Nota de la autora: Eiii!! Cuánto tiempo eh!, ya era hora :P, lo siento mucho es que estaba muy ocupada entre las clases, que ha sido mi cumpleaños esta semana (se aceptan felicitaciones xD) y un puenteciko bien largo que he aprovechado para salir de fiesta! ;). Ufff la verdad es que me ha costado un poco escribir el capítulo, me veía que no lo terminaba O.O mare mia... Pero bueno espero que haya quedado bien y que os guste ;). Y por cierto, si no he contestado reviews avisadme!, lo siento mucho es que ya no se donde tengo la cabeza y no me acuerdo si los conteste :( perdon perdon!!!. Bsits, nos vemos!!!.

Capítulo 6. Un giro inesperado

Camino sólo por la calle, envuelto en un abrigo marrón de piel, cubriéndome las manos con guantes a fin de soportar la ola de frío que arrasa esos días el centro de la ciudad.

Paseo lentamente por una calle tranquila, a mi alrededor las casas lujosas y los chalets se repiten continuamente, dispuestos en hilera. Los miles de portones con sus respectivos telefonillos se encuentran cerrados a cal y canto.

No pasa nadie por aquí, la noche se presenta con un cielo cubierto totalmente por un manto de nubes, y los rayos de la luna apenas logran atravesarlo. Las calles se encuentran oscuras y la luz de las farolas se distingue como el único foco de luz en el ambiente nocturno de las calles del centro de Londres.

Doblo la esquina y me cubro con el abrigo cuando una ligera brizna de aire frío me traspasa la capa.

Miro a mi alrededor, caminando despacio y en silencio, con el único sonido de mis pasos resonando y haciendo eco en la larga avenida.

Llego a un parque, que se encuentra igualmente tranquilo y desierto. Los columpios se mueven ligeramente al compás del viento, cubiertos con una ligera capa de escarcha.

Me acerco lentamente hacia uno de los bancos que rodean los columpios y me siento, con los brazos apoyados en las rodillas, sin alzar la cabeza, con la vista fija en el suelo.

En realidad, llevo dándole vueltas a la cabeza desde hace bastante tiempo, desde que he salido de casa.

Mi madre se había opuesto intranquila a la opción de dejarme pasear sólo después de lo que había ocurrido aquella misma mañana, en mi habitación, cuando había aparecido Sirius.

Aún pienso en ello detenidamente, sin poder sacármelo de la cabeza, una y otra vez.

Todos habían asistido atónitos a mi reacción al ver a mi padrino y se habían mostrado inquietos y muy preocupados al respecto, aunque yo había tratado de tranquilizarles.

Me había costado mucho convencer a mis padres de que había reaccionado así a causa de la debilidad que llevaba arrastrado desde hacía unos días y, aunque no habían quedado plenamente convencidos de ello, cosa que entendí perfectamente, al final mi padre había optado por dejarme marchar.

Lo necesitaba... Necesitaba salir de allí, despejarme y aclarar mis ideas.

Lo cierto es que ya no sabía que pensar con respecto a toda esta situación.

Mi vida ha cambiado por completo en cuestión de segundos, sin saber cómo ni por qué, y habían ocurrido demasiadas cosas de golpe como para que pueda soportarlo o siquiera llegar a asimilarlo.

¿Sería posible que todo lo que hubiese ocurrido antes de despertarme aquí fuera un sueño¿O acaso ahora estoy soñando y todo lo vivido anteriormente era cierto?. En ese caso... ¿Por qué todas las cosas a mi alrededor parecían tan reales, y por qué no recuerdo nada antes de despertarme en este sitio hacía sólo unos días?.

Ya no se qué pensar... es todo tan confuso...

Me llevo las manos a la cabeza y me frotó con las sienes con fuerza, ofuscado.

Y por otro lado, esta el hecho de que mis padres están vivos y Sirius también... Si todo esto fuera tan solo un simple engaño de mi mente la simple posibilidad resultaría terriblemente cruel y dolorosa.

Lo que siempre había deseado, ahora lo tengo, ahí mismo, al alcance de mi mano. Un mundo en el que mis padres y mi padrino siguen vivos, algo que por desgracia se me había negado desde que era muy pequeño.

Pero¿cómo era posible que aquello ocurriera?, hacía tan sólo unos días estaba en Hogwarts, con Ginny, con Ron, con Hermione, en el funeral de Dumbledore.

¿Qué está sucediendo?.

Por más que intento encontrar sentido a todo lo que está pasando no puedo... Me resulta imposible aceptarlo.

Me estaba preguntando justo en aquel momento cuántas cosas más habrían cambiado de forma tan extraña y sorprendente, cuando una mano se posa sobre mi hombro, sobresaltándome.

Me vuelvo rápidamente hasta encontrarme con un rostro joven que me sonríe abiertamente. Un rostro que conozco muy bien.

Deslizo una mano hacia el bolsillo de mi abrigo, sigilosamente, y saco la varita, apuntándola directamente hacia el recién llegado.

El muchacho se queda mirándome y tuerce el gesto, confuso ante mi reacción.

Después suelta una breve carcajada divertida y esboza una sonrisa burlona, cruzándose de brazos.

-¿Crees que esa es forma de recibir a los viejos amigos?- me pregunta sonriente- ¿Qué estás haciendo aquí tan sólo?, estaba mirando por la ventana de mi casa y te he visto pasar por la calle¿es que has discutido con tus padres o qué?.

