CAPÍTULO ESPECIAL:
LAMENTOS PASADOS Y PRESENTES
Nueva Vestroia, Ciudad Gamma
Hace 3 años
No quería esto, no podía soportar esta situación y no quería cumplir con esta maldita misión. Ya era muy difícil estar parado aquí, bajo el poderoso rayo de sol de los desiertos de Nueva Vestroia, siendo el receptor de esa mirada de desaprobación que reflejaba los pensamientos del hombre que tenía delante, haciendo una exhibición de una mezcla de emociones en su rostro. Ira, decepción, y tristeza eran algunas de los rasgos visibles plasmados en el rostro del peleador frente a él.
Brillantes cabellos dorados destellaban bajo los rayos de sol desierto, sus ojos verdes daban la impresión de verse más oscuros, más opacos a comparación de su tono normalmente tan brillante como una esmeralda, una barba de varios días era visible en la fuerte mandíbula del hombre, teniendo como único rastro de piel desnuda un corte que atravesaba la mejilla izquierda del hombre.
Nunca había visto a su padre así, se había acostumbrado a que su actitud y mirada habitual reflejarán la amabilidad de la que solo el hombre era capaz con una simple mirada y una sonrisa en sus labios. Suponía que esta era la apariencia de un soldado al que habían alejado de su familia, uno que había aceptado lanzarse a la boca del lobo con tal de recuperarla.
-¿Dónde están, Keith? -. Preguntó Eric Valiant sin mostrar debilidad en su voz.
Nunca lo había escuchado hablar con un tono tan severo, jamás le había dado razones a su padre para expresarse de esta manera. Tuvo que concentrarse en la importancia de la situación actual para no perder de vista el enfoque que debía manejar su interpretación como su nueva identidad.
-Están a salvo, comandante, yo mismo me he asegurado de eso -. Respondió Spectra manteniendo su postura firme.
Tuvo que abstenerse de decir más, sabía que no se tomaría bien el enterarse de las condiciones de su esposa y su hija más pequeña. Esta lucha ya sería difícil, enfrentar a un Eric Valiant enfurecido no haría más que empeorar las cosas.
No podía mostrar debilidad ahora mismo, sabía que Hydron y los otros Vexos lo estaban mirando desde la comodidad del Palacio Real en los cielos, sobre Ciudad Gamma. Su único consuelo en este momento era saber que Elisa se encontraba en Ciudad Beta, lejos de todo este conflicto con su propio padre.
Al menos, podría salvar a su hermana de tener que presenciar esta batalla.
El lanzador negro con líneas rojas y colmillos en la bandeja de entrada de las cartas sobresalió en la mano del rubio más joven, sabía que esto era lo que tenía que pasar y no tenía tiempo seguir postergando lo inevitable. Enfrentar a su padre y vencer era la única forma de demostrarle a Hydron y Zenoheld que era digno de confianza, la única forma de infiltrarse entre las filas enemigas.
No quería, pero tenía que hacerlo.
-No hagas esto, hijo -. Pidió el comandante a su protegido al ver el dispositivo en su mano.
Lo habían llamado hasta aquí con el impulso que significaba su familia para ellos, los otros Vexos estaban de acuerdo en que el resto de los seguidores del hombre debían estar rondando por ahí, en busca de señales de una infiltración más sutil mientras su líder libraba la batalla que se convertiría en distracción. Pero Keith lo conocía lo suficientemente bien como para saber que Eric nunca arriesgaría a su gente y a su causa por razones personales. Él iba a entrar voluntariamente a la boca del lobo, pero no iba a permitir que otros lo siguieran.
-Sabes que no tenemos opción -. Respondió el enmascarado posando su lanzador en su antebrazo.
Siempre soñó con este momento, siempre se imaginó el día en que se alzaría con la victoria sobre su padre y maestro, pero jamás pensó que sería bajo estas circunstancias. El destino era cruelmente irónico y los había elegido como sujetos de prueba.
-Lo siento -. Se disculpó el comandante antes de sacar su propio lanzador.
Sus movimientos eran bastante gráciles y ligeros para alguien con un pesado uniforme gris y negro bajo un intenso sol en el desierto. No había rastros de sudor decorando su piel visible, estaba enfocado únicamente en su objetivo y no había nada que pudiera convencerlo de realizar un escape de último momento. No, Eric estaba decidido a sacar a su familia de esta cede del infierno y no les iba a dar la espalda.
En estos momentos, no sabía si era un mal comandante, un mal líder para la gente que contaba con que los guiara, pero jamás podría decir que Eric Valiant no era un buen esposo y padre.
-No tanto como yo.
-Lanzador activado.
-¡Golpe de Poder! -. Exclamaron ambos peleadores al mismo tiempo.
Mientras sacaba su primera carta, no pudo evitar pensar en la cara de satisfacción que debía tener Hydron, expectante por el inicio de esta batalla y por probar la efectividad de su soldado más efectivo desde la seguridad de su palacio.
Sería difícil esperar pacientemente el día en que pudiera borrar esa sonrisa engreída e infantil de su rostro.
-Carta portal lista.
Su voz no contenía la emoción de siempre por una batalla, sonaba inseguro e infeliz. Se alegraba profundamente de que Gus se asegurara de que nadie pudiera escuchar las palabras de ninguno de los dos peleadores. No quería darle razones a nadie más para pensar que estaba dubitativo frente a este oponente en particular.
Una esfera negra con detalles rojos y dorados saltó de su bolsillo a su mano, expectante por la promesa de una batalla intensa. Sabía que, a deferencia suya, su nuevo compañero y amigo estaría ansioso por este combate que tanto le habían anticipado como un encuentro emocionante contra un oponente excepcional.
No estaba seguro de que esperaba de esta batalla, no sabía si quería ver a su padre luchar con todo su poder o si prefería ahorrarse problemas y pedir mentalmente al destino una batalla rápida en la que nadie tuviera que sufrir mucho.
Por desgracia, sabía que, sin importar cuales fueran sus deseos, su padre no se lo iba a hacer fácil.
Era su familia la que estaba en riesgo, después de todo.
No, era la familia de ambos, sin importar que tan ajeno fuera Spectra a la complejidad de este conflicto.
-Ojalá tú lo disfrutes Helios, porque sé que yo no voy a poder.
Pensó antes de posar su brazo a la altura de su hombro para tomar impulso antes de lanzar la pequeña esfera en su mano. No quería librar esta batalla, no así; pero no tenía elección. Lo único que podía hacer ahora era ganar, como tanto lo había soñado desde que era niño.
-¡Bakugan, pelea! ¡Bakugan, surge! ¡Ahora, Helios Pyrus!
Una parte, una pequeña y dramática parte de él tenía la esperanza de que su padre retrocediera al ver a Helios surgir en el campo dramáticamente, que se diera la vuelta y huyera para evitarles a ambos este dolor. Pero no sería Eric Valiant, si se diera la vuelta asustado por la teatralidad de su contrincante, mucho menos teniendo a su propio tanque en mano.
Levantando su propio brazo a la altura de la cabeza, el comandante arrojó a su propio compañero al campo de batalla, en una bola de fuego.
No, eso no.
-¡Helios, ten cuidado! -. Gritó Spectra a su compañero.
-Un poco de fuego no podrá hacerme nada -. Respondió el dragón con confianza, preparándose para recibir la embestida.
Las alas del Bakugan se levantaron, sus piernas se separaron lo suficiente para brindarle un mejor punto de apoyo y una defensa más sólida con sus manos extendidas frente a su pecho.
Una aparente sonrisa llena de confianza parecía querer asomarse entre los colmillos del dragón negro, seguro de su capacidad para repeler el ataque de su oponente sin importar la velocidad que estaba ganando, ni el tamaño que comenzaba a adquirir con nuevas llamas cada vez más fuertes a su alrededor o el hecho de que parecía levantarse un poco más, cambiando el curso de su vuelo.
Cuando finalmente estuvo al alcance de su contrincante, Eric Valiant encontró una vez más la voz del soldado experimentado que era para dar la primera orden a su compañero en esta batalla.
-¡Arde con fuerza, Raxus Pyrus!
Del incendio andante que era el caballero rojo del sol, un gran brazo recubierto con metal se asomó por fuera del fuego para estrellar sus nudillos llameantes contra la parte inferior del hocico de su contrincante con una estela de llamas a su paso.
-¡Helios! -. Llamó Spectra a su compañero al verlo suspendido en el aire por un par de segundos.
