Notas de la autora: Jeje, hola de nuevo!!... Aqui el segundo cap, que es... un poco más largo que el primero, jeje!!. Espero les guste y... wueno... la verdad que no se ni que decir!!!... solo agradecer por que se tomen el tiempo de leerlo!!!.. Dejenme algunos reviews si?... asi puedo mejorar cosas, etc, etc... Gracias!!

Capítulo 2: "El ángel de los ojos aguamarina..."

La mañana despertó suavemente... el aroma a tormenta había desaparecido, y en su lugar, comenzaba a esparcirse una dulce fragancia floral. Los en principio débiles haces de luz, se desplegaron por la región, contagiando su calidez matutina.

Las aves, que habían comenzado su rutina incluso antes de que el sol se mostrara, le daban el toque sonoro al ambiente con sus cientos de melodiosos cánticos.

Luego del mal clima que había predominado en los últimos días, aquel era un merecido alivio... uno que todos los habitantes del importante poblado de Nagashino habían aguardado para continuar con sus querencias.

Las calles se hallaron muy concurridas desde temprano, los puestos reabrieron sus puertas y los compradores concurrieron en multitudes. Se extendían murmullos de alegría y exaltación.

No se veía tanto movimiento en mucho tiempo... aunque tal vez éste no se comparase con el "escándalo" que persistía en una majestuosa casa a las afueras del poblado.

Nagomi¡¡Itsuko.. ¿me puedes explicar que es todo esto?!!. Recriminaba abiertamente, una mujer de 26 años aproximadamente. Llevaba su larga cabellera negra suelta, y observaba, con amenazadores ojos chocolate, a la persona en frente suyo. En su mano derecha, alzaba, lo que en su momento habría sido un hermoso kimono blanco, puesto ahora, éste se había llenado de infortunadas manchas rojas y verdes.

Nagomi¿¡¡No se suponía que habías separado la ropa blanca de la de color!!?.

Itsuko¡¡Hay... armas todo este alboroto por un simple kimono...!!. Bufó exasperada, la otra mujer, algo más joven que la perjudicada, por lo que su edad oscilaría entre los 22 y 23 años. Su cabello castaño oscuro, yacía amarrado en un moño, mientras que sus ojos miel destellaban desafío.

Nagomi¡¡No era solo un kimono... era el mejor de todos ellos... y ahora míralo, está arruinado... ¿cómo piensas compensarlo?!!. Continuaba fuera de si.

Itsuko¡¡Yo no compensaré absolutamente nada... si tanto te gustaba entonces ve y cómprate uno igual...!!.

Nagomi¡¡Itsuko!!.

Okushi¿Mh?... ¿qué es toda esta gritería?... Se apareció confundido, un hombre que en edad, tendría 45 años.

En cuanto a rasgos físicos, su corta cabellera, negra grisáceo, estaba perfectamente arreglada, mientras que, sus ojos marrones, ya cansados de las disputas entre sus hijas, se fijaban desganados en ambas mujeres.

Nagomi¡Padre, mira lo que le ha hecho Itsuko a mi mejor kimono!. Acusó enseñándole la prenda.

Itsuko¡No fue culpa mía, simplemente que Nagomi abandona sus cosas por ahí!. Se apresuró a contrarrestar.

Nagomi¡Eso no es verdad, tu eres mil veces más desordenada que yo!.

Itsuko¿¡Ah si!?.

El hombre, dio un largo suspiro, y con una sonrisa nerviosa se preparó para funcionar de mediador.

Okushi: Hijas... cálmense... esto es muy simple de solucionar...

Ambas¿Mh?.

Okushi: Nagomi, no te preocupes, yo te daré dinero para que compres un nuevo kimono.

Nagomi: Ah... pero padre... no es de eso de lo que estaba hablando... simplemente deseo hacer entrar en razón a Itsuko...

Okushi: Eso no tiene sentido, no es necesario que discutan por una minoría como esa. Finalizó mientras se abría paso en la sala para tomar el desayuno ya servido en la mesa.

Sus hijas intercambiaron un par de miradas ofendidas para luego imitarlo.

En cuanto comenzaron su comer, el hombre no tardó en percatarse de la ausencia de cierta personita.

Okushi¿Alí no se ha levantado aún?. Cuestionó incrédulo, puesto considerando las disputas que a él mismo lo habían hecho sobresaltar de la cama era sorprendente que a su hija menor ni la hubieran inmutado.

Nagomi: No... debe estar roncando como siempre... Suspiró rendida antes de llevar una pieza de pollo a su boca.

Okushi: Iré a despertarla. Anunció al tiempo que se ponía de pie y enfocaba su vista en el pasillo que lo conduciría a la habitación de la pequeña "bella durmiente".

Sus hijas pronto lo vieron alejarse con fatiga; aquello era increíblemente normal.

Con parsimonia inusitada arribó a la habitación de la dormilona y retiró las puertas para abrirse paso en ella.

La luz que ingresó ante su omisión, se dispersó por toda la recámara antes en penumbra.

Se trataba de un sitio amplio, las paredes teñidas de un suave malva, y adornándolas, se encontraban varios retratos y cuadros de paisajes. Los muebles eran de madera oscura, y uno de ellos, bien sabía el hombre estaba repleto de kimonos, después de todo su obligación había sido costearlos. Un majestuoso espejo, y finalmente, el confortable y espacioso futou donde su princesita aún dormía. Se acercó lentamente, para luego arrodillarse a su lado.

La niña murmuraba algo entre sueños... pero no podía identificar ninguna frase en concreto...

Okushi: Alí... Alí despierta... ya es muy tarde y estamos por salir... Llamó cuidadosamente al tiempo que la empujaba de igual forma con sus manos.

Okushi: Hija... vamos... el día está muy hermoso y tienes cosas que hacer... Continuaba, y cuando creyó que sus intentos habían dado resultado, se encontró tumbado en el suelo mientras por su nariz escapaba un poco de sangre.

Alí: Estúpido Kuhagui!!!... Te dije que quería Onigiri, no Ocomoñatis!!!. Protestó aún entre sueños, luego de haberse reincorporado sorpresivamente y golpeado a su padre.

Al hombre le estaba costando recuperarse del repentino "ataque" de su hija, debido a que, era realmente buena en todo aquello relacionado con actividad física... y sus golpes no serían la excepción...

Okushi: Alí!!. Llamó ahora más desesperado, pero la niña había regresado a su posición inicial sobre el futou.

Itsuko: No te preocupes padre... Sentenció una de sus hijas. Se había aparecido con una jarra de agua en sus manos luego de escuchar los gritos de su hermanita.

