Palabras Clave
A las tres de la tarde, los primeros en arribar a la Biblioteca Pública de Fillydelphia para preparar la conferencia fueron Handbook y Archiver. El resto, un poni terrestre de espesa barba, un pegaso con una fedora y una mula que fumaba una pipa la mayor parte del día, llegaron un poco más tarde. La directora Spokesmare también estuvo desde el inicio, como correspondía a su cargo. Por lo general, conocía ponisonalmente a cada uno de los miembros del Caleidoscopio de Equinotrología, aunque con quien tenía más confianza y trato era Archiver, y luego Handbook. El resto vivía en otras ciudades, por eso solamente aparecían en este tipo de eventos.
A fin de proporcionar comodidad al público y a los disertantes, las mesas y las sillas de la sala de lectura habían sido reordenados. En posición perpendicular a la puerta de entrada, se habían juntado dos mesas, las cuales fueron cubiertas con un mantel, y sobre las cuales se habían puesto dos jarras de agua y una hilera de vasos. Un par de floreros completaban el decorado. Antes de la llegada del resto del equipo, mientras Handbook revisaba sus notas, Archiver estaba en el despacho de los bibliotecarios. Miraba hacia la dirección, donde se encontraba la caja fuerte con los libros custodiados. Y donde la directora, sentada ante su escritorio, redactaba algunas notas.
El archivero se asomó tímidamente a la puerta de la dirección.
—Directora Spokesmare…
Nunca le salía llamarla por su nombre de pila, aunque lo quisiera. La etiqueta burocrática era tan marcada que el día en que la llamase Bureau, se habría establecido otro tipo de relación de confianza.
La señora Bureau tardó un poco en responder. Levantó la cabeza y miró a Archiver a través de sus anteojos.
—¿Hmm?
El archivero se vio obligado a ensayar una respuesta improvisada, como un potrillo al que cachan husmeando donde no debe.
—Muchas gracias por permitirnos realizar aquí la conferencia.
—No hay de qué. Es parte del deber de una biblioteca contribuir al crecimiento de la cultura de su comunidad.
Spokesmare, en su larga experiencia de vida, había aprendido a reconocer cuándo un corcel se acercaba a ella para decir algo más de lo que en realidad decía. Siempre les costaba ser francos, y eso ya lo veía desde su juventud, cuando conoció a su ex marido.
—Dime, ¿qué tienen pensado hacer con el material extra que vino en la donación? —preguntó la directora.
—Eh… aún no lo sé, sinceramente —respondió Archiver, turbado.
La conversación quedó allí debido a la llegada de Sweet Prose y Catal Fast.
-.-.-
Después de ayudar con los últimos detalles para el evento del Caleidoscopio, Prose y Catal subieron a la hemeroteca para continuar con la tarea de los periódicos, con la promesa de bajar al menos para la presentación de Archiver. Aunque habían adelantado bastante durante la mañana, todavía les faltaba ordenar bien los ejemplares, corroborando que las fechas estuvieran correctas, y que la unicornio efectuara su hechizo de copiado, y luego guardar las copias en cajas.
Primero, la unicornio de crin rubia decidió encargarse del periódico que hallaron mal puesto, para revisar su estado. Con sumo cuidado, lo estiró sobre la mesa, alisándolo suavemente con los cascos. Era un tabloide sencillo, con una sola fotografía a color, y se llamaba El Clarín de Equestria, uno de los primeros periódicos del reino, fundado en Vanhoover, que hacía diez años venía luchando por sobrevivir a una debacle económica, hasta que fue comprado por la Voz de Canterlot. Y aunque pudo mantener su nombre y a su plantel, ese periódico nunca volvió a ser el mismo. Aquella caída en su calidad periodística, afirmaban las lenguas populares, se debía a la pérdida de su mejor periodista, Trustyword, fallecido por una neumonía hacía diecisiete años. También se comentaba que la competencia los venía boicoteando, pero una de las teorías más interesantes afirmaba que todo fue un complot de los hermanos Deepsoil, quienes poseían una compañía minera y unas propiedades obtenidas de manera dudosa.
Del año 1284, fechado el 18 de febrero, presentaba un titular que se componía de una simple pregunta: "¿Qué clase de club investigaba Trustyword?". Al mirar bien la fecha, Prose se dio cuenta de algo.
