Capítulo 4. La Trampa.
Finalmente llegaron a su fin los tres meses. Partimos del Templo de Genkai muy temprano por la mañana, era un día entero de viaje hasta el puerto de donde zarpaba el barco a la Isla Horca. Viajábamos Kurama, Kuwabara, Yuske, Keiko, Hiei y yo. Kiseki, Yukina, y Botan llegarían con Koenma, mientras que los hijos de Keiko se habían quedado al cuidado de Atsuko.
Como salimos desde temprano nos dimos el lujo de ir lentamente, con calma, bromeando, divirtiéndonos; según Yuske disfrutando del poco tiempo tranquilo que nos quedaba antes de comenzar con las peleas.
Estaba cayendo la tarde, y de acuerdo a Kurama nos faltaban unas dos o tres horas de camino para llegar a nuestro destino cuando de pronto presentí algo extraño.
Kurama fue el primero en detenerse, muy concentrado en sentir presencias. Yuske y Keiko le siguieron, uno junto al otro y analizando todo a su alrededor. Kuwabara siguió caminando (aunque qué más se puede esperar de él). Hiei se detuvo y en un instante ya tenía una mano en su katana; fue esa actitud de él que me hizo convencerme que era algo serio, por lo que igualmente sujeté mis kodachi.
Todo sucedió en un instante, demasiado rápido para poder especificar detalles, de pronto teníamos a dos docenas de enemigos encima nuestro.
-Vaya, vaya, nadie me había dicho que tendríamos un comité de bienvenida. –dije yo alzando mis armas y tomando la actitud sarcástica que usaba siempre que estaba por luchar (ya fuera con armas o verbalmente).
-Ya ves. –dijo Yuske con tono divertido a la vez que empezaba a repartir golpes. –Todo para recibir a la nueva miembro de nuestro equipo.
-Dejen de jugar y pónganse a pelear. –nos reprendió Hiei a la vez que su katana 'despachaba' al primero de nuestros atacantes.
-Como usted diga mi general. –dije con el mayor tono de burla posible.
Y antes que Hiei pudiera siquiera dirigirme una mirada asesina me puse a pelear lo más lejos posible de él.
Y un momento después otro cayó bajo el látigo de espinas de Kurama.
-¿Están seguros que no habrá problema si los matamos? –preguntó Keiko a la vez que preparaba una de sus flechas.
-Ellos nos atacaron primero. –dijo Kurama por toda respuesta.
Keiko, aún ya con su arma lista, seguía dudando.
-Si cualquiera pregunta fue idea de ellos. –le dije con una sonrisa a la vez que degollaba a uno que había tratado de atacar a mi amiga por detrás.
Finalmente Keiko asintió y comenzó a disparar sus flechas espirituales.
Y aquí déjenme decirles algo muy importante, Keiko parecerá muy insegura al principio, pero una vez que se decide la fuerza de sus flechas y su puntería resultan simplemente mortales para sus enemigos.
Yuske se permitió una sonrisa, muy orgulloso de su joven esposa a la vez que comenzaba a hacer uso de su Reigun, aunque tratando de no abusar para no perder todos los tiros, debía estar listo por cualquier cosa que llegara a suceder en el barco.
Al cabo de un rato me cansé y decidí cambiar un poco mi táctica. Bajé mis kodachi y me alejé un poco de mis compañeros, dejando que varios de los oponentes me rodearan, eran cuatro en total, confiaba en que podría con ellos.
-Oigan, Hana está rodeada. –Kuwabara hizo notar en ese momento.
-Baka shoujo. –murmuró Hiei acercándose hacia donde yo me encontraba.
Yo hubiera querido más tiempo para planear mi ataque pero los cuatro enemigos estaban muy cerca y si Hiei llegaba arruinaría mi plan y además tendría otra excusa para decir que no sabía defenderme. Así que saqué de algún lado una flor y ataqué:
-¡Tornado del Alcatraz! –ataqué yo girando en un pie y agitando la flor.
Al instante los pétalos de la flor se desprendieron y multiplicaron, creando efectivamente un tornado que mató a uno de los enemigos y dejó considerablemente heridos a otros dos, sólo uno logró librar mi ataque.
Hiei se detuvo en su paso hacia mí, al parecer muy confundido por lo que acababa de suceder.
Sin demasiada ceremoniosidad volví a sacar mis kodachi y las enganché del centro, usándola a modo de una espada doble, para poder enfrentarme a varios enemigos al mismo tiempo.
Fácilmente rematé a uno de los que ya tenía heridos, aunque el segundo resultó ser un hueso duro de roer.
