Esta vez no me retrasé tanto, ¿no? (¡Aleluya! xD) Bueno, muchas gracias por los reviews, de verdad, muchas pero muchas gracias, perdónenme el no responderles individualmente pero la verdad es que yo soy muy floja para eso ñ.ñ Aparte de que no sé que decir además de "gracias" xD. Y tampoco puedo hacerlo en los capítulos porque está prohibido u.u Así que ni modo. Bueno, espero que este capítulo les guste.

Fría como el fuego

La cruel realidad

- ¿Inuyasha?... ¿Inuyasha? – El susodicho escuchaba a lo lejos una voz masculina que se le hacía bastante familiar junto con unos pequeños golpes en el brazo. Al recorrer sus recuerdos y reconocer al dueño de dicho timbre, abrió los ojos de golpe y se encontró con dos pedazos de zafiro observándolo con curiosidad.

- ¡Echa pa' ya! – Le espetó Inuyasha mientras empujaba a Miroku y se cercioraba de que su espacio personal no estuviese siendo violado, al mismo tiempo se sentó de súbito en el mueble. Miroku a pesar de tal recibimiento, lo seguía mirando intrigado.

- ¿Por qué te has quedado dormido? ¿O capaz y te desmayaste de la emoción? – Le preguntaba Miroku burlonamente.

- Deja las pendejadas para cuando estés borracho y tenga excusa para no golpearte. – Le amenazó malhumorado. – Además, no te extrañe que me haya dormido ¡si después de semejante escape para que me dejaras en paz! – Exclamó airado.

- Bueno, bueno, es que tu reacción al principio me pareció extraña, es todo. – Se defendió su amigo. – Te noto como nervioso, ¿estás bien? ¿Con qué soñaste?

- "¿Qué con que soñé?" – Se volvió a preguntar mentalmente mientras se levantaba lentamente y recordaba a Kagome y su segura afirmación, sin embargo, lamentablemente era un sueño. Ante este pensamiento, sonrió con amargura y le dirigió una estoica mirada a su amigo mientras salía de la oficina. Miroku al ver el semblante de su colega, tuvo la gran idea de alejarse y dejarle su espacio por un tiempo.

Pero para mala suerte de Inuyasha, al ver como se abrían las puertas del ascensor, se encontró con un rostro precisamente no muy agradable que se diga, a su parecer.

- Tenemos que hablar, engendro. – Dijo Sesshomaru seriamente mientras que se abría paso entre Inuyasha y se paraba a su lado, fuera del cubículo.

- ¿Disculpa? – Preguntó Inuyasha confundido mientras miraba con el seño fruncido a su hermano.

- Es sobre Kagome. – Aclaró Sesshomaru con la misma expresión impasible.

Esas fueron las palabras mágicas para Inuyasha, sin chistar, hizo que Sesshomaru lo siguiera a su oficina mientras este sólo se limitaba a asentir y seguirlo con su típico paso elegante.

Al abrirse las puertas, Inuyasha se encontró con Miroku, el cual, jugaba al buscaminas en la computadora que le pertenecía a Kagome y ahora a él. Con un ruidoso suspiro, Inuyasha hizo que Miroku posara su vista en él. Al mirar más allá de la altura de su compañero, divisó a Sesshomaru, presumiendo que el problema era grave. Rápidamente se levantó y cerró la sesión en el ordenador.

- Luego hablamos sobre las contraseñas que le pusiste a las páginas pornográficas. – Le dijo a Inuyasha mientras salía.

El aludido sólo volvió a suspirar y se sentó en su asiento mientras que Sesshomaru lo imitaba desde el otro lado del escritorio.

- ¿A qué se debe tu extraña visita y por qué Kagome está incluida? – Preguntó sin rodeos.

- Deja de ser tan hostil que más bien te estoy ayudando. – Le reclamó su hermano mientras le dejaba sobre el escritorio un sobre Manila.

- ¿Y esto? – Cuestionó con una ceja arqueada.

- Es información que prefiero no decir en voz alta. – Explicó Sesshomaru. – Apenas termines de leerla, quémala. – Le ordenó entregándole un encendedor.

