¡Ohayo :D! Tengo ganas de escribir un fanfic de Kimetsu no yaiba. La historia es bonita, y aunque para mi gusto acabó muy pronto, hay mucho de donde sacar cosas interesantes. No sé si sería crossover o normal, pero quiero hacerlo. Sin embargo, mi lista de prioridades es terminar mis fics pendientes y luego sacar historias nuevas.

Como tengo proyectos pendientes, no creo que pueda hacerlo de momento, ¡pero las ideas simplemente llegan! (sobre todo de Zenitsu).


[+][+]

Noche XV

Igual a mí

"La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación".

—Lope de Vega.

[+][+]


El tic-tac de las manecillas se oía claramente en el silencio de la tarde. Yûki tuvo que apagar el reloj cuando el sonidillo se volvió insoportable para ella.

—Apenas son las diez —suspiró intranquilamente para luego volver a recostarse en la cama, aplastando la aburrida revista de organización de fiestas que se había empeñado en leer la última media hora.

Ruka le había dicho que no era necesario que se obsesionara con los detalles, los preparativos del baile estaban terminados, pero era lo único en lo que Yûki podía entretenerse ahora que todos parecían tener un trabajo importante que hacer. Hanabusa, Akatsuki, Ruka, Seiren, Takuma, Senri, incluso Rima, estaban aportando algo.

"No puedes salir, mi amor, y sabes por qué", le dijo Kaname dándole un beso en la frente. Yûki no fue capaz de replicar. La última vez que había estado afuera habían ocurrido un montón de problemas que se hubieran evitado si…

"Si tan sólo hubiera pensado las cosas", se lamentó enterrando su cara en la almohada. El ataque a Nightray no había sido su culpa, pero su presencia había empeorado la situación. Yûki no podía defenderse ante los hechos, por lo que decidió que la mejor manera de ayudar era quedarse en casa a esperar que Kaname viniera por ella para el baile.

No le gustaba estar encerrada y sin saber lo que sucedía, Kaname no le contaría nada de lo que estuviera sucediendo, ni tampoco los demás le dirían una sola palabra, así que no saber lo que sucedía actualmente con las kunoichis era estresante. Yûki se habría quejado de esto de no ser por sus propios conflictos personales que se habían originado cuando volvió a beber la sangre de Zero.

"Su sabor… aún lo percibo en la boca", se llevó una mano hacia los labios. No lo decía figurativamente, era como si la sangre del cazador se hubiera impregnado en su paladar provocando diversos efectos.

Una purasangre embarazada sufría una sed doble, pero lo que ahora sentía Yûki era algo mucho peor. Un anhelo obsesivo que había hecho que no pudiera disfrutar ni de la sangre de alta calidad de su hermano-esposo, a tal punto que Yûki tenía que esconder una mueca cada vez que tenía que beberla. Por fortuna, ya eran pocas las ocasiones en las que tenía que tomarla directamente de él, así que por ese lado, que Kaname no estuviera, era un alivio. Lo que no era justo de ninguna manera. Su esposo no merecía semejante traición, saber que no sería capaz de satisfacer la sed de Yûki jamás. Porque para ella era imposible olvidar a Zero, y si bien se había pasado varias décadas diciéndose que había hecho lo correcto al elegir a Kaname, sus sentimientos por él habían regresado con una intensidad agobiante.

Yûki se levantó de la cama y se acercó al enorme espejo en la pared. El objeto había sido un regalo de Sayori para su cumpleaños cuarenta y siete, algo para que Yûki no olvidara quien era, para que no se perdiera a sí misma en los largos siglos que tenía por delante.

Los dedos de Yûki tocaron el espejo.

Su imagen no había cambiado nada, pero sus ojos tenían cierta intención que sólo pocas veces había visto. Así como los otros vampiros, Yûki no podía escapar de su naturaleza.

Llevó una mano sobre su vientre, sintiendo el latido del corazón de su hijo. Ruka le había dicho que su estómago se ensancharía después de dos años de gestación, pero eso no había privado a Yûki de vivir pequeñas fantasías al respecto. Podía verlo con claridad sin esforzarse, su pequeño hijo, hermoso e inocente, arrullado entre sus brazos. Yûki no podría mirar a nada más que a él por mucho tiempo, de eso estaba segura, a sus manitas, su carita regordeta y su cabello platinado… la imagen le causaba una calidez indescriptible, pero a la vez una enorme vergüenza. Sin embargo, era fácil deshacerse de los remordimientos y centrarse en la fantasía, ya que vampiros purasangres antes que ella hicieron cosas más atroces, ¿por qué ella no podía dejarse llevar un rato? No estaba lastimando a nadie y si nadie lo sabía estaba bien.

Cuando volvió a mirar el espejo, su resolución se desquebrajó.

"¿Qué diablos estoy pensando?", quiso abofetearse. Era una sinvergüenza por tener semejantes pensamientos frente a este espejo. "Soy una persona horrible".

Pero no era la primera vez que estas ideas se deslizaban en su mente. Hacía varias décadas el primer pensamiento había aparecido tras enterarse de la nueva relación entre Sayori y Zero. Todo un suceso dado los antecedentes de ambos. Yûki era capaz de recordar con claridad la primera vez que los vio juntos, tomados de la mano, entrando en una fiesta que ella y su hermano habían brindado en año nuevo. En ese momento, Yûki se había sentido aturdida, confundida, pero su lado amable había echado lejos sus inseguridades y había sido la primera en desearles lo mejor, pese a la ligera irritación que sentía.

"¡Debiste habérmelo contado antes, Yori! Te estuve presentando un montón de personas sin saber sobre esto… no sabía que tú y Zero se habían vuelto tan cercanos, si hubiera sido así no habría sido tan insistente en que salieras con alguien. Lo siento", Yûki le había dicho cuando tuvieron un momento de privacidad.

Sayori le había dedicado una sonrisa de disculpa.

"Zero y yo acordamos ser tan discretos como nos fuera posible por cuestiones de mi trabajo, pero luego decidimos que ya era hora de mandar al diablo la precaución y disfrutar de nuestro tiempo juntos".

"Lo entiendo, lo entiendo", dijo aunque ciertamente no lo hacía. Así que optó por fingir una ligera molestia, inflando sus mejillas. "¡Pero al menos pudiste decírmelo a mí! ¡Somos amigas, Yori!".

¿Pero quién era Yûki para reclamarle por guardar secretos? No obstante había odiado el hecho de que su mejor amiga saliera con quien había sido uno de sus dos amores de la juventud. Zero debía ser intocable, ¿no era así? Debía haber una regla de chicas sobre eso, por muy estúpida que fuera considerando lo que Yûki le había hecho a Zero.

"Quería hacerlo, pero ha sido bastante reciente, es decir, formalizamos hace un par de meses, y luego nuestros trabajos nos absorbieron. Creo que Zero aceptó que lo anunciáramos por eso, así no tendríamos que planear tanto nuestros encuentros", y su tono (ese que usan las personas enamoradas) le indicó a Yûki que podrían haberlo formalizado hace unos meses, pero hubo algo más cociéndose entre los dos desde hace años.

Yûki había creído que no durarían. La historia de Yûki y Zero no había tenido un final feliz, ¿por qué ésta la tendría? Sin embargo, a pesar de los pronósticos, todo había marchado bien para la nueva pareja, y tras algunos años Sayori le mostró a Yûki el anillo de compromiso que Zero le había dado. Una argolla de oro blanco con un simple ópalo en él, y aun así, Yûki lo había visto como si fuera el más valioso de los tesoros.

Cuando se casaron Yûki tuvo que fingir que no le había dolido en lo más profundo. La expresión de Zero cuando el ministro los declaró marido y mujer había sido de una serena alegría, esa que indicaba que al fin había hallado una persona que le brindaba paz. Sayori había estado radiante y hermosa, y no había dejado de sonreír en ningún momento.

Cuando los vio besarse, la Kuran no había podido evitar apartar la mirada.

Luego estaba el asunto de la sangre. Yûki no era tan ciega para pretender que Zero no bebía la sangre de Sayori, pero había esperado que llegara el punto en que su amiga ya no podría brindársela por cuestiones de edad. Yûki había estado esperando el momento con ansias; después de todo, sería normal si ella se ofreciera como donadora, pero así como la idea le había parecido lógica también había sido incorrecta e inapropiada. Para no sentirse tan mal había tenido que ofrecer otra opción, y en su apuro, había mencionado a Shizuku Touma.

Sayori había estado muy sorprendida por la propuesta. Shizuku era un prisionero y Kaname había decretado que permaneciera aislado por un buen par de siglos. Yûki tuvo que asegurarle a Sayori que Kaname le permitiría a Zero tomar la sangre de Touma, pero eso no había sido el principal pero de Wakaba.

"Déjame hablar con él primero", había dicho Sayori para desconcierto de la Kuran. "Si él acepta, entonces yo le hablaré a Zero de esto".

Cuando Sayori se reunió con Shizuku la primera vez, Yûki había estado a la expectativa, esperando que Touma intentara atacar a su amiga. Pero Sayori demostró superar la situación, y luego de varias reuniones, Touma accedió darle su sangre a Zero cuando Sayori ya no pudiera. Para el descontento de Kaname y la sorpresa de Yûki, Shizuku y Sayori se volvieron amigos, el pequeño purasangre la adoraba y por ella mantenía un comportamiento impecable, por lo que Sayori abogó para liberarlo durante varios años (lo que no logró como había querido).

"Pensé que cuando ella muriera Zero no lo soportaría", un vampiro que perdía a su ser amado podía volverse loco, pero no había sido el caso. Aunque el comportamiento del cazador se había vuelto cruel y despiadado durante sus cacerías, no había perdido el control… hasta que Sakura Haruno llegó.

Yûki admiraba a Sakura. La kunoichi había hecho grandes aportaciones a este mundo y estaba haciendo lo posible por resolver un problema que no era su responsabilidad. Yûki quería darle todo lo que quisiera porque se lo había ganado, no obstante, había notado la cercanía con Zero, sus miradas, su lenguaje corporal, la confianza con la que se trataban… era como si la historia estuviera repitiéndose.

"Son buenos amigos", le había dicho Akatsuki cuando lo interrogó una vez, ocultando su inseguridad con preocupación por el estado del cazador. "Con la loción no creo que Kiryû tenga problemas para controlarse, tampoco es como si pudiera beber su sangre. Desconocemos los efectos que la sangre ninja pueda tener en un vampiro".

No era la mejor garantía, pero Yûki iba a tomarla. Además Sakura era muy cuidadosa y no cometería un desliz que pusiera en peligro a nadie. Yûki respiró profundamente y se alejó del espejo. Demasiados pensamientos lúgubres por hoy.

"Debo distraerme con otra cosa", pensó primero en el baile, pero la idea también era aburrida y desgraciadamente no había mucho qué hacer en su mansión.

Habitualmente tendría que atender asuntos políticos o de administración (muy pocos en realidad, ya que Ruka, Seiren, Hanabusa y Kaname se encargaban de la mayoría), como hablar con los nobles que vinieran a visitarla a pedir favores o cosas así, pero el número de personas con las que interactuaba se había acortado debido al embarazo; no que Yûki extrañara eso, sólo que era duro estar tanto tiempo sola y sin hacer nada.

Yûki decidió despejarse dando un recorrido por la mansión. Se había acostumbrado a que estuviera vacía, por lo que no se molestó en ser silenciosa. Kaname solía venir a verla, pero el tiempo que pasaban juntos era en su habitación, o cuando lo encontraba vagando en el sótano, perdido en algún pensamiento del pasado.

"Tal parece que es inevitable para él acabar inmerso en los recuerdos", meditó Yûki sintiéndose mal por su esposo. ¿Cuándo podría descansar de su pasado? ¿Cuándo podría vivir una vida tranquila y feliz, siendo que ya había pagado por sus pecados?

