¡Ohayo, pocco! Uff, ha sido toda una faena llegar hasta aquí, sobre todo por los cambios. Hay capítulos que escribí muy rápido porque quedaron a la primera, pero otros simplemente fueron un reto muy duro.

Estos dos capítulos especialmente fueron difíciles, sobre todo porque quería saltarlos e ir directamente al asunto del baile. Pero eso fue porque estaba muy estresada por cuestiones académicas y porque entré a un fandom nuevo recientemente, pero afortunadamente mis pendientes se redujeron considerablemente y la inspiración todavía sigue pulsando por este fic, así que lo tendré finalizado sí o sí.

Cuando escribí estos capítulos ya había planeado otros tres además de idear los capítulos del último arco, es decir, esta historia sobrepasará los veinte capítulos que conformaron la primera versión. Estoy satisfecha por eso. Creo que la historia al fin tiene el desarrollo que se merece.


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Noche XVI

Muéstrame cómo amas

"Aquel que sabe no huir de su propia angustia será también aquel que no huya de su propio deseo".

—Jacques Lacan.

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La casa de Akatsuki y Ruka era más grande que Punta de Lanza. Cuando el conductor los dejó esa mañana, Ino se sintió ligeramente asombrada por el enorme terreno que rodeaba el pequeño palacio de paredes blancas y balcones voladizos adornados con flores y plantas trepadoras; el bosque alrededor tenía árboles altos y gruesos que le recordaron a los de los bosques que ocultaban su aldea.

—Bienvenidos a Torre Blanca —anunció Ruka junto a Akatsuki en la entrada. La vampiresa saludó afectuosamente a Ino, Isamu y a Nagisa, mientras que con Kaito mantuvo una actitud cordial. A Hanabusa ni siquiera se dignó de hablarle—. He preparado todo para pasar un día agradable y relajante. Así que siéntanse como en su casa.

—Será imposible relajarse con una loca controladora como tú —musitó Aido, más que habituado a molestar a su prima. La respuesta de Ruka fue pisotearle fuertemente cuando pasó a su lado mientras los conducía al interior. Hanabusa hizo el esfuerzo por no gritar a pesar de lo mucho que le había dolido—. Esa maldita…

—¿Ha pasado algo? —preguntó Akatsuki parándose a su lado. Ruka se había distraído explicándoles a Ino e Isamu a donde había conseguido los hermosos adornos de cristal de las lámparas mientras Kaito le decía algo en voz baja a Nagisa, así que era la oportunidad ideal para hablar con Hanabusa.

—Uhn, no, nada, ¿por qué lo preguntas?

"Porque no has molestado a Ino", y también durante estos días había dejado de hacerlo. Akatsuki sospechaba que tenía que ver con la inesperada formalización del cargo de líder de clan de los Aido. Por décadas, Hanabusa había delegado la responsabilidad a su madre. El hecho de que Hanabusa decidiera por propia voluntad tomar el mando era… increíble.

—Tu madre vino a quejarse con mi padre —indicó Kain decidiendo que era mejor decir parte de sus conjeturas—. Quiso convencerlo de hacer una apelación ante el senado, incluso le exigió convencer a la tía de Ruka para que la apoyara.

—Con un poco de suerte mi madre entenderá que mi decisión es irrevocable —dijo Hanabusa—. Espero no haga un escándalo mañana.

—La cantidad de invitados que asistirán a este baile superó a la de los anteriores. Incluso ella se lo pensará dos veces antes de hacer algo que la deje en ridículo a ella o al apellido Aido.

—Eso espero.

Akatsuki contempló el perfil de Hanabusa con interés. El cambio en su semblante era notorio, hacía que su aspecto se acentuara en rasgos maduros que habían disipado ese aire infantil y travieso que lo había caracterizado toda su vida. Por fin se había convertido en un adulto apropiado, dejando atrás las inseguridades y el desentendimiento que lo habían estancado.

—¿Ahora por qué sonríes, Wild? —cuestionó Hanabusa con sospecha. Pocas veces utilizaba el antiguo mote de su primo cuando asistían a la Academia Cross, y esas ocasiones ocurrían cuando Aido creía que le estaban tomando el pelo.

—Nada —aseguró Akatsuki dejándolo atrás sabiendo que si dejaba que insistiera, Hanabusa no se detendría hasta saber la verdad. Por ahora Akatsuki no tenía intenciones de hablar sobre este cambio. Tendrían tiempo después del baile.

Ruka los condujo hasta la sala principal donde los deleitó con aperitivos y bebidas mientras se ponían al corriente de los acontecimientos importantes. Este día era para relajarse y divertirse, pero también había sido planeado para intercambiar información importante lejos de miradas indiscretas y oídos impertinentes. Como el que Sakura hiciera arreglos con los hospitales de la zona para que tuvieran preparados equipos médicos de emergencia, por cualquier posible ataque.

—Ya que hubo una intoxicación masiva en un baile hace siete años ésa es la excusa que usó para esconder su verdadero motivo —dijo Nagisa.

—Como era de esperarse de Sakura —sonrió Ruka—. Así nadie podrá sugerir que esta medida es extrema, y si sucede algo, estaremos preparados.

—¿En verdad creen que ocurra algo como un ataque? —inquirió Isamu—. Es decir, no que lo esté descartando dado la gran cantidad de invitados que habrá, pero también estarán presentes los líderes de ambas instituciones. Cualquiera que planee algo tendría que pensárselo dos veces.

—Precisamente si alguien decide hacer algo significa que lo planificó considerando la situación —intervino Hanabusa—. Un ataque tiene múltiples metas, Tachibana; aniquilar, causar bajas importantes, desmoralizar al enemigo. Al ser atacados, aunque pudiéramos controlar la situación, la sensación que dejaría sería suficiente para causar incertidumbre en la multitud, sin mencionar lo que provocaría en la percepción del anuncio principal del baile.

—Las nuevas pastillas de sangre —asintió al comprender—. Saku e Ino obtuvieron buenos resultados en sus experimentos, pero si algo falla cuando sea el momento de presentarlas será contraproducente.

—Y es por eso que si algo sucede tenemos que demostrar que nuestras pastillas no fueron las culpables —suspiró Ino repasando mentalmente todas las indicaciones que había sugerido a Isaya y Kaname sobre la seguridad del baile. Realmente había sido agotador pensar en cada posibilidad, pero había construido un plan de vigilancia decente—. La presidenta interina de la Asociación de Cazadores nos prestó a un equipo completo con sus mejores miembros para custodiar la carga de pastillas para mañana. Con esto, todo lo importante por hacer ya está terminado.

—¿Qué hay sobre la tinta del sello? —preguntó Aido mostrando leve interés.

—Mmm, Isaya y yo estamos en un callejón sin salida —confesó la rubia—. Hemos confirmado que es tinta hecha con sangre de purasangre, pero no su composición exacta. La sangre no puede analizarse con pruebas simples, ya que un hechizo la protege. Así es como los purasangres de antes aseguraban que ninguna persona se entrometiera en sus asuntos. Para poder hacer algo tendríamos que averiguar cuál es el hechizo, pero en los registros que Tengen Saitou y Ren Touya nos brindaron no hay nada.

Los registros de los vampiros eran importantísimos. Tengen y Ren se habían rehusado en mostrárselos a Ino al principio debido a su antigüedad y valor hasta que la orden de Kaname puso fin a su reticencia. Anteriormente habían sido la propiedad del clan Ouri, protectores de los tesoros de su raza, pero dada el desinterés que los miembros de cada generación mostraron en el transcurso de los años, la mayor parte habían sido saqueados o tomados por familias de vampiros menores, como los Saitou. De todos modos de nada había servido. Ninguno de los hechizos de los registros funcionó, Incluso Isaya comenzaba a creer que no iban a encontrar nada.

—Ya hallarán la solución después del baile —comentó Ruka—. Por ahora tenemos que alistarnos para mañana.

