Perdón por el retraso pero por ciertos problemitas técnicos con mi imaginación, pues no tenía nada que publicar, así que me disculpo. Muchas gracias por los reviews, muchas personas se han agregado o las que leían ahora me dejan reviews, no sé como es la cosa, total que ahora tengo más reviews, muchas gracias n.n (por eso les quiero pedir un favor, quiero que traten de leer mis otros fics porque no es que estoy nadando en reviews con ellos, así que un empujoncito a mi ego no haría daño, xD)

Fría como el Fuego

Sueños y leyendas

En una casa modesta pero hermosa se encontraban una hermosa mujer junto con una pequeña niña. La mujer leía en voz alta el relato de un libro al frente del fuego de la chimenea en un cómodo y gran sillón que estaba en una esquina de la amplia sala. A diferencia de la quietud de ella, la pequeña corría inquieta por la habitación, interrumpiendo de vez en vez a lo que sería su madre, preguntándole y dando su opinión respecto a la historia que se le estaba narrando, aún así, la mujer sólo asentía levemente y sonreía. Algo curioso era el libro. Era delgado y se veía algo usado, no poseía un título ni una portada llamativa, simplemente era un pequeño y sencillo libro con una caligrafía impecable que se le hacía conocida pero a fin de cuentas, hecho a mano. La infanta contaría con unos cuatro tiernos años y su parecido con su madre era impresionante. Poseía el cabello azabache como ella y unos grandes y expresivos ojos marrones que a diferencia de los de su progenitora, tenían un casi invisible borde dorado alrededor del iris que se acentuaba con la luz del fuego. Su madre levantaba casualmente sus ojos, observando a su hija de vez en cuando. La niña en sus repetitivos recorridos por el recinto se paraba periódicamente en la ventana y observaba por unos segundos el mundo exterior como si esperase algo. La mujer ante este gesto, volvía sonreír y seguía relatando la historia. Entre ese tejemaneje pasaron unos cuantos minutos y para cuando la madre parecía que iba a leer las últimas líneas, se detuvo aparentemente al escuchar algo, su hija dejó de moverse inquietamente y corrió hasta donde su progenitora tenía la vista clavada mientras que en sus labios surcaba una sonrisa aún más amplia de las que le mostraba a su hija al leer. De entre las penumbras de la habitación, salió una figura alta, un hombre que llevaba un abrigo negro y largo. Se acercó hasta la niña y la alzó por encima de la cabeza, le daba ligeras vueltas mientras la pequeña reía divertida. Luego de unos segundos, la dejó nuevamente en el suelo y se acercó a la mujer, le dio un corto beso en los labios y le susurro algo con lo que la hizo sonreír a ella y a su hija que aparentemente había escuchado. Luego se irguió y la miró con cariño, su mirada era de un color dorado semejante al del borde de las pupilas de la niña, pero a diferencia de ella, sus ojos miraban con un brillo especial a su interlocutora. De un momento a otro, le dijo algo, una frase que la hizo sonreír y asentir mientras se paraba y lo abrazaba. La niña en ese momento sonrió y guardó silencio. Se acercó sigilosamente al libro y con un bolígrafo que había en la mesa de la habitación, anotó algo en el pequeño cuaderno para luego cerrarlo y sonreír satisfecha.

En ese momento, Kagome despertó, dando con los molestos rayos del sol que irritaron por unos instantes sus ojos, haciendo que los dejara cerrados y así pensar en ese extraño sueño. A pesar que se encontraba con los ojos cerrados, estaba totalmente consciente del mundo exterior. En ese momento sintió unas voces cerca. Eran Sango e Inuyasha.

S: Mentiroso, me dijiste que estaba despierta. – Le reclamó en un susurro audible tanto para Inuyasha como para Kagome.

I: Te juro por Dios que acabo de relatarle las partes más importantes del suceso. – Se defendía Inuyasha de Sango, ambos parados en el medio de la habitación, con los brazos cruzados y los seños fruncidos.

S: ¡No jures en vano! – Le respondió Sango.

Ante esta pelea, Kagome abrió lentamente los ojos pero ninguno de los dos presentes se había dado cuenta del acontecimiento ya que se encontraban discutiendo. En ese momento, pensó en tratar de llamarlos pero recordó el estado en el que estaba y si no quería ver como la discusión llegaba a mayores, tenía que pensar en algo.

