Fría como el fuego
Manos a la obra
Inuyasha caminaba como león enjaulado por todo el recinto. Los demás sólo se limitaban a seguir sus movimientos con la vista en un especie de trance hipnotizante. Kagome se dio cuenta de esto y se levantó decidida, se acercó a Inuyasha, el cual se detuvo al ver que ella se aproximaba pero lo que lo desconcertó fue que Kagome no le dirigió ninguna palabra, sólo lo empujó por el pecho y él inconscientemente echó para atrás, cayendo sentado en el sofá. La miró confundido, y ella por fin habló.
- Quédate ahí, ya estoy bastante nerviosa como para que le vengas a echar leña al fuego. – Le dijo autoritariamente para luego darse media vuelta y sentarse en el mueble opuesto, dejándolo todo de nuevo en un sepulcral e irritante silencio.
En realidad, no era para menos, ya se había localizado a Hiten y de que, cómo por gracia de Dios, se lo daban en bandeja de plata, pues, él andaba en Londres, aunque como todo, tiene sus pro y sus contra. Y el pro era que estaban cerca, facilitando los trámites del plan de captura pero los contra, resumiéndose en uno era que: Sus vidas estaban amenazadas por más peligro de lo que ya estaban. Entonces, todos estaban preocupados por su propio pellejo excepto, claro está, dos enamorados testarudos que se preocupaban uno por el otro antes de hacerlo consigo mismos.
- "Esto no me gusta, ese plan tiene carencia de detalles, por lo menos, nosotros o mejor dicho, Inuyasha, ¿qué será de él? Él tiene el dinero por mi culpa, siendo el más afectado y amenazado… ¿qué se supone que debo hacer?" – Pensaba Kagome con angustia, reflejándola claramente en su expresión.
Inuyasha desde el otro sillón observaba el rostro afligido de la muchacha y también se debatía mentalmente.
- "Kagome, no me gusta que esté así, yo daría hasta mi vida por ella pero ¿y si fallo? No, no puedo, temo por ella y por lo que yo haga…" – Inuyasha sin soportarlo más se levanta y sin mirar a nadie, excepto a Kagome, se dirige a la cocina. Afortunadamente, nuestros protagonistas habían aprendido a entenderse por miradas y Kagome captó el mensaje de seguirlo, por tanto, se levantó también y lo siguió. Tanto Koga como Sesshomaru se miraron como diciendo: "Para rematar la velada, un par de tórtolos"
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Kagome llegó hasta donde estaba Inuyasha, el cual se encontraba apoyado en la puerta de la nevera con los brazos cruzados en pose pensativa, al sentir otra presencia ladeó el rostro y miró seriamente a Kagome. Esta no se intimidó por tanta seriedad y haciéndole un ademán de que se quitara se dirigió a la puerta del refrigerador. Inuyasha en otra ocasión quizá la hubiese molestado y fastidiado mientras le impedía el paso, pero en tales circunstancias, sólo se movió a un lado. Kagome examinó el contenido y finalmente se decidió por sacar la botella de jugo de manzana procesado (porque el natural sabe mal, bueno, el que yo he probado si, no sé, xD) en realidad, para el momento hubiese sido mejor una botella de licor pero luego de su última experiencia con el alcohol, prefirió omitir ese elemento en sus bebidas, a menos que fuese estrictamente necesario.
Luego de cerrar la puerta, se dirigió a la mesa y tomó dos vasos de la alacena, se dirigió de nuevo hasta donde estaba el jugo y lo sirvió en un vaso primero, apartándolo para ella y luego agarró la botella y se la mostró a Inuyasha en señal de pregunta de que si quería él también. Ante eso, Inuyasha rió, relajándose por un instante para luego mirarla divertido.
- ¿No hay algo más fuerte? ¿Aquí no hay nada que llegue aunque sea a refresco? – Preguntó burlón. Kagome arqueó una ceja y lo miró reprochadoramente.
