Capítulo 3. Muchas Interrogantes, Pocas Respuestas.
-Yo podría ayudarles. –dije con calma acercándome a ellos.
Hasta ese momento yo había permanecido recargada a un lado, desde donde tenía una perfecta vista de todo y de todos y aún así mi presencia pasaba desapercibida. A decir verdad creo que hasta ese momento el único que sabía que yo estaba ahí era Hiei, el propio Koenma parecía haberse olvidado de mi presencia.
-¿De qué hablas niña? –preguntó el sujeto de ojos avellana.
-¿De qué manera crees que tú podrías ayudarnos? –preguntó el de cabello negro.
-¿Quién eres tú? –preguntó el pelirrojo.
-Siento una energía muy extraña en ella. –agregó la de cabellos negros. –Ni reiki ni youki, pero una combinación de ambos.
-Bueno, no creo poder contestar sus preguntas en orden. –dije yo con una sonrisa. –Mi nombre es Hana, soy lo que algunos llaman hanyou; Mitad kitsune y mitad psíquica. –para probarlo desaparecí mi disfraz. –Y les ofrecí ayuda, sí ustedes necesitan un miembro más para su equipo, quizá yo podría ayudarlos.
-¿Qué clase de habilidad podría brindar una niña? –preguntó el de ojos avellana.
-Si dudas puedo pelear contigo en el momento en que gustes. –le repliqué. –De niña tengo muy poco, tengo dieciocho años y me molesta mucho que me subestimen.
El hombre se atrevió a burlarse, pero le duró muy poco el gusto.
Un instante después una de mis kodachi estaba rozando su garganta, y yo estaba de pie ligeramente a un lado de él.
-¿Convencido? –le pregunté al oído.
-Wow. –la mujer de ojos café claro estaba muy sorprendida. –Eso fue increíble. Ni siquiera pude verla cuando se movió.
-Como podrán ver no soy una novata. –les dije guardando mi kodachi. –He entrenado por catorce años en artes marciales y doce en las armas; mis maestros han sido los mejores, aunque de una vez les advierto que no les daré sus nombres, ni ningún otro más que el mío.
-Que altanera. –dijo al que había amenazado, miró a Hiei. –Se parece a alguien que conozco.
-Y no sólo en eso. –agregó el pelirrojo.
-Cierto. –dijo el de cabello negro. –Ella es casi tan rápida como tú Hiei.
-Hn. –como siempre esa fue la respuesta de él.
No me esperaba que dijera más y sin embargo lo hizo:
-Ignoren las tonterías de ese baka, ella tiene habilidad con esas kodachi, y también sin ellas. –declaró él seriamente.
-Nunca te había escuchado hablando bien de alguien Hiei. –comentó el de ojos verdes.
-¿La conoces? –preguntó la esposa de él al mismo tiempo.
-Apareció hace dos meses en el territorio de Mukuro y se metió en una pelea que tenía contra el Clan de los Tigres. –explicó Hiei. –Logró derrotar a siete de ellos con relativa facilidad y apenas algunos raspones. Ha estado trabajando para Mukuro desde entonces.
-¿Qué hace una hanyou trabajando para una de las Principales Líderes del Makai? –preguntó Botan en ese momento.
-No tenía realmente muchas opciones en ese momento. –respondí yo. –Y esa fue la mejor que cualquiera pudo ofrecerme.
-¿De dónde vienes? –preguntó la de cabellos castaños.
-Demasiado lejos para siquiera poder explicarlo. –repliqué.
-¿Por qué si eres kitsune no tienes las orejas? –pregunté el pelirrojo.
-Esa es una buena pregunta. –repliqué con un dejo de ironía. –Quizá se la haga a mis padres la próxima vez que los vea.
-¿Por qué no los ves ahora? –pregunté de nuevo él mismo.
-Ahora, esto parece un interrogatorio y a menos que me estén acusando de algo y no estoy enterada aún no tengo ninguna obligación de contestar. –dije yo. –Quizá obtengas la respuesta cuando me digas por qué siendo tú un kitsune, y uno poderoso según puedo sentir usas ese disfraz de ningen.
Ahora, creo que eso realmente lo dejó algo desubicado, porque ya no replicó.
-Y antes de seguir con ésta interesantísima conversación. –agregué yo en ese momento. –Me gustaría primero saber exactamente con quien estoy hablando.
-Mi nombre es Yukina. –increíblemente la que había permanecido callada hasta ese momento fue quien habló. –Éste es mi prometido: Kazuma Kuwabara.
-Yo soy Keiko Urameshi-Yukimura. –se presentó la mujer de cabellos castaños. –Mi esposo es Yuske Urameshi.
Creo que por un instante mis ojos mostraron sorpresa, pero por suerte no alcanzaron a notarlo.
