―mi pequeña, ¿estás bien?, ¿no te duele nada?, ―preguntaba muy preocupado William, en el momento en que supo lo sucedido no dejaba de examinarla, asegurándose de su bienestar, la tenía sentada en su regazo, casi que revisando cada riso de sus rubios cabellos.
―estoy bien papito, solo que tengo que volver a lavarme muy bien los dientes, ese hombre malo y feo me ensucio la boca cuando lo mordí, ―respondía la pequeña haciendo mueca de asco.
―lo lamento mucho señor, no la protegí lo suficiente, ―se disculpaba Dorothy, la pobre estaba soltando lagrimas por el susto pasado, Beatriz la abrazó, consolándola.
―no digas eso niña, no había manera en que pudieras proteger a mi pequeña de un delincuente así, no te culpo de nada, no lo hagas tú también, estuvieron en un gran peligro del que gracias al cielo no resultaron dañadas.
―mi padre tiene razón Dorothy, ―decía Albert tomando la mano de la doncella en modo de consuelo, ―todos sabemos lo rápida que es mi hermanita, no podías llegar antes, aunque sé que lo intentaste, por otro lado, si hubieras estado en ese momento, lo más seguro es que ambas habrían… papá creo que George podría enseñarles como a mí, ¿no te parece?
―puedo iniciar mañana mismo señor, ―ofreció de inmediato el pelinegro.
―sí, tienes razón, eso será muy útil, pero…
―desde ahora contaran con seguridad para que cuide de ellas señor, ―respondió el pelinegro de inmediato a la preocupación de William.
―somos más que afortunados de tenerte George, siempre estás un paso adelante.
―porque tardaran tanto, ya llevan mucho rato allí dentro, ―se quejó Candy.
Todos estaban en el camarote de los Grandchester, esperando a que el medico terminara de examinar a Eleonor, quien con todo lo sucedido había sufrido un desmayo.
―no te preocupes Candy, veras que la señora Eleonor estará bien, ―respondió Albert acercándose a su hermanita, quien no tardo en alzar los brazos para que la cargara, lo que el gustoso hizo de inmediato.
―pero se tardan mucho, ―respondió la niña haciendo un puchero.
La puerta se abrió, saliendo el médico, seguido por los hombres Grandchester, Candy se bajó de inmediato para acercarse a Terry.
―muchas gracias doctor.
―a sus órdenes mi Lord, solo asegúrese de que descanse lo suficiente, ―respondió el galeno, para luego retirarse.
―Richard, ¿cómo esta Eleonor?, ―preguntó William.
―gracias al cielo solo fue un desmayo consecuencia del estrés pasado, además de que acabamos de descubrir que seremos padres nuevamente.
―tendrás un hermanito Terry, que alegría, hay que cuidar mucho de tu mami, ―expresaba llena de regocijo la pecosa.
―Candy, pequeña, ―Richard se colocó a la altura de la niña, ―no tengo modo de agradecerte todo lo que has hecho por nosotros, si tu no hubieras…, ―el imponente hombre no pudo ocultar sus emociones, abrazándola.
―no podía dejar que se los llevara, ―fue la inocente respuesta de la niña.
―niños porque no vamos a cuidar de Eleonor y vemos si ya se siente más tranquila, ―ofreció Beatriz, sabiendo que los adultos querrían platicar y que no convenia que los niños salieran del camarote, no al menos hasta no haber resuelto sobre su seguridad.
Dorothy, Beatriz y los niños entraron a la habitación donde descansaba Eleonor.
―pude haberlos perdido a todos, sin siquiera saber lo que realmente sucedió, ¿Cómo pude descuidarme tanto?
―nos descuidamos todos Richard, yo también tengo enemigos, pero eso no volverá a suceder, a partir de hoy ellos contarán con seguridad, George también me hará el favor de enseñar a Candy y a Dorothy a defenderse, podría incluir a Terry si estás de acuerdo.
