¡Ohayo, Pocco! Bueno, me parece que escribí este capítulo después que saliera el final de VK. Definitivamente no fue de mi gusto, pero está bien.

Hice una votación en la versión anterior, ya que quería integrar a otra kunoichi y la ganadora fue Ino, así que ella será incluida en este capítulo.


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Noche IV

Flores en el Campo de Batalla

"La gente que más me gusta es la que ha fallado, ha sido lastimada, ha llorado, ha visto cosas terribles, y sin embargo, no ha perdido su capacidad para seguir amando".

—Nacarid Portal.

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Zero estaba parado cerca de la Puerta de la Luna esperando a que los estudiantes de la clase nocturna de nivel universitario, se reunieran para pasar a los dormitorios. Kaito le había dejado para escoltar a los niños vampiros del nivel primario. De hecho, pasar media hora sin la presencia molesta y los comentarios sarcásticos de Kaito era algo que Zero no se negaría a sí mismo. Sobre todo en estas pasadas guardias en las que había tenido que soportar a su compañero debido a que Sakura aún estaba recuperándose.

Este tiempo le había servido para pensar y reflexionar sobre los cambios que se estaban suscitando y que se suscitarían conforme la estancia de Sakura se alargara. No era ingenuo para creer que todo se equilibraría en algún momento, porque la situación pintaba para un gran desastre, pero al menos esperaba que su experiencia lo ayudara a tomar buenas decisiones esta vez. Una de las cosas que le estaban molestando era el secreto de Sakura. La historia de terror de sus cicatrices le había hecho preguntarse qué clase de personas eran los tan nombrados Naruto y Sasuke. Deseó, por el bien de ella, que en verdad valieran la pena.

"Pero tú no eres quien para hablar así", le recordó una voz burlona en su cabeza. "Deseas tanto beber su sangre que no te habría importado tomarla cuando ella estaba inconsciente en el suelo. No eres menos monstruo porque condenes las acciones de otros".

Sí, Zero era un monstruo que había arrebatado la vida a otros monstruos más desafortunados que él.

"Un monstruo que ella amó con todo lo que su vida le permitió", recordó con una agónica nostalgia. Habían pasado tres años desde el funeral, luego de tomar una decisión que lo había hecho sentirse solo. Pero era mejor así. Con todo lo que estaba sucediendo, Zero prefería no inmiscuir a más inocentes.

El aroma de Sakura le llegó de pronto, poniéndolo tenso. Ah, cierto, se suponía que también estaba molesto por haberse enterado que ella ya no estaba en su habitación. Nagisa había tenido el descaro de contarle lo que había sucedido, y de no ser por la intervención de Kaito habría ido directamente a poner una bala en la cabeza de Seth. Pero Kaito había tenido razón en recordarle que Seth no haría algo tan estúpido como intentar morder a Sakura, no cuando Kaname podía pulverizarlo si quisiera. Aun así, Zero estaba enojado porque sentía que se había preocupado a lo tonto.

A su alrededor los otros vampiros habían capturado el aroma y las pupilas se les habían puesto carmesíes. Que este tipo de escenas se repitieran era inevitable. Todavía no habían podido hallar la forma de no responder a la sed que provocaba la sangre de Sakura.

Ella apareció junto a Seth, hablando y sonriendo como si fueran amigos de toda la vida. Indiferente a las miradas que la acechaban… como si no hubiera estado a punto de morir hace unos días.

Ahora Zero estaba furioso. Y los demás se habían dado cuenta del cambio nada sutil en su humor, por lo que prefirieron apartarse de su camino, a diferencia de Seth que encontró esto sumamente entretenido acercándose a Sakura mucho más con el propósito de molestar al viejo cazador. Sakura estaba muy metida en la conversación para notarlo. Había estado demasiado tensa desde que llegó, por lo que decidió que podía relajarse unos míseros minutos (después de todo, luego ya no podría hacerlo). Seth era muy inteligente, sabía muchas cosas que a Sakura le parecían interesantes y que investigaría cuando tuviera la oportunidad.

—Parece que te la has pasado bien esta noche —dijo Zero poniendo fin a la charla, haciendo que Sakura lo mirara con duda—. Apenas saliste indemne de una situación grave y ya estás lista para buscar más problemas.

—No regañes a la señorita prefecta, cazador —espetó Seth, sonriente—. Ella sólo estaba buscando un bocadillo nocturno y yo me ofrecí a dárselo. Tú mejor que nadie debes comprender lo que es sentirse hambriento.

—¿Crees que aceptaré esa excusa para justificar su insensatez?

—Lo harás si en verdad te preocupas por ella. La señorita prefecta estuvo a punto de morir, no necesita soportar tu enojo. Sólo la invité a almorzar. Si quieres desquitarte con alguien, hazlo conmigo.

Los ojos amatistas de Zero relampaguearon ante la posibilidad de deshacerse de un purasangre.

—Basta, por favor —intercedió Sakura—. Asumo la responsabilidad de mi decisión. Kiryû, si alguien debe ser castigado seré yo. No hay porqué llevar esto a otro nivel.

—Por mí está bien, señorita prefecta —dijo Seth con tono inocente—, pero no creo que nuestro estimado cazador piense lo mismo. Puedo percibir claramente sus ganas de asesinarme.

—Kiryû, por favor —pidió Sakura aferrándose al brazo de Zero—. No fue una decisión sensata, pero sólo fue una cena, y Nagisa fue a informarte porque yo se lo pedí. No iba a dejarte fuera de esto. Eres quien está a cargo de vigilarme. He tenido encargos similares en misiones como escolta así que entiendo cuál es tu deber.

Maldita fuera su debilidad ante los ojos suplicantes de Sakura.

—Está bien —cedió por mucho que quisiera resolver las cosas de otro modo—. Haruno, no hagas que me arrepienta de confiar en ti. No siempre podrás evitar las consecuencias.

—Lo sé —espetó ella, un poco molesta de que creyera que no estaba tomando en serio la situación—. No volverá a ocurrir.

—¿Eh? ¡Pero prometiste que saldríamos otra vez, señorita prefecta! —chilló Seth con harta indignación.

Sakura puso una expresión exasperada.

—¡Seth, por Dios! No quieres empezar de nuevo, ¿sí?... ¡Y no fue una cita! Comimos y conversamos, nada más.

—Ah, no creí que fueras tan cruel. Matar mi esperanza de tajo es demasiado para mi corazón. Podría morir por tu rechazo.

—Entonces muere en otro lado, vampiro —dijo Zero cansado de este teatro, zanjó la conversación de golpe—. Ven, Haruno, terminemos la guardia.

—Ya voy, ya voy, cielos, sí que eres mandón, Kiryû. Nos veremos en la siguiente guardia, Seth, Nagisa. Descansen bien.

—Así será, señorita prefecta.

—Espero que su descanso sea reparador, señorita —dijo Nagisa ganándose una mirada exasperada de Sakura, pero era inevitable para él tener que seguir las órdenes de Seth.

La puerta se abrió. Fue momento de los vampiros de retirarse. Zero y Sakura vigilaron que el flujo de transito fuera rápido, sin decirse nada prefirieron simplemente hacer su trabajo.

—Qué bueno verte otra vez, Sakura Haruno —dijo Tohru acercándose a Sakura sin prestarle importancia a Zero—. Rayos, realmente eché de menos tu presencia. Fueron dos semanas en los que tuve que soportar a tus estirados guardianes.

—¿Me echaste de menos a mí o a mi sangre? Olvídalo, creo que sé la respuesta.

Tohru se rió bajito. Cuando sonrió mostró sus colmillos sin ningún pudor.

—Nunca me he sentido avergonzado de que me guste tanto la sangre, cariño, del mismo modo que un humano no se avergüenza por comer muchas veces su platillo favorito.

—¿Viniste a compartir tan ilustre pieza de sabiduría nada más?

—De hecho sí, creo firmemente que si los humanos entendieran el por qué requerimos su sangre, no se asustarían tanto. Es bastante simple. La sangre contiene poder, poder al que nosotros por cuestiones biológicas podemos acceder. No hay nada antinatural en eso. Pero… si este anhelo tan fuerte por tu sangre también es biológico, significa que tu sangre debe tener algo especial.

—Una hipótesis razonable —accedió Sakura—, pero no puedes adelantarte hasta no tener resultados.

—Ah, querida, qué gusto saber que eres lista. Pensé que caerías en mi provocación, pero ya voy entendiendo que no todo tu encanto reside en tus venas —acercó su rostro hasta que ella pudo sentir el calor de su aliento sobre su mejilla—. Qué dulce.

Tohru se alejó al instante con una sonrisa suficiente en su cara. Sakura estaba estupefacta.

—Ah, sí, tienes que dirigirte a mí como superior Saitou. Sigo teniendo más edad que tú y me agrada que mis inferiores me traten de acuerdo con mi nivel.

—En tus sueños, imbécil arrogante —escupió Sakura guardándose las ganas de mostrarle el dedo del medio.

Cuando los últimos estudiantes entraron al dormitorio y los prefectos quedaron a solas, no fueron capaces de iniciar una conversación. Permanecieron en la misma posición por incontables minutos, mirando a todos lados menos al otro.

Sakura suspiró. No podía enojarse con Zero por preocuparse. Ella comprendía que no debía estar cerca de Seth o cualquier otro vampiro, pero al final había resultado beneficioso. Seth la había puesto al tanto de muchas cosas y le había hecho ampliar su panorama. Ante todo era un shinobi. Lo que estaba pasando era una misión más y su único objetivo era permanecer con vida. En ese sentido tenía que hacer cuanto pudiera para prepararse.

—¿Oh? ¿Qué hacen aquí parados? Creí que ya estarían rumbo al dormitorio —pronunció Kaito llegando en un momento oportuno—. Es bueno ver que te encuentras mejor, Sakura. Estos días este tipo ha estado insoportable sólo porque no estabas.

—No digas tonterías, Kaito —dijo Zero.

—Sí, ya sabemos que eres insensible y que no te preocupas por nadie. Lo que sea —revoleó los ojos. Agarró a Sakura por el hombro y le preguntó—: ¿Cómo te sientes? Escuché que fue un asunto serio.

—Cansada, pero creo que he recuperado mi fuerza —dijo Sakura, y como para querer comprobarlo se dirigió hacia una de las jardineras donde buscó hasta que halló una piedra grande, del tamaño de una llanta de auto. La cargó, la arrojó al aire y esperó—. ¡Toma esto, bastardo!

La piedra fue pulverizada por su poderoso puñetazo. Sakura admiró el resultado con una sonrisa complacida. Bien, no era ni la mitad de lo que solía lograr, pero era aceptable.

—Tu estilo de combate es muy directo, Sakura —dijo Kaito observando desperdigarse los pedacitos roca en el suelo—. Con lo fuerte que eres, lo entiendo. Un solo golpe mandaría a cualquiera al otro mundo.

—Ay, Kaito, pero qué cosas dices. Esto sólo es un juego de niños. Si me hubieras visto en mi mejor momento no serías tan halagador. Estoy muy oxidada.

—Pues a mí me pareces sorprendente —admitió Kaito con sinceridad—. Creo que eres espectacular, Sakura Haruno.

Sakura le dio un manotazo en la espalda, jugando.

—¡Oh, ya detente, no digas mentiras!

—Creo que me rompió algo —masculló Kaito a Zero.

—Te lo mereces.

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Las negociaciones entre la Asociación de Cazadores y el Consejo de Vampiros habían durado dos días enteros, luego de que el médico diera de alta a Sakura. Había sido imposible no postergarlas tanto, a pesar de su importancia, debido a las complicaciones que surgieron por la audiencia. Esas dos semanas los cazadores tuvieron que trabajar el doble para controlar a los pequeños grupos rebeldes que habían querido rebelarse por la masacre.

Kaname había hecho su parte, pero los nobles se las arreglaron para usar vampiros de niveles bajos para provocar destrozos. El saldo de los daños se contaba por miles.

Yagari y Kaname habían llegado al acuerdo que la prioridad era investigar todo lo que pudieran de la sangre de Sakura, para evitar más incidentes. Gracias a la muestra que habían obtenido quedaba esperar que Tengen y Ren proveyeran las instalaciones para realizar los exámenes pertinentes. Por lo mientras, Sakura permanecería en la Academia Cross hasta nuevo aviso y nadie, excepto elegidos muy cercanos a Kaname, podían visitarla.

