Fría como el fuego
El plan de Sango
Una semana había pasado desde que Kagome había conseguido algo de estabilidad en la casa de la pareja Ikeda. A pesar de no darle mucha relevancia al asunto, había mejorado el negocio de los ancianos de manera considerable, pues, luego de trabajar dos días como vendedora sin dar reclamo o sugerencia alguna, se dio cuenta de ciertas fallas en la tienda y muy sutilmente el tercer día dio a conocer su parecer y posibles cambios que no afectarían mucho al presupuesto del establecimiento. Junto con un poco de ayuda de Kaede mejoró la organización de los artículos a vender; dejando los más llamativos o nuevos en las vitrinas y los menos importantes en estantes que se encontraban en el interior del negocio, que esta vez, estaban minuciosamente organizados y clasificados. También sugirió que todas las cuentas faltantes se pagaran, se pusieran al día con papeles legales y que se le hicieran cambios al exterior para dejarlo un poco más atrayente. Por eso, ese día, en el cual habían finalizado los arreglos a la fachada de la tienda, se recibían más clientes que quedaban maravillados con las delicadas y antiguas cosas que se vendían allí a precios razonables y con facilidades de pago. Kaede y Myoga agradecían sinceramente la estadía de Kagome allí, pues se sabía entender con los quisquillosos clientes, además que su inglés era mucho mejor que el de ellos.
- Thank you very much. – Decía una feliz clienta mientras salía de la tienda con dos grandes bolsas. Una en cada mano.
Kagome sólo sonrió mientras volvía sus ojos a la computadora, porque sí, también había sugerido la presencia de aunque sea una computadora para poder hacer más fácil el trabajo de la tienda.
- Kagome, muchas gracias, hija. – Decía Kaede sinceramente en su idioma natal mientras entraba por una de las puertas internas.
Kagome le sonrió y posó su vista en los sabios ojos de la mujer.
- A ustedes es que debo agradecerles toda su hospitalidad para conmigo. – Respondió afablemente.
- No. – Dijo Kaede meneando levemente la cabeza mientras terminaba de acercarse y se paraba en el lado contrario al mostrador donde Kagome estaba. – Sin ti estaríamos arruinados, es más, he pensado en darte un sueldo que posiblemente… - Empezó a decir Kaede dubitativamente antes de que Kagome la interrumpiera.
- ¡No! – Dijo Kagome vehemente. – Jamás podría aceptar algo más de ustedes. Lo que me dan es más que suficiente. – Aseveró.
- Pero hija… - Repuso Kaede.
- No, todo lo que he hecho es mi trabajo y no es la gran cosa en verdad. Yo… - Dijo haciendo una pausa y mostrando una sonrisa amarga. - …estoy más que acostumbrada a este tipo de cosas e incluso más retadoras, lo que he hecho es muy poco, no es nada del otro mundo. – Respondió quedamente.
- Pero aún así tú no quieres estar aquí pues a pesar de que quieres ocultar tu tristeza detrás de una sonrisa amable, tanto Myoga como yo sabemos que tu mayor anhelo es volver a nuestra patria. – Dijo mientras tomaba una de las manos de Kagome y se la apretaba levemente en señal de apoyo. – Sí te diéramos un pequeño sueldo, tú podrías reunir poco a poco y luego quizá, Dios mediante, comprar un pasaje a Tokio.
- No, no quiero volver a Japón porque… - En ese momento calló pues le era muy doloroso decirlo en voz alta, el hecho de aceptar que no era tan importante para Inuyasha como para ni siquiera ir para allá y buscarla. – No tengo a nadie allá. – Terminó con una expresión amarga en el rostro.
- Sé que no es así. – Contestó Kaede mientras giraba alrededor del mostrador y se posaba al lado de ella. – Eres una persona demasiado buena y bondadosa como para creer tal cosa sobre ti. – Aseguró mientras la abrazaba y Kagome se dejaba abrazar.
Así estuvieron un rato, mientras Kagome sentía que estaba en los brazos de una madre que por primera vez le entregaba el cariño que tanto necesitaba. Ante ese pensamiento, una lágrima rodó silenciosamente por su mejilla.
