¡Hola otra vez, gatas rompehogares! El capítulo anterior me tomó mucho tiempo completarlo. Editar este fanfic mientras estoy en medio de un diplomado no es fácil. La atención que debo dedicar a cada cosa no me alcanza, sobre todo porque ciertas tareas que me piden son tediosas de hacer… ni modo, todo sea por el título universitario ja, ja, ja.

Por fortuna, me estoy guiando por mis anotaciones, lo que sin duda es un gran apoyo al momento de escribir. Usualmente no suelo ser demasiado organizada con mis fanfics, pero ahora veo lo importante de llevar una organización de la información.

Definitivamente las actualizaciones de mis otros fanfics seguirán el mismo procedimiento (también mis trabajos escolares tendrían que seguir la misma línea, pero eso es pedirle peras a un olmo y el olmo soy yo).


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Noche XIV

Deseos Inconfesables.

"[…] en todo ser humano hay deseos que no querría comunicar a otros, y deseos que no quiere confesarse a sí mismo".

—Sigmund Freud.

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Discretamente Chiasa contempló a Sakura y Zero. La kunoichi escribía en una libreta mientras revisaba libros y documentos importantes, mientras que el cazador revisaba los registros de linajes que el clan Kiryû había protegido por diez mil años. Lo curioso sucedía cuando Sakura tenía una duda y Zero inmediatamente dejaba de lado lo que hacía para responder, y en poco tiempo gracias a sus aclaraciones, Sakura había construido un modelo primitivo para darle sentido al conjunto de signos, letras y trigramas hallados en un área que abarcaba varios kilómetros a la redonda.

—Lo suponía —dijo Sakura. Chiasa y Zero la miraron tomar un marcador negro y tachar varios trigramas para colocar mantras nuevos en su lugar—. Creí que se trataban de trigramas falsos, ya que los Uzumaki los colocaban para despistar, pero no lo son.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Chiasa, siempre atenta a cualquier conocimiento que Sakura estuviera dispuesta a compartir.

—Cuando estudias fuuinjutsu lo esencial es aprender sobre naturaleza del chakra, al punto de saber cómo "se moverá" sólo con ver un diagrama. Los trigramas falsos desplazaban el flujo de chakra para que los ladrones de técnicas no pudieran usarlas, ya que los agotaba cuando lo intentaban—explicó Sakura—. Sin embargo, éste no es el caso. Estos trigramas no se colocaron con ese propósito, sino como componentes originales. En otras palabras, quien creó esta técnica tenía un conocimiento limitado del fuuinjutsu.

—¿Cuál crees que es la razón? —preguntó Zero.

—Si hace diez mil años ocurrió lo mismo que cuando yo vine a este mundo, posiblemente los vampiros atacaron a los Uzumaki. Con sus grandes reservas de chakra, incluso si sellaron el de este mundo, habrían podido luchar, pero no por tiempo ilimitado. Si los shinobis de mayor edad murieron antes de pasar su sabiduría a la siguiente generación se explicaría esto. Demasiado conocimiento shinobi se ha perdido en nuestro mundo de esa manera.

—Entonces, es una técnica inútil —comentó Chiasa.

—No, es una técnica que puede arreglarse —señaló Sakura poniendo una expresión de concentración máxima—. A pesar de cómo se construyó, sigue teniendo características que pueden servir. Sin embargo el tamaño es considerable… lo que sugiere que necesitaré mucha energía para que funcione, además de traducir los símbolos correctos para sustituir las equivocaciones y…

Zero le dio un golpecito con el dedo en su frente. Sakura le miró desconcertada.

—Nada de esforzarte demasiado, Haruno —dijo. Cualquier plan que Sakura tuviera en mente, debía estar en el rango de sus posibilidades—. ¿Y bien? ¿Qué harás ahora?

—Corregir el modelo base —respondió volviendo su atención a su libreta de apuntes—. Probablemente tendré que hacer pruebas antes de iniciar algo concreto, pero podría acabarla antes del baile. Ino ya está encargándose de averiguar los componentes de la tinta, así que yo me ocuparé de esto.

—Y te ayudaremos en lo que podamos —prometió Chiasa poniendo una mano sobre la suya. Chiasa debía estar trabajando con Ino, pero por una equivocación de Isamu tuvo que estar en el otro equipo, aunque al final había sido un acierto; Isamu usó su influencia como Tachibana para darle una muestra de tinta a Ino e Isaya sin que nadie pudiera objetarle—. ¿Qué es lo que necesitas?

—Ya que tendré que considerar las bases de los hechizos de los cazadores además del fuuinjutsu, necesitaré revisar los cambios que ocurrieron durante estos diez mil años.

—¿Cambios en las matrices de flujo de energía?

—Exactamente —le sonrió a Ueda, sabiendo que era de las pocas personas que podrían entender lo que requería—. Principalmente las que repitan estas marcas.

Y le entregó varias hojas. Chiasa las leyó y las acomodó conforme identificaba algunos símbolos.

—Me encargaré de esto —le dijo levantándose de su asiento—. Tú y el maestro Kiryû irán a la casa de los Kiryû después de terminar aquí, ¿verdad?

—Sí, es la única que falta de revisar —contestó Sakura—. Si quieres puedes venir con nosotros. Te has pasado estos últimos días ayudándome, Chiasa, un poco de aire fresco te vendría bien.

—Mmm, supongo que podría tomar un descanso. He estado un poco tensa porque se han postergado las pruebas para los reclutas.

—Eres una de las mejores de tu generación y has hecho mucho por la Asociación. Si no te aceptan es porque han perdido la cabeza.

—Ella tiene razón, Ueda —agregó Zero, parándose también. Él tenía pensado agregar información de los textos de los Kiryû que estaban en la asociación, por eso tenía que acompañar a Chiasa, para quitar los hechizos de protección—. El presidente Yagari y el director Cross están impresionados con tu desarrollo, al igual que yo.

Con una etiqueta de usurpadora que tres cazadores reconocidos afirmaran que tenía la determinación y la fuerza necesarias para entrar en la Asociación hizo que se sintiera entre nubes. Una pequeña sonrisa complacida —todo un suceso en alguien inexpresiva como Chiasa Ueda— apareció para iluminar las líneas de su rostro.

—Agradezco sus palabras, de verdad —puntualizó ajustándose sus anteojos, para evitar verse muy sentimental.

Ambos caminaron lado a lado mientras Sakura los miraba alejarse. Su intención no era juntarlos de ninguna forma, pero ahora que conocía la historia de Chiasa y lo difícil que había sido alcanzar su sueño, lo menos que podía hacer era brindarle tiempo de calidad con el hombre que la había salvado.

Sakura dirigió su atención de vuelta a sus apuntes. Una técnica de rompimiento de sello no era un asunto fácil. El fuuinjutsu de los Uzumaki fue temido por su poder e intricados diseños, ideal para ellos por sus reservas masivas de chakra y su control perfecto. Si Sakura hubiera puesto un poco más de empeño en aprender fuuinjutsu antes de la guerra, muchas cosas hubieran cambiado.

"No pienses en esas cosas", se dijo comenzando a realizar las correcciones pertinentes. "Nada puede cambiar el pasado, sólo queda continuar y mirar hacia el frente".

Estiró los brazos hacia arriba y se masajeó los hombros para liberarlos de la tensión. Cuando sus dedos pasaron por la piel lisa de su cuello, Sakura se detuvo. Las heridas de la mordida se habían desvanecido, pero la sensación no. Sakura aún podía sentir el filo de los colmillos acariciándola. Las mordidas de vampiro dejaban una huella que no podría borrarse en mucho tiempo).

"Además del mareo intenso y el incremento de poder, no ha habido otros cambios en él", porque ante todo era un médico. Lo que sucediera en el cuerpo de Zero después de que bebiera de su sangre, le interesaba. "Quizás sólo sea que la sangre de los shinobis es más atractiva por cuestiones biológicas… o quizás tenga que ver con el chakra…".

Cuando le preguntó, Zero había dicho que había sido tan potente como beber la sangre de un vampiro de sangre pura. Anteriormente Sakura había analizado la sangre de vampiro para compararla con una muestra propia, pero los resultados no arrojaron datos importantes (sí había una diferencia, pero era mínima). ¿Sería lo mismo si analizaba una muestra de un purasangre? Después de todo, sentía mucha curiosidad por el tema, sobre todo por la tinta que habían utilizado para pintar los símbolos. ¿Por qué un purasangre habría permitido que su sangre fuera usada para esto? ¿No se suponía que los shinobis de este mundo fueron atacados por vampiros? Los registros de la Asociación y el Senado no indicaban nada sobre una alianza en esos diez mil años de historia, por lo que daba lugar a muchas hipótesis.

Por eso era fundamental que Zero hallara qué clanes podrían compartir parentesco con los Uzumaki. Según él, fueron veinte familias las que formaron la primera generación de cazadores, y más que familias, fueron personas que sobrevivieron al veneno de la Ancestro. Posteriormente se establecieron quince clanes elegidos, y siete mil años después, nació el primer clan pecador; actualmente de los quince elegidos, ya sólo quedaban seis. Los clanes pecadores se contaban en treinta, y los usurpadores rebasaban los cincuenta.

—¿Uhn? —dijo mirando hacia la puerta de la biblioteca—. ¿Qué fue eso?

Había creído que se trataba de algún cazador joven intentando entrar para hablar con ella, pero por decreto de Runa, presidenta temporal de la Asociación de Cazadores, nadie podía estar ahí para que no la interrumpieran.

—Quizás fue mi imaginación —se dijo a sí misma. Después de todo había sufrido un brote psicótico hace poco y entendía que podría repetirse si no era cuidadosa. Pero Ino le había hecho tomar una medicina especial y no había estado bajo estrés o presión últimamente—. Allí, otra vez.

Usó un poco de chakra para fortalecer su audición y detectar sonidos al otro lado de la puerta, pero de nuevo, no parecía un sonido común. Sakura se levantó, cerró su libreta y la metió en la bolsa que Kaien le había regalado. Cuando se acercó a la puerta, pudo oírlo de nuevo.

—Suena como… viento —razonó sin resistir el impulso de salir. El pasillo estaba vacío, pero el sonido se hizo más fuerte—. ¿De dónde proviene?

Como empujada por una fuerza extraña, caminó por los corredores de la Asociación de Cazadores. No se topó con nadie, o al menos, no se percató de ello. Era como si estuviera en trance. Sus pasos la llevaron a un lugar que conocía, pero al que nunca había ido antes.

La forja con el Metal Madre.

Zero le había contado sobre el incidente con Sara Shirabuki y cómo casi habían perdido el Metal Madre, para salvarlo a último minuto por la intervención de Kaname quien calmó a la sustancia. Sakura se detuvo a los pies de las escaleras de piedra que subían hacia el corazón de la Asociación. A esa distancia pudo sentir el calor, así como algo que no pudo identificar.

Recordó la historia que Chiasa e Isamu le habían contado.

Sakura empezó a subir los escalones lentamente.

(La Ancestro que arrojó su corazón al metal ardiente para darles a los humanos un medio para defenderse. La mujer que se sacrificó para proteger a los más débiles).

Sakura extendió su brazo. Sus dedos acercándose peligrosamente a las llamas.

(Viento meciendo un pastizal. El sol del atardecer brillando detrás de una figura encapuchada montada a caballo. Ojos verdes como los suyos).

La brillante mezcla de materiales de la forja le impidió ver a Sakura que algo se estaba alzando desde el centro para tocar su mano…

—¡Sakura! —una mano más grande la detuvo y la apartó del camino. Sakura se dejó hacer, todavía recuperándose del trance. Sintió que su cabeza daba vueltas y cuando el mundo dejó de girar, se enfrentó a la mirada preocupada de Takuma—. ¿Qué demonios estabas pensando? ¿Por qué estás aquí?

Sakura se habría enfadado por el tono exigente de su voz, pero considerando lo que había ocurrido hace unos días, no podía culpar a Takuma por sonar así. Permitió que el vampiro la llevara escaleras abajo, incluso que le pusiera una mano sobre el hombro. La guardia de ese día correspondía a él y a Senri, y que el pelirrojo no estuviera cerca sólo podía significar que estaba en el automóvil estacionado afuera, esperándolos (sólo uno de los dos podía entrar y era obvio que Takuma aprovecharía el momento).

—Estoy bien —dijo Sakura firmemente—. Estaba intentando ver si el material de la forja reaccionaba a mi chakra. Lamento si lució como otra cosa.

—¿Estabas haciendo un experimento?

—Quería comprobar si podíamos usarlo como fuente de energía alternativa para lo que tengo planeado, pero no hubo reacción alguna. Así que lo tacharé de la lista.

Los ojos de Takuma siguieron fijos en su cara, pero Sakura sabía que no vería detrás de sus palabras. Aunque usualmente era una mala mentirosa, había ocasiones en las que podía fingir. Además no iba a decirle que había terminado ahí por una especie de abducción.

—Está bien, sólo… mantente alejada de esa cosa. lo que es capaz de hacer cuando está fuera de control —cedió Takuma, suspirando—. Por favor, si vas estar rondando por la Asociación, al menos dile a alguien a dónde vas. Creí que estarías en la biblioteca.

—Kiryû y Chiasa está allá y te habrían dicho dónde estaba, si te hubiera importado preguntarles siquiera —espetó. Seguramente Chiasa y Zero se habían percatado de su ausencia y estarían buscándola. Lo mejor era que se apresurara en regresar para evitar que Takuma descubriera la verdad—. Como sea, tengo que volver ahora que el experimento ha concluido.

