¡Ohayo, Pocco! Desearía tener el poder de escribir capítulos largos en un día, pero eso no es posible. No para mí. Como sea, no tengo mucho que decir respecto a este capítulo, sólo que lo edité cuando volví a interesarme en el fandom de VK y releí los poquitos fanfics en mi lista de favoritos de esta serie y no pude evitar compararlas con el mío, y mierda, ¿qué carajos estaba pensando en ese entonces? Mi escritura era muy mala.

Quiero creer que he mejorado un poco.


[+][+]

Noche VI

Heridas de Guerra

"Perdono al que roba y al que mata, pero al que traiciona, nunca".

—Emiliano Zapata.

[+][+]


La loción corporal obtuvo una aprobación total en la población de vampiros en la Academia Cross. No les importaba demostrar cuánto les atraía la sangre shinobi, pero padecer una sed profunda todos los días era un maldito suplicio que no podía superarse con pastillas de sangre. Así, en esas semanas, pudieron respirar con tranquilidad.

Gracias a esto, Sakura e Ino tuvieron luz verde de parte de la Asociación de Cazadores para iniciar la producción a gran escala. Un presupuesto se había fijado en menos de una semana y ellas habían entregado la fórmula para que empezara a comercializarse. Era cuestión de tiempo para que una cantidad considerable del producto estuviera en los estantes de la ciudad y de las zonas alrededor. Por supuesto, la remuneración que recibieron fue enorme, pero la mayoría decidieron donarlo a la reconstrucción de Nightray. Otra parte la reinvirtieron en su línea de medicamentos especiales, y el resto lo usaron para pagar las cosas que debían.

Kaien se había rehusado a recibir algún pago, al igual que Yagari y Kaname, quienes se habían estado haciendo cargo de la manutención. Sin embargo, desde que recibieron su primer cheque, las chicas se habían negado a seguir dependiendo de su caridad.

No todo fue miel sobre hojuelas. El Senado, excepto por Keito y Shigure, había malmirado el trabajo de las kunoichis, considerándolo ofensivo hacia el comportamiento natural de un vampiro, pero Kaname les habían impedido intervenir poniéndolos en jaque con sutiles amenazas a sus propias empresas.

Los científicos del laboratorio de Tengen y Ren tuvieron que ser reemplazados cuando los dos miembros concejales consideraron que su ineptitud los puso en desventaja. Los nuevos especialistas a cargo tuvieron que trabajar a marchas forzadas para tener un informe terminado y detallado de las propiedades de la sangre shinobi.

—Todo el mundo está hablando de ustedes en estos momentos, señorita Ino —dijo Nagisa caminando al lado de la kunoichi tras terminar la ronda de esa noche. Se había vuelto habitual en ellos charlar mientras los estudiantes de la clase nocturna se preparaban para regresar a su dormitorio—. Mi padre dice que se han vuelto tan populares que resulta problemático para él recibir visitas inesperadas de quienes saben que es uno de los que están custodiándolas.

Ino se rió por las palabras que Nagisa utilizó. Akatsuki Kain le recordaba tremendamente a su amigo Shikamaru. Nagisa se quedó callado, contemplándola reír como si se tratara de un suceso único, y en cierto sentido lo era, a diferencia de Sakura, las risas de Ino eran escasas.

—Pobre Akatsuki, ya le haré saber que no fue mi intención que sufriera las consecuencias. Y esto lo he repetido muchas veces, usa mi nombre, Nagisa. Hemos pasado juntos el tiempo suficiente para evitar formalismos.

Nagisa sólo pudo asentir con las mejillas teñidas de un tenue carmesí. No era que no quisiera sino que… si esto se volvía más familiar temía sentir algo que estaba destinado a fracasar. Nagisa no era como Seth, tan entusiasmado por sentir amor que no prestaba atención a un pequeño detalle. Su llegada, sus aportaciones, los recuerdos de sus sonrisas y risas se quedarían aquí, pero ellas… ellas se marcharían para no volver jamás. Sus padres tenían certeza de ello y por eso se habían comprometido tanto en ayudarlas, para evitar que cualquier problema se suscitara. En cuanto a él, ¿qué más podía hacer sino disfrutar de estos pequeños momentos?

Sakura le había parecido una buena chica, un tanto dura de carácter, pero con una vena amable que había hecho que se ganara la lealtad de quienes la conocían. Pero no había sido hasta conocer a Ino que Nagisa comprendió que no era inmune al encanto de las forasteras. A sus ojos, la Yamanaka poseía un atractivo sin igual, aderezado por una impenetrable máscara de frialdad que sólo evidenciaba la dedicación a su entrenamiento. Una máscara que lograba quitarse al estar con Sakura o en quien hubiera logrado ganarse su confianza.

Nagisa había estado interesado en otras mujeres en su pasado, pero hasta ahora había comprendido el concepto de amor a primera vista que Seth utilizaba tanto.

—Mierda con mi mala suerte —comentó Ino mirando hacia el frente. Tohru Saitou le esperaba con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y una sonrisa entre cínica y petulante. El pequeño cretino gozaba de ser impertinente con las kunoichis, nada más para no aburrirse—. Mejor que vengas con un buen chiste, Saitou, o consideraré seriamente asesinarte.

—¿Tan aburrida es la compañía de Kain para busques diversión conmigo? No que sea extraño, definitivamente soy más entretenido que él, pero no me gustaría que por eso abuses de mi buena voluntad.

—No se puede abusar de algo que no tienes —se encogió de hombros. Su indiferencia siempre era un arma espléndida en petulantes aburridos con la vida como Tohru.

—Oh, haz herido mi orgullo. Exijo una compensación por esta afronta.

—Con gusto te la daré. Muestra el trasero, estoy de humor para darte una buena patada.

—¿De nuevo con insinuaciones sexuales? Yo pasó de eso —dijo Tohru habiendo obtenido la pequeña interacción que buscaba de ella y yendo con Sakura para hacer lo mismo.

—Diría que los vampiros son bastardos avariciosos y arrogantes, de no ser porque he conocido humanos de la misma talla —comentó Ino cruzándose de brazos—. De verdad, ¿es imposible dejar de ser así de molestos?

Nagisa estaba a punto de decir algo, pero la puerta se abrió dando casi por terminado su tiempo con ella. Los primeros rayos del amanecer aún eran tenues en el horizonte. Aun así, con esa poca luz, le parecía que el perfil de Ino había adquirido un brillo hipnotizador. Su mirada azul, sin duda, era lo más hermoso que hubiera visto en la vida.

—¡Nagisa, mi amor! —gritó una vocecita extremadamente aguda de una chica que no debía estar ahí. Era Himawari Inoue, la mejor amiga de Hinamori, que había esperado pacientemente del otro lado de la puerta, para entrar corriendo a colgarse del brazo de Nagisa—. ¡Uhm, en serio detesto esperarte! Sabes que siempre estoy aquí cuando acaban tus clases para pasar juntos un momento.

Nagisa tuvo la repentina urgencia de usar su poder de fuego para crear un escudo que lo alejara para siempre de ella. Se detuvo porque su madre no le perdonaría causar un incidente grave, y porque para su mala suerte, había sido criado para tener impecables modales. Estos incluían tener que soportar a molestas garrapatas humanas como Himawari.

—Señorita Inoue, no debería estar aquí a estas horas. Las reglas lo prohíben —dijo tan cortés como pudo, agradeciendo que sólo pocos vampiros quedaran alrededor. No le gustaba ser el centro de atención por ningún motivo.

—Ninguna regla me detendrá de estar contigo, mi flama llameante —pronunció la pequeña chica restregando su rostro en su antebrazo. Nagisa escuchó algunas risitas ante su mote—. Vamos, tenemos que hablar.

Ya hemos hablado lo suficiente sobre esto, Himawari —esta vez usó su nombre y empleó un tono de voz más serio—. Lo nuestro se acabó.

Cuando Kaien reveló la naturaleza de sus estudiantes del turno nocturno causó un revuelo inimaginable. Hubo quienes sacaron a sus hijos ante lo consideraban una amenaza latente, hubo quienes quisieron iniciar una lucha entre ambas clases para demostrar que era imposible la convivencia armónica. Sin embargo, contra toda probabilidad, fueron los estudiantes quienes se negaron a continuar con un ciclo de odio y miedo. Ellos apoyaron a Cross y consiguieron que la academia continuara en marcha.

Nagisa había estudiado con maestros privados debido a su misión de ser el amigo de Seth, pero sus padres aceptaron de buen modo que pudiera re-estudiar la universidad para acompañar al purasangre. El triunfo de la academia todavía era fresco, por lo que Nagisa se vio afectado por el espíritu de convivencia y dejado que muchos humanos se le acercaran, al punto en que aceptó ser la pareja sentimental de una humana. Himawari Inoue le había parecido una chica sencilla con ideas simples. Su relación había comenzado bien. Seth lo apoyó, por supuesto, y sólo Tori mostró un poco de inquietud, fue obvio que su novia no le agradaba. Nagisa no le dio mucha importancia. Era un noviazgo nada más.

Aunque eso fue lo que él pensó.

Himawari sí había creído que estaban completamente enamorados. Su amor había sido tan profundo e insano que Nagisa se había sentido atrapado. Las exigencias de la chica eran descabelladas y si Nagisa se negaba, Himawari llegaba al punto de lastimarse a sí misma para conseguir algo. Gracias a Tori había podido terminar con ella, pero ella siempre insistía. Lo peor es que no podía hacer nada porque, si llegaba a herirla, la culpa recaería en él.

Si alguien a su alrededor notó lo incómodo que se sentía, ninguno hizo nada. Seth y Tori se habían quedado a revisar su trabajo final con el profesor de literatura, así que no había nadie que pudiera ayudarle.

—Oye, tú —las manos de Ino fueron suaves, pero diligentes para separarlos. Ella se colocó entre ellos opacando con su gran estatura a la diminuta figura de Himawari—, ya te dijo que no quiere nada contigo.

Nagisa quedó boquiabierto. Inoue también, pero se recuperó rápidamente mirando con expreso de odio a la kunoichi.

—¿Quién te crees que eres para intentar separarme de mi novio? ¿Qué sabes tú de lo que hay entre él y yo? ¡Yo lo amo con todo mi corazón! ¡No hay nadie más en el mundo que pueda hacer feliz a Nagisa más que yo!

"Con que así me veía cuando estaba tras Sasuke", meditó Ino sintiendo una mezcla de exasperación y nostalgia. Había sido una época más fácil en la que creía que por ser la chica más linda y habilidosa le haría quedarse el corazón del popular Sasuke Uchiha.

Se había ufanado con Sakura de que ella terminaría ganando a pesar de que no había quedado en el mismo equipo que él. Había sido ingenua y tonta, y sobre todo, egoísta. Por eso comprendía un poco a Himawari, pero no justificaba sus acciones. El amor no debía ser una imposición y lo que estaba haciendo la pequeña garrapata era una jugarreta muy sucia, al aprovecharse de su estado para obligar a Nagisa a cumplir sus deseos.

—Él dijo que lo suyo ha acabado, Inoue —aun así Ino trató de convencerla de irse por las buenas. Esperaba no tener que llegar a los extremos como con el maestro Urashima—. Supéralo y sigue adelante.

—Sé lo que pretendes, Yamanaka, quieres quedare con él, pero no te lo daré. Él es mío. Ha bebido mi sangre y eso ha formado un vínculo indisoluble.

Eso era información muy privada. Ino lo supo por la expresión de vergüenza de Nagisa y lo perturbado que se sentía. Aido le había contado que compartir sangre no era un asunto cualquiera, sino un acto de mucha confianza. Al hablar de ello con tanta insensibilidad, Himawari había roto esa confianza.

—Oh, me queda claro lo que sientes por él —Ino se paró frente a ella. Su mirada de cristal fue fría e inmisericorde con Himawari, que se encogió de terror. Después de todo, era bien sabido lo que Ino le hizo al maestro Urashima por haberla molestado tanto—. Tú no lo amas, sólo no quieres estar sola o tal vez él es demasiado bueno para tu ego o tal vez él te hace sentir bien acerca de tu miserable vida, pero no lo amas, porque no lastimas a la persona que quieres.