Inuyasha lo tomó con el seño fruncido y claramente intrigado. Sin pensarlo dos veces, abrió el sobre, el cual, contenía unos documentos, pero el que tomó primero fue una especie de resumen aparentemente hecho en una máquina de escribir. En silencio leyó cada una de las líneas a continuación. A medida que iba leyendo, sus ojos se iban abriendo más. Efectivamente, era información sobre Yura y Hiten, la misma que le había descrito Kagome en su sueño pero mucho más detallada. Los demás documentos eran transacciones que habían hecho en otros bancos, de las cuales, no se sabía para que fin. Grandes sumas de dinero eran sacadas e introducidas en diferentes cuentas de esa empresa. Pero su desconcierto pasó a sorpresa cuando vio el propio nombre de su hermano entre todo ese dilema. Él había ayudado a esa gente pues en una de las cuentas se encontraba su nombre donde curiosamente se había depositado 600.000.000 de dólares, la misma cantidad que Kagome le había facilitado como un préstamo con cobro indefinido.

- Dime que no trabajaste para esta gente. – Pidió quedamente.

- Mi empresa ha tenido bastantes dificultades y ellos me las han solventado. Era lo menos que podía hacer. – Se excusó Sesshomaru.

- ¿Y por eso te hiciste novio de Kagome? – Masculló intentando contener la ira.

- ¿Cómo? – Preguntó al no estar seguro de lo que había dicho su hermano.

- ¡MALDICIÓN! ¿QUÉ SI TE ATREVISTE A HACERLE DAÑO A KAGOME POR ESTA PORQUERÍA? – Espetó perdiendo todo rastro de calma mientras se levantaba de súbito del asiento.

Sesshomaru lo imitó pero más majestuosamente. Lo miró con desdén y respondió.

- Ella se lo buscó. – Se excusó mientras la mandíbula de Inuyasha se tensaba más, si es que eso era posible. – No te extrañé el que Kagome haya salido perjudicada, desde sus dieciocho años su destino se trazó solo. Su padre murió cuando acababa de cumplir los veinte, aún asistía a clases para ese entonces. Sin embargo, al ser mayor de edad todo le quedó a ella. Nada ni nadie poseía tanta autoridad como de la que gozaba para ese entonces sin ser plenamente consciente de ello. Al momento de tocar el suelo de esta empresa, que por derecho es suyo, exilió a la mayoría de los ejecutivos que trabajaron para su padre años anteriores y…

- Pero razones tendría. – La defendió Inuyasha.

- Es cierto, pero creo que no llega a plural pues en una sola palabra se describen perfectamente: mediocres. Ante este observable hecho, no le fue muy difícil encontrarle fallas para despedirlos. Haciendo así que nueva gente ingresara, una con menos experiencia pero que según ella, eran menos codiciosas y egoístas como lo eran los antiguos empleados. En fin, entre su ideología se ganó bastantes enemigos. Bueno, más de los que se había ganado para cuando se dio a conocer el testamento de Takato Higurashi. Pero con todo, no le había salido tan mal, pues, la mayoría de esos hombres sólo se quedaron en un simple rencor inofensivo. Inclusive Naraku, que Kagome fue prudente de no botar, no hizo nada al respecto.

- El trabaja en Estados Unidos, ¿no?

