Fría como el fuego
De nuevo juntos
Inuyasha caminaba en medio del aeropuerto con una maleta a rastras. Su semblante era inescrutable y no estaba del todo seguro de hacer lo que tenía planeado hacer. En un lugar más o menos estratégico se quedó quieto mientras miraba a su alrededor para ir al encuentro de la persona tan buscada. Luego de unos segundos, pudo divisar al individuo. Con paso seguro y expresión impasible se dirigió hasta él.
- Me imaginé que serías tú, Sesshomaru. – Dijo una vez que se hubiese posado al frente de su hermano.
- Hola a ti también. – Comentó sarcástico mientras ambos se lanzaban miradas desafiantes. – Yo estoy aquí es porque ese negocio te lo conseguí yo. – Aclaró.
- ¿Y de cuándo acá me apoyas en mi empresa? – Inquirió incrédulo.
- De la empresa de Kagome. – Rectificó mientras veía que Inuyasha tensaba los músculos de su mandíbula pero no respondía nada. – Y lo hago porque te pediré algo a cambio, la compra del pasaporte, no puedo estar un minuto más en Japón. – Agregó sin una pizca de emoción.
- Pero en este momento… - Empezó a quejarse Inuyasha.
- Yo ya lo pagué. – Aclaró Sesshomaru antes de que Inuyasha siguiera. – Pero tú me reembolsarás. – Decretó.
Inuyasha lo miró con reticencia mientras movía inquietamente sus pupilas intentando encontrar más información en el rostro de Sesshomaru, algo que se le haría más fácil si buscase una aguja en un pajar pues su hermano no se inmutó con su escrutinio.
- ¿Y cuándo caíste en bancarrota para que necesites de mí a nivel económico? – Volvió a inquirir desconfiado.
- No estoy en bancarrota pero no me molestaría recibir el veinte por ciento de las ganancias. – Comentó Sesshomaru encogiéndose de hombros. – Aún así, no pretendo nada más, al menos por esa parte. – Dijo sinceramente.
- ¿Por qué te vas a Londres? – Preguntó.
- Mira, continúa el interrogatorio en el avión porque vamos a perder el vuelo. – Dijo mientras escuchaban como llamaban a los pasajeros de su vuelo.
Inuyasha se quedó otro instante mirándolo como si le estuviese advirtiendo algo pero en silencio se dio media vuelta y empezó a caminar seguido por Sesshomaru.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
- ¿Me llamaste? – Preguntó Yura mientras entraba en el despacho de Hiten.
- Sí. – Respondió mientras alzaba a vista. – Nos vamos. – Decretó.
- ¿A dónde? – Preguntó temerosa.
- A Londres. Según tú, Inuyasha viajó para hacer algún negocio en otro país. Mientras tanto, aprovechemos el momento para vengarnos de nuestra derrota. – Dijo serio.
- Pero, ¿cómo así? Es decir, ¿qué pretendes? – Decía algo alterada.
- Fácil. Esa niña estará desprotegida y con un tiro limpio acabamos con todo. Pagaremos por el trabajo y ya. Entretanto mientras se investiga, viajaremos a América.
- Que yo sepa, Inuyasha le dejó un guardaespaldas a ella. – Comentó Yura recelosa.
Hiten rió estruendosamente mientras un brillo siniestro se mostraba en sus ojos.
- Yo ya sé de eso. Es simplemente un viejo. Se llama Totosai Mizuki, sólo vigila que Kagome esté bien, pero más nada. Si es necesario, lo matamos también. – Dijo con una sonrisa triunfal.
- ¿No hay nadie más de su lado? – Preguntó insegura.
- Tengo mis sospechas que Inuyasha sabe más de lo que nos conviene, pero primero lo primero. Matamos a Kagome y luego veremos como hacemos callar para siempre a ese enclenque.
- Ok. – Dijo resignada.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Inuyasha una vez llegado a Londres junto con Sesshomaru, el cual se volvió taciturno de repente, bueno, más de lo que era, había generado estrés en él. Sabía de Kagome, era cierto, ya llevaba varios días allá y se había podido entrevistar con Totosai en persona, el cual dice que pasaba frecuentemente por el negocio donde trabajaba Kagome, se había vuelto amigo de un tal Myoga Ikeda, que era uno de los dueños del local y que a través de Kagome, era que su tienda había prosperado. Totosai también explicó que Kagome ni siquiera sabía quien era y mucho menos de su misión encubierta, tal y como se lo había exigido Inuyasha. Este último se tranquilizó de esto pero también quería ver a Kagome aunque fuese un instante. Le pidió a Totosai la dirección del local, excusándose que era simplemente por información necesaria. Este se lo escribió en un papel y se lo entregó. Inuyasha le agradeció y sin más se fue, despidiéndose con un ligero asentimiento de cabeza. Luego de ello, fue a su habitación con intenciones de descansar, a pesar de estar en plena tarde del día. Sin embargo, con el conocimiento y la tentación de volver a ver a Kagome aunque fuese desde lejos, su objetivo de descansar le fue imposible de alcanzar. Rindiéndose se volvió a vestir y luego de colocarse el abrigo, tomó el papel y salió. Se encontró con Sesshomaru en planta baja y luego de dar una excusa de que iba a tomar café en las afueras, salió apresuradamente perdiéndose del gran acontecimiento del año: una leve sonrisa en Sesshomaru que duró una fracción de segundo, pero que sucedió.
