5. La voz de la Sirena.

Lo despertó la cálida brisa salina y el suave sonido de las olas rompiendo contra el casco de la nave. Abrió los ojos lentamente y se llevó una mano a la cabeza y a las sienes… La noche anterior se había emocionado de más con el ron, como de costumbre… El sol había salido hacía muy poco, y probablemente la mayoría de la tripulación dormía aún. Se quedó entonces contemplando estúpidamente el techo de su camarote por un momento que le pareció eterno, pensando en todas las cosas que debía hacer aquél día y en lo bueno que era tener a aquella chica por fin abordo… la había buscado tanto…y la había encontrado… Annette… - ¡Annette! - Exclamó, parándose de la cama de repente y dándose un cabezazo con la lámpara que colgaba del techo, cuando se acordó de que la chica estaba sola en su camarote, probablemente muy, muy enojada.

Así que como pudo, se puso sus botas y su camisa, y salió caminando apresuradamente rumbo al camarote de la chica, no sin antes dar un pequeño paseo por la cubierta del barco, echando un rápido vistazo y asegurándose de que todo estuviera como debía estar.

Mientras lo hacía, recordó no sin cierta preocupación la inesperada visita que había recibido la noche anterior, cuando dejó la interesante charla que estaba teniendo con Annette para ir a ver aquello que con tanta insistencia el Sr. Gibbs quería que viera… Cuando había llegado a cubierta después de cerrar por segunda vez la puerta de su camarote, dejando a la chica sola, y de dar unos tranquilos pasos, pues pensó que no podría tratarse de nada extraordinario, vio con sorpresa que todos sus hombres estaban apoyados en la barandilla del barco, al parecer viendo algo lo suficientemente interesante como para no poder dejar de mirarlo allí abajo, en las calmadas aguas. La única que permanecía sin mirar hacia abajo, aparentemente con un genio de los mil demonios, y con el ceño fruncido y los brazos cruzados era Ana María.

Con un poco de temor y curiosidad se había acercado entonces para ver lo que los otros veían, y para desgracia suya, sus peores temores fueron confirmados cuando asomó la cabeza y bajó la vista y la vio allí, sentada tranquilamente sobre una roca que sobresalía del océano, mesándose los largos cabellos púrpuras, por lo visto esperando algo… algo que Jack sabía muy bien de que se trataba.

Capitán Jack Sparrow… Al fin llegas – Exclamó entonces la hermosa sirena, con una voz un poco apagada, casi susurrante – No sabes el gusto que me da verte – Sonrió entonces, y notó para su deleite que todos los hombres del barco la veían como hipnotizados… Jack incluido.

- ¡Nerea, mi encantadora bruja de los mares! – La voz de Jack era clara y firme – Es una lástima que no pueda decir lo mismo sobre ti… - Apoyó los codos en el barandal – Dime, preciosura¿a qué se debe tu honorable visita?

- Sabes muy bien a qué he venido, Sparrow… - la dulce expresión de su rostro se borró entonces, para dar paso a una fría y dura mirada – He venido por lo que es mío… y me parece que el plazo que te di se vence justamente hoy.

Jack se despegó del barandal y dio un paso hacia atrás, al parecer algo perturbado, más sin embargo continuó sonriendo y hablando tranquilamente:

- ¡Vamos, Encanto!... Has esperado tanto tiempo que no creo q te importe esperar unos días más¿no es así? – terminó la frase con una mirada encantadora.

Pero en ese momento el mar pareció desatarse, y el despejado cielo se cubrió de nubes negras y amenazadoras, llevando consigo un viento que arreció por un segundo e hizo que El Perla Negra se agitara violentamente de un lado a otro, haciendo que toda la tripulación (capitán incluido) cayera al suelo a causa de la fuerza del súbito movimiento. Nerea permanecía en su roca, impávida, mirando la escena con su fría y desgarradora mirada de piedra.

- No juegues conmigo, Sparrow – Dijo de pronto, susurrante – Sabes muy bien lo que puedo hacer contigo y con tu amado barco… Y sabes cuál es el destino que te espera si fallas… Sabes que puedo llevarte conmigo en el momento que quiera, solo tendría que desearlo y estaría hecho.

El capitán se levantó como pudo del suelo y miró con algo de odio y temor a la, a pesar de todo, hermosísima mitad-mujer que lo miraba duramente desde abajo… "Si tan solo tuviera un par de piernas en lugar de esa asquerosa cola", pensó para si.

- Pero también sabes, Nerea - comenzó a decir – que si me llevas y me tomas en este momento perderás aquello que tanto anhelas y buscas… tu amada voz, para siempre… y nunca podrás volver a cantar… Eso sería una lástima¿No es así, cariño? – La miró a los ojos, muy confiado… Sabía que ella sabía que todo lo que había dicho era cierto.