Apartó las manos de Takuma con firmeza, sin poder evitar recordar las sensaciones que habían causado en su cuerpo. Aunque no lo quisiera, los recuerdos venían en ocasiones. El calor, las caricias, la inevitable excitación cuando él la besó. Aunque de no ser por las feromonas de vampiro, no habría accedido. Él había sacado provecho de eso y del frágil equilibrio mental y psicológico de Sakura. Por esa razón, ella no podía confiar en él de nuevo.

Caminaron en silencio a la biblioteca, Takuma cinco pasos detrás de ella. Los pasillos continuaban vacíos.

—Sakura —la llamó Ichijou exactamente como ella predijo que haría. Después de todo, había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvieron a solas—. Yo quisiera…

—No —replicó, deteniéndose abruptamente. No volteó a verlo, no iba a brindarle esa clase de consuelo—. No digas nada.

—Es sólo que yo… lo que hice… no, no fue mi intención… no quería…

—Pero lo hiciste —planteó con dureza, haciendo que el vampiro se encogiera de vergüenza—. No quiero tus excusas. Nunca quise nada de ti en primer lugar, pero no te importó, tú sólo querías sentirte mejor contigo mismo y hacerme creer que eras distinto a Sasuke y Naruto porque tú sí me valorabas, pero no fue así. Cuando valoras a una persona, no te aprovechas de ella o la usas para demostrar algo.

Takuma no pudo defenderse pues era exactamente lo que había hecho. Unos días después de esa noche, el vampiro había pensado en lo que ocurrió y se había sentido como escoria. Las feromonas, el alcohol y el ambiente habían nublado su juicio, además del rencor y la envidia que sentía hacia dos hombres que ni conocía, y aunque eso no justificaba nada, había actuado imponiendo su voluntad.

"Vaya, vaya", sonó la voz de Sara Shirabuki en lo recóndito de su mente. La purasangre sonreía con puro placer, "al final fue tu naturaleza vampírica la que ganó, mi amado Takuma".

—Te devuelvo esto.

Ichijou capturó el objeto que Sakura le lanzó. Era el broche para cabello que le había regalado la primera vez que salieron juntos. Su mirada viajó de vuelta a ella, pero Sakura seguía negándose a mirarlo.

—Y mi respuesta es no —dijo ella a una pregunta nunca formulada, pero implícita.

—Espera —exclamó Takuma sintiendo un pinchazo en el corazón. Quiso acercarse, tomarla del brazo para que lo viera, pero se detuvo. En la situación actual, sería poner fin a cualquier oportunidad de reconciliación—. ¿Por qué dices eso? ¿Por qué justo ahora?

Sakura miró por sobre su hombro esta vez. La intensidad de esos ojos verdes intimidó a Takuma, pero se obligó a no retroceder. Ésta no era la Sakura que había conocido durante estos meses. Había algo en ella nuevo e imponente, que hacía que pareciera una mujer diferente.

—Porque recordé las palabras que alguien me dijo hace mucho tiempo. Por eso ya no puedo actuar como lo he estado haciendo, Takuma. Tú quieres que corresponda a tus sentimientos, pero yo no puedo hacerlo, no sólo por Naruto y Sasuke, sino por otras razones. Desde que llegué a este mundo, mi meta ha sido volver a mi hogar. Jamás se me pasó por la cabeza quedarme. Por nada ni por nadie.

Takuma se sintió desolado. Había pasado días enteros anhelando que ella se permitiera la posibilidad de permanecer aquí, que Takuma había pasado por alto ese simple detalle. Sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor, y aunque exageraba, no podía menos que aceptar que no estaba pasándola bien.

—Así que esto es todo —musitó Ichijou, cabizbajo. Una parte en él quería negarse a aceptarlo. Luchar esta batalla que había perdido—. Tú y yo… jamás podremos ser algo.

—Podemos ser amigos —sugirió con amabilidad—. Aunque no creo que eso te guste.

—La verdad no —tuvo que admitir que una sonrisa adolorida—. Si tú estuvieses en mi lugar, no querrías que la persona a la que quieres te ofrezca sólo su amistad.

—Lo estuve —respondió—. Sabes que antes tenía un enamoramiento por Sasuke. Cuando él volvió a la aldea intenté confesarle mis sentimientos de nuevo porque creí que los aceptaría esta vez. Pero no fue así. Muchas cosas habían cambiado entre nosotros y tuve que replantear lo que sentía por él y las cosas que hice por él antes de que se fuera. Durante años me había esforzado por mostrarle que era una chica dulce y servicial, tratando de ocultar lo peor de mi carácter, porque creí que eso era lo que él quería. Y me di cuenta de eso, ambos lo hicimos de hecho, entre nosotros había una brecha que no podíamos acortar… porque yo no era auténtica con él y Sasuke no podía ofrecerme lo que yo quería. Así que quedamos como amigos. Sé lo que estás sintiendo, Ichijou, y por eso no voy a exigirte nada, pero tampoco voy a corresponderte.

Ella se dio la vuelta y retomó el camino hacia la biblioteca, dando la conversación por terminada. El vampiro la siguió después de un interminable momento de duda, hasta caminar cinco pasos detrás de Sakura, en silencio. Zero y Chiasa esperaban en la biblioteca, con algunos libros dispuestos en la mesa. Incluso si no pudo decirles nada, ellos actuaron como si la ausencia de Sakura fuera normal, lo que ayudó que la mentira se mantuviera protegida. Takuma se mantuvo distante el rato que estuvieron acomodando la información recolectada y no dijo nada cuando fue momento de retirarse.

Sakura saludó a Senri, que se limitó a contestarle con una sonrisa. Este comportamiento moderado se había estado presentando desde hace poco. No es que a Sakura le molestara, sino a que le parecía raro considerando lo insistente que había sido aquella vez en la boutique. Decidió que le preguntaría después cuando tuvieran la oportunidad de estar a solas.

El viaje en auto le permitió a Sakura acomodar el material que emplearía para estudiar la casa de los Kiryû. A diferencia de las veces anteriores, quería realizar un pequeño experimento para comprobar si las marcas reaccionarían a su chakra. Después de todo, incluso si reconstruía el sello, no garantizaba que fuera a servir si la tinta no absorbía la energía que requería para funcionar.

—Colocaré una barrera de tres puntas alrededor de la casa —dijo Sakura sacando tres pergaminos de su bolsa y entregándoselos a Chiasa, Senri y Takuma, además de darles una nota con las coordenadas exactas de donde tendrían que ponerlos.

—¿Estarás bien, Sakura? —preguntó Senri con cierta cautela. No era para menos, él era uno de los que había visto en persona lo que sucedía cuando el chakra de la chica se agotaba.

—Estos pergaminos tienen chakra sellado, Senri, por lo que la barrera usará esta energía y no la mía. Es una técnica que cree cuando estuve en ANBU, para aislar la zona donde realizábamos chequeos. Cuando está activada nadie que no tenga una marca especial podrá entrar, además que el exterior y el interior permanecen desconectados por completo. La verdad no quería usarla ya que son mis últimos pergaminos, y el papel de este mundo no sirve para escribir en él con tinta shinobi, pero esto será un procedimiento delicado. Tengo que tomar todas las precauciones posibles.

—¿Es por eso que rechazaste la ayuda de la Asociación? —preguntó Takuma—. La señorita Yamanaka está despejando las áreas con mano de obra, ¿no sería más práctico hacer lo mismo?

—No quiero causar más destrozos. La señora Katsuragi fue considerada al no culparme por la demolición de su casa… pero no puedo ir a cada lugar y romper el piso con un puñetazo —dijo Sakura—. Por eso tuve que crear una nueva técnica para evitarlo.

—¿Una nueva técnica? —inquirió Chiasa, muy interesada.

Sakura asintió.

—Me inspiré en la habilidad especial de unos amigos —respondió Sakura—. Ellos son capaces de ver el flujo del chakra dentro del cuerpo de una persona, por lo que quise aplicar ese principio usando mi propio chakra para rastrear las marcas que existan en la casa.

—Como una especie de radar —dedujo Chiasa—, es decir, enviarás tu chakra en una zona delimitada esperando que la tinta de los símbolos responda, y de este modo, obtener una impresión exacta de lo que buscas.

—Exactamente —dijo Sakura—. No será una tarea sencilla. Así que necesito que no abandonen su posición, por favor. La barrera es esencial para que no ocurran incidentes.

—Confía en nosotros, Sakura —prometió Senri. Chiasa asintió a lo dicho por el vampiro, demostrando su total apoyo, al igual que Takuma—. ¿Kiryû estará contigo adentro?

—Bueno, considerando que es su casa, yo diría que sí.

Zero era quien se había ofrecido a mostrarle el que había sido su antiguo hogar. Sakura había aceptado evaluando las expresiones de Zero cuando hablaron, pero él no había mostrado más que indiferencia. Sin embargo, Sakura sabía que algo se escondía detrás incluso si el cazador se había mantenido alejado por décadas de su anterior casa. El tiempo no podía curarlo todo en algunos casos.

"Ciertamente no fue el tiempo lo que me ayudó a mí", reflexionó Sakura mirando por la ventana. Las hojas marchitas de los árboles se arremolinaban en las aceras, pintando todo de una colorida mezcla de naranjas, cafés, ocres y amarillos.

Habían pasado cuatro meses desde que había llegado a este mundo. Al principio, todo le había parecido tan lento. Los días eran interminables en su desesperación por regresar a casa, pero ahora… esa ansiedad se había convertido en paciencia y determinación para encontrar respuestas. La composición de este mundo se había visto afectada por una técnica de los Uzumaki, y Sakura se sentía con la responsabilidad de enmendarlo, no sólo por un impulso altruista, sino por lógica. Asuntos de este calibre no eran para tomarse a la ligera. Sakura estaba muy consciente de lo que podría suceder si cometía un error.

Cuando Sakura y los demás bajaron del automóvil, el panorama que los recibió fue lúgubre. Zero ya le había dicho que no le había importado darle mantenimiento a su antigua casa durante estos años, por lo que el deterioro era notable. Las paredes estaban corroídas, pintadas con múltiples grafitis o firmas obscenas. Los vidrios estaban rotos, y el jardín estaba hecho un desastre. Por fortuna, Senri lo hizo notar enseguida, no se detectaban presencias recientes, es decir, los vagabundos que pudieran ocultarse dentro no estaban.

—Tal vez sí sea una buena idea derrumbar la casa —mencionó Zero a Sakura, mientras miraba la estructura con aprehensión.

—¿Uh? ¿Por qué lo dices?

—Es sólo que… ha pasado mucho tiempo desde que estuve aquí —se llevó una mano hacia su cuello, palpando su tatuaje. Sakura le puso una mano sobre el hombro, para que la viera a ella.

—Sé que no tendrías problemas con que destruya el patrimonio de tu clan, pero eso no arregla nada, ¿de acuerdo? —cuando él iba a replicar, ella lo silenció con una mirada—. Eres tú quien me recordó que no debo de huir, así que ¿qué es exactamente lo que has estado evitando?

—No… lo sé.

—Bueno, no lo sabrás hasta que abras la puerta —dijo Sakura, guiñándole un ojo. Le dio un suave toque en el antebrazo y se dio la vuelta para dirigirse hacia sus compañeros—. Por favor, diríjanse a las coordenadas establecidas. Una vez allí sólo tendrán que abrir el pergamino y colocarlo en el suelo. Kiryû, la zona en la que Chiasa estará está un poco retirada. Deberás escoltarla.

—No será necesario, Sakura, puedo encargarme —aseguró Ueda.

—No, Haruno tiene razón —intervino Zero—. Esta zona no es segura, y aunque no dudo que puedas defenderte, tienes entre tus manos un objeto de otro mundo. Me aseguraré que todo marche bien y luego colocaré otra barrera a tu alrededor.

—Ésa es una excelente idea —asintió Takuma—. Senri y yo haremos lo mismo, por cómo se han dado las cosas lo mejor es tomar las debidas precauciones.

—Ciertamente estos objetos no deben caer en manos equivocadas —meditó Chiasa sosteniendo el pergamino frente a ella—. En ese caso, me pongo en sus manos, maestro Kiryû.

Antes de partir, Sakura pintó en la muñeca de Zero un símbolo en espiral con varios mantras y trigramas. Era un sello especial que le permitiría entrar a la barrera sin ningún problema.

—Por tu bien espero que esta tinta no sea permanente, Haruno —dijo Zero detectando el aroma particular de la tinta ninja, no era un olor desagradable.

—No seas quejón, ¡será un tatuaje estupendo si no se borra! —sonrió Sakura con una pizca de malicia.

Zero miró el diseño con atención. Sakura había estado explicándole sobre el fuuinjutsu, y sobre todo, de los Uzumaki. El clan que había iniciado esto, fuera lo que fuera, y quienes eran los antepasados de Zero. Su historia había sido toda una revelación para él. Su aniquilación a manos de aldeas y clanes, envidiosos y temerosos de sus técnicas de sellado, había sido inevitable. De acuerdo con Haruno, ni siquiera la alianza con Konoha había servido para algo, debido a varios factores; el conflicto de intereses entre los altos mandos, así como la ineptitud del Tercer Hokage para limitar las acciones de un tal Danzo, habían propiciado que la alianza se dejara de lado. Hiruzen había intentado ayudar a último minuto con resultados aún peores. Los sobrevivientes fueron dispersados, y sólo pocos fueron integrados a Konoha, protegidos bajo otras identidades, llevando al clan casi a la extinción.

Sakura le había dicho que Naruto planeaba hacer resurgir al clan Uzumaki, pero no para restituir su antigua gloria, sino para enmendar el error de su antecesor y darles a una verdadera compensación, si es que así lo deseaban. Además planeaba enviar a un equipo especial a Uzushio a recolectar lo que pudiera salvarse.

