Fría como el fuego
El final del cuento
Kagome se encontraba extasiada con todo lo que veía. Tantos años sin volver a Inglaterra, tantos recuerdos dolorosos en ese lugar y ahora...ahora todo se veía desde una nueva perspectiva. Sentía como debajo de sus pies e incluso a través de sus sandalias pisaba una grama verde y abundante que era la que le daba el mayor colorido al paisaje. Si levantaba la vista podía admirar las hermosas montañas que alguna vez pudo sólo apreciar por medio de las fotos que le enseñó Kaede cuando trabajaban en la pequeña tienda. Eso había sido ya hace cinco años, ya Sango y Miroku se habían casado y habían pedido la custodia de Shippo a Inuyasha, convirtiéndolo en su hijo; ahora todos formaban nuevos papeles en su entorno. Vaya, como en cinco años había cambiado todo y ahora con nuevos seres formando parte de su vida.
- Mami, ¡mira! – Exclamó un pequeño niño que iba de la mano de Kagome. El infante que no pasaba de los cuatro años, señalaba un halcón que volaba sobre sus cabezas con gran majestad. Su madre sonrió observando al ave un momento para luego dirigir su mirada a su pequeño retoño.
- Sí, mi pequeño Daisuke. Es un halcón, debe estar de cacería. – Le dijo sonriendo.
- Espera a que le cuente a mi papá. – Respondió entusiasmado sin despegar la vista del majestuoso animal.
- Estoy segura que querrá verlo también. – Le dijo jalando al niño sutilmente haciendo retomar su marcha. Ambos caminaban sin prisa hacía una cabaña que se veía en lo alto de la colina. Definitivamente todo se veía desde una nueva perspectiva.
- Mami... – Volvió a llamar el niño luego de un rato.
- Dime. – Respondió admirando distraídamente el paisaje.
- ¿Por qué pasaremos la Navidad nosotros solos esta vez? ¿Y Kaede? ¿Y Sango? – Preguntaba el pequeño con cierta melancolía en su voz.
Kagome lo miró enternecida y se arrodilló hasta estar a su altura.
- Porque tu papá y yo queremos pasar un tiempo diferente, en un nuevo ambiente para tener otros recuerdos, sólo nosotros. ¿Está bien? – Preguntó reconfortando al niño.
- Sí pero él aún no llega. – Gimoteó el pequeño con sus lindos ojos dorados algo vidriosos.
- Ya lo hará. – Le dijo dándole un abrazo y volviéndose a erguir para continuar su camino junto a su hijo.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Una vez en la cabaña, muy acogedora por cierto, Kagome cambió de ropa a Daisuke y preparó algo de chocolate que había en uno de los gabinetes de la cocina. Una vez sentados en la cocina, se dispusieron a esperar.
- Mami... – Llamó el pequeño por enésima vez en el día.
- ¿Mmm? – Preguntó Kagome llevándose la taza de chocolate a la boca.
- ¿Estamos lejos, verdad? – Preguntó pensativo.
- ¿Lejos de dónde? – Cuestionó Kagome prestándole atención al ahora muy serio niño.
- De casa. – Respondió él.
- Pues sí, ¿y qué pasa con eso? – Preguntó sin entender.
- ¿Tú crees que Santa Claus sabe donde estamos? Es que yo no le dije en la carta que nos íbamos de viaje antes de la nochebuena. – Comentó preocupado. Kagome sonrió.
- Yo le avisé, no te preocupes. – Le dijo tomando un poco más de chocolate para que su hijo no viera su sonrisa.
- ¿De verdad? ¿Cuándo? – Preguntó el pequeño frunciendo el ceño. Kagome no se cansaría de notar que ese gesto era idéntico al de Inuyasha.
- Pues... – Empezó a decir maquinando en su mente alguna excusa pero fue salvada porque en ese momento se abrió la puerta dando paso a una imponente figura.
- ¡Papá! – Exclamó el pequeño bajando de la silla como una exhalación para luego correr hacía su progenitor.
- Hola, pequeño. – Le saludó Inuyasha amorosamente acariciándole algunos mechones de pelo.
- ¡Sakura, bájate! – Demandó el pequeño ignorando el saludo de su progenitor.
- Ya, ya. – Rió Inuyasha dejando en el suelo a una linda niña de ojos chocolates que poseían un enigmático borde dorado, la cual poseía una piel tan blanca como la nieve y se veía que poseía la misma edad que el niño. La pequeña hizo un puchero. En ese momento, Kagome se levantó y salió al rescate de su esposo acercándose a la niña y cargándola.
- Hola Sakura. – Le saludó dándole un beso en la mejilla mientras veía como la niña veía con envidia como Inuyasha cargaba a Daisuke.