—¡Tú… tú maldita… maldita perra! —los puños de Inoue se apretaron tanto que se lastimó las manos. La sangre cayó, pero Ino no temió una reacción adversa de los vampiros. Ellos habían estado controlándose cuando todavía no usaban la loción, así que la sangre de esta chica no les provocaría nada—. ¡Te enseñaré a no meterte en asuntos ajenos!

Ino pudo ver cada movimiento de Himawari, desde que su brazo tomó impulso hasta su pequeño puño intentando llegar a su cara. Lo habría detenido con facilidad, no le habría costado ni un gramo de energía, pero no ocurrió. Alguien más se interpuso.

La mano de Seth Shirabuki detuvo al puño de Himawari.

—Vamos, vamos, no es momento de ponernos violentos. Ya casi es la hora de que nosotros los vampiros vayamos a la cama —dijo Seth con aire jocoso. Fue obvio que no le pasó desapercibido lo que había ocurrido allí—. Me alegra saber que Nagisa ha conseguido una amiga como tú, señorita shinobi. Gracias por hacer lo que nadie más hizo por él.

—No es la gran cosa —opinó Ino cruzándose de brazos—, es sólo que me molestan que las personas crean que pueden someter a los demás según sean sus caprichos.

Por unos segundos, Seth pareció meditar sus palabras.

—Creo que tienes razón. Nadie debería hacerlo… lo que me deja con la responsabilidad de solucionar esto —puso su mano sobre la mejilla de Himawari—. Estimada señorita Himawari Inoue, quiero matarte por molestar a Nagisa, pero comprendo que el amor puede ser… desquiciante. Aun así debes superarlo y yo te ayudaré con eso.

Juntó sus frentes, lo que resultaba gracioso porque Seth tuvo que inclinarse mucho debido a que era muy pequeña. Los ojos heterocromáticos del vampiro brillaron con tintes rojizos mientras que los de Inoue perdían brillo conforme el hechizo de borrado de memoria hacia efecto.

—Ahora ya eres libre de nuevo —finalizó Seth con una sonrisa triunfante ante la expresión ida de la chica—. No te preocupes por ella, señorita shinobi, creo que su amiga podrá llevarla a descansar.

Hinamori apareció como si la hubieran invocado. Se veía palidísima con sus ojos abiertos con miedo. Creía que Seth le haría lo mismo que a Inoue. Pero el purasangre sólo se quedó quieto esperando que las molestias se fueran, para luego actuar como si nada hubiera ocurrido.

—Bien, ahora a dormir. Una buena acción hará que mis sueños sean buenos, ¿verdad, Tori?

—Así lo creo, mi señor —respondió la vampiresa noble siguiendo a Shirabuki.

—Nagi, tienes que despedirte de la señorita shinobi ahora. Debemos irnos —puntualizó Seth, que aprovechó el tiempo que le dio a su amigo para ir con Sakura unos instantes.

—No sabía que los vampiros eran capaces de alterar la memoria de una persona —mencionó Ino sintiendo inquietud por dentro. Las habilidades de su clan permanecían en el anonimato, pero si aquí podían hacer algo similar, ¿sospecharían de ella sólo por intuición?

—Los vampiros de sangre pura son quienes tienen esa facultad —respondió Nagisa—. A veces los nobles pueden ejercerla, pero el poder no es el mismo. Mi madre dijo que no hay punto de comparación.

—Entiendo —dijo Ino, pensativa—. Gracias por el dato, Nagisa, ahora tengo que prepararme para lo que viene.

Desgraciadamente él sabía a lo que se refería.

—No, gracias a ti, Ino, por… por todo.

—Ya dije que no es la gran cosa, hombre. Anda ve con Seth o empezará a hacer una rabieta porque ya quiere dormir.

Lo cierto era que Seth había estado al pendiente del final de su conversación. No podía evitarlo. Cualquier cosa que estuviera relacionada con sus amigos le importaba. Que ellos fueran felices era uno de sus más grandes objetivos y haría lo que fuera para conseguirlo. Cuando Nagisa rompió con esa desagradable mujer, Seth estuvo dispuesto a deshacerse de ella al ver lo infeliz que era su amigo por su insistencia. No le interesaba que Kaname Kuran lo usara de excusa para matarlo… pero entonces habían llegado las asombrosas kunoichis y habían puesto todo en orden, haciéndole sentir nuevas cosas, replantearse nuevas metas, por eso había decidido que haría lo posible por ver sus anhelos cumplidos, y esto incluía a Nagi y Tori, evidentemente.

No iba a encontrarse con un camino sin obstáculos, pero valía la pena.

[+][+]

La fecha de la audiencia llegó. Era un viernes nublado acompañado de leve precipitación. Ino finalizó de vestirse con su uniforme ninja. Sakura también se había presentado así ante el consejo, por lo que Ino seguiría su ejemplo.

—Ten, ponte esto también —le dijo Sakura extendiéndole su banda con el símbolo de Konoha. Ino ya se había puesto la suya en la cabeza, pero aceptó el ofrecimiento por lo que significaba y la ató en su brazo derecho—. Si quieres puedo usar una técnica de ilusión para ir contigo.

—No —respondió Ino. Sakura lo propuso porque se preocupaba por ella, pero Ino había entendido que no podían desperdiciar chakra por cualquier cosa (no volvió a usar a los guardianes de tinta cuando se percató de la gran cantidad de energía que había perdido en sólo unos días)—. Tienes que esperar a que regrese. Es la única manera, Sakura.

Eran shinobis. Habían sobrevivido a una guerra. Habían aprendido a aceptar la muerte de amigos, familiares y parejas. Pero era difícil para Sakura. No quería perder a Ino en este mundo.

El toquecito en la puerta les anunció que Kaien las estaba apurando. Sakura abrazó a Ino con mucha fuerza, sin importarle verse débil, e Ino, quien dejaba de aparentar dureza sólo con ella, correspondió de la misma manera. Fue breve, pero habían expresado lo que sentían sin palabras.

—Me voy —anunció Ino.

Salieron hacia la sala donde los demás los esperaban. Kaien, Zero, Hanabusa, Kaito y Senri miraron a la kunoichi, notando la banda roja en su brazo y su determinación en la cara.

—No te preocupes, Sakura, me encargaré de que tu amiga regrese lo más completa que se pueda —comentó Kaito.

—Ni siquiera intentes usarla como una excusa para matar vampiros, Kaito —espetó Sakura.

La lánguida sonrisa de Kaito indicó que había sido capturado en su mentira.

—Vámonos ya, caballeros —ordenó Ino—. Espero llegar antes de la cena. Por favor, no deje que Sakura se coma mi postre, director Cross.

—Te esperaremos, señorita Ino —prometió Kaien. Ino asintió y salió sin agregar nada más.

—Esa mujer arrogante… ¿quién se cree que es para darnos órdenes así? —cuestionó Aido con enojo.

—Porque ella manda, ¿no te lo dijo hace tiempo? —le recordó Senri, impasible. Él se acercó a Sakura y le entregó una cajita con fresas confitadas. Ya era una costumbre de Senri darle todo tipo de dulces—. Come esto para que no toques el postre de tu amiga. No tienes que preocuparte por ella, Sakura, la ayudaré si lo necesita.

—Gracias, Senri —sonrió Sakura tomando su regalo—, y por favor, ustedes también cuídense.

Hanabusa y Senri siguieron a Ino. La kunoichi ya había llegado a donde el chófer les esperaba.

—Akatsuki me pidió que te entregara un mensaje —dijo Hanabusa cuando subieron al auto y el chófer lo puso en marcha. Los vampiros y el cazador ocuparon un asiento dejándola a ella en el lugar de enfrente—. Está agradecido por lo que hiciste por Nagi. Pensó que tendría que acudir a las autoridades debido a que la situación se estaba descontrolando, pero ya no será necesario.

—¿Tan lejos llegó esa niña por su fijación? Uhm, como sea, no es nada. Nagisa es un buen chico. Ninguna persona debería aprovecharse de su amabilidad —a veces, cuando Ino hablaba de esta forma, parecía más grande de lo que era. Ino tenía 20 años, era más joven que los tres, pero actuaba con una madurez poco usual—. En todo caso es bueno saber que ya no tendrá que soportar la compañía de una persona tan molesta e irritante. No todos tienen esa suerte.

—¿Lo dices por mí, mujer demente? —preguntó Hanabusa frunciendo el ceño.

—Mi respuesta sería sí, pero lamentablemente no eres el único, rubio imbécil. Tengo tanto a un vampiro como a un cazador intentando colmar mi paciencia con sus estupideces. Deberían de portarse mejor y no buscar una muerte prematura.

—No vas a matarme, shinobi, en el fondo tienes un corazón gentil como el de Sakura —espetó Kaito muy seguro de sí mismo.

—¿Corazón gentil? Niño, no confundas los buenos modales de Sakura con otra cosa. En fin, no sé por qué esperas que te revele todo mi poder hostigándome como si fueras un niño. ¿Qué ganarías? ¿En serio crees que eres rival para mí?

—Hasta el momento has aceptado nuestros términos porque te preocupas por Sakura. Sin embargo, sé que estás esperando la oportunidad para escapar o tal vez sólo estés aguardando a que los refuerzos lleguen.

—Qué paranoicos son los cazadores. Aunque con tantos vampiros avariciosos y manipuladores, no los culpo por serlo. Si es que estoy entiendo lo que dices piensas que los shinobis apareceremos un día para conquistarlos. Quizás… hemos dado esa impresión, es decir, Sakura y yo hemos sido entrenadas para ser armas letales, pero eso no significa que estemos buscando pelea. No queremos nada que este mundo ofrezca, ni gobernar a nadie. Queremos volver a Konoha, nuestro hogar, para vivir el resto de nuestras vidas en tanta paz como se pueda al ser ninjas.

—No, aún no confío en ustedes —aceptó Kaito, pero no parecía tan tenso como antes—, pero por ahora te dejaré en paz. Tienes que concentrarte más que nunca.

—Casi suenas como si te preocuparas por mí, cazador. Haces que mi corazón se acelere.

Hanabusa miró la pequeña conversación entre los dos con ganas de mandarlos a callar por siempre. Esa mujer… no había podido sacársela de la cabeza. No sólo era por lo que había hecho ese día, sino porque cada vez que la observaba algo dentro de él se agitaba furiosamente. Ya fuera porque deseaba su sangre, o porque era la primera mujer en la que se fijaba en años, Hanabusa no estaba preparado para lidiar con esto.

Senri también estaba atento a Ino. Cuando la conoció la primera vez había estado decepcionado porque no tenía el cabello rosado como Sakura (había creído que los shinobis tenían el pelo de ese color). Pronto había notado la confianza y seguridad que sentían la una con la otra, y como Sakura no tenía que estar alerta todo el tiempo con ella presente. Era evidente que confiaba en el juicio de Ino más que en el de cualquier otra persona, por ello a Senri le quedó claro que la meta que tenían, volver a casa, sería cumplida.

No es que eso lo hiciera feliz. De alguna manera Sakura se había convertido en una parte muy activa de su vida actual, al punto en que a veces deseaba egoístamente que se quedara. La forma en la que Sakura se dirigía a él era… como la de cualquier persona. No había ni lástima ni rencor, ni siquiera malas intenciones. Para él, tan acostumbrado a lidiar con las ambiciones de muchas personas, era un alivio estar con ella.

"Quiero estar con ella todo el tiempo que se pueda", pensó Senri mirando por la ventana mientras Kaito y Hanabusa comenzaban a discutir con Ino.

[+][+]

El Senado de Vampiros recibió a Ino con su fachada tétrica. Era más grande que la Torre del Hokage o el Cuartel General ANBU, justo como vio en las memorias de Sakura. La misión de este día era averiguar las características de esta estructura, ya Sakura había descubierto la jerarquía de poder y las políticas de cada bando. A Ino le quedaba buscar debilidades en sus instituciones más preciadas.

Hanabusa fue el encargado de abrir la puerta. Si la puerta requería un poco de sangre para dejarlos pasar significa que había sortilegios o barreras que cubrían el edificio para impedir que cualquiera entrara.

