Fría como el fuego
La boda
Luego de semejante grito, Inuyasha por poco no quedó sordo y Sesshomaru casi choca, agradeciendo tener buenos reflejos evitando así el accidente con el carro próximo, claro que, eso no apaciguó su ira.
- Miren, por poco choco así que me hacen el favor y que no se pronuncie palabra alguna en este carro en todo lo que queda del trayecto, ya que al primero que se queje lo dejo en medio de la carretera y le quemaré el pasaje a Japón. Más vale que les quede claro. – Dijo con voz letal y con la ira apenas contenida.
Inuyasha y Kagome sintiendo el aura tan pesada, casi maligna de Sesshomaru, prefirieron hacerle caso antes de, lo que consideraban ellos, poner sus vidas en peligro. Sin embargo, la incertidumbre entre ellos sólo hacía que el ambiente se volviese más tenso.
- "¿Por qué demonios es tan insensible? ¿No me puede decir eso en una situación más romántica? Es que ya creo que si a él le dan la oportunidad de comer en un cementerio, acepta gustoso" – Pensaba Kagome con cierto enojo en el asiento trasero mientras se mantenía con los brazos cruzados.
- "¿Por qué es tan escandalosa? Ni siquiera es la primera vez que se lo propongo, además, el momento era propicio, nadie además de Sesshomaru estaba presente, ¿qué más privacidad que esa?" – Pensaba a su vez Inuyasha mientras intentaba descifrar la reacción de Kagome.
- "¿Por qué siempre acabo tratando con idiotas?" – Pensaba Sesshomaru estoicamente mientras manejaba lo más rápido posible.
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Cuando llegaron al hotel lo que se podría denominar "tranquilamente" Inuyasha y Kagome bajaron precipitadamente del convertible de Sesshomaru, ya que nunca sintieron tanta necesidad de hablarse como en ese momento. Pasaron por recepción mientras Inuyasha le decía rápida y aceleradamente al recepcionista que le diera la llave de su habitación, pues el objetivo era poder ir a hablar con ella en privacidad. Lo malo es que mentes cochambrosas en el lugar captaron tanta prisa como una necesidad fisiológica urgente de tener relaciones sexuales, mostrando así sonrisitas pícaras que Kagome apenas y notó pero al principio no entendía porque la gente las tenía. Bueno, sólo hasta que estuvieron en el ascensor donde abrió desmesuradamente los ojos al descifrar el mensaje no verbal. Se puso más roja que un tomate y agachó la cabeza de la vergüenza maldiciendo por lo bajo los pensamientos tan sucios de las personas. Inuyasha notó esa reacción en ella y no la entendió pero en ese momento no pudo preguntar pues en el ascensor iban dos personas más.
Cuando las puertas al fin se abrieron en el piso que les correspondía, ambos salieron precipitosamente del cubículo, caminaron por el pasillo rápidamente y entraron en la habitación de él.
- A ver… ahora sí. – Anunció Kagome dándose media vuelta y encarando a Inuyasha.
- Tiempo. – Pidió Inuyasha haciendo seña con las manos. - ¿Por qué te sonrojaste en el ascensor? – Preguntó curioso.
- Ah, pues yo… "¿Cómo se supone que se explica eso?" – Pensó volviéndose a sonrojar para luego suspirar resignada. – Lo que pasa es que…no sé si notaste que la gente a nuestro alrededor en la recepción nos veían con cierta sonrisa… pícara. – Avisó mientras Inuyasha se lo pensaba a ver si recordaba algo. – Lo cierto es que al parecer interpretaron nuestra prisa no por algún motivo inocente y puro sino más bien para…- No continuó con palabras pero le hacía gestos con las manos intentando dar a entender el mensaje.
- Ah, ya. – Dijo Inuyasha entendiendo pero con una sonrisa burlona en los labios, la cual pasó a ser una carcajada sonora. – Ya me parecía extraño tanta amabilidad por parte del recepcionista ese. – Comentó riendo aún ante la mirada reprochadora de ella.
- Inuyasha, eso no es ningún chiste, por si no te has dado cuenta, ¡nos han tachado de promiscuos, libidinosos y lujuriosos seres incapaces de controlarse! – Exclamó sonrojada por la rabia. Inuyasha volvió a reírse a carcajada suelta y luego miró con ternura a Kagome.
- Cálmate, ya te hacía falta alguna mancha en tu inmaculada reputación. – Respondió burlón.