—Vaya, sí que es un sitio problemático —indicó Chiasa cuando llegaron a una ladera que colindaba con el terreno original. Estaba muy empinada, e incluso con su buena condición física, habría sido muy difícil subir para Chiasa.

—Ven, te llevaré hasta ahí —dijo Zero hincándose y brindándole su espalda. Chiasa no dudó en aceptar el ofrecimiento con la mayor seriedad posible—. Agárrate fuerte.

—Estoy lista —indicó Ueda afianzando bien sus piernas alrededor de la cadera del cazador, a la vez que sus brazos se apoyaban en sus hombros.

En cuestión de un parpadeo, Zero saltó. Parecía levitar a cada paso, subiendo la pendiente con gracilidad. Cuando llegaron a la cima, apenas se veían unos tenues rayos del atardecer en el horizonte. Zero bajó a Chiasa con cuidado, mirándola fijamente.

—¿Uhm? ¿Sucede algo, maestro?

—Sólo recordé la primera vez que nos conocimos.

Chiasa miró directamente a los ojos Zero, sabiendo a lo que se refería. Un pequeño malestar se asentó en su interior, como garras desgarrándola por dentro, y es que a pesar de tantos años, era imposible olvidar ese infierno. Sin embargo, había aprendido a aferrarse a los pocos buenos recuerdos que tenía de esa vez, en las que sintió por primera vez las sensaciones cálidas y confortables de un par de manos de alguien que no la lastimaría. Chiasa siempre recordaría con gratitud, el latir del corazón de Zero Kiryû cuando la sostuvo en sus brazos.

—Tengo que decir que no pensé encontrarme contigo otra vez, Ueda —declaró el cazador, aunque no sin amabilidad—. Por tu pasado, creí que escogerías otro camino.

—Lo consideré, pero no me pareció lo correcto. Durante años presencié innumerables atrocidades, sin poder hacer nada y sin esperanza alguna… pero cuando usted vino supe que no todo estaba perdido, que todavía había gente allá afuera a las que les importaba las personas como yo.

—¿Es por eso que no aceptaste que te llevaran a una casa de acogida de humanos? ¿Quieres convertirte en cazadora para agradecer lo que hice por ti?

—No haría algo tan desconsiderado —contestó Chiasa con franqueza—. Aunque una parte en mí siempre estará agradecida con usted por salvarme, no pondría mi vida en riesgo sólo por eso. Lo que hizo decidirme por este camino fue… su esposa.

Eso no tomó por sorpresa a Zero. El trabajo que Sayori realizó la mayor parte de su vida, le trajo reconocimiento y respeto en las sociedades vampira y humana, no era inusual que muchos continuaran alabándola a pesar de haber muerto. Kaien le había contado a Zero que innumerables personas enviaron ofrendas para la tumba cuando se enteraron de lo que pasó (por supuesto, esa tumba era más un símbolo pues la verdadera estaba en un lugar que sólo Zero, Yûki y Shizuku conocían). Lo inesperado era que Chiasa decidiera forjar su camino considerando el de Sayori.

—La senadora Kiryû fue una mujer increíble, aunque era humana como yo. Cuando investigué sobre ella me quedó claro que ser un humano no es desventajoso de ninguna manera. Cada quien tiene su manera de hacer lo que puede por lo que cree es correcto. Cuando tuve la oportunidad de pensar en mi futuro, decidí que no podía fingir que todo lo que había ocurrido y lo que había visto no existió nunca. Yo puedo hacer la diferencia. Quizás es una meta irracional, pero si puedo devolver un poco de la luz que usted me brindó cuando me salvó, si puedo ayudar a tantos como la senadora Kiryû, sería suficiente para mí. Por eso no sólo quiero ser cazadora sino también hacer lo mismo que ella, o incluso más.

"Esta chica no está haciendo las cosas sólo porque sí", meditó Zero sosteniendo la mirada de Chiasa, sintiendo un creciente respeto por ella. La pequeña niña que había salvado hace ocho años, temblorosa y frágil, ahora estaba frente a él, llena de determinación, trabajando duro y sin detenerse para alcanzar su sueño.

—Si eso es lo que quieres hacer, entonces hazlo —dijo Zero en forma de consejo. Una parte de él estaba reticente a aceptar que alguien que había vivido horrores desde niño tuviera que inmiscuirse en asuntos más turbios al crecer, pero al final, no era su decisión, la misma Chiasa le había dicho que no iba a dejar que la vida que él salvó se desperdiciase. Zero se atrevió a poner una mano sobre su cabeza, para darle una palmadita amistosa—. Te estaré observando, Ueda.

La chica nunca había esperado la aprobación o aceptación de Zero, pero admitía que se sintió aliviada de saber que él no le reprocharía o la miraría con decepción.

—Sakura tiene razón, maestro Kiryû, usted suena como un papá —dijo Chiasa haciendo Zero parpadear con asombro—, ah, pero no es que sea molesto, es… bueno, sonó como un padre mirando el progreso de su hijo.

Tal vez no debió hablar tan a la ligera, que Sakura y Zero hablaran con naturalidad entre ellos no significaba que lo mismo sucediera con ella. Chiasa era muy consciente que él era su profesor y nada más. Pero Zero no se había quedado en silencio por eso, sino por otra razón mucho más personal.

"Dime, cazador, ¿estás seguro que podrás soportar vivir contigo mismo después de hacer esto?", le preguntó Touma cuando fue para informarle sobre la muerte de Sayori y lo que haría después. El pequeño vampiro le había sonreído retorcidamente, intentando ocultar el sufrimiento que atravesaba su alma, para después dejar que los colmillos del cazador casi le arrancaran la piel del cuello cuando se abalanzó sobre él para beber su sangre. "Aaah, así que sí eres capaz de hacerlo…".

—¿Maestro Kiryû? ¿Sucede algo? —preguntó Chiasa al ver que estaba disperso en su mente. Zero espabiló de prisa, intentando que ella no leyera sus emociones (porque se había dado cuenta que era muy perspicaz).

Zero volvió a darle una palmadita para tranquilizarla y agregó:

—Pronto seremos colegas, así que no necesitarás dirigirte a mí con tanta formalidad. Cuando te conviertas en cazadora llámame por mi nombre.

La propuesta fue inesperada. Claramente había comprendido que trabajaría junto a Zero cuando se integrara a la Asociación de Cazadores, pero esto… esto era más de lo que hubiera imaginado tener. Zero era su salvador, su profesor, y eso era suficiente, ¿o no? Ch

çiasa no estaba segura si era correcto acercarse más, cuando no habían hablado directamente hasta ahora.

"Nunca conocerás a las personas si te atemoriza acercarte a ellas, Chiasa", le dijo Sakura cuando trató de animarla a hablar con más personas. "Incluso si los primeros pasos son torpes o vergonzosos, al final todo se convertirá en un recuerdo grato del que podrán reírse cuando sean amigos".

Pero por mucho tiempo Chiasa había creído que no merecía tenerlos. Ella no era como los demás. Su cuerpo había sido estigmatizado por los colmillos y garras de miles de monstruos hermosos; las cicatrices en su piel ya no eran tan visibles como antes, y Chiasa había aprendido a no avergonzarse de ellas, pero aun así… había cierta vergüenza en su ser de la que no podía desprenderse.

"Mi dulce muñequita, ¿serás buena como siempre y dejarás que mi amigo beba el néctar de tu alma?", la voz de su padre era suave y aparentemente amable, empalagosa. Luego unas manos grandes la tomarían por los hombros y la entregarían a la lujuria de los amantes de la sangre inocente.

"Definitivamente no eres una muñequita, Chi", Isamu había declarado cuando Chiasa tuvo la suficiente confianza para contarle esa parte de su infancia. La nueva Isamu —como le gustaba denominarse— le había sonreído y puesto una mano en el hombro. "Así como yo dejé de actuar como una total idiota, creo que tú también deberías desprenderte de eso. Demuéstrales que estás hecha de acero a esos cabrones".

—Eso… eso es… —titubeó. Ella miró otra vez a Zero, sorprendiéndose al ver que él estaba esperando su respuesta pacientemente. Verdaderamente no debía preocuparse tanto—. Está bien, pero me gustaría agregar algo.

—¿Qué tienes en mente?

—Yo le llamaré por su nombre, si usted lo hace con el mío —ofreció con una sonrisa, sintiendo mucha confianza en sí misma—. De esta manera estaremos en el mismo lado, maestro Kiryû.

—Entonces tenemos un trato —aceptó Zero—. Realmente creo que llegarás lejos, Ueda, y si necesitas consejo o apoyo, no dudes en decírmelo.

—Así será —prometió Chiasa dando por terminada la charla. Sacó el pergamino para abrirlo; el sello dentro era un triángulo con dos diagramas en cada punta, además de un montón de símbolos rodeándolo en un círculo—. Oh, justo cuando creía comprender el fuuinjutsu, Sakura me deja en claro que aún me falta mucho por aprender. Este sello es impresionante.

—Pon eso en el suelo mientras yo coloco la barrera a tu alrededor —indicó Zero. En cuanto Chiasa lo hizo, él comenzó a recitar el verso 75 con rapidez, sin tartamudear o equivocarse, haciendo que Chiasa boqueara con admiración. Ella no podía usar los hechizos, por lo que ver a un cazador elegido haciendo uno era un espectáculo—. Cuando Haruno termine, vendré por ti.

Cuando Chiasa asintió, Zero se movió colina abajo. La técnica se activó justo en el momento en que tocó el suelo. El cielo se cubrió con un manto rojizo hasta formar una punta, como un tipo de pirámide. El poder que desprendía era considerable, lo único que le pareció extraño a Zero fue eso precisamente. La primera vez que había conocido a Sakura no sintió el poder en ella, salvo el aroma de su sangre, pero ahora… podía casi asegurar que percibía el chakra.

O tal vez sólo era su imaginación.

Decidió dejarlo para después. Zero se apresuró en regresar con la kunoichi.

Sakura ya estaba haciendo lo suyo dentro de la vieja casa de los Kiryû. Al finalizar su secuencia de sellos manuales, colocó su mano sobre el suelo, y con suma precisión envió su chakra para buscar cualquier rastro de algo. Esta nueva técnica tenía como propósito hallar objetos ocultos que por obvias razones no podrían ser encontrados por un ninja sensor; no era la técnica más innovadora, pero sí funcional, además le permitiría hallar respuestas a algunas de sus preguntas.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Zero.

—La verdad no —respondió sin perder la concentración—. ¿Por qué no elegiste este lugar para vivir con la señorita Sayori, cuando se casaron?

La pregunta lo tomó por sorpresa, aun así Zero se mantuvo tranquilo. Sakura conocía todo de él, y para estas alturas, era más que una amiga íntima, por lo que responder no era una molestia.

—No quería iniciar mi vida con ella en un lugar tan… desolador —admitió. Su vista se enfocó en el edificio que alguna vez había considerado un hogar, sus ojos no revelaban los sentimientos que fluían en su corazón—. Esta casa me trae recuerdos agradables y dolorosos por igual. Después de lo que sucedió con Shizuka me negué a volver hasta llevar a cabo mi venganza. Cuando ella murió creí que podría empezar de nuevo, pero… algo simplemente no estaba bien.

—¿A qué te refieres?

—Durante años dejé que el odio me consumiera, Haruno. Me convertí en un monstruo dispuesto a hacer cualquier cosa por cumplir su objetivo. Ya no era más el hijo mayor del Clan Kiryû, era una criatura distinta, y no sólo por ser un vampiro. Si llegué a controlarme fue porque Yûki estaba allí apoyándome, pero si no hubiera sido por eso yo…

—Habrías hecho lo mismo que hiciste cuando la señorita Sayori fue asesinada —completó Sakura—. ¿Temes que tus padres hubieran desaprobado tus acciones, si aún vivieran?

—Mis padres no odiaban tanto a los vampiros, pero no los tenían en alta estima. La fama de ser los mejores cazadores no venía por el apellido, ellos eran quienes encabezaban la lista de muertes en la Asociación. No estoy seguro que habrían hecho conmigo si hubieran sobrevivido. Un cazador convertido en vampiro era un tema controversial en esos tiempos.

—Pienso que te habrían protegido. No digo que habría sido fácil, pero no puedo imaginar a tus padres odiándote por algo que tú no elegiste ser. Ellos te habrían querido a pesar de todo, Kiryû.

Ciertamente Ashina y Kigiku Kiryù (de soltera Agatsuma) lo habrían hecho. Eran cazadores, pero también eran padres, y habían amado a sus hijos con cada fibra de su ser todo lo que la vida les permitió. Zero tenía que estar de acuerdo con Sakura en esto.

—Los encontré —anunció Sakura. Zero le miró fijamente, detallando lo brillantes que se veían sus ojos jades en esta ocasión; la usual apariencia debilitada estaba ausente. Ella realizó otra serie de sellos de mano—. Arte de Sellado: Resonancia.

No ocurrió nada. Zero estuvo a la espera que algo repentino sucediera, pero no fue el caso. El silencio sólo era eclipsado por el sonido de algunas cigarras en el exterior. ¿La técnica habría fallado?

—Como lo suponía —dijo Sakura mostrando una sonrisa astuta, recorriendo el piso derruido de la sala principal. Zero tuvo cuidado de no seguir sus pasos con la mirada cuando ella pasó sobre el lugar donde Shizuka lo había dejado tirado después de matar a sus padres—. El flujo de poder se corta por alguna razón.

—¿Flujo de poder?

—Ya les había dicho sobre las cualidades de este sello, así que realmente no esperaba que hubiera una reacción a mi chakra, pero la hubo. Muy pequeña y breve, pero sin duda la tinta respondió al chakra.

