¡Ohayo, Pocco! En la versión anterior no incluí a Iruka, ¡y qué maldito error fue! Si Sakura fuera atrapada en otro mundo, y sabiendo lo que ella significa para Naruto, sin duda Iruka estaría preocupado por él y trataría de animarlo.

También introduje a las madres de Sakura e Ino, aunque una sólo fue creada para RTN (Mebuki Haruno) y la otra sólo es relleno (y ni siquiera le pusieron un nombre, chale). Quise escribir sobre ellas porque me pareció congruente mostrar que no sólo Naruto y compañía están preocupados por Sakura e Ino, sino también su familia de sangre (aunque puede que odien a Mebuki en este capítulo).

En lo personal encuentro muy feo el diseño de los padres de Sakura, y que Kishimoto no los introdujera apropiadamente en su obra habla del desarrollo incongruente así como los cambios a los que sometió su historia por la poca popularidad de la protagonista.

Crear una historia nunca es fácil.


[+][+]

Noche XII

Dar el paso

"Y si algo quisiera desearte, es que pases por experiencias que te pongan a prueba, que te hagan dudar de lo que crees saber, sueños o metas que te hagan sentir algo de miedo, porque son esos los que te harán crecer. La renovación no es un proceso fácil —casi nada que valga la pena lo es—, pero te puedo asegurar, será lo mejor que te pudo haber pasado".

—Friedrich Nietzsche.

[+][+]


—Excelente trabajo el de hoy, Lord Hokage —dijo Iruka acomodando la única fila de papeles sobre el escritorio. Apenas pasaba de mediodía, pero Naruto había trabajado diligentemente así que el papeleo estaba en orden, los reportes de misiones fueron entregados y las peticiones estaban firmadas y selladas.

Naruto le miró desde su asiento, haciendo que Iruka sonriera con nostalgia cuando la imagen de un niño con googles y traje naranja se empalmó con la del joven adulto. A dos años de su nombramiento, Naruto había adquirido una presencia imponente, pero templada.

—No hay necesidad de formalismos, maestro Iruka —respondió Naruto levantándose y estirando los brazos hacia arriba. La capa roja de su uniforme ondeó a cada movimiento, haciendo que las llamas negras bordadas en las orillas parecieran moverse—. Todo se debe a que sigo el sistema de Sakura al pie de la letra. Además de tener su apoyo y el de la vieja Tsunade.

—Oh, no hagas ver como que te estamos mimando. Un hombre no puede cargar con el peso de una aldea él solo.

Naruto sonrió.

—Me alegra contar con personas tan confiables. Pero vendrán momentos que me pondrán a prueba y en los que sólo podré contar con mi ingenio y mi fuerza.

Iruka sabía a lo que se estaba refiriendo. Aunque no quería pensar en la posibilidad, si ella no estaba viva en ese mundo desconocido para cuando Naruto fuera allá… la imagen fue abrumadora. Un mundo entero estaría perdido de ser así. Iruka estaba seguro que Naruto podría controlarse, pero no actuaría ni con la mitad de compasión y bondad que le caracterizaban.

—Todavía es temprano para cenar, pero se me antojó pasar por el Ichiraku, ¿quieres venir, Naruto? —dijo sabiendo que su ex alumno había estado durmiendo en la Torre del Hokage. No podía juzgarlo. Naruto había vivido con Sasuke y Sakura durante años y se había habituado a tenerles en casa cuando él volvía del trabajo. La soledad continuaba siendo un gran temor para el joven Hokage.

Naruto tardó en contestar. Miró hacia la ventana, como si estuviera esperando que sucediera algo.

—Está bien, pero sólo si yo pago la cuenta esta vez. Me invitaste muchas veces, maestro Iruka, es justo que retribuya a tu amabilidad —se ajustó la capa y se aseguró de llevar su monedero de rana, lleno al tope por el gran sueldo que ahora recibía—. Sirve que recorro la aldea. He estado algo distante y no quiero que piensen que estoy haraganeando.

"Cualquiera que piense eso de ti, lo golpearé", pensó Umino con decisión. Naruto no era consciente de ello, pero aún tenía resquicios de ese deseo de ser reconocido en él. Después de tantos años Iruka se había percatado de lo extenuante y destructivo que era intentar ganar la aprobación de los demás. "Y sólo hasta que demostró ser útil para ellos, dejaron de verlo como un monstruo…".

Iruka también le había odiado por razones igualmente estúpidas. Había sido su error y había aprendido de ello. Ahora estaba decidido a no dejar que el suceso se repitiera, y estaba atento a la siguiente generación, procurando que la convivencia no estuviera siendo solitaria para uno de ellos. Sabía que no sería suficiente, que otras eventualidades podía presentarse, pero se esforzaría en lo que pudiera como retribución a lo que Naruto había dado por ellos.

Salieron de la Torre del Hokage tomando la calle principal como dirección. Iruka trató de conversar sobre asuntos triviales, ya que estaba seguro que Naruto estaría pensando en los intentos fallidos de Karin, Sasuke y Neji con el descifrado de la técnica, y en los preparativos que cada aldea realizaba para cuando la misión al otro mundo estuviera lista.

Iruka decidió enfocarse en otras cosas. Como en las veces en que tenían que detenerse cuando un aldeano saludaba a Naruto. O cuando algún niño se acercaba a hacer preguntas, hubo uno que le aseguró que era el mejor Hokage del mundo, y un grupo de niñas lo llenó con coronas de flores rosas y rojas que Naruto se puso como pudo. Los vendedores en los puestos ambulantes le ofrecieron su mercancía gratuitamente, pero Naruto se negó gentilmente. Las chicas jóvenes también le acechaban, como pajaritos piando por la atención del soltero más codiciado de Konoha.

—¿Cuándo es su cumpleaños, Lord Naruto? —preguntó una chica de cabello castaño con emoción. Iruka casi había resoplado al escucharla, ya que ella pertenecía al club de fans del Hokage y obviamente conocería ese dato—. Me encantaría prepararle algo especial.

—Oh, no tienes que molestarte —respondió, inexperto para siempre en las formas de cortejo—. Sakura y Sasuke me hornean un pastel cada año. No suelo comer demasiado en mi cumpleaños por eso. El dolor estomacal es muy serio dattebayo.

Él no lo había dicho con mala intención. Sasuke podía cocinar, pero los postres no se le daban, y si a eso le añadía a Sakura… Shikamaru había pedido a Shizune que preparara un botiquín especial para que Naruto no desfalleciera por el dolor.

Por desgracia, la chica se lo tomó a mal.

—L-Lamento si la comida que no sea de la señorita Sakura lo enferme, Lord Hokage… no sabía que tenían esa clase de relación.

Naruto inclinó la cabeza hacia un lado, sin comprender porque no mencionaba a Sasuke. Probablemente creía que un hombre no podía cocinar, lo que era una tontería. La comida de Sasuke los había salvado a él y a Sakura de tener que llenarse con comida chatarra. Hace meses que ninguno de los tres se sentaba en la misma mesa a comer. Naruto hizo el esfuerzo por no pensar en lo duro que era.

Iruka reconoció esa mirada, cuando los ojos azules ardían con devoción eterna. Para él, como su antiguo maestro, era obvio a donde se dirigían sus pensamientos. Había sido testigo lejano de lo que sucedió con el Equipo 7 cuando terminó la guerra. Lo que empeoró cuando Kakashi falleció y no hubo nadie que se atreviera a inmiscuirse en su vínculo. Yamato lo había intentado, pero había fallado. A estas alturas el único que persistía era Sai, y era porque quería demasiado a Naruto y Sakura para dejarlos a la deriva en un océano oscuro y sin fondo.

El mismo Iruka no sabía qué hacer. Era evidente que estaban al tanto de sus disidencias, pero parecían simplemente no querer salir de ahí. Iruka no era un sabio de la vida. No tenía todas las respuestas y estaba seguro que sus consejos no eran los mejores, pero… todo parecía apuntar a una dirección y no era una que le gustara.

Llegaron al Ichiraku donde Teuchi y Ayame los recibieron cálidamente, dándoles los mejores lugares. Para el restaurante de ramen, el hecho de que Naruto comiera allí de vez en cuando, le aportaba grandes ganancias. Teuchi se la pasaba contándole a quienes quisieran oír las historias de las hazañas del Hokage. Pero había algo peculiar en sus relatos. Él no suavizaba la verdad ni alteraba los hechos.

Los habitantes en Konoha podrían fingir demencia sobre la manera en la que trataron a Naruto por ser un jinchuuriki, pero Teuchi no.

Teuchi no quería que sintieran lástima ni ridiculizarlo, sólo que supieran sobre la soledad, la desolación, el anhelo (que pudo haberlo dirigido hacia una meta menos pacífica), que el hombre más fuerte del mundo vivió siendo un niño. Si Teuchi hablaba de Naruto era para que comprendieran el largo y duro camino que había elegido recorrer hacia la cima, un camino que complicaron las personas que sólo veían un monstruo en él.

"El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto quemará la aldea para poder sentir su calor", le había dicho a Iruka en una de esas ocasiones especiales en las que el chunnin se quedaba en Ichiraku hasta tarde. "Y tenemos suerte que Naruto haya decidido quemarse a sí mismo y no a nosotros".

—Te ves muy guapo con tu capa, ¡deberías usarla más a menudo fuera de la oficina! —alabó Ayame—. Tampoco te has cortado el cabello… si lo peinas para que el flequillo caiga de un lado, se vería genial.

—Tomaré en cuenta tus consejos —dijo Naruto—. Como sea, ¿qué tal han ido las cosas por aquí? He estado ocupado los últimos meses y Shikamaru no me cuenta los chismes emocionantes.

Felizmente Ayame contó los más recientes chismorreos de la aldea. Teuchi puso dos grandes tazones frente a ellos, uniéndose a su hija en la narración. Iruka no probó bocado hasta que Naruto lo hizo. Cuando la expresión del Hokage se relajó, él sonrió y disfrutó del pequeño momento de tranquilidad.

Una hora y tres tazones después, Naruto se excusó de ellos.