No le sorprendió a Yûki encontrarse frente a la puerta del sótano tras sus cavilaciones. El lugar era importante en muchos sentidos, no que eso disminuyera el ambiente tétrico. Estaba a oscuras, pero no le costó encontrar el ataúd que por tantos milenios albergó la existencia de Kaname.

¿Qué parte del pasado estaría atormentando a Kaname ahora? Yûki quería saber para poder ayudarlo, al menos hacerle saber que no estaba solo esta vez.

—¿Uh? ¿Está abierto?

Lo que era extraño considerando lo hermético que era su esposo en ocasiones. Yûki se acercó para comprobarlo, aunque sin querer terminó abriéndolo provocando un ruido estruendoso.

—Bueno, ha quedado claro que no sirvo para pasar desapercibida —era un alivio que no estuviera nadie. No quería ser encontrada como una niña pequeña haciendo una travesura—. Tengo que ponerlo en su lugar y… ¿qué es esto?

Era un retrato, no, más bien una pintura a juzgar por los trazos. No era experta en el tema, pero podía olfatear el aroma metálico que desprendía el hechizo de preservación que lo cubría. En la pintura estaba el mismo Kaname junto a dos personas; una muchacha de cabello corto plateado y ojos verdes, y un niño pelirrojo con ojos grises, estaban vestidos con ropas antiguas y ambos sonreían.

Kaname nunca le había hablado sobre ellos, ni Yûki los había visto al beber su sangre. ¿Quiénes serían?

De pronto algo nubló su vista. Cuando Yûki quiso contraatacar fue demasiado tarde. Los brazos de Kaname la sostuvieron cuando su cuerpo inconsciente se deslizó hacia el suelo. El hechizo de manipulación de recuerdos estaba haciendo efecto, y Kaname no pudo sino sentirse orgulloso al ver que Yûki se había fortalecido por la ligera resistencia que su cuerpo ejerció durante el ataque. Cuando estuvo seguro de haber borrado lo esencial, Kaname la llevó a su dormitorio. Ahí permaneció junto a ella acariciando su cabello, escuchando su suave respiración.

—Tu curiosidad te meterá en líos de nuevo —regañó Kaname suavemente—. No puedo dejar que sepas sobre ellos por ahora. Mi pecado ya es demasiado grande como para añadirte a ti sus cargas.

Porque había recordado al fin luego de tantos retazos repartidos por todas partes. Cuando su amante, la Ancestro, hubiera entregado su corazón y sangre a un grupo de humanos, Kaname volcó su atención en entrenar a aquellos que habían sobrevivido al veneno. Personas con odio hacia los vampiros que le habían mirado con sospecha y desconfianza, excepto dos de ellos. Zelig Kiryû y Saki Wakaba, su pequeño cazador y su condesa infame, unos niños.

Ambos decididos a hacer lo que pudieran por cambiar la situación. Ambos demasiados buenos para este mundo.

La luz que habían desprendido había logrado que Kaname creyera que todo era posible, que acabaría pronto, que no había nada más que un camino recto hacia una meta alcanzable.

"¿En serio creíste en los sueños de esos niños?", cuestionó la discordante voz de Rido, justo en su oído. El vampiro se formó como una masa oscura detrás de él, siempre atormentándolo. "Mi querido sobrino, mi estúpido ancestro, ¿no has aprendido la lección?".

Oh, por supuesto que sí. Kaname había vivido duras experiencias durante más tiempo que cualquiera. Tantos recuerdos… que era difícil colocarlos linealmente. Escenas de batallas, de charlas, de risas, de noches muy largas…

"Lo que haces no es lo que Zelig hubiera querido", le había dicho Suki cuando ambos purasangres se habían encontrado por casualidad, luego de que Kaname terminara una incursión al territorio de Hanadagi para matar al maldito bastardo. "Si quieres compensar tu incompetencia deberías acabar lo que él comenzó".

"Sólo Zelig sabía cómo funcionaban esas cosas", porque ciertamente Kaname nunca había comprendido el complicado mecanismos de las técnicas del Kiryû, ni siquiera cuando había participado activamente en convertirlos en hechizos que los cazadores pudieran utilizar. "Saki lo habría sabido, pero ella también está muerta. Además tú tampoco crees que yo sea capaz de terminarlo. Tu maldito hechizo me ha causado un montón de problemas por ello".

"Entonces, ¿no harás nada?".

Kaname miró al campo abierto cubierto de sangre y luego a sus manos manchadas de ceniza.

"No lo sé", había sido su sincera respuesta. Suki le había observado con desagrado y se había retirado sin decirle otra cosa. Kaname se quedó ahí, vacilante, pensando en muchas cosas, a la vez evitando sus pensamientos sobre Zelig y Saki hasta olvidarse de ellos.

Durante diez milenios todo recuerdo había sido relegado de su memoria.

Entonces cincuenta años después de su segundo despertar la psique de Kaname había sido sacudida fuertemente cuando reconoció el aroma tentador de la sangre de Sakura Haruno. En cosa de segundos un breve recuerdo se abrió paso en él, mostrándole el rostro de Zelig Kiryû.

"Mi nombre es Zelig y quiero proteger este mundo con el poder que tu compañera nos ha dado", le había dicho a Kaname. El purasangre le había mirado con condescendencia, creyendo que era imposible que su antigua amante hubiera dado su sangre a un chico tan joven. ¿Habría servido negarse? Kaname había descubierto muy pronto que Zelig no era un niño común.

"Mi familia ha peleado por varias generaciones contra los vampiros, señor Kaname", le dijo Zelig aunque él nunca le había preguntado. Ambos estaban en la forja creando nuevas armas para los cazadores. "Mi padre me dijo que fuimos los únicos capaces de luchar, ya que tenemos algo que no todos los humanos tienen. Sabe, creo que mi familia no pertenece a este mundo".

Dicha información no había sido de exclusividad de Kuran. Después de todo, además de él, Zelig se había vuelto cercano a Saki.

"¿Cree en las historias que Zelig nos ha contado, señor Kaname?", había preguntado ella luego de una redada exitosa. Ambos estaban parados aguardando a que los equipos de limpieza hicieran su trabajo. Ella era alta y su cabello corto estaba peinado de lado.

"¿Tú le crees, Saki?".

Saki no mostró si esa pregunta le había sorprendido. Su rostro siempre había sido inexpresivo, muy sereno, como para dejar ver sus pensamientos. A menudo, Kaname recordó, parecía que sólo ante él y Zelig podía sonreír.

"Sí", respondió la mujer.

"Es por eso que le has estado ayudando a la Rosa Sangrienta, ¿verdad?", la sonrisa de Kuran no fue acusatoria, sino todo lo contrario. Saki asintió. "Está bien, no hay ningún problema con eso. ¿Ya han llegado a algo?".

"Todavía no podemos ponerlo a prueba. No es tan simple como creíamos al principio, pero pienso que tendremos algo en este mes. Señor Kaname, cuando tengamos éxito, por favor, no olvide nuestra promesa, ¿de acuerdo?".

¡Y pensar que ésa había sido la última vez que hablaron! Si lo hubiera sabido Kaname no habría mantenido su distancia con ella y la habría abrazado y besado, y luego le habría pedido ir con Zelig para repetir las mismas acciones… ah, pero eran pensamientos necios. Pues bien, ya era momento de que desechara esa parte suya tan débil.

La llegada de Sakura Haruno no había significado solamente el regreso de recuerdos, sino de otras cosas que aún permanecían en su alma —oxidadas y débiles, pero aún latentes— que habían conseguido llenarlo de dudas. Por eso no había actuado como lo habría hecho naturalmente.

Kaname no había podido simplemente atraparla en su juego, porque por primera vez en su vida no quería jugar. Sus movimientos habían sido meramente investigativos, sólo para conocerla, para saber cómo era posible que una mujer desconocida compartiera semejanza con Zelig, porque la sangre del Ancestro de los Kiryû también había despertado una sed similar a la que sintió cuando conoció a Sakura (al grado que llegó a beber la sangre de los vampiros enemigos con tal de no terminar lastimándolo).

"Beba mi sangre", el niño le había ofrecido en una ocasión cuando un purasangre del clan Ouri lo había herido de gravedad y no había hallado ningún sujeto del cual pudiera saciarse.

"Sabes lo que sucederá si lo hago", le había advertido aunque tenía los colmillos alargados y los ojos brillando de rojo. "No podrás dar marcha atrás una vez que te muerda".

Zelig le había vuelto a ofrecer su brazo, sin titubear. Kaname lo había mordido dejando que su naturaleza lo dominara por unos segundos, los suficientes para tomar tres largos sorbos que le supieron a gloria. Y el poder que había corrido por su cuerpo… oh, sí, era lo que le había permitido sobresalir aún entre los de su especie (y por eso había podido vivir por tanto tiempo dentro de ese sarcófago sin alimentarse).

"Siempre lamenté ser el causante de postergar su sufrimiento, señor Kaname".

Ante los ojos melancólicos de Kuran la figura de Zelig Kiryû tomó presencia. Un niño con el cabello pelirrojo y los ojos violetas grisáceos, la piel pálida y esa entrañable sonrisa. Fue inevitable para Kaname acercarse a él e hincarse para permitir que Zelig le acariciara las mejillas.

—¿Y Rido? —preguntó Kaname.

"Rido Kuran era el símbolo de su conflicto, pero ya no volverá a atormentarlo", aseguró Zelig. Kaname se dio cuenta que ya no lo cubría ninguna sombra ni sentía ninguna pesadez. "Mi señor Kaname, después de tanto tiempo, ¿al fin está dispuesto a aceptar lo que sucedió?".

Como respuesta Kaname acarició la cabeza de Zelig hasta despeinar los pelirrojos cabellos. El niño se rió gustosamente cambiando su tamaño hasta convertirse en un muchacho alto y delgado vestido con un abrigo largo color marfil; por la abertura de su ropa podía verse a la Bloody Rose.

"Esta vez hazlo correctamente, Kaname".

—Lo haré.

"No volverás a verme por un tiempo, pero estaré aquí… tanto Saki como yo siempre estaremos contigo".

—Lo sé —susurró el vampiro cuando la imagen empezó a desvanecerse hasta dejarlo solo.

Kaname se levantó y miró a su dormida esposa. Para protegerla a ella y a su hijo, a sus amigos, debía actuar. Sabía lo que tenía que hacer y esta vez no se arrepentiría. En un parpadeó se dividió en cientos de murciélagos que salieron de la mansión hacia un rumbo en particular. Si la situación era tal como había calculado, lo que hiciera ahora podía hacer la diferencia.

[+][+]

De vuelta en la Academia, Sakura dedicó las últimas horas del día a evaluar el estado de Zero. El mareo había cesado cuando volvían en el auto, pero ella quería asegurarse que estuviera bien (por supuesto, había tenido que mentirles a Takuma, Senri y Chiasa diciendo que había hecho un pequeño experimento con Zero que no había salido bien; lo que ciertamente no se alejaba mucho de la realidad). El punto era que Sakura estaba concentrada en el chequeo, a tal punto que Senri y Chiasa habían decidido ir por algo de cenar en lo que terminaba.

—Estás exagerando, Haruno —dijo Zero.

—Te recuerdo que la médico aquí soy yo, Kiryû —espetó ella acercando su oído a su pecho, escuchando el rítmico latido de su corazón—. Todo parece marchar a la normalidad, pero haré algunos estudios para verificar si hay algún cambio importante. Por ahora debes ir a descansar.

—Te dije que estoy…

Pero la mirada de Sakura lo calló al instante. No era culpa de ella lo que le había sucedido, pero seguramente se sentía responsable así que Zero se vistió en silencio y salió del laboratorio para dirigirse a su habitación.

—¿Kiryû se encuentra bien? —preguntó Takuma entrando y mirando a Sakura. Detrás de él venía Seth con una sonrisa enorme, quien se sentó en una silla cercana a ella; un detalle que no le pasó desapercibido a Takuma, pues Sakura era insistente en pedir espacio cuando estaba trabajando. Tal condición no parecía aplicarse a Seth, al parecer.

