Capítulo 1. Un Portal al Desastre.
Yo corría a todo lo que daban mis piernas, pero esta vez no huía de nadie, más bien alguien huía de mí.
Realmente ridículo, pensaba yo, ¿A quién se le ocurría ponerme a trabajar tres días antes de mi cumpleaños y justo cuando mi sensei me había ido a visitar después de tanto tiempo? Obviamente sólo a Koenma.
Así que en ese momento yo me encontraba persiguiendo un youkai cuyos poderes ni siquiera conocía, solamente porque a su 'Alteza Espiritual', a quien yo no podía evitar ver como un mocoso, se le había ocurrido que era peligroso pero no lo suficiente para mandar a alguien más y ahora yo debía ir.
Llevaba puesta mi ropa normal de combate que consistía en una blusa verde mar de mangas largas, ligeramente flojas (apenas lo suficiente para que cupieran mis dagas) de cuello en 'v' algo escotada que me llegaba hasta poco más debajo de las caderas y que desde abajo del busto tenía una abertura por la parte del frente que dejaba ver mi abdomen plano e incluso mi ombligo; también llevaba unos capris negros a la cadera y botines también negros (en uno de ellos normalmente llevaba oculta una navaja para emergencias); mi cabello en la usual coleta.
Pude ver como el youkai hacía lo que parecía una rajada en el aire, como alguna especie de portal y lo cruzaba. Decidida a cumplir con la misión, y que por ello no podía perder a mi presa crucé el portal antes que éste se cerrara.
En ese momento yo aún creía que podía atrapar al youkai ese, enviarlo al Reikai y volver a casa para la hora de la cena…que equivocada estaba.
Cuando llegué al otro lado estaba bastante confundida. Por la pinta del lugar, en especial el cielo que era rojo en vez de azul, pude deducir que no me encontraba en el ningenkai sino en el makai, sin embargo había algo que no me terminaba de gustar en todo eso. Una sensación en la boca del estómago que me decía que algo estaba por suceder, algo increíble y que cambiaría mi vida para siempre.
.---.
Horas después tuve que aceptar que había fallado. Había perdido por completo el rastro del youkai que siguiera hasta ese lugar, y lo peor de todo es que por haber estado corriendo por tanto rato ya no recordaba como llegar de regreso hasta el portal que me regresaría al mundo de los humanos.
Mis opciones eran esperar a que mi padre o mi sensei notaran lo que había sucedido y fueran a buscarme o que yo misma buscara ayuda. Después de pensarlo por un buen rato me di cuenta que no estaba muy lejos de la fortaleza de la Líder con quien mi sensei se había aliado, quizá ella podría ayudarme, después de todo ella no había sido grosera conmigo el día previo.
Estuve caminando por un largo rato, no sé si fueron minutos u horas, hasta que llegué muy cerca de la fortaleza. Caminando bajo la sombra de unos árboles cercanos llegué hasta un punto donde tenía buena vista de lo ocurría a unos metros, casi a las puertas de la Fortaleza. Y lo que ocurría era una batalla: una batalla entre un grupo que parecían ser youkai extranjeros, al parecer tigres, contra ¡un solo hombre vestido de negro!
No sabía quien era el hombre, que era aproximadamente de mi estatura (lo cual les dice que no era muy alto), de cabello negro corto y ojos de un tono escarlata; lo que sí sabía es que estaba peleando sólo con casi dos docenas de enemigos, y yo lo iba a ayudar.
Así pues no lo pensé más, desenvainé mis kodachi y me lancé con todo lo que tenía contra el grupo de youkai, ignorando la mirada de sorpresa y extrañeza que me dirigía el hombre de negro y simplemente peleando.
-¿Quién demonios eres tú? –me preguntó él en un momento que quedamos espalda con espalda y completamente rodeados.
-Alguien que te quiere ayudar. –le respondí con calma. –Las presentaciones déjalas para cuando ya sólo quedemos nosotros dos.
Y así volvimos a la pelea. La cual no duró mucho más. Él era bastante hábil, y yo había tenido un muy buen maestro, el mejor.
-Ahora sí. –insistió el hombre apuntándome con su katana. -¿Quién eres y qué haces aquí?
-Sólo soy alguien que terminó aquí por error mientras perseguía a un youkai. –expliqué.
-¿Por qué usas ese disfraz de ningen?
-Porque soy una ningen.
-No mientas. Si acaso eres ningen no lo eres completamente, puedo percibir sangre de youkai en ti, de un youkai poderoso.
-Bien.
En un parpadeo cambié. Mis ropas seguían siendo las mismas, pero ahora mi cabello se había aclarado a un tono grisáceo y una cola gris sobresalía por detrás de mí, aunque para sorpresa de mi interlocutor mis orejas se volvieron algo puntiagudas pero no cambiaron de forma.
