Parte 16: Soledad y deseo
No había nada claro en la situación en la que se encontraban los cuatro caballeros védicos. Tan sólo Sila tendido en el suelo e incapaz de levantar tenía esa sensación de soledad capaz de hacer llorar. A pesar de todo y de no comprender nada, reprimió sus lágrimas.
-¿Tú juraste lealtad a esa niñata, cuyo poder no le permite ni proteger Parnase por una hora! Por su culpa, todas las Musas caerán y nuestra patria sufrirá graves destrozos. ¿No crees que debería haberla matado a estas alturas¿Para qué demonios has venido, imbécil?-
-He… he venido por ella, tal y como le... juré.- la voz del muchacho parecía cansada y no se explicaba cómo podía saber aquello. Confiaba en que Erinia no le hubiera contado nada, pero a las alturas en las que se encontraba, nada le parecía tener sentido.
-Y sin embargo, estás solo. Ni uno de estos poderosos caballeros ha acudido en tu auxilio. ¿No crees que has perdido?- preguntó el dios con ironía.
-Jamás…-
-Entonces, levanta, si es que puedes. Sígueme con tu mirada, si no te falla. Escúchame si tus oídos no te traicionan. ¡En MI patria, no hay traidores!- Tras reír compulsivamente el hombre le señaló con el dedo. -Sólo tú, pues esa pequeña meretriz ya me ha jurado lealtad. ¿Cómo pudiste pensar que sólo uno de estos caballeros sería capaz de traicionarme para jugársela por ti? Ellos saben por qué nacieron en Parnase y tú pareces haberlo olvidado, caballero artificioso.-
Letheus apartó la mirada de su protegido, al igual que Udián y Agni.
-¿Me… traicionáis ahora?- preguntó Sila apenado.
-No, Sila… tú eres el que traiciona a Soma. Tú eres el traidor.- concretó Udián volviendo a mirarle. -Mereces que acabe contigo aquí mismo. ¿Juraste lealtad a Erinia?-
-¿Qué pasa con todo lo que me dijisteis¿Qué sucede con los cinco cuadros¿Acaso no éramos el tercer bando?- el joven de rosada armadura hizo acopio de toda su energía para hablar sin que su tono titubeara.
-Siempre fui un buen actor, de pequeño era mi sueño.- añadió con voz fría el caballero de la sabiduría.
-Sin embargo, todo lo que dijimos es cierto, Sila. Todas y cada una de nuestras palabras están ahí, y han sido pronunciadas con un propósito.- Letheus tenía los ojos cerrados mientras hablaba. Su cuerpo aún temblaba.
-Seguro que nuestro señor te da otra oportunidad.- Agni guiñó su ojo con cinismo.
-Vosotros que tanto sabéis, mis caballeros, agradeced a que Udián ha cumplido con su misión, ya que sólo le cité a él y habéis venido todos con este deshecho humano.-
-Sila, ni Exeo ni Tadeus salieron a nuestro encuentro. Ni tan siquiera las furias en las atalayas. ¿No crees que eso es sospechoso¡Estabas tan ciego que no te diste cuenta!- Con la mano en su corazón, Agni siguió hablando. -Pero no te preocupes, te juro que pase lo que pase, nadie atravesará mi templo.-
-Os podéis ir. Dejad a este bastardo conmigo.- ordenó el Dios.
Los pasos de los que fueron amigos de Sila se alejaron de aquel lugar idílico. Los tres caballeros descendieron por la escalera de cristal que llevaba a la salida del último torreón. Por orden explícita del señor Soma debían proteger la catedral.
Todo volvió a quedar sumido en el silencio, sólo quebrado por los pasos de Soma que se dirigió otra vez al balcón señalando la Luna.
