¡Ohayo, pocco! Recientemente estoy metida en el fandom de House of the dragon, así que ando con la atención dividida y con un impulso anormal de escribir sobre ships incestuosas. Ja, ja, ja, ni modo.
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Noche XVII
Muéstrame cómo perdonas
"Vender tu alma es la cosa más fácil del mundo. Eso lo hacen todas las personas en todas las horas de su vida. Si te pidiese que conservaras tu alma, comprenderías que esto ya es mucho más difícil".
—Ayn Rand.
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El día de spa ha sido un rotundo éxito. Bañarse, acicalarse, disfrutar de masajes y múltiples tratamientos para la piel y el cabello habían logrado que el humor general fuera relajado y de camarería. Ruka había insistido en que almorzaran en una terraza especial que había preparado para la ocasión y les había dado batas de lana azul por mera formalidad. La comida era un menú completo de los platillos favoritos de Ino, muy seguramente elegidos de las largas conversaciones que había tenido con Akatsuki y Nagisa sobre lo que le gustaba comer en Konoha. Es un momento agradable que fluye sin complicaciones y le hace desear que Sakura estuviese presente.
"Tendremos la oportunidad, me encargaré de eso". Ibiki le enseñó a no hacer promesas o juramentos a la ligera. La muerte y tragedia eran acompañantes de los ninjas, y alguien la posición de Ino no debía jugar con la esperanza como si fuera una niña. Sin embargo, él no había sido su único maestro. Asuma le había enseñado que si temía hacer promesas, entonces significa que no se creía capaz de cumplirlas e Ino no iba a permitir sentirse incapaz de cumplir una promesa tan simple como ésa.
—¡Oh, esto es delicioso! —exclamó Isamu devorando cuanto estaba al alcance de sus palillos. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes, signos de que las feromonas de los vampiros presentes estaban afectándola, pero ella no se sentía preocupada. Las feromonas eran más para endulzar el momento que para volverlo un encuentro personal—. ¡Definitivamente tengo que hacer otra vez! ¿Cuándo podremos hacerlo? ¿Puedo invitar a Chi?
Ruka sonrió y asintió ante su entusiasmo. Había sido divertido enseñarle a la joven cazadora algunos de los rituales más comunes a la hora del baño, nada de beber sangre o de compartir feromonas, sino cosas como lavarse el cabello, brindar un masaje, incluso lavar el cuerpo de otra persona. Isamu había hecho cada cosa con cuidado y seriedad, sonriendo con orgullo cuando Ino o Nagisa, quienes habían disfrutado de sus servicios, le decían que lo había hecho bien.
—¿Vendrás con ella la próxima vez? —preguntó Akatsuki a Kaito mientras Ruka le explicaba a Isamu si organizaría otro día como éste.
Kaito miró de reojo a Akatsuki. Se habían besado hace menos de una hora cuando sin querer las feromonas de Hanabusa —cuando no— se habían movilizado, afectándolo gravemente al punto en que Kain tuvo que intervenir. El beso había sido… bueno, sinceramente no tan bueno como el de Senri, pero aplacó el calor en el cuerpo de Kaito.
—No si está el señorito "No puedo controlar mis feromonas aunque me la paso diciendo que soy un vampiro ejemplar" —respondió logrando que Hanabusa se atragantara con un bocado.
—Y-Ya dije que no fue mi intención —pero la mirada de Kaito y la sonrisa sabionda de Akatsuki lo hicieron sonrojarse—. ¡En serio fue un accidente!
¡Él no tenía la culpa de que Kaito le hubiera parecido tremendamente atractivo mientras salía de una tina de agua perfumada! ¡O que Ino hubiera decidido entrar en ese mismo instante, mojando su tentador cuerpo en el agua caliente! Había sido una imagen hermosa y poderosa para su frágil autocontrol.
—Eres un pervertido, señor Aido —apuntó Isamu llevándose un bocado de calamar a la boca.
—Pervertido —dijeron las voces de los demás.
Hanabusa les miró con exasperación. Sabía que estaban bromeando (después de todo, estaban en un baño de vampiros), pero de todos modos eran unos montoneros.
—Si me disculpan, necesito ir a refrescarme un poco —dijo dejando los palillos acomodados pulcramente en la mesa. Cuando atravesó el área de la mesa y estaba en la puerta fingió no escuchar a Isamu preguntarle a Ruka si eso había sido un código en el lenguaje de los vampiros para decir que iba a masturbarse.
Además aunque sí había sido un código, no fue para lo que Tachibana proclamó. Desde el inicio del día, Hanabusa había estado enviando señales a una persona en particular y estaba seguro que las había notado. Tan observadora como es a Ino no le tomaría demasiado descubrir que Hanabusa había estado buscando por una oportunidad de hablar con ella a solas.
En cuanto Hanabusa se dio la vuelta la encontró ahí, parada, tan hermosa que sus instintos le exigían acercarse para estrecharla entre sus brazos y nunca dejarla ir. El suave aroma de las aguas perfumadas en las que se había duchado y las tenues fragancias que se había untado después habían armonizado con su esencia natural, Aido encontró que respirar era difícil porque todo lo que podía percibir era ella.
—Habla —dijo Ino yendo al punto. Se permitió recargarse en la pared, incluso se cruzó de brazos. El lenguaje corporal era importante para ella, pero dadas las circunstancias supuso que estaba bien no estar a la defensiva.
—¿Qué les dijiste para poder venir aquí?
—Que iba al baño. A diferencia de ti no tengo que temer que mis palabras sean malinterpretadas. Así que apresúrate.
—¿En verdad escucharás lo que tengo que decir?
—No debería —admitió Ino—. Pero soy consciente de muchas más cosas de las que tú, Kaname y el montón de imbéciles creen que Sakura y yo no conocemos y no soy tan orgullosa para no aceptar ayuda cuando estoy en una situación sin salida. ¿Qué has averiguado?
Hanabusa contó todo sin detenerse. El tiempo era apremiante pues la excusa de Ino apenas les daría la oportunidad para ponerse al corriente. Relató su epifanía sobre la antigua mansión Hiou, su encuentro con Hanabi así como con la Rosa Sangrienta, quien deliberadamente había insinuado haber sido co-creadora de la tinta; fue especialmente cuidadoso con sus palabras ya que no quería que la información se malinterpretara, y cuando finalizó notó que Ino parecía meditabunda, completamente sumida en sus pensamientos.
—Así que las suposiciones de Sakura son correctas. Este mundo ha sido sellado con una técnica de los Uzumaki.
—¿Sabes quién es Hiroto Uzumaki?
Ino resopló con burla.
—Ésa es una pregunta para Sakura. Sin embargo, puedo decirte que la tal Hiroto no debió ser una kunoichi común. Incluso entre los ninjas sellar el chakra de todo un mundo es una hazaña que no cualquiera lleva a cabo.
—No es un sello perfecto, ¿verdad? Tiene fugas, o eso explicaría cómo es que los cazadores pueden acceder a la energía necesaria para sus hechizos. O tal vez así funciona el sello.
—Sea eso o lo otro, no es un asunto simple, Aido. Si no averiguamos su composición exacta cualquier cosa que hagamos podría significar el fin para todos.
—Es por eso que voy a ayudarles —declaró Hanabusa sin vacilar—. Estuve buscando información sobre las pistas que me dio Hanabi o Suki, para el caso. Primero traté con los registros del Senado, pero no hallé nada como había esperado. Sakura y Kiryû ya están revisando los registros de la Asociación, pero creo que los llevará a lo mismo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que no creo que la persona involucrada en la creación de la tinta haya dejado algún registro en ninguna parte. Hay suficientes motivos para creer que esta persona no quisiera que nadie supiera lo que hizo.
—O quizás estaba tan segura de que funcionaría que no creyó necesario escribir el procedimiento.
Hanabusa se encogió de hombros, también había pensado en lo mismo.
—Y eso nos dejaría en una situación aún más desventajosa —dijo suavemente—. O al menos eso pensé hasta que… me di cuenta de que sólo habría una manera de conseguir la información que falta.
—Deduzco que no es algo sencillo si ha hecho que tu voz tiemble.