Yo me quedo mirándole extrañado, sin saber qué responder. ¿Qué clase de pregunta es esa?.

-¿Desde cuando somos tu y yo amigos, Malfoy?- le espeto furioso apretando mi varita con fuerza entre las manos.

Malfoy me observa confuso y deja de sonreír.

-Vamos, Harry¿es broma o qué?- pregunta un poco aturdido- ya lo sabes.

Me quedo mirándole fijamente, un tanto confuso.

Observo fijamente el semblante serio y preocupado del muchacho, quien ha sido mi mayor rival durante tanto tiempo... Draco me devuelve la mirada, una mirada sincera, llena de incredulidad.

Por un instante dudo, sorprendido, de si aquello se trata de algún juego o alguna burla por su parte o si de verdad está siendo sincero. Ya ni siquiera sé que pensar, habían cambiado tanto las cosas que ya conocía en tan sólo unos días...

Miro atentamente el semblante serio del rubio y despejo todas mis dudas.

Draco sigue vistiendo sus habituales aires de grandeza y su sonrisa despectiva. Sigue siendo el mismo que conocía... Nada en él había cambiado...

Draco me mira fijamente también, sin comprender, y entonces comienza a hablar un tanto asustado.

-Harry¿estás bien¿te pasa algo?.

Bajo la varita, un tanto sorprendido y tratando de repetirme que sólo se trata de una confusión, de una simple y absurda confusión.

No sé si lo que está ocurriendo es verdad o es fruto de mi imaginación, aunque a estas alturas ya no sé que es verdad y que no lo es. Lo único que saco claro de todo esto es que Malfoy realmente parece ir en serio.

Es muy buen actor, en todo caso...

-Vale- comienzo a decir, intentando reflexionar un segundo, todo esto me parece absurdo- Entonces, tú y yo somos amigos¿no?.

Malfoy me mira inquieto.

-Harry, me estás asustando- murmura mirándome desconfiado- Claro que somos amigos... ¿a que viene esto?.

Ante aquellas palabras, agacho la cabeza y, de repente, sin poder evitarlo suelto una carcajada despectiva y comienzo a reír suavemente, sujetándome el estómago.

Draco se queda donde está, con el ceño fruncido, sin saber qué decir ni cómo reaccionar, parece incluso asustado.

-Si, esto definitivamente es muy gracioso si...- le digo, aún sin poder creérmelo- osea, que tu, Draco Malfoy, eres amigo mío ¿no?.

-¡Estás tonto o qué!- me espeta furioso- ¡Para ya, Harry¡no tiene gracia!, pareces un loco...

Lo miro un momento, esbozando una sonrisa burlona, y después muevo la cabeza a un lado y a otro, suspirando levemente y separándome de Draco.

-Esto es una locura... es una locura... – repito rápidamente moviendo la cabeza hacia los lados, con fuerza, sin poder creerlo.

Quise darme la vuelta y encararme de nuevo hacia Draco, aún confundido, deseando pedirle explicaciones, tratando de aclarar lo que está pasando, pero de repente algo me golpea por la espalda, mi vista se nubla y caigo de bruces al suelo, antes de desmayarme sobre la fría acera.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La muchacha entró a hurtadillas en la habitación, cerrando tras de si la puerta, con cuidado de no hacer ruido.

Avanzó de puntillas hacia una cama que estaba colocada junto a la ventana de la habitación, cerrada a cal y canto, con la persiana bajada. El único rastro de claridad que impregnaba el ambiente, en silenciosa penumbra, procedía de los agujeros de esta.

En la cama se encontraba durmiendo plácidamente, con los brazos y las piernas extendidos a los lados y la sábana enredada alrededor del torso, dejándolos al descubierto, un joven adolescente pelirrojo, de larga nariz y rostro pecoso, roncando fuertemente, con la boca ligeramente abierta.

Ella se paró delante de él y se inclinó poniéndose de rodillas frente a él. Sin poder evitarlo, esbozó una fugaz sonrisa divertida ante aquella imagen.

Se acercó un poco más a él y levantó la mano, colocándola sobre su hombro, y lo zarandeó suavemente, tratando de despertarle.

-Ron, despierta - susurró en voz baja.

El pelirrojo apretó los párpados con fuerza y se movió. Después balbuceó algo sin sentido y se dio la vuelta, dándole la espalda.

-¡Levántate, Ron¡Hay novedades en la Orden!.

-Déjame... dormir... – murmuró el muchacho con voz de sueño.

-Ron, hazme caso, levántate antes de que...

Pero no pudo acabar la frase pues, en ese momento, la puerta de la habitación se abrió de repente, asustándola.

Ron se incorporó bruscamente sobresaltado.

La muchacha se dio la vuelta justo para observar a las dos personas que habían aparecido tras ella, portando dos sonrisas idénticas en su pecoso rostro.

-¡Bueeeeeenos días!, esperamos no interrumpir nada... – gritaron a la vez los gemelos, mirando al unísono a los muchachos, sonriendo descaradamente.

-¡Fred, George¡maldita sea!, es muy temprano¡iros a estorbar a otro lado!- exclamó Ron molesto encarándose hacia ellos.