El temblor que produjo el gran cuerpo del dragón negro fue tan fuerte, que Spectra pudo sentirse tambalear en la tierra sobra la que estaba parado, mientras que, encima del gigante, las llamas se desvanecieron abruptamente para revelar la imagen que por mucho tiempo había sido el referente de Keith para definir el poder.
Un poco más alto que el mismo Helios, orgullosamente de pie sobre su contrincante, Raxus Pyrus se postraba perfectamente con su armadura roja carmesí brillando bajo la luz del sol a la que era tan afín.
-Raxus: 600. Helios: 500.
-¿Están seguro de que quieren hacer esto, niños? -. Preguntó el caballero rojo con tranquilidad.
No importaba cuanto tiempo pasara, para Raxus siempre sería un niño. Por desgracia, sabía que Helios no sería capaz de tomarse el apodo de buena manera.
-¡Cállate, anciano! -. Gritó Helios iracundo levantándose rápidamente con el apoyo de sus alas y brazos para embestir a su oponente.
Los pies de Raxus se anclaron con fuerza al piso mientras que uno de sus brazos se enredaba entre los de Helios para tratar de detener su retroceso, dejando un rastro con el pasar de las suelas de sus botas. Quejidos de dolor abandonaron el hocico del dragón cuando una ráfaga de golpes de parte del brazo libre de Raxus comenzó a impactar sus costados.
Finalmente, el gran muro que era Raxus Pyrus dejó de moverse cuando los esfuerzos de su contrincante dejaron de ser suficientes para moverlo y un fuerte golpe descendente combinado con las dos manos de parte del caballero de armadura roja obligó a Helios a caer de rodillas al piso y desistir en su agarre.
La gran mano del Bakugan se posó bajo la alargada cabeza del dragón para apretar con fuerza la parte más alta de su cuello y obligarlo a recomponerse con un tirón. Estando de pie, en manos de su objetivo, Helios recibió un fuerte golpe en el costado de su cabeza, uno tan fuerte que Keith estaba seguro que los colmillos de su compañero temblaron al recibir el impacto directamente.
Una fuerte andanada de golpes comenzó a bañar el cuerpo del dragón negro, uno a la cabeza, otro al pecho, otro al estómago y a sus costados; golpes tan fuertes que dejaban una marca visible en la piel escamosa del enemigo.
-Helios: 400.
Tenía que hacer algo o esto sería una masacre para su amigo, sin importar cuanto le doliera tener que hacerlo. Pero su padre, verlo desde su posición, tratándolo como si fuera un enemigo más, dolía de una forma que no creía que llegaría a experimentar.
-Poder activado: Martillo de Apollonir -. Atacó una vez más el comandante.
Los nudillos de Raxus se encendieron con la fuerza de sus llamas. Esta vez, usó sus dos manos para comenzar un combo sucesivo de golpes contra el cuerpo de su oponente, comenzando con una serie a su estómago y pecho que se elevó en la forma de un gancho que conectó en el costado de la cabeza de su oponente una vez más antes de elevarse con un salto.
Keith vio asombrado como Raxus de elevaba una vez más sobre Helios para dar una fuerte patada en su pecho que lo hizo caer al suelo sobre su espalda una vez más, antes de que las manos del caballero se juntaran una vez más, preparándose para dar un golpe ardiente con el apoyo de la gravedad que lo jalaba a tierra.
Ya era suficiente, Eric podía verlo como un hijo o un oponente, pero estaba claro que a Helios no lo veía como ninguna de las dos cosas, no era más que una piedra en el camino, una que Raxus estaba listo para eliminar, permanentemente, de ser necesario.
-Poder activado: Espiral Nova -. Defendió el enmascarado a su compañero.
Una onda de poder roja cubrió el cuerpo de Helios, apagando las llamas de los puños de Raxus al instante para devolverlos a su estado normal y dándole la oportunidad a Helios de atrapar el golpe de su contrincante.
El calentamiento había terminado.
-Raxus: 600. Helios: 600.
-¡Poder activado: Cuásar General! -. Atacó el rubio por primera vez.
El fuego brilló en el hocico del dragón, una poderosa llamarada salió como un cohete contra Raxus, el cual apenas tuvo tiempo para cubrirse con sus brazos del golpe. Sin embargo, no fue suficiente para evitar retroceder un par de metros antes de verse obligado a posar una rodilla en el suelo para fortalecer su balance.
-Helios: 800. Raxus: 500.
-¡Es el momento de atacar, Helios! -. Señaló Spectra al ver a su oponente arrodillado.
El dragón se abalanzó contra su oponente con toda la velocidad que le permitieron sus alas sin desactivar su último poder, sabían que Raxus reaccionaría a tiempo si le daban los segundos necesarios para hacerlo, así que tenían que cortar el ritmo del soldado para evitar un contraataque.
Desde su posición, Raxus no pudo distinguir la silueta de la mano de Helios hasta que esta emergió de entre las llamas y cubrió su cara para empujarlo contra el suelo, creando un nuevo estruendo que dejó una marca en el suelo.
Helios rugió con euforia antes de sujetar la cabeza su contrincante entre sus dos manos para comenzar a azotarla contra la roca que dejaron debajo de ellos con su batalla.
-¡Raxus, resiste! -. Pidió el rubio mayor a su compañero.
Siendo azotado como si fuera un látigo contra la dura roca, Spectra dudaba que el Bakugan pudiera escuchar al comandante, Helios no dejaba oportunidad a su objetivo mientras lo usaba como un pico de excavación antes de levantarlo sobre su cabeza con sus poderosos brazos.
Era sorprendente la fuerza de Helios, nunca había conocido a un Bakugan que pudiera seguir el ritmo de Raxus en en encuentro cuerpo a cuerpo. Estaba claro que el comandante y su compañero contaban con la experiencia, pero Helios y Spectra tenían la brutalidad y el poder de su parte.
Preparándose para azotar una vez más al Bakugan acorazado contra el piso, Helios rugió gustoso, saboreando la primera victoria de la batalla. Al menos, hasta que el comandante, levantó su lanzador una vez más.
-¡Poder activado: Sol Máximo!
Un aura de llamas blancas bañó el cuerpo de Raxus, proveyéndolo de una cantidad completamente nueva de poder, una que le dio la fuerza suficiente para usar su brazo y conectar un poderoso golpe en la quijada de su adversario que lo hizo retroceder, mientras su agarre sobre el caballero rojo se soltaba.
Al tocar tierra una vez más, Raxus no dio un respiro a su oponente para recomponerse del golpe, se lanzó aún envuelto en el fuego más ardiente que podía invocar para arrollar a Helios como un vehículo fuera de control a altas velocidades. La embestida tuvo tal fuerza que el dragón cayó al suelo una vez más con Raxus encima golpeando todo lugar que le fuera posible antes de dar un brinco con el cual posó su gran sobre la cabeza de su enemigo, amenazando con aplastarla como si fuera una cucaracha con su sombra cubriendo la cabeza de Helios.
-¡Sal de ahí! -. Ordenó el enmascarado a su compañero rápidamente.
Viéndose obligado a rodar hacia un costado, Helios logró evadir el ataque dejando atrás la nube de polvo que dejó el pisotón ardiente de Raxus en el suelo para alejarse rápidamente.
No obstante, Raxus no dejaría que su enemigo se alejara tan fácilmente y lo dejó claro al perseguirlo aún envuelto en llamas, dejando un rastro de huellas humeantes con cada paso.
-¡Spectra, haz algo! -. Exigió el dragón a su compañero levantando sus brazos para protegerse de los golpes de su adversario.
Los ataques de Raxus eran devastadores, a pesar de su complexión robusta y su alto aguante al dolor, Helios retrocedía ante los abrumadores ataques consecutivos del oponente que no daba cuartel o una ventana de oportunidad para contraatacar o esquivar.
Finalmente, un fuerte golpe entre los brazos en guardia del Bakugan fue suficiente para derribar su guardia, obligándolo a retorcerse del dolor con la cabeza abajo. Raxus se elevó una vez más con un salto que vino acompañado de una patada con su pie derecho, arrojando a Helios lejos de él.
Sin embargo, esta vez el dragón estaba preparado, batiendo sus alas y extendiendo sus extremidades, logró impedir su caída; sabía que caer al suelo nuevamente sería devastador con Raxus en este estado. Así que hizo todos los esfuerzos posibles para evitar que su espalda cayera al suelo otra vez.
-¡Eric, terminemos con esto ahora! ¡No podemos seguir perdiendo el tiempo! -. Llamó el Bakugan acorazado a su compañero.
