¡Hola!

Al fin, después de tanto vuelvo aquí, retomando un escrito de hace como cinco años xD Espero este capítulo les guste mucho más. Sin más espero lo disfruten.

Los personajes de Dragón Ball Z No me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama y yo solo los tomo prestados para mera diversión.

Basado en el libro de 50 Sombras De GREY y 50 Sombras De GREY Contada Por CHRISTIAN de la escritora E.J. JAMES

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Michael Jackson — Dangerous

Advertencia: lenguaje obsceno/Maltrato

PD: Perdón si tengo algún error de ortografía

PD2 : Perdón por demorar tanto xD

XxXxXxXxX

El vaso se había resbalado de sus manos, la impresión de cada objeto la había dejado muda, sin habla, horrorizada al verse envuelta en el sadismo de aquel hombre, sin esperarlo, la llevó a recordar, a sentir, a escuchar la voz de aquella bestia que la redujo casi a cenizas.

...No...

Su cuerpo tembló y un paso hacia atrás fue lo que apenas logró cavilar, sin preverlo sus ojos se llenaron de lágrimas y el pavor alejó cualquier atisbo de rubor, dejándola blanca como un papel y entumida como una estatua, no podía creer lo que veía. Quiso gritar, desgarrar su garganta y de ser posible camuflarse entre los muros, pero no era algo de lo que pudiese jactarse. Golpes, gritos, insultos e intimidaciones era lo único que llegaba a su cabeza en un delirante bucle, provocándole un pequeño dolor en medio de la frente, trayendo eso recuerdos que había creído haber dejado muy lejos, tomando posición de ella envolviéndola entré capas de miedo, alterando sus sentidos.

...No...

La sensación de sentirse de nuevo presa aumentó el pánico en su cuerpo, visualizando aquella sonrisa, escuchando ese tono sarcástico de voz, fue ahí en medio del recuerdo del azul profundo de sus ojos, la figura masculina se fue formando poco a poco en su espalda, intentando materializarse en medio de aquel rubio y ella, sin duda ese pequeño desliz había logrado dividirlos y más cuando creyo sentir de un par de dedos acarisiar su mejilla ¿Acaso se le había acercado? La penumbra en forma de brazos la envolvieron, haciéndola sentir de nuevo pequeña, sin lugar de escapatoria ¿¡Porque tenía que pasar esto!? Se maldijo internamente sin poder aún moverse y fue ahí que sintió su aliento helar su nuca.

"Solo relájate, muñeca…"

¡No!

—….—la impresión del vaso roto lo silenció por un momento, sorprendido quiso esperar su reacción, a que ella lo mirará aunque fuese con desaprobación o lo maldijese como ya lo había hecho sin querer, sin embargo eso nunca paso, su boca pareció reservarse ante él, poniéndolo nervioso e ignorando la postura nada cómoda que tenía sus hombros, tragó pesado después de un par de segundos y decidió extender su mano hacia ella, llamándola apenas en un susurro como si con ello quisiera calmar cualquier impresión que tuviera, que la hubiese dejado muda...—¿Milk?—se acercó apenas dos pasos, pero siquiera llego a rosarla, su cuerpo de inmediato brincó lejos de él, peligrosamente cerca del escalón de la entrada, manoteando su mano y cerrando sus ojos como si el verlo la horrorizara ¡Mierda!

—¡No me toques! — alegó fuerte y claro, con un tono demasiado rudo y con el temblor en aumento ¿Cómo es que no se había dado cuenta? Desde que encendió la luz su ser pareció simplemente desaparecer, su rostro alejado no indicaba lo conmocionada que estaba, si quiera pretendía mirarlo y claro, ella era consciente de ello de alguna forma, temía verse frente a frente con aquel pelinegro y que lo poco que tuvo con aquel rubio no fuera más que un simple engaño, burlándose de ella y de su jodida suerte, no podía permitirse crear esa imagen, no si eso significaba volver a renunciar a aquel sentimiento, prefiriendo seguir dándole la espalda antes de chocar contra la realidad.

"¿¡Por qué!?"

Se dijo una y mil veces en cuestión de segundos, la imagen impoluta de ese hombre se había manchado y no estaba en condiciones de esperar alguna respuesta, solo quería irse, desaparecer y volver entre ese cubo que la mantuvo mucho tiempo segura.

"¿¡Por qué!?"

—Milk…— desconcertado, esa era la palabra que lo describía, estaba rotundamente desconcertado, por más que sus encuentros fueran bruscos, jamás espero verla tan conmocionada por sus actos o gustos en este caso, no entendía su reacción, tan brusca, seca y tajante de su parte ¿Habría sido un error abrirse tan pronto a ella? en sus anteriores relaciones jamás había pasado, siempre se mostraban colaborativas, curiosas y entusiastas, incluso , en el peor de los casos solo recibiría una miraban en reprobación seguido de un, lo voy a intentar, si quiere necesitaba tener que explicar, pero ella no, ella no llego a pensarlo ni cinco minutos, cuando ya parecía otra persona, como si se hubiese transformado en un animal herido ¿Habría algo en su historial que pasó por alto? Carraspeo suave mirando rápidamente el suelo antes de volver a verla—Sabes que puedes irte cuando quieras…—intento acercársele de nuevo, despacio para no sobresaltarla, sin embargo, el leve sonido de su zapato contra el suelo la asustó, provocando que sus brazos se rodearán sobre sí misma, como si quisieras resguardarse de alguna fiera, girándose hacia él como a la espera de un ataque, aun teniendo los ojos cerrados, acercándose aún más al filo del escalón ¡Demonios!—Milk…—Quiso acercarse un poco más, pero fue demasiado tarde, de nuevo se había alejado de él, perdiendo el equilibrio, cayendo al suelo a pesar que la reacción de su cuerpo intentó amortiguar el golpe.

—¡Ugh!—chilló la joven después de aquella caída, apretando contra su pecho la mano Derecha al tiempo que la sujetaba con la otra mano intentando frenar el dolor, que de por si le hizo reaccionar y abrir los ojos, encontrando un trozo de vidrio entre su palma y la línea de sangre resbalarse por su muñeca—no…—tan bajo fue su chillido de dolor que siquiera él lo escucho, pero fue suficiente para hacerla procesar la situación y así mismo concretar la siguiente acción.

"Tengo que salir de aquí"

—Mierda…—la molestia en la voz masculina no era más que la muestra de su impotencia, la había lastimado aunque fuese indirectamente, con solo el no haber previsto esa situación ya se sentía culpable, su velada se había arruinado, no sabía cómo ayudarla, si ahora parecía temerle y el riesgo de que se cortara aún más era latente, en ese momento solo quería sujetarla para frenar el sangrado y rogar porque ella no terminara huyendo de él, chasqueo la lengua de nuevo, pero logró acercase lo suficiente para agacharse frente a ella dándole el debido espacio que parecía necesitar urgentemente, alargando su mano hacia ella, sujetando lo más delicado posible su mano mientras rebuscando entre uno de sus bolsillos un paño para quitar el trozo de cristal—Tranquila, llamare a un médico…—pobre, estaba tan fuera de su campo de control que no esperó que la situación se tornará aún peor, el empujón que recibió en su vientre y la pierna derecha apenas levantada lo dejo mudo, más por falta de aire que por la sorpresa, eso había dolido.

—¡Que no me toques! —su mente no asimiló su acción, solo quería autoprotegerse y la herida en su mano no fue más que un catalizador para su defensa, tachándolo como un enemigo y obligándola a alejarse de él de todas las formas posibles, por ello, no le importo gritarle o golpearlo, su interés había cambiado drásticamente y solo una idea se reflejaba en su menteir y era irse de ahí.

"Confía en mí, muñeca"

¡¡NO!!

Su cuerpo ya se había levantado y aprovechando la estupefacción del hombre, está, escapó de ese cuarto, agradeciendo no haberse resbalado pero no pudo evitar chocar con un par de paredes al no estar realmente segura que camino es el que debía tomar, parecía un laberinto, pero aun así no era lo más importante, lo que le preocupara era ser interceptada por aquel rubio, viéndose a sí misma en cada parpadeo hacia un par de años atrás cuando intentaba escapar de la misma manera, aunque con los ojos llorosos, golpes en sus extremidades y la ropa desecha sobre su cuerpo.

"¡¡No te dejaré escapar de mí!!"

—No...—chocó de nuevo con otra pared lastimando la piel de sus brazos, pero viéndose frente al pasillo que llevaba a las escaleras del salón principal, tomando una bocarada de aire por la boca retomando su huida, dejando una leve marca carmesí sobre la pared blanquecina.

—¡E-Espera!—escucho su voz no muy lejos de ella, aumentando el palpitar de su corazón, aceleró el paso aún más sin importar el desorden en el que su cabello se había convertido—¡Milk!—Sus pasos era mucho más rápidos que los suyos y le tomo menos tiempo cubrir aquel camino en dirección al lobby, teniendo como guía las gotas perpendiculares que escapaban de su mano malherida, esperando llegar a tiempo y poder calmarla antes que se lastimara peor, sentía como un hueco en su pecho se formaba, antes le abría parecido gracioso, hasta divertido verla huir de él, pero ahora solo era como un grupo de puñaladas que lo retenían, susurrándole en alto que no debía sumergirla en su mundo a pesar de que lo anhelara, sacudió su cabeza no queriendo atormentarse más y añorando solo poder devolverla a su mundo sana y salva aunque eso significará no volver a toparse nunca más… Lo había hechado todo a perder, corrió mucho más rápido, captando los pasos levemente pesados a unos metros y los jadeos de desesperación que escapaban de ella.

"¿Sabes que pueden salir personas perjudicadas en todo esto?"

Maldijo el recordar aquellas palabras de Vegeta en aquel bar, era como si él ya supiera lo que iba a pasar.

"¡Maldita sea!"

Aceleró el paso rogando por poder alcanzarla antes de que se escapara para siempre de sus manos.