Un leve quejido sonó en ese momento, pude ver a Keiko sujetarse en brazo, la habían herido; realmente sólo había sido un rozón, pero suficiente para distraerla de su trabajo con las flechas; así mismo para distraer a Yuske, preocupado por su esposa.
Moviéndome tan rápido como pude me coloqué frente a Keiko, alejando a sus enemigos.
-Escudo de Girasol. –invoqué yo de nuevo con otra flor.
Excepto que ésta vez el escudo lo llamé detrás de mí, para proteger a Keiko, mientras que yo seguí afuera, peleando.
-Gracias. –me dijo Yuske.
-No hay problema. –le respondí. –Debemos darnos prisa o vamos a llegar tarde.
-Creo que esas son precisamente las intenciones de éstos. –dijo Kurama a la vez que lanzaba a uno de los enemigos lejos.
Yo estaba por corroborar su observación cuando de pronto sentí un golpe en mi nuca y me derrumbé al suelo.
Pero pesé a el golpe fue suficiente para mandar mi cuerpo a la inconsciencia, no sucedió lo mismo con mi mente, gracias a mi don como psíquica mi mente se separó de mi cuerpo en una visión astral y me permitió seguir viendo lo que ocurrió después de que yo caí.
Al haber caído yo el escudo se debilitó, pero aún el poco tiempo que duró fue suficiente para que Keiko se recuperara (más del susto que de la herida) y volviera a pelear.
Hiei y Kurama combatieron a los enemigos, tratando de acercarse lo más posible a mi figura caída, me imagino que tratando de evitar que alguien se aprovechara de mi inconsciencia para hacerme más daño o para matarme incluso.
El combate se extendió por algunos minutos, mientras que yo no podía evitar refunfuñar mentalmente por haber perdido la oportunidad de demostrarles a todos (AjumHieiAjum) de lo que era capaz.
Llegó un momento en que Kurama estaba concentrado tratando de obtener información de uno de los enemigos y no se dio cuenta que otro le llegaba por detrás.
"Kurama, ¡cuidado!"
Mi grito mental retumbó dentro de mi ser astral, y creo que de alguna manera que nunca llegué a entender lo alcanzó a él, porque en ese momento él se dio la vuelta y agitó su Látigo de Rosa con suficiente fuerza para que una de las espinas cortara varias venas en el enemigo, suficiente para garantizar que no sobreviviría.
El propio Kurama parecía algo extrañado, (y si realmente escuchó mi voz entonces no me extraña), pero no dijo nada al respecto y siguió peleando.
Poco después ya los enemigos eran muy escasos, aunque algunos de ellos eran de Clase C o B por lo cual aún debían irse con cuidado. No podían confiarse.
Y quizá ese fue el error de él.
Hiei refunfuñó en voz baja, aparentemente molesto porque los youkai se hubieran atrevido a interrumpirnos en nuestro camino al puerto. Se dirigió a mi cuerpo, seguramente con la intención de despertarme y probablemente también de descargar algo de tensión discutiendo conmigo por mi distracción en la pelea.
Pero en ese momento el distraído fue él.
Un youkai con poder sobre el trueno le llegó por detrás.
Yuske pareció notarlo pues le disparó un Reigun, pero no antes de que el youkai lanzara su propio ataque contra Hiei.
"¡NO!" grité yo.
Y creo que mi desesperación fue tal que le imprimí a mi mente la fuerza suficiente para volver a mi cuerpo y hacerlo reaccionar.
-¡Hiei-kun! –grité yo al tiempo que abrí los ojos.
En ese momento yo ni siquiera me di cuenta de que no lo había llamado Hiei-san, como acostumbraba a hacerlo, creo que me afectó demasiado verlo caer justo frente a mí con la espalda cubierta de heridas por el repentino ataque del youkai.
Sí, ya sé que van a decir que Hiei es muy fuerte, que puede resistir eso y más, pero hay que tener el cuenta el entrenamiento marca diablo al que me había sometido y de paso se había sometido él mismo durante los últimos meses. De los nervios yo no había dormido casi nada la noche previa, y tenía el fuerte presentimiento que él tampoco había descansado mucho que digamos. Además estaba la batalla que había durado algo más de lo esperado, y cuando ya llevábamos horas de estar caminando. Sí, creo que definitivamente había buenas razones para que ese ataque le afectara.
Yuske remató al youkai con un golpe certero para romperle el cuello antes de correr a donde yo sostenía al semi-inconsciente Hiei.
Kurama ya estaba hincado junto a Hiei y yo, revisando con cuidado al demonio de fuego, las heridas que tenía.