—Esto fue publicado un mes después de la muerte del periodista, y no está firmado por nadie…
—¡Ooooohhh un anónimo misteriosssssssoooooooo! —exclamó Catal, haciendo unos aspavientos con los cascos como si fuera un espectro— ¿O el fantasma de Trustyword publicando desde la tumba? UuhUHuHuhUhUhh.
—No seas ridícula, eso es materialmente imposible.
—Dicen que murió joven, una lástima. Era bastante guapo, según mi mamá… de hecho ella me contó una vez que tuvo un idilio con él cuando vivíamos en Vanhoover, pero yo creo que es delirio suyo nomás.
—¿No es cierto que ella tenía fotos…?
—Pffft, sí, las tiene ahí enmarcadas, para que nadie se dé cuenta de que son recortadas de una revista —contestó la poni terrestre, rodando los ojos.— Tu padre seguro lo conoció mejor.
—Bueno, sí y no. Se vieron muy pocas veces en eventos, no solían congeniar. Aunque mi padre, como muchos de sus colegas, cree que Trustyword no murió de neumonía, sino que lo mandaron a envenenar los hermanos Deepsoil.
—Oh, los hermanos Deepsoil, mi mamá habla pestes de ellos cada vez que alguien saca el tema. Si me preguntas a mí, por lo que he visto en los diarios, esos viejitos sesentones tienen cara de guardarse muchas cosas. Bah, no sé si son tan viejos en realidad, hay uno que no sé si tiene cuarenta o cincuenta…
Y entonces, mientras Catal Fast parloteaba, Sweet se puso a revisar la portada del periódico. Algunas palabras estaban encerradas en círculos, otras subrayadas, al lado de dos de las cuales había unas inscripciones en lápiz, casi indescifrables. Por otro lado, en una fotografía en color sepia ubicada en el margen derecho, a mitad de la página, había una cruz junto con dos pares de letras. En dicha imagen se apreciaba una enorme mansión rodeada de frondosos y altísimos eucaliptos. ¿Qué había señalado el lector anónimo? Curiosamente, la unicornio notó la mención que se hacía a los susodichos corceles apellidados Deepsoil, y no pudo resistir la tentación de ponerse a leer desde el principio, indicando a Catal que se callase un momento.
El artículo decía lo siguiente:
No es relevante que se sepa mi nombre, solamente diré que fui alguien cercano a Trustyword. Lamento muchísimo su pérdida, y no pasa una hora en la que me culpe por no haber hecho algo antes, por no haber previsto el peligro en el que se encontraba. Pero así como él podía ser abierto ante un público, también podía ser muy cerrado en privado. Sé que esto es contradictorio y difícil de entender. Él sabía qué cosas guardarse, sabía muy bien a qué clase de ponis se enfrentaba. Y no, no solamente se trataba de los Deepsoil y los extraños manejos de sus empresas, entre ellas, no casualmente son dueños de Villa "La Iluminada", propiedad que es muy relevante en todo esto.
La noche de su agonía, entre severos ataques de tos, me reveló muchos detalles de una segunda investigación, rogándome que los memorizara pero jamás los escribiera ni los compartiera con nadie, sólo hasta que apareciera el poni adecuado -él me dijo que yo sabría quién-. No solamente me compartió los avances de su caso principal, sino de otro anexo, uno que se topó de casualidad. Un hilo del cual comenzó a tirar para descubrir toda una turbia red. Ahora me siento preso de un secreto, un secreto al cual quedó atada mi vida. Guardar secretos así es como una maldición, la muerte te acecha más cerca que nunca. Solamente pasando el mensaje a otro es cuando te puedes sentir libre de la maldición, aunque estés dando tu último aliento.
Es probable que los Deepsoil tengan conexiones con otros magnates de Equestria y del exterior, sobre todo del Oeste, por debajo de lo legal y lo ético. Mantienen negocios donde se mueven muchos, muchos caudales, y es a través de ese poder económico que trasvasan al poder gubernamental, comprando la voluntad de alcaldes, guardias, ministros, aristócratas. Trustyword afirmó que tenían armada una cadena de favores, donde unos sacaban los clavos de otros, y a su vez, un sistema de control, donde cualquiera que intente salirse del molde o perjudicar al grupo, saldrá irremediablemente mal parado. Es una red de corrupción ampliamente extendida, con uno de sus nodos más importantes establecidos en "La iluminada". En esta casa quinta, alejada de toda urbanidad y más protegida que el propio castillo de Canterlot, se llevaban a cabo fiestas exclusivas o reuniones secretas, hasta que se incendió "por accidente".