—¡Ugh!—bufó más fuerte al sentir el aire más escaso de lo que recordaba, la intensidad de sus emociones la estaba llevando al límite, apretó los dedos contra su mano lastimada como si el sentir más dolor le ayudará a mantenerse cuerda y no se desvaneciera en medio de aquel Pent-house, bajo aquellas escaleras en apenas un par de brincos, detallando fugazmente aquel lobby, recordando por suerte lo único que le ayudaría a escapar de ahí, su bolso, con el dinero para irse lejos ¡Rápido! De sus demonios, Corrió hacia la sala sin nada de suerte, resbalándose al pisar el tapete que cubría la parte baja del mueble, evitando el rayón sobre la baldosa por la mesita de centro—¡Kya!—su muslo izquierdo se lastimo un poco por la caída, sin embargo, se incorporó poyando el costado de su mano mal herida sobre la mesa sin llegar a empeorar la herida para tomar sus pertenencias, manchando sin querer el par de documentos sobre ella, pero fue lo que menos le importó al tener su bolso cerca, gateó apenas unos centímetros hacia el sillón, sujetándolo de la correa, jalándolo hacía ella y levantándose tan rápido como sus piernas le permitieran, captando apenas por el rabillo del ojo la figura del chico empezar a bajar las escaleras…

"¡No escaparas de mí! ¡Jamás!"

...No...

—¡¡Hgh!!— chilló al sentir la presencia de ese pelinegro más cerca, sintiéndolo aún más real, un par de lágrimas escaparon de nuevo y así logro reaccionar, frenando bruscamente contra el elevador, golpeando el botón de ascenso son su mano sana, rogando por qué este se abriera antes que el chico rubio la alcanzará. No podía verlo, no tenía el valor de enfrentarse a esa realidad, no en ese momento, no en medio del pánico que se rehusaba a abandonarla.

—¡Milk!— lo sintió a tan solo metros, su cuerpo tembló en pánico y fue como si el tiempo se hubiera ralentizado, la sombra que se había negado en abandonarla empezó a tener aún más forma, dándole piel y rostro a lo que creyó no volver a vivir.

"Serás mía, por siempre"

Su mente se negó a cavilar, alterando ese momento sintiéndose de vuelta en esa enorme mansión, entre la puerta de la salida y la figura de Lapis, sofocándola al no poder escapar del que creyó era el hombre correcto ¡Maldición!

No supo cuando el elevador se abrió frente a ella, ni cuando ingresó por impulso y aunque le dio la espalda al rubio, esté no logro llegar antes de que se cerraran las puertas a tan solo centímetros de atraparla, escuchando solo un poco de su voz perdiéndose entre un grito al otro costado del metal.

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—¡Carajo! —exclamo contra el golpe sobre la puerta cerrada, no alcanzó a llegar, maldiciendo una y otra vez, al perderla en el elevador y no teniendo de otra que correr casi hasta el otro extremo de su hogar para bajar por las escaleras de emergencia, necesitaba atraparla, atraerla a él para asegurarse de que estuviera bien ¡Joder! Se le había salido todo de las manos, corrió tan rápido como sus piernas le fueran posible, pero ya sabía que no llegaría a tiempo, siquiera le importo llamar a la portería para que frenarán la huida de la chica, solo quería hablar con ella, entender el por qué y dejarla ir, aunque sabía bien que su respuesta lo había decepcionado, pero más que eso no entendía el por que el horror en sus ojos.

"Idiota, entiende que esto no es sano y mucho menos cuando quieres implicar a más gente"

¡Carajo! ¿¡Por qué Vegeta tenía que tener tanta jodida razón!?

Con el sudor ya perlándole la frente llegó hasta el sótano, exhalando pesadamente buscando con la mirada la figura de la chica, pero solo autos y motos veía a su alrededor, corrió hacia la salída y el portero algo asombrado solo lo miró preocupado y con un paño limpiando lo que era un rastro de sangre en su mano.

—La chica…— el hombre boqueó un poco, mirando hacia el portón y jugando un poco no supo que otra cosa más decir, se había asustado al verla descompuesta y herida, si quiera se preguntó si era buena idea comentarle a uno de los inquilinos, pero ¿Por qué otra razón aquel rubio estaría allí sino fuera por ese incidente? ¿Debería llamar a alguien mas?

—Salió corriendo cuando estaba cerrando el portón, el señor Tanshiro acababa de salir e intenté detenerla, estaba muy alterada, pero solo me pidió que la dejara salir, se fue corriendo hacia el noroeste, ¿Señor…?—dudoso tragó pesado y arrojó el pañuelo al bote de basura aún costado de la pared—¿Cree que debamos llamar a la policía?—el rubio que miraba a través de la reja solo se acarició la frente, quitando parte del sudor y negando suavemente, bufó.

—No… yo me encargo…— tragó pesado y volvió sobre sus pasos, reviso sus bolsillos y encontró solo su celular, buscó rápidamente el número de la chica y dudoso no supo si llamarla, oprimió el botón del ascensor y este se abrió dejando ver el leve rastro de sangre y el pedazo de vidrio sobre el suelo—Mierda—ingresó rápido e introdujo el código de su piso y subió solo por las llaves de su auto antes de volver a bajar, tenía que buscarla, no podía dejarla sola y mucho menos en ese estado—Maldita sea, Milk— gruñó al acomodar su bléiser una vez ya dentro del auto, encendiendo el vehículo.

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Cuando se vio en medio de la calle, desorientada, apenas y logró ubicarse al caminar en la dirección en que iban los autos, su mano la había envuelto con uno de los extremos de su saco, había tenido que arrancarse el trozo de vidrio cuando se sintió perderse en las imágenes y recuerdos vividós, creyo perder la razón, sin embargo logró recuperar un atisbo de conciencia y al quitar el causante de su herida pudo retomar su cometido, poniendo los pies en la tierra y rogando entre lágrimas escapar de ese lugar, aunque estas le estorbaran para mirar, tragó pesado y entre sollozos corrió sobre la acera, esperando algún taxi que pasara cerca suyo, Auxiliándola del posible desmayo que tendría quizás más adelante.

"Vamos, vamos, vamos"

Se decía mientras volteaba a mirar hacia atrás, esperando no ser perseguida y así aprovechar el tiempo de escape que el ascensor le había brindado, un vehículo amarillo se detuvo cuando ella extendió su mano y un hombre regordete ya canoso siquiera le hizo una pregunta, solo abrió la puerta y ella subió en la parte trasera, respirando aún entrecortada y alejando las lágrimas de su rostro.

—¿Niña?— dijo ronco, haciéndola alzar la mirada y este con una expresión preocupada extendió la Bayetilla roja que llevaba consigo—¿Está bien?— ella, aún no lograba formar una oración pero asintió, giró a ver sobre su hombro y entre el vidrio divisó como una compuerta de aquel enorme edificio se abría a pesar de la distancia que había recorrido, sintió pánico de nuevo y volteándolo a ver alterada logró articular palabra mientras apretaba la Bayetilla en su mano.

—Corporación Capsule… lléveme a la Corporación Capsule…— tragó pesado y envolvió aquel trapo sobre su mano, sorbiendo por la nariz, volviendo a mirar hacia atrás y encogiéndose en su asiento—rápido, por favor…—el hombre aún extrañado solo asintió y aunque encontró el rastro rojizo sobre una esquina de la ropa de la chica no dijo nada, pero decidió encender el GPS de su auto para dejar constancia del viaje con aquella morena, mirándola en repetidas ocasiones por el espejo del retrovisor.

Ella en cambio se escondió un poco más en el asiento, dejando caer su cara entre sus brazos, limpiándose el rastro de lágrimas con el paño rojo y sin dejar de apretar la herida de su mano acunando su pequeño bolso en sus piernas, donde enseguida lo sintió vibrar y el leve tono de este llegar a sus oídos, se asustó y el aliento pareció perdérse, obligándola a respirar por la boca.

"Vamos, vamos, vamos"

Apretó sus diente y sus piernas aún temblorosas se negaban a tranquilizarse, estuvo así hasta que el teléfono en su regazo dejó de sonar y así obtener el valor de sacarlo del bolso, sorbió de nuevo y sin aún levantar el rostro, saco aquel aparato, apretando apenas un botón observando las repetidas llamadas perdidas que se mostraban consecutivas en la pantalla, era su número… él la estaba llamando, tembló en el asiento y alzó el rostro, queriendo tirar el teléfono por la ventana, sintiendo de nuevo las ganas de llorar y en el desespero, giro la cabeza hacia el exterior.

—¡Ugh!—se agachó tan rápido como le fue posible, apretando la tela bajo sus manos y sintiendo de nuevo el teléfono volver a timbrar ¡Era él! Chilló asustada, captando la atención del conductor que apenas la miró incómodo y carraspeo la garganta.

—¿Señorita?...

—¡No deje que el Ford Gris nos siga!—se levantó apenas, mirándolo entre el flequillo—¡Por favor! No permita que sepa que voy en este auto…—volvió a decirle, intentando arrodillarse en el pequeño espacio que tenía entre los asientos y dejando escapar las lágrimas acumuladas en sus ojos, el hombre, anonadado, volteo la vista al frente, frunciendo el ceño, nervioso de lo que pudiera pasar, sintiendo el pánico de la chiquilla, mirando hacia su lado como apenas un vehículo los separaba de aquel lujoso auto, que a decir verdad, ya empezaba a cavilar un par de cosas en su mente, temiendo que fuera alguna trata de mujeres y estuvieran persiguiendo a la chica, carraspeo de nuevo y en empatía giró en la rotonda a unos metros suyo, dejando que aquel vehículo gris siguiera su rumbo, sin importarle desviarse por allí, podría retomarlo un par de cuadras más adelante.

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Poco más de una hora y media después llegaron a la Corporación Capsule, pero al estar tan avanzada la tarde la noche ya se hacía sombra en el horizonte, el sangrado ya había frenado hace rato pero su mano aún dolía, si quiera le había importado el manchón en su ropa, solo rogaba por qué su amiga aún estuviera ahí, bajó del vehículo entre miradas nerviosas del hombre pero aún así este acepto el pago del viaje, trago pesado intentando calmarse un poco más y tapando la mancha rojiza se despidió del conductor llevaondo ún consigo el paño rojo, esperaba que Bulma la socorriera, no tenía como avisarle que estaba allí, habia apagado el teléfono ante el desespero de seguirlo escuchando sonar y no tenía el valor de volverlo a encender.