Cuando la reunión terminó, Kaname no quiso quedarse más tiempo a soportar el malhumor de Yagari. Se retiró lo más rápido posible para volver a su mansión. Takuma fue el primero en recibirlo apenas entró a su hogar. Esas últimas semanas su rubio amigo se había convertido en el primero en la línea para hacer diversas tareas, ya fuera porque estaba comprometido por la causa o porque esperaba ver a Sakura otra vez.

—El director me notificó que se encuentra mejor y está descansando otra vez, luego de terminar su guardia de esta noche —dijo Ichijou—. No ha habido ataques de parte de los estudiantes del turno nocturno a ella o a otro humano, por lo que Seth ha mantenido el control.

—Más le valdría hacerlo. Vive sólo por tu misericordia, Takuma.

Takuma no quiso comentar nada al respecto. Sabía que Kaname estaba buscando cualquier excusa para deshacerse de Seth, y no lo había hecho como gesto de buena voluntad hacia él. Takuma entendía su odio al chico, pero no lo justificaba. Lo que hiciera su madre no debía ser una deuda que el hijo tuviera que pagar.

—Habrá mucho que hacer —dijo Kaname como si su claro desprecio por Seth fuera cualquier cosa—. Takuma, tú y los demás tendrán que ir regularmente a la Academia Cross. Tomarán turnos y me informarán de todo lo que acontezca.

—Ah, vas a ponernos a trabajar, ¿verdad? Eres un desconsiderado, Kaname. Hanabusa y Akatsuki tuvieron que cancelar sus vacaciones familiares por esto. Deberías dejar que vayan a divertirse, yo podría ocuparme de todo. Senri podría asistirme.

—Es entretenido para mí ver lo fácil que expones tus deseos, Takuma. Usualmente no eres tan obvio.

—Oye, estoy siendo honesto aquí. Lo digo en serio, necesitan vacaciones, no vivir un drama.

—Trata de convencer a Hanabusa de que se vaya y aceptaré tu propuesta.

—Eso ha sido un golpe bajo, Kaname —se cruzó de brazos—. A veces creo que estás tan aburrido que te diviertes a expensas de todo. Bien, al menos déjame ir a mí primero.

—A ti y a Senri, querrás decir.

—Hoy estás de mal humor, ¿verdad?

Kaname sonrió mientras tomaba asiento en su oficina. Ichijou se había quedado recargado en el marco de la puerta.

—Vete antes de que cambie de opinión y al que mande de vacaciones sea a ti.

—Como dije, todo un desconsiderado.

Estando solo Kaname se permitió unos segundos para pensar. No culpaba a Takuma por caer en el hechizo de atracción de la sangre de Sakura. Dios sabía que Kaname también era muy perceptible a su aroma, a tal punto que había sido una batalla difícil contra sí mismo el no haber bebido cuando tuvo la oportunidad.

Pero más que deseo lo que Kaname sentía era nostalgia. No era la primera vez que su sed despertaba tan intensamente por la sangre de un humano especial.

Se levantó para salir de la oficina. Bajó hacia las catacumbas a donde su ataúd estaba. Tocó el borde con sus manos logrando que la tapa se moviera con facilidad.

Aún había secretos ahí, cosas que no habían tenido importancia hasta ahora. Justo debajo del colchón mallugado había una puerta secreta, que abrió usando una gota de su sangre. Ahí dentro había cosas de su otro pasado, pequeños objetos que había podido preservar por medio de hechizos de conservación. Un vestido blanco, un kunai y una pintura. Los dedos de Kaname se pasearon por los rostros de dos de las tres personas pintadas. ¿Qué habrían dicho ellos si lo vieran ahora? ¿Quién habría podido siquiera pensar que semejante encuentro —el que Kaname conociera a esos dos— tuviera repercusiones tan a futuro?

—¿Kaname? —la dulce voz de Yûki lo despabiló. Rápida, pero disimuladamente Kaname ocultó con el colchón el contenido de la puerta—. ¿Otra vez estás aquí?

—Fue inevitable, mi amor, a veces lo hago por hábito —respondió el purasangre cerrando el ataúd con su poder y yendo hacia su esposa. La tomó de los hombros y le dio un beso en la frente—. Deberías estar dormida, Yûki. No quiero que te agotes en tu condición.

—Prometí que siempre te daría la bienvenida cada que regresaras y pienso mantenerlo, Kaname —sonrió con ternura. Se levantó de puntitas para unir sus labios con los de él—. Bienvenido, querido esposo. Espero que no hayas tenido un día tedioso y aburrido como el mío.

—¿Uhm? ¿Quizás puedo hacer algo para mejorarlo? —sugirió con tono travieso, ganándose un bufido resignado de Yûki.

—¿No se supone que debo descansar?

—Bueno, si no quieres…

—Oh, bésame ya, maldita sea.

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Pasó un mes entero desde que Sakura vino al mundo de Zero. Su llegada aún seguía siendo una noticia importante, por lo que diversos rumores se habían generado tras el incidente en el Senado. No era que supiera de qué se trataban. Sakura había permanecido recluida en la Academia Cross durante las últimas semanas. Aunque Kaien había conseguido que le permitieran más libertad, no le contaba los resultados de las primeras pruebas que hicieron con su sangre.

Sakura empezaba a impacientarse, pero se había enfocado a realizar sus propias investigaciones para no terminar haciendo un alboroto (con casi todo el mundo en su contra y la nulidad de chakra, tenía que ejercer todo su autocontrol). Gracias a la intervención de Cross, le habían dejado investigar en la biblioteca. La Academia Cross tenía una de las más vastas y variadas colecciones de libros, por lo cual Sakura pudo entretenerse leyendo.

Ella había trazado varias metas. Primero tenía que aprender conocimientos médicos de este mundo; tenían avances en ciertas áreas, pero carecían de bibliografía en temas de los que Sakura era experta. Su objetivo era desarrollar un método propio para analizar su sangre además de crear cosas para disfrazar el aroma y pretendía mejorar las famosas pastillas de sangre (el laboratorio en la Academia era perfecto para esto. Su equipo le serviría a sus propósitos, y si llegaba a faltarle algo, siempre podía pedírselo a Cross). La medicina que le había dado a Zero no lo auxiliaban nada con su sed y por lo que Kaito le había confesado hace poco, Zero había estado negándose a tomar la sangre que un donador le daba, así que Sakura quería ayudarlo en eso.

Otra de las metas de Sakura era averiguar cómo había terminado aquí. Era difícil creer que existieran libros sobre técnicas o pergaminos sobre el tema, considerando lo sorprendidos que estuvieron ante el ninjutsu médico, pero tenía que intentarlo. Quería regresar a casa…

—Creo que éste puede servirte, Sakura —dijo Takuma colocando un libro viejo de portada color vino. El vampiro se había vuelto un compañero confiable de investigación, al punto en que le había prometido no decirle nada a Kaname a menos que la investigación se saliera de control— y está éste también. Se tratan de viajes a grandes distancias con rituales de conexión. Desconozco si la aplicación de esto es real, pero espero te ayude a tener una idea.

—Gracias, Takuma —Sakura tomó ambos libros y los hojeó rápidamente, acomodándolos sobre la hilera en orden de importancia.

—¿Volverás a leer mientras haces la guardia? —preguntó Zero con el mentón recargado en su mano. Él los acompañaba al igual que Senri, pero prefería no meterse. Sakura era obsesiva con el orden en el que estudiaba y ya habían discutido por eso.

—Sí, Seth y Nagisa me apoyarán con mi ronda así que tendré tiempo para acabar dos libros más esta noche —dijo Sakura mientras anotaba unas cuantas cosas en una libreta, en un código que ninguno de los tres vampiros podía entender—. El director logró que me dejaran ir mañana a la ciudad. Necesito comprar algunos ingredientes si quiero avanzar con mis investigaciones.

Sakura había obtenido un empleo temporal enseñándoles a los cazadores, las clases las impartía en la academia. El grupo no había sido numeroso al principio y claramente eran incapaces de usar chakra por lo que se las había ingeniado para reinventar los métodos. El éxito de sus clases fue tal que pronto muchos más quisieron aprender.

—Eres asombrosa en verdad, Sakura —confesó Senri mientras la observaba estudiar. Ella se movía velozmente y no tenía problemas para entender el material que se le brindaba. El pelirrojo le dio en la boca otro trozo del chocolate que le había traído ese día.

—Bueno, siempre fui buena en este tipo de cosas. Cuando estaba en la escuela no sobresalía más que por mis calificaciones en teoría. Mis habilidades como shinobi en general no eran buenas.

—¿Buenas?

—Buenas para desempeñar bien el trabajo. Al menos en mi caso mi falta de preparación logró ponerme en peligro en muchas ocasiones. Si mi maestro o mis compañeros de equipo no hubieran intervenido, estaría muerta. La razón por la que las escuelas para ninjas siempre buscan nuevos reclutas es porque una tercera parte de los que se gradúan mueren en el primer año.

—Me dijiste que generalmente obtienen el grado de gennin a los doce años —musitó Takuma. En su mente era difícil aceptar que toda una nación aceptara fácilmente ver morir a niños tan jóvenes.

—La muerte es parte del trabajo de un ninja, Takuma. Nos lo enseñan desde pequeños, pero es hasta que nos topamos con una situación mortal cuando lo entendemos. Es… difícil de aceptar para quienes no estén relacionados, pero no es tan distinto a lo que hacen aquí. Los cazadores enseñan a la siguiente generación desde edades tempranas, ¿no es así?

—¿Pensar así hace más fácil soportar el dolor cuando alguien cercano a ti muere? —preguntó Senri.

—No, nada puede facilitar algo así, pero ayuda. Los ninjas son lo que son porque lo deciden, Senri, y es lo que permite comprender que ese alguien que falleció estaba consciente de lo que pasaría al elegir este camino —explicó Sakura, se estaba metiendo demasiado en un tema deprimente. No tenía la intención de hablar sobre muerte con estos tres—. Como sea, creo que es mejor dejarlo así.

Salieron de la biblioteca. Ya estaba atardeciendo. Zero y Sakura debían irse a iniciar su ronda. Takuma y Senri tenían que irse, aunque era por un corto tiempo en el caso del rubio. Debido a la salida a la ciudad de Sakura que habían planeado, la única condición que puso Kaname fue que tuviera una escolta completa, no sólo a Zero sino a Takuma y Akatsuki. Eso estaba bien para ella. De todos los amigos de Kaname, ellos eran con quienes más se había relacionado (en quien menos confiaba era en Hanabusa, por su personalidad y su lealtad a Kaname).

Vigilar a la clase nocturna se había vuelto parte de la rutina de Sakura. Algo que la tranquilizaba. No le agradaba estarse quieta, por lo que podía pretender que estaba haciendo algo útil y no ahogarse en sus propios pensamientos oscuros y molestos.

—No deberías confiar tanto en Seth Shirabuki —comentó Zero a Sakura. Estaban en uno de los balcones espaciosos de los edificios altos. Sakura leía con avidez, pero estaba escuchándolo.

—¿Es así? Simplemente está cumpliendo con su responsabilidad como el purasangre a cargo. En todo caso, Kiryû, soy capaz de escoger a las personas en las que deposito mi confianza. Aun si esas personas me ocultan el hecho de que son vampiros y hacen que lo descubra cuando me muerden el cuello.

Un poco de vergüenza se dejó ver en la expresión siempre controlada de Zero.

—¿Por qué lo odias tanto? Sé que su madre intentó manipularte para convertirte en su arma hace tiempo, pero… él no tiene la culpa de eso. Su naturaleza no es un pecado.

—¿No lo es? Ya te han contado lo que los vampiros han hecho en este mundo con las vidas humanas. Su naturaleza puede no ser un pecado, pero sí lo son las acciones que toman debido a esa misma naturaleza. Haruno, no merecen tu consideración.

Zero supo que había tocado una fibra sensible ella, pues los ojos verdes lo enfocaron con frialdad.

