Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.

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EMOCIONES

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Capítulo 6. AMOR.

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Era la tercera o cuarta vez que Nodoka dejaba salir un pesado suspiro. Cada uno de ellos había escapado con tal tristeza y preocupación, que Kasumi había decidido dejar pasar aquella tarde de mutua compañía para otra ocasión, otra vez.

La mujer llevaba un par de buenos minutos sentada junto a la mesa del comedor con la bandeja y los dos recipientes de té que había preparado para una nueva tarde de reflexión con su único hijo, sin embargo, no había tenido corazón para sentarse junto al chico y mantener el temple que la situación ameritaba.

Su hijo estaba destrozado, y Akane no estaba mucho mejor.

Hace un par de días atrás, cuando Nodoka había llegado del mercado, comenzaba a prepararse para dirigirse al Dojo. Ella había podido escuchar estrepitosas indicaciones de que el gimnasio estaba siendo utilizado por lo que no había dudado en dirigirse a ese lugar para encontrarse con su hijo y animarlo para que sus palabras pudieran convertirse en realidad, sin embargo, no había sido a éste a quien había encontrado en su interior, sino a una enfurecida jovencita que refunfuñaba acerca de la escasa cantidad de ladrillos que tenía para practicar, mientras limpiaba su rostro con frustración. Al notar que la mujer ingresaba al lugar, la chica había comenzado a ordenar el gran desastre que había realizado y Nodoka, al observarla se había percatado de que no era sudor lo que la chica intentaba quitar de su rostro, ni molestia lo que gritaba su expresión.

Por supuesto, había ofrecido inmediatamente su ayuda y Akane, agradecida, la aceptó. De alguna manera, ambas necesitaban decirse que no había rencores, o razón alguna para distanciarse, pues el cariño entre ambas seguía intacto, razón por la cual habían podido participar en una amena y tranquila dinámica trivial, en la que habían disfrutado mutuamente de su compañía, pese a mantener el más riguroso, aunque tranquilizador, de los silencios. La una seguía estando ahí para la otra.

En algún punto y en medio de sus quehaceres, la chica habría detenido abruptamente sus acciones para observarla profundamente, logrando que la mujer se detuviera al notarlo.

— Yo también me iría… ¿sabe? — finalmente anunció, bajo la atenta y silenciosa mirada de la mujer que la acompañaba — Si yo fuera Ranma, también me iría — agrega, con dificultad, debido a la desbordante emoción que había estado acompañándola desde aquella tarde.

Mientras la chica intentaba ocultar su evidente vulnerabilidad, Nodoka había comprendido que ambas compartían la misma preocupación. Alejarse de lo que te hace daño, poner límites en tu vida, era una manifestación de amor propio que ambas necesitaban visualizar en el muchacho. Akane era quien más conocía a Ranma y era bastante probable que reconociera desde antes aquella necesidad, sin embargo, que estuviera dispuesta a dejarlo partir para asegurar su prolongado bienestar, lograba hacerla estremecer.

¿Qué tan fuete se debía ser, para dejar ir a quien se amaba, sabiendo que eso era lo mejor para él?, se preguntó mientras la observaba, a pesar de que ella, más que nadie, lo sabía bien.

Por un momento, la mujer dudó ante la posibilidad de explicarle aquello que desconocía para devolverle un poco de tranquilidad, sin embargo, sabía que, si lo hacía, invalidaría el arduo proceso de su hijo y su reciente convicción de luchar por lo que quería en el aspecto emocional, además de romper su promesa, y con ello, su confianza y ello no era siquiera una posibilidad. Ellos debían luchar contra sí mismos para poder entregarse a ese amor adolescente que muy lejos estaba de ser pasajero o superficial. Su intervención en este conflicto, no haría más que impedir aquel crecimiento personal en el que tanto habían estado trabajando y ella era muy consciente de lo nefasto que resultaría revelar lo que solo por sus bocas debían escuchar. O no habría ninguna diferencia, entre ella y todos los demás.

No. Esto les tenía que costar. A ninguno de los dos les gustaban las cosas fáciles por lo que esto debía representar un importante grado de dificultad. Ellos no tenían ni idea de lo afortunados que eran por contar con un amor tan genuino e incondicional en su primera — y probablemente única — experiencia, y era probable que no lo supieran valorar, por lo que sus conocimientos privilegiados, tendrían que saber esperar.

— No querida — tranquila, aclaró — no lo harías — finalizó, mientras pensaba en que debido a la constante preocupación que su hijo manifestaba por esa chica, jamás podría alejarse de su lado, por mucho más tiempo del que con mucho esfuerzo, lo había hecho ya.

Akane la observaba confundida al no comprender sus palabras, pero la mujer se había limitado a sonreírle antes de continuar con su quehacer.

Nodoka temía haber hablado demasiado y la chica temía preguntar.

Una vez lograran adecuar el Dojo, la joven mujer había ido en búsqueda del muchacho y ver la posibilidad de que él le hiciera saber la razón de por qué Akane había pasado del creciente enfado que tan claramente había manifestado durante la mañana, a la más triste de las aceptaciones, pero no había podido dar con su paradero. Por horas lo había esperado hasta percatarse que éste había pasado gran parte de la tarde sobre el tejado y eso, no era tampoco una buena señal. Supo, en ese instante, que algo más había pasado entre ambos, y los había afectado por igual.

— ¿Ranma? — había preguntado, al sentir que el chico entraba por la ventana hasta su habitación ya bastante entrada la noche, despertándola. El chico había hecho una escueta seña como respuesta afirmativa, antes de dirigirse al enorme closet para sacar y tender su pequeño futón — ¿estás bien? — preguntó la mujer, estirándose para encender la luz de una pequeña lámpara que tenía a su alcance y observarlo mejor, notando en aquel instante la expresión abatida del muchacho que parecía concentrarse en su rutinario quehacer. Sus ojos, pese a intentar ocultarlos, estaban enrojecidos y su mirada apagada de acuerdo a lo que había podido distinguir — ¿hijo? — insistió.

— Estoy bien, no te preocupes, solo… necesito dormir — explicó, desprendiéndose de su camisa y pantalón, para introducirse finamente al interior de su futón — buenas noches — se despidió, apresurándose en darle la espalda para impedir, cualquier tipo de interrogación.

— ¿Nos reuniremos? — preguntó el chico al verla acercarse con su característica bandeja con dos recipientes de caliente té al día siguiente, pero su desánimo era tal que había logrado detener anticipadamente a la joven mujer — realmente me gustaría tener un descanso — murmuró, evitando su mirada. Y su madre no había podido más que asentir, sucumbiendo a la honesta solicitud que el demacrado muchacho había realizado. Ella simplemente, no había tenido el valor de contradecir sus deseos al no poder percibir en él otra cosa más que la profunda desolación.

Y las cosas no habían mejorado, desde entonces.

Nodoka sabía que estas cosas debían ocurrir. El crecimiento personal nunca se daba de manera lineal, estaba segura que tarde o temprano se darían algunos pasos hacia atrás antes de ir nuevamente hacia adelante. Ranma tendría que lidiar con todo lo que le significaba afrontar aquello que había sido por tanto tiempo bloqueado y retraído así que situaciones así eran de esperarse. Era normal, lo sabía. Era parte del proceso, se repetía.

¡Pero que doloroso era verlo!

Que un chico tan alegre, risueño y jovial como era Ranma ahora estuviera tan deprimido, desanimado y triste, era algo que lograba desestabilizarla. Él sabía lo que debía hacer, le había dicho que lo haría, pero por alguna razón que desconocía no lograba acercarse a la chica que, a su vez, se alejaba más y más. Y pese a los enormes deseos que tenía de encerrarlos en una habitación y no dejarlos salir hasta que resolvieran finalmente cada uno de sus problemas, había comenzado a pensar que aquel amor, quizá, sea también el que los lograría separar.

