Hola, disculpen la demora pero estaba entre una indecisión para escribir este capítulo, es que a mi ya tanta azúcar no me emociona, xD. (Ustedes seguramente dirán: ¿Entonces para qué escribes un fic así? ¬¬) Y en realidad no tengo muy segura la respuesta, será que me gusta un tipo de género de acuerdo al estado de ánimo que presente, xD. En fin, lamento tardarme (pero los exámenes me iban volviendo loca y haciendo que mirara con ojos agradables la navaja de mi papá, xD) y pues, agradezco mucho los reviews que me han dejado, ya el próximo capítulo es el final, salgo de esta obra mía, de la primera hecha así larga, en realidad, xD. Bueno, muchas gracias por los reviews y espero que este capítulo les guste y que me dejen su opinión. Sayonara.

Fría como el fuego

La llegada de la cigüeña

Kagome despertaba con los rayos del sol que se colaban a través de una de las ventanas. Al principio no entendía de donde emanaba un suave y reconfortante calor que se encontraba a su lado hasta que abrió los ojos y recordó que el día más feliz que había tenido en su vida había pasado. Se incorporó atrayendo parte de la sábana hacía si para tapar su pecho desnudo. En ese momento, recordó como había pasado mágicamente su noche de bodas y como se encontraba desnuda junto a Inuyasha haciéndola sonrojar fuertemente. Una vez que hubiese conseguido mantener el equilibrio con la posición que había tomado, duró un rato observando a su ahora esposo. Sonrió viéndolo con ternura y decidió levantarse. Al colocar los pies sobre el frío suelo se dio cuenta de que allí estaban su vestido de novia y el traje de Inuyasha.

- Entre tanta cosa hasta nos olvidamos de tratar bien estas ropas ahora tan preciadas. – Musitó Kagome levantando el vestido y la demás ropa para dejarla a un lado de donde estaba sentada. Se levantó sigilosamente y tomó una bata de dormir que había en una de sus maletas. En realidad la bata con motivos de vaquitas y lunitas no era precisamente muy madura pero era la primera que había encontrado. Se la colocó encima y luego revisó hasta sacar su ropa interior, luego, fue hasta el baño quedándose absorta con tanta decoración. Ella y apenas había visto la habitación pero no había pasado al baño, este también estaba adornado románticamente y se dio cuenta de que hasta los jabones tenían forma de corazón. En eso agarró uno y se dispuso a bañar. Cuando salió del baño ya vestida nuevamente con su bata de dormir y con la toalla en la cabeza vio que Inuyasha estaba dormido aún.

- "Flojo" – Pensó con una sonrisa burlona en su rostro. En ese momento recordó que no tenía noción del tiempo así que sacó su celular y se dio cuenta de que ya eran un cuarto para las once. – "Wow" – Pensó asombrada, pues, nunca en su vida se había levantado tan tarde a pesar de que sería lo más normal para mucha gente durante al menos su juventud o cuando habías estado despierta hasta que el último invitado de tu fiesta se hubiera ido.

Luego de ello, se colocó unos monos para taparse más ya que únicamente la bata no le convencía; y después se lo pensó a ver si salía con esa pinta de loca a administración. Pero desechó el pensamiento cuando vio un teléfono al lado de la cama. Lo único malo es que despertaría a Inuyasha, bueno, supuestamente, ya que parecía que iba por quien sabe que fase del sueño de lo rendido que se veía.

- "Ah, da igual" – Pensó acercándose al aparato y levantando el auricular. Inmediatamente respondieron por el otro lado y con la voz más suave y audible que pudo poner pidió el desayuno. Luego de dar todas las indicaciones, colocó cuidadosamente el auricular en su lugar y se volteó para ver a Inuyasha. Seguía en la misma posición y con una expresión casi infantil de lo inocente que se veía. Sonrió enternecida nuevamente y pasó delicadamente una mano por el lacio cabello de él. En ese momento, Inuyasha despertó abriendo los ojos lentamente para luego darse vuelta y al ver a Kagome sonreír como un idiota con una sonrisa de oreja a oreja.