Fue investigando los movimientos de los Deepsoil y sus socios que Trustyword descubrió la existencia de este club privado. Debió recurrir a muchas artimañas para lograr siquiera acercarse al portón de ingreso, custodiado por dos enormes toros pampa. Una noche en la que la casa estaba activa, logró esconderse para observar quiénes ingresaban. Y en una de las carretas, reconoció el rostro de una poni que conocía ponisonalmente. Le sorprendió verla participar de tal evento. Después de ahí, Trustyword fue a visitar a su amiga a su casa, con la excusa de preguntarle cómo le iba con el piano, ya que ella aspiraba a ser una pianista reconocida. Luego de que ella le contara que había ganado una beca para especializarse en Manehattan, Trustyword le preguntó cómo la había conseguido, a lo que ella palideció y se puso nerviosa. Cuando él veladamente insinuó que la había visto yendo en carreta a "La iluminada", su pobre amiga se puso mucho más nerviosa y a la defensiva. Le dijo que tenía que irse con un montón de excusas poco convincentes.
Aquello le sirvió a Trustyword como una confirmación de sus sospechas. Al ver a su amiga tan atemorizada, decidió dejarla tranquila por el momento. Lo que fuera que ocurriera en aquella residencia, exigía silencio de parte de sus participantes. Y había algo más… fue cuando salieron algunas notas por el aniversario de la masacre de Bloodborne. No me especificó de qué forma supo esto -y es el punto neurálgico del secreto que lo llevó a la tumba- pero me dijo que, charlando con un contacto, se enteró de que Melody Rock, la cantante de la banda The Rockin Beats, y Clover Hoof, la bailarina de Vanhoover, dos de las víctimas del asesino en serie, habían estado en la Villa "La iluminada", justo antes de que sus carreras comenzaran a despegar. Incluso el padre de Ace Wave, el jugador de fútbol, formaba parte de los miembros del club.
La hipótesis de Trustyword es que la investigación de Bright Eyes y Twinkle Shine fue lo que causó la muerte de estos ponis. Debían saber algo sobre "La iluminada" y su aquelarre, algo tan ominoso y turbio que los sujetos involucrados contrataron a un asesino para dos cosas: silenciar a los soplones y callar a los testigos. Eso de "la luna de sangre" no fue más que un telón de fondo para lo que de verdad sucedía. Para salirse con la suya, aunque unos años después acabarían prendiendo fuego a la villa para borrar toda evidencia de lo que ocurría allí. No dudo que las averiguaciones de Trustyword tuvieron algo que ver en eso.
Por desgracia, ese descubrimiento a mi amigo le costó la vida. Puedo imaginarme su encuentro con Bright Eyes o con Twinkle Shone en el Más Allá, compartiendo la esperanza de que alguien en el mundo de los vivos complete las investigaciones que ellos realizaron y sacar a la luz toda la verdad sobre estos tipos.
Porque si fueron capaces de ordenar ocho ponicidios, una de cuyas víctimas fue una importantísima alumna de la princesa Celestia, y nadie es capaz de detenerlos, ¿qué los va a frenar en el futuro? ¿De qué serán capaces con tal de perpetuar sus privilegios y el enorme poder que tienen sobre la sociedad poni, oculto frente a las narices de nuestra gobernante que mueve el sol y la luna? ¿Hasta dónde llegará tu terrible influencia?
Al terminar la lectura del artículo, Sweet Prose tenía una expresión incrédula.
—¡¿Cómo es posible que este artículo no haya trascendido?! —exclamó indignada— ¿Cómo puede ser que nadie haya prestado atención a esto? ¡Trustyword no murió de una enfermedad! ¡Lo asesinaron! Mi padre tenía razón… ¿Tienes idea de lo que significa esto, Catal? Las víctimas de Bloodborne sí tenían algo en común: haber ido a la villa de los Deepsoil. No fueron ataques al azar de un psicópata asesino. ¿Qué cosas pasaban en ese lugar como para que se derramara tanta sangre?