-Mira qué belleza. Ya ha pasado la mitad. Ya es mayoritario el rojo en su superficie. ¡Es un milagro, y todo gracias a vosotros!- El Dios parecía enloquecido. -Mi conjuro del sol ha dado resultado, Sila. Debes reconocer que es un milagro.- La risa de Soma fue estrepitosa. -¿Sabes el motivo de por qué deseo que la luna se llene en ese carmesí?- Sila no respondió, tan sólo podía observar desde el suelo, con todos sus sentidos debilitados.
-¿Quieres saber la verdad?-
-¿Va… vas a matarme, cierto?- preguntó el caballero del deseo.
La sonrisa del Dios fue mágica, y consiguió serenar a su más acérrimo enemigo, que yacía delante de él. Soma comenzó a parafrasear detalladamente.
-Han tenido que pasar miles de años para que llegase este día. Han pasado cientos de generaciones desde que los dioses han intentado imponer su voluntad en este mundo de los humanos. Yo existí ya en la era mitológica con un poder incluso mayor al de todos los dioses juntos. Un poder que el mismísimo Urano habría envidiado de haber estado vivo.
Soy carne de su carne, sangre de su sangre. Mi propia ambición me hizo desear el Olimpo, y me enfrenté a todos los dioses que en él había. Fui desterrado y sellado en este lugar. Zeus prohibió los enfrentamientos entre los dioses, y por eso, éstos utilizaron a los humanos como medio para hacerse daño.
Yo fui más inteligente. Creé Parnase y la abastecí con mi Cosmos mientras dormía. A lo largo de los años, ideé un plan digno del más astuto dios que haya existido.
Respóndeme, Sila. ¿Cómo hubieras hecho para derrotarme¿Qué te otorgaba esa fuerza que supuestamente podía acabar con mi vida?-
Síla había conseguido sentarse en el suelo, aunque su cuerpo le pesaba más que su propia vida. Con esfuerzo, consiguió responder.
-Amor… ¡Mis sentimientos…!-
-¡Correcto! Pero ya te he dicho que yo soy más astuto que todos esos Dioses del Olimpo, que infravaloraron el potencial de los sentimientos. Mientras, yo, creé un conjuro para cristalizar su poder. Tuve que esperar a que las encarnaciones de los dioses en la tierra desaparecieran. Ya sólo queda Atenea en este mundo y no puede ejercer su máximo cargo: mantener el sello de Zeus que impedía que yo levantase y pudiera utilizar el conjuro del sol. ¡Hasta tú acabaste con la vida de algún insignificante dios del planeta!-
-¿E… el conjuro del sol son sentimientos?- Sila lograba comprender e intuir algo del plan de Soma, que escuchaba a sabiendas de que no podría actuar.
-Todos los sentimientos que derrocharon los humanos del mundo desde la era mitológica. Mi hechizo los está reviviendo todos y los está concentrando en la luna. Incluso tú, ahora, estás colaborando a que la luna de Soma alcance su apogeo. ¡Es puro Cosmos!-
-¿Para qué tanto poder, Soma¿Para qué?-
-Si un humano puede derrotar a un Dios con sus sentimientos como arma¿qué crees que se podrá hacer con los sentimientos de todas las personas que han existido desde la época mitológica? Olimpo y Tierra se hundirán en la nada y Parnase prevalecerá por la eternidad con un único Dios todopoderoso¡YO!
¡Al fin existirá una sociedad justa, una sociedad pura y auténtica regida sólo por mí y por mis normas, en la cual sólo las personas de alma pura tendrán cabida¡Un nuevo orden, y yo seré su Dios!-
-¿Hablas tú de un alma pura? Sólo eres un demente… Alguien te derrotará.- Sila parecía abatido, pero no mostraba indicio de debilidad.
-¡Imbécil¡Ya has escuchado suficiente! Ahora que sabes la verdad, tendrás que cargar con ella, pues no te mataré. Mi inmensa bondad y yo lo hemos decidido así. ¡Jajajaja!-
Soma alzó su mano y todo el peso y cansancio de Sila desapareció. Sus sentidos dejaron de estar debilitados.