Así que ahí estaba ella, sentada junto a la mesa del comedor, observando la inmaculada bandeja con dos recipientes de té que nuevamente había preparado en vano, sin lograr reunir la suficiente fuerza como para ir en la búsqueda del deprimido muchacho y le confirmara que aquello que rondaba en su cabeza fuese una terrible verdad.

— Tal vez… si debamos irnos a Yamaguchi, después de todo… — suspiró, sin saber cuántas veces lo había hecho ya.

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— Maldición — gruñó Ranma, sentado sobre su futón mientras sujetaba fuertemente su cabeza producto de la vivida pesadilla que lo había logrado despertar. En ella, y como siempre, no lograba hacer reaccionar a la chica que yacía en sus brazos luego de alcanzarla durante su inminente caída en aquel bien memorizado acantilado.

Ranma sabía que, entre más cansado estaba, su percepción respecto a lo sucedido en Jusenkyo se distorsionaba más y más, y pese a que se había esforzado por conciliar el sueño para recobrar, aunque sea un poco de la lucidez perdida, no había conseguido descansar más que un par de horas en total, pues ahora, además de sus vividos terrores nocturnos se le sumaba el que cada vez que se acomodaba y cerraba los ojos podía ver en su mente, cada uno de los detalles de lo que había sucedido en el patio de la casa, con Akane, hace solo un par de días atrás, torturándose con el hecho de no haber podido corresponder el acercamiento de la chica producto de las desagradables sensaciones que su mente le forzaba a recordar.

¿Cuántas veces había ido en su búsqueda, para explicarle lo que había ocurrido en realidad?

Quizá, la mitad de las veces que se había convencido a si mismo con que algo similar podía volver a pasar.

Frustrado y odiándose a sí mismo por no lograr conseguir salir de aquel círculo vicioso que no hacía más que castigarlo más y más, retira las manos de su cabeza para observar aquella con la que había establecido aquel último y nefasto contacto con la chica hace solo un par de días atrás. Su reciente pesadilla había provocado que sintiera cada vez más intenso el frío de aquel contacto, transformándolo en una fuerte quemadura que no lograba más que hacerlo recordar la intensidad de su reciente sueño en el que la chica no despertaba más, para luego desintegrarse en el aire, impidiendo que el pudiera observarla, sostenerla o abrazarla para calmar de alguna manera la angustia desatada que la situación le generaba — ella está bien, está bien — se repetía a sí mismo, todavía angustiado — está durmiendo en su habitación — trataba de convencerse, tapándose el rostro con las manos, restregándoselo con fuerza, para terminar de despertar — ella esta… bien — murmuraba, perdiendo cualquier indicio de mínima convicción — ¡rayos! — enunció desesperado, levantándose abruptamente, llevando sus manos a la cintura mientras daba un par de torpes y apresurados pasos que no lo llevaban a ninguna parte en realidad — no, no… ¡vamos Ranma!, ¡tranquilízate! — se hablaba a sí mismo, entre los estrepitosos sonidos que su padre hacía al dormir mientras él mismo intentaba regular su agitada respiración, pero las imágenes volvían a instalarse en su mente sin tregua alguna, por lo que había tenido que sacudir su cabeza con fuerza — demonios — maldijo otra vez casi sin separar sus dientes al murmurar, empuñando sus manos para luego dirigirse hacia la ventana, abrirla y salir de la habitación, finalmente.

— ¿Ranma? — había preguntado una somnolienta Nodoka al escuchar ruidos a su alrededor, pero al revisar con la vista, no había encontrado el origen de este. Por inercia había dirigido sus ojos hacia el lugar que su hijo utilizaba para dormir y había reconocido entre la oscuridad el futón abierto y deshecho, que de seguro había usado. Al sentir la fría brisa recorrer su cuerpo se había percatado de que la ventana de la habitación se encontraba abierta en su máxima expresión, por lo que no duda en acercarse y observar alrededor, divisando una pequeña y veloz sombra dirigirse hasta la habitación de Akane — hijo… — murmuró en medio de los muchos ronquidos del panda, absolutamente llena de preocupación.

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Ranma no quería entrar, realmente no pensaba hacerlo. Sabía lo molesta que la chica estaba con él y lo poco preparado que se encontraba para hacerle frente, por lo que solo se conformaría con verla a través de la ventana a pesar de que la cortina se lo impidiera en realidad. Solo necesitaba saber que ella estuviese al interior. Eso debía bastarle, se repetía, a pesar de que sabía que no lo hacía en absoluto. Él no había conseguido calmar los fuertes latidos de su corazón quien le exigía por todos los medios ingresar y cerciorarse, de una buena vez, que la chica estuviera simplemente respirando.

— No — se repetía, cada vez que por inercia acomodaba su cuerpo y estiraba uno de sus brazos para deslizar el cristal que los separaba — me quedaré aquí — trataba de convencerse, acudiendo a la lógica de saber que nada malo había pasado. No había habido gritos, ni ningún tipo de agitación. Absolutamente nada le indicaba que Akane pudiese estar en peligro, por lo que sabía debía calmarse.

Pero, no podía.

Aquella sensación era demasiado fuerte, demasiado grande e intensa, por lo que finalmente había sucumbido a sus deseos permitiéndose ingresar al lugar.

De cuclillas estaba ahora sobre su escritorio, buscando inmediatamente el bulto sobre la cama de la chica. Tan lentamente como era capaz de moverse pese a sus crecientes ansias y constante preocupación, había bajado del mueble para acercarse y detectar al menos un indicio de su respiración. Con cuidado, pero no menos nervioso, se había inclinado en busca de su rostro, pero éste estaba bien oculto con la manta en un agarre muy poco habitual.

— Rayos — murmuró, para luego estirar una de sus manos y alcanzar a tocar, con su dedo índice ligeramente flectado, la poca piel que tenía la chica descubierta. Poco a poco y dominado por una extraña y desesperante sensación, había llegado sutilmente hasta su pequeña y delicada oreja, permitiéndose bajar con cariño y cuidado por su delicado y suave cuello, deteniéndose en la zona que le permitiría sentir su pulso, pensando en que si tenía un poco de suerte la chica podría llegar a pensar que su pequeño y sutil tacto se tratara de un simple y molesto mosquito revoloteado alrededor.

Aquel rose, sencillo y delicado, había logrado que la chica se encogiera de hombros y acomodara sutilmente su cuerpo sobre la cama, provocando un profundo y aliviado suspiro por parte del chico que agradecía en silencio su pequeña acción — respira… — se dijo, para auto convencerse y calmar un poco su ansiedad — ella está respirando… — repitió.

Tras recuperar el dominio de su cuerpo, y calmar un poco su ansiedad, el chico retrocede un par de pasos para apoyarse en la pared contraria de la cama de aquella habitación y dejarse caer hasta que su trasero finalmente tocara el suelo, entregándose al profundo cansancio que nunca había abandonado su cuerpo, obligándolo a reposar. En aquel lugar y en aquella nefasta posición, había tenido que forzarse a regular su respiración, inhalando y botando grandes bocanadas de aire mientras corroboraba de tanto en tanto que la chica estuviese bien, respirando y reposado sobre su cama.

— ¿Qué voy a hacer? — se repetía en su mente mientras flectaba sus piernas y abrazaba sus rodillas — no puedo seguir así — reflexionaba mientras apoyaba su mentón sobre sus brazos, sin dejar de observarla — Si tan solo… la quisiera un poco menos… — divagaba al recordar que pese a poner todo tipo de resistencia, la chica que ahora reposaba sobre su cama, se había adueñado por completo de cada parte de su vida y de cada célula de su ser.

