¡Ohayo, minna-san! He visto pequeñas partes del anime de Boruto (el manga no lo toco porque los dibujos de Ikemoto no me gustan) y los únicos personajes que han llegado a gustarme son Kawaki (por su relación paternal con Naruto) y Mitsuki (aunque sea simp de Boruto). No tengo mucho qué decir al respecto, ya que me mantengo alejada de animes que no me atraen en general, sólo que parece que la historia está poniéndose psicodélica y yo quiero de las drogas que se están metiendo porque se ve que están bien fuertes.

Y sólo puedo agregar que yo quiero la vida de Orochimaru. Causar desmadre, salirme con la mía, tener un bello hijo de probeta y envejecer bien chingón. Es que se puso bien hermoso ese viejo sabroso (y me daba harto asco antes).


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Noche VIII

Punto de Quiebre

"Enamorar es sentirse encantado por algo, y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección".

—José Ortega y Gasset.

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—¿Ésta es la boutique? —preguntó Sakura boquiabierta.

Era un edificio de diez pisos con paredes de cristal que dejaban ver los modelos más modernos de ropa y accesorios en múltiples maniquíes. Zero tuvo que admitir que también estaba impresionado. No había esperado algo tan grande de parte de Shiki, pero si estaba trabajando junto a Rima habría sido ella la que ideó este edificio.

—Creí que sería pequeña. En Konoha no hay nada como esto.

—Y debería —dijo Ino. Era la primera vez que dejaba de lado su máscara de frialdad y mostraba lo entusiasmada que se sentía—. ¡No me importa lo que tenga que hacer, voy a llevarme a casa la ropa que compre hoy! Qué bueno que no calculamos un presupuesto, me llevaré bastantes cosas.

—Espera, sí lo calculamos.

Sakura fue ignorada. Ino entró brillando de la emoción. El recibidor era amplio con grandes fotografías de modelos posando. Había una gran cantidad de personas, muchas de ellas la reconocieron y las miraban con sorpresa, como si fuera inesperado verlas ahí.

—Voy a ganar esa apuesta a como dé lugar —aseguró Ino con los ojitos llenos de brillante alegría—. Esto es un sueño hecho realidad.

—No creí que fueran del tipo de chica que se entusiasman con la ropa y esas cosas femeninas —comentó Kaito.

Ino le miró con seriedad.

—Nos gusta vestir bien al igual que nos gusta ser fuertes.

—¡Así se habla, señorita shinobi! —alabó Seth abrazándola por los hombros, sonriendo ante la mirada pétrea de Kaito. Al purasangre le importaba bien poco lo que él pensara, después de todo, la única razón por la que estaba aquí era para divertirse con sus amigos—. No perdamos el tiempo en discusiones. Hay mucho que ver. Señor Ichijou, ¿qué tenemos que hacer? ¡También es mi primera vez viniendo a un sitio como éste!

—Informaré a la recepcionista que hemos llegado. Senri no tardará en venir.

Fue justamente así. Senri llegó al recibidor acompañado de una mujer rubia con el cabello en dos coletas altas. Ella era bajita, pero tenía una belleza inocente que cautivaba. En cuanto Senri la presentó a Sakura no le quedó duda del por qué él había estado enamorado de ella (Shiki le había contado un poco de su pasado).

—Es un gusto conocerlas finalmente —dijo Rima con su dulce voz—. Aunque ya son famosas por mérito propio, prefiero basarme en lo que Senri me ha contado sobre ustedes.

—Lo mismo digo, señorita Rima —pronunció Sakura—. Senri me ha contado mucho sobre ti. Espero que nos llevemos bien.

—Los amigos de Senri son mis amigos. Bien, creo que es momento de empezar. La tienda es enorme como se habrán dado cuenta, pero no es un lío desorganizado. Los primeros pisos están dedicados al Baile del Verano y el resto a otro tipo de ropa. Usualmente los clientes piden un mapa a las recepcionistas, pero nos tendrán a nosotros para guiarlos. Usaremos los ascensores para ir al piso que apartamos para ustedes. Infortunadamente los elevadores tienen límite de peso, por lo que tendré que dividirlos en dos grupos. Uhmmm, ustedes tres, Aido, Nagisa y la señorita Saitou irán en este elevador y los demás tomarán el de lado con Senri.

—No quiero ir en el mismo grupo que esta mujer —dijo Aido mirando con desagrado a Ino.

—Petición denegada —respondió Rima—. El penúltimo piso es donde iremos. Podrán usarlo como les plazca sin temor a interrupciones.

—Así nadie las verá —susurró Senri al oído de Sakura, refiriéndose a las marcas en su cuerpo.

Sakura le sonrió con agradecimiento. El grupo donde iba Ino fue el primero en llegar al penúltimo piso.

La rubia chilló de alegría al ver los vestidos tan hermosos, los aparadores con zapatillas altas y con múltiples accesorios. Rápidamente se acercó a un vestido de seda morada con un profundo escote y una falda que tenía una amplia abertura de costado.

—¡Precioso! —en cuanto a vestidos de gala, Senri y Rima se llevaban entre las patas a las modistas de las Cinco Naciones.

—Tan banal como siempre, mujer escandalosa —comentó Hanabusa. Trataba que su tono no mostrara lo emocionado que se sentía por imaginar la sensual figura de Ino en ese vestido.

—Deja de criticarme mientras me imaginas con esto puesto, rubio imbécil.

Hanabusa boqueó como pez fuera del agua, dispuesto a negarlo, pero Ino no quería pelear con él, al menos no cuando estaba tan contenta por hacer algo distinto de su trabajo.

Rima observó la pequeña interacción. Miró a Aido con diversión, dándose cuenta lo afectado que lo dejaron esas palabras. Desde Sayori Wakaba, Hanabusa no había mostrado interés por otra chica. Supuso que Ino había impactado en su vida de una manera en la que fue imposible ignorarla; Aido estaba acostumbrado a que las personas lo adoraran e idolatraran, no al revés. Buscar era nuevo para él.

Cuando el grupo de Sakura salió del ascensor, Senri y Rima pudieron empezar a trabajar. Habían organizado el piso de tal manera que pudieran ver primero los vestidos y accesorios para después pasar a los vestidores. Los probadores abarcaban un corredor de paredes tapizadas de malva, estaban divididos en secciones y cubiertos con cortinas verdes oscuras. Todos comprarían sus atuendos en la tienda, por lo que hasta Zero y Kaito tuvieron que prestar atención a las explicaciones de Rima y Senri.

—Éste se te vería precioso —dijo Ino mostrándole a Chiasa uno de corte imperio en color dorado. Se notaba lo cómoda que se sentía hablando sobre vestidos y arreglos.

—Es… es un poco caro para mi presupuesto —comentó Chiasa con mortificación. Habitualmente pretendía que no le interesaban estas cosas, pero tras escuchar a Ino decidió que iba a mandar al diablo lo convencional y usar algo que la hiciera sentir hermosa aunque tuviera poco dinero.

—Tonterías, si lo quieres lo tendrás —aseguró Ino—. Va por nuestra cuenta, ¿de acuerdo?

—Pero yo no…

—Acéptalo, Chiasa —intervino Sakura usando un tono más amable—. Tómalo como un regalo de nuestra parte.

—Chicas, ustedes… —murmuró conmovida. Sabía que ellas lo estaban haciendo no por lástima, sino para crear un recuerdo agradable para ella cuando tuvieran que volver a Konoha—. Muchas gracias.

—Puedes agradecerme ayudándome a convencer a Isamu de no combinar amarillo neón con ese carmesí, por favor —pidió Ino.

Chiasa sonrió asegurándole que haría lo posible y fingiendo que no eran lágrimas lo que se asomaba de sus ojos.

—Hay vestidos muy bonitos —Sakura admiró uno hecho para resaltar las curvas en una mujer. Los dos peros eran la espalda demasiado descubierta y el escote pronunciado que no ocultarían sus cicatrices—. Espero que hayan que cubran espalda y pecho.

—Claro que los hay —Rima apareció a su lado, sin tomar las palabras de Sakura como una crítica; había terminado de ayudar a Kaito y Zero y había decidido asistir a Sakura—, están por allá. Sígueme, por favor. Esta temporada no ha sido conservadora como las anteriores. Las chicas son más audaces. Me imagino que debe ser porque no quieren ser opacadas por ustedes.

—Las mujeres aquí son muy hermosas, así que dudo seriamente de lo que has dicho —comentó Sakura siguiéndola a la sección oeste del piso—. Esto es nuevo para nosotras. En Konoha no hay eventos así, a lo mucho algunas celebraciones donde tenemos que usar vestimenta muy formal o vestidos sencillos. No sé qué esperar de este baile.

—Takuma y Senri pueden enseñarles etiqueta y desenvolvimiento social aunque no es la gran cosa —le mostró tres percheros con vestidos como los que Sakura buscaba. La kunoichi se interesó por uno de falda en corte A de color magenta—. Sería mejor que escogieras a Takuma como tu maestro, ya que a Senri no le agradan este tipo de eventos.

Sakura miró con atención a Rima. La vampira agarró un traje blanco con aberturas laterales que se extendían hasta la falda, taparía la espalda y pecho de Sakura, pero dejaría a la vista sus torneadas piernas.

—Cuando era más joven —dijo Rima entregándole ese y otros tres más—, Senri tuvo que enfrentar situaciones incómodas en las fiestas. Él te ha contado algo, ¿no es así? Sobre su madre y parientes.

—Me dicho que es primo de Kaname y la señorita Yûki, y que su madre fue una actriz famosa que falleció hace veinte años.

—Su madre solía decir que era su "dulce niño" cuando era pequeño, entonces lo tomaba por los hombros y lo mordía para beber su sangre hasta dejarlo famélico. Cuando quiso defenderse su familia usó drogas para mantenerlo tranquilo. Durante muchos años no pudo evitar ser dañado, ya que para ellos sólo era una marioneta. Su padre fue un vampiro de sangre pura quien también lo usó para sus propios intereses.

Rima contó brevemente la historia de terror que Senri vivió bajo el control inescrupuloso de Rido Kuran. Con cada palabra el rostro de Sakura revelaba el horror que sentía; ya había notado el velado dolor que ocultaban los ojos de Shiki, pero hasta ahora se enteraba de todo.

—Cuando él asistía a fiestas y bailes le trataban como una fuente gratuita de sangre, recordándole que nunca podría ser libre —continuó Rima—. Por eso dejó de ir… hasta ahora. Creo que algo lo hizo cambiar y creo que tiene que ver contigo.

—Yo… yo nunca obligaría a nadie…

Un dedo delgado se posó en sus labios. Cuando Sakura miró a los ojos azules de Rima no encontró reproche alguno.

—Él nunca hablaría del modo en que habla de ti si fueras esa clase de persona —señaló con sutileza—. Le gustas mucho, Sakura, y aunque no puedo entender la razón (no es que seas inadecuada o algo), lo conozco bien para apoyarlo en esto. Antes de conocerte Senri no había mostrado interés en hacer algo con su vida. El dinero que Kaname le dio como parte de su herencia lo habría mantenido bien por siglos, pero a Senri nunca le interesó acumular riquezas. Cuando vino a mí para discutir este proyecto, no podía creerlo. Cuando vi sus ojos… jamás habían mostrado tanta determinación.

—Lo que estás tratando de decir es que me convertí en su motivación, ¿no es así?, y temes que cuando me vaya vuelva a su estado anterior o algo peor.

—No te estoy pidiendo que te hagas cargo de algo que no es tu responsabilidad, sólo que no lo lastimes.

