Las doce audiencias: Tercer templo
Segunda parte: Kanon
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La cruel realidad
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Kanon se mantuvo en silencio por un momento recapitulando, no solo su primer combate contra Ikki, sino todo el desarrollo de la guerra en sí. Uno a uno los generales marinos iban cayendo y los siete pilares también. Una a una se venían abajo las esperanzas del Dragón Marino siendo presa de una rabia y frustración inmensas conforme pasaban los minutos de un enfrentamiento a otro.
—Nada hay más frustrante y que me haya puesto irascible durante la batalla que el ver mi causa perdida, Atena —decía Kanon tomando asiento delante de Saori quien le devolvió una mirada comprensiva—. Trece años había invertido en aquella empresa, trece años de mi tiempo y esfuerzo. Los sacrificios personales y financieros que me ataron e impidieron que dedicara mi vida a otra cosa.
—Kanon…
—¿Y todo para qué? —se dijo el gemelo enfadado lanzando un suspiro cargado de frustración— No quería reconocer que la guerra estaba perdida ya que, de solo pensar, en lo que no recuperaría me llenaba de coraje y de un odio enorme contra todo lo que me rodeaba.
El gemelo guardó silencio por unos momentos mientras Saori meditaba sus palabras: era verdad, cuánto tiempo había invertido inútilmente en esa venganza, trece años que nadie le devolvería; en cuanto a sus ahorros invertidos, eso era otra cosa ya que Saori tenía una compensación tanto para él como para Saga esperando que esa fuera la cantidad equivalente a lo que Kanon habría ahorrado todos esos años.
—La parte financiera Kanon…
—No quisiera pensar en eso, honestamente —respondió de pronto haciendo un ademán con ambas manos en señal de que era un asunto difícil—. No tengo idea en cuanto tiempo me tomará reponer todo lo que invertí y perdí en esa empresa fallida.
—Antes de que cerremos esta reunión —comenzó a decir la diosa calmadamente esperando un poco antes de lanzar su propuesta financiera—, me gustaría escuchar el cierre de la guerra santa narrado por ti.
—¿La batalla contra Ikki y el despertar de Poseidón? —inquirió Kanon irónico.
—Además de eso quisiera saber que hiciste antes de trasladarte al Santuario, pasaron unos días y, si mal no recuerdo, te pedí que volvieras en seguida.
—Lo sé, lo tuve en mente y te pido perdón por haber tardado. Durante esos días, ayudé a una persona que fue arrastrada a la guerra injustamente.
—¿A la joven sirena? —preguntó la diosa compasiva.
—Así es. No podía dejarla a su suerte sin familia ni nadie a quien recurrir —Kanon aparto su mirada con pena antes de continuar— ya que, fue por mi causa, que ella apareció en el templo salida de quien sabe donde. Por lo menos intentaría ayudarla en algo antes de trasladarme a Atenas.
—De acuerdo.
—Bien pues, cuando fue mi turno para combatir. Ikki de Fénix se presentó a los pies del pilar que resguardaba dejándome sin habla al notar la semejanza entre mi cosmo energía y la de mi hermano. Tenía claramente identificado el cosmos de Saga.
—Se debe a que lo combatió directamente en la batalla de las doce casas —aclaró la joven.
—Algo así supuse en el momento.
Dragon Marino intentó mostrarse indiferente cuando Ikki lo confundió con Saga, aclarando que debía estar muerto para esos momentos, teniendo Kanon que confirmar que no se trataba de Saga revelando así su identidad a los cuatro vientos, cosa que no había sucedido pues, ninguno de los generales marinos sabía quién era el comandante realmente. La única que conocía una pequeña parte de su historia era la sirena sin que esta divulgara sus secretos en ningún momento.
—¡Soy Kanon de géminis! —anunció triunfante atacando al fénix con su técnica "explosion de galaxias" seguida de su "triángulo dorado" haciendo desaparecer al fénix pocos segundos después.
Dragón Marino iba escaleras abajo cuando se topó con el joven flautista, Sorrento de Sirenia, desconociendo cuánto tiempo llevaba sentado en las cercanías del pilar exactamente y qué tanto había escuchado de su breve conversación con Ikki. No obstante, la incipiente charla con el adolescente le dejó en claro que logró escuchar datos significativos. Al menos, el más importante de todos ellos: su persona auténtica y su relación con el enemigo.