- Exactamente. Su situación económica no tuvo cambios radicales, por tanto no tenía excusa para atacar sin piedad a Kagome y como de la propia seguridad de la empresa depende la suya, pues, no es idiota como para intentar hacerla caer. Pero con el que en verdad se equivocó Kagome fue con Hiten, Hiten Trueno. Ese hombre es tan despiadado como el mismo Naraku y no creo que su forma de ser vaya a cambiar de la noche a la mañana. El ya tenía a Kagome prácticamente sin salida, pero esa niña fue astuta al darte la empresa a ti. Cualquiera lo tomaría como un acto de cobardía pero en realidad no es así. Fuera de los sentimientos por los cuales te escogería, tenía la oportunidad de despistarlos. Si te matasen, el dinero le quedaría al gobierno, el que buscaría la forma de conseguir un nuevo presidente. Pero la empresa estaría en la mira de la ley y el próximo presidente sería el más vigilado, que era lo mismo que le pasaba cuando estaba Kagome. Como Hiten tiene antecedentes, no se puede dar ese lujo. Así que si tomaba la presidencia por intercepción de Yura, que sería la pariente más acta para recibir la empresa, él, mientras tanto, mantendría un puesto menor hasta que acabara la tormenta para luego relucir como el nuevo dueño de todo, pero esa posibilidad estaba en que Higurashi le entregase la empresa sin mayores inconvenientes. Pero Kagome no le daba la pelea fácil, al principio se creyó que ella le daría el puesto a quien fuera mientras mantuviera estabilidad económica, pero no fue así. A pesar de todas las vicisitudes se mantuvo en pie. Si vaciló pero no se rindió. Por eso empezaron a hacer tácticas más drásticas como jugar con sus sentimientos para irla debilitando y hartando de todo poco a poco, pero tampoco sucumbió a esto. Yo participé, lo reconozco. Pero más bien la ayudé, ella estaba cayendo tontamente en sus redes, pues su depresión era evidente, se culpaba a sí misma de la muerte de Bankotsu, cosa que sólo la hacía parecer como vaca yendo al matadero. Al hacerla que se volviera fuerte, se le complicarían las cosas a Hiten y no se tendrían pruebas de que fue por mi culpa. – Explicó ante el perplejo y anonadado rostro de su hermano.

- Pero eso también le hizo daño. – Musitó rencoroso.

- Al menos permitió que no le dejara la empresa a Hiten. – Se excusó para luego tomar el encendedor que había dejado Inuyasha en el escritorio. Tomó los documentos y los encendió en llamas.

- ¿Qué haces? – Le espetó Inuyasha tratando de tomar los documentos nuevamente.

- Búscate un detective, yo no te voy a dar la evidencia. – Dijo secamente mientras se alejaba de su hermano y lanzaba los papeles a la primera papelera que encontró.

- ¡No! – Dijo Inuyasha mientras intentaba encontrar algo que no hubiese sido destruido pero todo se había chamuscado. - ¿Para qué coño me los distes entonces? – Le espetó a Sesshomaru mientras se erguía y lo encaraba.

- Sólo te estoy avisando, un favor arriesgado es lo que estoy haciendo. Aprovecha la información que te he dicho y trata de salvar a Kagome si es que ya no es muy tarde. – Comentó mientras tomaba su maletín y salía rápidamente.

Inuyasha lo siguió pero cuando lo divisó, las puertas del ascensor ya se habían cerrado junto con él adentro. En ese instante, agradeció que nadie le hubiese dirigido la palabra, porque lo hubiese estrangulado allí mismo, de la rabia contenida que tenía.

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- Ay, esto no me está gustando. – Decía Kagome haciendo un mohín por tener que vender muchas de sus pertenencias. – Esta gente es medio discriminadora y a pesar de tener una carrera, no creo que me vayan a dar un empleo digno de un rey. – Decía mientras sacaba cuentas en su palm. Se encontraba en el hotel, aún tenía dos días de la estancia que se le había pagado desde Japón pero ya que todas sus tarjetas de crédito fueron suspendidas, su línea del celular cortada, doscientos dólares en efectivo, los cuales, tenía que tratar de alargar hasta conseguir un poco más de estabilidad, ya que no se podía dar el lujo de pagar otro día en ese hotel, donde dio gracias a Dios de que la comida por lo menos se le hubiese pagado también desde Japón. Entre las pertenencias que tenía, podría vender algunos vestidos de fiesta menos uno que le perteneció a su madre, el cual, aunque se muriera de hambre se negaba a vender. Podía vender también unos pares de zapatos, su perfume, hasta tenía en mente vender el libro que se había llevado para leer en el avión pues, en realidad, por muchas cosas caras que hubiese llevado, no tenía mucha variedad.

Volvió a hacer otra mueca mientras guardaba su palm, tenía esperanzas en un evento que se iba a dar en la noche en ese hotel, donde iban a ir varios ejecutivos muy importantes en ese país. Si encontraba al menos una persona conocida, le pediría que le pagara el viaje a Japón y ella luego se lo devolvería una vez en Tokio, pues, a pesar de que la empresa ahora era de Inuyasha, tuvo la prudencia de que su firma valiera tanto como la de él.