—Aah, la verdad no me opondré a esto —dijo Ino estirando elegantemente sus brazos, mostrando la tensión que no se reflejaba habitualmente en sus movimientos—. Hace mucho que no disfruto de un día de spa… dejé de insistirle a Sakura de ir cuando asumí el liderazgo de mi escuadrón, así que me vendría bien.

—¡Maravilloso! —aplaudió con entusiasmo—. Empezaremos por un baño especial. Espero estés familiarizada con la manera en la que nosotros los vampiros llevamos a cabo esto.

—El idiota rubio es bastante instructivo en cuanto sus tradiciones y costumbres, así que sí. No tengo ningún inconveniente.

—¿Y qué tal ustedes dos? —preguntó Ruka hacia Kaito e Isamu, quienes por razones obvias podrían negarse.

—Bueno, a mi primo ya le picó esto de experimentar las costumbres vampíricas desde que el señor Shiki lo besó —Kaito miró con odio a Isamu—, en cuanto a mí no tengo un interés particular. Es algo nuevo que vivir, nada más. ¿Pero está bien que nos incluyan? Por lo que entiendo es un asunto privado e íntimo.

—Por ese mismo motivo lo compartiremos con ustedes. Son nuestros amigos, a pesar de lo que tu querido primo pueda pensar —sonrió Lady Kain—. Pero eso también me obliga a saber si están de acuerdo con esto, especialmente tú, Isamu.

El padre de Isamu no estaría contento de enterarse que su hija estaba metida en cuestionables tradiciones vampíricas; no que significara nada importante, Isamu estaba segura que su padre conseguiría que un escándalo así se inclinara a su beneficio, pero aun así aumentarían los rumores que ya perseguían a su hija en el mundo de los cazadores.

—Descuida, Ruka, si algo paso me haré cargo de eso —dijo la joven cazadora. Desde hace algún tiempo, y gracias al constante contacto de Isamu con Akatsuki y Nagi, se había vuelto cercana a los Kain, por lo que se comportaba con soltura con ellos—. Aunque si algo se sabe, no me importaría que eso le provoque un paro cardíaco a mi viejo.

—Y con eso queda en claro que todos estamos en el mismo barco —comentó Ino.

—¿En el de causar la muerte prematura de un hombre? —cuestionó Akatsuki.

Ruka los condujo hacia la zona interior de su casa. Un baño de vampiros era una experiencia ultrasensorial para autoexplorar, tocar, beber y abrazar el más primitivo instinto sensual de la especie. Estos rituales se daban un par de veces al año con el motivo de estrechar vínculos familiares. ¡Hasta los purasangres participaban de vez en cuando, cuando era posible! Aunque Kaname no había vuelto a presentarse en ninguno desde que Yûki se convirtió en su esposa.

Hablando del vampiro, Kaname actuaba extrañamente, es decir, más extraño que lo habitual. Akatsuki había querido averiguar qué era lo que estaba planeando, pero el purasangre era muy evasivo, y salvo algunas órdenes comunes, no había intentado hacer otra cosa. Simplemente les había pedido que cuidasen a Sakura e Ino mientras que Seiren continuaba vigilando a Tengen y Ren. Ellos eran tipos de los que debías tener cuidado, especialmente con el último informe de Seiren, quien había presenciado la apresurada salida de Tori Saitou de la mansión de su abuelo.

"Tu hijo debería vigilar a su amiga, Akatsuki", le dijo Kaname entonces. Kain había percibido las implicaciones en las palabras de su líder. Después de todo, se había permitido que Nagisa conviviera con Seth y Tori en calidad de espía, no con el fin de hacerse su amigo. Sin embargo, Akatsuki no quiso que su hijo se convirtiera en una pieza más, por lo que dejó que las cosas se desarrollaran por su cuenta, consciente que habría podido darse una consecuencia contraria, con Seth y Tori volviéndose los enemigos de Nagisa desde el principio.

"Se han vueltos buenos amigos", le había dicho Ruka hace tantas décadas cuando habían tenido que soportar vivir alejados de su único hijo y las cartas eran la única manera de saber lo que sucedía. Su esposa había sonado feliz, pero Akatsuki había podido percibir el tono de sublime tristeza impregnado en su voz, simplemente la había abrazado y besado su frente para consolarla.

Nagisa era un buen chico. Honesto, sencillo y leal, que no se metía en líos aunque a veces estallara en escenas espontáneas como Ruka en su juventud. Su único hijo que había aceptado la orden de Kaname con calma, casi como si se resignara. La primera carta que Nagisa envió fue sincera sobre sus opiniones acerca de Seth Shirabuki y Tori Saitou.

"Un niño temeroso y desvalido. Una niña enjaulada y triste".

Y con los años eso había cambiado al punto que Akatsuki comprendió que Nagisa había hallado a las personas por las que daría la vida, aquellos quienes se habían ganado su lealtad.

—¡Oh, yo siempre he querido probar ese tipo de baños! —dijo Isamu cuando Ruka le explicó algunas de las tinas especiales que disfrutaría en su cuarto de baños. La chica saltaba de un lado a otro, una pequeña bola de energía entre tantas personas serias—. ¡La casa de tu papás es súper, superior Nagi! ¡No le diría que no a pasar las vacaciones aquí!

Nagisa emitió una sonrisa pequeña hacia la chica y le acarició la cabeza prometiéndole que si lo deseaba y si sus padres lo permitían sería bienvenida cuando quisiera. Akatsuki sintió una ola de calidez y orgullo al ver a su primogénito relacionarse con otras personas. Debido a la orden de Kaname y a lo que sucedió con Himawari, Nagisa había rehusado ampliar su círculo de amigos a pesar de estar en la clase nocturna. Ver que poco a poco se esfumaba su resistencia a acercarse a otras personas mientras avanzaba hacia el futuro le había traído una sensación de alivio a Akatsuki.

"Incluso con la inevitable despedida de Ino y las dificultades que se presentarán al tener una amistad con una Tachibana, Nagisa podría superarlo…", aunque todavía quedaba el asunto de Seth.

Kain tenía la certeza que Kaname no dejaría que el chico siguiera libre.

La estadía de las kunoichis era el tiempo que le quedaba, después de eso Seth Shirabuki volvería a ser encarcelado por el resto de su eternidad. Akatsuki consideró que no era justo, pero no había nada que pudiera hacer. Kaname nunca admitiría que estaba siendo excesivo con alguien que no tenía la culpa de nada, pero su odio hacia Seth era más justificable que el odio que sentía hacia la sociedad vampírica en general, y a sus absurdas reglas e ideas que no había podido erradicar.

—¡Esto es enooooooorme! —exclamó Isamu con los ojitos soltando brillitos cuando finalmente llegaron al famoso salón de baño de los Kain.

La habitación era de treinta por cincuenta metros cuadrados con paredes altas y ventanas adornadas con vidrios cortados de muchos colores. Había varias tinas con diversas sustancias para bañarse, además de aparatos para masajes, bebederos, mesas con fuentes de comida y postres, puertas que guiaban hacia saunas, y tantas cosas que a Isamu le parecieron maravillosas. Había algunos sirvientes, quienes les dieron la bienvenida con una simple reverencia.

—Sé que puede ser algo intimidante al principio, no para ti, Ino, pero para Isamu y Takamiya, así que he incluido un vestidor. Usaremos batas para empezar y si se sienten cómodos podrán quitárselas. Ahora, cámbiense para que podamos comenzar.

La primera en hacerlo fue Ino (Ruka se quedó un momento para explicarle a Isamu el tema del desfogue, por si algo sucedía). Práctica y experimentada, la kunoichi salió del vestidor con la suave bata de lino blanco y el largo cabello rubio suelto cayendo por su fina espalda. Era una imagen sencilla y hermosa, una que los sirvientes no pudieron evitar admirar a una distancia respetuosa.

—Oye, ¿hay loción cubre-aromas? —le preguntó a una linda sirvienta que sostenía un par de toallas—. Ya que me bañaré mi olor quedará al descubierto y eso no será nada bueno.