—No es algo que se haría comúnmente, me atrevo a decir que podría tener sus limitaciones o consecuencias. No es… no es un ritual fácil. Necesitaríamos de un purasangre más otras cosas para lograrlo, y bueno, no hay garantía de que funcione.
—Seguramente no me pediste hablar sólo para decir que vas a echarte para atrás ante un ritual que parece imposible, ¿no? —ahora la sonrisa de Ino fue más sincera. Hanabusa no pudo hacer nada más que corresponderla.
—No me tomes por un tipo cualquiera, Yamanaka. Sé lo que hago, sólo que, bueno, puede haber un problema. El ritual es un hechizo que los purasangres utilizaban cuando sus amos olvidaban cosas importantes. Vivir milenios a veces puede erosionar recuerdos que son imprescindibles para existir. A los nobles nos enseñan el hechizo como una parte de nuestros deberes. Hay condiciones muy específicas para hacerlo, pero considerando que no planeamos usarlo en un purasangre, sino en un vampiro de bajo nivel supongo que podemos saltarnos algunos pasos.
—Pero aun así se necesita un purasangre.
Hanabusa asintió, lamiéndose el labio inferior en reflexión.
—El ritual trae a flote recuerdos, pero también podría usarse para traer impresiones. Digámoslo de esta manera, si usáramos el ritual en mí no estaríamos buscando sólo imágenes en mi memoria sino en la memoria de mi sangre.
—Es decir, el hechizo accedería no sólo a tus recuerdos sino a los recuerdos de tus ancestros
—No es algo que se haya intentado antes, pero creo que con la ayuda necesaria se podrá hacer.
—Y lo lograremos, pero no me has dicho una cosa. Dices que requieres un purasangre y otras cosas más, ¿qué son? —pero Ino pronto se da cuenta que no son cosas de las que estaba hablando, sino personas, y comprende exactamente de quien está hablando—. Kiryû no va a dejar que usen un hechizo de chupasangres en él.
—Me temo que no, pero tendrá que hacerlo —dijo Hanabusa que no se siente feliz ante la perspectiva de lidiar con el futuramente malhumorado y furioso cazador—. Suki dijo que había estado trabajando para cumplir la meta de Zelig Kiryû, al punto de llegar a maldecir a sus propios descendientes para asegurarse que sus descendientes sobrevivieran. Si es así, ver las memorias de los ancestros de Zero podría darnos una clave de quien fue quien creó la tinta.
—Debo decir que no esperaba esto, Aido —confesó Ino avanzando hacia él mientras le otorga una sonrisa apremiante, una sonrisa que Hanabusa se ha ganado—. Isaya y yo hemos trabajado incansablemente para hallar una respuesta y que te hayas arriesgado de esta manera… bueno, supongo que también tienes cualidades.
Es lo más cerca que estará de obtener algo de ella, Aido se percata cuando después de eso Ino no dice nada más y le mira a los ojos. Si fuese el hombre inmaduro de hace poco, quizás se ofendería por sus palabras, pero el Hanabusa Aido actual no hace más que enderezarse orgulloso ante ella.
—Haremos este ritual después del baile —informó Ino pasando a su lado. No hay necesidad de agregar más cosas. Desde aquella discusión en los vestidores de la boutique, había dejado en claro lo que pensaba de él y que eso no iba a cambiar nunca.
Hanabusa asintió sintiéndose arder de anhelo por ella, pero se mantuvo tan tranquilo como pudo demostrando que no era un idiota para controlar sus feromonas. Regresó al banquete para ser recibido por las risitas de Isamu y Ruka, quienes seguramente estuvieron cuchicheando sobre él. Ino llegó unos minutos después, inalterable y hermosa, tomó asiento al lado de Nagisa.
Hanabusa no tiene la intención de mantener su descubrimiento entre Ino y él, así que durante el resto del almuerzo se encarga de dar el gran anuncio que causa una gran conmoción, y por un momento, puede fingirse sabiondo y superior y disfrutar de la mirada de sorpresa de Kaito e Isamu, aunque luego Ruka se encarga de bajarle los humos dándole un golpe en la nuca, reclamándole por no haberles dicho nada antes.
—Querías presumir, ¿verdad? —dijo Kain dedicándole una sonrisa resignada a su primo. Se sorprendió un poco cuando Hanabusa niega suavemente.
—Alardear nunca serviría, Akatsuki, sólo decírselo a ella antes que a todos. Fue un deseo fútil y demasiado personal. Quería que supiera que no hice esto para agradarle, sino que supiera que realmente quiero ayudar.
"Con que eso fue lo que pasó", pensó Akatsuki dándole sentido al repentino cambio de Hanabusa. No sabe si reírse o rodar los ojos, pero considerando que el cambio parece arrojarlo por un sendero claro y seguro, al menos teniendo en cuenta como es, le parece adecuado.
Cuando el almuerzo finaliza, Ruka los conduce a su salón de juegos luego de que se vistieran con ropa apropiada. Ahí tuvieron la oportunidad perfecta para hablar sobre el ritual de Hanabusa, para explicarle a Ino en un ambiente seguro y entretenido acerca de los pasos. No es un hechizo complicado, pero Aido sí había dicho la verdad al decir que se requerían un montón de cosas. Nagisa e Isamu preguntan sobre si deberían decirles a Seth y Chiasa acerca de esto, para que pongan al tanto al resto del grupo de Sakura, pero Ino dice no.
—En el baile, Sakura y yo haremos las paces —dijo Ino luego de hacer su jugada en la mesa de billar. Akatsuki le enseñó cómo jugar y ha ganado tres de las sietes rondas que llevan—, podremos hablar libremente después de eso. Compartiré esta información con Isaya.
—¿No te parece raro que él no te haya dicho nada de este ritual? —preguntó Isamu fallando miserablemente su tiro.
—Por lo que sé Lord Isaya no ha usado este ritual —contestó Hanabusa—, y si es así, sus sirvientes probablemente nunca han tenido la necesidad de mostrárselo. Aunque es un hechizo creado por purasangres, son los nobles quienes deben aprenderlo para así enseñárselo a su señor de ser necesario.
—O quizás él pensó que no es factible —aventuró Isamu observando con un mohín como Nagisa acertaba su tiro con presteza—. A lo mejor es demasiado peligroso, digo, no sé mucho del tema, pero ver los recuerdos de tus ancestros a través de tu sangre debe ser complicado.
—Por eso lo haremos después del baile —repitió Ino—. A estas alturas Sakura ya debe tener una idea precisa del sello, pero no hay suficiente tiempo para analizarlo así que hará lo que pueda por tener un avance. Tanto ella como yo subestimamos la complejidad de este asunto, por lo que esta semana nos dio apenas el tiempo para investigar superficialmente. Al final las respuestas que exigen en el Senado y la Asociación tendrán que esperar a que tengamos algo confirmado.
—Oh, siendo así, supongo que mi presencia aquí está de más —interrumpió la voz de Keito Kain, quien apareció en la entrada del salón de juegos junto a Shigure Souen.
—¡Abuelo! —exclamó Nagisa para ir a recibir al viejo vampiro que rápidamente sonrió ante la presencia de su nieto. Keito abrazó a Nagisa con afecto.
—Mi muchacho, has cambiado mucho desde la última vez que te vi.
—Nos vimos hace menos de un mes, abuelo, no creo haber cambiado tanto —dijo Nagisa encogiéndose de hombros. La similitud entre ellos era notable ahora que estaban tan cerca, pero Ino tuvo que admitir que Nagisa había heredado los rasgos de Ruka y sus ojos.
—Creí que había asuntos urgentes en el Senado por atender, padre —mencionó Akatsuki, aunque no había ningún reclamo en su voz.
—Oh, nada de qué preocuparse realmente —respondió Keito dirigiendo una mirada a cada presente a forma de saludo, lo que indicó que cuando estaba con su familia se comportaba con menos formalidad—. Se resolvió rápido, te lo aseguro, ni siquiera hubo necesidad de votar. Su Alteza envió un mensaje declarando que el asunto no tenía bases sólidas que dictaminaran que fuese un asunto urgente, por lo que simplemente se desestimó.