-Ohhh, el pequeño Ronnie está molesto porque le hemos despertado- murmuró George burlón.

Ron iba a protestar justo cuando Fred lo interrumpió bruscamente mirando hacia Hermione.

-Creo que te equivocas, George, más bien diría yo que el pequeño Ronnie está molesto porque le hemos interrumpido- murmuró descaradamente.

Ron se pudo colorado hasta las orejas y Hermione lo fulminó con la mirada.

-Cierto, Fred¿qué se supone que estabais haciendo los dos solos en una habitación semioscura, Hermione?- preguntó George acentuando aún más su sonrisa.

-¡No estábamos haciendo nada!- gritó Hermione- ¡Ron no hace falta que te tapes, no voy a asustarme!- añadió observando cómo Ron de repente se había cubierto totalmente con la sábana, mirándola fijamente, como si hubiera descubierto por primera vez que ella estaba allí.

-Fred, Hermione no quiere que Ronnie se tape...- susurró George gravemente fingiendo mirar muy seriamente a su hermano.

Su gemelo se llevó una mano a la barbilla y frunció el entrecejo pensativo.

-Lo he oído, George- murmuró- Y casi ha afirmado que ya lo ha visto así otras veces... Hermione, siento decírtelo, pero no nos esperábamos esto de ti, mira que fijarte en el perezoso y malhumorado de Ronnie...- añadió dirigiéndose hacia ella, negando ligeramente con la cabeza.

Hermione enrojeció y los observó furiosa.

Ron, aún más colorado, se levantó bruscamente de la cama, chillando furioso:

-¡Callaos¡Estúpidos¡Os vais a enterar!.

Los gemelos se dieron la vuelta, riendo a carcajadas y salieron corriendo. Ron, colérico, los persiguió descalzo, con el puño levantado en señal de amenaza.

Hermione se levantó y salió al pasillo, cerrando la puerta de la habitación y los escuchó gritar abajo en el salón.

En ese momento, se tropezó con Luna, que salía de la habitación que ambas compartían, bostezando levemente.

Cuando la vio, se acercó a ella sonriente y Hermione la saludó:

-¡Buenos días!.

-Buenos días- dijo ella alegremente- Vaya, me despertó el ruido que estaban haciendo esos tres- murmuró aguzando la oreja para escuchar los gritos que provenían del piso de abajo- ¿Por qué gritaban?.

Hermione la miró exasperada.

-Nada, lo de siempre, nos han pillado a Ron y a mi en la habitación y han empezado a meterse con él- explicó.

Luna la miró gravemente con el entrecejo fruncido.

-¿Qué estabais haciendo Ron y tú en la habitación?- preguntó extrañada.

Hermione suspiró sulfurada, poniendo los ojos en blanco, y se dio la vuelta, caminando hacia las escaleras.

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Me pesan con fuerza los párpados. Tengo los músculos entumecidos y la cabeza me duele horrores.

Intento estirarme, pero entonces caigo en la cuenta de que no puedo separar las manos. Alargo los dedos hasta tocar levemente la firme cuerda que los mantiene atados.

Entonces abro los ojos bruscamente, sobresaltado. Al principio mi vista se torna nublada, pero poco a poco la imagen que se extiende ante mis ojos se vuelve cada vez más clara y nítida.

Intento tranquilizarme, respirar con fuerza, y pensar cómo he llegado a esta situación.

Estoy en un lugar que no conozco. Es una estancia en penumbra, apenas iluminada levemente por la luz de unas velas a modo de lámpara que cuelgan del techo. Es una habitación pequeña y estrecha, sin ventanas.

Miro a mi alrededor. Hay varios armarios colocados contra la pared y enfrente un escritorio y una silla. Al fondo puedo dos percheros y varias capas negras, viejas y llenas de polvo, que penden de ellos. A su lado hay una puerta de metal que se encuentra cerrada.

Sin pensarlo un segundo, me arrastro hacia ella. Sin embargo, un sonido me retiene. Aguzo el oído para escuchar mejor y capto el eco de unos pasos que se acercan, al otro lado.

Levanto los brazos e intento desprenderme de las cuerdas que sujetan mis manos y forcejeo sin lograrlo.

Entonces la puerta se abre produciendo un leve chirrido y al otro lado asoma una figura elegante de cabello rubio peinado hacia atrás.

De repente caigo en la cuenta de por qué estoy allí y las imágenes de Draco en el parque, fingiendo aquella locura de ser mi amigo acuden de improsivo a mi mente. La última imagen que recuerdo es una varita extendida hacia mi y la cara de Malfoy mirándome seriamente.

Malfoy cierra la puerta tras de si y se vuelve hacia mí sonriente. Vacila un poco ante la mirada furiosa que le dirigo y comienza a hablar tratando de sonar amistoso:

-Menos mal que ya te has despertado- murmura alegremente- He ido a dar una vuelta porque me aburría¿estás mejor?.

Lo observo perplejo, sin cambiar un ápice mi expresión.

-¿Qué me has hecho¿Adónde me has traído, sucia serpiente?- susurro furioso apretando los dientes con fuerza- ¡Suéltame o...!.

-Eh, eh, para un poco, ya veo que sigues igual- dice levantando los brazos en gesto tranquilizador y frunciendo el ceño confuso, acercándose hacia el escritorio y sentándose sobre la silla.