—No puedo prometer nada, Rima —dijo Sakura—. No soy insensible a sus sentimientos, pero es complicado, ¿sabes? Yo ya… entregué mi corazón. Este amor es irremplazable. Se ha aferrado hasta echar raíces profundas, por lo que no puedo arrancarlo sin perder una parte de mí misma.

Sakura sabía que estaba siendo muy honesta con sus sentimientos frente a una extraña, pero Rima no le habría hablado así si no se preocupara por Shiki. Eso Sakura podía entenderlo muy bien. No estaba segura si Naruto y Sasuke la querían como ella a ellos, pero sí tenía la certeza de sus propios sentimientos, y que haría lo que fuera por ellos.

—Naruto y Sasuke… ¿qué son para ti?

A Sakura ni le sorprendió que Rima supiera sus nombres. A estas alturas le impresionaría más que un vampiro lograra usar chakra a que supieran quienes eran las personas más importantes en su vida.

—Son mi mundo —respondió—. Y… yo estoy tan rota que no sabría acercarme a los demás sin dañarlos. Soy un desastre y no tengo remedio.

—Podrías… podrías darte una oportunidad. Todos merecen una, Sakura. Estás viviendo una condena injusta. Has sido injusta contigo.

—Eres muy considerada, Rima —volvió su atención a los percheros, dando por terminada la conversación abruptamente. No quería hablar de eso con nadie. Escogió uno de seda negra con remolinos y abanicos bordados en el pecho—. Pero no hay nada que pueda hacer.

—Al menos medítalo, ¿quieres? —insistió la joven empresaria.

—Supongo que puedo intentarlo —mintió.

Ninguna se dio cuenta que dos personas habían escuchado su pequeña platica. Tori se mantuvo oculta entre altos maniquíes. Había esperado una discusión que hiciera ver la clase de persona que era Sakura Haruno en realidad, pero lo que había obtenido era un reflejo de su misma situación con Seth; alguien atrapado por la inigualable luz que desprendía otro ser, sin embargo, había algo distinto que yacía en algo que la había hecho sentirse sucia y miserable.

—Mira, Tori, éste combina con tus ojos —Seth apareció a su lado. El purasangre había venido para estar con Sakura, pero jamás (y esto era un hecho que Tori defendería con su vida) olvidaría a sus amigos, así que también estaba ayudándole a ella.

—Me gusta mucho, Seth —le sonrió dirigiéndose a él sin honoríficos al estar en privado—. Me lo probaré enseguida.

La sonrisa de Seth fue brillante, insuperable, era claro que estaba disfrutando mucho de esta salida. El joven purasangre se la habría pasado encerrado en la Academia Cross si no fuera por las kunoichis; ellas habían conseguido que las acompañara, que Seth tuviera la oportunidad de elegir lo que quería vestir. Para Tori era asombroso, pero una pizca de envidia la corroyó por no haber sido ella la que logró esto.

La otra persona que escuchó a Sakura y Roma fue Isamu, que se había escapado del sermón de Ino sobre no mezclar tonos a diestra y siniestra. Sakura sólo dejaba ver lo que quería que vieran y procuraba alejarse cuando creía que alguien cruzaba sus límites. No había creído que ella misma se colocara en una posición desventajosa en una relación que no era nada sana.

"Uno debe perseguir su felicidad, no contentarse con su miseria", recordó las palabras de su madre. ¿Qué era lo que podía hacer para ayudar? ¿Sakura quería ayuda? ¡Ay, este tipo de cosas serían más fácil de resolver para Chi!

—Mejor vuelve con Yamanaka, Tachi —dijo Kaito encontrándola entre los percheros de vestidos con grandes faldas de tul—, se ha puesto morada del coraje. Es muy entretenido, de hecho.

—Ya te dije que no me llames así —hizo un mohín—, y deberías dejar de molestarla. No eres un niño chiquito intentando llamar la atención de la niña que le gusta jalándole el cabello. Si sigues burlándote de ella, terminara barriendo el suelo contigo.

—Qué feo que mi propia prima desconfíe de mis habilidades.

—Oh, para nadie es secreto que ellas son más fuertes de lo que parecen —le golpeó la mano que había tratado de desordenarle el cabello—. Que sean así de humildes nos ha salvado de una aplastante derrota.

—No subestimes a tu gente —comentó Kaito sin disimular lo malhumorado que lo ponía ese hecho—. Como sea, quiero acabar con esto ya. No me gusta tener que soportar a tanto chupasangre en un espacio tan chico.

Cuando escogieron varios modelos pasaron a los vestidores. Senri y Rima dividieron sus esfuerzos para atender las necesidades y dudas de sus clientes.

—Te ves muy profesional con tu cinta de medir y ese alfiletero, Senri —comentó Sakura. Estaban dentro del vestidor y Senri estaba ayudándola a medirse el vestido. Era uno de varias capas. La primera era un corto traje ajustado que llevaba encima una falda de tul oscuro con mangas largas de la misma tela—. Aunque no creo que tengas mucho que hacer por aquí. Ino eligió este, pero no consideró que es demasiado sexy para mi gusto.

—Tu amiga dijo que no confía en tus gustos mojigatos y pasados de moda —dijo Senri observando con ojo crítico lo bien que se veía en este vestido, con ciertos arreglos quedaría espectacular—. Tus piernas lucen fantásticas.

—Lo sé, con eso no tengo ningún problema. El problema es que no cubre lo que debe.

El vestido estaba descubierto de los hombros y por la caída del escote se vería los inicios de sus heridas. A Sakura le habría gustado de no ser por esos detalles y lamentaba que Ino se hubiera desecho de los vestidos que había elegido con Rima.

—Tu amiga me dijo que usaría una técnica ilusoria para que no se vean —mencionó Senri—. Para mí el problema está en la falda. Es muy sencilla.

—¿Tú crees? —echó un vistazo a la tela.

—Veamos qué puedo hacer —se agachó hasta que su cara quedó a la altura de la cadera de Sakura. Sus manos hábiles tomaron la tela para acomodarla hasta formar una hilera de flores que le daban un toque distinto. Encajó alfileres con una gracia que Sakura encontró fascinante—. Tu amiga está esforzándose para que todos se vean bien.

—Ino es así —asintió Sakura con orgullo—. Desde que supimos que Chiasa no podía ir al baile por su estatus de sangre hizo lo posible por incluirla.

—Quien diría que los cazadores serían tan elitistas con eso de la pureza de la sangre. Parece que tenemos eso en común.

—Oh, yo creo que tienen otras similitudes, no tan elitistas. Se llevarían bien una vez que acepten que son una cara distinta de la misma moneda.

—No lo digas frente a Kiryû y Takamiya o intentarán demostrar lo contrario.

—Creo que- ¡auch!

Shiki había pinchado con un alfiler uno de los muslos de Sakura. Ella se movió de prisa para curar el pequeño pinchazo. No era doloroso, pero si una sola gota de su sangre salía todo se volvería un problema. Senri la tomó de la pierna y acercó sus labios.

Dio un pequeño beso provocando que Sakura abriera los ojos totalmente.

El vampiro le miró desde abajo sin ningún rastro de rojo en sus ojos azules, pero sí un deseo intenso que la tomó con la guardia baja. Sakura supo que no había sangre involucrada en esto, sólo el anhelo apasionado de un vampiro.

—S-Senri, ¿qué estás h-haciendo?

La lengua del vampiro paladeó la piel de su muslo. Sakura se estremeció cuando sintió los colmillos puntiagudos pasar como una caricia. Quiso apartarlo empujándolo por los hombros. Pero en este punto era como si hubiera tratado de mover una pared de ladrillos sin usar chakra.

—Verificando que no haya ninguna fuga —dijo Senri descaradamente dejando cortos besos, sintiendo en la lengua el delicioso sabor de Sakura. Nada en ella era suave, pero la aspereza de las pequeñas cicatrices en las piernas de la kunoichi fueron estimulantes para su lengua—. Puede tomarme algo de tiempo.

Sakura estaba anonadada. Ningún hombre la había tocado de esa manera y no supo cómo sentirse acerca las sensaciones que revolvieron su interior con calor ardiente.

—Detente, por favor —pidió porque no quería recurrir a su fuerza. No habría tenido problema despachando a un pervertido que quisiera propasarse, pero Senri no era un pervertido y no quería lastimarlo.

Él se detuvo cuando no fue la voz de Sakura, sino la de un Senri Shiki más pequeño e indefenso que pedía a sus torturadores que dejaran de lastimarlo, que habían tomado tanta sangre que sentía que iba a morir. Agitado por el recuerdo se sintió indefenso, desprotegido.

Se sujetó a lo único que parecía estable en ese momento.

Abrazó a Sakura por las caderas y enterró su rostro en el estómago. Estando tan cerca pudo percibir la cálida sangre viajando por las venas, pero extrañamente no pareció importarle cuando respiró el aroma a flores y lluvia.

—Sólo un momento —fue su turno de suplicar—. Déjame así sólo un momento.

—No puedo —dijo intentando sonar dura, pero lo único que logró fue mostrarse desesperada. Los dedos del vampiro la apretaron, rogándole que tuviera piedad de él. A Sakura le dolió el corazón—. ¿Por qué insistes tanto? Sabes qué sucederá si lo hago. Sabes que terminarás herido por esto, maldito idiota.

Shiki levantó el rostro. Sakura tenía las mejillas ardiendo de un rojo furioso y en sus ojos se veía su encrucijada. Nunca se había visto tan desesperada y tan hermosa al mismo tiempo… ah, empezaba a entender lo que le gustaba tanto de ella. Senri se puso de pie hasta que su rostro estaba muy cerca del de ella.

—Hay dos opciones: rendirme o continuar. Cualquier opción me lastimará, pero nunca me arrepentiré de haberte conocido porque has sido extraordinariamente amable con las personas de un mundo desconocido y te has asegurado que tengan una mejor vida.

—Soy una ninja-médico de la Aldea de Konoha. Cumplo mi deber sin importar donde esté. No estoy haciendo nada extraordinario sino lo que se espera que haga.

—Detesto cuando te menosprecias así —pronunció Senri con frustración—. Tu deber es con tu aldea. Aun así no has usado tus habilidades para causar daño a las personas. No te aprovechas de la confianza que depositaron en ti. Eres generosa, mi amor, ya que pudiste destruirnos y esconderte hasta que tus amigos vinieran por ti, pero no lo hiciste porque así no eres tú. Tu consciencia no te dejaría tranquila —delineó su rostro deteniéndose en su mentón—. Quieras o no, tu presencia ha cambiado este mundo, y has logrado adentrarte en mi corazón profundamente, Sakura Haruno, aunque te haga tan infeliz saberlo.

Sakura sostenía la camisa del vampiro y parecía contenerse, ya fuera de golpearlo o gritarle. Senri se sintió un poquito culpable, pero el tiempo estaba en su contra y no quería continuar sin que ella supiera cómo se sentía. Ella no lo pidió. Ella aclaró que no podía darle nada. Senri había entendido estas dos cosas y actuado en consecuencia. Ciertamente que ella le suplicara que se detuviera había cambiado su perspectiva un poco. No iba a obligarla a quedarse, sólo quería que supiera que nunca se arrepentiría de haberla conocido.

—Perdóname por hacerte esto, Sakura —la abrazó con cuidado, sus dedos rozando la marca de su espalda. Ella no correspondió. Él no esperaba que lo hiciera.

—Eres un verdadero idiota, Senri Shiki.

—Lo sé, lo siento.

En otro vestidor, ajena al drama de su amiga, Ino contemplaba el vestido de hombros descubiertos, mangas largas y escote modesto. No era ni de cerca tan sexy como el vestido morado, pero le daba una apariencia elegante.