Ino recorrió el mismo pasillo que Sakura hace dos meses. La única diferencia era que no se topó con ningún vampiro. Podía ser por el efecto de la loción o porque habían decidido mantenerse alejados de su ruta principal. Como fuera Ino no dejó de observar todo a su alrededor.

—Esto parece el escenario perfecto para una película de terror. Naruto estaría congelado de miedo.

—¿Su Hokage? —preguntó Hanabusa—. ¿No se supone que es el líder de su aldea y el ninja más fuerte?

—Créeme, nadie piensa que es el Hokage la primera vez que lo ven. Al idiota le aterran los fantasmas. Recuerdo que no quiso dormir solo porque vio una película sobre espíritus vengativos. Sasuke y Sakura tuvieron que meterse a la cama con él durante un mes.

—¿Sakura vive con ellos? —preguntó Shiki.

—Traté de convencerla que no debía. Naruto y Sasuke tienen muy malos hábitos de sueño, saben, uno simplemente no puede descansar estando con ellos, pero ella fue terca. Se mudó con ellos a casa de Sasuke y viven juntos desde hace dos años. Pff, supongo que fue inevitable.

—¿A qué te refieres con inevitable?

"A que ellos lo hicieron para asegurarse de que Sasuke no volviera a irse", pensó Ino. Naruto y Sakura pasaron por demasiadas dificultades para traerlo de vuelta y pasaron por muchas cosas más para que le otorgaran el perdón.

Tsunade fue piadosa al sólo encerrarlo un año en prisión, privarlo de muchos privilegios durante los años posteriores y mantenerlo en constante vigilancia. Sasuke merecía un castigo más severo, pero por haber ayudado a salvar al mundo, pudo salirse con la suya; al parecer una buena acción expiaba una vida de crímenes. Cuando Naruto fue nombrado Hokage se encargó de convencer a todos que Sasuke no volvería a irse.

—A que es imposible para ellos estar separados. Son como un maldito muégano. ¿Quién sino Sakura sería capaz de amar a ese par? Ah, de verdad que me desespera en ocasiones. Sakura tiene una suerte extraña con los hombres.

Senri pensó en lo que Ino le había dicho. Sakura ya le había confirmado lo importantes que eran Naruto y Sasuke para ella, que los amaba con todo su ser aunque ellos no sintieran nada por ella. Todavía seguía fresco el recuerdo del cuerpo de Sakura tendido en la camilla y sus horribles cicatrices expuestas, la marca de que se había sacrificado para que las personas que amaba no se destruyeran mutuamente.

"Una persona debería existir por su propio esfuerzo, sin sacrificarse a otros ni sacrificar a otros para sí mismo", reflexionó Senri. Esa clase de altruismo tenía que parar. No llevaba más que a la infelicidad.

Llevaron a Ino por un corredor que se conectaba con el jardín interior. Hileras de plantas trepadoras tapizaban las paredes, así como algunos arbustos y grandes macetas con flores de todos los colores aparecían conforme avanzaban. Llegaron a un espacio amplio, cubierto por una cúpula de cristal con adornos de metal torcidos; adoquines de mármol componían un piso pulcro. Allí mismo se había colocado una tarima donde estaban sentados los miembros del consejo, los mismos que la vez anterior, excepto que ahora la madre de Nagisa, Ruka, se hallaba detrás de la silla de Kaname junto a otra mujer que Ino nunca había visto en persona, pero que Sakura había identificado como Seiren.

—Bienvenida, señorita Ino Yamanaka —saludó Kaname cortésmente. Ino respondió asintiendo con la cabeza. Esta vez Hanabusa, Kaito y Senri no tuvieron que ir a un cuarto secreto, sino se colocaron a un lado—. Me parece que las presentaciones son innecesarias. Sakura ya debió ponerte al tanto de cada miembro del consejo.

—Así es —afirmó Ino—. Ha pasado casi un mes desde que llegué a este mundo así que podemos ir al punto.

Kaname sonrió complacido. Justo lo que había esperado de ella, queriendo controlar la conversación desde el comienzo.

—¡Alto ahí, jovencita! —saltó Ren con voz autoritaria. Se veía molesto—. No puedes presentarte ante nosotros de esta manera. Usar esa loción corporal para ocultar el aroma de tu sangre es trampa, ¿cómo sabemos que en realidad eres Ino Yamanaka y no otra persona disfrazada?

—Supongo que de esta manera —Ino alzó su mano emitiendo chakra verde—. ¿Lo ves? No creo que ninguna persona pueda hacer lo mismo que un ninja-médico… a menos que necesiten ver una prueba de esta habilidad otra vez.

—No será necesario, señorita Yamanaka —dijo Keito con gentileza. Él se parecía mucho a Nagisa—. Creo que quedó claro para mis compañeros la espléndida labor como ninja-médico de la señorita Sakura. Admito que siento un poco de desconcierto al no poder percibir el aroma de su sangre, pero también estoy aliviado. Su creación ha ayudado a disminuir los ataques de vampiros de niveles inferiores a los humanos.

—Me alegra escucharlo —ella ya lo sabía. Yagari les había enviado informes completos sobre eso. Si los vampiros no eran capaces de oler sangre en los humanos, controlaban mejor su sed—. Sakura y yo continuaremos investigando. Hicimos llegar al presidente Yagari una carta compromiso detallando a fondo la dirección de nuestros proyectos. Espero que ustedes hayan tenido el tiempo de leerla.

Kaname estaba disfrutando de este baile. Tengen y Tarura lucieron contrariados por su actitud. Ren estaba enojado por no haber obtenido las mismas libertades que la audiencia anterior. Keito estaba más familiarizado con Ino debido a los cercanos que eran Akatsuki, Hanabusa y Nagisa con ella. Shigure no mostraba nada en su rostro de muñeca. En cuanto a Hanabi, la sangre pura mantenía los ojos cerrados pretendiendo descansar.

—No entiendo cómo es que se salieron con la suya para cometer… esta afrenta hacia nosotros —comentó Tengen con rabia bien disimulada—. Nuestro señor ya había decretado que las pruebas se llevarían a cabo en nuestro laboratorio.

—Sakura y yo nos cansamos de esperar, así que decidimos que no dejaríamos todo el lío en sus manos. Nuestra sangre ha causado tanto alboroto, así que tuvimos que hacer algo al respecto. Por eso creamos la loción y prontamente mejoraremos las pastillas de sangre.

—¿Es viable su propuesta? —preguntó Shigure mientras jugueteaba con un mechón de su cabello—. En el pasado hubo alguien quien intentó controlar a los vampiros mediante el uso de pastillas adulteradas con su sangre, ¿cómo pueden comprobar que ustedes no tienen las mismas intenciones?

—Cuando los encargados del laboratorio de Tengen Saitou y Ren Touya nos contactaron para realizar el intercambio de reportes, entregamos lo que nos pidieron e incluso permitimos que uno nos acompañara en un día de experimentos. Toda la información está en el expediente con el que nos han fichado.

—Eso lo sé, señorita Yamanaka, pero las intenciones no se leen en un papel. Yo hablo de lo que ustedes planean hacer. Hace dos meses un shinobi llegó causando confusión por lo que su sangre contenía. Tú llegaste hace un mes, ¿debo esperar a que más como ustedes vengan dentro de otro mes?

—Sí —respondió Ino sabiendo que una respuesta honesta era lo mejor—. La meta principal es regresar a Konoha. Vine aquí a través de un portal, pero la naturaleza de este mundo impide que usemos la misma vía para volver. Por lo tanto shinobis especializados en el control de chakra tendrán que venir por nosotras.

—Eso me parece extraño —habló Hanabi por primera vez. Sus ojos rosas se fijaron en la mirada azul de Ino dejando momentáneamente sin palabras a la chica. Esa mirada de Hanabi… le había parecido intensa—. Ustedes pueden entrar a este mundo, pero nosotros no ir al suyo. Todo el asunto en cuestión parece resumirse al poder del chakra.

—La señora Hanabi ha dicho algo muy importante —dijo Tengen con los ojos brillando de emoción—. Los portales… dices que no conoces su naturaleza, que aparecieron en su mundo inesperadamente, pero, y ésta es una teoría mía, ¿qué pasa si no es la primera vez que shinobis vienen a este mundo? ¿Qué sucede si esto ya ha sido vivido antes, pero lo desconocemos porque se ha guardado el secreto hasta casi hacerlo desaparecer?

—Diría que dejes de ver películas de viajes en el tiempo —comentó Ino, aburrida. Aunque por dentro Tengen y Hanabi habían logrado impresionarla. No había considerado esa opción—. Los portales no son cosas comunes en nuestro mundo. No hay registro de que uno de nosotros…

—Oh, pero yo creo que sí lo hay en este mundo —la interrumpió el noble—. Yo creo que sí lo hay… ¿verdad que es así, Lord Kuran?

Ino paseó su mirada de Tengen a Kaname. No sabía si esto había sido preparado con antelación, pero aguardó a lo que sea que harían.

—Ruka —llamó Kaname a la noble que se acercó para entregarlo un objeto envuelto en un paño blanco. Kaname lo tomó y lo desenvolvió para mostrar una kunai—. Me parece que esto puede ser interesante para ti, señorita Ino.

Lanzó el arma hacia ella. De un presto movimiento de su mano Ino cachó la primera kunai y la estudió. Kaito y Zero les habían hablado de las armas que se forjaban en la Asociación de Cazadores, mostrándoles algunas de ellas. Las kunais que tenían eran distintas a las que los shinobis usaban; las armas ninjas eran ligeras, pero muy resistentes. Pero ésta… ésta era similar a las suyas, sólo que muy antigua a juzgar por los rasguños en el filo. Si Tenten estuviera aquí podría decir con exactitud cuánto tiempo tenía.

—El primer líder del Clan Kuran vivió hace diez mil años —Kaname comenzó a narrar—. Él tenía el hábito de guardar objetos que le parecieran peculiares. Su colección permaneció sin alterarse todo este tiempo, pero luego de que ustedes llegaran me pregunté si una situación parecida habría ocurrido antes. Mi intuición fue acertada. Hallé esta arma tan similar a las de ustedes.

—Bien, tienen un punto, ¿pero qué más? No hay registros en nuestro mundo de viajes entre dimensiones… —por supuesto, no iba a contarles sobre Kaguya y Obito Uchiha jamás—. Si fuera así quedaría claro que los shinobis no somos una amenaza; habría toda una institución creada por esos supuestos viajeros pasado aquí, ¿no lo creen?

—Eso me remite a la siguiente prueba. Cazador Kaito Takamiya —Kaname se dirigió hacia él sin siquiera mirarle— requerimos que nos prestes tus habilidades por un momento. No tienes que preocuparte por nada, sólo es un pequeño experimento.

Kaito avanzó hasta quedar al lado de Ino, más por curiosidad que por obedecer. Levantó la mirada hacia la tarima, sin mostrar duda en su voz cuando habló hacia Kaname.

—¿Qué planeas, vampiro?

Kaname hizo un gesto con la mano a Seiren y Ruka para que no riñeran a Kaito sobre su irrespetuosa manera de hablarle.

—Los cazadores tiene diversos hechizos especiales para cada situación —continuó Kaname.

—¿Quieres que use uno en alguno de tus queridos colegas? —la sonrisa de Kaito fue de sádico placer. Los vampiros se pusieron en alerta ante su pregunta—. Porque lo haría con todo el gusto del mundo.

—Te pido firmemente que dejes de lado tu habitual aversión a nuestra especie, cazador. No tengo problemas de informar al presidente Yagari que fuiste asesinado por tu imprudencia.

—Qué miedo, qué miedo —siguió sonriendo sin vergüenza—. Está bien, cooperaré en esta ocasión. Yo también quiero saber qué es lo que quieres averiguar.

Ino no había previsto este escenario. Había confiado en el odio natural entre ambos bandos, creyendo que no podían ponerse de acuerdo. Sin embargo Kaito no parecía tener ningún problema en participar en un juego que le beneficiara.

