¡Hola de nuevo! Escribí esto luego de leer un capítulo de VK que es una especie de epílogo, No sé, tengo sentimientos variados por el final, pero ese cap. me gustó mucho por el desarrollo que le dieron a la relación amistosa de Sayori y Zero, y porque ver a Kaname cargando a Ai me dio paz mental (?)
Parece que en algunos review de la versión anterior, habían pedido que Ino no tuviera sangre especial como Sakura, lo que obviamente no puede ser. Adoro a Ino y a Sakura, es imposible para mí rebajar a una para beneficiar a otra. Las dos pueden brillar, cada una a su manera.
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Noche V
El Caballero Gris
"La gente dice que soy completamente inmoral. Me atengo a lo que me gusta. Y sé lo que me gusta".
—Ayn Rand.
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La Asociación de Cazadores estaba constituida por varios edificios grandes con oficinas administrativas y cámaras especiales para aprisionar vampiros, y por supuesto, el edificio de la forja con el metal-madre, la matriz de las armas de los cazadores. La apariencia hizo que Ino levantara una ceja. Sakura pudo haber confirmado la ausencia de chakra aquí, pero sin duda existía otro tipo de energía.
Kaito los esperaba junto a otros dos cazadores. Él se dirigió de inmediato al auto de Sakura, abriendo la puerta. Frunció el ceño al ver a Akatsuki dentro, pero rápidamente reparó en la presencia de la segunda kunoichi.
—Kaito —dijo Zero que había bajado ya del otro automóvil—, el presidente nos está esperando. Todo se explicará cuando estemos en la reunión.
—¿Quién es ella? —preguntó Takamiya. Al menos quería conocer ese detalle.
—Una amiga de Haruno, otra shinobi —respondió Zero poniendo atención a Akatsuki que cargó a Sakura—. Kaito, lleva a Haruno a la enfermería.
—No lo creo, Kiryû —intervino Ino—. Nuestro Hokage ordenó que quien encontrara a Sakura tenía la misión de protegerla y asegurar que volviera con vida a la aldea. Sakura se quedará cerca de mí y eso no está a discusión.
—¿Y confías más en un vampiro que en un cazador? —cuestionó Kaito con sarcasmo—. Vaya forma de cuidar a tu compañera.
—Un vampiro que conozco más que a cualquier cazador, así que sí, es una mejor elección —replicó Ino cruzando los brazos, dispuesta a rebatir.
—No es momento para comenzar una discusión sin sentido —indicó Takuma—. Por ahora estamos del mismo lado. No queremos que la señorita Sakura resulte herida, así que debemos cooperar.
—Yo estoy cooperando, vampiro, ¿o acaso eso no quedó claro ya? —dijo Ino refiriéndose a sus guardianes de tinta—, pero la misión es mi prioridad y neutralizaré a quien sea que se interponga en mi camino.
—Tus amenazas son inútiles, shinobi, no estás en posición de dar órdenes. Sakura Haruno está bajo la custodia de la Asociación de Cazadores. Ella misma lo decidió, así que no tienes poder aquí —dijo Kaito con indiferencia.
—Adelante, cazador, no tengo problema en mostrar la diferencia de poder entre tú y yo. Pero no permitiré que usen la condición de Sakura para decidir por ella. Ella es una kunoichi de Konoha, no les pertenece a ninguno de sus bandos.
De pronto todos guardaron silencio. Los nervios se les crisparon anunciando la temible presencia de un enemigo inigualable. Ino y Zero fueron los primeros en detectar la amenaza, pero la kunoichi fue más veloz.
Las kunais de Ino se dirigieron hacia Yûki Kuran, encajándose en la barrera de mariposas carmesíes alrededor de su siniestra figura. Sus ojos rojizos brillaban con hambre enfocándose en las dos chicas. Ino no perdió el tiempo para averiguar nada. Su entrenamiento ninja exigía tener reflejos veloces… pero estaba en un grupo de vampiros y cazadores con reflejos igual de buenos. Su ataque fue detenido por Kaito y Takuma, tomándola por los brazos y hombros en una pelea de dos fuerzas contra una que no se dejó amilanar.
Akatsuki quedó desprotegido así como su preciada carga, pero Yûki no pudo llegar a su objetivo a pesar del camino despejado. El brazo de Zero la detuvo mientras su otra mano ya apuntaba con la Rosa Sangrienta a la cabeza de la Kuran.
"Debí haberlo pensado… una purasangre embarazada necesitara más que sangre noble para calmar su sed, sobre todo estando en presencia de estas dos", razonó Zero.
—Más les vale soltarme —dijo Ino a los dos hombres. Su tono era controlado, pero prometía dolor y agonía si no obedecían—. No dejaré que una criatura como ésa esté cerca de Sakura.
—Por mí no hay problema —admitió Kaito maravillándose de la fuerza de esos brazos delgados—, pero no conviene que ataques a esa niña. Su vida es importante para un vampiro muy poderoso, que no dudaría en matarnos si algo llegara a pasarle… incluida a tu querida a amiga.
—Por favor, señorita Ino —suplicó Takuma batallando para que sus ojos no cambiaran a ese tono rojo que revelaba cuántas ganas tenía de morderla estando tan cerca de ella— sé que quieres protegerla, pero deja que nos encarguemos. Por favor.
Ino se debatió unos segundos. Sabía que Sakura confiaba en estos hombres, aunque eso no era garantía de nada. Sakura adoraba hacerse amiga de los monstruos.
Ino dejó de forcejear. Takuma y Kaito la soltaron.
—Yûki —la llamó Zero contemplando la lucha interna de la que fue su hermana hace tanto tiempo—, detén esto. Ahora no puedes darte el lujo de actuar estúpidamente.
El piso debajo de Yûki se cuarteó. Zero no se inmutó y siguió colocándose entre ella y sus presas.
—Dije que basta —ordenó el ex humano. El poder de un sangre pura nunca lo intimidaría.
La mirada de Yûki vagó de las kunoichis hacia el cazador. El rojo volviéndose más oscuro cuando percibió la sangre más familiar y, por lo tanto más querida, de Kiryû. En el vórtice de su deseo todavía pudo reconocer su presencia.
Su querido Zero Kiryû, su amado cazador, su más grande amor.
Yûki perdió noción de la realidad. Se abalanzó hacia él con rapidez, sus colmillos encajándose en su cuello. Extasiada poco parecía importarle la quietud de Zero, cuyos ojos argentos no mostraban nada más que apatía.
Entonces cuando la sed fue saciada, Yûki se alejó de Zero como si le hubiera quemado la piel.
—Yo… yo lo siento tanto —musitó sin poder evitar pasar su lengua por los residuos en sus labios—. Yo… yo sólo…
—¿Estás bien, Zero? —preguntó Kaito yendo hacia él.
—Sí —respondió Zero tanto a su estado como al hecho de que esto no había empeorado su propia sed—. Kaito, dame las esposas especiales.
—Con mucho gusto.
Yûki contempló con horror como Kaito le entregaba las esposas anti-vampiros a Zero. Se usaban para encadenar a vampiros que habían perdido la razón. Vampiros que eran tratados como animales. Sólo una vez le habían colocado esas cosas y Yûki juró que jamás dejaría que lo volvieran hacer, pero… al ver a Zero venir hacia ella con los hilos de sangre descendiendo por el cuello, no tuvo otra opción. Ella había bebido su sangre contra su voluntad y ahora debía pagar el precio.
—Eso no será necesario, Zero Kiryû —la voz barítona de Kaname Kuran tuvo el efecto de llamar la atención de todos. Kaname había aparecido en la acera, activando las alarmas exteriores de los cazadores, quienes se asomaron de prisa para ver qué sucedía. Detrás de Kaname venía Hanabusa que se veía acongojado por la escena, sabiendo que todo podía estallar de un momento a otro—. Me haré cargo de Yûki a partir de ahora.
—¿En serio? ¿O simplemente le palmearás el hombro, le dirás que no es su culpa y que todo estará bien? —cuestionó Zero con sorna—. Casi ataca a Haruno.
—Está embarazada —dijo Kaname como si fuera necesario—. Necesita beber sangre con más frecuencia. Tú mejor que nadie debería saber lo difícil que es aplacar la sed. Takuma y Akatsuki llevarán a Yûki de vuelta a la mansión cuando acabe la reunión.
—Con más razón debo ponerle éstas —Zero hizo sonar las esposas—. No dejaré que un sangrepura en descontrol esté dentro de la asociación sin ninguna precaución.
—Zero tiene razón, Kaname —intervino Yûki por primera vez. Se había recompuesto su autocontrol y había podido hablar con claridad—. Hasta que lo que pasó en Ciudad Nightray se discuta, yo permaneceré con las esposas. Es lo menos que puedo hacer por la forma en la que actúe.
Kaname y Yûki compartieron una mirada larga. Al final, Kaname tuvo que permitir que le pusieran las esposas. Con las restricciones puestas, Yûki fue conducida al interior por los dos cazadores que habían estado con Kaito.
—Esto sí que se ha puesto interesante —espetó Ino con un tono que no dejaba en claro si en verdad estaba encontrando hilarante la situación o no. Apenas había pasado unas horas desde que llegó a este mundo y ya había visto algunos de los problemas que tendría que enfrentar desde ahora—. ¿Y bien? ¿Nos quedaremos aquí perdiendo el tiempo o entraremos para resolverlo todo civilizadamente?
Kaname observó a la recién llegada con camuflado interés. Ino hizo lo mismo que él. Ese hombre era tremendamente atractivo y peligroso, si es que su intuición no le fallaba (y nunca lo hacía). Si fuera la misma niña coqueta de antes se habría sentido en el Paraíso en un mundo donde todos los hombres eran tan guapos, pero ahora era Jefa del Escuadrón de Investigación e Inteligencia de Konoha (antes Departamento de Tortura e Investigación de Konoha). Una cara bonita ya no tenía ningún poder sobre ella.