—¿Es terminal? Juro que si lo es fingiré que me pongo triste —dijo Seth. Sakura le dirigió una mirada decepcionada que pronto se transformó en una sonrisa resignada al darse cuenta que era una broma.

—Tú, vampiro desvergonzado —le dio un golpecito en la frente con una carpeta—. Deberías estar en clases. El baile es pasado mañana, pero eso no quiere decir que puedas desatender tus deberes.

—Buu, señorita prefecta, ¡y yo que vine a verte en cuanto supe que habías regresado! Además no deberías regañarme, no soy el único que se está saltando las clases. Nagi está con la señorita shinobi en este momento, así que tendrías que regañarlo a él también.

—Áh, áh, no trates de distraerme. Ino seguramente está regañando a Nagi por lo mismo.

—¿En serio lo crees? —sonrió de lado ocasionando que Sakura correspondiera con el mismo gesto. Ambos comenzaron a reírse, dejando a Takuma desconcertado. ¿Desde cuándo Sakura… sonreía con tanta soltura? ¿Desde cuándo se comportaba como si no tuviera que cuidar lo que hacía y decía?—. ¿Te quedarás hasta tarde en el laboratorio?

—Mmm, probablemente… la verdad es que tengo varias cosas que hacer con los descubrimientos que hice hoy, pero Chiasa y Senri han ido por algo para cenar así que tampoco puedo quedarme tanto —meditó mientras ponía una mano en su mentón—. Quizás si utilizó parte del tiempo para arreglarme para el baile…

—De eso nada, señorita prefecta, habías quedado que el último día lo usarías para relajarte. La señorita shinobi me dijo que encontrarías una excusa para estar trabajando antes del baile, así que me pidió que no te permitiera comportarte como una matadita. Si tienes pruebas o experimentos que realizar, será para después —Sakura no estaba convencida por lo que Seth tuvo que usar una táctica menos sutil. Se levantó y se acercó a ella para tocarle el hombro—. Vamos, haz hecho un montón de cosas en esta semana, y por lo que me has contado, todo marcha bien.

Completamente atónito, Takuma miró como Sakura no se apartaba del toque de Seth, muy diferente a como habían sido las pocas interacciones entre él y ella después que le confesase sus sentimientos. No era un secreto que Seth Shirabuki estaba enamorado de ella así que ¿cuál era la diferencia? ¿Por qué a él le permitía tocarla? ¿Por qué tenía que ser Seth?

—Está bien, lo dejaré para después —aceptó comenzando a guardar las muestras que había obtenido, colocándolas en un lugar especial—. De todos modos las cosas que tendría que hacer me tomarían más de un día, así que puedo posponerlo hasta después del baile.

—¡Maravilloso, señorita prefecta! —la apretó en un pequeño abrazo, pletórico de felicidad. Durante los siguientes días no quería que Sakura se preocupara por nada—. En lo que pones todo en su lugar, el señor Takuma y yo buscaremos al señor Shiki y a mi querida Ueda. La noche está hermosa, así que podríamos cenar en la terracería.

—Suena bien —sonrió Sakura dándole una palmadita en el pecho—, es una lástima que no podamos compartirlo con Ino y los demás.

—No te agobies, cariño, pronto podrán estar juntas de nuevo. Ahora bien te dejamos para que termines. Te veremos allá.

Takuma no tuvo nada que decir. Seth lo instó a irse. Cuando ambos salieron, el purasangre lo llevó hacia las cocinas donde estarían Senri y Chiasa. Cuando pasaron por donde había dos corredores en paralelo, Takuma pudo ver a Ino y al resto del equipo platicando animadamente, sin prestarles atención, siguiendo con el plan.

—Nunca creí que este día llegaría, señor Takuma —el joven purasangre interrumpió su pensamiento cuando daban la vuelta hacia la izquierda. Al mirarlo, Ichijou se percató que lo estaba mirando—, pero lo entiendo. Si yo estuviera en su lugar creo que sentiría lo mismo.

—¿De qué estás hablando, Seth?

—De cómo me mirabas cuando estaba con Sakura —había dicho intencionalmente su nombre para ver la reacción de su contrario. Amargamente descubrió que un brillo amenazante se asomaba en los ojos verdes de Takuma.

—Yo… yo no te estaba viendo… de ninguna forma extraña, Seth.

—He pasado toda mi vida lidiando con mentirosos, señor Takuma —replicó Shirabuki, no había reproche en su voz, pero sus ojos tenían un tenue sentimiento de tristeza—. El Rey, su reina, incluso Nagi y Tori me han mentido. El único que no lo había hecho había sido usted. Cuando yo era un niño siempre fue honesto y gentil dentro de lo que cabe. Nunca pintó sueños falsos en mi mente ni me miró como si me odiara.

—¡Yo nunca…!

que se siente celoso de mi cercanía con ella —interrumpió sin brusquedad. Para su crédito estaba hablando sin perder la compostura, sin usar volúmenes inadecuados—, y se pregunta por qué Sakura me deja tocarla, cuando a usted no se lo permite.

—Cierra la boca —pidió Takuma en cuanto se tocó esa fibra sensible. Su expresión cambió a una seria y calculadora, dándole la oportunidad al otro de escapar, pero Seth mostró con su expresión que no se echaría para atrás.

—Cuando la veo, no veo a un ángel —confesó Seth para asombro de Takuma—. Aunque adoro sus sonrisas y el brillo de sus ojos, aunque su belleza me abrume en ocasiones, no es todo lo que aprecio en ella.

—¿De qué estás…?

—Siempre digo que me enamoré a primera vista, pero no es del todo cierto. No fue amor, sino interés. Estoy acostumbrado a lidiar con mentirosos, los ojos de esas personas son tan conocidos para mí que me basta mirar a alguien a la cara para saber que lo es. Los ojos de Sakura no eran como los de los demás. No me miraban con lástima o repudio.

Independientemente si lo conocían o no la gente miraba a Seth como si fuera un animalito desvalido e indeseado (y lo era, no iba a negarlo), pero Sakura no lo hizo. Ella simplemente lo miró como si fuera cualquier persona, sin ninguna emoción reflejada en sus irises verdes y eso fue todo un acontecimiento para él.

—Al principio pensé que era porque no me conocía, que su mirada cambiaría en cuanto supiera mi historia. Así que ideé un plan para descubrir si ocurriría, sin importar si el rey me castigaba por eso. ¿Y sabe qué sucedió, señor Takuma? —una sonrisa de dulce alegría fue un suceso que Ichijou jamás creyó ver en la cara de Seth—. Descubrí que Sakura Haruno no sólo es un montón de cualidades bonitas, también es irritante, vulnerable, egoísta, fastidiosa, impulsiva, patética, miserable y conformista. Ella trata de aparentar perfección creyendo que nadie se da cuenta de sus fallas, y que se porta a la altura de cualquier situación para la que se siente insuficiente y pequeña.

—Es cierto que todos tenemos defectos, pero ella no…

—Y así la quiero, incluso a sus debilidades, toda ella —refutó Seth dejándole callado—. Conmigo no tiene que esconderse, porque incluso si es patético, no me importa. ¿No lo entiende, señor Takuma? La Sakura idealizada que usted tanto dice querer no es la misma que la Sakura real, ¿cómo espera que le permita acercarse si ni siquiera la ve tal y como es? ¿Cómo espera que lo acepte cuando usted no está dispuesto a aceptar la peor parte de ella también?

Sakura lo había dicho anteriormente: no era perfecta. En su afán por demostrarle que era distinto a sus amigos, Takuma no miró lo que estaba sucediendo y no había estado dispuesto a aceptar lo que Sakura pensaba o siquiera a escucharla. Para Takuma había sido fácil rendirse ante la imagen angelical de la kunoichi, poniéndola en un pedestal e irritándose cuando Sakura no cumplió con sus propias fantasías.

—¡Ah, señor Senri, Ueda! —exclamó Seth repentinamente avanzando hacia donde Senri y Chiasa llevaban una canasta llena con comida y un par de botellas—. Ha habido un cambio de planes. Cenaremos en la terraza. Ya tengo todo preparado y seguramente Sakura ya está allá, así que vámonos ya.

El comportamiento de Seth no aparentó ningún cambio. Actuó como si nada hubiera sucedido, sonriendo a Chiasa y preguntándole si habían traído más postres ya que se sentía muy glotón esa noche.

—Traje un pastel —respondió la chica—. El señor Shiki insistió mucho en traerlo para celebrar.

—¡Espléndido! Definitivamente estamos en la misma sintonía hoy, señor Shiki —dijo Seth apurando a ambos a andar—. Ah, creo que podría comerme la mitad de ese delicioso pastel yo solo.

Ajenos a todo, Senri y Chiasa se dejaron conducir por el purasangre. Ichijou se demoró sabiendo que si no se tomaba unos segundos, no podría reunir la serenidad para enfrentar a Sakura de nuevo. ¿Qué podía hacer ahora? ¿Cuál era el camino a tomar?

"Podemos ser amigos".

—¿Es lo que puedo hacer por ti? —preguntó Takuma esforzándose por alejarse de su imagen idealizada, por aceptar a la verdadera Sakura—. Si es así, entonces yo…

—¿Te vas a quedar ahí toda la noche? —preguntó Senri tras haberse percatado de la demora de Takuma. El rubio miró al otro vampiro unos segundos, para después esbozar una sonrisa.

—Por supuesto que no.

Takuma procuró no mostrarse descompensado durante la cena. Se comportó como usualmente hacía, hablando sobre cualquier tema que saliera en la conversación. No la buscó tras entender que lo que había estado haciendo, más que acercarlo a ella, lo alejaba.

"Podemos ser amigos, me dijo", pensó mientras Seth, Senri y Sakura se reían de una broma de Chiasa. "Creo que está bien".

Takuma sintió una tranquilidad reconfortante en su corazón luego de tantos meses de agobio y frustración. Asimiló cada aspecto de la situación reflexionando que la realidad no era tan dura como había creído. Para cuando la cena acabó y fue momento de retirarse, Takuma no se sintió apesadumbrado por el hecho de saber que Sakura nunca lo vería del modo que quería.

—Nos vemos en el baile —dijo Senri en el portón de la academia. Sakura había insistido en despedirlos (Chiasa acompañó a Seth al dormitorio por empacharse al comerse casi todo el pastel)—. Rima me pidió que te dijera que te presentará a sus hijos mañana, ya que desean conocerte desde hace tiempo.

—Oh, no hay problema, también quiero conocerlos antes del baile. Seguramente tendré que hablar con muchas personas ese día así que prefiero interactuar con ellos sin obstáculos.

—Bien —sonrió—. Entonces, hasta pronto, Sakura.

—Hasta pronto, Senri, ve con cuidado —luego miró a Ichijou—. También tú, Takuma.

El vampiro noble le sonrió. Sakura notó que no había otras intenciones en su gesto.

Cuando ambos vampiros se fueron, Sakura respiró profundamente y estiró los brazos hacia arriba. Un ligero cosquilleo en la zona de su cuello hizo que deslizara sus dedos sobre la superficie de la piel.

"Eso se sintió… muy bien", había sido una experiencia de éxtasis más allá de las palabras.

Al principio había creído que la mordida era una cuestión meramente biológica, incluso cuando Hanabusa le advirtió sobre las feromonas y las sensaciones, el lado práctico de Sakura lo había atribuido a un intercambio de sustancias químicas, y sí, lo era, pero el indescriptible placer que experimentó era algo que no sólo podía atribuírselo a eso. Se trataba de las manos de Zero sosteniéndola con firmeza contra la pared, del calor que desprendía su cuerpo varonil contra el de ella y del leve salvajismo de sus acciones, lo que hizo todo aún más delicioso. Sakura no había pensado que el cazador tuviera este lado en él. Por supuesto conocía su pasado oscuro, las partes lúgubres de su corazón, pero no esta parte sensual típica de su naturaleza de vampiro.