"Cálmate", se dijo en su mente controlando que ni el latido de su corazón revelara que se sentía un poco angustiada. "Deja que hagan el primer movimiento por esta vez".

—Entre los diversos hechizos que tienen, están los de supresión. Por ende, hechizos que suprimen los poderes de los vampiros hasta cierto punto dependiendo de lo hábil que sea el cazador.

—Ya entiendo lo que quieres que haga —Kaito se giró hacia Ino. Ella dio un salto hacia atrás para tomar distancia—. Ah, odio cuando se mueven. Dificulta darles y hace que todo sea más doloroso.

—Permítame ayudar en esto, mi señor —ofreció Ren chasqueando los dedos. En cuestión de segundos, numerosos vampiros salieron de las jardineras entorno a la cúpula. Como si sólo estuvieran esperando ahí. Ino no se había dado cuenta de su presencia hasta ahora. Posiblemente Ren había usado un hechizo similar a una técnica de ocultamiento de presencia de los ninjas—. Descuida, querida Ino, no te lastimarán, están aquí para inmovilizarte.

—Ah, yo creí que estaban para hacerme compañía —con un movimiento de su mano Ino sacó a Artemis de la manga de su abrigo. Giró el pequeño tubo hasta transformarlo en la letal guadaña—. Ha pasado tiempo desde que he tenido un entrenamiento serio.

Ino notó que eran vampiros comunes del nivel D. Atacaban con fuerza usando sus garras y colmillos, aunque eran más organizados que los de Ciudad Nightray. Artemis fue el instrumento ideal para mantenerlos alejados. Kaien tuvo razón al haberle dado el arma antes, Ino se había acostumbrado a usarla como una extensión de su cuerpo. Sabía que esto era lo que los vampiros habían planeado. Evaluar sus habilidades, compararlas con las de Sakura, para encontrar su debilidad. Ino se movió con gracia, esquivando y atacando cuando debía, haciendo que las cenizas cubrieran el piso.

—Seiren, Ruka —pronunció Kaname hacia sus dos subordinadas. Ellas asintieron y de un salto se presentaron a Ino como sus nuevos contrincantes.

Esta vez la lucha fue más pareja. Los vampiros nobles eran otro nivel en cuanto a combate se refería. Ino tuvo dificultad para escapar de sus ataques, incluso tuvo que usar más chakra del que había calculado.

Seiren había estado observando los movimientos de la kunoichi. Intentando descifrar sus patrones, siendo una tarea muy complicada. Ino parecía haber entrenado de tal manera en la que no se notaran a simple vista, no obstante, tenía puntos ciegos como todos. Seiren lo había descifrado cuando Ino tardaba un segundo más en detener los ataques que iban hacia la parte donde el flequillo le tapaba la mitad de la cara.

—¡Es aquí! —exclamó la noble sorteando el filo de Artemis para acuchillar con sus largas garras ese lugar. Como lo supuso, Ino tardó en hacer atrás su cabeza permitiéndole a las garras cortar parte de cabello y generar un rasguño sobre su mejilla.

Sin cabello que la cubriera, la zona expuesta reveló la falta de un ojo. Había una cicatriz que casi abarcaba la mitad de su cara, como si le hubieran dado un zarpazo.

Ino se quedó quieta por un instante. Kaito lo aprovechó.

Hechizo de Supresión #3: Paralización —invocó Kaito haciendo un arco con el pulgar y los dedos índice y medio de ambas manos.

Fue como si alguien le hubiera suministrado una droga paralizante. Ino no pudo moverse, quedó congelada en una posición que le impidió seguir esgrimiendo a Artemis. Tenía que hacer algo… tenía que liberarse a como diera lugar.

—¡Maravilloso, maravilloso! —aplaudió Ren desde su asiento—. Sé que el plan fue mío, pero debo admitir que sin el apoyo de nuestro estimado cazador y las subordinadas de Lord Kuran, no habría salido tan bien. Ahora, es mi turno de lucirme. Ojalá no lo tomes personal, mi dulce Ino, pero con las cosas que hicieron en cooperación con las Asociación de Cazadores lo mejor es asegurarnos que en verdad no fue con mala intención. No te asustes, no te va a doler.

—Ruka inspeccionará el proceso, Ren —decretó Kaname con seriedad—. No tienes permitido tomar más de lo que se te dio.

—Oh, bueno, supongo que algo es algo —se alzó de hombros, bajando de la tarima para ponerse frente a Ino, que estaba tratando desesperadamente de deshacerse del hechizo de Kaito. Ren colocó sus manos en las sienes de la chica y junto sus frentes, sus ojos estaban rojos por la pequeña línea de sangre que resbalaba de su mejilla—. Bien, déjame ver tu mente.

No había una a la que no pudiera entrar, ningún secreto que no pudiera extraer de cada persona que tenía la desgracia de interesarle. No había creído que Kaname le permitiría hacer esto, pero conocía bien al purasangre, al menos en cuanto a malos hábitos se trataba. Él estaba tan ansioso como Ren por saber la verdad.

—¡Qué magnífico! ¡Qué bello es esto! —exclamó Ren con voz extasiada ante las barreras mentales de Ino, tan bien edificadas que requirieron mucho de su esfuerzo para derribar—. Oh, nos has estado mintiendo, ¿verdad? Es improbable que seas una simple ninja con semejante protección a tu mente. Definitivamente escondes algo.

Ino peleó con lo que tenía, pero el hechizo probó estar interfiriendo con su flujo de chakra. Estaba perdiendo el control. Algunas imágenes difusas de su vida quedaron expuestas ante Ren, nada comprometedor en cuento a secretos de su aldea, pero sí en cuanto su intimidad. Sin nada que lo detuviera Ren vagó por todas partes, deteniéndose poco ante lo que veía debido a su ansiosa curiosidad que le impidió centrarse en una meta y descifrar de una vez la mente de la kunoichi.

—Awww, ¿qué es eso? Esa pequeña memoria tuya escondida en lo recóndito. Luce como un campo de batalla… gritos de agonía, gritos de lucha, gritos por todos lados… ah, mi querida niña, ¿has probado el sabor de la guerra? Uhmm, lo veo… están peleando contra ese hombre, tú y tus camaradas… Qué extraños ojos rojos… Oh, pobre pequeña, tu amigo se atravesó en ese su ataque contra ti… qué pena, murió para protegerte.

Algo en Ino reaccionó con violencia ante los sentimientos de ese recuerdo. No iba a dejar que se burlara de lo que sucedió. A pura fuerza de voluntad, Ino se enfocó en recuperar el manejo de su mente.

—C-Cabrones —masculló peleando contra el hechizo de Kaito. Las venas le saltaban por el esfuerzo y sentía que estaba tratando de zafarse de cadenas invisibles—, ustedes… ustedes… ¡me las van a pagar!

Un estallido de energía produjo la desconcentración de sus captores. Al verse libre Ino hizo una serie rápida de sellos. Tocó el suelo con sus manos.

¡Elemento Tierra: Trampa de Fango! —el piso de mármol se transformó en una superficie lodosa que hundió a Seiren, Ruka, Ren y Kaito hasta las rodillas. Ino permaneció imperturbable, sus pies con chakra la mantuvieron a flote—. ¡Arte Ninja: Transferencia de Mente Grupal!

—¿Qué hiciste? —preguntó Tarura observando la escena con incertidumbre.

—Lo mismo que ellos me hicieron —respondió Ino. Sus manos formaban un sello especial que mantenía la técnica—. Ahora mismo controlo sus mentes y sus cuerpos. Puedo ordenarles hacer lo que quiera y lo harán. Éste es mi poder. Ésta es mi habilidad. ¡Soy Ino del Clan Yamanaka y ustedes ahora van a responder ante mí!

—Insolente —gruñó Tarura poniéndose pie. Sus ojos rojos hicieron que se viera aterradora, pero Ino había enfrentado monstruos más temibles que la vampira—. ¡Mereces que te encierren en una mazmorra junto a los criminales! De no ser por nuestra misericordia tú y tu amiga habrían terminado muertas.

—Tarura —la voz de Kaname sonó fuerte y clara por sobre sus gritos. La mujer se paralizó cuando percibió el aura oscura y poderosa del vampiro más fuerte de todos—. Cállate y siéntate.

—Sí, mi señor —asintió la mujer con sudor frío recorriéndole la frente. Hanabusa la observó desde su lugar, respirando aliviado al ver que Kaname sólo la había mandado a callar.

Kaname se levantó de su lugar y bajó de la tarima, caminando lentamente hasta quedar a unos diez pasos de Ino. Ella notó que él no se hundió en el suelo fangoso y esperó lo peor. Ya conocía la reputación de los vampiros de sangre pura, así que calculó que no sería un oponente cualquiera.

—¿Esto basta para ti, Tengen Saitou? —preguntó Kaname sin voltear hacia el noble—. Ahora que has comprobado que los shinobis tienen más habilidades, tu curiosidad estará satisfecha.

—Así es, Lord Kuran —sonrió Tengen sin rastro de culpa.

—¿De qué están hablando? —exigió Ino sin soltar su técnica.

—Ayer entregaron los resultados de los análisis de sangre —respondió Kaname ya que consideraba que era parcialmente culpable de esto, por haber dado su permiso—. Las pruebas no mostraron nada anormal en cuanto al número de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Tampoco se hallaron rastro de enfermedades hereditarias o complicaciones parecidas. En sí su sangre es común… hasta que decidieron hacer otro tipo de pruebas.

—¿Qué clase de pruebas? —Ino notó que los irises de Kaname se mantenían en su regular tonalidad borgoña. Eso quería decir que el vampiro no estaba tratando de mentirle.

—Extrajeron sangre fresca de un vampiro de nivel C y le agregaron una gota de la que tomamos de Sakura. En segundos notaron un cambio, un aumento de movimiento en las células de la sangre del vampiro. En otras palabras, la sangre de un shinobi fortalece enormemente al vampiro que la bebe.

—Aunque desconocemos qué tanto poder puede darnos ya que no podemos probarla de una fuente directa —comentó Tengen—. Por eso tuvimos que hacer esto. Nosotros también tenemos teorías respecto a ustedes. Simplemente queremos descubrir la verdad.

Ino meditó sus opciones, obligándose a poner sus sentimientos de lado para analizar el inicio y el final. Sabía que les importaba bien poco a quién o qué medios usaran para obtener una respuesta. Tuvo que reconocer que se había confiado, que pensó que ellos se habían tragado sus explicaciones. Un grave error, pero uno del que tenía que aprender. Sí, se había descuidado. Sí, habían conseguido ver el contenido de su mente. Pero también le habían revelado cosas a ella. Si la kunai era alguna clase de prueba, podía ser que otros shinobis hubieran terminado en este mundo mucho tiempo atrás. Shinobis que no pudieron volver debido a la escasez de chakra o que pudieron haber muerto presas de algún vampiro lo suficientemente listo para conseguir beber su sangre.

—Entendido—Ino liberó su técnica. Kaito, Seiren, Ruka y Ren cayeron de rodillas sintiendo el cuerpo hecho mierda. La técnica era perjudicial a un nivel superior, no por nada la usaba para los interrogatorios—. Entonces, ¿cuál es tu veredicto?

—Ustedes no son una amenaza para las personas de nuestro mundo —dijo Kaname viendo discretamente la cicatriz en la cara de Ino—. No puedo pedirte que disculpes nuestro comportamiento. Después de todo, las vidas de los que residen en este mundo son prioridad sobre las de ustedes. Llegados a este punto, y sabiendo lo que su sangre puede generar en nosotros, la mejor opción es…

—¿Encerrarnos en una celda?

—No —respondió de inmediato—. Ya han demostrado que son capaces de crear algo para que su sangre no altere a los vampiros. Me gustaría pensar que, a pesar de todo, aún quieren mejorar las píldoras de sangre. Si los vampiros obtienen un sustituto menos desagradable, aprenderán a controlar mejor su sed. Por supuesto, no necesitas darme una respuesta ahora, Ino. Creo que debes discutirlo con Sakura.

—Oh, créeme que lo haré, le diré todo lo que pasó aquí —prometió mientras recogía a Artemis—. Ustedes han hecho su movimiento. Nos toca a nosotras pensar en lo que vamos a hacer.