El rubio asintió en acuerdo, manteniendo una expresión seria en su rostro. Parecía que los rumores de sus enemigos eran ciertos, Eric Valiant se convertía en otra persona cuando estaba en el campo de batalla.
-Poder activado: Anillo Dorado.
Juntando sus manos hasta que sus palmas quedaron frente a frente, un aro de energía de color amarillo brillante se formó entre las extremidades del Bakugan de la Resistencia, uno que al ver a la luz del sol adquirió un tamaño semejante a la complexión ancha de Helios y que comenzó a girar como si fuera una cierra de energía en las manos de su portador.
-¡Spectra! -. Llamó Helios a su compañero, preparándose para acatar cualquier instrucción de parte de éste.
-No te preocupes, lo tengo -. Aseguró el enmascarado introduciendo una nueva carta en su lanzador.
Por suerte, había entrenado con su padre lo suficiente como para saber que hacer en estos casos, motivo por el cual no se inquietó cuando al anillo comenzó a girar en la mano de Raxus, ni cuando salió expedido de su mano con la intención de devolver a Helios a sus pies. En su lugar, solo activó una nueva carta.
-¡Poder activado: Golpe Nuclear!
-Helios: 600. Raxus: 400.
Un aura roja bañó nuevamente el campo de batalla, cubriendo el aro de Raxus hasta que el dorado se perdió entre el color de la sangre que desvaneció el ataque en nada más que aire. Sin embargo, no fue el único cambio, pues las llamas blancas que adornaban el cuerpo de Raxus también desaparecieron de su cuerpo, dejando únicamente el humo que delataba su rastro.
-¿Qué sucedió? -. Preguntó Raxus mirando sus manos confundido.
-El Golpe Nuclear es una carta defensiva, desactiva los poderes del oponente, incluyendo sus potenciadores y lo devuelve a su nivel de poder base -. Explicó Spectra con la carta aún brillando en su lanzador -. Por desgracia para ustedes, sé que el Sol Máximo es un poder que deja agotado a quien lo use después de que terminan sus efectos, por lo que tu poder, Raxus, baja un poco más de tu nivel base.
No estaba seguro si había visto bien o eran solo sus imaginaciones tratando de engañarlo, pero juró que por un momento vio un destello de orgullo en los ojos de su padre antes de posar una nueva carta en su lanzador.
-¡Poder activado: Arrollo Nulo! -. Activó Spectra, levantando su lanzador tan alto como pudo.
-Helios asciende a 800.
Un rayo de color rosa y blanco salió disparado del hocico de Helios, dando de lleno en un agotado Raxus que, una vez más, apenas tuvo tiempo de cubrirse, pero no le sirvió de nada. El uso de su mejor potenciador no le permitiría activar ningún ataque.
Su padre esperaba vencerlo rápidamente, pero no le sería tan fácil.
A pesar de sus mejores intentos por resistir, Raxus finalmente se vio superado por el poder de su contrincante y cayó al suelo con el ataque de su enemigo quemando su blindaje y arrastrándolo por el piso, levantando un centenar de rocas y polvo hasta que un resplandor rojo cubrió el cuerpo del caballero de la Resistencia entre quejidos de dolor, uno que convirtió su silueta en una esfera y lo mandó de regreso a los pies de su compañero.
-Indicador de vida del comandante: 50%.
-¿Fue suficiente, ancianos? -. Se jactó Helios antes de regresar a su modo de esfera y volver a las manos de su compañero.
Su padre no reaccionó ante la derrota, ni a las provocaciones de Helios, solo recogió a su compañero en silencio con una sonrisa en sus labios.
-No estuvo mal, Keith. Has mejorado mucho -. Felicitó el comandante a su hijo, recogiendo a su compañero.
No supo que responder, no le había dirigido la palabra en ningún momento de la batalla y ahora le hablaba con normalidad. ¿Acaso estaba intentando ahorrarse el dolor que le producía este combate evitando una confrontación directa con él? No podía entenderlo, ni siquiera estaba seguro de querer hacerlo, pero tenía que responder algo.
-Gracias -. Dijo civilizadamente.
Quería decir algo más, pero no estaba seguro de cuánto tiempo Gus podría mantener en silencio las cámaras de vigilancia de Ciudad Gamma y el palacio. Tenía que ser cuidadoso con sus palabras y evitar decir algo que pudieran usar en su contra después.
Eric pareció entenderlo, pues solo miró hacia arriba y a sus alrededores, suponía que estaba buscando el medio a través del cual los estaban observando antes de rendirse y sacar su propia carta portal. No podía negar el orgullo que sentía al haber vencido en la primera ronda sin recurrir a su carta portal en el campo.
-¿Listo para continuar? -. Preguntó el rubio mayor con una pequeña sonrisa.
En cierto modo, era imposible no recordar los entrenamientos en la casa de campo de los Valiant. La nostalgia era palpable en el aire y Keith no podía hacer nada para evitar sentir la familiaridad de una batalla con su padre antes del almuerzo.
No podía responderle con palabras, así que solo se limitó a asentir con una pequeña sonrisa que se negaba a abandonar sus labios.
-De acuerdo -. Aceptó el comandante antes de lanzar su propia carta al campo de batalla -. ¡Carta portal lista!
No hubo más palabras, solo las acciones que darían inicio a la próxima ronda de este encuentro decisivo para la guerra que diferentes intenciones había comenzado, una donde la lealtad era increíblemente frágil.
Al grito de ambos peleadores, ambos Bakugan Pyrus salieron disparados al choque de sus fuerzas en la mitad del campo de batalla y emergieron de sus formas portátiles para liberar una onda expansiva que agitó el aire a su alrededor. Los brazos de ambos gigantes les sirvieron como escudo para resistir en el forcejeo, en el choque de sus fuerzas.
-¡Empuja, Raxus! -. Ordenó el comandante a su compañero.
-¡No cedas, Helios! -. Exclamó el enmascarado en respuesta.
Un atronador rugido de parte del dragón pareció darle la fuerza que necesitaba para ganar terreno en el choque de sus fuerzas. Poco a poco, los pies de Raxus comenzaron a retroceder y su postura, antes inclinada, perdía su firmeza para retroceder junto con el resto de su cuerpo.
-¡Helios! ¡Poder activado: Cuásar General!
-Helios asciende a 800.
Fuego destelló entre los colmillos del dragón. Esta vez, no hubo forma para Raxus de evadir el ataque, la misma llamarada de antes logró su objetivo esta vez, dando de lleno en el pecho de
Raxus y empujándolo hasta caer al suelo nuevamente sobre su espalda.
-Raxus desciende a 400.
-¡Raxus! -. Llamó el rubio mayor a su compañero con preocupación.
-Estoy bien -. Respondió el Bakugan recomponiéndose con un quejido de dolor.
-¿Fue suficiente, anciano? -. Se burló Helios desde su posición.
-Aún no terminamos, niño -. Contestó el caballero de brillante armadura.
Las fuertes piernas y brazos del compañero del líder de la Resistencia, sus puños se elevaron a la altura de su rostro cubierto y sus pies se separaron con anticipación. A pesar del golpe que había recibido, su voluntad se mantenía inquebrantable.
Siempre había admirado a Raxus, y esto solo hacía que su figura fuera aún más grandiosa en su mente.
Helios respondió con un bufido antes de elevar su propia posición de batalla con sus manos abiertas frente a su pecho, enseñando sus garras grises, mientras sus piernas y alas se extendían para mostrar su abrumador tamaño y tratar de dañar la moral de su contrincante.
Pero eso no funcionaría con Raxus, no conocía a ningún Bakugan en Nueva Vestroia capaz de sostenerle la mirada a Helios y seguir listo para la batalla, pero Raxus no era como los demás. Su familia también era la que estaba prisionera en las entrañas del palacio y no parecía estar dispuesto a irse voluntariamente sin ella.
-Eric, creo que llegó la hora de dejar de contenernos -. Sugirió el caballero rojo a su compañero, sin despegar sus ojos verdes de los de Helios ni por un solo segundo.
¿Cómo? ¿Había escuchado bien? ¿Aún tenían más trucos bajo la manga? Se suponía que el Sol Máximo era el potenciador más poderoso de Raxus, no debería tener más poderes.
A menos que…
-Estoy de acuerdo -. Asintió Eric en acuerdo a las palabras de su compañero antes de levantar ligeramente la mano -. ¡Carta portal abierta: Hijo del Sol!