¡Joder! Todo se había ido a la mierda.

Suspiró de nuevo y avanzó hasta llegar a la entrada, rogando por qué aún hubiese gente allí, acortó la distancia y toco apenas la puerta de vidrio y está de inmediato mostrarle el acceso al interior donde el movimiento de la gente aún era notorio, era algún tipo de vidrio polarizado, que cambiaba de estado al tacto.

Empujó la puerta y al verla moverse decidió ingresar, recibiendo una que otra mirada dudosa pero aún así intento ser lo más normal posible llegando a lo que parecía una recepción preguntando por aquella peliazul.

—¿De parte de quien la busca?

—¡Milk Ox!—Aclaro su garganta y se cubrió más el pecho con el saco— soy Milk Ox—la mujer la miró algo extrañada pero aún así realizó la llamada, pudo jurar que al otro lado del teléfono escucho la voz de su amiga y que le ordenaba a la mujer ocuparse de ella mientras llegaba, la pobre mujer apenas llevo una mano a su oído mientras colgaba.

—Dice que la espere, que no se vaya a retirar…—si quiera pasaron cinco minutos cuando el taconeo de unos zapatos llegaron a ella, su amiga peliazul había cambiado de ropa completamente y el tono rojizo de sus labios le agregaba un par de años, no era uno de sus mejores tonos, pero ya estaba casi corriendo hacia ella.

—¡B-Bulma!...— apretó su mano adolorida sin querer, dejando escapar una mueca, pero casi igual que ella corrió en su encuentro, sonriéndole al sentirse segura en su lado y que su voz alejara la nube oscura sobre ella.

—¡Mujer! No sabes cómo me alegra que estés aquí—le susurró con una sonrisa enorme en los labios—ese tipo ya me tenía harta, bendito afán el tuyo…—sus manos que habían posado sobre ella, buscaron sus manos en complicidad, pero el leve aroma metálico y el gritillo que quiso ahogar la morena la silenció—¿Que te pasa?— buscó sus ojos pero está la esquivó, teniendo que darle una repasada veloz encontrando un ligero tono rojo oscuro de la sangre seca en un costado de su ropa, eso la espanto—¿¡Que te hicieron!?...—el tono de su voz aumentó rápido llamando la atención de un par de personas.

—¡Shh!—le dijo al pegarse un poco más a ella sujetando la manga de su traje oscuro con su mano sana—Tuve un inconveniente…

—¡Claro que si!— le dijo aunque con la voz un poco más baja—ahora mismo me vas a decir cómo fue—intercambió el agarre y la arrastró tras ella, llevándola por un par de pasillos casi a rastras pero con el consuelo de que la cruz azul se viera en unos minutos después sobre una puerta—¿Cómo te hiciste eso?

—Ah…—Mordió su labio, no sabía que decirle y no quería recordar, no quería entrar en otro ataque de pánico y el tono firme de su amiga la preocupaba—en el taxi en el que venía, tenía la manija en mal estado y me terminó cortando...—la peliazul abrió con la huella de su mano el cuarto y la hizo sentarse sobre la camilla de la enfermería.

—¿Cómo es posible que eso pasará?—saco su teléfono y testeo mientras su ceño se fruncía aún mas—¿No le dijiste nada al tipo? ¡Mírate!—sus ojos se levantaron aún más molesta mientras la señalaba de arriba hacia abajo—estas hecha un desastre, la ropa manchada, la cara pálida y los ojos hinchados—se mordió la mejilla interna y tocó su frente con su teléfono—no quiero que me mientas y se que lo estás haciendo. Estás demasiado descompuesta para ser un accidente —hizo unas falsas comillas con sus dedos pero la morena simplemente no dijo nada, se quedó en silencio, mirando el suelo y aún apretando la tela negra en su mano—Milk…

—Bulma, es todo lo que diré… no quiero…—negó exhausta, la peliazul apretó sus labios, el rostro se relajó, sin embargo la preocupación se hizo presente. De nuevo veía a la chica en ese estado, estaba devastada.

—Esta bien…—se acercó a ella, acariciando sus cabellos y sintiendo la necesidad de saber aún más, decidió buscar por otros medios—Dejaré que me cuentes cuando estés mejor, sin embargo espero que lo que te haya pasado no sea lo que creo…—la idea de algún tipo de abuso la carcomía, no sabía si era alguien conocido, algún abusador de las calles o si había algo más de lo que estaba ignorando, pero de lo que podría jurar es que el interés de su amiga por cierto rubio podía guiarla sobre el responsable, tendría que averiguarlo.

No quiso hablarle más, el poco tiempo que estuvieron a solas solo se limitó a acariciarle el cabello, consolarla en silencio y cuando el médico llegó este le solicitó permiso para estar a solas, le inyectó un poco de anestesia y después se encargó de limpiar su herida, tirando la bayetilla al canasto de la basura y suturando el corte de su mano, cinco puntos, le dijo, además de que por suerte no había tenido un daño peor, le vendó la mano y le indicó que no podría hacer nada brusco por lo menos en dos semanas, mientras revisaban que el corte sanará bien, algo de antibiótico y listo, igual o mejor que haber ido directamente a un hospital, después de eso, la peliazul la llevo a la parte trasera del enorme edificio que mostraba otro igual y que para su sorpresa era la casa de su amiga, se podría decir que eran de las pocas personas que vivían en su misma empresa, la llevó a su cuarto y con algo de suerte le consiguió un cambio de ropa que se acomodara a ella y así pasar la noche en ese lugar, compartiendo cuarto como si de una pijamada se tratara, películas de comedia, trenzas en su cabello y mascarillas exfoliantes, un distractor perfecto para su mente atormentada, solo quedando su ropa manchada en su lavandería personal y su bolso sobre un sillón en el cuarto.

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Cuando despertó el sol apenas y era un atisbo en el horizonte, su mano lastimada estaba cerca de su rostro y la melena peliazul descansaba unos diez centímetros más allá, se incorporó aún sintiendo el cansancio sobre sus hombros pero sabía que no podía dormir de nuevo, suspiró cansada y se incorporó apenas apoyando uno de sus codos, la observo dormir profundamente y con mayor lentitud quitó las frazadas sobre ella, caminando un tanto lento al baño para despejarse, bostezó un poco y al llegar allí vio un par de toallitas húmedas junto al medicamento que debía tomar, no había forma de ignorarlo si estaban sobre la mesa del lavado, tomo el vaso que su amiga le había traído y sin más tragó el par de pastillas, tendría que comer algo pronto, no quería sentir malestar por el consumo del medicamento sin nada en el estómago, volvió sobre sus pasos y fue ahí donde vio de nuevo su bolso, mordió su labio inferior y volviendo por las toallitas húmedas y el rollo de papel.

¿y si lo prendía?

De alguna manera ya se sentía un poco más cómoda, despejada aunque aún sintiera temor de lo que hubiera podido pasar, nego rápidamente e intentó no ejercer mucha fuerza con su mano, fue hasta allí, aprovechando que aún no amanecía por completo, con algo de paciencia fue limpiando las marcas de sangre en su bolso con el pañito para luego secar el rastro de humedad con el papel, dudosa abrió su interior sacando el teléfono casi igual de manchado, mordió su labio y la idea de encender el móvil parecia tomar fuerza, los nervios y la incomodidad aún hacían mella en su interior, resopló pero decidió limpiarlo, solo recurriendo a dejarlo impecable en caso de que decidiera devolverlo, de todas maneras no creía que su relación volviera a ser la misma hasta el incidente.

—¿Despierta tan temprano?

—¡Hgh!—exclamo sobresaltándose un poco, guardando el teléfono de nuevo entre el bolso, reuniendo los paños y el papel manchado haciendo una bola para tirarla al canasto al lado de la mesa de dormir, retomo el aire y camino hacia su amiga que aún con los ojos cerrados se sentaba cual muñeca de trapo, sin muchas ganas de estar de pie—Buenos días.

—¿Ya está listo el desayuno?—pregunto sin quitar su melena azulada de su rostro y alargando un bostezo estirando su torso tanto como le fuera posible.

—Estamos en la casa de tus padres Bulma…—una mueca de disgusto cruzó su rostro, seguido del refunfuñó ahogado al caer su cuerpo hacia adelante, contra la frazada.

—No…—chilló, siendo su voz apenas audible—No quiero más reuniones…—una sonrisa escapó de los labios de la morena y con pasos lentos se sentó frente a ella, moviendo apenas su hombro.

—Podemos irnos a casa hoy ¿No?—la ojiazul negó un poco mientras se levantaba y acomodaba su cabello sin dejar de torcer el ceño.

—Por lo menos no hasta después del almuerzo, ya me comprometí…—la miró adormilada por primera vez desde que se despertó y sintió algo de alivio al verla un poco menos alterada.—Pero puedes acompañarme…—Sus ojos se despejaron más, abriéndose unos milímetros y sonriendo aún con rastros del labial rojizo del día anterior—¡Si!

—Creo que no…—burlona jalo una de las almohadas, abrazándola contra si con todo y piernas cuidando de no lastimar su mano—son asuntos de los Brief, yo no puedo ayudarte en eso, por mucho puedo esperarte aquí o llevarte el café.

—…No me parece…—refunfuñó de nuevo queriendo volver a recostarse—debería descansar, las relaciones públicas son agotadoras.

—Llevas solo un día, no te quejes, es tu carrera de todas formas ¿No?

—Lo se…—sujetó la otra almohada igual que la pelinegra y hundió su rostro un par de segundos en ella—pero no quiero meterme de lleno todavía.

—¿Entonces? ¿Qué piensas hacer?

—Antes que nada, mudarnos, pero con tu mano así tendremos que pedir ayuda—la miró con un puchero mientras sujetaba uno de sus mechones azabaches—en segunda ver dónde es que piensas trabajar…—tiro apenas del cabello antes de rascar su mentón y acariciar su nuca volviendo a soltar otro bostezo—y en tercera, ir a ver el ganado…

—…¿Cuál ganado?—rió un poco, ante las ocurrencias de su amiga, quizás por eso le encantaba estar con ella, le hacía su día mucho más ameno.