Y tristemente, sonrió, para luego ocultar su rostro entre sus brazos entrelazados.

¿Cuánto tiempo había luchado con pensamientos como esos?, se preguntó mientras recordaba lo mucho que se había esforzado en alejarla para evitar cualquier tipo de interés que pudiera interferir con su entrenamiento. El chico había tenido por siempre una sola meta en su vida y esta era convertirse en el mejor. Las artes marciales habían sido por siempre su único amor, sin embargo, los sentimientos por esa malhumorada y violenta chica habían sido mucho más fuertes que cualquiera de sus nefastos intentos y ella se había instalado con fuerza en su corazón.

Admitirlo no había sido fácil, varias veces había justificado sus acciones involuntarias y delatoras con cualquier excusa que tuviera al alcance. A pesar de que no lograra convencer a nadie en realidad, ni siquiera a él mismo.

Sin darse cuenta, había comenzado a evidenciar su preocupación, a ejercer su protección y a disfrutar de su constante y celosa compañía. La familiaridad y confianza existente entre los dos había comenzado a ser pan de cada día, extrañándola cuando hacía falta, disfrutándola cuando no. Los celos y reclamos comenzaron a hacerse presente y sin darse cuenta le había entregado a Akane, su más fiel y abnegada lealtad.

Jamás había podido ver a otra chica de la misma manera y a pesar de los constantes reclamos que constantemente le hacía, él sabía que las otras chicas jamás habían tenido oportunidad.

Ya cansado de luchar consigo mismo, Ranma se había entregado a su verdad y desde que se había confesado frente a su madre, aquella idea le resultaba cada vez más fácil de asimilar.

Varias veces se había sentido correspondido, debía confesar: la constante preocupación de Akane, la confianza que depositaba en él, su bienestar, o la cantidad de escenas de celos que la chica sufría, debían al menos significar algo. Akane solía permitirle un acercamiento que no le aceptaba nunca a nadie más, lo que le daba cierta tranquilidad.

Varias veces había pensado que tendrían el tiempo suficiente como para trabajar en aquello que les faltaba para convertirse en una pareja de verdad. Eran jóvenes, demasiado jóvenes como para encasillar su creciente relación en algo más de lo que recién se comenzaba a formar, por lo que se concentraría en entrenar y convertirse en un artista marcial, digno de admirar.

El matrimonio, tan serio y formal, era algo que podía esperar, especialmente porque, además, debía librarse de la maldición que tantos problemas le solían ocasionar.

Pero, luego había estado Jusenkyo, y ya nada había sido igual.

Ranma se había dado cuenta de que lo que había estado a punto de perder ese día, era mucho más importante que todo lo demás, que el tiempo que sentía, tenía de sombra, podía acabarse en solo un pestañar, pero no había sido hasta que, con la ayuda de su madre, había pensado en vivir acorde a sus emociones y entregarse a los sentimientos que le provocaba esa chica que tenía ahora al frente para convertir sus sueños, en realidad.

Antes de eso, solo se había concentrado en entrenar más y más. Ranma había comprendido que ser el mejor tenía un nuevo propósito, ya que, si no fuese por su arduo entrenamiento, él jamás habría podido hacerle frente a un enemigo tan poderoso y tenaz.

Y ni hablar de lo que pudo haber sucedido, en su lugar.

Pensar en ello, recordaba ahora, había sido el comienzo del calvario que ahora lo tenía ahí sentado en medio de la oscuridad.

Si tan solo su mente dejara de jugar con su convicción, pensaba, mientras levantaba la mirada para observar el bulto una vez más, notando que la chica había girado su cuerpo sobre sí misma, por lo que ahora podía ver su rostro con total claridad.

— ¿Qué haces aquí? — Akane había preguntado. Apática. Inexpresiva, con los ojos abiertos, observándolo.

Si Ranma no hubiese estado tan preocupado, o cansado, se habría percatado de que la chica había ocultado su rostro al escucharlo entrar a su habitación. Habría notado su pulso acelerado gracias al sutil contacto, o que sus ojos abiertos no habían dejado de observarlo desde que había acomodado su cuerpo junto a la pared; pero lo estaba, por lo que no se había percatado de nada en realidad.

La voz de la chica lo había sorprendido por completo, logrando que su ya pálido y demacrado rostro, palideciera aún más. Aturdido como aún estaba, no había tardado más de un segundo en ponerse de pie, estirar los brazos frente a sí mismo e intentar mantener la sana distancia.

— Akane, no es lo que crees — hablaba rápidamente, agitando nervioso las manos frente a sí mismo — puedo explicarlo — se excusaba con evidente dificultad, mientras Akane lo observaba seria y muy poco dispuesta a participar en aquella habitual dinámica. Ella ni siquiera había cambiado su posición.

La verdad era que Akane había estado esperando que algo así ocurriese. Ranma siempre, sin excepción, había ido en su búsqueda después de algún conflicto o algún tipo de discusión, fuera culpable o no. Esta era la razón por la que ella había estado esperando que el chico llegara, tarde o temprano, a su habitación. Ilusionada había dejado su ventana y puerta siempre abiertas, pues ambos sabían que además del Dojo ese era el único lugar medianamente seguro para conversar tranquilamente. Ella sabía que habían cosas que aún debían resolverse, Kasumi la había ayudado a detectar aquello, pero la distancia del chico y el poco interés que había demostrado en resolver cualquier cosa, le habían hecho pensar que tal vez no se había equivocado en las suposiciones que había hecho desde un principio. Por lo que, la emoción inicial de saberlo dentro de su habitación, había sido rápidamente reemplazada por la más grande de las apatías, al darse cuenta que el chico no había ido para despertarla y resolver lo que les estaba ocurriendo.

— Me da igual — habló seria y determinante, girando sobre sí para darle la espalda y dejar de ver el rostro de la persona que había conseguido quitarle el sueño — Vete — agregó, severa.

— ¿Qué? — sorprendido había preguntado, detenido sus movimientos bruscamente, preguntándose por la razón que le impedía a la chica darle un par de buenos golpes que sabía, merecía — ¿t-te… sientes bien? — indagaba, acercándose con extrema precaución, pero al percatarse de esto, Akane se incorpora y aún sentada en su cama, lo mira desafiante.

— Dije que te fueras — repitió y Ranma la observó. No era molestia lo que realmente podía percibir en sus ojos. No, era algo mucho más fuerte y profundo que eso. Ella estaba decepcionada. Herida.

Y él, simplemente, no pudo con eso.

— No — había anunciado el chico, bajando el rostro, apenado — no me iré.

— ¿Cómo dices? — incrédula había preguntado casi sin abrir la boca en un murmullo que dejaba entre ver su indignación — pero… ¿Cómo te atreves? — preguntó levantándose de la cama para ponerse de pie frente al chico y poder hacerle frente — claro que te irás — amenazó, arremangándose el pijama en una actitud que el chico agradeció. Él realmente no pudo contener una pequeña y sutil sonrisa al identificar una reacción fuerte, como ella era en esta situación — ¿uh? — emitió desconcertada al notar su repentino cambio de humor, mientras Ranma la observaba complacido — ¿acaso tratas de tomarme el pelo? — insistió la chica — ¿estás loco?

— Quizá, un poco — rio al identificar la acción con la que finalmente había logrado sentirse cómodo, buscando la mirada de la chica de manera conciliadora.

— ¿Qué pretendes? — preguntaba confundida y extrañada, sin bajar la guardia a pesar de notar que el chico estaba ahora inusualmente relajado.