—¿Qué haces aquí Sorrento? Deberías estar cuidando tu pilar
—Dragón Marino, me alegra verte ya que quisiera hacer un par de observaciones, si es posible —inquirió el jovencito observándolo fijamente recibiendo una rápida afirmación por parte de su jefe—. Nos hemos reunido aquí para servir a la causa del Emperador quien desea purificar la tierra de personas malvadas e indignas. Desde que llegamos, has comandado esta batalla siempre mostrándote implacable e inaccesible y muy seguro del rumbo de qué debemos tomar y como —decía pensativo y pausadamente—, pero tengo una inquietud.
—¿Cuál es? —respondió Kanon fastidiado por la desconfianza del mocoso impertinente que solía dedicar más tiempo a su flauta que a entrenar.
—¿Quién eres tú realmente dragón marino? —Sorrento lo observó con sus ojos claros y vivaces— ¿realmente estás haciendo todo esto por la causa del Emperador o hay alguna razón que se escapa de nuestro conocimiento?
—¿De qué demonios estás hablando? —Kanon trataba de mantener la compostura, pero, lo cierto, era que Sorrento fue capaz de escuchar lo suficiente de su charla con Ikki y ahora debía hacerlo pagar por su osadía— Escucha…
Sin embargo, la cosmos y voz de Atena se dejó escuchar por los cielos de Atlantis en forma de una bella melodía que inundó el campo de batalla dejando a ambos generales marinos impresionados y sin habla por varios minutos dedicando su entera atención a la melodía de la diosa cautiva.
—Atena está cantando… —decía Sorrento sorprendido mientras Kanon observaba malhumorado la molesta intervención de la joven que estaba dentro del soporte principal.
—Aún no hemos ganado la batalla completamente —indicó Kanon de golpe—, quedan un par de caballeros de bronce en pie. Vuelve a tu pilar en caso de que alguno aparezca y Sorrento… hablaremos más tarde, ¿de acuerdo? —el jovencito trago duro antes de retirarse de ahí mientras Kanon volvía a su pilar.
Kanon estaba harto de la devoción enfermiza de Sorrento, prácticamente, el último marino en pie. El que nunca pensó que podría sobrevivir a la batalla estaba ahí abogando enteramente por la causa del dios dormido y entrometiendose en lo que no le importaba. Dragon Marino sabía que Julían sentía una marcada preferencia por su contemporáneo y, por lo mismo, solía escuchar sus consejos y opiniones con más atención que los ofrecidos por él. Kanon sentía que, de esa forma, Julían se le iba de las manos.
Este narró a la diosa que, por un lado, se sentía seguro de que podría salvar algo de la batalla a pesar de que el alma de Poseidón estaba por despertar y su cosmos lograba sentirse débilmente en los terrenos de Atlantis. Solo deseando que no despertara completamente o sería incontrolable y no podrían con él.
—En esos momentos sentí que Ikki volvería de la "otra" dimensión y debía enfrentarlo mientras que Sorrento hacía lo propio con Andrómeda. Shaina estaba en el salón del trono, según me comunicó Thetis internamente, lo cual me preocupaba de muchas formas ya que, gran parte de la batalla consistía en ganarla por nuestros medios sin la intervención del dios.
—Recuerdo que estuvo dormido casi hasta el final de la misma —decía Saori pensativa.
—Lo estaba, pero la conmoción terminó por despertarlo para mi mala fortuna.
Ikki fénix volvió de la otra dimensión listo para hacer frente a Kanon y, lo más importante, para sacar la verdad de su cabeza fuera como fuera.
—Esa fue la primera vez que combatía contra un caballero de bronce —decía Kanon a Saori— y fue una cosa interesante, ya que nunca había visto en acción una técnica similar al Satan Imperial. El puño fantasma del fénix se le igualaba pues, sin siquiera sentirlo, Ikki extrajo la verdad de mi cabeza. Toda la historia le fue revelada sin darme cuenta siquiera.
—¿Qué fue exactamente lo que vio, Kanon?
—Los momentos previos a mi encuentro fatal con Saga, trece años atrás, luego dio un brinco hasta mis días en la cárcel en Cabo Sounion y, posteriormente, mi primer encuentro con el Emperador y como este me pedía despertarlo cuando fuera el momento oportuno.
