Remembranzas

Capítulo 1: El hombre que se marchó

Era una sombría tarde de otoño en Alemania, que se hacía notar con los colores dorados que adornaban los árboles y el ambiente…, las hojas que caían lentamente al césped y el cielo que resplandecía con la tenue luz del despasionado sol otoñal. Era la fresca y hermosa tarde del mes de octubre de un año cualquiera.

Pero, desafortunadamente, es poco lo que nos atañe de tan precioso día. Más bien, nos concentraremos en una rústica y austera cabaña a las afueras de la ciudad de Dortmund, cercana a un profundo y espeso bosque al pie de la montaña; y en los dos hombres que fuera de ella se encontraban.

– Muéstrame lo que quiero, Harry Potter –, bramó uno, desafiante. – ¡Ahora, estúpido!

Pero el otro, más bien un chico, permaneció quieto frente a él, aferrado a su varita como si la vida se le fuera en ello. El hombre al darse cuenta de esto, hizo una terrible mueca de enfado y lo atacó. Con solo blandir su varita en un breve movimiento, el pobre chico salió despedido en dirección al bosque, hasta perderse de vista en la oscuridad que reinaba.

El hombre supo que se había detenido, cuando lo escuchó gemir de dolor. Todavía más enfadado, caminó hacia él, adentrándose en el bosque. Lo encontró al pie de un firme tronco con la cabeza sangrándole profusamente. Hizo otra mueca, esta vez de fastidio.

– Te dije que me lo mostrarás, Harry –, replicó el hombre, a la escena. – Esto te ha pasado por estúpido… Maldito chiquillo.

El hombre se giró y emprendió la vuelta hacia la cabaña, pensando lo absurdo de la situación. Sin embargo, pocos pasos después de iniciada la marcha, se detuvo y le dijo:

– Es increíble como tantos meses de entrenamiento han servido para nada –, aseveró, e hizo una pausa. – Aún recuerdo la resolución con la que me pediste que te entrenara… Con qué convicción lo hiciste. Y yo pensé, '¡Por fin he encontrado un discípulo digno, demonios!'.

Se volteó para verlo de reojo; el chico seguía sin levantar el rostro del suelo.

– Ahora veo con claridad que me equivoqué –, aseveró con voz dura e implacable. – Me arrepiento de haberte tenido de discípulo –, recalcó. – Eres libre de largarte, estúpido.

El chico entonces sí levantó el rostro, que estaba cubierto de lágrimas.

– Maestro… –, murmuró dolido consigo mismo, por verse incapaz de cumplirle a su mentor.

– No vuelvas a llamarme así, chiquillo –, fue lo último que dijo el hombre antes de reanudar la marcha.

El chico, Harry Potter, vio cómo su mentor se alejaba cada vez más, y con él la última esperanza de lograr aquello por lo que tanto luchaba, aquello que tanto anhelaba… Aquello por lo que había abandonado todo…

Así pues, las memorias de aquella primavera en que dejó todo atrás para partir tras su destino, fueron evocadas por su mente y alma, sin que el pudiese hacer nada para evitarlo…

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Era la primavera luego de la primera aparición de Voldemort en público. Hacía meses, luego de los sucesos que acontecieron durante su 5to año escolar, e incluso el 4to con el Torneo de los Tres Magos, Harry se había encontrado en la disyuntiva que lo obligaba a tomar una pronta decisión: enfrentar su destino, o huirle esperando un milagro… que sabía no llegaría.

Él, además, sabía no contaba con el apoyo de nadie para emprender semejante empresa; unos por miedo a su vida, y otros justificándose en su corta edad. Así, que determinó buscar ayuda en alguien más. ¿Pero en quién?

La última mañana de la primavera de ese año, Harry decidió que más no podía esperarse. Aprovechando el despiste de aquellos que lo custodiaban, los eludió oculto bajo su capa de invisibilidad… Y avanzó con paso resuelto hacia la estación de Londres, a bordo de su Saeta de Fuego; siempre cubierto con su capa.