—Tenías razón, Nagi —Ino miró por sobre su hombro al vampiro en la entrada. Nagi se había puesto un traje similar a los que usan los guardias de la realeza—, no me convence del todo.

—Te viene mejor algo audaz —dijo Nagisa ayudándole a desabrocharlo.

—Eso estaba pensando, aunque se me ocurre pedirles a Shiki y a Rima que hagan diseños personalizados. Puede que sea un poco inadecuado considerando que falta dos semanas para el baile.

—Lo tendrán a tiempo si se los piden ahora. Mi madre acaba de recibir uno de sus trabajos y está muy satisfecha. El señor Shiki y la señorita Touya son profesionales y su taller tiene a los mejores modistas de su campo.

—Entonces sería cosa de decidir qué quiero —meditó Ino quedando en ropa interior mientras Nagi acomodaba el vestido en el gancho.

—¿Superior Kain, está ahí? —preguntó Isamu en voz alta. Ella estaba en el vestidor de enfrente y había aceptado que Nagi la asistiera porque era difícil que Senri y Rima pudieran atenderlos a todos—. ¿Me ayudas con este corsé? No entiendo como terminé amarrada así.

—Esa niña es un desafío —suspiró Ino ligeramente mosqueada—. Espera, no le di ningún corsé para que se lo midiera.

—Iré a ayudarla —dijo Nagisa que esperaba no tener que hallar un desastre.

—Por favor, y quítate ese traje. Te verías mejor en el tercero que escogiste, los colores oscuros te van mejor —Nagisa asintió y salió para auxiliar a Isamu dejando a Ino pensando en lo que le quedaría mejor (lo que era difícil porque se veía fabulosa en todo).

"Algo audaz… bueno, al menos Nagi es de más ayuda que Shikamaru. Si él estuviera aquí se habría dormido en un sofá".

—¿Qué quieres, rubio imbécil? —preguntó Ino sin mirar atrás. Creyó que Hanabusa habría entendido con su conversación de antes, pero había subestimado su estupidez. Agradecía infinitamente que Nagi no se pareciera a su tío.

—¿Buscas seducir a más hombres en el baile? ¿O sólo a mi sobrino y a ese cazador?

Ino se movió en un parpadeo. Hanabusa pasó de estar recargado en la entrada a tener la espalda contra el espejo con ella sosteniéndolo por el cuello. Ino lo había agarrado con todas sus fuerzas, demostrándole que por fin había logrado sacarla de sus casillas.

—Escucha, grandísimo animal. Te has pasado todo el maldito tiempo desprestigiándome, juzgándome, según tú porque no tengo ni un gramo de decencia. No he hecho nada de lo que deba avergonzarme salvo tener mucha paciencia con un gusano asqueroso como tú.

Oh, por Dios. Ella estaba tan cerca de él. La noche en la que tuvo que desfogarse con Kiryû no lo había tranquilizado nada. Ino había logrado exacerbar su instinto vampírico, consiguiendo lo que nadie había podido: hacer que su atención girara entorno a otro ser que no fuera Kaname Kuran.

—No… aléjate de mí, no me toques… —pidió sintiendo el calor de sus manos, su aliento fresco rozando su cara. Ella era más alta que él, y sentirse atrapado de esa manera estaba deshaciéndolo lentamente—. Déjame ir… en serio, no lo soporto.

—¿Tanto asco te doy? —preguntó Ino soltándolo como quería. Hanabusa pudo respirar a salvo; el aroma de Ino entró a sus fosas nasales como una fragancia potente que le reveló lo molesta que estaba—. ¿Por qué mierda me buscas tanto si es así? Estoy segura que si se lo pides a Kuran él te librará de esta tarea.

Ya Akatsuki le había dado un largo sermón a Aido sobre negarse a aceptar lo vulnerable que era ante Ino, pero se había rehusado creyendo que estaba traicionando su lealtad a Kaname

"No uses a Kaname como excusa para no responsabilizarte de lo que sientes". Rayos, odiaba que Akatsuki fuera tan directo en ocasiones. Quedaría como un increíble patán ante ella, pero al menos ya no sentiría esa carga pesada por no aceptar que ella era más que sólo una mujer molesta.

—No me das asco —su voz fue baja, controlada. Estaba consciente que había vampiros con buen oído alrededor, y aunque ya habrían escuchado a Ino gritarle, no quería que lo escucharan a él—. Tienes razón, he sido un completo cretino.

Ino aguardó a su explicación. La mejor manera de descubrir los secretos de alguien era permitiéndole hablar.

Hanabusa habló sin detenerse. Durante varios minutos explicó desde su reacción al verla desnuda hasta las consecuencias de haberse negado a sí mismo la verdad por tanto tiempo. Con cada palabra Ino creyó que no existía hombre más idiota y absurdo que Hanabusa Aido en el mundo.

—Espera, espera, ¡espera! —pidió cruzando los brazos para poner un stop cuando Hanabusa casi finalizaba su titánica batalla por no sucumbir a los celos que le producía que ella fuera tan cercana a Akatsuki, Nagisa y Ruka y no a él—. ¿Qué mierda?

Hanabusa tuvo la decencia de sonrojarse. Carraspeó para aclararse la garganta y la miró a los ojos.

—Lo que escuchaste. Yo… es difícil de entender, lo sé, pero suele pasar. Acepto que esto no justifica mi comportamiento, sólo quería que supieras que lo lamento. Que yo sólo estaba siendo dominado por mi deseo.

Ino no era jefa de un escuadrón especializado en interrogatorios por nada. Así que analizó la situación. Hanabusa no estaba mintiendo, pero tampoco estaba disculpándose realmente. Él estaba esperando que esto fuera suficiente para excusar su torpeza.

—Bien, me ha quedado claro —dijo Ino poniendo una mano sobre su cadera. El lenguaje corporal era importante para dar un mensaje, así que ella no hizo ningún movimiento que él pudiera interpretar como perdón o aceptación.

—Entonces… ¿estamos bien? —preguntó Aido, dudoso.

—Sólo estás buscando tu comodidad —espetó Ino dejando ver el desagrado en su voz. Hanabusa se encogió como si le hubiera gritado—. Has sobrepasado tu límite y ahora esperas que me responsabilice del desastre, como si tuviera la culpa. Quieres que te perdone sólo para que dejes de sentirte tan mal.

—¡Te equivocas, yo…!

—Quieres mi perdón, pero no voy a dártelo. Si quieres demostrar que eres más que un imbécil terco, entonces espabila y madura.

Hanabusa quedó paralizado como un pequeño ratón ante un gran depredador. Empequeñecido y sin nada que pudiera decir, sus ojos azules dejaron expuesta la debilidad que sentía por ella. Cada palabra lo golpeó directamente al orgullo, dejándole derrotado ante la mujer que admiraba, y que por ceguera, logró que lo viera como menos que escoria.

—Ino, creo que la señorita Tachibana no debería usar un corsé jamás —apareció Nagisa junto a la cazadora.

—Te dije que me digas sólo Tachibana. Señorita me hace sentir extraña, ¡y no deberían hacer que esas cosas sean tan difíciles de poner! —comentó la chica con su eterno mohín. Ambos se quedaron quietos al encontrar a Aido e Ino juntos—. ¿Qué está pasando aquí?

—Nada —respondió Yamanaka. Ella volvía a tener control de sus expresiones mientras Hanabusa parecía a punto de hiperventilar—. Nada de corsés, Tachibana, pero creo que podrías incluirlos de alguna manera. Vayamos a hablar con los demás.

Era obvio que ella no contaría nada de lo que había sucedido, así que Isamu le siguió la corriente. Nagisa se acercó a su tío para verificar su estado, pero Hanabusa tampoco le dio ninguna explicación. Salió del vestidor para volver al suyo y no volvió aparecer en lo que restaba de las pruebas de vestuario.

Senri había dejado a Sakura cuando Rima lo llamó para que le ayudara con unos ajustes del traje de Seth, por lo que la kunoichi se quedó sola un momento.

Ella trató de distraerse midiéndose el resto de los vestidos, pero fue inútil porque las palabras de Shiki habían conseguido afectarla. Era difícil no involucrarse. Sakura no sabía qué hacer. Bueno, al menos fingiría que estaba bien. No le había mostrado ningún vestido a Ino, después de todo. Pero cuando la buscó en su probador, no estaba. Aunque conociendo a su amiga era posible que hubiera regresado a la zona de percheros a buscar más vestidos o accesorios.

"Espero que no pase lo mismo que cuando organizó los vestidos de damas de honor para la boda de Neji y Tenten", Ino le había dicho que se había pospuesto hasta que volvieran a Konoha. Sakura se miró en el espejo del vestidor de su amiga. El vestido de corte imperio no le quedaba bien, aunque el color marfil sí. "Ellos la habían planeado para hace dos meses, para que los horarios de sus amigos concordaran… no quiero que la pospongan por mi culpa. Ellos se esforzaron mucho para que los Hyûga no obligaran a Neji a casarse con alguien que no amaba".

El Clan de los Hyûga había sido tan problemático como lo fueron los Uchiha en su momento. Las normas que los regían fueron de lo primero en lo que Naruto intervino cuando recién se convirtió en Hokage, ayudando a Neji y Hanabi cuando comenzaron una campaña para cambiar las arcaicas tradiciones de su familia. El camino no fue fácil, sangre fue derramada, pero ellos continuaron. En memoria de Hizashi Hyûga, Neji y Hanabi consiguieron que se disolvieran las ramas en las que se dividía la familia volviéndola sólo una y que los matrimonios se concertaran por consentimiento mutuo, no por cuestiones meramente políticas.

Los Hyûga, como otros clanes con barreras de sangre, recurrían a las relaciones endogámicas para mantener el poder del Byakugan bajo control de la familia; sin embargo, se abrió una puerta a otros caminos, cuando Neji declaró que no se casaría con Hanabi y que otra mujer, que no pertenecía a un clan o familia de renombre, sería su esposa.

La cara que puso Hiashi Hyûga cuando su sobrino presentó a Tenten había sido épica. Naruto y Hanabi se reían a carcajadas cada vez que lo recordaban. Sakura sonreía al imaginarlo, teniendo la certeza que el maestro Guy y Lee se habrían reído también si no hubieran fallecido en la guerra.

Desde la distancia Zero admiró el perfil de Sakura. Había estado ocultándose de Ino porque no le provocaba tener que soportarla, además que ya había elegido que usar sin complicaciones. La última vez que había comprado ropa había sido hace tres años con Sayori, en una tienda pequeña para celebrar su aniversario. Sayori había adquirido un vestido blanco de mangas y falda largas. Ella le había sonreído con ternura, importándole bien poco que él siguiera viéndose como un joven de 17 años cuando ella tenía el cabello blanco y arrugas en su rostro. Su dulce esposa jamás le había parecido otra cosa que no fuera hermosa, y a Zero no le interesaba las miradas extrañas de los desconocidos cuando la besaba o la tomaba de la mano.

—¿Uh? ¿Kiryû? —preguntó Sakura notando al cazador acercándose a ella. Fue extraño verlo con ese traje elegante en comparación con su ropa casual más modesta—. ¡Te ves bien! Creo que Ino no podrá decirte nada, eh.

—¿Qué piensas de los vampiros? —preguntó Zero.

—¿Eh? ¿Y eso a qué viene ahora?

—Haz conocido vampiros del más bajo nivel y a los de sangre pura, así como las políticas que rigen su sociedad. Su obsesión por la sangre…

—Yo no llamaría obsesión a algo que necesitan para sobrevivir, Zero —cortó Sakura abruptamente. Después de todo, al elegir voluntarios para sus experimentos también había tenido que entender la biología, fisiología y psicología de su especie—. Su naturaleza pasional e intensa por vivir los hace susceptibles a experimentar fuertemente cualquier cosa que les pase. Sea amor, sea tristeza, sea sed por sangre, todo es intenso. Que un vampiro beba sangre no es malo, pero que decida obligar a los demás a entregarle hasta la última gota sí lo es.