—Ikki… —susurró la joven.
—Con eso fue que el fénix obtuvo la clave de la victoria.
Los recuerdos de Kanon se fueron al momento en que encaró a Ikki en aquella breve batalla rememorando el evento con cierta nostalgia y admiración hacia el incansable y devoto fenix quien, además, combatió con él en el Inframundo haciendo frente a los tres jueces.
—La cosmo energía que ha llenado este lugar es, como supongo, la tuya —indicó Kanon al recién llegado que afirmaba ser el fénix quien se posó confiado delante de dragón marino.
—¡Asi es, yo soy Ikki el ave fénix!
—No esperé que volvieras de la otra dimensión a la que te lanzó el triángulo dorado.
—Tu hermano usó una técnica similar que me envió a otra dimensión en nuestro encuentro. Se llamaba la "explosion de galaxias" y, comparándola con él, tu triángulo dorado es inferior, Kanon —sentenció Ikki para molestia de Kanon quien lo observaba furioso—. ¡Eres menos poderoso que tu hermano gemelo!
—¿Cómo te atreves a compararme con él y, peor, a decir que soy menos poderoso?
Si había algo que podía hacer hervir la sangre de Kanon eran las comparaciones con su hermano. Toda su infancia y, parte de su adolescencia, la vivió bajo la sombra de Saga y su inquebrantable máscara de perfección: sus amigos, su maestra, Shion, Aioros, todos lo creían un santo pese a que Kanon sabía del yelmo de Ares el cual tocó y las graves consecuencias que lo llevaron a enloquecer a puertas cerradas. Evento que también cerró los ojos de todos negándose a ver al Saga real y al que comparaban tan férreamente con Kanon. El menor de los gemelos era la oveja descarriada, el que jamás sería digno de portar una armadura dorada y menos ser el custodio del tercer recinto.
Kanon lanzó al fénix una mirada cargada de odio por sus palabras.
—¡Basta de fanfarronear! Acabaré contigo ave fénix —una vez más Dragon Marino lanzó su ataque haciendo lo posible por enviar a Ikki a otra dimensión, no obstante este se adelantó lanzando su potente puño fantasma.
—Te escuché decir que no debíamos despertar a Poseidón —inquirió Ikki observando a Kanon seriamente— Quiero saber si eso es verdad —continuó sin quitar sus ojos del hombre frente a él—. Dime cuál es el secreto detrás de su encarnación ya que le entregué tu conciencia al dios. ¡Dilo todo, Kanon!
Controlado por la técnica inmisericorde del fénix es que este reveló aquellos eventos que Saori ya conocía. Cómo el cosmos del dios llamó a Kanon hasta Atlantis, como fue que el gemelo se topó con el tridente y cómo despertó al dios y así sucesivamente. Y, lo más importante, que no debía despertar al Dios hasta que Julián, su futuro portador, llegara a la edad adecuada. No debían despertarlo hasta entonces, evento del que Kanon sacó provecho a partir de su llegada al templo del mar.
—¡Ahora sé toda la verdad, Kanon! —indicó Ikki con voz áspera observando al general marino con sus ojos perforantes— ¡Usaste al dios para beneficiarte! Pero no podrás conseguirlo, así cómo Saga fracasó en someter al Santuario y Atena. Tu destino será el mismo, es el destino de toda tu estirpe.
—¡Silencio! —Kanon se puso de pie furioso lanzando golpes al fénix— Debo confesar que no esperaba que llegaran hasta aquí pese a haber ganado la batalla en Asgard. ¡Pelearon muy bien, debo decirlo!
—No debiste menospreciarnos —respondió Ikki con calma sin perturbarse ni un momento siquiera delante del marino alterado.
—¡Debiste matarme cuando tuviste la oportunidad y no solo meterte en mi cabeza! —replicó Kanon burlón— ¡Rapaces descarados, como pueden creer que podrán destruir mi tan trabajada ambición! Acabaré contigo con todo mi poder, prepárate.