Se aproximó al "problema", y sin dudarlo ni tener la mínima compasión, dejó verter todo el líquido sobre la jovencita, que, al acto, se sobresaltó en el futou y reincorporó con los puños en alto.

Alí¿¡¡Quién hizo eso!!?. Saltó molesta, intentando apartar el agua de sus ojos, pero sin abandonar su posición de defensa.

Itsuko: Yo. Respondió sin inmutarse.

La perturbada llevó sus manos hasta las mantas que la cubrían y con ellas se ayudó a secar el rostro.

Alí¡¡Itsuko, que cruel eres!!. Recriminó una vez pudo abrir sus maravillosos ojos y enfocarlos en las personas delante suyo.

Itsuko: No lo fui... sabía que algún día tendría que recurrir a algo así para despertarte... pero solo mira a nuestro padre...

Los ojos de la joven viajaron hacia el hombre que intentaba contener la hemorragia de su nariz.

Alí¡Oh, papá¿qué te pasó?!. Exclamó preocupada.

El accidentado rió, su pequeña no tenía idea de que ella misma había resultado la causante.

Okushi: Nada... simplemente aprendí una lección.

Alí¿Eh?... ¿cuál?...

Okushi: Que la próxima vez que venga a despertarte, traeré una armadura puesta. Con el comentario la niñita entendió todo y se puso de pie al instante.

Alí¡Hay, papá, cuánto lo siento¿me disculpas?!.

Su padre sonrió dulcemente, como negarle a esos ojitos tan cálidos y puros, tan sinceros e inocentes, llenos de una bondad que ya no se encontraba en esos tiempos.

Okushi: Por supuesto que si.

La joven suspiró aliviada, pero inmediatamente algo acaparó su atención. Su hermana le había arrojado un kimono que, debido a la somnolencia, atrapó con dificultad.

Itsuko: Debes darte prisa... estamos por marcharnos y la feria cerrará si no lo haces...

Alí¡Ah si!. Asintió al tiempo que sus familiares abandonaban el lugar para permitir que se cambiase.

Pronto yació vestida con un largo y refinado kimono lila. El lazo que rodeaba su cintura se amarraba detrás en un moño que dejaba escapar las terminaciones de éste.

Acomodó su larga y sedosa cabellera negra, para luego de haberse calzado las sandalias, salir corriendo de su recámara.

Arribó a la sala, en donde solo permanecía servido su desayuno.

Nagomi: Buenos días dormilona... Saludó serenamente su hermana mayor, que, ubicada en uno de los "sofá" de la sala, leía un pergamino.

Alí¡Oh, muy buenos días Nagomi!. Correspondió y sus envidiables ojos se encendieron en alegría.

Se trataba de una jovencita muy hermosa, de unos 17 años aproximadamente. Su larga cabellera negra solía encontrarse cayendo libremente por su espalda, a su vez, que en su frente se dispersaba un rebelde flequillo.

Pero pese a la armonía en la complexión de su esbelto cuerpo, la característica que más se destacaba, era el peculiar color de sus ojos.

Dos pulcras y hermosas aguamarinas, llenas de una calidez y energía inaudita.

Alí¡Mmm... esto está muy bueno!. Comentó mientras degustaba su desayuno.

Alí¿¡Tú lo preparaste!?.

Su hermana asintió con la cabeza.

Alí¡Cielos, tienes que enseñarme a cocinar así algún día, porque tu sabes, yo no me destaco en el arte culinario, realmente, la última vez que preparé algo ni yo misma me creía la mentira de que estaba delicioso ¡ja, ja!... recuerdo las caras azules verdosas de todos!. Prosiguió vivazmente al tiempo que agitaba entre los palillos una pieza de pollo que aún no había llegado a destino.

Alí: Pero bueno... uno no puede ser excelente en todo ¿no?... aunque creo que es algo que puedo mejorar, fíjate, Sayuki, si, una de esas chicas con las que siempre salgo, bueno... eso no importa mucho, el hecho es que tenía el mismo problema que yo, era pésima para cocinar. Sin embargo, su madre la envió a algunas lecciones de cocina y ¡a que no sabes como cocina hoy!, siempre que voy a la casa nos prepara algo ¡y es simplemente maravilloso!...

Parecía que hablaba sola, puesto su hermana solo asentía con la cabeza y emitía débiles Mh o si, si . Realmente era una jovencita a la que le gustaba "hablar de más", y una vez que comenzaba con su interminable soliloquio, prácticamente nadie lograba detenerla.

Alí¿Tu que piensas?... ¿crees que puedo mejorar?... la última vez que le pregunte lo mismo a Itsuko la muy insensible me dijo creo que eres un caso perdido ... Aaah... ¿no puede intentar ser un poco más amable?... siempre actúa como una vieja de por lo menos setenta años, si, de esas solteronas que se casaron una vez en la vida siendo muy jóvenes, tuvieron por lo menos 10 hijos y luego el pobre diablo las abandonó... ahora se pasan criticando a la juventud de hoy... la juventud que ellas no tuvieron...

Una risita escapó por los labios de Nagomi al escuchar aquella "descripción" de su hermana restante.

Alí sonrió satisfecha, al menos había logrado levantarle el humor a su hermana mayor cuando parecía haber tenido una mala mañana, aunque ella desconocía de la discusión que se había desatado antes de que la despertaran.

Alí: Debería conseguirse un novio... no se... o algo que la distraiga más que esas simples flores... son hermosas lo se... su floristería es magnífica... pero ya no tiene vida... ojalá algún día entrase en razón...

Nagomi: Pienso lo mismo. Asintió ante el comentario y Alí casi se atraganta con la comida que había llevado a la boca luego de acabar su oración.

Alí¡Hey, formulaste una frase, éste es indudablemente un progreso!. Bromeó y bebió de su vaso de jugo para ayudar a la comida atragantada descender.

Nagomi: Hoy no estoy de muy buen humor. Respondió.

Alí: Eso no me extraña... Aportó en voz baja aunque la mujer logró escucharla.

Nagomi¿Qué dijiste?. Le cuestionó punzante.

La niña rió nerviosa.

Alí¡Oh nada... nada... dije que eso era muy extraño... ya sabes... porque siempre estás de muy buen humor...si... como envidio tus ganas de vivir la vida...!.

Los ojos chocolate la observaron fijamente durante unos momentos para luego regresar a la hoja de pergamino que la tenía tan ocupada.