- El refresco está en el gabinete inferior pero está caliente, los hielos del refrigerador están acabados de meter, así que no se han congelado por completo, tú dices si lo quieres a temperatura ambiente. – Explicó neutralmente mientras acercaba el vaso a su boca.
- Bueno, sí, me quedo con el jugo. – Aceptó resignado acercándose hasta donde estaba ella. Kagome le sirvió el jugo y le estiró el vaso. Inuyasha no lo aceptó muy a gusto pero era lo que había, quizás si se caía a embuste y juraba que era whisky, su cerebro produciría alguna hormona que le causara los efectos del alcohol, pero claro, es anatómicamente imposible para su desconcierto. Tomó el jugo y cuando terminó lo dejó en la mesa junto al vaso que había dejado Kagome, luego de ella haberse tomado todo el contenido de este.
- Oye… no sé, no sé como… - Empezó a balbucear kagome intentando encontrar las palabras adecuadas. Finalmente, luego de inhalar aire, dijo una oración completa. – No sé como disculparme por todo en lo que te he metido. – Musitó desviando la vista.
- ¿Meterme en qué? – Preguntó Inuyasha confundido.
- Tú sabes, el plan, el peligro a que te quiten la vida, la empresa, todo… - Decía con una expresión abatida llevándose las manos a ambos lados del rostro.
- ¿O sea qué tu preocupación no es por ti misma? ¿Ni por el riesgo que corres tú? – Preguntó incrédulo.
- ¿Para qué? – Respondió Kagome mirándolo finalmente. – Si fuese por mí estaría escuchando música en mi habitación mientras cuento cuantas telarañas hay en el techo esperando a que me caiga alguna bomba o bala. – Dijo fastidiada.
- ¡Que autoestima! – Espetó enfadado. - ¿No te podrías valorar un poco más?
- Bah, si me voy de este mundo mejor. – Dijo en un tono quitándole importancia al asunto. – Total, Shippo se quedaría contigo, Sango puede conseguirse otra mejor amiga y…
- ¿Y yo? – La interrumpió.
- ¿Perdón? – Preguntó contrariada.
- ¿Y yo como quedo, Kagome? ¿Qué se supone que haría yo? – Cuestionó con una seriedad que hasta la misma Kagome se extrañó de ello.
- Pues… te quedas con la empresa… - Empezó Kagome algo extrañada por la pregunta.
- No me refiero a eso. ¿Qué se supone que haría yo si tú no estás?
- Ummm, cantar la canción de Franco de Vita: "Si tú no estás, mi vida se me va…" – Dijo mientras reía tratando de relajar el ambiente pero sin éxito alguno, por lo que tuvo que volver a callarse y meditarlo un poco. – No sé, supongo que me olvidas y luego buscas a alguna mujer que te enamore con la cual casarte y tener hijos… - Comentó encogiéndose de hombros. En ese momento Inuyasha la veía enojado pero Kagome no entendía por qué, no había dicho nada para ofenderlo según ella. Aún así, antes de que Inuyasha se explicara, sintieron como Koga entraba abruptamente a la cocina.
- ¡Muévanse! ¡Hiten se ha escabullido y no sabemos donde está! – Exclamó. Inuyasha y Kagome se volvieron a mirar, pero la mirada de Inuyasha tenía más significado, pues, en palabras se traducía: "Aún no hemos terminado"
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Al llegar a la sala, observaron a Sesshomaru hablando acaloradamente por teléfono.
- Maldita sea, ¡hable más rápido! – le exigía al oficial que se esforzaba por hablar correctamente el japonés. Exasperado, Sesshomaru empezó a hablar en inglés tratando de recibir la información más eficazmente. –…No, I can't… no… ¡Son of bitch! – Ante tales palabras, todos quedados asombrados con aquella faceta de Sesshomaru.
- Sesshomaru, ¿qué pasa? – Inquirió Inuyasha sin esperar a que su hermano terminara la llamada. Este le hizo un ademán con la mano de que se esperara. Cuando finalizó, los miró con un semblante impasible pero cierto matiz de angustia se mostraba en su mirada de hielo.