—De todos modos nos hizo perder el tiempo —comentó Shigure entrando al salón para dirigirse a la barra donde se sirvió una copa de vino—. Atreverse a pedir una audiencia privada un día antes del baile fue indecoroso. Me alegro que Su Alteza haya puesto fin a la locura de Tarura.
—¿Mi madre hizo qué? —preguntó Aido, visiblemente alterado.
—Una audiencia, muchacho, ¿acaso tienes dañado el oído? —dijo Lady Souen con sarcasmo—. Ella se presentó en el Senado demandando que se reconsiderara tu nombramiento como Lord Aido, aludiendo que había miembros en el Consejo Principal que apoyarían su reclamo. Como ves, no procedió, y que bien, Tarura ha perdido el temple. No es adecuado que alguien así quedé a cargo de una de las familias más importantes de la nobleza.
—Bueno, bueno, pero no vinimos para hablar de tediosos asuntos políticos —dijo Keito que no quería arruinar el ambiente relajado que había percibido nada más al entrar—. De hecho, queríamos pasar un buen momento en familia antes del baile.
—Mentiroso, sólo querías ver a la señorita Ino —indicó Shigure para darle un sorbo a su copa.
—¿Y puedes culparme, querida? ¿Has visto lo radiante que se ve hoy? —Keito se dirigió hacia Ino para tomar su mano y depositar un beso casto en la parte superior—. Ah, dulce niña, si ahora te ves tan hermosa, no quiero imaginarme cómo será mañana. Seguramente te nombrarán Reina del Amor y la Belleza al finalizar el baile.
—¿Reina del Amor y la Belleza?
—Es una tradición que pretendo iniciar este año —declaró Keito con firmeza—. Los años anteriores, cuando todavía no se cancelaba el evento había abogado por hacer que coronaran reina a una mujer cuando el baile acabara. Quien la nombraría debía ser un caballero que hubiera ganado el título de Campeón del Baile tras competir amistosamente en un pequeño concurso de justas. Así pues, no serían la belleza o la gracilidad las cualidades de la mujer coronada, sino la dedicación que el caballero quisiera demostrar por ella, algo así como en aquellos tiempos medievales de hace más de diez mil años.
—No recuerdo que algo así haya sido admitido en la organización del evento —dijo Ruka, pues ella era la principal encargada.
—No te preocupes, mi querida nuera, he hecho arreglos para realizar el evento en una escala menor, no tan grande como me habría gustado, nada más con la finalidad de volverlo una tradición.
—Ay, honorable padre, ¡si me hubieras dicho antes habría hecho que el evento fuera la principal atracción en el baile! —se lamentó Ruka—. Al menos dime que has hablado esto con nuestro rey y Lord Isaya.
—Ellos me dieron luz verde, así que no hay problema. También me informaron que participaran en las justas.
—¿Ellos? —dijo Ruka incrédula.
—Ellos y todos los invitados que quieran participar por el derecho de nombrar a su acompañante como Reina del Amor y la Belleza —Keito se veía complacido consigo mismo mientras Ruka se había puesto de un azul preocupado al pensar en todas las cosas que podían salir mal en una justa.
La llegada de Keito y Shigure pudo ser inesperada, pero no por eso indeseada. Incluso si Hanabusa había recibido una noticia tan desagradable como saber que su madre había intentado arrebatarle su posición, la conversación fluyó con naturalidad entre los presentes. Isamu estaba feliz de conocer al resto de la familia de Nagisa, de quien se había convertido en una buena amiga; la actitud despreocupada de la chica, además de su naturalidad y honestidad le habían valido la amistad del Clan Kain en su totalidad, incluso Shigure, quien siempre era reticente a relacionarse con humanos —no se diga cazadores— encontró encantadora a la chica y le había extendido una invitación a una ceremonia de té dentro de dos semanas. Hasta Kaito había conseguido relajarse y conversaba en voz baja con Akatsuki y Hanabusa mientras bebían brandi.
Sentados en la barra del bar, Ino y Nagisa miraron a Isamu contarle a Shigure su primera experiencia en un baño de vampiros. La joven cazadora rebosaba de energía y sus ojos marrones, grandes como eran, brillaban con maravilla al recordar cada detalle.
—La chica es agradable —dijo Keito quien se había acercado para servirse otro trago. Un poco de whisky esta vez—. Definitivamente será la favorita de muchos cuando se presente en el baile mañana.
—¿Incluso considerando quién es? —cuestionó Ino.
—Los tiempos han cambiado. Para mejor —puntualizó Keito con calma—. Cuando el baile se canceló fue una terrible perdida, ¡tantos años de esfuerzo echados a perder por un error! Pero ahora, gracias a ustedes dos, una puerta se ha abierto. No dudo que el camino que se nos presenta a través de ella no tenga baches, pero creo que está despejado. Hace cuatro meses nadie habría pensado siquiera que la hija de Iwari Tachibana asistiría a un baño de nuestra especie, pero mira ahora, esa chica no está cegada por la ambición y prejuicios de su padre. Los chicos de esta generación han sido bendecidos con la misma luz de la esperanza y yo estoy eternamente agradecido por eso, mi dulce niña.
—Me hace creer que evitamos una masacre, mi señor —dijo Ino aceptando el vaso de whisky que le había servido Keito.
—Puede ser —dijo Keito y habló suavemente acercándose a ella—. Ustedes llegaron justo a tiempo, si se me permite decirlo. La situación por acá no era tan equilibrada como puede haberles parecido. Durante años los jugadores más astutos en la partida se han movido sigilosamente en el tablero.
—¿Esto tiene que ver con lo que hizo Tarura Aido? ¿Algo tan grave como para que usted y Lady Souen tuvieran que venir a verificar que su familia estuviera bien?
Una sonrisa satisfecha apareció en los labios de Keito. Miró a Ino con beatitud, seguramente complacido por su mente ágil. Luego miró por el rabillo del ojo a Nagisa cuyo rostro no revelaba si estaba sorprendido o no, pero cuyos ojos dejaban entrever su preocupación. Su nieto era un buen muchacho, pero las secuelas de haber permanecido aislado viviendo con Seth eran notables. Si no hubiera sido así no habría ser que pudiera leerle la cara.
—Los vampiros no somos invulnerables, señorita Yamanaka. Nuestra naturaleza nos hace blancos para cualquier ataque. Tarura no siempre fue la mujer débil y desesperada que haz conocido, cambió cuando Nagamichi murió. El dolor hace cosas espantosas a los de nuestra especie. Tarura no habría tenido que hacerse cargo del puesto que dejó su esposo, pues Hanabusa ya tenía la edad para tomar la responsabilidad, pero mi sobrino también cambió con la muerte de su padre.
—Por lo que he escuchado, Lady Aido hizo un buen trabajo durante treinta años.
—Sí, así fue —suspiró Keito con lasitud—. Pero Tarura pronto se hastió. Sin Nagamichi a su lado, no tenía fuerzas para seguir.
—Me imagino que una mujer en su posición pasando por una crisis no es algo que personas ambiciosas pasen de lado, ¿no es así?
—Aduladores la rodeaban todo el tiempo, queriéndole dar el mundo cuando ella era quien en realidad ostentaba el poder y riqueza para tomarlo —asintió con pesar—. En circunstancias normales no le habría dado importancia. Gente así siempre ha existido, pero hay de serpientes a serpientes, señorita Ino, y hubo una que activó mis alarmas.
—¿Hablas del abuelo de Tori, abuelo? —cuestionó Nagisa.
—Cierto, eres amigo de esa niña —la sonrisa de Keito fue triste, como si compadeciera a su nieto.
—Tengen Saitou es peligroso —dijo Ino atrayendo la atención de ambos vampiros—. La pregunta aquí es, ¿qué tanto?
A Keito ya no le quedó duda alguna que la mujer frente a él también era peligrosa, pero también justa por lo que estaba confiando en su juicio para saber si Tengen podría ser una amenaza a considerar en el futuro. Keito hizo la pantomima de rellenar el vaso de Ino para acercarse a ella. Echó un vistazo a Nagisa, que ya no ocultaba su inquietud tan bien como antes.