—Nueva ciudad, nuevos amores ¿No crees?—no pudo evitar rodar los ojos, era incorregible.

—No me lo puedo creer…

—Aguafiestas—se levantó de la cama de un salto y caminó hacia la ropa que se había tenido que poner el día anterior—mejor vístete, te llevaré a comer el mejor desayuno de tu vida. Mamá siempre consigue lo mejor cada vez que vengó—rió ingresando al baño para arreglarse—ya lo verás…—cerro tras de si y activo la playlist de su teléfono en el baño.

Por su parte volvió a sonreír y se envolvió en las cobijas un par de minutos más, solo para sentir el calor que estás aún tenían, no tenía que ponerse todavía y quizás Bulma ya tenía en mente que prestarle, así que decidió esperarla, poco después de una hora ella ya estaba lista, solo le faltaba el maquillaje pero aún viéndola entre las frazadas aprovechó para pasarle un conjunto sencillo de los que aún guardaba su antiguo clóset, eran algo lila las prendas, pero estaba segura que le quedarían bien a su amiga.

Tan pronto estuvieron listas bajaron hacia el comedor, Bulma le había prestado una camisa rosa pálido y una chaqueta azulada clara con tonos morados en los extremos, parecía desgastada pero estaba bien para ella, opto por volverse a poner su pantalón y los botines del día anterior, no descuadraban de todo y mientras su saco y camisa habían sido enviadas a la lavandería ella no quería seguir abusando de la hospitalidad de los Brief, aunque Bulma en verdad no mentía, tan pronto llegaron al comedor había una cantidad exuberante de comida, pasteles, galletas, malteadas, huevos, tostadas, café, jugo y un plantón de fruta picada, sin contar de los aderezos como acompañamiento, una sonrisa de impresión escapó de la morena, pero su compañera no le dio tiempo a esperar, llevándola casi a empujones hacia la mesa, sirviéndole cuanto alimento estuviera a su alcance y para ser honesta, el hambre pareció despertar de la nada, un par de minutos más tarde le dieron una tarjeta de pase libre, con la escusa de poder encaminarse por todas las instalaciones, claro, siempre y cuando no estorbar a los científicos y trabajadores.

Aún indecisa término su desayuno y se despidió de Bulma, cada una tomando un camino diferente, teniendo como promesa verse un par de horas más tarde, sin embargo al estar sola en medio del pasillo no supo a donde ir y ese sentimiento de temor parecía querer volver sobre ella, trago pesado y se rehusó a volver a la habitación, aunque fuera temprano no quería quedarse sola entre cuatro paredes. ¿Y si tenía mensajes?

—No Milk, no— no quería pensar en eso.

Sería una mierda

No sabria cómo actuar si tenía más llamadas o mensajes de texto, había arruinado todo en cuestión de minutos y prefeririá simplemente olvidar todo, Goku quedaría como un recuerdo, Uno donde siempre le diría Señor Son y dónde el talvez solo quedaría en tontos comentarios de su aspecto y su estraña forma de ser, un leve escalofrío pasó por su espalda y con un leve movimiento en negativo de su cabeza siguió caminando por aquella planta, maldijo la hora en la que se dejó llevar. Seria alguien difícil de olvidar, bufó lentamente torciendo los labios, ese rubio había cautivado cierta parte de ella, pero la cobardía que disfrazó de autocuidado se hizo latente, porque ahora que estaba más calmada, eso le había parecido aunque no estuviera del todo segura, se repitió a si misma que no pensaba volver a vivir tal experiencia con nadie y eso encerraba cualquier intento de sobrepasó con ella, aunque lo fuera deseado de una forma más sutil con ese hombre. No pudo seguir adelante cuando un pequeño pasillo se abrió a su izquierda dejando a la vista un amplio jardín donde de a poco empezaba a cruzarse con los empleados de la empresa, no pudo evitar internarse allí sintiendo la pesadumbres sobre su cabeza. Era una lástima, en verdad que le gustaba.

—Carajo…—revolvió su flequillo en desesperación, pateando una pequeña piedrita a su lado caminando hacia una de las fuentes del jardín, el sol matutino ya calentaba su espalda y el calor la hizo sentirse somnolienta, pareciendole demasiado comodo uno de los bancos que tenía como decoración, sentándose con cuidado sintiendo la leve brisa que proporcionaba la fuente, acarició la venda de su mano y sin quererlo la sombra que había despertado el día anterior se apoderó de sus pensamientos.

FlashBack

No esperó que algo así fuera a pasarle, desde pequeña había Sido alguien muy recia a esos sentimientos aunque no negaba que en su mente podía permitirse imaginarse algo más. Pero no precisamente cuando creía haber ya superado esa barrera, era su Tercer año en la universidad y se sentía flotando en las nubes ¿No podía ser más ridícula en sentir aquello por alguien que ni conocía? estaba como la mayoría de las chicas de esas aulas, suspirando por un hombre como si tuviera catorce o quince años, había quedado prendada, admirando al profesor suplente que de vez en cuando asistia a la universidad, no sabía si solicitaban su presencia por algo más que un comodín cuando algún otro docente no asistía o tenía una incapacidad ¡Dios! ese hombre, parecia cubrir cada detalle que una mujer pudiese buscar, joven, guapo, viril e Inexperto, casi novato decían las docentes más antiguas en el lugar, no comprendía si era un doble sentido o era más por el ámbito profesional, pero en su posición no podía obtener más que eso, una simple admiración lejana a las escasas veces que llegó a cruzarse con él, si es que estar en el mismo edificio podía conciderarse así, siendo una más de las jovencitas que imaginaban cómo sería una relación con ese hombre, odiaba que no supliera a ningun docente de su área, si quiera Bulma le creyó cuando le dijo que había visto un príncipe en la facultad sin dar tanto detalle de quién era, ni su nombre sabía, solo lo reconocía por el porte con el que se paseaba, al igual, tampoco tenía la suerte de verlo muy seguido, sus clases eran contadas y en los tres años que ya llevaba ahí, si quiera parecía un recuerdo calcado en los muros, solo un mero fantasma que aparecía cuando menos lo pensabas, solo un poco más visible para el área de Derecho, no para Comunicación ni Gastronomía. Fue de las pocas veces en la que se arrepintió de haber escogido su carrera.

Pero ese día, en medio de una clase impartida del Chef más estresante que hubiera conocido a la fecha, tuvieron que similar un evento, estaba emocionada de ir entrando en materia con docentes como comensales, no creía tener un comentario imparcial aunque hasta ahí, podría sobrellevarlo, no seria la primera vez que los hicieran ensayar con personas diferentes a sus compañeros, todo iba perfecto en la primera fase de su servicio, los grupos divididos hasta el momento solo había recibido apenas una que otra recomendación, nada fuerte, hasta que en uno de los platillos decidieron llamar al cocinero a cargo, segun para que hiciera frente a una crítica y por desgracia, habia sido ella, el capitán de mesa había llegado un tanto astiado, tal vez había escuchado algo no de su agrado pero esa vez no quiso él recibir la reseña, así que la llevo a pasos rápidos hacia una de las pocas locaciones, sin un comentario para anteponer una respuesta positiva, a lo lejos se veian cuatro personas y todas vestían exageradamente bien a comparación de su uniforme Blanco y gris con apenas una leve mancha de cilantro en una de sus esquinas.

—El Fiske no se que le falta más condimento, sin contar que la guarnición es muy pequeño para un platillo fuerte…—escuchó a tan solo un par de pasos de ellos y esas simples palabras ya parecían hacer un pequeño hueco en su cabeza.

¿Que?

—Disculpen, ella es la encargada de este plato…—Comento el capitan, mientras ella levantaba el rostro y grababa en su cabeza las facciones de sus comensales, ya fuera por una buena o mala pasada los tendría presentes, resaltando mentalmente cada rostro hasta que giro a su derecha, podría jurar que sus ojos se abrieron realmente grandes y que sus mejillas tomaron un poco de color, por poco y le daba un infarto. Los ojos azulados y el cabello negro aliniado hacia atrás apenas sujeto con algo de gel la había dejado sin aire, era mucho más apuesto a esa distancia, paso pesado y maldijo cuando esté le regaló una pequeña mueca al haber detectado su mirada explícitamente sobre él. ¡Que vergüenza! ¿Lo habrá incomodado?

"¡Mierda!"

Alejó su mirada rápidamente intentando calmar el palpitar de su corazón, dio un paso más hacia la izquierda intentando alejarse de él, aunque la presencia del capitán estuviera en medio, Que pésima suerte, si quiera podría disimular la incomodidad que le resultaba tener su atención sobre ella y más cuando no eran precisamente halagos los que iban a recibir. Quería desaparecer.

—Milk, ellos son los instructores de la facultad de Derecho, la instructora Janet, la docente Mitoha, la directora Suan y el instructor Lapis…—su nombre, parpadeo un par de veces solo observando le por el rabillo del ojo mientras ofrecía una pequeña reverencia, debía actuar lo más profesional que le fuera posible en esa situación, pero el tener al menos su nombre le había echo escalar un pequeño escalón en su imaginación.

—Un gusto conocerlos…—hablo un poco más bajo de lo habitual, pero esperaba hacer un poco más memorable ese encuentro demostrando su nivel, aunque fuera una crítica directa a su plato, esperaba por lo menos sustentar una respuesta coerente, aunque no fuera lo común en una situación real, pero ese era uno de los puntos recalcados en esa brigada, Debía estar preparada.