—Entonces, si corriges los errores en su matriz escrita…

—Hay una alta probabilidad de que Ino y yo podamos activarlo usando nuestro chakra —dijo Sakura con seguridad—. Sin embargo, para lograrlo tengo que averiguar la función exacta de este sello. Por lo que pude ver se trata de uno de liberación, y sólo puedo suponer que la marca que pretende neutralizar fue hecha también por los Uzumaki.

—Lo que vuelve todo aún más complicado.

—Por supuesto, todavía falta averiguar más, pero vamos por buen camino.

—¿Hay algo más que debas hacer antes de irnos? —preguntó Zero sin necesidad de ocultar lo deseoso que estaba por irse. Sakura evitó sonreír con ironía, sabiendo que eso lo haría sentirse avergonzado.

—Si no fue por lo que pensarían tus padres, ¿qué es lo que te impidió volver?

Definitivamente si no fueran tan cercanos, Sakura no lo habría presionado. Pero cuatro meses de interacción constante, de buenos y malos momentos, habían construido una base sólida para su amistad. Ambos conocían el pasado del otro, así como sus heridas y sus más oscuros pensamientos. Esta conexión con alguien que no era Naruto o Sasuke, era refrescante para Sakura; le recordaba un montón a su amistad con Sai, algo que no se había deteriorado. Al igual que con Sai, Sakura se sentía libre con Zero, desconectada de esa manía por cuidar y servir a otro. No había ningún anhelo insatisfecho, ni culpabilidad o autocastigo.

A Sakura le había tomado tiempo darse cuenta que podía tener esta clase de relaciones, sin sentirse culpable.

"Una vez tocas fondo te esperan grandes cambios". Sakura no podía asegurarlo, pero se habría llevado bien con Sayori. La mujer le agradaba por las muchas cosas que Zero contaba sobre ella, a tal punto que estaba convencida que Sayori había sido extraordinaria, fuerte y decidida, una mujer que había puesto su corazón en aquello que creía lo correcto. Una que no abandonó su humanidad para postergar su vida y así permanecer siempre junto a Zero, demostrando de esa manera que se podía amar con la intensidad y entrega de un vampiro sin ser uno.

—Para olvidar mi ceguera —respondió Zero de forma distante. Su mirada plateada miraba hacia ella, pero sus ojos revelaban que no la estaba viendo realmente. Tal vez estaba envuelto en un recuerdo—. Ichiru había cambiado desde nuestro encuentro con Shizuka y los rumores de cacerías extrañas habían estado circulando desde hace tiempo, pero yo ignoré las señales. Preferí fingir que no sucedía nada inusual, que todo se solucionaría con el tiempo. Ya puedes ver qué tan bien salió eso. Esta casa no sólo representa mi pérdida, Haruno, sino lo que por muchos años fue mi mayor defecto.

—¿Defecto?

—Así es —respondió Zero acercándose a ella. En esta habitación estropeada por el descuido, oscura y abandonada, estaban solos, aislados por la barrera del mundo—. Soy un hombre cobarde, me alejo de todo lo que pueda derrumbarme, y aun así soy ciego ante cualquier señal de peligro y me quedo hasta que es demasiado tarde. Muy masoquista, si tengo que decirlo.

—No siempre aprendemos al primer error —espetó Sakura colocando una mano sobre el pecho del cazador—. No fue cobardía o ceguera, Kiryû, simplemente hiciste todo lo que pudiste hacer en ese momento.

Zero tomó su mano y la apretó calurosamente. Despacio movió su cabeza hasta descansar su frente en el hombro de Sakura permitiéndose un instante para respirar su aroma a lluvia y flores mientras que ella le permitía esa cercanía.

—Tienes sed —notó Sakura.

—Sí.

A estas alturas Sakura ya podía leer las señales en su cuerpo cuando la sed de sangre le acometía, pero lo único que ella no podía entender era que no estaba sediento por falta de sangre (Touma se la brindaba cada que lo necesitaba), sino por deseo.

—Las condiciones siguen siendo las mismas, Haruno, sin importar lo que pasó —espetó Zero cuando se dio cuenta que ella inclinaba un poco la cabeza.

—Si no estuviera consciente de eso, no lo estaría haciendo —replicó tomándole de los antebrazos. Cuando Zero le miró a la cara no había ninguna duda en su expresión—. Todavía estoy interesada en averiguar qué sucede en un vampiro que bebe sangre ninja, así que hazlo.

Zero no pudo negar lo rápido que sus ojos se tiñeron de carmesí cuando la vio desabrocharse los primeros botones de su blusa. Su delgado y pálido cuello provocó una reacción sobrecogedora en sus instintos de vampiro. No habría culpado a ningún cazador que hubiera querido asesinarle en este momento debido a la aterradora imagen que estaba dando. Antes había sido cosa de pragmatismo, pero ahora era mucho más íntimo porque era innegable lo atraído que se sentía a ella.

—¿Lo vas a hacer o no? —inquirió Sakura con poca paciencia. Tenía una expresión de desencanto, pero había un tenue tono rosado en sus mejillas. Al parecer, Zero no era el único al tanto de la situación.

—En serio, qué mandona eres —Zero resopló. La tomó por los hombros y se inclinó hacia ella. Sus labios rozaron la zona de su pulso, dándole ligeros toques para sensibilizarla.

Justo cuando estaba por morderla, Zero vio algo de reojo. Era una figura alta vestida con un quimono blanco y un obi rosa muy familiar, pero sus ojos rosáceos carecían del dolor y odio que los habían caracterizado. Shizuka Hiou no se parecía en nada a la cruel purasangre de antaño, se veía más como una copia de la verdadera. A su lado estaba Ichiru, callado y juicioso como siempre, vistiendo ese ridículo antifaz otra vez.

¿Por qué los estaba viendo?

Para su total sorpresa, dos figuras más aparecieron en la periferia. Eran los padres de Zero e Ichiru. Ashina podía haberles heredado los tonos de su pelo y sus ojos, pero no su porte masculino; la apariencia de los gemelos había sido regalo de Kigiku, su madre, al igual que sus rasgos más suaves. Ambos estaban como Zero les recordaba, ni un detalle fuera de su lugar.

"Tus padres te habrían querido y protegido, a pesar de todo".

"Lo siento, padre, madre", dijo mientras abría la boca para tocar con sus colmillos la tersa piel de Sakura, "pero no voy negar lo que deseo nunca más".

Mordió con lentitud saboreando las primeras gotas con deleite. Su lengua trabajó con avidez para evitar cualquier derrame. El esperado golpe de poder llegó, más manejable esta vez, y Zero procuró sólo saciar su sed y no indagar nada. Había visto la vida de Sakura una vez y eso era suficiente; aun así, había ciertas partes que le habían dejado con una sensación extraña, un algo inexplicable que le causaba escalofríos.

—C-Con c-ca-calma, Kiryû —soltó la chica en un jadeo. Era muy receptiva a las feromonas de vampiro, por lo que a pesar de su esfuerzo por mantenerse solemne había fallado.

Zero dejó de beber por un momento y trasladó sus manos a sus mejillas, para hacer que lo mirara. Esta mujer había derrumbado una casa con un puñetazo, pero ahora estaba totalmente a su merced; si fuera otro, Zero se habría aprovechado de su ventaja, pero como nunca sería el caso, decidió hacer otra cosa.

—¿Quieres que lo haga, Haruno? —preguntó con tranquilidad.

—¿Q-Qué? ¿De qué estás…?

—Lo sabes bien —replicó, aunque no sin gentileza—. Puedo parar si lo deseas, pero si quieres continuar, bueno, haré que vivas la experiencia completa. Tú decides.

Le tomó varios minutos pensarlo. No era la primera vez que experimentaba el efecto de las feromonas de vampiro y no sería la última.

—Si te digo que sí, ¿prometes no contenerte? Es decir, pararas si yo te lo pido, pero mientras no te retengas, ¿de acuerdo?

—Lo prometo —dijo Zero con solemnidad.

—Entonces —prosiguió la kunoichi—, sí.

En un parpadeo, Zero acorraló a Sakura contra la pared, su enorme cuerpo cubriendo el de ella sin dejarle escapatoria alguna. Ella inclinó su cabeza cuando él bajó hacia su cuello otra vez; la mordida se sintió completamente distinta, empezando por el hecho de que no había sido dolorosa, sino todo lo contrario.

"Son las feromonas", dedujo Sakura presa de una debilidad placentera que hizo que sus piernas se sintieran como gelatina.

Las manos de Zero viajaron por su cuerpo, sosteniéndola de la parte trasera de su cuello y de su cintura para apretarla más contra sí. Anteriormente, Zero había respetado este límite, pero hoy no lo haría. Su cuerpo colisionó contra el de ella obteniendo temblores placenteros en ambos. La mordida de un vampiro, realizada de esta manera, era tan deliciosa como el sexo.

Él siguió bebiendo sin desperdiciar ninguna gota, asombrándose de lo rápido que ella reaccionaba cuando superaba los pormenores de su inexperiencia. Las piernas de Haruno se aferraron a sus caderas, apretándolas. Zero experimentó en primera persona la fuerza de sus muslos y deseó con todo su ser no imaginar cómo sería tener su cara entre esas dos columnas de alabastro.

—N-No te detengas —rogó Sakura con una voz tan necesitada, que Zero procuró guardar para siempre en la memoria—. Se… se siente…

—Si quieres gritar, grita —hizo una pausa para susurrarle en el oído, dándose el tiempo para percibir los distintos aromas y reacciones que componían a la kunoichi. La excitación, el deseo… hace mucho que no los experimentaba (no contaba lo que pasó con Aido o los encuentros con Touma)—. Aquí nadie puede oírnos.

Sakura no gritó, pero los chillidos de su placer fueron suficientes para Zero. Bebió hasta saciarse y aun cuando trató de no ver en sus recuerdos, no pudo evitar ahondar en uno en particular. Pudo ver a muchas personas rodeando a alguien, todas estaban llorando y el olor a sangre y muerte eran persistentes.

"¡No, no lo hagan! ¡No le hagan esto a ella!".

Una voz femenina desconocida, pero familiar.

"¡No puedo perderla!", esa voz era de… "Perdón, Sakura, pero no vamos a dejarte ir".

Y entonces, Zero sintió un dolor indescriptible que le hizo detenerse en el acto. Se dobló por la mitad cayendo al suelo y llevándose a Sakura con él.

—¿Kiryû? ¿Qué sucede? —preguntó Sakura ayudándole a recargarse en ella, entre aturdida y excitada, sin entender lo que acababa de pasar. Rápidamente verificó los signos vitales del cazador, temiendo que hubiera sucedido una reacción adversa.

—No… no es necesario —dijo Zero entrecortadamente. Apenas reuniendo fuerza para hablar. ¿Por qué un recuerdo de Sakura le había causado tanta conmoción, cuando no sucedió lo mismo antes?—. E-Estoy-… estaré bien.

—Demonios, no —replicó Sakura. De prisa envió chakra a curar las heridas de su cuello y limpió el ligero rastro de sangre que se había derramado cuando Zero dejó de beber—.Tenemos que salir de aquí, ir a mi laboratorio y…

—No fue por tu sangre… bueno, sí y no —soltó para detenerla. Ella le miró con interrogación, toda su expresión denotando lo preocupada que estaba. Zero tardó un poco en componerse, pero cuando estuvo seguro que podía hablar sin trabarse, decidió explicarse—. Sabes que cuando un vampiro bebe sangre puede acceder momentáneamente a los recuerdos de una persona. No era mi intención hacerlo, que conste, es sólo que los sentimientos en esta memoria eran muy fuertes.

—Entonces, ¿fue una respuesta creada por un recuerdo?

—Sí, por eso no tienes que preocuparte. El efecto no durará demasiado —o eso quería creer.

—¿Qué fue lo que viste?

—Fue confuso —por no decir malditamente aterrador y absolutamente desagradable—. Probablemente pueda hablar sobre ello más tarde, por ahora quiero regresar a la academia. La cabeza me da vueltas.

—De acuerdo, pero si algo sucede dejarás que te atienda sin quejarte, ¿entendido?

—Sí, sí, doctora mandona —bromeó, intentando suavizar la situación. Sakura se encargó de reunir los datos que habían obtenido, y ambos salieron de la casa rumbo afuera de la barrera para dar la señal a sus compañeros de que habían terminado—. Tengo que ir por Ueda. Ella no podrá bajar sola.

—Yo voy por ella, tú quédate aquí —indicó Sakura pidiéndole que se metiera al automóvil. Dio unas indicaciones más al chófer y luego regresó su atención a Zero—. ¿Dejarías que Ino te revise cuando volvamos?

Zero asintió. Sakura lo tomó como una señal de que el cazador confiaba en Ino para entender que no se trataría de un interrogatorio. Dándole una última sonrisa, Sakura desapareció rumbo a la ladera donde estaba Ueda. Senri y Takuma no tardarían en llegar, por lo que Zero se enfocó en componerse y borrar el rastro del aroma de sangre de su boca.

Miró hacia el cielo.

No había aceptado sólo porque sí, sino para saber qué era lo que había sucedido a Sakura hace cinco años. Lo que Zero había sentido no era normal y la única que tendría una respuesta era Ino.

"Ella dijo que se interpuso entre ambos", y si no salió tan indemne como parecía, entonces sólo podía significar que Naruto y Sasuke habían tenido que hacer algo drástico para salvar la vida de su compañera. "¿Qué diablos te hicieron, Haruno?".

[+][+]

—Elemento Madera: Anclas verticales —en cuanto Moegi puso sus manos en el suelo una serie de vigas de madera salieron hasta alcanzar cincuenta metros de largo. Con una serie de sellos más, Moegi obligó al material a torcerse hasta adoptar una estructura adecuada.