Las velas de la estancia se encendieron de golpe sumergiéndolo todo en una luz anaranjada. El Dios arrancó de su cuerpo la túnica blanca que le vestía quedando desnudo ante el caballero del deseo. Comenzó a dirigirse hacia él despacio.
-¡Ahora lucha contra mí con toda la fuerza de tus sentimientos¡Jamás podrás vencerme!-
-¡Soma, tus sentimientos no son auténticos, pues no son tuyos¡Los dioses carecen de sentimientos humanos!- gritó Sila con toda la fuerza que pudo mientras se dirigía a su enemigo.
-¿Correrás el riesgo de atacarme?-
El cuerpo de Alecto apareció entre plumas albas de la nada entre los brazos de Soma. Ella estaba dormida plácidamente ajena a todo lo que sucedía. Sus labios entreabiertos expulsaban aire serenamente, y varios mechones de oscuro cabello rozaban su faz. El blanco del vestido que llevaba era tan inmaculado como su belleza, sagrada para Sila, que se detuvo a menos de un metro del todopoderoso con el puño aún alzado.
-¿No vas a derrotarme ahora, Sila¿No vas a recuperar a esta pequeña pieza de beldad aun al precio de mi vida?-
Soma desapareció y se materializó con la niña a espaldas del caballero de armadura rosada. Estaban ahora a más de veinte pasos, pero el muchacho todavía podía oír la respiración latente de Alecto.
-También vas a concederme mi deseo.- apuntó el Dios. -¿Sabes cuál es?-
-…- El cosmos de Sila le envolvió con un brillo rosado que se alzó hasta el doble de su altura. El caballero sólo pudo odiarle con toda la fuerza de su alma mientras hacía arder su energía, que seguro era percibida ahora en todo Parnase. El suelo tembló y el viento corrió a una velocidad tremenda alrededor del joven.
-Mi deseo es…-
El grito de Sila llegó tan lejos como su cosmos, y, finalmente lanzó una ráfaga helada al aire. Todo se congeló y una masa de hielo estalló en las alturas de la iglesia de Soma. Comenzó a caer una lluvia de agujas de hielo semejante a una tormenta iracunda.
Soma desapareció y Alecto quedó en pleno aire. Cuando el caballero del deseo vio al dios desvanecerse, detuvo rápidamente su Aura Invernal. A pesar de todo y en contra de su voluntad, una parte de las flechas heladas cambió de rumbo y se clavó en el inmaculado cuerpo de la joven enrojeciendo su vestidito de seda blanca. Alecto cayó al suelo de costado. Varias gotas de sangre mancharon todo a su alrededor y un pequeño cerco del líquido surgió de sus piernas.
-¡Alecto!- Tras el angustioso grito, todo un mundo pasó ante los ojos del guerrero, que corrió hacia la pequeña desvanecida en el suelo. Sus ojos rompieron en lágrimas y su ánimo se derrumbó. El afeminado caballero lloró como sólo una vez antes había hecho. Sila sintió el mismo ardor ferviente que cuando su hermana murió. El joven, impotente acarició la cara de la chiquilla manchándose del líquido rojizo. En aquel momento nada le importó y la abrazó con toda su fuerza. Todo el rosáceo de su armadura se matizó en la vida de la chiquilla.
-La… ¿la he matado?-
-Mi deseo es que sufras.- A pesar de no estar presente, Soma habló. -¿Pesa tu amargura?-
El abrazo de Sila le consumió por completo. Apenas podía respirar y el dolor en su pecho era tan fuerte que deseó morir.
-Su sangre… mancha mis manos…- Tras el grito desesperado del caballero, su cosmos estalló y se expandió. Sus ojos irradiaban fuego, su mirada parecía la de un demonio poseído. Con lágrimas de sangre levantó el cuerpo de la niña.