Al mismo tiempo, Seiya y los demás caballeros de bronce le hacían frente a Julian Solo quien cada vez se iba perdiendo más y más en la voluntad del dios Poseidón ya que este comenzaba a despertar poco a poco tomando control de su huésped sin que este estuviera del todo consciente de ello. Si los minutos corrían sin que nadie interviniera, el alma y conciencia de Julián desaparecerían para siempre.
—Poseidón despertó finalmente —concluyó Kanon lanzando un largo suspiro tras sentir por unos instantes como el cosmos desaparecía y volvía a reactivarse con más y más potencia.
—Todo ha terminado Kanon de geminis —Sorrento apareció de pronto acompañado por un pequeño que llevaba una caja de armadura dorada.
—¿Qué haces Sorrento? —cuestionó Kanon molesto al ver al lacayo lamebotas del lado del enemigo— ¡Estos hombres quieren acabar con los planes del dios!
—Todo ha terminado —repitió el chico de los cabellos lilas con calma—. Kiki, dame los brazos de libra.
—¡Sorrento!
—Tenemos que impedir que tu ambición equivocada acabe con la vida en la tierra. ¡Siempre fuiste un mentiroso y traicionero!
Así los brazos de libra le fueron entregados a Ikki quien, sin perder tiempo, los usó para destruir el último pilar en pie. El pilar del Atlántico Norte había caído delante de la mirada horrorizada de Kanon mientras los demás se dirigían al templo de Poseidón para unirse a la batalla. Ya que, finalmente, el horrible cosmos del dios se dejó sentir por fin en los terrenos del reino marino.
—Con Poseidón despierto y totalmente rehabilitado, perdí la guerra —dijo finalmente el gemelo lanzando un suspiro de derrota observando a Saori con vergüenza—. De nada valía lamentarme pues, los caballeros de bronce lo hicieron excepcionalmente bien, solo fue cosa de encontrar la vasija donde estuvo encerrada el alma del dios. Devolverlo a ella y eso fue todo. Al final, solo quedamos en el templo Sorrento, la sirena y yo.
Sorrento observó satisfecho dirigiéndose al área del soporte principal donde el cuerpo del empresario Julían Solo estaba recostado e inconsciente, lo mismo Thetis la sirena quien se aproximó al cuerpo del joven mientras Kanon los observaba desde lejos conteniendo su rabia hasta que observó que Sorrento y la chica llegaban a algún tipo de acuerdo.
En ese instante, Sorrento dedicó una última mirada a Kanon sacándose la armadura scale, también el scale del dios dejó el cuerpo de Julían volviendo al interior del salón del trono. El gemelo observó como Thetis y Sorrento se llevaban a Julían de regreso a la superficie sin perder tiempo. Apenas salieron de la vista de Kanon este sacó la rabia e impotencia a los cuatro vientos seguidas de unas lágrimas furiosas.
—No pude contenerme, Atena y apenas los tres estuvieron lo suficientemente lejos, mi voz se dejó oír por todo Atlantis. Saqué toda mi frustración y el coraje que sentía por haber perdido la batalla —Kanon no dijo más permaneciendo en silencio por unos instantes mientras la diosa lo observaba con pena dejándole unos momentos en silencio—. Después de unos minutos, me quedé en medio de la tranquilidad y silencio del derruido templo de Poseidón observando a la nada.
Kanon estuvo sentado a las escaleras del templo por varios minutos dedicando su atención al soporte principal analizando la destrucción de la estructura de piedra notando un leve resplandor en los cielos del reino. Se vieron cinco estrellas fugaces en dirección a los cielos mientras sus scales regresaban a la sala del trono.
—Las almas de los generales marinos vuelven a su sitio de origen —se dijo pensativo—. Todo volverá a su cauce, como si nada hubiera ocurrido.
—Kanon… —la voz de la diosa retumbó en la cabeza del gemelo quien dio un respingo antes de entender que solo hablaba a él— Kanon… debes regresar al Santuario cuanto antes, tenemos que hablar —indicó seria.
—Si Atena… —respondió usando el cosmos— Volveré enseguida.
Y ahora venia el castigo divino, pensó, aún más frustrado. Un par de minutos después, el joven se puso de pie lanzando un largo suspiro de cansancio sintiéndose verdaderamente agotado y sin deseos de pensar en nada. Volvería a su pilar dispuesto a buscar alguna pertenencia que estuviera entre los escombros y apenas encontrara algo, dejaría Atlantis para siempre. No bien se había puesto de pie cuando un destello se dejo ver en el cielo, el destello despedía una estela rosada en forma de cometa volviendo al templo del mar.