La chica se sonrojó furiosamente, pero se compuso casi de inmediato. Era nueva trabajando aquí, supuso Ino, ya que los demás sirvientes actuaban con mayor control.

—P-Por supuesto, madame, tenemos loción suficiente para usted. Lady Ruka se encargó de adquirir una cantidad considerable —informó y luego le explicó que podía pedírsela a cualquier sirviente y se la traerían.

Ino asintió con conformidad. Era obvio que Ruka no dejaría suelto un cabo, pero Ino quería saberlo por cuestiones prácticas.

—¿Uh? Qué sorpresa, por como actuaste en las duchas de la asociación creí que saldrías desnuda —el comentario provino de un muy desnudo Kaito, que apareció por su costado izquierdo—, no que me esté quejando. Te ves bien en esa bata.

—¿Saliste así porque pensaste que yo lo haría? Aunque creo que lo hiciste más por molestar al rubio imbécil que por otra cosa.

—La expresión que puso ya hizo que este día valiera la pena —admitió Kaito sin vergüenza, sonriendo por la cara compungida que Hanabusa había puesto al verlo en pelotas.

La altura de Kaito sobrepasaba la de Ino por poco, por lo que ella pudo ver sin esfuerzo las cicatrices que marcaban la piel del cazador. Tenía de varios tipos, de mordidas, rasguños, incluso de armas.

—Geniales cicatrices, por cierto —dijo ella ocasionando una sonrisa en el cazador.

—¿Quieres escuchar la historia de alguna? —propuso ladeando su cabeza hacia ella.

—Quizás después —respondió evadiendo el acercamiento de Kaito. Ino estaba al tanto de sus miradas poco discretas, de los sentimientos que sus ojos revelaban a una experta como ella. No iba a darle ninguna esperanza ya que le había quedado claro que algo tan simple como una relación se volvería un asunto complicado con alguien como él.

Kaito era demasiado ambicioso, pragmático y desconfiado como para que funcionara y si había algo que Ino no iba a hacer era rogarle a alguien. No quería estar buscando afecto en alguien que podría utilizar como un arma para desarmarla.

—¿Es una cita, acaso? —preguntó Kaito sinuosamente.

Ino percibió con claridad el deseo en los ojos nacarados del hombre. Se sintió levemente sorprendida, pues Kaito era capaz de ocultar lo que quería de manera decente. Ver que estaba siendo deliberadamente sincero con eso hizo que Ino pensara que el idiota probablemente había llegado a un tipo de resolución y estaba actuando acorde a ella.

—Para nada —le miró directamente para dejarle en claro que su presencia no la afectaba. Kaito era guapo, no iba a negarlo, pero si pensaba que eso bastaría para obtener algo de ella, podía quedarse esperando una eternidad. Ino no llegó a ser una de las mejores alumnas de Ibiki por permitir que alguien endemoniadamente atractivo intentara cortejarla—. No eres mi tipo, Kaito, eres demasiado viejo.

—Vamos, ¿qué son cincuenta años de diferencia? No es mi culpa tener la Maldición de la Sangre.

En las últimas décadas se habían presentado casos de cazadores que sobrepasaban la expectativa de vida natural. No era extraño que pudieran vivir más años de lo común, pero lo cierto era que ninguno cazador estaba exento de envejecer y morir. La existencia de Kaien Cross había desafiado esta regla, y con más de doscientos años, era uno de los cazadores más viejos de la actualidad. Sin embargo lo que se había pensado como un caso único se había convertido en una condición aparentemente general, cuando Toga Yagari, Kaito Takamiya, Runa Tachibana y Mitsuri Katsuragi notaron que su desarrollo se estancaba, como si en su organismo se hubiera detenido el tiempo. Los expertos no sabían qué sucedía. Las investigaciones no arrojaban resultados concretos. Ante la incertidumbre hubo quienes empezaron a llamarlo la Maldición de la Sangre, el castigo por haber consumido sangre y carne de vampiros hace miles de años. A Kaito le había parecido una estupidez en su momento, pero ahora con setenta años y la apariencia de un muchacho de treinta empezaba a entender que su existencia no iba a ser como la de muchos de su bando.

—¿Temes que te suceda lo mismo que a Cross? —dijo Ino. El director había sufrido malestares recientes que él solía achacar a la edad. Sakura había querido hacerle pruebas, pero Kaien había insistido que estaba bien y no debía preocuparse. Sakura planeaba insistirle cuando lo del baile acabara.

—Creí que habías dejado claro que no te preocupabas por mí.

—Es una pregunta.

—Aun así tienes que admitir que es extraño.

—No la has respondido.

—No quiero parecerme a ellos —dijo Kaito finalmente, sabiendo que Ino entendería a quien se estaba refiriendo—. Soy consciente que es un pensamiento infantil, pero… no quiero. ¿No es suficiente ya con haber obtenido estas habilidades después de haber bebido su sangre? No ser un humano totalmente…

—Si estoy entiendo, ¿quieres tener el poder para matar vampiros, pero no tanto como para que puedas ser llamado monstruo? ¿A qué te refieres con lo de ser un humano? ¿Crees que es tanta la diferencia entre especies? —inquirió Ino sin darle la oportunidad de replicar. Kaito tendría que entender por las malas que su negación y rencor sólo amargarían su vida, una vida que parecía dispuesta a alargarse indefinidamente. Ino no era la salvadora de causas perdidas, pero si podía ponerle los pies sobre la tierra a un idiota remilgado, así lo haría. Le había prometido a Sakura que haría el esfuerzo al menos—. Vampiros, humanos, cazadores, incluso shinobis, somos todos iguales. Todos necesitamos matar para vivir. No hay otro camino, no hay otra forma. El cómo se haga es lo importante y lo que parece ser el maldito problema. Los crímenes que cometen los vampiros a causa de su naturaleza no son más atroces que los que los humanos llevan a cabo por su cuenta. La crueldad no distingue entre especies, cazador.

—No es lo mismo.

—No te lo parece porque te arrebataron algo —dijo Ino—. Cuando pierdes a alguien que amas, no importaba cuan indiferente o insensible seas, cuan fuerte y resistente te veas, el dolor cambia la forma en que percibimos al mundo y sus colores. Lo más lamentable y paradójico es que debemos continuar a pesar de ya no ver lo mismo, y aun así, seguir haciendo lo correcto.

Durante un momento ambos permanecieron en silencio. El mundo pasando a segundo plano con ambos mirándose directamente.

—¿Esto es lo que te dices a ti misma siempre?

"Hasta el metal más fuerte se doblega ante miles de golpes constantes", Shikamaru no solía jugar shouji con ella porque la partida se convertía en un largo y lento proceso, con ambos planeando sus movimientos con demasiado cuidado, Shikamaru con estrategias complejas, Ino buscando aperturas y cualquier debilidad. Pero ese día habían decidido jugar para pasar el rato después de celebrar el tercer aniversario de la muerte de Chouji y sus padres. "Si no eres flexible en algún punto te quebrarás".

"¿Tratas de sermonearme, Shikamaru? Primero deja de fumar dos cajetillas diarias y entonces tendremos algo de qué hablar".

Pero Shikamaru tenía razón (el bastardo siempre la tenía). Ino no podía atribuirle a su entrenamiento con Ibiki el aparentar sosiego todo el tiempo, pero no sentir era mejor que vivir con dolor. Era mejor creer que nada podía conmoverte que aceptar que todavía no superabas una perdida. Ino comenzaba a entender a lo que se referían Shikamaru y Sakura —incluso Isaya—, en algún punto iba a quebrarse… justo como cuando Ren logró acceder a sus recuerdos llegando a momentos de su vida a los que Ino había tratado de enterrar.