Alí dio un respingo; últimamente su hermana estaba más sensible de lo normal, y eso era comprensible, después de todo había acabado su compromiso con un hombre de buen porte, elegante, a Alí le había agradado mucho la amabilidad con que la trataba y estaba muy feliz con su hermana por el buen partido que había obtenido gracias a que era indudablemente una mujer hermosa y refinada. No obstante, las apariencias engañan, y resultó un simple mafioso que, detrás de su máscara de buen samaritano, poseía oscuros enredos. Su hermana, de buen corazón, no estuvo dispuesta a vincularse en asuntos similares, así que pese al enorme amor que él había despertado en ella, optó por acabar el matrimonio.

Aún recordaba la noche en que había regresado a casa de su familia, con sus maletas en mano y el rostro bañado en lágrimas.

La consolaron durante cerca de dos horas, y cuando se hubo sentido mejor, acordaron que volviese a vivir allí.

Algo que Alí agradecía, porque uno de los grandes dotes de su hermana, era la magistral habilidad que poseía para preparar deliciosos platos en poco tiempo... ¡ji, ji!... si, Alí podía ser muy golosa en ocasiones...

Nagomi¿No crees que deberías darte prisa?. Interrumpió cuando se percató de que su hermana había detenido su comer para concentrarse en sus pensamientos.

Alí¿Qué?. Levantó el rostro confundida, había oído decir algo a su hermana, pero su cerebro no pudo comprender el significado de las palabras.

La mujer dio un largo suspiro de agotamiento.

Nagomi: Alí... date prisa... tienes que ir a hacer las compras...

Alí¡Oh, cierto!. Exclamó en un ataque de ansiedad comenzando a beberse en un santiamén todo el jugo de su vaso.

Sin percatarse una sonrisa figuró en los labios carmesí de la mujer; su hermanita no había cambiado nada, seguía siendo la misma chiquilla despistada de siempre.

Alí¡¡Terminé!!. Profirió al tiempo que se colocaba de pié precipitadamente. La mesa tambaleó durante unos momentos y el vaso rodó por ésta; suerte que ya había bebido todo su contenido.

Alí¡Iré a despedirme de Itsuko y Papá!. Anunció mientras abandonaba la sala a carrera.

En cuanto la vio desaparecer, los ojos chocolate volvieron hacia el pergamino, aún no lograba memorizarse todo aquello que debía estudiar para el examen del día siguiente. Su devoción era la medicina, trabajaba como asistenta de su padre. No obstante desde hacía ya un tiempo se había empeñado en construir su propia clínica, aunque claro, para eso primero debía graduarse. Desde varios años estudiaba en una universidad y éste sería el último, no podía descuidar ni un momento sus estudios.

Por fin reinaba el silencio... había logrado comprender los primeros tres párrafos del texto y descubrió, que con su maravillosa capacidad, prácticamente los recordaba de memoria. Prosiguió entusiasmada, generalmente por las mañanas existía un ambiente más propicio para concentrarse... siempre y cuando una de sus hermanas no madrugase...

Y ella misma quebrantó su ilusión cuando a paso escabroso reapareció en la sala.

Alí¡Nagomi... ¿dónde está el dinero y la lista de las cosas que debo comprar?!. Interrogó apresuradamente.

La mayor levantó su mano y con las cuidadas uñas rojas apuntó hacia una repisa a un lado de varios cuadros pequeños.

La niña prácticamente saltó la mesa para llegar hasta ella, y Nagomi tuvo la extraña sensación de que pese a sus habilidades, su hermana acabaría en una camilla de hospital si continuaba haciendo eso.

Alí¡Bien... ya tengo que irme... ¿tienes idea de a que hora regresarán?... porque olvidé preguntárselo a papá!.

Nagomi: Alrededor de las 6:00 PM de la tarde, el camino hasta Kyoto es extenuante y debemos hacer algunas paradas.

Alí¡De acuerdo... bueno... nos veremos entonces, hasta luego!. Se despedía, pero cuando retiró las puertas de la sala para salir al jardín, ante el enorme apuro que llevaba, no se percató que delante suyo yacía una hermosa bola de pelos blanca que aún no quería renunciar a su sueño de las mañanas.

Accidentalmente le pisó la cola y el animal chilló de forma abrupta por el dolor.

Alí¡¡Oh... Koyo... Koyito bonito cuanto lo siento...!!. No tardó en disculparse mientras sujetaba al pequeño animal, que pese al descuido de su dueña, le movía la cola encantado de verla.

Alí: Pobre inocente . Pensó antes de decir algo más.

Se le quedó observando apenada, y durante el festejo de su perro al verla, una idea fulminó en su mente.

Alí¡¡Ah... ya se... ¿qué tal si me acompañas Koyo?... prometo comprarte un hueso muy grande y sabroso como forma de recompensar mi descuido¿tu qué dices?!!.

Dentro de la casa, su hermana volvió a suspirar cansada¿cómo era posible que le hablase así a un perro?... ¿a caso era tan tonta como para esperar respuesta?.

Alí¡¡Bien, está decidido, Koyo a mi espalda!!.

Los tonos en el rostro de Nagomi comenzaron a tornarse azulados... una joven hermosa, en edad de encontrar algo similar a un prometido, caminando un magnífico día por el centro comercial y... ¡¡con un perro en la espalda!!. Su hermana no tenía ni mínima pizca de vergüenza ni mínima fracción de delicadeza.

Alí¡Sujétate bien, porque estamos retrasados!. Sorpresivamente el animal respondió con dos ladridos y la sonrisa en el rostro de Alí se ensanchó.

Al instante inició carrera hacia el centro comercial.

Su hermana mayor, que incrédula se había asomado por la puerta, tenía la boca por el suelo y un tic nervioso en su ceja izquierda... ¿sería adoptada?... No se sorprendió de encontrarse meditando tal posibilidad.

Alí¡¡Cielos... hay demasiada gente... papá no mentía cuando dijo que me apresurara o tendría que hacer largas filas!!... mmm... ni modo... veamos...

Alzó la nota para registrarla.

Hacía ya cinco minutos desde que transitaban las conglomeradas calles de la feria, lugar de abarrotados puestos y donde uno de características semejantes a las de Alí, podía llegar a perderse con facilidad.

Alí: Primero nos encargaremos de los vegetales... Anunció y levantó la vista hasta distinguir el puesto donde siempre compraba. Para su infortunio, parecía compartir su preferencia con decenas de personas más, puesto éste era uno de los más concurridos en el centro comercial.

Tuvo que agudizar su vista para distinguir al último de la fila (y no estoy exagerando).