—¿Volverás a la torre? —preguntó Iruka.

—No, iré a visitar a unos viejos amigos —respondió ajustándose la capa y poniendo el dinero de la cuenta sobre la mesa.

—¿Quieres que te acompañe? —aunque no quería dejarlo solo, no impondría su presencia si no era deseada.

—Tu compañía siempre es bienvenida, maestro Iruka —sonrió. Se dirigió hacia Teuchi y Ayame—. Vendré de nuevo pronto. Espero que me cuenten más sobre el esposo-verruga de la señora Tatsuki para entonces.

—Te tendré las actualizaciones listas, Naruto —prometió Ayame—. Y trae a Sakura y Sasuke la próxima vez.

—Así será, y quizás convenza al imbécil de traer a Karin. Ya es hora de que nos divirtamos a sus expensas —le guiñó el ojo.

Después de salir del Ichiraku, Naruto e Iruka se dirigieron hacia la floristería Yamanaka. La madre de Ino los atendió personalmente. La hermosa mujer de platinado cabello rubio y ojos verdes les armó varios arreglos con flores y le dio a Naruto una cesta extra para que colocara las coronas de flores. Iruka permaneció al margen, observando a la mujer diciéndole a Naruto el significado de cada flor mientras él asentía. Conocía a la señora Yamanaka desde hace mucho tiempo, era una mujer de carácter duro, dirigido más a soluciones simples ante cualquier problema. Nada que ver con su hija y su difunto esposo.

—Unos crisantemos nunca vienen de más. El significado depende del color, pero un crisantemo siempre representará lo eterno. Estos blancos servirán bien para honrar a las personas fallecidas, para que su memoria nunca sea olvidada —la señora Yamanaka le entregó los ramos, acomodándolos en otra cesta para entregarlos al joven. Naruto lo tomó con cuidado, pidiendo la cuenta—. No me debes nada.

Naruto parpadeó, confundido.

—Eh… no, realmente quiero pagar por las flores —aseguró—. Ino me matará si se entera que por mi causa disminuyeron las ganancias de su floristería.

—Por eso, son gratis —la mujer puso su mano sobre la de Naruto que sostenía la canasta. Sus ojos verdes miraron directamente hacia los del Hokage—. Para el hombre que traerá de vuelta a mi hija, es lo menos que puedo hacer.

Esta mujer no pretendía que se hiciera responsable de lo que sucedió, porque era evidente que Naruto ni nadie había pensado encontrar un portal como ése, ella simplemente le estaba pidiendo que Ino regresara a casa. Confiaba en que él lo haría porque ya había demostrado muchas veces que cumplía sus promesas.

—Lo prometo, señora Yamanaka —pronunció Naruto.

Una débil sonrisa estiró los labios de la mujer. Tentativamente tocó el hombro de Naruto, como si estuviera midiendo qué grado de contacto era adecuado considerando que era el Hokage.

—Gracias —musitó con los ojos acuosos. Ella no lloró, pero su expresión había causado sentimientos agobiantes en Iruka. Las madres de ninjas estaban conscientes que sus hijos podían morir en el cumplimiento de su deber, pero nunca era fácil lidiar con la angustia.

Cuando la señora Yamanaka lo soltó, Naruto e Iruka pudieron retomar su camino hacia el cementerio. Iban en silencio, Naruto sonriendo y asintiendo a quienes le saludaban. Para Iruka era sencillo saber lo que Naruto estaba pensando, pero en ocasiones como ésta, cuando esos ojos azules lucían un poco lejanos, no tenía idea.

—No te quemes la cabeza pensando en cosas que desconoces, maestro Iruka —comentó Uzumaki mirándole de reojo, una sonrisa confiada en la cara. A veces Iruka olvidaba que su ex alumno se había vuelto un sensor bastante habilidoso—. Sakura e Ino son fuertes e inteligentes. Confía en ellas.

"Es lo que yo hago para no perder la calma", porque los días parecían interminables en la soledad de su oficina, cuando todos volvían a casa y él y Sasuke no podían porque les faltaba alguien. Al principio habían podido ignorar la ausencia de Sakura aferrándose entre sí, pero con el tiempo se dieron cuenta que no era suficiente, que habían perdido algo importante.

Porque Sakura significaba normalidad, esa partecita de sus vidas que no se conectaba con pasados lejanos y destinos divinos. Sakura los anclaba a la tierra, siempre firme a pesar de su fragilidad, siempre amable a pesar de sus deficiencias. Sakura era como la lluvia fresca después de meses de sequía.

"La extraño", porque los días no eran los mismos sin ver su sonrisa, sin sufrir sus habituales regaños y las amenazas vacías de ajusticiarlo con un golpe si no finalizaba su papeleo o si se atrevía a dejar clones en su oficina para irse a pasear por la aldea. Porque ella era así, terquedad, dulzura, llanto y tropiezos, y Naruto nunca había dejado de pensar en cuanto le gustaba todo eso de ella. "Aunque no soy el único. Sasuke tendrá que admitir algún día que también la echa de menos".

—Nada mal. Has mejorado desde la última vez —dijo Naruto deteniéndose justo a dos calles del cementerio. Iruka le miró con desconcierto, pero cuando escuchó una risilla bastante conocida, sólo atinó a sonreír—. Si te ríes en cuanto te descubren es mejor que tengas un plan para derrotar a tu oponente.

—Oh, créeme que lo tengo.

Naruto bloqueó fácilmente la patada a la cabeza, para después hacer lo mismo con la serie de golpes con los que Konohamaru pretendía distraerlo. Los pocos aldeanos alrededor ni se inmutaron, ya acostumbrados a los pequeños espectáculos del Hokage y su único discípulo. Naruto manejó con agilidad cada golpe, evitando que el contenido de las canastas se estropeara.

—¿Para qué son todas esas flores, hermano Naruto? —preguntó Konohamaru. Él nunca se dirigiría a Naruto por su título durante estos juegos, de la misma manera en la que Naruto no lo trató sólo como el preciado nieto del Tercero.

—Para unos viejos amigos —dijo sabiendo que su respuesta sería suficiente para que Konohamaru entendiera—. Quiero visitarlos una vez antes que vayamos por Sakura.

Por supuesto, Konohamaru estaba al tanto de la misión que realizaría con un grupo selecto de jounnin, viajando hacia un mundo desconocido. Konohamaru sabía que muchos aldeanos entrarían en pánico si lo supieran, pero Naruto lo había disfrazado como una reunión de emergencia con los demás kages. La aldea quedaría a cargo de Shikamaru, con Yamato y Tsunade para respaldarlo.

—Me encargaré de proteger Konoha hasta que regreses —prometió Konohamaru con esa firmeza que estaba adquiriendo con los años.

Naruto le puso una mano sobre la cabeza. El pequeño Sarutobi ya no era tan pequeño, se estaba convirtiendo en un shinobi formidable.

—Sé que lo harás dattebayo. Después de todo, serás quien me suceda… eso si Moegi decide no entrar en la competencia —Konohamaru hizo un jadeo ahogado al recordar que su compañera de equipo había estado evaluando la posibilidad de convertirse en Hokage.

—Cierto, cierto —añadió Iruka—.Yamato ha hablado mucho sobre su talento con el Mokuton.

—Sus técnicas no están al nivel de las de Hashirama, pero si continúa entrenando… —comentó Naruto, disfrutando de la frustración de su pupilo.

—¡Oh, por favor, hermano Naruto! —refunfuñó, torciendo los labios infantilmente—. No la alientes. Ya es suficientemente malo que se haya convertido en jounnin antes que yo.

—¿Por qué le temes a un poco de competencia, Konohamaru?—despeinó su cabello otra vez—. Moegi obtuvo su rango a través de su esfuerzo. Más que envidiarla o pedir que no la apoyen, tendrías que acercarte y aprender de ella. Uno no llega a la cima desdeñando a las personas que han logrado subirla, ¿no lo crees?

—Bueno… sí —admitió con un tenue sonrojo de vergüenza—. Es sólo que… las cosas han cambiado, sabes. Moegi afinando sus habilidades con el Mokuton. Udon quiere convertirse en ninja-médico. Y yo no tengo claro qué camino tomar, es decir, sé que quiero ser Hokage, pero lo demás está en blanco.

—Las cosas cambian —dijo Naruto con un toque de amargura que Iruka y Konohamaru no notaron—. No podemos evitarlo, sólo podemos adaptarnos y esperar lo mejor. No te desanimes. Ya encontrarás lo que quieres hacer.

—Gracias, hermano Naruto —sonrió Konohamaru—. ¡Espero que para entonces ya te hayas conseguido una novia!

La tez bronceada de Naruto enrojeció salvajemente y Konohamaru saltó hacia el tejado de una casa para escapar de la reprimenda, también le sacó la lengua antes de darse la vuelta y alejarse a brincos.

—Estos niños de ahora… —masculló Naruto entre dientes.

—Venga, no hagas corajes. Vámonos ya, ¿a menos que prefieras hacer la visita durante la noche?

Naruto se estremeció de miedo. Las historias de espíritus le aterraban. Retomaron el camino —y si Naruto apresuró el paso, Iruka no dijo nada— hasta llegar al panteón. Iruka ya había hecho su visita mensual a sus padres y al Tercero, por lo que esta vez no tomaría una ruta que fuera diferente. Ambos permanecieron en silencio recorriendo las hileras de tumbas de shinobis que habían fallecido ya fuera en el cumplimiento del deber o por razones naturales. Nombres en lápidas que a veces eran desconocidos y a veces muy familiares.

—¿Uh? ¿Neji? ¿Tenten? —titubeó Naruto cuando vio a la pareja frente a un grupo específico de lápidas—. ¿Qué están haciendo aquí?

—Lo mismo que tú, al parecer —sonrió Tenten observando la canasta con los arreglos florales. Ella avanzó hacia él mientras Neji asintió hacia Iruka para reconocer su presencia—. Neji y yo ya hemos puesto flores para el maestro Gai, Hinata y Lee, pero estoy segura que no querrán quedarse sin el regalo que nuestro Hokage trajo para ellos.

