Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Esto es gracias a la amorosa Claudia, que tiene una página en facebook donde publica hermoso arte SNK. Le debía esta comisión desde el año pasado (se auto flagela). Perdón, corazón, tarde pero seguro. El próximo capítulo, te lo regalaré por la demora.
Al resto de los lunaceritos, besos miles, los adoro mis amores! Por cierto, síganme en mis redes sociales!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: El fic es un omegaverse, las personalidades de los personajes a veces están fuera de lo canon, esto se llama OoC (out of character). Luego, hay uso de palabras altisonantes, insultos variopintos, algunos golpes (todos en defensa), y bueno, eso por ahora. Enjoy!
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"Quizás el sufrimiento y el amor tienen una capacidad de redención
que los hombres han olvidado o, al menos, descuidado".
Martin Luther King
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Esa noche Erwin se quedó pensando en el extraño alpha que había estado rondando la florería durante la semana. El ramo de narcisos que le había regalado estaba en el jarrón de la sala de estar de su departamento. Le dio pena tirarlos, no eran las flores que más le gustaban, aunque tenerlos ahí le generaban algo de culpa, porque ¡vamos! le recordaban a ese alpha torpe y avasallante.
Contratar a Brisa había sido una pésima decisión, ya era su segundo día y le acababa de enviar un mensaje indicándole que su gato estaba muy enfermo y le estaba pasando medicamentos por suero intravenoso, que sería imposible asistir. Ojalá se pusiera bien su gato, pero lo cierto es que necesitaban ayuda de manera urgente y no podían esperar. Brisa se movía lento, no entendía las indicaciones a la primera nunca, había que repetirle las cosas muchas veces, el primer día llegó una hora tarde "porque no encontraba la dirección", y así se sumaban las excusas.
Mike tenía razón, ayer lo había mirado como acusándolo y ya iban dos días en que le insistía que volviera a llamar al alpha extraño. ¿Por qué se resistía tanto a aceptar que era su mejor opción? Es decir, bueno, no era un ejemplo de educación y respeto al prójimo, pero tampoco era intratable.
Se preparó un café, le tiró un buen chorro de coñac, junto a dos terrones de azúcar y se lo bajó hasta la mitad. Finalmente se rindió, Levi era apto para el trabajo, solo era él quien no lo quería allí, nunca le había pasado de tener un problema personal tan serio con alguien, y mucho menos una persona a la que no conocía del todo.
Agarró su celular y estuvo dando vueltas un rato, hasta que le mandó un mensaje.
"Señor Akcerman, en caso de que aún estuviera disponible el puesto de trabajo, ¿sigue usted interesado en tomarlo?"
Suspiró cansado, era hora de irse a dormir, apuró otro trago del café y el celular le vibró de inmediato. Vaya, respondía rápido.
"Antes que nada: buenas noches, y sí, sigo interesado, nos vemos mañana, adiós".
Apretó los dientes y se llevó la palma de su mano izquierda a la frente, ya se estaba arrepintiendo.
—Maricón, maricón —dijo en tono bajo Birdo que lo miraba desde su aro, colgado en un rincón, movía su cabeza en círculos como si se burlara a propósito.
—Oh, cállate, pajarraco del demonio —retrucó Erwin, harto de los desplantes del animal.
—Hiiiitler, ¡viva Hiiiiitler!
Le apagó la luz para que se durmiera de una buena vez y fue a acostarse. Mientras esperaba que lo atacara el sueño, se puso a tontear en Instagram y sus dedos se movieron solos, no estaba demás averiguar por las dudas. "Levi Ackerman". Le salieron varios perfiles, se sorprendió de que el del susodicho tuviera de foto de perfil una donde tenía a un tigre de bengala de mediano tamaño sobre las piernas. Su mirada de matón estaba ahí. Definitivamente era él y esa foto, de seguro, estaba editada. Estúpido alpha haciéndose el importante, ¿quién iba a creer que realmente era él? Un casi vagabundo desesperado por trabajar en una florería...