―eso sería muy bueno, aunque no sé qué más podría aprender tu hija, si fue capaz de detener a ese delincuente, ya con entrenamiento ni te digo lo mata.
―mi pequeña es impulsiva y valiente, pero aparte de eso debe tener una legión entera de ángeles que la cuidan, así que mejor la preparo, para que esté capacitada y sepa como escapar cuando fuera necesario, he estado muy angustiado desde que la vi llegar y supe lo sucedido, comprendo que no siempre podemos estar para evitar que los dañen, así que es una medida extra.
―lo que le dije, lo hice en serio, ella tiene mi agradecimiento eterno y un Grandchester mantiene su palabra, de ahora en adelante ella será como una hija más para mí, tendrá mi protección y apoyo siempre.
Eleonor sonríe divertida por las ocurrencias de los pequeños, quienes no dejaban de mimarla y hablarle a su pancita, la bella dama estaba aun con los nervios alterados, ya un poco más sosegada, el susto que pasaron fue muy fuerte y ahora descubrir que tenía ya casi dos meses de embarazo, estaba procesando una cosa a la vez.
Ella que pensó que no podría concebir más, tantos años han pasado desde que tuvo a Terry, que ella ya había perdido la ilusión, en cambio descubrió la feliz noticia y estaba festejando la ilusión de volver a ser madre y eso era maravilloso y aterrador.
Aterrador porque ahora era más consciente de los peligros a los que estaban expuestos, su esposo la había mantenido en la feliz ignorancia, su pobre Richard, soportando el solo con la angustia, ahora ella debía ser fuerte para cuidar de su familia, su amado y sus hijos la necesitaban.
Las investigaciones sobre el atentado en contra de Eleonor y Terry estaban estancadas, si bien es cierto confirmaron que el objetivo era deshacerse de ambos, sin embargo, pese a la gravedad de los hechos, no había una pista certera sobre la identidad del autor intelectual.
―según ese hombre, quien lo contrató se llama Walter y es un miembro de la nobleza, al menos así parece, pero los datos que dio no son concluyentes, parece que su jefe se protegió muy bien, le pago en efectivo, además de que sospechamos que uso un nombre falso, será difícil dar con él.
―no te desanimes Richard, existen pistas y eso ya es un adelanto, por otro lado, la noticia sobre lo sucedido era imposible contenerla, por lo que lo mejor es que seas tu quien hable con los periódicos, de esa manera puedes asegurarte de que esto sea a tu favor y de tu familia.
―he estado tan abrumado con lo sucedido que no lo había previsto, agradezco mucho su intervención, tiene toda la razón, debo dar una entrevista, si no me equivoco en el barco me pareció haber visto a John Preston, él es un columnista del New York Times.
―George hizo arreglos para que se reúna contigo mañana a la hora del té.
―siempre un paso adelante, agradezco mucho su apoyo William, es realmente invaluable.
―vamos Terry.
―espera Candy, no creo que sea correcto, nuestros padres se pueden preocupar.
―pero Terry, será rápido, acaso no te da curiosidad conocer esa parte del barco.
―claro que sí, pero podríamos pedir permiso y seguramente Dorothy iría a acompañarnos.
―no lo creo, yo le pregunté si podíamos ir y ella negó rotundamente, estoy segura de que papá dirá lo mismo, además…
― ¿además?, ¿Qué pasa?, dime, ¿Cuál es la verdadera razón para ir?
―es que cuando ese hombre malo quiso llevarlos, vi unos niños allí y…, bueno se notaba que tenían hambre Terry, no puedo estar tranquila sin asegurarme de que estén bien.
―con más razón hay que avisar.
―ya ves que Dorothy se negó y no quiero perder más tiempo, ya reuní varios postres y bocadillos, así que iré ahora mismo.
―no puedo dejarte ir sola, iré contigo, solo espero que no noten nuestra ausencia.