— ¿Acaso escuchaste lo que te acabo de decir? — preguntó, inclinándose hacia adelante, aclarándole con el gesto que él no estaba ahí para pelear, logrando disolver la postura rígida de la chica que aún lo observaba confundida a pesar de haber identificado que Ranma estaba tratando de decirle algo, pero ella no lograba entender el qué, por lo que guarda silencio observándolo y esperar por un poco más de información — no me iré, Akane — repitió.

— ¿D-de qué hablas?

— Me quedaré aquí, en Nerima — anunció.

— N-no veo por qué eso tendría que interesarme — hablaba orgullosa, aunque repentinamente mucho más dispuesta.

— Pues… esperaba que te interesara al menos un poco… — murmuraba el chico estirando la boca en un gesto infantil, para luego acercarse un par de pasos hacia la sorprendida y confundida chica que tenía al frente, notando lo nerviosa que comenzaba a comportarse — o que me preguntaras al menos la razón.

— Tu madre estará muy decepcionada — comentó la chica, haciendo caso omiso a su pequeña provocación, determinando en ese instante que se esforzaría en ser lo menos evidente que pudiera ya que no estaba dispuesta a una nueva decepción. Si el chico saliera, además, con una de sus bromas, estaba segura de que acabaría de romper su dañado corazón.

El chico, en cambio, había girado abruptamente su cuerpo para retroceder algunos pasos y buscar la silla del escritorio que sabía encontraría en ese lugar.

— Mamá ya lo sabe — suspiró al explicar, bajando ligeramente el rostro, frustrado. Aún no podía estar demasiado cerca de ella sin comenzar a perder el control —pero quería que, además, lo supieras tú.

— ¿Por qué? — preguntó examinando cada una de sus posturas y expresiones.

— Necesitaba que supieras que seguiré aquí — habló sincero y Akane supo entonces, que el chico estaba hablando en serio.

— No entiendo Ranma, ¿por qué querrías quedarte? — preguntó sentándose muy cerca, en su cama. El chico mueve un poco la silla con sus pies — sé que nada te mantiene aquí — agregó, notando la distancia impuesta por el chico.

— ¿Eso crees? — pregunta retorico, levantando el rostro para verla — ¿y qué crees que hago aquí?

— No lo sé Ranma. No logro entender por qué vienes a mi habitación de noche a decirme algo así.

— Sí, supongo que tienes razón — reflexionó — quizá, nada de lo que digo tiene mucho sentido para ti ahora — concordó, maldiciendo en su mente lo difícil que esto se le estaba haciendo. Tal vez, pensó, simplemente no era el momento.

— ¿Y bien? — insistió ante el prolongado silencio — ¿vas a decirme por qué actúas así?

— ¿Así?

— No trates de engañarme, algo te pasa, sé que es así — comentó observándolo a pesar de que el chico se esforzaba por evitar el encuentro de sus miradas — hace mucho tiempo que algo te molesta y te fuiste sin decirme la razón…

— Akane… — exclamo, levantando la mirada al fin, para notar entonces que la chica lo observaba penetrante.

— ¿Vas a decirme, o seguirás portándote como un grandísimo idiota? — insistió y el chico suspiró pesadamente mientras buscaba las palabras en su interior, pensando en que ya no debía ser tan difícil armar una simple oración — acaso… ¿te irás con una de ellas?, ¿es eso? — finalmente se atrevió.

— Claro que no, no digas boberías — protestó.

— ¿Entonces? — insistió, buscado su mirada nuevamente — ¿vas a decirme qué es lo que pasa contigo? — se inclinó, para seguir buscando su rostro oculto de manera descarada — ¿por qué no puedes mirarme, Ranma? — indagó al encontrarse con un nuevo rechazo a sus insistentes intentos — ¿Qué es lo que ocultas? — finalmente preguntó — ¿hay algo más, además de querer romper el compromiso?

— ¡Yo no quería romper el compromiso! — protestó, levantándose de la silla para dar un par de vueltas en círculo — deja ya de decir esa estupidez, Akane — la regañó, y la chica se cruza de brazos, comenzando a cansarse de aquella situación.

— Entonces, ¿por qué te portas así? — insistió. El chico solo siguió caminando en círculos para luego dejarse caer nuevamente en la silla, logrando que, con el impulso, esta se moviera un par de centímetros de su lugar.

— N-no es… tan fácil… — finalmente emitió, angustiado, suplicante mientras se preguntaba en la razón de por qué Akane tenía que conocer todas y cada una de sus debilidades, siempre.

Repentinamente, el chico comenzó a recordar algunos episodios tristes y vergonzosos de su vida que habían sido siempre presenciados por la chica. Ella estaba siempre al tanto de sus fallos y errores y eso era algo que nunca le había terminado de molestar.

¿Por qué no podía en cambio demostrarle lo fuerte y perfectamente capaz que él era de protegerla?, suspiró.

¿De verdad tenía que decirle todo lo que le pasaba a él, con verla? ¿Y hacerle ver lo débil que en este momento se sentía?

¿No había alguna otra manera?

— Bien — determinó la chica, molesta, dejándose caer sobre su cama, acomodándose, para luego cubrirse con las cobijas — haz lo que quieras — comenta justo antes de girar su cuerpo, dándole la espalda — buenas noches — se despidió, cerrando los ojos forzadamente por un instante, para luego abrirlos y girar, revisando la habitación.

— Sigo aquí — saludó el muchacho tras observar aquel nefasto intento de objeción, generando un pequeño gruñido en la joven adolescente.

— ¿Por qué? — preguntó molesta y el chico pensó en ello por un instante.

— Pues, porque un simple enojo no hará que te deje de querer — contestó en su mente, mientras observaba ligeramente divertido, el ceño fruncido de la chica que esperaba una respuesta. Y entonces imaginó la posibilidad de que a la chica tampoco le importara que él no fuera, tan fuerte como decía ser.

No, no había otra manera, concluyó.

— Es que yo no… puedo dormir — confesó, alentándose internamente, pensando en que, si alguien podía entenderlo, sería Akane. Tal y como le hubiese dicho su madre.

— ¿Por qué no? — preguntó la chica, cansada de esa absurda situación a pesar de comenzar a darle sentido al rostro demacrado del chico que llevaba hace demasiado tiempo.

— P-porque…, cuando intento hacerlo… t-tengo muchas… pesadillas — admitió, avergonzado.

— ¿Pesadillas? — repitió, ahora absolutamente interesada en aquella información — ¿sobre qué?... No me digas que ese viejo ha seguido molestándote.

— No… — rio, pensando en que ello sería mil veces mejor — … son sobre… Jusenkyo — explicó con dificultad, cambiando su semblante por una actitud que a Akane le había llamado profundamente la atención. Parecía ser que solo esa palabra bastaba para conseguir alterarlo.

— ¿D-de verdad?, ¿es por las pozas? — interrogó, incorporándose — Ranma, estoy segura que habrá alguna otra opción para…

— No es por eso — la interrumpió.

— ¿No? — meditó — ¿entonces?

— ¿R-recuerdas el c-combate… con Saffron? — preguntó, mirándola suplicante y Akane comprendió. Su mirada apagada y el tono de voz empleado le había hecho comprender a qué se refería específicamente, por lo que, afligida, había bajado la mirada y asentido, en silencio — las pesadillas que tengo…, la razón por la que no puedo dormir es porque te veo a ti, allí — admitió escuetamente, pero Akane había levantado la vista, comprendiendo cada una de las sentidas palabras del chico que rehuía de su mirada, nuevamente.

— ¿A mí? — interrogó, sorprendida y extrañada porque el chico dijera algo semejante ¿acaso acababa de confesar que soñaba con ella?, ¿o aquello había sido solo producto de su imaginación?, pero el chico había asentido en silencio y ella comprendió que no era el momento de conjeturas semejantes — ¿q-que es… lo que ves? — preguntó a pesar de tener una clara idea de la respuesta. Ante la pregunta, el chico había parecido caer en una especie de transe en el que no miraba a otro lugar más que a sus propios recuerdos. Asustada, había comenzado a acomodarse para acercarse, pero él había estirado uno de sus brazos para marcar distancia, de manera inmediata — ¿Ranma? — insistió, deteniéndose, temiendo lo peor.