Sila caminó despacio hasta dejar a Erinia tumbada sobre un banco de la iglesia. Tras girarse y mirar a los ojos de Soma, apretó sus dientes. Nunca antes había sentido una pérdida tan grande con semejante explosión de cosmos.
El dios de Parnase, todavía desnudo expandió sus brazos despacio. Tras alzar las palmas de su mano, un brillo le abrazó. Tras un destello lumínico sobre su cuerpo una bella armadura le cubría por completo. El color negro de la vestimenta brillaba reflejando la luz de las velas. Tan sólo los bordes de sus hombreras y de su coraza tenían el mismo color de sus ojos, jamás visto antes.
-¿Qué harás, caballero¿Vengarás su muerte con la violencia?-
Sila corrió con más furia que nunca. Su vida carecía de importancia y tan sólo la idea de acabar con Soma sustentaba su cosmos. El puño del joven se estrelló contra la dura protección de su oponente, que a pesar de no inmutarse, se sorprendió. Como respuesta, aprovechó la baja guardia del amanerado joven agarrando su cuello y arrastrándole brutalmente contra el suelo. El impacto hirió la frente de Sila, que comenzó a sangrar.
-¿Te levantas de nuevo?- Soma desapareció y se materializó a las espaldas del muchacho. Sus ojos brillaron y el caballero del deseo fue despedido en la distancia con la sola fuerza de su cosmos divino.
-¡Cenit naciente, destruye el cuerpo de este infeliz!-
Una lluvia de truenos negros inundó la torre con tremendo ruido y oscuro cosmos. Cada uno de los terribles rayos se precipitó desde las alturas clavándose en la armadura y cuerpo de Sila, que cayó y presenció impotente aquel azote de dolor. Las losas del suelo de la iglesia estallaron en pedazos destrozando varios bancos y agrietando algunas columnas.
-¿Es suficiente? A pesar de que tu armadura está intacta, tu cuerpo está destrozado. Dudo que te levantes ahora.- Soma cruzó sus brazos y ladeado, contempló a aquel hombre que se retorcía de dolor entre lágrimas y sangre. Sus sollozos eran desesperantes.
El caballero del deseo levantó de nuevo. Le costó más que nunca, pero consiguió coordinar un paso. Tan sólo la fuerza de su cosmos le movía. Soma se percató de aquello e inmediatamente sonrió.
-Te levantas por la fuerza de tu cosmos¿cierto? Te he golpeado con fuerza suficiente como para herirte mortalmente, y sin embargo sigues luchando. ¿No me dirás que lo haces por ella?- El dios se refería a la pequeña furia que yacía inerte en el banco de ébano en que Sila la había dejado.
-Mírala ahora. ¿Me dejas decirte algo? Su corazón aún late.-
El muchacho de armadura rosada, impregnado en sudor y sangre, golpeó con su puño en el suelo. No sabía cómo actuar.
-¿Ya estás contento, Sila¿Has comprendido que no puedes hacerme daño mientras tu cosmos sea mío? Lo único que has conseguido traicionándome ha sido sufrir. Eso es lo que te espera hasta la hora de tu muerte.- Los sentidos del caballero del deseo se debilitaron nuevamente. -Tu cosmos me pertenece, y lo puedo manejar a mi antojo. Por mucha furia que sientas, y por mucho dolor que te azote, desde que fuiste víctima del sello de Egaria tu energía es mía, aunque creas que no. Yo permití que derrotases a Salicio, al igual que guié tu aura invernal para que golpeara a esa necia descerebrada.-
-¿Qué demonios… eres?- preguntó el derrotado muchacho desde el suelo.