Los pequeños se escabulleron del camarote de los Andrew, en donde estaban supuestamente para hacer la siesta, Dorothy había salido a dejar unas cosas al camarote de los Grandchester, no imaginó que en unos pocos minutos todo se pondría de cabeza.
―ves que fue fácil, ahora vamos, creo que por allí los vi.
En efecto unos pequeños estaban acurrucados en un pasillo, se les notaba cansados, sucios y obviamente con hambre, Candy corrió hacia ellos y se sentó a su lado, Terry se quedó de pie cerca de ella, la niña les dio los alimentos que llevaba, los cuales no tardaron en ser devorados por los pequeños.
De pronto se escuchó un estruendo, voces salían de uno de los camarotes de la tercera clase, un hombre gritando con violencia, una mujer suplicando, los niños se acurrucaron aún más si eso era posible, sabiendo lo que seguía, la puerta se abrió con estruendo.
―donde están pequeñas sanguijuelas, ―grito el hombre que salió, quien se notaba estaba borracho, ―la buena para nada de su madre quiere verlos, cree que por cumplir con su obligación como mi mujer puede pedirme cosas, jajaja, ahora vengan, van a aprender los tres que aquí mando yo.
―Frank, por piedad te lo suplico, ―rogaba una joven mujer, que era el rostro de la desesperanza, estaba en igual estado que los niños, además de mostrar varios moretones.
PLAF
―ya cállate, eres una inútil, no me sirves para nada, ya ve… AAAAYYYYY, ―el hombre comenzó a quejarse, por el fuerte golpe que recibió en sus nada nobles partes.
―usted es un hombre malo, ¿Cómo se le ocurre maltratar a su esposa de esa manera?
―chiquilla-del-demonio, ―se quejó el hombre, con voz entrecortada aun por el dolor, viendo a la pequeña con un jarrón en la mano que sabrá de donde lo saco, pero que bien útil le resulto para darle el golpe, ―me las vas a pagar.
Tambaleándose el borracho se levantó y lanzo un golpe a Candy, quien se apartó a tiempo, Terry no dudo en írsele encima al verlo atacarla, dándole en las chimpinillas, haciéndolo caer.
―usted es un cobarde, a una mujer no se le trata así, menos a una niña, ―reclamó molesto el castaño.
―que acaso hay convención de mocosos insolentes, ven acá tú también.
Entre ambos niños se defendieron de Frank, quien no supo por dónde le caían los zapotazos, pero como todo buen borracho no atinaba a sentir mucho los golpes, recuperándose rápido y de un solo empujón lanzó a Terry hacia la pared y a Candy al suelo.
El hombre estaba a punto de golpearlos, por lo que los pequeños que estaban ahora acurrucados junto a su madre, al ver a sus salvadores en peligro no dudaron en ayudarles, propinando un golpe en la rodilla de su padre, quien al perder el equilibrio cayó, con lo mismo tomaron la mano de Candy y Terry y salieron corriendo, siendo seguidos por la madre de estos, quien apenas podía mantenerse en pie.
―ya los han buscado en todos lados y no aparecen, ―informaba George.
―solo me fui un momento, nunca imaginé… ―decía hecha un mar de lágrimas Dorothy.
―los vamos a encontrar, no pueden desaparecer así, ¿será que ese hombre tenía cómplices?
―él dijo que estaba solo, pero ya no sé nada William, todo es tan extraño, no parece que hubieran sido llevados por nadie, lo peor es que si no los encontramos pronto mi Ely se dará cuenta y no es bueno para ella.
―no mencionaron algo los niños, ¿no te pidió Candy alguna cosa?, ―quiso saber Albert.
―de hecho, la señorita me pidió bajar a tercera clase, pero yo me negué, ―respondió entre hipidos la doncella.
―ahora mismo iré a verificar, ―indicó George.
Las familias Grandchester y Andrew estaban desesperados, la doncella al percatarse de la falta de los niños, no dudó en dar la voz de alarma, lo que movilizó a todos en su búsqueda.