—Te ayudaré con eso, si me lo permites —dijo Iruka a Tenten para darle la oportunidad a Naruto de hablar con Neji un momento.

—Se lo agradecería, maestro Iruka.

Mientras Neji se acercó hacia Naruto, sabiendo exactamente por qué le había sorprendido verlo a él aquí, pero no se sintió enfadado. Naruto había estado haciendo gala de una paciencia y madurez admirables estos cuatro meses, anteponiendo el bienestar de la aldea antes que el de su propia compañera de equipo. Así que si se sentía impaciente porque los esfuerzos de Sasuke, Neji y Karin todavía no habían rendido frutos, ¿cómo podría reclamarle?

—Haremos otra prueba mañana por la mañana, por ahora hemos decidido tomar un descanso —informó Neji volcando su atención hacia Tenten e Iruka. Las tumbas de Gai, Hinata y Lee ya estaban limpias, pero la de Chouji no, por lo que empezaron a remover la poco mala hierba alrededor—. Aunque Sasuke ya está pensando en otras alternativas, como usar el Rinnegan y mantener la conexión a través de un sello especial.

—Como la supuesta técnica de sellado de Hiroto —dedujo Naruto—. ¿Eso es posible?

—En teoría podría ir y venir, pero sólo él. Si Sasuke quiere emplear el mismo principio, primero tiene que estar seguro que su chakra no será drenado rápidamente.

—Puedo brindar el chakra extra que necesite.

—Lo sé —sonrió—, pero tampoco es la solución. Estamos hablando de una cantidad descomunal de energía que ha viajado a través de un vínculo por muchos años. Si interviene otra energía, no podemos arriesgarnos a que se desestabilice. Karin está revisando la información de Uzushio con Sasuke, Suigetsu y Jugo para saber qué puede estar faltando.

—¿Y si la respuesta se oculta en el otro mundo? —inquirió Naruto de repente. Llamando la atención de Neji—. Hiroto pudo llevarse el resto de los secretos de los Uzumaki a donde estarían seguros. A un lugar donde nadie los entendería ni podrían usarlos.

Las suposiciones de Naruto solían ser acertadas, así estuvieran basadas en su intuición, por lo que Neji evaluó al instante si tendría sentido en el panorama general. Y lo tenía, considerando lo recelosos que fueron los Uzumaki sobre sus técnicas. Si estaban escapando y no querían que sus conocimientos quedaran en manos desconocidas, ¿qué mejor que irse a donde nadie podría usarlo?

—Ve, Neji —dijo Tenten mirándole a los ojos, cuando entendió lo que él estaba pensando. Luego de tantos años como compañeros de equipo, y unos más como pareja comprometida, habían construido un entendimiento entre ellos para cuando debían anteponer su deber ante todo.

—Iré contigo —se apuntó Naruto, apresuradamente. Pero Neji lo detuvo poniendo una mano sobre su hombro.

—No, tú nos ha encomendado esta misión. Es nuestro trabajo completarla y entregarte resultados —porque sabía cuánto Naruto deseaba poder hacer algo. Para Neji era claro que no estaba pasando por un buen momento, pero esto era una parte de crecer. Ahora más que nunca, era importante que actuara como el Hokage—. Confía en que no te defraudaremos.

Se miraron mutuamente durante unos segundos, en los que Neji pudo contemplar la lucha interna en los ojos azules.

—Está bien —cedió Uzumaki—. Cuando encuentren algo importante…

—Vendré a informártelo de inmediato —acordó.

Naruto, Tenten e Iruka permanecieron quietos hasta que Neji se retiró.

—Venga, Naruto, tienes un pendiente que atender —Tenten le puso una mano en el antebrazo para tomarlo y guiarlo. Naruto se movió como un autómata, apenas asintiendo a las indicaciones.

Iruka miró a su ex alumno mientras se hincaba frente a las tumbas. Nadie había salido indemne de la guerra, ni siquiera él. Después de todo siempre se hablaba sobre las hazañas de Naruto Uzumaki en el campo de batalla, no de las otras cosas. De cómo Lee fue consumido por las llamas negras de Obito, de cómo Madara destrozó a Chouji por intentar llegar a Ino, del maestro Gai abriendo las Ocho Puertas como último recurso, de Hinata atravesándose entre las lanzas del Jûbi para proteger a Kiba y Shino. Cada caído representaba para Naruto una derrota, un recordatorio de que no había podido proteger a las personas que le importaban.

Para Iruka era evidente que Naruto no era omnipotente, no era perfecto ni infalible.

¿Pero Naruto lo sabía?

Naruto había hecho su meta el ganar el reconocimiento de un pueblo que no merecía su amor y preocupación. ¿Y si era demasiado? ¿Si más que ser una motivación, se había convertido en una razón para preocuparse? Iruka deseaba que no fuera el caso, pero desde hace años era obvio que no todo marchaba bien con el chico.

"¿Qué harías tú si estuvieras aquí, Kakashi?", pensó Iruka.

—Hola, Hinata —dijo Naruto hincado frente a su tumba. Ella tendría que haber estado en el panteón familiar de los Hyûga, pero su última voluntad había sido que la enterraran aquí, junto a sus amigos y camaradas de guerra—. Sé que no te interesaban las políticas de tu clan tanto como a Neji, pero te alegrará saber de los cambios que ha habido desde que Hanabi tomó el mando. Mmm, creo que él te contará los detalles cuando venga. Ah, la misión todavía está pendiente, pero espero que pronto podamos ir hacia a ese otro mundo.

—Uhn, ¿es todo lo que le dices cuando vienes a visitarla? Sobre los Hyûga y sobre trabajo —preguntó Tenten.

—Bueno, no éramos cercanos y todo lo que sé sobre Hinata es porque Kiba me lo contó después de que ella… —musitó con esfuerzo. Las muertes de sus amigos eran algo de lo que se sentía responsable—. Y antes de eso, cuando ella se me confesó, yo no… le respondí. Mis sentimientos no eran los mismos que ella tenía por mí, y sé que no merez-…

Tenten puso una mano en su antebrazo de nuevo, para detenerlo. Naruto la miró fijamente.

Conozco cuáles son tus sentimientos, Naruto, y no haría algo tan desagradable como minimizarlos —ella lo soltó cuando confirmó que sus ojos azules no se veían aprehensivos—. Estoy segura que Hinata también lo sabía. No sé qué la motivó a confesarse en ese momento y de esa manera, pero no lo debes nada. El amor no es una deuda que se exija pagar.

—A veces no puedo evitar pensar en qué hubiera pasado si lo hubiera sabido antes.

—Pensar de esa manera es ocioso, ya sabes. Pero si te sirve de algo, cuando lo supiste, ¿cambió algo en ti?

—Konoha estaba recuperándose de lo que Pain, Sasuke había atacado a Bee y tensado las relaciones con Kumo, así que ni siquiera lo medité —confesó—. Quizás… debí notarlo. Sé que soy despistado, pero…

—Bueno, si tengo que decirlo, eso no tiene nada que ver con que no te guste una persona. Y no has respondido mi pregunta, tramposo. ¿Cuándo supiste que Hinata te quería, cambió algo en ti?

Muchos tendían a pensar que era un tonto ingenuo que no podía diferenciar una verdad de una mentira, un sentimiento romántico de uno amistoso. Pero lo cierto era que siempre había tenido bien claros los sentimientos que tenía por cada persona. Ya lo había conversado aquella vez con Haku, cuando ambos acordaron la importancia de esas personas irremplazables y valiosas que otorgaban luz y calidez a sus vidas.

—No cambió mis sentimientos, si eso es lo que preguntas —respondió Naruto sintiendo una especie de alivio al declararlo en voz alta—, sólo hizo que me diera cuenta que… yo también debería dar ese paso. Pero han pasado más de cuatro años y simplemente no encuentro la fuerza para hacerlo.

"Porque a diferencia de Hinata, yo herí a quien más amo", se dijo sintiendo sus entrañas retorcerse. El eco de su angustia resonó en la celda de Kurama, por lo que el zorro envió ligeras ondas de su chakra para calmarlo.

—Bueno, quizás ya es hora —comentó Tenten poniéndose de pie y dándole la mano— Cuando vayamos a ese mundo, habla con Sakura. No sabrás su respuesta hasta que preguntes.

—Ella ya quiere a alguien.

—Y ciertamente obligarla a corresponder tus sentimientos por todo lo que has hecho por ella sería horrible —asintió logrando que él la mirara con reproche, ¡como si fuera tan ruin para hacer algo así!—. Sabes que nunca pensaría así de ti. Pero las personas cambian, Naruto, así como los sentimientos. Si decides dar el paso, tendrás tu respuesta. Si no lo haces, bueno, supongo que no te importa que todo siga igual. Es tu decisión y si necesitas algún consejo, estaré aquí para ti.

—No es que me queje, ¿pero a qué se debe esta cercanía tan repentina? —preguntó con recelo—. Espera, no me digas… ¡Te enamoraste de mí!

"Este chico no cambia", pensó Iruka con resignación cuando Tenten golpeó a Naruto en la cabeza.

—¡No deberías de golpear a tu Hokage! ¡Se supone que debes respetarme! —gimoteó.

—Soy tu amiga así que me preocupo por ti y quiero que sepas que puedes contar conmigo. Eso es todo.

—Obviamente, sólo estaba bromeando —dijo, ofendido—. Neji te quiere y tú lo quieres. Soy su padrino de bodas y me aseguraré que Sakura e Ino no terminen asesinando a ningún Hyûga vejete y terco que quiera detener la boda.

—¿En serio las detendrás?

—Siempre puedo fingir que lo estoy intentando —respondió quitado de la pena. Tenten se rió sabiendo lo mucho que Naruto detestaba a los ancianos Hyûga—. Así como fingiré que no sabía nada de que tú y Neji no vivirán dentro del complejo, como ellos esperaban.

—No debiste tomarte la molestia de comprarnos una casa, Naruto. No deberías derrochar el dinero así.