Al llegar, compró un boleto en la línea de tren que más lejos lo llevara, con destino Edimburgo. Y luego, se sentó a esperar la llamada para el tren en un Café que había junto a la taquilla de boletos. Al acercársele una joven mesera, lo único que ordenó fue un vaso con agua. Bien fría.

Se deleitó con el pasar de la gente, apresurada o agobiada ante la expectativa de perder su tren. Era vida. En su más pura expresión. Gente que iba a trabajar, a visitar a un pariente o simplemente a vacaciones. Gente a la que valía la pena proteger, a la que su destino le imperaba proteger. Gente por la que él lo iba a arriesgar todo… Por la que se marcharía para quizás nunca volver.

La puerta del Café se abrió con brusquedad, lo que provocó que Harry volteara preparado para huir. Sin embargo, se relajó al ver que se trataba de Hermione, quien más agitada y exaltada no podía estar.

– ¡Harry Potter! –, exclamó ella, una vez delante de él. – ¿Adónde crees que vas?

Harry sonrió genuinamente por primera vez en meses.

– A enfrentar mi destino.

Ya más calmada, Hermione se sentó frente a él. La mesera, muy espléndida, se le acercó y le tomó la orden. Para ella un café bien cargado.

– Me sorprendió que me llamaras –, le dijo, para luego regañarlo –: Si ibas a escapar eso no fue muy inteligente.

Al hablar, Harry se inclinó sobre la mesa, acercándose más a ella.

– Te equivocas –, le corrigió –, la Orden poco sabe de aparatos muggle. Contactarte por teléfono fue lo más inteligente.

– Pude haberte delatado –, replicó, rehusándose a perder.

– Pero sabía que no harías –, dijo él, muy seguro, mirándola directamente a los ojos.

Ella desvío la mirada hacia los andenes, no pudiendo sostener la intensidad con que él la miraba.

– ¿Tanto confías en mí?

– Sí.

El café de ella llegó a la mesa. Bien caliente. Ella lo bebió enseguida, teniendo cuidado de no quemarse, mientras mantenía su vista fija fuera.

– ¿Por qué a mí?

– No quería irme sin decir adiós.

Hubo un corto silencio entre ambos.

– ¿No planeas volver?

Él meditó su respuesta por unos segundos, antes de decir:

– Me gustaría… Pero no sé cuándo ni si verdaderamente lo haré –, hizo otra pausa. – Sólo sé que será una vez logré lo que me propongo… Una vez Voldemort haya desaparecido.

Las lágrimas que llenaron los ojos de Hermione, fueron visiblemente notables para Harry.

– Promete que volverás –, dijo ella, con la voz ahogada.

Justo en ese momento, por los altoparlantes anunciaron la salida del tren con destino a Edimburgo en los próximos minutos. Harry se puso de pie y bebió su vaso de agua con un gran sorbo.

– Hora de irme –, le dijo.

Y se encaminó hacia a la puerta. Lágrimas rodaron por las mejillas de Hermione, quien permaneció inmóvil, mientras veía a través del cristal como Harry se alejaba cada vez más de ella,… de todos.

Finalmente, cuando ya casi se había perdido en la muchedumbre, ella corrió tras él. Volvieron a llamar al abordaje del tren, y la desesperación en Hermione se acrecentó, creyendo que no lo alcanzaría a ver antes de partir. Así fue como llegó al andén del tren de Harry, con el corazón en la mano. Sin embargo, no lo encontró por ningún lado.

Hermione sintió como de sus ojos caían y caían lágrimas sin parar. ¡Harry no podía irse así sin más!

– Hermione –, dijo una voz masculina tras ella.

– ¡Harry!

Ella quiso voltearse, pero dos brazos la abrazaron por detrás, impidiéndoselo. Definitivamente era Harry. Él recostó su barbilla sobre el hombre de ella, transmitiéndole la paz y la calma que lo inundaban.