-¡No voy a repetirlo, Malfoy¡Suéltame ahora mismo!.

El rubio niega con la cabeza, apoyando un brazo sobre el escritorio y cruzándose de piernas.

-No voy a soltarte hasta que no aclaremos esto- dice muy serio- ¿Qué te ha pasado¿es que ya no te acuerdas de nada?.

-No pienso hablar contigo¡¿Estás loco¡me has aturdido, me has atado y traído a esta especie de zulo!- exclamo furioso, sin poder contenerme-¿Para qué¿Qué coño quieres?.

Malfoy me observa atentamente, muy serio, examinándome en profundidad.

-Perdona pero no he tenido más remedio¡mírate como estás!- exclama confuso- ¿Qué te ha pasado¿Por qué te comportas así?, es como si me odiaras...

-¡Claro que te odio¿no es evidente?- exclamo irritado mirando las cuerdas que me atan las manos.

-Lo siento, pero hasta que no te calmes no te las voy a quitar- repone entristecido- No hasta que me cuentes qué te ocurre¿estás enfadado conmigo¿Es por Pansy?, tío ya te he dicho muchas veces que yo no tengo la culpa de gustarle, por mí puedes quedártela, toda para ti...

Lo miro atónito y repugnado por lo que acaba de decir. ¿Qué locura es esta¿Yo con Pansy Parkinson¡Estás loco o qué!.

-¡Qué coño dices¿qué es todo eso de Pansy y desde cuándo tenemos tú y yo tanta confianza?.

-¡Harry, somos amigos¿qué es lo que te ocurre?.

Lo observo extrañado y entonces caigo en la cuenta de algo. Antes de aturdirme en el parque también había dicho que éramos amigos, aunque claro, esa era una idea impensable y absurda. Sólo trata de burlarse de mi, eso es todo...

-¿Qué buscas, Malfoy¿Tan sólo molestarme o reirte de mi?, porque te aseguro que cuando me deshaga de estas cuerdas no abra nada que me impida hacerte picadillo- susurro furioso recalcando las últimas palabras.

Él traga saliva nervioso y abre los ojos atónito.

No esperaba esa reacción asi que yo también me quedo mirándole algo aturdido.

-¿Qué dices?, basta ya, Harry¡me estás asustando!, Primero me apuntas con la varita en el parque dispuesto a echarme un maleficio a la primera oportunidad y ahora te comportas como un lunático, como si me odiaras cuando durante toda nuestra vida hemos sido amigos¡Qué digo amigos¡Hermanos prácticamente!- murmura rápidamente sin dejar de mirarme.

Vale, Malfoy ha mencionado incluso la palabra 'Hermanos' y, aunque sea un auténtico disparate, parece totalmente empeñado en que somos amigos, incluso convencido, lo que me hace pensar que no está bromeando en absoluto.

Miro su rostro, sus ojos reflejan preocupación y parece nervioso.

Tantas cosas parecen haber cambiado pero... Esto es totalmente imposible... Es una locura...

-A ver- comienzo a hablar algo más calmado, aunque todavía perplejo y, sobre todo, sin poder creerme aún lo que estoy a punto de decir- Tu y yo somos enemigos, desde que nos conocimos en Hogwarts, desde que tenemos uso de razón¿me equivoco?.

Draco me mira como si estuviese loco.

-¡¿Es un chiste?!, porque francamente estoy empezando a cansarme¡Claro que no somos enemigos¡¿Te has dado un golpe en la cabeza y te has quedado tonto o qué?!- exclama algo enfadado.

Sin poder remediarlo, le fulmino con la mirada. Ya es algo instintivo.

Pero, en cambio, sigo asimilando lo que conciernen sin duda sus palabras.

Si es cierto realmente lo que Malfoy dice, definitivamente mi vida ha dado un vuelco. Un vertiginoso y desagradable vuelco.

Apoyo la cabeza en el suelo derrotado y cierro los ojos, respirando profundamente. El muchacho me mira preocupado y me pregunta:

-¿Qué ocurre, Harry?, de verdad, me estás preocupando...

Niego con la cabeza lentamente, aún sin poder creerlo.

Es absurdo, una locura, una estupidez... Pero no hay ninguna duda. Mi vida ha cambiado totalmente.

Mis padres están vivos, Sirius también... Y yo soy amigo de Malfoy, del muchacho que ha sido mi enemigo durante tantos años, del mortífago que propició la caída de Dumbledore.

Suspiro resignado y derrotado y susurro lentamente:

-Vas a tener que explicarme muchas cosas, Malfoy.

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Cuando Hermione y Luna entraron al salón se encontraron con una escena bastante divertida y que les resultaba ya demasiado familiar.

Se quedaron paradas en el umbral de la puerta observando divertidas.

-¡¿Es que no sois capaces de comportaros ni siquiera fuera de casa?!- chillaba la señora Weasley a pleno pulmón, roja como un tomate, apoyando las manos en la cintura con los brazos dispuestos en cruz, riñendo a sus hijos, que se encontraban sentados sobre el sofá, los tres cabizbajos y con los músculos en tensión- ¡Esto no es nuestra casa¿Es que no podéis tener un mínimo de educación¿es que no os hemos enseñado nada vuestro padre y yo?.

Sin duda, cuando la ira de la señora Weasley estallaba lo hacía de verdad.