Las hojas marchitas de los árboles se arremolinaron alrededor de ella con la ligera brisa nocturna. No se arrepentía de lo que había sucedido, pero había algo que la hacía preguntarse por qué lo había hecho, es decir, quería experimentar, pero estaba segura de que no era sólo curiosidad, porque si fuese así habría dejado que Takuma o Senri lo hicieran. Pero con ninguno de ellos se sentía como se sentía con Zero.

Definitivamente Zero era un amigo importante, lo apreciaba y lo echaría mucho de menos cuando volviera a su mundo, ¿pero sentía algo más por él? Esa pregunta la hizo detenerse frente a la fuente principal de la academia. Sakura no estaba segura, sobre todo por sus propios sentimientos retorcidos hacia sus compañeros de equipo.

Después de tocar fondo, Sakura había tenido que repensar sobre cada sentimiento que había tenido en los últimos años y había llegado a la conclusión que no todo se había resuelto con honestidad. Isamu ya se lo había dicho, ¿cómo podía valorar a otros si no se valoraba a sí misma? ¿Cómo podía dar amor si ni siquiera se había querido a sí misma? Eran preguntas en apariencia simples, pero no tan fáciles de contestar. Aun así, Sakura estaba dispuesta a trabajar en ello un paso a la vez.

Una ventisca fuerte sacudió el ambiente repentinamente. Las hojas restantes en los árboles fueron arrancadas formando un remolino que enturbió su vista por un instante. Cuando Sakura pudo ver de nuevo se encontró con la inesperada figura de Kaname Kuran frente a ella. Su apariencia le provocó una impresión extraña, era como si algo en él hubiera cambiado abruptamente desde la última vez que se vieron.

—¿Qué haces aquí? ¿Ha ocurrido una emergencia? —preguntó procurando mantener un tono neutral en su voz. Había aprendido de mala manera que Kaname era impredecible en lo que diría y no quería repetir lo que sucedió en Punta de Lanza.

Los irires borgoñas del vampiro parecían observarla con nada más que honestidad, como si el velo de misterio, cansancio y lejanía que los caracterizaba hubiera sido removido. Era tan inquietante que tuvo ganas de esgrimir a la Mil Muertes para mantener la distancia.

—He venido a contarte una historia, Sakura.

La kunoichi creyó que estaba alucinando, incluso estuvo tentada a averiguar si no se trataba de un genjutsu. Su estabilidad mental se había equilibrado en los últimos días, pero todavía no estaba preparada para vivir emociones demasiado intensas. Una mano pálida la tomó de la mejilla con una suavidad que Sakura nunca había experimentado antes, la misma la hizo mirar hacia Kaname, cuya expresión era tan… tan… enigmática.

—En verdad tú y yo somos parecidos —musitó el vampiro. Sakura empezó a sentirse relajada y supo que él estaba usando sus feromonas para tranquilizarla, saberlo no la incomodó sino que la hizo consciente que ahora podía detectarlas con mayor facilidad.

—Podemos parecernos mucho, pero no somos iguales —sentenció haciendo el esfuerzo de mover su propia mano para retirar la de Kuran—. Me dijiste aquellas palabras en Punta de Lanza sin saber lo que pasaría, ¡pude haber lastimado a las personas que estaban ahí! Si Ino no hubiera estado… ¿Acaso entiendes lo que hiciste? Y ahora apareces de la nada para seguirme diciendo tonterías, ¿qué es lo que sucede contigo, Kaname? ¿Qué te orilló a creer que necesitaba tu intervención, si es que podemos llamarle así?

—Lamento lo que sucedió. Cuando hablé aquella vez mi intención no era generar caos. Subestimé el estado en el que te encontrabas y actué arrogantemente sin considerar tus sentimientos. Sé que eso no disminuye mi culpa y por eso estoy dispuesto a aceptar las consecuencias y dar la cara.

Kaname no estaba mintiendo. Sakura pudo verlo con claridad en su rostro. El purasangre siempre había mantenido su máscara de cortesía y altos modales, actuando como si no hubiera nada malo en su vida, pero justo ahora nada de eso estaba ahí.

—¿Qué es lo que te hizo cambiar de parecer? —cuestionó Sakura con ganas de pellizcarse a sí misma. Una parte de ella le indicó que no conocía a Kaname salvo lo que Zero le había contado, así que no podía saber si había estado pasando por una encrucijada. Rápidamente la mente lógica de Sakura trabajó para darle sentido, recopilando cada pedazo de información a su disposición y llegando a la conclusión que, de alguna manera, ella era una parte del proceso por el cual el purasangre estaba en esta condición.

—Tienes razón al decir que no somos iguales, por eso también te dije que me recordabas a otra persona. Una amiga que perdí hace mucho tiempo.

Sakura hizo cuentas a una velocidad impresionante. Zero no le había contado nada sobre la muerte de una persona a la que el purasangre considerara una amiga importante, así que este hace mucho tiempo debía traducirse de otra manera.

—¿Hace cuánto exactamente? —preguntó mirándole directamente a los ojos. Kaname sonrió al comprender que Zero no le había dicho todo, había obviado un detalle al menos.

—Diez mil años.

La revelación tuvo su merecido impacto en Sakura. Había pensado que Isaya era el vampiro más viejo y que el que estuviera por debajo de Kaname se debía a un mero respeto por quienes conformaban a la realeza de ese mundo (porque eso explicaría como Hanabi, una purasangre de ochocientos años, tenía que obedecer a los Kuran). Pero ahora era consciente que Kaname era el más viejo de todos, y por ende quien mejor conocía los secretos de este mundo y…

—Tú sabías quién era yo desde el comienzo —musitó Sakura con estupor. De nuevo, Kaname usó sus feromonas para tranquilizarla.

—Sí y no —respondió el vampiro instándola a sentarse en la orilla de la fuente—. Desconocía que eras un shinobi de otro mundo. Fue el aroma de tu sangre lo que me indicó que eras distinta.

—¿Mi sangre?

—Sabes que la sangre de los purasangres es irresistible para nuestra especie, pero hubo una excepción a esto. Hace diez mil años existió un humano cuya sangre poseía las mismas características que la tuya.

—¿Estás diciendo que conociste a los shinobis que vinieron de mi mundo a éste? ¿Por qué no lo dijiste? ¡Nos habríamos ahorrado muchos problemas, Kaname!

—Porque no lo sabía con certeza, Sakura.

—¿A qué diablos te refieres?

—Sé que no confías en mí, pero es necesario que lo hagas en este momento y que conozcas esta historia porque eres la única que puede darle algún sentido.

—¿Tú no puedes hacerlo?

Kaname sonrió tristemente.

—Lamentablemente no, por razones que entenderás una vez lo veas. No puede ser de otra manera y entenderé si no me perdonas cuando sepas la verdad.

—Maldita sea, Kaname, ¿qué es lo pasó hace diez mil años que te causa tanto dolor? ¿Por qué justamente ahora vienes a contarme todo esto? ¿Qué es lo que pretendes?

—Si quieres que tus preguntas sean respondidas —la tomó de las mejillas—, tienes que estar dispuesta a hacer lo necesario.

Sakura guardó silencio pensando en lo que pasaría si accedía a lo que fuera que Kaname planeara. Todos sus pensamientos apuntaban a una situación donde no corría peligro, pues aunque Kaname le haya ocultado información lo cierto era que podía tener sus propias razones. Era una criatura con diez mil años de existencia, eso no se escuchaba simple.

—¿Cómo puedes estar seguro de mostrarme esto aquí mismo? —Sakura no iba a correr riesgos—. Chiasa se dará cuenta que me estoy tardando y Zero puede sentir a cualquier vampiro en la zona. No tendrás tiempo de contar tu historia por completo.

—Hay una manera de hacerlo brevemente que Chiasa Ueda no tendrá tiempo de preocuparse por tu demora —respondió Kaname—. En cuanto a mi presencia, puedo ocultarla con un sello especial, similar al que Kaien utilizó al erigir la barrera que protege la academia.

Sakura respiró profundamente, miró a Kaname y dijo sin titubear:

—Está bien.

Kaname acercó su muñeca izquierda a su boca la vez que su mano libre alzaba una barrera alrededor de ellos. Cuando Kuran se mordió a sí mismo, Sakura comprendió que el objetivo de la barrera era encerrar el aroma de su sangre. Kaname dio un sorbo y luego volvió a sostener a la chica por el mentón.

—N-No hay necesidad de eso, si tengo que beber puedo hacerlo yo…

Pero Kaname detuvo se queja pegando sus labios a los de ella. Sakura luchó por resistirse, pero su cuerpo estaba debilitado por haberle dado de su sangre a Zero —además del estado deplorable en el que ya se encontraba—, por lo que tuvo que decirse a sí misma que Kaname tendría un motivo adecuado para hacer esto. Así que permitió el contacto, abriendo su boca para que la sangre pasara. Apenas logró notar el brillo violáceo que emitía la mano de Kaname que sostenía su cabeza, insinuando que este acto era parte de un ritual o hechizo. Cuando se dejó inundar, Sakura experimentó una sensación indescriptible de vértigo. Logró desembarazarse del beso el tiempo justo para ver como la realidad se deformaba, como si estuviera reconstruyéndose desde distintos ángulos, para después ser atrapada otra vez por esos labios.

Sakura no cerró los ojos en ningún momento por lo que miró directamente a los ojos de Kaname todo el tiempo. Ahora empezaba a entender las razones por las que el purasangre se había demorado en revelar su identidad. Esos ojos hablaban de una vida muy larga, y por lo tanto, de una existencia llena de muchos recuerdos.

Cuando el viaje terminó Sakura se situó en un lugar desconocido. Era un patio amplio y abierto que era pobremente iluminado por algunas antorchas en el perímetro. Había una torre de vigilancia con una persona adentro, pero por lo demás estaba vacío.

—¿A dónde me trajiste? —preguntó sabiendo que no se trataba de un genjutsu, pero probablemente era una habilidad ordinaria en vampiros del calibre de Kaname.

—La primera base de los cazadores —respondió Kaname—. Sin importar si yo estaba de su lado, los recursos eran limitados. Las guerras entre purasangres arrasaron con todo a su paso.

—Así que fue aquí donde tu Ancestro… entonces, la amiga de la que hablas, a quien dices que me parezco, ¿es la mujer que tiró su corazón a la forja?

—No, la Ancestro de la historia fue mi amante —Kaname comenzó a caminar y Sakura le siguió de cerca. Por lo que pudo ver el fuerte apenas podía considerarse como tal—. La amiga de la que habló no era un vampiro, era una humana. Una cazadora.

La llevó a una choza que protegía una chimenea, frente al fuego había una mesa de piedra donde yacía un montón de cenizas. A su lado habían dos personas, Sakura identificó a Kaname enseguida a pesar de encontrarse de espalda, pero a la otra… cuando quiso preguntar más cosas se dio cuenta que el vampiro ya no estaba a su lado. Desconcertada, no le quedó más que ver lo que ocurría.

—No tienes que hacer esto —dijo Kaname con un tono de voz neutral. Sakura habría querido acercarse, pero no lo consideró adecuado tomando en cuenta cuál era exactamente la escena que estaba presenciando—. No requiero tu compasión.

—No me estoy compadeciendo de ti, vampiro —esa voz pertenecía a una mujer. Sakura reparó en ella con detenimiento; era alta y vestía con pantalón, camisa blanca debajo de un abrigo sucio. Tenía el cabello plateado peinado en una trenza larga, pero la cara fue imposible vérsela—. No eres el único que ha sufrido pérdidas en estas guerras. Cada persona a la que esta mujer le entregó su sangre puede dar testimonio de lo que los de tu clase les ha quitado.

—¿Entonces disfrutas presenciar mi dolor? ¿Eso trae regocijo a tu alma que ha perdido tanto?