—El presidente Yagari y el señor Kaien los esperan en la sala B4 —informó Kaito. Había recogido las kunais de Ino y procedió a entregarlas—. Te sugiero que no pierdas éstas en lo que resta del día, shinobi. Probablemente tengas que usarlas de nuevo.
—Gracias, cazador, pero descuida puedo usar otros trucos si se les ocurre ponerse chistosos en cualquier momento —de un movimiento Ino ocultó las kunais—. Por cierto, para los recién llegados, yo soy Ino Yamanaka.
—Kaname Kuran —dijo el sangrepura.
—Hanabusa Aido —pronunció el rubio.
"Así que son ellos los que aparecen en los recuerdos de Sakura. Kaname, el líder de los vampiros, y Aido, su más fiel seguidor", Sakura tenía imágenes claras de esos dos. Ino mandó un toque de chakra a través de su conexión con los tigres de Sai para mantenerlos al tanto de lo que ocurría. A cualquier señal de peligro atacarían mientras ella sacaba a Sakura y se la llevaba a un sitio seguro.
Entraron a la Asociación de Cazadores, Akatsuki iba al frente con Sakura todavía dormida. Kaname estaba a su lado derecho y Zero a su izquierdo. Detrás de él estaba Ino, flanqueada por el resto de los vampiros cubriendo sus rutas de escape.
La llegada de Sakura había sido un suceso muy conocido entre los cazadores, lo mismo aconteció con Ino. Su altura y presencia no pasaron desapercibidas. Takuma admitió sentir fascinación por lo fácil que Ino parecía ignorar los comentarios subidos de tono. Él sabía que ella estaba memorizando todo lo que veía, así que no pudo menos que admirar la capacidad de los shinobis para adaptarse a su entorno.
La sala B4 estaba al fondo de un largo pasillo con algunas ventanas largas en ambas paredes. La decoración le recordó a Ino el interior de la Torre del Hokage. Había una gran mesa rectangular con sillas para cada invitado. A la cabeza había tres sillas grandes y en la parte de enfrente una silla más. Seguramente ese lugar era para ella.
—Buenas tardes —saludó Kaien a los recién llegados. A Ino le pareció que trataba de sonar más amable para inspirar confianza—. Apenas nos informaron sobre lo que pasó con la señorita Sakura. Pronto traerán una camilla para que pueda descansar cómodamente, pero los demás pueden tomar asiento.
Ino no se movió hasta que llevaron la camilla. Cuando Akatsuki recostó a Sakura y tomó el lugar al lado de su primo Ino aceptó acercarse a la mesa. Estudió la cara de cada uno de los presentes, incluida Yûki que parecía pequeña ahí sentada y esposada, y se sentó.
"Ella no es como Sakura", se dio cuenta Yagari en cuanto advirtió su postura. Ino no estaba acá para intentar llevarse bien con todos para evitar problemas. Ino no dejaría que la mantuvieran encerrada esperando respuestas. No tenía más desventaja que la compañera descansando en la camilla. "Esta mujer viene con una meta y no se detendrá ante nada".
Ino se mantuvo en silencio mientras los hombres desconocidos se presentaban. Cada nombre concordaba con los recuerdos de Sakura, así que hasta ahora ninguno le había mentido.
—Ya que nos hemos presentado, creo que lo oportuno es relatar todo lo que ha sucedido —dijo Kaien mirando a Ino como si estuviera animando a un niño pequeño a contar sus proezas. Ino reprimió una mueca de disconformidad.
—Llegué casi al final. Los detalles de su inicio no me corresponden a mí, sino a ellos.
Hacer que los demás hablaran primero era para no tener que revelar detalles sin querer. De esta manera sólo tenía que asentir cuando se requería o dar pequeñas aclaraciones. La conversación que tuvo con Takuma y Zero también había tenido un propósito, y era dejar que ellos transmitieran lo que ella quería que supieran. Ni un dato más.
Su estrategia funcionó. Kaito se encargó de desglosar los primeros informes de perdidas, revelando números que no habría dicho frente a Ino si ella se los hubiera pedido. Se estimó que habían sido más de mil vampiros los que habían acabado con la tranquilidad de Ciudad Nightray, pero era difícil saberlo exactamente debido a que quedaron reducidos a cenizas. Los hospitales estaban al borde de su capacidad, por lo que la Asociación de Cazadores aceptó abrir su área médica para los heridos restantes. Los muertos se contaban por miles y las pérdidas económicas por un buen par de millones; aunque esto último era un detalle menor, la economía en Nightray recuperaría pronto su estabilidad.
La situación había sido una pesadilla, pero las consecuencias no fueron tan graves como temieron. Lo que sí les preocupaba fue la cantidad de vampiros involucrados. La asociación y el consejo llevaban el conteo y registro de cada vampiro en la ciudad y en las zonas aledañas, por lo que si alguno de ellos se había unido al ataque lo sabrían de alguna manera.
—Haruno y Yamanaka capturaron a uno de ellos —dijo Zero—, podría darnos información importante sobre lo que pasó. Revisar los registros no sirve de nada. Los vampiros que atacaron pudieron venir de otro lado.
—Aun así tenemos que revisarlos —insistió Kaien ajustándose las gafas—, hay diez mil vampiros viviendo actualmente en esta zona. Los números pueden revelarnos algo si sabemos qué buscar.
—De acuerdo con Takuma y Kiryû, usted llegó una hora antes a este mundo, señorita Yamanaka —dijo Kaname que había estado esperando el momento adecuado para plantear sus propias interrogantes—. Usted pudo llegar a donde estaba su compañera sin tantos problemas, ¿cómo pudo ser eso posible?
—Soy un ninja sensorial —respondió Ino—. Al llegar aquí no me topé con ningún vampiro, por lo que pude enfocarme en localizar a Sakura. Conforme me acerqué los vampiros empezaron a darse cuenta de mi presencia así que opté por tomar una ruta por las azoteas. Encontré a Sakura luchando contra ellos, por lo que tuve que intervenir. El resto ya lo saben.
—¿Ninja sensorial? Creí que tu poder residía en tu habilidad curativa al igual que Haruno —comentó Yagari.
—No es nada del otro mundo. Así como los vampiros perciben los olores de las personas, los shinobis detectamos la energía de nuestros compañeros. Una especie de radar, si lo ponemos de modo simple.
—¿Cuántos de ustedes son en realidad? —presionó Yagari—. ¿Vendrán más? ¿Por qué su mundo está conectado con éste? ¿Por qué no han intentado volver?
"Tantas preguntas…", suspiró en su mente. Quería descansar ya. Sakura había tenido razón al advertirle que la falta de chakra le pasaría factura. Pero Ino tenía que asegurar su posición en el tablero hasta que llegara el momento indicado. No tenía duda de que vendrían por ellas, pero no lo harían sin estar preparados por lo que la misión de Ino consistía en mantenerse a salvo.
—No lo sé, la composición de este mundo es extraña. En sí no estoy segura cómo haremos para volver —comentó Ino con apatía, como si no fuera importante—. Así que considerando las opciones lo mejor será ceder y escuchar sus sugerencias.
"Qué mujer", pensó Kaname con deleite. "Quiere hacernos creer que tenemos el mando. Tan distinta a la cortesía de Sakura. ¿Acaso cree que puede ganar estando en desventaja?".
—La academia sigue siendo el único lugar donde podemos garantizar su seguridad —dijo Kaien—, así que puedes sentirte tranquila, señorita Yamanaka, por lo menos en cuanto a un lugar donde dormir se refiere.
—Lamento si sueno pesimista, pero el aroma en conjunto de ellas dos podría dificultar eso, director Cross —comentó Hanabusa—. Los estudiantes de la clase nocturna no soportarán la sed. Las pastillas de sangre no tendrán la misma eficacia. Lo mejor sería mantenerlas separadas, quizás Yamanaka podría quedarse en la Asociación de Cazadores.
—Soy la única que puede tratar las heridas de Sakura —mencionó Ino mirando fijamente a Aido—, no pueden separarnos, menos si otro ataque de este calibre sucede.
—Yo quiero escuchar tus sugerencias, Ino Yamanaka —pidió Toga dejando en claro a Ino que él había visto a través de sus juegos y no había caído.
—Úsennos —respondió sin dudar. Ya tenía planeado algo si la reunión no marchaba a su favor—. Nuestras habilidades en medicina son superiores a cualquier médico de este mundo. Podemos ayudarles en lo que nos pidan, incluso mejorar estas píldoras de sangre.
—La señorita Sakura ya está impartiendo clases en mi academia —contestó Kaien—. No sé qué tan conveniente sea que ustedes se hagan cargo de un asunto tan importante. Los vampiros son muy exigentes cuando se trata de su alimento.
Ino sacó un pastillero similar al de Sakura. Tomó varias píldoras del segundo compartimento que eran como frijoles rojos y se las arrojó a cada vampiro. Era momento de negociar. Sakura ya había labrado terreno con su investigación solitaria, quedaba en Ino convencerlos que sólo buscaban ayudar.
—Estas píldoras se llaman lágrimas de sangre. Su función varía según su uso, pero las utilizamos para salvar a quienes tienen graves hemorragias.
—¿Y pretendes que me las trague y me sienta agradecido, aunque desconozco sus efectos? —cuestionó Aido.
—En cuanto la reunión terminé te daré una estrella por ser tan perspicaz, vampiro.
—¿Cómo sabemos que esto no es una tetra de tu parte? —preguntó Akatsuki aunque no olfateó ningún veneno dentro de la píldora.
—No soy sólo una cara bonita, entiendo en qué circunstancias estoy —y señaló la camilla—. Sakura ha demostrado varias veces que no estamos aquí por cuenta propia y que queremos volver a nuestro hogar. Ella me dijo que confiaba en ustedes, así que yo también lo haré.
—Está bien por mí —Takuma fue el primero en tomar la píldora sin un gramo de duda.
—¡No puedes estar hablando en serio, Takuma! —exclamó Aido, alarmado—. ¿Qué pasa si contiene algo dañino para nosotros?