-Yo soy aquel que crea y aquel que destruye. Seré el salvador de las almas puras, y convertiré Tierra y Cielo en Parnase. Yo soy Soma, amo y señor de este viejo planeta, que sufre con vuestros deseos. Amo de tu vida, y vengador de dioses y demonios renegados. Nada más la luna alcance su máximo esplendor, comenzará el hundimiento del mundo. ¡Cuánto más cerca esté el caos, más próximo estará el nuevo orden!-
-Si sabías que iba… a traicionarte… ¿Por qué no me mataste antes?- Sila apretaba sus dientes más y más, pero sabía que no tenía ninguna posibilidad siendo controlado y en aquel estado. Tan sólo pudo resignarse.
-No te he matado porque a diferencia de tu padre, antiguo caballero del deseo, tu corazón sí que es puro, y ya te he dicho que crearé una sociedad en que las almas de sus habitantes sean así.-
-¡Padre¡Él fue un traidor¡Nunca confiaste en mí por su culpa!-
-Vamos Sila… ¿Acaso crees que no sé lo que pasó aquella noche con tu familia¿Crees que no sé que amabas a tu hermana con todo tu corazón? Sé más que tú mismo… Tu padre tuvo sus motivos para tratar de conseguir el elixir de Soma. Debes reconocer que erraste acabando con su vida.-
-¡Ex… explícate!-
-Es cierto que mi cosmos no es impuro, pero su aura no es todo lo blanca que debía ser. Al igual que tú, él se dio cuenta de ello. Tu odiado padre no trató más que intentar asegurar vuestra vida previendo que yo podría ser un dios dictador. Él esperaba mucho de ti… y tú no aprendiste nada de él.-
-¡No es cierto¡Mi padre sólo quería la vida eterna!-
-¿Recuerdas la historia que contaste a Erinia?-
-¡Lo sabes?-
-Tú mismo pronunciaste aquella frase en que dijiste que él sólo quería lo mejor para su familia…-
-Pero su ambición…- interrumpió Sila.
-Lerne… ¿No era ese el nombre de tu hermana? Yace bajo el lago más profundo de Parnase desalmada.-
-¿Qué!- El caballero del deseo no podía creer lo que estaba oyendo. El dios lo sabía todo, pues más tarde aludió a la promesa que hizo en ese mismo lugar Sila a Alecto.
-¿Todavía serás leal a esa muñequita aunque te cueste la vida?-
-Lo juré…- la contestación del chico fue tajante.
-Ella no abrirá los ojos hasta que su personalidad dormida, la de Furia, se manifieste. Alecto Erinia no será jamás quien fue, sino una diosa cruel que me servirá por la eternidad. Ella ya ha firmado su pacto conmigo.-
-¡No puede ser cierto!-
-Te propondré algo, caballero. Seré yo quien cumpla tu deseo. Podrás recuperar su vida si lo deseas.-
-¿Recuperar su vida?-
-Te seré sincero.- Soma caminó hasta el cuerpo de la muchacha y la alzó del cuello. -Su vida pende de un hilo, que yo puedo cortar en cualquier instante. Yo te juro solemnemente que en el momento en que me traigas el cuerpo de Atenea, la haré abrir los ojos al igual que nulificaré su verdadera identidad como Furia.- El dios la dejó ante la mirada furibunda de Sila.
-Al igual que juro, que si me fallas, su vida será extinguida con la misma rapidez con la que su cuerpo ha caído al suelo.-
-¿El cuerpo de Atenea?-
-Ella está aquí, y sus caballeros saben que la única forma de que ella recupere su salud es bebiendo unas gotas de mi elixir, oculto en lo más íntimo del monte. Quiero que lo impidas a toda costa y me la traigas a los pies. Entonces, cumpliré mi juramento.-
La mano de Soma emitió un calor radiante que curó las heridas de Sila en pocos segundos. De nuevo, el todopoderoso regaló los sentidos y su verdadero cosmos al joven.
