Capítulo 5. Inicia el Torneo.
La inauguración y la primera ronda del torneo fueron bastante aburridas.
Si quieren saber el por qué les diré simplemente que en la Inauguración se la pasaron haciendo referencia al torneo previo, mencionando a los mejores competidores, entre los cuales figuraban los miembros del equipo donde yo me encontraba, obviamente (menos Keiko quien nunca había participado). Luego varios youkai empezaron a burlarse de mí y a insultarme, diciendo que una hanyou no tenía nada que hacer en el equipo Campeón del anterior torneo (Keiko se salvó únicamente porque no era miembro oficial sino suplente).
En la primera ronda simplemente no tuvimos pelea alguna, nuestros oponentes se rindieron en el momento en que supieron que pelearían contra el equipo Urameshi.
.---.
Finalmente, llegó la segunda ronda. Kuwabara perdió contra su oponente (lo cual según me dijeron los demás no era nada nuevo), Hiei apenas había pisado el campo de pelea y un instante después ya tenía la victoria, en la tercera pelea se declaró un empate entre Kurama y su oponente.
Como el equipo que peleaba contra nosotros solamente contaba con cuatro miembros en la siguiente pelea se decidiría todo, ¡y a Yuske se le ocurrió que peleara yo en vez de él!
La explicación técnica fue que era mejor ocultar cuando había mejorado el poder de Yuske lo más posible, aunque es obvio que lo que todos querían era ver como me las arreglaba en el torneo, y yo pensé que era la perfecta oportunidad para hacerle ver a Hiei que yo no era ninguna inútil.
-Último combate, Hana contra Shuno. –anunció Koto.
Yo subí a la plataforma con toda la calma, decidida a llevarme las cosas tranquilamente y derrotar a mi enemigo usando el menor poder posible.
El combate comenzó tranquilamente y yo me limité a esquivar los ataques de mi enemigo, la verdad es que no eran muy fuertes, tendría que darme un golpe directo con todas sus fuerzas para lograr dejarme fuera de combate.
Así pues decidí mi estrategia, saqué mis kodachi y me lancé en un ataque directo. Cuan grande fue mi sorpresa al chocar con un escudo de energía que me arrojó lejos de mi oponente. Apenas si alcancé a reaccionar a tiempo para girarme mientras 'salía volando', tocar la barrera con las gradas y de ahí impulsarme de vuelta a la plataforma de pelea.
¡No te distraigas! la voz de Hiei resonó en mi mente.
Aparentemente mi sorpresa ante la fuerte defensa de mi oponente debilitó por un momento mis escudos mentales.
-¡Salte de mi cabeza! –le grité a Hiei volviendo a concentrarme.
Pasaron varios minutos más en los que yo me dediqué a probar la defensa de mi oponente desde todos los ángulos posibles, pero ésta parecía ser simplemente impenetrable.
Tal parece que él sacrifica poder de ataque pero a la vez logre crear una defensa prácticamente infranqueable, concluí, Aunque la historia ha probado que ninguna barrera es perfecta, hasta Troya tuvo una debilidad; aunque yo no tengo un caballo de madera y…¡¿Qué rayos estoy pensando!
Sí, una de mis debilidades es que en situaciones de presión suelo divagar mucho, quizá demasiado; en ese momento yo tenía que concentrarme en la batalla.
Y de pronto supe exactamente qué tenía que hacer. Saqué de mis ropas unas semillas pequeñas, era una de mis técnicas más simples, aunque no por ello menos efectiva…
-Ilusiones de los Lirios. –pronuncié yo con firmeza.
Al instante las semillas se volvieron pequeños lirios que empezaron a flotar alrededor de mí y después alrededor de mi oponente.
Esperé casi un minuto entero para que las ilusiones surtieran el efecto deseado (desconcentrar a mi enemigo para que descuidara su escudo) y entonces me moví a la mayor velocidad posible (tan sólo el moverme debilitaba mi técnica así que debía ser rápida); pasé junto a él y sin detenerme un sólo instante le di un certero golpe en la nuca que lo hizo caer inconsciente.
Koto dijo que iba a contar, aunque realmente no tenía mucho caso; ese youkai despertaría en un par de horas (si tenía suerte).
Yo bajé de la plataforma con una amplia sonrisa en mi rostro, satisfecha de mi victoria, y la de mi equipo, que nos mandaba a la tercera ronda ya.
Yuske estaba encantado con el resultado, al parecer le había divertido mucho verme pelear; Keiko sonreía tranquila, se había preocupado un poco por mí; Kurama me sonrió un 'bien hecho' mientras su esposa trataba sus heridas; Kuwabara no podía decir nada porque seguía inconsciente y Yukina lo estaba cuidando.