Alí¡Diablos... si tengo que esperar tanto para ser atendida me haré vieja más pronto de lo que creía!. Bufó molesta apoyando sus manos en su cadera.

Alí: Podría dejar los vegetales para lo último pero... ¿¡y si llega más gente!?... ¿¡si se acaban antes de que me atiendan!?... ¿¡y si compro en otro puesto y luego me recriminan porque tanto frutas como verduras saben mal!?... ¿¡¡y si mi pobre Koyito se muere deshidratado en mi espalda!!?... ¿¡¡y si yo lo hago!!?... ¿¡¡qué pasaría si me desmayo por el calor!!?... cielos... vaya que está haciendo calor... ¿¡y si... y si...!?... ¡¡oh dios¿qué puedo hacer?!!...

Varias personas se habían detenido para enfocar su vista en la persona que hablaba consigo misma de forma incoherente.

Muchos la observaban incrédulos y otros reían por lo bajo. No fue hasta muy tarde cuando Alí se percató del teatro que había inaugurado en medio de la calle.

Sonrió sumamente apenada y de igual forma saludó a aquellos que la enfocaban divertidos.

Alí: Oh... Ho... Hola a todo el mundo... ¡je, je!... no vayan a pensar que estoy loca... ¡porque no lo estoy!... simplemente... simplemente es el calor... ustedes entienden ¿no?... si... claro que me entienden... Prosiguió prolongando una risa nerviosa, y desilusionados por el final del divertido "espectáculo en vivo" las personas comenzaron a restarle importancia y proseguir con sus actividades.

Alí exhaló un largo suspiro.

Alí: Bien... ahora tengo que decidir que hacer sin perder los estribos... ¡ups!... estoy hablando con migo misma de nuevo...

Kuhagui¡¡Alí... Alí...!!.

Alí: Rayos... ahora hasta oigo voces...

Kuhagui¡¡Alí... ¿qué no me escuchas?... Alí!!.

Alí: Que calor tan fuerte hace... podría jurar que alguien me está llamando... Volvió a comentar quitándose el sudor de su frente.

Kuhagui¡¡Alí... por dios... estoy aquí... ¿no me ves?!!.

Alí¡¡Hay, que se calle quien quiera que sea!!. Gritó volviendo a perder el control.

Sintió algunos pasos detrás suyo e imaginando que era alguno de sus antiguos espectadores regresando para incordiarla, volteó tan rápidamente que a la persona no le dio el tiempo necesario para esquivar el golpe que le demandó sin siquiera verlo.

Kuhagui: A... lí... Alcanzó a pronunciar antes de caer al suelo desmayado.

Los ojos aguamarina abrieron grandes en sorpresa cuando reconoció al joven que estaba desparramado en el suelo.

Alí¡¡Hay... Kuhagui... lo siento... no sabía que eras tú... yo pensé que... pensé que era alguien con la intención de molestarme pero...!!!. Se arrodilló rápidamente a su lado¿qué estaba sucediendo ese día?... era la segunda persona que acababa en el suelo por un golpe suyo, sin contar el accidente con su perro.

Kuhagui: No... no es nada... Se reincorporó aceptando las disculpas y tomándose la cabeza que aún le zumbaba por dentro.

Alí le extendió una mano y él la tomó para ayudarse a poner de pié.

Kuhagui: Gracias...

Alí¿Gracias?... es lo menos que puedo hacer luego de haberte golpeado...

Kuhagui: No te preocupes... ya me estoy acostumbrando a tus golpes...

Alí dibujó una sonrisa nerviosa y apenada en su rostro, algunos rubores habían llegado hasta él, ya no solo por el calor, sino también por el comentario recientemente hecho. El muchacho, de unos 20 años, cabello castaño oscuro y ojos azules, se deslumbró enormemente con la tierna imagen que su amiga le regalaba y sus mejillas comenzaron a arder, impregnándose en ellas, súbitos rojos.

Alí¿Mh?... ¿Kuhagui?... ¿Kuhagui me escuchas?... oye... ¿a caso estropeé alguna parte de tu cerebro?... Llamaba confundida, puesto el joven no hacía más que observarla fijamente, con los ojitos brillantes y soñadores, hecho que comenzaba a incomodarla. A pesar de haber abandonado la expresión que había causado el parálisis de su amigo, éste aún no regresaba a la normalidad.

Alí¡¡¡Kuhagui!!!. Tuvo que gritar muy fuerte en su oído para que despertase de su letargo.

Kuhagui¿¡Qué!?. Saltó asustado por la violenta forma en que había sido obligado a caer en la realidad.

Alí¡Hey¿qué te sucede?... ¿el calor también te está afectando?!...

Kuhagui: Yo... ah... no... no... por supuesto que no.. es solo que... recordé algo... si... algo muy importante... Contestó tartamudeando¿cómo decirle que el motivo de su estado era ella misma?... ella misma que lo había cautivado con su inocente belleza y su maravillosa forma de ser... aunque se tratase de una joven despistada y que parecía nunca "madurar", esas cualidades hacían de Alí Nagasawa una persona única a la que todos en el pueblo conocían, y a la que todos de igual forma adoraban.

Kuhagui: Bien... así que... estás haciendo las compras... Pronunció intentando sacar algún tema que apartase el asunto de su reciente embelesamiento. Aunque inmediatamente luego de haber acabado la frase comenzó a maldecir por haber dicho algo tan estúpido... y si¿qué va a estar haciendo en el centro comercial, con un monedero y una canasta para víveres?... ¡idiota! . Se recriminó fuertemente.

Alí: Ah si... incluso traje al pequeño Koyo con migo...

Kuhagui: Si, ese perrito tan adorable y...

Sr. Katsumoto¡¡Kuhagui hay muchos clientes por atender¿qué demonios estás haciendo allá?!!. Se alzó la imponente voz de un hombre grande y robusto que atendía justamente en el puesto de verduras al que siempre Alí concurría.

Lo conocían por su hombría y exigencia, última característica que aplicaba mucho con su único hijo.

Kuhagui: Ah... papá... en este mismo instante voy... Respondió intimidado, y un tanto avergonzado por hacer el ridículo entre todas las personas que por allí circundaban.

Su padre cruzó los brazos impaciente.

Alí¡¡Hola señor Katsumoto!!. Se dejó mostrar la hermosa amiga de su hijo, la cual lo saludaba agitando enérgicamente su mano y sonriéndole de la forma más característica.

Parecía que era la única en el mundo capaz de invadir su coraza resistente, puesto inmediatamente al distinguirla, una sonrisa se dibujó en sus robustas facciones y alzando una mano correspondió el saludo.