K: "Parecen dos niños pequeños" – Pensó para sí para luego mirar a ambos lados y encontrar algo con lo que llamar la atención. De un momento a otro observó que la máquina que marcaba su pulso era lo que tenía más cercano, sabía que les daría un susto que les podría causar hasta un infarto pero en verdad se estaba hartando de esa escena. Lentamente estiró su mano hasta el cable que la conectaba con la máquina, sintió un agudo dolor al hacer este movimiento pero no tenía otra salida, cuando por fin estuvo su piel en contacto con el metal, hizo acopio de todas sus fuerzas y desenchufó el cable. Un pitido estridente se oyó en toda la habitación, haciendo que tanto a Inuyasha como a Sango se les helara la sangre y giraran su cabeza hasta mirar a Kagome que los observaba a ambos de una forma reprobadora y con el cable aún en su mano estirada.

S: ¡Kagome estás despierta! – Sango rápidamente ignoró a Inuyasha para sentarse en la silla al lado de su amiga y tomarle la mano. – No sabes lo que me preocupaste. – Empezó a decir mientras Inuyasha veía la escena incrédulo por el descaro de Sango, aún así se acercó a Kagome y volvió a enchufar el cable para luego mirarla seriamente.

I: Entiendo que no puedas hablar todavía pero no me metas estos sustos Kagome, créeme que he tenido más que suficiente. – Luego de terminar su frase salió de la habitación para dejarlas solas.

Kagome no entendió el por qué de sus palabras, ella sabía que él había durado unas cuantas horas en la sala de espera pero no se imaginaba nada más, por eso miró a Sango, con sus ojos expresó la duda pero en ese momento su amiga hizo una mueca.

S: Ay no, Kagome yo de verdad por miradas no capto el mensaje. ¿Puedes mover tu mano como para escribir? Si es así pestañea dos veces.

Kagome volteó los ojos en señal de fastidio y luego pestañeó las dos veces.

S: Ay que bien, yo te traje un regalo. – Dijo para luego sacar de su bolso una pizarra pequeña para escribir, marca Fisher Price.

Kagome al verla se quedó en blanco e intentó reír por las ocurrencias de su amiga pero no pudo ya que le dolía. En ese momento entró una enfermera a la habitación, revisó a Kagome, le pidió a Sango que se retirara y esta así lo hizo. Luego entró un médico y la desentubaron, colocaron otra solución intravenosa, cambiaron las vendas y le retiraron la mascarilla de oxígeno. Luego de haber finalizado con ese proceso, una enfermera le acercó el control remoto a una de sus manos, le regaló una sonrisa y la dejaron sola nuevamente. Al ver que no entraba nadie más, tomó el control remoto y encendió el televisor, en el canal que había puesto pudo ver las imágenes de su "accidente" pero en sus ojos no cabía todo el asombro que sentía al ver a Inuyasha en la escena.

"Escúcheme atentamente porque no lo volveré a repetir: La persona más importante en mi vida está ahí dentro, nadie se atreve a sacarla y yo si lo voy a hacer, no importa que muera en el intento y si usted no me deja pasar, juro por Dios que veré como lo quito de un lado para seguir, no me importa matar con tal de llegar hasta ella."

Esas fueron las palabras de un joven llamado Inuyasha Taisho, al parecer tiene como empleo la asistencia de presidencia de Toyota, es decir que se ha formado una relación amorosa cuya protagonista es nada más y nada menos que la mujer de hielo: Kagome Higurashi, una persona que…

Kagome le quitó el volumen al aparato, poco le importaba en ese momento los nuevos chismes sobre ella, simplemente observaba las escenas que pudieron grabar de Inuyasha tratando de llegar a ella, en su semblante se veía desesperación y angustia. En ese instante, de ella salieron lágrimas silenciosas.

K: "Inuyasha… ¿cómo es posible que haya hecho tal cosa por mi? ¿De verdad soy tan importante para él?" – Kagome divagaba en su mente sin darle una explicación lógica a lo que hizo Inuyasha, en ese momento entró él, que se alarmó al ver las lágrimas de Kagome, ella al darse cuenta de su presencia simplemente lo observó, esta vez las lágrimas salían más rápido y de sus labios sólo pudo salir una pregunta.

K: ¿Por qué? – Preguntó en un susurro pero audible a Inuyasha, este al principio la miró sin entender pero luego fijó su vista al televisor y entendió a que se refería.