Aunque la reacción de Hiei no fue para nada la que yo hubiera esperado.
-¿Por qué no lo mataste? –me preguntó.
-¿Perdón? –por un momento creí que lo había oído mal.
-Dije, ¿Por qué no lo mataste? –no, no había oído mal.
-Pues porque no me pareció necesario. –le respondí. –Ese youkai es demasiado débil para representar una verdadera amenaza para nosotros o cualquier otro ser vivo.
-Aún así se trataba de tu oponente.
-Yo vine aquí a ayudarlos a ganar, no a matar a todos los que se me pongan enfrente.
-No tuviste ese problema en el barco.
-Hay una gran diferencia Hiei-san. Esos youkai estaban tratando de matarnos, ¿recuerdas? Si a mí me atacan yo respondo, pero no voy a matar a alguien que no me ha hecho daño alguno.
-Ellos no tendrían la misma consideración contigo.
-Eso no importa. Que así se comporten los youkai del makai no significa que yo deba hacer del mismo. Por si no lo entendiste antes yo crecí en el ningenkai, a mí me enseñaron a respetar la vida de todos, youkai, ningen, hanyou, no importa quien sea merece vivir; y solamente ataco si me atacaron primero.
-No llegarás muy lejos aquí con esa actitud.
-Que bueno que no me interesa llegar muy lejos.
-¿Entonces que te interesa?
-Terminar con éste maldito torneo y volver a casa. Volver con la gente que quiero y que me quiere. Porque ya estoy harta de que me trates como si fuera una simple chiquilla. ¡No tienes ningún derecho sobre mí!
Y sin más me di la vuelta y me marché. Dejando, por lo que alcancé a ver antes de retirarme, a unos muy extrañados y algo sorprendidos compañeros que al parecer nunca se hubieran esperado una discusión así entre el demonio de fuego y yo.
.---.
Pasé prácticamente todo el día 'entrenando' en un claro a unos minutos del hotel, a unos pasos de la playa y rodeada de formaciones rocosas y arena.
Aunque, siendo totalmente honesta lo único que hice fue maldecir en todos los idiomas que conocía al tiempo que tiraba patadas y puñetazos a diestra y siniestra, haciendo polvo el mayor número posible de rocas.
Esa era mi manera de desquitar el coraje, destruyendo. Algunos dicen que no es natural en un kitsune, y no lo es, sólo que podrían decir que a mí me la 'contagió' mi sensei. Él tenía un temperamento muy explosivo, y era bastante común para todos que ante la menor provocación empezara a golpear algo, por lo general un árbol siendo que yo podía después sanarlo, si lo hacía con una piedra era imposible arreglarlo.
A decir verdad yo soy una persona muy tranquila, es raro que me enoje, y las pocas veces que eso sucedía lo desquitaba en una pelea-entrenamiento con mi sensei, o después de que él se marchó con alguno de mis primos (aunque la verdad pelear con ellos resultaba más bien irritante porque parecían esforzarse al máximo por hacer notar que estaban conteniendo el máximo de su poder, presumiendo que eran más fuertes que yo).
Ese día estaba más molesta que nunca antes en mi vida, lo cual explica el porqué todo a mi alrededor cambió en el transcurso de los siguientes minutos. Lo único que dejé intacto fueron los árboles y demás plantas a mi alrededor, con ese coraje no confiaba en que mis habilidades los volvieran a la normalidad después de haberme desquitado y si le pedía ayuda a Kurama él querría 'hablar' acerca de lo que me tenía tan enojada y no tenía ganas de algo así en ese momento, Kurama me parecía una persona demasiado tranquila como para entender mis emociones en ese momento. Creo que ni siquiera mi madre hubiera podido entender todas mis emociones en ese momento.
.---.
El siguiente día lo tuvimos libre yo estaba sentada en unas rocas en la playa, descansando de mi excesiva actividad del día anterior; Kiseki me fue a buscar, al parecer la única que se atrevía a acercárseme desde mi más reciente pelea verbal con Hiei.
-¿Todavía siguen todos espantados? –le pregunté a la mujer.
-No espantados, aunque creo que sí bastante sorprendidos. –me dijo ella. –Ninguno de nosotros nos esperábamos que ustedes se fueran a pelear así.
-Yo no lo hubiera querido. –le respondí sinceramente. –Pero no soporto que después de cinco meses de conocernos me siga tratando como si fuera una niñita que necesita que la cuiden.
-Pues te diré que Hiei ha tomado una actitud bastante extraña contigo.
-¿No se puede conseguir a alguien más con quien pelear?