— Que mueres — admitió en voz baja, tan baja, que Akane había tenido que esforzarse para poder escuchar aquella información.

Ella sabía lo que allí había ocurrido, pues había podido escuchar y ver toda aquella situación. Había escuchado cada palabra de aliento que el chico le decía mientras le aseguraba encontrar una solución y ella lo había visto luchar con todas sus fuerzas para ayudarla a resguardar su vida, recuperando su complexión.

Akane había estado asustada, no lo podía negar, ya antes había perdido la movilidad de su cuerpo, pero esa vez había sido mucho peor. Sus ideas y pensamientos parecían cobrar sentido solo cuando el chico la animaba a resistir.

Y lo había hecho. Había logrado vencer los pronósticos y había regresado junto a él. Sus lágrimas la habían despertado y ambos se habían unido en un abrazo que les dejaba claro que ambos estaban bien.

— ¿D-de verdad? — preguntó por inercia mientras aún era presa de los recuerdos que la llevaban al lugar en el que había abierto sus ojos para encontrarse con un abatido chico que incrédulo le había vito regresar a la vida. Tan impactado había quedado, que después le había confesado que hasta su maldición había dejado de ser importante y que solo su bienestar había ocupado sus pensamientos durante esa batalla.

Akane se había sentido tan culpable al ver los pozos destruidos por su causa que no había dudado en aceptar aquella boda en la que se suponía el chico recibiría el agua encantada que necesitaba para acabar finalmente con su maldición. Ella se había sentido querida y extremadamente protegida por ese muchacho que no había hecho más que demostrarle cuán importante era ella para él, por lo que, al recibir tan rotunda e hiriente negativa solo se había concentrado en lidiar con tal ofensa y humillante situación. La verdad era que nunca había pensado en lo que había sucedido en aquella montaña y en cómo lo había vivido su prometido.

— ¿C-cuánto tiempo… estuve sin reaccionar? — preguntó, temerosa.

— N-no sé… demasiado — respondió sin pensar — un par de buenos minutos — confesó después de un instante, ocultando su rostro en medio de la oscuridad.

Akane recordó entonces que el chico había tenido tiempo para vestirla con su camisa, antes de iniciar aquel monólogo tan particular, por lo que era bastante seguro que hubiese tardado bastante en despertar.

— Ranma… ¿tú pensaste que yo… había…? — no pudo terminar. El chico había llevado sus piernas al asiento y había comenzado a abrazarlas con fuerza mientras asentía y desviaba la mirada en una mezcla de intensas sensaciones y sentimientos con los cuales había perdido por completo la comodidad.

— Estabas demasiado fría… y yo… — murmuró con tristeza — pensé que… no despertarías… más.

— Ranma… — suspiró, imaginando el momento que lo había llevado a derramar las lágrimas que finalmente la habían despertado. Al observarlo notó que el chico negaba repetidamente con su cabeza, absorto en los recuerdos que habían comenzado a atormentarlo — Ranma — insistió, logrando que el chico levantara la cabeza y la observara aterrado y con la mirada desenfocada. Akane comprendió, al verle, que estaba reviviendo aquel momento en ese instante, justo frente a ella.

— Ranma, estoy bien, estoy aquí, contigo — hablaba mientras estiraba uno de sus brazos para alcanzar una de las manos del chico, deseando estrechársela y hacerlo sentir mejor, pero el chico se sobre salta con el contacto y en tan solo medio segundo se encontraba ahora al otro extremo de la habitación — ¿Por qué haces eso?, ¿por qué no me dejas tocarte?

— ¡No lo entiendes! — gritó mientras observaba como la chica comenzaba a caminar en su dirección nuevamente — por favor no, Akane — suplicó, logrando que ésta se detuviera sorprendida.

— Lo recuerdo bien — finalmente comentó al observar su postura rígida y rostro expectante, casi como si hubiese visto a un gato aproximarse — vi tu rostro, estabas… preocupado, abatido — continuó, recordando — Cuidaste de mi…, yo no podía moverme, pero, … podía escucharte, sentirte… — explicaba, levemente sonrojada, mientras el chico sostenía su cabeza y flectaba las piernas en una postura corporal cerrada, reviviendo las palabras de la chica en su mente.

— Él me dijo que si cerrabas los ojos… — murmuró a penas.

— Lo que ocurrió allá, ¿es lo que ves en tus pesadillas? — preguntó y el chico asiente débilmente.

— Solo que… usualmente… yo no logro… despertarte — explica con evidente dificultad.

— Comprendo — reflexiona, después de un tiempo — pero, estoy bien — dice, acercándose, provocando un nuevo rechazo de su parte — Ranma, estoy aquí… ¿me ves? — pregunta, inclinándose para estar a su altura, logrando que el chico retirara las manos de su cabeza y la observara extrañado, como si no la reconociera — me salvaste, Ranma, estoy aquí, gracias a ti — explica, sin lograr contener la emoción del momento al recordar que nunca habían hablado de ello, descubriendo que era un tema extremadamente sensible también para ella. Sin embargo, ver la angustia del chico había logrado que el par de lágrimas que había estado conteniendo, rodaran finalmente por su mejilla — estoy… viva — murmura dimensionando también aquellas palabras, concientizando recién en ese instante, lo cerca que había estado de la muerte.

Distraída por sus pensamientos y la intención de limpiarse el rostro, no logra percatarse del momento exacto en el que el chico se pone de pie y estira uno de sus brazos interceptando aquel movimiento para sostener su muñeca y alzarla para poder rodearla en un fuerte y desesperado abrazo.

Akane, como si hubiese estado esperando aquella acción, no había tardado en acomodar sus brazos en la espalda del chico para aferrarse con fuerza de su camiseta, mientras éste se había hundido en su cuello desde el primer instante. Tanto se habían extrañado, y tanto habían necesito del otro, que ambos habían tenido la precaución de minimizar la falta de contacto, lo que les había permitido sentir la aflicción del otro a través del constate estremecimiento que sus cuerpos hacían al dejarse llevar por el llanto silencioso que ambos habían decidido liberar.

— Estoy bien — repetía Akane entre sollozos después de un largo periodo de tiempo, alejándose cariñosamente para buscar la mirada del chico que la abrazaba con fuerza, pero este, negándose a interrumpir el contacto, restriega la nariz en su cuello, apretando solo un poco más — Ranma, estoy bien — repite la chica que buscaba entregarle un poco de tranquilidad al chico que la sostenía celosamente — pero si sigues abrazando así de fuerte, conseguirás romperme una costilla o algo — rio, provocando que el chico se alejara lo suficiente como para lograr observarla, espantado. Akane lo observa y lleva sus manos a su rostro, enmarcándolo, para luego limpiar la humedad de sus mejillas en gestos cariñosos de cuidado, perdiéndose en la brillante mirada que ahora le ofrecía y en la que, además, podía verse reflejada pese a la oscuridad del lugar. Ranma había recibido por completo aquella inusual atención, logrando que, con ese cariñoso gesto, relajara por fin su dura expresión — ¿te sientes mejor? — pregunta preocupada, y el chico asiente antes de desviar momentáneamente la mirada, avergonzado.

— L-lo… siento — murmura, pero la chica niega con la cabeza.