—La sirena… —se dijo extrañado ya que la chica había salido de sus pensamientos por completo permaneciendo donde estaba a la espera de que ella apareciera o que lo inesperado sucediera.
Kanon distinguió la silueta de la joven rubia aproximándose a él quedando sin habla por unos instantes sin embargo, recordó que ella no tenía a donde ir así que, era de esperarse que volviera, se dijo analizando su repentino regreso a Atlantis.
—Pensé que te quedarías en la superficie —le dijo observándola.
No obstante Thetis permaneció en silencio observando al hombre frente a ella gravemente. Kanon conocía esos ojos de reproche, los había visto un par de veces y entendía muy bien qué significaba esa mirada. Thetis lo miraba con enojo meditando cuidadosamente sus palabras, o bien, esperando el mejor momento para dejar caer una bomba entre ambos.
—¿Qué sucede? —preguntó el joven extrañado porque la chica no cambiara su expresión.
—Dime si es verdad lo que me ha dicho Sorrento de ti —demandó molesta—. ¡Dice que la guerra no fue la voluntad del dios que te encomendó hace trece años! —exigió saber con sus ojos perforantes dedicando a Kanon una mirada cargada de decepción— Me ha confiado que la guerra fue capricho tuyo y nos engatusaste a todos para participar en tus planes, ¡dime si es verdad!
Thetis dejo salir unas lágrimas furiosas mientras intentaba mantener su postura rígida conteniendo su ira llevando ambos puños cerrados a la altura de su pecho; Kanon la observaba estupefacto y, francamente, muy avergonzado ya que, de todos los reproches que podría haber esperado ese día de derrota, el de ella era el que le dolía.
—¡Dimelo Kanon! —exigió nuevamente en medio de lágrimas furiosas y amargas.
—Si… —reconoció el gemelo apartando sus ojos de ella pues no podía con la mirada de odio de la jovencita.
Kanon se mantuvo en silencio unos segundos hasta que algo lo sacó violentamente de sus reflexiones, el sentir una palma furiosa estapándose en su mejilla izquierda lo devolvió abruptamente a la realidad. No era la primera vez que lo abofeteaban, no obstante era la primera vez que una bofetada le dolía más allá del impacto en su piel.
—¡Cómo pudiste Kanon! —la chica lo miraba con el rostro encendido sin contener las lágrimas— ¡Abusaste de nosotros, de nuestras vidas y del dios! —Thetis respiro hondo antes de continuar— ¡No solo me trajiste aquí para que perdiera mis recuerdos y mi vida también me mentiste estos dos años!
—Thetis… escucha —trato de hablar inútilmente pues la chica estaba enfadada más allá de todo entendimiento.
—¿Que debo escuchar Kanon? ¡Más mentiras tuyas! —antes de decir algo más, la joven respiró furiosa mientras sus ojos centelleaban— ¡Aléjate de mí, no quiero volver a verte! ¡Nunca!
Dicho eso, la sirena se sacó la escama alejándose con pasos veloces mientras Kanon la observaba consternado, y verdaderamente triste, ya que jamás se anticipó a esas reacciones y aún faltaba que le revelara otra verdad dolorosa pero importante. El gemelo, mucho más calmado para ese momento, fue tras ella con pasos lentos en cuanto su scale volvió al salón del trono. Tenía que hablarle apenas dejará de estar tan molesta aunque, a esas alturas, jamás lo perdonaría. Eso era un hecho.
Kanon la encontró llorando amargamente a los pies del soporte principal, tomó asiento en los primeros escalones a pocos pasos de ella esperando a que terminara de llorar. La esperaría demorara lo que demorara sin importar su reacción. Corrieron los minutos lentos mientras Kanon observaba a la nada tratando de no pensar en su propia miseria, intentaba evocar alguna memoria alegre con tal de no hacer un recuento de daños inconscientemente.
Habrá esperado más de veinte o treinta minutos más o menos.
—Quiero saber por qué —inquirió la rubia aproximándose nuevamente aun consternada.