—Entonces, si no debo confiar ni tener consideración con ninguno de ellos, ¿qué te hace tan distinto para que tú sí lo merezcas? Monstruos hay de todo tipo, Kiryû, y pueden ser vampiros, humanos o ninjas, y que sabes esto, así que dime cuál es el verdadero problema porque estoy harta de tu mala actitud.

A Sakura, Seth le recordaba a Naruto. Su entusiasta amigo que había luchado incansablemente para cumplir su sueño. Naruto había enfrentado a una sociedad que lo rechazaba por ser algo que él no había elegido, a pesar de ser el hijo del héroe que los salvó. Evidentemente Seth no era Naruto y cada situación era diferente, pero Sakura había aprendido a ser más amable con todos a su alrededor.

Zero no pudo responderle en esa ocasión.

Al día siguiente Sakura se despertó temprano. Se puso uno de los tantos vestidos que Kaname le había comprado, uno de corte acampanado cuyo largo llegaba hasta las rodillas. Era de color blanco con el cuello ovalado y unos bonitos detalles en la parte del torso. Se colocó un cárdigan azul y se colgó al hombro la bolsa tejida que Kaien le había regalado cuando la contrató como profesora.

En Konoha no usaba este tipo de ropa debido a su atareada agenda, además vivía con dos hombres, lo que se traducía a pasar sus días de descanso en playeras simples y pantaloncillos cortos. No se reconocía.

"No es para tanto, sólo es temporal".

—Bien, estoy lista —había decidido dejar su banda esta vez. Ya llamaba mucho la atención con su cabello rosa y con su sangre.

Cuando bajó a la cocina y entró, Kaien y Zero ya estaban allí. En cuanto la vio entrar, Kaien quedó boquiabierto ante la encantadora imagen que era.

—Buenos días —saludó ella yendo hacia las alacenas para sacar los platos, vasos y cubiertos para servir el desayuno.

—Te ves muy hermosa hoy, Sakura —dijo Kaien. Ella no notó que, por primera vez, no estaba ese tono paternal en su voz—. Es… wow, no tengo palabras para describirte.

—Gracias, director —respondió ella educadamente. Siguió haciendo lo suyo sin ver que Kaien aún estaba mirándola.

—Se están quemando los huevos. Otra vez —enfatizó Zero.

El director se apresuró a salvar el desayuno. Aprovechó que nadie se percató de su desliz para componerse. Hacía muchos, muchos años que no… notaba la belleza de otra persona, por lo menos en la que alguien se fijaba cuando, ya saben, se interesaba románticamente. Lo mejor era no pensar demasiado en eso. Pensamientos así, si no se les dejaba de lado a la brevedad, podían cobrar mucha fuerza con el tiempo.

—¿Ha habido avances, director? —preguntó Sakura cuando se sentaron a la mesa.

—No, nada nuevo —suspiró Kaien odiando tener que darle esa respuesta. Seguramente ella sabía cuánto debían tardar las pruebas y que a estas alturas no hubieran resultados debía ser desesperante—. Si no están cooperando creo que sí tendrás que hacerlo por tu cuenta. No me gusta, pero es necesario. Espero nadie descubra lo que harás.

—Descuide, director, Isamu y Chiasa dijeron que me ayudarían. Algunos materiales son usados por los cazadores, si ellas los compran no levantarán sospechas.

—Me alegra que hayas encontrado amigas en las que puedas confiar.

—Yo también.

—¿No hay… ningún problema con tu salud?

—No, me encuentro bien —respondió—. Además he cubierto mis heridas con una pomada especial. Mantendrá oculto el olor de mi sangre si algo llega a pasar, pero el efecto es corto.

La pomada había sido hecha por ella y Kiba. Su antiguo compañero de escuela había dicho una vez que era fácil detectarla para los shinobis con buen olfato como él. No todos los shinobis tenían la excelente nariz de los Inuzuka, pero entendía el punto de Kiba. Así que habían desarrollado la pomada inodora para mantenerla a salvo. Sakura no había querido usarla cuando fue al Consejo de Vampiros porque había esperado que se probaran sus habilidades curativas, no las de combate (aunque, de todos modos, la pomada no habría servido cuando las cicatrices se abrieron).

—Debiste usar esa cosa cuando fuiste al nido de sanguijuelas —comentó Zero, que había verificado lo efectivo que era al no poder oler nada en ella, más que su perfume natural.

—Quedaba muy poca, Kiryû, acabo de utilizar lo último —masculló Sakura—. Subestimé las cosas en esa ocasión, pero no volverá a ocurrir.

—Disculpa la insensibilidad de Zero, creo que hoy amaneció de mal humor —dijo Kaien.

—Él siempre está de malhumor —comentó la chica.

Cuando acabaron de desayunar, Kaien les dijo que él limpiaría y les pidió que se divirtieran. Sakura agarró el hacha en la entrada y se la acomodó en su espalda. También llevaba algunas de sus armas ya que Kaien logró pasarlas de contrabando para ella. Zero llevaba la Rosa Sangrienta bien visible en su funda. No era para presumir o parecer amenazador, sino por agilidad. Ya todos los vampiros conocían quien era Zero Kiryû, el factor sorpresa ya no funcionaba con él.

Se reunieron en la entrada principal donde Isamu y Chiasa les esperaban. A pesar de ya no compartir clases, las chicas habían seguido en contacto y se habían apuntado a sus clases de medicina. Isamu se veía exótica con todo su conjunto de ropa de colores chillones y sin un estilo en particular, mientras que Chiasa era como su contraparte con un atuendo discreto de tonos neutros.

—¡Buenas, Saku, maestro Kiryû! —saludó Isamu como si fuera un militar—. Espero estén listos para pasar el mejor día de sus perras vidas.

—Lenguaje, Isamu —profirió Chiasa ajustándose las gafas—. Lamento el comportamiento de mi compañera, sólo está feliz porque no sale mucho por estar castigada todo el tiempo.

—¡Oye, Chi, no hagas que parezca que soy una vaga buscaproblemas!

—Pero lo eres. Aunque no estamos aquí para discutir lo obvio. Tenemos una agenda que cumplir, ¿verdad, Haruno?

—Sí, muchas gracias por ayudarme con esto. Se los compensaré.

—Para eso están los amigos, Saku —dijo Isamu—, pero si quieres ser esplendida conmigo, necesito comprar un juego de navajas y…

—Basta, deja de molestarla —Chiasa la tomó de la oreja—. Haruno, lo mejor será irnos ya o esta vaga no acabará nunca.

—Bien, Takuma y Akatsuki nos alcanzarán allá, así que no tenemos por qué esperarlos.

El auto estaba listo. Era la primera vez que Sakura usaría este regalo, lo que se sintió extraño porque como shinobi sólo tenía que usar sus piernas para ir a donde quisiera. Viajar en auto seguía siendo una experiencia nueva para ella. Sobre todo la parte en la que simplemente debía decir una dirección y sentarse a esperar a llegar.

Este viaje fue, sin duda, mejor que los primeros. Pudo disfrutar la vista sin sentirse aprensiva y reír con la compañía de Isamu y Chiasa. Ellas le contaron sobre la famosa Ciudad Nightray, epítome del lujo, la tecnología y la economía. La ciudad estaba en construcción constante por lo que era fácil perderse si no conocías bien las calles y los lugares.

—¿Ese auto nos está siguiendo? —preguntó Isamu.

—¿Te desvelaste otra vez leyendo tus novelas policiacas? Te pones paranoica cuando es así.

—Hoy estás siendo una verdadera perra, Chi —se quejó Tachibana cruzando los brazos y hundiéndose en su asiento.

Lo cierto era que sí los seguían, pero no sólo un auto sino dos. En uno venían Akatsuki y Takuma, y en el otro, Yûki Kuran.

Yûki estaba por su cuenta. Nadie sabía que había salido de la mansión y se había escabullido en uno de los automóviles de los sirvientes. Era un movimiento arriesgado, pero ese mes había sido un tormento para ella. Kaname había estado ausente la mayor parte del tiempo y nadie parecía querer compartir información con ella; estaba angustiada por todo lo que estaba pasando y temía que algo pudiera volver a descontrolarse si no intervenía. Anteriormente había escuchado a Kaname decir a Hanabusa que serían Akatsuki y Takuma los que escoltarían a Sakura durante su salida el sábado. Sabía que salir con su embarazo era riesgoso tanto para ella y el bebé como para los humanos alrededor, pero había tomado precauciones. Bebió la sangre de dos frascos hasta hartarse y había traído uno más por si acaso.

Necesitaba conocer a Sakura. Tenía la certeza que la chica no la estaría pasando bien y Yûki quería demostrarle que tenía a alguien que entendía su situación y que la ayudaría en lo que pudiera. Pero una minúscula parte de su alma buscaba una excusa para ver a Zero. Necesitaba comprobar que estuviera bien. No había tenido muchas noticias sobre su ex hermano adoptivo y le preocupaba que su sed se descontrolara ahora que no tenía con quien satisfacerla.

—En verdad es una ciudad enorme —dijo Sakura cuando entraron a las primeras calles de Nightray. Su aldea lucía como un sitio anticuado ante los imponentes edificios, pero Konoha estaba modernizándose poco a poco. Naruto había dedicado parte de su tiempo en valorar los avances tecnológicos que beneficiarían a su aldea y a su nación

Estacionaron justo en el centro. Sakura agradeció al chófer y le pidió que volviera por la tarde. Detrás de ellos, el auto que llevaba a Takuma y Akatsuki también se había detenido para dejarlos bajar.

—Buenos días, chicos —saludó Sakura a los vampiros. Era agradable convivir con ellos en un entorno más abierto que la academia.

—Buenos días, Haruno, y gracias por cuidar de Nagisa. Sus últimos mensajes han sido muy halagadores sobre ti —dijo Kain.

—Para nada. Nagisa es quien ha estado cuidando de mí, Akatsuki. Es un gran chico. Definitivamente se parece a su madre.

Sakura y Ruka se habían conocido la semana pasada. La madre de Nagisa era una de las mujeres más hermosas que hubiera visto en su vida. La primera impresión que le dio fue la de una persona orgullosa, pero Ruka sólo no podía fingir amabilidad con un desconocido. Era honesta y a Sakura le agradó mucho más por eso.

—Le diré que dijiste eso. Muy posiblemente lo negará, aunque es porque lo heredó de mí —le acarició la cabeza. El cabello de Sakura era muy suave—. Como sea, ¿por dónde vas a empezar? Mi esposa suele hacer esto cada semana, por lo que sé que es mejor preguntar antes.

Sakura ya estaba lista para designar tareas. Necesitaba plantas medicinales, materiales químicos muy específicos, equipo médico y equipo para mantenimiento de armas. Ya había escrito las listas y escogido a quienes ayudarían con cada cosa. Isamu y Akatsuki irían por el equipo de mantenimiento y médico. Chiasa y Zero se encargarían de surtir en uno de los laboratorios más populares la lista de químicos y luego irían por plantas medicinales. Sakura nunca habría dejado que cualquiera comprara cosas tan importantes como eran los materiales con los que haría sus experimentos, pero había seguido el consejo de Kaien de no levantar sospechas. Por eso tenía que confiar en sus recientes amigos. Mientras ellos iban a hacer eso, ella y Takuma realizarían compras más comunes.

Para Takuma el plan era perfecto. Daba a entender que era una salida cualquiera y que Sakura no tenía ningún interés oculto, además agregaba más confiabilidad por haberlo escogido a él y no a Zero para acompañarla. Los miembros del senado creerían que los cazadores no tenían influencia en ella. Un plan sencillo, pero brillante.

—Iremos a tiendas de comida y suvenires, Takuma —dijo Sakura checando su libreta una vez más. Había calculado el tiempo que los otros tardarían en comprar—. Isamu me pidió comprarle algunos postres, pero desconozco cuáles son. Espero puedas auxiliarme en eso.

—Con gusto —le ofreció su brazo con una gran sonrisa. Sakura tardó unos segundos en aceptarlo, y Takuma no pudo ser más feliz cuando ella lo hizo—. Veamos, conociéndola debió darte una enorme lista.

—Muy larga, de hecho —se rió—, aunque no tanto como la que Chiasa me entregó de los libros que quiere, cuando vayamos a recoger mi pedido en esa librería.