El pelaje color crema de Catal había bajado dos tonos en palidez.
—Creo que… bueno, no estoy segura… Melody Rock, Clovy, la amiga de Trustyword… eran artistas, ¿verdad? Ellas querían fama y, se me ocurre que… quizás… —la catalogadora se pasó los cascos por la melena— si pones en la ecuación yeguas jóvenes y probablemente bonitas, corceles millonarios con mucha influencia, y promesas de un futuro brillante… pues, el resultado está a la vista, creo… Se trata de "ponerlos en contacto".
Sweet Prose observó a su amiga, sin comprender del todo su razonamiento, hasta que la poni terrestre realizó unos movimientos giratorios con sus cascos.
—Sweet, está más que claro. No las invitaban solamente a demostrar sus talentos. Las audiciones iban acompañadas de… otro requisito, me imagino, porque no se me ocurre que pueda ser de otra manera.
De repente, la luz del entendimiento se encendió en la mente de la unicornio, que se tapó la boca con los cascos.
—Sí, yo creo que es lo que estás pensando —aseveró Catal.
Prose se sintió mareada. Sus pensamientos se desarrollaban a toda velocidad.
—La primera víctima era una pasante de medicina… No tiene sentido, aunque… Si de verdad pasaba lo que nosotras creemos que pasaba en las fiestas de "La iluminada", sería lógico pensar que… habría algunos riesgos. Alguna poni, quizá… podría haber… quedado prendada…
—Ay, Sweet, no des tantas vueltas con las palabras. Es más que obvio… imagínate que esperas un hijo de un magnate casado y con vínculos muy gruesos, supongamos, y todos en tu familia saben que estás soltera y ni se imaginan lo que haces por las noches. Estás metida en un quilombo mucho más grande del inicial, y tienes que deshacerte del problema antes de que se haga evidente. Yo ya me lo imagino con claridad: alguna potranca quiso hacerlo por sus propios medios, salió mal, y acabó en la guardia del hospital, justo en el turno de Sweetheart… La pobre termina confesando a la futura doctora lo que ocurrió… ella se pone a indagar y… bueno, el resto es historia.
—Si es así… me alegra que se haya incendiado ese horrendo lugar.
—Por lo menos si es que estos tipos decidieron cancelar su cuestionable sistema de patrocinio. No puedo imaginarme a mis cantantes favoritas teniendo que vender sus cuerpos para llegar a la fama que tienen ahora.
Apesadumbradas por estas conclusiones, ambas ponis continuaron con su tarea. Al revisar de nuevo uno de los periódicos, Sweet reparó en una de las frases del Fillydelphia Herald del 13 de octubre, que mencionaba que Twinkle Shine y Bright Eyes revisaban "mapas de Equestria". Entonces, algo hizo clic en su mente, al relacionarlo con lo que decía el artículo del amigo anónimo de Trustyword: ¿y si ellas también iban por la misma pista? ¿Y si habían llegado a la misma conclusión que el fallecido periodista y estaban buscando la ubicación de "La iluminada"? ¿Y si habían llegado a infiltrarse en la fiesta o a hablar con alguien que participaba directamente en ella? Eso podía explicar por qué también fueron objetivo de Bloodbourne: se acercaron demasiado.
Los titulares de la siguiente semana, particularmente el 1° de noviembre, que correspondería a la sexta luna de sangre, hablaron del intento de ataque a Teddy Bearcolt, quien hubiera sido la sexta víctima del temible ponicida batponi de no ser porque la propia Twinkle Shine montó guardia en la casa de Bearcolt. Arrancando con The Canterlot Times, el que compartió la primicia, la misma información se reprodujo en el Fillydelphia Herald, el Manehattan Voices, The Vanhoover's Clarion, y así sucesivamente: la destacada actuación de Twinkle Shine como aguerrida protectora, quien no sólo consiguió salvar la vida de Teddy, sino también herir al asesino cortándole una oreja con la espada que blandía. Todos los diarios coincidieron en que ella hacía honor a la valentía y arrojo de su madre, que había pertenecido a las fuerzas de la Guardia Real. Algunos se aventuraron incluso a afirmar que, de contar con más suerte, Twinkle hubiera logrado matar a Bloodbourne, finalizando así con su reinado de terror.