—El sufrimiento es inevitable, pero no significa que disfrute verlo —espetó con dureza—. Has perdido a alguien y por eso me quedaré aquí hasta que puedas moverte sin sentir que cada paso que des tiene el peso del mundo. Nadie debe sufrir en soledad, ni siquiera tú.

—Haz lo que quieras, Saki.

—Aprendiste mi nombre.

—¿Te sorprende tanto?

—Por tu reacción inicial, creí que harías todo para alejarme —ahora que lo notaba, la voz sonaba muy joven. Esa chica no debía tener más de quince años—. Fui de los pocos a las que la sangre de tu amante no mató y creo que no esperaste que se la diera a personas tan jóvenes, pero ésta fue nuestra decisión. Al menos de mi parte.

—También de la mía, señorita Saki —dijo una pequeña y aguda voz detrás de ellos. Cuando Sakura dio la vuelta para ver al recién llegado se quedó helada al ver las características del niño que había aparecido a la entrada de la forja. No tendría más de siete años y vestía ropas remendadas y harapientas, sus zapatos lucían desgastados y llevaba un gorro tejido que comenzaba a deshilarse. Pero más que su apariencia andrajosa, lo que a Sakura le llamó la atención fueron su cabello y sus ojos.

Era pelirrojo y sus irises grises, característicos de los…

"Uzumaki", pensó enseguida. Siendo una experta en sus técnicas, Sakura conocía bien su fenotipo. Sí, podía ser una coincidencia, una en un millón, pero si este niño era un Uzumaki significaba que también era…

—El antepasado del clan de cazadores que descienden de shinobis —dijo Kaname parado a su lado, quitando todas sus dudas.

—Entonces, su sangre es como la mía.

—Su sangre es más que especial —le informó Kaname comenzando a caminar otra vez. La escena se desdibujó volviéndose un mar rojizo que los engulló, pero no fueron ahogados. En medio de esa realidad alterna, Sakura pudo comprender qué era la sustancia en la que estaban: la sangre del vampiro—, al punto en que un niño que bebió sangre de purasangre pudiera sobrevivir.

—¿Quién fue este niño?

—Su nombre era Zelig —respondió deteniéndose un momento, miró sobre su hombro hacia ella. Sakura percibió un toque de añoranza en su mirada—. El ancestro de Zero.

Para Sakura eso abrió la puerta a un torrente de preguntas de las que necesitaba una respuesta.

—No te apresures, niña impaciente —regañó Kaname con cierta dulzura—. ¿Lo recuerdas, no es así?

—Que aceptarás lo que pase no importa si termino odiándote —respondió. Kaname sonrió y le acarició la mejilla.

—Cuando veo tus ojos me recuerdas a Saki —susurró acercando su boca a la de Sakura—. Ella y tú tienen la misma capacidad de amar a monstruos como yo.

La kunoichi no tuvo oportunidad de replicar. Fue arrastrada por otro recuerdo y depositada en un escenario distinto. Un castillo se alzaba como un diamante en medio del atardecer. A diferencia del fuerte anterior, esta estructura estaba bien resguardada y llena de hombres y mujeres que iban y venían preparando armamento, suministros y municiones.

—¡Tenemos que acabar antes de que anochezca! —una voz, ahora conocida para ella, mantenía el orden en la muchedumbre. Saki se movía entre todos dando órdenes sin titubear—. ¡Ha pasado un mes desde la última redada, pero no se confíen! ¡Los ejércitos de Ouri y Shouto pueden reagruparse en poco tiempo!

—¡Sí, señora presidenta! —respondieron los cazadores con firmeza.

Saki asintió con satisfacción para luego dirigirse hacia el interior del castillo. Sakura la siguió dejando que el recuerdo la guiara, ¿por qué Kaname tenía recuerdos de esta chica? Es decir, era natural que Saki apareciera en sus memorias, pero Kaname no estaba presente en las suyas en este momento. De todos modos, esta Saki se veía menos joven y más experimentada que antes.

—Espera, eso es…

La Mil Muertes estaba sujeta a su espalda baja, justo como Sakura solía llevarla. Fue tal la impresión que tuvo que llevar su mano hacia atrás para verificar que todavía tenía el arma. Recordó que Kaito y Zero le habían contado sobre la Parca, la primer dueña de la Mil Muertes. La historia decía que había sido capaz de abatir más de mil vampiros en una noche sólo con esa arma.

Saki entró a una habitación. Adentro había una mesa amplia con un montón de papeles esparcidos, varias notas con símbolos, que Sakura reconoció como versiones primitivas de técnicas shinobis, colgaban de las paredes. Las velas apenas iluminaban, por lo que Saki se dedicó a cambiarlas por nuevas.

—¿Cómo van? —preguntó a los dos ocupantes. Sakura reconoció a Kaname ý a Zelig, sólo que el niño había cambiado.

—Bien ahora que seguimos las recomendaciones que hiciste —informó Kuran cerrando el libro que había estado hojeando, poniéndolo en la mesa—. Colocaremos la barrera en el castillo en cuanto Zelig esté seguro de que funcionará.

—Y lo hará —aseguró el adolescente. Su cabello estaba más largo y había cierto brillo juguetón en sus ojos que a Sakura le recordó a Naruto—. Las pruebas han salido bien. Con esto no tendremos que preocuparnos de las redadas inesperadas.

—Todo gracias a tu familia, Zelig —dijo Saki hacia el pelirrojo. Su mirada se suavizó al punto que no fue difícil percibir su dulzura interior, una que parecía reservar sólo para algunas personas—. Gracias a ellos podemos proteger este lugar.

El joven cazador se sonrojó ligeramente, rascando su mejilla con torpeza. Un gesto que también le recordó a Naruto. Saki se acercó a él y ambos se quedaron mirándose entre sí, como si el mundo pasara a segundo lugar.

—Esto sucedió tres meses después de que Saki se convirtiera en la primera líder de la Asociación de Cazadores —al lado de Sakura, el Kaname del recuerdo le estaba hablando; las transiciones entre el verdadero y la ilusión no supusieron complicaciones para ella; con esta escena Sakura pudo comprender cómo Kaname había podido burlar la barrera que cubría la academia, si el purasangre había participado en la creación de los hechizos seguro sabría entrar sin ser detectado—. Han pasado siete años desde nuestro primer encuentro y cinco desde que se trasladó la sede a este castillo. Al estar a mi cuidado, Saki y Zelig se volvieron muy cercanos y se enamoraron conforme los años pasaron. Ellos ya estaban casados en este momento después de que escapamos del castillo de Hanadagi, cuando él intentó aprisionar a Saki, pero no por las razones que estás pensando.

—¿A qué te refieres?

—Hanadagi secuestró a Saki antes de haber sido nombrada presidenta. Durante esa época era común que familias humanas se aliaran con los purasangres para evitar un destino fatídico, estas familias engañaban a otros humanos para entregarlos al servicio de los vampiros. Sin embargo, eso no aseguraba su supervivencia. Algunos vampiros no tenían reparo en despacharlas sin importar cuán leales o cuan bien les hubieran servido. Para el final solo una había logrado persistir y extender su influencia al punto de poder destituir al último miembro de la familia real humana para colocar a uno de los suyos. Podría parecer algo inútil considerando que los vampiros parecían gobernar en el mundo, pero la fama de los cazadores comenzaba a crecer así como quienes quisieron unírseles a apoyar la causa.

—Si los cazadores comenzaban a hacerse notar, cortarles cualquier fuente de ingresos como lo sería el apoyo de una familia de la realeza tendría mucho sentido.

—Hanadagi había planeado un golpe de estado para sumergir al país en una guerra civil. En ese escenario, los cazadores perderían el tiempo por el caos y él podría aprovecharse de ello. En esencia era un buen plan, lo que no calculó fue que un miembro de su familia humana se había vuelto un cazador.

—La señorita Saki.

Kaname asintió.

—Ella era Saki Wakaba, hija del Conde Wakaba y heredera de la corona de aquel antiguo país. Cuando se hizo cazadora ocultó su procedencia, ya que no estaba segura cómo reaccionarían los demás si lo sabían. Los Wakaba tenían una reputación despreciable, por lo que Saki decidió mantener un perfil bajo en ambos bandos, e incluso si vivía conmigo y Zelig, fue una experta en mantener su secreto.

La escena se desdibujó otra vez, para componerse en un salón de fiesta muy elegante, iluminado hermosamente y sumamente amplio…

—¿Esto es… el Concilio de los Vampiros? —cuestionó Sakura, impresionada.

—Sí, tuvieron que pasar quinientos años desde este momento para que la nobleza de mi especie decidiera formalizar su sede en este lugar. Supongo que lo hicieron porque fue uno de los últimos puntos de apoyo de los humanos a los vampiros… —los asistentes se movían a su alrededor vestidos con atuendos costosos. La opulencia era evidente—. Los Wakaba no sólo habían sobrevivido por suerte, sino por astucia. Descubrieron el secreto de Saki y la amenazaron con usar todo su poder contra los cazadores, pero ella no aceptó y se rebeló contra su familia. Los Wakaba habían sabido que ella no se rendiría tan fácilmente y le habían pedido mil neófitos a Hanadagi para derrotarla. Desconozco los detalles de la batalla, pero ella se encargó por sí sola de los mil vampiros. La Mil Muertes obtuvo su nombre ese día.

—No es como las armas hechas con Metal-Madre, ¿verdad? Esta hacha es distinta.

—Fue un regalo de Zelig —respondió Kaname—. Él nos había dicho que era una reliquia familiar, que era especial, pero que no sabía por qué ya que su familia había muerto antes de enseñárselo… a estas alturas, creo que es un arma de tu mundo, Sakura.

Cuando la kunoichi estuvo a punto de decir algo, una figura pasó a su lado. Se trataba de Zelig. El chico estaba vestido con un traje de gala azul que hacia resaltar su cabello rojo, detrás de él venía Kaname con prendas más discretas. Ambos se pasearon en la muchedumbre, probablemente buscando a alguien.

—Hanadagi había observado a Saki deshacerse de un ejército por su cuenta, y más que considerarla una amenaza, creyó que podría hacerse de alguien con ese potencial —continuó Kaname—. Así que se presentó ante ella extendiéndole una oferta que Saki rechazó enseguida. Hanadagi era alguien a quien nadie nunca le había dicho que no, y que una mujer, sobre todo miembro de una familia que le había servido por generaciones, lo rechazara… fue algo nuevo para él y decidió que iba a tenerla sin importar qué. Saki intentó defenderse, pero estaba agotada. Fue aprisionada y puesta en trance. En cuanto a su familia, Hanadagi se deshizo de ellos, ya no los necesitaba más si la tenía a ella. Sin embargo, alguien sobrevivió. Saki había tenido una hermana menor y la niña había presenciado todo y decidido que no quería que el causante de la muerte de su familia quedara impune, buscó a los cazadores para que le ayudaran —durante un instante a Sakura se le mostró la escena de una niña pequeña hablando con Zelig y Kaname para después ver una serie de acontecimientos que le dieron sentido a la presencia de ambos en esta fiesta.

—Si Hanadagi la quería para él, entonces iba a convertirla en vampiro en este baile, ¿no es así?

—No era extraño que los purasangres tomaran amantes humanas en esos tiempos. Además, incluso si era más simbólico que nada, el que Hanadagi se uniera a Saki significaba que podría obtener el control del país y expandir su territorio. Por supuesto, ni Zelig o yo sabíamos esto cuando vinimos, lo que nos importaba era salvar a Saki.

Sakura miró hacia donde dos largas cortinas magentas se abrieron para dar paso a una mujer con un vestido de corte atrevido color rojo, su corto cabello adornado con un tocado de rosas rojas y plumas negras. Saki lucía bellísima en ese atuendo.