-¡Estamos atravesando uno de los peores momentos en todo el mundo mágico y vosotros en lo único que pensáis es en hacer chiquilladas¡Ya sois bastante mayores para estas tonterías!- añadió sulfurada.

Entonces, Ron se atrevió a alzar la mirada, dudoso, y se defendió con voz insegura:

-Empezaron ellos, mamá, como siempre- murmuró enfurruñado- Si no pregúntaselo a Hermione, ella estaba ahí- añadió señalando a la muchacha que lo miró con desaprobación mirando de reojo a la señora Weasley.

Los gemelos, a su vez, fulminaron a su hermano pequeño.

-¡Me da igual quién haya empezado¡No haberles seguido el juego, como haces siempre, Ron!- exclamó roja de ira y con la cara contraída en un gesto furioso- ¡Los adultos están teniendo en estos momentos una reunión muy importante y ni siquiera eso podéis tomároslo en serio!.

Los tres agacharon la cabeza al unísono, avergonzados, por las palabras de su madre.

-No lo sabí...- comenzó Fred a disculparse, pero la señora Weasley lo cortó en seco.

-¡No me importa que no lo supierais¡No tenéis excusa¡Sabéis de antemano como está la situación¡Por todos lados no surgen más que complicaciones!- exclamó poniéndose cada vez más furiosa- ¡Harry no despierta y vuestra hermana se pasa día y noche cuidándole y descuidándose a sí misma, ni siquiera come ni duerme¡Y Nymphadora está destrozada, la muerte de Remus la ha trastornado y puede que no se recupere¡Vuestro padre se juega el cuello cada vez que sale por esa puerta, por el amor de dios¡¿Es que no os dáis cuenta?!- añadió con los ojos llorosos pero con voz firme y enfadada.

-Señora Weasley, cálmese por favor, está demasiado alterada...- susurró Hermione en tono conciliador mirando a los gemelos y a Ron que se habían puesto muy pálidos y miraban a su madre nerviosos y avergonzados.

Sin embargo, la señora Weasley continuó en sus trece, sin escucharla.

-¡Ah sí¡Claro... y cómo no hablar de Bill y Fleur, de los que no sabemos nada desde hace casi un mes¡O de Charlie que parece haber desaparecido¡O de Per...!

La mujer se detuvo repentinamente antes de pronunciar el nombre de su tercer hijo, al que no veían desde hacía casi un año.

Su voz se fue convirtiendo poco a poco en un leve sollozo hasta que estalló definitivamente en llanto, llevándose las manos al rostro, llorando amargamente.

Los tres pelirrojos miraron a su madre asustados y sin saber qué hacer, sintiéndose culpables.

Hermione se decidió y se acercó a la señora Weasley preocupada, asiéndola por los hombros con delicadeza.

-Vamos, señora Weasley, necesita descansar, le prepararé una taza de té¿de acuerdo?.

La mujer asintió levemente sin dejar de sollozar y se dejó llevar por Hermione hacia la puerta del comedor. Luna ayudó a Hermione a sostenerla y se dirigieron con lentitud hacia la cocina.

Los hermanos las vieron marcharse sintiéndose impotentes y observaron el rostro de Hermione que desapareció el último tras la puerta, dirigiéndoles una dura mirada al tiempo que decía:

-Ya hablaremos cuando vuelva.

Los tres permanecieron callados y sólo se atrevieron a alzar un momento la mirada cuando una nueva persona apareció tras la puerta del comedor con aire entristecido y preocupado.

-¿Qué ha pasado?, cuando me he levantado he escuchado gritos y ahora la señora Weasley...- comenzó a preguntar Neville rápidamente, pero calló al observar los rostros profundamente deprimidos y avergonzados de sus amigos.

Después se impuso en la estancia un incómodo silencio que ninguno de los muchachos fue capaz de romper.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Un rato después volvieron Hermione y Luna. La castaña se dirigió rápidamente hacia ellos y se encaró a los tres muchachos con semblante firme y serio:

-Estaréis contentos¿no?- les espetó enfadada- ¡Mirad cómo está vuestra madre por culpa de las tonterías!, con toda la presión que ha tenido encima últimamente...

Los gemelos la miraron molestos.

-No empieces tú también¿Vale Hermione?- murmuró George bajando la mirada.

La muchacha se cruzó de brazos enfadada, pero se ablandó al observar los rostros de los tres hermanos, afectados aún por la reacción de su madre.

Ron, que había permanecido todo ese rato callado, como ausente, cruzado de brazos en un rincón del sofá, preguntó algo de repente a los gemelos, profundamente afligido:

-¿Vosotros sabíais lo de... lo de Bill y Charlie?.

Fred negó con la cabeza, y murmuró avergonzado:

-Pensábamos que estarían aprovechando su luna de miel, para alejarse de todo esto y estar tranquilos, supusimos que Bill querría alejar a Fleur de todo esto... en ese momento me pareció lo más lógico... pero en Charlie no se nos ocurrió pensar que...

-Yo pensaba que se pondrían en contacto con mamá, ya sabéis por eso de que podrían interceptar las lechuzas... no pensé que...- murmuró Ron alicaído.

Hermione y Neville no supieron que decirles, preocupados también por la situación de Bill, Fleur y Charlie, pero Luna entonces eligió aquel momento, el peor sin duda, para valerse de su dudoso don para soltar la verdad sin tapujos.