Sr. Katsumoto¡¡Oh Alí, que alegría verte!!. Exclamó con un dizque de felicidad en su voz, algo que ocasionó miradas de asombro entre todos los clientes que aguardaban por ser atendidos.

Sr. Katsumoto¡¡Muchacho tonto¿por qué no me dijiste que estabas hablando con Alí?!!. Volvió a su acostumbrada imagen de hombre fornido, recriminándole abiertamente al pobre joven que no hacía más que encogerse de hombros para intentar ocultar su rostro.

Kuhagui: Lo siento papá... Se disculpó sin razones y una muy incrédula Alí sonrió ante la escena, que ya de por si, había echo escapar algunas risas entre los espectadores.

Alí: Al menos no soy la única que hace el ridículo en público . Pensó, y se sintió más reconfortada.

Sr. Katsumoto¡¡Ven Alí... acércate... imagino que estás aquí para comprar en mi puesto!!.

Alí: Ah si... así es... Asintió un poco intimidada por la exagerada muestra de alegría con que se dirigía a ella.

Sr. Katsumoto¡¡Entonces haré una excepción y te atenderé inmediatamente!!.

Alí¿¡¡Qué!!?... ¿¡¡Enserio!!?. Saltó emocionada porque por lo visto no se vería obligada a formar la larga fila. Aunque aquello produjo un murmullo de inconformidad que poco a poco Alí fue reconociendo a medida que se acercaba para realizar su compra.

Sr. Katsumoto¿Y qué te han ordenado comprar esta vez mi querida Alí?. Cuestionó dulcemente, y a pesar de la vergüenza que le produjo esto, pudo leer el primer elemento de la lista.

Alí: Bueno... querría... dos lechugas...

Sr. Katsumoto: Perfecto... ¡¡Kuhagui, ya escuchaste!!. Acabó dirigiéndose al muchacho que ya dentro del puesto tomaba una bolsa y comenzaba a introducir en ella lo que Alí pedía.

Sr. Katsumoto: Continúa Alí.

Alí: Ah si... y... dos kilos de...

Anciana: Disculpe. Interrumpió la voz de la anciana que yacía detrás de Alí en la fila.

Sr. Katsumoto¿¡Qué quiere abuela!?... ¿¡¡no ve que estoy atendiendo!!?.

Una gota de sudor frío resbaló por la frente de Alí al presenciar la forma en que el fornido hombre se dirigía a una pequeña e indefensa anciana.

De igual forma, su hijo se sujetó la cabeza con una mano.

Anciana: Lo veo... lo veo... pero también, veo a una jovencita que se ha colado irresponsablemente no teniendo la mínima consideración con todos aquellos que hemos hecho esta fila, tal vez, hasta por horas... ¿y sabe qué?... si no es capaz de reconocer eso, entonces no vale la pena que compremos en su puesto... Sentenció tratando de contenerse, y un murmullo de aprobación se extendió por toda la clientela.

Sr. Katsumoto¿¡¡Pues sabe que ancianita!!?... ¡¡si no acepta lo que estoy haciendo entonces puede marcharse, éste es mi puesto y yo decido a quien atiendo primero y a quien no ¿entendió?!!.

Ante todo aquel griterío, la viejita, que en principio se veía callada e inofensiva, reveló su verdadera forma de ser.

Anciana¡¡Usted es un viejo verde y lujurioso, en mis tiempos nadie tenía el privilegio de ser atendido antes que otro simplemente por el hecho de que fuese muy bonito!!. Acabó señalando a una perdida Alí que observaba toda la escena con ojos como platos.

Sr. Katsumoto¡¡Usted es muy valiente abuelita!!... ¿¡¡Cómo me ha llamado!!?... ¡¡repítalo y créame que dejaré de lado toda clase de consideración por su vejez!!.

Alí¿Alguna vez la tuvo? .

La Anciana pareció estar a punto de abrir sus labios para contrarrestar, pero respiró hondo, enderezó su espalda y comenzó a alejarse del puesto, muy ofendida.

Sr. Katsumoto¡¡Ja, vieja loca, espero no tener que verla nunca más por aquí!!.

El hombre tomó aire para volver su atención hacia la hermosa jovencita, cuando nuevamente una voz lo interrumpió en sus intenciones. Ahora ya no se trataba de una veterana, sino de una mujer de unos 40 años, su marido, que la acompañaba cargando algunas bolsas, simplemente se quedó detrás.

Sr. Katsumoto¿¡Y ahora usted qué quiere!?. Cuestionó cansinamente.

Mujer¡Sepa que yo estoy muy de acuerdo con la señora que se acaba de retirar, realmente me encuentro muy indignada por esta injusticia que está cometiendo!.

Sr. Katsumoto¿¡¡Otra vieja más que me sale con lo mismo!!?.

Mujer¡Oh!... ¿¡cómo se refirió a mi!?... Setsu-san¿ha visto como me ha tratado?!. Finalizó dirigiéndose a su esposo.

Mujer¡Haga algo!.

Esposo: Ah yo... yo creo que el señor Katsumoto tiene toda la razón...

Mujer¿¡Qué!?. Saltó indignada la mujer.

Mujer¿¡Piensa que soy una vieja!?.

Esposo¡No, no, no, no me refería a eso!. Se apresuró a atajar cuando su esposa prácticamente le estaba pidiendo el divorcio solo con la mirada.

Mujer¿Entonces a qué se refiere?.

Esposo: A que está bien que le permita la atención a la jovencita aquí presente.

Aquello pareció molestar a su mujer aún más de el hecho de que la tratasen como "vieja".

Mujer¡¡Solo lo dice porque usted también es un pervertido que se fija en una niñita cuando ya tiene los 43 años bien cumplidos!!.

Alí¿¡Qué!? . Los rubores comenzaron a asentarse en las mejillas de la niña.

Esposo¡¡No digas barbaridades, nunca dije eso!!.

Mujer¡¡Usted es quien debe dejar de mentir, ya me percaté cuando estábamos en la fila, la miraba de pies a cabeza!!.

Esposo¡¡Nunca hice semejante cosa!!.

Mujer¡¡Por supuesto que si, júrelo por nuestros dos hijos!!.

Alí¿¡43 años, casado y con dos hijos!? .

Se creo un largo silencio y el hombre volvió a abrir la boca para contestar.

Esposo¡De acuerdo, esta bien, lo admito, si me atrae¿y sabes por qué es?... porque tu ya me has aburrido, de tanto pasar sentada en la casa tu figura es deprimente y no puedes siquiera intentar compararla con la de la bella jovencita!.