Nerea no dijo nada y tan solo se revolvió con furia en su sitio… Odiaba admitir que el capitán tenía razón.

- Sabes muy bien que yo soy el único en todo el océano que puede encontrar lo que buscas… ¿Quién más podría hacerlo? – Sonrió abiertamente, abriendo mucho los ojos – Y yo se en donde está, Cariño… Se en dónde está la llave.

La sirena entonces miró hacía arriba, desconfiada, pero muy interesada.

- Si sabes dónde está, entonces ¿por qué, Capitán Sparrow, no me la has traído?

Los hombres se dieron cuenta en ese momento de que, claramente, la sirena no podía alzar la voz… y de que a duras penas pudo decir la última frase, cuando quiso darle un tono más fuerte y amenazador a sus palabras y se había quedado muda e inmóvil. Aquella hermosa y cautivadora sirena había perdido, por algún motivo, su don más preciado.

- Porque, hacia allá es a donde me dirijo, Nerea – Contestó Sparrow, con voz sosegada – Voy hacia cabo Knob, a abastecerme con provisiones. Luego partiré hacia donde se que está tu preciada llave, la tomaré y te la daré. Y te juro que después de eso, no volveremos a encontrarnos, y que, por desgracia para ti, no volverás a ver mi hermoso rostro nunca más por el resto de tu vida… Si es que tienes una...

- ¿Y la mujer, Sparrow?... Recuerda que junto con la llave debes traerme a la mujer.

- La mujer está con la llave, primor… Y si, te juró que te la traeré junto con tu endemoniada llave – Estaba comenzando a perder su buen genio - ¿Se te ofrece algo más, querida? – dijo sonriendo.

- ¿Cuánto tiempo necesitas?

- Tres semanas.

- Una.

- Que sean dos.

- Una… te doy una semana capitán… Si en una semana no veo lo que me has prometido, por lo menos se que podré llevarme un buen premio de consolación al fondo del océano – Sonrió deslumbradoramente y su mirada se dulcificó de pronto – como ves, no soy yo la que lleva las de perder… Y creo que podrías llegar a ser un magnífico esposo, Jack Sparrow.

Jack se estremeció de pies a cabeza al oír aquello y pensó en la terrible posibilidad de convertirse en el esposo y el esclavo de aquella bruja, por siempre atrapado en las profundidades, sin posibilidad ni esperanza de escape… "¡Que horror!"

- Me temo que no tendrás ese placer, encantadora Nerea… Tendré a tu llave y a tu chica en una semana – Se quitó el sombrero y se inclinó, despidiéndose – Ahora, te invitaría a un buen vaso de ron, pero me temo que no podrías venir hasta aquí arriba para recibirlo – Toda la tripulación soltó entonces la risa, más relajados¿Qué podía hacerles una simple sirena sin su voz?

Nerea los miró, impasible, con los ojos centelleantes pero aún así con una audaz sonrisa surcando su rostro.

- Tal vez no pueda ir allí arriba, capitán… pero no olvides que podría hacerte descender hasta los más negros abismos si esa fuera mi voluntad…

El viento y las olas volvieron a agitarse violentamente y toda la tripulación se aferró temerosa al barandal del barco, asombrados… tal vez, después de todo, no era una simple sirena.

- No lo olvides, Sparrow – Y diciendo esto se hundió en el océano y desapareció por entre las negras aguas, para alivio general de todos.

El mar entonces cesó de agitarse y las negras nubes que cubrían el cielo se alejaron como por arte de magia, dejando al descubierto la brillante y redonda luna, que brilló sobre el Perla Negra y sobre su asombrada tripulación.

Todos en el barco comenzaron entonces a murmurar entre ellos y a hacer suposiciones acerca de lo que creían que acababa de pasar… y a cerca del extraño comportamiento del capitán… ¿No era esa chica que había mencionado Nerea la misma chica que habían secuestrado hacía unas horas y que estaba ahora mismo en el camarote principal¿Por qué entonces, no se la había entregado a Nerea si eso era lo que ella quería y por lo que habían surcado el Caribe de punta a punta?... Nadie entendía nada de lo que pasaba… pero a decir verdad, ese era el estado normal de los tripulantes del Perla Negra… Nunca nadie entendía nada de nada… así que no se preocuparon demasiado pues ya sabían que era imposible tratar de comprender las retorcidas razones y motivos del Capitán Jack Sparrow…

- ¡Capitán! – La fuerte voz de Ana María resonó por toda la cubierta, por lo que todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y volcaron su atención en ella, quien miraba fijamente al capitán… Era la única persona en toda la tripulación que podía comportarse de esa forma frente a él.

Jack, que hasta el momento no había podido apartar sus ojos del agua pues se había quedado algo pasmado y abstraído pensando, se giró entonces para encarar a la explosiva mujer que tenía al frente.

- ¿Si, Ana querida? – Le sonrió inocentemente.