-El ataque le afectó más de lo que me gustaría decir. –murmuró Kurama entre dientes mientras se quedaba pensando las posibilidades. –Como él no estaba preparado no pudo levantar ningún tipo de defensa, ni física ni psíquica.
Ya sabía yo a lo que él se refería, si Hiei no hubiera estado tan distraído su jagan hubiera reaccionado a tiempo para crear una especie de escudo psíquico que hubiera protegido su cuerpo de la parte más fuerte del ataque; no era una protección absoluta, pero en casos como éstos hubiera ayudado bastante
Pero como bien sabemos que el hubiera no existe algo más se tenía que hacer al respecto. Y decidí ser yo quien lo hiciera.
-No sé que hacer… -decía Kurama mordiéndose un labio. –Podría intentar una infusión con algunas hierbas, aunque no sé que tanto podría tardar y…
-Permíteme. –le dije yo.
Así pues Kurama se hizo a un lado (no del todo convencido según pude notar), yo dejé a Hiei en el suelo boca abajo con sumo cuidado y empecé a concentrar mi energía para lo que me disponía a hacer.
-¿Qué planeas? –me preguntó Keiko.
-Algo que estoy casi segura que dará buenos resultados, aunque así mismo es probable que me provoque un desmayo. –le expliqué. –Lamentablemente me veré obligada a pedirles que si tal cosa sucede me lleven hasta el muelle. Y si cuando Hiei despierte quiere ponerse a pelear conmigo díganle que por favor se espere a que recupere la conciencia.
Creo que mis palabras les hicieron ver que estaba siendo muy seria, porque ni siquiera Yuske se atrevió a hacer broma alguna; aunque quizá el hecho de que su esposa me mirara con esos ojos de profunda consternación estando a un lado de él también influyó bastante para que contuviera su actitud.
Aparecí unas pequeñas flores blancas en mis manos, despedían un aroma muy agradable, era una de mis técnicas especiales.
-Ah, y por cierto, un favor más. –agregué yo en ese momento.
-Lo que sea. –me dijo Kurama de inmediato
-No le digan ni una palabra de esto a Hiei. –respondí.
Kurama asintió, no muy convencido de por qué pedía algo así pero tampoco me pidió explicación alguna al respecto.
-Curación de Gardenias. –pronuncié yo concentrándome.
Pude ver los diminutos pétalos cubrir las heridas de Hiei y despedir un leve brillo; un instante después caí desmayada.
.---.
No desperté sino hasta algunas horas después, sintiendo como la superficie donde me encontraba se balanceaba rítmicamente, lo cual obviamente daba a entender que ya estábamos en el barco.
Y justo en ese momento lo sentí, peligro. Apenas alcancé a dar una marometa hacia atrás, trepando en las barras que limitaban la cubierta del barco al momento que esquivaba las garras de un youkai.
Parpadee un par de veces para despejarme y vi al resto de mi equipo librando una batalla campal con el resto de los que se encontraban en el barco.
Alcancé a ver a Yuske golpeando a varios monstruos a diestra y siniestra y tomando en mis manos mis dagas se me ocurrió ir a ayudarle.
-¿Se divierten sin mí? –le pregunté con una sonrisita al matar a uno de los youkai.
-Algo. –replicó él en el mismo tono. –Aunque al menos ya que estás despierta podrás darnos una mano y no nos preocuparemos de que te pase algo.
-Parece que me levanté justo a tiempo. –repliqué pateando a otro.
-¿Finalmente decidiste honrarnos con tu presencia? –preguntó alguien desde atrás de mí.
-Hiei-k…san. –murmuré entre dientes.
Apenas a tiempo recordé el respeto hacia él y por ésta vez no me molestaron sus palabras, creo que el hecho de oírlo, y con el mismo humor de antes me hacía notar que se había recuperado por completo.
-Quizá si no hubieras estado durmiendo tan 'plácidamente', ya hubiéramos terminado con éstos estorbos. –dijo Hiei cortando a algunos más con su katana.
Su queja me hizo evidente que los demás habían cumplido lo que les había pedido, no le habían dicho a Hiei lo que yo había hecho por él. Bien, aunque no me agrada que me ofendiera no quería ni imaginar tampoco lo que diría o haría si supiera lo que yo había hecho. Mejor que las cosas siguieran así.
-Deja de molestar a Hana, Hiei. –intervino Kurama. –Ahora tenemos que deshacernos de éstos si queremos llegar a la Isla sin problemas.
-Hn. –como siempre esa fue la respuesta de Hiei.
La verdad yo no esperaba más de él y sin una palabra más volví al ataque.
Para cuando llegamos a Isla Horca éramos los únicos en el barco que seguían con vida…
