Hola, lamento el retraso pero entre la pereza y la falta de inspiración, no tenía mucho que ofrecer, pero no por eso dejé de escribir completamente y cuando sentí que la "musa", como dice mi tío, agarró fuerza, pues, aproveché de hacer el capítulo. Agradezco mucho todos los reviews que me han dejado que en realidad fueron menos en el capítulo anterior pero revisé que no todo el mundo había leído, así que espero no haber decepcionado a nadie con ese capítulo y que este les guste.

Fría como el fuego

La despedida

Una vez en la fiesta que se daba en una de las amplias salas de la empresa, después de la exagerada y emotiva bienvenida además del sin número de halagos y palabras reconfortantes, tanto Sango como Kagome empezaron a buscar con la vista a su respectiva pareja. Para buena suerte de la primera, Miroku las divisó rápidamente y saludó a ambas con su característica cortesía pero con la diferencia de que a Sango si la besó en los labios y posó un brazo sobre la espalda de esta. Kagome les regaló una sonrisa aprobatoria e implícitamente dio a entender su permiso para que ellos la dejaran sola, sentía un raro presentimiento pero le restó importancia al ver el ameno ambiente. En ese momento, al ver que sus amigos se perdían de vista entre la gente que bailaba, se dirigió con un paso pausado hasta una mesa cercana, observó los pasapalos y sintió como su estómago le rugía, suplicando algo de comida. Observó detalladamente cada una de las opciones que tenía al frente y muchas no la convencían.

- "Definitivamente extraño la época en que los únicos pasapalos que ofrecían eran tequeños (rollitos de harina fritos, rellenos de queso)" – Pensó recordando sus fiestas infantiles con piñatas y escasas etiquetas.

Prácticamente mientras su mente divagaba por su niñez, fue comiendo uno a uno todos los bocadillos que le parecían por lo menos comestibles, ya que siempre evitaba comer en ese tipo de eventos para no ser chisme por un mes en la boca de la gente con la cual trabajaba y en parte, para protegerse de cualquier indigestión. En ese tejemaneje se mantuvo por un buen rato hasta que una voz por detrás la sacó de su trance.

- Sí sigues así te van a tildar de gallina vieja (que va a las fiestas sin llevar regalos y como único fin aprovechar la comida y la bebida) – Dijo burlonamente.

Kagome volteó rápidamente para dar con unos ojos dorados que bien conocía. Esa noche, Inuyasha vestía elegantemente, dándole un porte autoritario y sofisticado. Mostraba una sonrisa arrogante que tenía tiempo sin ver y sus ojos brillaban alegremente, se extrañó de esto último pero se aseguró que tendría tiempo de preguntárselo después.

- Es mi fiesta, se supone que puedo beneficiarme de que me ofrecen de todo sin necesidad de pensar si me van a ver como una aprovechada descarada. – Se defendió ella quedamente.

- Entonces te van a tachar de arrocera (persona que va a una fiesta con el único objetivo de comer y beber lo más que se pueda para aprovechar) – Concluyó burlonamente.

- Tengo hambre. – Dijo como la única excusa que le quedaba.

- Como cosa rara. – Respondió sarcásticamente. – Pero antes de que vuelvas a sucumbir a la tentación… - Empezó a decir mientras señalaba los pasapalos. - ¿hacemos algo que demuestre que somos pareja? – Preguntó expectante.

- ¿Cómo qué? – Preguntó incrédula.

- Será bailar, pues, no hay mucha gama de opciones. – Respondió encogiéndose de hombros.

- Bueno. – Dijo sin mucho interés mientras aceptaba la invitación de Inuyasha y se dirigía con él a la pista de baile.

Cualquiera que los hubiese visto no creería que ellos hubiesen cambiado o por lo menos llegado a enseriarse a tal punto de formar una relación madura. Sin embargo, todo se daba por el miedo de llegar a algo más. Todos los juegos cercanos a la seducción por parte de Inuyasha habían sido sólo eso: unos juegos, que usaba de vez en cuando para ver las graciosas reacciones de la chica. Después de todo, nunca pasó por su mente enamorarse de ella. Y para Kagome, no lo vio como otra cosa además de un hombre inmaduro que podía ser un buen amigo si se le conocía bien. Este encuentro los dejaban en situaciones muy similares a las del principio, en realidad, sólo era un intento desesperado y camuflado para volver a cuando las cosas eran más sencilla- "Te conozco y no siento nada por ti" Lamentablemente ambos sabían que eso no duraría mucho y que tarde o temprano tendrían que sincerarse.