Llamas bañaron el campo de batalla, cubriendo todos los alrededores con la silueta del símbolo Pyrus conformado por un fuego tan dorado como el oro. La luz natural del fenómeno era tan intensa que Spectra estaba seguro de que el príncipe y los otros Vexos no podían ver con exactitud su posición perdida entre las llamas.
-¿Crees que un poco de fuego te ayudará a derrotarme? -. Cuestionó Helios con sorna.
Tenía que recordar que su compañero no conocía a Raxus de nada, mucho menos al comandante.
-No es para ti -. Corrigió el Bakugan de su padre con tranquilidad -. Es para mí.
De repente, las manos de Raxus tocaron el suelo y las llamas que danzaban alrededor de ambos gigantes se alteraron, poseídas por una fuerza sobrenatural que las jaló hasta el cuerpo de quien las había invocado hasta que el símbolo Pyrus a su alrededor se desvaneció casi por completo, dejando únicamente los trazos tallados en piedra quemada mientras que aquellas que los causaron bañaban el cuerpo del enemigo, incrementando su poder.
-Raxus 700. Helios: 600.
-¿¡Qué está pasando!? -. Preguntó Helios a su compañero confundido.
Spectra no tuvo tiempo para responder, el fuego que cubrió el cuerpo de Raxus se liberó en una explosión con un grito atronador donde las llamas se esparcieron por el campo de batalla mientras un aura de las mismas se mantenía adornando la armadura del caballero rojo, dándole una apariencia casi divina, una cuya luz casi parecía ser capaz de cegarlo debido a su intensidad. Por un segundo, a pesar de la dificultad que el polvo, la ceniza, el fuego y su luz, Keith pudo jurar por un momento que vio la silueta de un par de alas de fuego en la espalda de Raxus antes de que éste atacara.
Partiendo la distancia con un aturdido Helios, Raxus dio un salto con la suficiente fuerza en sus piernas para quedar a la altura de la cabeza de su oponente y estrellar su rodilla contra la cabeza del dragón con tal fuerza, que siguió adelante como un vehículo sin control, que no se detiene a pesar de lo que se haya llevado consigo.
Helios retrocedió un par de pasos, incapaz de ver bien debido a la fuerza del golpe que había recibido en la cabeza. Debido a esto, para Raxus fue sumamente fácil acercarse nuevamente al enemigo desde su nueva posición con otro salto que lo puso sobre Helios nuevamente.
Un gancho izquierdo prendido en llamas se estrelló con fuerza en el costado derecho de la cabeza del dragón Pyrus seguida rápidamente por una patada en las costillas que arrastró a Helios un par de metros debido a la fuerza del golpe.
-¡Poder activado: Martillo de Apollonir! -. Secundó el comandante el frenesí de su compañero.
-Raxus asciende a 900.
Siguiendo rápidamente a su enemigo con los puños en llamas, Raxus se posó brevemente debajo de él antes de impactar sus nudillos reforzados con la parte inferior del hocico del dragón, callando cualquier quejido de dolor por parte del dragón al instante mientras elevaba su cuerpo con la fuerza de su ataque.
-¡Helios! -. Llamó el enmascarado a su compañero con preocupación.
Pero no podía escucharlo, no mientras su cuerpo se elevaba en el aire por los sucesivos ataques de Raxus que lo subían cada vez más y más como si no fuera más que un saco de entrenamiento para el Bakugan de la Resistencia.
-¡Suficiente! ¡Poder activado: Golpe Nuclear! -. Levantó Keith su lanzador, pero la carta no se encendió dentro del dispositivo -. ¿Qué sucede? -. Expresó confundido.
-Es simple, la carta portal Hijo del Sol anula temporalmente todos los poderes que el oponente pueda activar -. Explicó el comandante -. Lo siento, pero nada va a impedir que salve a mi familia, y eso te incluye a ti. Te sacaré de aquí, aun si tengo que jalarte de la oreja.
Un rugido atronador en el cielo llamó la atención de los peleadores nuevamente. Aparentemente, bastó con un golpe descendente en la cabeza por parte de Raxus con las dos manos para devolver a Helios a tierra aturdido.
Un cráter se abrió en la tierra cuando el Bakugan cayó una vez más al duro suelo adolorido. Helios trataba de levantarse, pero estaba claro que el dolor provocado por sus heridas no le permitía moverse como normalmente lo haría, una serie de marcas y quemaduras repartidas por sus escamas eran la evidencia del dolor que su compañero había tenido que pasar gracias a los numerosos golpes que Raxus le había impartido.
-¿¡Estás bien!? -. Preguntó Spectra con genuina preocupación.
-Sí, solo… necesito… levantarme -. Respondió el dragón con dificultad.
Sus intentos por ponerse de pie eran inútiles, era incapaz de recomponerse en sus pies nuevamente, su postura temblaba y sus manos tenían que estar abiertas mirando al suelo en caso de que cayera al duro suelo del desierto nuevamente.
-¡Termina de una vez, Raxus! -. Ordenó el comandante a su compañero aún en el aire.
Desde el cielo, aún bañado en llamas, Raxus comenzó un veloz descenso en la forma de una bola de fuego semejante a una supernova con el objetivo de caer sobre Helios.
-¡Sal de ahí! -. Llamó Spectra a su compañero alarmado.
Pero fue inútil, en su estado tan maltratado, era imposible moverse con agilidad. No pudieron hacer más que encarar a aquel ángel de fuego que se precipitó sobre Helios a una velocidad vertiginosa, no pudieron hacer nada cuando polvo, el fuego y las cenizas bañaron el campo de batalla y seguramente caía un poco de cada uno en el nivel principal de Ciudad Gamma.
Spectra no pudo hacer nada más que batallar con el agitado aire que trataba desesperadamente de enviarlo a tierra sobre su espalda mientras una luz de color rojo destellaba entre el negro humo y la blanca ceniza. No pudo hacer nada más que sorprenderse del poder de su oponente al ver a Helios caer a sus pies en la forma de una pequeña esfera, dejando atrás el caos de una batalla que se había salido de todo cálculo hecho por el equipo del príncipe.
-Indicador de vida de Spectra: 50%.
-Helios, ¿estás bien? -. Preguntó el enmascarado a su compañero al recogerlo del suelo.
-Sí, ese maldito anciano me las va a pagar -. Juró el Bakugan con rabia -. Dejémonos de juegos, es hora de sacar todo el arsenal disponible.
-Sí, estoy de acuerdo.
Sabía que vencer a su padre y a Raxus no sería una tarea fácil. De hecho, podría ser fácilmente la batalla más dura de toda su carrera como peleador, pero tenía que aceptar que no esperaba esto. Si alguna vez tuvo dudas que lo confundieran sobre el poder de su padre, esto había borrado cualquier rastro de ellas. Después de todo, frente a él no estaba cualquier peleador con un Bakugan poderoso, frente a él se encontraba el comandante de todo el ejército de su planeta. Así como muchos aclamaban a Spectra como el mejor peleador de Nueva Vestroia, muchos otros aclamaban a Eric Valiant como el mejor peleador de Vestal.
-¿Estás seguro de que quieres seguir con esto, hijo? Aún no es tarde, podrías ayudarnos a terminar con esta guerra de una vez por todas -. Propuso el hombre con paciencia y tranquilidad.
Quería responder, contarle acerca de sus verdaderos planes y evitar que esto siguiera, pero no podía. Tenía que callarse mientras estuviera en el ojo público de toda Ciudad Gamma y el Palacio Real.
No pudo hacer más que dirigir una mirada llena de pesar a su padre mientras le enseñaba su última carta portal. La que vería el desenlace de esta batalla.
Lo siento, papá.
-¡Carta portal lista! -. Comenzó Spectra arrojando la carta al centro del demacrado campo de batalla.
El resplandor rojo rectangular de la carta se disparó en un radio cada vez más grande bajo la atenta mirada del comandante, que ocultaba la tristeza que debía estar sintiendo por las circunstancias en las que se estaban enfrentando.
Sabía que el mismo Eric esperaba pacientemente el día en que su hijo mayor lo superara en combate, pero estaba seguro de que también habría preferido que se diera en otras circunstancias.
Por desgracia, ambos peleadores tuvieron que dejar sus deseos frustrados atrás, tenían que pelear y estos pensamientos no les harían ningún bien durante la pelea.
En el ojo del campo de batalla, los dos colosos se encontraron nuevamente, cara a cara, puño a garra. Una vez más, los poderes se encontraron en un choque que hizo arder el campo de batalla con una intensidad cada vez mayor.
