Fría como el fuego

Al borde de la muerte

- Inu…yasha… - Gimió Kagome sintiendo el duro y gélido metal en su sien. Hiten la había tomado por la cintura luego de soltarle bruscamente el pelo, capturando consigo los brazos también, inmovilizándole así todos los movimientos que pudiese hacer para zafarse. Este sonrió siniestramente al ver el horror expresado en el rostro de Kagome y la angustia más mortificante en el de Inuyasha.

- Deja el arma en el suelo. – Ordenó con tono letal a Inuyasha. Este último sin oponer resistencia, sacó lentamente del bolsillo de su chaqueta la pistola, y la dejó sobre el piso, se irguió de nuevo cautelosamente y miró a Hiten con el odio más vivo y mejor expresado que pudiese tener una persona. Sin embargo, en ese momento desvió la vista a Kagome la cual, había sollozado levemente. Ella se encontraba lívida, temblando y viviendo en carne propia eso que dicen de que "ves pasar toda tu vida al frente de tus ojos cuando estás cerca de la muerte", no recordaba ni como se llamaba, es más, sólo sentía miedo y se encontraba como en un trance observando como en su cabeza pasaban miles de imágenes velozmente.

- Hiten… - Dijo Inuyasha lo más calmadamente que le salía. – Déjala, apúntame a mí.

- ¡Ja! – Espetó el susodicho con sorna. – No creerás que me he arriesgado tanto para no ver morir a esta perra al final.

- Todas las circunstancias por las que estás pasando son por mí, ¿recuerdas? Kagome no hubiese soportado todo si no hubiese estado yo a su lado apoyándola, no hubiese podido entregar la empresa a nadie pues no tenía a nadie más en quien confiar y finalmente, no estarías acorralado en esta ciudad si yo no hubiese pedido a Totosai y todos sus refuerzos que cuidasen de ella.

Hiten fulminó con la mirada a Inuyasha y Kagome había vuelto relativamente en sí para observarlo también, pero a diferencia de Hiten, ella lo veía con una mezcla de asombro y devoción.

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- Con que así funciona la cosa… - Musitó Sesshomaru luego de escuchar el relato de Yura, donde le explicaba en resumen que Hiten hacía lo que fuese para cumplir con sus objetivos, sin importar a quien tuviese que manipular, engañar o matar para obtenerlo.

- ¿A cuánto se reduce mi condena? – Preguntó Yura con reticencia.

- Eso lo veremos…pero ten por seguro que cumpliré mi palabra de ayudarte, aunque sólo porque soy un hombre de honor ya que una rata de cloaca como tú no merece ningún tipo de ayuda. – Decretó fríamente. – Recuerda que en estos últimos días he sabido más de tu vida que de la mía propia.

- Ummm, pero de que te dije, te dije, guapo, además, tú no eres quien para condenarme, que yo sepa, eso lo hace otro por allá arriba. – Comentó Yura sin inmutarse mucho por el comentario.

- Aún así… - Pensó Sesshomaru en voz alta. – No me has dicho cuál es el próximo paso de Hiten, porque conociéndolo tan bien, ya deberías saber exactamente donde está.

Yura sonrió cínicamente y un brillo siniestro se mostró en sus ojos rojizos.

- Creo que… eres lo suficientemente grandecito para deducirlo, ¿No es así, Sr. Taisho? – Dijo ampliando más aún su sonrisa triunfal. En ese momento, Sesshomaru abrió los ojos inmensurablemente reflejando por primera vez en su vida, el asombro y el miedo.

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- ¿Qué pasó Hiten? ¿Te quedaste sin argumentos? – Preguntaba Inuyasha provocándolo, sin importarle mucho de que le pudiesen meter un tiro limpio.

- Desgraciado. – Masculló con rencor.

Kagome observaba asustada a Inuyasha, diciéndole con su mirada que no lo hiciera pero este sólo le sonreía débilmente como respuesta.

- ¿Entonces Hiten? ¿Qué prefieres? ¿Matar a una mujer indefensa o vengarte de un elemento que no habías medido y que resultó ser tu ruina? – Cuestionaba extendiendo sus brazos, mostrando su pecho en señal de absoluta sumisión.

Hiten dudaba de hacerlo pero el odio lo cegó, soltando a Kagome, dejándola caer a un lado y apuntando el revólver hacia el corazón de Inuyasha.