—Cuando tenía quince años, mi maestro fue asesinado por un hombre de una organización secreta —reveló sintiendo una presión sorprendente en el estómago y los hombros. Hablar con sinceridad ante un extraño, no, ante alguien como Kaito, que había demostrado que podía traicionarla, era complicado. Pero decidió seguir el ejemplo de Sakura, dar un paso hacia un futuro incierto que abrazaría con valor; además, si Kaito decidía volver a traicionarla ni siquiera Sakura sería capaz de disuadirla de asesinarlo—. Quien lo mató era un fanático religioso con una habilidad que le permitía sobrevivir a cualquier ataque. Un inmortal humano. No me extenderé con los detalles, pero mis amigos y yo estuvimos pudimos derrotarlos a pesar de que pudo costarnos la vida… después entendí que habíamos cometido un error. Si hubiéramos perdido la pelea, nuestras muertes habrían sido el abono a una guerra, Kaito. El precio de una venganza no sólo lo pagan quienes la llevan a cabo, sino también personas inocentes. La muerte de ese tipo no representó ningún conflicto ya que era un renegado, ¿pero si no lo hubiera sido? ¿Habría estado en paz conmigo misma sabiendo que mis decisiones habrían causado tanto caos y destrucción? Entiendo lo que dices y lo que haces, Takamiya, te lo dije antes, ¿no es así? Pero… piensa en esto: si vas a vivir más de cien años, ¿seguirás como hasta ahora?

Kaito habría querido decir sí, que podría vivir mil años odiando a los vampiros, que nada cambiaría el desprecio que les tenía, ¿pero era su yo racional él que lo pensaba o sólo su testarudez? Kaito había llegado a comprender que no sólo los cambios estaban suscitándose a su alrededor, sino también dentro sí, ya había aceptado que Sakura e Ino habían transformado algo dentro de él, y aunque aún no tomaba una forma definida, sabía que no se trataba de odio. Era algo nuevo y apabullante que Kaito había decidido dejar ser ante el miedo de convertir ese algo nuevo en el mismo sentimiento negativo que había albergado su corazón durante tanto tiempo.

—Lo pensaré… si tú me prometes que también lo harás, Ino —dijo Kaito decidiendo que no podía ser de los que daban pasos apresurados hacia un nuevo panorama. Él daba pasitos pequeños, medidos, temiendo caer en algo que no sería capaz de manejar.

—Qué inesperado, casi parece que te preocupas por mí —bromeó Ino percatándose que la mirada de él rebosaba de un casi imperceptible miedo. Ah, ¿entonces estaba hablando en serio? Ino tuvo que admitir que Kaito tenía agallas una vez se decidía a dar el paso—. Yo…

—¡Ya vine! ¡A bañarse, a bañarse!

El grito de Isamu puso fin abruptamente a su conversación. La joven cazadora había aparecido como dios la trajo al mundo dando saltos por todos lados, mientras Ruka y el resto de invitados se acercaban, todos estaban desnudos. Isamu brincó hacia Ino, sosteniéndose de ella y mostrando una gran sonrisa. Era evidente que la charla con Ruka había tenido éxito.

—Oh, y yo que me puse la bata porque creí que todos lo harían —admitió Ino—. Bien, que no se diga que actué sin considerar la sensibilidad de los demás.

Hanabusa frunció los labios captando la indirecta, pero no dijo nada. Ciertamente no podía recriminarle ya que Ino no había sabido nada de la naturaleza de un vampiro, y aunque lo hubiera sabido, Hanabusa tenía que haberse esforzado en mantener sus deseos a raya y no reaccionar como un animal.

—¿Estás bien? —susurró Akatsuki cerca de él.

—Lo estoy —aseguró Hanabusa. Su primo era el único que sabía sobre lo de las duchas de la asociación—. ¿Cuento contigo si pasa algo?

—¿Y no prefieres a Takamiya? Digo, ya que pareces tener un gusto por los de su clase.

Una vena saltó de la frente de Aido. ¡Él no tenía una preferencia por los cazadores (aunque podía admitir que eran atractivos y buenos amantes —al menos con Zero lo había comprobado)! Los gustos de Hanabusa eran simples. La belleza era lo primero que buscaba, por superficial que sonara; pero no una belleza simple sino aquella que quita el aliento. Durante sus años en la Academia Cross, Hanabusa había compartido su cama con la mayoría de sus compañeros y alguno que otro amante foráneo. Había sido natural para él, y lo seguía siendo, así como también lo era para el resto de su especie, buscar compañeros dispuestos al desfogue.

—Lo único malo es que estás aquí, Kaito —comentó Isamu a su primo mientras Ruka le daba órdenes a los sirvientes de preparar las bañeras principales. Ino se había pegado a Nagisa haciendo que enrojeciera con comentarios sobre que su amistad se había vuelto más abierta y sin barreras, para la diversión de Akatsuki—. De verdad, no creí que te unieras. Pensé que permanecerías en la academia como el viejo gruñón que eres.

—Y yo pensé que eras una niñita malcriada y cruel que nunca se atrevería a contradecir a Iwari Tachibana, su inepto e idiota padre —replicó Kaito sin ningún atisbo del habitual tono bromista que usaba con ella. Al estar todos dispersos, no se necesitaban más caretas. Las expresiones en los rostros de ambos primos cambiaron, mostrando lo que realmente sentían por el otro: una total indiferencia—. Has cambiado, Tachibana.

Tachi era sólo un diminuto para molestarla. Antes de que todo sucediera Kaito e Isamu solían hablarse usando sus apellidos, para hacer evidente que estaban unidos solamente por la sangre. Nunca fueron cercanos ni siquiera intentaron llevarse bien cuando se sugirió un compromiso entre ellos.

—Tú también, Takamiya —una sonrisa sincera, quizás la primera de Isamu hacia su primo, fue el gesto más cercano que tendrían entre sí—. Aunque no lo quieras creer.

—Tal vez, tal vez —Kaito se permitió esta diminuta confesión sólo para ella. Isamu era quien mejor podía comprender su situación, después de todo, también había estado en una similar hace bastante tiempo—. ¿Qué tal van las cosas para ti?

—Mi padre está furioso por el nombramiento de mamá y yo estoy orgullosa de ella. Cuando le dije a padre que la Asociación de Cazadores estaría en buenas manos, me miró como si hubiera perdido la cabeza lo que me alegró mucho —la chica cerró los ojos durante unos segundos, en los que Kaito pudo ver al fin la semblanza entre los rasgos de Isamu con los de Runa—. Se vienen tiempos mejores.

—¿En serio lo crees?

—¡Obviamente sí! Si no lo creyera no estaría aquí —Isamu le enseñó la lengua con actitud infantil, haciendo que Kaito casi revoleara los ojos—. Quizás dudes de mí y no te he dado razones para pensar lo contrario, pero… en verdad creo que las cosas mejorarán. Puede que ellas llegaran por coincidencia, pero han hecho mucho por este mundo. Quiero ayudar a mantener lo que han creado. Quiero que las siguientes generaciones conozcan su legado. Cuando sea el momento y me nombren presidenta de la Asociación de Cazadores haré muchas cosas, ¡pero nada de lo que quiera mi padre!

Sueños de ingenuidad de una niña todavía ingenua. Kaito sabía que el mundo era cruel y que las chicas como Isamu tendían a toparse con realidades aún más crueles. Su prima hablaba con esperanza en su tono de un futuro que no se veía prometedor. Kaito estuvo tentado de decirle que no se engañara con tontas ilusiones, sin embargo, ¿quién era él para menospreciar los sueños de los demás? Durante décadas el único sueño que Kaito había tenido había sido una ferviente representación de su anhelo de venganza; un sueño de muerte donde los vampiros finalmente eran erradicados del mundo…

"Pero eso ya no te traería alegría, ¿verdad?", insinuó una voz en su mente que tenía un ligero parecido a la voz de Ino. "Al menos no la total alegría que habrías esperado".

Kaito a los vampiros con los que había tenido que convivir al tener que custodiar a las kunoichis. Relacionarse con ellos, reírse de sus bromas, intercambiar pensamientos, discutir tranquilamente… besarlos, había contribuido al crecimiento de un pequeño, pero potente sentimiento en su corazón que Kaito jamás podría expresar en voz alta. Quizás por eso había aceptado venir con los Kain a su mansión a compartir una experiencia demasiado íntima. No tenía que ver con que tuviera el trabajo de vigilar a Ino, ya se había convertido en un asunto totalmente distinto. Quizás era que había descubierto que no todos los vampiros eran criaturas hermosas sin escrúpulos. Quizás era que había descubierto que no le molestaba que algunos de ellos se le acercaran. Quizás que el beso que Senri le había dado le gustó más de lo que había creído.