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Sango recién había llegado a su escritorio, empezó a revisar su agenda para ese día. Sin emoción alguna encendió el computador y se acomodó en su silla mientras pasaba llave a la cerradura de su gaveta de donde sacó la agenda de Inuyasha. Cuando logró tenerla sobre las manos, la abrió y revisó el calendario frunciendo el seño ante lo que veía pues toda la semana estaba copada de quehaceres y reuniones. Sin meditarlo dos veces, se levantó furiosa de su asiento y sin siquiera llamar, entró a la oficina de Inuyasha mientras se le plantaba al frente del escritorio.
- ¿Qué demonios significa esto? – Dijo visiblemente molesta.
Inuyasha lentamente alzó la vista, mucho más opaca de lo normal pero sin expresión alguna. Observó la agenda abierta en manos de Sango y la miró con una ceja arqueada.
- Sango, a estas alturas deberías saber que esa es una agenda donde se anota todo lo que voy a hacer en la semana. – Explicó sin pizca de burla en su voz ya que al igual que su mirada, su tono se mostraba neutral.
- Obviamente sé lo que es pero lo que no me explico es porque está tan llena. Se supone que Kagome regresaba la semana pasada según el vencimiento de la estadía en el hotel que se pagó desde el banco de acá y con esto es evidente que no vas a sacar tiempo para ir a buscarla. – Acusó seriamente.
- Es verdad pero he perdido toda comunicación con ella. – Respondió encogiéndose de hombros. – Me imagino que al ver que no tiene ninguna responsabilidad, se tomó vacaciones sin consultarlo. - Dijo intentando que su voz sonara lo más calmada posible mientras se desgarraba por dentro al escuchar el nombre de Kagome.
- ¡Maldito desgraciado! – Le espetó Sango roja de ira. – Indiscutiblemente sé que no es eso. ¿Crees que Miroku no me dejó al tanto de lo que pasa en realidad? Kagome está oculta pero si se cortó la comunicación es porque saben bien donde está ella. Inuyasha, ahora más que nunca es que ella te necesita. Si no mal recuerdo le prometiste cuidarla, ¿no es cierto? – Terminó mientras lo miraba con rencor.
- "Nota mental: Matar y no revelar más nada al bocón de Miroku" – Se recordó. – Sango… - Dijo mientras se levantaba del asiento y clavaba una dura mirada sobre ella. – Te recuerdo que eres una empleada y así como todos los demás me debes respeto. De lo que estás hablando es un asunto personal del cual a nivel profesional no tengo el deber de contarte nada. – Respondió estoicamente.
- Muy bien. – Dijo Sango alzando las manos en señal de sumisión mientras mostraba una escueta sonrisa y entornaba los ojos. – Eres el jefe ahora pero recuerda que es gracias a ella y que lo que haces no es más que un vil acto de cobardía. Si ella te odia, pues, tiene derecho, eres un completo y solemne idiota. – Espetó mientras se daba vuelta y una vez afuera de la oficina, cerraba la puerta de un trancazo.
- ¡Maldición! – Masculló Inuyasha mientras golpeaba con su puño el escritorio. Suspiró pesadamente y se volvió a sentar, apoyando los codos sobre la madera y ocultando su rostro en las manos. – Con Sango enterada, las cosas se van a complicar más, esa mujer puede ser muy testaruda. – Sentenció quedamente.
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Y efectivamente, el pronóstico que hizo Inuyasha se cumplió. Sango salió de la oficina echando humo, se volvió a sentar, esta vez no tan elegantemente, y revisó la agenda. Pura pérdida de tiempo, ninguno de esos empresarios eran tan importantes, fácilmente, Inuyasha podría despachar a unos cuantos y hacer algo verdaderamente importante: Buscar a Kagome.