-Bueno, son unas excusas un tanto pobres¿no?- dijo la muchacha con una risita despectiva, pero de repente soltó un grito de queja y miró ofendida a Neville- ¡Ay¿Por qué me has dado una patada?.

El muchacho suspiró resignado mientras los gemelos fulminaban a Luna con la mirada, dispuestos a abalanzarse sobre ella, pero intentando contenerse.

En su interior el nudo que había empezado a formarse en sus estómagos se había vuelto tremendamente doloroso.

Ron parecía el más afectado de todos. Al contrario que los gemelos permanecían en silencio, cabizbajos, con semblante pálido. Hermione se acercó hacia él y se sentó a su lado, apoyando una mano sobre su hombro, tratando de consolarle.

Un escalofrío recorrió la espalda del pelirrojo al sentir el contacto de ella, pero se repuso rápidamente y siguió en la misma posición, sin atreverse a mirarla.

-En mi opinión, no sirve de nada que nos lamentemos- repuso Hermione rompiendo el intenso silencio- La situación siempre ha sido muy delicada, lo sabíamos, lo que deberíamos hacer...- se detuvo un instante indecisa.

Los gemelos, Neville y Luna se quedaron mirándola sin comprender, pero Ron se volvió hacia ella y la apremió impaciente.

-¿Qué?.

-Deberíamos intervenir, tratar de ayudar y hacer algo- sugirió decidida.

Los gemelos se miraron entre sí sorprendidos.

-Vaya, vaya, Hermione...- murmuró Fred esbozando una sonrisa burlona- los adultos nos dicen que no intervengamos y tú les desobedeces¿te has dado un golpe en la cabeza o algo?.

Se produjo una leve carcajada general que la castaña, en cambio, no compartió. Miró a Fred molesta.

-Ya lo he hecho antes por Harry¿no te acuerdas?- dijo y añadió tristemente- Y ahora que él no está no va a ser diferente.

Fred y George se miraron y asintieron sonrientes.

-Así se habla, Herm- murmuró George contento- La verdad es que ya estábamos hartos de que nos dejasen de lado continuamente¡somos adultos y queremos ayudarles!.

Los demás asintieron mostrando su acuerdo.

-A mí lo primero que me gustaría saber es qué es lo que está pasando, por que están reunidos allí- añadió de repente Ron muy serio señalando hacia la puerta que se encontraba al otro lado del pasillo, firmemente cerrada- ¿A vosotros no?.

Todos miraron a su vez hacia la puerta, inquietos. Los gemelos en un instante cruzaron una mirada cómplice y le dedicaron a Ron una sonrisa traviesa.

-Ciertamente, hermanito- murmuró Fred acentuando aún más su sonrisa- Nosotros también tenemos curiosidad por saber qué están hablando allí dentro.

Hermione les miró con desaprobación.

-La verdad, no creo que sea muy bueno espiarles, es más, no creo que podamos hacerlo. Si hubiesen querido que escucháramos algo habrían hablado aquí mismo delante de nosotros.

Neville la miró desconcertado.

-Pero es algo privado¡cómo van a hablar delante de nosotros!.

Hermione puso los ojos en blanco, exasperada.

-¡Por eso precisamente, Neville!, me refiero a que no sólo se habrán dedicado a cerrar la puerta y ya está, tendrán toda clase de hechizos protectores para asegurarse de que no se oiga nada a través de la puerta- explicó rápidamente.

-¡Vamos, Hermione¿Qué ha sido de la actitud revolucionaria y rebelde de la que hemos sido testigos antes?- preguntó Fred insistente.

Hermione se cruzó de brazos seriamente.

-Fred, este asunto es bastante grave, créeme, les escuché esta mañana cuando llegaron los de la Orden y no creo que les haga mucha gracia que nos metamos en medio¡empeoraríamos las cosas!- murmuró nerviosa- Además, podemos ayudarles de otra manera.

-¿Ah si?- intervino Ron molesto- Ilumínanos entonces con tus brillantes ideas, porque a mi no se me ocurre otra cosa mejor...

Hermione le fulminó con la mirada enfurruñada.

-¡A que viene es..!- comenzó a protestar pero George levantó la mano de repente, deteniéndola.

-Un momento, Hermione, repíteme un momento eso que has dicho antes¿dices que los oíste hablar esta mañana?.

Hermione se llevó una mano a la cara, maldiciendo para sí misma.

-Debería haberme callado- susurró molesta.

-Pero no lo has hecho, así que... suéltalo- dijo Fred interesado- ¿Qué escuchaste?.

Hermione suspiró resignada.

-Bueno, está bien- comenzó- esta mañana cuando me he levantado y he bajado a desayunar, llegaban los de la Orden, intenté acercarme a mirar pero la señora Weasley me mandó arriba en cuánto me vio asomarme, así que me quedé en el rellano escuchando- explicó- Ojoloco estaba muy enfadado y discutía con una mujer, su voz no me resultó conocida, hablaban de la pelea de la noche anterior y de algo que había hecho ella.

Los demás se miraron intrigados.

-¿Llegaste a escuchar qué era?- preguntó Fred con curiosidad.

Hermione negó con la cabeza.

-Bueno y... ¿pasó algo más?- repuso Ron inquieto.