—Oh, tú eres la niña que preparó esto…—la tal Janet fue la primera que habló, alzando apenas unos milímetros el plato antes de dejarlo caer, mostrando su ceño fruncido con una notoria expresión de asco, sin duda era quien escucho antes de llegar, lo dedujo por el tono de su voz—Déjame decirte que no es para nada el mejor platillo que haya probado…—Con el tenedor empujó la bolita de carne de pescado mientras alzaba sus cejas en decepción, pudo sentir como internamente algo de fuego se encendía y sus manos tras su espalda no dudaron en apretarse—el aderezo es demasiado dulce, esto no es un postre…—revolvió lo que aún quedaba en la superficie, destrozando el emplatado que tanto le había costado hacer, sin contar que había arrojado sin querer uno de los palitos de zanahoria hacia el mantel ¿Acaso le costaba mucho algo de amabilidad?—¿Qué te pasó por la cabeza al servir algo así?—por primera vez desde que la docente había comenzado a hablar frunció su mirada, claramente el rubor que había ganado anteriormente por la vergüenza se había remplazado por la ira, su mandíbula estaba tensa y sus cortas uñas ya parecían clavarse atraves de la tela en su piel, debía de poder calmarse, tenía que hacerlo, pero… ¿¡Quién diablos se creía para decirle todo eso!?

—… Bueno, no conocemos bien la estructura del plato…—Comentó la directora intentando calmar la leve tensión que se formó cuando la morena soltó el aire un poco brusco, se sentía algo fuera de base, la pobre mujer sabía que su colega había sido ruda con la pobre joven y a diferencia, el platillo no le era molesto, pero eran sabores de los que no estaba acostumbrada y más a su edad—¿Puedes explicarnos?— Milk intentó hablar, apenas logrando separar los labios antes de ser interrumpida.

—Disculpa, Directora Suan, pero esto está horrible…—De nuevo, aquella mujer si quiera le dejó contestar, podía ver claramente que entre las otras dos mujeres, ella era la más joven y talvez quería hacer alguna clase de mérito ya fuese con sus superiores o con el único hombre en la mesa, pero quizás por ello el capitán había decididó llevarla tan pronto a la mesa, quizás, a él tampoco es que le cayera muy bien por su actitud y su nivel de cólera estaba por explotar.

—Deja que nos explique Janet, aún está aprendiendo…—fue apenas la única frase que soltó ese día la docente Mitoha, quizás la que provocó que ese día recibiera el primer castigo por mal comportamiento. Pero igual, no se arrepentía.

¡Maldita bruja!

—Mitoha, tu misma dijiste que no sería algo que comerías…

—Mire, señora…—le soltó al acercarse más y sujetar el cuchillo que siquiera se había dignado a utilizar, sobresaltandola un poco—un platillo como este no se puede comparar con un Muffin de la cafetería—Le comentó un poco más cortante, mientras acomodaba nuevamente el plato que había revuelto y aunque no se viera igual por lo menos ya no se vería como un plato de desperdicios para animales—el Fiakeboller sin duda es un platillo poco común, es a base de pescado y por ello, nuestro mesero se lo presentó como Fiakeboller Med Hvit, que consta de unas albóndigas de pescado, en una salsa blanca con una guarnición de papas y zanahorias hervidas—dejó el cuchillo a un costado de su plato, caminando alrededor de la mesa, hacia la otra docente cortando con su propio cuchillo el trozo de carne para así verterle de la fuente de aderezo sobre la pequeña porción tomando algo de la guarnición mientras seguía hablando— sazonadas ligeramente ya que se considera un platillo de entrada— dejo el bocado en la mano de la mujer y se acercó a la directora haciendo lo mismo con una facilidad que las dejo sorprendidas—Si usted pensó que el plato que se les ofreció en un inicio era la entrada, esta equivocada— se acercó al hombre y a diferencia de sus compañeras este ya había hecho lo que ella en su momento empezó a enseñarles, así que solo se posicionó a su lado para tomar con el paño que llevaba con ella el trozo de zanahoria que la otra mujer había arrojado casi sobre su plato— tanto por porción y en presentación—se alejó rápido al tener la sangre aún caliente, posicionándose de nuevo junto a la mujer agachándose un poco para estar más cerca— era un abrebocas… el día de hoy es comida Noruega lo que se les esta ofreciendo, no es comida china—el tono de su voz quizás no fue el adecuado o el atrevido acercamiento que sin duda las Sobresaltó. Pero lo remató al darles la espalda e irse sin siquiera escuchar una palabra más y el no dejarse pisotear por aquella docente, había perdido puntos en esa materia.

El Chef tan pronto se enteró la sacó de la cocina, gritándole tanto como si fueran uñas en el pizarrón, su atrevimiento afectaría su nota final además de quedar registrado en su expediente, sin contar que tuvo que esperar a que la práctica finalizara y el castigo se viera reflejado en limpiar todo el desastre en el que terminaba la cocina después de cada servicio, Mierda, se lamentó por qué él capitán de mesa no se hubiera interpuesto pese a que no descalificó su actuar. Maldita bruja. Ni sus compañeros se inmutaron en alivianarle la tarea, incluso pensaría que dejaron más de lo que pudieron utilizar en todo ese tiempo, refunfuñó sobre las cinco de la tarde cuando salió de la bodega con la escoba y el trapero listo junto al balde con todo tipo de limpiadores, Cada elemento tenía su propio tipo de limpieza. Jodido Chef, era demasiado severo en cuanto a esos temas, él era de los que creía que el cliente siempre tenía la razón.

—Que Odioso…—refunfuñó tirando a un lado la escoba mientras se acercaba al lavado, dejando el balde aún costado, acomodando un par de ollas antes de empezar con los innumerables platos que debía asear primero, el menaje era uno de los utensilios más quisquillosos a la hora de entregar, sino estaba perfecto debía empezar nuevamente, siempre y cuando terminara pronto para no tener que ir detrás del guarda de seguridad para que le abriera el almacén, bufó de nuevo y abriendo una de las llaves arrojó un poco de cloro y jabón líquido en la pila de agua limpia para enjabonarlos, movió una torre de platos y restos de comida que no fueron retirados de ellos, cayeron sobre el agua—¡Agh! Carajo…—hablo bajo sacando los trozos de las bolitas de pescado y arrojándolos a la basura desde su ubicación—Pff, Esa maldita vieja, como si supiera algo sobre cocinar…—tomo aproximadamente diez platos y los puso con cuidado entre el agua, tomando pequeños montones, uno tras de otro.

—Supongo que no, pero no hay necesidad de insultarla…—la sartén que había entorpecido su tarea resbaló de entre sus manos y cayó brusco sobre el mesón, haciéndola girar por inercia al no haberse percatado de aquella presencia tras de si ¿A que horas llegó? No llevaba ni cinco minutos allí, no vio a nadie cerca ¿Cómo es que no sé percató? Sus mejillas enrojecieron y el par de pasos que dio dejaron un ligero espacio entre ambos—¿No crees que eres algo altanera?—sus ojos casi salen de sus cuencas y el intento de ocultarse ante él, solo pudo hundirse entre sus hombros. Nunca espero verlo a allí.

End Flashback

Chasqueo la lengua y ahogó un grito, no quería recordar, no quería traer devuelta aquellas sensaciones, sabía que de algún modo la confundirian, la atormentarian y el miedo se apoderaría de ella de nuevo.

"¿Qué estoy haciendo?"

—Joder…—se levantó de aquel asiento, buscó la tarjeta de invitados, la colgó en su cuello decidiendo inmiscuirse en las instalaciones, caminando con cuidado y ocultando sus manos entre las mangas de aquel saco gris, tragó pesado pero con algo de ingenio logro obtener un folleto de los pisos más importantes y decidió encaminarse uno por uno. Era el único modo que tenía para distraerse. Aunque no entendiera ni una palabra.

Al llegar a esa primera planta halló inmensas estructuras, según el folleto era donde se mejoraban las máquinas industriales que tenían en construcción, se acercó a un panel a un costado de la puerta, escaneando el código de barras en su tarjeta y dejando que un redundante muñeco comenzará a explicar beneficio de aquella maquinaria.

Dios

FlashBack

Justo después de aquel incómodo encuentro la chica había permanecido en silencio y no era por qué de la nada el hombre se le fuera acercado a hablarle, ni mucho menos por qué él tipo de cierta manera le reclamara por su vocabulario, siquiera porque creyó que le diría algo sobre su platillo, más bien por lo que mencionó poco antes de irse.

"Me gusta esa rebeldía en ti, muñeca"

Se había acercado tanto a ella que no pudo llegar a reaccionar, los ojos azules parecían absorberla y el estoicismo había ganado la batalla ante de perderla, la leve ficción de una de sus manos sobre su hombro la entumio en ese lugar, quedando en esa posición tal vez unos diez minutos después de que él se retirará.

…Dios Mío…

Al reaccionar el rubor inundó sus mejillas, el calor subir por su cuerpo y extrañamente su garganta secarse, había quedado deshecha, forzó a su saliva bajar por su garganta y apenas se abanicó un poco con una de sus manos, obligándose a continuar con su labor, está vez sin chistar ni media palabra, totalmente en silencio, con los labios apretados y el ardor en sus mejillas sin disminuir, siquiera un pensamiento cruzó por su mente, cuando terminó su labor, solo tomó sus cosas y volvió a casa y se encerró en su habitación.

…Dios…

Pensó al hundir su rostro entre la almohada y sentir por primera vez que respiraba, quería gritar, reír, patalear e incluso saltar sobre su cama, no podía siquiera creerlo, ese acercamiento aunque tonto había rebasado mucho de sus limites.

"Y pensar, que no pudo haber sido de otra manera…"

Al pasar de los días su mente había maquinado una y mil maneras de una posible conversación real o como pudiesen haber tenido algún acercamiento diferente a ese, su mente distraída no hacía más que sobreexplotar ese leve acercamiento y fuera preferido que siguiera así de no haberse topado nuevamente un par de días después, caminando por el mismo pasillo, cada quien acompañados de sus propios compañeros, simulando ignorar la presencia del otro apenas rosándose sus manos haciéndola tensarse y por inercia girar apenas su rostro intentando encontrarse con el suyo sin éxito, mordió su mejilla interna sin dejar de caminar rogando que ese par de segundos no la hubiese expuesto de más.

¡ Maldición!