— Yo no — asegura sonriendo, haciéndole saber que aquel abrazo, además de ser aceptado, era todo lo que estaba bien en este mundo. Al escucharla, Ranma se enfoca en su rostro nuevamente, agradecido — me alegra saber qué es lo que pasaba por esa estúpida cabeza tuya — ríe nuevamente, provocando que el chico finalmente cediera y comenzara a relajar también su rígida postura — ¿Hace cuánto que te ocurre esto, Ranma? — pregunta, acomodando su cabeza sobre el pecho del chico.

— Desde que llegamos de China, después de la boda — contesta, volviendo a acercarse para apoyar su mentón sobre el hombro de la chica.

— ¿Por qué has venido a mi habitación? — preguntó, intentando comprender la situación — no es primera vez que vienes ¿no es así? — y el chico negó, ocultando el rostro en el cuello de la chica nuevamente.

— Lo siento — murmura desde su escondite — a veces necesito comprobar que estás bien.

— ¿Por qué no me dejabas acercarme? — Akane preguntó y el chico se acomodó sobre su hombro nuevamente. Ninguno de los dos parecía estar dispuesto a romper su abrazo.

— A veces, cuando me miras, no logro encontrar el brillo en tus ojos y comienzo a recordar cuando tú estabas… ahí — el chico comienza a estremecerse y se esfuerza por cerrar los ojos para intentar borrar la imagen mental que había recibido. Akane lo abraza con fuerza al notar que nuevamente comenzaba a tensarse.

— ¿Qué tan seguido te ocurre? — preguntó.

— Todo el tiempo — comentó por medio de un cansado resoplido — especialmente cuando estás cerca — admitió, y entonces la chica se alejó abruptamente — es por eso que a veces evito…

— ¿Por eso te alejaste, el otro día? — lo interrumpió debido a la urgencia de comprender tan ingrato incidente. El chico se encogió de hombros y apretó los labios antes de asentir, avergonzado — ¿es por eso… que no me dejabas… tocarte?

— Era aún peor, si lo hacías… cuando estabas allá yo pude sentir lo fría que estabas y ahora, cada vez que tu… — se interrumpió, estremeciéndose nuevamente.

— ¿Y ahora? — preguntó, levantando una de sus manos para acariciar su hombro y parte de su brazo.

— A-ahora… e-está bien — admite, avergonzado, provocando una amplia y amena sonrisa en la chica.

— Menos mal — suspiró aliviada, provocando que el chico corrigiera su postura para observarla extrañado — e-es decir… es que yo… pensaba…

— Yo sé bien qué es lo que tú pensabas… — murmuró, acomodándose sobre su hombro nuevamente.

— ¿Por qué no me dijiste…? — preguntó dolida, pero el chico solo guardó silencio — ¿es por eso que te fuiste? — preguntó después de un momento, y el chico asintió finalmente.

— Y-yo… no podía…, pensé que pasaría, pero…, fue mamá la que me ayudó — suspiró — sigue haciéndolo.

— Me alegro Ranma — suspiró — me hubiese gustado poder ayudarte, también.

— Lo haces, justo ahora — el chico le aclaró, y Akane por un momento sonrió.

— Sí, pero… — comentó abatida, bajando la mirada, deshaciendo el abrazo — te irás… ¿no es así? — insistió.

— ¿Cómo dices? — preguntó aturdido al sentirla lejos — ¿es que no escuchaste lo que dije antes?, no me iré — aseguró al comprender sus palabras.

— ¿Por qué no? — preguntó sincera — entiendo que quieras hacerlo, especialmente cuando, por mi culpa…

— ¿Qué no ves? — preguntó irritado, soltando el abrazo que los unía, para observarla mejor.

— ¿Qué es lo que debo ver? — pregunta, desafiante al sentirlo lejos nuevamente. Ranma resopla frustrado y sacude su cabello con fuerza, para luego tomar una gran bocanada de aire, y dejarla salir, buscando su calma.

¡¿Cómo podía preguntarle eso?!, gritaba internamente, fracasando miserablemente en la búsqueda de controlar sus impulsos, mientras observaba que la chica esperaba atenta una respuesta.

— ¿Por qué crees, que estoy aquí, Akane? — pregunta, acercándose con toda la calma que escasamente había logrado reunir — ¿Por qué crees que te he dicho esto? ... ¿acaso crees que le diría algo como esto a cualquier persona? — bufó —, ¿de verdad no lo entiendes? — preguntó, mientras la chica llevaba una de sus manos a la altura de su pecho, acongojada — … no logro concebir el mundo si no estás en él, Akane — admitió, avergonzado, logrando que la chica abriera exageradamente sus ojos, producto de la impresión — yo… no logro pensar en alguien que sea más importante que tú, para mí… — continuó, empuñando sus manos — porque yo… Akane…, yo…, es decir… yo… — intentó sin embargo, su esfuerzo se vio interrumpido por el abrazo que la chica le había dado, nuevamente, dejándolo casi sin aire producto de la fuerte presión.

Tras un breve instante y solo una vez lograra recuperar la movilidad de su cuerpo, el chico responde el abrazo, para luego, nervioso, levantar el rostro de la chica que se había enterrado nuevamente en su pecho, y observarla mejor. Ambos se sonrieron sonrojados al comprender la mutua correspondencia de sus sentimientos a través de esa mirada que lograba trasmitir lo que las palabras jamás lograrían hacer con exactitud, para luego acercar sus rostros, mezclar sus respiraciones y unir sus labios en el más dulce de los besos.

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Los primeros rayos de luz entraron a la habitación por la ventana cuya cortina había quedado abierta desde la noche anterior. Akane abrió lentamente sus ojos para restregarlos con pereza mientras emitía un pequeño quejido en una protesta que indicaba sus profundos deseos de seguir durmiendo y prolongar su descanso.

¿Hasta qué hora se habían quedado platicando?, se preguntó, mientras inclinaba su cabeza para mirar, por inercia, el reloj, y comprender que había dormido tan solo una hora, o dos. La chica vuelve a acomodar su cabeza sobre el motivo por el cual no se había atrevido a cambiar de posición, levantando además una de sus manos para lograr acariciar la negra cabellera que reposaba en su cuello y gran parte de su pecho, para su completa satisfacción.

Y sonrió.

Ranma dormía profundamente, por lo que con mucho cuidado había comenzado a acariciar el rostro tranquilo y sereno del chico que dormía sobre ella, para recorrer sus facciones con extrema delicadeza y devoción. Que feliz se sentía al recordar su interrumpida confesión y lo estimulante que había resultado tocar sus labios con los suyos después de eso.

¿Era así como se sentía el amor? Se preguntaba mientras recorría el rostro del chico y notaba como este respingara la nariz y rascaba perezosamente su rostro antes de acomodarse nuevamente sobre su pecho, restregándose levemente, para luego capturarla en un fuerte abrazo en el que había rodeado su cintura.

Akane enrojeció por el atrevido movimiento, dispuesta a despertarlo de un fuerte coscorrón, sin embargo, sonrió al escuchar un quejido que denotaba su completa y absoluta comodidad y satisfacción. Ella simplemente no había tenido el coraje para despertar al chico que tantas dificultades había estado teniendo para descansar así, como lo estaba haciendo, junto a ella.

— Bobo — murmuró aun recordando lo mal que la había pasado al suponer que el chico estaba intentando alejarse de ella.

"¿De verdad te quedarás?" ella había preguntado, ya bastante avanzada la noche.

"Solo si tú quieres que lo haga", contestó mientras la abrazaba con fuerza y observaba precavido su avergonzada afirmación.

Ambos, sentados sobre la cama habían podido aclarar varios de los puntos que habían quedado al aire durante aquel nefasto y primer intento de conversación. Por supuesto, la rápida conclusión a sus futuros planes había sido lo difícil que resultaría llevar a cabo el plan de Nodoka respecto a lograr un estilo de vida más apacible y favorable para los dos.