Zelig fue el primero en acercarse a ella, indiferente a los vampiros que le rodeaban, dispuesto a rescatarla. Sakura quiso detenerlo, pero no fue su mano la que lo alcanzó, sino la de Kaname. El purasangre mantenía una expresión inescrutable mientras observaba a su alrededor, probablemente percibiendo la presencia de algún enemigo, cuando no la detectó soltó al niño que salió corriendo para encontrarse con Saki. El reencuentro no fue pacífico. En el trance al que había sido puesta, Saki se comportó como si fuera otra.

—Es mejor que regresen por donde vinieron y no me busquen nunca más —dijo la cazadora con voz impersonal—. Mi único deseo es quedarme aquí, donde pertenezco.

—¡Eso es una mentira, Saki, y lo sabes! —ladró Zelig muy enérgicamente—. ¿Qué sucedió con tu sueño, eh? ¿Qué pasó con todos tus planes, tus ideas? ¿Acaso no querías hacer que este mundo fuera mejor para los humanos?

Sakura contempló a Zelig pelear contra los guardias que aparecieron para rodearle a él y a Kaname, inseguros de cuando atacar ante la presencia de un purasangre. La risa oscura de Hanadagi llamó la atención de todos. El infame anfitrión miraba el espectáculo desde un punto alto con una sonrisa de triunfo y los ojos velados en rojo. Era alto con el cabello rubio muy largo y la piel cetrina; llevaba un traje color blanco y sostenía una copa con sangre en la mano.

—No te escucha, chiquillo tonto, la he convertido en mi marioneta y no hay nada que puedas hacer al respecto. Ni siquiera el vampiro detrás de ti puede hacer algo, ¿sabes? Si él quisiera liberarla tendría que tener un par de siglos más, pero considerando que ambos somos los más antiguos de nuestra especia, eso no será posible, ¿no es así, Kaname el Traidor?

—Si lucháramos nos mataríamos mutuamente, no hay otro resultado posible —admitió Kuran con tranquilidad. Sus irises se colorearon de carmesí mientras expandía su poder haciendo que la mayoría de vampiros presentes se doblaran por la mitad—. Como has dicho nuestra igualdad de condiciones nos coloca en una posición incierta, serán otras cosas las que decidan el desenlace de esta pelea.

—¿Te refieres a tu patética banda de cazadores? Ya pensé en eso. Justo en este momento mis huestes deben estar haciendo trizas a esa bola de inútiles. Aunque tengo que aceptar que sus hazañas me entretuvieron un rato, sobre todo cuando lograron liberar a mi perra favorita. Realmente fue sensacional, aunque es una lástima que vaya a volver a una celda en cuanto acabe con ustedes. Ahora bien, como tú dices, otras cosas serán las que aseguren mi victoria, y creo que soy dueño de una de esas cosas.

—¡Te equivocas, blanqueador de ropa! —gritó Zelig con la Rosa Sangrienta apuntando a Hanadagi—. ¡Saki no te pertenece, al igual que Suki! ¡Ellas son libres! ¡Además, Saki jamás te ayudará en tus estúpidos planes!

—Mmm, es verdad lo que decían los rumores. Un niño cazador está en tu ejército. No sé si debería enojarme por ser subestimado o pensar seriamente que ustedes son los malos en realidad, es decir, cierto que he sacrificado incontables vidas jóvenes, pero creí que con ustedes esas cosas no sucedían y…

El sonido de un disparo puso fin a su perorata. Su copa estalló en pedazos, derramando su contenido sobre la manga de su traje. El vampiro miró lo que había sucedido, calculando la distancia a la que estaban y maravillándose ligeramente de la buena puntería que el mocoso parecía tener.

—Niño tonto, tenías que darme en la cabeza, o al menos en alguna parte del cuerpo —Hanadagi suspiró con dramatismo, dejando caer los últimos rescoldos de su copa al piso—. Pero me has atacado y eso no puede quedarse así, por lo que…

En un parpadeo, Hanadagi apareció frente a Zelig.

—tendré que castigarte.

Apuntó con sus garras al pecho de Zelig, pero antes de que pudiera tocarlo, Kaname se movió para detenerle. La colisión fue tal como predijeron. Dos fuerzas iguales enfrentándose, ocasionando un golpe de presión que desestabilizó el terreno y cuarteó el piso.

—Vaya que eres idiota, Kaname, proteger a este niño significa que has dejado desprotegida tu retaguardia. Por si no lo notaste todos aquí son mis sirvientes. Tu poder no significa nada para ellos —dijo Hanadagi—. Me serviste tu derrota en bandeja de plata, traidor a tu raza.

Pero Kaname no lució ni remotamente derrotado. Su expresión se mantuvo calmada, incluso cuando su cuerpo estaba tenso por controlar a su oponente.

—Es mejor que te apresures, Zelig. Después de todo es tu plan.

—¡Sí!

Ante la cara desconcertada de Hanadagi, el pequeño niño mordió uno de sus pulgares. El aroma que desprendió su sangre fue… incomparable con cualquier otro que hubiera olido en su vida. Los demás vampiros tampoco fueron inmunes y se lanzaron directo hacia ellos con intenciones asesinas que no distinguían entre nadie como enemigo.

—¡Hechizo de Liberación: Apertura! —exclamó el niño luego de pintar en la palma de su mano un símbolo desconocido. Tocó con ésta a Hanadagi provocando un brillo que cegó momentáneamente a los involucrados.

—¿Qué estás….? —pero Hanadagi pudo sentirlo. Algo dentro de él fue atrapado por una fuerza desconocida y puesto en retención. Experimentar esa sensación siendo tan viejo activó todas sus alertas—. ¿Qué diablos hiciste, mocoso?

—La verdad no lo sé —admitió con una sonrisa aturdida, como si no pudiese creer lo que había logrado—, pero parece ser que mis antepasados tenían razón. Todavía podemos usar una parte de nuestro poder en forma de hechizo.

Hanadagi no entendió a qué se refería, pero no tuvo tiempo de pensar. Los cristales de las ventanas fueron destruidos cuando todos los cazadores entraron al mismo tiempo, tras haber escuchado la señal de Zelig para dedicarse a luchar contra los vampiros enloquecidos. Enfurecido por haber sido engañado, Hanadagi se enfocó en arremeter contra su oponente más cercano, el niño que había roto su hechizo de dominio, pero ni siquiera pudo tocarlo.

Kaname había bloqueado su ataque. Su postura fue clara: no iba a permitir que lo dañara. Pero Kaname no solamente se había movido para proteger. Libre de Hanadagi, Saki no tardó en reaccionar, por lo que Kuran le había aventado a Artemis, ya que el otro purasangre había resguardado a la Mil Muertes.

La coordinación fue perfecta.

Saki forzó la verdadera forma de la guadaña apuntando directamente al cuello de Hanadagi. Zelig apuntó con la Rosa Sangrienta a donde estaba su corazón. Kaname se dedicó a mantener a raya los poderes del vampiro… pero Hanadagi no había mentido al decir que era tan viejo como Kuran, y por lógica, igual de fuerte que él. En un desesperado intento por salvarse reunió una cantidad absurda de energía que liberó en un parpadeo.

Rápidamente Kaname actuó para evitar que Saki y Zelig salieran volando, sosteniéndolos usando solamente su fuerza sobrenatural. Pero ellos también demostraron su fuerza aguantando sin quejarse. Cuando el ataque terminó, Hanadagi había desaparecido dejando un desastre detrás del que tuvieron que encargarse hasta el día siguiente.

La batalla finalizó hasta el atardecer con la victoria total para el bando de los cazadores.

Agotada por el esfuerzo, Saki se había hincado en el suelo, sin poder mirar hacia Zelig y Kaname. Sakura entendió lo que la cazadora estaría sintiendo en ese momento.

—Está bien, Saki —dijo Zelig frente a ella. Con una sonrisa comprensiva estiró su mano hacia ella—, hablaremos de esto después, cuando estemos en casa.

—Pero yo… yo les mentí. Actué egoístamente al mantener en secreto mi identidad.

—Bueno, sí, eres un poquito egoísta, pero también eres amable, dedicada y no dudas en proteger a todos. Mira a tu alrededor —Zelig señaló al resto de cazadores, que miraban con una expresión aliviada a la chica—. Vinieron no sólo porque sea su deber, sino porque te aprecian y te respetan. No lo olvides nunca.

—Zelig tiene razón —pronunció una cazadora que se le figuró la versión femenina de Kaito—. Durante todos estos años has sido quien ha estado ahí para nosotros, dando la cara cuando la situación se complica, sin dejarte vencer.

—Eres nuestra amiga —añadió un hombre muy parecido a Yagari, sólo que con el cabello corto y con ambos ojos—. Nuestra líder.

Su declaración fue secundada enseguida por una treintena de voces. Por primera vez, Saki fue incapaz de decir algo, la conmoción y la sorpresa la dejaron sin palabras. Fue Zelig quien la sacó de su estupor, ofreciéndole su mano de nuevo. Esta vez ella la aceptó.

—Así que éste fue el momento cuando la nombraron presidente —dijo Sakura—, pero habías dicho que Zelig y Saki se casaron por estas fechas.

—Oh, lo hicieron —una sonrisa nostálgica en su rostro hizo que Kaname pareciera sorprendentemente joven—. A su manera, de vuelta en el castillo, dijeron sus votos frente a un viejo árbol, conmigo y otros cazadores como testigos. Saki tenía 22 y Zelig 15, pero eso no le importó a nadie en absoluto. Su matrimonio creó a la primera familia de cazadores.

Varias imágenes se mostraron consecutivamente, todas ellas de un recuerdo relacionado con el período posterior a la derrota de Hanadagi. Sakura vio incontables batallas, gritos, llanto, desolación y destrucción, sin embargo, también había momentos de alegría y esperanza, de tranquilidad y confort. Con cada memoria se le revelaba no sólo las vidas de los antepasados de Zero, sino también el pasado de Kaname.

—Los querías —declaró Sakura guardando en su propia memoria cada evento trasmitido—. No sólo eran tus amigos, eran…

—Mi razón de existir —completó Kaname sin vergüenza, deteniendo el flujo de recuerdos en uno particular. Él estaba junto a ellos tras haber bebido sangre de una copa (la sangre de Saki al parecer, lo que explicaba el por qué poseía los recuerdos de ella; posiblemente Kaname habría bebido la sangre de ellos dos en esa época)—. Tan patético como suena, se volvieron imprescindibles para mí. Era consciente que no sería para siempre, que algún día me dejarían, pero en ese entonces yo estaba cegado por la esperanza. Yo creía firmemente que podía seguir viviendo manteniendo su legado, encargándome de la misión que mi amante les encomendó… pero no fue así. Cuando los perdí, perdí parte de mí.

Antes de que Sakura pudiera preguntar algo, fue guiada hacia otro recuerdo.

Una habitación destruida con signos inequívocos de pelea y sangre salpicada por todos lados. Cuando Sakura volteó para hablar con Kaname no lo encontró a su lado. Lo buscó con la mirada hasta dar con él, una figura hincada en medio de la destrucción. Cuando se acercó a él descubrió la razón por la que alguien tan poderoso como él estaba en esa posición.

Los cuerpos de Zelig Kiryû y Saki Wakaba estaban en medio de un gran charco de sangre. Marcas de profundas heridas se notaban a simple vista, como si un animal salvaje les hubiera atacado. A su lado estaban la Rosa Sangrienta y la Mil Muertes, manchadas de sangre, evidencias fervientes de que no se habían ido sin luchar. Pero Sakura pudo identificar otra arma, una kunai, cerca de los pies de la pareja.

La misma kunai que Kaname le había mostrado a Ino en su audiencia.

Pero eso no era lo importante ahora. Sakura sintió que lágrimas gruesas resbalaban por sus mejillas conforme empezaba a comprender lo que había sucedido. Se acercó al purasangre. En cuanto su mano estuvo a punto de tocar su hombro, algo inesperado ocurrió.

Un muro rojizo se interpuso elevándose hasta el techo y rodeándola como una prisión. Sakura quiso liberarse, pero fue imposible. Fue como estar atrapada en una corriente poderosa que amenazaba con hundirla. Era difícil respirar.