—Les daré el tiempo que necesiten —aseguró Kaname. Se atrevió a acercarse más a la chica y puso una mano sobre su hombro—. Por favor, no duden en pedirme lo que necesiten en caso de que su decisión sea… irse.

—Recibir ayuda de alguno de ustedes no es gratuito, Kaname Kuran —espetó Ino mirándola con frialdad, apartando su mano firmemente—. Hemos pagado nuestras deudas. Nos las arreglaremos por nuestra cuenta.

Ino se alejó de ese lugar, yendo por la misma ruta sin soltar a Artemis. Hanabusa le siguió de prisa mientras Senri se quedaba para sacar a Kaito, Seiren y Ruka del lodo.

Hanabusa no tardó en alcanzarla. Ella caminaba lentamente, como si estuviera a punto de caer al piso. Hanabusa quiso decirle que se detuviera, pero no encontró palabras. Él había sabido lo que pasaría, las cosas que Kaname y los miembros del Consejo de Vampiros querían saber para confirmar o descartar sus teorías. No iban a usar métodos regulares. Aun así, Aido se sentía culpable.

—Quiero estar sola, rubio imbécil —advirtió Ino deteniéndose en una parcela del jardín con macetones llenos con cosmos. Ella le estaba dando la espalda—, pero si tu jefe quiere que me vigiles puedes quedarte mientras no digas una sola palabra.

Ella abrió una de sus bolsas y sacó un diminuto cepillo. Empezó a arreglarse el desbaratado flequillo. A Hanabusa nunca se le pasó por la cabeza que ella tuviera una marca así en la cara.

—Sé que no quieres que hable, pero… tu cara… no pude evitar verlo. Desconozco que haya sucedido en esa dichosa guerra en la que Haruno y tú estuvieron, sólo… sólo parece que no es igual a las heridas de ella.

—Tan suspicaz como siempre, vampiro —pronunció ella dejando de cepillarse—. Eres un idiota curioso, ¿lo sabías?

—No tienes por qué insultarme por querer escuchar una parte de tu vida de mierda —lanzó con crueldad, arrepintiéndose después por su falta de empatía—. Diablos, yo no… ¡si quieres contarlo, hazlo! Pero, por amor a Dios, deja de verte tan… tan…

Ino se dio la vuelta. Hanabusa no pudo completar la frase. La orgullosa kunoichi se mostró ante él sin ninguna máscara. El largo cabello rubio estaba hecho un lío. La gabardina gris estaba rota ahí donde Seiren y Ruka consiguieron dañarla, y la odiosa cicatriz afeaba su delicado rostro. Aun con todo eso a Hanabusa Aido se sintió cautivado.

—En la guerra, durante la última batalla, fungí como la única Yamanaka que logró mantener conectados a todos los combatientes de la Alianza Shinobi —relató—. Mi posición era elemental para asegurar el trabajo en conjunto y el enemigo lo sabía. Trató de matarme. Lo habría logrado si uno de mis mejores amigos no se hubiera atravesado para detenerlo. De todos modos el ataque me arrebató el ojo y una buena porción de mi cara, y aun con el inmenso dolor que sentía, continué hasta asegurarme que su muerte no fuera en vano.

Hanabusa había escuchado con anterioridad que ella había perdido a su padre y a un buen amigo. Hasta ahora comprendió por qué los había mencionado entonces. Ellos formaban la base de su determinación para demostrar que había valido la pena que ella sobreviviera y ellos no.

—¿Cómo se llamaban? —preguntó Hanabusa para que supiera que estaba al tanto de ciertos detalles de su vida.

—Inoichi Yamanaka y Chouji Akimichi —no tuvo que señalar quien era quien, era evidente—. ¿Tu curiosidad ha sido saciada? ¿Ahora sí puedes dejarme sola?

Agarrando agallas de quien sabe dónde, Hanabusa dio algunos pasos inciertos hacia ella. Ino era más alta que él, pero no le importó. Él se colocó a su lado, se cruzó de brazos y miró hacia el frente.

—Lamento decirte esto, Ino Yamanaka, pero no voy a dejarte sola. Me quedaré aquí sin decir nada hasta que… ya no luzcas tan triste.

Cuando Ino iba a decir algo fue interrumpida por una diminuta gota que cayó sobre su hombro. Empezó a llover reciamente. Ino no buscó protección en el edificio. Se quedó ahí mirando a la lluvia.

—Haz lo que quieras —le dijo a Hanabusa.

El noble asintió y permaneció callado, sin molestarse cuando la lluvia le empapó la ropa. Guardó silencio como había prometido fingiendo que lo estaba haciendo por deber y que el olor a tristeza que ella desprendía era su imaginación.

[+][+]

—Pobre niña, fue una dura experiencia para ella —comentó Hanabi observando a Ino y a Hanabusa desde la ventana. La lluvia no entorpeció su sentido del olfato. El olor de agua salada era tenue—. ¿Esto estuvo bien, mi rey?

Kaname estaba con los brazos cruzados en el otro extremo de la ventana. Ino había superado sus expectativas, justo como Sakura. Ambas chicas eran impresionantes en ciertas cosas. Haber dejado que Tengen y Ren hicieran lo que les placiera había arrojado buenos resultados como antes y Kaname había podido ampliar su panorama.

—Sí —dijo Kaname sin ningún arrepentimiento—. Ren Touya ha saciado su curiosidad. Pasará las siguientes semanas analizando los recuerdos que vio. En cuanto a Tengen Saitou… hay que mantenerlo vigilado.

—Pienso lo mismo —asintió Hanabi. Senri había conseguido sacar a Kaito y ahora ambos se acercaban a la pareja; Ino se giró bruscamente y le dio un golpe a Takamiya justo en la mandíbula—. Debo admitir que me sorprendió cuando Tengen nos contó sobre su teoría. Después de todo, si otros shinobis hubieran venido antes a este mundo, habrían dejado evidencia… así fuera una simple pista.

Si Hanabi conocía o no lo que guardaba Kaname en su caja fuerte, además de la kunai, no le importaba. Kaname lo había hecho para obligar a Tengen a enfocarse en una parte del misterio. El vampiro noble era tan astuto como Asato Ichijou lo fue en su momento y parecía esconder cierta información relevante sobre el tema.

—¿Oh? Creo que tu subordinada va a ofrecerle disculpas a la chica —dijo Hanabi. En el jardín, Ruka hablaba con Ino en voz baja—. Escuché que su esposo e hijo son muy cercanos a Ino Yamanaka. Supongo que no quiere que haya malentendidos. Curioso, ¿no lo cree? Hace que parezca que nosotros hemos sido los malos.

Una clara provocación. Una jugarreta inútil y sin ningún propósito. La última Hiou carecía de una vena vengativa y actuaba más como humana que como vampiro. A Kaname le provocaba mucha gracia ver a Hanabi y compararla con la primera Hiou de su linaje. No tenían nada en común, salvo la apariencia.

"Suki Hiou habría hecho que las kunoichis se postraran a sus pies", y a pesar de su crueldad Kaname nunca había conocido a ninguna mujer que hubiera amado tan apasionadamente como ella. "Él se ganó su corazón y Suki permaneció junto a él hasta que lo asesinaron… cierto, ahora recuerdo, ellos no murieron debido a la vejez".

—Señorita Hanabi —dijo Kaname abandonando su posición en la ventana—. Agradezco que hayas venido. Espero poder recurrir a su consejo y presencia si es necesario.

—Eso casi sonó sincero, rey Kuran —pronunció la Hiou con docilidad—. No he tenido nada tan interesante que hacer desde hace muchos años, así que no me molesta que me llames. Estoy intrigada por cómo las cosas cambiarán a partir de hoy. Sakura Haruno e Ino Yamanaka pueden ser las bendiciones que nos salven o la maldición que termine por destruirnos.

Kaname no respondió y salió para bajar al jardín. Seiren iba detrás de él en silencio. Él sabía que estaba agotada. Su enfrentamiento con Ino no había sido sencillo, y en circunstancias mejores le habría pedido que descansara, pero no lo hizo. Con un comando breve le ordenó que vigilara a Tengen. Seiren asintió, hizo una reverencia y desapareció por el corredor.

El aroma de la lluvia llegó de golpe a Kaname cuando por fin estuvo en el jardín. Al parecer Ruka había logrado limar asperezas con Ino y ahora charlaban sobre tener otro duelo en circunstancias menos violentas. El agua había conseguido atenuar el efecto de la loción, sólo un poco, lo suficiente para que Kaname percibiera el aroma a cosmos en la piel de Ino.

—Es mejor que regreses a la academia, Ino —opinó Kaname. Ella volvía a tener perfecto control de su expresión, los rastros de su debilidad ya no se veían—. Sakura debe estar preocupada por ti.

—No lo dudo —confirmó la rubia—. Sakura es ese tipo de persona. De todos modos, considerando que estoy entera y conseguí que Ren Touya tenga mis recuerdos absurdos para entretenerse un rato, no me quejaré tanto.

—Justo lo que esperaba de un shinobi especialista en técnicas de la mente —alabó Kuran sin importarle decir lo que ya era evidente—. Creo que debemos dejar de subestimarlas.

—¿Para que terminen matándonos? Ja, mejor sigan así, Kuran —se burló Ino sabiendo que tendría que explicarle a Sakura cómo había terminado revelando un dato tan fundamental. Uff, el día todavía no acababa para ella—. Bien, bien, estoy hambrienta. Espero que volvamos a tiempo para la cena.

—Toma —Senri le dio una cajita con diminutas barras de cereales con trocitos de frutas secas—. Te llenarán de energía.

—Al menos alguien aquí entiende lo que es ser considerado —sonrió Ino dándole una palmadita en el brazo a Shiki y sacando una barrita para darle un mordisco—. Bueno, supongo que esto es una despedida temporal, ¿no es así? Seguramente los veré pronto otra vez.

—Así es, Ino —sonrió Kaname colocando una mano tranquilamente sobre el hombro de la chica. Notó enseguida la mirada penetrante de Kaito y no pudo sino sentirse intrigado por eso. Al fin y al cabo, Kaito participado en la escena y sería extraño que le preocupara la kunoichi en verdad—. Nos vemos.

—Nos vemos —Ino se dirigió hacia la salida sin esperar a los demás.

—Esa mujer maleducada… —masculló Hanabusa con molestia—. Actuando como si fuera dueña del lugar… ¡oye, tú, vuelve aquí! ¡Te estoy diciendo que me esperes!

—Yamanaka sí que lo trae de cabeza —comentó Senri sacando algunos pockys de su bolsillo para mordisquearlos—. Me pregunto cuándo se dará cuenta.

—¿Siendo Hanabusa? —comentó Ruka soltando un suspiro. Se giró hacia Kaname—. ¿Hay algo más que tenga que hacer para usted, mi señor?

—Ha sido todo por hoy, Ruka, puedes volver a tu casa.

La noble le brindó una reverencia y se retiró. Kaname se quedó solo con la mirada perdida en las flores. Tengen y Ren se habían ido ya, sin ocultar sus intenciones de largarse pronto para poder planear sus propios objetivos. Shigure actuaba indiferente, poco le importaba lo que sucedía en realidad. Keito se había llevado a Tarura para tranquilizarla. Keito no estaba comportándose como los otros miembros del consejo, él realmente quería que las chicas volvieran a su hogar para que vivieran en paz.

Kaname no tenía ánimos de ir a su mansión, pero tenía que hacerlo para poner la kunai de regresó en… entonces se dio cuenta que el arma no estaba. En el ajetreo posiblemente alguien la había tomado y llevado consigo. La pregunta era quién sería tan estúpido como para robar un tesoro que claramente le pertenecía a él.

El objeto en sí no tenía hechizos ni secretos que lo convirtieran en un arma peligrosa, pero… pero le había pertenecido a él. Había sido un regalo, una muestra de la confianza cuando él comprobó que Kaname no era un monstruo sin corazón (cuando todavía podía jactarse de tener uno).