Cuando el trabajo estuvo finalizado, la kunoichi fue elogiada por la docena de constructores alrededor pues en cuestión de segundos la base para las nuevas murallas estaba lista. Con dos usuarios del Mokuton ayudándoles, el trabajo se realizaría en el plazo calculado.

—Ella es una chica habilidosa —elogió el jefe de los constructores al corroborar la perfección de la ejecución. Terminarían ese mismo día si continuaban así.

—En efecto —asintió Yamato sin ocultar lo satisfecho que se sentía al ver que Moegi había absorbido sus enseñanzas. El futuro de esa chica era prometedor si llegaba a controlar el Mokuton, porque a diferencia de Yamato ella no era un producto que a duras penas había cumplido los estándares de calidad—. ¿Necesitan algo más?

—Por el momento no. Ahora nos corresponde a nosotros hacer nuestra parte —esta nueva muralla debía resistir mucho daño, al punto que Karin y un equipo especializados en sellos habían tenido que participar en su diseño—. Probablemente terminemos de colocar el material que se importó del País de la Roca por la tarde.

—De todos modos estaremos aquí —informó Yamato sin querer imponerse. El jefe de constructores asintió y se dirigió a donde estaban sus compañeros—. ¿Qué tal te sientes, joven Kazamatsuri?

—Muy bien, maestro Yamato —respondió Moegi a su lado. La chica se había fortalecido con los años. Atrás habían quedado sus rasgos infantiles, sus dulces chapitas y su dos marcadas coletas, para dar pasó a una alta y fuerte adolescente. Moegi había decidido cortarse el cabello hasta los hombros y usar su banda ninja como Sakura—. He aprendido a controlar la cantidad de chakra necesaria para cada técnica, así que no me agoto como antes. Los ejercicios de control que la señorita Sakura me explicó me han servido. Por supuesto, también es porque usted me ha enseñado mucho, maestro.

—No tienes que excusarte, Kazamatsuri. Sakura fue mi pupila y saber que ha podido trasmitir sus conocimientos a la siguiente generación me llena de orgullo —dijo Yamato con sinceridad. Sakura se negaba a verlo, pero su presencia había llenado de esperanza, admiración y fuerza a las nuevas generaciones, sobre todo porque ella era alguien como cualquier otra persona sin un clan de renombre o una barrera de sangre.

Moegi miró hacia donde estaría la muralla. Los constructores se movilizaban con prontitud y certeza, decididos a hacer bien el trabajo.

—La echó de menos —confesó Moegi—. Sé que no somos muy cercanas, pero la aprecio. Fue de las primeras en apoyarme cuando decidí que quería ser Hokage, me dijo que no estaba traicionando o burlándome de Konohamaru, que cada persona es libre de decidir cuál es su sueño y si dicho sueño es similar a otros no importa porque cada quien lucha por cumplirlo a su manera.

—Así es, cada quien debe esforzarse por alcanzar sus metas. Eventualmente Konohamaru lo entenderá y no lo verá como una traición, sino como un incentivo. Si quiere convertirse en Hokage sin tener que competir, entonces no está preparado.

—Konohamaru no estaría satisfecho al saber que se convirtió en Hokage sólo porque no había más candidatos —meditó Moegi—. Así que tiene razón, maestro, él tendrá que aprender a lidiar con esto. Afortunadamente no tenemos que trabajar en equipo por ahora y eso le dará tiempo de digerirlo. Udon ya está harto de no poder salir a divertirse con ambos como antes.

—Todo volverá a la normalidad, ya lo verás —aseguró Yamato dándole una palmada en el hombro—. Sin embargo, quiero que sepas que tienes mi voto desde ahora. Pienso que serías una magnífica Hokage.

—Oh, vamos, maestro, después del Sexto sus predecesores tendrán que esforzarse el doble —dijo Moegi. Naruto llevaba poco tiempo en el cargo, pero gracias a sus planes, proyectos y políticas, había traído estabilidad a la aldea, por no mencionar a las aldeas de las otras naciones.

Si Moegi, Konohamaru o cualquier otro candidato quería ser el siguiente debía superar lo que Naruto había logrado.

—La vida está llena de posibilidades, Kazamatsuri. Siempre habrá nuevos caminos por recorrer así como cosas nuevas por hacer.

—Lo tendré en cuenta, maestro.

—Bien —asintió Yamato—. Quédate aquí mientras consigo algo para que almorcemos, ¿cuento contigo para mantener todo en control mientras no estoy?

—Por supuesto —dijo Moegi.

Yamato se dio la vuelta y se dirigió por una calle lateral que conectaba con el distrito de comida de Konoha. Justo cuando estaba comprando, una figura se paró a su lado.

—¿Hay nuevas instrucciones, Shikamaru? —preguntó mirándolo de reojo.

Nara tenía las manos dentro de los bolsillos del pantalón y un cigarrillo prendido en los labios. Yamato no presionó por una respuesta. En su experiencia lo mejor era que las personas hablaran cuando lo creyeran correcto. Shikamaru era del tipo reservado, sus preocupaciones sólo eran exteriorizadas en ocasiones escasas, su mente debía trabajar siempre de forma objetiva así que sus inseguridades personales eran dejadas de lado.

—En este momento Naruto y Gaara están hablando.

—La llegada del Kazekage fue inesperada, pero es evidente que vino para hablar con él. ¿De qué crees que estén discutiendo?

—Me pidieron salir antes de comenzar, pero conociendo a Gaara probablemente no haya estado satisfecho con los planes de Naruto para esta misión —respondió Shikamaru—. Ya decía yo que el hecho que Suna terminara antes sus preparativos que las otras aldeas, tenía una razón especial detrás.

—Bueno, Suna está construida por arena compactada y roca cimentada. Gaara fue capaz de realizar cambios en su estructura sin gastar dinero y tiempo. Además no actuó arbitrariamente, envió una carta dos días antes de venir y se aseguró de dejar a Kankuro a cargo.

—Eso no me molesta realmente —confesó Nara—. Las relaciones entre Konoha y Suna no se romperán por algo como esto. Kankuro podrá lidiar perfectamente con el Consejo, ya que perdieron parte de su poder cuando el antiguo Daimyô del País del Viento falleció y su hijo ocupó su puesto. Los casos de corrupción se redujeron en el consejo interno de Suna, y Gaara y sus hermanos pudieron movilizarse para desarrollar más proyectos en beneficio de su aldea. Por ese lado, no tengo ningún problema.

—Entonces, ¿qué es lo que te irrita al punto de pasear por la aldea para distraerte?

—Problemas muchos más serios, al parecer —intervino una voz femenina al otro lado de Shikamaru. El shinobi ni siquiera tuvo que mirar de quién se trataba. Si Gaara había venido, era obvio que uno de sus hermanos lo acompañaría y era más obvio que sería Temari.

La primogénita de Rasa y Karura se había convertido en una mujer imponente con una reputación bien merecida tras participar activamente en la guerra y luego ayudar a prevenir una revolución civil en su aldea, cuando los miembros del Consejo quisieron derrocar a su hermano menor. Además había abogado por creer nuevas leyes para apoyar el transito económico entre naciones, lo que había dado como resultado que la economía de las aldeas y países se estabilizara antes de lo previsto. Por no mencionar que era la primera mujer en obtener un rango alto entre las Cinco Grandes Naciones como gran embajadora.

—No creo que Gaara sea capaz de convencer a Naruto de no ir en la misión —dijo Yamato.

—Oh, créeme, no vino hasta aquí por eso. Mi hermanito simplemente quiere… despejar la mente de Naruto, lo que sea que eso signifique —cuando Yamato pagó la comida, los tres salieron del local y caminaron por la calle—. Es algo razonable si tomamos en cuenta que dos de los ninjas más fuertes irán a un mundo desconocido que fue sellado por una técnica desconocida.

—Todo un suceso —tuvo que admitir Yamato sabiendo que no era una sorpresa que Temari supiera tanto. Sería una estupidez ocultarle información a alguien tan lista como ella—. De acuerdo con Karin Uzumaki es posible, pero tanto ella como los demás están esperando encontrarse con Sakura para confirmar todo.

—Una apuesta peligrosa —apuntó Temari—. ¿Esa mujer ya ha terminado de experimentar? No quiero que esto salga mal por un error de cálculo. La vida de millones depende de sus suposiciones.

Temari había tenido razón al decir que la apuesta había sido grande. Shikamaru había estado pensando en un plan de acción para evitar fallas, pero no había plan infalible por lo que había tenido que recurrir a Shino y Sai como personas de confianza para describirles todas las ideas que tenía en la cabeza. Shikamaru se quedaría en Konoha ya que era el único a quien los otros kages escucharían en caso de emergencia, por eso se había asegurado de tener dos figuras de apoyo que actuaran en su nombre en el otro mundo.

—Sus experimentos han sido exitosos —respondió Shikamaru—. Incluso logró construir un aparato de comunicación entre dimensiones. Sasuke y ella lo han probado y parece funcionar aunque desconozco si lo hará en ese lugar.

—¿Confías en ellos, Shikamaru? —preguntó Temari. La desconfianza que tenía en el grupo de Sasuke estaba justificada por injusta que fuera.

—No —la respuesta honesta de Shikamaru tomó por sorpresa a Yamato. Cuando Sasuke y su grupo se integraron a Konoha, Nara había sido de los primeros en mostrar su apoyo, aunque podía deberse a que prefería que estuvieran cerca para vigilarlos—, pero por ahora podemos contar con su ayuda. Sasuke y Karin irán a la misión, mientras que Jûgo y Suigetsu se quedarán en Konoha con el resto de chunnin y jounnin. En este tipo de escenario es lo mejor que se puede hacer.

¿Pero qué sucedería después? Si la misión era un éxito, ¿qué harían Sasuke y sus compañeros cuando finalmente decidiera que su lugar no estaba en Konoha? Incluso cuando Naruto estaba haciendo lo posible por hacerlo sentir bienvenido, era evidente que Sasuke no la consideraba un hogar. Probablemente no odiaba a las personas, pero había algo que se había roto en el Uchiha al saber que la paz de un pueblo le había costado la vida a Itachi.

—Debo volver a la misión. Tomé un momento para conseguir algo para comer —les dijo Yamato—. Si sucede algo…

—Te informaré de inmediato —prometió Shikamaru. En cuanto Yamato los dejó a solas, el chico miró hacia Temari—. ¿Quieres comer algo?

—Oí que abrieron un puesto que vende sopa de piedra, una especialidad de Iwa —contestó la rubia. Shikamaru asintió y ambos dieron la vuelta para dirigirse a ese local de comida—. Y bien, ¿qué es lo que estás pensando?

Podía ser una pregunta general, pero en realidad pretendía abrir un tema que Shikamaru era cauto al tratar. Había ciertos líos que él no podía solucionar porque simplemente sus intervenciones hasta ahora no habían funcionado; si hubiera obtenido una respuesta negativa, habría sido algo, pero nada había pasado y eso había aumentado su frustración. Cuando Shikamaru intentó ayudar al Equipo 7 se había topado con una muralla impenetrable. Lo que esos tres hicieran no debía importarle, de hecho era consciente que estaba siendo entrometido, pero no podía fingir que lo que sucedía no iba a tener graves consecuencias.

La mano de Temari tomó la suya, sus largos dedos rozando su piel con cuidado, brindando un consuelo que no había creído necesitar. Cuando miró a la rubia se encontró con una mirada serena y tranquila. Temari le estaba diciendo a su manera que estaba aquí para escucharlo, no para juzgar su proceder.

—Creo que es su oportunidad para cambiar su situación —respondió Shikamaru apretando la mano de Temari, sonriéndole suavemente (por el resto del camino, no la soltó)—. Me habías dicho que necesitaban un tiempo separados, ¿no? Cuatro meses podrían ser suficientes.

Caminaron sin prisas, ajenos al bullicio. Su relación había iniciado hace dos años, justo un mes después de que Naruto se convirtiera en Hokage. No lo habían planeado, había sido algo que se dio. Ni Shikamaru ni Temari eran personas que se complicaran las cosas, así que cuando se habían dado cuenta de su interés mutuo había sido cuestión de hablarlo y organizarse; la primera vez que habían tenido una cita no había sorprendido a nadie, incluso Ino, Kiba y Naruto se habían burlado de ellos por haberse tardado tanto. No obstante, dados los altos puestos que Shikamaru y Temari ocupaban, habían preferido ser discretos; Temari era la hija mayor de un ex Kazekage, hermana del actual líder de Suna, perteneciente a un clan con barrera de sangre y una kunoichi de renombre, varios hombres estaban interesados en tomarla como esposa, y si bien era posible rechazar a sus pretendientes, disgustar a alguien podría provocar problemas menores para los que no tenían tiempo.

—Además Ino está con Sakura —continuó Shikamaru. Llegaron al local donde de inmediato una persona los recibió con una sonrisa al reconocer quienes eran, se apresuró en brindarles su mejor lugar. Cuando ambos se sentaron y pidieron su orden, aguardaron que la mesera se fuera para continuar charlando—. La única persona capaz de llegar al corazón de Sakura es ella.

—¿Crees que sin la presencia de Naruto y Sasuke, Sakura será capaz de liberarse de su carga? La última vez que la vi sus ojos lucían… como si se hubiera rendido.

—Yo también pensé lo mismo, pero Ino no. Ella conoce a Sakura mejor que nadie, así que en cuanto le dije que ya nada se podía hacer, se enojó y me miró duramente. "¡Ella es más fuerte de lo que creen!", me gritó… Ino no se rindió, por eso que su presencia hará una enorme diferencia. Creo que será bueno para ambas que puedan reencontrarse para sanar sus heridas. Ino se metió de lleno a su entrenamiento para sobrellevar las pérdidas de su padre y Chouji. Aunque eso la llevó a donde está también la convirtió en una persona muy distinta, algo que ella misma odia ser.