-Soy una hanyou. –no me agradaba mucho decir eso pero era necesario. –Mitad kitsune, mitad humana psíquica.
A él pareció sorprenderle la combinación pero me creyó pues bajó la katana.
-Nunca te había visto por éstos rumbos. –me dijo. -¿De dónde vienes?
-De muy lejos. –le respondí.
Yo todavía no sabía si confiar o no en él, después de todo no lo conocía; y si acaso él resultaba ser peligroso podría acabar poniendo en peligro a mi familia, eso nunca me lo perdonaría.
-Mi nombre es Hana. –agregué yo. –Ya te he dicho quien soy y lo que me trajo aquí, ¿quién eres tú? Percibo el poder de un youkai poderoso, y de fuego, pero no sé quien eres, ni si eres de fiar.
Me pareció que él estaba a punto de responder a mi pregunta cuando de pronto percibí otra presencia acercándose.
-Vaya, tal parece que nuevamente pudiste hacerte cargo de la situación tú solo. –dijo la recién llegada.
Ni siquiera lo pensé, en un instante ya tenía de nuevo las kodachi en mis manos y estaba en una pose neutra, lista para defenderme o atacar según fuera necesario.
La recién llegada pareció algo sorprendida, si no de mi presencia sí de mi comportamiento.
-Creí que nos atacaban youkai del Clan de los Tigre, no del de los zorros. –dijo la mujer con tranquilidad. –Y mucho menos una hanyou.
Eso hizo que afianzara mi fuerza en mis armas, aunque no ataqué, no me pareció que hubiera dicho que era hanyou en un tono despectivo, ni como amenaza, lo cual era ciertamente extraño en alguien del Makai.
Ahora, para los que se pregunten cómo era la mujer, es difícil de describir, sus cabellos anaranjados y sus ropas que combinaban blanco con morado y rojo, partes de su cuerpo parecían de cyborg; yo no la consideraría precisamente como bonita, aunque sí podía notar que era poderosa, y había un aire de autoridad a su alrededor que nadie podía negar. Ella era una youkai fuerte y con gran poder.
-Mukuro. –la nombró aquel a quien yo había ayudado. –Ella no era parte del ataque. No sé con exactitud de donde venga, sólo que se llama Hana, en efecto es una hanyou, media kitsune, que por alguna razón que también desconozco se metió en mi pelea contra los del clan de los tigres, hace un rato.
-Hiei, Hiei, -lo nombró ella con un tono algo condescendiente. –Me sorprende que desconozcas tantas cosas de ésta misteriosa visitante, normalmente eres bastante persuasivo al momento de obtener información.
En ese momento mi mente reaccionó. ¡¿Este era Hiei! El youkai de fuego de clase S más temido en los tres mundos, que fuera un ladrón y asesino antes de ser capturado por el Reikai y más adelante se dedicara a trabajar para Koenma. Yo sabía quien era Hiei, y no podía creer que el hombre de pie junto a mí a quien había decidido ayudar fuera el mismo de quien había oído hablar tanto.
-Creo que tu amiga se quedó sin palabras. –comentó Mukuro en ese momento.
-No es mi amiga. –dijo Hiei entre dientes. –Yo no tengo amigos.
-¿Me dirás quien eres muchacha, y qué te trae a mi territorio? –me preguntó Mukuro.
-Mi nombre es Hana, como ustedes ya hicieron notar soy mitad kitsune y mitad humana, específicamente una psíquica. –dije yo con seriedad. –Y acerca de lo que hago aquí, me temo que al estar persiguiendo a un youkai desconocido me aparté demasiado del terreno que conocía y terminé en el lugar equivocado.
-Una joven bien educada sin duda. –comentó Mukuro. –Y no me refiero sólo en modales, su posición y actitud así como el hecho de que Hiei diga que peleó contra los youkai tigres me hacen notar que sabe artes marciales y usar las armas que lleva.
-No las cargaría si no supiera usarlas. –respondí con calma, aún sujetando ligeramente una de las dagas, preparada.
-Bueno, supongo que si nos ayudaste podrías quedarte aquí. –dijo Mukuro finalmente. –Al menos mientras descansas y encuentras la manera de volver con los tuyos.
-Gracias. –dije yo con una respetuosa inclinación.
Todavía no estaba muy segura de qué tanto podría confiar en esa mujer, Mukuro, o incluso en el youkai Hiei; pero al menos por el momento estaba sola, ni mi sensei, ni mis padres, ni mis amigos estaban conmigo, ellos dos eran las únicas personas que conocía y al menos no estaban tratando de matarme por ser una hanyou (y créanme, eso ya es decir algo). Así que decidí aceptar y los seguí al interior de la Fortaleza.
