Hola, lamento mucho el retraso pero es que dependiendo de lo que colocara en este capítulo, dependía mucho de lo que siguiera después, entonces, estaba indecisa, perdónenme. Bueno, muchas gracias por sus reviews, se los agradezco mucho sinceramente. Ok, ahora sí, no les molesto más, espero que el capítulo les guste.
Fría como el fuego
El poder de la Shikon No Tama
Kagome volvía abrir los ojos luego de una larga siesta; a pesar de que se había dormido sin siquiera bañarse o cambiarse de ropa, sintió que el sueño le había hecho mucho bien. Ignoraba completamente la hora y lo que pasaba a su alrededor, es más, se dio unos segundos para recordar en donde estaba y con quien. Sabía de su viaje a Londres y que por sus inventos se había traído consigo a Koga, una idea que debió haber considerado un poco más antes de decidir. En fin, tendría que convivir con eso y con el abundante número de mensajes tanto de texto como de voz en su celular donde le recordaban una y otra vez que había sido la culpable de la muerte de muchos de los empleados de la empresa. Es más, en ese momento, tomó su celular, luego de meditar el de si pararse o no, a fin de cuentas, la cobertura ya debería haberse perdido. Al prenderlo tuvo muchos mensajes recriminatorios de parte de mujeres coléricas que aparentemente con eso trataban de suavizar su dolor, a pesar de los numerosos mensajes en los cuales le decían hasta el mal del que se iba a morir, no recibió ninguno de Inuyasha, algo que le extrañó, no por considerarse la persona más importante para él sino porque en los días donde estuvo supuestamente en reposo, hizo… una serie de transacciones que quizá no debió hacer tan temerariamente pues haría que tanto la vida de ella como la de Inuyasha cambiaran radicalmente, en fin, no tenía opción además de esperar. Decidida de lo que tenía que hacer, fue al baño con la convicción que así se quitaría toda la plaga (en un sentido metafórico claro está) que haya podido agarrar en el avión, se aseó y se cambio. Al salir, respiro profundo y fue en busca de Koga a ver donde se encontraba, después de todo, él no tenía la culpa de ser tan pesado y fastidioso.
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- ¡Maldición! – Dijo Yura mientras entraba brutalmente a la oficina de Hiten a zancadas hasta pararse al frente de su escritorio mientras apoyaba sus manos sobre su esquina correspondiente.
- ¿Se puede saber por qué tan elegante entrada? – Espetó Hiten sarcásticamente.
- Créeme que mi reacción no se compara a lo que está pasando. – Contestó Yura ante la mirada inquisidora de su interlocutor. – Kagome nos ha enredado el papagayo – Dijo sin más.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Cuestionó con el seño levemente fruncido.
- ¡La muy perra pasó todas sus acciones, las de la empresa y absolutamente todo el patrimonio a Inuyasha! – Estalló resentida.
- ¿QUÉ? – Hiten se paró de la silla mientras soltaba los papeles que tenía en las manos y sus ojos se volvían más rojos todavía.
- Como lo oyes, y lo peor del cuento es que no hay manera de arrebatárselo. – Sentenció.
- Un momento, esa empresa no era sólo de ella. – Comentó Hiten tratando de buscar una solución.
- Así es, pero al parecer se las arregló para llegar a algún tipo de acuerdo con los accionistas, desconozco los detalles de la transacción pues la información que he recopilado es escasa. – Dijo excusándose.
- Entonces, ¿CÓMO DEMONIOS IDEAREMOS UNA ESTRATEGIA SI TÚ NI SIQUIERA ERES CAPAZ DE DARME UNA BUENA INFORMACIÓN? – Espetó Hiten perdiendo toda pizca de calma.
- No es por mí, sino que ella se encargó de quitar la mayor información, posiblemente sospechando de algún espía en la empresa. Créeme, no será tan fácil salir de esta.
- Eso obviamente lo sé, aparentemente el objetivo próximo es Inuyasha. – Pensó Hiten en voz alta.