Zero levantó su mano para acariciar con la yema de sus dedos el cuello liso de la chica.

—Es imposible que los vampiros dejemos de beber sangre —declaró—. Cualquier suplemento es inútil en cuanto a satisfacer la sed. Atravesar la piel con los colmillos, lamer y besar la zona de la mordida… todo es parte de una experiencia que las palabras no pueden describir. El vínculo que se forma a través de la sangre es insondable.

Tohru y Takuma ya se lo habían explicado a Sakura. La sangre no sólo contenía nutrientes para ellos, sino poder y cargas potentes de emociones. Era el pasaje ideal para compartir tus secretos con otra persona en un acto salvaje y sensual.

—La sangre de la persona que aman es lo único que puede acabar con su sed completamente —recitó Sakura— o la sangre de los vampiros purasangres. Por eso lo que trato de hacer es apaciguar ese instinto, no borrarlo. Sin embargo, la respuesta reside en la sangre y he llegado a la conclusión que las pastillas deben de tener cierta cantidad para que funcionen. El resto recae en cómo se manejen. Es lo único que podemos hacer en esta situación, ya que los experimentos para un suero que revierta el vampirismo fueron ineficientes… ni siquiera estaba segura de lo que estaba haciendo. Además la investigación de la sangre de los shinobis también se estancó. Hasta que un vampiro beba nuestra sangre desconocemos el efecto que tenga a corto y largo plazo.

—El maestro Yagari no permitirá que ningún vampiro llegué a morderlas para comprobarlo. ¿Qué tienes en mente, Haruno? Ya pensaste en opciones, ¿no es así?

—Es por el bien de la investigación —aseguró Sakura con seriedad—, no por curiosidad morbosa. Las mordidas no son agradables.

—¿A quién tienes en mente? —pronunció Zero, intrigado.

Sakura le miró a la cara.

—A ti —ni siquiera dudó al decirlo. Los dedos en su cuello fueron retirados con rapidez y él la miro con ojos muy abiertos—. Confío en ti, Kiryû.

Zero se agachó hasta que su boca ocupó el lugar de sus dedos. Adrede rozó con sus colmillos la suave piel de la garganta provocando un ligero temblor de ella.

—Si te muerdo no sé lo que pueda suceder. Anhelo tu sangre más que cualquier cosa —confesó—. No sé si podré detenerme una vez empiece o si tu sangre me fortalezca tanto que ni tú puedas pararme.

—Kaito me dijo que no toleras las píldoras de sangre comunes y que te has negado a beber la sangre que un voluntario te da —enfatizó Sakura apartándose del agarre de Zero para mirarle directamente a la cara otra vez. Por supuesto Sakura no sabía que había vuelto a beber la sangre de Shizuku—. Confío en ti, pero si te descontrolas no será porque eres un vampiro, sino porque estás siendo un necio que no cuida de su salud.

—Bueno, las lágrimas de sangre sí las he tomado.

—No son suficientes —lo tomó de la cara. Zero no pudo evitar que le recorriera un placentero escalofrío cuando esas manos fuertes lo agarraron—. Basta de torturarte, Kiryû. Eres al único que le confiaría algo como esto.

—¿De verdad soy el único a quien se lo pedirías?

—Sí.

Zero supo que estaba diciendo la verdad. Y eso lo llenó de deseo. Fue difícil para él negarse a morderla en ese instante, pero Sakura dijo que confiaba en él. Zero no haría nada para traicionarla.

—Lo haré cuando te sientas lista —prometió. ¿Qué otra garantía podía ofrecer? Zero se conocía mejor que nadie, por lo que no podía darle más de lo que estaba dispuesto a ceder.

—Así será, Kiryû.

—¡Sakura! —gritó Ino entrando dando saltos de emoción. Detrás de ella venían todos los demás, un grupo heterogéneo que parecía haber perdido contra la rubia—. ¡Tengo excelentes noticias! Llegué al acuerdo con Shiki y Rima para que hagan diseños para nosotros, ¿no te parece genial?

Sakura y Zero se separaron a tiempo para que nadie sospechara.

—Eso será mucho trabajo para lo que queda de tiempo —dijo Sakura cruzándose de brazos—. No estarás aprovechándote de su amabilidad, ¿verdad?

—No voy a hacer lo mismo que les hice a los modistas de Konoha —revoleó los ojos—. Ellos me aseguraron que no había problema. Como los demás asistentes al baile tuvieron más tiempo para pedir sus vestidos, ahora tienen tiempo libre. En realidad somos algo así como sus últimos clientes importantes. Descuida, tampoco pediremos algo complicado. Menos es más, Sakura, siempre lo he dicho.

—También podrían usar la ocasión para practicar para el baile —agregó Takuma sabiendo cuan terca era Sakura al sospechar de las cosas—. Se me olvido decirles que ustedes abrirán el evento cuando bailen con Kaname y el presidente Yagari.

—El taller de costura está en el siguiente piso y sigue teniendo espacio —agregó Rima—. Pueden usarlo estas dos semanas como les plazca.

—Vamos, Sakura, no seas aguafiestas —pidió Ino cansada de rogar—. No tenemos pendientes importantes. Las pruebas con las píldoras es lo único de lo que tenemos que encargarnos, ya que finalizamos con nuestras clases de este semestre. Los hospitales tienen suministros de las medicinas que hemos hecho y el sistema que instale en la policía ha hecho que la ciudad sea más segura. Creo que nos merecemos unos días de descanso.

—Mmm —Sakura no estaba del todo convencida. Miró a Rima y a Senri—. ¿Están bien con esto?

—No te preocupes, es nuestro trabajo —afirmó Rima—. Acepta, Sakura, no quiero escuchar a tu amiga quejarse otra vez. Es exasperante.

—Gracias, me esfuerzo por siempre dar lo mejor de mí —comentó Ino.

—Bueno, si lo pones así… está bien. Lo aceptaré. Gracias por hacer esto, Senri, Rima.

El resto de la tarde, Rima y Senri se la pasaron tomando sus medidas, apuntando especificaciones sobre tela, corte, color y accesorios.

Cuando el ocaso se reflejó en los cristales del edificio, llegó la hora de retirarse. Sin embargo, luego de un día tan ocupado, Sakura e Ino no deseaban regresar a la academia. Tenían hambre y Takuma les había dicho que podrían comer en un restaurante que quedaba a unas cuadras.

—¡Venga, vamos a comer! —dijo Ino. Rima y Senri habían aceptado su invitación a cenar, y tras dejar instrucciones a sus empleados acompañaron al grupo. Ichijou les informó a los choferes que irían a comer y que debían esperarlos afuera del restaurante—. ¡Quiero tonkatsu! ¡Tonkatsu!

—El canibalismo es un crimen, Ino-cerda —comentó Sakura. La luz de las lámparas brillaba tenuemente en contraste con las luces escandalosas de los pocos negocios abiertos. También había poca gente, más parejas y grupos de amigos como ellos que buscaban un buen lugar para divertirse mientras anochecía.

—Sería peor que alguien quedara deslumbrado con tu frente de marquesina y tuviera un accidente —le sacó la lengua.

—¿Qué dijiste, cerda?

—¡Lo que oíste, frentona!

—Si se pelean apuesto por la señorita prefecta —pronunció Seth quien ya estaba habituado, al igual que todos, a las ligeras rencillas entre esas dos.

—No deberías alentarlas, Seth —dijo Nagisa suspirando cuando los demás ya se estaban uniendo a la apuesta.

Para la mala suerte de todos, ellas no se pelearon. En cuanto llegaron al restaurante se hizo evidente que necesitaban llenar sus estómagos para continuar discutiendo. Era un local tradicional y bonito. La recepcionista les dio la bienvenida con cortesía y les sugirió apartar la mesa especial para reuniones empresariales ya que su grupo era numeroso.

Una linda mesera vestida en yukata verde los guió a través de las secciones dividas con biombos, donde ya varios clientes disfrutaban de la comida y bebían con tranquilidad. El lugar que les asignaron tenía una mesa redonda con un pequeño fuego en medio para cocinar la comida. Sakura e Ino les dijeron que podían pedir lo que quisieran ya que la cena correría por su cuenta y se negaron a que Takuma, Nagisa y Chiasa quisieran poner algo de dinero.

Al final, luego de unos acuerdos, pidieron todo lo que venía en el menú y un montón de sake, varios tarros de cerveza y mucho ron. Cuando la mesera les trajo lo que pidieron, Ino no tardó en adueñarse de una de las botellas de sake.

—Parece que quieres que terminemos ebrios, Ino, a menos que tú vayas a beber la mitad de lo que pediste —dijo Sakura sentándose al lado de su amiga para evitar estar junto a Senri, quien a pesar de sus deseos se puso a su lado.

—Ouch, no seas tan severa, Sakura. Beberás sin tener que estar al pendiente de que Naruto y Sasuke se emborrachen tanto que terminen bailando en un tubo mientras Karin y yo les arrojamos billetes. Puede que hoy nuestros nuevos amigos nos sorprendan con un show privado.

—¡Ino! —Sakura se sonrojó, al igual que Takuma, Nagisa y Hanabusa al escucharla—. Oh, por Dios, no empieces algo que no vas a querer terminar. Isamu y Chiasa están aquí y te recuerdo que son menores de edad, así que nada de cosas subidas de tono.

—Como digas, mamá —masculló Ino sirviendo sake para los demás.

—No creo que ver vampiros desnudos sea algo que me guste, pero le entro —dijo Isamu aceptando la pequeña tacita con sake.

—¿No vas a detenerla, Takamiya? —preguntó Ichijou preocupado.

De un movimiento Kaito le arrebató el trago a su prima y se lo bebió él.

—Para que no digan que doy mal ejemplo. Todo lo que vayas a servirle a Tachi, lo tomaré yo.

—¡Oye, eso no es justo! Ya casi soy una adulta.

—Todavía duermes con tu peluche de koala todas las noches —dijo Kaito bebiendo más sake.

La cara de Isamu fue todo un poema.

—¡Prometiste que lo mantendrías en secreto!

—Yo prometo muchas cosas cuando estoy sobrio. Es una lástima que a mi yo ebrio no le importe romper esas promesas.

—Tranquila, Tachibana. Es normal mantener ciertos hábitos de la niñez cuando eres adulto —dijo Ino—. Yo, por ejemplo, sigo poniendo la melodía de la caja musical que me regaló mi madre, para relajarme.

—Y yo sigo cantando frente al espejo algunas canciones de comerciales —completó Sakura para que Isamu no se sintiera mortificada—. No hay nada de lo que tengas que avergonzarte.

—Sí, sí, venga, te sirvo un trago —comentó Ino.

Hizo un brindis breve para iniciar formalmente la cena.

—Yo quiero cerveza esta vez —dijo Rima tomando uno de los tarros gigantes. Se bebió más la mitad sin ahogarse.

—Y yo ron —pidió Senri al igual que Takuma. Ambos preferían esa bebida y fueron los que tomaron más ron durante la noche.

Sakura aceptó una cerveza (Tsunade no sólo le había enseñado ninjutsu-médico, sino también a beber) y quiso hablar con Ino para ignorar a Shiki, pero su amiga ya estaba animando a Nagisa e Isamu a una competencia de tragos. Tampoco Seth fue una opción, ya que el purasangre estaba conversando con Takuma sobre si su primera borrachera debía ser con cerveza, sake o ron, a lo que Tori trató inútilmente de disuadirlo. Zero y Kaito asesoraban a Chiasa para asegurarle que nada iba a pasarle por beber mientras estuviera con ellos. Rima hablaba en voz baja con Hanabusa, probablemente tratando de averiguar por qué estaba tan callado.