Se carcomió mentalmente recuperando parte del rubor que había perdido en el transcurrir de los días, mordió su labio y sacudió su cabeza, se dijo que quizás esa acción había sido meramente accidental y que su cerebro estaba creando algún tipo de relación platónica excesivamente veloz. La absurda fantasía de una chiquilla con el docente de su universidad. No podía ser más cliché que eso.

"No estoy para estas cosas"

Se dijo mentalmente mientras intentaba retomar la compostura, negándose a los ensoñamientos aunque supiera que no duraría así más que un par de horas, se enfocó lo más que pudo en sus estudios de ese día repasando un par de horas en grupos y colaborando de más en medio de la práctica, sin importar reducir su tiempo libre antes de su jornada laboral. Ese día salió tan rápido como pudo y corrió hacia el estacionamiento, enviando con su despistada compañera su maleta con los libros y uniforme que tenía que lavar por el manchón que ganó al resbalarsele un adobo de las manos.

—Prometo llevarte algo, solo ponlo a lavar y déjalo en remojo en cloro y bicarbonato, esa mancha debe de salir hoy Bulma—rogó a su amiga a través su teléfono, mientras está a su vez rodaba los ojos y refunfuñaba al ya haber salido de la universidad con el maletero a un costado, odiaba cualquier tipo de tarea hogareña.

—Esta bien, pero no te prometo que lo haga bien.

—Por favor…

—Bien.—colgó sin mucho cuidado y aceleró en su marcha, mientras la morena intentaba encender su auto aún con el teléfono a medio colgar sobre su hombro.

—Vamos… Betty, enciende…—rogó girando la llave y presionando levemente el pedal—No, hoy no…—chistó enojada, saliendo al darse por vencida después de 10 minutos en intentar encender su bello auto— preciso…— miró el reloj en su muñeca y salió rápido del auto, tomando si abrigó y su bolso empezando a caminar presurosamente hacia la cafetería, en definitiva, iba a llegar tarde a menos que corriera—Carajo…—tenía menos de veinte minutos para llegar y empezar su turno hasta las nueve de la noche—tendré que caminar de vuelta también…— aceleró sus pasos, metiendo el abrigó entre la correa del bolso y ella, acomodando la tira de cuero sobre su hombro, un par de pitidos a un lado suyo la hizo girar a ver, enarcando una ceja e intentando acelerar el paso un poco más, el vidrio del copiloto descendió y la imagen de ese hombre verse a través de la tenue oscuridad que había dentro del vehículo la sobresaltó.

—¿Necesitas que te lleve?

End Flashback

—¿Se encuentra bien señorita?— siquiera se dio cuenta cuando volvió a perderse en sus recuerdos, ni cuando aquel joven de cabello castaño se había acercado.

—Ah no, si, si, estoy bien, estoy bien…

—Oh— asintió incrédulo— creí que no entendía el proceso, lleva mirando la pantalla veinte minutos…—no pudo evitar enarcar una ceja, mirando como aquel videíto de introducción hace tiempo había acabado y estaba en la espera de reanudarlo o en ver otros nuevos, sintió vergüenza y negó tan rápido como pudo.

—Solo estaba pensando, disculpe…—se alejó rápidamente hacia el ascensor, negándose a la idea de ir a observar las máquinas más de cerca, dejando al chico con la palabra en la boca, lo mejor era ir a otro piso.

"Concéntrate"

Se riñó mientras chasqueaba su lengua y apretaba el puente de su nariz, suspiró al estar encerrada en el elevador y oprimió el botón del siguiente piso… ¿Cómo es que se estaba acordando de todo eso? Había pasado hace tiempo y aun así no se sentía bien, a pesar de que había echo lo correcto al alejarse, su cerebro se empecinaba en traer de vuelta esos recuerdos, no podía entenderlo ¿Por qué recordar esos buenos tiempos? Precisamente cuando quería reinventarse, En ese entonces no había descubierto la verdadera imagen de aquel pelinegro y eso de alguna manera la hacía comparar la situación con lo que ahora vivía, se maldecía por ello, porqué al menos este hombre, aunque descarado y retorcido, había sido capas de advertirla, Lapis no, había tenido que lidiar con su lado oscuro y sentirse ultrajada ante sus chantajes continuos e incluso llegó a ceder por el miedo, la inexperiencia que la había empujado curiosa a aceptarlo… y pensar que había sido tan amable al principio, coqueto y elegante, aunque no entendió en su momento como solo ella se daba cuenta.

En esas primeras semanas de acercamiento todo fue tan fluido que se podría comparar a esas vanas relaciones que tuvo cuando era más pequeña, charlas tontas, risillas indiscretas, citas en los parques e incluso un chocolate como muestra de afecto ¿Acaso su subconsciente estaba tratando de equilibrarlos de alguna forma? El rubio se había descubierto ante ella, mostrando sus intenciones reales antes de enrredarla de mas, habían cosas que quizás él no entendía, del porque de su reacción y quizás su pánico había podido más que ella, sin embargo al ser poseedora de la verdad de ambos entre sus manos, le era imposible no notar ciertas similitudes. Aunque existiera algo más de descaro en el rubio, el pelinegro tenía su propia manera de jugar, llegó a ser más recatado ante ella, procurando que nadie notará su verdadera persona y eso la incluía, Pero la adrenalina de la relación prohibida de alumno/maestro la mantuvo aferrada a él, sin embargo no podía escapar entre la diferencia de edad que también expandía la brecha entre ellos aunque en Japón ya se considerará un adulto el tener los 18 años, tanto como para votar, aún era tanto el tabú, que si esa persona no pasaba de los veinte años aún se consideraba un menor.

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Había comido hasta casi reventar, estaba completamente llena y no era porque no pudiese salir a comer algo en la tarde, sino para tener la escusa de su malestar si aquel joven contratista deseaba volverla a invitar a comer, era realmente molesto, tantos halagos, piropos, adulaciones que siquiera las discretas insinuaciones llegaban a motivarla ¿Por qué no podía gustarle alguien normal? Cada unos de sus Ex siempre eran ese prototipo FuckBoy que solo parecían bueno en los dramas coreanos, en la vida real, eran tan cual aparentaban, egolatras con problemas de autocontrol. Sin embargo no podía simplemente alejar aquel gusto, era ajeno a ella y ocasionaba que sus relaciones fueran mucho más cortas al no cumplir ese prototipo tonto que creía era real. Aburrida solo escuchaba la charla de los adultos, acuerdos, convenios, algunos contratos externos que por más de beneficiarla solo la aburrían, no quería terminar dormida en medio de la sala, pero por un demonio, cada segundo amenazaba con hacerlo, alzó la mirada contando cada minuto como una eternidad desde que había llegado ahí, su interés se acabó a los quince minutos de comenzar y ahora cada palabra se le hacía más eterno ¿Por qué no tomo la escusa de irse con la morena? Podrían estar hablando de cualquier cosa, buscando algún mueble horrible que a Milk le gustara para su nuevo apartamento sin tener que aburrirse o quizás soltará la lengua de los hechos del día anterior. Aún le inquietaba su estado emocional y aunque no había sacado nada de información al respecto, había decidido buscar por su cuenta, pero no era que tuviera el tiempo a su disposición, apenas un par de mensajes con su hermana por si llegaba a enterarse de algo que ella ignorase pero nada que fuera relevante, solo sabía que Milk había estado con ese rubio, La actitud y en la forma en la que se vistió se lo insinuó, más no la quiso molestar, ya era difícil que saliera con alguien y un partido del calibre de Son Goku no se encontraba a la vuelta de la esquina, aunque dudaba por la escusa del empleo temporal que le había comentado por teléfono, eso tendría que validarlo también, Nadie le ganaba a su instinto y podría poner las manos al fuego de no ser a si.

Miró de nuevo su teléfono y ya casi era medio día y aún la junta parecía no acabar desde temprano, más gente llegaba y otros se iban, dependiendo de que negocio fueran a discutir sin reparar más allá de ser la sucesora del cargo de su padre, solo algunos saludos y sonrisas amplias al ver a la futura jefa de la empresa, bufó exasperada y desbloqueo su teléfono, le testeo a la morena, rogando porque ella le contestará pero la fecha de la última conexión le quitaba aquella esperanza.

"Moriré del aburrimiento"

Estiró sus manos sobre la mesa dejando caer parte de su tronco hacía el frente, ocultandose entre los hombros mientras daba un largo bostezo fuera de la vista de los curiosos, un par de segundos tardó y fue cuando sintió un par de dedos en su hombro, haciéndole levantar la vista, encontrando a la secretaria de su padre a su lado, levemente temerosa de tratar con ella, se agachó para hablarle sobre el oído regalando una mirada sigilosa a los testigos.

—Señorita, tenemos al gerente de Sayan Enterprises esperando por usted en el Lobby, preguntó específicamente por usted ¿Desea pactar alguna cita ahora o en otro momento…?

—¿¡Sayan Enterprises!?—dijo un poco más fuerte, incomodando un poco a la mujer, que solo asintió y apretó el teléfono en su mano.

—No especificó para que la necesitaba o si quería agendar una charla con el Sr. Presidente, el señor Son solo pidió verla lo antes posible— la ojiazul se reincorporó, poniéndose de pie mientras alisaba su traje y aunque llamó la atención de algunos, estos estaban más centrados en su padre que en ella.

—Bien, vamos, es mejor salir de las dudas de una vez…— guardo su teléfono en su bolsillo delantero y apretó los dedos de sus manos entre si, mientras sujetaba una pequeña libreta entre sus manos, caminó tras la otra mujer, sin hacer mucho ruido y dando apenas unas ligeras disculpas al retirarse, siendo apenas unos minutos lo que tardo antes de verse en el inmenso lobby del piso ocho con un pelirubio esperándola sentado tranquilamente en uno de sus sillones, no demoró mucho en verla y fue allí que sintió por primera vez una desazón en su pecho ¿Qué diablos había pasado entre esos dos?