- Aún así, es un riesgo pues, ya estamos en la mira de la policía y demás funcionarios. Tendríamos que desaparecer.
- Creo que se nos escapó este pez, aún así, no creas que Kagome no pagará por lo que hizo, de eso puedes estar segura. – Decretó serio mientras clavaba su vista en su socia.
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- ¡Inuyasha, ¡Inuyasha! Hombre, no lo vas creer. – Decía eufórico Miroku mientras se acercaba al escritorio que ocupaba anteriormente Kagome y que ahora Inuyasha empleaba.
El susodicho lanzó una mirada desaprobadora a su amigo y compañero de trabajo pero este no se inmutó sino que respiraba entrecortadamente aparentemente por alguna carrera hasta allí.
- ¿Ahora qué Miroku? – Preguntó Inuyasha fastidiado mientras apoyaba su codo en uno de los costados de su asiento, mientras que a su vez, apoyaba su cara en la palma abierta de la mano de dicho brazo.
- Inuyasha, mejor dicho Presidente Inuyasha…- Empezó Miroku tomando aire mientras que una ceja de Inuyasha se arqueaba inquisitoriamente. – Eres el nuevo dueño de Toyota. – Declaró felizmente.
- Sí, lo sé, hasta que llegue Kagome. – Contestó Inuyasha con hastío.
- No, no me has entendido, en realidad tú eres el dueño absoluto, no Kagome. – Intentaba decir Miroku.
- Miroku, ¿alguien te metió marihuana en el café? – Cuestionó Inuyasha con una sonrisa burlona.
- Idiota, créeme, mira, aquí salen las cuentas de los actuales bancos. – Dijo mientras le extendía bruscamente los papeles a Inuyasha, el cual, con total incredulidad los tomó y leía entre líneas los documentos que le había pasado su amigo. Luego de unos segundos frunció el seño sin entender.
- ¿Qué demonios significa esto? – Le preguntó a Miroku el cual suspiraba feliz al ver que lo tomaban en serio.
- Kagome te ha regalado la empresa, amigo mío. Eso es lo que significa. – Respondió Miroku a pesar de ser prácticamente una pregunta retórica mientras Inuyasha leía una y otra vez el documento sin creerlo. Entre clavar su vista en el documento y la expresión contenta de Miroku estuvo durante unos segundos. De momento tuvo la idea de tomar el teléfono pero bien sabía que ella debió haber perdido toda cobertura.
- "Kagome…" – Pensó Inuyasha mientras trataba de darle una razón válida a la acción de ella. – "¿Acaso…te diste por vencida?" – Cuestionó mentalmente.
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Kagome caminaba junto con Koga por las calles de Londres, volvían al hotel luego de haber tomado chocolate caliente en un café. Kagome en verdad intentaba apreciar la caballerosidad de Koga pero en realidad le molestaba.
- ¿Qué me dices preciosa? ¿Vamos? – Preguntó Koga con una sonrisa.
- ¿Ah? – Kagome iba tan sumida en sus pensamientos que escasamente le prestaba atención a su acompañante. – Sí, claro. – Respondió devolviéndole la sonrisa sin siquiera tener la más remota idea de que era lo que él le había propuesto.
Luego de unos pasos más, llegaron a un parque muy lindo con cierto ambiente romántico que era acentuado por la fría brisa de la tarde. Kagome al verlo descubrió la estrategia de Koga pero a fin de cuentas la arboleda era muy hermosa y él no le estropearía el momento. Se separó velozmente caminando más rápido y dando con un asiento. Se sentó allí y contempló el paisaje. Para su sorpresa, Koga no la había seguido, aparentemente estaba entretenido con la palm que acababa de sacar de uno de sus bolsillos, luego de revisar lo que fuese a ver, volvió su vista a Kagome mientras le dirigía una sonrisa y se acercaba hasta donde estaba ella pero al momento de intentar sentarse a su lado, ella lo detuvo al preguntar.