– Promete que volverás –, le suplicó ella de nuevo.

– Sabes que no puedo hacer eso –, respondió él, en su oído.

Hermione tembló de pies a cabeza.

– Entonces no te vayas –, dijo ella, sintiéndose impotente.

Harry acarició su cuello con sus labios, haciendo que Hermione temblara otra vez. Y la beso justo en él, sin pensarlo y sin dudarlo.

– Hasta siempre –, susurró en su oído, y deshizo el abrazo.

El tren comenzó su andar al tiempo que Hermione sintió el frío de la soledad invadirla. Alcanzó a ver como Harry corría raudo tras el tren, y en el último momento se hacía con la baranda de uno de los vagones, y subía.

Un pestañeo después el tren se había ido, y Harry con él.

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Primer día de viaje…

No sé cómo saqué valor para hacer eso. Me siento vivo, más vivo que nunca. ¿Qué habrá pensado Hermione de mí? A lo mejor seré un pervertido para ella… Sólo a mí se me ocurre hacerle eso a mi mejor amiga. ¡Pero es que lo deseaba tanto! Regresaré… Regresaré a tu lado. Esa es mi promesa silenciosa, Hermione.

Miro a través del cristal de la ventana, y reconozco los pastizales que junto al tren se muestran, pues es el mismo curso que se toma para ir a Hogwarts… mi amado colegio. Sin embargo, esta vez no tengo la menor idea de qué haré una vez llegue. Quizás iré a una biblioteca e investigaré. Ahora que lo pienso, esto de marcharse ya no parece tan buena idea como al principio.

Segundo día de viaje…

Ir a la biblioteca no sirvió de nada. Supongo que habrá sido porque se trataba de una muggle… Si Hermione estuviera aquí de seguro ya habría retado mi ignorancia. Lástima que no esté. Con ella todo hubiera sido más fácil.

Hoy tengo pensado ir al área mágica de la ciudad. Si bien corro el riesgo de ser reconocido, es lo único que me queda por hacer. Aunque trataré de pasar desapercibido con la ayuda de mi capa… Que probablemente no será suficiente si hay alguien con un ojo mágico, o con extraordinarias habilidades mágicas.

Tercer día de viaje…

Desde el primer día opté por alojarme en una cueva que hay a las afueras de la ciudad, algo así como lo que Sirius hizo. No obstante, ahora puedo comprender por qué Sirius prefería usar su forma animaga para dormir… Hace un frío espantoso por las noches.

Mi viaje al área mágica fue totalmente improductivo. Todos temen decir o hacer algo que desate la ira de Voldemort sobre el pueblo. Comprensible, pero bastante cobarde a mi entender. Finalmente comienzo a darme cuenta que aquí en Inglaterra es poco probable que encuentre algo de utilidad… Principalmente por ese miedo que tiene la gente. Además de que corro más riego de ser atrapado aquí, que en otro país…

Cuarto día de viaje…

Lo he decidido. Mañana me marcho para Suecia. Según recuerdo de las pocas clases de Historia de la Magia en las que estuve despierto, el profesor nos habló de un pequeño poblado mágico a las afueras Helsingborg que desde siempre ha combatido la Magia Negra. Espero encontrar ayuda en ese lugar.

El viaje será duro, pero también decidí que lo haría en mi Saeta de Fuego. Si descanso sólo lo suficiente, y viajo al límite, llegaré en menos de tres días. Así habrá menos oportunidad de ser atrapado, pues estoy seguro que Dumbledore ya debe haber puesto Bretaña de cabeza para encontrarme. Afortunadamente, sé que puedo confiar en Hermione.

Sexto día de viaje…

Decidirme por viajar en escoba, fue estúpido… He de admitir. Más de una vez casi pierdo la capa de mi padre, y otro montón más casi caigo de la escoba por los fuertes vientos. Mi cuerpo ha sufrido terriblemente; en especial mi piel, que por la fricción con el aire está toda cuarteada y llena de llagas. ¡Como duele, demonios!