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La noche llegó y Kagome terminaba de arreglarse frente al espejo del baño. Usaba un vestido verde claro con escote en "V", junto con unas sandalias de tacón alto del mismo color. Se había dejado el pelo suelto, con el cual, daba a gracias a Dios de que fuera liso, pues, no había ido a la peluquería por su ahora crisis económica. Esa era su última oportunidad y trataría de aprovecharla. Usó su perfume y luego de chequear todo, tomó aire y salió del baño.

Al bajar, se encontró con que muchos ejecutivos entraban, era pan comido, según ella. Pero al momento de entrar, la mujer de la lista la hizo detenerse.

- Nombre, por favor. – Pidió mientras posaba sus ojos en la carpeta que llevaba en sus manos.

- Kagome Higurashi. – Dijo algo confusa por el trato de la mujer.

- Nop, lo siento, no está aquí. Que pase buena noche. – La despidió haciéndole un ademán de que se moviera.

Kagome tenía la cara desencajada del asombro.

- "No le puedo dar la empresa a alguien más porque resulta que ahora no soy nadie" – Pensó rencorosa pero al ver que la mujer se mantenía seria, prefirió no pelear en ese momento, sino tratar de pensar en algo. Observó como la gente pasaba al frente de ella, caminando tranquilamente, mientras la jala bola de aquella mujer, sonreía tontamente a los ejecutivos. – "Jala pero no te guindes" – Pensó indignada de la actitud de ella.

Harta de esa mediocre escena, giró su vista a su alrededor, de momento, observó a Akitoki Hoyo. – "Mi salvación" – Pensó con una sonrisa triunfal.

Si no mal recordaba, ese hombre había babeado por ella por mucho tiempo. Esperaba que ese encanto que le daba el dinero, no se hubiese esfumado o que por lo menos, no estuviese enterado de su estado. Sin pensarlo dos veces, se acercó a él y lo saludó coquetamente. El hombre sonrió algo incómodo mientras que su acompañante se aparecía a su lado. Kagome estuvo a punto de meter su cabeza en cualquier porcelana que tuviese cerca, pues, la vergüenza era mucha.

- Ka… Srta. Higurashi ¿cómo está? – Saludó él con una sonrisa nerviosa mientras que su acompañante miraba furibundamente a ambos.

- Ah, muy bien, Señor Hoyo. – Contestó con la misma sonrisa.

Luego de un incómodo y tenso silencio, Hoyo volvió a hablar.

- Ah, ella es Kagome, Kagome Kinomoto. – Dijo presentando a su acompañante, y ahora, conocida tocaya.

- Mucho gusto. – Dijo extendiéndole la mano a la mujer. – Mi nombre también es Kagome, Kagome Higurashi. – Dijo lo más afablemente posible.

- Mucho gusto. – Respondió la mujer secamente.

- Y bueno… ¿qué la trae por aquí? – Dijo Hoyo tratando de hacer la conversación menos tensa.

- Bueno, en realidad, quiero pedirles un favor si no es mucha molestia. – Confesó mientras las cejas de ambos se arqueaban.

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Kagome suspiró. Ya por lo menos se encontraba dentro. A pesar del incómodo momento que pasó junto a la pareja, pudo hacer que ambos convencieran a la mujer de la puerta de que la dejaran pasar. Una vez allí, se tenía que encargar de buscar gente conocida, o en su defecto, buscar nuevos contactos. Sonrió, pues, se recordó de su última reunión formal con Inuyasha, pero al darse cuenta de sus pensamientos, meneó la cabeza negativamente.

- "No, Inuyasha está lejos de ti en estos momentos, estás sola en esto" – Se recordó, tratando de concentrarse en el plan que tenía.

Paseó su vista por el amplio salón, atestado de gente. Y encontró una solución segura, a su parecer. Observó a Naraku Miyamoto. Se sintió de suerte al verlo y caminó hasta él. Antes de llegar a su lado, él la divisó, sonriendo arrogantemente a medida que se iba acercando. Kagome tuvo la fuerte tentación de desviarse sólo para dejarlo con las ganas pero se recordó a si misma que esa era su última salida, pues, luego de ello, no podría ir a un evento de esos.