—Porque estas pastillas eran para Sakura, ¿verdad? —le sonrió a Ino con cordialidad, percatándose de que esta mujer lo único que quería era proteger a su amiga.
—Creo que la estrella será para ti, niño bonito —bromeó Ino—. Exactamente, cree las lágrimas de sangre por Sakura, para ayudarla cuando lo necesitara.
—Suena lógico para mí —Akatsuki fue el segundo en tomarlas ante la mirada atónita de Aido—. Mmm, tienen un sabor… peculiar. Diría que mejor que las pastillas de sangre.
Yûki y Zero fueron los siguientes. Kaname lo hizo tras confirmar que ningún efecto secundario había afectado a su esposa. Los pequeños frijoles tenían una consistencia rugosa que se deshacía en la boca. La sensación que producían no era similar a cuando bebías sangre, pero el sabor satisfizo hasta al más exigente paladar.
Kaien y Toga aguardaron la opinión de los vampiros. En este asunto, al menos, su palabra valía más que la de los humanos.
—¿Y bien? —preguntó Kaien un poco impaciente.
—Aceptables —respondió Kaname—. Hanabusa, deberías intentarlo. No están envenenadas.
Hanabusa estaba dividido entre obedecer a su líder o a su propia intuición.
—Descuida, rubio imbécil, las píldoras envenenadas son para los vampiros malos que quieran hincarme el colmillo —espetó Ino provocando que a Aido se le subieran los colores al rostro—. Como sea, así que… ¿qué dicen?
—Creo que es una buena idea —pronunció Yagari para sorpresa de todos—. El laboratorio de Tengen y Ren no ha dado respuestas a nuestra interrogantes, que nosotros iniciemos nuestras propias investigaciones pondrá presión sobre ellos.
—O los ofenderá y buscarán pelea —sentenció Kaito.
—Aceptaré las consecuencias considerando los beneficios que tendremos. Si no nos ven como enemigos y sólo quieren encontrar la forma de regresar a casa, la Asociación de Cazadores pondrá sus recursos a su disposición tanto como sea necesario.
—Agradezco su confianza, presidente Yagari —dijo Ino haciendo una pequeña reverencia—. En cuanto Sakura despierte le informaré sobre su decisión.
"Chica lista, consiguió el apoyo de la asociación en una tarde", pensó Kaname, aunque no era totalmente su mérito. Sakura había estado ganándose la confianza de cada presente a su manera. Si Yagari había aceptado no era para llevarle la delantera al Consejo de Vampiros —aunque tenía que ver un poco—, sino porque confiaba en que ellas cumplirían con lo pactado.
—Lo mejor será que descansen aquí —propuso Kaname. Quería permanecer al margen hasta que fuera necesario—. Viajar por ahora será difícil. La asociación es un lugar seguro para ustedes. Akatsuki y Hanabusa se quedarán como escoltas.
Hanabusa no parecía muy feliz de tener que quedarse en un sitio donde casi todos querrían matarle por ser lo que era, y no quería ser quejumbroso, pero Akatsuki no era la mejor compañía del mundo.
—Espero tengan habitaciones de lujo en este lugar. He pasado el último mes viajando y acampando al aire libre… dormir entre cuatro paredes me vendría bien —Ino se levantó de su asiento estirando sus brazos hacia arriba—, y tampoco me molestaría una cena decente. Uno no puede vivir de panecillos especiales durante tanto tiempo.
—Esto no es un hotel —espetó Yagari con cara de pocos amigos.
Kaien decidió interceder para no retroceder en lo que ya habían avanzado. Por supuesto, la Asociación de Cazadores no era un hotel de lujos, pero tenía un pequeño edificio con dormitorios provisionales.
—¿Hay duchas? —preguntó Ino mostrando interés.
—Hay regaderas al final del pasillo, aunque son mixtas. Las cazadoras suelen bañarse en la mañana y los hombres en la tarde, así que posiblemente no te sientas…
—¿Cómoda? —Ino soltó una carcajada de buena gana—. ¿No oíste lo que dije? Estuve todo un mes de misión con compañeros hombres. El pudor se pierde cuando, bueno, tienes que hacer lo que tienes que hacer, pero descuida, Cross, no me aprovecharé de la virtud de ningún hombre aquí. No me gustan los chicos que tienen una cara tan bonita como la mía.
Los colores se le subieron a Cross.
—Llevaré a las sanguijuelas y a la exhibicionista a las barracas —dijo Kaito sin muchas ganas. La verdad tener que hacerle de niñera no le entusiasmaba nada, pero era mejor a hacerse cargo del papeleo que la batalla en Nightray ocasionaría—. Y por sanguijuelas también me refería a ti, Zero.
Las barracas eran… muy rústicas. Había dos literas a cada lado de la habitación y una pequeña mesa de madera con un banquillo. La decoración era simple y sólo había una ventana. La iluminación era aún más sencilla, por lo que Ino notó que todavía no accedían a una red de corriente eléctrica adecuada. Bueno, no iba a quejarse.
Akatsuki colocó a Sakura en la cama inferior de una de las literas. Ino la revisó otra vez para asegurarse que sus signos fueran estables, le alivió de sobremanera saber que ella estaba durmiendo profundamente.
—Zero y yo nos quedaremos en este cuarto, ustedes pueden tomar el siguiente —indicó Kaito.
—Suena bien para mí —asintió Akatsuki. Dos vampiros en una habitación pequeña con dos aperitivos particularmente deliciosos era una mala idea—. Ven, Hanabusa, tenemos que prepararnos para hacer guardia.
Hanabusa no tenía ningún problema con eso, sino con el tono condescendiente de Kaito, como si les tuviera haciendo un favor. Le hizo una señal a Akatsuki de que esperara un poco más antes de retirarse. Hanabusa quería estar seguro que los cazadores no hicieran algo sospechoso para poner a las chicas en contra de Kaname.
—¿Dónde están las duchas? —preguntó Ino tras quitarse sus múltiples bolsas y acomodarlas sobre la mesa. Dejó su gabardina gris bien doblada sobre la cama que ocuparía, al igual que la banda con el emblema de Konoha.
—Al final del pasillo —contestó Kaito.
—¡Perfecto! Oye, Cross dijo que los baños son mixtos… pero no vi casilleros para guardar la ropa al final del pasillo.
—Qué perceptiva. No los hay porque no son necesarios. Los cazadores se desnudan en las habitaciones, así que aquí dejan todo. Como él lo explicó, las mujeres se bañan en la mañana y los hombres en la noche.
—Bueno, si no hay de otra —dijo Ino suspirando con cansancio. Afortunadamente estaba preparada para afrontar una situación así. Su mizuage había sido hace un año.
Ino levantó los bordes de su traje ante las expresiones atónitas de cuatro hombres. La blusa de redecilla debajo dejó expuesto el sostén blanco que guardaba pechos redondos y voluminosos.
—¿Q-Qué… demonios… h-hac-haciendo? —dijo Hanabusa tan rojo como una remolacha.
—Quitarme la ropa, rubio imbécil, no quiero bañarme con esto puesto —prosiguió con los pantalones. Mierda, estaban hechos un asco. Quizás debió pedir un poco de ropa para cambiarse… por ahora podría usar la última muda de ropa interior para dormir.
Akatsuki pudo cubrirse los ojos, pero los demás simplemente… no fueron capaces. Era una escena irreal. Cuando Ino terminó de quitarse las bragas, sin pena caminó hacia el pasillo topándose con un grupo de cazadores que, al igual que ella, iban desnudos.
Ellos se quedaron congelados al verla. Ino pasó de frente como si nada.
—¡Esa… esa mujer desvergonzada…! —Aido se estaba hiperventilando. Sintió la necesidad de invocar un montón de hielo para bajar la inesperadamente alta temperatura del cuarto.
—Bueno, que no se diga que no pongo de mi parte —dijo Kaito empezando a quitarse la ropa.
—¿Qué planeas hacer? —preguntó Zero.
—Sakura es escalofriante cuando alguien se sobrepasa con ella. ¿Te acuerdas cómo terminó ese chico que le tocó el pecho hace una semana? No conozco bien a Ino Yamanaka, pero si es amiga de Sakura no hay manera en el infierno que esto no termine en un baño de sangre. Mejor entrar con ella y asegurar el perímetro, que tener que explicarle al presidente Yagari por qué nos quedamos sin un escuadrón de cazadores.
—Tiene lógica —aprobó Akatsuki. Imitó las acciones de Takamiya. No lo estaba haciendo por morbo (el cuerpo de su esposa era el único que lo entusiasmaba), sino para quitarse la sangre y las cenizas.
—Debes estar bromeando, Akatsuki —dijo Hanabusa con los ojos muy abiertos. Kain se desprendió de su última prenda y miró a su primo.
—Si no lo quieres hacer, está bien. Kiryû tampoco lo hará.
—Haré que traigan ropa para ustedes —dijo el cazador. Un leve rubor resaltaba en sus mejillas naturalmente pálidas, ni él fue inmune a las insinuantes curvas de Ino. Salió brevemente, consciente de que dejaba a Sakura con un vampiro, pero Hanabusa también lo notó, por lo que lo acompañó al pasillo y permaneció afuera, recargado en la puerta.
Kaito y Akatsuki entraron a las regaderas. Los murmullos y silbidos, así como chistes subidos de tono ya habían comenzado. Ino estaba bajo una regadera cerca de la entrada, y por lo tanto a la vista de todos. Decir que no era atractiva sería un eufemismo. Era delgada, de curvas pronunciadas y formas delicadas. El cabello rubio le caía por toda la espalda, pegándosele a la piel.
—Geniales cicatrices —dijo Kaito empujando al cazador que había estado ocupando el espacio a la derecha de Ino.
La rubia no reaccionó a su presencia, simplemente cerró los ojos y dejó que el agua la recorriera de pies a cabeza. Por todos los cielos, había necesitado esto. Todo un mes dependiendo de toallas húmedas para limpiarse había sido un infierno.