—Por mí no hay problema. No me molesta estar contigo, Sakura, eres una compañera agradable.

—¿Compañera?

Las mejillas de Takuma se ruborizaron fuertemente.

—Pido perdón, quise decir compañía. Tu compañía es muy agradable.

—Estoy jugando, no tienes que tomártelo en serio. Pero creo que eso parecemos en este momento, ¿no es así? Cualquiera pensaría que somos una pareja en una cita… aunque nunca he tenido una antes. Bueno, trabajo casi todos los días y ser amiga de Naruto y Sasuke no es… necesariamente bueno para mi popularidad entre los chicos.

—Permíteme dudar de eso, Sakura. No creo que tengas problema para llamar la atención de los hombres.

—¿Ah? Oh, no, no me refería a eso. Verás, Naruto y Sasuke son mis mejores amigos y se han tomado en serio eso de cuidarme. Es un poco odioso cuando se extralimitan, sabes, no creo que tengan derecho a escoger quién puede salir conmigo y quién no, pero igual se meten. No quieren que termine con cualquier pelele debilucho.

—¿Estás molesta con ellos por eso?

—Un poco, sí. Lo hacen por… mi condición. No quieren que un extraño me lastime.

"Ellos ya han hecho eso, supongo que no desean que otro les quite ese honor", pensó Takuma con descontento.

—Pero luego recuerdo lo ingenua que fui cuando me enamoré de Sasuke y… creo que entiendo su punto —eso era algo que Takuma desconocía. Pensó que sólo eran sus amigos, no que Sakura había estado enamorada de uno de ellos—. Cuando era niña me encapriché porque era el chico popular y genial de nuestra clase. Esto me impidió ver lo que pasaba con él. Sasuke no tuvo una infancia fácil, Takuma, y aunque eso no justifica lo que hizo en el futuro, a veces me pregunto qué habría sucedido si yo hubiera visto más allá. Si yo hubiera hecho algo y no esperar que mis lágrimas y una tonta confesión de amor arreglaran lo desahuciado que se sintió en ese entonces.

—No sé qué decirte, Sakura, desconozco toda la historia, pero… pero estoy seguro que el amor puede salvar a las personas. Hay muchas formas de hacer que el mensaje llegué y él simplemente no quería escucharlo.

—No, Takuma, Sasuke necesitaba que le pusieran los pies en el suelo. Era muy arrogante y no toleraba que otros pudieran superarle. Su complejo de superioridad e impaciencia siempre fueron sus puntos débiles. Él tenía que entender que uno puede hacerse fuerte con el apoyo de sus seres queridos.

La chica a su lado había pasado por mucho dolor, graves errores y enormes cambios, curtiéndose en una mujer consciente de sus vicisitudes, pero débil ante la presencia de sus amigos y ante su propia inseguridad. Takuma sintió que su corazón latía más fuerte contra su pecho porque ella le parecía asombrosa y que merecía sentirse orgullosa por todo lo que había logrado por sí sola.

Pasearon por las calles llenas de locales de comida. Compraron lo que Isamu pidió, pero Sakura aprovechó para hacerse de dulces y bocadillos para sus amistades más recientes, incluso para Kaname y Yagari. Takuma tuvo que llamar a su chófer para que metiera en la cajuela todas las cajas y bolsas con comida cuando superaron su capacidad para cargarlos.

—Comamos algo antes de ir a la librería —sugirió Ichijou llevándola hacia un puesto ambulante donde vendían crepas. No era la comida ideal, pero tenía la certeza que las amigas de Sakura insistirían en comer en un restaurante cuando las compras estuvieran hechas—. Va por mi cuenta, ya sabes, por ser la primera cita.

—Eres todo un caballero, Takuma —se rió Sakura siguiéndole la corriente. Ella pidió una crepa de fresas con crema batida y un poco de chocolate. Ichijou no adoraba los dulces por lo que se contentó con una de plátano y miel. Estaba disfrutando esto porque no tenía que ocultar lo mucho que le gustaba estar con ella. Kiryû no estaba para vigilarlo ni Akatsuki para notarlo. Incluso si no era una cita y tenía un límite de tiempo, Takuma estaba feliz.

Al punto que no descubrió la presencia de Yûki, quien los seguía a una considerable distancia.

Sakura Haruno era exactamente como Kaname la había descrito. Su peculiar cabello rosa hacía resaltar sus brillantes ojos verdes. Yûki no pudo comprobar el rumor sobre su sangre, pues un olor a hierbas y ungüento la cubría. Había esperado que fuera… más como un ser sobrenatural dado todo el revuelo alrededor de ella, pero lucía como una chica común.

Yûki siguió a la pareja hasta la librería. Takuma y Sakura esperaron en el servicio de paquetería mientras la encargada iba por sus pedidos. La forma en la que se relacionaba sorprendió mucho a la Kuran. Takuma era de personalidad gentil, sabía que nunca sería grosero con nadie, pero la fascinación con la que brillaban sus ojos cada vez que veía a Sakura era notable. Le recordó a esa época en la que Ichijou había estado enamorado de Sara Shirabuki.

¿Podría ser que Takuma sintiera algo similar por esta niña? Una parte de Yûki se sintió contenta por esto. Su rubio amigo merecía disfrutar las mieles del amor, pero otra le indicaba que no era buena idea porque la estadía de Sakura pintaba para ser temporal.

—¡Oh, no tienes que cargarlo, Takuma! Yo puedo… bien, si insistes, al menos déjame tomar los pequeños —dijo Sakura cuando les entregaron los libros.

¿Tal vez podrían convencer a la chica de que se quedara? No sería sencillo, pero la posibilidad le dio a Yûki una esperanza. Hablaría con Kaname sobre esto, sin importar tener que soportar un regaño. Yûki simplemente no podía quedarse con los brazos cruzados.

Takuma y Sakura pasaron a varias galerías de arte y artesanías. Las piezas en venta eran hermosas y exquisitamente hechas. Sakura sabía que no podía llevarse objetos grandes, pero sí pequeñas cosas. Compró dos collares, uno con un círculo de metal grabado con una espiral y otro que se asemejaba bastante al símbolo del Clan Uchiha.

—Ven, Sakura, es para ti —dijo Takuma mostrándole un broche para el cabello con lindas piedritas que simulaban flores de cerezo.

—Oh, no tienes que hacerlo, yo…

—Insisto, por favor. Sé que no estarás aquí para siempre y sólo quiero que tengas algo para que me recuerdes —a Sakura le pareció que la sonrisa de Ichijou se veía apagada, así que aceptó. Permitió que el vampiro le colocara el broche—. Se te ve perfecto.

—Eres demasiado amable con tus palabras.

—Apenas, es fácil ser amable cuando se está diciendo la verdad —se encogió de hombros.

Cuando llegaron a las tiendas de ropa, Sakura estaba indecisa sobre seguir o no. Iba a comprar cosas muy personales, pero estaba habituada a no importarle demasiado si un hombre la veía haciéndolo. Naruto, y en contadas ocasiones Sasuke y Sai, la acompañaban a comprar ropa y esto incluía lencería. Al final decidió que no había nada de malo. Seguramente Takuma esperaría afuera mientras ella escogía (entre todo lo que Kaname y Kaien le habían dado, no habían incluido ropa interior, por lo que Sakura requería más cambios).

Al principio Takuma no entendió qué hacían allí. El mismo había ayudado a comprar un montón de ropa para ella (el atuendo que ella llevaba era ropa que él y Senri habían escogido). Pero todo cobró sentido cuando vio que Sakura se metía a una boutique… de lencería de mujer.

—S-Sakura… yo no puedo… es decir, yo no…

—Puedes esperar aquí a que salga o puedes entrar. Sólo tengo que comprar bragas y sostenes… a menos que creyeras que iba a posar en ropa interior para ti.

—¡No, no, claro que no! Es que es un asunto muy privado, pero tengo que vigilarte y… ¡Oh, Dios! Por favor, no pienses que soy un pervertido.

—No creo que lo seas, pero suelo comprar esta clase de cosas con mis amigos y sinceramente creo que te portarías mejor que ellos. Ahora que lo pienso Naruto actuó con naturalidad la primera vez que vino conmigo, creo que fue porque el señor Jiraiya debió llevarlo a peores lugares. Pero si te sientes incómodo espérame aquí. Ya vuelvo.

Sakura dejó a Takuma en completo desequilibrio. No era que se sintiera incómodo, era que nunca jamás se habría imaginado entrar a una tienda donde vendían ropa interior para mujer. Pero se veía tonto ahí parado… luciendo como un pervertido.

—Las cosas que hacemos por amor —y entró.

Halló rápidamente a Sakura. Ella estaba hablando con una empleada que ya le mostraba varios sostenes deportivos de una talla grande. Sakura asentía ante las cualidades que la empleada describía, verificando la tela y corte con detalle. Los sostenes en este mundo eran inadecuados para las kunoichis, no ofrecían soporte alguno ni comodidad. Hasta la idea de vendarse los pechos parecía más atractiva… pero la empleada se dio cuenta que Sakura sí estaba dispuesta a pagar por mejor calidad, así que le mostró los modelos premium.

—Así que te animaste a entrar —dijo Sakura viendo un precioso brassier que era todo lo que quería a pesar de ser de encaje negro. No miró hacia el vampiro, seguramente Takuma no soportaría la vergüenza—. Éste es perfecto, ¿tiene más parecidos a éste?

La empleada estudió por un momento al recién llegado. No tardó mucho en sacar conclusiones, y con una sonrisa comprensiva, prometió que traería otros modelos, mucho más interesantes.

—Cálmate, Takuma, vas a hiperventilarte. Sólo es ropa interior.

—¿En serio no te importa que yo lo vea? Soy un hombre, después de todo.

Sakura soltó un suspiro desganado.

—Takuma —dijo eligiendo un tono de voz moderado para explicarse—, cada quien es responsable de elegir lo que le guste y lo excite, pero (y esto es muy importante entenderlo) nadie tiene el derecho de trasgredir la integridad de una persona por estar cachondo. No me importaría que mil hombres entraran aquí y me vieran comprando bragas, mientras esos mil hombres no crean que es un pase para propasarse conmigo.

Takuma permaneció en silencio. Las palabras de Sakura eran ciertas. ¿Cuántas veces alguien había sido violentado porque otros se creyeron con el derecho de hacerlo? ¿Cuántas víctimas se sintieron menospreciadas y silenciadas por una sociedad hipócrita que las culpaba? Ser abierta y estar cómodo con tu sexualidad, y esto contemplaba algo tan simple como comprar ropa interior, no es ninguna invitación a ser agredido.

—Gracias por ayudarme a entenderlo, Sakura —dijo Takuma con las mejillas todavía ardiendo, pero con una expresión más controlada—, y perdón si te di una imagen equivocada de mí.

—En este mundo o en el mío siempre habrá quien piense así. Personas quienes ejercen su libertad de esa manera, que no comprenden que la libertad conlleva un único deber: responsabilizarte por lo que haces o por lo que dices. No somos animales con instintos incontrolables, sino seres racionales y no hay nada racional en violentar a otro por un motivo tan estúpido como la forma en que decide vestirse.

—Hay instintos que no podemos controlar, Sakura, al menos en el caso de los vampiros.

—Explícate.

—Los vampiros bebemos sangre, está en nuestra naturaleza. La sed es… es algo duro de soportar. Sólo la sangre de la persona amada, o la de un purasangre, la controlaría. Es inevitable. Nos hace que nos parezcamos más a los animales, como tú dices.

—Distintos casos, mismo principio, Takuma. Ustedes requieren beber sangre porque es parte de su dieta, pero no por eso tienen el derecho de obtenerla por la fuerza —dijo Sakura.

—Si sólo fuera por eso no la necesitaríamos con tanta desesperación. Beber sangre, no, compartir sangre es un acto de confianza y entrega. No voy a negar que algunos vampiros no lo ven así y hacen exactamente lo contrario, pero para la mayoría, y me incluyo, la sangre es… la manera más directa de estar en contacto con nuestra persona amada —Takuma había puesto las manos sobre los hombros de Sakura. Lentamente su mano derecha ascendió rozando la delicada piel del cuello hasta descansar en su mejilla, la calidez de Sakura fue una experiencia increíble de experimentar para sus dedos—. Un sorbo compartido con quien más amas es… una experiencia inexplicable, fuera de toda sensación conocida. Un vínculo entre dos almas que… que se necesitan intensamente.

