Capítulo 2. Problemas.
Cuando abrí los ojos todo me daba vueltas. Noté que estaba en una cama, y había alguien a mi lado, sentado en una silla.
-¿Sensei? –pregunté enderezándome lentamente.
-No, no lo soy, y no sé quien sea esa persona. –me respondió una voz profunda.
-Hiei-san. –lo nombré yo.
Y entonces todo volvió a mi mente. No estaba en mi casa sino en la fortaleza de Mukuro, lo último que venía a mi mente era una batalla contra unos youkai que habían tratado de invadir, yo había usado uno de mis ataques de kitsune, después había llegado Hiei y usando uno de los ataques de su Dragón de la Flama Negra había derrotado al resto de los enemigos. Y…ella se había desmayado después de eso.
-Perdona. –me disculpé. –Creo que no estaba precisamente preparada para usar dos flores tan seguidas. Después de todo, normalmente enfrento a mis oponentes únicamente con mis kodachi y mis artes marciales.
-Es insólito, una youkai que no acostumbre usar sus poderes. –dijo Hiei.
-Cuando estás en el ningenkai, rodeada de un montón de chiquillos que te llamarían fenómeno tan sólo si te vieran sacar una flor de tu cabello o ropas, tienes que aprender a defenderte de maneras más discretas. –le expliqué. –Un golpe o una herida de mis dagas deja menos rastro que un ataque hecho con youki.
Hiei tuvo que aceptar que lo que yo decía tenía cierta lógica. En especial siendo porque él siempre usaba su katana.
-Estuviste inconsciente toda la noche. –me informó Hiei. –Y no dejaste de mencionar a un sensei. ¿Quién es él?
-Me temo que no te puedo dar un nombre Hiei-san. –le respondí con calma a la vez que me dirigía al pequeño baño adjunto a mi habitación a cambiarme.
Llevaba puestas ropas que me consiguiera una de las youkai al servicio de Mukuro. Me volví a poner las ropas con las que llegara, ya limpias.
-¿Por qué no? –me preguntó él. –Quizá si me dijeras su nombre podríamos encontrarlo a él. Si es un youkai con habilidades será fácil dar con él.
-Me temo que aún queriendo no puedo darte un nombre. –le insistí. –Ya que yo misma no sé cuál sea.
-¿Cómo puedes tener un maestro y no saber su nombre?
-Él fue mi sensei, quien me enseñó a usar la espada y mis dagas. Pero siempre supe que no le gustaba tratar con niños, o con aquellos que son hanyou o ningen. Creo que yo soy una de las pocas excepciones que ha hecho. Nunca me dijo su nombre.
-¿Entonces cómo te dirigías a él?
-Simplemente lo llamo sensei. Él me dijo que el día que yo lo pudiera derrotar en un duelo uno a uno me diría su nombre.
-Y supongo que eso todavía no sucede.
-No, aún no.
Es verdad. Sé que a algunos les parecerá extraño y quizá hasta ridículo que yo tenga un sensei, alguien que me entrenó durante siete años y ni siquiera sé su nombre. Pero bueno, a mí nunca me pareció demasiado extraño, después de todo él siempre me pareció diferente a los demás. Ya el simple hecho de que él decidiera ser quien me enseñara a usar la espada me pareció bastante honor, por eso nunca le pedí más de lo que él estuviera dispuesto a darme. Y sobre el trato que hicimos…yo nunca he perdido la esperanza, llegará el día en que lo derrote y sepa cuál es su verdadero nombre; El día que le pruebe a todos que aunque yo sea solamente una hanyou soy muy fuerte.
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Ese mismo día, por la tarde, un youkai fue a buscarme al área de entrenamiento, a informarme que Mukuro deseaba verme en la Sala de Guerra, donde planeaba todo. Yo asentí y guardando mis kodachi como siempre lo hacía fui a buscar a Mukuro.
-¿Me mandó llamar, Mukuro-sama?
-Así es Hana. –asintió Mukuro.
Detrás de ella se encontraba Hiei, y tan sólo de ver su rostro, más sombrío que normalmente, entendí que era obvio que fuera lo que fuera para lo que me habían llamado definitivamente no era bueno.
-¿Qué sucede? –pregunté, la tensión en verdad podía sentirse en el ambiente.
-Hiei acaba de recibir un mensaje, debe presentarse en el Reikai con urgencia, y se me ocurrió que quizá podrías ir con él. –me explicó Mukuro tranquilamente. –Ya me has ayudado mucho éstos dos meses y temo que yo ya no puedo hacer más por ti, aunque existe la probabilidad de que Koenma sí pueda.
¿Koenma? Ahora, eso sí podría serme de ayuda.