-Si me traicionas, Sila, la mataré delante de ti. Lo he jurado, y tengo palabra. Créeme. Ahora, cumple tu promesa.-
-Así lo haré…-
-Entonces, arrodíllate ante mí antes de partir y júrame lealtad.-
El joven de cabellos negros no tuvo más remedio que tragarse su orgullo y pronunciar aquella espantosa frase que Soma deseó oír. Tras la última palabra, el cosmos del poderoso caballero del deseo ardió. Su único objetivo era Atenea y no tenía intención de esperar en su templo.
Lejos todavía de la catedral y ajeno a todo lo que había sucedido en ella, Shura esperaba en un oscuro templo apoyado en una de las columnas que a ambos lados de la sala central sustentaban el edificio. En mitad de la habitación, un hombre de complexión atlética yacía embadurnado en su propia vida. A su alrededor su armadura estaba desperdigada y destrozada. Apenas se podía distinguir el color de la protección del que fue guardián del pequeño santuario. Shura decidió que había llegado la hora de abandonar el lugar, y caminó por los tenebrosos pasillos hasta alcanzar la salida.
-Tal como pensé, aquí están.- A lo lejos, las figuras de Mu, Shaka y Shun se discernían bajo la luna llena. Finalmente, los caballeros llegaron a donde su compañero.
El frío comenzó a apretar y antes de detenerse ante Shura, Andrómeda tiritó. El caballero de Virgo dejó de ayudar a su compañero Mu, que se mantuvo en equilibrio con dificultades.
-Todos los templos hasta aquí han sido purgados.-
-Shaka, muy propio de ti ni saludar.- reprochó el victorioso Capricornio, que puso su diestra en el brazo de Mu. -Amigo mío, si alguien como tú ha tenido dificultades en llegar hasta aquí, no quiero ni imaginar a qué te enfrentaste.-
-No es nada… Sólo estoy agotado.- Aries trató de quitar importancia a su mal estado físico.
-¿Has acabado tu trabajo, Shura?- Cuestionó Shaka con frialdad. A pesar de que conocía la respuesta esperaba oírla de los labios de su camarada.
-Así es. Si ya han caído las musas que hay debajo de este templo, y Saga ha acabado con la del siguiente, tan sólo quedan cinco musas.-
-¿Creéis que los demás estarán bien?- Shun parecía preocupado además de triste.
-¿Preguntas por Camus, Saga y Aioria¿Por Milo¿Aldebarán…? Creo que no tendrán problemas.- Shura trató de alentar al joven de cabellos verdosos. A pesar de todo, el caballero de Excalibur sabía que los cosmos de Seiya y Hyoga habían desaparecido. No quiso hacer comentarios.
-Discrepo contigo, Shura.-
-¡Ya estamos de nuevo, Shaka?- Capricornio parecía malhumorado, pero enseguida cesó su enfado. Mirando a los ojos del joven de la Virgen, esperó una explicación.
-La más poderosa de todas las musas está aún viva. Quedan cinco de ellas y hace poco he sentido una cosmoenergía tan enorme como la de Hades en la catedral. Creo que quedan demasiados combates como para cantar victoria.-
-¡Mientras tenga mi espada!-
-Tu espada aguantará, pero te recuerdo que ni Milo, ni Afrodita, ni Camus están en su momento álgido. El resto de caballeros dorados queda reducido a la mitad, y tras las musas, nos esperan los caballeros que atravesaron el santuario sin dificultades. Esto será más pesado que nunca.-
-Contamos con nuestro cosmos inmortal, y estoy seguro de que Seiya levantará al igual que Hyoga.- afirmó Mu.
-¿Cómo crees que estará Atenea?- Shura de nuevo mostró su rostro de preocupación.
-Ahora mismo está custodiada por Leo. Quiero creer en su cosmos otra vez. Sólo puedo decirte eso.- El sabio guerrero de Virgo suspiró.
-¿Cómo la salvaremos esta vez…?- Mu no esperaba contestación alguna, pero Shaka sonrió.