Eleonor estaba descansando, felizmente ignorante de la angustia que todos estaban sintiendo, no era para menos, si hacia apenas un día que pasaron un susto mayúsculo y ahora por más medidas de seguridad que planearon, los niños simplemente desaparecieron.
En la tercera clase cuatro niños corrían tratando de ayudar a una mujer a seguirles el paso, estaban por llegar a las escaleras de servicio que llevaban a la primera clase, cuando Frank alcanzo a jalar el tobillo de su esposa, haciéndola caer y con ella a los hijos de estos, Candy y Terry iban más adelante y no se percataron.
―que creían, que se iban a reír de mí, pues no, ―dijo Frank, nublado por el alcohol y con la mirada llena de maldad.
Candy y Terry estaban ya en la primera clase, corriendo en busca de ayuda, cuando fueron atrapados por George, quien sin mediar palabra los cargó, el serio hombre tenía un semblante que les quitó las palabras de la boca.
―nunca hubiera pensado que podrías hacer algo así, ¿tienes idea de lo mucho que nos preocupamos?
―pero papá.
―silencio Candice, ―la niña se quedó inmóvil, ese tono y el uso de su nombre le decían lo molesto que estaba su padre.
―confié en ti, sabes perfectamente el problema que hemos afrontado hace poco, tienes idea de lo mucho que nos preocupamos, dime acaso pensaste en lo mucho que sufriríamos al no saber dónde estaban, él lo peligroso que es para la madre de Terry una angustia de esa naturaleza.
William tomo a la niña, la puso sobre sus rodillas y le dio dos nalgadas bien dadas, al tiempo en que Richard soltaba dos cinchazos en las posaderas de su vástago, ambos pequeños tenían los ojos inundados de lágrimas, pero no se quejaron, más el castigo aun no terminaba.
―en vista de que no son dignos de confianza, quedaran lo que resta del viaje confinados a sus camarotes y no podrán verse.
―no papá, eso no, ―suplicó Terry, ―aguantare el castigo, soportare incluso el de Candy, pero no nos separen por favor.
―no, talvez así aprenden, ―determino Richard.
―no me importa que me castiguen, pero antes tienen que ayudarlos o los van a matar.
Las palabras de Candy pusieron a todos en alerta, estaban tan molestos que no habían dejado a los niños explicar, ni justificarse.
― ¿de qué hablas Candy?, ―preguntó William.
―cuando ese hombre malo se quería llevar a Terry y su madre, vi unos niños en la parte de abajo, en la tercera clase, se escondían y se notaba que tenían hambre, por eso pedí a Dorothy que nos llevara, no podía estar tranquila sabiendo que necesitaban comida, así que fuimos.
Los adultos miraron con comprensión a los niños, ahora entendían su fuga, aun así, no era justificado.
―Candy, hija, veo que querías ayudar, pero esa no fue la manera, no explicaste a Dorothy la razón por la que querías ir, no me pediste permiso o a Beatriz, incluso ¿lo hablaste con Albert?, tus motivos pueden haber sido correctos, pero la forma en que actuaste está mal, ¿comprendes?
―si papi, lo siento, pero ahora ese hombre malo va a matarlos, él nos estaba siguiendo y seguramente los agarro.
― ¿de qué hombre hablas?, ―interrogó Richard, ya con las alarmas encendidas.
―cuando bajamos, encontramos a los niños, estaban afuera del camarote, Candy les dio lo que llevaba de comida, pero salió su padre y comenzó a decirles cosas feas, golpeo a su esposa, por suplicarle que no les pegue a los niños, ―explicaba Terry.
―le di un golpe para que se aleje de la señora, entonces él nos quería golpear, nos defendimos, el logro lanzarnos y estaba a punto de lastimarnos, pero la señora y sus hijos lo empujaron para que todos huyéramos, pero ella apenas podía caminar y ese hombre nos estaba alcanzando, él es malo papi, hay que ayudarlos, ―suplicaba la niña.
