Epílogo.

Fue tan extraño para mí, cruzar el portal y darme cuenta que del otro lado era muy diferente. No sólo porque se trataba del ningenkai, sino porque era otro tiempo, había vuelto a mi mundo…ese era mi hogar. ¿Entonces por qué no podía dejar de llorar?

Escuché mi comunicador, era Koenma llamándome; y en ese momento no pude evitar preguntarme si cuando él me mandó tras ese youkai no sabría ya todo lo que me iba a pasar. No lo sé, y al menos en ese momento no tenía ganas de averiguarlo; así que simplemente apagué el aparato y lo volví a guardar.

.---.

Llegué a mi casa al ponerse el sol, y sin hacerle caso a nada ni a nadie crucé la planta baja y fui directo hasta mi cuarto en el segundo piso. Creo que cuando pasé cerca de la sala de té alguien me miró fijamente, aunque no puse atención.

-Hana, hija. –me llamó mi madre desde abajo. –Ya está lista la cena.

-No tengo hambre mamá. –le respondí.

Y es que en verdad en el estado en que me encontraba dudaba mucho poder pasar bocado; además que si me veían así se darían cuenta de todo el dolor que yo llevaba dentro y querrían explicaciones, explicaciones que no quería dar, que probablemente nunca podría dar. ¿Y es que cómo explicas que acabas de volver de un viaje en el tiempo y estás locamente enamorada del mejor amigo de tu padre?

Creo que a mi madre no le agradó mucho que no bajara a cenar, pero tampoco me presionó, aún con los escudos psíquicos que me habían enseñado a poner en mi mente su poder de empática era fuerte, lo suficiente para saber que no me encontraba bien y no quería que me molestaran en ese momento.

.---.

Esa noche lloré hasta quedarme dormida, y creo que aún dormida seguía llorando; y aún con el gran cansancio mental que tenía me desperté muy temprano. Y sin embargo aún no tenía ganas de salir de mi cuarto.

Esa noche me había servido para pensar, yo sabía perfectamente donde encontrar al hombre que amaba, a mi demonio de fuego, y sin embargo el miedo de acercarme a él era demasiado grande. No sabía si él me iba a aceptar a su lado, después de todo para mí apenas había sido un día, pero él había tenido que soportar dieciocho años, y no dudaba que él ya sabía también donde estaba yo…

También estaba el tema de mi padre, no sabía cómo reaccionaría él; después de todo él era tan educado, tan correcto, no estaba segura si aceptaría que su hija amara a un demonio muchos años mayor que ella.

Y el resto de la sociedad…ni se diga. Aunque en el makai eso fuera algo tan común, yo me encontraba en el ningenkai, y las reglas eran muy diferentes.

Aunque por otro lado¿Qué clase de mujer soy si dejo que simples 'reglas' se interpongan entre el hombre que amo, y yo?

Demasiadas dudas, demasiados problemas, a mí cada vez me dolía más fuerte la cabeza.

¿Por qué?, me preguntaba yo. Si tan sólo tengo dieciocho años¿Por qué las cosas tienen que ser tan difíciles para mí? Ésta decisión que tengo que tomar, que me hace pensar que de ella depende no sólo mi felicidad, quizá también la de él.

.---.

En todo el día no abandoné mi recámara ni un solo momento, y mi preocupada madre tuvo que conformarse con mis vagas respuestas y con dejar mi comida del otro lado de la puerta. Creo que mi padre tuvo las intenciones de tirar la puerta para entrar y averiguar lo que me pasaba, pero ella consiguió convencerlo de que no era lo indicado. Gracias mamá, te debo una, y muchas más…

Al pensar en mi madre, en Kiseki Minamino, pensaba también en la mujer que había conocido yo en mi viaje al pasado. La misma mujer comprensiva, que en sus ojos reflejaba que sabía más de lo que decía. Quien me llevó a darme cuenta del amor que sentía por Hiei. ¿Será que quizá ella ya lo sabía¿Será que ella lo aceptaría y me apoyaría? Esperaba que sí.

.---.