"Tori Saitou es su amiga y él no quiere perderla, pero es una posibilidad y mientras antes lo sepa, mejor. Mi nieto tiene que aprender a lidiar con situaciones como ésta", después de todo, Akatsuki y Ruka pasaron por una situación similar en el pasado. Keito sólo esperaba que Nagisa fuera lo suficientemente fuerte para salir adelante.
—Nagamichi murió en circunstancias sospechosas —confesó—. Fue una enfermedad, dijeron los médicos que lo atendieron, algo que atacó directamente a su sistema inmune y puso en jaque sus defensas. Ni la sangre de nuestros gobernantes pudo salvarlo. Uno podría pensar que podría tratarse de una rara enfermedad, de hecho muchos temieron que iniciara un contagio, pero no pasó tal cosa. Fue como si sólo Nagamichi hubiera sido afectado. Todo un caso extraño. No creí en nada de lo que me dijeron, pero no podía levantar sospechas así que investigué por mi cuenta. No me llevó a nada.
—Escondió bien su rastro, pero sospechaste de él cuando no pudo evitar mostrar sus intereses. Tengen fue quien más pudo acercarse a Lady Aido entre todos sus aduladores, pero al final puede tratarse de algo normal, ¿qué te llevó a desconfiar tanto de él?
—Eso es el quid en cuestión, señorita Yamanaka. El hombre esconde bien sus negocios turbios al punto que nadie puede probar que los tiene. Se mantiene neutral, pero aun así no hay nadie entre nuestra especie que quiera desafiarlo. No tiene enemigos, pero tampoco aliados, e incluso sus acercamientos a mi hermana fueron tan sutiles que tuve que esforzarme al observarlos. Juega de una manera tan sigilosa que hasta Su Alteza es cuidadoso cuando trata con él.
—Tengen nunca ha lidiado con un shinobi antes —dijo Ino sin sonar pretenciosa—. Consideraré lo que me ha dicho, señor Keito, y le diré mi plan en cuanto lo haya planeado. También me gustaría que me entregara el expediente médico de Nagamichi discretamente, por favor, podría sacar información valiosa si averiguo qué enfermedad lo mató.
—¿Estás segura, Ino? —preguntó Nagisa—. Tori no cuenta mucho sobre su abuelo, pero siempre actúa aprensiva cuando lo hace.
—Tu abuelo me ha dicho bastante sobre él, Nagi, y yo investigaré por mi cuenta —le sonrió amablemente—. Tranquilo, no es algo que no haya hecho antes.
—Sé que eres la jefa de tu escuadrón, pero… tanto tú como Sakura no están del todo bien. La falta de chakra las pone en desventaja. Ella no me lo dijo personalmente, pero creo que su abuelo estuvo relacionado con la muerte de su madre… si ese hombre fue capaz de matar a su propia hija… no quiero pensar en lo que te haría si descubre que planeas algo contra él.
Cuando Nagisa dijo esas palabras había tomado la mano de Ino apretándola, mirándola directamente a los ojos para que viera lo mucho que la angustiaba que ella se pusiera en peligro. Tranquilamente Ino retiró la mano de él sosteniendo con cuidado sus largos dedos. No se le daba fingir que no se enteraba de los sentimientos que fluían hacia ella, se había dado cuenta de los de Hanabusa, incluso los de Kaito, por lo que los de Nagisa fueron fáciles de descifrar.
—Entiendo cómo te sientes, Nagisa, yo tampoco disfruto ver en peligro a mis amigos. Pero es mi deber eliminar las posibles amenazas a mi misión —su tono fue firme. Sus palabras no vacilaron—. Nuestro Hokage ordenó llevar a Sakura de vuelta sana y salva a Konoha, y yo no fallaré en mi objetivo. La protegeré a como dé lugar.
La expresión desolada de Nagisa le habría partido el corazón si hubiera sido otra persona, una más sensible y menos determinada. Incluso ahora tras haber disfrutado un día de diversión y relajación, Ino no había dejado de comportarse como un shinobi y lo que había descubierto en este momento la había llevado a la inevitable conclusión que, llegado el momento, no las dejarían partir. El sello era la demostración de lo que el poder de un shinobi era capaz de lograr aun si desconocían cómo funcionaba. En ese sentido la presencia de Sakura lo significaba todo, ya que era la única que podía descifrar sus secretos.
Keito observó el intercambio en silencio, maravillándose de la manera concreta y amable en la que Ino dejó en claro que sus sentimientos hacia Nagisa siempre serían de índole amistosa. Ver el rechazo hacia su nieto era amargo, ¿pero qué podía hacer? Él también había participado en esto al poner a Ino a averiguar algo que él quería esclarecer desde hace mucho. Tenía la certeza que Ino sabía que estaba usándola y que lo permitía porque, al final, Tengen Saitou sí representaba una amenaza para Sakura.
"No cabe duda que eres cruel, mi amigo", Keito recordó las palabras de Isaya cuando había ido a visitarlo para organizar lo de las justas. El purasangre se veía menos nostálgico que lo habitual. "Tu nieto ha vivido encerrado casi toda su vida y cuando logra salir y enamorarse por primera vez, pones en peligro a la mujer que ama".
"Muestra demasiado interés en esto", dijo Keito con una mirada extrañada. Usualmente Isaya se mantenía fuera de los conflictos, pero eso parecía haber cambiado luego de conocer a las kunoichis. "¿Acaso en usted también han florecido las semillas del afecto? Enhorabuena, mi señor, creí que su corazón ya se había marchitado".
"Para nada, mi buen amigo. Lo que siento por ellas es un profundo respeto y una admiración sincera. Siguen luchando contra toda expectativa y yo estaré honrado de morir por su causa".
"Ah, y ya veo que es algo más profundo, lo que es extraño. Su Alteza no habría dejado que esto sucediera a menos que el mismo quien haya sido quien movió los hilos para que esto sucediera".
"Desconozco la conexión total de nuestro rey con el asunto, sólo sé que me permitió poner mi vida al servicio de ellas. Cambiar mi lealtad es mi sentencia de muerte. Morir por ellas es la manera de pagar esa traición".
"Ninguna será feliz al saberlo".
"Seguramente Sakura no. Su corazón todavía no es suficientemente fuerte. Pero Ino es otra historia. Es acero de la cabeza a los pies y no dudará en sacrificarme para salvar a su amiga".
"¡Y luego dice que no las ama! Mi señor, si eso no es amor entonces yo no soy un vampiro. Pero sé que ama a una más que a otra y puede deducir a quien".
"Podría matarte por tu atrevimiento".
"No lo hará porque sabe que tengo razón. Pero hay algo que no entiendo. Si está tan interesado en ella, ¿por qué sigue adelante con lo de morir? ¿Acaso ella no es una razón suficiente para postergar su vida los años que ella dure viviendo?".
"Te olvidas, mi amigo, que ella no se quedará en este mundo. Y yo no soy tan desconsiderado como para ir al suyo, si es que eso se puede hacer. He aceptado que estoy interesado en ella y que quizás la amo, pero eso no borra mis miles de años con vida. He decidido morir por ella y es lo que haré, así pues apreciaré el tiempo que me quede con ella".
"Pueden decir muchas cosas sobre los sangre pura, pero definitivamente no que no tienen las más locas formas de amar", dijo Keito. "Ojalá llegue a ver el final de su amor, mi señor. Ver la devoción de un purasangre no es un espectáculo que se disfrute todos los días".
Al principio Keito había creído genuinamente que el problema se resolvería con el tiempo, después de todo pasaron meses enteros antes de que se descubrieran esos símbolos debajo de Punta de Lanza, incluso había pensado que las kunoichis se quedarían y todo se quedaría en una anécdota que se contaría por generaciones. Pero la realidad había superado a la ficción, y ahora estaban ante un verdadero problema que amenazaba no sólo las vidas de los involucrados sino a todo el mundo.