- ¿Qué pasó? – Cuestionó mientras esperaba una respuesta con una expresión seria y expectante.
- Nada de importancia, linda. – Contestó Koga afablemente mientras veía como Kagome le obstaculizaba el paso con un brazo y a pesar de su expresión aparentemente despreocupada mostraba claramente en sus ojos incredulidad.
- Acabo de preguntar: ¿qué sucede? Mira, necesito saber, ¿es sobre mí o la empresa? – Inquirió seria.
- No, es sólo… - Dijo mostrando una sonrisa. – Es mi hermana que me recrimina el hecho de no haberla traído. – Contestó encogiéndose de hombros.
- "¿Y este qué? ¿Cree que soy pendeja? Su expresión al leer no convencía a nadie que todo va bien." – Pensó Kagome recelosa pero aún así le dejó a Koga oportunidad de sentarse a su lado. – Escucha… - Empezó a decir. – Sé que algo te pasa y también sé que tu actitud no es normal, dime… ¿eres acaso un asesino o algún espía aliado a mis enemigos? – Preguntó sin anestesia.
Koga se había quedado mudo y con los ojos inmensurablemente abiertos. Kagome sonrió con amargura al ver la respuesta en su expresión mientras desviaba la vista al centro del parque en algún sitio indefinido.
- ¿Llevas un arma? ¿Me vas a ejecutar? – Preguntó con cierto dejo de ironía y dolor en su voz pero sin ningún rastro de miedo o angustia en los ojos mientras jugaba levemente con su anillo de compromiso.
- Sí llevo un arma…pero no tengo planeado matarte. – Dijo Koga luego de un corto silencio sepulcral.
Kagome asintió confirmando sus sospechas pero no pronunció más nada.
- ¿Cómo lo supiste? – Cuestionó Koga al ver el prolongado silencio que se estaba formando.
Kagome inhaló aire y exhaló fuertemente mientras cerraba momentáneamente los ojos y los volvía a abrir, esta vez, dirigiendo su mirada a Koga.
- ¿Cuándo se supone que voy a morir? – Inquirió ignorando la pregunta de Koga.
Koga al principio se mostró receloso pero ya había sido descubierto y ella preguntaba sin…miedo, al parecer sólo lo observaba con dolor.
- No lo sé, aparentemente hiciste una transacción con Inuyasha y ahora tienen que reorganizar todo, están tanteando las posibilidades de poder volver a usarte. – Contestó pausadamente desviando la vista.
- ¿Y conoces cuál es su próximo paso? – Preguntó con la misma serenidad turbadora.
- No lo sé con certeza pero creo que no te vas a poder comunicar con Inuyasha tan fácilmente. – Concluyó luego de un momento.
- ¿Y tú vas a ser el que me mate? – Volvió a interrogar.
- No, creo que después de esto, no me atrevería. – Contestó con una triste sonrisa.
- Ya veo… - Dijo al cabo de un momento. – Entonces… ¿intentarán matar a Inuyasha? – Preguntó esta vez angustiada.
- Por lo momentos no, pues, sí lo hacen sólo complicarán las cosas y a ti tampoco pues… me acaban de informar que debía mantenerte viva el mayor tiempo posible, por lo menos por un tiempo.
- Entiendo. – Dijo Kagome enderezando su cuerpo y suspirando pesadamente. Luego de otros incómodos segundos de silencio, al menos para Koga, Kagome volvió a preguntar. - ¿Quiénes son ellos?
- No puedo decirte o sino… - Empezó a decir pero luego no dijo más nada.
- ¿O sino qué? – Inquirió Kagome.
- Debería abandonarte a tu suerte y desaparecer. – Explicó pausadamente.
- Ummm, no importa, si me dices absolutamente todo, estaré bien. – Dijo afablemente.
- ¿En verdad? – Preguntó sorprendido.