Había cosas que debían cambiar, no había duda, y ese era un desafío en el que estaba más que dispuesta a participar, especialmente si ese chico seguía abrazándola de esa manera, concluyó, mientras ampliaba esa sonrisa que no había podido dejar de esbozar.

Ranma se veía tan tranquilo, allí, durmiendo y ella estaba tan a gusto ahí, acariciando su cabello, que sus ojos habían comenzado a cerrarse nuevamente. Y mientras su cuerpo comenzaba nuevamente a relajarse, había pensado en la necesidad de instruirse apropiadamente para ayudar a su prometido en su constante preocupación. De cerca sabía que no estaría dispuesto a medicarse o a afectar sus reflejos o rápidos movimientos por lo que tendría que buscar alguna nueva y mejor alternativa, pensó, mientras bostezaba y poco a poco comenzaba a entregarse a la acogedora sensación de comenzar a quedarse dormida.

Pero entonces, un pequeño y sutil golpeteo en la puerta de su dormitorio la hizo despojarse de cualquier intención de seguir descansando. Con pavor, tanto ella como Ranma habían abierto los ojos abruptamente y en un rápido intercambio de histéricas miradas habían comprendido la alarmante situación, incorporándose al instante.

Tras un par de choques y caídas absurdas, Akane se había dirigido hacia la puerta para evitar que esta fuese abierta y notaran al chico salir por la ventana de su ahora, desordenada habitación.

— ¿S-si? — preguntaba la chica al abrir finalmente y otorgar su mejor actuación de somnolencia mañanera.

— Oh… — Nodoka miraba al interior, mientras meditaba en las palabras a utilizar — quizá sea hora de levantarse, querida — había hablado la mujer, por medio de una sonrisa — Kasumi ya no debe tardar en levantarse — explicaba, guiñándole uno de sus ojos, provocando el automático sonrojo de la chica que asentía avergonzada e incrédula, ante tan confidente comentario. Nodoka gira su cuerpo y regresa a su habitación tras saberse comprendida, provocando que la chica cerrara la puerta nuevamente, procurando hacer el menor ruido posible, para luego apoyarse sobre ella.

— Vaya, eso ha estado cerca — comentaba el chico, asomándose nuevamente por la ventana.

— ¿Ha estado cerca? — repitió retórica, la chica — ¡tu madre sabía que estabas aquí! — protestó.

— ¿Quieres bajar la voz? — la amonestó y la chica llevó sus manos a la boca, asustada, preguntándose recién entonces si alguien más hubiese escuchado alguna de las alzas de voz que ambos habían realizado la noche anterior durante su intensa y desesperada conversación ¿Qué había pasado con ella que no había reparado antes en temas tan importantes como esos?, ¿es que acaso no sabía dónde estaba?, ¿no era consciente acaso de los oídos que habían estado siempre junto a su habitación?

El chico comienza a reír al observar su desesperada expresión.

— ¿De qué demonios te ríes? — preguntaba ahora la chica, en un susurro bastante forzado y cargado de frustración — ¿es que no entiendes?, nuestros padres no tardarán en… reanudar el compromiso… y… — se interrumpe, comprendiendo que gran parte de sus temores, habían perdido sentido, desde la noche anterior.

— Tranquila… — le dice el chico acercándosele para tomarla por los hombros — mamá no dirá una palabra — habló seguro, comprendiendo que la intención de la mujer había sido darles la oportunidad de liberarse de una situación comprometedora como esa — además, esperaba que el compromiso ya hubiese quedado restaurado... — comenta, avergonzado, observándola de reojo, con extrema precaución — ¿no? — y la chica, avergonzada, asintió — bien — confirmó, formando una sincera sonrisa — entonces no hay de qué preocuparse — aseguró — después de todo, lo sabrán tarde o temprano — pensó en voz alta.

— S-supongo que es cierto — concordó la chica, mucho menos familiarizada con la idea que su prometido acababa de enunciar.

Esto… ¿realmente estaba ocurriendo?, se preguntó ¿ambos aceptarían el compromiso y formalizarían finalmente su relación?

— Debo irme — recordó el chico, interrumpiendo sus pensamientos — p-pero… Akane… — la llamó, mientras se dirigía hacia a ventana.

— ¿Si? — contestó aturdida, en medio de su pequeña crisis situacional.

— ¿E-estás segura? — preguntó, dándole la espalda, observándola sobre el hombro, nervioso.

— ¿De qué?

— ¿De… querer… quedarte… junto a mí? — aclaró avergonzado, pero atento a cualquier tipo de respuesta, notando el momento exacto en el que la chica bajaba el rostro avergonzada, mientras emitía una pequeña pero significativa sonrisa, llena de la más genuina convicción.

— Claro que si…, bobo — confesó, provocando que el chico suspirara aliviado, antes de sonreír satisfecho.

— Gracias — emitió sincero, girándose para observarla mejor, y la chica amplió su sonrisa, al encontrarse con su mirada, entregándose a la hermosa emoción que ese chico la hacía sentir en ese preciso instante.

Claro que lo harían, se contestó. Ella y Ranma por fin formalizarían su relación.

— ¡Vete ya! — lo apuró divertida después de observarse mutuamente, desacostumbrada a tan repentina atención. El chico ríe divertido, se acerca avergonzado, y tras un rápido beso en los labios, sale por fin de la habitación.

Tras observarlo, Akane se deja caer sobe su cama y da un gran suspiro que acabó en una estúpida y gran sonrisa, mientras acariciaba sus labios y se dejaba envolver por tan genuina emoción.

— Me ha besado… — murmuró, tratando de convencerse — dos veces… — recordó, alegre — Ranma… — finalmente suspiró.

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Lo primero que el joven muchacho logró divisar en su habitación cuando se había asomado a esta, había sido a su madre que bastante nerviosa, lo esperaba en su interior. Ranma, nervioso y avergonzado había realizado los movimientos necesarios para entrar y ubicarse frente a la mujer que lo esperaba expectante.

— ¿Y bien? — preguntó finalmente observándolo ya casi sin poder ocultar su pequeña desesperación y el chico, avergonzado había asentido sutilmente mirando con recelo, en su dirección. Al comprender, Nodoka ahoga un entusiasmado grito mientras unía sus manos en el pecho para luego llevarlas a su boca y evitar una nueva exclamación en la que habría expresado su contenida felicidad, para luego acercarse a su hijo y abrazarlo absolutamente desbordada — ¡Que emoción! — exclamaba entre mal disimulados murmullos y risas que comenzaban a convertirse en llanto, producto de su sincera felicidad.

"¿Qué ocurre?" decía el letrero de un aturdido panda que comenzaba a gruñir para llamar la atención de su desconsiderada familia que osaba despertarlo tan temprano, mientras restregaba sus ojos adormilados, dominado por su profunda pereza.

— Oh nada querido — se excusa la mujer alejándose de su hijo, para dirigirse al panda que los observaba con curiosidad — aún es muy temprano, creo que puedes dormir un poco más — explicó con tranquilidad, permitiendo que el panda la observara por un breve momento, antes de dejarse caer pesadamente sobre su futón, entregándose a un sueño profundo, nuevamente.

Tanto Ranma como Nodoka, lo observaron un breve momento, para luego volver a concentrarse el uno en el otro.

— ¿Qué fue lo que te dijo?

— Pues… — sonrió, desviando un poco la mirada, lidiando con la vergüenza de tener que explicar cosas semejantes por primera vez.

— Ni me lo digas, si a penas puedes con tu cara de felicidad — bromeo la mujer.

— Mamá…

— Ni siquiera puedes dejar de sonreír… — observó complacida mientras el chico trataba de regular sus gestos — me alegro — sentenció — ya era hora — agregó — ya me tenías profundamente preocupada… — comentó, sin esperar una contestación — solo espero que hayan usado protección.

