Capítulo 8. Revelaciones y Confesiones.

Era extraño, tener conciencia (a medias) de lo que sucedía a mí alrededor, pero sin poder ser parte de ello. En ocasiones sentía que me acercaba a lo que estaba sucediendo, pero apenas un momento después volvía a perderme en la inmensidad sin poder hacer algo al respecto.

Voy a ser sincera en una cosa, yo estaba segura que nunca volvería a ver la luz del día, y sin embargo, sí lo hice.

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Cuando abrí los ojos estaba totalmente confundida, la cabeza me daba vueltas sin parar y por un instante sentí que caía de gran altura; todo junto de golpe y no pude evitar gritar:

-¡Ah! –creo que el espanto fue evidente en mi tono de voz.

-¡Hana! –oí una voz gritar prácticamente a mi lado

Y un instante después noté que no estaba sola, si bien me encontraba en una cama había alguien pegado a mí, como si me estuviera sosteniendo, y ese alguien era…

-¡Hiei-kun! –exclamé yo.

Estaba por preguntarle que había sucedido cuando de pronto todo golpeó mi mente: el Torneo Oscuro, la pelea de la final, cuando sólo quedé yo de pie y el último enemigo aumentó drásticamente su poder, cómo supe que sólo habría una manera de derrotarlo, aunque el precio por lograrlo era muy alto.

Entonces lo que dijera mi sensei tiempo atrás vino a mi mente:

"Recibí ésta herida protegiendo a alguien más, alguien muy importante para mí."

Sí, él había hecho eso, y yo también; lo había arriesgado todo, había entregado mi propia vida por salvar a aquel a quien yo amaba.

Y habiendo hecho todo ese análisis: ¿Cómo es que no estaba en el limbo, el cielo o el infierno (más probablemente el último)?

-Te preguntaría si recuerdas lo que pasó, pero por tu mirada tal parece que sí. –oí a Yuske decir en ese momento.

Tal parece que mientras yo me dedicaba a poner mis pensamientos en orden todos los demás entraron a donde yo me encontraba en ese momento, se trataba de mi habitación, en el Templo de Genkai.

-Sí. –respondí yo finalmente. –Ya lo recuerdo.

Me enderecé lentamente en la cama (para evitar posibles mareos o dolores de cabeza por movimientos bruscos), cubriendo rápidamente el delgado camisón que llevaba puesto con las sábanas, aunque en ningún momento me separé demasiado de Hiei y su mano en ningún momento soltó la mía.

-Entonces espero que seas tan amable de explicarnos qué fue lo que hiciste. –dijo Kurama con una seriedad que daba escalofríos. –Nunca en toda mi vida, vidas, había visto una semilla como la que usaste en ese momento, ni un ataque como el que hiciste.

-Creí que tú también usabas semillas. –dijo Kuwabara pensativo.

Ya a ninguno nos extrañaba que nunca parecía tener idea de lo que pasaba. Me llegué a preguntar en más de una ocasión cómo es que Yukina lo soportaba.

-Claro que sí Kuwabara. –dijo Kurama, tan paciente como siempre. –Excepto que yo nunca he usado una semilla que sea negra, o que tenga tanta energía oscura como la que utilizó Hana hace una semana.

¡¿Una semana! Vaya, eso explicaba las sensaciones que tenía de que pasaba el tiempo y por más que trataba de despertar no lo lograba. Además de por supuesto mis articulaciones adoloridas y que los músculos no me respondían como deberían.

-¿Semilla negra? –preguntó Kiseki con duda. -¿Podríamos verla?

-Me temo que eso no va a ser posible. –le respondí. –Sólo tenía una, y ya la utilicé.

-¿Qué clase de semilla era esa? –insistió Kurama.

Yo inspiré profundamente, tratando de obtener algo de la confianza que a Hiei siempre parecía sobrarle, sabía de antemano la reacción que obtendría.

-Era la semilla de la Flor Muerta. –respondí yo.

-¡¿Qué! –el grito de Kurama resonó en las cuatro paredes del cuarto.

-No entiendo. –dijo Keiko. -¿Qué significa eso?

-La Flor Muerta es la más mortal (por algo se llama así) que existe en todo el makai, o en los tres mundos, solamente se encuentra en un bosque llamado el 'Shi-Mori' (Bosque de la Muerte), por la misma flor. –explicó Kurama. –Es prácticamente un suicidio entrar en él, así como es un suicidio usar la flor.

El kitsune escondido en cuerpo humano nunca me quitó los ojos de encima, como si esperara alguna reacción de mi parte.

-Tengo una duda. –dijo Yuske. –Si esa flor es tan rara, y tan difícil de conseguir y todo eso, ¿Cómo es que tú tenías una?