- ¿Con quién crees que estás tratando, Inuyasha? – Preguntó al viento mientras meneaba negativamente la cabeza. – Veremos que pasa. – Agregó pensativamente.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
- Kagome, ¿puedes limpiar un poco la tienda? Te ayudaría pero voy a salir de compras y Myoga fue a que el consulado para acomodar todo lo relacionado sobre tu estadía acá, ¿de acuerdo? – Preguntó Kaede mientras se terminaba de poner el abrigo y tomaba su bolso.
- No se preocupe. – Respondió Kagome con una sonrisa, la cual, reflejaba claramente su tristeza interna. Kaede se afligió al verla así y le daba cargo de conciencia dejarla sola, aún así, ya habían pasado dos semanas y media; y al parecer la estadía de ella en Londres iba a durar un buen tiempo, su única alternativa era resignarse, algo de lo que estaba conciente Kagome y que le había costado noches de llanto. Es más, Kagome se había jurado a si misma que al ver a Inuyasha de nuevo, si es que se daba tal acontecimiento, le sacaría hasta la madre por el sufrimiento que fue capaz de causarle.
- Muy bien. Gracias pequeña, adiós. – Se despidió Kaede mientras volteaba el aviso de la tienda y lo colocaba como cerrado. – Dejaré la puerta abierta por si Myoga vuelve. – Avisó para terminar saliendo.
Kagome asintió y se despidió con la mano. Prendió las cornetas de la computadora y puso a reproducir la música que tenía almacenada en el equipo, proveniente más que todo de la de su Mp3. Se amarró un pañuelo en el cabello, se colocó un delantal azul y tomó el cepillo de barrer.
- Forgive, sounds good… - Empezó a cantar según la canción que estuviese sonando. – Forgive, I'm not sure I could…
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Inuyasha caminaba desesperado entre las calles sin señales de la tal tienda de antigüedades.
- O Totosai se burló de mí o carezco de sentido de la orientación. – Pensó en voz alta mientras mantenía un paso apurado. – Más le vale que sea lo segundo, o sino ese viejo no va a tener la suerte de llegar a los noventa años. – Masculló resentido.
De un momento a otro, observó a una figura muy conocida por él detrás de unas vitrinas. Se paró en seco y admiró la imagen de Kagome mientras limpiaba la tienda. Sus ojos escudriñaron su aspecto y se le veía concentrada en lo que hacía y… movía sus labios, seguramente hablaba con alguien que estuviese adentro o cantaba. Que importaba ya, todos sus pensamientos racionales de que "la veía y salía corriendo para que no se entere" se esfumaron, creándose el fuerte deseo de tenerla en brazos. Con la mente nublada no se dio cuenta de que ya había avanzado y que había entrado en el recinto. Lo primero que hizo reconocer tal acción por su parte, fue la música que estaba sonando…
Tu
Recuerdo Sigue aquí, como un aguacero.
Rompe fuerte sobre
mí, pero a fuego lento.
Quema y moja por Igual
Y ya no
sé lo que pensar, si tu recuerdo me hace bien o me hace
mal.
Un beso gris, un beso blanco, todo depende del lugar
Que
yo me fui, eso está claro, pero tu recuerdo no se va
Siento
tus labios en las noches de verano, ahí están,
cuidándome en mi soledad,
pero a veces me quieren matar.
Durante
todo el tiempo que había durado esa parte de la canción,
se había quedado estático y Kagome no se había
enterado de su presencia allí, pues, estaba de espaldas,
limpiando algunas repisas, además de que esa canción la
tenía hundida en su mundo interior.
-
Tu Recuerdo Sigue aquí, como un aguacero.
Rompe fuerte
sobre mí, pero a fuego lento.
Quema y moja por Igual
Y
ya no sé lo que pensar, si tu recuerdo me hace bien o me hace
mal…
Kagome cantaba con tal sentimiento que hizo sentirse a Inuyasha como un vil gusano. Ella siguió cantando mientras él la escuchaba embelesado y triste a la vez.