—¿En serio mis cicatrices son tan interesantes? —preguntó Ino notando la insistente mirada de Takamiya. Sintió la presencia de Akatsuki a su izquierda, aunque era más discreto—. ¿O las estás comparando con las de Sakura?
—Mmm, estoy aburrido. Me vendría bien escuchar una historia sobre cómo te las hiciste.
—Entrenar y pelear hace que ganes un número significativo de marcas, cazador. Son tantas las historias que tengo que nos haríamos pasas aquí dentro si te las contara.
—No parece que te urja salir. Si otra cazadora hubiera tenido que usar las duchas en la tarde, no habría tardado ni cinco minutos en bañarse. Tú estás calmada.
—Porque lo estoy. No sabes cuánto eché de menos una ducha —dijo Ino masajeando sus sienes provocando que sus pechos se movieran y un jadeo saliera de los hombres a su alrededor—. No creo que lo comprendas, pero a las kunoichis nos preparan para afrontar situaciones como ésta. En nuestro mundo no es anormal que las mujeres sean un blanco para quienes quieren aprovecharse de ellas. Las kunoichis no somos la excepción. Te sorprendería saber la cantidad de violaciones que suceden de shinobis a las kunoichis de otras naciones, incluso con sus propias compañeras. Para remediar este asunto, o al menos hacerlo manejable desde el punto de vista estratégico, a las kunoichis se nos pide hacer un mizuage.
—¿Como las mujeres del Distrito Rojo? —cuestionó Akatsuki que había estado atento a la conversación.
—El mizuage de las kunoichis no sólo se refiere a una primera experiencia sexual con penetración, sino al conocimiento total de la sexualidad, esto incluye desde la función de los órganos sexuales hasta técnicas de seducción. Un danna se encarga de enseñarle cada tema hasta asegurarse que la kunoichi ha aprendido y dominado cada rubro. El acto de desfloración vendría siendo la confirmación de su aprendizaje. El mizuage nos prepara para enfrentar el ámbito sexual desde una postura empoderada. Así que no, Akatsuki Kain, no me voy a ir pronto porque un grupo de hombres lujuriosos se han excitado con mi cuerpo. Ellos nunca tendrán ese poder sobre mí. Ellos jamás lograrán hacerme sentir incómoda conmigo misma. Y si alguno de ellos intenta llevar más lejos sus intenciones tendrá que entender por las malas que nadie tiene el derecho a abusar de un cuerpo que no le pertenece.
Ino se frotó los brazos dando por zanjada la conversación. Kaito y Akatsuki permanecieron en silencio el resto del tiempo, vigilando que ningún cazador lo suficientemente estúpido para intentar algo se quedara sin bolas o una cosa peor. Ino salió cuando se aseguró de haberse refrescado, seguida por ambos hombres.
—Toma, mujer loca —dijo Hanabusa afuera de las duchas. Kiryû no sólo había hecho que trajeran ropa, sino también toallas por lo que le tocó a Aido entregarlas—, y por favor, que esto no se vuelva a repetir.
Ino vaciló un momento antes de tomar la toalla para enrollarla en su cuerpo. Las gotas resbalando en su piel fue una vista que le provocó muchas cosas a Hanabusa. Nunca antes había conocido una mujer como Ino.
—Gracias, rubio imbécil —dijo caminando de vuelta a su habitación.
El corazón de Hanabusa latía apresuradamente.
—¿Me vas a dar la toalla o no, vampiro? —exigió Kaito con la mano estirada. Aido se la aventó en la cabeza.
Ino entró a la habitación (Zero estaba esperando afuera para darle privacidad, incluso si a ella no le importaba). Había una muda de ropa acomodada en su cama y su anterior muda no estaba. Pensando que la habían enviado a lavandería, Ino tomó el vestido de corte A que le habían dado. No era tan bonito como esperaba, pero estaba limpio. Se secó rápido el cabello y le dijo a sus escoltas que podían entrar.
—Creo que rompiste a mi primo —dijo Akatsuki. Él se veía más fresco y con mejor humor ahora que se había bañado—. Se niega a entrar hasta que te comportes como una señorita adecuada.
—Ah, pues que no entre entonces —Ino se sentó en la cama. El colchón era liso y blando. Nada mal—. Ha sido un día largo y lleno de sorpresas, pero me alegra haberla encontrado.
—¿Ella es alguien importante en su mundo? —preguntó Zero agarrando el banquillo mientras Kaito se subía a la cama superior de la litera.
—Es una muy importante amiga para muchas personas —respondió Ino—. En cuanto desapareció, Naruto y Sasuke hicieron lo posible por encontrarla. Nuestros demás amigos también ayudaron, y también quienes saben quién es Sakura Haruno y lo que hizo para salvar incontables vidas durante la guerra.
—¿Guerra? —dijo Akatsuki, intrigado.
Ino estiró sus piernas, bajándolas y subiéndolas alternadamente. En los recuerdos de Sakura ella había mencionado un par de veces a la guerra, pero sólo como un suceso breve, como una simple batalla. Ino sabía cuánto dolor le provocaba hablar sobre eso a Sakura.
—Somos shinobis. Nuestro deber es con nuestra nación, con nuestra aldea. Peleamos para sobrevivir. Han pasado cuatro años, pero a veces siento que ha sido menos. A veces todavía puedo ver el campo de batalla frente a mí… a mis compañeros que murieron y dejaron su voluntad atrás.
—Perdiste a alguien preciado para ti, ¿no es así? —dijo Kaito recostado con los brazos detrás de la cabeza.
—Sí —la cara de Ino no revelaba su ánimo, tal era su control que no dejaba que nada se viera—. Yo casi no lo logro, pero ésa es una historia que no me gusta contar. Fue por un descuido, ¡realmente metí la pata! Lo que no sucede a menudo para que lo sepan.
—Si tú lo dices, shinobi —le dijo Kaito—, pero definitivamente tienes que contarme aunque sea una historia de tus cicatrices, sobre todo las que tienes cerca del trasero.
—¿Cuál de todas, cazador? Dime y tendrás tu historia —Ino se recostó. Su posición podía parecer relajada, pero aún estaba en alerta.
Zero decidió que ése era un buen momento para tomar un baño; Hanabusa estaba en la otra habitación por lo que sólo Akatsuki y Kaito estarían con Sakura e Ino así que podía confiar en que no habría problemas en su ausencia.
Las regaderas estaban vacías. Zero lo prefería así, por lo que no se demoró en quitarse la ropa. Abrió el grifo del agua fría, necesitando el alivio que ofrecían las pequeñas gotitas heladas sobre su cuerpo demasiado caliente. Zero estaba consciente de los cambios que conllevaba convertirse en vampiro. La sed seguía siendo una de las mierdas más horribles que soportar. También estaban los malos ratos que experimentaba gracias a sus refinados sentidos (los olores corporales, la contaminación, el ruido, etc.). Pero había un tercer aspecto que Zero había tardado mucho en descubrir y asimilar.
Un vampiro sentía diez veces más cualquier tipo de sentimiento. Si sentía tristeza era como una vorágine de sufrimiento que lo enterraba en la peor de las miserias. Si sentía felicidad, su sonrisa podía cautivar a cualquier humano que le viera. Si se sentía excitado, sus sentidos se afinaban buscando captar cualquier movimiento de aquello que lo hubiera puesto así. Pero los vampiros encontraban desfogue en uno de su misma especie. Los humanos servían más para saciar su sed de sangre y no su deseo de otra cosa.
El sexo entre vampiros era tanto un acto pasional como un acto de control. Eran dos fuerzas que chocaban para crear pura energía y pobre de aquel que se atreviera a estar cerca.
Zero no había sido inmune a esta parte de su naturaleza. En algunas ocasiones había estado tan excitado que había pasado días encerrado en una habitación tratando de satisfacer lo que sólo otro vampiro podía entregarle. Afortunadamente estos inconvenientes eran irregulares en su caso dado que nunca había tenido una pareja con la que unir su propia energía. Sayori había intentado estar a la altura, pero siendo humana sólo podía dar tanto como sus limitaciones lo permitieran (no que Zero se hubiera quejado. La entrega amorosa de Sayori compensaba el tiempo que podía durar haciendo el amor con él).
En pocas palabras, Zero estaba caliente.
—Vaya, Kiryû, tu olor podría percibirse a un kilómetro de distancia —dijo Hanabusa parado en la entrada. Tenía los brazos cruzados y cara de querer frustrarle el día.
—Largo de aquí, Aido, no tengo ganas de satisfacer tus deseos voyeristas —espetó Zero concentrándose en el repicar del agua. Tenía ganas de tocarse, de calmar el bullicioso calor que se disparaba directo a su ingle al evocar imágenes nada inocentes.
Un vampiro era esclavo de su naturaleza. Había cosas que Zero no podía negar a sí mismo como el hecho de que no estaba pensando en Sayori en este momento. Así que permitió la intromisión de otras personas. Miró cabello rosa y ojos verdes, y así como Ino había mostrado toda su humanidad, Zero evocó en su mente un cuerpo desnudo con una cicatriz en el pecho y otra en la espalda. Fue tan fácil, tan sencillo que se sintió algo culpable, pero por poco tiempo. Su naturaleza intensificó la sensación y se sintió apabullado ante la ola de placer que lo recorrió de la cabeza a la punta de los pies.
—Maldita sea —masculló Hanabusa que había percibido el incremento en las feromonas del ex humano. El pobre vampiro noble fue indefenso ante el denso aire que se respiraba en la habitación.
El deseo de Zero estaba llamando al suyo a gritos. En cuanto a naturaleza sexual se trataba a los vampiros les daba igual quien fuera su compañero; la energía requería liberarse. De no hacerlo el cuerpo lo resentiría de maneras inimaginables. Hanabusa era acometido por estos episodios cada seis meses y siempre podía contar con una pareja adecuada para ello (razón por la que no había podido mantener su antigua relación con Sayori), pero ahora… ahora no estaba seguro si quería hacer esto con Kiryû.