"Ahora hasta un purasangre dice que morirá por ellas", y luego estaba Kaname que no estaba haciendo grandes planes. Keito podía lidiar con grandes maquinaciones, pero ante la neutralidad no tenía defensas. Intuía que había un plan por parte de las kunoichis (de ahí que estuvieran separadas), pero no podía ver qué estaban haciendo los demás y eso le preocupaba.
Recientemente la Asociación de Cazadores había cambiado de mando dejando a Runa Tachibana a cargo, lo que sin duda levantaría sospechas del lado de los vampiros. Toga Yagari no era conocido como un hombre de oficina, sino uno más de acción. Seguramente él había descubierto algo lo suficientemente importante como para hacer un movimiento tan espontáneo, aunque Yagari también era previsible y si había decidido salir al campo debía ser por una única razón. Su antiguo pupilo, Zero Kiryû, parecía estar dentro del ojo del huracán si los rumores que se estaban esparciendo eran ciertos y resultaba que el muchacho tenía conexión con los shinobis del pasado.
"Eso explicaría como él logró balancear el poder de su sangre de cazador y su estado como vampiro", pensó Keito.
Se dio cuenta que Shigure le miraba desde la distancia sabiendo lo que pasaba por su mente, y no era para menos ella era su amiga más cercana con quien había llegado a compartir hasta su sangre. Sonrió hacia ella, levantando su vaso con whisky en un brindis que significaba mil cosas. Keito estaba seguro que algo ocurriría en el baile, por lo que debía estar atento y actuar con precaución. Volvió a mirar hacia Ino y Nagisa, el rostro de su nieto había vuelto a la normalidad, a su máscara inexpresiva, pero seguramente era un montón de nervios por dentro.
"Tendré que arreglar el asunto de la herencia si algo llega a pasarme", Akatsuki heredaría sus títulos, pero Keito sabía que su hijo no estaba hecho para la política. Esa rama estaba dominada por su nuera así que Keito debía dejar bien estipulado que sería Ruka quien tomaría su puesto dentro del Senado. "Y de esa manera Akatsuki podrá actuar como su perro guardián, manteniéndola a salvo mientras ella planea. Nagisa no tendría que involucrarse en el senado y podrá dedicarse a ayudar a Ino y Sakura".
Era un buen plan, así que Keito ya esperaba que algo saliera mal. Aun así, al igual que Isaya, se permitió aferrarse un poco a una tenue esperanza, deseando fervientemente que todo funcionara antes de darle un último sorbo a su vaso y volver a conversar con su nieto y la kunoichi.
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Cuando la noche llegó a la finca de los Souma, Rima les invitó una cena ligera de panecillos dulces y tazas con chocolate espumoso, sentados en su cálida sala junto a la chimenea. Las hijas de Rima se habían acurrucado con Seth y dormían plácidamente usándolo como almohada, a su vez el joven purasangre descansaba su cabeza en las piernas dobladas de Tori, quien había permanecido callada desde su charla con Sakura.
El ambiente era agradable, incluso Zero se mostró menos cascarrabias y cauteloso comiendo su tercer panecillo dulce mientras descansaba al lado de Sakura. Katsuya les otorgaba historias entretenidas de sus viajes por el mundo, mientras Rima agregaba unos cuantos detalles cuando era necesario.
—Tengo que ir al baño —informó Sakura en voz baja al cazador, quien se movió perezosamente para dejarla ir.
—Voy contigo —anunció Chiasa, quien se había sentado junto a ella, poniéndose pie para seguirla.
El primer baño se encontraba en la planta baja después de un corredor y la cocina, por lo que tuvieron que recorrer una distancia considerable que las aisló del grupo. A Sakura le sorprendió entonces cuando Chiasa se detuvo antes de llegar al baño y dio vuelta hacia ella para mirarla. En sus ojos nacarados Sakura contempló un gran conflicto, algo inusual considerando la naturaleza tranquila de Ueda; lo que sea que fuese a decirle en ese momento debía ser algo importante y muy personal.
—¿Sucede algo, Chiasa? —preguntó Sakura usando un tono apacible. No presionó por respuestas dándole a la otra el tiempo que necesitara para acomodar sus pensamientos.
—Lo que voy a contarte no es algo que todos sepan, es decir, fue una noticia importante en su momento, pero… pero el asunto fue tratado con discreción por la Asociación de Cazadores, así que…
—No conozco tu pasado —mintió Sakura para mantener su promesa con Isamu—. No he investigado nada, tampoco Ino si es lo que temes. Nosotras llegamos al acuerdo de que no nos inmiscuiríamos en los asuntos personales de los demás hasta que fuesen ellos mismos quienes nos dijeran las cosas.
—Debió ser un esfuerzo enorme mantenerse al margen.
—Sí —respondió con sinceridad—. Somos ninjas y parte de nuestro trabajo es recopilar información.
Chiasa asintió de manera comprensiva. No era capaz de reprocharle a Sakura por eso, entendía que las kunoichis habrían tenido que indagar en el pasado de todos para asegurarse que eran personas en las que podían confiar, que no lo hicieran significaba mucho para Chiasa.
—No obstante, haz visto las marcas en mi cuerpo y sabes quiénes las hicieron.
—Vampiros —no tenía sentido darle vueltas al asunto. Sakura había aprendido que, independientemente de lo que creyera sobre ellos, había vampiros que simplemente eran malos.
—Mi padre fue un traficante de personas cuando era joven. Era bueno en su negocio y muy ambicioso, así que en cuanto descubrió que había otra manera de ganar mucho dinero se metió de lleno en el tráfico de sangre. Es un negocio similar, sólo que más selectivo; políticos, artistas, incluso príncipes y nobles de otros países, vampiros con poder y grandes riquezas contactaban a mi padre para poder paladear su extenso menú de sangres especiales. Yo soy de ese tipo, Sakura, aunque ahora pienso que mi sangre no es tan especial si la comparo con la tuya. Fui un bebé no planeado, producto de la violación de mi padre a una de sus chicas, al que se le permitió vivir cuando uno de los clientes vampiros percibió mi aroma y le explicó a mi padre los beneficios que podría acarrearle el vender mi sangre. Mi madre murió al darme a luz, aunque en realidad creó que mi padre la asesinó cuando dejó de serle útil.
La voz de Chiasa se cortó y se tomó un segundo para respirar profundamente. Cuando vuelve a mirar a Sakura no le sorprende notar en sus ojos verdes una comprensión y entendimiento profundos, Sakura no la está compadeciendo o sintiéndose aterrorizada por su historia. Ella simplemente la está escuchando, justo lo que Chiasa necesita en un momento tan vulnerable como éste. Habrá tiempo para consuelo después, por ahora sólo quiere que una de las personas más importantes en su vida conozca su historia antes de que deba volver al mundo al que pertenece.
Chiasa quiere que Sakura sepa quién era ella antes de conocer a Isamu, antes incluso de haber sido rescatada por Zero Kiryû. Con palabras medidas debido al tiempo que tienen —por eso había escogido este momento exactamente, la brevedad era la mejor opción para no terminar desmoronándose—, Chiasa explicó cómo había sido su vida durante su infancia, como había experimentado el dolor y el desazón de la desesperanza desde una edad temprana mientras permanecía encerrada en una habitación aislada esperando a que los clientes tomaran lo que quisieran de ella sin tener ninguna forma de defenderse; las sonrisas con colmillos puntiagudos e irises enrojecidos eran imágenes grabadas en su mente, de las que se había vuelto imposible escapar a pesar de que habían pasado más de ocho años desde que la pesadilla terminó.
"Mal, mal, mi dulce muñequita, no puedes simplemente cubrir al sol con un dedo. Eres lo que eres y sin importar cuánto trates no lograrás cambiarlos", la voz de su padre estaba grabada en su mente, transformándose en distintos mensajes que aparecían cuando Chiasa lograba sentirse orgullosa de sus logros o cuando creía haber superado su pasado. "¿Pero cómo puedes superar algo que te ha hecho quién eres? Deja de ser tontita y compórtate como mi muñequita. Vuelve a la habitación y descubre tu cuello".