Esa noche volví a dormir intranquilamente, en mis sueños se arremolinaban los recuerdos de todo lo pasado en esos seis meses:

Sueño y Reflexiones

Mi llegada al Makai, cuando estaba perdida, y en un intento de encontrar el camino hasta donde me llevara mi sensei días antes llegué por accidente hasta donde tenía lugar una pelea, un grupo de youkai intentaba invadir la fortaleza, y él los enfrentaba. Y yo, yo no dudé ni un instante en intervenir y ayudarlo.

-¿Quién demonios eres tú? –me preguntó él en un momento que quedamos espalda con espalda y completamente rodeados.

-Alguien que te quiere ayudar. –le respondí con calma. –Las presentaciones déjalas para cuando ya sólo quedemos nosotros dos.

Y así fue, no supe por qué pero confié en él, al menos lo suficiente para decirle mi verdadero nombre y mostrarle mi imagen real (algo que rara vez hacía, y mucho menos con un completo desconocido)

Salto

Tras dos meses de conocernos, cuando fuimos al Reikai, como él habló primero con Koenma y luego me pareció que se iba a ir.

-Él va a hablar contigo. –me informó Hiei.

-¿Te vas a ir tan pronto? –le pregunté sujetándolo ligeramente de la capa.

Por alguna razón sentía que no estaría segura si él no se quedaba conmigo, creo que me acostumbré demasiado a su presencia.

-Tengo que ir a buscar a alguien. –me respondió. –Volveré pronto.

Y sí volvió, volvió con sus amigos (dos de ellos mis padres), y poco después terminé como parte de su equipo para el Torneo Oscuro.

Salto

Todas las discusiones que tuvimos. Empezando ese mismo día, en el Palacio del Reikai.

-Es una insensatez entonces que quieras participar. –declaró Hiei.

-¿Insensatez? –le pregunté dirigiéndome a él lentamente. -¿Porqué los quiero ayudar?

-No, porque te metes en donde no te llaman. –replicó él con su típica frialdad.

-Perdóname si me meto 'donde no me llaman', pero me pareció que mi ayuda les sería útil. –repliqué yo, aunque me cueste admitirlo ligeramente ofendida con el tono de él. –Creí que con lo que ha pasado en los últimos dos meses ya te habrías dado cuenta de que no estoy indefensa, puedo pelear lo suficientemente bien para ayudarles en el torneo.

-¿Igual que cuando te desmayaste con el mero reflejo de energía de mi Espada de la Flama Negra? –ahora realmente me estaba ofendiendo.

-Eso fue muy diferente. No tienes ni idea de lo que pasó en ese momento. El que tengas un Jagan en tu frente no significa que puedas entender los pensamientos de todos¡mucho menos los míos!

Salto

Todas sus exigencias y actitudes frías durante los tres meses del entrenamiento.

Y después las múltiples discusiones y ofensas durante el torneo.

La peor de todas en la Tercera ronda:

-Ustedes hagan eso. –dijo Hiei. –El zorro y yo nos haremos cargo de ganar ésta ronda.

-Yo puedo ayudarte. –le dije. –Quizá las plantas de Kurama serían más útiles con Kuwabara.

-Peleando contigo tomaría más tiempo. –dijo Hiei ignorándome. –Yo sólo los acabaría pero quieren combates de a dos.

-¿Por qué haces esto Hiei? –le pregunté molestándome de nuevo. -¿Por qué demonios insistes en tratarme como si fuera una chiquilla¡No lo soy! Tengo suficiente fuerza para pelear por mí misma.

Hiei no me respondió, y creo que eso me enfureció aún más que si hubiera replicado, aún con insultos; el sentirme ignorada es algo que simplemente no soporto.

En ese momento me marché furiosa al bosque, quería desquitar mi coraje. Me dolía en el corazón sus ofensas, y yo quería odiarlo para que no doliera tanto, pero no podía; no podía odiarlo porque lo amaba, lo amaba demasiado.