—¡Mierda, Aido, te dije que te largaras! —gruñó Zero aferrándose a las baldosas. No era inmune a la presencia del otro vampiro.
Y el otro se percató de ello.
Ante todo Hanabusa era práctico. Era un vampiro, al diablo con las normas humanas. No se sentía avergonzado de esta peculiaridad de su especie —ningún maldito vampiro lo estaría—, mucho menos por tener que compartir con un compañero inesperado. Ninguno de los dos podía regresar a la habitación en estas condiciones.
Hanabusa cerró la puerta con un muro de hielo. La privacidad ayudaría a que Kiryû lo aceptara más rápido. Aido se deshizo velozmente de su ropa, se acercó al cazador por la espalda sintiendo las gotas de la regadera como astillas frías contra su piel.
—¿Qué crees que haces? —exigió Zero intentando alejarlo con su brazo, ocasionando lo contrario cuando Aido lo abrazó por completo.
—No eres alguien a quien elegiría normalmente, pero esto es una emergencia. Debes saber lo que pasa si esto no se soluciona —susurró a su oído. La punta de su lengua salió entre sus labios, pasando por el lóbulo hasta obtener una reacción positiva del cazador—. Es un encuentro casual, Kiryû, sólo eso.
Aido esperó resistencia de su parte. Eso habría típico del Zero del pasado, pero no lo era del Zero actual, más vampiro que cazador en ese instante, que reaccionó ante la calidez del cuerpo del otro con toda su fuerza.
Zero se giró para enfrentarse a Hanabusa y mostrarle que no era inexperto en estos juegos. Rozó sus colmillos en el cuello blanco mientras sus manos apretaban y acercaban la cadera de Hanabusa con la suya. Sus penes ya erectos se rozaron por primera vez enviando un ramalazo de placer por sus cuerpos. Hanabusa respondió usando sus garras en la sensible piel de las costillas del cazador dejando marcas rojas.
El vampiro rubio usó su boca para pasar su lengua sobre las zonas heridas, intentando llevar el control. Zero no se lo permitió. Usando toda su fuerza se abrazó a Hanabusa hasta que logró derribarlo. El frío suelo ambos batallaron entre caricias y mordiscos por imponerse sobre el contrario.
Un baile en el que ninguno estaba dispuesto a perder.
[+][+]
Sakura despertó a la mañana siguiente. Se sintió desorientada durante unos segundos. Cuando recordó quién había llegado a este mundo se movió rápido de la cama.
—Tranquila, frente de marquesina —dijo Ino tomando asiento en la cama de enfrente. Llevaba puesto un vestido simple con el cabello suelto, pero aun así Sakura pudo reconocer a su amiga de la infancia—. Menos mal despertaste. Creí que iba a permanecer más tiempo en este cuarto deprimente.
—Ino —musitó sin poder evitarlo. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que vio a sus amigos que se sentía en un sueño—, ¿dónde estamos?
—En la Asociación de Cazadores —respondió Ino—. Nos prestaron las barracas para descansar de la pelea de ayer. Descuida, todos tus nuevos amigos se encuentran bien. ¿Cómo te sientes tú?
—Creo que bien.
—¿Cómo que crees que bien, Haruno? —comentó Kaito desde la cama de arriba. Hasta ese momento Sakura reparó en las presencias de Kaito y de Akatsuki en la habitación—. Hemos pasado la noche en vela cuidándote. Muestra un poco de entusiasmo a tus cansados protectores.
—Tengo ganas de golpearte, Kaito, ¿eso es suficiente entusiasmo para ti? —espetó con acidez—. ¿Dónde está Kiryû?
—Pronto vendrá —respondió Akatsuki misteriosamente. Él había estado al tanto de lo que ocurría en las regaderas, pero no dijo nada—. El director Cross ordenó que ustedes regresaran a la academia tan pronto como se sintieran bien. Él ha colocado barreras en el terreno para asegurar que ningún desconocido entre. Les han traído ropa limpia, y en el caso de Yamanaka han limpiado su uniforme.
—Bien, bien, ya estoy harta de estar aquí —dijo Ino—. Sakura y yo tenemos que cambiarnos, así que les pido que salgan. Una chica necesita privacidad, ya saben.
—Lo que digas, shinobi —dijo Kaito bajando de un salto de la cama. Había sido una noche entretenida. Ino y él se la pasaron hablando, y Kaito descubrió que ella le agradaba—. Tienen cinco minutos. Pediré que preparen el auto.
Cuando los hombres salieron y la puerta se había cerrado, Sakura la abrazó con fuerza enterrando su cabeza en el pecho de la rubia.
—Ya, ya, estoy aquí, Sakura. Soy real —musitó Ino delicadamente, acariciando el cabello rosa. No iba a juzgar a su amiga por esto, ella misma habría estado devastada por la incertidumbre de quedarse en un mundo ajeno—. Volveremos a casa. Lo prometo.
—Sí, sí… —la voz de Sakura estaba quebrada, pero a pesar de eso no derramó ninguna lágrima—. Gracias, Ino.
Las kunoichis se cambiaron de ropa. Ino vendó a Sakura y le dio una lágrima de sangre. Estaba claro que todavía no estaba compuesta de su pelea, así que la meta de Ino era restaurar su condición. Cuando salieron al pasillo Zero y Hanabusa se habían reintegrado al grupo. Ambos lucían revolcados, como si hubieran estado peleándose entre sí, pero no había marcas visibles.
—¿Están listas? —preguntó Zero sin prestarle atención a la insistente mirada de Kaito.
—Volvamos a la Academia Cross —dijo Sakura dándole una pequeña sonrisa a él.
Cruzaron las barracas hacia el edificio de salida. Sakura notó que algunos hombres contemplaban a Ino con intenciones oscuras. Algo había sucedido, eso estaba claro, pero no le preguntaría hasta llegar a la academia. Ino no lucía molesta por la atención.
—Tengo hambre —se quejó Ino con el estómago gruñendo—, espero que el director Cross nos invite a desayunar. Quiero probar un buen guisado luego de tantos días de galletas y agua.
—Si tanta hambre tienes, lindura, tengo algo aquí entre mis piernas con lo que podrías atragantarte.
El comentario había provenido de un cazador de aparentes 40 años, bigote poblado y barba corta. Sus compañeros rieron el piropo, pero ni a Ino ni a Sakura les dio gracia.
—No como porquerías —espetó Ino con neutralidad, y agregó antes de seguir caminando—, pequeñas y ridículas porquerías.
—¡Espera, maldita zorra! —reclamó envalentonado por la poca reacción de los hombres que iban con ellas. Se adelantó a Ino y estiró su mano hacia ella—, eres una calienta-pollas. No creas que no me di cuenta de tus intenciones al haber entrado desnuda a las regaderas. Sólo eres una perra rogando que te metan el pene.
Ino tomó del brazo al insolente cazador. De un movimiento veloz lo quebró en tres partes. El estúpido gritó con histeria al ver resbalar su hueso de su carne colgante. Entonces Ino lo pateó en el estómago haciendo que terminara vomitando en el suelo.
—Escucha, pedazo de mierda asqueroso e inútil —exclamó Ino para que todos la oyeran—. Tienes compañeras cazadoras a las que deberías respetar por el hecho de ser humanas. A menos que una de ellas te dé permiso expresamente de que le metas tu minúsculo pene, no tienes derecho a llamar a ninguna mujer una calienta pollas sólo porque eres demasiado asqueroso para alguna quiera acostarse contigo. Recuérdalo o te romperé el otro brazo.
Ino volvió con Sakura que asintió a la acción de su amiga. La formación de una kunoichi escandalizaría a más de uno en este mundo. Después de todo el mizuage no era sólo un paso elemental en el desarrollo, sino todo un proceso para endurecerlas ante un mundo que las juzgaría por algo natural como la sexualidad.
—Vas a tener que golpear a más de ellos, shinobi —mencionó Kaito cuando llegaron a la acera. Había dos autos estacionados enfrente, el que pertenecía a Sakura y el que era para Hanabusa y Akatsuki.
—No debería ser difícil entender algo tan simple como el consentimiento y respetar los gustos de cada persona.
—Cierto, no debería ser así, pero lo es. Así que hay que lidiar con eso.
—Yo lidié con eso. Con suerte aprendió la lección, y si no es así, hay otros cientos de huesos en su cuerpo que puedo romper —sin mencionar que podía meterse a su mente hasta corromperla y hacerla pedazos—. Pero ya no hablemos sobre eso. En serio tengo hambre. Quiero pudin.
—Eso es un postre, Ino, necesitas comer algo nutritivo ahora —regañó Sakura—. Además, ¿no estabas a dieta por lo de la prueba de resistencia?
—Me perdí la prueba porque desapareciste. A Naruto no le importó que me haya sacrificado tres meses con esta endemoniada dieta, él sólo quería saber que su dulce Sakura estuviera bien dattebayo —comentó Ino.
—Tal vez si hubieras hecho la prueba cuando salió la primera convocatoria hace seis meses, no estarías achacándole tus errores a otros —replicó Sakura.
Una venita saltó en la sien de Ino. Sonrió como si no pasara nada, pero su voz fue puro veneno cuando contraatacó.
—Oh, hablando de achacarle sus errores a otros. ¿No te mordiste la lengua, pequeña Sakura? ¿Acaso no culpaste a un inocente insecto de romper un costoso equipo médico, porque caíste sobre él por no fijarte?
Ahora una vena estaba palpitando en la frente de Sakura.
—Oh, ya, ¿y tienes pruebas de eso, Ino? Que yo recuerde eso pasó porque tú me empujaste para ir por un antídoto ya que envenenaste a tu equipo en el entrenamiento de ese día.
—¿Y quién me dio veneno y no el ungüento curativo que solicite con tres semanas de anticipación, eh? Deberías de etiquetar bien tus cosas, frente de marquesina.
—¡Repite eso de nuevo, Ino-cerda!