- A fin de cuentas me ibas a matar. – Contestó encogiéndose de hombros.
Koga la miraba detenidamente mientras mentalmente sacaba cálculos sobre si decirle o no. Al final, decidió por hacerlo. Le contó sobre el antiguo enemigo de su padre, Hiten, el cual no tenía certeza por la cual fuese su enemigo pero que lo que intentaba era conseguir todo el patrimonio que pudiese pertenecerle y ya que Kagome era la nueva dueña de todo, pues, sobre ella recaía su venganza. Le habló sobre Yura, que se había aliado a él con intenciones de incrementar sus ingresos a pesar de la fortuna que ya tenía simplemente por ser hija de Onigumo. Así como también le comentó como él había quedado involucrado sobretodo por la rabia de haberlo despedido así sin más. Él mismo era provisto de dinero siempre que lo necesitara y de cómo tanto él como Yura vigilaban sus pasos, pero aún así últimamente habían bajado la guardia dándole a ella la oportunidad de poder efectuar esa transacción sin mayores inconvenientes.
- Ahora Kagome… ¿cómo te diste cuenta de mis intenciones? – Preguntó Koga totalmente intrigado luego de un largo silencio mientras Kagome asimilaba todo.
- Yo… - Empezó a decir, aún algo aturdida. – Fue un sueño, soñé contigo y con dos personas más, a pesar de todo las otras dos eran las que me apuntaban cada una con su respectiva arma. La última sólo observaba serio sin las cínicas risas de las otras dos, luego pude ver que esa persona seria eras tú pero las otras dos no las pude observar bien. Además, últimamente he tenido varios presentimientos y ninguno me ha fallado y al momento de que sacaras tu palm, pues, sentí uno muy fuerte confirmando mi intriga. – Confesó seria.
- ¿Y a que atribuyes a que se deba eso? – Cuestionó su interlocutor.
- Es desde… - En ese momento Kagome recordó como todo había empezado luego de que obtuviera la perla de Shikon y su extraño resplandor en su último incidente con la bomba. – No estoy segura. – Mintió mientras veía como Koga la miraba con atención y suspiraba para luego levantarse. Kagome no lo imitó sino que lo observó erguirse desde su posición. El se había incorporado pero no había caminado aún.
- Adiós Kagome. – Se despidió para luego empezar a caminar, dejando a Kagome atrás.
- ¡Espera! – Pidió levantándose.
- Ya te lo había advertido, si te decía toda la verdad, no tenía otra opción además de abandonarte, por eso me voy, suerte Kagome. – Dijo para luego continuar su marcha y dejar a una desahuciada Kagome atrás.
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- ¿Te encargaste de todo? – Preguntó Hiten mientras observaba entrar a Yura cuyo rostro fue surcado por una sonrisa triunfal y arrogante.
- Por supuesto, ni porque mueva cielo y tierra volverá a saber de él. – Contestó con autosuficiencia.
- Bien, esto sólo es el comienzo de lo que le aguarda. – Dijo mientras sus ojos adquirían un brillo extraño.
