Capítulo 3: Familiares
¿Y bien?... Me miró. - ¿No me dirás adónde estábas?
Yo no tengo nada que explicarte ni decirte. Buenas noches. Me dirigí a mi cuarto, cuando Draco me tomó por el brazo fuertemente y me trajo hacia él.
Me dirás dónde diablos estubiste Silvana. No puedes salir así porque sí a estas horas, y mucho menos sola. ¡Estaba preocupado!
Eso es tu problema Draco. Déjame en paz, no necesito que cuides de mí... Menos sin ser nada mío.
¿A sí? ¿Eso crees?
Sí. Además, ¿Por qué habría de darte explicaciones?
Me las merezco, soy tu compañero de cuarto. No soportaré que entres y salgas a la hora que se te de la gana.
Déjame en paz.
¡Dime dónde y con quién estabas!
Ar... ¡Estaba en el patio con Harry Potter! ¡Mi novio! ¿Entiendes?. Me solté. – Y ahora, déjame en paz que tú no eres quién para venir a pedirme explicaciones a mí, ya soy bastante grande como para saber lo que hago y con quien salgo. No me fastidies la existencia Draco Malfoy. Lo miré enfurecida y al entrar al cuarto, cerré de un portazo.
Pensamientos de Draco:
¡Arrrg! ¡Esto no puede ser posible! Esa belleza con el imbécil de Potter?... Dios mio... Además... ¿Qué tiene él que no tenga yo?... Osea, yo soy mucho más bonito, además de inteligente y gracioso... Ya verá ese infeliz cuando lo encuentre por ahí, juro que lo haré prometer por su madre muerta que no volverá a acercarse a mi chica.
Conciencia de Draco:
Ya tranquilízate. No puedes ponerte así de histérico por una chica... Y menos por una chica que no te tiene en su lista de chicos apreciados.
¡Ya cállate! ¡Nunca me ayudas en nada!. Pensó Draco.
Está bien, pero solo una cosa más te diré, esa niña no te conviene, no solo porque está con Potter, sino porque ella, es tu hermana...
¿Hermana...?
Draco dejó de hablar con su conciencia y pensó "¿Hermana?".
¡Diablos! Cada vez estoy más loco, y todo por culpa de Potter. Pero... ¿Hermana?... No puede ser... ¿Y si quizás...? No... Eso sería imposible.
Fuera su hermana o no, Draco debía averiguarlo. En ese mismo instante tomó un pedazo de pergamino y la pluma de alguien que había dejado sus cosas allí y escribió una carta a su padre preguntándole si él no sabía nada de una posible hermana perdida o de su madre. Luego, la mandó (sí, a esa hora) con su lechuza y se fue a dormir, aunque no pegó un ojo en toda la noche pensando en lo que su "conciencia" le había "dicho".
A la mañana siguiente...
Sonó el despertador temprano y me levanté enseguida ya que debía bañarme. Ví que Draco tenía ojeras y me miró con algo de tristeza. ¿Sería por lo que le había dicho la noche anterior? ¡No!... ¿O sí?... Y después de todo, ¿A mí que diablos me importaba ese maldito infeliz? Se metía en mi vida, así que si lo que quería eran respuestas, yo se las daría sin importarme el daño que pudiera hacerle.
Tome mi ropa y fui al baño. Después de bañarme, vestirme y alistarme para clases, bajé en compañía de Draco hasta el comedor, pero sin una palabra de por medio... Ni siquiera "buenos días", algo le pasaba... ¿Estaría bien?...
Luego del desayuno me dirigí a clases, donde me encontré con Harry. Nos saludamos cariñosamente, y me senté junto a él. Una chica que llegó detrás nuestro me quedó mirando con mala cara, ¿Por qué sentía que todos los alumnos me detestaban?...
Transcurrido algún tiempo de clases, nos mandó a llamar Dumbledore a Draco y a mí. ¿En qué nuevo problema me había metido...?