A
veces gris, a veces blanco, todo depende del lugar
Que tú
te fuiste, eso es pasado, sé que te tengo que olvidar
Pero
yo le puse una velita a todos mis santos
Ahí están
pa' que pienses mucho en mí, no dejes de pensar en mí.
Tu
Recuerdo Sigue aquí, como un aguacero
Rompe fuerte sobre
mí, pero a fuego lento.
Quema y moja por Igual
Y ya no
sé lo que pensar, si tu recuerdo me hace bien o me hace mal
Cuando por fin se atrevió a hablar, musitó su nombre muy bajo, dudando que Kagome lo hubiese escuchado.
- Kagome… - Dijo sin voz.
Kagome no lo había escuchado ni entrar ni hablar pero como si alguna especie de proceso biológico se hubiese vuelto a activar en su ser, sintiendo esa inconfundible presencia, pensando que era su imaginación, la había ignorado al principio pero cada vez se hacía más fuerte y dolorosa. Inuyasha no había pronunciado palabra alguna luego de atreverse a decir su nombre y Kagome se resistía a voltearse, pensando que lo que faltaba para ser de su vida más deprimente es que se estuviese volviendo loca, por ello, luchando contra su voluntad, no había volteado.
Piensa
en mí, es antídoto y veneno al corazón.
Piense
bien, que quema y moja, que viene y va.
Tú dónde
estás, atrapado entre los besos y el adiós.
Tu
recuerdo sigue aquí como aguacero de mayo
Rompe fuerte
sobre mí y cae tan fuerte que hasta, me quema hasta la
piel
Quema y moja por igual, y ya no sé lo que pensar.
Si
tu recuerdo me hace bien o me hace mal
Al final, la presión de su alma fue insoportable para Kagome y rindiéndose empezó a voltearse sin abrir los ojos mientras se limpiaba las manos con el delantal.
Tu
recuerdo sigue aquí, le lo lai le lo le lo ohhh
Rompe
fuerte sobre mí, pero que rompe, rompe... el corazón
quema
y moja por igual, sé que te tengo que olvidar...
- Tu recuerdo me hace bien y me hace mal…
En ese momento miró al frente quedándose estupefacta de lo que veía. Sus ojos se abrieron como platos e inmediatamente, como si hubiesen sabido que ese momento iba a llegar, se inundaron de lágrimas que pugnaban por salir. Todo para ella se silenció, nada ni nadie en el mundo exterior existía ya, sólo la imponente y masculina figura que tenía al frente mirándola con una mezcla de sentimientos totalmente indescifrable.
- Inuyasha… - Musitó mientras las lágrimas corrían sin cesar por sus ahora pálidas mejillas. – INUYASHA… - Repitió mientras corría hasta él y lo abrazaba. Inuyasha inmediatamente le devolvió el abrazo, estrechándola contra sí como si el hecho de soltarla significara que no la iba a volver a ver. – Inuyasha, oh, Inuyasha… - Decía entre sollozos. Inuyasha besó su espesa cabellera mientras la consolaba.
- Tranquila, ya estoy aquí. – Respondió dulcemente mientras le acariciaba el cabello.
En ese momento, Kagome reaccionó, despertando de su ensueño. Se separó de él, viendo como Inuyasha mostraba una mueca de frustración al dejarla libre. Dio dos pasos hacia atrás, se limpió las lágrimas como pudo y posó sus puños en las caderas frunciendo el seño ante la mirada incrédula y atónita de Inuyasha.
- ¿Por qué demonios has tardado tanto? –Preguntó con una voz letal que dejó perplejo a Inuyasha.
- Este yo… - Empezó a balbucear intimidado.
- ¿Querías probarme acaso? ¿Jugar con mis sentimientos? – Interrogaba acusadoramente.
- ¡NO! – Respondió Inuyasha vehemente ante la mirada desconfiada de ella. – Juro por Dios que estos días han sido interminables para mí. – Agregó sin medir lo que decía pues tales palabras no creía que iba a decir tan abiertamente. Algo con lo que se asombró Kagome también, pero que luego mostró una expresión más impasible como si le restara importancia.
- ¿Por qué duraste tanto? – Volvió a preguntar.
- Sentí que si me habías dado la empresa era porque corrías peligro y si estaba lejos de ti, estarías segura. – Explicó calmadamente. Kagome lo miró con el rostro desencajado e Inuyasha preguntó sin entender por qué tal expresión, un grave error por cierto. - ¿Qué? – Cuestionó ingenuamente.