—Las dos se han enfrascado en una discusión y se han olvidado de nosotros —comentó Akatsuki—. Como sea, me voy en el otro auto. No quiero soportar sus gritos durante el viaje.
—Yo voy contigo, primo —dijo Hanabusa de inmediato.
—Y yo —confirmó Kaito dejando a Zero sin otra opción que subir con Sakura e Ino porque alguien tenía que vigilarlas.
Afortunadamente, como las kunoichis continuaron discutiendo no le prestaron atención, por lo que tuvo el tiempo para pensar en lo que había pasado con Aido. No había sido especial, sólo dos vampiros desfogándose. Pero en todo momento, aunque eran las manos del rubio las que lo acariciaban y su boca la que lo lamía y mordía, no había dejado de evocar esa imagen etérea de la kunoichi de los ojos verdes. Fuera por desear su sangre, fuera por otra razón, Zero todavía no estaba listo para dar el siguiente paso.
Kaien los estaba esperando afuera de la Academia Cross. Probablemente le habían llamado por teléfono y avisado que iban para allá. Tenía una sonrisa amable en el rostro para inspirar confianza en la recién llegada, pero eso cambió a un entrecejo fruncido cuando vio que ellas estaban discutiendo acaloradamente.
—Señoritas —Kaien golpeó el cristal del auto. Ellas ni lo voltearon a ver—. ¡Por favor, no peleen! No es necesario que lo hagan, ¿acaso no están del mismo lado?
—¿Eh? —Ino fue la primera en callar cuando logró escuchar la perorata de Kaien—. No estamos discutiendo, nos estamos comunicando. Si llegamos a pelear, le pido que no intervenga porque puede acabar herido.
—Una disculpa, director Cross —dijo Sakura conociendo muy bien la incomodidad que sentía Kaien ante comportamientos no dignos de una dama—, pero Ino y yo nos llevamos así desde que éramos pequeñas. No estamos enojadas, sólo es una especie de hábito. Prometo que no escalará a mayores.
—Está bien, Sakura —suspiró Cross. Abrió la puerta del auto para dejarlas salir y trató de ignorar el susurro de Ino que decía que Sakura no debía prometer imposibles—. Bienvenida por primera vez a la Academia Cross, señorita Ino, espero que te sientas como en casa.
—Guou, es bastante impresionante —admitió Ino que adoraba analizar los estilos y composiciones de cada cosa nueva que veía—. ¿Tengo que ser estudiante al igual que Sakura?
—Creo que dadas las circunstancias podrías evitarlo… ¿tal vez te sentirías más cómoda siendo maestra?
"Pero lo que puedo enseñar no serán sumas y restas, Cross", pensó Ino. Ella era una especialista en campos que un estudiante normal nunca tocaría. La tortura seguramente no estaba en el tronco común de materias de la academia.
—Ino es experta en flores, director —dijo Sakura—. Escuché que la profesora del taller de floristería ha estado muy enferma. Ino puede hacerse cargo de su puesto.
—¿En serio? ¡Maravilloso! —dijo Kaien feliz de no tener que pasar todo un día buscando un reemplazo. Además confiaba en las palabras de Sakura—. Puedes empezar hoy si te apetece, claro, después de que hayamos desayunado y te ponga al corriente de las funciones de mi escuela.
—Está bien, lo haré —dijo Ino echándole una mirada de reproche a Sakura.
Ella simplemente se encogió de hombros y le mostró la lengua.
[+][+]
Tres semanas pasaron desde la llegada de Ino. La primera semana fue para introducciones; Ino conoció a la clase nocturna y a los vampiros amigos de Kaname que vigilaban a Sakura, y ahora lo harían con ella. También Ino se presentó como la profesora suplente de los talleres de jardinería y floristería. Ino no había querido dar clases jamás en su vida, pero adoraba la atención y la obtuvo en los primeros días por su belleza y gran complexión y su vasto conocimiento de plantas y flores. A diferencia de las clases de Sakura, en las de Ino los estudiantes podían conversar sin parar, por lo que era usual que ella estuviera al tanto de los nuevos chismes y rumores, estableciendo así una red de información camuflada.
Las compras de Sakura habían sido llevadas a la academia, por lo que pasaron varios días convirtiendo un viejo laboratorio en uno con equipos improvisados similares a los que tenían a disposición en su propio laboratorio. Evidentemente no era lo mismo. El laboratorio de Sakura estaba equipado modernamente y era amplio, ubicado en el viejo territorio Uchiha. Uno de los regalos que Sasuke le dio cuando ella y Naruto se mudaron con él.
En cuanto el laboratorio estuvo instalado se pusieron a trabajar. Por razones obvias sólo Kaito y Akatsuki podían entrar cuando llevaban a cabo sus experimentos con muestras de su sangre. En unos días ya habían hecho avances significativos, tras haber comparado las muestras con sangre de humano, de cazador y de vampiro, pero aun así fueron precavidas al escribir los resultados. El escrito fue enviado a la Asociación de Cazadores y luego Yagari lo mandó hacia Kuran.
La respuesta del Senado fue lo que el presidente había previsto. Pronto los científicos de Tengen y Ren solicitaron ponerse en contacto con Sakura e Ino para discutir métodos, análisis y resultados. Ellas accedieron con la única condición de que el intercambio se llevara a cabo en la asociación, aun así el senado preparó una audiencia para ellas dentro de un mes.
—La loción está lista —dijo Ino acomodando las cuatro botellas transparentes con etiquetas azules—. Todavía tenemos que probar su efectividad, pero nuestros queridos colegas chupasangres aprobaron el prototipo, excepto Aido que se quejó que tenía mal olor.
—¿Qué hay de la caja con los suministros médicos para los cazadores? —esas dos semanas habían mejorado o creado medicamentos para surtir las despensas de la enfermería de la asociación. No estaba en las metas anteriores, pero Sakura había insistido en que lo hiciera como agradecimiento a la ayuda que Yagari les dio.
—Kaito me aseguró que la había entregado, pero ya ves cómo es. No sabes si está diciendo la verdad o tratando de tomarte el pelo.
En esas dos semanas el cazador y la kunoichi habían cultivado una extraña relación. Kaito se la pasaba intentando que Ino perdiera la paciencia o tratando de desequilibrarla, lo que era inútil, pero muy divertido de ver. Ino no perdía el temple y parecía indiferente a él.
—Creo que sólo quiere llamar tu atención —señaló Sakura mientras tachaba los errores de la nueva fórmula de pastillas de sangre. Las lágrimas de sangre de Ino eran para restaurar la cantidad adecuada de glóbulos rojos en la sangre y había servido para saciar la sed de un vampiro, pero no a largo plazo. El efecto duraba una hora y no aportaba nutrición verdadera, no al menos la que los vampiros necesitaban.
—Oh, ¿en serio? —Ino evitó entornar los ojos intuyendo cuál sería el tema de discusión de esta ocasión. Lamentaba que no hubiera nadie más que ellas en el laboratorio. Sakura no hablaría de tonterías absurdas de ser así—. Qué conclusión tan brillante. Y si así fuera, ¿qué esperas que haga? ¿Qué lo anime a continuar, considerando que nos iremos?
Sakura dejó de garabatear en su libreta. Sus ojos estaban fijos en los números anotados, pero su mente estaba yéndose por otro camino. Ino suavizó su expresión al mirarla. Sabía que esto sucedería. A Sakura le sería imposible no encariñarse con las personas de este mundo, además que se sentía responsable de lo que estaba pasando entre vampiros y cazadores y quería resolverlo a como diera lugar.
—Sé que quieres ayudarlo… ayudar a todos —pronunció Ino evitando nombrar cierto detalle. Zero parecía muy cercano a Sakura, lo que tenía sentido por su trabajo como guardián, pero Ino había notado que su amiga no era indiferente a él, que empezaba a buscarlo entre las multitudes—, pero sabes que eso no es posible. Todos tenemos problemas con los que lidiar. Sea lo que sea que pase no te corresponde arreglarlo.
Sakura suspiró. Entrelazó sus manos y recargó su frente en ellas.
—Lo sé, lo entiendo, pero yo…
"Pero estás acostumbrada a querer salvar monstruos, Sakura", Ino se mordió los labios para no decirlo en voz alta. A Sakura todavía se le dificultaba entender que había calamidades que no tenían arreglo.
—¿Qué hay de Naruto y Sasuke? ¿De todos tus amigos en Konoha? —preguntó Ino. En realidad sólo tenía que nombrar a los dos primeros para obtener la atención de Sakura.
—No uses a Naruto y Sasuke contra mí, Ino-cerda. No… no está bien hacerlo. Ellos son…
—… las personas que más amas en el mundo —completó Ino sin ningún problema.
Ino lo había sabido desde hace mucho. Era un amor ferviente, protector y profundo que había echado raíces en Sakura al punto en que no podía vivir sin ellos. Si alguno de ellos muriera las consecuencias serían severas para ella. Y si llegaba a perder a ambos… Sakura no dudaría en quitarse la vida.
Por años Ino había creído que sólo Sakura amaba de manera unilateral, pero en los tres se había torcido el concepto y cada uno había terminado queriendo a los otros dos intensamente. Shikamaru le había dicho una vez que tenían su mundito. Un mundito donde residían sus sentimientos al descubierto, tan devastadores e intensos como eran, al que no dejaban entrar a nadie. Ellos podían llegar a querer a otras personas, pero compartir lo que tenían con otros estaba fuera de la ecuación.
—Escucha, Sakura, no nos quedaremos así que no puedes poner sobre tu espalda responsabilidades que no te competen —dijo Ino poniendo una mano sobre su hombro—. Entiendo que quieras disfrutar cada momento con tus nuevos amigos, pero no es la primera ni última vez que tendrás que decir adiós.
Sakura agradeció tener a Ino junto a ella. Su mente estaba hecha un lío. Había creído que era cuestión de no involucrarse y seguir adelante, pero fue en vano. La anciana Chiyo ya lo había dicho una vez, era una chica demasiado amable para su propio bien.