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Kagome caminaba cabizbaja por las calles de Londres rumbo al hotel, recordando cada una de las palabras de Koga, el cual, la había abandonado a su suerte. En realidad no lo culpaba de que lo hiciera pues su intención nunca había sido verle un cambio de trescientos sesenta grados sólo para ayudarla. Al menos, le dio información pero bien sabía que no se le haría tan fácil dársela a Inuyasha. Ella efectivamente le había dejado una carta a él antes de partir pero en vez de entregársela a alguien para que se asegurara de que él la leyera, simplemente la había dejado en su cuarto. Un lugar, en el cual, dudaba que Inuyasha se atreviera a pasar. Recordó en ese momento a Shippo, como quería a ese niño, lo extrañaba sin lugar a dudas pero ahora poco era lo bueno que le preparaba el destino. Al llegar al hotel, saludo lo más cortésmente posible al recepcionista y usó el ascensor hasta dar con su habitación. Al entrar, un frío siniestro se coló por su abrigo dándole un raro presentimiento. Eso era, un presentimiento, como los odiaba pues nunca se equivocaba. Se acercó a la mesa de noche y de la gaveta extrajo la perla y el pequeño diario, miró la joya con cierta reticencia y luego posó sus ojos en el libro. No se había atrevido a escribir algo allí por mucho que el corazón se lo dictase. Un "después" era su eterna excusa. Se acostó en la cama y tomó el bolso que había lanzado a su lado al momento de desplomarse en el colchón. Se arropó con el cubrecama y registró el interior de su cartera. Tomó el celular y recordando que había solicitado el servicio para llamadas internacionales, trató de comunicarse con Inuyasha pero al momento de colocar el auricular sobre su oído ni siquiera escuchó un tono. De momento le extrañó pues juraba que ese era el número pero luego recordó a Yura y borrosamente al tal Hiten que si no se equivocaba, se lo habían presentado en un evento casual. Suspiró resignada y sacó su palm, intentó pasarle un correo a Inuyasha pero tampoco funcionaba. Empezaba a hartarse de esa situación tan frustrante. Lo único que le quedaba era hacer una carta pero seguramente él no la recibiría como siempre pasaba al momento de ella intentar hablar con él. Ya no le importaba nada, sólo quería sentir su presencia cerca, ver de nuevo su sonrisa y sus hermosos ojos. Tanta era su desesperación que si lo hubiese tenido al frente le hubiese importado un soberano pepino decirle allí mismo y a los cuatro vientos un "te amo" de eso ya no tenía duda. Pero no, sus intenciones al pasar la transacción no eran de huida, simplemente quería compensar a Inuyasha por lo que había tenido que pasar al quedarse a su lado, además de que así también obstaculizaba los planes de sus enemigos. Aún así lo hizo todo ocultamente, sin decirle a nadie o dar alguna explicación, y si se malinterpretaban los hechos, parecía la propia cobarde o quizá eso era en el fondo, una cobarde. Luego de sus cavilaciones volvió a observar la perla, ese brillo extraño al momento de su accidente la tenía bastante intrigada porque no había alguna razón científica que lo permitiese, a menos que en verdad, esa fuera la verdadera joya legendaria, la perla de Shikon. Kagome la tomó en sus manos y la perla volvió a brillar, abrió los ojos inmensurablemente mientras veía anonadada como la esfera reaccionaba al tacto. La soltó y dejó caer sobre la cama, viendo como volvía a su estado original, se mantuvo inmóvil durante unos segundos y la volvió a tocar, produciéndose el mismo efecto. Esta vez, la mantuvo en su palma y recordó las palabras de la mujer que se la había vendido.
"El que la posea, descubrirá su amor eterno luego de las adversidades"
- "…luego de las adversidades" – Repitió mentalmente volviendo a recordar.
"al necesitado de amor verdadero, la joya acudirá"
- …la joya acudirá… – Dijo quedamente. Luego, mostró una expresión más determinante en su rostro y acercó la perla a su pecho, en el lugar de su corazón. – Si eres la grandiosa Shikon No Tama… - Empezó a decir mientras sentía como la perla brillaba más intensamente dando la sensación de que se había ofendido. – Ok, ya entendí. – Se disculpó. – No sé hasta que punto mi sensatez ha decaído para hablar y entender a una condenada joya pero… - Dijo mientras sentía que la esfera volvía a brillar. – Muy bien, no fastidio más. – Contestó resignada. – Mira, si es verdad lo que dicen de que si necesito amor verdadero, acudirás a mí, pues, quiero, presuntuosa Shikon No Tama, que me ayudes. – Finalizó observando como la joya se mantenía en igual estado. – Si viniste a mí es porque ya sabes quién es mi amor eterno, ¿verdad? Pues, yo pienso que es Inuyasha. – Concluyó sintiendo como la joya volvía a resplandecer fuertemente. – Lo tomaré como un sí. – Contestó para luego seguir. – No quiero que Inuyasha me odie, ¿entiendes? Ni que crea que soy una cobarde por haber hecho lo que hice, quiero explicarme, quiero expresar mis sentimientos de alguna manera pero todas mis vías de comunicación están deshabilitadas, ¿será que puedes hacer un sortilegio raro o algo parecido para ayudarme a comunicarme con él? – Sintió como la perla irradiaba pero no ocurría nada. Teniendo un poco de esperanza, tomó el celular y marcó de nuevo pero nada, no se daba comunicación, se mantenía exactamente igual. – Oye, no quiero ser grosera pero… - Empezó a decir Kagome mientras observaba con el seño fruncido a la esfera que tenía en sus manos. – No has hecho un carajo. – Le reprendió.