-Sí, justo en ese momento comenzaron a subir las escaleras, así que me escondí antes de que me vieran y me asomé un poco para mirar- explicó- cuando subieron vi que el señor Weasley y ese chico nuevo Stanford, cargaban con alguien y que vuestra madre los conducía hacia el desván.

Los demás la miraron boquiabiertos.

-¿Quién era, Hermione?- preguntó Neville con los ojos como platos.

-No lo sé- susurró la muchacha preocupada- era bastante delgado e iba vestido con una capa negra pero no pude verle la cara.

Fred la escuchó frunciendo el ceño preocupado.

-¿Y qué pasó después?- la apremió.

-Estuvieron arriba un rato y después tus padres bajaron, pero Stanford no volvió, supongo que se quedó arriba- concluyó Hermione.

Ron se levantó de repente sulfurado.

-¡Por dios!, después de esto¿estás diciendo que de verdad no te interesa saber lo que están hablando en esa reunión?- le espetó nervioso.

-¡Claro que me interesa!, pero no estaría bien... – murmuró preocupada- Además saber quién era esa persona no nos serviría de nada... ¡Lo que yo os digo es que tratemos de ayudar a la Orden!.

-¡Y cómo vamos a ayudar a la Orden si no sabemos nada de lo que ocurre¡Si nos quedamos aquí quietos sin hacer nada!.

-¡Ey, parad ya!- intervino Neville- discutiendo no conseguís nada tampoco...

Ron permaneció callado un momento y se dio la vuelta cruzándose de brazos. Hermione agachó la cabeza entristecida.

-Yo creo que sí es de nuestro interés saber quién es esa persona...- murmuró George.

-¿Y eso por qué?- preguntó Ron enfurruñado.

-¿Ni siquiera se te ha pasado por la cabeza pensarlo?, puede que sea algún inocente al que hayan salvado o algún miembro herido de la Orden, no lo sé...- explicó George- pero en todo caso tenemos derecho a saberlo.

Los demás asintieron decididos. Pero Hermione añadió dudosa intentando frenarles.

-¿No os olvidáis de algo?- murmuró con una sonrisa- ¿Qué hay de los hechizos?, no vais a poder deshaceros de ellos.

Sin embargo, al contrario de lo que esperaba, los gemelos esbozaron una sonrisita burlona y la miraron divertidos.

-Me parece que nos subestimas, Hermione- murmuró George llevándose una mano al bolsillo del pantalón.

-Sí, después de tantos años, quién lo diría- la regañó Fred divertido.

-¿De qué habláis?- murmuró Luna desconcertada mirando a Neville que tragaba saliva nervioso.

-A nosotros no hay puerta que se nos resista- dijo Fred sacando algo del bolsillo.

Pero antes incluso de que George metiera la mano en el bolsillo, Hermione ya había empezado a sospechar de qué se trataba todo aquello. No en vano el año pasado en sólo un mes había confiscado más artilugios de la tienda de bromas de los gemelos de los que podrían recaudarse en todo un año.

Neville, Luna y Ron, por el contrario, se quedaron mirando confundidos el pequeño objeto redondeado y color carne que George había sacado de su bolsillo y sostenía en la palma de la mano frente a ellos.

-¿Qué es eso?- preguntó Ron confuso mientras su hermano se lo mostraba.

Sin embargo, Hermione fue quién respondió.

-Me parece que estás antes el nuevo modelo de orejas extensibles¿me equivoco?- preguntó un tanto molesta.

-¡Muy aguda, Herm!- exclamó Fred mirando orgulloso el objeto que en esos momentos examinaba Neville boquiabierto- Aunque éstas son mucho mejores que las antiguas.

-Sin duda- reconoció George contento- las hemos remodelado comparándolas con unos objetos que utilizan los muggles para taponarse los oídos, pero estas en realidad lo que hacen es amplificar el sonido que se recibe a través de ella- y añadió orgulloso volviéndose a su gemelo- Además son maravillosas¿por qué, Fred?.

-Porque son prácticamente indetectables- explicó este.

Ron los miró sorprendido.

-¿Estáis seguro de eso?- preguntó levantando la vista del objeto que reposaba en manos de Neville.

-Completamente- respondió Fred contento.

-¿Ah si?, pues yo no me trago eso- repuso Hermione desconfiada.

Fred y George la miraron resentidos.

-Bien, podemos hacer la prueba ahora mismo si quieres- murmuró el primero molesto.

-Si, tenemos una puerta a nuestra disposición y lista para usar- añadió el otro señalando a su espalda, hacia el otro lado del pasillo.

Hermione miró hacia allí recelosa.

-¿Y me queréis decir quién va a probar eso?

Fred y George se dieron la vuelta y observaron con una mirada de picardía a quién sostenía en esos momentos la orejas extensibles mirándolas boquiabierto.

Un rato más tarde y pese a las protestas de Hermione de que no se hiciera, los gemelos conducían a Neville hacia la puerta de la habitación donde se estaba desarrollando la reunión de la Orden.

El muchacho de cara redonda los mirada tragando saliva nervioso y sosteniendo aún en su mano el artilugio, mientras Hermione protestaba.

-¡No va a salir bien¡además por qué usáis a Neville¡Si tan fiables son usadlas vosotros!- exclamó enfadada.

Fred la miró con el ceño fruncido.