El pequeño igualmente miró retadoramente a su hermanita desde los brazos de Inuyasha.
- Finalmente, hola Kagome. – Le saludó Inuyasha mirándola fijamente.
- Inuyasha, que bueno que llegas, este niño no paraba de preguntar por ti. – Sonrió mientras se daba vuelta y se dirigía a la cocina dejando a la pequeña en el suelo. Inuyasha la imitó y dejó a Daisuke en el suelo a pesar de sus protestas. Luego de darse por vencidos, los niños fueron corriendo a inspeccionar el lugar.
- ¿Y qué ha ocurrido mientras Sakura y yo no estabamos? – Preguntó Inuyasha revisando el chocolate que había preparado Kagome.
- Pues, tú hijo no es nada sin ti y...ah, estaba preocupado porque no sabía si Santa Claus sabía de nuestro nuevo paradero. – Sonrió.
- ¿Y qué le dijiste? – Preguntó Inuyasha sonriendo mientras se servía lo que quedaba de chocolate.
- Que yo ya le había avisado, por cierto... ¿dónde meteremos los juguetes? – Preguntó en un susurro. Inuyasha se lo pensó un momento.
- Un sitio donde ellos no husmeen está difícil de determinar. – Comentó pensativo.
- Por eso, todavía están en las maletas pero cuando tenga que sacar la ropa, dos pares de ojos van a estar demasiado atentos para mi gusto.
- ¿Y si le decimos que Santa Claus no existe? – Preguntó casualmente.
- Te mato y luego me encargo de que tu alma no se salve. – Le dijo Kagome con el ceño fruncido. Inuyasha rió levemente.
- Muy bien, entonces... ¿qué sugieres? – Cuestionó dándose por vencido.
- No sé...¿y si lo dejamos en la camioneta?
- Y si salimos por ahí, ellos se van a dar cuenta de que están dos grandes maletas en el maletero y van a empezar a preguntar y revisar lo que haya.
- Buen punto. – Dijo quedándose un rato en silencio hasta que al parecer tuvo una idea y empezó a caminar hasta su habitación seguida por un extrañado Inuyasha. Kagome al entrar empezó a tantear el suelo para mayor extrañeza de su esposo hasta que se escuchó como uno de sus pasos dio lugar a un sonido hueco. – Aquí. – Avisó mientras miraba a ambos lados para encontrar algo que le ayudase.
- ¿Qué pretendes? – Le preguntó Inuyasha sin entender aún.
- Mira.- Le dijo Kagome consiguiendo un bastón de metal cerca de la chimenea, el cual empezó a utilizar de palanca para levantar una de las tablas del suelo de la habitación. - ¿Te importaría? – Le preguntó Kagome a Inuyasha en señal de que le ayudara. El aludido suspiró y fue hasta donde estaba ella. Kagome soltó la vara e Inuyasha empezó a ejercer fuerza sobre esta, levantando finalmente la tabla. Suspiró cansado y observó como Kagome se acercaba y se arrodillaba a un lado de la tabla, observando como un profundo hueco estaba debajo.
- No van a caber. – Le dijo Inuyasha entendiendo el plan.
- Oh, de que entran, entran. – Decretó Kagome volviéndole a dar a su esposo el bastón de hierro otra vez ante la mirada de consternación de Inuyasha.
- No pretenderás que yo... – Empezó a quejarse pero Kagome lo acalló con un beso para luego dirigirse a la puerta y voltearse. – Dos tablas más, por favor. – Dijo sonriente mientras Inuyasha la miraba desahuciado cuando ella terminaba de salir.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
- Entonces la princesa se encontraba en aprietos, no sabía si hablar con ese príncipe o no, tenía tanto tiempo sin ponerse a pensar en las cosas del amor que sentía una gran opresión en el pecho y un miedo acerca de lo que pudiese pasar si se arriesgaba a amar, pues, no había conocido a nadie que saliera totalmente beneficiado de ese sentimiento. – Leía Kagome a una hiperactiva Sakura que se paseaba por la habitación mirando de vez en vez la ventana que daba una vista hacía la gran nevada que había.
- ¿Pero la princesa qué hizo entonces? – Preguntó la niña intentando prestar atención a dos cosas, a la historia y a saber cuando llegaría su papá.
- Entonces el príncipe entendió lo que le pasaba a la princesa y decidió ser él, el que actuara. – Continuó Kagome observando como su hija empezaba a pasearse de nuevo por el lugar. – Se hizo su amigo y la apoyaba en todas sus acciones, siempre estaba allí y ella se fue encariñando con él. Pero no todo se había dado tan fácil, más allá de la conciencia de la princesa, un hombre avaro y de vil corazón preparaba un gran plan para arrebatarle todas sus riquezas a ella.
- ¿Cómo se llamaba la princesa? – Preguntó Sakura desde la ventana.