Nos dirigimos en silencio hasta la oficina de Dumbledore. Me llevé una sorpresa al ver a otra persona allí. Era un tipo alto, vestido de negro. Tenía el cabello largo, lacio y blanco.
Buenos días papá. Dijo Draco.
Buenos días Draco. ¿Por qué la carta de anoche?. Dijo sin siquiera percatarse de mi presencia. ¿Qué rayos hacía yo allí?
Por ella. Me señaló y en ese instante el padre de Draco tomó noción de que yo estaba allí.
Se acercó a mí, me miró como examinándome y luego acarició mi mejilla con dulzura. ¿Qué estaba sucediendo?...
Es idéntica... Murmuró.
¿Idéntica a quién?. Preguntó Draco con algo de temor.
A tu madre...
¿Ella es...?
Sí, ella es tu hermana... En ese momento tomé conciencia de lo que sucedía.
Disculpen... Ambos. Los miré a los dos. – Pero... Yo no puedo ser su hija, y Draco no puede ser mi hermano...
Silvana, eres igual a tu madre... Que es la madre de Draco también.
Oigan, si mi madre fuera la madre de él, y usted mi padre... Supongo que siempre ubiéramos estado juntos como una familia, ya que a mi madre no le gusta separarse de sus familiares... Y además... Mi padre está en mi casa.
No es así Silvana... ¿Cómo se llama tu madre?
Narcisa.
Narcisa. Susurró Draco. – Papá, ¿Has traído las fotos viejas que tienes de mi madre?
Sí, traje una. Sacó un papel algo arrugado y amarillento de su bolsillo y me lo pasó. Lo desdoblé y me llevé tal sorpresa que quise salir corriendo de la oficina, pero no se por que razón me quedé paralizada. Allí estaba... Era ella, era mi mamá. Alrededor de 20 años... Cabello rubio, ojos verdosos con un poco de gris... Buena figura, y... Estaba con el padre de Draco, abrazados, felices... En una iglesia... Esto no podía ser posible.
¿Usted...?
Sí... Ella fue mi esposa...
¿Fue?...
Sí. Nos sentamos los tres. Draco y yo nos sentamos uno junto a otro con una gran intriga sobre lo que nos tenía que decir su... Mejor dicho... Nuestro padre. – Cuando Narcisa se quedó embarazada, ambos creímos que sería solo un bebé... Pero al momento del parto, nacieron dos... Yo estaba furioso con ella, ya que pensé que ella siempre había tenido idea de que eran dos en vez de uno. Así que al tercer día de nacidos ustedes dos, tomé a Draco y me lo llevé conmigo, al principio... Yo no quería una hija... Entonces, cuando Narcisa salió del hospital, hizo los papeles del divorcio, y la custodia de ustedes, fue que Draco se quedaría conmigo y tú con Narcisa. Luego, se mudó a Francia y seguí contactado con ella mediante cartas, porque ella quería saber de Draco... Hasta que un día, dejó de escribir. Le mandé carta tras carta preguntándole por qué no había escrito más, y lo único que me dijo, fue que se había cansado de mí y de mis reproches, y que se despedía de mí. Fue la última carta... Y me vino con un precioso regalo... Una foto de ambas. Sacó otro papel amarillento, arrugado y viejo de su bolsillo y nos lo enseño. En la foto, estábamos mi madre, y yo de pequeña, cuando tenía alrededor de 5 años.
¿Por qué no querías tener una hija?. Preguntó Draco.
No lo sé... Supongo que no quería enfrentarme a lo que mis conocidos se enfrentaban cuando sus hijas crecían... Hacerce a la idea de que la pequeña de la casa dejaba de ser tu nena para convertirse en una señorita... y de que conmenzara a salir con chicos y ya no estubiera más con el padre.
No sabes cuánta falta me has hecho... Le dije con los ojos llenos de lágrimas.
Discúlpame por ser tan imbécil hija. Me abrazó. – Me he perdido los mejores años de tu vida, y todo por un maldito capricho.
