sabes que yo te saqué de allí?

- No lo recuerdo muy bien pero...,- se acercó a mí, como si quisiera evitar que se le escaparan algunas de sus palabras,- recuerdo un estruendo, algo así como una explosión. Después, vi colores a mi alrededor y también te vi a ti. Estaba anclado en tu cuerpo y no podía moverlo, no podía mover ni un solo músculo. Sólo pude verte y luego, mis ojos se apagaron. Es lo único que recuerdo.

Y entonces me acordé. Por un momento pensé que el chico de Slytherin me miró durante el regreso al castillo, pero pensé que estaba equivocada, ya que un cuerpo inconsciente no tiene esa capacidad, a no ser que... a no ser que no lo estuviera.

- Es cierto que podías haber muerto en ese estallido, y también que podía haberte dejado allí, aunque... -esta vez le devolví la mirada.- no podía, no podía hacerlo, no podía dejarte solo, no podía abandonarte, créeme, no hubiera podido, a pesar de tener motivos más que de sobra como para hacerlo! Me maltrataste, me humillaste, heriste mis sentimientos al jugar con ellos... Has sido mi peor pesadilla estos años en Hogwarts, he despertado paralizada cuando aparecías en mis sueños, ¡¡me has hecho mucho daño!!

- ¡¡Basta!!.- espetó el Slytherin.

Y diciendo esto, me abrazó. Pude notar cómo la sangre se me helaba. Tenía miedo. Ese no era el estúpido Malfoy de siempre, aunque debo reconocer que en el fondo sentía curiosidad por saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar con toda esa actitud.

- Lo siento, lo siento muchísimo, de veras,- hablaba en susurros.- te prometo que no volverá a suceder, es más... esto... yo... me gustaría que empezáramos de nuevo.

Me separé con brusquedad.

- ¿Empezar de nuevo?- lo miré con un toque de incredulidad.

- Ya sabes, comenzar desde cero.- y diciendo esto, alargó su mano abierta, dando a conocer unos dedos largos y delicados,- hola, me llamo Draco Malfoy, pero preferiría que me llamases Draco. Y tú, ¿cómo te llamas?

No sabía de qué iba ese tío. Por un momento pensé en qué dirían las snitches: "puede que tanta gomina provoque efectos secundarios". Sin embargo, al mirarle y recoger la sonrisa que me estaba dedicando, con ese conjunto de chico tan extraño pero peculiar, no pude evitar alargar mi mano y estrecharla contra la suya fuertemente.

- Me llamo Susan, Susan Miralleso.

También yo le dediqué una sonrisa pícara.

- Encantado, Susan. Estaba pensando en invitarte a tomar algo con mis amigos, pero supongo que aun es pronto y desconfiarías de un extraño- no dejaba de sonreír, aunque había algo hermoso en su rostro, quizás ausencia de maldad,- por eso, te dejo este sobre. No lo habrás aún, no será necesario. Ahora bien, te ruego que lo uses y que cuando lo hagas, sea para algo bonito. Y ahora sí, me despido.

Y de repente, me besó. Fue un beso fugaz, tan largo como un parpadeo. Cuando ya se disponía a entrar en un vagón pregunté, sin saber muy bien por qué:

- Espero que volvamos a vernos.

- Pronto, muy pronto, Susan.

Y sí. Nos vimos muy pronto. Pues el verano pasó muy deprisa y el nuevo y último curso llegó con fuerza. Las clases eran duras, los exámenes aún mas y mis amigos... bueno, ahora no hago otra cosa que repetir esa mágica palabra que empieza por 'a' y que en una etapa de mi vida no aparecía en mi vocabulario. Mi lista de amigos fue creciendo, lo que hacía que también creciera la seguridad en mí misma. Eso me permitió llevar a cabo muchas de mis pasadas fantasías: tomar cerveza de mantequilla en Hogsmeade junto a los míos, ir de compras por allí... incluso formar parte del equipo de quidditch! Bueno, no es que fuera muy buena al principio pero... en fin, lo que importa es que al final supuse un papel importante como guardián.

Pero de eso hace ya mucho tiempo. Ahora formo parte del Consejo de Aurores, y trabajo por mantener el orden en el mundo mágico. Ya no me asustan los dementores, sino que añoro no ver alguno al menos una vez por semana. Los mortífagos desaparecieron y esperan una señal de su poderoso señor. Pero este, sin embargo, no ha dado señales de existencia, así que todos se bañan en la incertidumbre, permitiéndonos una mayor facilidad a la hora de capturarlos. Fueron autores de muchos crímenes y eso deben pagarlo, aunque de todos ellos, creo que el más grave fue el de hacerse llamar 'seguidores de Lord Voldemort'. Sin duda, fue un terrible error y deben pagarlo caro.

Harry y Hermione viven en Londres. Sus proyectos están dando buenos resultados para el Ministerio y el Mundo Mágico. Harry es mi superior en el Consejo, y ahora yo ocupo su antiguo puesto como aurora. Y es que ahora, Harry se encarga del departamento de instrucción para aurores, dando la bienvenida a cada uno de los aspirantes que ingresan en la Academia. Hermione, en cambio, ha ganado un condecorado Merlín por su poción Abmutatio, gracias al cual podremos evitar mutaciones genéticas.

Luna se mudó a Dinamarca, donde trabaja con dragones. Hace poco nos vimos, pues tuve un asunto pendiente por allí.

En cuanto a Ron... bueno, ahora vivimos juntos en Glasgow, en una casa en el campo, ya que era el único modo de insertar el campo de quidditch del pelirrojo que ahora es mi marido. Y es que el pequeño de los Weasley se encarga de arbitrar partidos de carácter nacional.

Seguro que os estáis preguntando qué decía aquel sobre tan misterioso que me dio Malfoy. Pues bien, no se trataba de otra cosa sino de una invitación a su casa para ver todos los ejemplares de su biblioteca particular. Naturalmente que fui, pero pasado mucho tiempo, casi al final del séptimo curso, cuando creí oportuno hacer uso de tal privilegio. Lo que no sabía es que para él se trataba de una chica con la que flirtear tras un par de quedadas más. Se llevó un pequeño chasco cuando lo rechacé, pues aunque sabía que Ron y yo estábamos saliendo pensaba que una oportunidad como esa no la rechazaría jamás. Después de todo me alegro, ya que actualmente está prometido con Clarice René, una de las editoras más reconocidas de El Profeta. A veces siente la pérdida de sus padres. El primero estuvo en Azkaban hasta sus últimos días y su madre... bueno, se marchó cuando desapareció Lord Voldemort, por lo que nunca más volvió a verla. Es muy triste, pues aquel verano cuando Malfoy regresó a su mansión no pudo despedirse. Ni siquiera le dijo adiós.

Recuerdo mis años en Hogwarts como los más intensos de mi vida, tanto para bien como para mal, pero en especial aquel sexto curso en el que todo fue diferente, como un sueño. Debo reconocer que Luna tenía razón al decirme esas "mágicas" palabras que terminaron por convencerme para que ingresara en el Club de las Snitches Doradas:

Tú ven con nosotras, Susan, y te garantizo que tu vida va a cambiar

Sí. Definitivamente, tenía toda la razón.