Hasta el 8 de noviembre, los diarios ampliarían un poco sobre el relato de los hechos… más bien compartirían conjeturas, en parte porque Twinkle Shine había decidido no dar detalles sobre lo sucedido, y en parte porque su protegido, Teddy Bearcolt, también se rehusaba a hablar, a la par de que empezaba a dar muestras de cierto desequilibrio mental producto de la terrible experiencia. Algunos periodistas se aventuraban a decir que Teddy no estaba del todo "limpio", en varios sentidos. Se rumoreaba que guardaba información importante, que tenía conexiones muy específicas con el caso, ¡hasta se insinuaba que él era Bloodbourne! -cosa poco probable porque tenía ambas orejas enteras. Los medios más amarillistas no desperdiciaron la oportunidad de preguntarse si existía alguna relación amorosa entre Twinkle y Teddy, basándose en la supuestamente estrecha cercanía entre ambos… lo normal en estos casos.
Sin embargo, a partir del 9 de noviembre, se produjo un giro inesperado: Twinkle Shine había desaparecido. Desde ese día, hasta el 11 de noviembre, se reprodujeron los informes de búsqueda por parte de toda la Guardia Real, la solicitud de que todo ciudadano que hubiera visto u oído algo relacionado al caso lo dijera a las autoridades, y algunas declaraciones de la propia princesa Celestia acerca de su preocupación por el paradero de Twinkle.
Por desgracia, el comienzo del cierre de la historia se daría con los titulares del 12 de noviembre. Así se expresaba el título en la primera página del Canterlot Times: "Después de tres días de desaparición, Twinkle Shine fue hallada muerta en su habitación dentro del Castillo de Canterlot. Se descarta el suicidio", y debajo, un subtítulo que rezaba "Con profundo pesar y dolor, acompañamos en el sentimiento a sus familiares y amigos". Lo más curioso fue que, en vez de agregar alguna fotografía, en la portada sólo se reproducía un cuadro negro. Ningún otro periódico se animó a reproducir fotografías de la escena del crimen, o afirmar directamente que, en una pared de la habitación, estaría dibujado el emblema de Bloodbourne: la cara sonriente.
Cuando ambas ponis bajaron de la hemeroteca, sin poder sentirse realmente alegradas por terminar con la tarea que tenían, se toparon con que la conferencia del Caleidoscopio de Entropología había concluido hacía unos quince minutos. Archiver no parecía molesto de que sus compañeras se hubieran perdido su discurso.
—Llegan justo para ayudarnos a ordenar —comentó en tono jocoso, pero al ver los semblantes sombríos de las dos bibliotecarias, su expresión alegre se diluyó— ¿Qué sucede?
—Nada —respondió Catal Fast—, es que… escudriñar en el pasado puede ser triste y doloroso a veces.
-.-.-
Aquella noche, Sweet Prose había tardado en dormirse por culpa de sus intensos pensamientos. Pero en algún momento no especificado de la madrugada, se despertó. Se sentía como salir de un sopor profundo. Eso al principio no le pareció raro, ya que algunas veces le había ocurrido que no se despertaba del todo, sino que se hallaba en una especie de punto intermedio entre sueño y vigilia, y podía moverse un poco.
Sin embargo, esta vez era diferente. Estaba despierta, pero al abrir los ojos siguió viendo negrura. Comprendió, por el roce de sus párpados con la tela, que tenía los ojos vendados. Intentó extender uno de sus cascos para quitarse la venda… y no pudo. Sus cuatro extremidades estaban rígidas, y por mucho que tratara de efectuar el más mínimo movimiento, ninguno de sus miembros respondía. Incluso… no podía hacer magia. Cuando trataba de conjurar un hechizo, la detenía una serie de fuertes dolores que iban desde la cervical hasta la base de su cuerno. A eso se sumaba una sensación de ardor en el cuello, como si le hubiera picado una abeja.
Sólo cuando oyó una respiración distinta de la suya, la unicornio cayó en la cuenta de que aquello no era ninguna especie de parálisis del sueño.