—Suéltala, Suki —ordenó Kaname apareciendo repentinamente frente a ella. Su expresión era de imperturbabilidad, pero sus ojos bullían con violencia—. Tu venganza es contra mí, no contra ella.

De reojo Sakura notó como el rostro de una mujer se reflejaba en el mar de sangre. Era un rostro que le pareció familiar, pero que no pudo identificar del todo. Comenzaba a perder el sentido.

—Sakura es como él —dijo Kuran obteniendo una reacción; el rostro se mostró sorprendido y miró a la kunoichi con atención—. Ella es la única que puede cumplir su sueño.

La representación de Suki tardó solo un segundo en considerarlo. Dejó libre a Sakura, quien pudo respirar con desesperación en cuanto estuvo fuera del efecto de la sangre. Kaname se encargó de auxiliarla, admirando su tenacidad. Si hubiera sido un humano común ya estaría muerta.

—¿Q-Qué… cof, qué, cof, qué diablos fue eso?

—Una maldición —respondió el purasangre, como si no fuera la gran cosa—. Zelig solía infiltrarse a territorio enemigo haciéndose pasar por un niño indefenso. En una de esas misiones se topó con una purasangre que había sido encerrada por Hanadagi durante muchos siglos. Cuando Zelig la encontró él fue la primera persona con quien habló. Sus encuentros formaron un vínculo especial, que se consolidó cuando logramos liberarla y Zelig le otorgó un nombre.

—Así que esta Suki es la posesión que mencionó Hanadagi. Ella te colocó la maldición —supuso Sakura.

—Un castigo por mi incompetencia. Cuando estoy tranquilo o feliz, un torrente de imágenes dolorosas viene a mí, para atormentarme. Todos mis momentos de tristeza, desolación, soledad, miedo y locura, sin filtros. Lo que estuvo a punto de ahogarte fue eso, y pasó por estar tan conectada a mí en este momento.

—Si ella te castiga cuando estás contento o aliviado, entonces…

—Sí, incluso cuando estoy con Yûki ocurre —dijo con una sonrisa tan triste que a Sakura se le partió el corazón—. Las circunstancias que ocasionaron mi segundo nacimiento fueron extrañas. Volví, pero no completamente. Estaba disperso, mi mente era un caos. Cuando la maldición se activaba, no sabía por qué sucedía.

—Es injusto. Tú también perdiste a dos personas valiosas e irremplazables para ti. Tu corazón también fue herido.

—No sientas pena por mí, dulce niña. Te dije que cuando esto acabará, podrías terminar odiándome.

—¿Es por lo que le hiciste a Zero hace cincuenta años?

Que la kunoichi supiera la historia, no le sorprendió a Kaname. Había calculado que Zero se lo contaría, ya fuera para alertarla sobre él o como una consecuencia natural del lazo que se había estado construyendo entre ellos. Ciertamente se desarrolló más rápidamente de lo previsto ya que con Yûki Zero había tardado más de cuatro años en abrirse. Pero podía comprenderlo. Sakura no era como su querida esposa en su juventud. Mientras Yûki había sido una niña ingenua, Sakura era una mujer ingeniosa que no daba cosas que a lo tonto sólo para aliviar momentáneamente las penas de otros—. Incluso si yo no recordaba a Zelig y Saki, las cosas que le hice a Zero y a su familia son imperdonables.

—Ciertamente lo son —espetó Sakura con seguridad. Evidentemente no iba a absolverlo de sus pecados—. ¿Qué sucedió después de que ellos murieron y Saki te maldijo?

—Maté a Hanadagi —respondió—. Él no huyó de mí, sabía que sería inútil, pero eso no impidió burlarse de mi pérdida. De cómo se los llevaría al infierno, de cómo yo sería incapaz de ir al mismo lugar que ellos, de cómo los años borrarían su presencia de mi mente. Tuvo razón el maldito bastardo.

—Incluso si los olvidaste, si no pudiste cumplir las promesas que les hiciste y si llegaste a perderte en el camino, ellos han estado contigo siempre —las palabras de Sakura causaron que Kaname parpadeara con sorpresa. La mano sobre su hombro se colocó sobre su pecho, justo sobre su corazón—. Hanadagi se equivocó, pero eso ya lo sabes, ¿no es así?

"Qué extraordinaria mujer", no era la primera vez que lo pensaba. Sakura había comprendido lo que Kaname trataba de hacer, lo que por miles de años su amnesia y dolor le habían impedido lograr.

Pero era momento de volver a la realidad. Este hechizo exigía mucho a quien lo utilizaba así como también a quien era hechizado. Kaname lo había usado precisamente por el breve tiempo que tenía a disposición, pero si hubiera tenido opción, no lo habría hecho. Suavemente atrajo a Sakura hacia él para sostenerla mientras lentamente el hechizo se deshacía. Esta clase de magia era de un alto nivel, al que él podía acceder por su estatus y por haber estado involucrado en la creación de los hechizos de los cazadores.

"Estos pergaminos contienen técnicas familiares ofensivas y defensivas, pero infortunadamente no puedo comprender del todo cómo funcionan. Aun así, creo que podremos sacarles provecho de alguna manera, señor Kaname. Saki piensa que podemos ajustar las matrices para crear hechizos", le informó Zelig mostrándole un montón de papeles con conocimiento que ni siquiera él habría imaginado que existiese; conocimiento desconocido perteneciente a un clan de humanos que habían combatido a los de su especie desde antes que él lo hiciera. Pero, ¿por qué sentía que algo se le escapaba? Sí, Zelig era el sobreviviente de esa familia. Sí, por su sangre especial pudo convertirse en cazador a pesar de ser un niño, ¿pero por qué su amante lo habría elegido teniendo a otros tantos candidatos?

"Tal vez Sakura pueda descubrirlo", pensó Kaname con confianza. Si debía exponerse para completar algo más que el sello que Zelig, así lo haría. Hallaría las respuestas con ayuda de la kunoichi.

Kaname y Sakura fueron devueltos al primer escenario, dos figuras etéreas parpadean en el reflejo del agua. Ella tiritaba con fuerza, presa del agotamiento consecuente a estar bajo un hechizo que sólo cuerpos más fuertes podían tolerar. Si desfallecía, Kaname temía que sus heridas se abrieran por lo que tenía que actuar con rapidez.

Kaname volvió a extraer sangre de su muñeca, mientras maniobraba el cuerpo de la chica para que descansara cómodamente contra él, su mano restante descansando sobre la herida de la espalda, la más vulnerable. Como hiciera anteriormente la hizo beber su sangre directamente de su boca. No obstante, a pesar de su objetivo, Kaname no pudo evitar desviarse ante la sensación de tenerla entre sus brazos. Después de todo, la sangre de Sakura seguía tentándolo, ante tal cercanía fue inevitable para él que su sed despertara.

Abrumado por el anhelo, su boca bajó para acariciar la línea delgada de su cuello. ¿Hace cuánto que no bebía un sorbito de sangre fresca? Kaname no había podido saciar su sed apropiadamente y las píldoras de sangre no lo satisfacían. En el pasado, Zelig le había brindado su sangre y Kaname había sido el vampiro más feliz de la tierra… quería experimentar ese tipo de alegría nuevamente.

Pero Sakura había salido del estupor a tiempo para propinarle un puñetazo directo en la cara. Kaname no estaba seguro de si estaba usando toda su fuerza, como fuera había terminado en el suelo viendo borroso. Cuando miró hacia ella, Sakura tenía una expresión de pura furia, limpiándose la boca con una mano y tapándose el cuello con la otra.

—¡Jamás vuelvas a hacer eso, Kaname Kuran! —gritó fuertemente—. ¡Tampoco vuelvas a besarme! ¡Si deseas mostrarme algo usando tu sangre, con gusto la tomaré de otra manera!

—Pido una disculpa —dijo Kaname enseguida—. Revivir mis memorias… trajo sentimientos que nublaron mi juicio.

Los ojos del vampiro estaban repleto de sentimientos de añoranza, Sakura lo notó en cuanto se obligó a sí misma a tranquilizarse. Si para ella había sido impactante, agobiante y agotador, podía imaginar que para Kaname lo había sido mucho más. Por ese lado, Sakura lo comprendía, por otro, no podía simplemente olvidar esto. Si Kaname la hubiera mordido podría convertirse en vampiro, y si bien no tenía prejuicios al respecto, no deseaba serlo sin consentirlo.

—La historia no ha acabado —informó Kaname sabiendo que no podía hacer nada para aminorar la incomodidad de Sakura—. Aún hay mucho que debes saber, pero no ahora. El baile es pasado mañana. Es un evento importante donde podremos constatar el éxito del plan, pero quería que supieras algo sobre el pasado para que comenzarás a comprender que estoy de su lado.

—¿Del de nosotras o del de Zelig y Saki?

Kaname casi sonrió. En verdad Sakura era una mujer extraordinaria.

—Cuando te cuente lo demás, lo sabrás.

Ésa respuesta no la convenció.

—No es que yo esté jugando el papel del hombre misterioso, Sakura —dijo Kaname—. La maldición de Suki no sólo castiga mi felicidad, también es un sello que suprime memorias. No sé exactamente cuál escogió Suki, pero sé que tiene que ver con el descubrimiento de Punta de Lanza.

—Si de cosas de la mente se trata, Ino está mejor calificada que yo.

—No voy a brindarle la oportunidad de entrar en mi cabeza y manejarla como se le antoje.

—Ino no haría eso si se lo pido —aseguró Sakura—, pero creo que entiendo lo que dices. Ninguno de los dos confía en el otro. Ino haría lo que fuera para protegerme mientras que tú harías lo mismo por la señorita Yûki.

—En verdad eres extraordinaria —esta vez no tuvo impedimentos para admitirlo en voz alta. Sakura no se sintió ni un poco halagada.

—No te fíes, Kaname, porque podrías arrepentirte de elegirme.

—Aun así correré el riesgo, Sakura.

Se quedaron en silencio después de eso. El sonido de la fuente como único interruptor de la calma. Sakura contempló al vampiro frente a ella. A pesar de todo lo que había descubierto, no había cambiado su opinión sobre él. No podía confiar en alguien que dañó severamente a personas ajenas a sus problemas, sólo por querer mantener a salvo la inocencia y pureza de su descendiente.

—¿Saki y Zelig tuvieron hijos? —preguntó de repente.

—No abandoné a su descendencia enseguida, si eso es lo que te preguntas.

—No, no es eso. Es sólo que pienso que la razón por la que creaste el clan Kuran fue para que tu estirpe cuidara y vigilara a sus hijos.

—En parte sí —concedió—. Cuando las batallas aminoraron, los vampiros decidieron organizar su sociedad de tal manera que hubiera un líder único que dirigiera a todos los demás y equilibrara la balanza contra los cazadores. Por ese entonces, yo ya me había alejado del linaje de los Kiryû por siete generaciones y era el purasangre más viejo que quedaba. Los otros vampiros me buscaron para elegirme como su rey, y yo acepté con la condición de que las batallas cesaran de una buena vez y que se firmara un acuerdo de paz con la Asociación, incluso les prometí que tomaría a una esposa para iniciar una familia purasangre. Aunque mi objetivo verdadero era que mis hijos procuraran el bienestar del clan Kiryû, lo descarté de inmediato. Muchos se habrían cuestionado el motivo de tal cosa, y aunque ya ni siquiera conocía los nombres y rostros de los descendientes de Zelig y Saki, no quería que se convirtieran en un blanco. Para mantenerlos a salvo me conformé con alejarme y centrarme en mi propia especie.

—¿Cuáles eran sus nombres? —dijo Sakura sabiendo que Kaname sabría por quiénes estaba preguntando.

—Lacie y Lucerys Kiryû, una niña y un niño —respondió para luego acariciarle el rostro. Al parecer, Kaname estaba extrapolando algunos de los gestos que había prodigado a Saki a ella—. Gemelos.