- Hola, ex presidenta, ¿su acto de amor le resultó? – Preguntó Naraku burlonamente.

- Fíjese que sí, se lo he dejado a una persona muy competente. – Respondió devolviéndole la sonrisa hipócrita. – No me lo esperaba encontrar por aquí. – Acotó.

- Pues, usted sabe, tengo varios negocios que atender. – Dijo en un tono supuestamente despreocupado y humilde que no se lo creía ni él mismo.

- Está bien. Oiga, en realidad yo le quería pedir un favor… - Empezó a decir mientras explicaba su situación lo más superficialmente posible ante la perpleja mirada de su interlocutor. Cuando finalizó, Naraku sonrió cínicamente.

- Srta. Higurashi, entiendo por lo que está pasando pero… - Volvió a sonreír mientras meneaba negativamente la cabeza. – No la puedo ayudar, usted ahora no tiene dinero y no puedo estar fiando un pasaje a Japón y una tarjeta de crédito. – Dijo con el mismo tono burlón. – Creo que tendrá que buscar por otro lado. – Concluyó encogiéndose de hombros.

- ¿Insinúa que no cree que Inuyasha le pague? – Preguntó con el seño fruncido.

- Yo que usted, no me fío de la lealtad de un hombre. – Aconsejó. – Ninguno, luego de tener seguro tanto poder a través del dinero se atrevería a mantener ese hueso de tal forma. – Explicó como si con una infanta estuviese hablando.

- Y debo suponer que lo sabe de primera mano. – Agregó Kagome resentida. – Muy bien, que pase buena noche, Sr. Miyamoto. – Se despidió mostrando una falsa sonrisa, más falsa que una moneda de veinte dólares, lo cual, Naraku notó pero prefirió ignorar.

- Buenas noches, srta. Higurashi. – Respondió, pero para cuando lo hizo, ya Kagome se había dado vuelta con las lágrimas apenas contenidas, en donde, si hubiese habido más luz, se podría ver su cara roja de la rabia e indignación. Se acercó hasta uno de los camareros y tomó una de las copas con champaña. Se recostó a uno de los pilares y se la bebió de un sorbo. Sintió el resultado del alcohol ligeramente mientras empezaba a hacer efecto y a destruir neuronas, pero no le importó. Rápidamente, tomó otra y siguió bebiendo sin control. Se había humillado para nada y eso fue una grave herida a su orgullo, pero más allá de una excusa convincente, lo que más le dolía era que no tenía oportunidad de volver con Inuyasha. Naraku tenía razón, después de todo, Inuyasha nunca le dijo que la amaba y no necesitaba más de su presencia, con su físico y reciente poder económico, no necesitaba de una mujer obstinada y poco amable de compañía como ella, la cual, ni siquiera le había dado los mejores recuerdos de su vida porque sólo le había traído problemas y más problemas. Luego de su sexta copa, sintió el mundo girar a su alrededor, nunca había bebido tanto ni se sentía tan vulnerable. Cuando intentó conseguir control por si sola, le costó. Se dirigió a la salida apoyándose en paredes y otras superficies firmes. La mujer que le había dado problemas al principio para entrar, la observó duramente, pero luego de suspirar resignada, fue en su auxilio. Hizo que Kagome apoyara su brazo sobre sus hombros mientras le pasaba una mano por su espalda.

- Tienes suerte de que ande de humor hoy. – Le comentó.

- Algo bueno me pasó hoy, increíble. – Respondió Kagome entre balbuceos.

- Mal día ¿eh? Bueno, yo nunca conozco gente en los mejores momentos, es una especie de maldición que tengo. – Confesó. – Soy Eri, ¿te acuerdas de tu nombre? – Comentó con cierto matiz burla.

- Desgraciadamente sí, soy Kagome Higurashi, una ingenua mujer que quiere volver con su novio pero que no puede por viles jugarretas del destino. – Agregó cabizbaja.