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Aún encerrada en aquel ascensor, se había dejado llevar de piso en piso por la gente, agradecía que no fueran las mismas personas porque quizás la verían raro al estar subiendo y bajando en el elevador al no tener un sitio especifico a dónde ir, estaba molesta, la inquietud, la opresión y la incertidumbre hacían una mescolanza en su vientre, haciendo sus ánimos decaer y su estado de ánimo no ser de los más agradables posibles ¿Por qué le costaba tanto encontrar un punto de equilibrio? Estaba demasiado indecisa como para hacer algo y aunque ya fuera un poco más madura en sus desiciones aún le costaba bastante controlar sus ataques de histeria. Demonios, si su padre la viera ahora no sabría si la volvería a reprender por dejarse envolver o la felicitaría por escapar a tiempo. Si hubiera escogido bien… si hubiera dado un límite cuando no le parecía correcto, quizás no tendría ese trauma carcomiéndole las entrañas.

FlashBack

Sin esperarlo, una relación había nacido en pocas semanas y aunque no hubiera palabras concretas confirmándolas, estaba segura de ello, habían acordado tener ese acercamiento a escondidas, era más que evidente que la facultad no permitiría ese tipo de relaciones y sin contar que su padre jamás lo aceptaría. Tenía la suerte de que su amiga siquiera conociera el rostro de aquel inherente profesor y que al pillarlos en uno de los pasillos solo pensó que era un chico de su semestre, la juventud de la que gozaba el hombre lo hacía pasar como un chico más acordé a su edad. Por ello, no temieron ir juntos, sin propagar los límites que él le había ofrecido al ella aceptar una relación que hasta el momento solo parecía de ensueño, diez años era demasiado tiempo para algunos…

Después de tanto, ese día le había pedido verse, era la primera vez que iría a su casa y sin duda tenía las expectativas en las nubes, las charlas con Bulma no llegaban a ser "nada" pecaminosas, el rubor cubría sus mejillas de solo recordar los escenarios que la peliazul plantaba sin decoro entre ellos o como sería si fuera ella misma la afortunada, eso la tenía al velo. No es que temiera perder su virginidad, pero sin duda temía hacer algo que no fuera del agrado de él, las teorías de internet y la casi nula experiencia la estaban haciendo arrepentirse de encontrarse, porque debería ser sincera, esperaba que ese primer encuentro íntimo entre ambos llevará a algo más aunque no fuera una experta conocedora en la seducción, era demasiado tarde como para estar fuera de casa por solo una visita, eran quizás las nueve de la noche y aunque el taxista la viera casi de mala gana fue lo que menos le importó, llegando como lo acordaron a su casa a las afueras de Musashino, la mansión era enorme, incluso podría jurar sin siquiera haber ingresado que podría perderse en su interior, las rejas apenas y rodeaban el lugar siendo separados por un cúmulo de arbustos perfectamente podados a lo largo y ancho de las instalaciones, era hermoso verlo a pesar de la poca luz que le brindaba los faroles.

La ingenuidad del momento no le permitió pensar más allá de ese instante, solo quería dejarse llevar por el que en ese momento, era su pareja.

El ingresar al predio fue lo menos complicado, ya habían avisado a los guardas que ella llegaría y con solo decir su nombre ya tenía acceso al inmenso jardín. La guiaron hacia la entrada y con pasos levemente temerosos ingresó al lugar con ayuda de una de las criadas, el inmenso lobby que la recibió era fascinante. Inmenso sería la palabra apropiada, el cálido color caoba de los muebles, las luces eran bajas irradiando un leve color amarillo que hacia ver ese enorme espacio en un lugar acogedor, un par de pasos fue suficiente para ver a aquel pelinegro esperarla con un par de copas de vino recostado en uno de los muros, atento a su espera, aunque no lo notase, el brillo algo ansioso en su mirada la alteraba.

—Pensé que no vendrías— la hora pactada había sido muy propasada de su parte y aunque pensó que solo jugaba con ella. No pensó desaprovechar esa oportunidad.

—Sabes que no haría eso…—Sonrió suavemente y sujeto la copa desde el tallo, acercándola a su nariz para olerla ligeramente, dándole un pequeño sorbo y disfrutando el fuerte sabor a uva— está dulce—Dio otro sorbo acercándose aún más a él, agachando la mirada y estrujando entre sus dedos el borde de su camisa, una ligera risa y el roce de la mano masculina ahora libre encajarse en su cintura, regalándole un pequeño masaje.

—Lo mejor para mí muñeca —Le susurró sobre el oído, haciéndola sonreír, mientras la llevaba hacia el final de la estancia donde un pequeño pasillo los esperaba hacia una enorme escalera. Mordió el lado izquierdo de su mejilla mientras el nerviosismo iba en aumento, el alcohol parecía reforzar el calor que había acumulado en semanas de espera y las suaves caricias sobre su espalda la tensaban, como si fuera algún tipo de lenguaje primitivo que la estaba llevando por buen camino.

¡Dios!

Pensaba mientras seguía dejándose guiar por él, olvidando casi por completo el paso de los minutos y como de la nada habían llegado a un inmenso cuarto, el click que sonó tras suyo, el asecho sobre su persona le erizó la piel y la cercanía que había tenido anteriormente había intentado desaparecer

—¿Lápis?— giro curiosa su rostro hacia él y las manos simplemente aprisionaron su cuerpo al masculino, sintiendo la respiración sobre su nuca y la mordida que se aprisionó sobre la carne aún cubierta de su hombro.

—Eres mía…

End FlashBack

—¡Ghh!—El escalofrío que recorrió su espalda la dejo sin aire, su aliento se había congelado y sus hombros comenzado a temblar ¡Demonios! Se había internado demasiado en sus recuerdos y el temor había intentado apoderarse de ella nuevamente.

—Solo es un maldito recuerdo. Contrólate—refunfuñó para si misma, aprisionando sus brazos y frotándolos intentando alejar el frío que se había calado en sus huesos. La puerta del elevador volvió a abrirse y está vez fue un par de secretarias quienes ingresaron, ignorando su presencia mientras cuchicheaban entre si.

—¿Viste lo guapo que está?

—¿Y como no? La Señorita Brief si que tiene suerte, condenada mujer—una risilla entre frustración y alegría se escuchó de ambas mujeres, las puertas volvieron a cerrarse y el botón de la plaza uno se iluminó, alzó la mirada y el botón del piso 8 dejaba de brillar.

—Es una pena, sino tuviéramos que almorzar tan temprano podríamos habernos quedado un poco más— según conocía, solo existían dos herederas de la corporación capsule y Bulma no había mencionado a su hermana en ningún momento, así que, atar conjeturas se le hizo fácil entre las frases de ambas mujeres.

—¿Crees que estén saliendo?

—No lo se, pero ese hombre está como quiere…— de nuevo volvieron a sonreír y está vez la pelinegra no pudo evitar sentir curiosidad, miró de nuevo el número del piso en el que ambas chicas habían entrado.

¿Seria Bulma de quién hablaban?

Mordió tenuemente su labio inferior, No estaba haciendo nada productivo y se rehusaba a volver a perderse entre sus memorias, ya estaba cansada de martirizarse, volvió su vista a su mano lastimada y en un pequeño apretón sintió la carne aun hinchada, tendría que confrontarlo tarde o temprano y que mejor con su amiga del alma que le diera un par de consejos, aunque el contrato que había firmado no le dejara muchas opciones, chasqueo la lengua y tomo una bocanada de aire. Volvería a ese piso a curiosear, tomar como escusa buscar a la peliazul no era mala idea y si se trataba de Bulma, bien podría echarle una mano con el posible candidato a su pareja o también podría ser el mismo chico que le comentó el día anterior y darle una mano para escapar, seguro se lo agradecía, de no ser ella, sino su hermana siempre podría volver a su divertido sube y baja en el ascensor mientras se le ocurría algo mejor, así que esperó a que ambas chicas salieran, volviendo a estar sola aprovecho el momento, estiro su mano y oprimiendo esta vez ella el botón del piso ocho.

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—Señorita Brief, es un gusto volverla a ver… —Un par de pasos y el chico estiro su mano hacia la joven, regalándole un pequeño apretón que la chica apenas y noto, actuando automáticamente sin quitarle su mirada de encima. Estaba dispuesta a ingresar en su cabeza y sacarle información.

—Señor Son, Es un gusto verlo por aquí, Si quiera pensé que por iniciativa propia vendría a este lugar a verme o ¿Me equivoco?— se acercó más a él mientras señalaba los asientos un poco más lejos de los oídos curiosos de los recepcionistas—¿A qué se debe? — esta, si quiera intento disimular su tensión. No sé sentó en el asiento y aquel rubio solo cerro sus ojos un par de segundos, quedando igual de pie, frente a ella mientras tensaba un segundo su mandíbula. Lo había captado rápido.

—Vera señorita, Brief…

—No me diga…—Levanto su mano, silenciando al chico que solo enarco una ceja sintiendo algo de molestia ante la actitud de la chica, la última vez que se vieron parecía un poco más, acaramelada con su presencia, pero en ese momento parecía con intenciones de denigrarlo O eso sintió ante la pose altiva de la peliazul— usted y yo queremos respuestas ¿No? Que sean rápidas y concisas, se a que viene y espero que responda por sus acciones, así que conteste primero a mis preguntas—la chica apoyo una de sus manos sobre su cadera mientras la otra lo señalaba descaradamente —¿Qué le pasó ayer a Milk? Porque no llego aquí en las mejores condiciones.

—Señorita Brief…— el rubio alzó ambas cejas mientras escondía una de sus manos entre el bolsillo de su pantalón. Si que había ido al grano.

—¿Qué le hizo?—su ceño apenas y se frunció y la mirada azulada choco con la esmeralda, manteniendo un par de segundos la tensión sin siquiera parpadear, eso en definitiva no le había agradado ¿Acaso la morena le había pasado algo más de lo que no estuviera enterado? Debió esforzarse más en encontrarla ayer. Tragó pesado y relamió rápidamente sus labios, había intentado dar con ella sin levantar tanto alboroto pero al no encontrarla en la calle ni en los autos cercanos, había optado por las llamadas a su teléfono, pero terminaron siendo nulas y solo le quedó dejar un mensaje de voz a la espera de que ella fuera quien se pusiera en contacto, había sido suficiente para volver a su Pent-house, intentó mantener la calma y contactando alguien en Komae esperaba que le indicara si la chica llegaba en algún momento, cosa, que no sucedió así que solo le quedaba buscar a su compañera con la que le comentó iría ese fin de semana a Tokio y por sus palabras Había acertado, termino refugiándose en su compañera de piso aunque rogaba porque su discreción no se hubiera perdido ante su euforia.