—No tengo una respuesta para dar —respondió Kanon con suavidad— ¿Fue mi ambición personal? Si, ¿los manipulé a todos por esa razón? Si, ¿te elegí para perjudicarte? No. Como lo dije en su momento, no sabía a quién seleccionó el scale, pero hay una forma en la que puedes recuperar lo que perdiste.
—¿Cuál es? —Thetis tomó asiento a su lado observandolo demandante— Dimelo.
—La sangre del Emperador. Como en el cuento de Andersen, debes tocar su sangre para recuperar tus memorias, así como él lo describió en su famosa historia.
—Quieres decir que debo atravesar su corazón con un arma y dejar que su sangre caliente toque mi piel, ¿es eso lo que dices?
—Así es —respondió con calma mirando a la chica—. El oráculo me confió esto así como, la posibilidad, de que no seas humana. La única forma de saberlo es ejecutandolo.
—¡No, jamás podría hacer eso, además es absurdo! —estalló furiosa una vez más— ¿Quien asegura que es verdad lo que dices?
—¿Por qué razón inventaría una mentira semejante? Esa información me la dio el oráculo. No es mentira.
—¿Cómo podría hacer algo así a Julián? Además yo… yo…
—Se que gustas de él —añadió el gemelo mientras la chica se ruborizaba sin decir palabra—, siempre fue muy evidente para mí —comentó sonriente al verla como se turbaba sin poder articular palabra.
Se quedaron un momento en silencio mientras la sirena asimilaba todo lo que acababa de escuchar. Sin estar segura de que preguntar primero ahora que sabía cómo recuperar sus memorias.
—No podría matar a Julián eso es un hecho… así que me quedaré como hasta ahora. Jamás sabré quien soy —dijo con tristeza— ¿crees que no soy humana? ¿de verdad aceptas esa tontería?
—No —respondió el gemelo firme—. He pensado en eso y creo que, tal vez, eres alguien importante y el oráculo me ocultó tu identidad pensando que podría hacerte algo malo. Es lo único que ha pasado por mi mente desde que llegaste.
—No me siento diferente a los demás —la joven se observó así misma unos momentos tratando de encontrar algo distinto aunque solo observaba que todo estaba en su sitio.
—Hay muchas cosas que demuestran que eres una chica común y corriente.
—¿Cómo cuáles? —preguntó con desdén.
—Puedo enumerar algunas: te gusta mucho ejercitarte por las mañanas y siempre haces mucho ruido cuando sales antes del amanecer; además de eso, amas vaciar un poco de jarabe sabor avellana en tu café, no sé cómo puede gustarte el sabor de esa cosa, pero así te agrada.
Thetis lo observó largo y tendido mientras su mirada se ablandaba un poco conforme Kanon enumeraba aspectos y detalles de los que ni ella misma era consciente.
—Amas el labial rosa que tiene un aroma penetrante a goma de mascar y, apenas llegaste a vivir conmigo, supiste enseguida donde estaban las cosas: las bolsas de basura, el café, además de como llevar una casa en orden. Creeme que alguien que hubiera venido de otro mundo jamás lo sabría. Como puedes dudar siquiera que eres más humana que cualquier habitante de las ciudades más cercanas.
—Kanon… me sorprende lo bien que me conoces.
—Igualmente podrías enumerar las diez cosas que detestas de mi —agregó dibujando una sonrisa triste—. Escucha, espero que algún día puedas perdonarme por todo lo que sucedió estos dos años. Seré muchas cosas despreciables, pero espero que podamos ser amigos nuevamente.
—Lo pensaré, ¿de acuerdo? —respondió la sirena sonriendo levemente— ¿volveremos a Tromsø y meditaremos que hacer de ahora en adelante?
—No. Yo debo enfrentar el castigo divino de mi diosa por lo ocurrido, pero antes de eso quisiera ayudarte.
Ambos volvieron al pilar del Atlántico norte acompañados por un silencio sepulcral. En el pilar se apreciaban escombros aquí y allá siendo imposible para Kanon recuperar sus efectos personales, que podrían ser prendas de ropa y su billetera, la cual pudo encontrar relativamente fácil aunque, su ropa, libros y demás quedaron desechos.
—Vaya… —dijo de pronto— No tengo nada. Una vez más, estoy justo donde empecé hace tanto tiempo —lanzó un suspiro dándose cuenta de su miserable realidad.