Muy a su pesar Sakura tuvo que sonreír. Le hacía feliz tener estos pequeños momentos de calma y diversión.

—¿Pasa algo, Senri? —preguntó al notar que el vampiro contemplaba los platos en la mesa.

—Es un hábito —respondió distraídamente.

Sakura recordó lo que Rima le había contado. Seguramente las primeras veces que lo drogaron fue poniéndole algo a la comida, por eso verificaba cada bocado, incluso si ya no era necesario.

—Mmm, a ver —Sakura agarró un trozo de carne del plato principal, lo mordió y masticó para evaluarlo—. No, definitivamente no tiene nada malo. Sabría si lo tuviera enseguida. Esto sólo es delicioso. Ten, prueba.

Tomó otro pedacito para llevarlo hasta la boca de Shiki, que tenía los ojos muy abiertos. Sakura se dio cuenta de su error y quiso retractarse de inmediato, pero él la tomó de la muñeca y la obligó a completar la tarea. Sakura tragó con dificultad cuando los labios de él se abrieron para tomar la carne, labios que habían besado su piel unas horas antes. Agradeció que los demás estuvieran metidos en sus propios asuntos porque no quería que vieran lo nerviosa que su puso. Los ojos de Senri, insoldables y profundos, eran dos pozos donde bullía el deseo.

—Tienes razón, sabe delicioso —con sus propios palillos tomó otro trozo, sin dejarla de mirar un instante, para comerlo con lentitud.

Sakura bajó la mirada, aturdida. Tomó su tarro de cerveza y se lo bebió de un trago. Agarró los otros tres tarros en la mesa y se los bebió sin parpadear. Pidió otra ronda para ella sola.

—Sakura está bebiendo demasiado, Ino —dijo Nagi cuando él terminó su quinto trago de sake—. ¿No vas detenerla?

—Te diré un secreto —Ino le hizo una señal con la mano para que se acercara. El vampiro hizo un esfuerzo por no temblar cuando sintió el cálido aliento de Ino rozarle la oreja—. Antes Sakura jugaba juegos de palabras para quitarse el estrés, pero ahora tomarse unas copas le ayuda más. Es extraño, pero el alcohol la relaja. Uno pensaría que tiene un problema con la bebida, pero la verdad es que no hay manera de emborracharla. Tendría que beber demasiado para que ocurra, así que no te preocupes, Nagi, ella estará bien.

—¿En serio? No es que dude que no pueda defenderse, es sólo…

—Agradezco tu preocupación —la sonrisa de Ino fue sincera esta vez—. Como ya he dicho muchas veces, mi misión es protegerla, eso significa que pelearé contra quienes quieran dañarla. Además confiamos en que no todos son enemigos.

—Cuenta con Seth y conmigo —se tomó el atrevimiento de susurrarle al oído, agregando a su amigo purasangre porque era evidente que si se trataba de ellas, Seth no tendría ningún problema en ayudarlas—, para lo que sea.

Una risita alegre fue la respuesta de Ino, cuya expresión se relajó mucho más.

—Bien, tomaré tu palabra en serio. No vayas a fallarme.

La velada avanzó lenta, sin ninguna prisa. La calidad de la comida y de los tragos ayudó a suavizar cualquier aspereza que pudiera existir entre ellos. Hasta Tori se divirtió con los chistes y bromas de Isamu.

En cierto punto el alcohol se les había subido logrando desinhibirlos de sus habituales reservas. Hubo bromas subidas de tono y anécdotas de primeras veces, Ino se atrevió a hablar de sus experiencias (las menos aterradoras, ya que no todo era una historia feliz de sexo deseado y consensuado). Hanabusa se animó cuando tocaron el tema nombrando algunos de sus encuentros casuales. Zero casi lo acribilla cuando intentó contar su episodio en las regaderas.

—¿De verdad los besos de un vampiro son tan buenos? —preguntó Kaito genuinamente interesado. Con nueve tarros de cerveza y tres vasos de ron encima, había mandado a la mierda sus prejuicios.

—¿Quieres intentarlo? —propuso Senri.

Shiki asemejaba un depredador que saltaría sobre su presa en cualquier momento. Kaito sonrió, descubriendo que el noble vampiro estaba aprovechando la oportunidad para desfogarse ya que su principal interés había decidido sentarse junto a Seth para escapar de él.

—Hazlo si te atreves, vampiro —retó con la mirada.

La mesa cayó en silencio ante la expectativa. El ambiente amistoso se llenó de una extraña sensación de nerviosismo y una pizca de calor cuando Senri se levantó de su lugar para ir donde Kaito. Shiki pasó su mano derecha por la nuca del cazador para atraerlo hacia su boca y su mano izquierda lo aferró del hombro para que no escapara. El beso fue pasional, devastador, violento. La lucha por dominar se notó hasta para los inexpertos como Seth, Chiasa e Isamu. Ino y Rima silbaron con apreciación, mientras las mejillas de todos se coloreaban de rojo.

—¡Qué cara tienes, señorita Ueda! —señaló Seth a una muy sonrojada Chiasa a la que los lentes se le habían empañado—. Creo que tú también quieres uno. No te culpo. Las feromonas de los vampiros suelen afectar a los humanos. Tori, por favor, ayúdala.

—No… no tienes que hacerlo… estoy bien —aunque hubo un poco de anhelo en sus ojos claros.

Tori tomó con cuidado las mejillas de Chiasa detallando los contornos redondos con ternura, sabiendo que éste sería el primer beso de ella si consideraba lo dulces y asustados que se veían sus ojos. A diferencia del hambre brutal con la que Senri devoró a Kaito, Tori fue suave, usando nada más sus labios dando ligeros toques que lograron que a Chiasa el corazón se le acelerara a mil. En circunstancias normales no lo habría hecho, y quizás se habría negado, pero qué diablos, esto no la mataría.

—Creo que aquí nadie se va ir sin un beso —bromeó Rima levantando su tarro a la mitad de cerveza—. Definitivamente las cosas se ponen mejor con ustedes aquí.

—¿Qué puedo decir? Somos el alma de las fiestas —brindaron riéndose como locas cuando Senri intentó besar a Hanabusa cuando acabó con Kaito.

Sakura hizo lo posible por fingir que esto no la estaba afectando. Las feromonas de Senri habían influenciado a los demás, porque hasta Zero se veía menos gruñón que de costumbre. Se excusó a sí misma cuando fue imposible seguir observándolos. Sin hacer ruido se dirigió hacia el estrecho pasillo para entrar en el baño. Era un cuarto iluminado por una lámpara de tubo en el techo y decorada con plantas artificiales. Sakura usó el excusado tratando de ignorar las sensaciones vibrantes que sentía en el cuerpo. No podía negarlo a este punto. Ella había recibido su dosis de feromonas vampíricas y sufría los efectos.

Sakura salió para lavarse las manos y salpicarse agua en la cara. Cuando sintió que estaba lo suficiente calmada, respiró hondo y salió al estrecho pasillo notando los detalles pintados en las paredes. Éste debía ser un lugar famoso porque los rayones eran más bien firmas, frases cortas que clientes anteriores pusieron sobre el excelente servicio en el Tokyo Nightray. Se entretuvo un rato leyéndolas para tener una excusa de su atraso para volver.

—¿Hallaste algo interesante, Sakura? —pronunció Takuma parado a su lado.

La kunoichi luchó por no mostrar que no se percató de su presencia hasta que habló. El asunto de las feromonas le estaba afectando.

—Las dedicatorias que han escrito en estas paredes me hacen pensar que muchas personas pasaron buenos momentos en este lugar.

—¿Uhmm? A ver, déjame leer —Ichijou se colocó detrás de ella, bajó su cabeza hasta rozar con su mentón la coronilla de Sakura—. Bueno, eso quiere decir que es un buen restaurante, ¿no te parece?

Takuma nunca ocultó lo mucho le gustaba pasar tiempo con ella, pero siempre era respetuoso. Con el lío de feromonas que Senri había armado, era un milagro que Ichijou no se le hubiera arrojado encima ya.

—Muévete.

—Me pides un imposible —el vampiro recargó su frente en su hombro. Su cuerpo tiritaba al estar tan cerca de ella. Conocía la razón de su repentino descontrol, no era ningún principiante, por lo que la velada había sido un poco dura para él por reprimir sus impulsos cuando prácticamente todos los estaban dejando salir—. No dejó de pensar en ti, por mucho que lo intente.

—Intenta con más fuerza —espetó moviéndose bruscamente para soltarse. Se giró hacia él viendo la mirada herida y agitada del vampiro—. No hagas esto difícil, Takuma, entiende que no quiero.

—Lo sé —aceptó—. Muchas veces me he dicho a mí mismo lo injusto que es para ti y para quienes te desean tanto para desear que te quedes aquí. Soy egoísta por quererlo con todo mi corazón, y cada vez que pienso que te irás a donde no puedo ir, donde hay personas que ya se han ganado tu amor… es insoportable.

—Basta, este anhelo es por mi sangre —dijo Sakura—. En cuanto yo me vaya se olvidarán de mí.

—¡Deja de pensar tan poco de ti misma! —estalló. El ruido de las conversaciones, risas y gritos de las mesas opacó su grito, por lo que nadie se asomó para ver que estaba sucediendo—. Eres una mujer asombrosa. Pudiste considerarnos tus enemigos y atacarnos, pero en vez de eso nos ayudaste. Pusiste a disposición de extraños tus habilidades porque te sentiste responsable de algo que ni siquiera era tu culpa.

Takuma acabó por rodearla cuando la espalda de Sakura tocó la pared. La intensa mirada verde de Takuma la plantó en su lugar haciéndola sentirse desprotegida ante él.

—Senri te contó sobre su pasado, ¿verdad? —Takuma no esperó una confirmación, sabía que su amigo confiaba tanto en ella como para hacerlo—. Vi lo que hiciste por él hace rato. Como probaste la comida para mostrarle que no tenía nada malo, como intentaste apoyarlo… porque eres así, no te importa terminar herida con tal de ayudar a quien lo necesite. Es tu mayor encanto, pero también tu mayor defecto porque olvidas tu propio valor y le restas importancia a todo lo que haces, ya que crees que es insuficiente.

—¿De qué estás hablando? No te estoy entendiendo.

—Yo creo que sí, cariño. Pienso que estás rechazando cualquier avance por ellos. Crees que estarías traicionándolos si llegaras a sentir algo por alguien que no sean Naruto y Sasuke.

Sakura lo observó con terror. En su mirada Takuma pudo notar la desesperación por buscar una excusa, pero él estaba harto de esta mierda. Estaba harto que la vida de Sakura girara entorno a esos dos, que sus decisiones no fueran por sus deseos, sino por lo qué pensarían Naruto y Sasuke de ella. Takuma habría aceptado el rechazo si la propia Sakura confirmaba que no quería nada con nadie, ¿pero de esto? Jamás.

—No dejaré que pienses que lo que has hecho por ellos y por este mundo es poca cosa.

Takuma pudo oír que el corazón de Sakura se aceleraba y ya no pudo detenerse. Estaba aprovechándose y ella no lo perdonaría, pero Takuma no soportaba ver el brillo de esos dulces ojos jades, opacarse por la presencia fantasmal de esos dos. Las manos del vampiro la sostuvieron por la cara mientras su boca buscó la de ella.