- "Pero no…" – Recordó lo muy inmaduro y tozudo que podía ser ese hombre. Si quería volver a ver a su querida amiga, tendría que trabajar por su cuenta. Obviamente el problema no lo iba a resolver sola, tendría que pedir ayuda y ese sería el verdadero objetivo. – "¿Pero quién?" – Se cuestionó mentalmente. – "¿Miroku? No, ese juega por el bando de Inuyasha y ahora que este se enteró de que Miroku me contó todo, creo que no le conviene ni va a querer ayudarme." – Ummm, eh…, este…, sería…, no, más bien… ¡Arg! ¡No se me ocurre nadie! – Exclamó luego de pensárselo bien y aún con la rabia contenida.
Después de unos minutos, se le pasó la "brillante idea" de revisar los números telefónicos almacenados en el computador. Prendió el aparato y así lo hizo pero luego de una hora revisando centenares de números, o no conocía a la persona o sabía que estaba desempleado o había quebrado o simplemente no servía para lo que quería hacer. Suspiró mientras encorvaba su cuerpo un poco más hacía el ordenador en una búsqueda inconsciente de una mejor posición. Pero luego de unos minutos más se volvió a enderezar pues había conseguido a alguien. Sacó su celular y guardó el número en el aparato. Se paró sin ningún tipo de prisa para no hacer sospechar a nadie y fue al baño de dama. Una vez allí, dio gracias a Dios que no hubiese más nadie en esos momentos y marcó el número, la voz de una secretaria se escuchó.
- Buenos días. – Respondió Sango. – ¿Me podría pasar a su jefe? – Pidió amablemente.
- ¿De parte? – Preguntó automáticamente la mujer.
- De… - Si daba su nombre, obviamente no tendría comunicación alguna con él, por tanto improvisó. – Del señor Inuyasha Taisho.
- Oh, muy bien. Pero el señor Sesshomaru está de viaje en estos momentos, no ha dado una fecha de regreso definido, aún así, se lo comunicaré para cuando sepa de él. – Contestó Sara neutralmente.
- ¿De verdad? Es que es sobre un asunto delicado, y como usted bien sabe, el señor Taisho no se la lleva muy bien con su hermano mayor, debe ser importante. – Decía Sango al borde del colapso nervioso por si era descubierta.
- Ummm, bueno, déjeme ver que puedo hacer pero preferiría darle los datos al mismo Inuyasha, pues el señor Sesshomaru fue muy renuente al momento de dejar algo de información sobre su paradero. Por favor, páseme a su jefe.
- Eh… - Sango no tenía idea de que era lo que haría para sacarle información a esa mujer, en realidad ella era muy cuidadosa al momento de decir algo o preguntar. – Un momento. –Dijo alejando el celular de su oreja mientras miraba a todos lados en busca de una solución hasta que tuvo una idea. – El señor Taisho está en el baño en estos momentos, sin embargo, como el tiene una reunión ahorita, creo que es preferible que la información se la pase por fax si no es mucha molestia a las… - Sango pensó un momento de acuerdo a la agenda que había leído en la mañana. – A las dos y media si no es mucho pedir. – Dijo lo más serenamente que podía. – Mi nombre es Sango Kinomoto, secretaria de presidencia y el número de fax es el siguiente… - Luego de dar todos los datos, esperó intrigadamente la respuesta de la mujer.
- Ummm, muy bien, efectivamente ese es el número del fax del señor Taisho. Accederé a lo que me pide. – Respondió neutralmente mientras escuchaba un leve movimiento en el otro lado del auricular pues Sango había hecho un pequeño salto de alegría al no poder gritar, como le hubiese gustado. Aún así, por su boca surcaba una sonrisa triunfal.
- Muchas gracias. – Dijo una vez asegurada de que podría hablar sin demostrar emoción alguna. – Hasta luego. – Se despidió.
- Hasta luego. – Y la comunicación se cortó.
- Soy una genio. – Se auto gratificó delante del espejo mientras sonreía genuinamente.
Luego se dio vuelta para regresar a su escritorio, después de todo, para lo que seguía de su plan, necesitaba estar en paz con Inuyasha, algo que le tomaría más o menos tiempo. Sin embargo, al llegar tuvo como prioridad acomodar todo para ese día y por no dejar, revisó la agenda, con lo cual sonrió, pues efectivamente la hora que le había dicho a la mujer, era en el horario donde Inuyasha tenía dos juntas seguidas, fácilmente podría tener la información sin ser vista. Con esa tranquilidad, siguió el resto del día, haciendo sus respectivas obligaciones y preparándolo todo para la junta. Cuando calculó que había pasado bastante tiempo, miró el reloj.