Thetis lo observó con calma percibiendo la frustración de su acompañante, después de todo, él pasó trece años planeando una guerra completa con todas sus implicaciones. Maquiavélico como era, pero las noches que ella lo vio estudiando estrategias, analizando el terreno, las horas que compartió con él escuchando las historias sobre Asgard y su gente, nadie se las devolvería. Tiempo invertido a fin de cuentas que jamás podría recuperarse.
—Lo siento Kanon.
—No quiero pensar en eso —solo tenía su ropa de entrenamiento, una billetera con algunos euros y un castigo divino por delante—. Trata de hacer memoria, ¿tienes algún recuerdo del momento justo en que la armadura te encontró?
—¿Algún recuerdo?
—Si, algún objeto o cosa que hayas visto en ese preciso instante. Intentalo —la alentó a recordar, a escarbar en sus memorias lo más que pudiera.
—No estoy segura —dijo dudosa—. Me parece que vi algo mientras me sumergía. Me veo a mí misma observando el agua sin saber ni cómo llegué ahí y… veo delante de mí una estatua.
—¿Estatua?
—Si, creo que eso es. Es una mujer sentada en una roca. La roca está en el mar, en una costa… —la chica se quedó pensativa unos momentos sin añadir nada más— Solo recuerdo eso, no sé dónde estaba justo antes de sumergirme.
—Es irónico —dijo Kanon de pronto—, tal vez sea la estatua del scale que la representa. Hay una estatua de una chica sentada en una roca sobre el mar, la representación de la sirenita.
—¿Dónde? —inquirió Thetis intrigada.
—En una de las costas de Copenhague, cerca de un sitio llamado Langelinie. Podría llevarte ahí y quizás te remueva algo en tu cabeza.
—¡Si!, ¿de verdad me acompañaras?
—Por supuesto. Debo volver a Grecia en breve, pero he estado desaparecido del Santuario por tanto tiempo que, aparecer dentro de unos días no marcará ninguna diferencia.
Kanon la observó sonreír profundamente sintiendo tranquilidad al ver que volvía a ser la de siempre. La misma Thetis que conocía desde hacía dos años y con quien compartió su casa ese tiempo así como de otras experiencias entre buenos amigos y compañeros de piso.
—En caso de que no encuentre nada útil en Dinamarca, ¿qué sucederá después? —inquirió preocupada.
—En ese caso, irás a Grecia conmigo y te llevaré con Julian Solo, no para que lo mates si no para que quedes a su cuidado.
—Kanon. ¿Crees que él me aceptaría así sin más? Tengo miedo de que pudiera correrme de su casa apenas me vea.
—No tiene por qué hacerlo. Siempre fuiste fiel, además seguramente Sorrento fue detrás de él. Quizás pueda ayudarte a que te acepte y así no te faltara un techo donde dormir y comida caliente.
—¿Y qué será de ti?
—No lo sé, Atena me castigará supongo. Creo que pasaré otra temporada en la cárcel de Cabo Sounion. De todas formas, conmigo lo pasarías mal porque no tengo un hogar, ni ropa limpia —ambos rieron un poco antes de salir de Atlantis dejando atrás los vestigios de la guerra santa.
Así Kanon y la sirena subieron a las costas de Dinamarca sin mirar atrás.
—Acompañé a la chica unos días a recorrer Copenhague sin dar con ninguna pista de su identidad. Pasado ese tiempo, volvimos a Grecia. La dejé en casa de Julían, tal y como lo prometí, encaminando mis pasos hacia Atenas. Después de mi llegada al Santuario, se inició la guerra contra Hades. Eso es todo Atena.
—Muchas gracias Kanon. Ha sido una sesión muy larga y agradezco tu tiempo. También agradezco el que me hayas hecho estas confidencias y bueno. Debo notificarte algo antes de cerrar la reunión.
—Claro, ¿qué es?
—Una parte del apoyo que deseo brindar a todos Ustedes no solo es la oportunidad de rehacer sus vidas o vivirlas desde cero. En el caso de aquellos que eligen que les reconstruya la memoria, he preparado una compensación monetaria por sus años de servicio.
—¿Qué?