—Hey, soy el padrino y si quiero darles un regalo, se los doy. Pero si sienten que es demasiado, siempre pueden ponerle Naruto Hyûga a su primogénito para compensarme.

—No… no creo que nuestra gratitud sea tan grande —comentó Tenten, aunque estaba segura que dejarían que Naruto decidiera el nombre de su primer hijo. Claro, a su debido tiempo—. ¿No tienes más opciones, al menos?

—Mmm, se me ocurren Ichiraku, Ramen Junior, Onbu.

—Si quieres ascender de padrino de bodas a padrino de nuestro hijo, será mejor que pienses seriamente en un nombre.

—¡Pero si esos son geniales! —exclamó, sorprendido—. ¿Y cómo que un nombre? Creí que planeaban llenar la casa con un montón de bebés con el Byakugan.

—Alguien te tiene que explicar cuánto cuesta tener un hijo, no sólo económicamente sino mental y físicamente —suspiró Tenten.

Para cuando el sol se puso en el horizonte, Tenten se despidió para regresar a casa. Iruka planeaba hacer lo mismo, pero no quería dejar solo a Naruto. Sin embargo, su ex alumno se adelantó y le dijo que se quedaría un momento más.

—Falta que vea al maestro Kakashi, pero quiero… hablar a solas con él.

—Oh, descuida —dijo Iruka entendiendo que había hecho lo posible por ahora—. Por favor, no te quedes toda la noche. Recuerda que tienes que descansar, ¿de acuerdo?

—Sí, lo sé dattebayo. Uno pensaría que como Hokage dejarías de tratarme como un niño, pero creo que el maestro Iruka simplemente no puede hacerlo.

Iruka se rió nerviosamente. Extendió su mano, percatándose de lo mucho que tenía que estirarse para acariciar la cabeza del muchacho.

—Bueno, no lo puedo evitar. Eres como un hijo para mí y a veces me sobrepasan mis instintos paternos.

Naruto giró la cabeza tan rápido que Iruka apartó su mano. La forma en que le miraron esos ojos azules, le hizo sobrecoger un poco.

—P-Perdón, no quise insinuar… es decir, sé que el Cuarto era tu padre y que yo nunca…

Una mano en su hombro lo detuvo. Cuando Iruka volvió a mirarlo descubrió que había sido sorpresa lo que había visto en los ojos del joven Hokage, no rechazo.

—Me hace feliz que pienses en mí como un hijo, porque desde aquella vez he pensado en ti como un padre —admitió—. P-Por supuesto, no quiere decir que no quiera a mi papá, es sólo que yo…

—Lo entiendo, Naruto —dijo Iruka con amabilidad. Mostró su mejor sonrisa para calmar su inquietud—. Nunca sustituiré a Lord Minato, pero que su hijo piense en mí de una manera tan especial, me hace sentir honrado.

—Vas a hacer que me ponga sentimental y no quiero terminar llorando.

—No hay nada de malo en llorar, pero si realmente te preocupa, yo soy el único que está aquí y no diré nada a nadie. Por ahora, te daré tu privacidad. Quieres hablar con Kakashi a solas y yo lo respeto, pero si lo deseas, mañana puedes contármelo cuando comamos en Ichiraku.

—Me estás malcriando en verdad, maestro Iruka.

—Yo diría que sólo estoy dándote lo que mereces —le palmeó la espalda, sin dejar de sonreírle—. Nos vemos mañana en la oficina.

—Nos vemos.

"Tu maestro y tus amigos están preocupados por ti, muchacho", le dijo Kurama cuando se quedaron a solas.

—Lo sé —respondió.

"Y aun así, te sigues aislando de ellos".

—Ya sé —replicó con dureza, sabiendo que a Kurama no podía mentirle. Para el zorro, Naruto no tenía secretos—. Es sólo… que no quiero que ellos vean…

"Uhm, no quieres que vean lo que ha sucedido entre ustedes tres. Como sea, no pretendo darte un sermón", pronunció Kurama aunque llegaría el momento en que tendrían que hablar. Por cuatro años le había dado margen a Naruto, sabiendo que si presionaba nada bueno iba a resultar, pero ahora la oportunidad aparecía, y fuera coincidencia o cosa del destino, el zorro la tomaría. "Lo que decidas hacer, hazlo sin mirar atrás, sin retractarte. Ése es tu camino ninja, después de todo".

Dar el paso. Cambiar lo que no estaba seguro de querer que cambiara. Descubrir lo que no estaba seguro de querer saber. Había tenido experiencias duras antes, pero ahora…

"No quiero perderlos", se dijo pensando en Sakura y Sasuke, tan metidos dentro de su corazón que ya no sabía cómo vivir sin ellos.

Y recordó la última vez que la vio.

"¿Eh? ¿Tengo que salir otra vez tan pronto?", había dicho Sakura cuando regresó de su misión a Suna. Había pasado un mes dándoles un curso intensivo de nuevos métodos de sanación a los médicos-ninjas del desierto. "Creí que tendría que llevar esa encomienda después".

"Es muy urgente", le había respondido Naruto entregándole los pergaminos con un gesto de disculpa y notó que su capa todavía tenía una capa de arena cubriéndola. "Esto puede definir la economía de la aldea de los próximos cinco años. Si sale bien, probablemente podamos iniciar los proyectos que quedaron pendientes por falta de recursos".

"Si con esto consigo antes el financiamiento para iniciar el programa de entrenamiento, me iré ahora mismo", dijo Sakura con una amplia sonrisa. "Y si mi programa tiene buenos resultados, el Daimyo prometió apoyar nuestra clínica. ¡Por fin tendremos un lugar apropiado para ayudar a los niños!".

Naruto le sonrió sin poder evitarlo. Sabía cuánto Sakura se estaba esforzando por ayudar a esos niños a los que nadie nunca antes habían auxiliado. Y si Naruto podía apoyar con lo que pudiera, entonces lo haría.

"Nos vemos dentro de cuatro días, Naruto", dijo Sakura dando la vuelta para salir por la puerta. "Dile a Sasuke que no olvide hacer las compras, ya que voy a estar fuera estos días. Y, por favor, nada de pijamadas con los chicos. A ti no te da resaca, pero a los demás sí. Recuerda que Neji, Kiba y Shino tienen misiones toda esta semana. Ah, Sai y yo íbamos ir hoy por unos libros que encargamos, ¿podrías pedirle que lleve los míos a la casa? Gracias".

"Tan mandona como siempre", murmuró Naruto cuando ella cerró la puerta. Pero él cumplió con lo que le había pedido, esperando que volviera dentro de cuatro días.

Pero no fue así. Sakura no regresó ni siquiera llegó a su destino.

Naruto temió que lo peor hubiera sucedido. Intentó llegar a ella a través del marcador que le puso en la cadera, pero no pasó nada. Si no hubiera sido por Shikamaru y Yamato, habría salido a buscarla sin importarle nada porque de ninguna maldita manera podía quedarse así.

Porque ella era de quien había aprendido a sonreír, cuando todo parecía ir mal.

"Si es tan importante para ti ¿por qué le hiciste algo imperdonable?", cuestionó la aguda voz de un Naruto pequeño dentro de su mente.

El cuerpo de su Sakura destrozado, su sangre manchándole las manos mientras la sostenía entre sus brazos, intentando salvarla… Y el Dios de la Muerte, saboreando el alma de la chica luego de haberla arrancado de su cuerpo.

"¡Esto no puede estar pasando! ¡Esto no… no es real! ¡A ella no, por favor, a ella no!", sus gritos seguramente causaron escalofríos a sus amigos. Sasuke estaba frente a él con la mirada fija en ese pedazo de carne roja que antes había sido Sakura. Kakashi intentaba que Naruto se tranquilizara, e Ino luchaba para que Shikamaru la dejara ir a ayudarla.

Naruto se paró frente a la tumba de Kakashi.

—Hola, maestro Kakashi —dijo suavemente. Con cuidado removió las yerbas alrededor de la lápida para después colocar el arreglo floral y las coronas de flores encima—. Me las hicieron unos niños, pero creo que no les molestaría que te las diera. Después de todo, les he contado sobre ti y te admiran.

El silencio de los muertos… Naruto lo detestaba. Comenzaba a pensar que el Edo Tensei no era una técnica tan horrible, si podía volver a hablar con quienes le importaban.

—Han pasado dos meses desde la última vez que vine, pero no quería hacerlo sin traer noticias. Al parecer, acabo de encontrar una pista importante —se rió bajito—. Confío en que Neji, Sasuke y Karin cumplirán con lo que les pedí. Pronto las traeremos de vuelta… maestro Kakashi, han pasado muchas cosas. En este momento, no tengo idea de qué hacer… ¿o tal vez sí? Creí que las cosas se arreglarían, pero pasó lo contrario. Desearía que estuvieras aquí, quizás sabrías que hacer… o no. Dios sabe que tampoco tuviste una vida fácil. Lidiar con los problemas de tres adultos jóvenes no parece una recompensa por tu esfuerzo, eh, ¡no es que quiera decir que estás mejor muerto!

Le tomó al menos unos segundos para darse cuenta que estaba farfullando sin control. Volvió a reírse y carraspeó para aclararse la garganta.

—Para la próxima vez que venga aquí, ella estará conmigo. Lo prometo. Eso es lo que vine a decirte. No tienes que preocuparte por nada. Sasuke y yo la traeremos de regreso.

Naruto se sintió un poco reconfortado. Si era por lo que había dicho o porque de alguna manera Kakashi le había respondido desde las Tierras Puras, no lo sabía, pero no importaba. Dando por concluida su visita, dio la vuelta y se dirigió hacia el pueblo. Podía tomar una ruta poco transitada, pero no siempre tenía la oportunidad de apreciar el resultado del trabajo en conjunto de él y sus asesores (Shikamaru, Sakura, Sasuke y Tsunade, principalmente) en la aldea.