—Kurenai ya te lo había dicho, ¿no es así? Hay múltiples formas de protegerse de la realidad cuando el dolor es insoportable. Construirse una máscara es una de ellas. En el otro mundo si Ino quiere ayudar a Sakura tendrá que deshacerse de su máscara y enfrentar su angustia. En sí que ambas estén allá ha mejorado las probabilidades, ¿no te parece?

—Un pensamiento demasiado optimista para mi gusto, pero tienes razón. Lamentablemente no podré ver los cambios en persona.

—Ino estará furiosa cuando se entere que no fuiste. Creerá que estás escapando —una sonrisa suspicaz se formó en el rostro de Temari—, porque lo estás haciendo, de hecho. Huyendo de tus problemas, Nara.

Ante tal acusación Shikamaru tuvo que levantar ambas manos para pedir paz. El cosquilleo por prender otro cigarrillo fue fuerte en esa ocasión.

—Vamos, vamos, estamos hablando de otras cosas aquí —pidió ocasionando que la sonrisa de Temari se ampliara—. Está bien, mujer demente, tengo problemas y me he pasado estos años evadiéndolos porque no tengo las ganas de resolver algo tan problemático. ¿Ya estás contenta?

—No hasta que dejes de fumar veinte cigarrillos por día —respondió la rubia—. Por ahora no insistiré. Sé que necesitarás de una mente tranquila en cuanto nuestra cita acabe. Gaara puede ser bastante terco cuando quiere que lo escuchen.

—Mmm, eso significa que tendrá que enfrentarse a un Naruto que no quiere escuchar. Pff, qué problemático, y yo que creí que lo difícil serían los preparativos.

—¿Sai tendrá tiempo de escribir todos esos sellos en cuanto terminen las nuevas murallas? Se tardó bastante cuando nos apoyó en Suna.

—No subestimes su eficacia cuando las vidas de sus amigos están de por medio —dijo Shikamaru. La habilidad con la tinta de Sai había probado ser fundamental para el plan general; su técnica había permitido dibujar sellos en puntos clave de las cinco naciones, que estaban construidos sobre una propuesta básica de un sello de contención. Era provisional, como un seguro de vida.

—Me sorprende que hayan podido mantener a Naruto aquí cuando todo parece estar listo —comentó Temari. La mesera llevaba sus pedidos, y en cuanto los entregó, pudieron continuar. Se precaución estaba fundada, si alguien sospechaba de la misión suicida que el Hokage planeaba realizar habría caos en la aldea.

—Gaara no es el único preocupado por el estado de Naruto —no incluyó a Sasuke porque consideraba que Karin, Jûgo y Suigetsu harían su parte con él—. Sai me pidió una oportunidad de hablar con él. Desconozco si ya lo ha hecho, pero como verás la misión podría estar en riesgo antes de que empiece.

—No debe ser fácil para Sai ver lo que está sucediendo y no poder intervenir —asintió la rubia—. Él es como tú, no se ha rendido.

—Kakashi me encargó a esos tres idiotas, pero siento que no he hecho lo suficiente por ellos.

—¿Qué sería suficiente para ti, Shikamaru? Esos tres… han optado por retorcer sentimientos que ya estaban torcidos. Naruto quiere mantener a Sasuke y Sakura junto a él a toda costa. Sasuke lo permite por sabrán los dioses qué razón, y Sakura, bueno, ella los ama más de lo que se ama a sí misma. En su mundito, como lo llamaste, no hay espacio para los demás. Tratar de entrar es absurdo, o al menos lo era antes cuando estaban juntos. Si la apuesta se basa en esa premisa, creo que ya se ha hecho lo suficiente por ellos. El resto les corresponde resolverlo por su cuenta y quien sea que dé el primer paso, obligará a los otros a darlo.

—¿Gaara cree lo mismo?

—Mi hermano sabe que Naruto es terco como una mula, pero también muy devoto a quienes ama. Sin embargo, ahora es Hokage, el peso de sus decisiones no sólo recae en algunos cuantos. Gaara no quiere que olvide cuál es su deber cuando vaya a ese mundo porque cree firmemente que quien dará ese paso primero será Sakura.

—Parece que Sakura se ha ganado la confianza del Kazekage —sonrió Nara—. Entonces, Gaara espera que Sakura sea quien propicie el cambio, toda una ironía en mi opinión. Usualmente son ellos quienes tienen influencia en ella. Si Sakura cambia, si no es la chica con la que Naruto ha convivido por cuatro años… temo que pierda el control.

—No creo que Naruto sea capaz de destruir un mundo sólo por eso.

—No hablo de eso, Temari, sino de lo que sucederá con él cuando se dé cuenta que ya no puede vivir de la misma manera. Después de lo que pasó ese día algo se trastornó dentro de él.

—Mantén la esperanza, Shikamaru —apremió Temari—. Naruto ha sido capaz de muchas hazañas. Incluso aunque haya motivos para dudar de su estabilidad sé que ese idiota no se rendirá. Si Sakura logra salir de esa relación no creas que los abandonará, tratará de ayudarlos, y si ése es el caso, no sólo tendrá a Ino para apoyarla sino a todos los que vayan. Sé que en realidad no quieres quedarte aquí y quieres ir, pero aceptaste porque sabes que no todo está perdido. Además ten fe en que Ino pondrá todo de su parte para que la misión tenga éxito.

—Oh, no creí que llegaría el día en que dijeras algo bueno de Ino.

—Puede que no nos agrademos mutuamente, pero nunca negaré lo hábil que es. No se lo digas, ¿de acuerdo? Ya tiene el ego muy grande para inflarlo más.

—Tienes mi palabra —dijo Shikamaru con una sonrisa relajada. Temari e Ino no se llevaban bien debido a sus personalidades dominantes, y aunque Ino había aprendido a manejar su temperamento, sus roces eran comunes. Él no intervenía y ninguna le pedía interceder, así que si peleaban ellas solas debían resolverlo.

—Y quizás algo bueno resulte para ella así como para ti también, Shikamaru.

—¿De qué estás hablando?

—Hablé en serio cuando dije que debías de dejar de fumar, pero más importante que eso, quiero que estés bien, tan bien como se pueda estar siendo un hombre en tu posición.

—Lo sé, Temari —dijo Nara. Tomó un momento para respirar hondo y lento para relajar su cuerpo—. Lo he estado pensando, pero por ahora no tengo idea cómo proceder. Es decir, entiendo cómo debe ser, pero simplemente…

—… es problemático —completó Temari sonriendo comprensivamente—. Todo proceso tiene su tiempo. No te estoy apresurando, pero tampoco voy a dejar que hagas el vago. Mirai está empezando a darse cuenta de la cara que pones cuando algo te parece tedioso, y Kurenai me dijo que ha empezado a imitarte. No quiero que se le pegue tu vicio menos saludable.

—Míralo por el lado bueno, si sigue mis pasos el siguiente Hokage tendrá una consejera confiable y muy lista.

—Lo sé. Oye, me topé con ellas cuando llegamos. Esa chiquilla está demasiado entusiasmada por ser la niña de las flores en la boda de Hyûga y Tenten, y me ha preguntado cuándo me casaré porque también quiere tener el mismo papel cuando suceda.

—¿Le dijiste cuándo? Mirai es muy insistente cuando quiere saber algo.

—Mmm, con todo lo que ha sucedido no quise contarle, pero en cuanto se resuelva será de las primeras en saberlo. Aunque posiblemente no estará tan feliz al saber que no será en una fecha cercana.

Ninguno tenía prisa por casarse, así que habían acordado algo a largo plazo. Los únicos que conocían sus planes eran Naruto, Gaara y Kankuro, por lo que tenían todo el tiempo del mundo para arreglar sus pendientes.

—Todavía hay problemas que debo atender con prontitud —dijo Temari—. La guerra pudo haber acabado y el equilibrio ha sido devuelto a las cinco grandes naciones, pero todavía falta mucho por hacer. Las pequeñas aldeas aún no se recuperan, sobre todo Ame.

—Ciertamente los intentos por contactar a sus altos mando no han sido fructíferos. Hay rumores que la aldea es un caos total y muchos de sus habitantes están tratando de escapar. Parece una situación precaria, pero sé que podrás cambiarla.

—Ah, si no te conociera diría que estás coqueteando conmigo.

—Y si no te conociera diría que te gusta cuando lo hago.

Ambos se sonrieron con complicidad y procedieron a comer manteniendo una conversación amena. Probablemente Temari partiría con Gaara en cuanto Naruto y su escuadrón viajaran al otro mundo por lo que sólo tenían este momento para pasarlo juntos. Shikamaru dejó de lado sus preocupaciones por un rato, sintiendo un poco de compasión por Naruto, pues muy seguramente Gaara no se iría hasta decirle todo lo que pensaba.

Justamente eso era lo que estaba pasando al otro lado de la aldea. Encima de la cabeza del Cuarto Hokage, ambos líderes permanecían en silencio. La conversación había empezado por temas triviales y luego por algunos tópicos políticos y administrativos, sin embargo, Naruto se dio cuenta que Gaara estaba preparando el terreno porque cuando menos lo espero, la charla se convirtió en algo muy distinto.

Decir que a Naruto le había costado no perder la paciencia, era un eufemismo. Había cosas en particular que le desagradaba tratar y precisamente de las que Gaara habló sin ningún filtro. El Kazekage no se había ido por las ramas y aunque Naruto admiraba esa cualidad en él ahora simplemente le parecía molesta.

—¿Viniste hasta acá para decirme esto? —preguntó Naruto pasando una mano para su frente. Si fuera cualquiera, Naruto lo habría ignorado. Si fuera otro muy seguramente hasta se habría reído, pero el ex jinchuuriki era de los pocos a quien Naruto escuchaba realmente—. ¿Tan poca confianza tienes en mí para pensar que la misión fallará? que no todo saldrá bien, sería demasiado ingenuo de mi parte creer que no...

—Sé que podrás solucionar ciertos problemas que se te presenten —replicó Gaara, impasible—. El punto es si estás preparado para enfrentar problemas que nada tendrán que ver con la misión.

—¿Otra vez con eso? La vieja Tsunade se pasó dos meses explicándome cómo…

Sabes que no estoy hablando de ese tipo de problemas, Naruto —enfatizó. Sin importar si Gaara no estaba presente diariamente sabía lo que sucedía en la vida de su amigo, si bien los detalles los desconocía se había percatado de la nube oscura que parecía haberse extendido sobre Naruto, Sasuke y Sakura. Era algo retorcido, como un anhelo mal dirigido destinado a pudrirse, a tal punto que varias personas contenían el aliento hasta ver lo que sucedería, si aquello explotaría.

No había corazón que fuera enteramente "puro" o incorruptible. El corazón de Uzumaki no era la excepción, incluso tras hacer las paces consigo mismo siempre habría conflictos con los que lidiar, y aunque Gaara estaba seguro que Naruto podría arreglarlo, se preguntó si estaba vez lo lograría sin dañar a terceros. Con el poder que tenía —añadiéndole el de Sasuke— era posible destruir un mundo sólo por un error. No era que Gaara desconfiara en que ellos no se controlarían, sino que… había visto lo que le habían hecho con Sakura Haruno.

Había pocas cosas que retorcieran las entrañas del Kazekage, lo que sucedió ese día se contaba como una. La sangre, el cuerpo destruido, el llanto y suplicas de Karin e Ino para que ellos se detuvieran… ver a Sakura reconstruirse desde la nada hasta volver a ser un humano reconocible de nuevo, verla abrir sus ojos verdes en un amanecer no parecía tan brillante ya.

"La muerte es natural. Todos llegaremos a ese punto en algún momento. Hasta el Sabio de los Seis Caminos pasó por eso", recordó que Kankuro le había dicho un mes después de que la guerra acabara. Ambos estaban en una tienda de campaña provisional en la frontera de las naciones del Fuego y Viento, verificando que el regreso de los ninjas de su aldea sucediera sin contratiempos. "Debieron dejarla ir. Habría sido lo mejor".

"Es su mejor amiga", había respondido Gaara, ingenuo aún en algunos aspectos en ese entonces. "Si yo estuviera en su lugar…".

"Ah, ah, ni siquiera lo pienses, hermanito. Si ya no hay nada qué hacer, no hagas un milagro, ¿quieres? Sobre todo si no es un milagro".

—Cuando sucedan esos problemas que tanto te cuesta reconocer, no actúes como eras antes de la guerra —porque aunque Naruto había conseguido mucho por su tenacidad y optimismo, también era cierto que había fallado en ver las cosas como realmente eran—. Ya no eres ese niño, ahora eres un hombre. El Hokage de la Aldea Oculta de Konoha. Tus decisiones no pueden ser tomadas a la ligera.

Naruto guardó silencio. Si estaba meditando las palabras de Gaara era imposible saberlo. El Kazekage deseó que todo saliera bien, le dio un apretón en el hombro y agregó:

—Lamento si esto te incomoda, pero eres mi amigo. No puedo quedarme con los brazos cruzados si sé que estás sufriendo. Entiendo que tampoco puedo entrometerme demasiado y que tengo que respetar tus límites, por eso ésta será la única vez que hablaré de esto.

La luz del atardecer acarició las facciones del rostro de Naruto haciendo que se viera mucho más joven, casi como si volviera a ser el chiquillo hiperactivo de antaño, sin embargo, un pequeño asentimiento de su parte le dio a Gaara una pequeña esperanza.

Cuando la noche llegó ambos aún estaban sobre el Monumento a los Hokages. Gaara permaneció junto a Naruto sin decir más, consciente de lo mucho que necesitaba tener tiempo para pensar y de lo mucho que odiaba estar solo, Gaara ofreció lo único que parecía correcto en ese momento. Al amanecer, Naruto soltó un suspiro y se levantó sacudiéndose el polvo. Gaara le miró discretamente, deseando saber lo que estaba pensando pues incluso si no lo parecía la mente del Uzumaki no operaba de una manera sencilla.