- "Un cuarto para la una" – Pensó mientras fruncía el seño levemente, pues, para ese momento tenía que desechar su dignidad e ir como un corderito manso a disculparse con su "jefe". – Kagome, más te vale que me lo agradezcas mujer, o sino te mato. – Murmuró mientras se levantaba para dirigirse a la oficina de Inuyasha.
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Inuyasha sintió unos leves golpes en la puerta y levantó la vista mientras fruncía el seño, pues, se imaginaba que sería Sango y sin duda, con una cara de cañón.
- Pase. – Dijo secamente mientras volvía a enterrar su vista en los papeles.
- Inuyasha… - Empezó a decir Sango mientras entraba y cerraba la puerta sus espaldas pero al notar el fruncimiento de seño de este, se corrigió. – Disculpe, señor Taisho… - Dijo mientras se mordía la lengua para no acabar la oración con un improperio digno de un marinero.
Caminó a paso dudoso hasta quedar al frente del escritorio de Inuyasha e inhaló aire dándose ánimos interiormente.
- Lo siento. – Dijo con la voz más lastimera que le salía pues, en realidad no se arrepentía de absolutamente nada.
Inuyasha en ese momento alzó la vista y la miró entre incrédulo y extrañado.
- Creo que oí mal. – Comentó él sin creer lo que había oído.
- Lamento haberme comportado de esa forma tan irrespetuosa conti… con usted. – Dijo rápidamente mientras intentaba mirarlo sin demostrar enfado alguno, lo cual, consiguió satisfactoriamente porque Inuyasha la miraba esta vez de la misma manera que siempre lo hacía, sin rencor ni recelos. – Me salí de mis casillas y… - En ese momento cerró los ojos e inhaló aire, no porque hubiese perdido el aliento sino que tenía que mostrarse serena y en realidad en ese momento lo que le quería era darle una cachetada a su jefe. –…usted fue mi chivo expiatorio o algo parecido. – Finalizó quedamente y desviando la vista.
- Bueno, Sango… - Empezó a decir Inuyasha más confiado con una actitud arrogante que específicamente no tranquilizó a su interlocutora. – Por lo menos aceptaste tu error.
- "Mi único error es no haberte partido el rostro cuando pude" – Pensó mientras intentaba contenerse. – Tuve tiempo para pensarlo. – Dijo con una sonrisa muy pero muy forzada.
- Entonces, ya todo arreglado, me voy. – Dijo señalando el reloj de la oficina que marcaban la una, la hora del almuerzo. Sango asintió rápidamente mientras salía después de él.
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- Dios mío, me va a dar algo. Perdí mi dignidad, un esclavo tiene más dignidad que yo, es increíble que cayera tan bajo. – Aseguraba Sango por enésima vez mientras avanzaba ofuscada, camino al restaurante. – "Lamento haberme comportado de esa forma tan irrespetuosa con usted" – Decía en un tono despectivo y burlón imitándose momentos antes. – Que lo lamento si es bueno, que se vaya a comer… no, a malas palabras no puedo llegar por ese idiota. – Se dijo a si misma con lo poco de tranquilidad que le quedaba. Pero de un momento a otro, al reconocer que había quedado en paz con Inuyasha para que este le retomara la confianza, sonrió con arrogancia y se sintió orgullosa de si misma. Ahora, todo dependía de Sesshomaru.
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El reloj marcó las dos y media. A su vez, Sango se sintió tensa y con un nudo en la garganta, tenía tiempo, era verdad, pues, desde hace quince minutos, Inuyasha ya estaba en la sala de reuniones pero aún así, sabía que lo siguiente que hiciera podría destruir el plan por completo.