La música que empezó a sonar era lenta, por tanto tuvieron que pegar sus cuerpos, algo incómodo para ambos. Mientras se movían con parsimonia y se embriagaban con el aroma del otro, duraron varios minutos olvidando todo a su alrededor. Cuando Kagome recobró parte de su atolondrado sentido, separó su rostro unos cuantos centímetros del pecho de Inuyasha pero sin soltarse de él y sin dejar de bailar. Levantó la cabeza y lo observó a los ojos.

- Inuyasha, yo… - Empezó a decir mientras tomaba aire y se daba ánimos interiormente.

Inuyasha al ver la indecisión de la chica se extrañó y frunció levemente el seño mientras Kagome balbuceaba palabras sin terminar.

- Inuyasha, yo te a…- En ese momento fue brutalmente interrumpida por el grito aterrado de una mujer.

Tanto Kagome como Inuyasha así como todos los presentes volvieron su vista y atención a la causante del aterrador chillido. Al poder divisar lo que pasaba, se encontraron con que la mujer era Ayame y estaba señalando una pequeña caja negra en lo alto de uno de los pilares de la elegante sala. El pequeño aparato llevaba una cuenta en retroceso, al poder ver bien, descubrieron que quedaba diez minutos antes de la detonación.

- ¡Maldición, una bomba! – Exclamó Inuyasha alarmándose y Kagome maldijo internamente por arruinarle su momento de valentía.

Ella rápidamente se soltó del agarre y empezó a mirar para todos lados, en realidad la sala tenía una elegante pero estrecha puerta, y por muy elegante que fuese no iba a hacer su salida de emergencia, por lo menos no a tiempo. La gente se fue agolpando en la puerta como animales despavoridos. Kagome maldijo a la gente por no tener un buen raciocinio de la situación y por no respetar lo de "las damas primero" porque los hombres eran los primeros en huir y dejar atrás a sus parejas. De un momento a otro, observó como Sango y Miroku se encontraban en la misma situación, en realidad, creía que esa noche no pegaban una.

- Creo que puedes pasar por ahí. – Interrumpió Inuyasha sus pensamientos mientras señalaba una pequeña ventana.

- ¿Y dejarte aquí? Estás loco. – Dijo ella con disgusto mientras empezaba a avanzar entre el gentío.

Inuyasha de momento, se impresionó por lo que había escuchado, pues creía que había oído mal pero al ver a Kagome alejarse, rápidamente volvió en sí y la siguió. Cuando por fin dio con el objetivo de ella, observó como se acercaban a Sango y Miroku.

- Oigan. – Empezó a decir Kagome a sus amigos que mostraban clara preocupación. – Me conozco este edificio de memoria y si no mal recuerdo, aquí hay otra puerta. – Aseguró.

- Quedan menos de siete minutos, ¿CÓMO LA VAMOS A BUSCAR? – Preguntó Sango totalmente alterada.

- ¡APLÁCATE DE UNA BUENA VEZ, SANGO! – Le gritó Kagome mientras observaba como Sango recobraba un poco de cordura.

Tanto Miroku como Inuyasha se quedaron atónitos con la seguridad con la que regañaba Kagome, después de todo, hasta ellos tenían miedo e incertidumbre, sólo que no lo expresaban.

- ¿Dónde buscamos? – Preguntó Inuyasha haciéndoles recordar que todavía sus vidas estaban en grave peligro y la gente en la puerta no terminaba por salir mientras que muchas personas se mantenían adentro tratando de hacerse espacio en la única salida conocida.

- Revisen debajo de las cortinas, cuadros, todo. De que hay una puerta la hay, recemos por encontrarla pronto o nos tocará a todos irnos a infierno, ¡así que muévanse! – Ordenó Kagome viendo que todos hacían caso sin chistar mientras se abalanzaban sobre las cortinas, mesas, y objetos que se encontraban pegados a las paredes. Luego de que todos buscaran desesperadamente, después de unos 2 minutos y medio, dieron con la puerta.

