Capítulo 6. Discusiones, Amor y Sangre.

Un nuevo día, y la tercera ronda del Torneo. Ese día hicieron un acuerdo, se pelearía por parejas, dos de cada equipo, dos peleas. Si había un empate se haría una tercera pelea que sería individual.

Yuske dijo que estaba tan aburrido que tenía ganas de pelear y lo hizo. Se puso en equipo con Kuwabara. Al principio parecía que todo iba bien, hasta que uno de los oponentes tomó desprevenido a Kuwabara y lo golpeó, rompiéndole varios huesos. Yuske tuvo que usar una cantidad considerable de su poder para quitarse al que tenía encima y correr a enfrentar al otro antes que matara a Kuwabara.

Al final la victoria fue para nuestro equipo, aunque Kuwabara quedó bastante mal.

-¡Hana! –escuché a Yuske llamándome.

Entre él y Kurama habían bajado a Kuwabara de la plataforma.

-¿Qué sucede Yuske? –le pregunté.

-¿No puedes hacer lo que con…? -se interrumpió al recordar lo que les había hecho prometer. -¿Lo que hiciste la otra vez, para ayudarlo?

-Me temo que no. –le dije con pesar mientras observaba a Kuwabara. –Esa técnica funciona para sanar heridas externas, con mucha dificultad lo logro con heridas internas, pero definitivamente no puedo curar huesos rotos.

-¿Por qué no? –me preguntó Kurama.

-Porque la curación está en los pétalos de las gardenias, éstos tienen que estar en contacto directo con la herida. –les expliqué. –Y no hay manera de que pueda ponerlo en contacto directo con sus huesos sin tener que abrirlo y creo que la idea es curarlo no herirlo más de lo que ya está.

Ellos tuvieron que aceptar que estaba en lo cierto.

-¡Kazuma-koi! –el grito agudo precedió la llegada de la koorime junto a su prometido.

-Yukina-chan… -murmuró Kuwabara, las costillas rotas le dificultaban respirar, ya no digamos hablar.

-Yuske, Kurama¿Pueden llevarlo a los vestidores? –pidió Botan llegando también. –Una vez ahí creo que Yukina y yo podríamos trabajar en curarlo.

-Yo puedo ayudar con algunas hierbas, de las que tú me has enseñado, no lo curarán pero disminuirán el dolor. –agregó Kiseki con calma.

Si bien ella no era kitsune tener un esposo que sí lo era la había hecho aprender mucho sobre el uso de las plantas.

-Ustedes hagan eso. –dijo Hiei. –El zorro y yo nos haremos cargo de ganar ésta ronda.

-Yo puedo ayudarte. –le dije. –Quizá las plantas de Kurama serían más útiles con Kuwabara.

-Peleando contigo tomaría más tiempo. –dijo Hiei ignorándome. –Yo sólo los acabaría pero quieren combates de a dos.

-¿Por qué haces esto Hiei? –le pregunté molestándome de nuevo. -¿Por qué demonios insistes en tratarme como si fuera una chiquilla¡No lo soy! Tengo suficiente fuerza para pelear por mí misma.

Hiei no me respondió, y creo que eso me enfureció aún más que si hubiera replicado, aún con insultos; el sentirme ignorada es algo que simplemente no soporto.

-Toma, usa éstas. –le dije a Kiseki, apareciendo varias hierbas diferentes, relativas a la curación y como analgésicos.

-¿A dónde vas? –me preguntó Keiko al ver que ya me iba.

-Tengo que tomar aire. –dirigí una 'mirada' a Hiei. –O me voy a quemar.

-Hn. –fue toda la respuesta de Hiei antes de subir a la plataforma.

Kurama de inmediato fue detrás de él.

Yuske llevó a Kuwabara hasta los vestidores, seguido por Yukina y Botan; mientras Keiko se quedaba a observar la batalla.

-¿Estás segura que estás bien? –me preguntó Kiseki antes de seguir a Yuske.

-Sí, claro. –le respondí, aunque creo que era obvio para ambas que yo mentía. –Me temo que te equivocaste Kiseki…

Ninguna de las dos necesitaba que se dieran más explicaciones, era muy obvio de lo que estaba hablando.

.---.

Realmente no sé cuanto tiempo pasó desde que dejé el estadio. No me preocupaba la pelea, llámenme egoísta, yo prefiero pensar que confiaba en mi equipo, estaba segura que no los vencerían, ni a Kurama ni a Hiei. Y era precisamente éste último el que me tenía dando vueltas en lo más profundo del bosque que había en esa isla.

En verdad yo estaba mal, no recuerdo haber estado tan mal antes, excepto quizá el día que entendí que mi sensei se había ido y quizá no volvería jamás. Ese día lloré mucho pero tras un largo rato recordé que tenía todavía que cumplirle una promesa, la de vencerlo para obtener su nombre, lo cual me daba la esperanza que algún día lo volvería a ver.