Las sucesivas sensaciones que sus nervios podían transmitir al cerebro la hicieron consciente de que continuaba acostada en su cama. Alguien había retirado la cobija que la cubría, podía sentir el frío que se colaba a su habitación, probablemente el intruso había dejado abierta la ventana luego de meterse a su cuarto.
En vez de un grito de ayuda, de su garganta salió un gemido ahogado. Al parecer, tampoco sus cuerdas vocales respondían como debía ser, pero no habían sido del todo bloqueadas como sus cascos o su magia.
Ah, despertaste ya.
Sweet no reconocía aquella voz masculina. A pesar del tono susurrante, aparentemente sereno, tenía un matiz atemorizante. El hecho de no poder verle la cara al que hablaba, sumado a todo lo que ya venía experimentando, aumentaba la desesperación de la pobre poni. Era desagradable sentirse a merced de alguien cuyas intenciones probablemente no fueran buenas.
—¿Q-quién… eres…?
Un casco firme, frío, se posó sobre su pecho haciéndola estremecer.
Nadie en particular. Nada más un curioso.
Antes de que ella pudiera decir algo, aquel casco se deslizó hacia el bajo vientre, y se detuvo allí. Pese a su estado y al viento helado en la habitación, la unicornio sintió cómo empezaba a sudar por el miedo y la incomodidad.
—¿Qué…?
Supe que eres bibliotecaria. Una muy buena, en verdad. ¿En qué biblioteca trabajas?
El corcel -porque no había duda de que era un corcel- imprimía a sus palabras un matiz tranquilizante, intentaba sonar casual, amigable, como lo sería cualquier poni que ella se cruzara en la calle y le preguntara por su oficio. No sonaba como un psicópata ni como alguien que se propusiera hacerle daño. Como si meterse en su casa por la noche, inyectarle alguna especie de toxina paralizante mientras ella duerme, y sobre el pucho vendarle los ojos, no fuera una secuencia de acciones propia de un criminal. En ese punto, con el corazón comenzando a latirle con fuerza y sus sentidos de alerta saltando por todos lados de su mente, ella se sentía incapaz de contestar a la simple pregunta que el desconocido le había formulado.
A través de su pelaje sintió cómo el casco invasor, por unos instantes quieto y presionando allí donde se había detenido, volvió a moverse. Esta vez, en dirección a su flanco derecho. Se detuvo en la zona exacta donde tenía su cutie mark, y comenzó a trazar círculos sobre la misma sin presión alguna, con un roce suave cual cosquilla. Aquello comenzó a producir sensaciones excitantes para su cuerpo pero desagradables para su mente, porque no disfrutaba de la unilateralidad del momento.
—En… la… biblioteca… —balbuceó Prose.
Ah, bien. En la Biblioteca de Fillydelphia, ¿verdad?
La voz sonaba más distante, lo cual era lógico pues el tipo debía estar situado al otro extremo de la cama. Pero ella podía oírlo perfectamente a pesar de eso. Pronto, sintió en su otro flanco las mismas caricias circulares, lo que le dio una idea de eso que sus ojos no podían ver. El miedo se hizo más profundo y más acuciante en cuanto se dio cuenta del peligro que corría… de lo que podía pasarle a continuación.
Su propia respiración se iba haciendo más pesada. Aunque, al menos, se le iban destrabando las palabras.
—¿Para qué… quieres saber dónde trabajo? Yo… no tengo nada importante.
Después de murmurar esto, la poni hubiera dado un brinco muy grande cuando recibió en sus flancos el fuerte apretón de los dos cascos que momentos antes trataban con decoro su carne. A continuación ocurrió algo más desagradable. El intruso debía de estar subido al pie de la cama, porque ella sintió cómo le abrazaba los flancos mientras se inclinaba lentamente hasta tocarle un poco más arriba del vientre con la barbilla. La única reacción corporal que la parálisis le permitió fue una respiración profunda, gesto casi inevitable al experimentar un tipo de acercamiento que jamás había conocido. Era como si la mitad de su cuerpo estuviera por ser engullida por una enorme bestia de pesadilla, y ella luchaba por mantener el control a pesar de tener una posible certeza de lo que vendría después.
Un aliento caliente se esparció por su pecho cuando la voz volvió a hablar, erizándole hasta la punta de las crines.