Eso... Me sequé las lágrimas. – Eso ya no importa... Lo único que importa ahora es que por fin estamos juntos...
Sí, es cierto. Quitó unas lágrimas que corrían por mis mejillas y nos dijo a ambos que volviéramos a clases.
Draco y yo salimos de la oficina del director. Él no había derramado ni una lágrima, ni tampoco había demostrado señales de estar feliz por algo de lo que estaba sucediendo.
Draco...
¿Qué?
¿Estás... enojado?...
Sí.
¿Por qué?. Me paré frente a él y lo miré a los ojos.
Porque... Bah, son cosas mías.
Siguió caminando. Lo tomé por el brazo y lo giré hacia mí.
Por favor, dime...
¡Porque me gustas! Maldita sea... La primera vez que siento algo por alguien que no sea yo mismo y todo tiene que arruinarse, si no es por el infeliz de Potter que ahora sale contigo es porque descubrimos que eres mi hermana... ¡Esto no podría ser peor!
Pero Draco...
¿Qué? No intentes decirme que todo va a ponerse bien porque ¡ya no me creo nada!. Siempre es lo mismo, preferiría morir.
¡Calmate!. Le di una cachetada. – Quieres escucharme... ¿Por favor?
¿Qué?
Ni siquiera pienses en lo que acabas de decir.
¿En que cosa?
En morir...
¿Por qué? Sería mejor que vivir esta estúpida vida.
Draco... Ya encontrarás un amor que te corresponda... Debes pensar en mí como una amiga... No te puedes enamorar de una amiga.
Pues ya es tarde... Además, ¿Qué es eso de "un amor que te corresponda"? ¿O es que acaso vas a negar que tú también estás enamorada de mí?
Draco yo...
No me mientas... Sé lo que sientes... Sé lo que quieres hacer cada vez que me miras a los ojos... Cada vez que me sientes cerca de ti, cada vez que me ves... Quieres abrazarme y te resistes, quieres besarme y no puedes, quieres tenerme solo para ti pero sabes que no debes hacerlo...
¡Tú no sabes nada sobre mí, Draco Malfoy!
Lo sé todo porque somos mellizos y sé lo que piensas y lo que te sucede y créeme que tampoco es facil para mí verte abrazada a ese desgraciado y no poder romperle la cara de una trompada... O verte besándolo y pensar que quizás podríamos ser nosotros dos...
Draco cállate... Comenzaba a entender lo que estaba diciendo, porque todo eso me pasaba y aunque quisiera negarlo el siempre iba a saber si era o no-verdad lo que estaba diciéndole... Me sentía tan impotente.
¡No!
¡Cállate de una buena vez!. Comencé a llorar en el momento en que todos salian de clases.
Harry salió del salón y al verme allí frente a Draco llorando se acercó. Parecía furioso. Me abrazó y acurrucó en sus brazos mirando con odio a Draco.
¿Qué diablos le hiciste Malfoy?
Nada que pueda solucionarse con tu "amor" Potter.
¿De qué hablas?
No me hagas caso... Cuñadito.
¿Cuñado?...
Él es mi hermano... Dije como respondiendo a su pregunta.
¿Qué?
Sí, así que ten cuidado con hacerle daño o me aseguraré de que sufras de la manera más dolorosa posible Potter. Lo miró con desprecio, le golpeó el hombro con el suyo al pasar y se fue.
¿Qué sucede aquí?
El padre de... Mi padre... Vino y nos contó toda la historia... Y Draco y yo somos hermanos...
¿Estás bromeando, verdad?
No bromearía con eso Harry...
Draco no volvió a aparecer en todo el día.
Al final del día, volví a la sala común. Tampoco estaba allí... Lo busqué por todo el lugar y no había rastros de Draco por ninguna parte de la enorme edificación...
Salí al patio con una pequeña linterna y lo busqué también por la orilla del lago y por los alrededores, hasta que por fin dí con él...