Ah, quizás no debería haber empleado un tono de voz tan profundo para explicarse, pero Takuma era un fiel defensor de estos pensamientos por lo que no pudo evitarlo. La chica frente a él pareció evaluar sus palabras con una consideración seria, como si en verdad tratara de entender la perspectiva de los bebedores de sangre.

—Pero ya no es un instinto si la persona que escoges para saciar a tu sed es la persona que amas —dedujo la kunoichi—. Ya es una elección, y si es así, no tiene nada que ver con la naturaleza de un vampiro, sino con su mente y raciocinio.

Takuma sintió su boca repentinamente seca. Podía percibir el pulso tranquilo del corazón de Sakura, el flujo constante de sangre que enviaba por las venas. Ella podía haber cubierto su esencia con esa extraña sustancia, pero Takuma ya la había memorizado desde su primer encuentro. Sus colmillos picaron. Él luchó por mantener la calma. Era tan difícil cuando el anhelo era tan grande…

—Perdón por la demora —la empleada había vuelto en el momento más inoportuno. Acostumbrada a que algunas parejas vinieran a adquirir conjuntos sensuales para la noche, no mencionó nada al verlos tan cerca. Simplemente les sonrió con picardía, mucho más cuando se dieron cuenta de dónde estaban—, traje algo que podría gustarles a ambos. La línea de lujo de esta temporada es sensacional.

De vuelta a la realidad, Takuma volvió a sentirse fuera de lugar mientras la empleada mostraba conjuntos sexys de lencería que nunca en su vida pensó que pudieran existir. Sakura se estaba divirtiendo de su reacción, y aunque le habría gustado burlarse un poco más de él, decidió tenerle piedad y elegir rápidamente varias cosas.

—Puede medírselas en el probador dos. Está al fondo y hay un pequeño sillón para que su novio pueda sentarse —dijo la empleada con amabilidad—. Es más privado, pero agradecería que no se pusieran muy entusiastas.

—Descuide, seremos rápidos —Sakura le guiñó el ojo siguiendo el juego. No era la primera empleada que pensaba cosas que no eran ciertas sobre ella ni tampoco sería la última. Molestarse o explicar la situación era una pérdida de tiempo.

La empleada rió tontamente, como si comprendiera lo que iban a hacer. Sakura y Takuma se dirigieron al segundo probador, y como habían dicho, ahí había un sofá pequeño redondo.

—Siéntate, Takuma, no tardaré demasiado —informó Sakura corriendo las cortinas. Dentro había ropa especial que las clientas podían ponerse para evitar que ensuciaran la ropa interior. Nada distinto a lo que usaban en las tiendas de ropa de Konoha.

Takuma se había sentado como Sakura pidió. Estando a solas buscó templar su mente, lo que no estaba haciendo fácil debido a todo lo que estaban percibiendo sus sentidos afinados. Podía escuchar a Sakura quitarse la ropa, y su respiración y el latido de su corazón.

"¿En qué demonios estás pensado ahora, maldito enfermo? Justo hace un instante hablamos sobre esto y lo primero que haces es pensar en ella de forma indecorosa", se reprochó Takuma. Bien, lo mejor era tratar de pensar en otra cosa y evitar avivar más el deseo que ya ardía en su interior.

—Psst, Takuma.

—¿Eh?

—Por aquí.

Takuma miró a su derecha. Ahí, oculta entre las cortinas de los vestidores, Yûki Kuran asomó su cabeza. Le tomó más que unos segundos a Takuma darse cuenta que no era una alucinación suya.

—¿Yûki? —pronunció, desconcertado—. ¿Q-Qué haces aquí? ¡Deberías estar en la mansión!

—¡Sssh, lo sé, lo sé! —ella lo jaló hacia donde estaba. No quería que Sakura descubriera que los había estado siguiendo, no le ayudaría a ganarse su confianza si sabía que un vampiro purasangre había decidido acecharla a lo lejos.

—¿Estás demente? ¡Kaname me matará si sabe que estás aquí! —Takuma ni se molestó en preguntarle si Yûki le había preguntado a Kaname si podía salir, la respuesta era obvia—. Oh, por Dios, Yûki, esto es muy grave.

—Tenía que hacerlo —aseguró—, si ustedes no me hubieran mantenido ignorante de todo, no habría recurrido a esto. No soy la misma niña de antes, Takuma, creo que tú y todos, sobre todo mi querido esposo, deberían entenderlo.

Ichijou había sospechado que algo así ocurriría, pero no había podido convencer a Kaname de involucrar a Yûki, de al menos mantenerla al pendiente de lo que sucedía. Kaname fue inflexible. No quería que Yûki estuviera en peligro en ningún sentido. Takuma suspiró. Bien, era hora de que su amigo aprendiera que no siempre podía esperar que todos obedecieran sus órdenes, especialmente su muy embarazada y terca esposa.

—De acuerdo, Yûki, no le diré a Kaname, pero tienes que volver ya. Haré lo que sea para convencerlo aunque eso se lleve toda mi paciencia, sólo sal de aquí.

Justo en ese precisamente momento, el grito de una mujer los alertó. Se trataba de la empleada que los había atendido. La pobre mujer había sido capturada por un alto vampiro con los ojos teñidos de rojo y los colmillos a plena vista. Sus garras se encajaron en la tierna carne haciendo que riachuelos de sangre le recorrieron el cuello y los brazos. Más gritos se escucharon en la tienda seguidos del intenso aroma de sangre humana.

Los sentidos agudos de Yûki y Takuma percibieron la presencia de una cantidad grande de vampiros, que no habían detectado antes.

—Yo no me movería si fuera ustedes, a menos que quieran que le rompa el cuello a esta linda señorita —dijo el vampiro apretando la garganta de la empleada que gimoteó con miedo—. Oh, ¿no les parece bonita? Cuando están así de asustadas su sangre sabe mejor.

Yûki expandió su poder vampírico esperando doblegar la voluntad del vampiro, pero grande fue su sorpresa cuando el otro pareció inmune. El atacante rió malévolamente, como si hubiera esperado que eso pasara.

—Bien, muuuuy bien —el vampiro lamió una de las líneas rojas en el cuello de la mujer—. El suero está funcionando. No hay nada que puedas hacer para detenerme, perra purasangre. Si no quieres que mis camaradas y yo matemos a todas esas mujeres en esta tienda, es mejor que te comportes.

La mujer Kuran miraba a su oponente. Su embarazo complicaba usar plenamente su poder, si cometía un error podía terminar matando a la chica y causar daños peores. A su lado sintió a Takuma preparándose para lanzarse, pero lo detuvo con una mirada de advertencia.

—Yûki, no —susurró Takuma.

—Estaré bien —aseguró caminando hacia el vampiro. Levantó ambas manos para mostrar que no tenía intenciones de luchar—. Nadie tiene que morir aquí. Deja ir a todas las chicas y yo iré con ustedes.

El vampiro bufó con exasperación. Enterró más sus garras ocasionando una fea herida en su víctima.

—¿En serio me crees tan estúpido para dejar ir a tan excelentes rehenes? Son mi seguro de vida, perra purasangre, no hay forma de que vaya a soltarlas. Mejor que vayas haciendo lo que digo o todo va a…

Cinco agujas largas pincharon la cara del vampiro en la frente, los ojos, los pómulos y la barbilla.

¡Arte Ninja: Estrella de Agujas! —exclamó Sakura haciendo un sello de manos. Las agujas se incrustaron en la cara del vampiro como si tuviera vida propia, enterrándose hasta el fondo de su cráneo—. ¡Estallar!

La cabeza le explotó, trozos de hueso y sesos cayeron sobre la pobre empleada, y en las paredes y las cortinas de los vestidores. Yûki y Takuma miraron hacia sus espaldas.

Sakura estaba parada en medio con el vestido a medio poner, dejando ver su pecho donde un ligero vendaje cubría su cicatriz. Ella tampoco había notado la presencia de vampiros, por lo que el ataque la tomó por sorpresa y tuvo que salir en así, pero no le dio la oportunidad a ninguno de los dos de sobreponerse.

A gran velocidad la kunoichi se abrió paso hacia la tienda, donde localizó al grupo de catorce vampiros entretenidos mordiendo a las clientas. Usando eso como ventaja, Sakura sacó más agujas y las lanzó a siete de ellos haciendo que sus cabezas explotaran. A diferencia de su pelea en el senado, Sakura estaba preparada para enfrentar a quien fuera usando ataques letales que requirieran poco chakra. Realizó una serie de sellos para poder invocar el bisturí de chakra. Chiasa e Isamu le habían explicado los puntos débiles del cuerpo de un vampiro. Con eso en mente, Sakura no tuvo que desperdiciar energía en golpearlos, sino en atacar a sus pechos. Con el bisturí de chakra trituró los corazones de los siete vampiros restantes, que se lanzaron contra ella luego de recuperarse del shock.

La ceniza que quedó se mezcló con la sangre en el piso. Sakura miró a las empleadas y clientas tendidas con horribles marcas de mordidas y rasguños. Se acomodó el vestido lo mejor que pudo y atendió a la más cercana. Yûki y Takuma la observaban desde la distancia. No pudieron moverse luego de ver los sesos del vampiro volar por los aires.

Ninguno de los dos había esperado que la dulce chica que había tenido tantas dificultades en el Senado de Vampiros, pudiera deshacerse de un grupo de vampiros por su cuenta.

—Tranquila, estarás bien —dijo Sakura a la empleada que le había atendido. Sus heridas eran las peores, pero Sakura no hizo una mueca que pudiera dejar que se notara. Conforme cerraba las feas marcas, la mujer mostraba una expresión más relajada.

—Qué increíble habilidad —dijo Yûki. Extrañamente estaba empezando a captar el sutil aroma de Sakura; el perfume floral de su cuerpo mezclado con el de su sangre.

—Esto no es la gran cosa —pronunció Sakura dándose la vuelta para quedar frente la Kuran. Sakura era más alta que ella, y sobre todo emanaba un aura de madurez que le hizo creer que también era mayor—. ¿Quién eres tú?

—Yûki Kuran, la esposa de Kaname —respondió tratando de no sonrojarse por eso. Aún era penoso para ella aceptar ese hecho—. Yo sé quién eres tú, Sakura Haruno.

Sakura no había sabido que Kaname tuviera una esposa, aunque tampoco podía esperar a que se lo dijeran. Si ella hacía lo posible por mantener cosas en secreto, sería lo mismo aquí. De todos modos, no era el momento de discutir detalles insignificantes.

El ruido de gritos afuera de la tienda fue perceptible. El asedio continuaba, lo que hizo pensar a Sakura en si había sido un ataque al azar o uno planeado. Como fuera tenía que actuar ahora. Zero, Isamu, Chiasa y Akatsuki estaban afuera y estaba preocupada por volvió por el resto de sus cosas en el vestidor. Esgrimió el hacha para comprobar su filo. Todavía no se acostumbraba al arma, pero ya era hora de que le diera un mejor uso.

—No piensas ir en tu condición al caos de allá afuera, ¿o sí? —preguntó Takuma observando que Sakura se dirigía a la salida—. No puedes hacerlo, si tu energía se agota…

—Entonces pelea conmigo —dijo Sakura dejando en claro que nada de lo que dijera iba detenerla—. No podemos dejar que dañen a civiles inocentes. Además, si esto es un ataque planeado necesitamos capturar a uno de ellos para obtener información.

—Iré con ustedes —se ofreció Yûki haciendo que Takuma se alarmara más. Ya era suficiente con una mujer terca y suicida como para añadir a otra.

—No, tienes que quedarte aquí. Estas mujeres necesitan a alguien que las proteja —enfatizó Sakura—. Además estás embarazada. No puedes pelear en tu estado.

A Yûki le sorprendió que supiera eso, pero Sakura no era una de las mejores ninjas-médico por nada. Aunque algunas características se veían atípicas había notado que Yûki estaba gestando.