Me encuentro casi al final del camino, por fortuna. Así, espero encontrar algo con qué curar mis heridas al llegar al pueblo. Es una pena que no pueda usar magia, por el peligro que representa. Es probable que fuera atrapado enseguida.

Décimo día de viaje…

Por fin he llegado al pueblo. Me ha tomado mucho más de lo pensaba, casi seis días. Fue un error no tener en cuenta el clima y las heridas que podía sufrir mi cuerpo… Que son bastante graves, aunque me cueste aceptarlo. Parece que tendré que buscar atención médica, a pesar del peligro que representa.

Por ahora me escondo en una cueva (otra vez, para mi desgracia), a las afueras del pueblo. Temo morir de hipotermia esta noche. El clima aquí es mucho más frío que en Inglaterra. Pero debo correr el riesgo, no tengo de otra.

Décimo primer día de viaje…

La noche de ayer fue horrible. Las llagas en mi cuerpo escocían terriblemente, y el frío fue casi insoportable para mí; tanto, que en algún momento creí que moriría. Fue horrible. Extraño a Hermione. Sé que si ella estuviera aquí, algo se le ocurriría para salir de este aprieto. También extraño a Ron, y sus bromas que de seguro habrían alegrado mi día.

Ahora me es imposible salir, fuera llueve sin parar y mi cuerpo no lo resistiría. Últimamente he estado deseando que me encuentren y me lleven a casa. No quiero morir. Temo morir y verme incapaz de cumplir mi destino. Yo no puedo morir… Algo tengo que hacer.

Décimo octavo día de viaje…

Ha pasado más de una semana desde que llegué aquí. Mis heridas nada que sanan, y más hambriento no podría estar. No ha parado de llover en todo este tiempo… Increíble. Parece que estoy condenado a morir en esta cueva.

Alguna que otra vez me he arrastrado fuera para beber un poco de agua, pero nada más. Ojalá alguien más utilizara esta cueva, y me encontrara. En mi estado, aunque dejara de llover, me sería imposible marchar.

Vigésimo día de viaje…

Fuera ha dejado de llover. Pero ahora eso ya da igual. Voy a morir, y sé que no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Lloro por las noches ante mi inevitable fin, y pienso en lo estúpido que fue marcharme solo… ¿Por qué habré sido tan testarudo?

No quiero resignarme a dejar que todo termine, tengo que hacer algo… ¿Pero qué? Ya no me quedan fuerzas, y el dolor es insoportable. No puedo moverme y pedir ayuda, sería inútil… Definitivamente estoy perdido.

Vigésimo segundo día de viaje…

Anoche soñé algo extraño. Tan extraño que me ha dado fuerzas para seguir adelante. He conseguido arrastrarme fuera de la cueva, y alejarme bastante de ella en dirección al pueblo. He dejado mi amada Saeta de Fuego, y sólo cargo mi varita. Espero poder regresar por ella luego.

El que Hermione me retara en el sueño por no hacer mi tarea de Pociones, ha servido de algo. Y río al pensar en ello. El camino principal que lleva al pueblo está cerca. Una vez allí, las probabilidades de que me encuentren serán altas. Sólo espero que no sea alguien de la Orden.

Vigésimo tercer día de viaje…

Ha comenzado a llover de nuevo, y cada vez con más fuerza. Ya estoy en el camino, pero no ha servido de nada. Parece que nadie suele ir al pueblo por aquí… Y yo que pensaba que era el principal.

Ya casi he perdido el sentido, y me extraña no haber perdido la cordura ya. Incluso oigo los pasos de alguien acercarse, cuando sé que es imposible. Tan imposible que la sombra de la figura se materializa a mis ojos. ¿Quién será?...

i Trigésimo quinto día de viaje…

Por fin he recobrado la consciencia. He estado casi dos semanas inconsciente, según me ha dicho el hombre que me encontró. Eso, si mis cálculos son correctos, significa que hace más de un mes que me marché de Inglaterra.