Sabía que alguien me haría esa pregunta, aunque jamás me hubiera imaginado que quien lo haría sería Yuske.

-Eso sucedió hace tiempo. –le respondí. –Mi padre fue en una ocasión al Makai, a atender unos negocios; según lo que sé se topó con un viejo amigo que estaba en problemas, unos tipos lo querían matar por unas deudas de no-sé-qué. Realmente nunca he entendido muchas cosas que pasan en el makai. El hecho es que mi padre lo salvó, se encargó de asegurarse de que no lo volverían a molestar e incluso llevó a su amigo a nuestra casa, para que mamá y yo lo ayudáramos a curarlo. Pasó casi dos semanas en muy mal estado pero finalmente se recuperó; cuando lo hizo le preguntó a mi padre cuál sería el precio por haberlo ayudado, pero mi padre dijo que lo había hecho porque eran amigos, no le debía nada.

-Una persona extraña tu padre. –comentó Kurama. –Es muy raro que alguien haga un favor a otro sin esperar algo a cambio, mucho menos cuando ese favor puso en juego su vida o la de su familia.

-Sí bueno, mi padre es diferente al promedio. –admití yo, aunque jamás me avergoncé de ello. –El hecho es que el amigo, un youkai, no quedó conforme con esto, le dijo a mi padre que de todos modos encontraría una forma de pagarle. –hice una pausa. –Pasaron unos dos años, y lo volví a ver de casualidad, me dijo que él sabía que yo estaba creando mis técnicas con youki, y que éstas se basaban en flores, y él quería entregarme una que me ayudaría.

Flashback

-Ésta es la Semilla de la Flor Muerta. –me dijo a la vez que me entregaba la semilla oscura. –Es la más poderosa y letal que existe en todos los tres mundos.

-¿Por qué me la da? –le pregunté yo.

-Tengo una deuda con tu padre. –me explicó. –Él no quiere que se la pague, pero a mi no me agrada sentirme en deuda con nadie, es por eso que te doy esto a ti, de ésta manera siento que he pagado mi deuda.

-Se siente youki maligno en ella.

-Eso es porque se trata de una flor maligna. Sólo debes usarla cuando no te quede otra alternativa.

-¿Por qué?

-Porque éste flor tomará tu vida para cumplir su propósito. Es por eso que debes pensarlo muy bien antes de utilizarla. Sólo hazlo cuando veas que ya no te queda otra salida; cuando estés segura que prefieres la muerte a lo que sea que sucederá si no la utilizas. Piensa muy bien y decide qué es aquello por lo que estarías dispuesta a entregar tu vida.

Fin del Flashback

-Nunca le dije a mi padre que tenía esta semilla. –seguí explicando. –Tenía el presentimiento que no le agradaría saberlo. Y la verdad es que tampoco llegué a pensar que podría darse el momento en que la usara; tenía tanta confianza en todas mis demás habilidades y técnicas que nunca creí que realmente usaría la flor.

-¿Entonces por qué la cargabas? –preguntó Yukina.

-No lo sé. –respondí sinceramente. –Creo que me hacía sentir algo de tranquilidad el saber que tenía una técnica infalible que podía utilizar si llegaba a encontrarme en una situación aparentemente sin salida.

-Han dicho lo que hace esta flor. –comentó Keiko. –Pero no entiendo, ¿exactamente cómo es que hace eso?

-Según lo que yo he leído acerca de esa flor, ésta es letal. –intervino Genkai seriamente. –Tanto para quien recibe el ataque hecho por ésta como para quien lanza dicho ataque. Porque esa flor absorbe la vida de ambos involucrados y después se marchita, desvaneciendo ambas almas al mismo tiempo.

Con eso todos voltearon a verme, totalmente espantados.

Ay Genkai, pensé yo, ¿no podías haberte ahorrado la última parte de la información?

-¿Por qué harías algo tan arriesgado? –increíblemente quien formuló esa pregunta no fue Hiei, sino Yukina.

Y entonces yo no supe que responder. Aunque, afortunadamente nadie me presionó para que lo hiciera.

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En el transcurso de las siguientes horas desayuné abundantemente (la comida que cocina Yukina es simplemente deliciosa) y tuve que tomar varios licuados extraños preparados por Kurama y Genkai (no sé que tenían y según ellos no quiero saberlo así que…), según ellos para recuperarme más rápido después de prácticamente haber muerto, revivido, y haber pasado tanto tiempo inmóvil.

Después de interrogar a varios de ellos finalmente logré enterarme de lo que sucediera después de que me sacrifiqué en la última pelea. Resulta que mi ataque tuvo el efecto deseado (menos mal), el oponente cayó muerto, al igual que yo, y como Hiei técnicamente seguía consciente y pudo ponerse de pie en la plataforma nuestro equipo fue declarado el ganador del Torneo; al final ellos sacrificaron el deseo que iban a pedir originalmente para pedir que yo volviera a la vida. Y así sucedió.