—Sakura tiene razón, Yûki —intercedió Takuma cuando se dio cuenta que era lo mejor que podían hacer—. Lleva a todas a los vestidores y ocúltense ahí. Trataremos de mantenerlos a raya hasta que lleguen refuerzos.

—De acuerdo, por favor, tengan cuidado.

Sakura y Takuma se acercaron a la puerta de salida. El vampiro rubio tomó la perilla y le indicó a Sakura que abriría a la cuenta de tres. Ella asintió sosteniendo entre sus dedos el resto de sus agujas.

Takuma giró la perilla y abrió la puerta. Sakura salió a toda prisa.

Un escenario de pesadilla la recibió. Las personas corrían tratando de escapar de los cientos de vampiros enloquecidos, chocando entre sí y pisando a los que tenían la mala suerte de caer en el piso. Había locales incendiándose y otros más con los pisos cubiertos de humanos destazados.

Sakura dio un salto gigante y se preparó a hacer su primer movimiento. Sasuke le había enseñado a lanzar las kunais de cierta manera para que pudieran llegar a blancos difíciles. Sakura no había podido dominarlo, pero era lo suficiente diestra para dar en las caras de diez vampiros con sus agujas. Su técnica de explosión de vasos sanguíneos puso toda la atención de los enemigos sobre su persona, en cuanto los sesos de sus víctimas regaron el suelo.

Los ojos escarlatas de cientos de vampiros embravecidos la acecharon desde distintos ángulos. Gracias a ello, el resto de los humanos atrapados tuvieron la oportunidad de escapar.

"Recuerda, Sakura, no dejes de observar nunca a tu enemigo. Cada movimiento, cada pequeño desliz en sus ataques, obsérvalo y podrás descubrir sus patrones de lucha", las palabras de Tsunade resonaron en su mente.

"Los vampiros comunes basan sus ataques en el combate cuerpo a cuerpo. Usan sus garras y colmillos principalmente. Su punto débil son los ataques a larga o mediana distancia", Sakura pensó.

—Si es así —cerró su puño recargándole de chakra—, tengo que deshacerme de ellos de otra manera.

Soltó el golpe en el suelo ocasionando una tremenda explosión que mandó a volar a los desprevenidos. Sakura saltó ondeando el hacha para cortar a los vampiros en el aire. En el suelo, Takuma la vio impresionado, pero rápidamente se enfocó en los enemigos que habían conseguido evadir la explosión.

Detestaba pelear.

—Bueno, es una excelente oportunidad para probar mi nueva arma —pronunció sacando una empuñadura de madera negra con patrones de flores decorando todo el largo.

Un vampiro se arrojó sobre él. Takuma esgrimió la empuñadora… partió en dos a su atacante, observando con una sonrisa satisfecha como cada parte se hacía cenizas.

—Nada mal —una fina cuchilla había aparecido, era muy delgada, pero el filo brillaba peligrosamente.

Sakura y Takuma pudieron luchar a la par sin ningún problema durante media hora. El número de sus enemigos disminuía, pero eso no significó que se volviera sencillo. Los vampiros restantes planeaban mejor sus ataques y utilizaban armas primitivas o bombas echas con botellas de alcohol y un pedazo de tela.

—Estos bastardos sí que son persistentes —dijo Sakura cuando se encontró con Takuma, espalda con espalda, rodeados de vampiros—. Ni siquiera las marionetas humanas de Sasori fueron tan molestas.

—¿Marionetas humanas? No puedes decir eso y no contar la historia completa, Sakura. Definitivamente me gustaría conocer todas las batallas en las que has participado.

—Salgamos vivos de ésta y consideraré hacerlo, ¿te parece justo?

—Bastante. ¿Lista para seguir?

—Por supuesto que sí.

Vampiros se arrojaron de los altos edificios hacia ellos. Sakura y Takuma fueron obligados a separarse debido a la velocidad con la que los cuerpos caían y se estrellaban en el suelo, salpicando con vísceras y sangre. Sakura rodó para evitarlos manchando el vestido con suciedad. Un disparo repentino puso fin a este tipo de ataque.

Zero había llegado junto a Akatsuki. Sakura buscó por Chiasa e Isamu, pero no las vio por ningún lugar.

—Ellas están bien, Haruno —informó Zero sin dejar de disparar. Tenía la ropa con grandes manchas rojas y las marcas de rasguños—. Están ayudando a evacuar junto a los refuerzos enviados por la Asociación. Concéntrate en tu situación actual. Kain descubrió que no están llegando por las rutas normales, sino por las alcantarillas.

—Por eso venimos para acá —dijo Akatsuki. El poder de sus llamas fue un espectáculo aterrador y hermoso, gracias a él habían conseguido formar un perímetro seguro para poder reagruparse—. Al parecer su objetivo se encuentra en esta zona.

—Tenemos que capturar a uno —Sakura aferró con más fuerza el mango del hacha—. Si no descubrimos quién planeó esto, todas estas personas habrán muerto sin que se haga justicia.

—No eres la culpable de esto, Haruno —afirmó Zero mirándola a los ojos. No era consuelo, sino la verdad. La sangre de Sakura podía ser la manzana de la discordia, pero la culpa recaía en los llevaron a cabo esta masacre, a quienes no les importaban las pérdidas de vidas humanas.

Dentro de la tienda de lencería, Yûki se había atrevido a salir a la zona de aparadores. Había colocado una barrera básica en los vestidores para mantener a salvo a las chicas y había decidido echar un vistazo para ver en qué situación se encontraban. Su fino olfato pudo detectar el aroma de Takuma y Sakura, mezclados con muchos más, producto de la encarnada lucha. Entonces lo olió. Un aroma a familia, nostalgia y sueños. A madreselva y viento.

—Zero —musitó Yûki identificando al recién llegado. Su susurro teñido con anhelo, de una sed que sólo la sangre de él podía calmar.

Un vampiro se escurrió del perímetro de fuego de Akatsuki, trepando por los muros y apareciendo por la vitrina de la tienda. Entró rompiendo el cristal tomando a Yûki por sorpresa. La purasangre sólo atinó a cubrirse el vientre. El frasco con la sangre de Kaname se rompió, liberando su olor a los de por sí excitados enemigos.

En cuestión de segundos todo empeoró.

—¿Qué demonios, Takuma, cómo es que Yûki está aquí? —preguntó Akatsuki teniendo que incrementar la altura de las llamas cuando a los vampiros empezó a importarles bien poco si su piel se quemaba.

—¡Explicaciones para después! —gritó Takuma enfrentándose a un número desigual de oponentes.

Zero derribó a docenas de vampiros, pero hasta él tuvo dificultad para aguantar la marcha. Los refuerzos no llegaban y no les quedaba dudaba que, sin importar si venían, sería difícil salir de esa situación. Dentro de la tienda, Yûki había conseguido deshacerse de su atacante, pero tras él entraron muchos más que consiguieron pasar de ella para beber la sangre de Kaname en el piso.

Los gritos de las pobres mujeres en los vestidores la alertaron de que otros habían llegado hasta allá.

Sakura también las escuchó. Trató de abrirse paso con el hacha, pero eran demasiados. Tenía que hacer que se enfocaran en ella y no en las personas que estaban adentro… entonces entendió lo que debía hacer.

Dando un salto enorme hacia el muro de un edificio, Sakura aplicó chakra a la planta de sus pies.

—¡Oigan, cabrones —con su hacha cortó la palma de su mano; su sangre fluyó libremente— vengan por mí!

Ahora tenía la atención de cada vampiro en toda la zona. Sakura empezó a escalar el edificio a todo lo que dieran sus piernas. No estaba tan agotada como antes (después de todo no había estado atendiendo por horas las heridas de un grupo de pacientes), pero tampoco estaba en su mejor momento. Apenas se había recuperado y estaba segura que tardaría más de un mes en reponer energía. Sacó dos kunais con sellos explosivos. No eran suficientes para detener a todos, pero si lograba deshacerse de varios cientos podía equilibrar la balanza. Por fortuna su sangre era canto de sirenas para los vampiros, por lo que había conseguido reunir a muchos de ellos en las partes altas de los edificios.

Cuando llegó a la cima, miró hacia abajo. La visión de cientos de vampiros sedientos de su sangre fue algo que le daría más pesadillas a sus noches. Arrojó la primera kunai obteniendo un éxito rotundo, pero la segunda no tuvo tanta suerte. Algunos vampiros se habían sacrificado para reducir el impacto de la segunda explosión, por lo que Sakura quedó rodeada de enemigos.

Abajo, Zero, Takuma y Akatsuki luchaban por llegar a ella, pero el destino de la kunoichi estaba decidido.

¡Elemento Tierra: Sacudida Vertical!

El edificio se agitó ferozmente haciendo que los vampiros se cayeran en una lluvia de cuerpos. Zero, Takuma y Akatsuki se protegieron bajo el techo de un destruido puesto ambulante de ramen, esperando a que pasara. Cuando el último vampiro cayó salieron de su escondite para mirar hacia arriba.

—Parece que llegué justo a tiempo. Tsk, sí que te gusta meterte en aprietos, Sakura.

—¿Ino? —dijo Sakura sentada en el suelo de la azotea. El terremoto no la había afectado gracias al chakra en sus pies.

Ella simplemente no creía lo que estaba viendo.

—La misma, frente de marquesina —dijo Ino Yamanaka sonriendo engreídamente, pero en sus ojos se podía notar el alivio de haber encontrado por fin a Sakura—. Tu desaparición causó muchos problemas, pero ya te lo explicaré. Al parecer todavía tenemos que encargarnos de los tipos malos de allá abajo.

Ino extendió su mano. Sakura dudó unos segundos, podía ser un genjutsu o seguramente sí había sido un terremoto y estaba muerta bajo los escombros. Pero… pero una parte de su corazón le dijo que no debía temer.

Aceptó la mano de Ino y sintió la familiar calidez en sus dedos.

No era una ilusión.

Su amiga estaba ahí.

—Tranquila, regresaremos a casa —dijo Ino con firmeza.

—Sí —respondió con ánimo renovado y la esperanza llenando su corazón.

Los sobrevivientes de los que cayeron, empezaron a levantarse. Por fortuna el ataque de Ino había funcionado y el número se había reducido considerablemente.

—¿Qué son esos tipos? —preguntó Ino desconcertada por su resistencia.

—Vampiros —contestó Sakura sabiendo que no le creería hasta que lo explicara debidamente—. ¿Cómo llegaste aquí?

—Por el mismo portal que tú, frente de marquesina —sacó un pergamino de su bolsa. Sakura reconoció el impecable trazo de Sai cuando Ino lo abrió—. Han pasado un montón de cosas desde hace un mes. Muchos shinobis de las Cinco Naciones han estado buscándote cuando a Naruto le dijeron que no llegaste con el Señor Feudal.

—¿Portal? —cuestionó Sakura mirando a Ino realizar un par de sellos para activar la técnica en tinta de Sai.

—Al parecer pequeños portales están regados por diversos lugares. Algunos te atrapan en una dimensión paralela por cierto tiempo. Otros te transportan de un país a otro. Los Kages de las otras naciones han reportado incidentes de shinobis que son atrapados por ellos. Creo que el primero fue en Suna.

—¿Qué clase de portal me trajo aquí?

—Ésa es una pregunta importante, Sakura —Ino la miró—. Naruto supo que no era un portal cualquiera y Sasuke lo apoyó cuando no pudo encontrarte en otras dimensiones con el Rinnegan. Naruto envió a un equipo especial a investigar la zona por la que desapareciste. Durante días no hayamos ningún indicio, hasta que Kiba halló tu aroma y ambos lo seguimos hasta llegar a un lugar desconocido donde estaba un portal, el que te atrapó. Ninguno de los dos pudo hacer algo cuando se abrió y me atrapó.

—¿Kiba está aquí también?

—Lo dudo, llegué a este sitio hace una hora. Él habría dado conmigo a pesar de la distancia, así que posiblemente entendió que lo mejor que podía hacer era regresar e informar lo que pasó. Al menos es lo que esperó. Ésa es la situación actual, Sakura, ¿dónde estamos?

—En otro mundo, Ino, totalmente distinto a nuestro hogar. Tenemos que acabar con esta pelea cuanto antes si queremos hablar. Hay mucho que tienes que saber.