—Mire…—apenas levanto su mano derecha y un leve golpe de la peliazul con sus dedos lo arrinconó a salirse de quicio, que chiquilla tan insufrible.

—Respóndame… —le hablo un poco más firme sin alzar la voz intentando mantener la apariencia de su conversación pese a querer írsele encima y zarandearlo para que soltará la boca de una vez. Sabía que algo había pasado pero no podía simplemente definirlo por lo que vio sí ninguno de esos dos le explicaba.

—Déjeme hablar entonces.— hablo entre dientes con un tono de voz algo raspado y está vez si mostrando su ceño fruncido— Quiero saber del estado de Milk y no me esta dejando la tarea fácil, se que vino hasta aquí y le pido que me permita hablar con ella— sin duda estaba molesto, le irritó el comportamiento de la chica y el que lo estuviera interrogando sin más en pleno Lobby, forzándolo a mantener el control y no hablarle en el mismo tono.

—Así que si fue usted quien la lastimó—el dedo índice de la chica se apoyó sobre su pecho, empujando su falange como si quisiera clavarle la uña entre la carne, alterando aún más al rubio—Que maldito…

—Jamás haría eso— acentuó, sujetándole la mano y aunque está intento zafarse del chico, esté le impidió hacerlo al ejercer mayor fuerza en su agarre— no he tenido comunicación de su parte y quiero saber si está bien— el jalón fue un poco más fuerte teniendo que soltarla cuando uno de los asistentes intentaba acercarse de la manera menos disimulada posible, obligando a recorrer toda la zona buscando algún otro curioso, está mujer, estaba logrando sacarlo de sus casillas.

—¡Perfectamente!— soltó una risilla sarcástica mientras rodaba los ojos —esta muy bien ¿No?— él chico apretó sus dedos que estaban ocultos, odiaba que hicieran eso— si es lo que le preocupa, ya puede irse.

Que altanera

—Su actitud me desconcierta—apretó rápidamente el puente de su nariz antes de volver a mirarla intentando relajar la tensión en su rostro— no creí presenciar el descaro de su lenguaje, pensé que solo lo hacía en sus lascivas entrevistas.— la boca de la mujer se desencajó sintiendo algo de desazón en su orgullo, pudo verlo al tener esa expresión, si quería ser altanera el bien podía corresponderle en eso, el tono sarcástico que usaba a cada rato le estaba incomodando demás, su altanería para nada se le hacía divertida a diferencia con la pelinegra ¿Cómo esta chica tan molesta podría ser amiga de la morena?

—Pierdo mis estribos si se meten con los míos— está vez fue el rubio quien soltó una pequeña risilla, mientras acomodaba uno de los mechones que había empezado a estorbarle en su frente, a la peliazul no le agradó su expresión y quiso estar en un lugar mucho más discreto para poder gritarle como merecía, su presencia se había vuelto agria con tan solo pensar que tenía que ver con el mal de su amiga, ¡Al diablo que fuera apuesto! habían mejores hombres para ella— Ella la a pasado bastante mal, como para que llegue usted a empeorarlo— se acercó un paso más al chico que no se inmutó en retroceder ganándole a un varios centímetros pese a que la chica estuviera en tacones.

—No hice tal cosa, está sacando conclusiones infundadas— los dedos delgados de la chica volvieron a tomarle alcance, arrugando parte de la solapa de su vestimenta haciéndolo gruñir leve ¿Quién se creía que era?

—Fue lo suficientemente obvio, supuse que el responsable de su mal estado, era usted— intento jalarlo hacia ella pero siquiera logró moverlo, sintiendo una leve intimidación en su mirada un tanto oscurecida por el cabello que perfilaba su rostro.

—Es libre de pensar lo que quiera— apretó su mandíbula y está vez alzo ambas manos para sujetar las de la chica, Apretó sus muñecas e intento hacer presión en la división que llevaba a su mano para alejarla— solo dígame dónde está.

—No hace falta…— sintió el leve dolor que el apretón ejercía en su carne, obligándole separar sus piernas y buscar apoyo para jalar sus extremidades o estar lista en caso de que la atacara, había aprendido lo suficiente de la pelinegra y su altura era ideal para un golpe bajo si seguía imposibilitándola de la parte superior —retírese— soltó un poco más fuerte mientras la tela escapaba de sus dedos pero la resistencia en sus manos no pretendía desaparecer— no hace falta que la vuelva a ver.

—No puede decidir por ella— la soltó cuando sintió más fuerte el tirón de la chica para así ella misma retroceder ante la presión ejercida, por poco y cae sobre uno de los sofás.

—Se que es lo que le conviene— el tono de voz de la chica subió un poco más y sus cejas rápidamente se juntaron y sus dientes se mostraron radiantemente blancos al contraste del labial rojo.

—Esto no es de su incumbencia— bufó exasperado, desviando la atención del rostro de la chica, fijándola en uno de los enormes ventanales, sino pensaba darle información, tendría que recurrir nuevamente a Wiss y no le agradaba esperar tanto tiempo.

—¡Si lo es! —el acercamiento veloz lo sorprendió y el dedo índice apuñalando la punta de su nariz lo descolocó ¿¡Cómo se atrevía!? Le estaba haciendo una escena—¡No se meta con Milk! ¡Busque a otra con quién pasar el rato!— había sido el colmo, había gritado eso en medio del Lobby, podía sentir las miradas de las personas sobre él y la vena sobre su frente se hizo presente al sentir el bochorno y la ira ir en aumento.

—¿¡Qué le pasa!?— mascullo intentando no empeorar la escena pero las palabras de la chica parecían no mermar.

—¡No sé lo pienso repetir! ¡Ahora váyase!...

(Imagen)

—¿¡Bulma!?— ambos giraron a ver a su costado, encontrando el ceño fruncido de la morena que se acercaba a grandes zancadas—¿¡Qué estas haciendo!?— sujeto su brazo, tirando hacia ella apretando un poco de más el agarre soltando una leve mueca pero le restó importancia—¿Qué significa este escándalo?—Por primera vez desde que llegó a ese lugar, las memorias habían desaparecido y el sentido común se había interpuesto formando un inmenso muro, que solo buscaba racionalizar lo poco que alcanzó a escuchar y como a pesar de no ser alguien conocido, las miradas curiosas ahora empezaban a clavarse en su espalda— ¿¡Porque estas discutiendo!?— los ojos de la chica viajaron está vez siendo consiente hacia el rubio, que la miró un poco sorprendido y no reaccionó a hablarle, solo regalándole un ligero movimiento de cabeza antes de que ella desviará la mirada. Cuando llegó a ese piso solo había mirado curiosa el lugar, hallando rápidamente esas cabelleras azulada a unos metros pero un pequeño infarto amenazó con destrozar su corazón e intentó volver a encerrarse en elevador cuando reconoció la figura que a duras penas se ocultaba por la figura de su amiga, era enorme a comparación y ese irreconocible cabello dorado, era casi como un sello de su persona. Las miradas y cuchicheos la detuvieron de huir y claro las puertas cerradas a tras suyo, busco el botón para abrir el ascensor y el grito moderado en la voz de la Brief la hizo frenarse y soltar casi un grito de pánico, cuando se acerco amenazadora al hombre, no tuvo otra más que acercarse e intentar mermar el mal momento del cual era evidente era el centro de conversación de esos dos. Apenas alcanzó a pasar saliva cuando el perfume de él llegó a su nariz, su presencia le hacía estragos a su cuerpo, pudo sentir el cosquilleo subir por sus piernas sin poder reconocer si era miedo o emoción el tenerlo tan cerca.

Era muy pronto para reencontrarse

—¡Pues este tipo…!

—¡Shh!— la otra mano de la pelinegra le cubrió los labios, mientras la acercaba más a ella susurrándole al oído—¡Cálmate!—carraspeo su garganta y aunque la presencia de más gente le aliviaba, no tuvo el valor de mirar al hombre como antes. Está vez, fijando sus ojos en el nudo de su corbata mientras obligaba a la peliazul a inclinarse hacia el frente—Lamento el comportamiento de Bulma, Sr. Son— se agacho igual apenas unos segundos.

—E-Estas sangrando— la voz ronca y el acercamiento repentino la hizo retroceder mientras soltaba el brazo de la peliazul y el color carmesí comenzar a cubrir la tela lentamente, tendría que cambiarse el vendaje.

—Milk…— por primera vez desde que la peliazul salió de la reunión, bajo la guardia y sujetó la mano de la chica mientras le daba un par de caricias en el dorso—Lo siento, es mejor que vayamos dónde el doctor para que te revise de nuevo— enredó sus brazos en el de la azabache, ignorando al rubio mientras jalaba a la chica hacia el ascensor.

—¡Señorita Ox!— la mano de él subió hacia ella intentando alcanzar a la chica, pero se detuvo en medio del camino, escondiéndola rápidamente antes de que el par de miradas volvieran sobre él — me alivia saber que está bien—trago pesado y algo inquieto acarició la parte trasera de sus cabellos —Yo quisiera…

—H-Hablaremos después Sr. Son, siento haberlo dejado plantado ayer…—el flequillo de la chica cubrió sus ojos y la mordida rápida que le dio a sus labios hizo que el temblor que había aparecido de la nada se frenará— yo, yo lo llamaré— se giro rápidamente, jalando está vez ella a su compañera, Que solo le regaló una mirada confusa al rubio y siguió por el camino que le indicaba la morena.

"Maldición"

Pensaron a la vez mientras se alejaban nuevamente, marchándose, quedando plantado en medio del Lobby, sin permitirse hablar, estaban jodidos.

XxXxXxXxX

Bueno, Algo corto por ahora pero es mejor que nada, así no ando tan perdida y se le facilita estar más conectada. espero leernos pronto. Bye

Mika-Chan