- "Dios mío, ayúdame" – Rezó en silencio mientras se levantaba y sigilosamente entraba en la oficina de Inuyasha. Cerró la puerta una vez adentro y se aseguró de que nadie estuviese cerca. Con paso dudoso se ocultó en una de los rincones oscuros por si entraba alguien, después de todo, el fax daría el aviso para cuando llegara la información.
Pasaron quince…veinte…treinta minutos… y los papeles no llegaban. Sango se empezó a exasperar y con angustia veía una y otra vez su reloj. Finalmente, cuando había perdido todas las esperanzas, el aparato sonó y salió un papel con una letra pequeña. Sin pensarlo dos veces, se acercó y tomó la hoja y leyó entre líneas.
- "Aquí está el teléfono" – Pensó mientras observaba entre una de las últimas líneas el número de un celular. – "Ojalá todo salga bien" – Deseó mientras guardaba el papel en uno de sus bolsillos y se encaminaba a la puerta que conectaba con la oficina de Miroku, pero para su mala suerte, él estaba entrando en ese momento y la vio. – "Oh, no" – Pensó alarmada y sin saber que hacer.
- Sango, ¿me puedes explicar que haces aquí? – Preguntó Miroku terminando de cerrar la puerta a sus espaldas y mirándola extrañado.
- Es que…yo… pues… - Sango balbuceaba evidentemente nerviosa pues, una cosa era mentirle a Inuyasha, que lo veía sólo como un amigo, un molesto y detestable pero a la final amigo, el cual, para su suerte era más crédulo y manejable. En cambio, con Miroku las cosas no eran tan fáciles, pues, no reaccionaba igual al estar con él, además de que no se atrevía a mentirle.
- Sango… - Volvió a llamar Miroku al ver la lucha interna en la que se debatía Sango.
- Ayúdame. – Susurró sin poder mentirle y con la cabeza baja. – Ayúdame a traer a Kagome de vuelta. – Acotó.
- ¿Qué? – Preguntó sin entender mientras se acercaba a ella y con el seño levemente fruncido la observaba minuciosamente. - ¿De qué me estás hablando? – Volvió a cuestionar.
- Yo… yo tengo el número del celular de Sesshomaru, quería…quería pedirle ayuda. – Se explicó sin quitar la vista del suelo.
- Sango, mírame. – Pidió mientras observaba como Sango dudosamente le hacía caso. – Yo no soy como Inuyasha y no te voy a gritar o algo parecido, aunque claro, cuando Inuyasha me sacó la madre hace rato por tu culpa, seguramente no hubiese pensado tan racionalmente en ese momento. – Se explicó con una media sonrisa. – Dime, ¿cómo es eso que tienes planeado?
- Yo… - Sango sintió una alegría interna inexplicable al ver el apoyo del ser más importante para ella. – Mira, la cosa es esta… - Empezó a decir, ya una vez más confiada.
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Sesshomaru estaba en el aeropuerto, esperando impacientemente a que su avión estuviese listo. De un momento a otro sintió como le vibró el celular en uno de los bolsillos de su chaqueta.
- "Maldición, se supone que nadie debería saber de este número aún" – Pensó mientras observaba un número desconocido en la pantalla. Con un leve fruncimiento de seño, atendió la llamada. – Aló. – Dijo de mala gana pero con su acento inexpresivo.
- Señor Sesshomaru, soy Sango, secretaria de Inuyasha. - Se presentó Sango algo intimidada por la autoridad que aún en teléfono, Sesshomaru manifestaba.
- Ok. – Respondió sin interés y con las facciones un poco más relajadas.
- Disculpe que lo moleste pero le quiero pedir un favor, es sobre Kagome… - Empezó a explicar Sango pero Sesshomaru la interrumpió.
- La ayuda que pude dar, ya la di. No me molesten. – Dijo secamente.
- Pero usted no entiende, Inuyasha no va a ir a Londres. – Logró decir Sango para que Sesshomaru se detuviera al ir acercando su dedo al botón del celular para cortar la llamada.
- ¿Cómo? ¿Acaso al engendro aquel no le importa la seguridad de ella?– Preguntó algo extrañado pues porque juraba que de verdad había visto preocupación en los ojos de Inuyasha la última vez que lo vio.