Ciertamente, había cosas que no le gustaban de ser Hokage —el papeleo, las interminables reuniones para discutir presupuestos o planes—,seguía aprendiendo que el puesto requería más que poder, y aunque nunca lo hubiera pensado de sí mismo, estaba cumpliendo la parte que requería mucha concentración de su parte. Probablemente no sería perfecto, pero al menos quería brindarle una oportunidad a las nuevas generaciones de enfrentar las cosas desde otra perspectiva.

Hashirama y Madara habían soñado con crear un lugar donde los niños no tuvieran que morir por los conflictos entre los adultos, aunque al final terminara siendo eso mismo debido a las diferencias sin resolver entre los clanes fundadores.

"El conflicto es inevitable", le dijo Shikamaru cuando discutieron sobre las nuevas políticas que seguirían en su periodo como Hokage. "Del conflicto nace el desarrollo. Entenderlo evitará que creamos que los problemas sólo traen cosas 'malas'; Hashirama fue un soñador que no miró más allá de su fantasía, mientras que Madara se convirtió en un Dios que sobrepuso la paz sobre la libertad y la individualidad. Si de sus errores hay que aprender, es que las utopías no existen y tratar de alcanzarlas es una locura".

"Ambos querían salvar al mundo a su manera, pero la urgencia por salvar a la humanidad es casi siempre una máscara que oculta la urgencia por gobernarla", dijo Sasuke, quien tras su derrota a manos de Naruto había tomado su tiempo para reflexionar sobre sus propias ideas. Al fin y al cabo, estuvo a punto de hacer lo mismo que Madara.

Naruto estuvo de acuerdo. Konoha debía ser ese lugar donde las personas pudieran vivir tranquilamente a pesar de sus diferencias y de la inevitabilidad del conflicto. Un lugar donde los niños pudieran crecer, desarrollarse y buscar su propia felicidad.

Naruto tenía sus esperanzas puestas en ello.

Caminó durante media hora por la aldea. Saludar y sonreír a cada habitante que se paraba a hablar con él era una experiencia a la que no se acostumbraba aún. Los recuerdos de los días en que estas mismas personas le miraban con repudio y lo maldecían eran persistentes en momentos así, cuando estaba… solo.

No se mentiría a sí mismo. Dentro de él existía una diminuta parte que estaba disgustada con la cruel moralidad de los de Konoha, pero había aprendido a controlarla. Sí, su vida había sido dolorosa por la soledad y por lo que otros le hicieron pasar, pero eso no determinaba nada, sino lo que había decidido hacer con su vida.

—Lord Hokage —dijo una voz femenina que reconoció al instante. Naruto se detuvo y miró hacia atrás—. Buenas noches.

—Buenas noches, señora Haruno.

Mebuki Haruno le miró con detenimiento, como si estuviera pensando qué palabras usar con él. No era la primera vez que ocurría. Naruto ya había tenido conversaciones anteriores con la madre de Sakura y todas terminaron muy mal.

—¿Necesita algo? —preguntó Uzumaki por cortesía. Estaba de buen humor y no deseaba desperdiciar un buen día hablando con alguien que no lo soportaba.

Los padres de Sakura habían sido inesperados (y diminutos) obstáculos cuando ella decidió irse a vivir con ellos. Habían estado escandalizados, aterrados con la idea de que su única hija fuera a vivir con dos hombres solteros, uno de los cuales era un criminal al que todavía no se le indultaba, y el otro —aunque esto era sólo lo que Mebuki pensara— un peligroso jinchuuriki.

De cierta manera Naruto había entendido su preocupación y por eso no se había negado a hablar con ellos, prometiéndoles que él y Sasuke vigilarían que Sakura no sufriera nuevos episodios de ansiedad, que se asegurarían que asistiera a sus revisiones periódicas con Tsunade y Shizune, y que estaría segura y a salvo con ellos.

"¿Segura y a salvo con ustedes? Casi la matan y te atreves a decir eso…", escupió Mebuki con los ojos verdes ardiendo de furia. El corazón de Naruto se había encogido de aprehensión, incapaz de refutar. "Pero esto se gana Sakura por no escucharnos. Le dijimos que no estaba preparada para la vida de un shinobi de alto rango, pero la niña estaba comprometida en perseguir un imposible cuando ni siquiera es capaz de acomodar bien sus zapatos".

Naruto no había estado seguro cómo interactuar con los padres de Sakura. Ella no solía hablar demasiado de ellos, ni de lo que pensaban de ella. Sin embargo, durante esa primera vez le había quedado claro que, a pesar de la preocupación y cariño que sentían por su hija, Kizashi y, especialmente Mebuki, nunca habían tenido grandes esperanzas que llegara lejos debido a su personalidad y sus hábitos.

La verdad no culpaba a Sakura de haberse ido para no regresar a la casa de sus padres. Naruto no era un experto en el tema, pero tener que lidiar diariamente con los reclamos de las personas que se suponían debían cuidarte, no sonaba alentador.

—Hemos hecho avances —respondió Naruto—. La misión de rescate comenzará tan pronto como mi equipo se prepare.

—¿Irás por ella? —cuestionó con recelo, como si no creyera que fuera hacerlo.

—Por supuesto —respondió sin dudar— y también Sasuke. Traeremos de vuelta a Sakura a Konoha, sin importar cuanto tardemos.

Mebuki lo contempló en silencio. Lo que estuviera pensando, no le importaba a Naruto. Así como había aprendido que su pasado no definía su futuro, también había aceptado que no les agradaría a todas las personas así fuera por las razones más ridículas.

—Si es todo lo que necesitaba saber... Tenga una agradable noche, señora Haruno —dijo Naruto retomando su camino.

—Espera —pidió Mebuki dando pasos largos para adelantarse a él. Mirarla de frente siempre era extraño para Naruto, con excepción de la tonalidad verdosa de sus ojos, compartía pocos rasgos con su hija. Era casi como si Sakura hubiese sido adoptada—. Quiero… quiero hablar contigo sobre Sakura. Ya sabes que es muy terca, no escucha a nadie nunca, sin importar si es por su bien.

—¿Esto es otro intento para alejarla de nosotros? —inquirió Naruto ahogando un suspiro—. No es como si Sasuke y yo le hubiéramos lavado el cerebro. Cuando ella fue dada de alta del hospital eligió vivir con nosotros. Debería respetar su decisión.

—Es fácil para ti decirlo, no sabes lo que siento al pensar que está viviendo con… con… ustedes, cuando se supone que el mejor lugar para ella es estar en casa con sus padres. Lady Tsunade puede decir lo que quiera, pero conozco a mi hija y su salud no está bien. ¿No se supone que los ninjas pueden retirarse por heridas que los incapaciten? Ella ya no debería trabajar como shinobi.

Al final, Naruto tuvo respirar hondo y exhalar con lentitud. Observó a la mujer frente a él y sintió un poco de simpatía por ella. Entendía su punto. Sakura ya no debería ser una kunoichi activa. Pero…

Pero…

"Puedo hacerlo, Naruto, cree en mí".

Naruto no había podido negarse. Al ver esos ojos verdes, brillantes y decididos, no había podido hacerlo porque la admiraba y la amaba, y siempre había pensado que Sakura era genial, asombrosa y fuerte, y si por "protegerla" lo único que lograba era menospreciar sus habilidades, no se lo perdonaría.

—Basta, señora Haruno —dijo Naruto con voz contundente, logrando que ella le mirara como si le hubiera gritado—. Sakura es libre de decidir lo que quiere hacer con su vida y los demás deben respetarlo.

—¿Acaso no te interesa lo que pueda pasarle? ¿Te importa tan poco para ignorar que claramente no está bien? ¡Tú y ese criminal Uchiha destruirán a mi hija con su egoísmo!

Era usual que las personas se refirieran de esa manera a Sasuke, porque no sabían nada de lo que lo había orillado a cometer actos tan estúpidos y terribles. No iba a perder la paciencia por eso. Además, Mebuki tenía razón en algo. El egoísmo de Naruto y Sasuke casi había destruido a Sakura. No había estado listo para perderla —no así, no en ese momento—, pero habían pasado cuatro años y el tiempo se agotaba. ¿Estaba listo ahora cuando el final era evidente? Naruto estaba seguro que Ino y Karin les impedirían a él y a Sasuke intentar lo que hicieron antes, y no podía culparlas.

"Si ella es tan importante para ti, ¿por qué le hiciste eso?", repitió esa vocecita infantil en su mente. Su pequeño yo le miraba con dureza.

—Eso no es de su incumbencia, señora Haruno —pronunció Naruto—. Ya he respondido lo que usted quería saber, así que no tengo que dar más explicaciones. Sakura seguirá quedándose conmigo y Sasuke si es lo que ella quiere.

—Pero, pero tú… no puedes…

—Como el Hokage de esta aldea, puedo ordenar que ustedes se mantengan lejos de ella —pudo ver el temor en los ojos de la mujer—, pero no lo haré. Aunque no pueda aceptarlo, señora Haruno, no soy esa clase de persona. Ya lo dije, si Sakura desea quedarse con nosotros, no la dejaremos ir. Ya que el tema ha quedado claro, me voy. Hablaremos cuando traigamos de vuelta a Sakura.

Esta vez no aguardó a que lo detuviera. Naruto se dirigió hacia la Torre del Hokage, las manos metidas en los bolsillos y sintiendo cierta desazón en la boca.

[+][+]

—¡Joder, esto pudo habernos ahorrado un montón de problemas! —se quejó Karin frotando sus sienes. Estaba fatigada y de malhumor, lo que empeoró con la pequeña información que el Hyûga vino a compartirles—. Por supuesto, tiene mucho sentido.

—¿Realmente lo tiene? —cuestionó Suigetsu bebiendo un sorbo de su bebida. Tenía las piernas arriba de la mesa, sin importarle ensuciar los distintos diagramas de sellado que Karin había producido desde hace un mes.

Karin le miró como si fuera un sucio gusano y lo empujó para quitarlo. Suigetsu cayó al suelo, siendo enterrado por el montón de papeles que se había llevado con él.