—Lord Hokage, Lord Kazekage —interrumpió Yamato apareciéndose detrás de los chicos. A su lado, Moegi se hincó en cuanto reconocieron sus presencias al igual que Yamato—. Los preparativos han sido finalizados.

—¿Eh? ¿En serio? ¡No me digas que los constructores trabajaron toda la noche para acabar la muralla! Maldición, les dije que no era necesario esforzarse tanto, además falta que Sai haga lo suyo con…

—Los constructores terminaron ayer por la tarde, Naruto, y Sai acaba de terminar de escribir los sellos —informó Yamato para calmar al chico. Naruto respiró con alivio, lo que menos quería era parecer un tirano pidiendo deseos imposibles—. También traigo más noticias, Lord Sexto. Los escuadrones al mando de Neji Hyûga, Shino Aburame y Kiba Inuzuka han asegurado el perímetro que podría sufrir de algún daño por el rebote. Tenten ha preparado armas que almacenan chakra para la misión.

—¿Quiénes de los bijuus ofrecieron su chakra? —preguntó Naruto.

Tenten se había pasado meses estudiando distintos métodos para crear armas con el fin de hacer una que pudiera absorber las propiedades del chakra de los bijuus. El resultado todavía podía considerarse un prototipo, pero Tenten les había asegurado que tendría listas al menos tres para la fecha límite.

—Matatabi, Kokuô y Son Gokú —respondió—. En cuanto al señor Bee, ha decidido permanecer en este mundo ya que considera que es el único capaz de balancear los chakras del resto de los bijuus en caso de que haya una falla y se requiera de una cantidad grande de energía de emergencia.

Por unanimidad, al terminar la guerra, se había decidido que las bestias eran libres. Ya no pertenecerían a ninguna nación ni volverían a ser encerradas en contenedores humanos. Sin embargo, se les había invitado a ser parte de la reconstrucción como lo creyeran conveniente. Algunos como Matatabi, Kokuo y Son Gokú se habían mudado a las aldeas a las que habían pertenecido sus últimos jinchuurikis, pero otros como Shukaku e Isobu, aunque habían retornado a sus lugares de origen, se habían negado a socializar y se les veía descansando o quejándose en el caso de Shukaku. Mientras Saiken y Chômei habían decidido recorrer el mundo —con mucho cuidado— para decidir qué era lo que iban a hacer.

—Hablaré con Shukaku —ofreció el Kazekage cruzando los brazos—. Se ha estado comportando como un niño. Ya es momento que deje de hacer rabietas.

—Si hay alguien que puede poner en orden a una bestia enorme con mucho chakra, ése eres tú, Gaara —sonrió Naruto imaginando al inmenso mapache intentando evadir el sermón del pelirrojo. Lo cierto era que la relación entre Gaara y Shukaku había mejorado en comparación con los días que el tanuki había intentado corroer la mente de su contenedor para apoderarse de él.

—Regresaré a Suna cuando hayas viajado a ese otro mundo. Ahora que ya no hay nada que te detenga, sé que te irás pronto.

Naruto se rió sabiendo que no podía ocultar ese hecho a nadie.

—No tendré la oportunidad de despedirme correctamente si espero a que te vayas, así que —Gaara extendió su mano derecha. Naruto no dudó ni un segundo en corresponderle—, la próxima vez que nos veamos sé que Sakura e Ino estarán de vuelta.

—Así será dattebayo.

Gaara desapareció en una nube de arena. Cuando estuvo a solas con sus ninjas, Naruto les elogió por haber cumplido con su trabajo tan espléndidamente, y también se aseguró que el pago a los constructores estuviera finiquitado.

—Capitán Yamato, Moegi, vayan a descansar —pidió—. La misión al otro mundo comenzará hasta más tarde.

—Creí que saltaría al punto de reunión en cuanto todo estuviera listo, Lord Sexto —confesó Moegi—, ya sabe, usted ha echado mucho de menos a Sakura.

—Oh, quiero hacerlo, de verdad, pero no puedo saltar nada más porque sí, como Hokage y líder de este escuadrón, debo actuar responsablemente —además quería hablar con Sasuke antes de partir. La conversación con Gaara había movido ciertas cosas inquietantes en él.

—Entiendo —asintió la chica. Naruto pretendió que no se había percatado la manera en que Yamato lo miraba.

"Por supuesto, no puedo engañar al capitán", se dijo a sí mismo con resignación. Pero no estaba de humor para un sermón, así que despachó a los dos shinobis, y sólo cuando se aseguró de estar solo pudo desprenderse de su fachada. Su sonrisa flaqueó y sus hombros se hundieron. "Como tampoco pude engañar a Gaara".

Naruto no podía escapar de ciertos hábitos, como desviar la atención de temas que prefería evitar, pero Gaara no le dio la oportunidad de hacerlo. El Kazekage había sido directo y contundente, ciertamente amable con sus palabras, pero no por eso suave.

Naruto miró hacia el cielo. El viento de la mañana le acarició la cara, pero aun así se pasó una mano buscando destensar sus músculos faciales. El día anterior había sido difícil en cuanto a estrés se refería. Las horas, los minutos, los segundos… habían sido contados con obsesión al punto en que Kurama tuvo que recordarle que se calmara en varias ocasiones.

"Ya puedes ir por ella", le dijo la infantil voz en su mente. La imagen de un niño con el rostro oscurecido y la postura temerosa se abrió pasó en él. "¿Por qué no vas? ¿Por qué estás aquí cuando en realidad te quieres ir? ¿Por qué no pudiste protegerla?".

El chakra cálido y transparente de Kurama intervino a su favor una vez más. Naruto respiró con alivio cuando la tensión desapareció de su pecho.

"No escuches su voz", pidió el zorro con tono neutral.

—Lo sé, lo sé —masculló sintiéndose muy cansado de repente. La última semana el llamado de esa parte suya se había incrementado al punto que no podía controlarlo, ¿y cómo hacerlo? Si parecía que era la representación de su culpa, remordimiento, codicia y negatividad.

"Puedes negar la realidad", susurró Kurama. Su tono calmado seguía manteniéndose, haciéndole saber que no era nada parecido a un sermón, "pero no puedes negar la consecuencias de negar la realidad".

La misión al Otro Mundo no era un asunto del que tuviera que encargarse personalmente. Si otra persona hubiese sido transportada, Naruto no se habría ofrecido a ir sino que habría enviado a un escuadrón de búsqueda y rescate, y si se hubiera necesitado de su intervención directa, sería por un caso verdaderamente complicado y especial. Gaara tenía toda la razón. Ahora que era Hokage, no podía actuar deliberadamente esperando que su fama resolviera los problemas.

"Cuando tengas demasiado trabajo enfócate en un lío a la vez, muchacho"¸ le había aconsejado Tsunade cuando le dio sus primeras lecciones.

¿Pero cómo podía concentrarse si cada vez que lo intentaba sus propios pensamientos le traicionaban? Naruto no podía recurrir a Sakura y Sasuke para refugiarse en ellos cada vez que la angustia lo consumía. La separación había quebrado algo que no había creído que fuera tan frágil, dejando pedazos filosos que lo herían al tratar de recogerlos. Hasta alguien como Sasuke lo había resentido, buscando la soledad de su trabajo privado para no pensar. En pocas palabras, la perdida amenazaba con despedazarlos desde dentro.

Cuando Naruto y Sakura se mudaron con Sasuke el rubio había creído que saldrían adelante, que superarían los traumas, las heridas y los conflictos que cargaron en la guerra, pero la realidad había sido más dura y difícil de digerir.

(Había sido inocente, ebrio en la dicha de haber cumplido su promesa como para preocuparse del desasosiego en los ojos de Sasuke y el temblor del cuerpo de Sakura cuando alguno se acercaba a ella).

Al parecer, tener una personalidad ruidosa y optimista no había podido ayudar en nada. La sonrisa de Naruto no tranquilizaba a Sakura y Sasuke en las peores noches, cuando sus pesadillas les hacían ponerse violentos e incontrolables; era en ese tipo de ocasiones en las que tenía que utilizar la fuerza, aferrarse a ellos y dejar que descargaran en él golpes, arañazos y mordidas que habrían dejado marca de no ser por su rápida sanación. Sakura era quien solía calmarlos más frecuentemente, pero cuando ella no podía, bueno, eran eventos que Naruto detestaba experimentar.

"No está bien que uses el Tsukiyomi en ella, Sasuke, le prometiste que no volverías hacerlo", en su brazos yacía Sakura, presa de una ilusión que la había hecho dormir luego de tener un episodio terrible. Eso había ocurrido hace un año "¡Se lo prometiste!".

"¡Cállate, idiota! ¿Querías que la dejara gritando y pateando más tiempo? Yamato y Sai ya sospechaban que sus ataques están empeorando y no quiero que sus padres se enteren y decidan meterla en un hospital de nuevo. ¡La alejarían de nosotros! ¿Quieres eso?", el Mangekyou Sharingan giró alteradamente. Sasuke temblaba aunque no podía discernir si era de ira o frustración. Tal vez ambos. "Basta, no me mires así. No quiero que… no quiero que… yo no tuve la culpa que ella no pudiera curar a Kakashi. Sakura no podía hacer nada por él, yo sólo se lo dije".

—Por tu cara puedo suponer que no estás de buen humor —la voz suave de Sai trajo a Naruto de vuelta a la realidad—: Yamato nos informó que has pospuesto la misión hasta más tarde, así que tomaremos este tiempo para afinar detalles y tú podrías descansar un rato.

El escuadrón que acompañaría a Naruto, Sasuke y Sai estaba listo desde el principio. Naruto creyó necesaria esta demora como una precaución extra. Por mucho que tratara de ocultarlo, los signos de cansancio por sus noches de insomnio eran visibles para quienes le conocían bien.

—No me vendría mal una siesta —mintió Naruto estirando sus brazos resintiendo el entumecimiento de sus músculos—. ¿Y Sasuke? ¿Él también se está preparando?

—Volvió a la finca de los Uchiha a dormir, por insistencia de Karin —respondió Sai mientras los dos bajaban de un salto del monumento de piedra. Cuando tocaron el suelo al ninja pintor no le sorprendió ver una expresión de leve sorpresa en la cara del Hokage—. ¿Qué pasa?

Naruto agitó la cabeza para despejarse.

—Nada —era inaudito. No sabía cómo tomarlo. Sasuke había acordado con él estar juntos en esto, que cualquier cosa que hiciera se lo informaría, que acudiría a él si necesitaba por lo que fuera (incluso por algo que pareciera insignificante). Era su mejor amigo, y los amigos estaban para ayudarse mutuamente.

"Pero Sasuke tiene más amigos y no sólo a ti", recordó su voz infantil con una mezcla de burla y envidia que Naruto no quiso aceptar. "Él se va ir otra vez… porque eres incapaz de volverte indispensable para él".

—Sasuke hizo buenos amigos cuando estuvo fuera de la aldea —comentó Sai con tono casual, evaluando de reojo las reacciones de Naruto—. Karin, Jûgo y Suigetsu han demostrado lo mucho que se preocupan por él, además se han integrado bien a la aldea.

—Ah, sí, Shikamaru me ha contado sobre su progreso —replicó Naruto sintiéndose incómodo de repente.

Sai sonrió al darse cuenta que Naruto se dirigía hacia la casa Uchiha, aunque no se le hubiera dicho. Su amigo era tan transparente a veces que era difícil creer lo hermético que se ponía cuando alguien tocaba una fibra delicada para él. Por eso durante cuatro años nada se movió, todo en esperanza que las cosas se compusieran con el tiempo.

"Pero el tiempo sólo nos demostró que nos equivocamos", pensó Sai.

Sai era consciente de los problemas que se cocían en el Equipo 7, así como también de su impotencia e incapacidad para ayudar a resolverlos. Shikamaru e Ino habían hablado con él muchas veces diciéndole que no era su culpa, que esto era el resultado de la dependencia, los celos, el aislamiento, los sentimientos no expresados, la tristeza, la desesperanza que habían estado ahí desde el principio. Sai también era consciente que no formaba parte del Equipo 7 de la misma forma que ellos (un punto que compartía con Karin, Jûgo y Suigetsu), y aunque eso le había molestado en su momento ahora no podía estar sino agradecido; al estar alejado podía ver las cosas desde una perspectiva distinta que lo colocaba en la no tan privilegiada posición de convertirse en la persona que tuviera que estar ahí cuando el caos se desatara, una vez Naruto y Sasuke se dieran cuenta que no podrían seguir engañándose).

—Bien, ya estoy harto. Primero Gaara y ahora tú —dijo Naruto con acritud, sonando irritado—. ¡Sólo suéltalo ya! ¿Desde cuándo vigilas lo que dices, Sai? Siempre has sido un cabrón honesto, así que no tienes que guardar tus palabras conmigo.

Definitivamente Gaara había tocado fibras sensibles en Naruto. Bueno, Sai no podía criticarlo por dejarle la peor parte: tener que centrar al rubio.

—Me pregunto qué sucederá… si es que ella decide que no regresar.

—¿Eh? ¿De qué estás hablando? Definitivamente traeré de vuelta a Sakura e a Ino.

—No me refería a eso y lo sabes —replicó Sai—. Han pasado varios meses, tiempo suficiente para que ella conozca a otras personas y descubra nuevos horizontes.

—¿Has vuelto a leer esas revistas tontas? ¡Bah! Sakura no nos dejará, Sai —palmeó el antebrazo del chico pálido, como para calmarlo de sus inquietudes—. Unos meses no son suficientes para hacer que alguien cambie de opinión.