- Oh, juro que de verdad le importa pero es muy testarudo, en fin, su ayuda es muy necesaria, por favor, escúcheme. – Suplicó Sango desesperada.
- Está bien – Accedió Sesshomaru, más porque tenía curiosidad de lo que pasaba en general que por lo que le estuviese pasando a su medio hermano.
- Por favor… - Empezó Sango mientras Miroku a su lado, silenciosamente le daba apoyo.
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- Inuyasha… - Dijo Sango entrando a la oficina de Inuyasha sin siquiera tocar ni fijarse en su seño fruncido. – Tienes un viaje de último minuto. – Se explicó Sango mientras apoyaba sus manos en el escritorio de él.
- ¿Disculpa? – Cuestionó Inuyasha sin entender.
- Te vas a Londres. – Dijo sin anestesia.
- Sango… yo juraba que ya tú habías superado… - Empezó a sermonearla Inuyasha.
- Me importa un pepino si consigues a Kagome o no, es por un negocio, idiota. – Explicó sin poder evitar usar ese tono y lenguaje.
- Voy a pasar por alto lo de "idiota" – Avisó Inuyasha resentido. - ¿Cómo que un negocio?
- Hay un cliente el cual, viaja mañana a Londres y quería hacer un trato contigo por 200.000.000 dólares por un nuevo intercambio de beneficios, no sé mucho de detalles pero yo te digo, es platica lo que te están ofreciendo, bastante billete por cierto. Y para serte honesta, merezco un aumento. – Dijo tan segura de si misma que cualquiera hubiese caído ante el engaño.
- ¿Y cómo se llama nuestro solidario cliente? – Preguntó con los ojos entornados mientras dudaba de la palabra de ella.
- Henry Smith. Si no me crees, consulta con otros funcionarios o llámalo tú mismo. – Respondió sin inmutarse ante la actitud desconfiada de Inuyasha.
- ¿Tienes su número? – Preguntó intentado desenmascarar a Sango.
- Aquí está. – Le dijo esta con una sonrisa triunfal mientras le estiraba un papel con unos cuantos datos.
- Ummm, ¿y por qué en Londres? – Volvió a cuestionar.
- Pues, mi estimado Inuyasha, su sede principal está allá, entonces, para tanto dinero hay que agarrar fuerza y la mayor parte del patrimonio está a nombre del banco de Londres. – Dijo de una forma muy tranquila.
- De todas maneras lo llamaré. – Dijo en un tono donde indirectamente estaba advirtiendo a Sango.
- ¿Necesitas que te marque el número o puedes tú solo? – Preguntó burlonamente al ver como Inuyasha aún dudaba de ella.
- Vete. – Exigió algo resentido con Sango por haber podido evadir cualquier tipo de sospecha.
- Yo también te adoro. Bye, Inuyasha. – Se despidió mientras a paso calmado salía de la oficina.
Inuyasha miró el papel en sus manos y frunció el seño, aún así, marcó, pues no creía que el destino fuese tan cruel como para darle una oportunidad mala y a la vez fortuita de volver a ver a Kagome aunque fuese un instante. Se sentía acongojado y confundido, en esos momentos quería tener un arma a mano para meterse un tiro por la nuca.
- Maldita sea. – Masculló al oír como la línea sonaba, siendo un verdadero número de teléfono.
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Hola, lamento el retraso pero es que ahorita, como es mi última semana de vacaciones, toda la pereza que no se manifestó en las vacaciones (porque a pesar de todo lo que vaguee, parece que quedó más ¬¬) le dio por aparecer ahorita, así que he andado de lo más holgazana que pueda abarcar la palabra, por eso, gomen Por cierto, muchas gracias por los reviews, como siempre, espero que este capítulo les haya gustado y que haya podido hacer que la espera valiera la pena, después de todo, en el siguiente va haber reencuentro, jeje. Veamos como ustedes viven con la intriga, muajajaja. No mentira, ya veremos como sale el siguiente, después de todo, depende de cómo ande para que el capítulo sea o cómico o trágico o lo que sea, xD. Por favor, me dejan su opinión y nos vemos luego. Sayonara.