-No, no me refiero a eso. Es sólo que él tiene una cierta actitud contigo, como si quisiera protegerte siempre.
-Es que no necesito que me protejan, creí que lo había entendido en el makai.
-Piensa que en el makai él casi siempre peleaba junto a ti, y con otros youkai, aquí tú siempre peleas sola, y no sabemos que tan poderosos sean los youkai.
-Pero aún así, no hay ninguna necesidad de que él me proteja.
-No lo entiendes Hana. Hiei nunca se había comportado así, con nadie. La actitud que ha tomado contigo, el querer defenderte tanto que a veces la impotencia de no poder hacerlo lo hace ponerse de malas…tú eres alguien muy especial para él.
-Quieres decir que…
-Creo que Hiei se está enamorando de ti.
-No, Kiseki-san, debes estar equivocada. ¿Por qué él se habría de fijar en mí? Sólo soy una simple chica, hanyou además, no soy nada junto a él.
-Eres la primera que trata a Hiei como algo más que un ex-criminal o el Heredero de Mukuro. Lo tratas con una cordialidad y confianza que sé que a él le agrada, y quizá eso es lo que ha hecho que se apegue tanto a ti.
-No puede estar apegado a mí cuando ni siquiera me conoce.
-No lo sé Hana. Sólo te digo esto para que lo pienses. Si sientes algo por Hiei, creo que serían una gran pareja y si no…no quiero que él salga lastimado. Pese a su frialdad exterior él es una persona maravillosa, y un gran amigo.
-Lo sé.
.---.
Ay Kiseki-san, si esa mujer tuviera una idea de los problemas que provocó en mi cabeza con esa conversación. Creo que si antes tenía problemas para dormir, en ese momento ya se volvió algo verdaderamente imposible de lograr.
¡Y para colmo esa noche soñé ni más ni menos que con mi sensei!
Sueño
Yo tendría poco más de doce años. Había sido un día largo, entrenando hasta el cansancio, y al final se me había ocurrido lanzarme al río a nadar un rato; y después de mucho insistir sorprendentemente había logrado convencer a mi sensei de hacer lo mismo.
Yo aún llevaba puesta mi ropa de pelea, con excepción de las botas y las dagas, y él se había metido únicamente con el pantalón.
Estuvimos nadando por un largo rato, hasta que terminamos tirados en el pasto, a la orilla del río, descansando.
Al cabo de un rato yo me enderecé un poco, apoyada en un brazo, y discretamente no pude evitar ponerme a admirar a mi sensei. (Por suerte él no se dio cuenta pues tenía los ojos cerrados) Era sin duda un hombre guapo, tanto que me extrañaba que no tuviera esposa o por lo menos alguna novia. Y entonces noté algo que llamó mi atención, una cicatriz en su costado derecho. No era que no tuviera otras, de hecho tenía muchas más, pero ninguna era tan notoria a mis ojos como esa.
-Sensei. –llamé su atención.
-¿Qué? –me preguntó él, todavía sin abrir los ojos.
-Ésta cicatriz… -empecé yo, tocándola ligeramente.
Al instante él abrió los ojos de golpe y se apartó de mí, cualquiera pensaría que mi simple contacto lo había quemado, o peor.
-¿Sensei? –le pregunté.
-Me la hice hace muchos años. –me respondió él finalmente.
-¿Cómo? –no pude evitar preguntar. –No creo que alguien pueda lastimarlo tanto.
-No era en mi contra. Recibí ésta herida protegiendo a alguien más, alguien muy importante para mí.
-¿En serio? Entonces en verdad debió ser alguien muy especial.
-Sí.
Ahí terminó nuestra conversación, aunque él ya no volvió a recostarse en el pasto y por el resto del día permaneció algo tenso, como si algo lo molestara, lo mantuviera intranquilo, aunque nunca llegué a saber qué.
Fin del Sueño
Cuando desperté todavía seguí pensando en las palabras que me dijera mi sensei ese día, nunca las había olvidado. Recuerdo que desde ese día yo lo único que deseaba era algún día encontrar alguien a quien amar, tanto como para estar dispuesto a arriesgarme por él tanto como mí sensei se había arriesgado.
Y en ese momento mi mente daba aún más vueltas que la noche cuando tenía doce, porque ahora creía que ya tenía a esa persona especial, pero no estaba segura de qué tanto estaría dispuesta a sacrificar por él; o siquiera si él correspondía a mis sentimientos. Es cierto que Kiseki lo había dicho pero…ni siquiera aquellos que son empáticos tienen siempre la razón.
Aunque siendo sincera…yo me moría de ganas de que la tuviera.