—Claro que sí, idiota —respondió Karin tomando una hoja en blanco y un bolígrafo para empezar a escribir furiosamente—. No puedo descifrar la maldita matriz de la técnica, ni siquiera porque averiguamos cómo fluye el chakra. Probablemente fue una contramedida de Hiroto para evitar que cualquiera en el mundo shinobi pudiera neutralizar su técnica desde aquí. Dejó que el ancla y la matriz estuvieran del mismo lado, como un gran succionador de energía. El portal no es más que la boca por la que entra el chakra.

—¿Y eso qué significa, cuatro ojos? —preguntó Suigetsu, harto de tener que ayudar a la loca con algo que claramente costaba un carajo entender. Casi habría preferido no haber vuelto de su misión con Jûgo. Pelear contra ninjas renegados era más entretenido que esto.

—Que, sin importar cuantos planes tengamos, todo depende de lo que encontremos allá —respondió sin dejar de escribir—. Deshacerse de una técnica así no va a ser tan sencillo como creí.

—¿Qué tienes en mente? —dijo Sasuke.

—La técnica de Hiroto ya actúa como un puente pequeño. El chakra entre los mundos colisionará en ese estrecho espacio, lo que podría causar una severa ruptura que nos imposibilitaría volver de todos modos. Si es así, expandir ese pequeña puente podría amortiguar la colisión.

—En otras palabras, tendríamos que forzar una conexión temporal entre los mundos —dedujo Neji—. ¿Es eso posible? ¿No sería contraproducente? Las técnicas de los Uzumaki seguramente debieron tener límites.

—Sellaron el chakra de un mundo entero, yo creo que deberíamos preguntarnos si eso es su verdadero límite —planteó Suigetsu volviendo a sentarse.

—Hay varias cosas a considerar —intervino Jûgo. No entendía demasiado sobre sellado y conexiones entre mundos, pero sí lo que se estaba jugando—. El conocimiento de los Uzumaki puede que esté allá, como puede que no. Puede que quitar el ancla, aun con esta técnica de conexión, repercuta de alguna manera. Por donde se vea, no es un asunto cualquiera. Sin importar los preparativos que se hagan, parece que estaremos dependiendo mucho de la suerte.

—Uhm —dijo Suigetsu echando un vistazo a los garabatos de Karin—. Oigan, ¿no sería más sencillo pedirle ayuda a esa chica del cabello rosado?

—Sakura —enfatizó Jûgo. A pesar de haber trabajado ya cuatro años para Konoha, su compañero se había negado a aprender los nombres de los shinobis con los que tenía más contacto—. Dudo que podamos pedirle su opinión considerando dónde está.

—Por eso mismo lo estoy diciendo. Si de todos modos irán donde está ella, lo mejor sería recurrir a lo que ella sabe sobre sellado, ¿no? Incluso la Vieja Hokage y Karin admiten que la chica-chicle tiene talento en el fuuinjutsu.

El bolígrafo de Karin rasgó la hoja de papel y encajó la punta en la madera. Karin volteó la cabeza hacia Hôzuki lentamente con una expresión tétrica que le puso la piel de gallina.

—¿Por qué crees que estoy anotando todo lo que hemos descubierto hasta ahora? —le preguntó acercando su rostro al de él—. Sakura ha pasado los últimos años especializándose en fuuinjutsu, con su conocimiento podremos avanzar ya que no puedo resolverlo por mi cuenta. Sin embargo, sí hay algo que puedo hacer. Lord Orochimaru estaba interesado en lograr acceder a conocimientos de otros mundos. Aunque su investigación no se completó, puedo usarla para crear algo que nos permita comunicarnos con este lado cuando estemos en el otro.

—¿Cómo un intercomunicador? —sugirió Jûgo.

—Exactamente, aunque me llevará unos días construirlo —Karin dejó de acosar a Suigetsu y se enderezó poniendo las manos sobre sus caderas—. Hyûga, cuéntale lo que decidimos a Naruto y procura que Nara esté ahí. Conociéndolo, Naruto querrá irse en cuanto sepa que ya no hay ninguna excusa para no ir por Sakura y Yamanaka. Jûgo, Suigetsu, recopilen toda la información que tengamos. Mañana me encargaré de organizarla.

—Tch, te aprovechas de nuestra generosidad, mujer loca —masculló Suigetsu. No tenía ganas de pasarse el resto de la noche acomodando papeles, pero Sasuke había dormido poco en el último mes. Sus ojeras eran profundas y su semblante se veía demasiado pálido. Si pretendía ir en esta misión, lo mejor era que descansara tanto como pudiera—. Al menos que duerma bien porque si utilizan este tiempo para otras cosas…

Karin le dio un zape mientras un sonrojo profundo tiñó sus mejillas. Neji prefirió irse antes de tener que presenciar una discusión entre esos dos (había cosas que habría preferido no saber sobre ciertos temas privados).

—Ve a descansar, Sasuke —dijo Jûgo empezando a recorrer las hojas desperdigadas en el suelo. Karin era bastante ordenada, pero durante un mes no había podido llegar a ningún lado, por lo que muchas ideas eliminadas estaban tiradas. Fueran de relevancia o no, Jûgo sabía que su compañera querría tenerlas a mano—. En este momento no eres de utilidad. Si pasa cualquier cosa, serás el primero en saberlo.

Jûgo sabía lo que estaba sintiendo en este momento, también lo que estaba pensando, y por esa razón estaba aquí para apoyarlo. Una persona independiente y arrogante como Sasuke nunca aceptaría la ayuda a menos que fuera ineludible, por lo que Jûgo tenía que hallar la manera de conseguir que aceptara que no había nada que pudiera hacer por ahora.

Sasuke asintió y salió junto a Karin, dejando a Jûgo y Suigetsu a solas.

—No le va a hacer ningún bien que lo consientas de esa manera —espetó Hôzuki alzando unos cuantos papeles—. Tarde o temprano tendrá que aceptar que esto puede ser inútil.

—Ella no está muerta —dijo Jûgo. Su relación con Sakura se había vuelto lo bastante cercana, para saber que no era débil. Al lado de sus amigos lo parecería (al lado de dos monstruos como Naruto y Sasuke, todos lo eran), pero definitivamente no era así.

—Pareces muy seguro de eso. Mmm, bueno, ahora son muy buenos amigos.

—No lo digas como si fuera otra cosa —acusó Jûgo—. Ella fue amable con nosotros desde que llegamos a Konoha. Abogó a nuestro favor cuando los kages quisieron encarcelarnos y las investigaciones de Lord Orochimaru han sido resguardadas porque ella consideró que algunas podían beneficiar al mundo. Ella es capaz de lidiar con cualquier cosa que se le atraviese. Además…

Suigetsu miró a Jûgo. El alto hombre estaba acomodando varias pilas de papeles sobre el escritorio.

—… esos dos no dejarán que muera.

Hôzuki entrecerró la mirada. La famosa pelea entre Naruto y Sasuke y su fatídico desenlace. Él no había estado cerca cuando terminó, pero Karin sí. Y Karin no había tenido palabras para explicarle lo que sucedió, lo que ellos hicieron para remediar lo que habían hecho; sus ojos rojos simplemente mostraron horror.

—Suena más como una condena, que como una dulce promesa —le dijo a Jûgo—. Y da un montón de miedo.

—Puede que ésta sea una oportunidad para que su dinámica cambie —dijo Jûgo, pues había sido de los primeros en darse cuenta del deterioro de la relación de esos tres; como sus fantasmas, remordimientos y sentimientos sin decir, los estaban consumiendo—. Esta situación puede ser una bendición para los tres.

—O una maldición —agregó sonriendo de lado—. Oh, no me mires así, sabes tan bien como yo que esto puede acabar peor. Por donde lo veas es un trío de imbéciles dañados. No esperes mucho de ellos.

—Entonces, ¿por qué estás aquí? Pudiste irte sin temer repercusiones por la promesa de la Hokage Tsunade de no perseguirnos.

—¿Me lo preguntas tú, Jûgo? —su sonrisa de tiburón fue más pronunciada—. Ambos sabemos por qué nos quedamos en esta aldea aburrida y monótona.

Jûgo compartió su sonrisa.

—No es una mala vida —dijo.

—Pero no es la vida que él quiere tener. Sasuke no es como sus amigos. Esta aldea no es su hogar, quizás el rubio y la chica lo sean, pero lo demás… Lo que sea que pase con este lío, será mejor que Sasuke llegue a sus propias conclusiones. Porque justo ahora lo que está haciendo es perjudicial para los tres.

—Tiene miedo y es entendible.

—Tiene que superarlo. No puede aferrarse a ellos, no de esta manera.

—Estás preocupado por él.

—¿Y tú no? —cuestionó.

—Después de lo que sucedió en la guerra, tengo la esperanza que el futuro no es tan oscuro como me parecía. En otras palabras, aunque estoy preocupado por Sasuke, sé que está listo —comentó Jûgo acomodando más papeles en el escritorio—. Además… no está solo. Naruto y Sakura le acompañan. Y quien dé el primer paso de los tres, obligará a los otros dos a darlo. Ésa es mi apuesta, Suigetsu.

[+][+]

La casa de Karin había sido un regalo de Naruto. Se localizaba en la nueva zona de urbanización y Karin la había aceptado para evitar un drama del joven Hokage. No era demasiado grande, pero contaba con varias habitaciones y un bonito jardín. Sakura e Ino le habían ayudado a escoger los muebles y Sasuke (cuando había comenzado a ganar dinero otra vez) le había regalado una tostadora.

—Toma un baño mientras yo caliento el té —dijo Karin con Sasuke caminando detrás de ella—. La ropa todavía está en la secadora así que tendrás que sacarla antes, ¿de acuerdo?

Karin se dirigió hacia la cocina, pero antes de entrar Sasuke la detuvo tomándola por el antebrazo. Ella se giró hacia él con una expresión imperturbable. Sus ojos carmesíes se conectaron con los de él, negros como el ébano, por un instante.

Sasuke recargó su frente sobre el hombro de ella.