-Creo que lo que nos contó el mocoso alumno de Milo fue útil. ¿Un líquido verdoso impregnado en una daga que hirió a Atenea? No puede ser otra cosa que ambrosía.-
-¿Ambrosía?- Todos quedaron sorprendidos.
-Además, lo que oímos de ese Gauldar fue más de lo que dijo. El elixir de Soma es la propia ambrosía, y abastece este lugar desde algún sitio del santuario.-
-¿La catedral?- preguntó Shura excitado.
-No. Bajo este suelo. Si conseguimos que Atenea beba unas gotas de ambrosía, volverá a abrir sus ojos.-
-¡Utilicemos nuestro cosmos para destruir la tierra y llegar a ese lugar!- La sugerencia de Capricornio fue rechazada por un gesto de desaprobación de Virgo.
-Si hiciéramos eso… tendríamos que enfrentarnos a todos los caballeros de Soma de golpe, y saldríamos mal parados. Todavía tenemos tiempo, y debe haber alguna entrada que nos lleve hasta donde el elixir de Soma está.-
-¿Cómo sabes dónde está?- cuestionó Shun.
-Lo siento bajo mis pies. Es parecido a la corriente vital de la tierra. Saga también lo ha notado. Por eso decidió adelantarse. Para averiguar la forma de conseguirlo.-
-Perdona, había olvidado que siendo caballeros de oro como somos, no necesitamos ni hablar para averiguar cosas. Tenemos ese poder de deducción.- La respuesta del caballero de la cabra resultó graciosa para Mu, que comenzó a reír.
-Lamento reprimir tu alegría, pero si miras la luna, comprobarás que no tenemos tiempo suficiente para divertirnos.- replicó Shaka. -En vista a que más de uno de nuestros compañeros caerá, debemos avanzar para ayudarles en combate.- añadió.
-Es cierto. Casi tres cuartos de la luna son rojos ya… A pesar de que ese Gauldar dijo que disponíamos de un día, creo que va más rápido de lo que esperábamos.
En mitad de la tranquilidad de aquel paraje, una presencia extraña alertó a los aliados de Atenea. El viento cambió de dirección y su susurro fue más ruidoso. Un cosmos ajeno se sentía cercano al grupo de caballeros.
-¿Esa cosmoenergía¡Si he acabado con la musa de este templo ya!-
-No se trata de una musa, Shura, sino de un demonio…-
-Shaka, avanza y ayuda a quien te necesite. Nosotros nos haremos cargo de esta presencia.-
El dorado de la Virgen asintió y corrió hasta perderse rumbo al siguiente templo. Entre tanto, el viento se hacía más y más intenso y la hierba se mecía rauda y violentamente. El cosmos que Mu, Shura y Shun percibían estaba impregnado en ofuscación, y su magnitud era semejante a la que hace una hora habían percibido en la catedral de Soma. Podría tratarse de la persona de la que habían hablado minutos antes con Shaka.
-¡Mu!- Shun estaba aterrorizado. El caballero de Aries sabía que este combate sería más intenso que los anteriores. Shura estaba en guardia con su brazo alto, esperando a lanzar estocadas de su poderosa espada legendaria.
-¡Este cosmos es semejante al de un dios!- Shura apretó sus dientes con fuerza mientras esperaba. En aquellos segundos recordó un enfrentamiento pasado contra uno de los doce titanes: Crío. La energía que se les acercaba era incluso superior.
En cuestión de segundos todos los pastos alrededor de los guerreros se congelaron y un cosmos estalló. Shun miró sobre el templo que había cercano.
-¡Allí arriba!- Las cadenas del joven Andrómeda comenzaron a vibrar como nunca. Aquel joven que observaba desde las alturas saltó al cielo y dando una voltereta cayó a espaldas de Mu. Le golpeó con tal fiereza que cayó de boca varios metros más allá.