-Necesitamos a alguien de quién no sospechen si por algún casual alguien llama a la puerta o cruza el pasillo- explicó enfurruñado.

Hermione se cruzó de brazos y lo miró enfadada.

-¡Es mentira¡Sólo estáis usándole por que no estáis seguros de si ese chisme funciona o no!.

-¡Queréis parar ya¡Van a oírnos!- gritó Ron molesto.

Fred y Hermione dejaron de discutir y el pelirrojo se dio la vuelta conduciendo a Neville al otro lado del pasillo, seguido de Ron y Luna, pero Hermione les siguió.

-¡Si Neville va yo también¡no voy a dejarle sólo!- espetó enfurecida.

Neville suspiró aliviado y algo más contento ante aquella perspectiva.

-Muy bien- aceptó Fred dándose la vuelta un momento hacia ella- De ti tampoco sospecharán.

El grupo prosiguió su camino hasta quedar frente a la puerta. Entonces George comenzó a dar instrucciones hablando en voz baja.

-Bien, Neville y Hermione os quedáis aquí, Tú Ron ve hacia las escaleras y vigila que no baje nadie y luna tu le acompañarás- explicó rápidamente- Fred ve hacia el fondo del pasillo y vigila, yo me pondré junto a la puerta para vigilar que no entre nadie¿entendido?.

Los demás asintieron decididos.

-¿Cómo os avisamos?, yo puedo sacar mi gorro de Gryffindor y empezar a cantar para distraer a cualquiera que venga... –propuso Luna seriamente.

Los gemelos rieron por lo bajo, pero Hermione apoyó una mano sobre el hombro de la muchacha recordando la chistosa cabeza de león.

-Será mejor que no, Luna, puede que hagamos mucho escándalo y nos descubran.

Luna asintió encogiéndose de hombros aún creyendo que era una buena idea.

-Bueno pues a cualquier señal de peligro gritad- avisó Fred- Y tú- añadió volviéndose hacia Neville- en cuanto hayas escuchado quién es el que está en el desván y lo que ha pasado despegas la oreja de la puerta y vas a buscarnos¿de acuerdo?.

Neville asintió tembloroso.

-Bien¡todos a sus puestos!- susurró George dando media vuelta y caminando hacia la puerta, Ron y Luna subieron las escaleras y Fred se encaminó hacia el fondo del pasillo. Hermione permaneció junto a Neville.

-No lo hagas si no quieres, Neville, déjame a mi- le dijo ella tratando de tranquilizar al muchacho.

Intento cogerle el aparato pero Neville la apartó con delicadeza.

-No soy un cobarde, Hermione, puedo hacerlo- murmuró algo molesto.

-Pero Neville...

El muchacho se colocó el aparato dentro de la oreja y entonces la miró sobresaltado.

-No respires tan fuerte- le advirtió nervioso.

La muchacha lo miró confundida.

-Pero si no lo hago.

Neville se tapó la otra oreja y miró a su alrededor, esbozando una sonrisa.

-Vaya, parece que funciona, oigo hasta el reloj del comedor- le explicó contento.

Hermione lo miró dudosa.

-¡Eh!, Neville- susurró George desde la puerta- ¿A qué esperas?.

-¡Ah! No grites- se quejó Neville- ya voy.

El muchacho se volvió hacia la puerta y muy despacio, tragando saliva nervioso, pegó la oreja a la puerta.

Nada ocurrió.

Hermione suspiró aliviada.

-Les oigo perfectamente- dijo Neville poniéndose muy serio- Están hablando de él...

Hermione permaneció unos segundos a su lado, nerviosa, mirando a todos los lados.

-Vamos, Neville, averigua quién es y quítate...

-Shhh, espera- susurró Neville alzando una mano molesto.

Hermione se movió inquieta y apoyó una mano en la puerta, entonces notó algo.

Bajo su tacto sintió una pequeña vibración. Miró la puerta nerviosa.

-¡Neville déjalo ya¿no has sentido eso?.

-¡Calla!- gritó Neville inquieto pegándose más hacia la puerta- Dios mío...- añadió asustado.

Hermione apoyó una mano con fuerza en la puerta y la apartó sobresaltada.

-¡Neville, quítate!- gritó levantándose bruscamente y tratando de asir al muchacho del brazo, pero entonces algo la empujó hacia atrás.

Una especie de descarga intensa empujó a la muchacha e impactó sobre Neville, que cayó hacia atrás y quedó tumbado en el suelo, inconsciente.

-¡Neville, no!- gritó Hermione asustada.

La muchacha se levantó corriendo y se acercó hacia él, a la vez que veía a George acercarse corriendo desde la puerta.

Hermione se hincó de rodillas en el suelo junto a Neville y miró a su amigo, preocupada. Colocó una mano sobre su pecho y vio que respiraba.

Suspiró aliviada.

-¿Está bien?- preguntó George asustado colocándose junto a ella.

-¡Claro que no lo está¡Se ha desmayado!- le espetó enfurecida- ¡Con que eso era indetectable eh!.

-Bueno, no lo sabíamos con seguridad, por lo menos sabemos que tarda un rato en ser detectado- bromeó George vacilante ante la mirada de Hermione.

-Mortí... fago... es un... mortífago...- susurró Neville de repente agitándose un poco.

Hermione y George se miraron al unísono, con los ojos como platos.

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Fin del capítulo