—Así es. Sé que por trece años viviste tu propia vida alejado del Santuario, pero reconozco que tu papel en la guerra contra Hades fue sobresaliente ya que peleaste al lado del bando correcto y la causa justa. Tal vez no sé si sea la misma cantidad que sacrificaste en lo de Poseidón, aún así espero te sirva para tu vida futura Kanon.
—Atena yo… no sé qué decir. No podría estar más agradecido por ello.
—Ya fuiste castigado por lo que ocurrió con Julián y solo me quedaría una cosa más que pedir.
—Pide lo que quieras, Atena.
—Saga desea una reunión formal contigo.
—¿De verdad? —respondió estupefacto.
—Si. Creo que ya ha sido suficiente de riñas y rencores. Dale a tu hermano la oportunidad de explicarse y, al menos, trata de entender sus razones Kanon, te lo pido. Se que parece que tengo mucha simpatía por él, pero así como tu, también ha sufrido su penitencia.
—Entiendo —indicó pensativo lanzando un resoplido.
Saori lo observó en silencio esperando su respuesta pues de quedo meditativo de pronto y, tras lanzar un largo suspiro, respondió.
—Está bien. Han pasado trece años y, como sea, mi odio por él se terminó así que creo estar listo para que ambos hablemos y pongamos las cosas en claro.
—Me alegro.
Por la mente de Kanon desfilaron las imágenes de la guerra contra Hades y el momento en que él también encomendó a Saga la misión de destruir el muro de los lamentos. El no portaba el rango de caballero dorado, pero la armadura no lo rechazó ayudándole a combatir a Radamanthys, a los jueces y los demás espectros que les salieron por el camino. Para esos momentos, Kanon tenía una percepción diferente de las cosas ocurridas hacía tanto tiempo.
Saori se puso de pie observando en el reloj de pared el cual mostraba que ya pasaban de las diez de la noche. En otras circunstancias, habrían esperado al día siguiente para resolverlo con más calma, pero para la diosa era importante, al menos, zanjar el asunto con Kanon ya que Saga había solicitado un permiso formal para reunirse con Aioros antes de tomar una decisión ya fuera reunirse con su hermano o bien iniciar desde cero.
—Tatsumi, ¿puedes ver como está Saga?
El mayordomo cruzó la estancia con pasos rápidos en búsqueda de su invitado mientras otros caballeros de bronce, como Shun y Jabu, se hacían presentes en la escena permaneciendo atentos al encuentro en caso de ameritar su intervención.
Saga se sentía más descansado luego de la larga y reparadora siesta, el mayordomo le proporcionó ropa más decente y limpia incrementando su sentimiento de confort. Escuchó la voz de Kanon en la lejanía sin deseos de prestar atención a lo que este tuviera que decir a la diosa, tan solo deseaba estar en paz con él y con todo para poder decidir con calma que haría después de esos días.
—Se que Kanon estará bien —pensó delante del espejo—, me preocupa más mi asunto con Aioros —sus pensamientos fueron interrumpidos por el llamado a la puerta del mayordomo quien anunció que Kanon estaba listo para reencontrarse con él—. Iré enseguida.
Kanon solicitó que la reunión fuera en la terraza ya que, luego de varias horas en la sala de reuniones, se sentía algo sofocado y deseaba hablar con su hermano largo y tendido luego de trece años sin verse ni saber uno del otro. La diosa accedió de buen modo indicando que ella estaría dentro de la casa tomando su cena mientras los hermanos charlaban.
Así el gemelo menor tomó asiento en una de las sillas de jardín que estaban ahí cerca mientras que Saga cruzaba la puerta de la terraza cerrándola tras de sí. Ambos se observaron por unos momentos percibiendo, por unos instantes, la lejanía e incipiente relación entre ambos ya que les tomó un buen rato articular palabra.
—Buenas noches Kanon —Saga rompió el hielo educadamente esbozando una sonrisa triste—, ha pasado mucho tiempo.
—Sí hermano, como bien dices han pasado muchos años. Creo que tenemos mucho de qué hablar —respondió con calma invitando a Saga a tomar asiento frente a él.
—Si, así es.
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Continuará…
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*Notas: Las audiencias de los hermanos han llegado a su final pero la historia continuará otro poco más. En los siguientes capítulos tendremos a Aioros como estrella invitada. Stay tunned! Gracias por leer.