-Bien, entiendo esa parte. –dije yo. -¿Pero qué hay en eso que lo pone tan de mal humor?
-Ese mocoso príncipe del Reikai sólo me llama cuando metió la mata muy, muy profundo. 7 años viviendo en el Makai y todavía cree que con su excusa de 'libertad condicional' puede hacer que vuelva a trabajar con él cuando se le antoje.
Yo no dije nada al respecto, no tenía ganas de que él desquitara su coraje conmigo.
-¿Cuándo partimos? –les pregunté.
-Ya mismo. –respondió Hiei levantándose. –El mensaje llegó en calidad de urgente, y espero terminar con lo que sea de lo que se trate pronto.
-Supongo que también esperas poder deshacerte de mí pronto. –dije de pronto.
¿Por qué dije eso en ese momento? La verdad no lo sé, algo me impulsó a hacerlo.
No obtuve respuesta de Hiei, aunque tampoco la esperaba. La verdad es que no sé que hubiera hecho si la hubiera obtenido. En dos meses había llegado a acostumbrarme a ese nuevo estilo de vida, olvidándome a ratos de lo importante que era volver, a mi hogar, con mi familia.
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Llegamos al Reikai apenas unos minutos más tarde. Ahí Botan me miró de una manera bastante curiosa, como si nunca antes me hubiera visto (lo cual ya de por sí no era buena señal) y nos guió a donde Koenma. Ahí vi como Hiei intercambiaba unas palabras con el príncipe del Mundo Espiritual antes de darse la vuelta.
-Él va a hablar contigo. –me informó Hiei.
-¿Te vas a ir tan pronto? –le pregunté sujetándolo ligeramente de la capa.
Por alguna razón sentía que no estaría segura si él no se quedaba conmigo, creo que me acostumbré demasiado a su presencia.
-Tengo que ir a buscar a alguien. –me respondió. –Volveré pronto.
Yo asentí y lo solté, volteando a ver al pequeño príncipe.
-Buenas tardes Koenma. –lo saludé con ánimo.
-Ahora, según Hiei tu nombre es Hana, eres mitad kitsune y mitad humana psíquica. –dijo Koenma con seriedad.
-Vamos Koenma, ahora me vas a tratar como si no me conocieras, cuando es tu culpa que yo haya estado dos meses atrapada en el Makai sin poder volver a casa. –dije yo con calma. –Mis padres deben estar muy preocupados.
-Espera, espera un momento. –me detuvo él. -¿Por qué dices que es mi culpa?
-Pues tú me enviaste a perseguir a ese maldito youkai, por seguirlo acabé en el Makai sin la más mínima idea de donde me encontraba ni cómo volver.
-No tengo ni idea de lo que hablas.
-¿Qué quieres decir? ¿Acaso no me recuerdas?
-Nunca he conocido a una hanyou llamada Hana, no.
-Por Kami… ahora sí estamos en problemas.
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Tras una larga conversación la única explicación lógica a la que pudimos llegar fue a que yo había viajado a otro tiempo o a otro plano; fuera como fuere si había algo cierto era que me encontraba en un lugar donde yo no existía (ya fuera porque estaba muerta, aún no había nacido, o simplemente no existía). Cualquiera que fuera la explicación no me gustaba. Pese a que me llevaba considerablemente bien con Hiei, Mukuro, y algunos otros de los youkai en la fortaleza y a que había llegado a acostumbrarme casi por completo a la rutina de vida en el Makai, no podía simplemente resignarme a no volver a ver a mi familia; mi padre, mi madre, mis amigos, incluso mis latosos primos. No, de ninguna manera, tenía que haber algún modo de volver con ellos.
Tras discutirlo mucho Koenma dijo que se pondría a investigar el asunto y trataría de ayudarme a encontrar el portal que me había mandado a ese lugar en primer lugar, y que con un poco de suerte podría devolverme a mi hogar. Pero hasta entonces…no me quedaba otro remedio más que quedarme ahí.
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Pasó un rato antes que Hiei volviera, acompañado por diferentes personas, algunas que me sorprendí mucho de ver, otras que no; aunque sin importar eso yo no permití que emoción o reacción alguna se mostrara en mi cuerpo, y mis ojos (cuyas expresiones son prácticamente imposibles de ocultar), simplemente los mantuve apartados de los recién llegados.
Me mantuve apartada mientras Koenma hablaba con todos ellos acerca de un torneo de Artes Marciales, el Ankoku Buujutsukai, al cual habían sido 'invitados'. Lo cual, según lo que yo sé, significa que tenían que participar si no querían que sus seres queridos fueran atacados.