— ¡Mamá! — protestó avergonzado a más no poder, una vez lograra recordar algunas de las palabras esenciales que usualmente habitaban en su cabeza y recuperaba, poco a poco, su movilidad.

— Porque, aunque me encantaría que me hicieran abuela, recuerdo que dijiste que no querías casarte todavía y estoy segura que Soun no permitiría que…

— No es necesario mamá — la interrumpió — cielos… — suspiró, igual de avergonzado, mientras, solo por hacer algo, comenzaba a sacudir fuertemente su futón.

— Bien, de todas maneras, creo que pasaré por la farmacia — reflexionó — además, hay nuevos tópicos que ahora debemos abordar en nuestras conversaciones. No creo que tu padre te haya explicado nada acerca de cómo debes tratar a una mujer.

— ¿Podemos no hablar de eso, justo ahora? — suplicó sin poder abandonar su sonrojo mientras recordaba que el esfuerzo de su padre se limitaba a repetir frases hechas de un par de revistas en el consultorio del doctor Tofú — además…, solo dormimos… — murmuró.

— Bien… — rio la mujer — pero lo haremos — aclaró, generando un pequeño y avergonzado gruñido de protesta por parte de su hijo que se esmeraba en hacer cualquier cosa que no fuese mirarla directamente, sin embargo, no puede evitar voltear a verla tras varios minutos de ardua observación.

— ¿Q-qué ocurre?

— ¿Le dijiste? — preguntó, preocupada — ¿le explicaste por lo que estás pasando? — insistió y el chico la observó directamente a los ojos antes de asentir, provocando que la mujer dejara salir un gran suspiro de alivio al observarlo — estoy orgullosa de ti, Ranma.

— G- gracias — respondió sincero y solemne — sé que aún queda mucho por hacer…, pero… ya es algo.

— Paso a paso hijo, tente paciencia — lo animó — al menos, ya conseguiste dormir un poco — bromeo, logrando que el chico cambiara el gesto por uno de frustración, al identificarse como el motivo de su diversión — aunque, no sé si pueda garantizar volver a conseguirte condiciones semejantes… — se interrumpió, al escuchar el nuevo gruñido de su hijo para soltar la risa que había estado conteniendo — es decir, vas a tener que jugar tus propias cartas ahora — agregó, divertida.

— Ya…

— Bien — concluyó, generando que el chico se volteara para seguir con sus tareas matutinas — Ranma — lo llamó seriamente — No creo que pueda darles más que solo un par de días para que ambos puedan acordar todo lo necesario antes de conversar con tu padre y Soun. Tienes responsabilidades que cumplir hijo, lo sabes.

— Lo sé, lo sé — sonrió — lo haremos, no te preocupes.

— Sé que lo harán — concordó, guiñándole un ojo — confío en ustedes — aclara, antes de girar sobre sus talones y salir finalmente de la habitación mientras tarareaba una alegre canción.

Al escucharla, el chico no puede evitar volver a girar en su dirección y observar la puerta cerrada que hace tan solo unos segundos atrás había cruzado su madre. Una pequeña pero sincera sonrisa se había formado en sus labios al pensar en lo afortunado que se sentía esa mañana al saberse acompañado y respaldado por esas dos maravillosas mujeres que no habían hecho más que hacerle saber que contaba con su incondicional apoyo.

Y Amor.

Qué extraña era esta emoción, reflexionó el muchacho, mientras recordaba el estado deplorable en el que estaba hace solo un par de horas atrás, comparada a la euforia que sentía en este preciso instante. En tan solo un par de horas lo había llevado del suelo al cielo, haciéndole pensar en lo estúpido que había sido antes al no entregarse a tan divino sentimiento.

Era fácil verlo ahora, él mismo se había estado provocando una excesiva pero innecesaria cantidad de dolor al contemplar tan vívidamente la posibilidad de un latente y cada vez menos justificado rechazo, después de todo, ellos nunca se habían tratado como una pareja normal, pero esa chica no había hecho más que demostrarle y confirmarle su amor incondicional.

Embelesado, había recordado el eterno abrazo que había compartido la noche anterior el que absorto, había escuchado los constantes latidos de su corazón. Ranma sabía que podía observar su bello rostro por siempre o escuchar su risa eternamente, pero haberla tenido tan cerca, compartiendo un momento tan íntimo y cercano le habían hecho comprender que era eso lo que quería vivir diariamente. Esa noche le había regalado varios años de vida y estaba seguro y convencido de que, si lograba compartir junto a su prometida más hermosos momentos como ese, no necesitaría nada más en el mundo.

Cuanto cariño había recibido, cuanto amor le había sido demostrado. Y había sido sencillamente, asombroso.

A penas y si lograba concebir que aquello podría ser lo que viviría de ahora en delante. Porque si así habían sido un par de horas, no podría imaginar lo que juntos podrían llegar a construir en el tiempo.

Que invencible se sentía ahora, que poderoso se había hecho al pensar que, de ahora en adelante, no permitiría que su mente jugaría con él, nunca más.

Sus terribles ensoñaciones, sus terroríficas visiones y nefastas conclusiones tendrían que enfrentarse a un Ranma mucho más fuerte de lo que lo conocieron jamás.

Sería todo un desafío, estaba seguro, pero gracias a la convicción y fortaleza que Akane le había ofrecido, no había vuelta atrás.

Y es que acaso, ¿no lo sabía?

Ranma Saotome, jamás perdía un desafío.

Y él estaba listo, para comenzar a pelear.

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Fin del capítulo 6.

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Notas de Autora:

Después de un par de semanas inmersa en un pequeño bloqueo, puedo presentarme aquí con un nuevo capítulo, que después de infinitas ediciones, he logrado presentar (es que, si no, seguiré modificándolo y este cuento será de nunca acabar).

Espero, sea de su agrado.

Y nada más y nada menos que con el esperado AMOR como protagonista.

Ah… el amor.

A veces tan cercano, a veces tan lejano.

A veces tan ingrato, y otras, tan caritativo.

A veces tan sufrido y otras, tan rebosante de absoluta felicidad.

Y es que, abordando las temáticas que este fic ha desarrollado, no podía presentar al amor solo como esa emoción rosa que no hace más que llenar de corazones y mariposas el ambiente, sino como algo más profundo y real, razón por la cual me enfoque en el deseo del bienestar del otro o en manifestaciones de cuidado y protección. Además, quise hacer pequeñas pinceladas al amor propio al hacerlos sentir merecedores de lo que se les ofrece, sin dejar de lado el amor de madre e hijo a través de las constantes cuidados de Nodoka, tal y como se ha visto a lo largo de toda esta historia, pasando un poquito por la linda relación que tiene también con Akane.

¿Existen más tipos y formas de amar?

Sí, hay muchas. Pero no era posible manifestarlas todas aquí o ahora. Ya ustedes me comprenderán :P

¿Ustedes creen que se pudo ver reflejado el amor, en este capítulo?

Ya ustedes me dirán ;)

Y ya que hablamos de amor, les mando un cariñoso y afectuoso saludo a todas esas lindas personitas que se han tomado la molestia de escribir sus apreciados comentarios. Son mi luz en medio de la oscuridad:

arianne luna

gatopicaro831

vanesa112

Sandy

Akai27

Benani0125

Serendipity

SARITANIMELOVE

A todos ustedes, mis más sinceros agradecimientos por siempre tomarse un tiempo para comentar.

Y los dejo invitados(as) a mi página de Facebook, recientemente inaugurada, para que puedan, si es que les interesa, seguir de cerca mis historias y podamos compartir una que otra cosa de nuestros adorados protagonistas. Los espero.

¡Nos vemos!