- Ah, entonces estás despechada, uy, no quisiera ser tú, lo digo sinceramente. – Contestó.

- Lo que no recuerdo es el número de habitación. Pregúntale al doble de Charlie. – Avisó.

- ¿Charlie? – Repitió confundida.

- Al de "Two and a half men" O sea, el que es recepcionista. – Aclaró para ver como su salvadora reía a carcajada abierta.

- Sí, yo también lo noté. – Aceptó. – Pero se llama William por si quieres saberlo. – Agregó.

- En estos momentos quiero es una sobredosis de medicamentos que acaben con el tormento de mi vida. – Confesó.

- Lástima, me caes bien, así que no voy a cometer un homicidio. – Avisó mientras hacía que Kagome entrara en el ascensor junto con ella.

Al llegar a la habitación, la ayudó a recostarse sobre la cama y le quitó las sandalias.

- Mira, si me buscas mañana temprano, quizá te pueda ayudar con tu problema. – Declaró afablemente.

- Anótalo en mi palm para saber como te llamas y quien eres para mañana por la mañana. – Le pidió.

- Sí, creo que es una buena idea. – Concordó mientras se acercaba al bolso de Kagome y hacía lo que esta le pedía. – Nos vemos. – Se despidió cerrando la puerta mientras se dirigía nuevamente al evento.

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Al día siguiente, Kagome despertó con un agudo dolor de cabeza.

- Ahora sé que es una resaca. – Comentó mientras se incorporaba pesadamente. Miró sus ropas y recordó que había tomado como una loca la noche anterior, algo que por cierto, nunca había hecho. Tanteó las posibilidades de si levantarse o no pero luego decidió por hacerlo. Fue al baño y se aseó. Ya cambiada de ropa, se empezó a peinar mientras revisaba sus cosas. Leyó un recordatorio en su palm y vio el nombre de Eri. En ese momento se acordó de cómo la había ayudado anoche y sin pensarlo dos veces, terminó de cepillarse el cabello para salir rápidamente en su búsqueda. Afortunadamente la consiguió en el restaurante terminando su desayuno. Ella la divisó y le sonrió.

- Epa, ¿cómo estás? – Saludó alegremente.

- Con la cabeza como un sombrero mexicano. – Contestó sinceramente mientras se sentaba en la misma mesa donde estaba ella.

- Me imagino, cualquier cosa pide un café negro, bastante cargado, ¿sí? – Le sugirió.

- Te tomo la palabra. – Aceptó rápidamente. – Me dijiste que me podías ayudar, ¿es cierto?

- Bueno, en realidad depende de lo que necesites. – Confesó algo apenada.

- Quiero volver a Japón pero no tengo dinero, este es mi último día en este hotel y luego quedaré desahuciada en la calle. ¿Tienes solución a eso? – Preguntó incrédula.

- Pues, sé de un lugar donde te puedes quedar hasta conseguir el dinero suficiente. –Declaró ante la intrigante mirada de Kagome.

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- Sí señora, no le iba a traer a cualquier persona, así que esta joven es de fiar. – Le aseguró Eri a una anciana mujer, dueña de una tienda. – Sólo deben darle hospedaje y comida para que ella trabaje sin pedir más atributos. – Aclaró.

- Ummm, está bien, gracias Eri. – Dijo la anciana mientras despedía a su clienta. – Ahora niña, es hora de que te dé tus funciones. – Declaró seria mientras observaba a Kagome.

- Sí señora. – Respondió ella rápidamente.

Kagome se encontraba en una tienda de antigüedades, la cual, eran dueños una pareja de ancianos, Kaede y Myoga Ikeda, algo con lo que quedó más que satisfecha porque eran japoneses al igual que ella. Eran ancianos bastante independientes para su edad ya que todos sus hijos se habían marchado. Desde ese momento, iba a trabajar en esa tienda y hacerse cargo de todos sus movimientos financieros. Algo con lo que no se intimidaba, pues, con ese tipo de cosas tenía más que experiencia.

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- Inuyasha, ¿Y qué vas a hacer entonces? – Preguntó Miroku luego de ser enterado sobre las acciones de Hiten y Yura.