- Mi… léxico usado en la llamada… – Comentó a continuación de un leve carraspeo. - …se debe a que Hiten se nos perdió de vista, engatusando a uno de mis hombres, por eso dirigí los improperios contra él; no sé a ciencia cierta los detalles porque con el inepto con el que hablé lo decía todo atropelladamente dejándome a mí sin entender mucho. – Comentó resentido. – Lo único que estoy seguro escuché bien e- "He's not in the hotel"
- ¡Que precisión! – Exclamó Kagome sarcásticamente mientras llevaba sus manos a la cintura.
En ese momento, aparecieron en escena la pareja Ikeda, ambos usaban ropa de dormir y los veían preocupados, a los cuales, Kagome se las había arreglado anteriormente para que se fueran a la cama, asegurándoles que estaban todos a salvo.
- Mi niña, ¿qué pasa? –Decía Kaede bastante angustiada. Kagome al verla se conmovió y se acercó hasta donde estaba y en tono dulce le respondió.
- Tranquila Kaede, vamos a solucionar esto, ¿sí? – Le reconfortó tomándola por los hombros. – Aunque les quería pedir un favor.
- El que sea, hija. – Terció Myoga con un semblante de preocupación semejante al de su esposa.
Kagome desvió la vista un momento hasta el anciano y le sonrió para luego volver a mirar a la confundida Kaede.
- Quiero que se preparen, hagan una pequeña maleta y Koga se encargará de llevarlos a un hotel para que pasen la noche, esta casa no es segura ahora. – Pidió amablemente.
- No, Kagome, no te podemos dejar aquí así… - Decía Kaede contrariada.
- Yo me comprometo a cuidarla. – Interrumpió Inuyasha solemnemente.
- Tú… - Kaede lo observó fijamente tratando de buscar la verdad en sus ojos. De un momento a otro sonrió ante la extrañeza de Inuyasha por ese gesto. – Estoy segura de que cumplirás esa promesa al pie de la letra. - Comentó con un leve asentimiento de cabeza. Volvió a mirar a Kagome y la soltó. – Muy bien pequeña, nos vamos, y cuida mucho a ese caballero. – Dijo señalando a Inuyasha con el índice junto con una sonrisa pícara que Kagome no supo como interpretar.
La pareja se despidió rápidamente y subieron a recoger algunas pertenencias antes de irse.
- Muy bien… - Dijo Kagome volteándose. Miró la hora en el reloj, las 02:30 a.m. Definitivamente, el día había pasado lento. Suspiró cansada y volvió a mirar a todos. – Si no les molesta y no está en contra de algunos principios machistas que puedan tener, estoy a cargo de lo que siga.
- ¡Esa es la Kagome que quería que volviera! – Exclamó Koga alegremente. Inuyasha lo fulminó con la mirada pero no dijo nada.
- Muy bien, uno a mi favor. ¿Qué dicen los demás? – Preguntó refiriéndose a los hermanos Taisho.
- ¿Qué tienes planeado? – Inquirió Inuyasha.
- Pues… atrapar a los malos. – Comentó con una sonrisa de autosuficiencia.
- Sé más específica. – Pidió Sesshomaru, o mejor dicho, ordenó. Aún así, Kagome prefirió ignorar ese gesto, pues, era la naturaleza de él.
- Obviamente, Hiten sabrá de nuestras coordenadas y… - En ese momento fue interrumpida por la melodía de un celular. Sesshomaru revisó su bolsillo y sacó su móvil pero antes de contestar la llamada, ya Kagome le había quitado el aparato, contestando ella.
- I'm Kagome Higurashi, the new chief. – Informó ante los atónitos presentes. – Ok… yes…¿Is she in jail? …ok… no… We don't know…ok…thank you… goodbye. – Luego de finalizar la llamada, suspiró y le entregó el celular a Sesshomaru, el cual rechazó. – Bueno, atraparon a Yura, no ha confesado nada aún. Creo que debería alguien ir a hablar con ella…- Sugirió.