Salto

Y sin embargo cuando tuve problemas estuvo ahí para mí:

Estaba tan desesperada buscando con la vista donde habían caído mis armas que no vi el siguiente ataque en mi contra, un youkai se fue contra mí y trató de clavarme una navaja; pero en el último momento alguien más se interpuso.

-¿Qu…? –el shock era demasiado, no podía creer lo que veía. -¡Hiei-san!

Esa herida fue grave para él, lo dejó muy mal.

Salto

Y la confesión que me hiciera después de eso…

-Sé que no eres una niña, no estoy ciego, y también sé que puedes defenderte sola, yo mismo he podido comprobar eso desde el día en que te conocí; pero aún así yo siento éste deseo por protegerte. Nunca antes había sentido yo algo así por nadie excepto quizás por mi hermana… no lo entiendo.

-Hiei-kun…

-No sé como explicarlo Hana, son tantas cosas. Todas las discusiones, las peleas, cuando parecía que te subestimaba, no era nada de eso, simplemente quise sentir que podía mantenerte alejada del peligro. Las palabras tan feas que te dije, que parecía que tenía toda la intención de insultarte, nunca quise hacerlo, es sólo que no sabía de que otra manera tratar de protegerte, eres tan necia…

Salto

Y en la última batalla, el momento en que decidí que amaba lo suficiente a Hiei como para renunciar a todo por salvarlo.

-Por favor perdóname Hiei. –susurré yo, lentamente las lágrimas comenzaron a caer.

-¿De qué hablas? –creo que ahí sí él sonaba preocupado. -¿Hana?

-Hiei… -susurré a la vez que besaba la comisura de sus labios. –Te amo…

Y antes de darle tiempo a responderme me levanté y ejecuté mi último ataque:

-¡Maldición de la Flor Muerta!

Y la luz se apagó para mí.

Salto

Una muerte que esperaba y sin embargo no se dio. El afrontar explicaciones que dejaron a todos sorprendidos y dudando. Aquella conversación con él donde abrí mi corazón por completo por primera vez, y sé que él abrió el suyo para mí. Donde confrontamos ambos nuestros sentimientos; Y de la confesión que le hiciera a él antes obtuve un resultado que nunca hubiera podido imaginar:

-Es la verdad. –afirmó él. –Nunca lo dudes. Te amo…Aihana…

Salto

La razón detrás de ese sobrenombre que me había puesto.

–Para que nunca olvides cuanto te amo. Mi querida Aihana.

-¿Por qué Aihana? –le pregunté, era la segunda vez que él me llamaba así y no sabía porqué.

-Por que eres una Flor de Amor. –me respondió a la vez que me abrazaba, y en un murmullo a mi oído agregó: -Eres MI Flor de Amor.

Algunos dirán que él es demasiado posesivo, pero a mí esas palabras lo único que hacían era confirmarme lo mucho que me amaba, lo mucho que ambos nos amábamos.

Salto

Y el día que me tuve que despedir de él.

-Hiei-koi… -suspiré antes de soltarle el resto. –Me voy.

-¡¿Qué?! –exclamó exaltado a la vez que se ponía de pie en la rama, tan rápido que casi se cae del árbol. -¿Cuándo¿Adónde¿Por qué?

Su mirada me hacía arder el alma, lo mismo que su tono de voz.

-Hoy, de vuelta a mi mundo, y porque debo hacerlo. –le dije apartando la mirada, no creía soportar seguir viéndolo así.

-No, no puedes hacerlo. –se negó él sujetándome de la muñeca. –Eres mi mujer.

-Hiei-koi. No lo hagas más difícil por favor. –voltee a verlo con tristeza, sabiendo que aún sin lágrimas mis ojos vidriosos expresaban todo. –Sabes que no soy tu mujer y no puedo serlo. No puedo porque no pertenezco a este mundo.

-Eso no me importa. –dijo él seriamente. –Ya te dije que te amo.

-Y yo a ti, con toda mi alma. Pero no puedo quedarme, porque no pertenezco aquí. –me quité el brazalete y se lo di. –Toma, si cuando nos volvamos a ver aún me amas, vuelve a dármelo, si no…yo lo entenderé.