―si es su esposa e hijos, me temo que no podemos hacer nada hija.
―él nos atacó a Terry y a mí, eso es delito contra la corona, así que vallan y castíguenlo, ―decretó muy seria Candy, provocando más de una ceja alzada ante no solo su orden, si no de su conocimiento sobre el tema.
―si el atacó a Terry sí, es un delito contra la corona, pero contra ti no es así pequeña, aunque, también es delito, porque eres mi hija y al golpearte te maltrató, pero insisto no sería contra la corona en tu caso.
―claro que si papi, porque yo seré la futura Duquesa.
― ¿queeeee?, preguntaron los presentes.
―Terry dice que seré su esposa y si él será Duque entonces yo seré su Duquesa, eso sí, le dije que para eso falta un chorrototon de tiempo, porque ahorita mi único amor debes ser tú, espere muchos años para tener un papi, ya que lo tengo voy a disfrutarlo, así que nos casaremos hasta que sea muy grande, como Rosemary, ¿verdad papi?, ―hablo la niña, como si fuera una mujer mucho mayor.
William sentía que se le detenía el corazón ante la sola idea de perder a su pequeña, el saber que, en su inocente vida, él era lo más importante, lo llenaba de tranquilidad y amor, aun así, eso no terminaba de apaciguar al oso que rugía en su interior, sus celos de padre activados, Richard en cambio sonreía complacido, cada día que pasaba se encariñaba más de esa pequeña y le agradaba que su hijo no perdiera tiempo y ya la estuviera asegurando.
―pequeña, ustedes no están en edad para reparar en esas cosas, ―medio Albert, viendo el semblante afligido de su padre, ―recuerda que se los dije la otra vez, los niños no deben estar pensando en algo para lo que falta mucho.
―lo se Albert, por eso no nos casaremos pronto, si no, hasta que crezca mucho mucho, cuando sea tan grande como Beatriz, pero ya le dije a Terry que tiene que estudiar mucho y ser muy obediente con sus papis, para que se convierta en un buen hombre como papá.
―mejor no pensemos en esas cosas por ahora, ―pidió William.
―en eso tienes razón papi, hay que ir a ayudar a la señora y los niños, ―insistió Candy.
―George ya salió a hacer eso pequeña, ―informo Albert, ya que al pelinegro de hecho le bastó una mirada de su jefe para ir a encargarse de ese hombre.
―muchas gracias papi, ahora sí, estoy lista, ―dijo la niña cerrando sus ojos y poniendo su cuerpo duro.
―lista ¿para qué?, ―quiso saber William.
―yo también estoy listo papá, ―dijo Terry al mismo tiempo, haciendo lo mismo que Candy.
―pues para que me castigues papi, sé que me porte mal y los preocupamos, no castigue a Terry, por favor, ―pidió al Duque, ―él no estaba de acuerdo en ir, pero no quería que yo fuera sola, así que me acompañó para cuidarme, fue mi culpa.
―no, yo recibiré el castigo por los dos, ―insistió Terry.
―basta los dos, por ahora cada uno a su camarote a reflexionar sobre lo que han hecho, no tendrán derecho a postre, ―sentenció William.
Los niños hicieron un puchero y sollozaron quedito, sin atreverse a decir palabras, se abrazaron deseándose buenas noches, para luego ir Candy a su recamara en compañía de Dorothy, Terry en cambio se puso a la par de su padre, puesto que se encontraban en el camarote de los Andrew y él no debía salir solo.
De esa forma ambos niños aceptaron su castigo, sufriendo por imagina el estar separados, aun así, no dejaron de pedir en sus oraciones por la señora y sus niños, para que pudieran encontrarlos antes de salir lastimados.
Continuará…
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Hola, finalmente pude actualizar, les agradezco mucho sus comentarios, son invaluables para mí, tengan un feliz día, bendiciones.