No dijeron ni una palabra. Karin no trató de confortarlo, sabiendo que Sasuke necesitaba un momento para tranquilizarse. No necesitaba palabras bonitas, ni dulzura, sólo… aceptación, sólo alguien que lo viera siendo débil y no lo juzgara. Durante cuatro años había estado aprovechándose de la lealtad y amor de Karin hacía él, para no sentirse atrapado.

Porque si todavía podía alejarse un poco de ellos significaba que su relación no era una cadena que le mantenía sujetado.

Sasuke levantó la cabeza, topándose otra vez con la mirada de Karin. La mujer que chillaba y se sonrojaba al verle se mantenía quieta y silenciosa. Sasuke sabía que ella estaba al tanto de que la utilizaba, pero las razones por las que lo permitía escapaban a su entendimiento. Después de todo, no había ningún motivo por el que alguien se preocupara por él. Sasuke era consciente de sus defectos, de lo que había hecho cuando la venganza, el odio y la desesperación estaban consumiendo su vida, de lo poco que merecía la atención y el amor de Naruto y Sakura, o de otras personas.

—Tch, esa cara no te queda —pronunció Karin—. Lo que hiciste no es justificable, pero tampoco imperdonable. Todo depende de cómo decidas remendarlo, si es que quieres hacerlo.

—Lo dices tan fácil…

—Pero no lo es y nunca lo será. La vida es así y bla, bla, bla —sonrió ante la mueca irritada que puso—. ¿Qué es lo que realmente te preocupa, Sasuke? ¿Por qué vives con tantas contradicciones?

Sin duda Karin lo había notado. Orochimaru no le había confiado la Guarida Sur sólo por ser una Uzumaki. La mente de Karin brillaba a su propia manera y percibía las cosas con facilidad. Por eso la encrucijada de Sasuke había sido evidente para ella. Un chico que no entendía por qué las personas le querían a pesar de lo que era, que dejaba que las ideas extremas, y en ciertos casos, irracionales, le gobernaran. Que temía aceptar los sentimientos de otros por creer que eran un ancla, cuando en realidad podían ser otra cosa.

Sasuke meditó la pregunta de Karin. Sabía lo que ella había querido decir en realidad. No era que le interesara saber lo que le preocupaba, sino a lo que Sasuke le temía.

"A caer de nuevo en el abismo", respondió en su mente. Un temor a regresar a un estado perpetuo de confusión y odio, donde la realidad le parecía intolerable y deseaba redibujarla a lo que le pareciera más soportable.

Tal como Madara Uchiha había intentado hacer.

—Estás pensando demasiado las cosas —dijo la pelirroja—. Lo que Madara hizo lo provocaron varias cosas. El vacío que la muerte de su hermano le dejó, su herencia como Uchiha y la influencia de esa maldita planta lo orillaron a creer que el único camino a la paz era… ése.

—¿Y no lo es? —cuestionó Sasuke, intrigado—. Si él hubiera ganado…

—Todos estaríamos sumergidos en un profundo sueño sin retorno. No se nos habría permitido elegir. Ser libres para escoger lo que pensamos, lo que sentimos, es nuestro derecho. Por mucho que cause conflictos, eso es preferible a ese ideal de paz. Y siendo sincera prefiero la dureza de la realidad al engaño de los sueños.

—¿En serio? —sonrió con malicia logrando que ella le mirara con amonestación.

—Bueno, habría sido feliz de vivir en un mundo donde no me hubieras atravesado con una espada electrificada y abandonado a mi suerte, pero sí, lo digo en serio —acusó logrando que la sonrisa se le borrara—. Las verdades lastiman, pero siempre son mejores. ¿De verdad piensas que tenía razón? ¿Desde cuándo una persona puede decidir lo que es bueno para todos? Lo que Madara estaba haciendo no era por el mundo, sino por su propia comodidad. Si piensas que el mundo habría sido mejor si hubiera ganado, entonces sigues siendo el mismo chiquillo al que Lord Orochimaru y Obito Uchiha pudieron manipular fácilmente.

Una mirada de aprensión pasó por los ojos de Sasuke, pero Karin no se apiadó. Su admiración y amor por el joven no habían cambiado con el pasar de los años, pero Karin también había aprendido cosas. Sasuke debía entender que su inexperiencia y arrogancia lo hicieron tomar decisiones apresuradas, que su afán por brindar justicia al sacrificio de su hermano sólo había conseguido que otros pagarán por sus acciones (lo que significaba haberse convertido en la misma clase de persona que quería derrocar). Él no había sido inteligente, sino prejuicioso y prepotente.

Sasuke se olvidaba de ciertos detalles. El sacrificio de Itachi no lo eximía de sus crímenes (así como tampoco Hiruzen Sarutobi debió salir indemne del daño que provocó que no le pusiera un alto a Danzou y a los consejeros de Konoha), porque no sólo había asesinado a hombres y mujeres adultos, sino también a niños, que seguramente no habrían podido entender por qué el talentoso Itachi Uchiha había matado a sus padres y ahora les buscaba a ellos para atravesarlos con su espada.

—¿Eso es lo que querías hacer tú? —continuó la pelirroja sin apartar la mirada de la de él. Tras cuatro años conviviendo con Sasuke había perdido el miedo a verle directamente, así apareciera el Sharingan—. El mundo que tú querías construir, ¿era igual al que quiso Madara Uchiha?

—El mundo de los ninjas está corrompido —dijo Sasuke—. Quería quebrar el sistema y armar uno nuevo, con mejores cimientos. Donde nadie tuviera que hacer lo mismo que mi hermano tuvo que hacer.

—Oh, seguramente nadie habría tenido que matar a todo su clan debido a que planeaba rebelarse contra las restricciones que un grupo de personas prejuiciosas les impuso. Pero… habría otros problemas. El conflicto es inevitable y lo sabes, además has aprendido que las buenas intenciones ocultan deseos oscuros. Habrías construido un mundo nuevo, pero eso no quiere decir que estaría exento de dificultades. Es estúpido creer que todo irá bien esta vez sólo porque tú estás a cargo. Por eso es importante adquirir el conocimiento de diferentes pensamientos, opiniones y puntos de vista —recitó Karin poniendo una mano sobre su hombro—. Si lo haces desde uno solo, te vuelves rígido y tedioso. Si entiendes el resto, serás alguien completo. Los puntos de vista de Madara y Obito fueron rígidos por su percepción sobre la realidad del mundo, no tomaron en cuenta nada más que su experiencia para reflexionar. Tú tienes algo que no tuvieron ellos, Sasuke, no temas a pensar por ti mismo por una vez en tu vida.

—¿Incluso… si eso hace que tomé un camino distinto al de ellos? —musitó. Karin sabía que por ellos se estaba refiriendo a Naruto y Sakura aunque intuía que principalmente al rubio. Después de todo, su última pelea había sucedido por la diferencia entre sus opiniones.

Esta vez Karin le tomó del rostro. Las yemas de sus dedos acariciaron la tersa piel de las mejillas de Sasuke. Por dios, cuánto deseaba quedarse observándolo de esta manera.

—Creo que ya sabes la respuesta —lo soltó un instante después sabiendo que sería la última vez que lo tocaría como su amante.

—¿La conozco?

—Sí —respondió Karin con una sonrisa comprensiva. La primera que mostraba en su vida, dedicada exclusivamente para él—. Supiste la respuesta desde hace muchos años atrás, Sasuke, cuando elegiste cortar los lazos con Naruto y Sakura.

—Quería ser fuerte para cumplir mi objetivo —pronunció bajando la mirada. Esos momentos parecían tan lejanos, pero no por eso poco familiares—. Cuando perdí a mi familia, la venganza era lo único que me mantenía con vida. No vivía para otra cosa que no fuera acercarme a mi meta. Pero… cuando los conocí, todo cambió. Naruto, Sakura, incluso Kakashi, se volvieron importantes para mí. Los quería, pero… nuestros caminos no seguían la misma dirección.

¿O tal vez sí? Tal vez había sido demasiado inmaduro para ver lo que podría haber ganado, si sólo hubiera aceptado que también se podía ser fuerte sin renunciar a esos lazos tan valiosos.

—Ahora es distinto —prosiguió—. No es como aquella vez. Si me voy… si algo le pasa a ella cuando no esté aquí, Naruto estará devastado. Si ella no lo logra… si ella falta…

—Siempre me pregunté por qué le hicieron eso considerando que no es permanente —dijo Karin sorprendiendo a Sasuke—. Oh, ¿creías que no lo notaría? Soy la mejor sensor en la aldea, Sasuke. Sé cómo debe sentirse el chakra de una persona normal, el de ella se siente… antinatural. Por eso te estoy preguntando por qué lo hicieron. Sabes lo que sucederá y que posiblemente no vuelvan a tener éxito. ¿Planeas quedarte con Naruto para consolarlo?

El silencio de Uchiha fue su respuesta.

—Por Dios, Sasuke —exclamó Karin con incredulidad—. Creí que odiabas sentirte atado contra tu voluntad.

—No estaría haciendo nada de lo que me sintiera obligado.

—No, sí lo harías —replicó sin dudar—. Porque aunque quieres tomar otro camino, no lo haces por miedo. Les quieres, pero has pasado años convenciéndote de cortar los lazos que ya no sabes realmente cómo mantenerte cerca de ellos sin tener que colocarte una cadena a ti mismo. Y vives así, creyendo que eso los hará felices con el tiempo.

—¿Y qué se supone que debo hacer, Karin? —preguntó Sasuke con dureza. Estaba fatigado y no había pretendido que la charla se transformara en otra cosa, pero no iba permitir que le hablara como si no supiera lo que hacía—. ¿Dejarlo solo cuando Sakura… cuando ella no esté más? ¿Irme y pretender que no… que no…?

—¿Qué no la odias por lo que les está haciendo pasar? —terminó, implacable. Notó que él se estremecía—. Eso es todo, ¿no es así? La odias por lo que hizo.

—¿Qué? Yo no… la odio. Es fastidiosa en ocasiones, pero no…

—Entonces —dijo Karin—, ¿estás enojado con ella por haber interferido en la pelea?

