Capítulo 7: Un cadaver, dos personas... Un problema

Tras algunos días de estar en ese hotel con Draco, decidimos volver, de seguro ya todo se había calmado.

Pagamos el hotel y fuimos a la estacion de omnibus. Desde allí nos tomamos uno y regresamos a Londres.

Al llegar allí, fuimos hasta mi casa. Cuando llegamos, todo se veía muy tranquilo, pero cuando entramos...

- ¡Mamá!. Grité histérica al ver el cuerpo de mi madre en el suelo lleno de sangre. Corrí hasta donde ella estaba y me arrodille a su lado. – Mamá... mamá... despierta... Dije mientras la tomaba en mis brazos. – Mamá, no puedes dejarme sola. Comenzaban a salir lágrimas de mis ojos.

- Silvana... Dijo Draco poniendo su mano sobre mi hombro.

- Draco llama una ambulancia.

- Bien...

Tomó el teléfono y marcó. Diez minutos después la ambulancia estaba allí. Se la llevaron. La casa era un desastre. Todos los adornos, cuadros, muebles y papeles que había en la casa estaban tirados en la parte del living. Las paredes y los muebles estaban manchados con sangre, al igual que la alfombra y otras cosas. Yo me quedé allí arrodillada adonde había estado mi madre agonizante. ¿Quién haría eso?... Qué pregunta tan estúpida. Estaba segura que había sido Lucius Malfoy. Iba a matarlo... ¿Cómo podía haberle hecho eso a su propia hermana? Bueno, otra pregunta estúpida. Si había intentado matar a Draco, era obvio que estaba dispuesto a matar a quienfuera que se le cruzara en el camino. Pero esta vez había ido demasiado lejos... Meterse con mi madre, que no le había hecho nada, era el colmo, cuando lo atrapara iba a matarlo, pero con lentitud y haciéndolo sufrir... Sí. Definitivamente. Le iba a demostrar que nadie se iba a meter con mi familia, y menos él, un maldito cerdo sediento de poder que solo estaba lleno de mierda por dentro.

Me bañe, luego Draco y yo limpiamos y ordenamos todo y fuimos al hospital. Esa noche, dormimos allí.
La mañana siguiente, cuando desperté, ví a Draco hablando con el doctor que atendía a mi madre. Me pare y fui hacia ellos. Había terminado su conversación.

- Buenos días doctor. ¿Cómo está mi madre?. Miró con complicidad a Draco, me saludó y se alejó.

- Silvana ella...

- ¿Está mejor?. Pregunté sonriente.

- Silvana... Draco me miró a los ojos y me tomó por los hombros. – Ella... Murió hace unas horas...

- ¿Qué?... Dime... Que solo es... Una broma... Por favor... Mis ojos se llenaron de lágrimas y lo abracé con fuerza. – Por favor, díme que no es cierto. Me aferré a él, que también me abrazó.

- Lamento decirte que es la verdad... Pero... Piensa, que ahora está en un lugar mejor... Acarició mi cabeza y beso mi frente.

- ¡No¡No puede ser cierto! Sentí que mi mundo se venía abajo. No tube la fuerza suficiente y caí al suelo de rodillas. Draco seguía abrazandome, se arrodilló a mi lado.

- Levántate.

- No... Puedo. Respondí entre llantos.

- Vamos Silvana... Me ayudó a levantarme y nos fuimos de allí.

Al llegar a la casa, no hice más que ir y encerrarme en mi habitación a llorar. Después de un rato, Draco entró y se sentó junto a mí.
Acarició mi rostro y seco mis lágrimas.

- Todo va a estar bien... Ella está en un lugar mejor ahora Silvana...

- Draco... Tú no entiendes... Ella era mi única familia... Ahora me eh quedado completamente sola...

- Me tienes a mí. Sabes que no voy a dejarte por nada en el mundo. Se acostó junto a mí y me abrazó.

- Lo sé... Pero ella era mi familia... Tú eres solo mi novio. Ya... No tengo más familia... Si tú te fueras de mi lado por algún modo, me quedaría sola...

- Mírame. Tomó con suavidad de mi mentón y me giró hacia él. – Ya te dije que nunca te dejaré, y puedes confiar en mí. Te doy mi palabra. Me besó.

Me quedé dormida en sus brazos.

Al otro día...