-¡Mu!-
La silueta del agresor se ocultaba bajo una capa negra. Su serenidad llegaba a ser tenebrosa, y la presencia de su cosmos abrumadora. A pesar de todo, y de estar plantado frente a los aliados de Atenea, no se inmutó.
Aries se percató de que había bajado la guardia mientras se levantaba sangrando por la frente. Aquella cosmoenergía la había sentido antes.
-¡Quién eres?-
El muchacho lanzó por los aires su capa negra quedando al descubierto. El cabello oscuro, y lacio que tenía era tan largo que rozaba sus muslos. Sus ojos esmeralda carecían de piedad y tan sólo ardían con furia ferviente. Tras tomar una pose amanerada, dejó lucir su armadura, rosa y con grabados tribales. En su coraza, un hombre abrazaba a lo que parecía ser una mujer.
-Soy Sila de Soma, caballero védico del deseo y la sexualidad. Redentor de vuestras ambiciones. Seré vuestro verdugo a menos que me guiéis hasta vuestra diosa…-
Tras ostentar una pose más ofensiva, el joven de largos cabellos observó con detenimiento a sus oponentes. Volvió a preguntar por Atenea dejando de reprimir su cosmos.
-¡Guiadme hasta ella o moriréis aquí mismo!- La amenaza que salió de su boca no podía ir más en serio. La promesa de Soma de volver a abrir los ojos de Alecto era más fuerte para él que cualquier caballero de oro que se atreviera a desafiarle.
Cerca de aquel lugar, Máscara de la muerte tuvo un presentimiento. Percibió la energía del hombre que le había humillado antes de ser manipulado. Cuando el caballero del cangrejo se dispuso a volver sobre sus pasos para ayudar a sus compañeros, una voz le detuvo.
-¡Alto¡Estás en mis dominios, y nada explicará tu presencia en ellos!- Tras hablar, partió en una carcajada estrepitosa. Máscara de la muerte se giró y no vio nada.
-¿Tendré que matarte antes de ir a por ese cretino!- gritó.
-Sila ha recuperado su espíritu de lucha. Ahora es imparable. Pero eso da igual, pequeño cangrejo. He decidido poner fin a tus miserias.-
Una explosión lejana hizo temblar la tierra. El combate contra Sila había comenzado. Cáncer sabía lo poderoso que era, pero sus propósitos no eran otros que acabar con aquel que le hablaba para acudir a donde sus aliados y vengar su anterior humillación. En el sexto templo de las musas, el caballero más corrupto de toda la orden dorada hizo arder su cosmoenergía.
-¡Muéstrate si lo que quieres es morir!-
Un hombre delgado, de unos veinticinco años de edad salió de la penumbra del oráculo que había frente a Máscara de la muerte. Tras hacer una reverencia, todavía desde la oscuridad, volvió a reír.
-¡Parece que Sila ha tomado una determinación violenta! Es una lástima que no vayas a tener tu turno contra él.-
Había pasado una hora desde que Sila aceptó el trato con Soma, y la luna casi había cambiado su color. El destino de los guerreros de oro, que hasta el momento había sido bastante favorable estaba a punto de hundirse. La rueda del destino había comenzado a girar en Parnase, y tan sólo se preveía el dolor mutuo ante los enfrentamientos venideros. La sangre correría como un afluente para culminar en el mar de la desesperación. Las puertas de la catedral del Parnaso estaban ya cerca…
Muy bien... fin del capítulo 16. Creed que me costó decidir qué pasaría, porque a partir de aquí desarrollaré el desenlace. Gracias a los que me habéis leído y en especial, a Shadir y a Camitaisho, ya que sin vosotras, no habría podido decidir nada para Sila y los demás, de hecho, no habría llegado hasta aquí. Cuidaos. Espero que hayáis disfrutado el capítulo... porque los próximos serán mejores... (al menos daré lo mejor de mí y lo intentaré...)
PD: Admito sugerencias.