—Hagamos esto, ¿te parece? —propuso Ino sabiendo que de todos modos algo así pasaría—. Intentaré ser más… abierta. Hacer amigos aquí no puede ser tan malo, sólo si prometes que me contarás lo que te agobie. Me sentiría ofendida si te callas cosas sólo porque crees que te regañaré.
—Nunca creería nada semejante.
—Entonces terminemos ya con esto —animó Ino—, tienes que completar la fórmula si queremos deslumbrar a todos en la audiencia, aunque en lo personal creo que quedarán muy impresionados sólo con mi belleza.
Sakura volvió a concentrarse en escribir dejando que Ino se encargara de revisar que el equipo estuviera acomodado y limpio. No sabía cuándo Naruto y los demás vendrían por ellas, así que tenía que apurarse para dejar en este mundo algo que fuera útil. Ino le había contado todo lo que Naruto había hecho desde que fue transportada a este mundo. Yamato y Shikamaru se habían encargado que el flamante Hokage no perdiera la paciencia, lo que no fue tan difícil porque el mismo Naruto se había mostrado con la mente fría luego de su primer y único arranque.
Afortunadamente para Naruto ser un héroe de guerra había traído muchos beneficios, como que la mayor parte del mundo quisiera ayudarlo a encontrar a Sakura. Con tal disposición no fue difícil hallar el origen de todo el problema. Gaara había sido el primero en enviarle información fundamental; los portales que los shinobis de Suna hallaron luego de varios días de desapariciones y apariciones extrañas, fueron contados y el perímetro alrededor de ellos bien asegurado para que nadie pasara. El aviso del Kazekage puso en alerta a los demás y pronto Naruto ya tenía en manos un mapa con todos y cada uno de los portales señalados, al menos los de los otros países.
Shikamaru fue el primero en aventurar que podrían ser una consecuencia de la presencia de Kaguya, por abrir y cerrar dimensiones a diestra y siniestra, dejando pequeñas pestañas en espera a que cualquiera las abriera. Si eso era así había una alta probabilidad que Sakura hubiera quedado atrapada en una. Por supuesto, Shikamaru también mencionó otra opción: Sakura pudo haber sido asesinada. Pero esa se tachó enseguida. Naruto le había colocado una marca de la Técnica del Dios Trueno Volador y habría podido llegar a ella en un parpadeo.
Naruto ordenó a Sasuke y a un escuadrón conformado por sus más cercanos amigos ir en una misión. Por orden general los portales debían cerrarse sin mayor investigación, pero Sasuke tenía que estudiar cada uno de ellos para averiguar en cuál estaba Sakura. Había sido un mes largo y agotador en el que todos se dieron a la tarea de facilitar las cosas a Sasuke para que pudieran traerla de vuelta.
Sakura estaba consciente que no todos en Konoha eran felices con el último Uchiha. Muchos de sus amigos estaban en contra de la idea. Muchos cuestionaron a Tsunade sobre su decisión de aceptarlo de nuevo y muchos desearon que el castigo de Sasuke hubiera sido más severo, pero en cuanto Sakura desapareció recurrieron en él por ser el único que podía hallarla.
—Por Dios, al fin hemos acabado —dijo Ino cuando salieron del laboratorio. Usualmente siempre las escoltaba alguien, fuera vampiro o cazador, pero su buen comportamiento había hecho que las dejaran ir a cualquier parte de la academia sin compañía—. De verdad es genial que Kuran mande más a Akatsuki que a su insoportable primo. No deja de mirarnos como si estuviéramos haciendo una bomba o algo así.
—Aido es alguien difícil de tratar, pero es muy inteligente. Me ha dado varias ideas cuando le he pedido su opinión sobre mis experimentos.
—Tú lo has dicho, cuando se le has pedido. Él cree que tiene que mantenerme a raya desde lo de las regaderas. ¡Yo qué iba a saber cómo reaccionaría él por ser un vampiro!
Hanabusa les había explicado la razón de su desencanto. Por supuesto, se había ahorrado ciertos detalles, como lo que él y Zero tuvieron que hacer en las duchas para desfogarse.
—Dale tiempo, Ino, ya entenderá. Aunque tú también tienes que poner de tu parte. No sirve que le digas "rubio imbécil" cada vez que hablas con él.
—Pero es lo que es, Sakura. Oye, no me mires así. He estado portándome excelentemente, incluso me llevo bien con Akatsuki y su hijo, aunque creo que es porque son los únicos que no me miran como un maldito bocadillo la mayor parte del tiempo.
Eso era uno de los pequeños problemas con los que tenían que lidiar diariamente. Ya era habitual que las irises de los vampiros permanecieran en rojo constantemente por la sed, y aunque no las habían atacado, no significaba que estuvieran felices con esa atención. Por supuesto tampoco los vampiros lo estaban.
—¿Oh? ¿Director Cross? —dijo Sakura viendo que el hombre se acercaba a ellas. Kaien se la pasaba en su oficina o viajando a la asociación para mantenerse al día con sus obligaciones y con las nuevas noticias.
Ino no lo saludó. Intentaba tratar cortésmente a las personas cerca de Sakura, pero no había podido evitar notar algunos detalles. Como que algunos de los chicos parecían demasiado atentos con su amiga. No estaba molesta por envidia o algo tan patético como eso, sino por las implicaciones que podrían venir si es que alguno de esos idiotas se enamoraba de Sakura. Querrían que se quedara, de eso estaba segura y probablemente harían lo imposible por lograrlo, lo que en definitiva no ayudaba en nada en la misión que tenía Ino.
Kaien era uno de los interesados, aunque tenía la delicadeza de no ser muy obvio. Eran sus ojos los que lo delataban. Esas incesantes miradas de anhelo a Sakura cuando creía que nadie lo veía le ponían los nervios de punta. Kaito le había dicho que Kaien parecía más joven de lo que era, que el director tendría más de dos siglos en su haber y eso sólo hacía todo más aberrante para Ino.
—Enhorabuena por haber acabado el día de hoy, chicas —su sonrisa, Ino había descubierto, era sólo por la presencia de Sakura—. Tengo noticias que darles antes que vayan a cumplir con su ronda de hoy. Descuiden, ya le informé a Zero sobre esto, y también a Akatsuki para que pudiera retirarse temprano.
—¿Es sobre el consejo? —preguntó Ino.
—Lamentablemente, sí —respondió el director tomando esa postura seria esporádica—. Kaname me ha comunicado que la próxima audiencia será un poco distinta a la primera. Debido a todos los problemas que ocurrieron, el senado decidió unánimemente que sólo la señorita Ino asistirá.
La noticia fue inaudita. Aun así ambas kunoichis no reaccionaron con sorpresa. Tenía toda la lógica del mundo. Muchos vampiros nobles habían sido asesinados por Zero, así que arriesgarse a otro exterminio era inaceptable. Además, seguramente les interesaba conocer a Ino por separado creyendo que sería igual de susceptible que Sakura la primera vez.
—¿Quiénes irán conmigo? —preguntó Ino con calma. Para Kaien a veces era difícil recordar que estas chicas no eran damiselas en apuros, sino guerreras en toda la extensión de la palabra.
—Bueno, se negaron a que Zero te acompañara. Era mi primera opción, pero con lo que pasó… en fin, el joven Kaito irá en representación de los cazadores así como Aido y Shiki por parte de los vampiros. Espero que esto no sea una molestia.
—No, no es una molestia, es una patada total en los ovarios, pero es lo que hay —se alzó de hombros, importándole bien poco lo que Cross sintiera por su mal uso del lenguaje—. ¿Me dará un arma como a Sakura?
—Ah, no se te escapa ningún detalle, señorita Ino —dijo Cross metiendo la mano en el interior de su gabardina para sacar un tipo de báculo corto—. Esto solía ser de mi querida hija Yûki. Es un arma muy especial. Su nombre es Artemis.
—Es… rara —opinó Ino balanceándola entre sus dedos. Activó el mecanismo oculto haciendo que se revelara su forma completa—. ¡Wow, wow, eso está mejor! Tenten me enseñó a usar un montón de armas, así que no tendré problemas con esta preciosidad. Gracias, director Cross.
—Todavía no es la fecha, pero creo que es mejor que te acostumbres a esta arma. Sakura no tuvo la misma oportunidad…
—Ya le dije que no tiene que disculparse por eso, director —dijo Sakura más interesada en Artemis que en lamentaciones inútiles—. No podemos hacer nada con lo que ya ha pasado, así que no hay necesidad de traerlo a colación todo el tiempo, ¿de acuerdo?
El alivio en los ojos de Kaien casi le provocó a Ino un retorcijón de estómago. Sakura no parecía notarlo, ¿y por qué lo haría? Por lo que respectaba a Sakura sus sueños de vivir un dulce romance habían acabado cuando el dueño de su corazón se lo había atravesado con una espada.
—¿Por qué no te agrada el director, Ino? —preguntó Sakura cuando se despidieron de Kaien y fueron hacia la puerta de la luna.
"Porque puede estar enamorándose de ti y eso sólo complicaría mi ya de por sí dura misión de mantenerte a salvo, frente de marquesina".
—Me recuerda al señor Ebisu —se limitó a decir—. Oye, ¿crees que Cross lea libros eróticos como él?
—Nunca dejarás de entrometerte en las vidas ajenas, ¿verdad?
—Eso sonó como un: "Sí, creo que tiene un par de revistas eróticas ocultas en su escritorio", para mí.
Sakura se rió de buena gana. La verdad era que la presencia de Ino no sólo significaba seguridad, sino normalidad. Isamu y Chiasa eran buenas chicas y sus bromas la hacían reír, pero no era lo mismo. Con Ino simplemente no tenía que cuidar sus palabras. Ino conocía todos sus secretos, sus debilidades y sus peores pensamientos. Tal vez Chiasa e Isamu podrían ser lo mismo para ella si Sakura hubiera nacido en este mundo. No dudaba que se llevarían más que bien, pero eso sólo era una idea extraña que se había formado para templar su culpa cada vez que tenía que callar ante ellas.