Era el entierro de mi madre. Me vestí de negro y con Draco fuimos. No tenía ganas, pero de todos modos lo hice. Casi todos los amigos de mi madre estaban allí.
Distraídamente miré hacia atrás, y ví a Lucius detrás de un árbol... Me quedé congelada. Me saludo con la mano y sonrió maliciosamente. Y yo seguía allí parada sin saber qué hacer...

- ¿Silvana¿Estás bien?. Me dijo Draco.

- ... Sí... No te preocupes. No me pasa nada... Ahora vengo...

- Pero...

- Ya vuelvo.

Me dirijí hacia donde lo había visto. Detrás del árbol lo encontré y le dí un puñetazo. Ni se inmutó.

- ¡Maldito desgraciado¿Cómo pudiste hacerle eso a mi madre¡No te lo perdonare nunca¡Eres un infeliz!. Comenzaba a llorar.

- ¿Disculpa? Yo no le toqué ni un solo pelo a tu madre. No me ensuciaría las manos. Dijo haciéndose el idiota.

- ¡Y tienes la cara para negarlo¡Te mataré!. Comencé a golpearlo con todas mis fuerzas, llorando de impotencia y de rabia, hasta que finalmente caí rendida al suelo. Él me tomó en sus brazos y me abrazó.

- Aunque no lo creas... Yo amaba a tu madre... No le haría daño...

- Lucius... No puedo creerte. Dije entre sollozos. – ¡Tú la violabas cuando eran jovenes!

- Pero eso forma parte del pasado, lo hacía cuando bebía con mis amigos y volvía borracho a casa.

- Si, claro... Quise soltarme pero no me dejó.

- Silvana, escuchame. No sé quién hizo esto, pero te juro que no fui yo.

- Y entonces... ¿Por qué me sonreíste tan maliciosamente cuando te vi? No pareces dolido.

- Soy Malfoy, nunca en mi vida he demostrado mis sentimientos... Excepto el día en que Draco nació. Pero me duele lo que le hicieron a tu madre, y te aseguro que te ayudaré a encontrar al desgraciado que lo hizo. Secó mis lágrimas. ¿Podía confiar en él?... ¿O solo sería otra trampa para atrapar a Draco y matarlo por ser "infiel" a los principios de su familia? No me iba a dejar convencer.

- Gracias, pero lo haré yo sola. Dije con frialdad.

Me solté de él y me marché. Al llegar junto a Draco él me preguntó que había pasado, le dije que me había parecido ver a alguien, pero que estaba equivocada. Me abrazó.

Cuando terminó todo, volvimos a casa, donde, desafortunadamente, nos encontramos con unos policias...

- Buenas tardes. Saludé abrazada a Draco. - ¿Sucede algo oficiales?

- Buenas tardes señorita. Sucede que... Su madre ha muerto¿Verdad?

- Sí... Dije desviando la mirada.

- Pues, ni usted ni nadie nos llamó para que investigaramos la escena del crimen, y por lo que veo han limpiado todo muy bien. Esa actitud nos parece sospechosa. Dijo con frialdad.

- ¿Disculpe?. Dije mirándolo a los ojos con notable odio. – Lo último que se me ocurriría sería llamar a un par de policías ineptos para que investigaran la muerte de mi madre, de eso solo me puedo encargar yo, y le aseguro que puedo hacerlo mucho mejor que ustedes y sus malditos departamentos de idiotas incapacitados para hacer cualquier tipo de esfuerzo.

- ¡No le permitiré que me hable así! Intentó golpearme, pero le agarré la mano a tiempo.

- Usted me pone una sola mano ensima y juro que le hago juicio.

- Yo se lo haré por insultar a un superior tanto en edad como en cargo y...

- ¿Y?...

- ¡Por eso!...

- Por favor oficial... Me fijé el nombre en su placa. – Kloster. Sabe que soy hija de una persona que era muy influyente en esta comunidad, o acaso¿ya no recuerda que mi madre logró que sacaran a su padre de su puesto? Y que... Logró clausurar varios sitios públicos que eran un desastre, y que los policias no hacían nada por más que se los rogara el resto del pueblo.

- Maldita zorra. Intentó golpearme nuevamente, pero esta vez fue Draco quien lo detubo.

- ¡No la insulte!. Estaba a punto de sacar su varita, pero lo detube. Lo miré y supo que no debía. Lo soltó.