- Yo lo haré. Inuyasha dame tu celular. – Anunció Sesshomaru dándose media vuelta para salir mientras esperaba por su hermano. Inuyasha de mala gana le entregó su móvil y una vez hecho esto, el mayor de los Taisho salió sin del lugar sin despedirse siquiera.
Cuando hubiese desaparecido de la vista de todos, retomaron la conversación.
- Pero… - Empezó Koga. – Si Sesshomaru se va y yo tengo que cuidar de los ancianos Ikeda, ¿quién se supone que se quedará con Kagome?
- Pues yo. – Le dijo Inuyasha con una expresión de que era lo más obvio. Koga sin embargo no confiaba mucho en él.
- Kagome, ¿es confiable? – Preguntó ignorándolo por completo. Gesto que hizo encender la ira en Inuyasha.
- ¡Maldito bastardo, no me vengas con que te preocupa Kagome luego de tener intenciones de asesinarla! – Le espetó, haciendo que la mandíbula de Koga se tensara y su mirada lo fulminara.
- Wow, wow, wow, calmémonos. – Pidió Kagome interponiéndose entre los dos. – Estamos en el mismo bando, ¿recuerdan? Koga, estaré bien al estar con Inuyasha e Inuyasha, Koga nos está ayudando, es suficiente prueba de que se ha redimido.
Ambos hombres se alejaron de Kagome y como la pareja Ikeda iba bajando, Koga inmediatamente fue tras ellos, quedando sólo Kagome e Inuyasha en esa casa.
- Este… ¿tienes arma? – Preguntó Kagome a Inuyasha acordándose en ese momento de ese "pequeñísimo" detalle.
- Sí. – Afirmó para alivio de Kagome.
- Yo no. – Se quejó por lo bajo.
- ¡Ja! No tendrías el valor de dispararle a nadie. – Aseguró Inuyasha.
- ¿Y quién te crees que eres para asegurar eso? – Preguntó con el ceño fruncido.
- Una persona bondadosa incapaz de lastimar a alguien. – Comentó tranquilamente dejando en el sitio a Kagome.
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Yura se encontraba sentada en frente de una mesa de metal bastante amplia con un oficial recostado en la puesta con el ojo puesto sobre ella. Además de lo incómodo de la vigilancia, ya le tenían preparado un uniforme para la cárcel, por suerte, no habían tenido tiempo para dejarle ponérselo, y lo agradecía, ya que francamente era horrible. Inesperadamente, un hombre alto, de buen porte entró en la sala. ¿Un abogado? No le importaría que perdiese el caso si tuviese la promesa de cuando saliera de la cárcel se casaría con semejante hombre. Con una sonrisa petulante lo recibió.
Sesshomaru no se inmutó por eso y sólo se limitó a sentarse en el lado contrario de la mesa.
- Ojos dorados… ¡ja! ¡Que coincidencia! Así los tiene el tipo que me hizo estar aquí. – Comentó Yura.
- Ese "tipo" es mi hermano menor. – Anunció Sesshomaru obteniendo como respuesta inmediata el temor reflejado en el rostro de ella.
- Sesshomaru… - Musitó recordando la foto que tenía Hiten en uno de sus archivos, es decir, Sesshomaru había cooperado con él pero ahora evidentemente se había cambiado de bando. - Y tú estás aquí por… - Inquirió Yura con un ademán en la mano.
- ¿Dónde se encuentra Hiten? – Preguntó Sesshomaru tajantemente.
- Con que de eso se trata. – Dijo Yura pensativamente. – Ummm, cariño, te hará falta más que una cara linda para sacarme información. – Agregó cínicamente.
- Tu condena se reduciría, ¿por qué no te ayudas a ti misma y hablas? – Continuó sin prestarle atención a las palabras de ella.
- Si te dijera algo… - Empezó mientras clavaba su vista en la mesa. – Hiten me mataría.