La vacilación inicial, mitad por su inexperiencia y mitad por la confusión, duró segundos en los que la mente racional de la kunoichi parecía haberse despedido de ella deseándole buena suerte con esto. Por un segundo creyó que pelear era lo correcto, pero… no pudo ignorar la clara adoración que Takuma estaba trasmitiendo en este beso. Sabía que después se reprocharía por tener una resolución tan frágil. Pero una pequeña parte de ella clamaba darle un descanso a su lado masoquista.

Ahora fueron las manos de Sakura las que se aferraron al vampiro para acercarlo. Takuma notó el cambio. Sus labios atacaron a los de Sakura con hambre, buscando en la calidez de esa boca el alivio que había estado anhelando. Ella era deliciosa en todo el sentido de la palabra, y a Takuma le costó pensar que estaban en un lugar público donde cualquiera podía venir e interrumpirlos (lo que no quería), por lo que hizo uso de su agilidad para llevarlos a un sitio más privado, justamente el baño de mujeres del que ella había salido.

Takuma estaba consciente que este momento no duraría, pero estaría condenado si no exprimía lo que pudiera.

Sakura besaba con torpeza, y notarlo hizo que el propio deseo de Takuma se duplicara al saber que era el primero en besarla (ni siquiera Naruto o Sasuke lo consiguieron). Las manos de Takuma viajaron hacia la cintura y cadera de la chica para apretarla, no quería perderse ni un segundo de sentir su cuerpo. Ella tenía músculos firmes y fuertes. Takuma aventuró una de sus manos por su muslo derecho, maravillándose de la textura de su piel, las pequeñas cicatrices que había ganado con los años.

Sakura estaba perdida en el delicioso calor que desprendía de Takuma. Sentía mil cosas que nunca antes había sentido, ni siquiera en esas noches veraniegas en las que sus sueños traicionaban los deseos más castos e inocentes de su corazón. Cuando era una niña había soñado con su primer beso. La pequeña Sakura Haruno se había permitido imaginarlo con Sasuke. Sólo que su inocente fantasía fue ligera y diminuta en comparación con esto. Hanabusa no les había mentido. Los vampiros eran criaturas sensuales por naturaleza, y su propia pasión (sus famosas feromonas) afectaba a quien estuviera cerca de ellos.

Takuma abandonó los labios de Sakura dando besos cortos por sus mejillas, por la línea de su rostro ovalado hasta llegar a su delgado cuello. Sus colmillos se alargaron cuando por fin recordó que no sólo la boca de Sakura sabía maravillosamente bien. Los ojos de Takuma chispearon con tonalidades rojizas.

—No —pronunció Sakura con firmeza. Sus manos ahora lo empujaron. El vampiro la miró con atención; ella aún lucía arrebolada, pero su mirada dejaba claro que no lo dejaría beber de ella.

Haciendo un gran esfuerzo por contenerse, Takuma recargó su frente en el hombro de la chica. Se enfocó en su aroma a flores y lluvia disfrutando el toque seductivo de la clara excitación de ella.

—Me dejé llevar —dijo el vampiro dándole su espacio. La imagen frente a él era algo que atesoraría por siempre. La ropa de Sakura estaba arrugada y ella tenía un hermoso sonrojo y el cabello despeinado; aunque al verse en el espejo del lavabo, él tampoco había quedado indemne—. Yo…

—No digas nada —pidió ella parándose y empezando a arreglar su blusa y alisar su falda. La emoción estaba pasando así que el ligero escozor del remordimiento empezó a corroer su mente. No obstante hizo un esfuerzo por dejarlo de lado.

—Volveré con los otros —dijo Takuma cediendo a su petición para darle tiempo a que se templara. Sabía que ella no querría que supieran lo que había pasado y trataría de esconder la evidencia, así que Takuma la dejó sola—. Pediré otra ronda a tu nombre.

—Hazlo —porque a nadie le pasaría desapercibida la ausencia de ella y Takuma, así al menos habría un motivo medianamente creíble del por qué se habían tardado tanto.

Cuando Takuma salió del baño, Sakura se recargó en el lavabo.

—Maldita sea —gruñó sacando del bolsillo de su falda la botellita portátil con loción que llevaba consigo por si lo necesitaba. Vació el contenido hasta agotarlo. Se miró una última vez en el espejo. No reconoció su imagen.

Sakura se apresuró a volver. Como Takuma había dicho, otra ronda de bebidas se pidió en su nombre y todos le agradecieron en cuanto se sentó. Ino se le arrojó encima poniéndola al tanto de lo que había pasado y derramándole un poco de sake en la ropa. Sakura le siguió la corriente asegurándose de actuar con normalidad, fingiendo no haber notado las miradas de Senri y Zero.

La cena se alargó hasta altas horas de la noche. Los tragos siguieron llegando hasta que todos estuvieron borrachos o achispados como Zero, quien bebió menos, y Sakura que soportaba más el alcohol. Ino pidió la cuenta cuando Isamu y Chiasa se quedaron acurrucadas junto a Seth. El purasangre se había dormido con una sonrisa feliz y satisfecha, y parecía muy cómodo y calentito con una cazadora a cada lado.

—Mañana no estarán tan contentos —comentó Rima observando a Nagi, Zero y Kaito desenredar al trío para cargar cada uno a su respectivo protegido.

—Nada que un buen tónico para la cruda no solucione —pronunció Ino cuando la mesera trajo la cuenta. Ino ni siquiera miró el total y puso una cantidad considerable como propina para la chica que los atendió—. Sakura y yo nos hemos encargado de las resacas de nuestros compañeros desde que la superior Shizune y Anko nos iniciaron con las borracheras mensuales.

—Me gustaría tener ese tónico antes de que él despierte —dijo Nagi cargando al purasangre. Seth se afianzó a él como si fuera un koala y estaba murmurando muchas cosas sin sentido—. Seth ya tiene un mal despertar, no quiero pensar en lo que pasará considerando lo mucho que bebió.

—Bueno, no puede ser peor que Shino y Sasuke —meditó Yamanaka quien parecía no tener ninguna reserva en hablar de más—. Realmente estar rodeada de insectos devora chakra o sufrir una ilusión del Sharingan, no son las mejores maneras de iniciar el día.

—¿Sharingan? —repitió Kaito. El grupo se dirigía hacia la salida donde los chóferes ya les esperaban.

—Una técnica ninja similar a la que usé cuando oculté mi ropa shinobi en mi audiencia —dijo Sakura encogiéndose de hombros. Obviamente tratando de no evidenciar una de las técnicas oculares más poderosas de su aldea—. Se diferencia de otras porque es más real, el daño es a nivel físico.

—Qué interesante —opinó Kaito recordando que Ren había mencionado ojos rojos cuando leyó la mente de Ino.

El horario de los vampiros había sido perturbado debido al horario diurno de las kunoichis, por lo que, a pesar de estar cansados, Takuma, Senri, Rima y Hanabusa irían a trabajar sin haber dormido. Sakura quiso convencerlos que debían descansar, pero para ellos sería difícil, por lo que continuarían despiertos hasta que amaneciera.

—Descuida, Sakura, podemos aguantar —dijo Rima. Ella y Senri volverían a la tienda a empezar con los vestuarios para el baile.

—Estoy feliz de haber podido pasar un rato tan ameno con ustedes. Me divertí mucho —comentó Sakura.

—Me alegra escucharlo, Sakura —pronunció Senri parándose frente a ella. La usual inexpresividad de su rostro había desaparecido. El vampiro se veía relajado. Se inclinó hacia ella para depositar un suave beso en su frente—. Nos vemos pronto.

—T-Tú… —balbuceó Sakura. No pudo responder con la misma firmeza que antes.

—Tienes una frente adorable, dan ganas de besarla —se alzó de hombros sin importarle las expresiones sorprendidas de Zero, Hanabusa y Kaito. Takuma parecía resignado, como si lo hubiera estado esperando—. Ahora sí hasta luego.

—Nosotros también nos vamos —anunció Takuma. Delicadamente puso una mano en el hombro de Sakura, provocándole un escalofrío caluroso en el cuerpo. Ella no pudo evitarlo, no cuando momentos antes esas manos la habían tocado con devoción.

Estaba al tanto que no era el único interesado en ella, y aunque eso no le importaba, no quería quedarse al margen. Por eso estaba actuando con más audacia.

—Nos vemos —susurró en su oído permitiéndose acomodarle un mechón de cabello detrás de la oreja. Takuma subió al auto donde Hanabusa lo esperaba, no dejó de observar a Sakura ni de sonreír cuando ella llevó una mano a su mejilla.

—Así que por fin lo hicieron —comentó Ino en un murmullo que sólo Nagisa y Tori pudieron oír.

—¿Qué quieres decir? —cuestionó Nagisa.

Ella se cruzó de brazos. Aunque una pequeña parte de su mente se negaba a dejar que Sakura pasara por una experiencia así en el estado que estaba, la mayor parte se alegraba. Su amiga debía pasar por esto para darse cuenta que su vínculo con Naruto y Sasuke la habían hecho dependiente de ellos. Ino sabía que la propia Sakura la que se dejó corromper, pero… era imposible no querer ayudar aunque no se lo hubiera pedido.

—Que la frente de marquesina va a tener que esforzarse —respondió Yamanaka— y yo voy a tener que evitar que Naruto y Sasuke maten a alguien cuando estén aquí. Aaargh, ojalá el capitán Yamato, Sai y Shikamaru vengan también, no creo que yo sola pueda hacer algo contra esas dos bestias.

—¿Vas a pelear contra dos bestias? —preguntó Nagi sin entender nada.

—Posiblemente —todavía no pasaba nada y ya le estaba doliendo la cabeza—. Después de esta misión exigiré que se aumente mi sueldo.

Abordaron el automóvil en silencio. Isamu y Chiasa durmieron durante el viaje en los regazos de Sakura e Ino, mientras Seth se acurrucaba entre el calor de Nagisa y Tori. Kaito y Zero compartían un espacio y ambos cerraron los parpados para intentar descansar.

Había sido una velada refrescante, sobre todo por ciertas libertades que se habían tomado. Fue interesante estar entre vampiros y no querer asesinarlos, no tener que recordar la enemistad natural que llevaban grabada en la sangre. Sinceramente Kaito estaba cuestionándose si había bajado la guardia por la presencia de las kunoichis. Lo que también podía decirse de Zero, aunque para Kaito era claro que el odio de su compañero no era similar al de él. Para empezar, Zero no odiaba a todos los vampiros, incluso si después de la muerte de Sayori hubiera regresado a ese estado de asesino latente.

En estos meses Kaito había descubierto que Zero estaba recobrando su claridad, como cuando Sayori le mostró que a pesar de la tristeza, la desolación y el miedo, todavía residía en él un corazón que sabía elegir entre lo que era correcto y lo que no.

Por eso Zero no había reaccionado ante los movimientos de Ichijou y Shiki. Kaito estaba seguro que se debía a que respetaba a Sakura para no interferir en lo que decidiera hacer.

"Bueno, que lo haga a su manera", Kaito no se metería esta vez. Dejaría que las cosas siguieran su curso, a menos que en verdad se necesitara de su intervención.

Miró de reojo a Ino. Ella jugueteaba con los mechones sueltos de la trenza de Chiasa.

"Tal vez, yo también deba…".

[+][+]

—Tienes un mejor aspecto hoy, Seth —comunicó Sakura al purasangre sentado a su lado. Había pasado un día y medio desde su salida a la ciudad. Sakura e Ino evitaron las consecuencias de la resaca, pero no fue lo mismo para Isamu y Chiasa, mucho menos para Seth, quienes a pesar de haber bebido el tónico no pudieron con el dolor de cabeza y la sensación de cuerpo cortado.