Quizás se debía a que Kaito al fin había aceptado que no le desagradaban (al menos no aquellos vampiros con los que había interactuado tan cercanamente).

Cuando Ruka los llamó para empezar, Kaito se tomó unos segundos para observar el lugar donde se encontraba y con quiénes estaba. Si le dijeran a su yo de hace cincuenta años que estaría dispuesto a estar desnudo frente a un montón de chupasangres (nada menos que los Kain, una de las familias que apoyaba fervientemente a Kaname), muy seguramente se habría reído y matado al desgraciado que dijera semejante aberración. Sin embargo, su yo de ahora se sentía a gusto en las circunstancias actuales.

"Viviré más de dos siglos", tal vez más. Kaito tenía el presentimiento que de los portadores de la Maldición de la Sangre sería quien más viviría de todos. La perspectiva de una vida larga lo agobiaba. No era algo que un humano (incluso un súper humano como lo eran los cazadores) pudiera sobrellevar. Kaien era la prueba de ello, si no fuera por la actitud tonta que tomaba en ocasiones se habría vuelto loco. Los humanos no estaban hechos para vivir durante tanto tiempo. "¿Es acaso éste mi castigo por dejar que la oscuridad me consumiera?".

Kaito se negaba a aceptar que esto era un castigo divino. Si dios —si es que acaso existía uno— consideraba castigarlo de esta manera por sus pecados, ¿por qué no hacía lo mismo con los vampiros? ¿Por qué a él sí y a otros (monstruos más terribles) los ignoraba? Kaito suspiró y decidió deshacerse de pensamientos tan molestos e inútiles. Hace ya mucho tiempo había aprendido que si querías justicia tenías que hacerla con tus propias manos.

A propósito, Kaito miró a las suyas por un momento. No vio nada en ellas salvo sangre.

"Está bien, siempre he aceptado lo que soy", se dijo caminando hacia Ruka con la intención de preguntar con qué debía empezar. "Sin embargo, también puedo aceptar que puedo cambiar. Si voy a vivir durante siglos tengo que resignarme a la paradoja del destino y el cambio".

Era un pensamiento que un vampiro tendría, Kaito estaba consciente de eso. Pero por primera vez en su vida, no le importó la relación.

Él estaba dando su primer paso.

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—¡Otra vez, otra vez! —exclamó una pequeña niña de cabello negro, a risotadas, mientras era balanceada por el poder telequinético de Seth. Las hojas caídas bailaron al son del poder del purasangre haciendo que el espectáculo fuera mágico y hermoso—. ¡Más alto, más alto!

—Si lo hago tu madre me matará y eso arruinaría la diversión, ¿no lo crees? —comentó Seth. A pesar de su advertencia cedió ante la niña de cinco años porque no podía negarle nada a esa sonrisa tan dulce.

Rima y Senri habían tenido que considerar la presencia de Seth y Tori por lo que habían tenido que planear algo más simple: un picnic en la finca de los Touya seguido por una especie de pijamada. Afortunadamente el clima había templado como para permitir el evento, por lo que durante toda la mañana Sakura pudo disfrutar del aire fresco, los cielos despejados y el aroma otoñal del vasto jardín, además de conocer a la familia de Rima.

Katsuya Souma, el esposo de Rima, era un vampiro de una familia de la nobleza de baja cuna. Era alto de cabello recortado y profundos ojos del color de las avellanas, tenía la voz gruesa y un tono amable al hablar. Él les había dado la bienvenida con los brazos abiertos, ofreciéndoles las comodidades de su hogar desde el principio, siendo el mejor anfitrión.

—Creo que Seth Shirabuki acaba de robarte el título del tío favorito de Kuina, Senri —dijo Katsuya dándole una palmadita en el hombro. Senri demoró su atención en el purasangre que había conseguido que Kuina se elevara más allá de lo seguro en el aire—. Pero pienso que para Uta todavía lo sigues siendo. Mi segunda hija te adora.

—Pues no creo que sea así en este momento —respondió Shiki con tranquilidad, cortando una pieza de pollo frito con los cubiertos—, ella ya me reemplazó también.

Katsuya miró hacia donde Senri había dirigido su atención. Sentada sobre una manta a cuadros, Sakura jugaba con Uta Souma, una linda niña de tres años que era la viva imagen de Rima a pesar de haber heredado el color del cabello y los ojos de su padre.

—¡Mira esto, Sakuya, mira! —pidió Uta mostrándole un montón de hojas rojizas que había estado recolectando con Chiasa. Era la única entre los tres hijos de Rima quien más se había apegado a Sakura desde que llegó esa mañana.

—Qué lindas —dijo Sakura tomándolas con cuidado, estudiándolas con detenimiento, como si fuesen lo más valioso del mundo—. Bien hecho, Uta, con éstas tenemos las necesarias para hacer los separadores.

—¡Sí, sí, paya dayselas a todos! —aplaudió con entusiasmo—. ¡Una paya ti, ota paya mi hemanito, ota paya papá y mamá…!

—Sí, así es, para todos. Pero ahora tenemos que reunir el material para terminarlos. Tenemos que conseguir papel, cinta adhesiva, cordón… aunque creo que primero debemos guardar estas hojas en una caja, para que no se rompan o maltraten.

—¡Tengo una en mi alcoba! ¡Vamos poy ella!

—Las acompañaré —indicó Rima dejando al pequeño Arashi, un bebé de siete meses, en los brazos de su padre. Arashi era el único que tenía el cabello rubio y los ojos azules de Rima.

—No dejes que Uta monopolice a nuestra invitada o será difícil que la deje ir mañana al baile —dijo Katsuya sosteniendo a Arashi como si fuera el mayor de los tesoros.

—Tranquilo, cariño, lo tengo bajo control.

Sakura dejó que Uta la tomara de la mano y la guiara hacia el interior de la casa mientras Rima las seguía. Uta empezó a contarle a Sakura un montón de cosas de cada pensamiento que se le ocurría. A Rima no le pasa desapercibido que a pesar de la poca coherencia con la que su hija se expresaba, Sakura le prestaba atención y memorizaba todo lo que decía.

La modesta casa de los Souma había sido la herencia que Katsuya Souma, el esposo de Rima, obtuvo por parte de su abuela. No era para nada vistosa y espectacular como las mansiones de muchas familias de vampiros ya que el linaje del que descendía Katsuya no era de alta cuna como el de Rima. Pero eso no importaba, la casita era acogedora, cálida y bella, del tipo que a Sakura le gustaría tener si algún día formaba una familia. Había cuatro habitaciones, dos cuartos de baño, una cocina, una sala, y un amplio jardín con árboles altísimos.

—¡Po' aquí, po' aquí! —dijo Uta entrando a su habitación. Tenía las paredes tapizadas con dibujos y muchos cojines de distintos tamaños y colores tirados en el piso. A Sakura le llamó la atención el collage de recortes de noticias donde ella e Ino aparecían, colgado al lado del espejo del tocador—. Deja la busco.

—Todos le ayudamos a hacer ese collage —le dijo Rima cuando Uta se escabulló debajo de la cama para buscar la caja—. No pasa un día sin que esté ansiosa de escuchar noticias sobre la asombrosa Sakura Haruno. A Ino también la admira, pero tú eres su heroína.

—Aunque no lo creas escuchar eso es extraño para mí. Se siente como… bueno, no mal, pero raro. Incluso de dónde vengo, cuando los niños se me acercan para conocer a la famosa Sakura del Puño Sanador no puedo evitar sentir un poco fuera de lugar.

—¿Uhn? ¿Por qué? Tu fama es bien merecida, Sakura. Dejar que te halaguen un poco no va a hacer que seas menos humilde.