- No voy a despedir a Yura, es más, necesito que la vigiles, a un nivel profesional, claro está. – Aclaró antes de que su amigo se pusiera a buscarle otros significados a esa oración.

- Cálmate, luego de saber en que está metida, ni loco que me le acerco, además de que ya tengo a el amor de mi vida que es Sango. – Respondió felizmente.

Inuyasha no estaba para ese tipo de frases en esos momentos, así que la pasó inmediatamente por alto.

- He contratado un detective y que busque las evidencias necesarias para poder llevar este caso a juicio y también he contratado un guardaespaldas. – Avisó.

- ¿Para ti? – Preguntó Miroku confuso por esa toma de decisiones tan madura por parte de su obstinado amigo.

- No, para Kagome. – Aseguró. – No quiero acercármele en estos momentos, sólo haría que volviera a pasar por el mismo sufrimiento. – Comentó melancólico. – Lo mandaré para que la espíe de vez en cuando y me de un reporte de su estado. – Explicó totalmente seguro de su decisión.

- ¿No crees qué es mejor que la veas o por lo menos que le avises de la situación? – Inquirió Miroku un tanto dudoso de la decisión tomada por Inuyasha.

- No. – Respondió negando con la cabeza. – No puedo avisarle por un correo electrónico o por el celular, pues, han bloqueado todos los medios de comunicación entre nosotros y verla para luego volver a dejarla… no, no podría. –Aseguró.

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Kagome había terminado de desempacar sus cosas en la modesta habitación que le habían dado el par de buenos ancianos. Poseía un pequeño escaparate, una mesa de noche, su cama y una ventana con finas cortinas blancas de estampado sencillo. No era el mayor lujo del mundo pero al menos tenía un techo donde refugiarse del frío y del hambre. El baño le quedaba al lado, en el mismo pasillo y la cocina tampoco le quedaba lejos. Cuando se cambió de ropa y se puso su pijama, sacó de su bolso la perla y el diario. Observó a la Shikon No Tama por un momento, recordando que cuando quiso volver a hablar con Inuyasha y verlo de nuevo, nada ocurrió. Bueno, en realidad la joya le había dado tiempo de explicarse y de declarar sus sentimientos como había pedido, pero esperaba una respuesta, no quería dejarlo tan prontamente. Luego de un sonoro suspiro, volvió su vista al diario, tuvo bastantes deseos de escribir y como ya se había dado por vencida, sintió que no tenía nada que perder, tomó un lapicero y se sentó en su cama mientras apoyaba el pequeño libro entre sus piernas. Al momento de escribir no fue consciente de lo que hacía, las lágrimas silenciosas corrían por sus mejillas mientras redactaba. Para cuando su cuerpo hizo hacer conocer su cansancio, cesó de escribir. Sorprendentemente se dio cuenta de que llevaba varias páginas y que sus sentimientos los había expresado en forma de un cuento de hadas.

"Había una vez una solitaria princesa rodeada de lujos y oro, cuya familia le daba más importancia a su fortuna que a sus sentimientos…" – Empezó a leer, anonadada de que no hubiese sido consciente al escribir, si ese diario habría el alma, de verdad lo hacía muy bien.

Luego de terminar de leer parte de su propia historia, miró a la perla pero ya no sabía que pedir. Se la guindó en el cuello y dejó el libro en la mesa de noche mientras se acurrucaba en las sábanas y esperaba dormir.

I: No dejes que el destino nos separé definitivamente. – Pidió en un susurro mientras cerraba los ojos y se dormía. En respuesta, la Perla de Shikon brilló fugazmente, un acontecimiento del cual Kagome ya no fue consciente.

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Medio dramático pero bueno, siquiera ya estamos en la "etapa cumbre" que dicen los narradores de telenovelas, xD. Ok, bueno, gracias nuevamente por los reviews y espero saber su opinión. Por cierto, Laura Black, chama tranquila que yo tengo todo fríamente calculado, bueno, a Sesshomaru no lo iba a poner tan pronto pero a tu petición, aquí salió, xD. Y con lo de Koga, sí, yo tengo planeado eso. Bueno, ahorita si las dejo tranquila. Sayonara.