—¿Gemelos? ¡Pero eso no es posible! ¿Qué hay de la maldición?

—La sangre de Zelig, no, la de ustedes los ninjas es más fuerte que cualquier instinto vampírico caníbal que se origine en el vientre de la madre. Sin embargo, ese poder se perdió conforme fue diluyéndose con la sangre de otras personas generación. Si Zero hubiese tenido la misma sangre de Zelig, no se habría transformado en vampiro sin importar si Shizuka lo hubiera mordido decenas de veces. Justo ahora, aunque sea su descendiente directo, su sangre no es ni la mitad de especial que la de su ancestro.

—Eso quiere decir que no… que los shinobis no podemos convertirnos en vampiros —pronunció Haruno, atónita.

Un beso en su frente y una sonrisa cálida fue como Kaname confirmó sus palabras. Por su parte, Sakura no estaba del todo convencida de su teoría, es decir, Zelig debía ser un descendiente de los Uzumaki, por lo tanto la sangre shinobi se habría mezclado con la de las personas en este mundo. Si era así su sangre podría haber sufrido una mutación que lo hiciera inmune a la conversión. Lamentablemente no era algo que pudiera investigar a fondo, y ni siquiera con la ayuda de Zero podría llegar a algún lado dado el largo espacio generacional que había entre ancestro y descendiente.

—¿Volverás a obligarlo a ayudarte? —preguntó Sakura dejando de lado el tema por cuestión de practicidad—. ¿Obligarás a Zero a pasar por mucho dolor de nuevo?

—No —respondió para sorpresa de ella. Kaname disfrutó de su desequilibrio, detallando lo brillantes que sus ojos verdes lucían por el asombro. Volvió avanzar hacia ella, anhelando tocarla. Posó sus manos en las mejillas de Sakura, cálidas y suaves—. ¿Me crees?

Por lo que Zero le había dicho sobre Kaname parecería una de sus jugadas, pero había algo distinto y todo tenía que ver con lo que acababa de suceder. Así que Sakura creía en él, pero no confiaba del todo.

—¿Por qué? —cuestionó Sakura—. ¿Acaso es por lo que sucederá cuando se declare oficialmente que es el único sobreviviente vivo de un clan shinobi?

—Él se unirá por su voluntad cuando eso suceda —asintió Kuran—. Porque este problema le compete por su sangre.

—Entonces, ¿tú…? —Sakura le miró con algo más que asombro. Está totalmente anonadada y Kaname lo aprovechó para robarle un efímero beso. Ella está demasiado estupefacta para molestarse por el gesto.

—Será el Rey, mi Rey, en esta partida —afirmó el purasangre—. En este juego se están moviendo cosas más allá de lo que imaginas, Sakura. Múltiples jugadores se preparan para hacer sus movimientos. El cómo se desarrolle la partida ya no depende mí, sino de ti. Justo ahora, quien tiene el destino de nosotros en sus manos, eres tú.

—Parece que buscas responsabilizarme por lo que suceda en el futuro —replicó alejándose de él.

—Eres la pieza más importante y no te das cuenta por qué. Pero así está bien. Si no calculas tu propia importancia podrás moverte libremente hasta poner fin el ciclo vicioso en el que se ha envuelto este mundo.

—Para bien o para mal, éste es el mundo que ustedes, un montón de locos, han construido. Ahora les toca vivir en él. Cualquier cambio que venga a futuro serán ustedes quienes deben provocarlo, no yo. Resolver el misterio de los símbolos es lo único en lo que yo intervendré en este mundo antes de regresar al mío.

—Ya eres parte de este mundo, querida —dijo Kaname acortando la distancia de nuevo. Velozmente colocó una mano sobre la frente de Sakura aplicando un hechizo para hacerla dormir—, para bien o para mal, como tú dices, has cambiado el destino de muchas personas.

La kunoichi estaba en su punto más vulnerable. Kaname ya había notado su estado debilitado, como la vida parecía escapársele del cuerpo, como las fuerzas la abandonaban… sus cicatrices siempre le habían parecido intrigantes, y aunque sabía que habían sido creadas durante la guerra en la que ella participó, no sabía quiénes se las hicieron (Takuma y Senri le habían asegurado que no sabían nada sobre eso, y el señor Hizuru, el médico cazador, no le diría nada). Podría enterarse ahora bebiendo su sangre…

—Baja tu arma, Kaito Takamiya —pidió Kaname sin molestarse en girar hacia el cazador que salió de la penumbra con la Rosa Sangrienta en la mano—. Me pregunto si Zero sabe que has tomado su querida pistola sin su permiso.

—Él duerme como bebé cuando toma las píldoras que Sakura le dio —respondió sin vergüenza—. Para tu suerte, Kuran, no se enterará de lo que ha pasado entre tú y nuestra querida shinobi.

—¿Planeas chantajearme? —cuestionó, burlón.

—No soy estúpido. Conozco quién y qué soy, y por eso sé lo que puedo hacer. No sé qué le habrás mostrado a Sakura, pero sí escuché lo que dijiste de Zero.

—Te preocupas por él. Qué conmovedor.

—¿Qué puedo decir? El chico me cae bien a veces. Sobre todo cuando se ve involucrado en problemas que me den la oportunidad de matar un montón de vampiros sin restricciones. Además, hay cosas que quiero saber desde hace mucho tiempo y creo que también tú estás interesado en obtener algunas respuestas.

—Eres más peligroso de lo que creí —sonrió Kaname—. Si tú hubieras estado al lado de Zero en aquel entonces, habría tenido que matarte.

—Bueno, gracias por el cumplido, chupasangre —Kaito le devolvió con sarcasmo—. Pero eso no viene al caso. Creo que sabes de lo que estoy hablando, ¿no es así? Por eso no armaste jaleo cuando Yagari dejó a un suplente a cargo de la Asociación temporalmente.

—Venir aquí de incognito fue difícil —admitió el vampiro—. Durante meses he sido vigilado por quienes han visto más allá de mi fachada, quienes intuyen que soy alguien más que el hijo de Haruka y Jûri Kuran. Ellos son quienes están detrás de ese incidente, y al igual que Yagari, quiero detenerlos antes de que obtengan más poder del que ya tienen.

—Ino no permitirá que nadie se acerque a Sakura —dijo Kaito con seguridad—. Si cualquiera intenta algo… a menos que ellos ya hayan encontrado algo que ponga la balanza a su favor. Si es así no hay nada que podamos hacer para adelantarnos a ellos.

—Y por eso lo mejor que podemos hacer es apoyar a Sakura e Ino en lo que hacen —completó Kaname sintiéndose extraño al hallar tanta sintonía con este cazador—. El conocimiento es poder, pero sólo si quien lo tiene saber usarlo.

—¿Crees que Sakura podrá hacerlo?

—No la subestimes.

—Sé de lo que es capaz, pero… pero hasta yo puedo darme cuenta que ella no está bien.

—¿Quién lo diría? puedes preocuparte por otras personas —Kaname se acercó a él, y con cuidado la pasó a los brazos del cazador. Gentilmente el vampiro acarició la cabeza de la chica—. Mi sangre le ayudará a sanar, pero depende de ustedes que ella no vuelva a agitarse. Si desean que esto termine bien deberán protegerla.

—No lo digas como si fuera fácil. Esta chica no es de las que se quedan atrás. Si su papel es tan importante como afirmas, no hay manera en el infierno que ella acepte no hacer nada. Si hay pelea, ella peleará.

—Por eso ya hice mi primer movimiento. En este momento, tu misión ha iniciado, Kaito Takamiya.

—Podría negarme.

—Pero no lo harás —sonrió con confianza. Kaito sólo quería darle un puñetazo—. Hice arreglos para que uno de mis subordinados se reuniera con otra pieza importante en este rompecabezas. Cuando sea el momento debes asegurarte que la información sea entregada.

—Sé que Zero se contentó con tu mierda misteriosa cuando le tocó ser tu peón, pero yo no soy así, chupasangre. ¿Acaso no puedes decirme algo más directo?

—Si se te hace más fácil —se encogió de hombros—. Cuando estés en esa situación sentirás celos. Sólo ignóralos y haz lo que debes hacer, cazador.

Kaito le iba a dar una paliza a este bastardo, pero Kaname se transformó en un montón de murciélagos que lo dejaron solo. Irritado y molesto por la falta de tacto, Kaito contó hasta veinte para calmarse.

—Ah, las malditas cosas que tengo que hacer sólo porque un montón de vampiros engreídos se creen con el derecho de joder la vida de los humanos —se quejó con Sakura—. Bueno, Bella Durmiente, es momento de que te lleve a tu habitación. Con suerte, descubriré a qué demonios se estaba refiriendo el imbécil de Kuran.

[+][+]

Yûki teniendo dudas es algo que se maneja en el canon, así que aquí quise salirme con la mía y manejarlo de esta manera. Sus contradicciones surgen de muchas cosas, y me parece que ni ella escaparía a ser como otras personas ante situaciones como éstas. Yûki no es perfecta.

Ahora, Kaname no ha actuado activamente en la trama como jugador de la partida, y excepto por haber incitado a Sakura aquella vez lo cierto es que se ha portado muy bien. Esto era debido a las dudas que surgieron en él al recordar a Zelig y Saki, y más cosas que se irán tratando en los siguientes capítulos. Por el momento sólo puedo decir que en esta versión, no habrá un Kaname malvado, pero no descartó que haga cosas cuestionables; por ejemplo, vemos cierto comportamiento invasivo hacia el espacio personal de Sakura, y eso es debido a que sus recuerdos recuperados liberaron un montón de emociones que volcó en ella. No es amor como tal u obsesión, sino un tipo de apego apego.

¡Por fin se han revelado algunas cosas sobre el pasado de Kaname con Saki y Zelig! En la versión anterior no se tocaba mucho esto y eso era porque yo no quería complicarme las cosas, pero luego me percaté que era una parte de la trama muy importante, ya que ambos personajes son imprescindibles para Kaname. Anteriormente Saki se llamaba Sayuri, pero lo cambié para que su nombre fuera similar al de Suki, como para enfatizar el contraste entre estas dos mujeres que amaron a Zelig; además que la apariencia de Saki cambió radicalmente. Por aquí pondré algunos bocetos de mis ideas anteriores y del diseño final. En cuanto a Zelig, decidí que si era un descendiente de los Uzumaki debía lucir como uno, por eso lo dejé pelirrojo con los ojos entre violetas y grises.

¡Se ha revelado porque la sangre shinobi es tan especial! Es algo que no cambió tanto de la versión anterior, pero aquí pude ponerle un poco más de sabor. La sangre de los shinobis es especial por el chakra, que impide que los humanos se transformen en vampiros sin importar si un purasangre los muerde. También parece ser más fuerte que la sangre de humanos comunes.

Inserte Hanadagi era un OC que sí tenía planeado presentar en la versión previa, pero que al final descarté por pereza. Pero decidí meterlo para representar un oponente para Kaname que tuviera el mismo poder y antigüedad. La verdad es muy maldito y planeaba deshacerse de los Wakaba en cuanto le aburrieran, pero ocurrieron cosas inesperadas y terminó obsesionándose con la única miembro de esa familia que se opuso a él. Todo un sadomasoquista.

La hermana menor de Saki, al igual que Hanadagi, fue un OC que no introduje antes. Aquí hago una mención nada más. No tengo planeado escribir más sobre ella, creo.

Y tenemos la discusión entre Seth y Takuma. Desde que escribí que Seth se había enamorado de Sakura a primera vista, me prometí que pondría en un capítulo cómo es que se dio exactamente este enamoramiento, y la verdad es que una de las escenas que más me han gustado de lo que llevó del fanfic.

Por último, la escena final sería con Zero, pero me dije: Meh, muy previsible. Por eso pensé que Kaito sería una mejor opción, además de que así podría desarrollarlo más allá de su papel como cazador vengativo lleno de odio.

Nos leemos luego.