I: Kagome yo… - Empezó a decir mientras se sentaba en la silla al lado de ella y la miraba con ternura o al menos eso percibió Kagome. – Te mentiría si te diera un análisis detallado de lo que sentí en ese momento, aún así, lo único de lo que estoy seguro es de que estoy feliz por poder verte y saber que sigues con vida. No me preguntes el por qué de mis acciones porque yo aún no lo tengo claro, eso fue lo primero que se me vino a la mente, como una especie de impulso pero de ahí a dar una explicación, en verdad no puedo.

K: Qué… - Empezó a responder con molestia en la garganta, aún así la curiosidad pudo más. – ¿Qué sientes por mí? – Terminó por preguntar con la intriga visiblemente plasmada en su rostro y observándolo expectante.

I: Kagome yo… - A Inuyasha le cayó esa pregunta de improviso y estaba en shock. – De verdad no lo sé. – Contestó confundido, luego observó un dejo de tristeza en la chica y trató de suavizar su respuesta. – Pero lo que he sentido hasta el momento claramente demuestra que me importas, por tanto creo que eres una persona especial. – Agregó con una sonrisa reconfortante.

Kagome sólo sonrió para luego cerrar sus ojos nuevamente y dormir bajo la influencia de sustancias nuevas que se encontraban en el interior de su cuerpo. Cuando volvió a abrir los ojos, sintió que una gota resbalaba por una de sus mejillas, seguramente una de sus últimas lágrimas; restándole importancia, se intentó reincorporar por si misma pero fue en vano, así que sólo se dejó caer de nuevo sobre la cama. Luego de unos minutos en absoluto silencio, empezaron a llegar las visitas de sus amigas y compañeras de trabajo de la empresa, cada una la elogiaba por la fuerza que tenía y de cómo la admiraban por eso. Luego de tratar de contestar todo con sonrisas sin tener que dejarle una parálisis facial a su rostro, Kagome escuchaba a sus colegas e inclusive a Koga, que había llegado posteriormente a sus amigas . Después de todas las muestras de afecto siendo reales o superficiales como la de Yura, sintió una pesadez en el cuerpo pensando en todo lo que le pasaba y haciéndose la eterna pregunta en su cabeza junto con sus divagaciones.

K: "Inuyasha y yo ¿qué somos? ¿Verdaderos novios? ¿Amigos? ¿Conocidos? ¿Qué es lo que siento por él?" – Se preguntaba temiendo la respuesta.

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Y: ¡Maldición! – Exclamó Yura cerrando la puerta de la oficina de Hiten de un trancazo.

H: Deja la histeria que no te sale. – Le dijo impasible desde su escritorio mientras ella se acercaba a paso apresurado.

Y: ¡Salió viva! – Volvió a exclamar.

H: ¿Y quién te dijo a ti que mi intención era matarla? – Preguntó en la misma posición.

Y: ¿Cómo? – Preguntó confundida. – ¿Entonces para qué la pusiste en esa situación?

H: Una mente tan simple como la tuya no lo entendería. Por ahora sólo deja que el romance florezca hasta donde pueda, luego actuaremos. – Respondió con una sonrisa maliciosa y mirándola a los ojos.

Y: Ahora si me confundí. – Dijo sin mucha paciencia. - ¿Qué los dejemos en paz?

H: Escucha, no se van a casar todavía, simplemente están de novios. Dejémoslos disfrutar el momento, así el golpe será más doloroso después. – Explicó con una sonrisa triunfal. – Deja que se ilusionen de la forma que sea y luego procederemos con el siguiente paso.

Y: ¿Entonces para que la atacaste? – Dijo sin entender.

H: Digamos que con eso mataba dos pájaros de un tiro. Uno: Dejábamos claro que no estábamos jugando y dos: los vamos a mantener alertas causando temor. Mi venganza va a ser dolorosa, no creas que con quitarla de este mundo voy a estar contento. Prefiero que pase una vida infeliz.

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Luego de unas semanas, a Kagome le dieron de alta, y por celebración a ese acontecimiento, la empresa organizó una fiesta formal en su nombre, el único problema era que la persona por la cual se hacía el evento, era la que menos tenía ganas de ir. Sango entre tanto fastidiarla con el mismo tema, la convenció para salir de compras y buscarle un vestido nuevo junto con todos sus accesorios. Kagome se había vuelto taciturna y callada, algo que extrañó a su amiga ya que ella la persona más irónica que conocía, además de ser la que se quedaba con la última palabra todo el tiempo. Su relación con Inuyasha a pesar de ser novios oficialmente estaba distanciada, ella dando como excusa estar cansada todo el tiempo y él manejando la empresa en su ausencia, sin embargo, entre todas las excusas, había algo más profundo de lo que no estaban seguros ninguno de los dos.