Sus puños se entrelazaron en un nuevo forcejeo, donde Helios no trató en usar su masa corporal superior para imponerse una vez más. Sin embargo, Raxus no tardó en estampar el frente de su casco contra la mandíbula del dragón para aturdirlo, borrando la nitidez de su visión.
-Poder activado: Martillo de Apollonir -. Atacó el comandante una vez más.
Dando un salto que lo puso una vez más sobre la complexión ligeramente superior de su contrincante, Raxus conectó su puño llameante contra el costado de la cabeza del Bakugan enemigo, obligándolo a soltar un audible quejido de dolor por la fuerza del golpe.
A pesar de la piel escamosa resistente del dragón, el hierro ardiendo al rojo vivo no daba cuartel y el dolor que provocaba al ser impulsado por la fuerza de un combatiente experimentado era abrumadora.
-Raxus: 800.
-¡Ataca! -. Ordenó el rubio mayor.
Una andanada de golpes ardientes marcó una vez más el cuerpo del dragón, provocando que éste temblara con la misma velocidad que recibía los sucesivos impactos de su contrincante.
-Poder activado: Golpe Nuclear -. Defendió Spectra rápidamente al ver a su compañero en apuros.
La energía destelló una vez más desde el cuerpo del dragón, obligando a los puños de su enemigo a apagarse con la misma velocidad con la que se encendieron para frustración de Raxus, que no se atrevía a detener su ofensiva a pesar de las nuevas circunstancias.
La mano de Helios no tardó en atrapar uno de los golpes de su oponente, antes de mirarlo fijamente con un solo ojo color carmesí. Desde el lado opuesto de la arena, la mirada asesina que el Bakugan les dirigió era genuinamente intimidante y la sangre que emanaba del interior de su hocico y adornaba sus colmillos solo le daba una imagen aterradora.Raxus trató de contraatacar usando su brazo libre, pero éste también fue atrapado por la otra extremidad del Bakugan enemigo.
Una llamarada proveniente del hocico del dragón cegó la visión de su contrincante, obligándolo a tratar de retroceder para recuperar la imagen del campo de batalla, pero el fuerte agarre del oponente no se lo permitió.
Desde su posición, Eric vio con detalle como la alargada cabeza de Helios emergía de entre las llamas y clavaba sus colmillos alrededor de la cabeza de su compañero antes de batir sus alas para comenzar a elevarse el combate del nivel del suelo.
-¡Raxus! -. Llamó el comandante a su compañero preocupado.
Sin embargo, su llamado no fue respondido. La presión ejercida alrededor de su cabeza era demasiada como para que Raxus lograra concentrarse en otra cosa que no fuera liberarse de este agarre suspendido en el aire.
-¡Carta portal abierta: Presión de Suelo! -. Activó el enmascarado al ver la suficiente distancia entre los Bakugan y el suelo.
Estaba seguro de que Hydron no necesitaría sus cámaras de seguridad para presenciar el desarrollo de la batalla desde la altitud a la que se encontraban ambos gigantes.
Una enorme silueta blanca se formó en el piso frente a los peleadores. En el cielo, Helios sonrió con malicia sin soltar la cabeza su oponente al sentir como la fuerza de la gravedad incrementaba y los jalaba a ambos de regreso a la maltratada arena de combate.
Ambos gigantes descendieron una vez más a tierra con el tirón de la carta portal. Raxus emitió un grito atronador mientras agitaba la parte inferior de su cuerpo con desesperación por liberarse de este agarre, pero las manos y el hocico del enemigo se negaba a soltarse.
-¡ERIC! -. Llamó el caballero rojo a su compañero en busca de apoyo por parte de su peleador.
-¡Poder activado: Onda Flamígera! -. Gritó el comandante levantando su lanzador rápidamente.
Estando a tan solo unos metros del suelo, a tan solo unos metros del final de la batalla, una poderosa explosión de un color amarillo brillante emanó del cuerpo del Bakugan de la Resistencia, levantando el polvo, creando el humo y agitando el aire a su alrededor, obligando a los peleadores a tapar su visión mientras el fuego bañaba el campo de batalla.
-Raxus: 800.
Helios salió disparado del alcance de su contrincante, aterrizando sobre sus pies en la arena una vez más y arañando el suelo con sus garras a modo de ancla para lo retroceder demasiado.
En el ojo del campo de batalla, y aún envuelto en llamas, Raxus se reincorporó tan rápido cómo pudo para arremeter una vez más contra Helios, dando una poderosa tacleada en el estómago y pecho del dragón, que no tardó en emitir rugidos de dolor por la fuerza de la embestida.
Un intercambio de golpes tomó lugar enfrente de Spectra, los puños y las garras volaban frente a él con una luz avasalladora. Cortes y golpes marcados en la piel y el metal fueron la imagen que capturó la atención de quienes vigilaban la batalla desde el nivel de las alturas.
Haciendo uso de su juego de pies más refinado, Raxus logró imponerse al pisotear con el talón de su bota reforzada el pie de su enemigo con su pierna izquierda antes de patear el interior de la rodilla con el pie derecho, provocando que Helios perdiera el balance y tratara de retroceder para no caer de bruces al suelo.
Raxus vio una oportunidad de imponerse en ese mismo momento, arrojando un gancho derecho que Helios apenas logró bloquear antes de que alcanzara su cabeza nuevamente.
Usando toda su fuerza nuevamente, Helios se abalanzó contra Raxus para obligarlo a retroceder con su brazo aún envuelto en su agarre y dejando una marca en el suelo debido a la fuerza que el caballero de brillante armadura depositaba en su postura para no caer sobre su espalda.
-¡No lo dejes avanzar más! ¡Golpéalo en las costillas! -. Ordenó Valiant a su compañero.
Siguiendo las instrucciones del comandante, Raxus usó su brazo libre para azotar con brutalidad las costillas expuestas del oponente antes de levantar su enfoque y conectar un nuevo puñetazo en su rostro que sacó un delgado hilo de sangre de su hocico y deteniendo su avance, antes de arrojar una patada que fue directo al estómago de su contrincante.
Tenía que admitirlo, su padre era mucho más fuerte de lo que había pensado originalmente. Esta batalla se estaba decidiendo por las habilidades en combate cuerpo a cuerpo de los Bakugan y, por más fuerte y grande que fuera Helios, Raxus le duplicaba la experiencia, la agilidad y la técnica. Si iban a ganar, tenía que ser a través de sus poderes. Era lo único en lo que podrían superar a un par de veteranos como lo eran Eric y Raxus.
-¡Helios, sal de ahí! -. Ordenó Spectra a su compañero.
En el campo de batalla, Helios pareció ser incapaz de escuchar a su compañero, sus garras trataron de alcanzar nuevamente al caballero rojo pero la técnica superior de éste lo ayudó a desviar el ataque con sus antebrazos, dándole la oportunidad de acercarse lo suficiente para clavar su codo recubierto con metal en el alargado cuello de su rival.
Cuando Helios se encogió adolorido y sujetando su cuello, Raxus aprovechó la oportunidad para estrellar su puño en la mandíbula del dragón, obligándolo a mirar hacia el cielo adolorido antes de empujarlo con una nueva patada en el estómago con la planta de su pie derecho.
Helios tuvo que clavar todas las garras de sus cuatro extremidades y sus grandes alas para no derrumbarse en el suelo con el último empuje de su contrincante.
-Helios, ¿estás bien? -. Preguntó Spectra a su compañero.
El Bakugan tuvo que hacer un considerable esfuerzo para reponerse y responder cómo si estuviera en perfectas condiciones. Por supuesto, no era más que una fachada, su postura tambaleante traicionaba la imagen que quería crear.
-Estoy bien -. Asintió el dragón adolorido antes de mirar una vez más a su contrincante.
Raxus los veía desde su posición en la arena llameante con los puños arriba y dando unos pequeños saltos que lo mantenían alerta y lo ayudaban a prevenir cualquier ofensa física de su enemigo. Respiraba con dificultad, claramente estaba cansado, casi tanto como debía estarlo Helios.
Odiaba reconocerlo, pero Keith había subestimado a su padre. Había confiado demasiado en el gran poder de su nuevo compañero y no creyó que fuera posible verse contra las cuerdas en estas circunstancias. Debió imaginar que, aun con todo su poder, la abrumadora experiencia de Raxus le daba ventaja en un combate mano a mano.
Tenían que acabar cuanto antes, antes de que Raxus sometiera a Helios con nada más que sus puños.