- Buenos días. – Musitó volviéndose a acurrucar entre las sábanas sin intenciones de pararse. Kagome rió ante ese gesto.

- Anda, párate, recuerda que hay que arreglar unas cosas antes del viaje a Italia. – Le recordó.

- ¿Qué? No… - Gruñó molesto. – Quedémonos acá, Osaka es lo suficientemente turístico. – Dijo como excusa. Kagome sólo puso los ojos en blanco.

- Quién te manda a darme la proposición. No, cumple con tu palabra señor Taisho o me vuelvo a apropiar de la empresa. – Amenazó.

- De todas formas la mitad es mía. – Le recordó él.

- Conozco buenos abogados. – Le dijo pícaramente empezándole a hacerle cosquillas. Inuyasha no pudo reprimir la sonrisa y terminó sentándose en la cama y miró a Kagome divertido.

- ¿Por qué tan puritana? – Se burló al verla con la bata larga y de paso con monos deportivos.

- Porque resulta y acontece que te iba a buscar el desayuno hasta que vi el maravilloso aparato inventado por Alexander Graham Bell. – Comentó señalando el teléfono en la mesita de noche. – Y bueno, si te vas a bañar no uses muchos jabones de esos de forma de corazón, son muy cremosos y con uno alcanza. – Agregó mientras se inclinaba y le daba un beso en la frente para luego alejarse y levantarse para sacar ropa de la maleta que cargaba. Inuyasha se le quedó un rato contemplándola en su labor hasta que despertó de su ensueño y se dispuso a irse a asear.

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Ya habían pasado tres meses y habían vuelto a sus vidas laborales como de costumbre. Kagome se encontraba ahora en el puesto de vicepresidente e Inuyasha de presidente, por mutuo acuerdo porque ya él le había dicho que si quería tomar la empresa de nuevo lo hiciera, a lo que ella alegó:

FLASHBACK

- No me vengas con la cara de cordero perdido que por eso no es que te la voy a dejar. – Comento Kagome con una sonrisa burlona al descubrir la táctica de él.

- ¿De qué hablas? – Cuestionó hecho el ofendido. Kagome puso los ojos en blanco y le sonrió.

- Inuyasha, el hecho de que ande enamorada de ti no me convierte en mala empresaria, por tanto, sigo siendo perceptiva y he calculado tu estrategia de parecer el niño bueno sin cargos de conciencia que devuelve dignamente el puesto a la persona a la que le pertenece pero claro, colocando ojos de cachorro desamparado al estar conciente de que tal movimiento hace surgir ciertos sentimientos a la persona a la que le devuelves el cargo para ver si así se retracta. – Decretó sin ningún tipo de tabú viendo lo perplejo que quedaba su esposo. – Por ello… - Continuó. – Me quedo con el cargo de vicepresidente y Miroku que sea tu asistente. Sango va hacer tu secretaria como había quedado anteriormente y Rin será mi secretaria.

- ¿Y sin asistente? – Preguntó contrariado.

- Nunca he necesitado de uno a decir verdad pero creo que esa ha sido mi mejor estrategia empresarial en toda mi vida. – Respondió con una sonrisa sincera. – Pero ahora ya no necesito.

- Ummm, ¿y suplente? – Preguntó imaginándose los próximos acontecimientos de si tener hijos o algo así.

- Será Miroku y en dado caso de que necesites un asistente, esa será Sango, no quiero ninguna tipa cuyas medidas sean 90,60,90 para que me venga a quitar el marido que tanto me costó conseguir. – Expresó con una sonrisa burlona haciendo reír a Inuyasha.

- ¿Me consideras ese tipo de hombre? – Inquirió ofendido.