- Si nos dijeras, seguramente lo atraparíamos.
- ¡Ja! No me vengas con ese cuento, nadie se va a interesar por proteger a una convicta. El verdadero final de esa historia quedaría en que yo fuese "misteriosamente" asesinada.
- ¿No crees en mi palabra?
- Guapo, es muy pronto y no son las mejores condiciones para poner en prueba mi confianza en ti. ¿No crees?
- ¿Pero entonces si sabes cual es el próximo objetivo de Hiten?
- Mira, todo depende de las circunstancias. – Dijo prácticamente sin pensar lo que decía.
- ¿En qué tipo de circunstancias? – Dijo acercándose peligrosamente a ella. Yura se sintió intimidada pero antes de poder echar hacia atrás la silla, Sesshomaru tenía retenida su mano.
- No diré nada. – Aseveró segura.
- Escucha… - Empezó en tono letal. – No tengo tiempo para estos juegos, ¿ok? Si no quieres pudrirte de por vida en la peor cárcel para mujeres del país, te aconsejo que sueltes todo de una vez.
Yura efectivamente había quedado de piedra ante tales palabras pero aún así dudaba.
- Tengo mucho poder en mis manos… - Continuó Sesshomaru. - ¿O por qué crees que dejaron que un civil te interrogara? Sé tan astuta como te vanaglorias de que así eres y ponte de mi lado o sino date por sentenciada de por vida y en las peores condiciones. – Amenazó, logrando efecto inmediato en Yura, la cual, se sentía cohibida y temerosa.
- Pero Hiten…
- Créeme que puedo llegar a ser una amenaza mayor que Hiten, ¿está claro?
- Muy bien, te lo diré. – Aceptó resignada.
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Ahora era Kagome la que caminaba como león enjaulado por todo el lugar. Inuyasha ya se había cansado de decirle que se quedara quieta y que aguardara tranquila la llamada de Totosai o la de Sesshomaru, sin embargo, Kagome había ignorado todo consejo por completo. De repente, una idea cruzó fugaz por su mente.
- ¡La perla! – Exclamó mientras corría en dirección a las escaleras seguida por Inuyasha.
- Hey, Kagome, espera un minuto. – Le decía Inuyasha desde atrás.
En ese momento, los siguientes segundos pasaron en cámara lenta para Inuyasha. Hiten había tomado a Kagome del pelo cuando esta llegó a la cima de las escaleras y le tenía puesto un revólver en la sien, él se había escondido cerca para que cuando ella llegara arriba no lo viese, tomándola así como rehén. Por tanto, Inuyasha se había parado en seco delante de ellos dos con los ojos que inmediatamente se habían vuelto opacos por el miedo de perder a Kagome.
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GOMEN!!!!!!! De verdad lo lamento, sé que duré una eternidad para subir un capítulo pero es que he estado muy ocupada con las clases, es más, mañana tengo un examen, pasado mañana tengo dos, al igual que el miércoles, que también tengo dos y ninguno es precisamente corto. Por eso, piedad con esta pobre alma en agonía por el estudio T.T Por cierto, gracias por sus reviews, espero no haber perdido "clientela" por mi irresponsabilidad de subir capítulos porque ahí si que lloro. Y con los otros fics ya no sé, miren, tengo una idea, primero salgo de este hueso (de Fría como el fuego)y luego sigo las actualizaciones de los demás porque las actualizaciones de mis otros fics están por la mitad, así que ustedes dirán, si trabajo por fic o reduzco el número de páginas por capítulo, dejando cada uno más corto, porque yo en cada capítulo me tiro mis dos horas escribiendo y a veces en la noche (que es cuando tengo tiempo de escribir) estoy tan cansada que no tengo el valor de seguir lo que llevo, aunque bueno, lo que es seguro es que primero salgo de este fic porque ya le queda poco. Bueno, ustedes me dirán como quieren que me organice. Sayonara y nuevamente gomen ne.