-Olviden esto, niños -. Pidió el comandante desde el su lado en el campo -. Son fuertes, pero aún no tienen la destreza para ganar esta batalla.
-Es cierto, han dado una buena pelea, pero no van a vencernos -. Apoyó el Bakugan acorazado a su compañero -. Esto no tiene que terminar así, pueden ayudarnos a vencer a los otros Vexos y liberar Nueva Vestroia. Ambos pueden ser mucho más que los esclavos de Zenoheld.
Era indignante que Raxus y su padre pensaran que hacían esto por lealtad a Zenoheld. No podían pensar en nada que les diera más asco que servir voluntariamente a ese anciano demente y ayudarlo a preservar su poder sobre dos mundos. Pero por el bien de sus verdaderos objetivos, tuvieron que callarse y dejar que ambos pensaran esa tontería.
Ya verían la verdad a su tiempo, pero tenía que ganar esta batalla primero antes de continuar con sus planes.
Desde el otro lado de la arena, su padre pareció notar su falta de voluntad para rendirse. No debería estar sorprendido, él se lo había enseñado después de todo.
-Lo siento, Raxus, pero eso no pasará -. Respondió Spectra antes de levantar su lanzador una vez más -. ¡Poder activado: Cuásar General!
-Helios: 700.
Una poderosa llamarada salió disparada del hocico del dragón en dirección a su oponente, una que iluminó la trayectoria que recorría a una velocidad vertiginosa.
Esperaba ver sorpresa o incertidumbre en los ojos de su padre, pero lo sorprendió más de lo que debería cuando su expresión no se inmutó y se mantuvo sereno mientras levantaba su propio lanzador con una carta dentro del dispositivo.
-Poder activado: Llamarada Solar.
Al igual que con Helios, una potente corriente de fuego salió disparada por parte del Bakugan de la Resistencia, proveniente de sus manos.
Los ataques colisionaron en medio de la arena una vez más, pero el fuego de Raxus no tardó en comenzar a ganar ventaja gracias al nivel de poder superior que había logrado durante el combate con Helios.
-Raxus aumenta a 900.
Maldición.
Poco a poco, la fuerza de Helios comenzó a verse superada y su temple comenzaba a flaquear mientras sus esfuerzos se evaporaban en el aire bajo la presión que Raxus ejercía en el encuentro de sus ataques.
-¡Spectra! ¡Haz algo, no te quedes parado! -. Exigió Helios sin desistir en su ataque.
Por suerte, aún le quedaba una carta más por jugar, una última oportunidad para ganar esta batalla de una vez por todas.
Introduciendo su mano en los bolsillos internos de su abrigo, el enmascarado arrojó hacia su compañero un pequeño objeto que destelló en el aire con una luz roja sobre la espalda de Helios, una que sorprendió a Eric al verlo.
-¡Trampa Bakugan: Metalfencer Pyrus!
De repente, un escorpión mecánico de color rojo carmesí emergió de entre la luz y se posó rápidamente sobre la espalda de Helios para consternación del comandante y su compañero, que solo podían ver confundidos y con desagrado esta llamada "Trampa Bakugan".
-Helios: 1100.
-Imposible -. Musitó Raxus con dificultad en el forcejeo.
El nuevo poder de Helios se vio reflejado en el nuevo empuje de su poder, recuperando casi todo el terreno perdido durante el choque de ataques.
-¡Poder activado: Valquiria Roja! -. Activó el enmascarado rápidamente al ver la oportunidad.
Las patas del escorpión, adheridas a los brazos y piernas de Helios, se abrieron para enseñar un cañón por cada extremidad, poderosas armas de fuego que apuntaron contra su oponente y dispararon fuego a discreción contra sus partes visibles a través del choque de poder en el medio de la arena.
-¡Raxus, trata de resistir! -. Pidió el comandante a su compañero al verlo encogerse ante los disparos de su enemigo.
-¡Esto se acabó, ancianos! -. Se jactó Helios cuando su propio compañero levantó una vez más su lanzador.
Una carta morada y negra llamó la atención de los líderes de la Resistencia, una con dos ojos que brillaron con el color carmesí de la sangre cuando el objeto entró en el lector de cartas del lanzador.
-Poder de fusión: Activación Omega.
-Helios: 1300.
Eso fue todo, el fuego de Helios ardió con más intensidad que el de Raxus, los consecutivos disparos de Metalfencer y el ataque potenciado del dragón se impusieron sobre el Bakugan de la Resistencia.
Vio con pesar y lástima como Raxus se veía envuelto entre el fuego y su silueta se perdía rápidamente entre las llamas con un grito atronador, agitándose con desesperación para tratar de frenar el dolor que arrollaba su cuerpo sin piedad antes de que una llamativa luz rojiza batallara con la misma intensidad que el fuego de su compañero y desvaneciera su imponente figura.
-Indicador de vida del comandante: 0%.
No hubo nada más después de eso, su padre cayó derrotado con una expresión en blanco grabada en su rostro mientras sus rodillas caían para tocar el suelo con Raxus a unos pocos centímetros de sus manos inseguras y tambaleantes, de regreso en su forma de esfera.
La Tierra, Japón
En la actualidad
No podía decir que recordara a detalle lo que pasó después de eso o, mejor dicho, no quería recordarlo. Ya era muy difícil rememorar ese día en medio de sus más recurrentes pesadillas, pesadillas que solo había logrado aplacar durmiendo en la misma habitación que su madre y su hermana más pequeña. Parte de él también le gustaría que sus dos hermanas más grandes compartieran ese mismo espacio con ellos, pero sabía que era injusto pedirles eso; ambas habían crecido demasiado como para eso y era un lujo egoísta que no debería permitirse. Siendo sincero consigo mismo, solo les haría esa petición para ayudarlo a detener sus propios malos sueños, no porqué realmente lo necesitaran.
Los Peleadores habían hecho mucho por él y no quería abusar de la confianza que la gran mayoría estaba depositando en él hasta un punto en que era casi alarmante. Parte de Keith estaba aliviado de saber que Nick Takahashi no confiaba en él por completo, tenía muchas diferencias con el terrícola de cabello negro, pero si siempre se mantenía tan pendiente de su entorno, podría proteger a Elisa de cualquier amenaza. Tenía la inteligencia y el poder para hacerlo, y Keith solo podía estar agradecido de saber que su hermana había escogido a un peleador hábil como pareja.
Sin embargo, este no era momento para pensar en las relaciones de su hermana.
No dejaba de recordarse continuamente que tenía mucho que agradecer y a muchos que compensar por sus errores del pasado. Nunca podría devolverle la vida a Gus, que habría tenido un futuro brillante como peleador si no lo hubiera reclutado para morir por su causa olvidada finalmente, ni tampoco podría recuperar a Mylene, que había abandonado para perseguir metas carentes de sentido para este punto. Había perdido a varios, pero aún le quedaba gente que podría compensar antes de que la siguiente batalla asomara a la puerta y por eso se encontraba aquí.
En este callejón hondo que conducía hasta los muelles de carga, debajo de un pequeño puente en el nivel más alto de la ciudad humana, hasta la mesa de una pobre adivina qué parecía no haberse movido en los últimos meses desde su último encuentro tras la derrota de Dan y el secuestro de Drago.
La mujer pareció sorprendida al verlo, no tardó mucho en reconocerlo a pesar de no contar con su característica máscara o su distintivo abrigo de cuero rojo, a pesar de no tener grabado en su rostro el espectro de una mirada dura y maliciosa en sus facciones. En su lugar, solo tenía una pequeña sonrisa avergonzada en su rostro por su conducta la última vez que se vieron.
-Muchacho, ¿en verdad eres tú? -. Preguntó la mujer entrecerrando los ojos para asegurarse de que su visión no le estaba jugando una mala broma.
-Por favor, señora, llámeme Keith -. Pidió el rubio acercándose a la anciana.
Una mezcla de emociones de hizo presente en las avejentadas facciones de la mujer al verlo acercarse, no le había dejado una buena impresión la última vez que se vieron, nada más que miedo por una absoluta falta de arrepentimiento por sus pecados cometidos y por cometer en ese entonces. No podía culparla por temerle, cualquiera habría hecho lo mismo en esa situación. Solo alzó las manos, como una señal de que no estaba armado y no volvería a arremeter contra ella o su mesa mientras trataba de levantar un poco más su tímida sonrisa.
-Tranquila, no voy a lastimarla -. Calmó el ojiazul a la mujer.