Pero ahora, no sabía que hacer. Me dolía demasiado algo por dentro. Creo que en esa noche dejé que mi corazón se emocionara demasiado ante la idea que Kiseki había metido en mi cabeza. Pero no, pensándolo bien lo que ahora sentía no era cosa de la última noche; iba desde muy atrás. Si lo penaba bien era probable que hubiera comenzado desde el mismo primer día que lo vi a él peleando contra esos youkai del clan de los tigres.

Y entre más tiempo pasaba ahí más recuerdos venían a mi mente, mi tiempo en el makai, todas las peleas lado a lado con Hiei, enfrentándonos a todos los diferentes youkai que trataran de invadir la fortaleza de Mukuro de un modo u otro.

Y ya sé lo que pensarán muchos, sólo a mí se me ocurre que estoy llorando por algo y me torturo a mí misma todavía más repitiendo en mi cabeza todo lo relacionado con él en vez de tratar de distraerme, pero es que ¿Cómo evitas los recuerdos de la persona que ha sido la más cercana a ti durante los últimos cinco meses y a quien recientemente descubriste que amas con toda tu alma?

No conozco la respuesta, no creo que haya alguien que la conozca, y dudo mucho que esta respuesta llegue a existir algún día.

.---.

Horas más tarde (no sé cuantas exactamente) el sol empezaba a ponerse y yo seguía sumida en mis pensamientos. Así hasta que me tardé en reconocer la alerta de peligro inminente, a decir verdad no lo noté sino hasta el último momento.

Apenas alcancé a agacharme y rodar cuando una lluvia de lo que parecían ser dardos quedaron clavados justo donde yo estuviera segundos antes.

-Uff, -me atreví a decir en voz alta. –Eso estuvo cerca.

Un instante después tuve encima de mí a media docena de youkai, no sé de qué clan o raza se trataba, y la verdad no hacía mucha diferencia.

-Maldita hanyou. –dijeron varios de ellos.

-Eres una deshonra para los youkai. –dijeron otros al mismo tiempo.

-No mereces vivir. –agregó el último.

-Saben, si su intención es enfurecerme deberían pensar en insultos nuevos y más originales. –les dije con sarcasmo. –Esos ya están muy gastados.

Al parecer no les agradó mucho mi sentido del humor porque se lanzaron en mi contra de inmediato, decididos a lo que fuera con tal de matarme. ¿Qué matar fuera de las competencias del torneo iba contra las reglas? Dudo mucho que a ellos realmente les importara seguir las reglas; de todos modos nadie les haría nada si no lo hacían.

La batalla no duró demasiado, aunque sí fue bastante dispareja; y como ya se han de imaginar yo llevaba las de perder. Está bien que he entrenado gran parte de mi vida, y especialmente duro estos últimos tres meses, pero aún así yo seguía siendo una hanyou de dieciocho años y ellos un montón de youkai con Kami-sabe-cuantos siglos de experiencia.

Hubo un movimiento brusco y yo sin quererlo perdí mis armas.

-¡No! –grité yo al tiempo que me herían en un hombro.

Realmente la herida no me afectaba tanto, no era la primera y seguramente tampoco la última. Lo que realmente me afectaba era el perder mis kodachi, no podía perderlas, simplemente no podía, esas dagas eran demasiado importantes para mí.

Estaba tan desesperada buscando con la vista donde habían caído mis armas que no vi el siguiente ataque en mi contra, un youkai se fue contra mí y trató de clavarme una navaja; pero en el último momento alguien más se interpuso.

-¿Qu…? –el shock era demasiado, no podía creer lo que veía. -¡Hiei-san!

Sí, aquel que me había insultado a más no poder, la razón de que yo llevara tanto tiempo ahí llorando, de quien acababa de descubrir que estaba locamente enamorada; ahora acababa de venir y había recibido una herida dirigida hacia mí.

-¿Por qué demonios no te defiendes, baka shoujo? –me preguntó.

-Porque me tiraron mis armas, gaki. –le repliqué.

Ahora, sé que decirle 'mocoso' no era precisamente la mejor manera de ganarme su amistad, pero si él me decía 'chica tonta' ¿por qué no podía yo decirle de alguna forma?

-¿Y acaso no puedes usar tu youki? –me preguntó él.

-Sí, pero esas dagas son muy importantes para mí, tengo que recuperarlas. –le insistí.

-¿Valen tanto como para que andes arriesgando tu vida distrayéndote así? –me preguntó él.

-Sí. –ni siquiera dudé al responder. –Fueron el último regalo de mi sensei.

Eso fue suficiente, Hiei peleó contra los youkai mientras yo me defendía y hacía lo imposible por encontrar mis kodachi, aunque cada vez había menos luz y eso dificultaba mi objetivo.

Y sin embargo yo no podía dejarlas, tenía que encontrar mis dagas, tenía que hacerlo:

Flashback

Yo acababa de cumplir los trece años, según mi mamá ya era toda una adolescente. Esa mañana yo me levanté más temprano de lo normal y se me ocurrió darle una sorpresa a mi sensei al llegar a entrenar antes que él. Llegué y como esperaba el lugar estaba vacío así que empecé mi calentamiento.