Kagome sentía deseos de hacer algo pero su cuerpo no le reaccionaba, además de que un temblor estremecedor no la dejaba pensar con claridad.

- Hagámoslo estilo película. – Comentó Hiten sádicamente mientras acercaba más su dedo al gatillo. – La amada ve a su amado fallecer y este le dedica unas últimas palabras antes de morir. ¿Te gusta ese juego Inuyasha?

El susodicho miró a Kagome de reojo y vio lo desahuciada y afligida que se encontraba. Quiso darle palabras de aliento pero sinceramente no sabía que decirle porque ¿acaso decir: "No llores por mí" es suficiente? Desafortunadamente no. Suspiró con pesadez e hizo un amago de sonrisa dirigida a ella. Aunque, para su desconcierto, creyó que esto sólo empeoró las cosas porque automáticamente, luego de sonreír, de los ojos de Kagome salían incontables lágrimas.

- Ah, que tierno. – Dijo Hiten sarcásticamente, devolviendo a la realidad a nuestros protagonistas.

- Hiten… no dejes que ella vea esto, si tienes en alguna parte de tu ser una pequeña fracción de alma humana, por favor, no la hagas ver un asesinato. – Pidió Inuyasha, olvidándose de su orgullo y preocupándose más por Kagome.

- Ummm, muy bien pero a ver, me quiero divertir, ¿no le vas a profesar amor eterno o algo así? – Pedía sardónicamente.

- Ella sabe que la amo, no se necesitan cursilerías para que te burles y te diviertas antes de causar dolor en los demás. – Espetó con rabia. - ¡Si eres tan hombre, hala del gatillo de una maldita vez! – Decía cansado de todo.

- Como lo desees. – Y así lo hizo.

Kagome sintió que su alma se le salía del pecho. Observó las imágenes a cámara lenta y escuchó el estruendoso sonido de un disparo.

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La ambulancia ya había llegado, estaban atendiendo a Kagome que yacía totalmente ida en sus pensamientos y no sentía ningún tipo de dolor, o mejor dicho, no sentía físicamente nada. No sabía que era peor, sentir que te iban a matar o ver un asesinato por tu culpa. No, definitivamente lo segundo era peor. En ese momento se acercó Sesshomaru.

- Yo… lamento que tuvieses que presenciar eso. – Musitó mirándola sin un ápice de emoción.

Kagome lo miró de igual forma y sólo asintió ante lo que se le decía. Luego desvió la vista al cadáver que se estaban llevando unos empleos del centro forense.

- Inuyasha… - Dijo inconscientemente.

- Estará mejor. – Le reconfortó Sesshomaru.

Kagome lo miró con un desconsuelo que conmovería al más duro de los soldados.

- ¿Puedo verlo? – Preguntó casi sin voz.

- Está bien. – Aceptó Sesshomaru. – Ven, sígueme.

Kagome se levantó lentamente, intentando mantener el equilibrio y luego fue detrás de Sesshomaru a paso pausado. Sesshomaru la condujo hasta un vehículo, entró dentro de una de las ambulancias y allí estaba él.

- No te ves muy bien. – Musitó Kagome para sí, sintiéndose culpable.

- No hables mucho porque tú tampoco. – Respondió Inuyasha con una sonrisa mientras una paramédica le hacía una cura a su brazo lastimado. Kagome le devolvió la sonrisa y se sentó a su lado dejando su vista clavada en el brazo herido.

- Perdóname. – Pedía apesadumbrada.

Inuyasha haciendo que ignoraba el comentario, siguió hablando como si nada.

- Tengo que formular una hipótesis de ¿Por qué siempre la bala me roza el brazo? ¿No puedo quedar ileso y ya? – Decía fastidiado. Kagome sonrió débilmente y él prosiguió. – No me tienes que pedir disculpas de nada, no sé si el shock te afectó pero soy incapaz de culparte de algo, Kagome.

- Gracias. – Musitó sonriente. – Fue una suerte que llegara Sesshomaru.

- Por primera vez en mi vida y tratándose de Sesshomaru, te tengo que dar la razón. – Dijo resignado recordando lo que había pasado hace pocos minutos.

FLASHBACK

Kagome había escuchado un disparo y observó como el cuerpo de Hiten caía al suelo, el cual, se ensangrentaba rápidamente junto con él.