Chiasa volvió a sentir un nudo apretado en la garganta. Las manos le temblaron tan fuertemente que tuvo que sujetarse a sí misma para tranquilizarse. Está por sufrir un ataque de pánico, algo que no le sucedía desde hace unos años, cuando finalmente había aceptado el toque de Isamu y le había dejado abrazarla para tranquilizarla; su amiga no está aquí (Seth lo está, pero Chiasa no se perdonaría arrebatarlo de la comodidad en la que se encuentra sólo para tener que lidiar con ella, pues es muy consciente la situación futura por la que atravesará el purasangre) y recurrir al recuerdo de su voz no funciona en esta ocasión.
—Chiasa —una mano se posó sobre las suyas, no hay más en el contacto, pero es suficiente para sacarla de su estupor. Cuando Chiasa miró otra vez a Sakura, la mirada de su amiga ha cambiado. La aceptación que percibe en ella hace que a Chiasa le arda el pecho—. No estás sola.
Desde pequeña sólo se había tenido a ella misma para resguardarse de la maldad y oscuridad del mundo y no había sido suficiente; siempre sola, siempre sobrepasada por las circunstancias, la dulce Chiasa no había podido hacer gran cosa para defenderse, sino a resignarse a su papel y comportarse lo mejor posible para que ningún cliente terminará matándola por beber demasiado y rezar que nadie se cansara de su sangre para que su padre no la despidiera, como a muchos otros trabajadores que salían del negocio.
A Chiasa le sorprendió que hayan tenido que pasar tantos años para ía vivido con miedo durante la mayor parte de su infancia. Miedo a morir aunque no supiera exactamente para qué quería seguir viviendo, cuando no había nadie que se preocupara por ella o a quien le importaría que ella viviera.
No estás sola.
La visión de Chiasa sobre el mundo había sido triste y trágica, de tonos lúgubres y oscuros… hasta que Zero apareció frente a ella ofreciéndole una gama de brillantes y cálidos colores a través del toque suave y protector de sus brazos. La primera vez que vio al cazador sólo pudo pensar en lo hermoso, fuerte y etéreo que se veía, un dios al que nunca había rezado había venido a salvarla, y aunque había estado muerta de miedo y la angustia había hecho imposible que hablara más allá de monosílabos, se había aferrado al cazador incapaz de describir los sentimientos que fluían en ella. ¿Había sido alegría, excitación, esperanza o anhelo? No lo había sabido en ese entonces sólo que había sido arrancada del infierno para ser ofrecida a un mundo que no conocía, pero que la recibía con variadas opciones.
La Asociación de Cazadores se aseguró de que estuviera en un buen hogar de acogida, pero el cambio había sido demasiado abrupto para actuar como algo más que una niña retraída y silenciosa. Chiasa pasó años en el limbo sin saber qué era lo que iba hacer durante dos años, en los que su vida se había vuelto monótona.
Entonces todo cambió cuando conoció a Sayori Kiryû.
Los tutores de Chiasa habían sido dos cazadores ancianos y retirados, quienes mantenían su hogar con pocas cosas modernas, por lo que era usual que se mantuvieran al tanto de las nuevas noticias a través de una vieja radio. Durante el almuerzo, mientras la señora Ueda regañaba a su esposo por no haber comprado focos para el sótano, el locutor de la radio informó de las negociaciones que la senadora Kiryû había consolidado con los líderes de la elite de vampiros y la sede de los cazadores, cerrando un trato en el que ambas partes estaban de acuerdo; los vampiros no volverían a vivir en el anonimato así como los cazadores, este cambio tenía el propósito de concientizar a la gente sobre su entorno para que finalmente los humanos fueran capaces de decidir si querían acercarse o no. Prohibirles involucrarse a estas alturas —cuando la existencia de vampiros y cazadores ya era parte de los chismes habituales— habría sido impensable, una total tontería, así que Sayori evaluó las implicaciones que podrían haber de destapar oficialmente el secreto y al final había decidido que el riesgo valía la pena.
"Quien diría que esa chica lo lograría", comentó el señor Ueda con una sonrisa pequeña, pero sincera y orgullosa. "La primera vez que la conocí no creí que llegaría tan lejos, siendo una humana tan pequeña y frágil".
La señora Ueda le había dado un golpe leve con la cuchara. Su ceño fruncido ya era parte de la expresión de su rostro, pero había una amabilidad innata en su mirada.
"Puede ser humana, pero ha demostrado tener más pantalones que muchos cazadores que conozco. ¡Mira todo lo que ha conseguido hacer! Te lo digo, querido, Kaname Kuran y Yagari Toga tienen suerte de que la senadora sea una humana porque esos dos habrían salido huyendo con el rabo entre las patas".
"Una mujer excepcional, sin duda", asintió el señor Ueda sirviéndose otra porción de estofado para celebrar. "¡Con razón Zero la quiere tanto!".
Al oír el nombre de su salvador, Chiasa no pudo evitar el impulso de preguntar, lo que extrañó mucho a la pareja pues la niña se había conformado con asentir a cada cosa que le decían, no obstante, creyendo que por fin tendrían una oportunidad para acercarse a ella, la señora y el señor Ueda le contaron a Chiasa sobre el matrimonio Kiryû. Él, un descendiente de cazadores que fue convertido en vampiro a una edad temprana, y que a pesar de eso había llegado a mostrar tal poder, inteligencia y destreza que la única razón por la que no era el presidente de los cazadores era porque se había negado. Ella, una humana en un alto cargo público, débil físicamente, pero con una mente prodigiosa que era capaz de competir contra la de vampiros experimentados. Ambos juntos buscando un mismo fin.
Y entonces Chiasa supo finalmente qué iba a hacer con su vida.
"Quiero convertirme en cazadora", le había informado a sus tutores. La respuesta de los Ueda había sido negativa al principio, pero al ver que Chiasa no cambiaba de opinión no les quedó más remedio que apoyarla. Lo primero que hicieron fue explicarle la pirámide de castas; elegidos, pecadores y usurpadores, una división simple, pero que indicó a Chiasa que su camino no haría más que complicarse. Aun así estaba decidida a devolver algo de lo que se le había dado.
"Parece que tienes problemas de vista. Mmm, eso puede ser peligroso en nuestro trabajo, pero seguramente hallaremos la manera de convertirlo en una ventaja", dijo la señora Ueda. Al día siguiente, Chiasa tuvo un estuche con lentes redondos adentro, un regalo de ambos tutores.
El matrimonio Ueda hizo lo posible por apoyarla el poco tiempo que les quedó de vida. Habían sido viejos cuando la acogieron, así que no pudieron más que asegurar que Chiasa entrara a la Academia Cross, como un primer paso, además de brindarle su apellido para que no quedara desamparada. El dolor de la perdida de sus tutores había sido insoportable para Chiasa y se prometió que no los defraudaría. Sin embargo, sin nadie que pudiera introducirla formalmente al mundo de los cazadores, Chiasa había quedado en un punto muerto.
Había intentado hablar con Kaien Cross, pero el director había decidido que no iba a dejar que una simple niña humana trabajar en un empleo tan peligroso.
Chiasa había estado desesperada.
Entonces Isamu se había presentado con una oferta.
Chiasa era capaz de recordar perfectamente el día en que conoció a Isamu Tachibana. La heredera de los Tachibana había sido una niña grosera, arrogante y cruel, que esperaba que los demás le sirvieran. Sus grandes ojos marrones eran iguales a los de los vampiros, llenos de crueldad y arrogancia. Chiasa había temblado al verlos, dándose cuenta con horror que si continuaba tendría que volver a ver a esas criaturas otra vez.
Por primera vez en su vida estaba en una encrucijada, pero en esta ocasión no tendría a nadie para ayudarla. Chiasa decidió ignorar a Isamu para no tener que verla a los ojos, pero mientras más se esforzaba en hacerlo la otra parecía más empecinada en hacerse notar.
"Oye, me enteré que quieres convertirte en cazadora", Isamu le había dicho una vez durante el almuerzo. Chiasa la había mirado con desconfianza, nadie sabía sobre su sueño ya que realmente no tenía amigos cercanos. Isamu había sonreído con falsa amabilidad. "¿Acaso no sabes quién soy yo? Los Tachibana somos un clan de formidables cazadores de vampiros y tenemos muchas conexiones en la Asociación de Cazadores. Incluso con tu sangre usurpadora, yo podría hacerte entrar, sólo tienes que demostrar que eres digna de ser una cazadora".