Isamu y Chiasa tuvieron que reportarse enfermas y no habían salido de su habitación compartida. En cuanto a Seth, su posición como líder de la clase nocturna le impidió faltar una segunda vez a clases, por lo que tuvo que asistir con un humor irritable.

—De verdad quisiera creer en tus palabras, señorita prefecta —comentó Seth con acritud. No quería ser grosero, pero no tenía ganas de sonreír y pretender que se sentía bien—. Hoy fueron más ruidosas de lo habitual.

—Qué extraño que lo digas, considerando que desde que Ino y yo nos hacemos cargo ellas han dejado de gritar —sonrió sin poder evitarlo. Ahora esperaban en calma y murmullos fascinados a los vampiros, lo que había conseguido que ambas clases convivieran con mayor armonía—. ¿Quieres que le pida a Ino que haga otro tónico para ti?

—No, así está bien —dijo Seth mirando hacia abajo, al jardín interior, donde Ino estaba charlando con Nagisa y otros chicos de la clase nocturna—. Todo ha mejorado desde que ustedes están aquí, así que no voy a quejarme demasiado. Sabes, antes temía quedar atrapado en una relación para siempre, casi como lo que pasó con Nagi.

—¿Qué quieres decir con atrapado para siempre? Hasta donde sé Himawari es humana, ella no habría podido vivir tanto tiempo como él.

—Eso… olvidé que ustedes no saben mucho sobre las leyes de unión entre humanos y vampiros.

—Creí que ya no estaba prohibido que un vampiro estuviera con un humano —dijo Sakura recordando las lecciones no solicitadas que Hanabusa les dio sobre la sociedad de vampiros.

—Bueno, eso es cierto —concedió Seth—. De hecho, hace cincuenta años era permitido que un purasangre tuviera vínculos así con la condición que el humano convertido hubiera sido advertido antes de las consecuencias de dicha conversión.

—Me imagino que a los cazadores no les gustaba mucho esa condición —comentó Sakura.

Seth asintió.

—En todo caso rara vez la unión de un vampiro con un humano era de igualdad. Los abusos, la violencia y la degradación era una triada habitual, hasta que Yûki Kuran detuvo esto cuando creó las leyes de unión para el beneficio de los humanos y Kaname obligó a cada purasangre a firmar un acuerdo con un juramento de sangre. Las leyes son simples: Un vampiro sangre pura tiene la obligación de hacerse cargo del humano que convierta en vampiro. Pero Yûki Kuran no consideró que los humanos son capaces de anhelar poder y estatus, y cuando promulgó sus leyes quitó todo derecho a elegir de un purasangre sobre a quienes quiere convertir. En otras palabras, si yo llegase a tener una relación como la que tuvo Nagi con esa niña, no habría podido terminarla, incluso si no la hubiese mordido. Las leyes obligan al vampiro a hacerse responsable del humano debido a que se ha comprobado que las feromonas pueden alterar su comportamiento de forma permanente.

—Por eso Himawari Inoue estaba tan aferrada a Nagi y tuviste que hipnotizarla.

—No se me permite usar mis poderes en seres humanos libremente, pero la oportunidad se dio y por eso estaré agradecido con la señorita shinobi. Pude salvar a Nagi de vivir una experiencia desagradable. Puede que yo no escape de eso, pero él sí y eso es suficiente.

—¿A qué te refieres?

—Himawari no es la única persona interesada en anclarse de un vampiro —reveló Seth—. Su amiga Hinamori Sasagawa fue quien le metió la idea. Esa chica estuvo buscando una oportunidad de acercarse a mí en cuanto Nagi aceptó tener una relación con Himawari. Gracias a Tori no se concertó. Si no fuera por Tori yo habría sido obligado a ceder parte de mi escasa fortuna y tendría que protegerla en todo momento. Conoce bien las leyes, así que si hubiera demostrado que usé mis feromonas con ella… bueno, habría tenido que convertirla.

—¿Qué hubiera ganado de haberlo conseguido?

—Poder y la libertad de beber mi sangre cuando quisiera —respondió Shirabuki haciendo que la expresión de Sakura fuera de puro horror.

—Eso es injusto —dijo Sakura—. Entiendo que la señorita Yûki lo hiciera para proteger a los humanos y procurar que los niveles bajos no quedaran desamparados, ¿pero qué clase de ley pisotea los derechos individuales para favorecer los de un grupo en particular? ¿Acaso no pudo pensar en otras opciones? Incluso si en el pasado los vampiros purasangres cometieron crímenes contra los humanos, no es responsabilidad de las generaciones actuales pagar por eso. Tiene que haber una manera… podría hablar con Kaname y-…

Seth le pidió que guardara silencio colocando un dedo en sus labios. Sakura le miró con inquietud, los ojos heterocromaticos mostraban la aceptación de su situación.

—Ya has hecho mucho por nosotros —murmuró el vampiro—. Tú y tu querida amiga han cambiado el curso de la historia de este mundo. Por eso no tienes que molestarte con esto. No tienes que preocuparte por mí.

"Porque volveré a ser encerrado cuando este idilio en la academia termine", viviría aislado y solo (estaba seguro que Kaname no dejaría que Nagi y Tori lo acompañaran esta vez), y por supuesto, no se lo dijo. Sakura ya lidiaba con sus propios problemas. Seth estaba contento con lo que ella le había dado.

—¡Claro que me preocupo por ti, idiota! Quiero que seas libre de vivir, Seth.

El corazón del vampiro fue golpeado por una ola de conmoción y felicidad. ¿Qué era esa sensación burbujeante en su pecho, esa que le hacía sentir tanto bienestar? ¿Por qué deseó con tanta fuerza vivir en la luz del nuevo amanecer que las palabras de Sakura prometían? Seth estuvo a punto de llorar, pero hizo un esfuerzo por sonreír y tomó el rostro de Sakura entre sus manos.

—Mi señorita prefecta —susurró juntando su frente con la de ella—. Me basta haberte conocido para soportarlo. Te amo aunque tu corazón ya tenga dueño. Esa verdad nunca me ha hecho sufrir. Cuando tú no estés aquí, cuando hayan pasado los años hasta volverse décadas, siglos, milenios, mi mente siempre recordará tu amabilidad. Eso basta para mí.

—¡No trates de minimizarlo, tonto! —masculló con las mejillas coloradas y un tono de mortificación por lo que parecía el factor común de todos los hombres aquí: ser unos mártires—. Voy a ayudarte, haré lo que pueda para salvarte.

—Haz lo que quieras —tú que puedes hacerlo, agregó en su mente— y nunca creas que dejaré de quererte. Mi corazón te pertenece y será tuyo por siempre aunque tú no lo quieras.

—Eres un tonto —espetó Sakura, muy emotiva—. ¿Por qué te rindes tan fácilmente? No eres el único que sufre por lo que estás pasando. Nagi y Tori te quieren, pelea por ellos.

—No quiero que los lastimen.

—Yo te escuché, ahora tú lo harás conmigo —Sakura lo tomó por la cara—. Sin importar lo que digan o lo que hagan, no tienes que enfrentarlo solo. Tienes personas que se preocupan por ti. Confía en ellas y en que estarán ahí cuando lo necesites. No te rindas jamás.

—¿Por qué quieres ayudarme tanto, señorita prefecta?

—Por dos razones, una, eres mi amigo y te aprecio, y dos, me recuerdas a alguien muy importante para mí —respondió con una pequeña sonrisa enternecida—. Él nunca se dio por vencido a pesar de que el mundo estuvo en su contra. Superó las expectativas y ahora es reconocido por su valentía, poder y entrega. Él es el hombre más asombroso que he conocido en mi vida.

—Me pones en una situación injusta. Tú, dulce manipuladora, estás tratando de convencerme de la peor manera. ¿Cómo no esperas que quiera esforzarme cuando veo lo mucho que amas a ese hombre en el brillo de tus ojos?

—¿Amar? Oh, no, bueno sí, definitivamente le quiero, pero yo no…

—Eres una mala mentirosa —se rió Seth—. Escucha, no tienes que aclararme nada. Tus sentimientos sólo tú los conoces aunque los niegues. Eres una persona maravillosa aun si no lo crees. Todos cometemos errores y así como perdonamos los de los demás, deberíamos de hacer lo mismo con nosotros también.

Sakura bajó la mirada, incapaz de replicar. Ya era la tercera vez que alguien le hacía ver que estaba siendo demasiado dura consigo misma, que se estaba castigando por Dios sabe qué pecados.

—Medítalo, señorita prefecta, pero si todavía crees lo mismo para cuando esto acabe seguiré queriéndote —aseguró el vampiro sonriéndole con calidez—. Oh, parece que el turno acabó. Maldición, me salté las últimas horas de nuevo aunque no me importa en verdad. Sigo siendo un genio con excelentes calificaciones

Seth se levantó y le dio la mano a Sakura para ayudarla a pararse. Ella se mantuvo callada cuando bajaron hacia donde Zero, Kaito e Ino ya se reunían con el resto de los estudiantes de la clase nocturna.

—¿Cuánto apuestas a que hoy también estará allí, escondida entre los árboles? —preguntó Ino a Tohru. El vampiro se había convertido en un tipo de amigo molesto para ambas kunoichis.

—Eso no es interesante. Su patrón de conducta no ha cambiado. Además tú ya la habrás sentido y yo soy capaz de olfatear esa asquerosa pestilencia que llama perfume.

—¿No que nunca apostabas por algo que no fuera seguro?

—Eso no quiere decir que elija lo monótono, Yamanaka. Siempre es más entretenido cuando hay… un poco de emoción. Por ejemplo, si la apuesta es si alguna de ustedes logrará que esa mujer se detenga, entonces yo apostaría a que tú podrías lograrlo. El puñetazo que le dio tu compañera no consiguió hacerla desistir.

—Bueno, bueno, ¿qué tal si esa mujer tiene una vena masoquista? Tal vez quiera que Sakura vuelva a pegarle, ya sabes.

—No me inmiscuyas en una fantasía sadomasoquista, Ino —pidió Sakura.

—No juzgues sin haber probado antes, Sakura —movió su dedo negativamente, como si la estuviera regañando—. En todo caso, sigue siendo espeluznante que esa mujer espere todo este tiempo para que la clase nocturna salga. Admito que cuando yo era pequeña pude tener algunos comportamientos alocados, ¿pero acosar? Me sorprende que el director Cross no haya hecho algo al respecto.

—Él ha intentado hacerlo —informó Tohru que estaba al tanto de lo que Kaien pensaba de las nuevas leyes creadas por su ex hija adoptiva. El director de la academia no estaba muy contento y había abogado muchas veces por hacer que Kaname y Yûki cambiaran de opinión—, pero como sabrás la última palabra la tienen los Kuran. No hay mucho que puedan hacer al respecto.

Sakura se dio cuenta que se estaba refiriendo a la influencia que ellas habían logrado construir a través de sus esfuerzos. No era tan arrogante para creer que sería suficiente para cambiar la manera en que Kaname y su esposa había gobernado a los vampiros durante cincuenta años. No obstante, era imposible para ella quedarse con los brazos cruzados ante las injusticias que se estaban cometiendo.

—Ino, necesito que me hagas un favor —pidió Sakura tomándola de la muñeca para apartarse del grupo de vampiros. Ino ni la cuestionó y escuchó lo que tenía que decir. Sakura había demostrado que había mejorado su juicio al tomar decisiones, así que en cuanto escuchó lo que planeaba, la rubia asintió y se alejó con discreción.

—¿Qué te dijo Sakura? —preguntó Kaito cuando Ino se acomodó estratégicamente en un punto alejado.