Pareció calmarse al escuchar sus palabras y notar sus gestos, relajó un poco su tenso cuerpo antes de tragar saliva para hablar nuevamente.
-¿Y qué haces aquí? -. Cuestionó con cautela.
-Solo quería verla y disculparme por lo que pasó la última vez que nos vimos. No debí tratarla tan mal, mucho menos después de que me ofreció sus servicios completamente gratis. Sabía que no tenía dinero para pagar su tiempo y, aun así, no dudó en ofrecerse a leer mi futuro. Quiero disculparme y agradecerle por ayudarme, por hacerme dar los primeros pasos a entender que lo que estaba haciendo estaba mal y no hacía nada más que lastimar a las personas que me importan. Estaré siempre en deuda con usted por eso -. Respondió el rubio solemnemente.
No era mentira ni una exageración, perder a Gus y a Mylene le había hecho darse cuenta de la fragilidad del destino que recorrían todos los participantes de esta guerra y como pudo haber terminado igual que su amigo y su examante de haber seguido por el mismo sendero en el que se encontraba.
Ahora tenía una nueva vida y quería encarrilarla por un buen camino, uno en el que aprovechara todo lo que sus verdaderos padres le habían enseñado a él y a sus hermanas, y que esperaba ver como un día le enseñaban a Eisel para convertirla en la gran mujer que sabía que estaba destinada a ser.
Finalmente, después de unos segundos de silencio, la expresión de la mujer se relajó visiblemente antes de mirarlo un poco sorprendida por sus palabras.
-¿Qué pasó contigo? Has cambiado mucho en muy poco tiempo -. Señaló la anciana confundida.
-Solo me di cuenta de todo lo que estaba perdiendo y decidí luchar para reconstruir la vida que una vez tuve -. Respondió con una pequeña sonrisa -. Una acompañado de nuevos amigos.
Por un segundo, por un solo segundo, la mirada de la adivina reflejó algo parecido al orgullo y una pequeña sonrisa asomó sus propios labios arrugados antes de que unas carcajadas de su parte llegaran a los oídos del ojiazul, provocando en él una risa propia.
Nunca se había sentido tan cómodo en compañía de una desconocida, la anciana emanaba una presencia maternal con solo su risa. En cierto modo, era como estar con su madre, de regreso en casa y esperando un chocolate caliente como solo ella sabía prepararlo.
-Pues, me alegra mucho oírte decir eso. Me alegra haber ayudado a alguien que lo necesitaba -. Sonrió la adivina con calidez.
-Sí, y por ayudarme a darme cuenta de los errores que estaba cometiendo, quería entregarle algo -. Comenzó el rubio buscando entre sus bolsillos.
La mujer lo miró confundida al ver como sacaba de entre sus bolsillos un fajo de billetes, se veía genuinamente aturdida por el ofrecimiento de dinero. Claramente, no entendía que estaba pasando, el motivo por el cual este muchacho le ofrecía una paga tan generosa.
-Tenía una deuda con usted y ya era hora de pagarle su tiempo y la bola de cristal que rompí la otra vez -. Explicó avergonzado por su deplorable conducta ese día.
Por supuesto, le había preguntado a Marucho cómo podría afectarlo hacer una donación así. Se tranquilizó bastante cuando el pequeño peleador le dijo que no era una suma que lamentara perder, que la recuperarían con facilidad cuando abrieran el Interespacio Bakugan al público.
-Muchacho, estoy bastante segura de que eso es mucho más de lo que cobro, incluso por la bola de cristal -. Señaló nuevamente la adivina al ver el grosor del fajo de billetes.
-Lo sé, pero quiero dárselo. Les hablé a unos amigos de usted y acordaron darle suficiente dinero para que pueda salir de aquí. No quiero que piense que la veo como un caso de caridad ni nada parecido, pero me gustaría ayudarla en todo lo que pueda. Nadie debería tener que compartir esta vida.
Hablaba con sinceridad, hablaba con el corazón y esperaba no ofender a la mujer con sus acciones, era lo último que quería hacer. Temía una reacción negativa de parte de la adivina, pero lo único que recibió fue una risa genuinamente divertida por parte de la señora mayor, que parecía batallar para no retorcerse entre carcajadas, carcajadas que lo dejaron verdaderamente confundido.
-Muchacho, yo no vivo aquí -. Declaró la adivina aún entre risas.
-¿Cómo? -. Expresó confundido el rubio.
-Yo no vivo aquí -. Repitió la señora tratando de apagar sus carcajadas para hablar con claridad -. Me retiré hace unos años, vivo de mi pensión y el dinero que me mandan mis hijos por sus trabajos. Esto es más un pasatiempo que otra cosa, algo que hago para pasar el tiempo porque, siendo sincera, no me quedan muchos amigos, mi esposo falleció y este sitio me trae un poco de tranquilidad.
En otras circunstancias, habría estado verdaderamente avergonzado o incluso molesto, aturdido por el ridículo que debía estar haciendo frente a esta mujer, pero esa era una vida que se negaba a aceptar nuevamente. No, ahora era mucho más maduro y consciente, ahora era una vez más Keith Clay, el joven que adoraba a su familia, el genio que se dedicaba a la ciencia, el peleador que adoraba la batalla, el hombre que ahora mismo se reía con fuerza junto a la mujer que tenía delante.
-Cielos, que vergüenza -. Admitió el rubio entre risas.
-Está bien, no lo sabías. Solo guarda ese dinero, en verdad no es necesario -. Respondió la anciana con calidez.
Debería hacerlo, pero era un regalo y no quería descartarlo. Había reunido esta cantidad gracias a Marucho, lo había ayudado gentilmente porque entendía lo mucho que significaba para su nuevo amigo. Sabiendo la molestia que podría causarle a su padre, el pequeño rubio había accedido a hacer esto y no quería llegar y decirle que su regalo había sido rechazado.
Pero si la mujer no lo quería, tal vez habría otro modo que le permitiera aceptar el dinero sin pensar que era un ofrecimiento sin truco o ganancia unilateral.
-¿Qué le parece si contrato sus servicios una vez más? -. Ofreció Keith tomando asiento frente a la adivina después de mucho tiempo.
-¿Una vez más? -. Señaló la mujer con sarcasmo y una sonrisa burlona.
-Está bien. Por primera vez -. Corrigió el ojiazul con su propia sonrisa en los labios -. Tengo preguntas y, considerando lo buena que es en esto, me gustaría recibir su opinión sincera. A cambio de eso, yo le pagaré esta cantidad -. Ofreció una vez más el fajo de billetes que reposaba en la mesa.
-No eres de los que se rinde fácilmente, ¿cierto? -. Cuestionó la anciana, a lo que el peleador solo negó con la cabeza -. Muy bien, ¿cuáles son tus preguntas? -. Dijo acercando su nueva bola de cristal.
Flaqueó un segundo, sabía que preguntas hacer, pero la respuesta siempre era lo más difícil de recibir. Esta mujer había acertado hasta el momento y temía que lo hiciera una vez más si la respuesta confirmaba sus temores.
-Yo… tengo un problema… con mis antiguos compañeros. Me gustaría saber si podré resolverlos -. Confesó a medias, sin estar seguro de si la adivina podría ver más allá del velo de verdades a medias.
Si lo hizo, no dijo nada ni tampoco lo juzgó, solo levantó las manos para envolver su nueva bola de cristal mientras cerraba sus ojos y alzaba la cabeza.
-Veo que esta vez luchas por algo más grande que tú mismo, algo que valoras más que nada en el mundo -. Comenzó la mujer con los ojos cerrados.
-Así es -. Asintió Keith en acuerdo.
Estaba vez no luchaba por poder o un sueño perdido, luchaba por su familia y sus nuevos amigos, por rescatar a su padre, a Joanna, a Vestal y a todos los Bakugan. El tiempo de Spectra se había acabado y, con él, su gran ego se había desvanecido casi por completo. Tenía nuevas metas, nuevas y mejores.
-Pues, me alegra decirte que, si sigues por este nuevo camino, si decides seguir siendo el hombre que eres ahora, lograrás todo lo que te propongas -. Declaró la adivina con una pequeña sonrisa antes de volver a abrir los ojos con una cálida sonrisa y una mirada llena de alegría por él.
No se contuvo más, no fue capaz, esa respuesta acabó con todo rastro de autocontrol que tuviera en ese momento. Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, ya tenía sus brazos envueltos alrededor de la dama, apretándola en el abrazo más delicado que fue capaz de darle para no lastimarla sin querer.