- Uno nunca sabe, es mejor no tentar al diablo. – Contestó sin inmutarse dándole un fugaz beso en la boca a Inuyasha para luego salir de la oficina presidencial.

FIN DE FLASHBACK

Por ello, todos con sus respectivos empleos asignados, volvieron a la normalidad de la monótona vida empresarial. Más aún, si Kagome siempre daba frente a cualquier problema y lo resolvía sin ningún tipo de complicación.

- Kagome… ¿vamos a comer? – Preguntaba Inuyasha mientras entraba en la oficina de su esposa.

Kagome alzó la vista y lo vio, con su porte arrogante y elegante que siempre acostumbraba a usar pero que últimamente había acentuado, seguramente por poseer tal cargo en su trabajo.

- "Hombres" – Pensó resignada haciendo un gesto negativo. – Ve con Miroku. – Avisó viendo cierta decepción en los ojos de Inuyasha. – Lo que pasa es que ya me comprometí con Sango. – Se explicó volviendo sus ojos al monitor que tenía al frente.

- Ah, ¿y para dónde van? – Volvió a preguntar, esta vez por simple curiosidad.

- Inuyasha, existen los celulares, no he cambiado mi número y en caso de que te necesite, te llamo. – Le comentó burlona. – Sólo eso necesitas saber. – Finalizó viendo como su esposo fruncía el seño.

- Tan sutil tú. – Musitó poniendo los ojos en blanco haciendo reír ligeramente a Kagome.

- Sin comentarios. – Dijo entre risas. – Mira, la voy a acompañar a hacer algunas diligencias, en la casa te cuento, ¿sí? – Se expresó esta vez más diplomáticamente.

- Bueno. – Aceptó resignado saliendo de la oficina. Luego de que Kagome se hubiese asegurado que Inuyasha saliera por completo sonrió pícaramente.

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- ¡AH! ¡INCREÍBLE! ¡Estoy embarazada! – Decía Kagome abrazando efusivamente a Sango una vez salida de la consulta. Ambas daban vueltas saltando, riendo y gritando como las propias locas, de la alegría innegable que sentían.

- ¡Voy a ser tía! – Cantaba Sango entre saltos.

Kagome en ese momento, con la euforia pasada un poco, se detuvo y abrazo a Sango de nuevo.

- Te estás dando demasiadas atribuciones. – Le dijo Kagome a Sango para picarla. Algo que consiguió viendo como su amiga se separaba de ella y la miraba con el seño fruncido.

- Kagome, no me dejes como novia de pueblo, mínimo tengo que ser madrina de bautismo y confirmación de ese niño. – Amenazó haciendo que Kagome volviese a reír.

- Muy bien, pero ahora tu próxima misión es no decir absolutamente nada a nadie y mucho menos a Inuyasha. – Avisó Kagome muy seria.

- ¿Qué? ¿Pero por qué? Creí que irías a gritarlo a los cuatro vientos. – Protestó contrariada.

- Déjame saborear el momento, mujer. Primero quiero disgustar la reacción de Inuyasha, si es posible filmarlo, aunque creo que eso será ya un hecho. Nos quedan veinte minutos, vamos a la casa, instalaré la "cámara escondida" – Pidió mientras reía pícaramente.

- ¿Y con los de la empresa? – Cuestionó Sango poniéndose en camino hacia el carro, al lado de Kagome.

- Colocaré a los más allegados al frente para ver su reacción y los otros pueden pudrirse, llorar, poner los ojos en blanco o hacer los que les dé la gana. – Comentó tranquilamente.

- Muy bien. – Dijo una Sango muy sonriente.

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Inuyasha regresaba con Kagome del trabajo pero estaba bastante extrañado por la actitud de esta. Parecía que estaba enamorada otra vez por así decirlo ya que cargaba en el rostro una sonrisa boba, una mirada radiante y una felicidad que se transmitía a todos los que estaban cerca. En realidad, era muy refrescante verla tan alegre pero también le preocupaba, además, no había hecho comentarios de por qué había llegado tarde y no le dijo ni una pista de para donde fue.