Es cierto que a tu biblioteca le llegó una donación especial de libros, ¿no? De parte de un poni muy importante.
Al fin, hubo una luz entre los más oscuros pensamientos que poblaban la mente de Sweet. La sospecha sobre lo que buscaba el acosador le permitió recuperar parte del poco dominio de sí misma del que gozaba en ese momento. Y algo la convenció de no cejar en su esfuerzo por no darle gusto a su adversario… sin importar lo que sucediera.
—La princesa Twilight decidió realizar una serie de donaciones a… a varias bibliotecas en distintas ciudades de Equestria.
Un beso seco se plantó allí donde la barbilla del intruso se había apoyado. Pero la poni se esforzó en continuar.
Vaya. ¿Podrías contarme qué libros recibieron?
Se notaba lo falsamente dulzón de aquella pregunta. El interrogador debía creer que de verdad funcionaba su método inquisitivo con seducción mediante. Parecía seguro de que ella le daría la información que esperaba.
Sin embargo, esta unicornio no cedería tan fácil.
—No son la gran cosa, pero lo que los hace especiales es haber pertenecido a una princesa. Estarán disponibles para préstamo en cuanto terminemos los procesos técnicos.
Aunque atropelladas, las frases le salieron claras y sin titubeos. El alivio cuando el cuerpo del otro se retiró del suyo fue instantáneo. Ella habría podido sentirse orgullosa de haber esquivado una situación gracias a su ingenio, de no ser por la repentina presión aplastante de dos cascos en su cuello que casi la dejó sin aire. El instinto de supervivencia de su inconsciente primitivo logró superar la barrera química impuesta por la sustancia que le habían inyectado, porque la poni, a ciegas, agitó sus cascos delanteros para alcanzar a quitarse a su atacante de encima. Aquel envión la hizo perder el equilibrio, por lo que se cayó de la cama. Por desgracia, no poseía fuerza suficiente para arrastrarse lejos de él. En un movimiento rápido, la inmovilizó en el suelo sentándose sobre su lomo.
A ver, a ver, que veníamos tan bien…
La voz no había perdido ni un ápice aquel espeluznante tono amable, aunque se notaba menos solícita. Algo delgado, metálico y frío peinó las crines rubias de Sweet Prose, rozando con cierta delicadeza sus orejas.
—¡Basta! ¡Basta, por favor! —suplicó ella cuando la hoja afilada se apoyó sobre su cuello— No me haga daño… se lo suplico.
Una lágrima humedeció la venda negra.
No hay necesidad de llegar hasta ese extremo. Sería una pena arruinar un pelaje tan bonito. Solamente quiero saber si, entre esos libros que la princesa Twilight les regaló, hay algunos que… digamos, no eran realmente de ella.
Aquí la respuesta no fueron palabras asustadas o envalentonadas sino un llanto sostenido. Aquello era demasiado para la desafortunada unicornio. Quizá fuera su lamentable estado emocional o el haber hecho más ruido del recomendable, pero algo debió tocar alguna fibra del intruso, quien se levantó despacio mientras la observaba llorar. Entonces, y como si de una potrilla se tratase -a pesar de que no tenía el peso de una-, la levantó para acostarla sobre la cama, acomodándole incluso la almohada. Con suavidad, sabiendo que sin los anteojos de todas formas ella no podría distinguir mucho en la oscuridad del cuarto, le retiró la venda y le secó las lágrimas con la misma.
De todas formas, Sweet Prose tenía los ojos cerrados. Nunca en su vida se había sentido tan vulnerable, tan expuesta, con miles de emociones rebotando en su pecho. Ni siquiera atinó a hacer nada cuando sintió un pinchazo en su cuello. Solamente quería que esa pesadilla terminara de una vez.
Piensa en lo que te dije mientras vas a dormir. Mañana tal vez debas pedir un día libre en el trabajo, pero para la noche el dolor ya se habrá ido. Me hubiera gustado un poco más de colaboración de tu parte. No hay rencores, bonita.
Dicho esto, el corcel la arropó con una perturbadora ternura, y hasta le dio un beso en los labios como regalo de despedida.
Antes de caer en un profundo sueño, Sweet agradeció a la vida que aquel no fuera su primer beso.