- ¡Inuyasha! – Volvió a exclamar pero este la acalló con un beso que antes de pasar a mayores, tuvieron la prudencia de parar para poder conversar el asunto pendiente.
- Ven. – Dijo mientras tomaba la mano de ella y la guiaba hasta un sofá de la minúscula sala. Kagome se extrañó que hubiese pedido una habitación tan pequeña si el dinero que tenía ahora era de sobra, pues en toda su vida no se iba a gastar toda la plata de la empresa ni aunque quisiera. Finalmente, hizo que ella se sentara mientras él lo hacía a su lado y la miraba esta vez seriamente. – Hemos pasado por mucho ¿no es verdad? – Preguntó intentando entrar en el tema más sutilmente esta vez.
- Sí. – Contestó con un leve asentimiento.
- Y ahora no hay obstáculos que interfieran entre nosotros, ¿no?
- No.
- Bueno, entonces, quisiera que me respondieras la pregunta que te hice en la cocina de los Ikeda.
- La de…. – Empezó Kagome pero se detuvo ante el asentimiento de Inuyasha.
- Quiero saber según tú cómo yo podría vivir sin ti, a ver si esta vez aciertas. – Dijo con una sonrisa sincera.
Kagome estuvo un rato en silencio como si recordase algo pero luego de unos segundos, inhaló aire y se dispuso a contestar.
- Pues… cuando estaba a merced de Hiten… - Empezó ante la extrañeza de Inuyasha, el cual, no la interrumpió. – Vi como pasaba toda mi vida al frente de mis ojos, vi mi niñez, mi adolescencia, mis estudios, la empresa, pero sobretodo a ti… y yo…me di cuenta de que en todo ese tiempo, donde fui realmente feliz… fue a tu lado. Pude caer en la cuenta de que contigo realmente supe lo que era aprovechar el tiempo para vivir o mejor dicho, vivir a plenitud. – Dijo con una hermosa sonrisa salida del alma. – Entonces pienso que… si ese sentimiento es recíproco o al menos se asemeja a lo que yo siento, pues, deduzco que tú sin mí te sentirías incompleto. – Agregó observándolo con el amor más puro que se pudiese reflejar en la mirada.
Inuyasha al principio había quedado en shock pues no se esperaba esas palabras, pero estas sólo lo hicieron consolidar más su decisión de casarse con esa extraordinaria mujer, por ello, antes de responder asintió con una sonrisa.
- Has acertado maravillosamente. – Dijo con voz aterciopelada. – No te ofrezco un premio de un millón de dólares pero quizás lo que te quiero dar sea válido ante tal respuesta.
Revisó su bolsillo y sacó una pequeña caja de terciopelo azul oscuro la cual empezó a abrir ante el anonadamiento de Kagome, la cual, reaccionó y cerró sus manos alrededor de las de él.
- No debiste. – Aseguró meneando negativamente la cabeza. – Me gusta el anillo que me diste la primera vez y no lo cambiaría por nada, es el objeto más preciado que tengo. – Dijo con seguridad. – Devuelve lo que hayas traído, estoy bien así. – Agregó, pero lo que le extrañó fue la sonrisa de Inuyasha que no desaparecía de su rostro.
- Kagome, mira primero antes de empezar a quejarte. – Le regañó con voz suave, lejos de ser un verdadero regaño. En ese momento se soltó del agarre de ella y abrió la caja mostrando una cadena de oro con un dije en forma de corazón que tenía las palabras "Te amo" en el centro y por detrás una imagen de Inuyasha tallada en el mismo oro. Kagome tragó grueso y no se sentía capaz de responder. – Está ridículamente cursi pero era eso o un tatuaje. – Se explicó Inuyasha ante el anonadamiento de ella. Kagome lo miró incrédula y lo abrazó efusivamente.
- Tonto. – Le regañó sin soltarse del abrazo. – Gracias a Dios no te hiciste un tatuaje.
Inuyasha se esperaba otras palabras pero la intriga pudo más con él.
- ¿Por qué dices eso? – Preguntó haciendo que Kagome le soltase y lo mirara a los ojos.
Ella tomó aire y se tranquilizó un poco antes de responder.
- Porque imagínate, si te haces por ejemplo un corazón, ok, ahorita se te va a ver dizque aceptable y quizás muy romántico pero luego cuando seas un viejo chocho de noventa años ¿qué se supone que harás? Ese corazón pasa de ser un corazón, valga la redundancia, a ser un tomate podrido por la forma que toma con la piel arrugada. – Le dijo haciendo un gesto con los ojos de que sería lo más probable.