—Es cuestión de gustos, ¿sabes? De niña moría por obtener atención y reconocimiento, pero luego no fue… bueno, era difícil para mí aceptar halagos ya que no me sentía segura de si lo que estaba haciendo era útil o no. aunque creo que debo empezar a aceptar algunos elogios y a no menospreciar mi capacidad.

—Has cambiado, Sakura —el comentario la tomó por sorpresa, pero aun así su postura no se descompuso. Sakura miró hacia Rima quien la observaba con sus insondables ojos azules.

—Creo que… creo que sí, Rima, aunque no sé si vaya a ser bueno o no.

—¿Te refieres a si será bueno para los demás?

Sabiendo que Rima conocía la dinámica de su relación con Naruto y Sasuke, Sakura decidió que podía contarle sus dudas. Después de todo, Rima había mostrado ser confiable y comprensiva, e indudablemente tenía más experiencia que ella al haber vivido más del doble de su vida.

—No me malentiendas, no me echaré para atrás sólo por la posibilidad de herir sus sentimientos.

—Pero temes herir sus sentimientos y que tus decisiones los alejen —planteó Rima con cautela.

—Sí —aceptó con honestidad. Recordó su conversación con Ruka acerca de los sentimientos que creía que tenían hacia ella… las dudas que eso le había generado habían logrado que fuera difícil dormir—. No puedo seguir viviendo con ellos de la misma manera, Rima, pero temo que dar este paso arruine nuestra amistad. ¿Y si por mi egoísmo salgo perdiendo más? Suena estúpido, pero aunque no quiero seguir tampoco deseo que me dejen, ¿es que esto tiene algún sentido?

Una mano amable se posó en su hombro. Cuando Sakura se atrevió a levantar la mirada, Rima le estaba sonriendo con comprensión.

—Lo tiene —dijo con un tono que a Sakura le recordó a una madre (uno que su propia madre rara vez utilizaba con ella).

—Estoy renunciando a ellos. Los estoy abandonando para salvarme.

—A veces es lo correcto.

—No lo sé. Entiendo que lo nuestro es complicado y que parece haberse torcido, pero yo…

—No eres la única responsable en esa relación complicada y torcida. Lo que sea que haya sucedido no es enteramente tu culpa, y al decidir alejarte de ello para replantear tus sentimientos es egoísta, sí, pero no desconsiderado. No puedes salvar a alguien que no quiere que lo salves. Una vez que Naruto y Sasuke se den cuenta de lo mismo que tú, lo que ellos hagan no es tu responsabilidad. Ellos pueden continuar con lo que tienen si así lo desean o hallar su propia resolución. Hay batallas en las que no puedes interferir —y la vampira se dio cuenta que había tocado un punto sensible cuando la mirada verde de Sakura se apagó y se abrazó a sí misma—. Haz decidido salir de la zona de confort en la que duraron estáticos tantos años, es normal que temas a lo que pueda ocurrir.

—No quiero que me odien.

—Tú misma quieres saberlo, ¿no es así? La incertidumbre se acaba cuando haces algo. Pero no deberías esperar un resultado tan desolador, Sakura, incluso si no parece que vaya a ser fácil, los conoces bien. ¿En serio crees que se alejarán totalmente de ti?

La extraña relación que tenían se sostenía por varias columnas, pero ella no era una de ellas, si se le permitía estar cerca de ellos era por… no tenía una respuesta a eso tampoco. Naruto y Sasuke tenían un vínculo especial potencializado por un destino compartido desde varias vidas pasadas, ¿qué pintaba ella en ese cuadro, cuando su existencia era totalmente común en comparación de la de ellos? A veces era difícil no tener este tipo de pensamientos. Sakura estaba cansada de sentirse de esta manera, pero Rima tenía razón. Si quería cambiar la situación tendría que enfrentar circunstancias desconocidas y muy dolorosas. Pero sopesar la posibilidad de que dos de las personas más importantes de su vida terminaran odiándola y dejándola atrás nunca sería fácil.

—¿Senri te ha contado nuestra historia? —preguntó Rima repentinamente.

—Un poco, sí —admitió, decidiendo ignorar el abrupto cambio de tema—. Sinceramente no le he preguntado. Pienso que es algo que no debe ser contado a la ligera y no quise ser indiscreta.

—Y es por eso que debes saber, quizás puedas sacar algo de mi experiencia —dijo Rima convencida—. Senri y yo salimos formalmente después de terminar nuestros estudios, cuando lo sucedido con Sara Shirabuki había terminado. Lo nuestro comenzó bien, al fin y al cabo, ya habíamos pasado por dificultades antes. Fueron treinta años de buenos momentos y buena compañía.

—Eso es mucho tiempo —dijo Sakura consciente que para los vampiros podría ser no ser mucho realmente.

—Sí, fueron años memorables.

—¿Qué cambió?

Nada y todo —respondió Rima—. Caricias que no producían fuego. Sangre que ya no satisfacía nuestra sed. A veces me preguntaba si era alguna falla en nosotros, si acaso no estábamos esforzándonos lo suficiente.

—¿Lo intentaron?

—Oh, muchas veces. Tratamos de arreglar lo nuestro de múltiples maneras, agotar todos los recursos. Pero todo nos llevaba a una misma conclusión que no quisimos aceptar por lo que significaba —en ningún momento Rima dejó de mirarla—. Senri y yo habíamos pasado años luchando para estar juntos, atravesamos diversos obstáculos y adversidades y vivimos un tiempo como amantes, si nuestro amor era tan grande y fuerte como suponíamos, ¿por qué no bastaba? ¿Por qué cambiamos hasta llegar a este punto? Postergamos la confrontación durante mucho tiempo. Nos enfocamos en la rutina y la comodidad creyendo que eso solucionaría todo. No funcionó. La rutina volvió los días tediosos y aburridos, y ya no existía entre nosotros nada de comodidad.

—¿Qué sucedió después?

—Lo nuestro empezó a erosionarse, a transformarse en algo indiferente y monótono. No había ni siquiera esa chispa de nuestros primeros años de amistad. Cuando nos dimos cuenta empezamos a odiarnos y decidimos solucionarlo. Necesitábamos poner las cartas sobre la mesa y eso implicó ser tan devastadoramente honesto con lo que sentíamos, así que fue imposible no lastimarnos.

—¿Cómo estuviste tan segura de que tus sentimientos por Senri cambiaron tanto? ¿Cómo pudiste enfrentar el hecho de que realmente no lo amabas tanto?

—Ah, pero lo quería, Sakura, de eso no dudes nunca. Amé y sigo amando a Senri, sólo que la clase de amor que siento por él no está al nivel de lo que siento por Katsuya.

—¿Cómo sabes que Katsuya es el indicado? ¿Cómo supiste que esta vez era ese tipo de amor?

—Sólo lo sé —respondió Rima—. Los sentimientos pueden ser tan intensos que pueden llegar a ser confusos, pero en ocasiones sólo lo sabes. Senri y yo decidimos separarnos para poner en orden nuestras vidas y no dejar que todo se perdiera. No queríamos dejar de ser amigos, pero para lograrlo debíamos trabajar por nuestra cuenta en nosotros mismos y así lo hicimos. Cuando nos volvimos a encontrar habíamos cambiado de nuevo, pero eso no fue malo. Tuvimos que conocernos otra vez, descubrir lo que el otro había hecho durante ese tiempo y descubrimos con grata sorpresa que nuestro cariño no se había perdido. No volveríamos a ser pareja, pero sí amigos.

—¿Y eso… eso no te hizo sentir mal?

—¿Qué exactamente, Sakura? Nunca dije que dejé de quererlo.

—No, eso no, yo sólo… si pasas toda tu vida diciendo que quieres a una persona y repentinamente eso cambia, entonces… podría decirse que realmente no era tan importante para ti.