- Eso lo sabrás al final. – Le respondió con una sonrisa para luego retomar su lectura. – El hombre se llamaba Hiten y tenía una acompañante que le servía en sus ruines actos llamada Yura, que era familiar de la princesa y se la pasaba cerca de ella.
- ¿Y qué pasó? ¿El príncipe atacó al malo? – Volvió a interrumpir la niña.
- Ten paciencia. – Le dijo Kagome volviendo de nuevo su vista al libro. – Ellos hicieron muchos planes contra la princesa como por ejemplo, una vez enviaron a un soldado a ... – Mientras Kagome seguía leyendo, la niña se esforzaba por intentar prestarle toda su atención pero su preocupación era tan grande como la de su madre, sólo que esta última intentaba disimularlo.
- Mami, ¿y mi papá? – Preguntó la pequeña.
Kagome suspiró cansada y sonrió.
- Pronto llegará, él salió con Daisuke a dar un paseo para intentar ver al halcón que Daisuke y yo vimos esta mañana.
- Yo quería ir. – Gimoteó la niña.
- Pero tú ya habías salido con él, mañana saldremos todos juntos y no habrá problema. – Intentó reconfortarla Kagome.
- ¿De verdad? – Preguntó esperanzada sin poder evitar contener más las lágrimas que mantenían vidriosos sus hermosos pedazos de chocolate que poseía por ojos.
- Sí, no te preocupes. – Le aseguró mientras volvía su vista al libro nuevamente. – Sigo entonce- El príncipe al saber que la princesa estaba en peligro quiso actuar de alguna manera pero ya los malos le habían advertido que no podía decir nada a la princesa o sino la matarían más rápido. Sin embargo... – Continuó Kagome mientras la niña volvía nuevamente su preocupada atención a la ventana escuchando retazos de la historia.
Kagome la miraba de vez en vez y se le partía el alma verla así, además, ella también ya estaba preocupada por lo que les hubiese podido pasar a los dos hombres que más amaba en el mundo.
- ¿Y entonces la princesa que hizo cuando ese señor le contó que la querían matar? – Preguntó la niña luego de un rato, intentando mantenerse al corriente de la historia.
- Ella le agradeció el acto de que por lo menos le informara y luego el hombre se fue... entonces ella regresó al palacio de donde se había hospedado pero si ellos se enteraban de que ya no poseía todas sus riquezas, la botarían de allí hacia las frías calles del lugar. Por eso, se fue a una fiesta que daban esa noche con la esperanza de conseguir a alguien que la regresara a su hogar pero falló, aunque consiguió a una amiga que... – La pequeña esta vez sentía como sus ojos le picaban y las lágrimas pugnaban por salir. De verdad estaba preocupada, no quería que llegaran las doce sin ver a su papá.
- Mami... – Volvió a interrumpir la pequeña.
- Dime. – Contestó Kagome suspirando.
- ¿Y mi papá? – Preguntó de nuevo.
- Pronto llegará, no te preocupes. – Intentó reconfortarla mientras sonreía débilmente. – Y bueno, entonces cuando el malo murió en el ingenioso plan de la princesa, el príncipe parecía que había muerto y la princesa no lo supo con claridad porque la gente se agolpó hacía ellos, sólo lo supo momentos después que había salido lastimado pero que estaba vivo y que Hiten no le había atravesado la espada.
- ¿Y qué pasó? – Preguntó la niña acercándose hasta donde estaba su madre.
- Ambos luego se casaron pero la princesa aún tenía la incertidumbre si todo sería igual de hermoso luego de un tiempo, si de verdad era el hombre que le convenía para vivir el resto de su vida, aunque ella nunca había dudado de su amor por él y ... – En ese momento se escuchó como una puerta se abrió de golpe. Kagome se levantó al ver llegar una sombra alta hasta donde estaban. En eso, observó como Inuyasha venía con Daisuke en brazos. - ¿Están bien? – Corrió hasta él y cargó al niño.
- Sí, estamos bien, no te preocupes. – Le reconfortó viendo como Kagome mecía y mimaba a Daisuke. En eso Sakura se acercó al libro, cogió un lapicero que había en la pequeña mesita y anotó al final del cuaderno: "Luego, la princesa tuvo dos hijos con el príncipe y todas sus dudas se disiparon pues ahora que son reyes, miman y quieren a los nuevos príncipes y para todos los que preguntaban, la princesa se llamaba Kagome y el príncipe se llamaba Inuyasha y sus dos hijos se llaman Daisuke y Sakura. Por eso, todos vivieron felices para siempre. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado" En eso la niña sonrió satisfecha al ver a su mamá besando delicadamente a su papá y diciéndole lo mucho que lo amaba y lo feliz que estaba de que hubiesen llegado antes de las doce de la noche para poder pasar juntos la nochebuena.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Al día siguiente, luego de las muchas peleas con los niños para que se fueran a dormir la noche anterior, Daisuke y Sakura, los pequeños de no más que 4 añitos corrieron entusiasmado hasta la pequeña sala de la cabaña, haciendo mucho ruido a su paso por cierto, con el afán de ver los juguetes.