La perla no se inmutó, ni siquiera volvió a brillar, sólo se mantenía en el pecho de Kagome como cualquier otro accesorio más.
- ¿Y ahora te desconectas, no? Interesante. – Dijo sarcástica y a la vez resentida.
Al ver que la joya no volvía a reaccionar, suspiró, se la colocó alrededor de su cuello, se recostó en la cama, se arropó e intentó despejar su mente para poder dormir. Cuando por fin lo logró, tuvo un sueño que casi parecía real.
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- Inuyasha… - Decía Miroku por enésima vez mientras no dejaba seguir a Inuyasha por toda la empresa, a su vez, este intentaba aclarar su mente para pensar con un raciocinio digno de su especie, pero Miroku se la estaba haciendo difícil al no dejarlo en paz ni un solo momento, aún así, fue más ágil que él y se escabulló entre pasillos y plantas hasta perderlo de vista entre el gentío que iba y venía. Nuevamente llegó a su oficina, donde literalmente ya era su oficina si se ponía a ver pero antes de seguir con eso, sacudió levemente la cabeza y se desplomó en el amplio mueble. Era suave y mullido, perfecto para dejar que su mente y técnicamente cuerpo y alma se relajara. No entendía el por qué de las acciones de Kagome, simplemente no entendía porque no se lo consultó o mejor dicho, ¿por qué siquiera no se explicó? Todas sus cavilaciones caían en un mismo punto: Kagome ya estaba cansada de luchar, se comportó cobardemente y lo decepcionó como la persona fuerte y dulce que él creía conocer. Pero no, se negaba a creer eso, debía ser algo más, no sabía que era pero su corazón le dictaba que no dejara de creer en ella, pues, como él mismo sabía, estaban juntos en esto. Entre su pensamiento rumiador se sintió extrañamente cansado y así, viajó al mundo de Morfeo, en un sueño prácticamente real.
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Kagome sintió una especie de nudo en la garganta que la despertó, al mirar a su alrededor observó como todo estaba negro y no veía a nadie a su lado. Aún así, divisó una leve luz que provenía desde su pecho, vestía el mismo pijama verde que se había puesto antes de dormir y al ver bien, tenía la perla de Shikon guindada en su cuello. De pronto, todo se iluminó, mostrándose un frondoso bosque a su alrededor, no entendía nada y ya se empezaba asustar. Nuevamente, un brillo más intenso que el anterior la cegó. Al sentir como el resplandor disminuía, abrió completamente los ojos observando incrédula a Inuyasha que se encontraba al frente de ella en un traje elegante, aparentemente de trabajo y con una expresión similar a la suya. La joya volvió a su estado normal y no ocurrió más nada. Kagome sintió como los ojos se le nublaban por las lágrimas que vanamente intentaba retener. Sin meditarlo dos veces se abalanzó hasta llegar a abrazar a Inuyasha. De momento, él no reaccionó pero lentamente movió sus brazos y los cruzó por detrás de su espalda haciéndola sentir protegida.
- Kagome… - Intentó decir él, quebrándosele la voz de la emoción pero ella lo interrumpió.