"Esto ha pertenecido a mi familia desde generaciones, señor Kaname", le había dicho colocando el kunai en sus manos. Era apenas un chico entrando a la adolescencia, pero sus ojos gris-violetas ya mostraban una madurez desarrollada. "Mi madre me lo dio antes de morir. Me dijo que me traería suerte. Así que quiero dártela a ti. Te hiciste cargo de mí desde pequeño aunque no era tu responsabilidad… sólo quiero mostrarte cuán agradecido estoy de haberte conocido".

Qué curioso le parecía todo. En los años anteriores había estado disfrutando el fruto de sus maquinaciones, olvidándose de un pasado desolador que lo arrebató de su consciencia, y ahora podía recordar con claridad ciertos episodios de esa vida lejana.

—El pequeño cazador y la condesa infame —susurró acordándose que no sólo había sido una persona quien estuviera a su lado en esos momentos. Justo pensó en ellos jugando entre las flores. En él sosteniendo una margarita para intentar ponérsela en el cabello y a ella riéndose cuando el niño no lo lograba.

"No viviremos tanto como usted, señor Kaname", la sonrisa de ella era pequeña y apagada contra soles reales que Kaname había conocido posteriormente, pero había sido una de las más sinceras de todas, "pero los momentos que hemos pasado juntos los aprecio y apreciaré hasta que mi corazón deje de latir. Sé que es arrogante de mi parte, pero no nos olvide, por favor. Nosotros estaremos siempre con usted".

Pero el tiempo no había sido piadoso. Los años, las décadas, los siglos, le habían arrebatado pedazo a pedazo de consciencia a su ser hasta convertirlo en una cáscara que vivía sólo porque no podía morir.

¿Qué pensarían ellos de lo que había terminado siendo Kaname? ¿El pequeño cazador seguiría queriendo ponerle flores en el pelo? ¿La condesa infame continuaría pidiéndole que no los olvidara?

Kaname ya tenía la respuesta.

Miró hacia el cielo lluvioso de esa tarde y luego abandonó el Consejo de Vampiros transformando su cuerpo en cientos de murciélagos.

[+][+]

Kaien miró discretamente el perfil de Sakura contemplando la ventana. Las gotitas resbalaban rápido por el cristal haciendo difícil ver el mundo exterior. Ella estaba sentada en el sofá perdida en sus pensamientos, suspirando de vez en cuando al ver el reloj en la pared.

Sus pensamientos no eran un misterio. Sakura nunca había mentido sobre lo mucho que le importaba su amiga.

—Ten, Sakura, está empezando a hacer un poco de frío —el director le entregó una taza de té humeante. Sakura la agarró dándole las gracias con una pequeña sonrisa. A Kaien ese gesto le pareció hermoso—. Sé que nada de lo que te diga hará que abandones la ventana, pero puedes relajarte un momento. Han sido unos días agitados.

—Debí acompañarla —declaró Sakura jugando con los bordes de su taza—. Ino es fuerte, pero los del consejo no deben estar felices de lo que hemos hecho. Ellos querían monopolizar los exámenes desde el principio.

—Basta, querida —pidió Kaien sentándose frente a ella—. Ustedes han hecho cosas muy buenas para las personas que viven aquí. Gracias a sus creaciones muchas vidas se han salvado, y no sólo hablo de vidas humanas. Los vampiros también están agradecidos. Sé que no puede parecerlo, pero no les agrada ser dominados por sus instintos. Ellos son seres racionales que sólo buscan existir en el mundo. Por eso no menosprecies tus acciones, Sakura. No toleraré que pienses de otra manera.

Un leve rubor pintó los pómulos de la shinobi. En alguien que no dejaba que otros conocieran sus emociones, era todo un suceso. Sakura era cortés con todos, pero no con todos era abierta. Entrenamiento shinobi o el resultado de duras experiencias, Kaien no lo sabía, pero sintió a su corazón latir un poco más rápido de lo usual.

—Hizo que recordara a mi maestro —pronunció Sakura bajando la mirada para observar el té—. Cuando acabo la guerra yo tuve un episodio de depresión. Me sentí tan mal conmigo misma que me cuestioné mucho el por qué seguía con vida. Naruto y Sasuke quisieron ayudarme, pero recuerdo que ni siquiera Sai pudo convencerme de que los dejara entrar. Fueron meses lúgubres donde no tuve mucho contacto con los demás. Creí que lo único que quedaba para mí era esperar la muerte.

La expresión de Kaien no ocultó lo pasmado que estaba por enterarse de esto. Sakura lucía tan fuerte que era difícil de creerlo.

—Verá, Naruto y Sasuke no estaban en condiciones de ayudarme, y yo estaba sorda a las palabras de las personas cercanas a mí como Sai, el capitán Yamato, la maestra Tsunade, Shizune, incluso Ino… yo sólo quería que el dolor terminara. En ese punto todo parecía perdido, pero hubo alguien que no se dio por vencido. Kakashi Hatake, mi maestro, no me abandonó. Él fue la fuerza que me sacó adelante. Recuerdo su voz llamándome en la oscuridad, sus palabras exactas llegaron a mí. "El camino que has recorrido ha sido largo y duro. Has superado prueba tras prueba, lo que requiere coraje y valor. No eres una mujer común, Sakura Haruno, eres una kunoichi excepcional que entrega su corazón en todo lo que hace y no permitiré que pienses de otra forma".

—Tu maestro parece un gran hombre.

—Lo fue —para Kaien no pasó desapercibido eso, así como tampoco el sufrimiento en esos ojos verdes—. Kakashi murió unos meses después de que salí de mi recaída. Fue por una enfermedad extraña en su sistema de conductos de chakra. Se produce cuando un shinobi con una barrera de sangre adquirida, se sobreesfuerza al punto de colapsar. Una barrera de sangre es una habilidad inherente a ciertos clanes. Los miembros tienen cuerpos especializados para soportar dicho poder. Cuando un shinobi roba la barrera de sangre se expone potencialmente al colapso de chakra. Su sistema se vuelve en su contra y mata a la persona desde adentro. No hay cura para eso.

Entonces Kaien entendió a lo que Sakura se refería. No comprendía del todo sus términos, pero sí lo que adquirir habilidades no aptas para un cuerpo podría conllevar. Kakashi Hatake parecía una persona muy importante para ella, y siendo médico, el no poder salvarlo luego de lo que él hizo por ella durante su episodio depresivo… Kaien no podía imaginar el dolor por el que Sakura había pasado.

—En verdad, me disculpo por hablar de estas cosas penosas con usted, director. Espero no ser una molestia —dijo ella tras un largo silencio. En su mente todavía podía verse a sí misma tratando de hallar la solución a esa enfermedad, ¿pero cómo ayudar a alguien a través del chakra cuando era eso lo que lo estaba matando? Sakura no pudo hacer nada, a pesar de todos sus esfuerzos.

—¡Oh, claro que no lo eres! Nunca lo serías. Me alegra que puedas confiar en mí para contarme algo tan íntimo. No puedo imaginar lo que estás sintiendo ahora y me frustra un poco no poder ayudarte, pero yo en verdad agradezco que tu maestro te haya hecho ver lo valiosa que eres. No le fallaste de ninguna manera. Posiblemente él haya estado satisfecho al ver que no te rendiste.

—¿En serio lo cree? —era la primera vez que ella se mostraba tan insegura ante él.

—Así es —asintió Kaien tomándola por los hombros—. Lo diré una y mil veces más si es necesario. Eres una chica excepcional, Sakura, y una kunoichi valiosa. Mereces ser feliz y disfrutar tu vida, amar y ser amada por todos lo que te rodean. Entiendo que tienes que volver a donde perteneces… pero quiero que sepas que conocerte me ha hecho muy feliz.

Kaien estaba consciente que ella no esperaba una declaración como ésa. Lo supo por la sorpresa reflejada en su rostro. Qué mujer más encantadora. Qué afortunado habría sido de conocerla en otras circunstancias. En un mundo idóneo donde ella hubiera nacido aquí.

Tal parecía que este tipo de amor siempre estaría fuera del alcance de Kaien.

—Me recuerdas a alguien, Sakura —fue el turno de Cross de contar su historia—. Ella era una buena amiga mía y además era la madre de Kaname y Yûki.

—¿Madre de Kaname y la señorita Yûki? ¿Ellos no están casados?

Ops, Kaien había obviado explicar ciertos detalles. Bueno, esperaba que Sakura tuviera la mente muy abierta para lo que tenía que decir.

—Kaname y Yûki son hermanos. En la cultura de los vampiros es natural que los de sangre pura se unan entre ellos para, precisamente, mantener el linaje puro. De hecho, sus padres también eran hermanos.

—¡Oh! —pronunció Sakura verdaderamente sorprendida. ¡Con razón pensó que eran tan parecidos! Bien, no iba a juzgarlos por eso—. Está bien, director Cross. Cuando hablé con Lady Tsunade sobre mi mizuage me enseñó cosas que creyó pertinentes, entre ellas las relaciones endogámicas.

Como las que los Hyûga, los Uchiha y un montón de clanes más practicaron durante largos años. Aprender sobre incesto no sólo se refería al hecho, sino a lo que implicaba ese hecho en la historia.

—¿Mi-Mizuage? —repitió Kaien sin creer lo que escuchaba.

—Soy una kunoichi de Konoha, Kaien —Sakura terminó de beberse el té y colocó la taza en el marco de la ventana—. Hay misiones que requerirán del manejo de cierto tipo de conocimiento. No es extraño que las kunoichis sean seleccionadas para infiltrarse en las bases enemigas con el papel de prostitutas. Hubiera querido que el maestro Kakashi fuera mi danna, pero ya no fue posible. El capitán Yamato se ofreció, pero me aconsejó que acudiera con Sai, o incluso con Neji.

—Pero… pero él era tu maestro…

—De hecho por eso es más recomendable —continuó Sakura. Qué curioso que Cross aceptara fácilmente el incesto entre hermanos, pero no que un maestro pudiera ser el danna de su estudiante—. Como sea, no es algo obligatorio. Es meramente un paso más en el desarrollo de una kunoichi. Aunque ha habido algunos casos en los que las estudiantes se enamoran de sus maestros.

—Sakura —lloriqueó Kaien. Por alguna razón Kakashi había dejado de parecerle honorable.

Sakura se rió de Kaien. En serio, parecía que al hombre le daría un sincope.

—Tranquilízate, idiota —comentó Zero apareciendo en la sala. Había despertado de su siesta y no le apetecía soportar los lloriqueos de Kaien luego del sueño tan extraño que había tenido—. Haces mucho ruido por algo que no te compete elegir.

—¡Eso fue un comentario muy cruel, Zero! Yo sólo me preocupo por el bienestar de Sakura.

—Descuide, director Cross, soy capaz de elegir lo que es bueno para mí —espetó Sakura, sin malicia.

—Oww, ¿tú también, Sakura? No puedo creerlo. Perdón si sueno anticuado, pero no creo que las mujeres deban pasar por esta experiencia.

—Un mizuage no es una violación —se apresuró a aclarar—. Las kunoichis son libres de escoger si quieren hacerlo, pueden elegir quien es su danna y detener el proceso si no se sienten preparadas. No creo que pueda lograr que esto se vea bien ante la moral de todos, pero no es un acto reprobable. Los hombres también pasan por un proceso similar, aunque creo que en su caso es tan básico que ofende. La educación sexual es un tema que compete a todos, después de todo.

—Kaien es un cabeza dura de antaño, Haruno, no va aceptar lo que dices fácilmente.

—Bueno, eso ya es su problema —se encogió de hombros—. No puedo obligarlo a pensar como yo, así como él no puede obligarme a pensar como él, pero si quiere discutirlo, estoy abierta al dialogo.

—Hazlo cuando Yamanaka esté aquí —Zero se pasó una mano por el cabello—. Quiero ver como lo destroza.

—Eres un sádico, Kiryû —comentó Sakura sonriendo.

Kaien se rindió al no tener apoyo y procedió a tomar la taza de Sakura para llevarla al lavabo. Zero se dejó caer en el asiento vacío, sin importarle lucir despatarrado. Había dormido toda la tarde, pero había sido… extraño. Había dejado de soñar hace años, precisamente cuando perdió a Sayori, pero hoy el sueño había vuelto y no había sido consolador.