Todos contuvieron la respiración ante lo último, inclusive Alí, que a esas alturas ya estaba más roja que los tomates que permanecían a un lado suyo.

Mujer¿Ah si?... Desafió al borde de las lágrimas una mujer que ya había bajado la cabeza y estaba apunto de golpear a su "marido" como una desquiciada.

Esposo¡Si, porque solo basta con verla bien para percatarse de algo tan obvio!. Prosiguió señalando a Alí que en ese momento deseaba que la tierra se la tragase.

No solo la clientela de ese puesto conformaba el público, todas las personas que circundaban por la calle en ese momento también habían ocupado un lugar para ver el "espectáculo".

Esposo¡Mira su silueta, es delgada, proporcionada, y creo poder afirmar, que pese a ser mucho menor que tu y no haber dado a luz ningún niño, sus senos son mucho más grandes que los tuyos!.

Todos exclamaron en profundo asombro, y Alí, que no podía creer la enormemente vergonzosa situación por la que pasaba en un simple día de compras, sintió todas las miradas presentes detenerse en su busto. ¿¡Qué podía hacer!?... ¡ella no tenía la culpa de haber nacido así!.

Esposo¡Y su rostro, obsérvala bien, sus rasgos son perfectos, sus ojos... sus ojos son maravillosos... juro que nunca antes había visto tales hermosuras en mi vida... finalmente... sus labios...

Se acercó peligrosamente a su rostro, y Alí acorralada entre decenas de canastos de fruta y verdura, solo pudo tragar duro y contener la respiración.

Esposo: Sus labios son suaves como pétalos de rosa... y estoy plenamente seguro... que dulces como la miel...

¡Oh dios, esto ha llegado demasiado lejos, demasiado lejos!. Se repetía una y otra vez... ¿cómo habría llegado a tal situación?... ¿por qué ella?... todo se escapaba de las manos, lo que había comenzado como una tontería ahora era un melodrama, y el sujeto, infiel a su esposa, la observaba con una lujuria en la mirada que la hacia temblar desde la punta de uno de sus largos cabellos hasta el dedo gordo del pie.

Mujer¡¡Eres un infeliz!!. Exclamó terriblemente devastada, su esposa. Las lágrimas recorrían sus mejillas como cascadas y su cuerpo le temblaba de furia.

Se puso de pie, después de dejarse caer arrodillada en el suelo, y luego, sin decir nada más, salió corriendo para perderse en el gentío.

Por primera vez su esposo entró en razón... ¿qué había echo?... se había dejado llevar por la belleza de la niña que había perdido los estribos...

Esposo¡¡Sonomi, espera, lo siento!!. Salió detrás de ella, arrojando toda su dignidad machista por el suelo.

Luego de esto se creó un largo, largo silencio, en el que nadie hizo ni dijo nada.

Finalmente el Sr. Katsumoto fue quien lo rompió.

Sr. Katsumoto¡¡Bien, todo el mundo circulando, quien no vaya a comprar en mi puesto aléjese de aquí, y el que va a hacerlo, que forme la fila y sierre la bocota, porque el primero que diga algo recibirá un gran regalo cortesía de la casa, y... no será necesariamente alguna de mis verduras!!.

Como si aquellos atronadores gritos hubiesen movido la tierra, en poco tiempo, todo se hubo encontrado como al principio, y no habían rastros de que semejante escena se hubiera producido en ese mismo lugar.

Kuhagui: Toma... Le alcanzó dulcemente un vaso de agua a la preciosa niña que respiraba entre cortadamente.

Alí: Muchas gracias. Correspondió feliz de poder calmarse con un poco de agua fresca.

Kuhagui¿Te sientes bien?... ¿puedo hacer algo más por ti?...

Alí: No... ya... ya estoy un poco mejor... gracias... El muchacho no estaba muy convencido, pero optó por dejar de preguntar.

Sr. Katsumoto: Alí, siento mucho lo que ha ocurrido, esta gente de hoy está cada vez más descabellada...

Alí asintió, aunque muy adentro pensó que él no era una persona muy apropiada para comentar algo semejante.

Sr. Katsumoto: Prosiguiendo con lo que estábamos... si lo deseas puedes darme la lista de frutas y verduras que yo alistaré tu compra. De esa manera podrás continuar con lo demás y podré compensar el tiempo que te he hecho perder con toda esta sarta de tonterías.

Una sonrisa figuró en los labios de la jovencita que volvía a recuperar una tonalidad normal en sus mejillas. El hombre tenía razón, había desperdiciado demasiado tiempo, y sabía de puestos que serraban en horas próximas a las que estaba.

Alí: Bien, se lo agradezco mucho señor Katsumoto. Pronunció mientras cortaba un trozo de la lista y se lo entregaba.

Alí: Regresaré en un rato, pero creo que comprar lo demás no me llevará mucho tiempo.

Sr. Katsumoto: De todas maneras... ¡¡Kuhagui!!. Llamó y éste se puso rígido como soldado.

Kuhagui¿Si padre?.

Sr. Katsumoto: Quiero que ayudes a Alí con sus compras, ahora que el rubor ya no recorre sus mejillas se ve un poco pálida.

Pese al comentario a Alí no le dio espacio para vergüenzas, después de todo eso era verdad, el calor comenzaba a marearla.

Kuhagui: Si, lo haré. Asintió, pero en esta ocasión lo dominaba un sentimiento de alegría... ¡acompañaría a su hermosa amiga Alí Nagasawa!... Y aunque ya lo había hecho en otras ocasiones, no pudo evitar sentir la misma euforia de siempre.

Comenzaron a transitar las calles, y para frustración de Kuhagui, quien era el responsable de llevar la lista de víveres, Alí parecía prestarle más atención a su pequeño perro con el cual jugaba, que a él mismo que de buena voluntad había accedido ayudarla. Aunque para él era un placer poder hacerlo. Exhaló un respingo como forma de derrota.

Él quería acercarse un poco más, sentir aunque leve, algún contacto, uno que sabía, frustraría a las decenas de muchachos, e incluso hombres, que la observaban continuamente. Eso realmente le fastidiaba, pero la muy despistada no aparentaba percatarse, puesto en ningún momento se había sonrojado, o había expresado alguna señal de incomodidad.