—Que le calentó verte besándote con Shiki —contestó obteniendo una reacción involuntaria del cazador, que se sonrojó furiosamente—. Me dijo que para cuándo organizo otra salida para ver si vuelve a pasar.

—No debí acompañarlas a beber con ellos —admitió Kaito que no podía olvidar del todo lo bien que se había sentido ese beso—. Malditos vampiros y sus feromonas de mierda.

—Oh, vamos. Los cazadores tienen sangre de vampiro diluida, ¿no es así? Es por eso que son los únicos que pueden pelear contra ellos. No hiciste nada de lo que debas sentirte avergonzado.

—¿Estás tratando de hacer que me sienta mejor? Y yo que creí que eras una persona desalmada y sin corazón.

—Claro que tengo corazón —espetó Ino. Su trabajo exigía un control total de sus emociones. A Ino no le interesaba que los demás pudieran creer que era frívola por eso—. Como sea, ¿qué más te da a ti? Ya quedó claro que sólo nos ves como amenazas potenciales. No necesitas fingir que te preocupas, sólo ocúpate de tu deber.

Kaito se quedó callado. Sabía que Ino no estaba reprochándole nada, sin embargo, eso no evitó que algo en él se removiera con incomodidad. Que ella no esperara de él más que cumpliera con su trabajo era… duro en algún sentido desconocido. Kaito no era totalmente inescrupuloso, pero no tenía reserva en utilizar a quien creía conveniente para lograr su objetivo: exterminar a todos los vampiros.

Los vampiros habían sido los causantes de la muerte de su hermano. Una perdida que Kaito que le dejó un hambre de venganza que superó la de Zero. Sin embargo, a diferencia de Kiryû que había tenido a su lado a personas que lo salvaran de la vorágine de sentimientos violentos, Kaito no tuvo la misma suerte.

En pocas palabras, nunca había hallado en quien confiar ni quien le acompañara en su dolor.

—No sólo lo hago porque me lo hayan ordenado —dijo en un susurro suave con la intención que sólo ella lo escuchara.

Ino le observó de reojo con inexpresividad. Ella no iba a hablar porque éste no era su asunto. Si Kaito pretendía explicarse, la kunoichi no le ayudaría intentando llenar el silencio con preguntas o palabras alicientes.

—Hago esto porque las considero buenas personas —agregó Kaito sintiéndose más incómodo—. Yo no soy como ustedes.

—Tampoco nosotras somos buenas personas como dices, cazador —espetó Ino viendo como la puerta se abría y los estudiantes comenzaban a retirarse a su dormitorio. Se quedó rezagada unos minutos, los suficientes para que Sakura se llevara a Zero—. Sakura y yo no tenemos ninguna intención de gobernar este mundo, pero imaginemos que hubiéramos sido asignadas para tal misión en una realidad alterna. Pudimos habernos infiltrarnos sin que se dieran cuenta porque ya habríamos inventado algo para que no detectaran el olor de nuestra sangre. Sakura puede parecer débil en comparación mía, pero no lo es. Ella pudo haber diezmado a los cazadores mientras yo me hacía cargo de los vampiros, o habríamos empezado un conflicto entre ambos a tal grado que ningún intento de paz habría funcionado. Sakura y yo no le debemos lealtad a nadie en este mundo. Si nuestro Hokage lo hubiera ordenado… lo habríamos hecho sin dudar. Por supuesto, también tendría que haber una razón de peso para que Naruto siquiera lo considerara. Eso debe decirte algo sobre nuestra manera de operar. No somos una organización de asesinos que va por la vida mutilando personas; que los hay, para que quede constancia de que no todos son shinobis con honor. Puedes confiar en una cosa: nosotras no los traicionaremos. Siempre existirán demasiados «y qué pasaría si», pero no puedes detenerte a pensar en todos ellos. Es inútil porque si así fuera no estaríamos hablando en este momento y este mundo se habría sumergido en una ola de violencia y matanza. ¿Tú querrías que fuera así?

"Sí, desearía que el mundo ardiera como el mismo infierno", respondió con una determinación demente en su cabeza. Él no quería paz, sino destrucción. No anhelaba tranquilidad sólo un constante deterioro de todo a su alrededor.

—Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo —recitó Ino leyendo en los gestos de su cara la locura que guardaba—. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

—¿Quieres decir que estoy perdido en la oscuridad de un abismo profundo? —sonrió con burla.

—Quiero decir que hay humanos que actúan más como vampiros, que los propios vampiros —respondió avanzando hacia la salida. No había rastro de Zero y Sakura, y los alumnos rezagados eran escasos. Era el momento de hacer su movimiento—. ¿En verdad quieres ser como ellos, cazador? ¿Eres tan débil y patético que no puedes enfrentarlos de otra manera?

Kaito quedó anonadado que ella pareciera conocer con exactitud cómo herirlo. La kunoichi no estaba interesada en sermonearlo sino en completar la pequeña misión que tenía entre manos. Hasta ahora ambas habían usado sus técnicas en beneficio de los habitantes de este mundo, o para defenderse de quienes las atacaban, pero no era como si no pudieran hacerlo con otra meta. Después de todo le había dicho a Kaito de lo que eran capaces de hacer.

Ino era una excelente ninja-sensor. En este mundo era difícil por la deficiencia de chakra tanto en el entorno como en las personas, pero se las había arreglado para poder sentir a las otras personas usando la agudeza de sus sentidos. Tampoco era que su objetivo fuera difícil de localizar. Hinamori Sasagawa tenía patrones de conducta muy previsibles. Solía esconderse en los árboles del corto sendero por el que caminaban los vampiros para ir y salir de sus clases, y luego escabullirse entre las sombras para vigilar por media hora la parte externa de la habitación de Seth.

Ino saltó hacia los árboles para tener panorama amplio. Vio a Hinamori dirigirse hacia el dormitorio y cayó frente a ella con gracia, provocando que la chica trastabillara y se fuera contra el suelo.

—Buenos noches, señorita Sasagawa —saludó Ino con voz de retintín. No podía parecerlo, pero esa voz le había ayudado varias veces durante los interrogatorios en Konoha. Era como el de una madre descubriendo a su hijo haciendo fechorías—. Las clases de ambos turnos han terminado oficialmente, por lo que no tienes permitido vagar por las instalaciones sin permiso.

Hinamori la miró desde el suelo con ojos desaforados, incapaz de sobreponerse. La reputación de las kunoichis era bien conocida en cuanto a hacer valer el toque de queda. Hinamori ya había experimentado un golpe de Sakura y había visto a Ino reducir a toda una turba excitada a chiquillas temerosas y muchachos avergonzados.

—Parece que el gato te comió la lengua, lo que está bien para mí. Tu voz es tan molesta como la de tu amiga.

Ante la mención de Himawari, Hinamori reaccionó con prisa. Se levantó para enfrentar a Ino con toda la valentía que pudo reunir.

—¿Qué? ¿Le pedirás a Seth que también me borre la mente? —cuestionó con dureza—. ¡Anda, hazlo! Ya le he dicho a mi padre que estoy en una relación con él. Si de repente olvido todo lo relacionado con él, habrá problemas.

—Eres hija de Chisuke Sasagawa, el gerente de una fábrica de fármacos del sur, ¿no es así?

Hinamori sonrió con pretensión.

—Así es, es bueno que lo sepas. Mi padre maneja mucho de los medicamentos que-…

—Sí, lo sé, lo sé, he hablado con él en varias ocasiones —respondió Ino. El padre de Hinamori era un hombre de negocios interesado en patrocinar varios de los proyectos de las kunoichis—. No quiero perder el tiempo contigo. Sakura no distraerá mucho tiempo a Kiryû y no quiero aguantar un sermón de él o del director si se enteran de lo que voy a hacer.

La chica se puso a la defensiva, creyendo de corazón que podría detener a Ino.

—¿Vas a matarme? Te envió la mosca muerta de tu amiguita, ¿verdad? No le basta con la atención que todo el mundo le da, quiere quitarme a Seth.

—Yo diría que lo está salvando de una relación que claramente él no quiere tener. Vivir siendo la sanguijuela de un vampiro no es lo más elegante, pero a ti no te importa eso, ¿no es así? Qué lamentable —Ino realizó los sellos pertinentes y apuntó hacia Hinamori—. Tienes suerte que Sakura sea compasiva hasta con quienes le desagradan. Si por mí fuera haría algo más que modificar tus recuerdos, pero sólo estoy haciéndole un favor.

Hinamori no tuvo oportunidad de luchar contra la técnica de control mental del Clan Yamanaka. Su mente fue presa de la manipulación y cuando Ino terminó con ella, Hinamori regresó a su propia habitación olvidando a Seth y su rencor hacia Sakura.

"Supongo que tendremos que reconsiderar la oferta de su padre", dijo Ino pensando en la manera en la que tendrían que mantener en silencio a ese hombre. Afortunadamente era un tipo simple que no buscaba complicaciones así que sería fácil convencerlo de no decir nada sobre la supuesta relación que su hija mantuvo con Seth.

Yagari y los cazadores creían que podían utilizarlas en su encrucijada. Los vampiros del senado las veían como bocadillos. Kaname guardaba algo detrás de su cortesía. Y todos creían que eran las gallinas de los huevos de oro. Ino habría reído de buena gana por lingenuidad con la que las trataban. Este mundo no estaba preparado para soportar una guerra con los shinobis. Perderían, sin importar lo que hicieran.

Tenían suerte de no haber considerado a Sakura un enemigo. Ino se sintió aliviada de que fuera así… por lo que habría sucedido si alguien en este lugar hubiera logrado a matar a Sakura.

No quería imaginarse el chakra rojizo de Kurama y las llamas negras del Amaterasu consumiendo este mundo.

"Hablando de monstruos que pueden ser consumidos por un abismo".

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¡Fin del capítulo! No soy una experta en moda, ni en ropa, pero me encanta escribir capítulos sobre eso y también dibujar chicas lindas con conjuntos bonitos. La idea del baile no es nada novedosa, pero es mi excusa para ver a las protagonistas con vestidos chidos.

¿Por qué agregué NejiTen si no tienen nada establecido en el manga? Si Kishimoto armó ships de la nada, ¿por qué yo no puedo hacerlo? Me habría gustado ver más de Neji y Tenten (tanto individualmente como en pareja), pero por diversas razones que escapan a mi conocimiento no se pudo :( Ni modo, es lo que quiso el autor –aunque a esta altura ya no sé qué quiso hacer Kishimoto con su obra-… jamás lo sabremos *pose de Patricio Estrella*).

¿Algún fanfic que me recomienden del Clan Hyûga? Que se centre en las políticas del clan, por favor. Lo necesito.

Me duele decirlo, pero Guy-sensei debió morir en la guerra, y creo que Lee también. Es impactante ver a dos personajes tan llenos de energía y sueños perdiendo la vida en una guerra iniciado por un par de babosos que debieron tomar terapia.

En cuanto a las escenas "candentes" de Sakura con Takuma y Senri. La razón por la que se niega tiene que ver tanto con la percepción que tiene de sí misma, como por sus sentimientos hacia Naruto y Sasuke. Creo que aunque ellos quieran intervenir en sus citas, al final Sakura podría hacer lo que quisiera porque es su vida, pero en esto hay muchas cosas metidas que le impiden considerar una relación seria con otro hombre.

Ah, sí, Takuma aprovechó las feromonas de Senri para besar a Sakura. Ella le correspondió por esto.

No sirvo para escribir escenas subidas de tono aunque quiera. Siempre le tengo que meter otras cosas. Me odio por eso.

La frase que Ino le dice a Kaito pertenece a Nietzsche: "Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti".