Me encerré en la cocina para tratar de asimilar el pastizal en el que me había metido. No era para tanto, pensé, ella lo tendría controlado, solo era un pequeño detalle que tenía que solucionar, seguro que en nada estaríamos riéndonos como en los viejos tiempo.
¿A quién pretendía engañar? Me sobrepasaba, no tenía ni idea de cómo lidiar con eso, ni siquiera conocía a nadie que hubiera pasado por algo así, ¿cómo la iba a ayudar? No sabía qué hacer.
Imaginé que cuando dijo que su ex la ayudó mucho se refería a eso, y encima cortaron por mi culpa, yo la había metido en esa situación.
Hice la cena como pude, estresándome, llenando mi cabeza de dudas como si fuera espuma. Estaba viviendo con ella, no podía simplemente ignorarla como si nada. ¿Por qué siempre tenía que meterme en líos?
Terminé de preparar los tuppers, cuando me di cuenta de que estábamos a jueves. Tenía la cabeza en otro sitio,m comía en casa los viernes, no los necesitaba.
Paré. Me, detuve.
Me apoyé en la encimera y respiré hondo varias veces, la situación se me estaba yendo de las manos. Tenía que hacer las cosas bien, mejor que nunca, poco a poco, con la sinceridad por delante, eso decía siempre mi madre. Pensé en qué decirle, cómo apoyarla a pesar de mi inexperiencia, qué preguntas hacerle y hasta cómo acercarme a ella.
Llevé mi plato a la mesa, daba de espaldas al sofá, el silencio la hacía invisible. Comí con todos mis engranajes en marcha, montándome frases en la cabeza y todo.
Ordené la cocina, dejé un plato para ella en el microondas, y me preparé mentalmente.
Fui despacio hacia ella como si estuviera en una película de miedo. Estaba tumbada, con el antebrazo en su frente, no parecía estar muy presente. El sofá le quedaba pequeño, por lo que me senté en el suelo, a su altura, me miró algo extrañada.
— Am… Te he dejado comida en el micro.
— Hm. Imagino que ahora te arrepientes de haberme metido en tu casa…
— No… claro que no, no me arrepiento. Confieso que me ha pillado por sorpresa…
— No hace falta que mientas, ni siquiera me ves de la misma forma que antes, ¿a qué no?
— Pues no… pero porque pensaba que eras Nuriel la super fuerte que podía apañárselas sola con todo, pero por lo visto eres humana después de todo — continuó mirando a la nada. — Aún así, me alegro de que tenerte aquí, no sé si voy a poder ayudarte mucho, ya sabes que se me da fatal consolar y eso, pero haré lo que pueda — le robé su mano.
— Siento mucho meterte en esto, no deberías tener que lidiar con alguien como yo — eso chirrió en mi cabeza.
— ¿Cómo que con alguien como tú? — dije con su tono. — Sigues siendo la misma de siempre, ni se te ocurra menospreciarte — soltó una risa burlona.
— He cambiado ¿sabes?
— Y una mierda, la gente no cambia, tú no has cambiado, quizás la situación haya cambiado un poco y hayas cogido hábitos poco saludables, pero sigues siendo igual de maravillosa que cuando salíamos juntas — me enfadé ante su pasotismo, no me creía. — Desde el mismo día que te encontré por Twitch que no he parado de recibir cosas positivas por tu parte, me has hecho reír día sí y día también, y nos hemos quedado charlando hasta las tantas como hacíamos antes cuando dormíamos juntas, y eso es porque no has cambiado nada, así que no vuelvas a… ponerte la autoestima por los suelos, porque a pesar de todo sigues siendo alguien que admiro.
— ¿Alguien que admiras? ¿Pero tú me has visto? — se incorporó, ganando altura.
— Sí, te veo, y ¿sabes qué veo? a alguien que luchará una vez más para conseguir lo que quiere, como cuando hiciste el cambio de género, o como cuando encontraste trabajo y piso tú sola sin nada de apoyo. Pero esta vez, por favor por lo que más quieras, déjate ayudar. Somos un equipo ¿entiendes? Como Mio y Noah luchando contra un Moebius, ¿crees que podrían conseguirlo si lo hicieran solos? No~ luchan juntos, y no pienso dejarte sola en esto, no te lo mereces — me senté a su lado, casi igualando su altura.
— Escucha Mire… es muy bonito todo esto que dices, pero no quiero darte problemas que no van contigo. Voy a estar bien, no tienes que… ¿cómo se llama eso cuando…? involucrarte, eso, no tienes que involucrarte con todo esto. Encontraré cualquier piso en unos días y luego podrás olvidarte de mí. Sé que en el fondo piensas que soy un parásito que no sabe dónde caerse muerto — eso ya me sacó de quicio.
— Pero ¿qué dices? Es que no podrías estar más equivocada, ¿dónde tienes la cabeza? Deja de hacerte la heroína por una vez y hazme caso, no vas a conseguir deshacerte de mí esta vez. Te vas a quedar aquí hasta que encuentres un piso decente y lo vamos a pasar genial de mientras, como en los viejos tiempos, como unas vacaciones.
— Eso no va a pasar.
— ¡Que sí! ¿Por qué no?
— ¡Pues porque no! Las cosas no volverán a ser como antes porque hemos cambiado, las dos, tú lo que quieres es volver al pasado y eso no se puede — ahí ya me enfadé en serio.
— Pues mira quizás tengas razón, quiero volver al pasado, a cuando soñábamos con vivir juntas y nos queríamos como locas. Porque esa fue la mejor época de mi vida y me gustaría creer que aún podemos recuperar eso — no aguanté mis lágrimas, lancé mi última carta ahí, la más valiosa.
— Mejor dejemos el tema, porque no vamos a llegar a ninguna parte. Debí haberme ido a un hostal… — esas palabras terminaron de quebrarme. No podía creer que ella dijera algo así.
— Pues mira si quieres irte vete, nadie te obliga a estar aquí — me fui a la habitación más que herida, pisoteada, maltratada como un trapo sucio. Yo solo quería ayudarla y me encuentro con eso. Quizás tenía razón y no debí de haberla metido en casa.
Iban a ser unos días horribles, me hice un castillo de cartón que quedó empapado por la realidad, vivía en las nubes, no había aprendido nada de la vida. Qué tonta me sentí. Mamá ya me advirtió que las cosas se podían complicar, sintiendo algo por ella aún.
No iba a poder dormir una mierda así. La escuché usando el microondas, al menos comió algo, ahí se atragante.
Me nublé en conversaciones hipotéticas que nunca iban a ocurrir, encendiéndome más y más por dentro, estaba que ardía. Me dio tremenda rabia, me enfadé con ella pero también conmigo misma.
Acercó sus pasos y tocó la puerta, osada ella.
— ¿Sigues despierta?
— ¿Tú qué coño crees? ¿Qué quieres? — entró, la miré con toda mi mala leche.
— Bueno… la comida estaba muy buena, cocinas bien.
— ¿Vienes para decirme eso?
— No… Lo siento, por lo de antes, no quería discutir contigo, me ha salido toda la mala leche con la medicación y todo, no sé ni qué te he dicho. Te agradezco mucho que me dejes pasar unos días contigo, de verdad, es solo que… me siento una molestia, eso es todo.
— Pues un poco molesta sí que has sido…
— Perdona, no estoy pasando por mi mejor momento. Voy a tomarme la medicación para dormir y así dejo de molestar. ¿Necesitas algo más? o hablar, o lo que sea.
— No.
— Vale, descansa — cerró la puerta con demasiado cuidado. Cerré los ojos resoplando, es que de verdad que no había cambiado nada, siempre que discutíamos terminaba pidiendo disculpas ella, aunque esta vez sí que fue culpa suya. Bueno quizás mi comentario estuvo un poco fuera de lugar, pero me había cabreado.
Terminé mandándole un mensaje, en mayúsculas, diciéndole que no era una molestia.
No lo leyó.
Traté de dormir como pude, esforzándome en ello porque si seguía dándole vueltas al tema terminaría pasándome horas.
Escuché de repente un golpe seco, como si hubiera caído algo gordo al suelo, y no parecían ser los vecinos. Me puse en alerta, agudizando el oído, no se escuchó nada más, eran algo más de las dos.
Salí de la cama lentamente, algo asustada porque casi seguro que fue Nuriel, no imaginé ninguna de sus bolsas hacer ese ruido. Me metí en el comedor.
— ¿Nuwu…? — mi corazón iba a mil por hora, para nada fan de las películas de miedo, pero casi exploto cuando la vi tumbada en el suelo delante del sofá. — O-oye, eh… ¿estás bien? — me temblaban hasta las manos, pero me alivió ver que estaba dormida.
— ¿Eh…?
— Te has caído del sofá… — respiré algo más tranquila.
— Ah… hm — se quedó ahí sin más.
— Oye, hm no, tienes que volver al sofá, no puedes dormir en el suelo — estaba de lo más dormida. — Vamos~ levanta.
— ¿Qué hora es? — apenas podía entenderla.
— La hora de que te tumbes al sofá. Es temprano — miró de un lado a otro sin entender.
— ¿Dónde estoy? — al menos conseguí que se sentara.
— Estás en mi casa, ¿no te acuerdas? trajimos tus cosas anoche — se quedó pillada un momento. Me senté a su lado. — Ahora vives aquí. — le costó unos segundos, pero al final lo pilló, esa medicación la dejaba tontísima.
— Ah~ sí, buah, qué fuerte — y se dejó caer en mi hombro.
— Oye… tienes que tumbarte, vamos — traté de conseguirlo, pero no ponía mucho de su parte.
— No capo… cupo, ¿quepo? no cubo — estaba muy ida.
— No cabes, ya, vale. ¿Quieres dormir en la cama mejor? No quiero que vuelvas a caerte y me des otro susto de muerte — asintió. — Vale, vamos, deja que te ayude — menudo desastre me había tocado.
Conseguí levantarla, se tambaleaba por todas partes, teníamos que ir pegadas.
— La medicación… me deja así, no me lo tengas en cuenta…
— No te preocupes por eso, vamos… pasito a pasito… — fue todo un show llegar a la habitación, pero lo conseguimos, al fin. — Venga, túmbate.
— Peluches… ue~ — se quedó con medio cuerpo fuera de la cama.
— Ponte bien anda. Y ahora duerme, y no te caigas de la cama.
— Hm… nas noches… — fui a irme al sofá. — Eh~ ¿dónde vas?
— Al sofá.
— No~ — montó un drama. — Aquí~ — dejó caer su brazo, estaba realmente fuera de lugar, me empezó a hacer gracia y todo.
— ¿Quieres que duerma contigo~?
— Sí. Aquí — la verdad es que tenía muy pocas ganas de dormir en el sofá.
— Pero tienes que portarte bien eh~ — ya la trataba como una niña.
— Sí~ Nas noches…
— Buenas noches. Apuesto a que mañana no te acordarás de esto — me agarró el brazo, tumbada hacia mí. — Oye…
— La cama huele a ti — es que no parecía ni ella.
— ¿Te gusta~? — le seguí el rollo.
— Mucho. Me gustas mucho — levanté las cejas. Consideré grabarla en video, pero eso sería un poco cruel.
— Duérmete anda.
— Te quiero… — se me erizó la piel de golpe, fue una flecha que no esperaba que diera en mi corazón. Suspiré.
Quedó sopa al momento, dejándome con la cabeza hecha un completo lío. ¿Lo diría en serio?
Al menos después de eso conseguí dormir, y del tirón.
Despertador, lo apagué a toda prisa para no despertarla, dormía como un tronco.
— Vale… — encendí mis interruptores y empecé el día con energía. Desayuno, persianas, ducha, ropa… Le llevé su móvil a la mesita, y caí en que tenía que darle las llaves de repuesto también. Luego se me ocurrió dejarle una nota para que me llamara al despertar.
Quería hablar con ella de lo de anoche, si es que se acordaba. Seguía durmiendo con todo el jaleo que monté.
Salí a por el tren, menos mal que solo tenía que trabajar por la mañana, no aguantaría un día entero.
A las diez y veinte me llamó, ya me estaba empezando a preocupar y todo.
— Hey.
— Buenas… — su voz mañanera. — ¿Qué hago en tu cama? — sin duda no se acordaba de nada.
— Te caíste del sofá a media noche, me diste un susto que no veas. Te llevé a la cama para que durmieras mejor.
— Ah… vaya, lo siento, podrías haberme dejado en el suelo.
— No digas tonterías. Te he dejado las llaves y eso por si tienes que salir o algo.
— Sí, las he visto, gracias.
— Vale — silencio.
— Siento lo de anoche, no estaba en mi mejor momento.
— Descuida. ¿Por lo de la discusión o lo otro?
— La discusión. ¿Qué es lo otro?
— ¿No recuerdas cuando te llevé a la cama?
— Nada, cero, ¿por qué? ¿qué hice…?
— Bueno… parecía que ibas borracha y eso, pero no te preocupes.
— Ugh, lo siento, la medicación me deja hecha una mierda, perdona si hice algo que no debía, tengo que dejar de tomar eso.
— No pasa nada, haré como si no hubiera pasado.
— Ahora me preocupas, ¿qué hice?
— Nada, te pusiste algo cariñosa en la cama, pero tranquila que no hicimos nada.
— ¿Eh? ¿Cómo que cariñosa? — me reí.
— Estabas ahí a lo, uh~ la cama huele a ti, no te vayas al sofá, duerme conmigo~
— No me jodas, ¿en serio? joder.
— No pasa nada. Ah, llegaré a casa a eso de las tres, que no te lo he dicho.
— Sí, no trabajas por las tardes los viernes ¿me dijiste?
— Hm, se me está haciendo la mañana eterna.
— Bueno, ya queda menos.
— Te dejo, que si no me van a dar un toque, em… nos vemos luego.
— Sí, hasta luego, que sea leve.
— Eso espero.
Fue leve después de todo. Volví a casa con ganas, porque me esperaba un fin de semana de lo más curioso.
Llegué a casa acalorada, odiaba la pateada que me tocaba de la estación a casa a esas horas.
— Buenas~ — me estaba muriendo de hambre, menos mal que tenía los tuppers.
— Hey, ¿qué tal? — apareció del sofá, dejando su portátil en la mesa.
— Aquí, derritiéndome.
— Estás sudando y todo, madre mía. Em… te he hecho la comida, como ayer hiciste la cena, pensé que… bueno.
— Ah, bueno tenía tuppers pero vale, am…
— No cocino tan bien como tú pero me he esforzado — unos macarrones a la boloñesa, no les iba a decir que no.
— Está genial, gracias~
— Quería compensarte un poco. También he ido al super a por cuatro cosas, y he limpiado un poco el baño.
— Tú trabajas ¿verdad?
— Sí, he trabajado unas tres horas hoy.
— Menudo chollo de trabajo que tienes.
— Ahora estaba mirando pisos y tal, he encontrado algunas cosillas — nos pusimos a verlas en el comedor mientras comía. Buscaba tres habitaciones con balcón y aire acondicionado, con ascensor y no demasiado lejos del centro, carísimo todo pero ella podía permitírselo.
— ¿Qué plan tienes para esta tarde?
— Pues más pisos, iré a un par de inmobiliarias a consultar también, y no sé, ¿por qué? ¿necesitas que te ayude en algo…?
— No, qué va, solo era para saber… — yo que quería pasarme la tarde jugando con ella. — Me echaré una siesta porque estoy derrotada.
— ¿Dormiste bien anoche? siento que tuvieras que irte al sofá…
— Ah, no, si dormimos en la cama.
— Ah. Pues ni me enteré — ¿dormiríamos juntas hoy también? — Intentaré no caerme del sofá esta noche — supongo que eso respondía mi pregunta.
Me callé, pese a mis ganas de decirle que quería dormir con ella, silencié. Cobarde. Pero es que no quería terminar discutiendo otra vez.
Después de charlar un poco más sobre pisos y ordenar la cocina, fui a echarme una merecida siesta.
Horrible porque a los veinte minutos me llamó mi madre. Me preguntó cómo estaban yendo las cosas con Nuriel en casa, le dije que no tenía que preocuparse, que nos lo estábamos pasando bien. No era mentira del todo. Preguntó si quería ir a comer en su casa el fin de semana, imposible negarme, tuppers gratis.
Dijo que llevara a Nuriel también si quería, tenía que preguntárselo.
Salí adormilada al comedor.
— Hey… qué siesta más corta.
— Mi madre ha llamado, dice que comer el finde en su casa, que te vengas si quieres. Siempre llamando a la hora de la siesta.
— Ah, vale, bueno, como quieras, ¿quieres que venga?
— ¿Quieres venir?
— No me importa.
— Vale, ahora se lo digo. ¿Has encontrado algo más?
— Sí, un par de pisos más, a ver si me dan hora para verlos el lunes. Ya me he pedido fiesta en el trabajo.
— Bueno, a ver si hay suerte… — vi que su ordenador seguía aparcado en una esquina. — ¿No vas a montar el pc?
— Qué va, con el portátil voy tirando.
— Para hacer directos y eso digo.
— Ah, no, ya cuando esté en el piso. No quiero ponerme ahí molestando y demás, que tampoco es que haya mucho espacio para eso.
— Y dale con molestar, sabes de sobra que me gustan tus directos, pensaba que íbamos a estar el finde ahí dándolo todo, ya nos queda poco para terminar el Xenoblade.
— ¿En serio?
— No puedes dejar a tus fans sin directos, te echarán de menos.
— Bueno, podemos probarlo, cuando vuelva de las inmobiliarias lo miramos.
— Vale.
— Gracias.
— No es nada… Quería preguntarte, el tema ese tuyo… ¿cómo lo llevas?
— Hm. Mejor de lo que esperaba, estoy entretenida.
— Me alegro. Te vas a cansar de escucharlo, pero si necesitas ayuda o algo, pídemela ¿vale?
— Que sí~
— Voy a seguir con mi siesta.
— Vale, descansa — me aventuré a darle un beso en la mejilla.
— ¿Y eso?
— ¿Qué? ¿Después de enrollarnos anoche te sorprendes?
— ¿Eh? — la dejé tiesa.
— Es broma tonta, qué bien me lo voy a pasar estos días~
— Mala.