Fin del Sueño y las Reflexiones

Desperté bruscamente en ese momento. ¡Eso era¡El brazalete!

De inmediato empecé a rebuscar en todos los cajones y clósets en mi cuarto. Estaba segura que había visto ese brazalete en ese lugar, en esa época, y si lo encontraba entonces significaba que todas mis esperanzas se habían cumplido.

Finalmente di con él, al fondo de un viejo joyero. Seguía intacto, el delicado brazalete con las tres perlas negras, las lágrimas de él. Y al tiempo que lo sostenía un recuerdo más vino a mi mente, algo que para mí había pasado hacía meses, pero para él debían haber sido apenas unos días, lo ocurrido aquel día en la fortaleza de Mukuro:

Flashback

Comenzó como entrenamiento y terminó como una pelea entre otro de los youkai y yo. Cuando al final había tratado de aprovecharse de mí, mi sensei había llegado a ayudarme.

-Es una hany… -comenzó uno en el mismo tono despectivo.

Ni siquiera pudo terminar la frase cuando ya sus ropas estaban en llamas, tuvo que rodar en el suelo para poder apagarlos, aunque aún así pasó un largo rato antes que esto sucediera.

Y entonces oí una frase de labios de mi sensei que me dejó profundamente intrigada, palabras que en ese entonces nunca hubiera imaginado oír salir de su boca, y menos haciendo referencia a mí o en una situación como aquella:

-Ella es mía…

Fin del Flashback

Eso me terminó de dar el valor que necesitaba para llevar a cabo el loco plan que se había formulado rápidamente en mi cabeza. Era el momento de volverme a jugar el todo por el todo, aunque ésta vez lo que arriesgara fuera el corazón y no la vida, igual valía; y la recompensa podía llegar a ser mucho más grande…

.---.

Llegué a la cocina ataviada en mis ropas de pelea. Ahí vi a mi madre preparando el desayuno mientras mi padre comenzaba con su café; pero no le puse atención a ninguno de los dos. Voltee directo a ver al sensei, sentado bebiendo té tranquilo; y sin detenerme a considerarlo ni una sola vez más desenfundé mis kodachi y en un movimiento rápido me lancé al ataque. No tuvo mucho efecto puesto que en el último momento el sensei las detuvo con su katana.

-¡¿Qué demo…?! –mi padre pareció alterarse. -¿Qué crees que estás haciendo jovencita?

-Cumplir una promesa. –respondí a la vez que volvía a atacar.

-¡Hanazakari! –me gritó mi madre molesta.

Pero por primera vez los ignoré a ambos, y me concentré de lleno en el combate.

No sé exactamente cómo ni cuando, pero ambos salimos de la cocina hacia el patio, sin dejar de pelear ni un solo momento; combinando artes marciales, y nuestras armas, aunque sin usar ni el más mínimo ataque de youki. No hubiera sido justo para ninguno de los dos.

La pelea siguió, no sé cuanto tiempo, aunque tampoco me importa. Nos movíamos tan rápido que de todos modos el tiempo no importaba.

Y así de imprevistamente como había comenzado todo, así terminó:

Con un golpe metálico una de mis kodachi cayó al suelo, junto con la katana de él, mientras que desde atrás yo sostenía mi segunda kodachi contra su cuello.

Mis padres simplemente miraban la escena en completo silencio.

-Parece que finalmente me venciste. –dijo mi sensei, sin una pizca de emoción.

Eso hubiera sido normal si no estuviera esperando algo más de él en ese momento.

Recogimos nuestras armas, dejando pasar unos momentos antes de volver a mirarnos a la cara.

-Lo lograste. –me felicitó él. –Mi nom…

-Ya lo sé. –lo interrumpí yo con suavidad. –Hiei-san…Hiei-kun…

Cada vez que pronunciaba su nombre sus ojos se fueron abriendo más y más.

-Pero… -comenzó él, no parecía muy seguro todavía.

Para disipar dudas sólo alcé el brazo, mostrando en mi muñeca el brazalete con las 3 perlas.