- ¡AQUÍ ESTÁ! – Exclamó Inuyasha mientras veía como los demás iban hasta él. Rápidamente Kagome llegó hasta la cerradura y luego de unas cuantas vueltas a la bóveda, pudo abrirla, los cuatro pasaron y quedaron dentro de una estructura oscura. Misteriosa y sorprendentemente, la perla que llevaba Kagome empezó a brillar, haciendo el papel de linterna, ninguno allí entendía porque esa joya resplandecía pero no le dieron importancia y Kagome lideró al grupo caminando entre algunos pasillos, al final del último pasillo, dieron con una puerta, Miroku que llevaba la cuenta veía que faltaba un minuto y medio antes de la explosión.

- ¡Queda poco tiempo! – Advirtió Miroku.

- ¡Que gran deducción! – Espetó Inuyasha sarcástico que iba delante de él.

- Luego pelean, allí es. – Dijo Kagome mientras señalaba una puerta a unos cuantos pasos.

Todos corrieron y tanto Miroku como Inuyasha se abalanzaron contra la puerta, abriéndole abruptamente mientras Sango y Kagome los seguían.

Al momento de salir, todo se silenció, cada uno se quedó con la imagen de sus amigos y la expresión de susto junto con una luz cegadora que los alumbraba mientras una fuerza inmensurable los empujaba y llevaba inmediatamente al estado de inconsciencia.

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Para cuando Kagome abrió los ojos, sintió un ligero dolor en su cuerpo y la luz le quemaba las pupilas.

- "Otra vez no" – Pensó recordando que hace poco tiempo había salido de la clínica. – Lentamente terminó por abrir los ojos completamente y se alegró de que no tenía ninguna mascarilla de oxígeno ni máquinas a su alrededor, sólo tenía unas cuantas vendas en el cuerpo y lo único que intuía que tenía dentro de sí era el suero que se le estaba suministrando. A pesar de todo, sentía que tenía suficiente fuerza y pesadamente se sentó. Observó a su lado y vio a sus amigos a su izquierda que estaban en una situación similar a la de ella mientras dormían apaciblemente. Luego ladeó la cabeza a su derecha y vio a Inuyasha, estaba en similares condiciones que ella, quizás con un poco más de vendas pero se le veía estable y al igual que la otra vez, el abrió los ojos como si con su sola mirada ella pudiese llamarlo y despertarlo. Sonrió fugazmente y observó, al igual que ella hace unos momentos con él, todas sus vendas. Frunció levemente el seño y se reincorporó perezosamente. Cuando estuvo totalmente sentado, la volvió a mirar.

- Volviste a caer en lo mismo. – Dijo sin muchos ánimos.

- No me quejo, por lo menos siento todas las partes de mi cuerpo que debería sentir. – Respondió con una sonrisa.

- Siquiera. – Comentó mientras se quedaban en silencio por un rato más, observando un punto inexistente en la habitación. – No es seguro que sigas en Japón. – Dijo como si se le hubiese ocurrido en ese momento.

- Lo sé, creo que tendré que aceptar la invitación de un cliente en Londres. – Pensó en voz alta.

- ¿Londres? – Preguntó observándola minuciosamente. – Yo no te podré acompañar. – Comentó con un dejo de tristeza.

- Así es, quiero que te quedes aquí y manejes la empresa, no quiero ver el odio hacia mí por parte de algunas familias causado por la pérdida de sus seres queridos. – Dijo tratando de sonar segura pero desquebrajándose por dentro.

- ¿Y por cuánto tiempo? – Preguntó intrigado.

- Hasta que vuelva que sería alrededor de unos… - En ese momento fue interrumpida por Sango que se quejaba levemente para abrir los ojos y saludarlos.

Miroku prontamente la imitó y todos quedaron en la misma posición luego de unos segundos.

- Kagome, gracias, vales oro. – Dijo su amiga sinceramente.

- Es cierto, nos ha salvado la vida. – Agregó Miroku felizmente.

- En más de una forma. - Comentó Inuyasha, dejando a Kagome dudosa de sus palabras mientras lo miraba sin entender pero antes de preguntarle que quería decir, volvió a escuchar la voz de Sango.

- Deberíamos celebrarlo, ¿no crees? – Preguntó alegremente.

- ¡No! ¡Más celebraciones no! – Exclamó Kagome aterrorizada. – No tienen por qué agradecerme nada, todos trabajamos y estamos a mano, pero la verdad es que no quiero ningún tipo de celebración. – Comentó recordando su reciente incidente.