Karin ya conocía la respuesta porque conocía la naturaleza sentimental de los Uchiha. Su amor podía desbordarse y convertirse en odio con facilidad, incluso con las personas que amaban podían volcar ese rencor por la razón más absurda.

—Ella no debía involucrarse —sentenció Sasuke, decisivo—. No era su asunto.

—Por supuesto que lo era —espetó Karin, sintiéndose un poco furiosa—. Las dos personas más importantes de su vida llegaron al punto de querer matarse entre sí, ¿cómo esperabas que reaccionara? ¿Qué se quedara sentada viendo cómo se destruían?

—Sakura fue un tonta que no pensó en su propia vida y se interpuso entre nosotros como si… como si hubiera sido capaz de detenernos.

Y a Sasuke le vino a la mente la sangre y la carne al rojo vivo de un cuerpo que ya no parecía humano. La cara sonriente de Sakura, sus ojos verdes y su cabello rosado fueron sustituidos por una calavera con los glóbulos oculares reventados y apenas unos mechones de pelo colgando del cráneo.

—¡Ella tiene la culpa de lo que está pasando actualmente! —estalló Sasuke sin poder contenerse. Hirviendo en ira y frustración, y deseando nunca haber tenido esta conversación—. Cuando ella muera, no podré sostener a Naruto ya que yo también perderé la cordura. ¿No lo ves, Karin? Cuando Sakura ya no esté aquí Naruto y yo nos convertiremos en los nuevos monstruos que consumirán a este mundo.

—Qué ciego eres, Sasuke, tanto tú como Naruto —dijo Karin—. La culpas por hacer lo que ni tú ni él pudieron. Ella fue la única que se interpuso en su destino. Fue la única que hizo algo para impedir que la historia volviera a repetirse. No hubo ganador ni perdedor gracias a Sakura. Pero no sólo la detestas por eso, ¿verdad? Siempre hay algo más con los Uchiha.

Karin colocó una mano sobre el corazón de Sasuke, que latía ligeramente agitado por el efecto que sus palabras estaban causando en él.

—La odias porque te importa, porque antes pensaste que podrías matarla sin llegar a sentir remordimientos, pero descubriste que no era así —dijo con tono monocorde, deseando no haber tenido que ser ella la que lo dijera. Pero Sakura la había ayudado cuando Sasuke intentó matarla, así que iba a pagar esa deuda como fuera—. La odias porque sabes que lo hizo porque los ama con todo su corazón y preferiría morir antes que perderlos. Porque aunque la quieres, nada de lo que puedes ofrecerle te parece suficiente para corresponder la deuda que crees que le debes.

—Ella… ella merece a alguien que le dé todo lo bueno de sí mismo… no como yo. Lo que ella quiere, yo no puedo dárselo. Ella tiene a alguien que puede quererla plenamente.

—No te queda el papel de mártir enamorado, Sasuke —comentó con un toque de burla—. ¿Te quitarás del medio para que esos dos se junten y sean felices?

Karin se apartó de él. Su corazón dolía, pero se obligó a ignorarlo. Había tenido la certeza de que este día llegaría. Sabía que él no sentía por ella ni la mitad del amor que profesaba por Naruto y Sakura, y estaba bien. Karin nunca había pensado en tomar un lugar que no le correspondía y por eso había estado de acuerdo en sólo pasarla bien. Había sido bueno, pero debía acabar.

Por el bien de los tres, Sasuke debía poner en orden sus pensamientos y sentimientos, para que pudiera corresponder a sus afectos sin sentirse encadenado, para que hallara un camino distinto al de ellos que no significara una separación sentimental.

—¿Por qué mejor no dejas de ser un cobarde y te atreves a seguir adelante? Si tanto te importan, es lo mínimo que puedes hacer —dijo Karin antes de escabullirse rápido rumbo a la cocina donde prendió la tetera y pretendió que no fue doloroso escuchar a Sasuke subir las escaleras hacia el baño unos segundos después.

"Bueno, obviamente no vendría a mí para tomarme entre sus brazos y besarme", Karin se rió de sí misma por el pensamiento, sabiendo que había dejado de fantasear sobre Sasuke hace mucho tiempo. Pero era inevitable. Sakura siempre la invitaba a ver comedias románticas con Yamanaka y Tenten, era obvio que algo de eso se quedaría en ella. "Podemos ser amigos después de esto. Funcionará, ya que nos llevamos bien y lo nuestro sólo era físico. Nada más".

—Además no lo he perdonado totalmente por lo que me hizo —susurró muy bajito—. Quizás pueda usar eso para sobornarlo. Algo como: "No seremos amigos totalmente hasta que demuestres que no volverás a apuñalarme". Sí, eso haré.

Había un toque de amargura en su voz, pero no había nada que pudiera hacer.

Karin estaba segura que los problemas de los tres se resolverían, que lograrían superar la nube negra que los cubría… y era suficiente para ella.

[+][+]

¡Fin del capítulo! Necesitaba escribir más sobre Naruto y Sasuke y desarrollar sus sentimientos. No quería que este capítulo impusiera cosas en ellos, quería que los mismos personajes decidieran lo que quieren hacer. Por ejemplo, Tenten le dijo a Naruto que no sabría si sus afectos eran correspondidos hasta que no lo preguntara directamente; ella nunca dijo que Sakura le tendría que corresponder, o que Sakura era un tonta por no darse cuenta que Naruto la quería. Sólo le aconsejó hablar si en verdad quería aclarar sus dudas, para resolver su conflicto y salir adelante. Usé a Tenten porque me parece un personaje desperdiciado en la franquicia, además que en este fic está en una relación con Neji lo que la posiciona como alguien que entiende sobre relaciones y esas cosas.

Sé que el NejiTen es una ship con bases en el relleno, pero desde los exámenes chunnin me han parecido compañeros que se apoyan mutuamente, y eso es fundamental cuando shippeo parejas lindas como ellos.

La frase de Teuchi es un proverbio africano, muy atinado a mi parecer. Sé que Naruto no se iba a ir por el lado oscuro por el mensaje de la obra, pero en el mundo real no es tan simple. Además, lo que tuvo que hacer para ser reconocido me resulta escalofriante (¿Hasta qué punto puede llegar alguien para ser aceptado?). ¿Y lo peor? Que Kishimoto dejó de lado este recurso para no profundizar en el pensamiento de los aldeanos, en como los hijueputas simplemente fingieron que no hicieron sentir mierda a Naruto durante toda su infancia. En mi opinión, la justicia social es muy injusta. Las personas en colectivo piensan menos de lo que lo hacen individualmente.

Respecto a la conversación entre Mebuki y Naruto, quise poner a alguien que dijera directamente que lo que está pasando entre Naruto, Sasuke y Sakura no es sano. Muchos personajes lo piensan, pero ninguno habla sobre ello ya que los tres se cierran ante el mundo. Por eso Mebuki fue necesaria, porque se preocupa que Sakura termine peor al estar junto a dos personas que ya demostraron que pueden dañarla.

Ahora, yo amo al equipo que Sasuke armó cuando se unió a Akatsuki. Porque ellos entienden la transición del emo, mejor de lo que Naruto y Sakura lo hicieron. Si se dan cuenta, hasta cierto momento, los dos luchan por hacer que Sasuke vuelva por los días nostálgicos del equipo 7, pero Sasuke ya no es el mismo. A Naruto y Sakura les costó mucho entenderlo.

Con respecto al SasuKarin, ¿qué les puede decir? Me gustan las relaciones complicadas en ocasiones. Dudo que Sasuke haya amado a Karin de la misma manera que ella a él, y con eso en mente, me aventuré a ponerlos en una relación de amigos con derecho, donde los demás creen que hay algo más (tal vez lo haya, tal vez no). Y el resultado me encantó porque Karin puede ser la loca que quieran, pero sin duda una vez se decide por algo, lo hace y no se pone a chillar.

Durante los últimos capítulos, Sasuke le dice a Kakashi que no está seguro de lo que Sakura ve en él. Más que problemas de inseguridad, pienso que lo dijo porque es consciente de todas las chingaderas que le hizo. Personalmente, encuentro esa interacción muy interesante por muchos motivos que hacen que los fans de Sakura y el sasusaku me quieran linchar, ja, ja, ja.

El amor/odio de Sasuke hacia Sakura es mi intento de retratar esta dualidad de la vida humana. Tuve que refrescar mis conocimientos en psicoanálisis para animarme a ponerlo, y la verdad no me arrepiento. Además, que Sasuke se quede en Konoha es por sus remordimientos (así es, el emo puede sentirlos, me vale verga si Kishimoto creyó que no era necesario); durante el final del manga, me había parecido tonto que Sasuke se fuera de la aldea después de un año de encarcelamiento. Coño, que el niño no hizo cualquier cosa, intentó matar a los kages, personas que ni tenían la culpa (excepto Danzo) de lo que le había pasado a Itachi. Por mucho que Sasuke sea un ninja poderoso y útil, debe pagar su deuda. Además de eso, tiene asuntos personales que resolver si quiere vivir sin más arrepentimientos.

Ahora, respecto a Madara. Adoro su personaje y odié la forma tan estúpida en la que lo mataron. Pero no estoy de acuerdo con él. Prefiero el caos de la guerra a la paz que él ofrece (bueno, ni lo estaba ofreciendo, prácticamente obligó a todos a sufrir el efecto del Tsukiyomi Infinito).

"La urgencia por salvar a la humanidad es casi siempre una máscara que oculta la urgencia por gobernarla", es una frase de H.L. Mencken.

"Es importante adquirir el conocimiento de diferentes pensamientos, opiniones y puntos de vista. Si lo haces desde uno solo, te vuelves rígido y tedioso. Si entiendes el resto, serás alguien completo", esta frase pertenece al tío Iroh. Si Madara y Obito lo hubieran conocido, las cosas habrían sido distintas. Creo que ya lo he dicho, pero todos merecemos conocer a alguien como Iroh.

Cuando Sasuke se refiere a que Sakura merece a alguien que le dé todo de sí mismo, me basé en esta frase: "La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros", de Paul Claudel.

Nos lees en el siguiente capítulo.