Cuando Kagome llegó al centro comercial, caminaba mecánicamente en absoluto silencio mirando las vitrinas con las exhibiciones pero a su vez sin observar la mercancía, estaba totalmente desconectada del mundo mientras divagaba por sus pensamientos. Sentía como su amiga le hablaba de vez en vez pero ella sólo asentía sin siquiera escucharla.

S: Entonces, Kagome ¿qué me dices? – Preguntó Sango al frente de una de las tiendas.

K: ¿Ah? – Dijo para voltear su cara y mirar a su amiga que la observaba expectante. – Sí, claro. – Respondió sin mucho ánimo.

S: Ah, entonces si estás dispuestas a gastar medio millón de dólares en la pornografía que están promocionando por allá. – Le explicó Sango burlona.

K: ¿Qué? – Preguntó con el seño fruncido. – Lo lamento Sango, últimamente me cuesta bajar de las nubes. – Se excusó con una media sonrisa.

Sango jaló a Kagome por un brazo y la adentró en la tienda que tenían al frente.

S: No se que fue lo que te pasó después del incidente aquel… - Empezó a decir, considerando que lo que le ocurrió a Kagome no fue ningún accidente. - …Pero quiero a la antigua Kagome de vuelta. – Pidió mostrando angustia en su rostro.

K: Creo… - Kagome no sabía que responderle a su amiga y era obvio que debía decirle algo. – que quiero lo mismo que tú pero es…es complicado. – Concluyó mientras empezaba a caminar por la tienda.

S: ¿Qué puede ser tan complicado como para devastar a la mujer de hielo? – Preguntó harta de las esquivaciones de su amiga.

Ante esa pregunta, Kagome se paró en seco y se volteó para encararla.

K: Te dije una vez que más nunca me dijeras así. – Le respondió seria mientras mantenía el seño fruncido. – Sí quieres ser como los demás, bien, te lo respetaré entonces. – Concluyó para salir de la tienda a paso rápido sin detenerse.

S: No… "¿Qué he hecho?" – Se preguntó al haber dicho ese estúpido comentario.

Sin pensarlo dos veces, se echó a correr detrás de lo que esperaba siguiera siendo su amiga. Cuando la divisó en la fuente de sodas se acercó hasta ella. Kagome la observó resentida por un momento y luego volvió a tomar de su bebida mientras mantenía la vista clavada en la pequeña mesa.

S: Perdóname, me comporté muy idiota al haberte dicho así. No quiero ser una más del montón que te juzga sin conocerte verdaderamente. Es una suerte para mí trabajar con una amiga de infancia y de adolescencia también, así que realmente lo lamento. – Dijo mientras observaba arrepentida a Kagome.

K: No sé que es lo que me pasa Sango, tengo un sueño recurrente que no entiendo pero al parecer me va dando nuevos detalles cada vez que lo tengo. Mi relación con Inuyasha es un desastre, no tengo el suficiente coraje para atreverme a amar de nuevo y en realidad, no creo que él esté en mejores condiciones que yo. – Concluyó tristemente.

Sango al ver que su amiga la había perdonado y se había abierto un poco, entendió que forzarla a hablar no iba a servir de nada. Se acercó a ella y la haló de un brazo.

S: Vamos, tenemos que escoger la ropa y con suerte podremos conseguir un libro para interpretar los sueños, ¿sí? – Le preguntó amablemente.

Kagome miró confundida a su amiga por unos segundos pero al ver que ella sólo intentaba respetarla, sonrió y se levantó.

S: No voy a pedir que me cuentes todo o decirte que hacer, aún así, aquí me tienes para lo que necesites. – Le dijo antes de soltarla y empezar a caminar hasta una de las tiendas.

K: "Gracias" – Le dijo internamente mientras se colocaba al lado de Sango y empezaba a caminar con ella.

En ese momento, sonó una canción en la tienda de cedes que no se encontraba lejos de donde estaban.