-Mi nombre es Kiseki, Kiseki Minamino. –se presentó la otra mujer. –Y mi esposo es Shuichi Minamino aunque…
-Aunque algunos me conocen como el kitsune Youko Kurama. –finalizó él.
-El Ladrón Plateado. –agregué yo en shock.
Él dejó caer su disfraz, mostrando cabellos plateados, ojos dorados, una cola gris y orejas de zorro, ataviado con una túnica blanca.
Yo simplemente no podía creer lo que veía frente a mí. No era tonta, sabía perfectamente quien era el kitsune que se encontraba frente a mí en ese momento: Youko Kurama, el Ladrón Plateado, quien fuera el más famoso ladrón de toda la historia del Makai.
-Creo que ahora sí la dejaste congelada zorro. –se burló Hiei.
Aunque la verdad no sé si la burla era hacia mí o hacia él.
-Tal parece que has oído hablar de mí. –dijo él mirándome atentamente.
-Sí. –le respondí.
Y más que eso, agregó mi mente.
-Bien, tú decías algo de unirte a nuestro equipo para el torneo, ¿no? –preguntó Yuske volviendo al tema principal en ese preciso momento.
-Sí. –respondí yo con un asentimiento.
-¿Sabes realmente en lo que te estás metiendo si te unes a nuestro equipo? –preguntó Keiko con un ligero tono de preocupación.
-Sí. –repetí yo. –Conozco bien de lo que trata el Ankoku Buujutsukai, el llamado Torneo Oscuro de Artes Marciales.
-¿Has participado antes en él? –preguntó Kuwabara sorpresivamente.
-No, nunca. –le respondí. –Aunque conozco personas que sí han participado, algunos más de una vez, por ellos tengo toda la información acerca de éste torneo. Conozco las reglas, la razón de su existencia, todos los detalles.
-Es una insensatez entonces que quieras participar. –declaró Hiei.
-¿Insensatez? –le pregunté dirigiéndome a él lentamente. -¿Porque los quiero ayudar?
-No, porque te metes en donde no te llaman. –replicó él con su típica frialdad.
-Perdóname si me meto 'donde no me llaman', pero me pareció que mi ayuda les sería útil. –repliqué yo, aunque me cueste admitirlo ligeramente ofendida con el tono de él. –Creí que con lo que ha pasado en los últimos dos meses ya te habrías dado cuenta de que no estoy indefensa, puedo pelear lo suficientemente bien para ayudarles en el torneo.
-¿Igual que cuando te desmayaste con el mero reflejo de energía de mi Espada de la Flama Negra? –ahora realmente me estaba ofendiendo.
-Eso fue muy diferente. No tienes ni idea de lo que pasó en ese momento. El que tengas un Jagan en tu frente no significa que puedas entender los pensamientos de todos, ¡mucho menos los míos!
-Ese sería otro punto a considerar. Tú pareces poder bloquear los poderes de mi jagan. ¿Cómo lo haces?
-Quizá no pusiste atención el día que me presenté. Soy una psíquica, eso significa que tengo poderes mentales.
-Se requiere más que un simple don psíquico para poder bloquear un jagan.
-Sí, bueno, he tenido entrenamiento.
-¿De quién? ¿Quién podría entrenarte a bloquear los poderes de un jagan? ¡Dame un nombre!
-¡Ya te dije que no puedo! ¿Qué es lo que te molesta tanto Hiei? ¿Que no te puedo dar todas las respuestas que tú quisieras tener o temes que soy más poderosa de lo que tú mismo puedes imaginar?
-Baka shoujo…
Con eso Hiei se dio la vuelta y se marchó. Creo que lo ofendí, quizá no debí haber dicho lo que dije al final, acerca de los poderes, pero es que realmente me hizo perder el juicio. Y no lo entiendo. Nunca se comportó así en el tiempo que estuvimos conviviendo en el Makai. Si bien sí parecía algo intrigado con mis poderes y mi habilidad nunca me trató tan cruelmente ni trató de evitar que peleara. En verdad que en ese momento yo lo desconocí.
Y creo que los demás también estaban bastante confundidos y algo sorprendidos por la discusión que acababa de tener lugar ahí. Y no los culpo, yo misma no sé que me poseyó a replicar de esa manera, quizá nunca lo sepa. Y si bien una discusión con uno de sus amigos sé que no es precisamente la mejor manera de ganar su confianza, ya no había manera de borrar lo hecho.
-Bien. –dijo Koenma rompiendo el incómodo silencio. –Entonces Hana será el quinto miembro del equipo, y Keiko quedará como la suplente por cualquier posible eventualidad.
Keiko y yo de inmediato asentimos, y a Yuske no le quedó de otra más que aceptar, con la esperanza de que su esposa nunca tuviera que pelear realmente.
-Bien. –volvió a decir Koenma. –Hana podría quedarse en el Templo de Genkai. Ahí podrán entrenar y ustedes mismos podrán ver si necesita prepararse más.