Yo tenía buena información de ese torneo, se hacía cada tres años según tenía entendido y al equipo ganador se le concedía cualquier cosa que deseara; los equipos eran de cinco miembros y las peleas casi siempre eran a muerte. Se decía que el Reikai permitía ese torneo para saciar el deseo de ver sangre y muerte de la mayoría de los youkai.
Todo parecía ir bien hasta que uno de ellos expuso un problema:
-Kiseki no puede pelear. –dijo uno de ellos. –Tiene 5 meses de embarazo. Pelear contra otros demonios en ese estado no es conveniente. No la voy a arriesgar ni a ella ni a mi bebé.
El que había hablado era un hombre alto, el más alto del lugar, pelirrojo de ojos verdes, llevaba un traje sastre muy elegante. Junto a él se encontraba una mujer de cabellos negros y ojos grises ataviada con un vestido verde de maternidad, supuse que ella sería su esposa.
-Yo puedo pelear. –ofreció otra mujer.
-No. –se negó el hombre a su lado.
-¿Dudas de mi poder? –se quejó ella. –Al igual que tú fui entrenada por Genkai. Tengo suficiente poder espiritual para participar en ese torneo y lo sabes.
-Aún así podrías no tener el tiempo ni el espacio para usar tus flechas espirituales. –insistió el hombre con inseguridad.
-Lo mismo puede pasar con tu onda espiritual. –replicó ella. –Si te vas a los riesgos, ambos los corremos por igual.
-Es demasiado peligroso. No me perdonaría jamás si algo te sucediera. –insistió el otro seriamente y con un dejo de tristeza. –Y además, ¿Quién cuidaría a los niños si algo llegara a salir mal?
Eso pareció dejarla a ella pensando.
La mujer era de cabellos castaños y ojos de un café claro, llevaba una falda amarilla con una playera polo blanca; el hombre, quien deduje era esposo suyo, tenía el cabello negro y los ojos marrones, y vestía con un pantalón verde oscuro y una playera elástica amarilla.
-Saben, podemos pasarnos el día entero discutiendo, y no vamos a llegar a ningún lado. –dijo otro hombre.
Él tenía el cabello de un color que parecía ser anaranjado oscuro, y los ojos avellana, llevaba un traje sencillo gris y una bata blanca encima. Ligeramente detrás de él se encontraba una mujer joven muy hermosa, de cabellos aqua y ojos escarlata (muy parecidos a los de Hiei, pude notar yo).
-Por una vez en la vida el baka tiene razón. –dijo Hiei su voz tenía un cierto tono de sarcástica burla (normal en él según había notado).
-Tú enano… -murmuró el de ojos avellana.
-¿Qué? –ahora Hiei lo estaba retando.
En el tiempo que llevaba de conocer a Hiei había notado que había mucho más de él que lo que se contaba, era mucho más que sólo un ladrón y asesino, youkai de clase alta y el Heredero de Mukuro; era también valiente, calculador, irónico y frío la mayor parte del tiempo, pero al mismo tiempo había una sombra al fondo de su mirada que me intrigaba, me hacía desear poder conocerlo más, poder develar todos sus secretos.
Una voz femenina muy dulce me sacó de mis pensamientos.
-Kazuma-koi…Hiei-kun… -era la mujer de ojos escarlata.
Bueno, con esas palabras ella confirmó mis sospechas de que ella y el hombre de ojos avellana también eran pareja, ya solamente me faltaba descubrir de alguna manera si ella tenía algún parentesco con Hiei.
En ese momento también noté el hecho de que todos ellos parecían estar con alguna pareja, a excepción de Hiei; aunque siendo honesta, aunque no lo conocía mucho que digamos no me lo podía imaginar con pareja.
-Bueno, entonces ¿Qué piensan hacer? –preguntó Koenma.
-Koenma-sama. –llamó Botan desde un lado. -¿No podrían decir que no pueden pelear porque les falta un miembro para completar el equipo?
-No Botan. –negó Koenma. –Los organizadores del torneo jamás aceptarían una excusa como esa. Igual los considerarían a ellos como desertores, o cobardes y mandarían a los mercenarios a matarlos, a ellos y a sus familias.
-Que lo intenten. –dijo el hombre de cabello negro con una nota de odio en su voz, era obvio que jamás dejaría que alguien dañara a su familia.
Algo más que noté en ese momento fue que una parte de su reiki no era totalmente humano, incluso me pareció notar que había youki en él. Un descubrimiento muy interesante si me lo preguntan, son pocas las personas que he conocido en mi vida que combinan ambas energías (yo misma poseo una combinación así).
-No, no pueden renunciar. –siguió diciendo Koenma. –Pero debe haber alguna manera…
Y a mí se me ocurrió que era buena idea intervenir en ese preciso momento.
-Quizá yo podría ayudar.