Inuyasha por poco y no se orina de la risa ante la volátil imaginación de la muchacha. A Kagome se le contagió y también rió levemente.
- Tú… jaja… tú si que eres un caso. – Dijo inhalando por falta de aire de tanto reír. – Ya hasta tienes una imagen en la mente de cuando tenga noventa años si es que llego a esa edad. – Comentó volviendo a reír pero en menor intensidad.
- Sí…jeje… es que…eso fue lo primero que se me vino a la mente. – Contestó ella algo apenada mientras reía también.
- Bueno, ya. – Dijo suspirando y tranquilizándose. – Déjame ponértela. – Pidió mientras le pasaba la cadena a Kagome alrededor de su blanco cuello y se la abrochaba por detrás. – Se te ve bien. – Dijo con un asentimiento de satisfacción.
- Gracias. – Contestó sinceramente ante la sonrisa de Inuyasha.
- Ahora la pregunta del millón. – Avisó Inuyasha. – Y si la respuesta es menos efusiva y sonora, es mejor para mis tímpanos. – Comentó mientras sentía que Kagome le daba un codazo por las costillas. – ¡Auch! – Se quejó pero con la sonrisa aún en el rostro. – Bueno, ¿te quieres casar conmigo?
- Así si se hace. – Dijo con un asentimiento y una sonrisa. – Pues sí, me quiero casar contigo, más que nada en el mundo. – Contestó segura.
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En la Iglesia sonaba la marcha nupcial, la primera en entrar fue Rin que por ser la menor, fue la dama de honor. Luego le siguieron Shippo y Soten, que esta era una compañerita del colegio, los cuales llevaban los anillos de boda y Soten esparcía pétalos de flores. Inuyasha estaba en el altar, al lado de mi Miroku que era el padrino de boda, el novio se encontraba bastante nervioso y ya estaba dudando de dar ese paso tan importante pero al ver entrar a Kagome, que usaba un hermoso vestido blanco, todas sus dudas se disiparon observando embelesado a tan perfecto y magnífico ser. Kagome avanzaba con la más bella de sus sonrisas y con un ramo de rosas rosadas en sus manos. El vestido era sencillo, si tenía sus bordados en la parte superior y era manga larga con tela transparente en los brazos, en donde también se apreciaban hermosos bordados, sin embargo, no era extravagante. Usaba un velo del mismo color del vestido y su cabeza estaba adornada por un bello y meticuloso peinado que dejaba en libertad gran parte de su lacio y sedoso cabello. La cola del vestido la llevaban dos niñitas, que eran primas de Sango y esta última era la madrina. Al llegar Kagome junto a Inuyasha, su sonrisa se amplió, teniendo como respuesta una sonrisa similar por parte de Inuyasha, el cual, usaba un traje de gala y lucía más apuesto que nunca. Este ofreció su brazo, con el cual, Kagome entrelazó el suyo y se posaron al frente del sacerdote con una mezcla de sentimientos y emociones. Sentían entre intriga, nervios, miedo y por supuesto y el más notorio, amor.
Luego de transcurrir la ceremonia, a la cual asistieron pocas personas a petición de nuestros protagonistas, todos salieron hacia la mansión de Kagome, en donde se celebraría una sencilla fiesta sin mucha gente ni protocolo.
Al estar afuera se les lanzó el arroz correspondiente y los dos subieron a una limusina bellamente adornada, para ser seguidos después por el resto de la gente en sus respectivos vehículos.
Ya en el patio trasero de la mansión, donde se había arreglado todo para la fiesta, llegaron Inuyasha y Kagome de primeros, siendo recibidos con mucha alegría por parte del personal que allí trabajaba.
- ¡Dios! Voy a matar a Sango, yo le dije que estos zapatos me iban a destrozar los pies. – Masculló Kagome mientras se sacaba el bello calzado blanco que vestía, una vez sentada en una de las sillas.
- Aún así… - Empezó a decir Inuyasha agachándose a la altura de la cabeza de ella. – Hizo un magnífico trabajo, ya que hoy te encuentras más hermosa que nunca. –Le piropeó con ternura, viendo como reacción inmediata un lindo sonrojo por parte de Kagome.
- Gracias. – Dijo con una sonrisa radiante de felicidad. – Ojalá me sigas diciendo eso cuando lleguemos a los sesenta años de casados. – Comentó burlona.
Inuyasha se rió a carcajada suelta y la miró divertido.
- ¿Qué manía te dio a ti con la gente de tercera edad, pues? ...Aunque… yo también espero que sea así.