—Si es así —Ino extendió el pergamino en el aire—, entonces acabaré esto de un solo golpe. ¡Arte ninja: Súper bestias!

Las líneas de tinta se separaron del papel. Enormes felinos atigrados brincaron en libertad abalanzándose sobre los adoloridos vampiros. Sus hocicos aplastaron cabezas, sus zarpas destruyeron torsos y quebraron piernas. No quedó sobreviviente alguno… hasta que Sakura se percató que uno estaba intentando escapar por un muro lateral.

Sakura dio un salto y corrió para alcanzarlo. Los tigres de tinta cubrieron su espalda y tras un mes en constante guardia, Sakura se sintió libre por primera vez de confiar en que estaría a salvo.

—¡No escaparás! —su puño se alzó juntando chakra. El vampiro miró sobre su hombro justo cuando Sakura lanzó su ataque. El pobre incauto quedó embarrado en el suelo. Vivo, pero machacado. Uno de los tigres se transformó en sogas que lo sujetaron. En unos minutos, la situación se había controlado.

Sakura sintió que su vista se nublaba. El tigre restante se apresuró en servirle como colchoneta para evitar su caída.

—Quieta, Sakura —Ino la tomó entre sus brazos cuando bajo del edificio—. Agotaste tu energía muy rápido. ¿Has estado peleando todo este tiempo?

—Aquí no hay chakra natural —respondió Sakura con dificultad. Incluso con sus heridas no habría tenido tantas complicaciones en su mundo, pero en este… estaba al límite. Dejó que Ino la ayudara a tenderse sobre el suelo y no dijo nada cuando empezó a curarla—. No te desgastes tú tampoco.

—Oh, cierra la boca. Yo soy capitán de escuadrón y no una debilucha como tú. Estaré bien aunque tuviera que curarte miles de veces.

Sakura sabía que era su forma de decirle que se encargaría de todo. De reojo pudo ver que Zero, Takuma y Akatsuki se estaban acercando. Los tigres de tinta detectaron sus presencias y se colocaron alrededor de las kunoichis.

—Ino, está bien —susurró Sakura—. Ellos están de mi lado.

—¿De tu lado? De no ser porque me lo dices juraría que sus deseos por matarnos son sólo un delirio mío —comentó Ino con sorna—. ¿Ellos también son vampiros o qué? Si es así, ¿por qué habría confiar en ellos?

—Tienes toda la razón, no debes confiar en nosotros —ése fue Zero. Sakura pudo percibir el esfuerzo por hablar, lo oscura y peligrosa que sonaba su voz—. En este momento, el aroma de su sangre es… difícil de ignorar.

Más que difícil de ignorar, de hecho. Si Sakura había sido como una antorcha atrayendo a polillas, ahora junto a Ino eran una fuerza magnética que les impedía apartar su atención. Ahí estaban ellas con su apetecible sangre. Sus gargantas se sintieron secas, como si no hubieran bebido en siglos.

—Oh, creo que es el momento perfecto para darme unas buenas explicaciones si no quieren terminar bien muertos —comentó Ino—. Así que, estimados caballeros, manténganse alejados si no quieren que mis bestias los despedacen.

—Ino… estás usando la técnica de Sai… ¿por qué…?

—Te dije que guardaras silencio, frente de marquesina —Ino aplicó más chakra para acelerar el proceso—. ¿Qué esperabas de Sai? Está preocupado por ti y me dio el pergamino por si estabas en aprietos. Gracias a dios, lo acepté.

—Sai… tendré que darle las gracias cuando lo vuelva a ver —Sakura sonrió levemente. Sentía los ojos pesados—. Ino… ¿Naruto y Sasuke…?

—¿Tú cómo crees que están? De no ser por el capitán Yamato, Shikamaru y Sai habrían abandonado sus labores para buscarte. Pero están bien, si es lo que querías saber.

El más puro alivio se plasmó en la expresión cansada de Sakura. Cerró los parpados, incapaz de seguir despierta.

—No se muevan —dijo Ino hacia los tres vampiros cuando percibió su inquietud—, no está muerta. Está dormida.

—Sus heridas… —mencionó Takuma dándose cuenta del pequeño parpadeo de Ino cuando lo dijo. No quería que los tomara por enemigos, así que empezó a explicarse—. Sakura nos ha contado ciertas cosas sobre ella y sobre el mundo del que vino. Sé que es mucho pedir que confíes en nosotros ahora mismo, pero creo que podemos hablar de lo que sabemos.

Ino meditó su propuesta rápidamente. Dudaba que Sakura estuviera en condiciones para darle respuestas pronto. Obtener información era un asunto de vida y muerte en esta situación, por lo que no iba a negarse, pero tampoco les iba a dar la oportunidad de descubrir más de lo que debían.

—Perfecto, empiecen ustedes —dijo Ino terminando su trabajo en las heridas de Sakura (ya sabía que eran imposibles de sanar) y subió sus manos hacia su cabeza. Ellos debían conocer el ninjutsu médico, pero Ino realizaría otra técnica que podía disfrazar como eso.

Zero miró a Ino poner sus manos en cada sien de Sakura. Desconocía cómo funcionaban sus técnicas, pero dudaba que Sakura se hubiera quedado dormida frente alguien que no confiaba.

Arte Ninja: Lectura Superficial —susurró Ino cerrando los ojos para enfocarse en las imágenes visuales que podía leer en la mente de Sakura. Quería corroborar que ellos no le estuvieran mintiendo, por lo que revisaría al mismo tiempo los recuerdos de su amiga para comprobar.

Entonces, Takuma y Zero comenzaron a hablar. Akatsuki se dirigió hacia la tienda de lencería donde Yûki se había ocultado detrás del mostrador. Ella lo había hecho para contenerse. La sed de sangre era apabullante y tenía que quedarse ahí para no atacar. Sin el apoyo de la sangre de Kaname, Akatsuki tuvo que ponerse a disposición de la sedienta purasangre. Se pinchó la muñeca y extendió su brazo, dejando un rango de distancia considerable por si Yûki perdía los estribos y pretendía beber más de la cuenta. Pero ella no lo hizo. Tomó lo que le era ofrecido sin chistar y bebió hasta hacer la sed más soportable.

—Gracias —dijo Yûki poniéndose de pie. Se encontraba en buen estado, sin ningún dolor abdominal que pudiera indicar un aborto. Aun así Yûki no dejó de sostener su vientre en ningún momento—. ¿Cómo están allá afuera? ¿Quién es esa otra chica?

—Ahora mismo Takuma y Kiryû se están encargando de eso. Yo debo llevarte de vuelta a la mansión.

—No, debo quedarme —insistió Yûki—. Cualquiera que hiciera esto sabía que yo estaba aquí. El primer vampiro que nos atacó no se acobardó ante mi presencia, así que esto debió ser plan de alguien que sabía cómo hacer que los vampiros comunes resistieran el comando de un purasangre. Si es así conviene que Kaname y el señor Yagari sepan que estuve aquí.

—Bueno, supongo que tienes razón —cedió sabiendo que era inútil discutir. Yûki podía ser tan terca como Kaname.

Las empleadas y clientas salieron de los vestidores cuando la barrera se disipó. Yûki les explicó que la situación se había controlado y que las llevarían a una zona más segura. Una de ellas, la chica que había atendido a Sakura y Takuma, se adelantó a su grupo.

—Disculpen, ¿dónde está esa chica de cabello rosa? —las demás también se veían interesadas por saberlo.

—Si me siguen puedo llevarlas a dónde está —respondió Akatsuki. En ciudad Nightray los humanos estaban al tanto de la existencia de los vampiros, pero un shinobi no entraba en la ecuación. Posiblemente tendría que borrarles la memoria para evitar a más testigos—, aunque está indispuesta por el momento. Ella luchó hasta agotar sus fuerzas. Su compañera está dándole los primeros auxilios.

—¿Podemos verla? —preguntó sosteniendo su brazo, ahí donde el vampiro había encajado sus garras—. Ella… ella me salvó. Si no hubiera sido porque estaba aquí, estaría muerta.

Las otras mujeres asintieron en acuerdo. Yûki se sorprendió un poco ya que era habitual que los humanos se asustaran al ver habilidades sobrehumanas. Akatsuki no sabía qué había sucedido exactamente, pero si estas mujeres habían sido atacadas por vampiros y luego curadas por Sakura, seguramente la veían como su salvadora.

Akatsuki junto a Yûki escoltaron a las mujeres hacia la calle. Los destrozos de la batalla era un escenario devastador, pero ya se escuchaban el sonido de las sirenas acercándose así como las voces de los escuadrones de refuerzos. El fino oído de Akatsuki escuchó las últimas palabras de la conversación entre Takuma y Zero con Ino, al parecer llegaron a un tipo de acuerdo.

No le pareció extraño que durara tan poco tiempo. Los detalles no servirían de nada y era claro que la recién llegada no quería postergar las cosas. Como fuera, las mujeres se detuvieron a unos pasos, inseguras de seguir debido a los guardianes de tinta. Ino había terminado el tratamiento de Sakura, y aunque su postura revelaba que seguía alerta, se notaba menos tensa.

—¿Ella está bien? —preguntó la empleada observando con intranquilidad el cuerpo de su salvadora tendido en el suelo.

—Por supuesto que sí, ya atendí sus heridas. Sólo debe descansar, eso es todo.

Las mujeres soltaron suspiros aliviados y sonrieron como si les hubieran dado la mejor noticia de todas. Tres ambulancias arribaron al lugar al mismo tiempo. En ellas venían Chiasa e Isamu que se apresuraron a llegar al lugar de los hechos, mientras los paramédicos se encargaban de poner en camillas a los sobrevivientes entre los escombros.

—Maestro Kiryû, los escuadrones de cazadores han llegado y están peinando la zona —informó Chiasa ignorando por ahora la presencia de Ino y la de esas extrañas criaturas—. Las zonas más afectadas están despejadas y todos los hospitales de la ciudad están recibiendo a los heridos. El presidente Yagari ha solicitado su presencia y la de Haruno en la Asociación de Cazadores para rendir informe. El chófer los está esperando a cuatro cuadras de aquí.

—Entendido, buen trabajo, Ueda —dijo Zero guardando a la Rosa Sangrienta en su funda—. Hemos capturado a uno de los vampiros involucrados. Encárgate de que un equipo completo lo lleve a la asociación. Un equipo de limpieza debe ir a esa tienda… sangre de vampiro puro ha sido derramada adentro.

—Así será —dijo Chiasa ajustando sus gafas, sin ocultar una despectiva mirada hacia Yûki.

—Bien, si tienes algún problema con que alguien siga tus órdenes sólo tienes que mencionar mi nombre, Ueda —porque, obviamente, Chiasa no era una cazadora oficial todavía—. Dile a Tachibana que haga lo mismo.

—Entendido, maestro Kiryû. Y… por favor, avíseme si algo le pasa a Haruno.

Zero asintió.

—Es hora de irnos. Deshaz a tus guardianes para que vengas con nosotros.

—Lo que diga su majestad —dijo Ino molesta por el tono demandante de Zero. Chasqueó los dedos haciendo que los tigres de tinta brincaran y desaparecieran, pero Takuma aún pudo olfatear el olor de la tinta cerca de ellos. Ino no iba a bajar la guardia.

—Este… ¿señorita? —volvió a llamarla la empleada. Ino la miró con atención—. ¿Podría darle un mensaje a su amiga, por favor? Dígale que estamos muy agradecidas por su gran valor. No estaríamos vivas de no ser porque ella peleó contra esos vampiros.

—Se lo diré —prometió Ino. Los paramédicos comenzaron a llevarse a las mujeres aunque era obvio que no necesitarían cuidados médicos. La rubia se volvió hacia los presentes que quedaban—. Oye, tú, el que tiene cara de que preferiría estar en casa que aquí.

—¿Yo? —dijo Akatsuki.

—El mismo. Ven acá, eres el único que controla mejor sus instintos aquí, por lo tanto el único capaz de llevarse a Sakura sin querer desgarrarle la garganta.