-Hm…Es más probable que el que necesite entrenar sea Kuwabara. –se burló Yuske.
Kuwabara se puso rojo del coraje y quizá la vergüenza, aunque ni así encontró palabras para replicar a lo dicho por su amigo.
-¿Cuándo es el torneo? –se me ocurrió preguntar en ese momento.
-En tres meses.
.-.
Tres meses, en verdad que nunca voy a olvidar esos tres malditos meses. Una de las peores torturas que he tenido que enfrentar en toda mi vida.
No me malentiendan, me fascinó conocer a Genkai, una increíble maestra, aprendí de ella a mantener la calma hasta en la situación más difícil y a poder predecir los ataques con sólo observar al oponente a los ojos. Me llevaba de maravilla con las mujeres. Yukina, era simplemente una dulzura de mujer y le emocionaba casarse pronto; Kiseki era igualmente una persona admirable, llegué a admirarla muchísimo, todo el amor que tenía por su marido, y la emoción con que esperaban la llegada del bebé; Keiko, aunque al principio me pareció que era algo extraña, en especial por la manera en que reaccionaba (algo violenta) cada vez que su esposo hacía algo que a ella le desagradaba, al final me llegó a caer muy bien; incluso los dos diablillos que eran sus hijos me llegaron a caer bien, tan juguetones, se la pasaban haciendo travesuras día y noche, y tratando de convencernos a los demás de jugar con ellos, eran tan alegres, tan inocentes.
Esos niños me hacían pensar mucho en mi propia niñez, en lo mucho que me habían cuidado mis padres para que yo pudiera crecer como una niña normal, sin tener que preocuparme porque alguien fuera a llegar de improviso y a tratar de matarme por prejuicios tontos que a esa edad no hubiera podido entender (y aunque ahora si los entiendo no los acepto y es muy probable que nunca lo haga). Sí, es cierto que me entrenaron desde que era muy chica, pero al principio no me dijeron por qué yo aprendía todo aquello, sólo lo hacía porque mi padre decía que así debía ser; en realidad no fue sino hasta casi los once años cuando descubrí realmente la importancia que tenía que yo aprendiera todo eso, que mi vida podía llegar a depender de ello algún día.
Y bueno, en lo que respecta a sus esposos, con Kuwabara (el único a quien siempre me dirigí por su apellido) me llevaba bien, al menos cuando no se la pasaba quejándose de que una 'niña' (como él me seguía diciendo) como yo fuera más poderosa que él; creo que a veces se le olvidaba que yo era mitad youkai, así que era de esperarse que tuviera más poder que un ningen como él. Kurama era muy amable, y al ser él también un kitsune fue un gran apoyo para que yo pudiera mejorar mis ataques con youki, finalmente pude aprender a pelear de manera en que pudiera usar más de dos flores seguidas. Yuske parecía entretenerse mucho peleando conmigo cuerpo a cuerpo, y no les voy a decir que salía precisamente ilesa de los entrenamientos con él, pero al menos creo que ayudó a mejorar mi resistencia en batalla, y siempre tenía mis gardenias para después.
Y Hiei…él era una historia muy diferente.
Yo no lo entendía, en verdad que no; después de dos meses en los que creí haber conocido a Hiei nunca me imaginé que pudiera de pronto comportarse de manera tan diferente, no me agradó. Me encontraba debilidades y puntos en contra casi siempre, se la pasaba criticándome, si no era que mi defensa no era lo suficientemente buena mi ataque debía ser más fuerte, o quizá mis movimientos no eran lo suficientemente rápidos o yo estaba siendo demasiado predecible en mi manera de actuar. Fuera cual fuera la excusa el hecho es que nunca estaba conforme conmigo. Cualquiera diría que lo único que buscaba era una razón para discutir y una excusa para lograr que yo no participara en el Torneo Oscuro.
Discutíamos más veces de las que no, y en un par de ocasiones incluso acabamos peleando con poderes y armas; obviamente él era siempre el vencedor. Y sin embargo yo me negaba a rendirme, jamás le permitiría que me viera débil, era demasiado orgullosa para eso.
En una ocasión, específicamente en la segunda de nuestras peleas, acabé tan mal que ni siquiera pude tratar mis propias heridas, caí inconsciente aún antes de poder volver a ingresar al Templo. Para mi sorpresa cuando desperté estaba en la cama, mis heridas habían sido tratadas y Genkai me informó que ese día no iba a entrenar porque tenía que terminar de recuperarme. Aunque mi verdadera sorpresa fue cuando me dijeron que si bien los poderes de Yukina habían tenido mucho que ver en mi rápida recuperación quien me había llevado de vuelta al templo y había limpiado y vendado mis heridas mientras llegaba la koorime había sido ni más ni menos que Hiei.
Ahí sí yo ya no supe ni que decir. Aunque por suerte nadie esperaba que dijera o hiciera algo al respecto.