Era posible, aún había esperanza, aún tenía la oportunidad de recuperar lo perdido. Podía verlo, su padre sano y salvo, regresando a casa con ellos. No tenía duda de que el amigo de los Peleadores los ayudaría a recuperar la casa de campo de su familia, podrían volver ahí para comenzar la recuperación de su padre en cuanto todo esto terminara. Una vez más, su familia estaría junta de nuevo y ahora sabía que tenía las probabilidades a su favor.
Nunca se caracterizó por ser alguien que creyera en el destino, pero si todo lo que había pasado lo había conducido por un sendero en el cual había recuperado a su madre y a sus hermanas, no tenía duda de que también detendrían a Zenoheld y salvar a sus amigos.
-Muchas gracias, señora -. Murmuró el rubio soltando con dificultad a la mujer de su abrazo.
Para ambos fue difícil desenredar su agarre del otro. No sabía en qué momento, pero se encontraba genuinamente conmovido por el hecho de que esta mujer le hubiera devuelto el abrazo. Después de tanto tiempo, le traía la esperanza de que aún habría lugares en los que no sería rechazado por sus errores cometidos, que Spectra no había borrado la facilidad de Keith para acercarse a las personas.
-Me llamo Nozomi, pequeño. Si tú me dijiste tu nombre, es justo que sepas el mío, Keith -. Respondió la adivina saboreando el nombre de su nueva cliente favorito -. Ahora dime, ¿cuál es tu siguiente pregunta?
-Bueno… yo… perdí recientemente a alguien que significaba mucho para mí. Me gustaría saber, si es posible, si en verdad fue a un lugar mejor como dicen todos -. Continuó Keith con sus preguntas y un par de lágrimas batallando por salir de sus ojos celestes.
Tuvo que asegurarse no referenciar a ese "todos" como los humanos en general. Era regla entre sus amigos que no debían decirle a nadie sobre sus orígenes vestal para no alarmar a los humanos con los que convivieran.
-Oh, pequeño, temo que eso es algo que no puedo averiguar por ti. Temo que ver si hay algo más allá es algo que no me atrevo a hacer -. Respondió la mujer con pesar.
Keith se desinfló visiblemente ante su respuesta, lamentaba profundamente lo sucedido con Mylene en el Interespacio Bakugan y no dejaba de pensar continuamente si había algo que pudiera hacer ahora asegurarse de que, sin importar como hubiera pasado sus últimos momentos de vida, estuviera sana y feliz donde quiera que se encontrara ahora.
Los vestal no se caracterizaban por creer en fuerzas superiores, a diferencia de la mayoría de los humanos, pero quería creer que había algo más del otro lado una vez que el tiempo de alguien terminaba; no por él, sino por los caídos, necesitaba asegurarse de que los muertos pudieran descansar en paz verdaderamente. Era lo que se merecían los muertos de la antigua Resistencia, era lo que necesitaba saber por Gus, sus Bakugan y…
Mylene.
Suavemente, la mano de la mujer se posó en su hombro tambaleante, con el llanto amenazando con romperlo nuevamente, cómo lo había hecho con anterioridad en la soledad de su laboratorio, en la oscuridad del espacio exterior.
No quería hacerlo, no quería quebrarse de esta manera frente a alguien más, pero le era imposible combatir ese impulso ahora. Había fallado, a sus amigos y a su amada por igual, y no había nada que pudiera hacer para sanar su adolorido corazón por su fracaso.
Encogido en la sombra de la impotencia y la frustración, donde las alegrías hallaban un lugar para morir, Keith Clay lloró una vez más en los brazos de la mujer que había ayudado a guiarlo por un nuevo camino en su vida.
Pero no solo, nunca más solo.
-Lo siento, muchacho -. Consoló la adivina pasando sus manos por la cabellera del peleador -. Pero déjame decirte un secreto.
La miró interesado con los ojos irritados al escuchar sus palabras. Esta mujer era casi como una especie de oráculo para los humanos y daba la impresión de tener todas las respuestas, necesitaba escuchar algo que lo ayudara a aliviar la carga que pesaba en su corazón maltratado y herido.
-Las personas que amamos no se van por completo. De algún modo, siempre viven aquí -. Dijo Nozomi señalando el pecho del rubio, el lugar de su corazón lleno de pesar -. Llámame loca, pero es lo que yo siento cuando pienso en mis amigos o en mi esposo. Que no los vea, no quiere decir que no estén ahí para mí siempre que los necesito.
Esa seguridad, esa convicción que acompañaba sus palabras, que transmitían una calidez que no creía que nadie más que Erika Valiant fuera capaz de reunir en su voz, fue todo lo que necesitó el rubio para envolver sus brazos alrededor de la mujer nuevamente para llorar en su hombro.
No podía quitar de su mente la imagen de ese cabello azul adornando esas hermosas facciones, no podía olvidar esos ojos del color del hielo que lo hacían sentir como el hombre más afortunado de todo el universo, no podía descartar esos delicados labios que había besado con todo el amor que dudaba volver a sentir alguna vez. Y no quería hacerlo, no quería olvidar ese sentimiento, no quería olvidar ese amor que había acompañado su vida y que él mismo había dejado a un lado. No quería, simplemente no quería olvidar a su Mylene.
Tenía una misión pendiente, aún tenía mucho por delante, mucho por lo cual preocuparse, tenía amigos que vengar y la memoria de su amada le pedía a gritos que hiciera justicia; pero solo por esta ocasión, solo por este breve momento, se permitiría un último instante para llorar sus pérdidas lejos de sus nuevos amigos. Los Peleadores tenían que saber que su nuevo aliado era fuerte y no se derrumbaría tan fácilmente, aunque sabía que no lo juzgarían por abrir su corazón, Keith se condenaría si alguien más viera los resultados de sus decisiones y los horrores de su enemigo.
Por una última vez, Keith Clay se permitió llorar. Mientras un fajo de billetes reposaba en la dura superficie de la mesa de Nozomi, el peleador reposó en los brazos de la adivina con sus sollozos tratando de callar las palabras de consuelo que ésta le brindaba y fallando en el proceso.
Esta sería la última vez, y lo juró por la memoria de Gus y Mylene, esta sería la última vez que Keith Clay se permitiría derramar lágrimas por culpa de Zenoheld y sus horrores o de Spectra Phantom y sus ambiciones.
N/A: Sé lo que están pensando, no lo digan. "Pero, Fan, ¿no te cansas de patear a Keith con este tipo de momentos una y otra vez?" Y yo les diré que sí, pero no. Creo que todos estamos de acuerdo en que Spectra es el mejor personaje de la segunda temporada y el que más potencial narrativo tiene, así que me parece criminal no aprovecharlo para explorar estos momentos de introspección a su personaje, ¿y qué mejor oportunidad que esta? Sin embargo, prometo que esta será la última patada de desarrollo que le voy a dar en este fic (en el presente, al menos ).
Imagino que varios tenían la pregunta de cómo fue la batalla de Keith vs Eric y, bueno, aquí está la respuesta. Cómo ya saben, en mis batallas se emplea mucho el uso del combate cuerpo a cuerpo y pensé a Raxus para que sea el counter de los Bakugan que se basan principalmente en el uso de poderes a distancia.
Una vez más, pido disculpas por tardar tanto en subir los capítulos. Si antes era una pesadilla adaptarme a mi nuevo horario, con los exámenes de por medio es mucho peor la cosa.
Por otra parte, ahora que nos despedimos oficialmente de Mylene en este fic, díganme que piensan de su personaje y la profundidad que se le dio en este trayecto. Debo decir que originalmente no tenía pensado explorarla de esta manera y la iba a dejar como estaba en la serie, pero me terminé animando a ir un paso más allá con ella. Así que me gustaría saber que opinan de su enfoque trágico en esta historia y su relación fallida con Keith.
Finalmente, mando una felicitación a Z-END101 por entender la referencia del capítulo pasado y hacerme reír con su review, el Capitán América está orgulloso de ti :D. También un agradecimiento a David por motivarme a continuar con este proyecto en sus mensajes y a Camilo Navas, que es mi héroe personal en este fandom y al cual le debo pedir perdón por no dejar reseñas en su historia actual de Bakugan, es que estoy releyendo la primera para motivarme y echarme porras. Pero ya la puse en mi lista de pendientes para comenzar a leerla en cuanto acabe de escribir este fic y termine de releer la suya (te quiero un montón, viejo).
Nozomi = Esperanza 😉