- ¡Kagome! – Gritó Shippo mientras entraba corriendo hasta donde estaban ellos.
- Shippo, ¡mi amor! – Exclamó Kagome abrazando a Shippo una vez que este se hubiera abalanzado a ella. – Si estás guapo. – Le dijo sonriendo.
En ese momento entraron Sango y Miroku que los felicitaron con genuina alegría.
- Kagome, estuvo bella la boda, la grabé toda, bueno, además del equipo encargado de eso. – Comentó riendo levemente al final.
- ¿Qué si la grabó? – Terció Miroku incrédulo. – Esta lloró a moco tendido cuando pronunciaron sus votos. – Informó burlón sintiendo como respuesta un golpe en la costilla por parte de Sango.
- Oh, vamos, si esa boda estuvo lo que se dice espectacular. – Se defendió Sango.
- Pues, acá, la señora Taisho no está precisamente saltando de felicidad por los zapatos que le escogiste. – Dijo Inuyasha burlón viendo la mirada fulminante de su esposa.
- ¿Qué? ¿Cómo es eso, Kagome? – Preguntó Sango contrariada.
- No, nada, simplemente el soplón de mi esposo está inventando cosas, me gustan mucho los zapatos aunque si debo reconocer que no son tan cómodos como unas pantuflas. – Dijo algo nerviosa.
- Ah, Kagome, pero no te quejes, ¿quién dijo que la belleza no duele? – Cuestionó defendiéndose.
Kagome rió y miró como los demás invitados, principalmente empleados de la empresa junto con algunos familiares de estos y por supuesto, Sesshomaru, entraban en el recinto. Así como también se dio cuenta de que ya empezaba a sonar la música.
- Bueno… - Empezó a decir Kagome mientras se volvía a poner los zapatos y se levantaba de un brinco. – Esta boda es mía, tengo que disfrutarla, vamos a bailar. – Anunció alegre.
- ¡Sí! – Respondieron los otros al unísono, dispersándose y haciéndole caso.
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- ¡Santo Dios bendito! – Exclamó Kagome entrando en la habitación del hotel que reservaron, en donde estaba todo hermosamente decorado con motivos románticos. – Estoy exhausta. – Comentó con desgano desplomándose en la cama y riendo tontamente por efectos del alcohol.
- Absolutamente de acuerdo. – Le respondió Inuyasha imitándola y cayendo en el otro lado de la cama. – Aún así… - Dijo con voz sensual. – Es nuestra noche de bodas y hay un asunto pendiente ¿recuerdas? – Agregó con una sonrisa pícara y colocándose encima de Kagome pero apoyando los brazos a cada lado de ella y mirándola a los ojos. Kagome se sonrojó bastante y lo miró con adoración.
- Es verdad. – Dijo con un asentimiento. – Pero lo más importante de todo al final es que yo te amo con toda mi alma y con todo mi ser y así será hasta que muera. – Prometió dulcemente.
- Yo también te amo, cariño. – Le respondió Inuyasha mientras la besaba. – Y nunca dejaré de hacerlo. – Agregó mientras profundizaba el beso y empezaban las cosas a subirse de tono para poder pasar una feliz y romántica noche de bodas.
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¡Dios! Creo que me pasé de agridulce pero ustedes pidieron romance y bueno, cumplí, xDDD (no me hubiera tomado tan a pecho las palabras, ¿verdad? Jeje) Bueno, de todas formas, hice mi mejor esfuerzo (como ustedes saben, no acostumbro a poner las cosas tan pasadas de románticas) y espero que les haya gustado así como está (porque de verdad no quise poner lemon, el sólo hecho de pensar escribir eso, no, nada que ver, no me gusta, pero como eso no vale tanto así sino los sentimientos, no vi tan fundamental el ponerlo). Por cierto, no sé que pasó que creo que alguien entendió que este era el último capítulo, pero no lo es (disculpen si me pongo fastidiosa jeje) voy a ver si ya para el próximo culmino todo, ¿sí? O cuando mucho dos más, tengo que decidirme xD. Bueno, espero que me dejen su opinión a ver que tal y por supuesto muchas gracias por los reviews que me han dejado. Ah, y lamento el retraso pero estoy hasta la coronilla de exámenes, es más, ando trasnochada porque tenía dos exámenes hoy súper largos (gracias a Dios llegó el fin de semana, bueno, entre comillas porque de todas maneras tengo que estudiar ¬¬) Este…jeje, entonces, sayonara.