Hacía tantos años desde que la conocía... tantos que aún la recordaba corriendo con chupón en la boca, (aunque ciertamente le había costado dejarlo). Sus madres fueron las mejores amigas desde la juventud, y por consiguiente, cuando formaron sus familias y tuvieron sus hijos, solían reunirlos. Esa era la razón por la que su cercanía a la jovencita de ojos aguamarina era tan grande... Se sentía afortunado, puesto era uno de sus pocos amigos del sexo masculino (su padre era algo sobre protector, cosa que le llamaba mucho la atención porque con sus demás hijas nunca lo había sido), sin embargo, en ocasiones, cuando pensaba en que la única relación que mantenía con ella era de amistad, lo inundaba una profunda desilusión; él la quería como algo más, él deseaba que algún día su princesita le correspondiera en los fervientes sentimientos que le dirigía.

Pero él era realmente muy cobarde, y lo aceptaba. No se sentía seguro ni mucho menos listo para declararle su amor a la niña, prefería que las cosas continuaran así, pues no sabía si ante la confesión su amistad continuaría perdurando.

Alí: Kuhagui... Sintió su nombre escapar por los labios de su compañera y por instinto giró su cabeza hacia ella.

Kuhagui¿Si?.

Alí¿No era Miso, Soja y Sal lo que estábamos buscando?.

Kuhagui: Ah... si... Contestó un tanto descolocado.

Alí: Creo que nos pasamos la tienda hace como unos 5 minutos. Aportó deteniéndose para luego dar media vuelta.

Su amigo hizo igual.

Kuhagui: Oh, que despistado soy, lo siento. Se excusó una ves a su lado.

Alí¡No te preocupes, ya bastante haces con acompañarme, eres una persona muy amable!. Le sonrió dulcemente... una de esas sonrisas que llenaban por completo su corazón y que hacían que éste aumentase el ritmo de sus latidos.

Nuevamente sintió sus mejillas arder, pero le apartó el rostro inmediatamente y Alí tornó su expresión a una confundida.

¿A caso había hecho algo malo?...

Finalmente arribaron al lugar, pequeño, pero eso no influía en la gran diversidad de productos que allí podían encontrarse.

Kuhagui se encargó de realizar la compra mientras que Alí lo esperó fuera, aunque el muchacho la observaba recelosamente desde dentro, puesto no quería que aprovechando su soledad, alguien se le acercase. Para su suerte la compra fue rápida y eso no ocurrió. Alí se sorprendió de la rapidez con que había abandonado la tienda y colocado lo comprado en el canasto que llevaba. Sin embargo no pudo comentar nada porque su amigo volvió a analizar la lista e iniciar la caminata.

Kuhagui: Ahora debemos ir a la pescadería.

Alí: Si, y la tienda de productos lácteos está cerca, así que podremos acabar con las compras allí.

Kuhagui asintió con la cabeza, pero el hecho de acabar con aquella incursión por el centro comercial no le agradaba, quería permanecer más tiempo junto a ella... Sintió que el cielo lo había escuchado cuando Alí acabó de recibir los últimos quesos y dejarlos prolijamente dentro de su cesta.

Alí¿No te gustaría almorzar en mi casa?... mi padre y hermanas están fuera, así que sería muy lindo de tu parte que me acompañases... Oyó la dulce voz de su amiga, y parpadeó perplejo... ella... Alí Nagasawa... ¿le había ofrecido almorzar en su casa?... y... ¿¡solos!?... Era una propuesta que tenía una respuesta desquiciada ¡Si, si! pensó con todas sus fuerzas, pero intentó contenerse para que no se notase la desesperación que experimentaba.

Alí: Ah... bueno... entiendo que tienes cosas más importantes que hacer... pienso que ya he representado suficiente molestia para ti el día de hoy... Continuó debido a que al muchacho le estaba tomando demasiado tiempo el contestarle. Suponía que ese silencio era una búsqueda de excusas para no hacerla sentir mal.

¿¡Qué!?... ¿¡Qué no quería ir!?... ¡pero si era lo que más deseaba en el mundo!.

Kuhagui¡No, No!. Negó sin poderse retener.

Alí¿Qué?.

Kuhagui: Es decir... por supuesto que almorzaré con tigo... sabes que... sabes que disfruto mucho de tu compañía, y por ello, nunca has significado ni significarás ninguna carga para mi... Él mismo se sorprendió de la frase que había formulado, se llenó de un orgullo inexplicable y su mirada transmitió una actitud que nunca antes había experimentado... arrogancia...

Los ojos aguamarina de Alí se iluminaron y su sonrisa aumentó más que de costumbre.

Alí¡Perfecto, entonces démonos prisa, tu padre debe estar esperándonos con mi compra!. Demandó tomándolo calurosamente de la mano, e iniciando la carrera junto a él. No era muy buen deportista, y sumado a los nervios que lo recorrían de pies a cabeza por el hecho de estar siendo tomado de la mano por ella, sus pasos no seguían un orden delimitado y se volvían increíblemente torpes. Maldijo por su timidez.

Su padre, el señor Katsumoto, los vio acercarse corriendo. Sonrío en primera instancia al ver la espléndida imagen de Alí, pero inmediatamente su seño se frunció más de lo normal su hijo era realmente patético , pensó sin malicia alguna, pero lo hizo. Alí prácticamente lo arrastraba porque éste no lograba mantener el equilibrio.

La vergüenza culminó cuando se hubieron detenido frente al puesto.

Alí¡Ya volví!. Anunció jovialmente y el hombre robusto le extendió tres bolsas repletas que Alí tomó con dificultad. Aunque le dirigía una fresca sonrisa a la niña, por dentro no dejaba de preguntarse ¿qué había echo mal para que hijo tuviera tanta inseguridad?.

Sr. Katsumoto¡Kuhagui!. Llamó de un momento a otro y su hijo volvió a enderezarse como solado.

Kuhagui¿Si papá?.

Sr. Katsumoto¡Tenemos que hablar!.

Kuhagui¿Ahora?... Cuestionó temeroso de que aquello pudiese estropear sus planes.

Sr. Katsumoto¡Si, en este mismo instante!. Confirmó soberbio.

Kuhagui: Pero es que...

Alí: Señor Katsumoto... Interrumpió con voz tranquila. Los ojos del hombre viajaron hacia ella e inmediatamente identificó el cambio de emociones en ellos.

Sr. Katsumoto¿Qué sucede Alí?. Interrogó de forma afable.

Alí: Bueno... es que no creo que Kuhagui pueda entablar una conversación con usted ahora, lo acabo de invitar a almorzar y debido a todos los imprevistos que surgieron en esta mañana de compras estoy algo retrasada.