- No quiero despertar… - Musitó. – Inuyasha por favor no me juzgues mal por lo que hice, no pienses que soy una cobarde. – Gimoteó levantando la vista hasta dar con el par de ojos dorados que la miraban con dulzura.
- No lo haría Kagome, jamás. – El hecho de haber tenido esos pensamientos no significaba que los hubiese dado por ciertos y al ver la expresión de súplica de ella, se sintió culpable de siquiera haberlo dudado.
- Sé que fue una acción muy descabellada y demasiado brusca pero no es por las razones a las que seguramente llegaste. – Empezó a decir mientras sentía el calor de la mano de Inuyasha acariciando su cabello. – Yo lo hice como pago por todo lo que te he hecho pasar, has sufrido mucho al estar a mi lado y yo no… - Pero Inuyasha la interrumpió.
- No Kagome. – Contestó meneando levemente la cabeza. – Todo lo que pasé junto a ti ha sido lo mejor de mi vida, jamás podría decir que merecía una paga por eso. – Concluyó algo sorprendido consigo mismo por esa facilidad para expresar los sentimientos pero en ese momento no le dio importancia. Aún así Kagome no se sentía satisfecha.
- Perdóname. – Dijo pero al ver que Inuyasha intentaba interrumpirla de nuevo se apresuró en continuar. – No sólo es por lo de la transacción sino también porque hice que Koga viniera conmigo a escondidas tuyo. – Confesó apenada mientras veía como el rostro de Inuyasha se contraía. – No pienses mal, él no me gusta, supongo que ha sido el peor error que he podido cometer. No sabes lo fastidiosa que es su presencia. - Comentó haciendo una mueca y a pesar de que después de decir ese comentario, el rostro de Inuyasha se había relajado un poco, aún se leía la intriga en sus ojos. – Lo hice porque estaba aterrada, no quería viajar sola y lo irónico del cuento es que él era mi asesino. – Inuyasha volvió a fruncir el seño. – Lo descubrí y él se confesó, me dijo todo lo que está pasando pero a cambio, me dejaría a mi suerte.
En ese momento empezó a relatarle todo lo que había descubierto acerca de Hiten y Yura, sus planes anteriores y los posibles que vendrían. Inuyasha la escuchaba atentamente y a la vez preocupado con un cierto aire de odio. Al finalizar, Kagome suspiró.
- Increíble que esa condenada perla hubiese logrado algo así. – Masculló pero Inuyasha la escuchó y la observó sin entender. Kagome volvió a suspirar y le explicó todo acerca de la perla durante un buen rato. Inuyasha la observaba sorprendido.
- Entonces… ¿"al necesitado de amor verdadero, la joya acudirá"? – Preguntó Inuyasha algo confundido.
- Sí, según esta esfera, tú eres mi amor verdadero. – Concluyó ella.
- Y de ser así, entonces, ¿tú me amas? – Inquirió él seriamente.
Kagome guardó silencio por un momento y lo observó fijamente al igual que él lo hacía con ella.
- Sí. – Contestó segura.
En ese momento, un resplandor proveniente de la Shikon No Tama los envolvió.
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K: ¡Ah! – Exclamó Kagome mientras se sentaba de súbito en la cama con la respiración entrecortada y algo asustada. Luego de un largo suspiro, se pasó una mano por la frente, convenciéndose de que todo había sido un sueño. Luego, pasó su mano por su cuello y enredó sus dedos en la perla mientras la observaba minuciosamente. - ¿De verdad… de verdad era él? – Preguntó a la esfera entre su mano.
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Bueno, ¿qué les pareció? ¿Les gustó o quieren asesinarme por hacerles esperar tanto para esto? Creo que si es la segunda opción, pido que no me manden virus porque la máquina que uso para subir capítulos no es mía, así que a mí no me afecta. Ok, bueno, espero que les haya gustado y que me dejen su opinión o sugerencia, etc. Sayonara.