Kagome desde lo lejos escuchó los ruidosos pasitos de sus hijos y gimió desesperada de que ya se hubiesen despertado.
- ¿Por qué tuve que tener morochos? – Musitó envolviéndose más entre las sábanas.
En eso escuchó la leve risa de Inuyasha.
- Mírale el lado bueno, así te ahorraste de tener que dar a luz dos veces. – Le comentó burlón. Kagome bufó molesta sin siquiera voltearse para verlo a pesar de que ya sentía su intensa mirada sobre ella.
- Que consuelo. – Dijo sin mucho ánimo mientras escuchaba como sus retoños los llamaban entusiasmados desde la sala.
- Yo abrí los juguetes el año pasado, te toca a ti. – Le dijo Inuyasha puyándole el hombro.
- No seas bolsa. No quiero. – Dijo como una niña malcriada. – Son las seis de la mañana, quiero dormir. – Gimió.
- Creo que no va a ser posible. – Le respondió Inuyasha mientras que Kagome escuchaba como dos pasitos se acercaban a ella.
- Mira mamá, ¿no es hermosa? – Le dijo Sakura señalándole la muñeca a Kagome.
- Bellísima. – Contestó Kagome sin ánimo y sin abrir los ojos.
- No has abierto los ojos. – Le reclamó la pequeña.
Kagome no tuvo más remedio que hacerle caso y vio la muñeca que ella misma escogió para Sakura.
- Muy hermosa, Santa Claus tiene muy buen gusto. – Dijo en tono soñoliento mientras se incorporaba y se sentaba en la cama para ver como Inuyasha estaba sentado a su lado, mientras parsimoniosamente le sacaba cada uno de los alambres y demás cosas que mantenían sujeto al muñeco que Daisuke le había dado para que lo abriera y sacara de la caja.
En ese momento Kagome observó como todo lo que siempre pensó que era algo imposible alcanzar, ahora lo tenía, tenía a un esposo maravilloso, a unos hermosos hijos y una vida completa llena de alegría, con lo cual, no pudo evitar que sus ojos se volvieran vidriosos por las lágrimas de alegría. En verdad, Santa Claus le había dado el mejor regalo del mundo.
- ¿Qué te pasa? – Le preguntó Inuyasha dándose cuenta de cómo Kagome tenía los ojos.
- Nada. Sólo estoy feliz por todo lo que Dios me ha dado. – Dijo sonriente mirándolo con adoración.
Inuyasha sonrió y luego se levantó, buscó entre una de las gavetas y sacó un regalo envuelto en papel dorado, muy elegante, con el cual, luego, regresó a la cama con Kagome y los niños. En eso, se lo entregó a ella.
- Feliz Navidad. – Le dijo sonriente. Kagome le devolvió la sonrisa y tomó el regalo.
- Gracias. – Musitó dejando el regalo a un lado para luego revisar la mesa de noche de ella y sacar una caja azul marino que se la entregó a Inuyasha. – Feliz Navidad tú también. – Le dijo sonriente. Inuyasha lo tomó y cuando abrió pudo ver un reloj marca Fossil espectacularmente bello con detalles en dorado.
- Wow, gracias. – Dijo sorprendido. – Te debió costar un ojo de la cara. – Musitó.
- ¿Por qué crees que siempre me encontraba sin plata? – Preguntó burlona abriendo su regalo y quedándose sin habla. – ¡Dios mío! – Exclamó atónita observando un estuche de maquillaje de Estee Lauder en sus manos. – y después dices que mi regalo es caro. – Comentó riendo levemente.
- Pues sí, como que estamos a mano. – Dijo él sonriendo.
En eso los niños volvieron a llamarlos para que les siguieran abriendo sus juguetes, pasando así una hermosa Navidad.
"Y colorín colorado, este cuento se ha acabado n.n"
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Hola, bueno, me despido con este fic T.T no mentira, no me siento triste, jaja, al contrario, me encantó escribirlo y me encantó saber que gustó tanto, gracias por sus wow...199 reviews, vaya, jaja, pues, muchísimas gracias, les agradezco mucho su apoyo en este primer fic largo que publico n.n. Espero que me dejen algún review final a ver que les pareció el final y también quisiera que me dijeran que fic aparte de tras una ilusión sea el siguiente que actualice. Bueno, me despido, las quiero mucho, sayonara n.n.
