-Si, bueno, no es algo de interés común. Aunque suene cruel decirlo.
Chara, por muy sobresaliente que sea, se la conoce por su personalidad además, debido a lo común que es su apariencia, es sorprendente ver su comportamiento tan narcisista.
Esa fue una de las razones por las cuales nos paralizamos cuando entró por las puertas de la comisaría, tranquila...
Si. Nosotros habíamos sido quien la habíamos llamado, pero de eso a que ella lo aceptase.
Fue un milagro.
Aunque para la mayoría de los que estábamos allí, fuese más una maldición.
Fue una conversación relativamente normal, como si hablásemos con un experto que nos venía a asesorarnos.
Hablamos de lo típico, hábitat, usos, apariencia... Nada extraño.
Contestaba a nuestras preguntas con determinación, sin sarcasmo.

-Una enciclopedia de flores andante ¿eh?

Undyne rodó los ojos sin negarlo. En aquellos momentos Chara se había comportado como una persona completamente diferente. Palabras serias y seguras, sin reticencia, digno de un profesional.

-Una enciclopedia con una mirada de superioridad, que no se te olvide. A quienes les tocaron hablar con ella, temblaban al terminar de preguntarle. Según ellos, parecía que ella era el único policía en la habitación, como si ella pudiese controlar todos sus pensamientos. Para ellos, fue tanto irritante como impotente ; incontrolable.
Podría parecer detalles exagerados más en ningún momento pensé que solo eran divagaciones de ellos, sabía como era estar atrapado en un callejón junto a ella.
Y eso que nunca me miró a mi. Pero la sensación... era otra cosa.

-Le echáis demasiadas flores a ella, ¿no crees que ya tiene suficiente? Vive rodeada de ellas.

-Ya no me sorprende porque Papyrus no soporta tus chistes...

Sans sonrío aceptándolo. Las muertes del pequeño pueblo le habían importado hasta que supo que Paps estaba completamente bien. Podría ser cruel o no, pero a partir de allí no le había suscitado nada de interés. Ahora, quizás se arrepentía no haberse inmiscuido antes. Habría conocido a Chara hace meses.

-Aquella no fue la última vez en la que ella estaría en la comisaría.
Sabiendo que el veneno fue creado a partir de la semilla de Dondiego, fue sencillo buscar en el archivo quien había comprado cualquier cosa relacionada con la planta.
Tardamos poco, demasiado poco.
Y al final, el único nombre que apareció en todas nuestras búsquedas, era el de Chara.
Tengo que admitir, que algunos de mis compañeros casi gritan con alegría a este hecho, no por encontrar al asesino, eso era un plus, sino porque fuera Chara; esperaban mandarla directamente a la celda para no verla más.
No fueron demasiado, eso si, pero entre el silencio de quienes estábamos conmocionados eran bastantes audibles.
Esperamos hasta el día siguiente, para el pesar de aquellos que apoyaban un arresto inminente, y nos pusimos en marcha hacia su casa.
No la de al lado, a decir verdad, me sorprendió encontrarla aquí, sino hacia la otra que tenía.
En cualquier caso, ya la escuchaste antes. Llamamos y al abrimos le advertimos que subiera las manos, que se mantuviera en silencio... lo normal en una detención.
No puedo decir que nuestro comportamiento fuera excesivo, pero después de ver como familias morían por una taza de té, cuando la vimos con la misma taza entre sus manos..., sacamos las armas.
Chara no opuso resistencia, y ella, junto a la taza, viajaron con otros cuatro policías hacia la comisaría.
No puedo decir exactamente todo lo que preguntamos, ni todo lo que ella respondió. Pero si, que ella se negó a un abogado con una sonrisa en el rostro.
Fueron horas agotadoras, si al alba estábamos en frente de su casa, Chara no abandono el cuartel hasta el ocaso.
Lo más estresante de aquel interrogatorio, no fue solo por sus expresiones divertidas, sino también por sus comentarios.
En algún momento, puedes leer las palabras exactas en el periódico, dijo que era una lástima que un té de tan preciosa flor se haya malgastado en vidas tan inútiles como las de las víctimas. Lo decía con tanta añoranza, con ojos suaves y palabras aterciopeladas, sin malicia, que realmente pensábamos que estaba loca.
Pero la escuchabas debatir con lucidez. Contestando sobre algo relacionado con que mil sospechas no hacían un criminal... Y rechazabas cualquier mención de locura.

-¿Eh?

Los ojos de Sans se abrieron algo más que de costumbre. Podría esperarse de las burlas de Chara hacia los policías, de las palabras crueles hacia los muertos, mas, que recitase una frase de un escritor ruso; le sorprendió.

Por mucho que Undyne había estado cerca, él sabía que Dostovyeski había escrito "Cien sospechas no hacen una prueba". Casi.

-¿Eso si lo escuchaste Sans?

-¿Eh? No. Estoy más blanco que la cal.

Undyne suspiro. Ella no entendía como Sans tenía la habilidad de no enterarse de nada, como una isla en medio del mar, abandonada, sola. Apartado de cualquier otro lugar, a millas de distancia de la información. Pero seguía ahí, en el mismo mar, en el mismo eje.

Ella no confiaba que eso fuese completamente bueno. Era un policía, y como tal, confiaba ciegamente en sus compañeros, los necesitaba como ellos a ella. Era una relación firme y muy unida que se convertía en un sentimiento de pertenecía tan agradable, como refrescarse en el mar después de una mañana agotadora de calor. Undyne veía las ventajas y las pocas desventajas de las relaciones interpersonales, por lo que, rechazar tanto ese contacto, casi le parecía tan asombros como el asesinato de té de Dondiego.

-Como te explicaba. Todo era realmente extraño. Y el final no pudo ser más raro.
Chara estuvo así toda la entrevista, nos confundía con contradicciones que no se paraban ni con la advertencia de que obstaculizar una investigación policial iba contra la ley, nos irritaba con comentarios mordaces y sonrisas de superioridad.
Jugaba con nosotros.
Pero paró. Así, de la nada.
Dejo de jugar a decirnos todo lo que queríamos saber sin pelos en la lengua.
Le preguntamos que había cambiado, que era lo que le había hecho ayudarnos ahora.
Nada, pues.
Que no tenía tiempo.
Era la hora de regar sus flores.

Sans sonrió ampliamente. Él luchaba por contener las risas que estaban a punto de salir de lo profundo de su garganta, mientras sus labios, tan estirados que estaban, le dañaban.
Se echó en la silla, por un intento de que el frío metal del respaldar lo tranquilizase. Giró su rostro hacia atrás para mirar hacia el muro. Quizás era para esconder su expresión divertida, o quizás fuese porque esperaba que la aludida saliese de allí, que se reencontraran otra vez; no lo sabía y no tenía las suficientes fuerzas para pensarlo.

Undyne, no tan divertida como él, sonrió también.

-Realmente tiene una extraña manera de actuar. Ya lo pensé la primera vez que nos vimos: era observarla y pensar a que extremo podía llegar si se había comportado de esa manera tan... tan sádica, por así decirlo, solo por un pequeño empujón.
Aunque la Chara de esa vez y la de la comisaría estaban separadas por varios años, eran idénticas; como si la adolescencia no la hubiera cambiado.
Era ver un verdadero fantasma del pasado.

-¿Ya quieres las vacaciones de Navidad, Pescadito? No me sorprende, si te fríes...

-¡Ya estamos aquí!