Al llegar a la casa, ambos bajaron y llegaron a su habitación. Inuyasha ya había dejado el maletín sobre la cama y se estaba desabrochando la corbata cuando vio que Kagome se dirigía a la gaveta de la mesa de noche que estaba al lado de la cama que le pertenecía a ella. De esta sacó un collar con una perla semi rosada y un pequeño libro rojo con detalles en dorado. Frunció el seño sin entender y ella le hizo un ademán para que se sentara a un lado suyo. Inuyasha le hizo caso sin chistar y Kagome le pasó la perla.

- Mira, ella fue la que nos unió. – Avisó viendo la extrañeza en los ojos de él.

- ¿Cómo? – Inquirió contrariado.

- Esa es la Perla de Shikon, la leyenda dice que "el que la posea, descubrirá su amor eterno luego de las adversidades" y eso fue lo que nos pasó a nosotros. – Comentó con una sonrisa mientras veía como Inuyasha examinaba la joya. – Además… - Prosiguió Kagome. – ¿Recuerdas cuando nos encontramos en un sueño? – Inuyasha inmediatamente pasó a mirarla con los ojos abiertos como platos.

- ¿No fue un simple sueño o una premonición? – Preguntó consternado.

Kagome sonrió y negó con la cabeza.

- Yo se lo pedí a la perla y ella me concedió ese deseo. Esa fue la primera vez que te profesé mi amor. – Dijo viendo fijamente la esfera.

- Fue por eso que todo lo que me contaste era cierto. – Musitó pensativo.

- Así es. Y este libro… - Comentó entregándoselo. – Es un diario que sirve "para abrir el alma a todo tipo de sentimientos" Con él prácticamente me confesé. Lo extraño es que pareciera que no estuve conciente cuando escribía porque cuando lo leía no sabía en que momento había escrito esas cosas, además de que lo hice en forma de cuento de hadas. Finalmente terminé la historia el día de nuestra boda, bueno, antes de que se diera en un rato milagrosamente libre que conseguí. – Dijo sonriendo. – Y en verdad se plasman muy bien todos los sentimientos que he vivido en mi vida.

- ¿Sobre una princesa? – Preguntó Inuyasha divertido mientras leía entre líneas la delicada caligrafía de su esposa.

- Por eso te digo que no tengo la mínima idea de que fue lo que me pasó. – Se excusó Kagome.

- ¿Y por qué me entregas esto ahorita? – Inquirió mirándola fijamente.

- Sólo quería que conocieras la magia que pude ver y que gracias a ella estamos juntos. Además, creo que le obsequiaré esta perla a Sango, ahora que próximamente se va a casar y que la necesita más. – Respondió felizmente. – Y… - Acotó dejando un silencio prologando que extrañó a Inuyasha.

- ¿Y…? – Repitió él.

- Era un momento oportuno de decírtelo para poder luego comentarte lo otro. – Respondió viendo la confusión claramente expresada en él. – Inuyasha, querido esposo mío, tengo el placer de anunciarte que… estoy embarazada. – Agregó felizmente viendo como en milésimas de segundo el rostro de Inuyasha se iluminaba para luego de un momento a otro sentir que unos fuertes brazos la balanceaban en el aire.

- ¿Tenías que hablar tanta paja para decirme eso? – Decía él entre risas.

- ¿Cómo que paja? – Inquirió ella fulminándolo con la mirada.

- Kagome, con esas palabras me has hecho el hombre más feliz del mundo, mujer. – Confesó alegremente sin dejar de dar vueltas con ella.

- Inuyasha ¡bájame! - Gimoteó Kagome ya mareada. – Si no he tenido náuseas en el embarazo, no significa que no pueda vomitar sobre ti. – Amenazó convenciendo a Inuyasha mientras este la bajaba y una vez en el suelo le daba un efusivo beso.