La Diosa de la Fortuna ha estado conmigo, dijo el hombre, un poco más y habría muerto. Y más, he pensado yo, porque usted ha resultado no ser un miembro de la Orden. Mejor todavía, el hombre luchó contra Voldemort durante la primera guerra… Ojalá consiga la información que necesito de él.

Cuadragésimo noveno día de viaje…

No ha sido hasta hoy que he podido levantarme de la cama, ya fuerte y sano físicamente. Además, he ido a recoger mi amada Saeta de Fuego que gracias a algún poder divino estaba intacta.

Una vez he regresado a casa de John, el hombre que me cuidó, le hablé claro y le dije quién era y qué buscaba allí. Al principio se mostró reacio, pero mi cicatriz terminó por convencerlo. Habló y habló sin parar sobre la primera guerra, mientras yo lo escuchaba atentamente. Según dijo, perdió a toda su familia a manos de los mortífagos y pronto se uniría al grupo contra Voldemort que se formaba en el pueblo.

Finalmente, y después de cenar, me habló de un hombre que vivía a las afueras de Dortmund, Theodore Andrew, quien se decidía poseía un enorme poder… Incluso capaz de rivalizar con el de Dumbledore o Voldemort. Apenas era un rumor, pero era la única pista que tenía, así que me dispuse a seguirla.

Quincuagésimo día de viaje…

John muy amablemente me facilitó una pomada para las heridas que podría ocasionar mi viaje en la Saeta de Fuego, así como una buena dotación de comida. Al marcharme, lo último que pude escuchar de él fue, 'Ahí va la última esperanza del mundo. Qué la Diosa de la Fortuna lo acompañe'.

Qué real se me hizo la responsabilidad de cumplir mi destino luego de escucharlo. Tomé el mango de mi Saeta de Fuego, y me dirigí hacia Alemania… Dortmund y Theodore Andrew me esperaban. Cada vez estaba más cerca de cumplir mi destino.

Sexagésimo día de viaje…

Me tomó más de lo planeado llegar a Dortmund, principalmente por mi desconocimiento sobre las regiones del país. Después de todo, descubrí que el sentido común no basta. Un buen mapa siempre es necesario. La comida y la medicina que John me brindó, me han sido más que útiles, y le estaré eternamente agradecido por ello.

Luego de mi mala experiencia como navegante, aquí me encuentro, a la puerta de la que espero sea la cabaña de Theodore Andrew. Llevo más de media hora tocando a la puerta, pero nadie me responde. Sin embargo, no dejaré que un pequeño inconveniente como ese merme mi voluntad. Ya he pasado mucho como para permitir eso.

Para mi sorpresa, la puerta se ha abierto justo antes de que la golpeara por enésima vez… ¿Qué me esperará una dentro?

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N. del A.: Ante todo, primero unas aclaraciones:

- Esta historia será corta, porque así fue concebida: para contar algo, y no extendernos eternamente en ello.

- La cantidad de capítulos ya está definida, y la escribo sobre la marcha. Serán 4 más el prólogo y el epílogo.

- En la historia se hará mención y alusión a una posible relación entre Harry y Hermione, quienes no puedan soportar esto por favor abstenerse de leer.

- Los hechos ocurridos en 6to libro no son tomados en consideración. Además, esta historia no se concentrará en la depresión pos 5to libro que para algunos debía sufrir Harry.

- Nada de esto me pertenece, y todo es de la autora de los libros. Esto lo hago por mera diversión y alivio de estrés.

Por último aclarar que trataré de terminar la historia a la mayor brevedad, para evitar las eternas esperas por actualización. A todos los que han leído hasta aquí, y a aquellos que me seguirán a lo largo de esto, muchísimas gracias por tomar de su tiempo para leerme.

Hasta la próxima actualización.