El plan era simple, Mukuro me prestaría todos los mapas que tenía del Makai y así yo podría tratar de encontrar el lugar done vivía alguno de los amigos de mis padres y pedirles ayuda a ellos para volver a casa, o en el último caso buscar a la amiga de mi sensei y tratar que ella me ayudara. Pero entre más estudiaba los mapas, más confundida terminaba, pues aunque reconocía los nombres de algunos territorios, no sucedía lo mismo con los nombres de aquellos que los lideraban. Era como si alguien me hubiera mandado a un Makai completamente diferente al que conocía.
.---.
Pasaron varios días y creo que Mukuro se compadeció de mí al ver que me desesperaba. Dijo que quizá ella y Hiei podrían ponerme en contacto con unos conocidos que podrían ayudarme más. La única condición era que mientras íbamos a ver a esos conocidos yo los ayudara a detener a los youkai que trataban de atacar la fortaleza de vez en cuando.
Para entonces ya tanto ella como Hiei me habían visto entrenando con mis dagas o mis artes marciales en más de una ocasión, y la verdad es que no sé quien de los dos fue quien decidió que yo podría serles de ayuda.
Al principio no estaba muy segura, después de todo debería estar ocupando mi tiempo en buscar la manera de encontrar a mis padres, no en defender la fortaleza de alguien más. Pero no tardé en darme cuenta que en realidad no tenía mucha opción. Así que al final tuve que aceptar el ofrecimiento.
Empezó como un asunto de unos días, que se volvieron semanas, un mes, hasta que llegué casi a acostumbrarme por completo a vivir de esa manera. No era tan malo, en realidad me servía para mejorar mi estilo de pelea, y me gané el respeto de muchos de aquellos youkai que habitaban en la fortaleza o sus alrededores.
.---.
El día que se cumplían dos meses desde mi llegada a la Fortaleza hubo un ataque de un grupo de youkai, eran felinos, aunque yo no le di demasiada importancia. Hiei había salido con un encargo de Mukuro, y ella estaba ocupada arreglando unos asuntos con su gente, así que yo me tendría que hacer cargo del asunto.
Los enemigos eran un número considerable, aunque no suficiente para provocarme miedo. Cerca de tres docenas, y yo con quince youkai de diferentes razas siguiéndome, me había ganado el respeto de todos ellos en el transcurso de las batallas previas.
El combate dio inicio casi de inmediato. Y yo empecé a bailar, bueno es lo que Yume dice que parece que yo hago cuando me pongo a pelear, según ella yo me muevo de una manera que parece que estoy ejecutando alguna clase de danza mística y mortal.
La pelea se extendió más de lo que yo hubiera esperado, hasta el momento en que yo había perdido ambas kodachi.
-Maldición. –no pude evitar murmurar entre dientes.
Varios de los que me seguían estaban heridos, y uno muerto, no podía dejar que las cosas siguieran así. Tras pensarlo unos instantes me decidí, silbé con fuerza, una señal que los youkai entendieron como que me disponía a hacer algo. Y en efecto, yo acababa de sacar una flor de entre mis ropas.
-¡Navajas del Clavel! –ataqué yo con seriedad.
La flor, los pétalos se convirtieron de inmediato en navajas que atacaron certeramente a al menos la mitad de los enemigos que seguían en pie, aquellos que estaban de mi lado apenas si alcanzaron a tirarse al suelo justo antes. Ese era mi ataque más común, y el más sencillo de hacer.
En el momento que pronuncié el ataque además mi disfraz de humana cayó, revelando mi cola, afiladas uñas, orejas puntiagudas y mi cabello de un color más claro que normalmente. Al principio a varios les había extrañado ver a una kitsune sin las características orejas, pero creo que ya se habían acostumbrado.
Los youkai que me acompañaban se levantaron y volvieron a formarse cerca de mí, como esperando un plan de mi parte para terminar con los youkai que aún quedaban, pero si algo me faltaba a mí eran ideas.
Estaba por sacar otra flor para atacar, pensando que la primera no había sido suficiente cuando de pronto sentí algo justo detrás de mí. Apenas sí alcancé a sacar una flor y defenderme.
-Escudo de Girasol. –el escudo nos cubrió a mí y a todos a mi alrededor apenas a tiempo.
-¡Espada del Dragón de la Flama Negra!
Frente a mí pasó lo que puedo describir apenas como un borrón negro, un instante antes de que cayeran al suelo el resto de los enemigos, todos ellos con heridas mortales provocadas por una katana que se encontraba en manos de quien en ese momento acababa de llegar a ayudarnos.
Ese ataque… me quedé pensando.
Y cuando mis ojos se dirigieron a aquel que lo había realizado no podía creer lo que veía, lentamente los pétalos azules que formaran antes el escudo cayeron al suelo y yo, sin poder evitarlo, caí desmayada.