—Ciertamente, para Sasuke, fue necesario sólo un día.

Lo había dicho con toda la intención de obtener una reacción. Sai sabía que Naruto no estaba para discusiones, y precisamente por eso, había elegido este momento para hacer su primera jugada. No le agradaba tener que volverse el malo, pero si su antigua honestidad era requerida, que así fuera. Probablemente Naruto no toleraría su presencia los siguientes días, pero era lo de menos.

—De verdad no estoy de humor para hablar —dijo Naruto dándole la oportunidad de callarse y fingir que esto no había sucedido..

—Es la primera misión importante que le das —pronunció Sai manteniendo la calma—. Creí que le ordenarías quedarse y te llevarías a Jûgo y a Suigetsu en su lugar. Con él aquí, Shikamaru contaría con una fuerza de apoyo extra.

—¿Pero qué dices, Sai? ¡Obviamente Sasuke irá! Puede no parecerlo, pero Sakura realmente le importa, quizás no lo demuestra por los modos convencionales, pero es así. Sasuke la echa de menos al igual que yo.

—Oh, entiendo, pero eso no es lo que dije, Naruto. Taka es el equipo que Sasuke formó después de la pelea contra Itachi. Con ellos ha trabajado codo a codo. Sus habilidades se complementan y Sasuke también ha demostrado en su modo no convencional que los aprecia. ¿Por qué separarlos para esta misión?

—La aldea no debe quedarse con pocos shinobis en servicio que la protejan. Llevarme a este escuadrón ya es un riesgo. Además Sasuke estuvo de acuerdo conmigo en que sólo llevar a Karin era lo correcto, por lo demás los dos estaremos trabajando juntos.

Y era tan claro para Sai como el anhelo del Uzumaki por mantener cerca a sus seres queridos, se había transformado en una compulsiva necesidad por no dejar que se alejaran de él (aun a costa de su libertad). No se trataba de Naruto amenazando a Sasuke y Sakura con herirlos o algo parecido si se iban, se trataba más bien de otro tipo de manipulación, menos perceptible, pero igual de dañina.

"Si para no perderlos tiene que cortarles las alas… así lo hará", pensó Sai con tristeza.

Se detuvieron cuando llegaron a la Finca Uchiha. La larga barda que la rodeaba había sido cortesía de Yamato, con la mejor madera que su Mokuton podía crear. En la entrada estaba el símbolo Uchiha, y justo al lado, el de los Uzumaki. Sai miró la casa con una mezcla de emociones conflictivas. Desde el principio se le había figurado más como una prisión con esos tres como sus prisioneros.

—Responde una pregunta, Naruto. Prometo que será la última.

—¿Uhn?

—Si Sakura y Sasuke deciden tomar caminos distintos al tuyo, ¿los detendrías?

—Si esto es porque no permití que Sasuke tomará el examen chunnin hace un mes, cuando Ibiki y Anko se ofrecieron a evaluarlo, tienes que saber que no fue…

—No, sí lo fue, Naruto —replicó Sai sin dudar—. Al principio Lady Tsunade tuvo que ver en la decisión de mantenerlo vigilado y fuera de toda oportunidad de ascender de nivel, así como también influyó la opinión de los otros kages, pero tú habías dicho que quitarías esas restricciones, al menos las que le impedían convertirse en chunnin.

—¿Por qué es tan importante el asunto? No es como si Sasuke necesitara un título para que sepan lo fuerte que es.

—Precisamente porque es uno de los ninjas más poderosos del mundo. No puedes tenerlo realizando misiones para gennin por el resto de su vida. Sasuke tiene las habilidades necesarias para llevar trabajos que para otros serían imposibles. Su presencia puede marcar la diferencia.

—Ajá, y si ocurre un accidente, ¿quieres que una guerra estalle porque alguien creyó que Sasuke estaba haciendo algo malo? El mundo no lo perdona, Sai, y lo trata como paria, ¡como si eso fuera justo! Lo juzgan sin conocer sus circunstancias, desean lastimarlo porque creen que es el causante de la guerra cuando el responsable de todo el maldito embrollo fue un jodido hombre-planta con apego materno.

—Y sólo estás tratando de protegerlo —aceptó Sai—. Mantenerlo a salvo del mundo, aun si eso no es lo que él quiere.

—¿Qué puedes saber de lo que Sasuke quiere? —acusó Naruto perdiendo la paciencia—. ¿Crees que él regresó a Konoha en contra de su voluntad? ¿Crees que lo mantengo encadenado para que se quede?

—Tienes razón, no puedo saber lo que quiere, pero sí puedo decirte que cualquier cosa que desee hacer con su vida no se encuentra en Konoha. Aquí tiene personas que lo aman, que confían en él a pesar de todo, pero sabes tan bien como yo que eso no es suficiente para él.

El juicio de Sasuke pudo haber sido nublado por la pérdida de Itachi y las palabras de Obito, pero sus ideas no estaban del todo erradas. El mundo ninja se había construido sobre sospechas, diferencias de poder y alianzas distantes, lo que desencadenó un montón de problemas a futuro que ninguna generación se había tomado la molestia en solucionar. Las medidas que Sasuke había querido tomar hace cuatro años habían sido tiránicas y despreciables, pero Sai no perdía la esperanza en que la experiencia le enseñaría una manera de ayudar al mundo sin tener que someterlo. Pero era algo que Sasuke debía hacer por su cuenta, no por ser un Uchiha o la reencarnación de un alma atormentada, sino por él mismo.

Así como Naruto había luchado por conseguir su sueño, era turno de Sasuke de encontrar uno y luchar para cumplirlo, y para eso debía enfrentar las consecuencias de sus actos y madurar. Pero si Sasuke debía aprender esta lección, Naruto también tenía que entender que no podía actuar como Hashirama y Hiruzen reaccionaron ante los actos de Madara y Danzo.

—Mi intención no es causarte daño, Naruto —dijo Sai con sinceridad. Oh, esto era difícil para él porque no estaba seguro si el cambio se daría o si sería algo bueno al final. Pero si no lo hacía, se arrepentiría mucho más—, sólo quiero que recuerdes que el que alguien a quien quieres no esté siempre junto a ti, significa que te está dejando de lado. Siempre contarás con Sasuke y Sakura, con el capitán Yamato y conmigo, y con todos los demás. No estás solo y nunca más lo estarás.

Naruto no dijo nada, ni siquiera lo miró. Sai no lo tomó a mal, pero quiso decir más cosas que no aportarían nada sólo por no dejarlo ahí. Sabiendo que posiblemente eso pondría la situación más tensa, optó por irse no sin antes darle una palmada en el hombro como despedida.

Cuando Naruto estuvo a solas no pudo moverse por un tiempo razonable. Sus pensamientos que ya habían sido perturbados por su conversación con Gaara, ahora se movían frenéticamente en múltiples direcciones dentro de su mente. Hasta este momento se había percatado que había sido sobreprotector con Sasuke y Sakura, impidiéndoles hacer muchas cosas, manteniéndolos cerca de él hasta donde fuera posible…

"¿Lo hago por su bien o por el mío?", se preguntó Naruto observando la residencia Uchiha.

Naruto no pudo entrar, incluso cuando sintió la presencia de Sasuke adentro. Se había enfrentado a situaciones peligrosas muchas veces, pero ante esto no sabía qué hacer. Así que desapareció usando el Hiraishin, sin saber que Sasuke había sentido su presencia afuera.

Cuando ambos volvieron a verse, el momento de partir había llegado. El escuadrón estaba listo en la azotea de la Torre del Hokage, todos vestidos con su uniforme jounnin y con el equipo que necesitarían. Naruto se presentó en su capa roja sobre su atuendo de guerra; para esta misión era esencial que nadie supiera que el Hokage se iba por lo que habían acordado transportarse usando un sello especial, y entrar al portal luego de asegurarse que la técnica de soporte que Karin había creado se había activado en cada punto trazado en el mapa de las Cinco Grandes Naciones.

Gaara y Temari estaban ahí, al igual que Shikamaru, Yamato, Suigetsu y Jûgo (a la distancia las presencias de Iruka y Konohamaru pudieron percibirse). Las despedidas no eran necesarias, ya todo había sido preparado por lo que nadie dijo nada cuando Naruto tomó el control.

—Desde este momento, la misión comienza —anunció el Hokage. Miró con atención las expresiones de sus amigos, ninguna carecía de determinación—. Probablemente estaremos en el Otro Mundo dentro de un día y medio, si las cosas salen bien. Como es un mundo sin chakra natural, nos movilizaremos una vez verifiquemos que el aparato de comunicación que Karin creó funcione allá… si no es así, bueno, estaremos solo y bien jodidos.

—Oye, mejor no nos animes —espetó Kiba. Akamaru ladró enérgicamente a su lado—. Como sea, si algo ocurre ya nos encargaremos de arreglarlo. Este escuadrón tiene a ninjas de alto rango muy experimentados. Estaremos bien.

—Concuerdo con Kiba —dijo Tenten. Cargaba en su espalda una caja larga, atada con cadenas, como si no pesara nada—. Mientras el portal exista, la conexión entre los mundos se mantendrá así que sólo queda hacer nuestro trabajo.

—Cuando encontremos a Sakura e Ino sabremos qué hacer con la técnica de Hiroto —dijo Shino ajustando sus gafas—. Es fundamental que hablemos con ellas con prontitud. Después de todo, son quienes más conocerán el terreno.

—Hombre, Ino va a estar furiosa cuando se entere que Shikamaru no irá —comentó Kiba—. Apuesto la mitad de mi sueldo a que lo obligará a tomar su examen especial cuando regresemos a Konoha.

—Ugh, odio ese examen —se quejó Tenten sintiendo que la cabeza le dolía sólo de recordarlo—. Pero le entro también. Apostarle a Ino es apostar a lo seguro.

—Yo creo que Ino no lo hará —dijo Sai dejando en claro que él también entraba en la apuesta.

—¡Yo pienso lo mismo! —gritó Suigetsu desde el costado, sin la menor vergüenza—. ¡Apuesto mi salario de un mes a que no lo hace, Nara no la dejará!

—Yamanaka los obligará a tomar su examen si se entera que la usaron en sus apuestas —dijo Neji.

—No si compartimos las ganancias con ella —rebatió Kiba como si nada—. Seguramente hasta hará que doblemos las apuestas.

Shikamaru sonrió a la distancia. Ino había dejado de comportarse vivazmente desde hace varios años, por lo que ver que había personas que creían que ella también habría cambiado en estos meses, volviendo a ser la chica divertida que era antes.

—Bien, ya es hora —anunció Karin.

Los demás se movieron para darle espacio a ella y a Sai. El ninja-pintor abrió un pergamino y comenzó a trazar una serie de símbolos complicados. Cuando colocó la pieza en el piso, la tinta salió del papel extendiéndose en un círculo, y subiendo por las piernas de los shinobis hasta cubrirlos con sus relieves. Por lo que Naruto pudo notar, era una versión modificada del Hiraishin.

—Sentirán un fuerte tirón, pero no se resistan. Si tienen ganas de vomitar, se las aguantan —dijo Karin y luego realizó una serie de sellos manuales—. ¡Sello Especial: Salto de Conejo!

Y en un parpadeo, desaparecieron.

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¡Fin de este capítulo! Chiasa no está enamorada de Zero, lo admira y quiere agradecerle dedicando su vida a ayudar como la ayudaron a ella. Todavía no ha quedado claro cuáles son los pensamientos de Chiasa acerca de lo que ha vivido, por lo que en otros capítulos lo veremos. Por ahora, soy feliz de haber escrito este acercamiento entre estos dos personajes.

A mí sí me habría gustado saber más sobre la primer amante de Kaname, es decir, es una Ancestro. Probablemente haya un momento entre ella y Sakura en el fanfic, todo depende de cómo resulte cierta conversación que tengo planeada entre Sakura y Kaname. Por supuesto, no sé si la Ancestro tenía los ojos verdes, pero decidí ponerlos de ese color por practicidad.

Sakura rechazó a Takuma haciéndole ver que sus intenciones no eran buenas y que no era diferente de Naruto y Sasuke. Probablemente se conviertan en buenos amigos ahora que las cosas están claras, pero por el momento su relación es tensa.

La técnica que Sakura utiliza aparece en su novela. La historia me pareció muy, eh, equis, pero me gustó saber que ampliaron el repertorio de técnicas de Sakura al menos en una novela.

La escena donde Zero bebe la sangre de Sakura tiene que ver mucho con ya no negarse nunca más a lo que es, a aceptar esta parte suya que a veces es oscura y fea, por eso le dice a la ilusión de sus padres que no negara sus deseos otra vez. Sin embargo, parece que descubrió que algo malo ocurrió con Sakura en el incidente con Sasuke y Naruto.

En cuanto a las escenas que involucran a Naruto y compañía, realmente me costó escribirlas. Naruto es un personaje complejo, por mucho que en The Last lo hayan querido retratar como un idiota que no conoce ni sus propios sentimientos. Así que en este fanfic estoy tratando de darle otra perspectiva a su forma de ser, a cómo el trauma se maneja en una personalidad como la de Naruto, y cómo enfrenta el futuro. Su mayor miedo es estar solo de nuevo, por lo que podemos ver que se ha aferrado a Sasuke y Sakura como unos salvavidas. Quise incluir a Gaara, Shikamaru y Sai con sus puntos de vista e intervenciones, precisamente por ser de las personas que mejor entienden a Naruto. El resultado no es del todo mi gusto, pero realmente es una buena introducción a los conflictos que gobiernan a nuestro Hokage favorito.

Ahora falta Sasuke, pero para él tengo otras ideas.

¡Nos leemos en el siguiente capítulo!