What I thought wasn't mine
In the light
Was one of a kind,
A precious pearl
When I wanted to cry
I couldn't cause I
Wasn't allowed

Gomenasai for everything
Gomenasai, I know I let you down
Gomenasai till the end
I never needed a friend
Like I do now
What I thought wasn't all
So innocent
Was a delicate doll
Of porcelain

When I wanted to call you
And ask you for help
I stopped myself
Gomenasai for everything
Gomenasai, I know I let you down
Gomenasai till the end
I never needed a friend
Like I do now

What I thought was a dream
A mirage
Was as real as it seemed
A privilege
When I wanted to tell you
I made a mistake
I walked away
Gomenasai, for everything
Gomenasai, Gomenasai,
I never needed a friend,
Like I do now
Gomenasai, I let you down
Gomenasai, Gomenasai, Gomenasai,
Gomenasai till the end
I never needed a friend
Like I do now

Sango sólo rió mientras que Kagome la abrazaba de un costado, sin detenerse al caminar.

K: Mejor no lo hubiese podido haber dicho. – Le dijo alegre.

S: Pues, no tienes porque disculparte, soy pañuelo del pueblo. – Respondió mientras ambas reían.

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Cuando salieron de la tienda con todo lo que les hacía falta para la fiesta. Fueron primero a revisar los kioscos que estaban en el centro comercial, pero al caminar, Kagome se paró en seco. Sango se extrañó de su reacción y vio como Kagome tenía la vista clavada en alguna parte mientras que con sus ojos mostraba un claro y visible asombro. Al ver que su amiga seguía en la misma posición, intentó dar con lo que había visto pero sólo observó un pequeño kiosco donde vendían objetos variados, nada relevante a su parecer. Se acercó hasta ella y le tocó el hombro.

S: ¿Qué pasa? – Le preguntó preocupada.

K: ¿Alguna vez…? - Empezó a decir sin cambiar su posición. – ¿has tenido lo que se llama dejá vù?

S: ¿Lo de experiencias que pareces que las has vivido? – Preguntó confundida.

K: Sí.

S: Pues, un par de veces. ¿Por qué?

K: Es algo que pienso que me está pasando ahora. – Le respondió mientras se acercaba al kiosco. Sango simplemente la siguió, aún medio preocupada.

Kagome se acercó a paso inseguro pero cuando quedó cerca del mostrador, dejó su vista clavada por largo rato en un pequeño libro rojo, carecía de título y sólo tenía algunos detalles en dorado por los bordes. Sango al ver el hipnotismo de su amiga, observó el libro y pidió a la vendedora que lo sacara. Cuando Kagome lo tuvo al frente, dudó por un momento pero aún así lo tomó entre sus manos y lo abrió. Para aumentar su sorpresa, observó como todas las páginas se encontraban en blanco, en ese momento salió de sus divagaciones al escuchar una voz.

(…): Es un diario. – Explicó la vendedora.

K: "Definitivamente, este tiene que ser el libro de mi sueño" – Pensó mientras observaba el objeto.

(…): Posee esa forma ya que es antiguo y si lo compran, se llevarán consigo este collar. – Dijo sacando de una de las gavetas un collar con una perla rosada incrustada en el centro, volviendo a tomar la atención de Kagome. - Esta perla es la Shikon No Tama, se dice que en la era Sengoku fue objeto de muchas batallas entre seres míticos. También se decía que poseía la capacidad de aumentar los poderes de los monstruos, pero que al final, sólo traería verdaderos beneficios a personas de almas puras. (Ahora vienen inventos míos) Esta joya se dice que es la perla del amor, pues por ella una pareja se dividió y a pesar de que el final no fue feliz, fue utilizada esa historia para inspiración de muchos poetas, formándose así la leyenda sobre que el que la posea, descubrirá su amor eterno luego de las adversidades. En realidad no se sabe si verdaderamente existió o si esto es una réplica pero como hay dos leyendas sobre esta joya, la gente no sabe que creer, se dice que trae mala suerte por ser la causa de muchas disputas pero también lo que les acabo de contar.

S: Vaya, nunca creí que la historia de mi país fuese tan interesante. – Dijo honestamente mientras tomaba la joya y la examinaba. - ¿Podrías creer que fuese la original? – Le preguntó a Kagome.

(…): Sólo si ella es la indicada. – Comentó la vendedora.

K: ¿A qué se refiere? – Preguntó curiosa mientras observaba como Sango examinaba la perla.

(…): Pues, se me olvidó decirles que existe una frase que dice que "al necesitado de amor verdadero, la joya acudirá" No se sabe quien lo dijo o desde cuando, sólo existe. – Dijo simplemente.

Kagome observó su anillo de compromiso por un momento antes de volver a posar sus ojos en la perla.