—Oh, no, no él de nuevo —se quejó Ino dejando ver todo el hastío en su cara. Sakura no tuvo ni que preguntarle.
Ino se había vuelto una profesora muy popular no sólo entre los estudiantes, sino también entre los profesores. Aunque no en el sentido de respeto y solidaridad como con Sakura. Ino era demasiado atractiva para no llamar la atención de los hombres. Uno de ellos, el maestro de ciencias, se había empeñado en tratar de cortejarla en las últimas dos semanas, a pesar de todas las negativas directas que había recibido de su parte. Era como si creyera que su impertinente insistencia fuera a lograr algo más que acabar con la paciencia de Ino.
—Buenas tardes, Ino —saludó el alto profesor. Tenía 30 años y una buena apariencia, pero sus modos eran bruscos e inadecuados. Y era sexista—. Me alegra haberla encontrado por aquí. Justo iba a su pequeña cocina para invitarla a salir esta noche. Conozco un excelente restaurante cerca de aquí.
—Hemos pasado mucho tiempo investigando en nuestro laboratorio —respondió Ino haciendo gala de su perfecto autocontrol—, y debemos empezar nuestra ronda cuidando a los estudiantes de la clase nocturna. Como ves, no tengo tiempo para nada más.
—Vamos, preciosa, ya hice la reservación. No puedes dejarme plantado.
—Puedo hacer lo que me dé la gana, Urashima —espetó pasando a su lado—. Ahora, piérdete. Eres molesto como pisar mierda.
Urashima mantuvo su sonrisa, pero un tic en el ojo delató el rasguño que su ego recibió. Sakura habría sentido compasión por el hombre de no haber sido un dolor de cabeza en los últimos días.
—Oye, oye, tú, espera —y Urashima cometió un error fundamental. Subestimar a alguien por su apariencia. Ino era tan letal como hermosa. Cuando el maestro se atrevió a tomarla del antebrazo, ella hizo una simple llave que terminó rompiéndole el brazo.
El grito del maestro Urashima hasta los de la clase nocturna lo habrían escuchado, sin mencionar el aroma a sangre.
—¿Crees que a Cross le sea difícil encontrar un suplente para la materia de ciencias? —inquirió Ino.
—Nunca cambiarás —resopló no sin sentir un poco de regocijo de ver al hombre revolcándose en el suelo—. Ahora me corresponderá curarlo y eso significa tener que tocarlo. Gracias por tu consideración.
—Bien, te ayudaré un poco.
Curar una herida así sería difícil, incluso con métodos ninjas convencionales. Ino optó por usar unas píldoras especiales para acelerar la curación, aunque se aseguró de que el brazo no quedara bien a propósito. Así Urashima recordaría cada vez que lo viera no molestar a nadie que se negara a aceptar sus proposiciones.
—Lo llevaré con Kaien para hablar sobre esto —dijo Ino pateando al hombre en el suelo para que se levantara. A estas alturas Urashima había comprendido que lo mejor era obedecer—, puedes iniciar la guardia con Kiryû si quieres. Además hoy es una buena oportunidad para probar la loción corporal.
Ino se alejó con Urashima hacia la oficina del director Cross. Sakura se quedó unos minutos más para limpiar las pocas gotas de sangre que habían quedado en el suelo. Seguramente Zero y Seth le preguntarían por esto y no dudaba que los dos encontraran correcta la solución al problema.
Sacó el frasco con loción y lo miró unos momentos. Ino había propuesto cambiar el ungüento por algo que pudieran usar sin necesidad de desvestirse para aplicárselo en la piel. Sakura aceptó con la condición de perfeccionarlo a este punto. Presionó el botoncito del rociador, procurando cubrirse de pies a cabeza. Si estuviera en Konoha no habría dudado en recurrir a Kiba o a Shino para verificar su eficacia, pero aquí debía ser más directa.
Sakura caminó hacia la puerta de la luna. Los estudiantes de la clase nocturna ya iban por el sendero de árboles. Aguardó unos momentos analizando sus reacciones… no parecían haberla detectado. Usualmente cuando ella e Ino llegaban, sus narices se movían ferozmente.
Eso era una buena señal.
Dio un salto cayendo en medio de un grupo de vampiros de universidad. Todos ellos estaban sorprendidos de verle, lo que para Sakura significó que ni siquiera habían sabido que estaba ahí. Cada uno le miró con atención moviendo su nariz y poniendo cara de desconcierto al no hallar su aroma habitual.
—Buenas noches, chicos —saludó Sakura con una sonrisa sabionda. Disfrutó de las expresiones anonadadas, de los ojos que se preguntaban qué demonios estaba pasando.
Sakura le dedicó una sonrisa especialmente engreída a Tohru. El vampiro noble se limitó a soltar una pequeña carcajada y siguió su camino; esas chicas sí que habían conseguido sorprenderlo.
—¡Buenas noches, mi querida señorita prefecta! —pronunció Seth en cuanto la vio pasar entre sus demás compañeros. Se detuvo unos pasos frente a ella, como si de repente algo extraño estuviera impidiendo acercársele.
Usualmente Seth solía abrazarla, no porque estuviera dominado por su sed de sangre, sino porque era su forma de mostrar que la apreciaba. Nagisa se lo había explicado a Sakura, que Seth era totalmente honesto con sus sentimientos (aunque eso pudiera mostrar sus debilidades a cualquiera). En esta ocasión no lo había hecho y la contemplaba con curiosidad.
—Parece que la loción está funcionando —comentó Nagisa entrando en escena. Sus ojos estaban fijos en Sakura, pero obviamente buscaban a la otra kunoichi—. La señorita Ino me dijo que estaría lista para hoy. Felicidades, han hecho un trabajo espléndido.
—Gracias, Nagisa.
—¿Eh? Eso no es justo, señorita prefecta. Ahora no puedo olerte —se quejó Seth atreviéndose a acercar su aristócrata nariz al cabello de Sakura—, incluso tu perfume ha desaparecido. Buu, no me gusta.
—Esto por el bien de todos, Seth —dijo Sakura poniendo una mano sobre su brazo—, además me gusta el color real de tus ojos. No es muy común la heterocromía en las personas.
Eso pareció animar al purasangre porque sonrió otra vez. Seth y Nagisa continuaron su camino. Sakura se apresuró a encontrar a Zero. Lo vio cerca de la entrada esperando que los últimos estudiantes pasaran. Como había supuesto no se había dado cuenta que estaba ahí porque no había volteado hacia ella. Sakura se acercó detrás de él y puso sus manos sobre sus ojos.
—Adivina quién soy.
—¿Haruno?
—Aww, ¿cómo adivinaste tan rápido? Creí que había imitado bien la voz de Ino —Sakura quitó sus manos, sonaba bastante decepcionada.
—Yamanaka es tan alta como yo, su voz sonaría a la altura de mi oído —explicó Zero con calma. Levantó una ceja al ver el frasco que ella tenía en la mano—. ¿Qué es esto? No pude…
—¿Detectarte? —completó Sakura con una sonrisa triunfante—. Así es, Zero Kiryû, no pudiste saber que estaba aquí porque desvanecí mi aroma, tanto el de mi cuerpo como el de mi sangre. ¡Tarán! Te presento la nueva loción inodora, aprobada por los vampiros de la clase nocturna y un purasangre. Seth me aseguró que hasta mi fragancia natural desapareció por completo.
Zero la observó un momento para después tomar un mechón de cabello rosado y llevarlo hasta su nariz. La acción provocó que los ojos de la kunoichi se abrieran grandemente.
—No del todo —afirmó Zero—, todavía puedo percibir flores y lluvia.
—¿Flores y lluvia? —repitió Sakura haciendo un intento tonto por no tocarse el mechón que Zero acababa de soltar.
—A eso hueles naturalmente —respondió Zero. Su cara era inexpresiva, pero sus ojos argentos centellearon con un noséqué que provocó un leve sonrojo en la cara de Sakura—. Son aromas… agradables. Me gustan.
Zero caminó hacia los edificios de clase. Sakura se quedó un momento parada sin saber por qué sus piernas no querían moverse. Desde el abrazo que ella le dio en el cobertizo y el que él le dio en su habitación, el contacto entre ellos se había limitado a largas conversaciones. Momentos donde Sakura se animaba a contarle un poco sobre su vida en Konoha, y en los que Zero le contaba sobre su vida infantil y algunas historias sueltas de su adolescencia. Nada más, pero esto… esto simplemente había requerido un nuevo nivel de intimidad que Sakura jamás había experimentado antes.
"Sólo… concéntrate, Sakura, no es la gran cosa", apremió en su mente. Se pegó en ambas mejillas y decidió seguir al cazador.
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¡Fin del capítulo! Ay, wey, este fic empezó hetero y ya hasta le metí una escena bien gay… como sea, que para algo escribo cosas que me agraden (si no fuera así, no escribiría fanfics).
Quiero escribir cosas hornys. Primer aviso.
Tengo muchas ideas sobre lo que Ino pudo hacer luego de la guerra, pero me fui por las que me emocionaban más, independientemente si eran lógicas o no. Aquí Ino tiene un grado alto porque, para mí, los Once de Konoha (los que sobrevivieron) se enfocaron en subir de rango y especializarse para cubrir los puestos vacíos que dejaron las bajas en la guerra. Así que verán que ellos se han enfocado en crecer.
El asunto del mizuage nació de un fanfic que leí durante mis primeros inicios en los fanfics. Creo firmemente que la educación de la sexualidad tiene que ser un asunto muy serio, especialmente para quienes son ninja porque pueden toparse con misiones que se relacionen con esto, así que tuve que agregar algo sobre eso en este AU.
Además, el asunto de las feromonas de los vampiros confiere un tema a debatir sobre la biología, fisiología y psicología de ellos. En que no son simplemente distintos a los humanos por beber sangre y no tolerar el sol, por eso no se les puede juzgar desde su punto de vista.
Nos leemos en el siguiente capítulo.