Akatsuki se encogió de hombros, ¿para qué negarlo? Un vampiro era sensible a la sangre deliciosa si no estaba enamorado. La sangre de la persona amada calmaba la sed. En ese sentido para Akatsuki era simple ignorar su anhelo porque, a pesar de desear a Sakura e Ino, prefería la sangre de su esposa. Akatsuki cargó a la inconsciente kunoichi, dándose cuenta de lo ligera y frágil que era. Por la fuerza que mostraba y su carácter no lo parecía… pero Ruka le había dicho anteriormente que Sakura sólo estaba esforzándose por no mostrar debilidad otra vez.

Ino se paró del suelo. Era casi tan alta como Akatsuki. Llevaba una gabardina gris con el símbolo de la hoja cosido en el lado derecho, dejando ver su traje color morado y formal muy distinto al que Sakura usó cuando llegó. Tenía un rostro hermoso, de pomulos simétricos, labios sensuales y cutis suave, con largo cabello rubio atado distraídamente con una cinta. Un fleco largo le cubría la mitad de la cara, por lo que sólo estaba a la vista un ojo de un azul muy pálido.

Era muy claro que estaba consciente de su poder y estatus porque toda su postura revelaba un soberbio orgullo.

—Cuida a Haruno, Kain —pidió Isamu cuando el grupo pasó a su lado. La joven aprendiz de cazadora tenía por todo el cuerpo marcas inequívocas de que había luchado con todo lo que tenía.

—Lo haré —asintió Akatsuki sabiendo lo difícil que era para ella no haberse referido a él despectivamente—. Peleaste bien. Gracias a ti pude concentrarme en cubrir un flanco mientras tú te encargabas del otro.

—Oh, no fue la gran cosa —pero Isamu aceptó el cumplido sonrojándose levemente y dejándoles el paso libre, yendo con Chiasa para ayudarle en lo que pudiera.

Takuma y Akatsuki iban al frente seguidos por Ino, Zero y Yûki (ella había esperado que Zero reconociera su presencia, pero actuaba como si sólo le importara la chica dormida). Eso… le molestó. Su relación con el exhumano había tenido sus altas y sus bajas, pero siempre había confiado en que él no la alejaría jamás. Sin embargo, Yûki conocía bien a Zero para saber que no estaba en disposición de actuar como si nada hubiera sucedido. A Yûki se le estrujo el corazón al saber la causa de la desolación en los ojos del cazador. Ella misma continuaba sufriendo en silencio, ¿pero cómo podía compararse con el dolor de Zero? Ella había sido amiga de la Kuran durante muchos años, pero para Zero significaba mucho más que eso. Ella había sabido aceptarle por completo, y lo más importante, lo había amado como Yûki jamás pudo debido a su corazón divido en dos.

—A todo esto —dijo Zero caminando al lado de Ino. La kunoichi rubia estaba en silencio, atenta a su entorno—, ¿cuál es tu nombre? No lo dijiste allá atrás.

—Ino —respondió y luego agregó como si quisiera dar fe de que esto funcionaría—. Ino Yamanaka.

—Eres la amiga de la señorita Sakura, ¿verdad? —apuntó Takuma con una sonrisa gentil que le erizó la nuca a Ino. Le daban escalofríos los hombres sonrientes como Takuma.

—Podría decirse —se alzó de hombros, sin darle importancia.

"Es tan cortante como Haruno en sus primeros días", reconoció Zero.

—¿Iremos al Senado de Vampiros? —preguntó Ino cuando llegaron a los autos. El chófer de Takuma había sobrevivido y se había unido al de Sakura.

—No es recomendable —respondió Takuma aunque estaba seguro que Ino también se vería forzada a presentarse en una audiencia—. La Asociación de Cazadores es mucho más segura para ambas en este momento. Probablemente Kaname también lo haya pensado y ya se encuentre allá.

—Me doy a la idea que ningún lugar aquí es seguro para nosotras —comentó Ino viendo a Akatsuki meter a Sakura en uno de esos extraños artefactos—, pero espero que esto sea cierto, vampiro.

La clara amenaza no hizo más que poner el ambiente pesado. Akatsuki iría con ambas kunoichis, ya que meter a los otros vampiros en un mismo auto con ellas sería contraproducente. Takuma no habría podido imaginar algo peor que tener que estar en un auto con Yûki y Zero, pero se dijo a sí mismo que nunca se perdonaría si perdía el control y hería a las chicas. Aun así, cuando entró en el auto con ellos, optó por sentarse lo más lejos posible. No tenía ganas de aguantar una escena llena de drama si a Yûki se le ocurría decirle algo a Zero que no estuviera dispuesto a escuchar.

Yûki mantenía la mirada baja, consciente de que su presencia no era apreciada. Sintió escozor en sus colmillos y apretó los labios. La sangre de Akatsuki había hecho soportable su sed, pero ella estaba acostumbrada a la alta calidad de la sangre de Kaname. Lo peor de todo era que Zero estaba a su lado… con su dulce y familiar sangre recorriendo sus venas… ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que probó un sorbo? Yûki tenía mala memoria en ciertos asuntos, pero recordó con claridad que Zero no le había dejado beber otra vez después de que Yûki decidiera permanecer con Kaname. Eran más de un par de décadas. Las mismas en las que el cazador no había podido acceder a la sangre pura de los Kuran.

"Pero Zero no nos necesitó después de ella". Cuando Zero pudo soltarse de las cadenas de su pasado, su corazón había cambiado. Había estado dispuesto a ver más allá de la sonrisa de Yûki, a ver que no sólo existía esa única persona en la vida.

Sayori Wakaba había sido como una lluvia ligera y reconfortante. Sayori, de carácter tranquilo pero alma determinada, fue esa otra persona a la que Zero le permitió entrar. Sayori había estado ahí para Zero cuando Yûki escogió a Kaname. Zero había estado ahí para Sayori cuando Hanabusa Aido le rompió el corazón.

Un "uno en un millón". Así había sido el amor entre los dos.

Por desgracia, eso se había acabado cuando Sayori había muerto hace tres años.

"Mi dulce Yori", se lamentó Yûki. Su amiga siempre había estado para ella, dándole consejos o su compañía. ¿Y qué había hecho Yûki por ella, sino sentirse impotente por no haber podido ayudarla en sus últimos momentos?

—Es mejor que le des tu sangre, Ichijou —mencionó Zero rompiendo el silencio. Yûki lo miró con interrogación, descubriendo que su ex hermano le devolvía la mirada detenidamente—. En su estado actual su sed es incontrolable, ni siquiera debería estar aquí.

Era obvio que Zero se diera cuenta de su embarazo. Sus finos sentidos lo habían percibido desde que la batalla terminó, pero no había dicho nada porque no le importaba. Kaname y Yûki estaban juntos desde hace cinco décadas, que tuvieran un hijo sólo era un paso más en su relación.

—Ah, sí, lo haré. Yûki, puedes beber de aquí —dijo Takuma ofreciendo su muñeca para que la purasangre lo mordiera. Ella no se negó y tomó lo que tanto necesitaba.

Zero contempló la ventana. Sorpresivamente el aroma de la sangre noble de Takuma no causaba una reacción en él, así que pudo calmarse y pensar con claridad. La llegada de Ino tendría distintas repercusiones. Estaba más que claro que ninguna estaba aquí a propósito, sino por accidente.

Ino había venido tras seguir el rastro de Sakura, pero les había asegurado que era imposible volver si no había chakra natural que soportara la apertura de un portal de regreso. También estaba el hecho de que no sólo la sangre de Sakura enloquecía a los vampiros. La presencia de Ino había descartado la teoría de un caso único y había abierto otras posibilidades, como el que todos los shinobis tuvieran esta característica.

Las preguntas estaban en el aire, pero Zero no estaba seguro de que tuvieran pronta respuesta. Al fin y al cabo, ¿por qué existía un portal que conectaba su mundo con éste, pero no uno de regreso? ¿Cuál era el propósito de Ino ahora que había confirmado que Sakura estaba aquí? ¿Planearían irse así sin más, para no volver? ¿O vendrían más shinobis para llevarlas de regreso? ¿Qué es lo que hacía tan atractiva la sangre de los ninjas?

Zero se acordó que Sakura había dicho que este mundo carecía de chakra natural, ¿y si eso era la respuesta? Esa mezcla de energías física y mental de los ninjas, era lo que potenciaba el poder en su sangre volviéndola irresistible para ellos. Era sólo una idea, pero parecía tener sentido.

"¿Qué es lo que tiene sentido para ti, Zero Kiryû?", la voz de su sed habló en la intimidad de su mente. "¿Que a pesar de que ambas usan chakra desees mucho más la sangre de Sakura Haruno? ¿Por qué sigues creando excusas para tus deseos? Ese mal hábito tuyo te torturo los cuatro años posteriores a cuando te mordió Shizuka Hiou, y te siguió torturando cuando empezaste a beber la sangre de Yûki Cross.

"Eres molesto, lárgate", contestó Zero con frialdad, pero su reflejo sonrió.

"Excusas y más excusas, igual que un niño miedoso e inseguro. En cuanto pierdes algo valioso, te escondes para no enfrentar tus propios sentimientos. Lo hiciste cuando Yûki eligió a Kaname Kuran. Lo hiciste cuando tu esposa murió. Lo haces ahora… ante lo que Sakura Haruno te hace sentir".

"Basta. No hables ya. Sólo eres una maldita alucinación".

"Soy la representación de tu corazón", aclaró, "aquello que no aceptas, pero que está ahí. Nunca te desharás de mí… hasta que decidas hacer algo con tu dolor".

Y desapareció dejando la imagen de una sonrisa burlona como un fantasma en la mente de Zero.

"No estás solo, Zero, yo estoy aquí contigo", le había dicho Sayori una tarde de verano. Ambos mojados hasta los pies por la lluvia. Sayori se abrazaba a sí misma buscando calor y le miraba con sus enormes ojos del color de las hojas en otoño.

Ese día había sido la primera vez que aceptó que se había enamorado de ella.

Zero sintió que el dolor lo tomaba entre sus brazos y no lo soltaba.

"No, todavía no… todavía no puedo pensar en ella sin sentir que el mundo deja de girar".

[+][+]

¡Fin de este capítulo! Hice muchos cambios en este capítulo y le metí más takusaku porque sí. Sí, alv, me gustan un chingo las crack ships y realmente me gustan las historias harem (aunque no todas, en ese sí soy selectiva).

Deben saber que adoro a Ino, que detesto mucho (mucho) que no le hayan dado más espacio en el manga, y que yo habría sido feliz verla luchar contra Sakura, tocando temas relevantes como: ¿Tengo que amar a un vato que no conozco bien, que idealicé, del que desconozco lo que hará una vez lleve a cabo su venganza? ¿Valió la pena cortar mi amistad, con la única persona que me defendió de mis abusadores de niña, por este mismo vato? ¿Qué hay de lo que quiero para mí, mis deseos de ser mejor son para mi florecimiento o para el de alguien más?

Yûki y sus sentimientos por Zero son algo sumamente canónico. Si hay algo que admiro de Matsuri Hino fue los semejantes ovarios que tuvo para hacer que Yûki se quedara con ambos, aunque tuviera que congelar a Kaname en esa prisión de hielo, ja, ja, ja. En este AU, Yûki todavía siente algo fuerte por Zerito (y no la culpo, es un papucho).

Otro headcannon: Naruto y Sasuke no dejan que Sakura tenga cita con cualquier zopenco. Esta idea es una de las muchas que tengo respecto al trío NaruSakuSasu, de la que simplemente no puedo deshacerme. Así que aquí los verán siendo posesivos y recelosos de quienes se acerquen a ella.

Más headcannon: Sakura Haruno es una ninja médico, pero hay que ser perezoso y poco creativo para creer que no puede usar sus habilidades para pelear. Y nada de: Pero es que ella debe mantenerse al margen. Ajá, ¿alguien recuerda a Kabuto peleando usando sus habilidades de médico? Bueno, pues Sakura puede hacerlo también.

Me gusta la ship Zori (Zero/Sayori), así que la persona tan importante para Zero que se ha mencionado tanto es Sayori Wakaba, amiga humana de Yûki. En lo personal la encuentro más entrañable e interesante que la protagonista de Vampire Knight.

Nos leemos en el siguiente capítulo.