Supo que era una broma. En verdad lo pensó, pero… pero Isamu había sido la primera persona en abrirle la puerta a un mundo que Chiasa quería pertenecer. Aceptó ir a donde la otra niña le pidió que se presentara.
Y pronto descubrió que había cometido un error.
Los recuerdos de ese evento aparecen fragmentados para ella, por lo que al contárselos a Sakura muchos detalles se pierden. Si hay algo que sí puede recordar son los ojos rojizos de los vampiros y sus colmillos clavándose en su piel, sangre por todos lados, su garganta rasgándose por sus propios gritos. La mirada de terror de Isamu cuando los cazadores la sacaron luego de limpiar el escondrijo…
—Isamu quería acabar con su vida cuando la fui a ver después del incidente —dijo Chiasa—. Se veía tan… desvalida, que muchos habrían pensado que ella fue a la que hirieron. Cuando la vi juro que mi corazón latió con odio. La detestaba, Sakura, quería que pagara lo que había hecho, pero su querido padre se había encargado de dejar en lo alto la valentía de su hija. No pude soportarlo, en verdad, en ese momento habría sido capaz de matarla. Pero eso habría sido demasiado piadoso, así que la forcé a seguir viviendo. Le dije: "Párate y sal de aquí. Tus lamentaciones no harán que te perdone. Tus acciones quizás sí". Creí que me ignoraría y continuaría con sus lloriqueos, pero Isamu me sorprendió cuando se puso de pie y dijo que haría lo posible para que eso ocurriera. No le fue fácil lograrlo.
—Bueno, ciertamente Isamu es alguien muy tenaz.
—Lo se, la muy tonta —sonrió Chiasa muy a su pesar—. ¿Sabías que fue ella quien hizo lo necesario para que un cazador experimentado me entrenara? ¿Qué me brindó libros y pergaminos con la historia de los cazadores, así como sus hechizos aunque yo no pudiera usarlos? Isamu, quien fácilmente pudo ser la causante de mi muerte, se convirtió en la única persona en ayudarme a cumplir mi sueño.
"Así que oyes la voz de tu padre cada vez que haces algo bien. Mmm, ¿qué tal si lo mandas al carajo cuando vuelva a aparecer? Algo como: «Querido padre, ve a vender tu sangre al infierno y deja ya de joder», a lo mejor podría servir para ahuyentarlo. Yo que sé, mi padre es igual". Isamu era a quien le había dicho sobre la voz de su padre y obviamente había tratado de aconsejarla. "No eres más su muñequita, Chi. ¡Eres una aspirante a cazadora! ¡Siente orgullo por eso!".
—No calculaste que llegarías a valorar a Isamu como una amiga —dedujo Sakura.
—Mi objetivo era sólo que se hiciera cargo de sus acciones, pero supongo que yo me sentí tan sola que acepté su compañía como si nada. ¿Qué dice eso de mí, Sakura?
—Que salvaste a Isamu de un destino que no habría traído paz a nadie y que fuiste capaz de perdonarla. Chiasa, no voy a disculpar lo que hizo Isamu, la única que puede hacerlo eres tú y creo que ya lo has hecho. ¿O acaso me equivoco?
—Desearía poder odiarla —declaró Chiasa con las manos en puños. Su expresión era un rictus de mortificación y culpa—. Desearía decirle que se aleje de mí, pero no puedo porque contra toda lógica he llegado a quererla. Soy una estúpida, ¿verdad?
—Entonces no eres la primera —dijo Sakura dándole una sonrisa empática—. Te lo dije. No estás sola.
Sakura abrió sus brazos justo cuando Chiasa se empujó hacia ellos. En un parpadeo sostuvo a su amiga con delicadeza, usando la fuerza necesaria para hacerla sentir segura. Al estar así, Chiasa finalmente pudo dar rienda al llanto.
—Está bien, está bien —consoló la kunoichi con tono amoroso, dándole palmaditas en la cabeza—. Haz sido muy valiente y fuerte, Chi. Ya no tienes que contenerte más.
Porque Chiasa había tenido que comportarse como si estuviera por encima de los problemas. Actuar maduramente ante situaciones que la habían herido profundamente. Chiasa habría querido que Isamu fuera castigada, pero no obtuvo ni siquiera una disculpa. Para obtener justicia, Chiasa había pensado en matar a Isamu personalmente, pero después de verla portarse tan patéticamente se obligó a sí misma a poner de lado sus sentimientos y resolverlo de otra manera.
Hacer lo correcto nunca era fácil. Era algo que Chiasa había estado haciendo desde que conoció a Isamu y había pagado un precio alto por hacerlo. Por eso Sakura dejó que se desahogara, consciente que ahora tendría que guardar este secreto por Chiasa. Supuso que llegaría el momento en el que ambas chicas podrían hablar sobre este asunto, pero todavía no.
Chiasa dejó de llorar pronto. Sakura no pudo culparla por ello, después de todo Ueda no era presta a ser emocional, por lo que el hecho de que le contara su pasado y llorara en sus brazos ya era demasiado para este día. Dándole un último apretón, Sakura la dejó ir.
—Soy un desastre… se darán cuenta de nuestra ausencia —se lamentó Chiasa limpiándose las lágrimas—. ¿Qué les diremos?
—Nada —respondió Sakura retomando el camino hacia los baños—. Las mujeres nos tardamos mucho cuando vamos al baño, ¿no?
Cuando regresaron con los demás, el ambiente aún se mantenía tranquilo y relajado. Nadie comentó sobre su retraso, pero los niños habían terminado por dormirse por lo que Rima y Katsuya se apresuraron a llevarlos a sus habitaciones. Seth insistió en llevar a la pequeña Kuina, pidiéndole a Tori y Chiasa que lo acompañaran. Zero se había quedado dormido en uno de los sofás. Sakura decidió sentarse al lado de Senri después de colocar una manta sobre el durmiente cazador.
—Ha sido un día divertido —comentó la chica, suspirando cansadamente. Las ojeras permanentes debajo de sus ojos la hacían parecer más cansada—. Me he relajado bastante.
—¿Crees estar bien para mañana? —preguntó Senri.
—Mis heridas están bien. No tengo problemas con mi control de chakra y prácticamente todos los preparativos están listos. Así que creo que podré soportar todo un día de baile.
—Si llegas a sentirte mal, no dudes en decirme. Te ayudaré si lo pides.
—Gracias, Senri, ¿pero no estarás junto a tu pareja? No me gustaría que la dejarás de lado por mí.
—No invité a nadie —respondió Senri mirándola fijamente—. Así que estaré libre toda la noche.
—¿Por qué no invitaste a alguien? Seguramente hay-…
—No quise a nadie como mi acompañante y sé que tú no escogiste pareja para evitar tensiones. Lo respeto. Además tendré la oportunidad de bailar contigo de todos modos. Takuma tampoco llevará a nadie, así que no te preocupes por eso.
—Pero es que no quiero…
—No es lo que tú quieras, mi amor, somos adultos y hemos tomado una decisión. No es con el afán de presionarte, simplemente lo hacemos porque es la única manera de acercarnos a ti sin que creas que queremos seducirte.
—No podría llamar seducción a lo que hiciste aquella vez —dijo Sakura sacando a colación su encuentro en la boutique—. Aunque tampoco podría decir que fui totalmente amable contigo.
—Lo fuiste. Alguien más me habría golpeado.
—Te amenacé con hacerlo.
—Pero no lo hiciste, a pesar de que no estabas… bien. Sakura, sé que no eres indiferente a las causas perdidas —los ojos verdes se abren cuando logró descifrar a qué se estaba refiriendo. Rápidamente Senri puso una mano sobre su hombro—. Ino me lo mostró. Todo. Así que no tomé a mal tu rechazo, comprendí que no eras capaz de ofrecerme nada en ese momento.