—Amamos todo el tiempo, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestros amantes, a nosotros mismos. Y eso cambia constantemente; se intensifica, se fortalece, se desvanece, se transforma en otra cosa. El valor de nuestros propios sentimientos sólo lo sabemos nosotros. A ti podría parecerte que sólo me rendí con Senri, pero el trasfondo sólo yo puedo conocerlo. En ese sentido nadie puede decirte qué debes sentir, pero para poder hacerlo hay que conocer tus límites para saber cuándo debes dar un paso atrás o cuando debes esforzarte para continuar. Eso no te hace cobarde o hipócrita, sino consciente de lo que tu propia existencia puede convertirse para la persona que quieres —dijo Rima—. Entendí eso cuando conocí a Katsuya. Él es un noble de baja cuna así que nuestra relación debió enfrentar obstáculos distintos a los que tuve con Senri, pero en este caso los esfuerzos que hice no me parecieron una carga. No me dejaron esa sensación de ¿Por qué sigo haciendo esto?, y eso lo decidió todo, ¿lo entiendes?

—Creo que sí —respondió suavemente—. Aunque también creo que es difícil ponerlo en práctica.

Rima se rió con ligereza al mismo tiempo que su hija salió de debajo de la cama con una cajita rosa entre las manos. Rima acogió a su hija entre sus brazos para brindarle caricias y besos en la frente. Al verlas Sakura pensó que tal vez se había comportado un poco juiciosa ante la situación de Rima. Ella y Senri habían sido pareja durante treinta años, pero no habían tenido hijos (Senri le había contado que deseaba formar una familia, por lo que a Sakura le extrañó que no los tuviera con Rima). Los hijos no necesariamente eran la evidencia del amor en un matrimonio, pero suponía que sí lo era en el de Rima y Katsuya.

Uta se acomodó en el regazo de su madre mientras Sakura le pasaba las hojas para que las acomodara adentro de la caja. Nadie estaba hablando, excepto por las pequeñas interrupciones de Uta explicándole a Sakura qué hoja estaba destinada para cada persona en la finca.

El silencio le permitió pensar.

No había mentido al decir que tenía miedo. Sin embargo, tampoco quería caer en lo fatalista. Si iba a hacerlo lo mejor que podía hacer era armarse de valor y hablar con claridad. Si le hubieran preguntado hace cuatro meses si todo estaba bien con Naruto y Sasuke habría respondido que sí. Pero durante este tiempo tuvo que admitir que no era así, que lo que sentía hacia ellos no era claro y que no quería continuar sin preguntar. Ya era hora de que tomara las riendas de sus sentimientos, encontrara respuestas y lidiara con las consecuencias.

—Gracias, Rima, por tus amables palabras. Creo que finalmente seré capaz de reunir el valor que necesito para dar ese paso.

—Eres mi amiga, Sakura, aun cuando dejes este mundo tendrás mi apoyo en lo que sea que decidas hacer con tu vida.

Ambas mujeres se sonrieron mutuamente haciendo que la pequeña Uta las observara con confusión, sin entender qué era lo que había sucedido en su ausencia. Clamando por la atención de Sakura, la niña pidió que le volviera a contar una historia de su trabajo en los hospitales, de cómo curaba y ayudaba a las personas.

—Cuando sea vrange, queyo ser como tú —declaró Uta.

Decir que eso no conmovió a Sakura sería una mentira. Enternecida por la inocencia de Uta, la kunoichi depositó un beso en su frente y le sonrió dulcemente.

—Cuando crezcas serás lo que tú decidas ser. Y si deseas ayudar a los demás, entonces hazlo.

—Te lo prometo —dijo la niña enganchando su meñique con el de Sakura.

Cuando salieron al jardín de nuevo, Uta corrió con Katsuya a contarle sobre la reciente promesa que había pactado con su heroína. Rima tuvo que acercarse a ellos para evitar que los chillidos emocionados de Uta despertaran al durmiente Arashi. Para darles espacio, Sakura optó por sentarse debajo de un grupo de arces y serbales, para así observar a sus amigos. Senri y Seth habían creado una especie de columpio con sus dones para Kuina, quien se balanceaba felizmente. Zero y Chiasa jugaban cartas en un cómodo silencio, ambos se veían relajados y entretenidos.

Sakura sintió que su pecho se aligeraba. Sí, se dice a sí misma, podrá con lo que venga. Siente el cuerpo adolorido y sabe que su fuerza ha menguado, que necesita volver a casa a recuperarse y a poner en orden su vida, que tiene mucho trabajo por hacer y que debe hacerlo por sí misma. Muchos le han ayudado hasta ahora y ella siempre estará en deuda con ellos, pero esto lo tiene que hacer sola.

La risa de Seth llamó su atención de vuelta a la realidad. Observó al joven purasangre subirse al columpio con Kuina, alcanzando alturas sobrehumanas para gran diversión de la niña. La escena la llena de una calidez indescriptible.

—¿Puedo sentarme aquí?

Sakura giró hacia donde Tori se mantenía de pie. La vampira llevaba recogido su cabello en una corona de trenzas que estilizaba la curva de su cuello y hombros haciéndola parecer una verdadera princesa. La belleza de los vampiros continuaba impresionando a Sakura, sobre todo la de Tori, quien era una de las mujeres más hermosas que hubiera visto jamás.

—Adelante, Tori —se hizo a un lado para darle espacio donde pudiera sentarse sobre la manta en el suelo. El viento sopló tenuemente causando una lluvia de hojas secas, un espectáculo agradable en el que Sakura se permitió perderse por unos momentos, bajando su guardia frente a Tori.

Si la otra lo notó a Sakura no le interesó. Este día era para pasarla bien y prepararse para su primer baile, un evento que decidiría el curso de sus siguientes acciones. En cuanto ella e Ino pudieran dejar atrás su falsa enemistad, más pronto podrían trabajar juntas para volver a casa.

—Es mejor que lo dejes por la paz. Seth no merece que alimentes una falsa esperanza.

Las hojas seguían cayendo. El sonido de la risa de Kuina fue acompañado por el de Uta cuando también exigió columpiarse. Ve a Rima y Katsuya compartir un abrazo mientras miran a sus hijas jugar. Chiasa barajea las cartas mientras Zero aguarda (es imposible para Sakura no notar que los ojos argentos del cazador la ven de reojo, asegurándose de que está bien).

Sakura respira profundamente, llenándose del aire tranquilo de su entorno.

Tori había estado vigilándolas, a ella y a Ino, desde que llegaron por órdenes de Tengen Saitou. No estaba molesta por eso, ni siquiera ofendida y ciertamente lo había esperado. Tengen es listo y ha actuado con sigilo y cautela sin levantar sospechas, pero también es ambicioso y confiado. Usó a su nieta como pieza en su juego sabiendo que Sakura e Ino lo descubrirían y que no podrían hacer nada para evitarlo, al menos no sin que Tori se llevara la peor parte por no haber realizado bien una orden.

Nagisa le había contado a Sakura sobre la reputación del hombre. La kunoichi no subestima la información —que es poca y eso la alertó más—, porque sabe que está en desventaja y que lo único que ha impedido que Tengen o alguien lo suficientemente consciente de su estado actual la derribe, es la constante protección que sus amigos en este mundo le brindan.

Y uno de ellos es Seth.

Por eso Sakura no tomó las palabras de Tori como un reproche sino como una declaración de una mujer preocupada por un buen amigo. En eso al menos pueden coincidir.

—Seth intentó pedirme lo mismo —respondió con la voz nivelada. No tiene el objetivo de molestar a Tori. Como ya se dijo, ambas están en el mismo barco—. Mi respuesta sigue siendo la misma que le di a él.

—Eres cruel.

—No eres la primera que lo dice.

—Entonces, ¿por qué insistes?

—¿Por qué no he de hacerlo? —cuestiona verdaderamente curiosa—. ¿Qué es lo que te molesta exactamente, Tori? ¿Qué alguien quiera ayudarlo? ¿Qué no seas tú ese alguien? ¿O quizás planeabas dejar que todo siguiera su curso, ya que te da igual que Seth sea encerrado mientras eso lo mantenga con vida?

—Seth es importante para mí, así que no vuelvas a decir algo tan absurdo.