Y entonces él pareció entenderlo.

-Tú… -comenzó, nunca imaginé verlo dudar tanto.

-Lamento mucho todo lo que has tenido que pasar. –me disculpé de inmediato. –No tenía ni idea de todo el dolor que te estaba causando. Si tan sólo lo hubiera sabido antes yo…

-Cállate baka shoujo… -me interrumpió él. –Lo importante es que ahora estás aquí.

Una sonrisa traviesa adornó su rostro, y me sentí de pronto igual que aquel día que me sonriera por primera vez.

Mis padres nos miraron en silencio, y por la expresión de mi padre creo que en ese momento él entendió. Mi madre…ella sólo nos sonrió complacida.

-Estoy tan feliz de que estés aquí. –le dije yo. –No sé que pienses tú pero yo…

Me interrumpió con un beso, breve, pero que igual me hizo temblar.

-Te amo, Hiei-koi… -le susurré al abrazarlo fuertemente.

-Yo también te amo… -me susurró él al oído. –Mi mujer…mi Aihana.

Y sin más volvió a cubrir mi boca con la suya, en el beso más tierno, apasionado y lleno de sentimiento que hubiera experimentado en toda mi vida.


¡¡¡Ahora sí es el final!!!

Después de lo que algunos podrán considerar como una eternidad, finalmente éste fanfic está terminado. Espero que les haya gustado y que me dejen sus opiniones.

Como he estado poniendo en mis otras historias, estaré ausente de FF por un tiempo, de dos semanas a un mes, no es grave y prometo que volveré tan pronto como pueda con más cosas.

Por lo pronto les dejo el adelanto del próximo fic de YYH, que espero les guste. Se llama: Un Sueño Hecho Realidad.

Summary: Pinturas y noveas pueden guardar un significado más allá de simples ideas y pensamientos. Quizás hasta los más profundos sentimientos y recuerdos de un...sueño hecho realidad.

Parejas: Kurama/OC, HieiOC, y un poco de Yuske/Keiko y Kuwabara/Yukina.

Clasificación: T (por batallas sangrientas y otros temas delicados -no es lemon-).

Adelanto:

Justo en ese momento escuchó lo que hubiera podido catalogar como un espantoso trueno si no fuera por el hecho de que no estaba lloviendo, apenas si había nubes en el cielo.

-Que demo… -Silvain se vio obligada a meter el freno cuando vio lo que parecía ser un rayo caer justo frente a ella.

Respiración entrecortada, Silvain de inmediato apagó el coche y se bajó a toda prisa, temiendo haber atropellado a algo o a alguien. Y sin embargo lo que vio frente a su auto fue más de lo que jamás pudo imaginar.

-No puede ser… -dijo ella a la vez que se veía obligada a apoyarse en el cofre del auto, siendo que sus piernas no parecían estarle funcionando muy bien en ese momento.

Y es que ahí, tirado en la solitaria calle, se encontraba un hombre de cuerpo atlético, tez bronceada, y brillante cabellera roja y cuyas ropas, consistentes en un pantalón y playera sencillos, estaban prácticamente deshechas, dejando ver varias heridas considerables.

.---.

-Por cierto, me llamo Silvain, Silvain Carrey.

-Shuichi. –murmuró él. –Shuichi Minamino.

Lo sabía, y aún así el escuchar el nombre de labios de él no lo hizo precisamente más fácil.

Y fue lo último que dijo antes de quedar inconsciente nuevamente.

-Creo que acabo de meterme en la locura más grande de mi vida. –murmuró para sí la joven a la vez que reiniciaba su trayecto a casa.

Fin del Adelanto.

¿Qué les pareció? Espero que eso les anime a leer el fanfic que iniciaré en aproximadamente un mes.

En fin. Aquí me despido, nos vemos después.

Adieu.

P.D. Hay un fanart relativo a este fanfic de Aihana, fue hecho por mi hermana, 'Angie'. Lo pueden ver si van al siguiente vínculo: http://img239.imageshack.us/img239/4336/aihanaly6.jpg

De nuevo gracias.