—Oh, Senri —pronunció con conmoción, sabiendo lo que las técnicas de Ino podían ocasionar a las mentes no preparadas. El vampiro sonrió cuando una mano cálida se posa en su frente, como si de alguna manera quisiera deshacer el daño que sufrió con la agitación que padeció su cerebro—. Ino no debió hacerlo.
—Fue necesario. No requerías que alguien te diera su devoción y cariño —al menos no cuando Sakura no se había sentido digna de recibirlos—, sino espacio. Debí pensarlo luego de lo que pasó aquella vez en el Concilio de Vampiros.
—A veces es difícil ver más allá, Senri. No te sientas culpable.
—Basta de palabras amables, amor mío, sabes bien que fui injusto contigo. Mendigué tu amor con la esperanza de obtenerlo por caridad y resultó un desastre. Ahora que sé con lo que tienes que lidiar, bueno, creo que finalmente puedo estar ahí para ti de la manera en la que lo necesites. Como tu amigo.
—¿Y estarás bien con eso realmente?
—Sakura —susurró Senri atreviéndose a tomarla por el rostro, permitiéndose saborear su cálido aliento. Sus ojos cerúleos atraparon la atención de los de ella con fuerza; rápidamente ella se dio cuenta que él estaba usando sus feromonas—, te deseo con cada fibra de mi ser. Fue un suplicio tener que controlarme en ese restaurante, con todas las feromonas que estaban en el aire, pero lo hice porque no quería arruinar la velada. Fue una lástima que Takuma no pensara lo mismo.
—¿Tú… tú… lo sabías?
—Sí, y morí de celos al saber que no lo rechazaste. Pero luego comprendí que eras nueva en esto de las feromonas de vampiro, así que mis celos se transformaron en ira. Takuma no debió aprovecharse de ti de esa manera.
—Ya hemos hablando de eso, nosotros dos. Hemos llegado a un acuerdo. Él no me besa otra vez, yo no lo golpeo.
—Un buen acuerdo —asintió Senri soltándola—. De todos modos, ten cuidado con las feromonas mientras todavía no puedas aclarar lo que sientes.
—¿Por qué?
—Afectan a todos en realidad, pero extrañamente más a quien se encuentra confundido respecto a sentimientos de amor. Nadie sabe realmente por qué. Aido dice que probablemente se deba a que las feromonas son usadas en el desfogue y para incrementar las sensaciones placenteras, incluso para relajar a alguien.
—¡Eso no lo sabía! —exclamó Sakura muy sorprendida. ¡Con razón todo este tiempo había sido tan sencillo para su cuerpo sucumbir a los diversos efectos de las feromonas de los vampiros!—. Hanabusa es un experto en el tema, pero parece que le falta explicar detalles importantes como éste. Creí que las feromonas eran más como un afrodisiaco, no que podían usarse como relajante.
—¿Quieres probar? —preguntó Senri—. Te prometo que sólo haré que te relajes. Nada más.
Sakura se tomó unos segundos para considerarlo. Miró discretamente a donde Zero dormía, recordando el día de ayer cuando bebió de ella. La emoción, la sensación de burbujeo en su vientre, la comezón en su cuerpo… no podía pedirle a Senri que hiciera lo mismo, sería desconsiderado y una estupidez, sobretodo porque no tenía una relación tan profunda con Shiki como la tenía con Zero.
—Sí, me gustaría.
—Entonces recuéstate en ese sofá. Será más cómodo de esa manera.
Cuando Sakura lo hizo, Shiki se sentó a su lado. La luz de la chimenea brindó una iluminación cálida y pacífica que hizo que se sintiera cansada. Senri la estaba mirando fijamente, sus ojos sin mostrar ninguna emoción. Sakura comenzó a preguntarse si ya estaba usando sus feromonas cuando… las sintió. A diferencia del calor sofocante en el restaurante o del sabor salvaje cuando Zero bebió su sangre, las feromonas esta vez la envolvieron como una suave sabana, tibia, reconfortante. Sakura se sintió entre nubes suaves y cerró los ojos a la brevedad, tranquila ante la sensación tranquilizante.
—Me gustaría hacer más por ti, pero esto es lo máximo que puedo sin sobrepasar los límites.
—Está bien, Senri, creo que en verdad lo necesitaba —contestó ella adormilada—. Gracias.
Él la tomó de la mano y la apretó, le habría gustado darle un beso, poder saborear de nuevo su piel, pero había prometido contenerse. Shiki mantiene el control de su estado, sabe que las feromonas no son una cosa que se pueda usar a la ligera, un cambio en su ánimo podría resultar perjudicial para lo que está haciendo. Quiere que Sakura descanse porque ha notado los síntomas de agotamiento en ella, y otros signos que no ha podido evaluar correctamente. Probablemente tendrá que acercarse a Ino a preguntarle sobre eso.
—Quiero dormir —confesó Sakura con los ojos adormilados.
—Duerme, mi amor —dijo Senri parándose para tomar otra de las mantas dobladas en el sofá restante, para colocarla sobre ella—. Mañana será un gran día.
Ella le sonrió y cerró los ojos. Senri se sentó a su lado otra vez y se dedicó a ver el fuego en la chimenea.
—Bebiste la sangre de Sakura —dijo de pronto con voz baja. No fue una acusación, por lo que Zero pudo percibir era más como una afirmación. Aun así logró que se sentara y mirara hacia el noble con ninguna emoción reflejada en el rostro—. Me di cuenta en su semblante. Antes de levantar esa barrera se veía normal, pero cuando salió… pensé que se debía a haber usado su chakra, pero cuando le pregunté Sakura me explicó que la técnica estaba usando una fuente alternativa.
—Ella lo consintió —Zero no iba a negarlo. Si Senri había optado por abordar esto hasta ahora significó que el vampiro no tenía intenciones que alguien más lo supiera.
—Lo sé.
—Entonces deja de mirarme como si fuera a atacarla en cualquier momento.
—¿Lo harás? No puedes ocultar tu deseo por ella tan bien como crees. Tienes sed.
—Puedo controlarme.
—En el estado en el que ella se encuentra prefiero no correr riesgos y lo sabes bien —respondió Senri.
Zero sabía a lo que se refería. Cuando bebió la sangre de Sakura había visto en sus recuerdos y experimentado un dolor innombrable que le hizo cuestionarse muchas cosas.
—¿Planeas preguntarle a Ino? —cuestionó Zero.
—Después del baile —contestó Shiki—, aunque no creo que me diga mucho. Pienso que ella tampoco comprende qué es lo que está sucediendo con el cuerpo de Sakura.
—¿Crees que Ino dejaría pasar algo así?
—No, pero pienso que el estado de Sakura no estaba tan deteriorado cuando estaba en Konoha. Además, por lo que sé, Sakura pudo idear maneras de aminorar sus síntomas, lo que no funciona aquí debido a la falta de chakra. Probablemente Ino se esté dando cuenta, así que estará dispuesta a hablar con nosotros —Senri miró hacia la kunoichi. Escuchó a Katsuya, Rima, Seth, Tori y Chiasa volver a la sala—. ¿Qué viste cuando bebiste su sangre?
En circunstancias comunes Zero no habría respondido. No le debía explicaciones a Shiki, pero se percató que era el único que había puesto atención a los síntomas debilitantes en Sakura. La voz de Seth diciéndole a Rima que Kuina era encantadora y que estaría feliz de venir a jugar con ella si la niña lo pedía se escuchó en el pasillo; parecían demasiado enfrascados en esa conversación como para escuchar algo, así tuvieses agudos oídos de vampiro.
Zero volvió su atención a Senri y dijo en voz baja.
—Muerte.
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¡Fin del capítulo! Ya tenía planeado el pasado de Chiasa, pero luego leí Fire and Blood y vi House of the dragon, y quise meterle un poco más de angst al asunto.
Podría decirse que Chiasa es como Aemond e Isamu como Lucerys (una analogía no tan acorde, pero vamos, se comprende). Entonces podemos entender el conflicto de Chiasa, que finalmente admite que desearía haber sido más cruel con Isamu para hacerle pagar por lo que le hizo. A propósito cambié el tipo de narración entre los pasados de ambas, para enfatizar cómo se siente cada una ahora que han llegado a convertirse en amigas.
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