Sr. Katsumoto¿Lo invitaste a almorzar?. Saltó con ojos como platos. Debido al semblante inseguro de su hijo imaginaba que una jovencita tan bella como Alí buscaría algo mejor, un hombre echo y derecho, y no un pobre niño grande al que había que decirle que hacer todo el tiempo.

Alí: Si... hoy estoy toda la tarde sola en casa, y realmente no disfruto de un almuerzo si no lo comparto con alguien.

Sr. Katsumoto¿¡Estarán solos!?.

Alí: Si... Asintió confundida puesto no entendía el motivo de la reacción del hombre.

Sr. Katsumoto¡Kuhagui!. Volvió a llamar cuando notó que la atención de su hijo ya no estaba sobre él, sino que observaba distraídamente hacia algún punto del entorno.

Kuhagui¿¡Si!?. Regresó sobresaltado y volvió a imitar a un soldado.

Sr. Katsumoto¡Pospondré nuestra conversación para otra ocasión, ahora vete, y por favor, ayuda a Alí con todo el cargamento!. Ordenó y el muchacho asintió rígido para luego tomar las bolsas que contenían las compras del puesto de su padre.

Alí: Bien... ¡nos veremos luego Sr. Katsumoto!. Despidió y cuando recibió una sonrisa como respuesta, comenzó a caminar en primer lugar. El torpe joven le iba a imitar, pero algo interrumpió sus intenciones.

Sr. Katsumoto: Pero Kuhagui... Lo detuvo y los ojos azules se enfocaron en su padre.

Sr. Katsumoto¡Eres mi fiera, así que trátala como la presa que es ¿entendiste?!. Animó de una forma poco apropiada y desubicada, que solo ocasionó un fuerte rubor en las mejillas del jovenzuelo.

Kuhagui: Si... papá... fue lo último en lograr pronunciar luego de iniciar camino detrás de Alí.

Bastante rato había transcurrido desde que abandonaron el centro comercial, cuando transitaban un camino por entre medio de la pradera. El pequeño perro, ahora en el suelo, jugueteaba delante de su dueña. A su lado, marchaba torpemente un muchacho cargando sus compras. Si había algo que a Kuhagui le molestaba, era la lejanía de la casa de los Nagasawa.

Pero como residencia que era, debía estar apartada de la urbanización.

Kuhagui¿Falta mucho?. Indagó casi al borde de dejarse caer al suelo.

Alí: No... diez minutos como máximo...

Kuhagui: Diez minutos... Repitió derribado cuando esperaba que le respondiese con la mitad.

Alí¿¡Mh!?. Se sobresaltó de un momento a otro, el muchacho no entendió la razón, simplemente la vio detenerse abruptamente.

Kuhagui¿Qué sucede Alí?. Cuestionó comenzando a preocuparse, puesto había identificado una expresión de súbita intranquilidad en su rostro.

Sus manos se condujeron hasta su pecho y allí se detuvieron para escuchar los latidos de su corazón.

Alí: Nada... solo que... me siento extraña... no puedo describirlo pero...

Kuhagui¿Quieres que vaya al pueblo por un médico?... la clínica de tu padre está siempre abierta... Ofreció puesto su preocupación se acrecentaba cada vez más debido a la extraña actitud de la jovencita.

Alí: No, no, no... no creo que sea alguna molestia física...

Kuhagui¿Qué?.

Alí: Es simplemente un sentimiento... una sensación... pero no le des tanta importancia, mejor démonos prisa, tal vez el calor y el hambre me están haciendo sentir así, por más extraño que suene.

Kuhagui: Está bien, pero si te sientes mal no dudes en decírmelo.

Alí¡Por supuesto que no!. Respondió entre risas, puesto le agradaba saber que su amigo se preocupaba mucho por ella como muestra del enorme aprecio que le tenía.

Alí¡Ahora vámonos!. Ordenó volviendo a reanudar la marcha. Pero confusa, volvió a detenerse a los instantes... su compañero no la había imitado en la acción y ahora observaba hacia los rededores, inquieto.

Alí¿Qué te ocurre?.

Kuhagui: Es que... no veo a tu perro por ninguna parte... creí verlo aquí antes de que te detuvieras pero... ahora ya no está...

Por primera vez en su vida, Kuhagui pudo vislumbrar el temor reflejado en el rostro de Alí... era sumamente inusual verla así...

Alí: Oh no... ¡¡Koyo... Koyito lindo... ¿dónde estás?!!... Koyo..!!

Kuhagui¡¡Pequeña bola de pelos ¿dónde te metiste?!!.

Alí¡¡Ven... aquí esta tu querida Alí... así que regresa... Koyo... Koyo...!!.

Sus llamados parecían ser en vano, puesto no recibían señal alguna del animal.

Alí: Oh... Koyo... ¿a dónde fuiste?... Murmuró para si, dejándose caer arrodillada en la tierra, sus ojos cristalinos comenzaron a aguarse. Pese a su fuerza de voluntad y determinación, podía ser muy sensible en ocasiones.

Kuhagui: Alí... Llamó suavemente.

Alí¿Qué?. Emitió al borde de las lágrimas.

Kuhagui: Creo... creo que lo vi...

Alí¿¡Eh!?. Saltó sorprendida y levantó el rostro para encontrarse con su amigo que observaba hacia un punto fijo en el paisaje... un árbol... y por un pequeño instante... distinguió un bulto a su lado...

Alí¡¡Koyo!!. Exclamó aliviada lanzándose en su búsqueda a una impresionante velocidad, que, por mucho que lo intentase, Kuhagui jamás lograría igualar.

Vislumbró la bolita de pelos que agitaba su cola de aquí para allá debido a la felicidad de ver acercarse corriendo a su dueña.

El perro había abandonado el árbol hacia el que se había dirigido y Alí lo tomó antes de percatarse de la razón por la cual su mascota había deseado llegar hasta allí.

Lo abrazó fuertemente mientras las lágrimas, ahora de alivio, escapaban por sus ojos.

Alí: Oh... nunca más vuelvas a hacerme algo así... me asusté mucho... Le confesó, pero al terminar de hablar, sintió como el animal ejercía presión para liberarse. Algo muy inusual puesto siempre le encantaban los mimos de su propietaria.

Alí abrió los ojos que había cerrado para llorar, muy confundida, y cuando lo hizo, no fue necesario que el perrito continuara ejerciendo fuerza para ser soltado, puesto por el shock que recibió al ver tal imagen, ni se percató cuando lo arrojó a la hierba.

Allí... a pocos metros... tirado junto al árbol... yacía el cuerpo ensangrentado de un muchacho...