Estaba muy ilusionada, mi sensei me había dicho que había mejorado mucho en los últimos meses, pronto podría usar cuchillos de verdad (hasta entonces sólo usaba de madera). Yo tenía dificultades con una katana larga, pues me fallaba el calcular distancias, era mejor una corta, aunque eso implicara tener que pelear a una menor distancia del oponente.

Los minutos pasaron y mi sensei no aparecía. Y finalmente una hora después decidí que ya era demasiado y lo fui a buscar. El cuarto que mi mamá arreglara para él estaba igual que la tarde anterior, significando que él no había pasado la noche ahí. No me agradaba mucho esa idea; pero empeoró cuando noté que sus cosas no estaban ahí. De hecho no había nada además de la mesita de noche y la cama y…un pequeño paquete sobre la cama.

Corrí a abrirlo y no pude ahogar un grito de sorpresa. Mis padres de inmediato llegaron preguntando que había sucedido, se asombraron mucho cuando vieron lo que sostenía en mis manos: eran un par de dagas perfectamente hechas, brillantes, el mango era negro con una flor grabada cada uno, y se enganchaban precisamente de la punta para formar una espada doble.

-Son bellísimas. –dijo mi madre admirada.

-Y están muy bien hechas. –agregó mi padre.

-¿Por qué lloras hija? –me preguntó mi madre al notar que yo no dejaba de llorar.

-Se fue. –fue toda mi respuesta.

Fin del Flashback

Y así fue, la noche previa mi sensei se había marchado, dejando tras de sí nada más que las kodachi y una nota con dos palabras: 'Cuídalas bien.' Y eso había hecho, por eso jamás me apartaba de esas armas que por mucho tiempo fueron mi único lazo con esa persona tan especial en mi vida. Mi sensei.

Hiei logró matar a dos, uno de los cuales yo ya había logrado herir antes; de manera que aún quedaban cuatro, todos ellos ya con varias heridas cortesía de Hiei, las de uno de ellos incluso se podrían considerar como graves.

Me estaba hartando, y empecé a desquitar mi coraje con golpes, dejando un momento mi búsqueda de mis dagas y fue entonces que noté algo: Hiei, sus movimientos se iban haciendo más lentos e incluso un poco torpes, hasta que sorpresivamente uno de los youkai lo hizo caer duramente contra el suelo.

-¡Hiei-kun! –de nuevo mi preocupación me hizo olvidarme de otras cosas.

Me las arreglé para golpear a los youkai cerca de Hiei y llegar a su lado.

-No te distraigas, baka shoujo. –me insistió él.

Pero la ausencia de ironía en su voz, así como el hecho de que al tratar de enderezarse no pudo coordinar movimientos me hizo ver cuan grave era la situación.

-Creo que lo mejor será que termine esto ya. –murmuré a la vez que sacaba un par de semillas y las convertía en flores.

Los youkai ya volvían a acercarse a nosotros cuando yo me levanté, pura decisión en mi mirada a la vez que extendía los brazos, una flor en cada mano.

-¡Danza Sangrienta de los Tulipanes! –exclamé.

Y entonces puedo decir que en verdad ejecuté una danza mortal. Esa era mi segunda técnica más poderosa, creada a partir de lo que me dijera Yume de que al pelear parecía que bailaba, y la necesidad de ataques más poderosos que las navajas.

Cuando inicié los tulipanes eran blancos, cuando terminé…rojos.

Los cadáveres de los youkai yacían no muy lejos, pero lo único que me importaba era Hiei. Ignorando sus quejas levanté su túnica y su playera, alcanzando a ver la herida en su costado, una herida algo profunda, y que empapaba rápidamente sus ropas en su sangre.

-¿Por qué no me dijiste que la herida era tan grave? –le pregunté.

-Hn. –fue su respuesta.

-¿No me puedes dar una respuesta más sólida por una vez en tu vida?

-No necesito tu ayuda shoujo.

-Pues aunque no la necesites la vas a tener que aceptar. Si sigues así puedes morir y yo no estoy en la mejor condición para pelear si nos vuelven a atacar ahora.

-¿Y qué vas a hacer?

-Ya lo verás. –sin pensar en que ya estaba muy débil saqué las gardenias y las usé. –Curación de Gardenias.

Lo último que escuché fue la exclamación de asombro de Hiei antes de caer inconsciente.


Ok, por primera y no sé si única vez en ésta historia voy a poner notas.

Ya estamos pasando la mitad del fic, el siguiente capítulo puede considerarse que será el clímax de la historia. Ya lo tengo preparado para subirlo, y lo haré tan pronto tenga la misma cantidad de rviews que en éste ocasión o de preferencia uno más que antes. Lo más pronto para actualizar será una semana, ya que no puedo estar checando el internet todos los días (la escuela no me lo permite), pero ya saben, dejen reviews pronto y para el próximo fin sabrán que sigue.

De adelantos...sólo les diré el título: "Sacrificio por Amor"