- ¿Cómo que qué? ¿Tú crees que he estado feliz de la vida acá? ¿Qué no te he necesitado como el aire? ¡Por Dios! ¡Si hasta me emborraché, lo cual es lo más desagradable del mundo! ¡Lloré a moco tendido por ti y tú ignorante de todo! – Le reclamaba abiertamente ante el anonadamiento de él, porque de hecho, él se había emborrachado muchas veces desde su ausencia, pero prefirió no comentarlo. - ¿Qué? – Continuó Kagome. - ¿Crees que la mujer de hielo no tiene un límite? – Le recriminó.
En ese momento entró una mujer que miraba sin entender a los dos, pues, era londinense y no manejaba el japonés, no entendía nada y obviamente no concordaba en el cuadro. Kagome la miró furibunda.
- ¡GET OUT! – Ordenó a la atemorizada mujer, que obedeció sin chistar. – Aquí uno no puede ni pelear con privacidad. – Masculló resentida ante una fugaz sonrisa burlona en Inuyasha.
- Kagome… - Dijo él pausadamente, retomando la conversación una vez que la desconocida se hubiese ido.
- No me vengas con voces seductoras ahora, yo me prometí que si te volvería a ver te iba a sacar la madre si era necesario y… - Pero fue interrumpida abruptamente por los labios de Inuyasha sobre los suyos. Esta vez, el ansia de ambos estaba a un nivel parejo y Kagome sin inhibiciones de ningún tipo que por lo general mostraba, correspondió ardientemente echando los brazos al cuello de Inuyasha, mientras este la sujetaba firmemente de la cintura. El beso se hacía cada vez más profundo y exigente, experiencia única en ambos pero lamentablemente el momento fue cortado por una tos sonora. Al separarse de mala gana, dirigieron ambas miradas hacia donde provenía el sonido y quedaron asombrados de ver a Koga.
- Vengo a ayudar y me encuentro con semejante espectáculo. – Dijo con una sonrisa burlona.
- Koga, pero tú no eras que… - Empezó a decir Kagome contrariada separándose por completo de Inuyasha.
- ¿No iban a volver a saber de mí? Bueno, si, pero me arrepentí, mejor dicho, pude encontrar la información que necesito para acusar a Hiten y a Yura. Sus antecedentes son más que prueba para llevarlos presos, además, de que adquirí un registro de todas sus transacciones y planes, provenientes de la misma empresa de él. A sólo nivel de industria y manejo legal de una empresa, puede ir preso por numerosas faltas en su expediente. – Aseguró ante la mirada asombrada de Inuyasha y Kagome.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
- ¿Y ahora qué Hiten? – Preguntaba Yura con la maleta a rastras entrando en un hotel al lado de su jefe.
- Encontrar a Kagome. – Respondió simplemente. – Y todo lo demás que te dije del plan.
- ¿No sacaremos ningún tipo de provecho de este viaje? – Le reprochó.
Inmediatamente Hiten lanzó una mirada gélida a su asistente, la cual, se calló y agachó la mirada.
- ¿Para cuándo? – Cuestionó insegura.
- Para mañana mismo. – Aseguró mientras terminaban su conversación en ese momento, al llegar hasta el recepcionista.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Inuyasha se había puesto en contacto con Sesshomaru y con Totosai para que ellos cuadraran con Koga la estratagema contra Hiten y Yura ese mismo día. Esa misma tarde, estaban todos reunidos en la tienda de los señores Ikeda. Kagome observaba preocupada todo el movimiento, dudando de su infalibilidad. Aún así, no había puesto queja alguna, sólo se limitó a hacer té y servir una merienda ligera. Cuando regresó a la cocina, Inuyasha aprovechó de seguirla para hablar con ella a solas.
- Kagome… - Escuchó desde atrás. Ella saboreó el momento, pues, aún pensaba que estaba en uno de sus tantos sueños con un reencuentro con él imaginario. Volteó y lo miró con adoración. - ¿Qué es lo que quieres hacer ahora? – Preguntó él cordialmente, refiriéndose al plan.
Kagome inspiró hondamente mientras en su mente salía otra clase de respuesta.
- "¿Qué tal si te casas conmigo?" – Preguntó mentalmente mientras le sonreía a Inuyasha. – En realidad, ustedes se enterarán de que tengo materia gris y que soy un ser pensante perfectamente evolucionado cuando baje de las nubes. – Avisó sinceramente ante la sonrisa de satisfacción y resignación de Inuyasha. - ¿Qué? Tú eres el que me tiene así. – Dijo con una sonrisa burlona, desbordante de felicidad.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Ando
hiper recontra apurada, estresada y de todo porque tengo dos exámenes
mañana así que disculpen que sea breve. Lamento el
retraso, muchas gracias por sus reviews, la canción se llama
"Tu recuerdo" de Ricky Martin y espero que el capítulo
sea de su agrado y me dejen su opinión. Sayonara.