- No sé si escuché mal, pero ¿te vas a Londres? – Preguntó Sango contrariada, dando por respetada la decisión de Kagome.

- Pues sí, ya ves que aquí no estoy muy segura que se diga y voy a cumplir con un negocio que tenía bastante tiempo que no atendía. Y quiero Sango que des mis condolencias a los familiares de los posibles cadáveres que se vayan a encontrar.

- ¿Y qué será de la empresa? – Cuestionó Miroku.

- Pues, Inuyasha la va a manejar en mi ausencia. – Comentó tranquilamente.

- ¿Y qué hay con Yura y Koga? – Preguntó Inuyasha algo desconfiado.

- Que se vayan a lavar el culo. – Espetó Kagome resentida.

- Kagome, yo me encargaré de todo, no te preocupes y…lo vulgar no te sienta. – Le dijo Sango amablemente.

- Disculpen la expresión pero no son personas muy gratas, por lo menos a Yura no la soporto. – Dijo cruzándose de brazos.

- Entonces, ¿la máxima autoridad es Inuyasha? – Inquirió Miroku tratando de dar una conclusión al tema.

- Exactamente. – Respondió Kagome. – Y el que no le haga caso, será despedido. – Sentenció seria.

- ¿Segura? – Preguntó Inuyasha algo dudoso.

- Total y completamente. – Afirmó con seguridad. – Eres la persona más competente para el cargo. Además, yo estaré pendiente y llamando de vez en cuando. – Concluyó neutralmente.

En ese momento, dejaron la plática porque dos de las enfermeras entraba para atenderlos.

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Habían pasado unos pocos días y Kagome estaba totalmente recuperada, se encontraba en su habitación haciendo las maletas para su viaje a Londres, esa vez no metió muchas cosas de valor en ella, es más, usaba una cartera grande de manera de meter varias cosas allí por si surgía algo. La verdad era que se encontraba insegura porque esa vez, Inuyasha no la acompañaría y como única opción que le quedaba, a escondidas de su novio, le pidió a Koga que la acompañara y que se encontraran en el aeropuerto. Sentía en parte bastante culpa por sus colegas fallecidos pero el quedarse en Japón no iba a solucionar nada. Una vez más, repasó todo lo que había metido, llevaba más o menos efectivo, sus carpetas y archivos que le serían de utilidad, el celular, todas sus tarjetas de crédito, una chequera, su ropa, accesorios, una palm en su bolso y un solo perfume, en ese momento sonrió al recordar la conversación sobre los perfumes con Inuyasha la última vez. Finalmente cerró su última maleta y se giró para verse en el espejo, observó que se encontraba un poco más delgada pero le restó importancia en ese momento. Peinó por última vez sus cabellos, y salió tomando las dos maletas.

Al llegar a la entrada principal, dejó las valijas en el suelo y esperó a que llegara el chofer de su limusina. Repasó mentalmente todo lo que había hecho para recordar si le faltaba algo. Se había despedido de Sango, Miroku y Shippo, el cual dejó cargo de Sango, pero le faltaba Inuyasha, en realidad no sabía como reaccionaría al verlo de nuevo, así que desechó esa idea y al ver como el chofer se asomaba en la puerta y unas sirvientas salían para llevarle las maletas, intentó dejar cualquier sentimiento atrás mientras a paso firme se dirigía al vehículo.

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Ya en el aeropuerto, revisó con la vista el lugar, tratando de divisar a Koga pero ni rastros de él. En ese momento se despreocupó, imaginando que lo vería después, así que empezó a caminar con un paso pausado, llevando a rastras las maletas. Encontró un asiento libre y se alegró por eso. Sin pensarlo dos veces, se sentó y empezó a mirar como la gente iba y venía. Le pareció que de momento, observó una figura familiar, pero al volver a mirar no encontró a nadie conocido, así que volvió a su habitual posición.

- Y te ibas a ir sin despedirte siquiera. – Escuchó una voz masculina reprochándola desde atrás.

En ese momento volteó la cabeza y se encontró con Inuyasha, al parecer no pudo ocultar su asombro porque observó como la sonrisa burlona de Inuyasha se extendía un poco más.