- ¿Se puede saber qué diablos estás tramando? – cruzó sus brazos, arrugando el ceño, esperando una respuesta por parte de su capitán.

- ¿Yo?... ¿Tramando algo?... – Miró hacía un lado y hacia el otro, poniendo una cara de absoluta ingenuidad - ¿Por qué crees que habría de hacer algo así?... Dime¿Cuántas veces he tramado yo algo sin antes avisarte?... No me respondas – Se alejó de ella, caminando altivamente por la cubierta, rumbo a su camarote, como si nada hubiera ocurrido.

Pero Ana María fue más rápida que él y le cerró el paso antes de que pudiera abrir la puerta.

- No me moveré de aquí hasta que me des una respuesta – Y se plantó firmemente en su sitio, esperando. La tripulación continuaba en un silencio expectante que a Jack se le hizo la mar de incómodo.

- Escucha, querida… no le entregué a la sirena lo que buscaba porque resulta que tengo un plan muchísimo mejor para ello – Miró de reojo a todos los hombres que los rodeaban y a la ceñuda Ana María que continuaba plantada al frente suyo – Díganme¿Cuántas veces ha fallado alguno de mis brillantes planes? – Dijo alzando la voz y mirando esta vez abiertamente a todos, quienes se quedaron totalmente callados en respuesta a la pregunta – Bien, no me respondan eso tampoco – Y bajó los brazos, diríase resignado pero sin perder su compostura y su porte arrogante (vamos, intenten imaginar a un Jack resignado xD)

- ¡Pero es una bruja! – Exclamó Ana María de pronto – ¡Se dará cuenta de lo que sea que pienses hacer y nos mandará a todos al fondo del océano!

- No querida, pues verás, Nerea es poderosa, si, pero sus poderes se limitan a controlar la voluntad de las aguas y los vientos… No la voluntad ni la mente de ningún hombre… a menos que posea su voz, claro – Miró en los ojos negros de la mujer y continuó – Y no creo que por el momento ella se atreva a hacernos nada, no se arriesgaría a perder su don más preciado para siempre… Créanme, se porqué se los digo – dijo alzando la voz para que todos pudieran oírlo.

Ana María se quedó entonces callada, dudando entre si creerle o no creerle al peculiar hombre que tenía al frente… Después de todo, Jack nunca les había fallado, aunque había estado a punto varias veces…

- Este plan tuyo… ¿tendrá algún beneficio para nosotros? – Preguntó ella, desconfiada.

- ¡Pero, claro! – Exclamó Jack, alzando la voz, abriendo los ojos y moviendo sus manos exageradamente - ¿Qué no saben que las sirenas poseen montañas de tesoros invaluables y maravillosos? – Calló un momento para ver como sus palabras surtían efecto en las codiciosas mentes de sus hombres y de "su mujer", podría decirse, y sonrió – Y todo será nuestro, caballeros y Dama… Si confían en mi – Concluyó, convincentemente.

- ¡Siiiii!..! – Exclamaron todos al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo - ¡vayamos a divertirnos pescando sirenas!..!.! – Y todos alzaron sus manos, coreando palabras de alegría y de excitación por aquí y por allá.

- ¡Muy bien, señores, así me gusta!..! – Dijo Jack, complacido – Ahora¡Que corra el ron!..!.!

Nuevos vítores y exclamaciones de alegría se dejaron oír mucho más fuertes que antes, mientras varios hombres aparecieron rápidamente con sendos barriles y botellas de ron.

- ¿De qué se trata todo esto, Jack? – Le preguntó Gibbs en voz baja - ¿Cuál es ese brillante plan?

- Lo sabrás a su debido tiempo, Gibbs – respondió él, enigmático… - sólo te puedo decir que esta chica me será de gran utilidad… y que no estoy dispuesto a entregársela a Nerea… al menos no todavía – Y bebió un largo sorbo de su botella.

- Bien, Jack… confío en ti… Espero que sepas lo que haces.

- Lo se… Por cierto… – Se detuvo súbitamente a mitad de un trago y miró a Gibbs seriamente –…La chica aún está en mi camarote… llévala al suyo propio, a menos de que la convenzas de que se quede en el mió (miradita significativa xD), y desátale las manos… y si puedes lograrlo, haz que se cambie de ropa por algo más cómodo¿me has entendido? – Lo miró, interrogante.

- Si, capitán

- Bien.

Y luego de que todos comenzaran a beber, a cantar y a parlotear animadamente, el asunto de Nerea quedó olvidado y ahogado durante el resto de la noche por el abundante líquido marrón que corrió a montones hasta bien entrada la madrugada.

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Bien esto es todo por hoy... espero que si hay alguien que me lee, ojalá le guste, ya que yo escribo con todo el cariño y el esfuerzo para traer a la vida algo lo más bien hecho posible ;)

Saludos!