Había estado en medio de un campo de pastizales verdes que le llegaban hasta la cadera. El viento soplaba quedamente y el aire olía a madera y canela. El cielo azul resplandecía con algunas nubes juguetonas y esponjosas. Se había sentido tan tranquilo. No quería moverse de ahí. Pero alguien le había tomado de la mano y le jalaba para que caminara. Él se rehusaba a irse. ¿Por qué tenía que hacerlo? No había nada de malo en ese lugar. Entonces todo había cambiado abruptamente. Lo soltaron y la tierra se marchitó y el cielo se tiñó de rojo. La suave fragancia en el aire se volvió un fuerte hedor a sangre y ceniza.

Y antes de despertar Zero juró que había visto los ojos de Sayori viéndole con esperanza.

No entendía qué podía significar esas simbolizaciones y por qué después de tanto tiempo ella aparecía en sus sueños para mirarle de esa manera.

—¡Ya volvieron! —saltó Sakura parándose del sofá para salir por la puerta.

Zero se asomó de la ventana. Ino, Hanabusa, Senri y Kaito habían regresado. No pudo detectar el olor de heridas o golpes graves en sus cuerpos, por lo que supuso que todo había salido bien. Sakura corrió a abrazar a Ino. La rubia se veía de mal humor, pero se suavizó al ver a Sakura.

—Estás sonriendo, parece que nos salvamos de tu terrible furia —escuchó que Kaito comentaba.

—Una vez que le cuente lo que hiciste, cazador, enfrentarás la aterradora furia de dos kunoichis —replicó Ino.

—Parece que el joven Kaito lo volvió a hacer —suspiró Kaien quien se había colocado al lado de Zero.

—No esperaba otra cosa de él —dijo Zero sabiendo lo manipulador que su compañero de armas podía ser. Kaito podía fingir que se preocupaba por las kunoichis, pero lo cierto era que había estado buscando la oportunidad de usarlas para cumplir sus propios objetivos—. Déjale ser, Kaien, suele salirse con la suya, pero con Haruno y Yamanaka no creo que eso sea posible.

Y para confirmarlo, Sakura le dio un puñetazo a Kaito que lo envió volando hacia una pared.

—Mi día acaba de mejorar —comentó Zero mientras Kaien salía apresuradamente para evitar que esas dos mataran a Kaito.

[+][+]

Unas semanas después, la fórmula para las nuevas píldoras de sangre fue aprobada por un grupo de especialistas, vampiros obviamente, y pronto se les daría a los primeros sujetos de prueba. Esto les trajo más reconocimiento a las chicas. Sus nombres se estamparon en bandeja de plata, alcanzado niveles globales. Lo que trajo consigo cientos de propuestas de empleos. Sakura aceptó un puesto de cirujana en los hospitales. Ino prometió ayudar a la policía local a atrapar a fugitivos peligrosos.

—Muy bien, Senri, lo estás haciendo perfectamente —comentó Sakura colocando su mano en la espalda del vampiro, verificando que realizara correctamente las maniobras del RCP. Su mano en ese lugar era intencional. Uno debía estar concentrada en las señales corporales de la infortunada víctima de un paro cardiaco, si se distraía podía ser mortal—. Es muy importante que se mantenga la circulación y la respiración hasta que llegue la ayuda médica capacitada. Si el flujo de sangre se detiene puede haber daños permanentes en los órganos y el cerebro, o en el peor de los casos, la muerte.

Senri se había apuntado a las clases de Sakura y a las de Ino. Le aburría sólo quedarse comiendo dulces al vigilarlas, así que había enviado al diablo todo y decidido que no le mataría aprender algo nuevo. Takuma había estado sorprendido, y al pendiente de que no se metiera en problemas, aunque en realidad Senri estaba relajado y contento en las clases ya que sonreía con más frecuencia.

No era nada sorprendente. Sakura e Ino eran muy agradables, a pesar de mantener cierto límite entre los demás y ellas; eran tenaces y directas, muchos de sus estudiantes aprendieron a la mala a no tratar de pasarse de listos con ellas. Pero se notaba su dedicación y su autenticidad y belleza.

—La próxima clase haremos un repaso sobre lo que hemos visto hasta ahora —indicó Sakura cuando el tiempo terminó—. Habrá un examen después de eso, por lo que deben estar preparados. Si los resultados son óptimos consideraré programar una visita al Hospital General Nightray. Ver a los profesionales en acción y acercarse al campo laboral les permitirá decidir si desean estudiar para convertirse en médicos o si sólo desean quedarse con los conocimientos básicos aprendidos en esta clase.

Sakura les había contado a Takuma y Senri que uno de sus propósitos era asegurarse que hubiera médicos capaces para cubrir cualquier emergencia. Ino les aclaró que en Konoha, Sakura tenía la misma meta y estaba a punto de conseguir que abrieran la especialidad para que más ninjas estuvieran dispuestos a convertirse en médicos. Si cada equipo de shinobis tenía al menos uno especializado en ninjutsu médico, no habría tantas bajas por muertes.

—Buen trabajo, Sakura —le dijo Takuma cuando ella se desembarazó de un grupo de estudiantes que habían tenido dudas. Ella se veía hermosa en su conjunto de camisa blanca y falda de corte A hasta la cintura, se había puesto medias negras y zapatos de tacón para dar una imagen seria—. Consideraré seriamente inscribirme a estas clases. Tus alumnos te adoran porque eres una excelente maestra.

Un modesto sonrojo apareció en sus mejillas. Sakura era más susceptible a los elogios conforme los días transcurrían. Sin embargo había notado las intenciones de los demás. No era despistada. La intensidad en los ojos que la miraban, las expresiones, los gestos corporales, demandaban un grado alto de intimidad que nunca antes había experimentado con otros que no fueran Naruto y Sasuke.

—Has presenciado cada clase en la que Senri ha estado. Podría pedirle al director Cross que haga una excepción contigo y me permita darte una constancia —ofreció Sakura intentando ignorar la mirada de Ichijou—. No has participado en las prácticas, pero sé que lo harías tan bien como Senri.

—Es una idea pragmática, pero acortaría mi tiempo contigo y es algo que no estoy dispuesto a aceptar.

Era esto lo que Sakura quería evitar. Estas situaciones. La atención que le daban no era desagradable, pero no podía actuar deliberadamente o corresponder cualquier sentimiento que sintieran hacia ella. No era justo para ninguna parte.

—Ten, Sakura, para ti —por suerte Senri eligió ese momento para darle su dotación de dulces diaria. Sakura tenía una reserva de todo tipo de golosinas y bocadillos gracias él, pues Senri le regalaba algo siempre que venía (y él y Takuma venían casi a diario). Esta vez era una bolsita con galletas de jengibre en forma de animalitos.

—Gracias, Senri, me gustan mucho estas galletas —Sakura sabía que Senri no dejaría de mirarla hasta que se comiera una, así que abrió la bolsa y escogió la que parecía un pequeño zorro corriendo—. Me comeré a Kurama.

—¿A quién?

—Oh, es el nombre de un personaje de cuentos sobre legendarias bestias con colas —respondió sonando casual. Los vampiros purasangres de este mundo eran criaturas misteriosas y poderosas, pero Sakura sabía que no eran nada en comparación con los bijuus. Si Sakura e Ino habían despertado la avaricia de los demás, ¿qué llegarían a hacer si descubrían la existencia de criaturas tan poderosas y enormes? Era claro que sería un escenario improbable, pero temía al número de inocentes que sacrificarían para siquiera tener un poco del chakra de ellos—. Son cuentos con moraleja, saben, cada bestia con colas representa una enseñanza distinta. Los padres en Konoha se los enseñan a sus hijos para educarlos.

—Me gustaría escuchar la historia de Kurama —dijo Senri mientras caminaban hacia la salida.

Sakura lo complació. Era fácil crear mentiras con un poco de verdad en ellas. La historia de Kurama fue la de una bestia consumida por el odio y el rencor, que buscaba destruir a todos y a todo a su alrededor. Pero cuando un muchacho valiente y de buen corazón hizo lo que fuera posible para convertirse en su amigo, Kurama expulsó la oscuridad en su alma y ya nunca dejó solo a ese muchacho.

Senri prestaba atención a cada una de sus palabras. El tiempo de su guardia no le parecía suficiente, Senri quería estar con ella tanto como se pudiera. Quería ganarse su atención, provocarle las más honestas sonrisas, ser su amigo y confidente.

—Buenas tardes, Sakura —saludó Chiasa quien iba junto a Isamu. Ambas llevaban desarreglado sus chaquetas, lo que le indicó a Sakura que recién habían vuelto de su entrenamiento.

Chiasa e Isamu estaban a punto de presentar la prueba que las acreditaran como miembros en función de la asociación, por lo que faltaban varias veces a sus clases en la academia. Según le habían explicado, era un asunto muy serio porque debían demostrar todas sus cualidades, sobre todo Chiasa cuya sangre no contenía ni un gramo de sangre de cazador.

—¡Saku, te extrañé! —gritó Isamu dándole un fuerte abrazo—. Necesito que salgamos a pasear un rato o me volveré loca con todo lo que nos están poniendo hacer. Maldición, no tendríamos que esforzarnos tanto si los vampiros fueran más fáciles de aniquilar.

—Isamu —dijo Ueda sin poder creer que su amiga hablara tan libremente frente a los subordinados del mismo rey de los vampiros—. Por favor, disculpen el comentario de mi compañera. Ella está cansada y la poca energía que le queda no la usa en el cerebro.

—¡Oye, Chi, eso fue innecesariamente cruel!

—Te lo mereces por abrir la boca a lo tonto —se acomodó las gafas—. Por eso casi te metes en problemas con Ino. No fue una idea brillante burlarse de lo que hizo Kaito.

Ino había actuado condescendiente con Kaito desde la audiencia. No era que le hubiera molestado que usaran un hechizo de restricción en ella (de hecho, le había servido para saber que la magia de los cazadores podía dañarlas), sino que Kaito había puesto en riesgo la misión y eso jamás lo perdonaría.

—A Ino no le dura mucho el resentimiento, Isamu, no te preocupes —dijo Sakura sabiendo que no era cierto—, pero trata de no mencionar lo que pasó frente a ella, ¿de acuerdo?

Okay —aceptó Tachibana viendo la bolsa de galletas—. Oh, ¿me das una? Son mis favoritas. Las venden en la ciudad, pero abrirán la tienda dos semanas antes del Baile de Verano.

—¿Baile de Verano? —Sakura le tendió la bolsa ofreciéndole a todos mientras retomaban el camino para encontrarse con Ino. Ella no solía comer muchos dulces, pero considerando que no había fuente alguna de la que reponer su chakra debía extraerlo de las calorías extras. Sakura e Ino habían tenido que subir cinco kilos cada una para tener una reserva. Ellas no poseían el cuerpo especializado de los Akimichi, así que tuvieron que conformarse con una aplicación parcial del principio de su técnica.

—Es una reunión anual donde asisten vampiros, cazadores y humanos de los clanes más conocidos para llevarse bien —respondió Chiasa—. Había sido cancelado hace cinco años por un incidente que ocurrió entre un vampiro y la esposa de un cazador, pero han decidido retomarlo para intentarlo de nuevo.

—¿Es eso cierto?

—Así es, Sakura —respondió Takuma—. Es un evento formal que se llevará a cabo dentro de un mes. Kaname me pidió que no te lo dijera hasta confirmar la lista de invitados, pero ahora que te lo han dicho supongo que ya no tiene importancia.

—¿Por qué Kaname te pidió eso? ¿Asistirán personas que no debo conocer?

—Bueno, todavía hay quienes quieren beber tu sangre. No puede arriesgarse a que suceda un percance porque Yûki también asistirá, así que Yagari y él se tomaron el tiempo de revisar la lista de invitados. Él no quiere que… alguien las use para sus propios intereses. Sé que con capaces de lidiar con eso, pero…

—Lo entiendo, Takuma, no quiere involucrar a terceros. Le contaré sobre esto a Ino. A ella le gustan los bailes, pero dudo que disfrute uno donde habrá restricciones.