Y después de haber hecho mis averiguaciones sentía que no podía dejar de huir de Hiei. Lo que le dijera justo antes de entregar mi vida, no había planeado enfrentarlo después de eso; llámenme cobarde si quieren, en verdad no me importa. A decir verdad estaba tan segura de que moriría que poco importaba lo que él pudiera pensar de mi declaración, pero una vez que noté que eso ya había pasado y yo seguía viva, estaba simplemente aterrada.

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Al día siguiente, cerca de media tarde, logré escaparme por un rato del exagerado (al menos en mi opinión) cuidado de Genkai y Yukina. Empecé a caminar por los límites del bosque que había en su propiedad hasta que empecé a cansarme, por lo que me giré y decidí volver al Templo, pero antes de llegar a la mitad del camino me sentí tan débil que mis piernas dejaron de sostenerme.

Antes de poder tocar el suelo noté que alguien me estaba cargando.

-Hiei-kun… -susurré, no pude evitar sonrojarme.

Genial, pensé por dentro, justo la persona a quien no quería encontrarme, al menos no aún.

No es que no quisiera verlo, sino que no me sentía lista, y bueno, probablemente si de mí dependiera nunca lo estaría. Ahí iba de nuevo mi cobardía. ¿Cómo era posible que una semana atrás no hubiera dudado ni un instante en sacrificar mi vida y mi alma por salvar a alguien y ahora ni siquiera podía enfrentar ver precisamente a esa persona?

-Baka shoujo… -murmuró él, pero en un tono muy diferente al usual, sonaba ¿cariñoso? –Quiero que me digas algo, y que digas la verdad: ¿Por qué te sacrificaste?

-Porque no podía dejar que te hicieran daño. –ni siquiera lo pensé, simplemente lo dije, y después no podía creer que finalmente lo había hecho. –Tardé en entenderlo, pero finalmente lo hice. No podía permitir que tú terminaras lastimado, o aún peor, muerto. Si a ti te pasaba algo yo…simplemente no hubiera podido soportarlo.

-Y yo me volví loco cuando caíste ahí a mi lado, busqué signos vitales que ya no tenías, un youki que se desvanecía rápidamente y ni con mi jagan podía sentir tu mente, ni tu alma. –me confesó él en un tono de voz que sonaba casi como si estuviera a punto de quebrarse. –Yo nunca creí que me podría llegar a sentir tan vacío como me sentí en ese momento. Créeme cuando te digo que si no hubiéramos podido traerte de vuelta con el deseo, a mí no me hubiera importado nada más, yo me hubiera quitado la vida en ese mismo momento, con tal de no separarme de ti.

-¡Hiei! –no pude evitar gritar, me espantaba la sola idea de pensar en él suicidándose. –No digas eso por favor.

-Es la verdad. –afirmó él. –Nunca lo dudes. Te amo…Aihana…

Y antes que tuviera tiempo para preguntarme si aquello era real, si no estaría alucinando acaso, la comprobación llegó a mí mente, o mejor dicho a mis labios; Hiei me besó. Un beso suave, dulce, y con un dejo de duda que nunca creí notar en alguna acción que viniera de él, pero así era, en ese momento él estaba dudando.

Se separó de mí lentamente, y me miró directo a los ojos, creo que esperaba alguna reacción de mi parte, y yo no podía decepcionarlo.

-Tú tampoco lo dudes. –le repliqué. –Yo también te amo, Hiei-koi…

Su cálida sonrisa fue la comprobación de que a él definitivamente le había gustado mi respuesta. Ya sin dudarlo volvió a besarme y yo de inmediato respondí a ese beso con todo el sentimiento de mi corazón.

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Creo que los siguientes días fueron los más maravillosos de toda vida (por muy corta que ésta sea). Sentía como si hubiera llegado a la nube nueve y estuviera suspendida ahí sin poder ni querer bajarme. Eso era lo que me provocaba tener a Hiei a mi lado, y el descubrir que era tan diferente a los meses previos, cuando iba a ser lo del torneo. Ya no habían más discusiones, ni peleas por tonterías; sólo abrazos, algunas peleas sin importancia (principalmente cuando me reía de él o le ganaba su nieve dulce), y creo que lo más maravilloso de todo eran los besos, esos besos tan cálidos, suaves y llenos de sentimiento (tan opuestos a lo que Hiei parecía ser en el exterior).

Creo que al principio los demás estuvieron a punto de infartarse, más de una vez, de hecho cada vez que nos encontraban juntos expresando nuestro amor (no vayan a pensar mal, eh?). Pero tras un par de días llegaron a acostumbrarse (aunque Kuwabara seguían gritando de vez en cuando).