- ¿Y a ti ahora te dio por aparecer por detrás o qué? – Preguntó parándose para cuando reaccionó.

- Me da lo mismo. – Respondió encogiéndose de hombros. – ¿Entonces? No me respondiste a la pregunta que te hice.

- Pues, en realidad no vi necesario una despedida. – Musitó mientras desviaba la vista.

- Soy supuestamente tu novio pero no era necesario una despedida. – Dijo arqueando una ceja.

- Es que entre tanta cosa que te he hecho pasar, pues, ya hasta miedo creo yo que debe dar el acercarse a mí. – Respondió tratando de excusarse.

- Claro que no, tonta. - Contestó mientras se acercaba a ella.

- Sin insultos, por Dios, no tengo ganas de pelear contigo ahora. – Dijo con hastío.

- Ok, entonces, a lo que vine. – Respondió mientras que con un rápido movimiento su boca se apoderaba de los labios de Kagome iniciando un beso prolongado.

Al principio, Kagome se quedó inmóvil, pero después correspondió con gusto, dejándose llevar y olvidándose de la gente a su alrededor. Cada uno disfrutaba del otro como si fuese su única y última vez, sintiendo como expresaban sentimientos con la esperanza de que el otro los entendiera. Luego de unos momentos, cuando los pulmones de los dos suplicaban oxígeno, se separaron. Ambos tenían la respiración entrecortada y estaban aturdidos.

- Entonces… - Dijo Inuyasha carraspeando un poco. – Creo que esa es una despedida decente de unos novios. – Intentó bromear, aunque no le estaba saliendo muy bien por su propio nerviosismo. – Nos vemos, Kagome. – Dijo al ver el anonadamiento de la joven.

- A…adiós. – Logró articular mientras veía como Inuyasha se perdía entre la gente.

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Luego de unos minutos donde definitivamente había perdido de vista a Inuyasha, se encontró con Koga, lo saludó con gusto y fue con el hasta el avión, tomaron asiento juntos pero extrañamente para Kagome, su presencia no se le hacía tan agradable como la de Inuyasha. Inclusive, observaba como Koga era más conversador y hasta más atento, pero aún así, no lo podía observar con la misma alegría que sentía al lado de Inuyasha. Suspiraba cansada de vez en cuando pero tratando de aparentar que la conversación le interesaba y que estaba atenta a sus palabras, a sabiendas que lo único que tenía en la mente era el rostro de Inuyasha, pero que de una u otra manera, la hacía sentir más tranquila y en paz ese tipo de pensamientos.

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Cuando llegaron a Londres, ambos bajaron juntos del avión, algo atolondrados por el viaje. Sobretodo Kagome, que las conversaciones con Koga ya la tenían hasta la coronilla. De un momento a otro, llegaron al hotel, que se había pagado una estadía de dos semanas desde Japón donde no tuvieron que hacer ningún trámite, llegó a su propia habitación, luego de despedirse rápidamente de Koga, antes de que se ofreciera a acompañarla por las calles de Londres. Se tiró en la cama suspirando ruidosamente mientras cerraba los ojos y tenía en su mente los de Inuyasha, sentía un extraño presentimiento de que ese viaje no iba a salir del todo bien, en realidad, los presentimientos se dieron más frecuentemente desde que llevaba aquella perla, pero le restó importancia por el momento y cayó en el mundo de los sueños en cuestión de segundos.

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Creo que yo he creado una intriga internacional sin querer, xD, miren, yo sé que mi nick es "Kikyo-dono" y que aún así escribo de la pareja KagxInu, yo lo hago porque he visto que es más común y popular esta pareja y a fin de cuentas, la personalidad de Kagome yo la modifico a mi parecer (no exageradamente pero sí la hago diferente), y por muy bien que me caiga Kikyo (mi opinión personal mía, xD) no voy a crear ningún triángulo amoroso, no voy a matar a Kagome y a Kikyo no le voy a dar el papel de zorra que va aliarse con los malos, así que espero haber disipado sus dudas n.n. Ah, antes de que se me olvide, este fic está dedicado a mi onee-san, eternal-vampire (gracias por tu apoyo onee-chama n.n, vine a poner un poco tarde la dedicación pero siquiera no se me olvidó, xD) Espero que el capítulo haya sido de su agrado y que me dejen su opinión. Ok, ahorita sí, sayonara.