- ¡Dios mío! – Exclamó horrorizada.

Sesshomaru había llegado justo a tiempo, disparando certeramente en la cabeza a Hiten, el cual, antes de que le llegara la bala, había disparado a Inuyasha que había reaccionado rápidamente y se había echado al suelo, haciendo que sólo saliera relativamente lastimado su brazo izquierdo. Luego de ver como el cadáver de Hiten caía al suelo, Sesshomaru bajó el arma y dejó que los paramédicos pasaran a atender al menor de los Taisho y a Kagome.

- ¿Estás bien? – Preguntó Inuyasha a Kagome entre el bululú de gente que se reunía para socorrerlos.

Kagome intentó responderle pero no le salía voz, sólo sentían como la ayudaban a pararse y sentarla en una camilla, conduciéndola para afuera, donde observó las patrullas de policía y las ambulancias. Desde ese momento, no había podido ver más a Inuyasha.

FIN DE FLASHBACK

- Ya empezaron a hablar paja de mí. – Dedujo Sesshomaru abriendo las puertas de la ambulancia al escuchar su nombre desde adentro.

- Pues sí, fíjate. – Se apresuró a responderle Inuyasha antes de que Kagome corrigiera a Sesshomaru y le dijera verdaderamente que era lo que decían.

- ¿Nos vamos o los tienen que llevar al hospital? – Preguntó Sesshomaru cambiando de tema para no poner la cosa fastidiosa.

- Sí es por mí, nos vamos cuando quieras. – Avisó Inuyasha observando su brazo terminado de vendar por la paramédica que salió inmediatamente para dejarlos solos, además de que no entendía el japonés, quedando más que rezagada. – Pero no sé por Kagome… - Agregó mirándola.

- No te preocupes. – Dijo la aludida negando con la cabeza. – Estoy… traumatizada pero sobreviviré. – Agregó con una genuina sonrisa que hace mucho no mostraba.

Inuyasha rió y le devolvió la sonrisa.

- Ah, entonces le damos, porque a esta lo que le sale es psicólogo nada más. – Respondió burlón.

- Te voy a puyar en ese brazo. – Le amenazó Kagome en el mismo tono mientras señalaba el brazo herido de él.

- Bueno… - Terció Sesshomaru haciéndoles saber que aún estaba allí. – Muévanse. – Y sin más se dio media vuelta y salió. Inuyasha y Kagome lo siguieron milagrosamente de forma dócil sin chistar.

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Una vez en el convertible de Sesshomaru, todo se había vuelto muy silencioso. Por ello, Kagome intentó poner conversación a los dos hombres de adelante, ya que Sesshomaru manejaba, Inuyasha iba en el asiento del copiloto y a ella la dejaron atrás como "dos buenos caballeros" Ante ese pensamiento, sólo pudo suspirar resignada.

- ¿Y ahora? – Le preguntó a Sesshomaru.

- ¿Y ahora qué? – Repitió este sin mucha emoción.

- Que qué sigue porque si ya Hiten está muerto, ¿qué vendría?

- Pues, nos vamos mañana a Japón. – Avisó en el mismo tono empleado antes.

- ¿QUÉ? – Preguntó pasmada. – Pero y Kaede y Myoga… - Empezó a quejarse.

- Los traemos y ya.

- Sí, ellos se portaron muy bien contigo. – Terció Inuyasha. – Que se vengan con nosotros y todos felices y contentos.

- Ummm, será. – Contestó no muy convencida.

- Por cierto Kagome… - Dijo Inuyasha como si se hubiese acabado de acordar de algo. - ¿Cuándo nos casamos? – Preguntó como si le estuviese preguntando la hora.

- ¿QUÉ QUÉ? – Exclamó incrédula.

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Bueno, ya acabé el capítulo, espero que les haya gustado, ya lo que quedan calculo serán dos o tres capítulos más y las dejo tranquilas, xD. Bueno, muchas gracias por sus reviews, sobretodo a las que leyeron el fic completo seguido últimamente, jeje. Ni yo hago ese sacrificio de estar tantas horas pegada a una máquina, xDDD. Bueno, nuevamente, arigato gozaimazu, espero que me dejen su opinión (ah, no creo que les interese pero lo pongo por no dejar, xD, salí bien en los exámenes aquellos que no me dejaban respiro jeje) Bueno, ahora sí, sayonara