—Realmente no te parece absurdo, Tori, considerando que es lo que quieres hacer, ¿no es así?

Tori quiso replicar, pero cuando abrió la boca ninguna palabra salió de su boca. Recordó que la mujer a su lado no era estúpida, y que dadas las circunstancias, era quien mejor había entendido los deseos oscuros que guardaba en su interior.

—Seth viviría. No importa si no es libre, al menos estaría vivo.

—Para morir lentamente —respondió Sakura con acritud—. ¿Tu consciencia lo permitiría, Tori? ¿Verlo morir cada día hasta que nada quede de él? ¿Es eso lo quieres?

—El rey no permitirá otra cosa —"y yo tampoco soy libre para luchar e impedirlo.

—Kaname no puede impedirme ayudar a Seth. Él no es mi rey, y aunque lo fuera, yo…

—¡Dices eso porque eres tú precisamente, Sakura! —gruñó por lo bajo—. ¡Si fuera yo o Nagi, o cualquier otro, Kaname Kuran lo convertiría en cenizas sin oposición!

Aun en su desesperación, el manejo de sus gestos, feromonas y tono de voz era perfecto… justo como Ino. Lo que hizo que Sakura guardara silencio para dejar que la otra chica se desahogara.

—¿Cuál es el alcance de tu egoísmo? No puedes entregarle tu amor, pero aun así dejas que se aferre a ti como un niño. Le prometes ilusiones y luego no le quedará nada más que la amarga verdad. ¿Crees en serio que puedes salvarle? ¿Piensas que lo peor que puede pasarle es vivir encerrado? ¿Crees que eres capaz de ganar, cuando has perdido ya tanto?

—Soy muy egoísta, Tori —dijo Sakura con honestidad para sorpresa de Tori—, incluso con las personas que amo y eso me ha hecho perder mucho como bien dices. Pero no soy una mentirosa.

—Porque no sabes mentir.

Sakura se encogió de hombros. No tenía sentido negarlo.

—Durante estos meses he rechazado los sentimientos de los demás no por llenarme el ego, sino porque he estado confundida acerca de lo que desea mi propio corazón. No puedo corresponder a nadie si me siento de esta manera, por eso aunque quieras que no sólo ayude a Seth sino que también me quede con él, no puedo hacerlo.

—No quiero que te quedes con él sólo que lo dejes en paz.

—¿Es eso así?

—Sí, es lo que quiero.

—Yo no sé mentir, Tori, y parece que tú tampoco puedes. En realidad no quieres que me aleje de Seth, ¿verdad? Quieres lo contrario, por eso presionas tanto para que lo deje porque sabes que no lo dejaré.

Tori no dijo una palabra. En la batalla de miradas con Sakura finalmente se rindió cuando sus hombros se desplomaron y bajo la cabeza.

—Sabía que no funcionaría —se dijo a sí misma, sonando derrotada—. Pero debía intentarlo.

—Lo sé —Sakura le brindó una sonrisa apologética—. Aun así ya sabes mi respuesta. No puedo amar a Seth como deseas que lo haga, Tori.

—Podrías —replica Tori—. Llegarías a amarlo, lo sé.

—Posiblemente, ¿pero sería suficiente? —Sakura se llevó una mano al pecho, ahí donde podía sentir el pulso tranquilo de su corazón—. Justo ahora hay una duda que debo resolver. Durante años he aplazado el momento, pero ya no temo dar el paso. No está en mí abandonar a las personas que me necesitan, pero para poder ayudarlas primero debo ayudarme a mí, estar en paz conmigo misma. De esta manera tendré la fuerza y el temple para enfrentar lo que venga. Protegeré a Seth de quien quiera dañarlo si te preocupa eso. Pelearé por él y nadie podrá detenerme. Ése es el calibre de mi cariño por él.

Tori se sintió como una niña pequeña. Tori desearía poder odiarla, decirle que podía decir esas cosas porque era privilegiada ya que Kaname Kuran no le haría nada aun si se opusiera a él. Sin embargo, no era del todo cierto. Sakura se ha ganado limpiamente el respeto y la admiración de las personas de este mundo, así que los beneficios de eso eran sólo el premio a su esfuerzo.

—Quisiera ser tan valiente como tú —confeso Tori expresando por primera vez su anhelo—. Quisiera que fuera tan fácil para mí hacer lo que tú haces.

—Al principio siempre es difícil, después también, pero vale la pena, Tori.

—Lo único que tengo es miedo. Simplemente me congelo y no soy capaz de pensar en nada. Yo… yo soy una inútil. No puedo proteger a las personas que amo, ¡no podría ni protegerme a mí misma!

Sakura observó a Tori, encontrando entre ellas una similitud que no esperó hallar. Tori siempre le había parecido segura de sí misma, reservada y sumamente protectora con quienes le importaban, verla así, admitiendo su debilidad, le recordó a Sakura una época donde una joven versión de ella se enfrentaba por primera vez a las dificultades del mundo.

—El calibre de mi amor es pequeño en comparación con el tuyo —dijo Tori.

—Nunca te compares, sé cuánto amas a Seth y a Nagisa y que estás dispuesta a…

—No, no lo estoy. Soy un pájaro enjaulado, Sakura. A diferencia de ti no me encuentro en la posibilidad de entregarme por completo.

—Entonces estamos en un impasse, Tori, porque nada de lo que te diga te convencerá de lo contrario —dijo Sakura con resignación. Puso una mano sobre su hombro, sabiendo por experiencia que Tori debía ser quien encontrara su propia motivación para llevar a cabo lo que tanto deseaba—. Yo estuve ahí donde tú estás ahora. Seguramente no lo creerías y te será difícil ver más allá, pero siempre hay una solución. Tienes miedo y es comprensible. ¿Pero sabes una cosa, Tori? Cuando sientes miedo es cuando puedes ser valiente.

—¿En serio crees eso?

A la mente de Sakura acudieron diversos recuerdos. Ella gritando en esa azotea hace tantos años, su cuepro moviéndose para detener a Naruto y Sasuke. Ella intentando hacer que Sasuke no abandonara la aldea, declarando sus sentimientos para mostrarle que podía brindarle un futuro brillante en comparación con el que él buscaba. Ella pidiéndole a Lady Tsunade que la entrenara, las largas y agotadoras jornadas que la pusieron diariamente al límite. Su pelea contra Sasori, temerosa de ser más un estorbo para la Venerable Anciana Chiyo que un verdadero apoyo. Ver a Naruto corrompido por el poder de Kurama, el movimiento aterrador de las colas de chakra (el dolor al ser golpeada con ellas). El reencuentro con Sasuke, el haber entendido que todavía no era lo suficientemente fuerte para traerlo de vuelta. La destrucción de Konoha. Enterarse que Sasuke se había unido a Akatsuki y había atacado al jinchuuriki del Hachibi… el intento desesperado de Sakura por hacer algo, lo que fuera, para detener a Sasuke y no ser una carga para Naruto. La guerra. Madara. Kaguya.

—Sí, lo creo firmemente —respondió Sakura.

Tori guardó silencio tras notar como distintas emociones se pintaron en los ojos verdes de la kunoichi. Sakura era más joven que ella, pero había vivido más cosas que Tori. Sus ojos hablaban de muchas historias, de muchos triunfos y fracasos, y aun cuando algunas heridas habían conseguido herirla Sakura no se había rendido. Aún tenía mucho que dar.

Entonces, Tori pudo finalmente tomar una decisión.

Desvió su mirada hacia donde estaba Seth cuya sonrisa era tan amplia y sincera que Tori la grabó a fuego en su mente.

Sí, ella iba a ser como Sakura.

Tori iba a ser valiente.

[+][+]

¡Fin del capítulo! Uff, no voy a explayarme con explicaciones. Mejor pasen al siguiente capítulo, pues es la continuación de este. Verán, tuve que dividir este capítulo en dos partes para evitar hacer capítulos increíblemente largos. Por ahora sólo quería que quedara arreglado los conflictos de Kaito y Tori.