- Oficial Kloster, lárguese de mi vista. No quiero volver a verlo por aquí, y mucho menos si cree que yo podría haber matado a mi madre con lo mucho que la quería. ¿O es que acaso usted no piensa? Siempre que salíamos ella lo saludaba y luego seguíamos caminando mientras reíamos como las mejores amigas, nunca me hubiera atrevido a hacerle daño a mi madre, así que detenga su cerebro por un momento, y piense bien de lo que está atreviendo a acusarme. Además, por si no está enterado, yo estaba de viaje con mi novio aquí presente. Volví ayer y encontré una casa que no era mi casa, que estaba llena de sangre y mi madre tirada en el suelo agonizando. ¿Cree usted que podría haber hecho algo estando a miles de kilómetros?

- ¿Y usted por qué estaba de viaje?

- ¿Y a usted qué rayos le importa? Tube que viajar porque una amiga mía en el otro estado estaba muy grave por una enfermedad que le agarró hace poco.

- Bien. Le creo... Dijo con un gesto de superioridad.

- Adios. Me despedí, el hizo lo mismo.

Con Draco entramos a la casa y sacamos a todos los policias que habían dentro.

Los días pasaron lento y recalcando el dolor de la muerte de un ser querido, ya que todos los días soñaba con mi madre en diferentes etapas de mi vida, y siempre me despertaba llorando. Draco ya no sabía que más hacer o decirme, lo había intentado todo. Me había dicho muchas cosas por las cuales tendría que aprender a vivir sin mi madre y a pensar que ella estaba en un lugar mejor, pero aún así, yo seguía dolida, y todos los días me acordaba de algo distinto, de momentos felices que habíamos vivido juntas y eso me dolía y me molestaba, porque aunque lo deseara con todo mi corazón, no podía dejar de pensar en nada que estubiera relacionado con ella. Cada recuerdo, cada momento bueno o malo, en todo estaba ella, y ahora, no sabía como iba a hacer para empezar a vivir sin ella. Era casi imposible a mi parecer.

Unas semanas después de haberse marchado por la fuerza, el oficial Kloster volvió. Dijo que tenía evidencia de que no había nadie enfermo de gravedad en el otro estado. Entró por la fuerza a la casa y nos detubo a Draco y a mí. Yo estaba furiosa, Draco, por poco echaba fuego por la boca como un dragon. Aún así, nos dejamos, si llegabamos a resistirnos sería peor.

Luego de dos semanas tras las rejas, por fin se realizó el juicio.

- Puede ponerse de pie la acusada. Dijo el juez, y yo me paré como un resorte. – Pase a testificar, por favor. Dijo con amabilidad. Yo fui a su lado, juré que diría toda la verdad y empezaron con las preguntas.

- ¿Dónde estubo los días del 9 al 20 de agosto, señorita?. Dijo el abogado del oficial, que era quien me había hecho juicio por querer demostrar algo que yo no había hecho.

- Estube en el otro estado. Huí con mi novio porque el padre de él fue a mi casa e intentó llevárselo por la fuerza. Mi madre lo detubo y nos dijo que huyéramos, y fue lo que hicimos.

- Eso, no es lo mismo que usted le dijo al oficial Kloster.

- Sí, lo sé, pero como el ofocial Kloster no me cae bien, y fue muy pedante y acusador conmigo, preferí quedarme callada.

- Mj... Y... ¿Por qué huyeron¿Acaso el padre del señor Malfoy iba a matarlos?. Dijo burlándose.

- Por más que usted se burle y no me crea, Lucius Malfoy, padre de Draco, mi novio, intento matarlo cuando nosotros estábamos en periodo escolar, en el bosque que está en los terrenos de nuestro colegio.

- Y¿Dónde queda ese colegio si se puede saber?

- Queda en... Miré a Draco y me miró con miedo, como rogando que no lo dijera por ningún motivo del mundo. – Queda en un lugar secreto. Se llama Hogwarts, es un colegio para magos y brujas. Le dije, y todos empezaron a reirse, excepto tres parejas.

- ¿Acaso cree que yo voy a tragarme semejante mentira?

- ¡Dice la verdad! Dijo una señora de grandes y hermosos ojos verdes, de cabello ondulado y negro. – Mi hija asiste a ese colegio...

- Cállese señora.

- ¡No¡Ellas dicen la verdad! Dijo un señor ya algo grande, pero bien educado y muy elegante en su forma de vestirse. – Mis nietos van a ese colegio. Yo también soy mago. Dijo el señor enseñando su varita a todos, mientras que los otros se quedaban callados y lo miraban con terror.

Después de dos horas más de juicio, el juez dio la sentencia. Fuimos liberado y pudimos ir a casa. Al salir de la sala, agradecimos a los dos señores y nos fuimos.