Como Sakura había predicho Ino no estuvo nada contenta y se quejó durante todo el tiempo que vigilaron a la clase nocturna. Ya era común que los amigos de Kaname sobrepasaran sus horas de guardia, por lo que Senri y Takuma solían quedarse más tiempo (para la molestia de Zero).

Ahora estaban en el lago de la academia. Ino arrojando piedras, Isamu y Chiasa dándole municiones ,y Sakura estaba sentada en medio de Senri y Takuma en la base de un árbol.

—Es como si estuviera acribillando el agua —comentó Senri entretenido por lo agiles y precisos que eran los dedos de Ino al arrojar las piedras que caían en el mismo lugar—. Oye, Sakura, quiero preguntarte algo desde hace rato.

—Dime, Senri.

—¿Estás enferma?

Sakura parpadeó, confundida por la pregunta. Su estado había mejorado con estos meses tranquilos y sus heridas ya no dolían tanto. Sus signos vitales eran estables.

—No, estoy bien, ¿por qué lo dices?

Fue el turno de Shiki de parpadear. Tal vez había sido su imaginación, pero no le parecía que Sakura estuviera recuperando vitalidad, más bien era como si estuviera agotándose.

—¿Oíste eso, frente de marquesina? —preguntó Ino llamando la atención de Sakura—. Tachibana dijo que podríamos llevar pareja, para alegrarme. Parece que no ha aprendido nada desde que abrió su bocota aquella vez.

—¿Eh, por qué? Creí que te gustaría saber que puedes asistir con una cita. ¿A menos que quieras ir sola?

—No es eso, Isamu —intervino Sakura levantándose para evitar una discusión innecesaria—. Ino y yo no estamos en la posición de aceptar la invitación de cualquier persona. Si vamos al baile, por ejemplo, acompañadas por Zero y Kaito creerán que estamos apoyando a los cazadores y viceversa. Así que tendremos que asistir sin compañía.

—Ooooh, ya comprendo. Ustedes son muy responsables.

—Sólo usan el sentido común, Isamu, algo que tú también deberías hacer —comentó Chiasa.

—Eres una perra cruel, Chi. Se te infló el ego desde que Sakura e Ino nos ayudaron a entrenar y… espera, no debí decirlo en voz alta. Mierda, ya metí la pata.

—Despreocúpate, señorita Tachibana, no se lo diremos a nadie —aseguró Takuma con amabilidad—, aunque a cambio pediré que no seas tan dura con nosotros si por equivocación nos cruzamos en el campo de batalla.

—Hecho —levantó un pulgar. Era sorprendente la naturalidad con la que aceptaban que algún día pelearían—. Uhm, lamento haberlo arruinado, Saku, Ino, es sólo que… bueno, ustedes han logrado que la convivencia entre vampiros y humanos sea más notable, pero creo que hay cosas que nunca cambiarán.

—Ciertamente —aceptó Ichijou sin vergüenza. Respiró profundo pensando en la cantidad considerable de vampiros que harían lo que fuera por conseguir más poder—. Hay vampiros con Tengen Saitou que no dudarían en sacar provecho de lo que sea para lograr sus metas.

—¿Ese anciano? —masculló Ino con desagrado—. No me dio una buena impresión con su carácter de mierda. Akatsuki me ha dicho que ha insistido mucho en venir a la academia a vernos, usando a sus nietos como excusa.

—Tengen es un tipo muy inteligente. Ha sobrevivido no a pocas batallas. Cuando el antiguo Consejo cayó supo sacar a su familia adelante. Mi abuelo había querido que me uniera a su familia, pero Tengen comprometió a su única hija con otro vampiro… gracias a Dios. Oh, creo que fue cuando tu familia rechazó su propuesta, ¿no es así, Senri?

—Supongo que ante la negativa de Kaname, la mejor opción era su familiar más cercano —Shiki se encogió de hombros, aparentando indiferencia. Pero en sus ojos Sakura pudo notar cuanto le irritaba este hecho.

—¿Eres pariente de Kuran? —preguntó Ino.

—Somos primos.

—¿Y estás casado con tu hermana como él? ¿O es cosa de purasangres nada más?

—¡Ino! —reprochó Sakura.

—No me molesta, Sakura, es un hecho —de nuevo le restó importancia—. Pero si se atreve a decirlo frente a Kaname posiblemente pueda dejar pasar su comentario.

—Niño, ¿quieres apostar?

—Soy mayor que tú, y sí, quiero apostar. Si lo haces te regalaré ropa de mi boutique. Si no lo haces tendrás que invitar a bailar a Kaito Takamiya frente a todos, en voz alta.

—Tiene que ser ropa increíble para tener que bailar con ese imbécil… espera, ¿boutique?

—Abrí una en colaboración con mi amiga y socia Rima —confesó—. El edificio donde se encuentra está cerca del muelle, por eso no estuvo tan afectado por la batalla en Nightray. Desde hace una semana estamos laborando y nos ha ido bien… si desean pueden ir para ver la línea de vestidos de gala que sacaremos para el Baile de Verano.

—Eso suena maravilloso, Senri —dijo Sakura que conocía lo indiferente que el vampiro podía ser con las responsabilidades. Así que le alegraba que hubiera hallado algo a lo que dedicar su tiempo—. Me encantaría ver la tienda.

—Mmm, tienes estilo al vestir —meditó Ino dándole un vistazo apreciativo—. Supongo que eso no va a matarnos. Además quiero ver lo que hicieron sus constructores con las sugerencias que les di para mejorar la seguridad de sus edificios. ¿Cuándo iremos?

Takuma y Senri ni preguntaron si pedirían el permiso de Kaien, o de Toga y Kaname. Desde que ellas hicieron tantas aportaciones a este mundo, sus deseos eran ley.

—En tres días —respondió Shiki verificando el calendario. Libertad o no, lo mejor era confirmar la seguridad para las kunoichis.

—Bien, eso sí me subió el ánimo —dijo Ino lanzando las últimas piedras creando un espectacular efecto con las ondas.

—Invitaré a Seth y a Nagi, si no les importa —comentó Sakura—. También me gustaría que Isamu y Chiasa vinieran.

—Por mí no hay problema, aunque posiblemente Kiryû no esté feliz.

—La felicidad de Kiryû no es mi responsabilidad —replicó Sakura sabiendo la enemistad entre el purasangre y el cazador—, si quiere amargarse el día es su decisión. Seth y Nagi no han sido más que personas gentiles con nosotras. No voy a dejarlos de lado por rencillas personales.

—Oh, va a estar buena la pelea entonces —añadió Isamu expresando lo que todos pensaban—. Bueno, espero que sea después de ver los vestidos. Odiaría que su pelea de gatas lo arruinara.

Sakura creyó que estaba siendo demasiado optimista cuando nadie contradijo a Isamu. Zero y Seth estaban en constante disputa, aunque fuera por asuntos que le parecían infantiles. Probablemente podría pedirle a Nagi y a Tori que la ayudaran a mantener a Seth al margen… lo cual sería improbable. Seth nunca hacia caso a Nagi y Tori nunca haría nada contra los deseos de Seth. Además Tori había estado vigilándola las últimas semanas. Su intuición shinobi había detectado la presencia de Tori en momentos en los que no debía estar, pero no había dicho nada al respecto. Los vampiros parecían tener ciertas tendencias extrañas para ojos ajenos y normales en su naturaleza.

Justo como ahora. Sakura sentía la presencia de Tori en la torre alta, observándolos de lejos como un búho a su presa.

Tori Saitou ocultó su cuerpo en una de las columnas de la torre. Sabía que las kunoichis la detectarían, pero su abuelo le había pedido informes regulares de las actividades que realizaban. Así que eso es lo que había hecho, siempre procurando obviar la información relacionada con Seth y Nagi. Tori nunca los traicionaría.

—No deberías jugar una partida tan peligrosa como ésta, querida hermanita —comentó Tohru recargado del otro lado de la columna, sin interesarle si estaba a la vista—. Hay jugadores más fuertes y experimentados que tú detrás de esas chiquillas. Perderás.

—Sigue siendo mi decisión, hermano —enfatizó Tori inexpresiva—. El Clan Saitou, sin importar lo que pase, siempre tendrá su lugar asegurado, ¿no es así?

—Oh, no quieras involucrarme en este lío. Los juegos de los demás nunca han sido de mi interés. Sé que te has pasado la mayor parte de tu vida con Seth y Nagisa, pero no quiero que creas que no me preocupo por ti.

—Tú nunca te has preocupado por nada. Todos te gustan, pero nadie te importa realmente.

La sonrisa de Tohru mostró sus afilados colmillos, sin pena.

—Bueno, sí, pero soy tu hermano mayor. Así que medita un poco sobre el consejo que te di. Ver que perderás de manera lamentable no será mínimamente divertido. O quizás sí.

—Tu consejo no es necesario —repuso Tori con frialdad—. Déjame sola.

—Bien, si eso es lo que quieres.

Tohru avanzó hasta el filo del suelo, donde saltó sin temer la altura. Para él lo que su abuelo y hermana estaban haciendo era una estupidez. Él también era ambicioso, pero no estúpido como para creer que ganaría esta partida.

—Qué hermosa está la luna hoy —dijo cuando tocó el suelo sin hacer ruido. La luna estaba casi en cuarto creciente y estaría llena para el baile de verano si sus cálculos no estaban equivocados.

No le interesaba jugar, pero se entretendría contemplando a las piezas caer, una a una, peleando por un falso premio hasta que no quedara ninguna.

[+][+]

¡Fin del capítulo! Kakashi es un buen ninja, pero no fue el mejor maestro para Sakura. Realmente a Kishimoto no se le ocurrió nada que Kakashi pudiera enseñarle. Lo que me gustó de Sakura fue que tomó las riendas de su camino ninja, consciente de lo que tendría que hacer para volverse fuerte y buscó a su propio maestro.

Por eso personajes como Sakura, Lee y Tenten son mis favoritos (aunque no hay mucho qué decir de los últimos dos. Chale). Lo lamentable es que el autor no haya querido arriesgarse a desarrollarlos. Pero ni modo.

La frase que Ino le dice a Himawari pertenece a Grey's Anatomy dicha por Callie Torres: "You didn't love her, you just didn't want to be alone or maybe, maybe she was good for your ego or-or maybe she made you feel better about your miserable life, but you didn't love her because you don't destroy the person that you love!".

Una aclaración sobre la línea del tiempo para lo que sucedió con Sakura durante los cinco años después de la guerra: Fue herida gravemente y tardó en recuperarse físicamente. Cuando fue dada de alta, experimentó un cuadro depresivo que hizo que volviera a ser ingresada. Kakashi la ayudó a "salir adelante". Kakashi muere unos meses después debido a su enfermedad. Sakura se muda con Naruto y Sasuke para evitar recaer y pide a Tsunade que la integre a ANBU (Sakura teniendo 18 años en ese entonces). Dura solamente un año ahí cuando Naruto es nombrado Hokage, pero conserva su rango jounnin a pesar de que sus heridas están deteriorando su cuerpo. Como verán no la ha tenido fácil.

Ahora sé que me preguntarán por qué en mi AU, Kakashi y Chouji están muertos. Para mí las muertes de los personajes son para causar impacto, para marcar un punto donde las cosas ya no son las mismas. Por eso para mí que no muriera nadie de los Once de Konoha, salvo Neji, sí fue anticlimático.

Ino mostró un chingo de veces que era una de las kunoichis a las que Madara y Obito debían cargarse, pero la dejaron así como así. Así que yo pensé en esto y me dije: Uhmm, Obito cargándosela para evitar que vuelva a usar sus molestas técnicas en él otra vez y Chouji protegiéndola porque es su amiga y porque sabe que Ino salvo un montón de vidas gracias a sus intervenciones, suena bien pinche interesante.

Para mí habría sido dramático. Pero los Uchiha son cabrones arrogantes que menosprecian a todo, y obviamente Kishi no pondrían en apuro a sus nenes favoritos.

De todos modos, Ino mi mujer *inserte corazones muy lésbicos aquí*

Nos leemos en el siguiente capítulo.