K: ¿Y por qué va con el diario? – Preguntó intrigada.

(…): Bueno, ese tipo de diarios son los que se decía que eran para abrir el alma a todo tipo de sentimientos y ya que la perla está tan íntimamente relacionada con estos, pues, pienso que es la combinación perfecta.

S: Pues, entonces, se lo lleva. – Le dijo Sango a la vendedora.

K: ¿Qué? – Preguntó a Sango.

S: Sabes que no soy supersticiosa pero esa historia en verdad suena interesante. Vale la pena probar, ¿no crees? – le respondió a Kagome.

K: De acuerdo. – Respondió resignada mientras sacaba el dinero.

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Esa misma noche, Kagome estaba recostada en su cama, llevaba su pijama habitual y trataba de colocar sus pensamientos y sentimientos en orden, tenía entre sus manos aquel misterioso diario y en su regazo se encontraba la Shikon No Tama. A la luz de su lámpara de noche observaba minuciosamente ambos objetos.

K: "para abrir el alma a todo tipo de sentimientos" – Pensó recordando las palabras de aquella vendedora mientras revisaba por enésima vez el libro.

Luego giró su vista a la joya, tomándola entre una de sus manos.

K: "el que la posea, descubrirá su amor eterno luego de las adversidades" – Recordó mientras en su rostro se formaba una sonrisa melancólica y miraba su anillo de compromiso. – "¿Qué pasó con nosotros, Inuyasha?" – Preguntó mentalmente para acomodarse entre las sábanas y dirigirse al mundo de los sueños donde a diferencia de su actual sueño recurrente, tuvo uno distinto donde todo lo que se veía era dolor, sollozos y lágrimas, todo en conjunto sin una imagen clara. Luego de unos minutos, despertó con la frente perlada de sudor y la respiración entrecortada. Esa no iba a ser una buena noche.

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Al día siguiente, una vez en la mansión de Kagome. Sango ya la estaba preparando para la fiesta, sin embargo, ella sólo contemplaba el libro mientras recordaba su sueño.

K: "Estoy segura que la mirada de ese hombre se me hace conocida pero no es como la de Inuyasha, ya que era más dulce y llena de afecto. Si sólo pudiese recordar su voz, sus facciones o lo que le dijo a la mujer que tampoco recuerdo con detalle, quiero saber si ese en verdad era Inuyasha"

Mientras pensaba, Sango la maquillaba cuidadosamente para que quedara acorde con el hermoso vestido rosado claro que le había comprado. Al finalizar con su trabajo, dejo que ella se colocara el vestido para luego agarrarle el pelo en un sencillo moño que intencionalmente había dejado unos cuantos mechones por fuera para darle un aspecto más jovial y relajado. Cuando estuvieron listas, salieron a la sala, donde se encontraba el pequeño Shippo jugando con Buyo, el gato de Kagome. En ese momento recordó que Inuyasha lo había llevado para su casa y que por el tiempo que estuvo convaleciente, le había hecho mucha compañía y la hacía reír.

K: Hola Shippo. – Saludó alegremente al bajar las escaleras.

Sh: ¿Eh? – Dijo levantando la cabeza. – Kagome, estás muy bonita. – Le dijo inocentemente.

K: Muchas gracias. – Dijo mientras se acercaba a él y le daba un ligero beso en la mejilla.

Cuando se irguió, miró triunfante a Sango. Lo había decidido, esa noche demostraría todos los sentimientos que sentía por Inuyasha, para eso llevaba la Shikon No Tama en su blanco cuello.

S: Te ves muy bien, Kagome. – Le dijo sinceramente.

K: Gracias Sango ¿Inuyasha va a estar, no es así? – Preguntó dudosa mientras seguía su amiga hasta la puerta.

S: Sí, definitivamente. – Le respondió segura.

K: No lo he visto en un tiempo. – Pensó en voz alta recordando que desde su última conversación, no se habían tratado.

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Se que el capítulo no estuvo tan humorístico como siempre trato de ponerlo, es más, como que raya en lo fastidioso pero CREÁNME, definitivamente esto fue lo mejor que logré ya que con este fic había quedado en blanco y las ideas que se me venían eran una porquería, así que esto es lo más aceptable que mi ahora destartalada imaginación pudo hacer. En fin, espero que sea aceptable y que dejen su opinión. (Por cierto, para la que me pidió mi e-mail hace quinientos años, ya lo coloqué en el profile, xD.) . Ahora sí, sayonara.