Entró al perfil y estuvo mirando el contenido. Y si antes pensaba que Levi era extraño, ahora pensaba que era un RARITO, así, con letras mayúsculas. Había fotos de él pintando unos muñecos de… era como cerámica, o plástico muy fino, le ponían ojos de vidrio muy realistas, pelucas y ropa en miniatura. Sintió una vibe bastante creepy porque esos muñecos parecían personas congeladas en el tiempo, no le gustó demasiado. Luego había algunos post con letras, no sabría decir si eran canciones, poemas o alguna cosa que había copiado por ahí. Eran bastante delirantes, junto a fotos de cielos, la mayoría, atardeceres, amaneceres, nocturnos. No eran desagradables, pero tampoco se entendía demasiado, era una especie de escritura subrrealista o algo como eso. Una de ellas citaba lo siguiente: "Casa caída y demacrada/sueños rotos como los espejos/el agua no para de correr/cimientos sobre cimientos/ya no pertenezco, soy de todo el mundo/la libertad me ha tomado". ¿Qué carajos con esos poemas extraños?
El resto eran fotos de animales, el tigre era recurrente, no sabía si era el mismo de la foto de perfil, de iguanas, de camaleones, había algunas donde tenía víboras largas y gruesas sobre los hombros. Se sintió un poco asqueado, no le gustaban los reptiles en absoluto. Lo cierto es que su forma de vestir, los lugares en los que aparecía, algunos detalles, mostraban una vida sofisticada y de lujos, lejos de la realidad. Detestaba las personas que querían aparentar lo que no eran.
Suspiró pesado, salió de la aplicación y decidió que mejor se dormía de una vez, había muchísimo trabajo acumulado, ya estaba cansado de antemano.
Al día siguiente cuando llegó a la florería, Levi estaba esperándolo, cagándose de frío. Lo saludó y lo hizo pasar a la cocina. Iba a aprovechar antes que llegara Mike para decirle un par de cositas importantes.
—Aquí tienes, té negro —dijo Erwin poniéndole una humeante taza en frente.
—Oh, lo recordaste, gracias —aceptó el hombre que sin ponerle azúcar ni nada se lo bajó casi de un solo trago.
—¿No te quema?
—No, estoy acostumbrado, me gustan las cosas candentes —y lo miró con insistencia.
Erwin parpadeó y meneó la cabeza.
—Escucha, Levi, hay un par de reglas que vas a tener que cumplir, de otro modo, se me hará imposible tenerte como empleado.
—Te escucho, jefe.
—Regla número uno, tu paga será de sesenta dólares la jornada completa. Trabajamos en horario cortado, por la mañana de nueve a una y por la tarde de cinco a nueve. Sábado de por medio, los sábados se te pagará cuarenta por media jornada. A veces estamos desbordados de trabajo, incluso cuando cerramos seguimos trabajando, en caso que necesitemos tu colaboración se te pagarán las horas extras correspondientes, con almuerzo incluido. ¿Algún problema con eso?
—No, jefe.
—No me llames jefe.
—¿Es una regla?
—Uh, no, pero no me llames así.
—¿Puedo decirte: cariño?
Erwin enarcó una ceja y su cara se desfiguró, Levi tragó en seco.
—Es una broma, jefe, no se lo tome a pecho.
—No me hagas ninguna clase de broma —dijo con la seriedad de un sargento de ejército y Levi asintió—. Establecido el salario, que sepas que estás a prueba, no tienes el trabajo asegurado en absoluto, y si cometes cualquier falta o cualquier error, tengo la facultad de echarte de inmediato, ¿está esto claro?
—S-sí. Daré lo mejor de mi.
—Y por Dios, ¿acaso no tienes una chamarra decente? Cada que te veo en la puerta estás temblando como un chihuahua.
—Um, es que, hace un par de días me robaron el bolso, así que... Oh, pero con mi paga procuraré comprar ropa adecuada.
Erwin suspiró y rodó sus ojos, molesto. Fue al depósito, estaba casi seguro que había un par de buzos que había mandado a hacer hacía un tiempo para promocionar la florería. Tomó un par que parecían de la talla de Levi y se los llevó.
—Toma, puedes quedarte con ellos. No será la mejor ropa, pero te abrigaran un poco.
—¿Esto es para mí? —dijo el alpha al que lo ojos le brillaron como si le hubieran dicho que se había ganado la lotería. ¿Por qué se ponía tan feliz por algo tan insignificante?
—Sí.
—Oh, muchas gracias, jefe, lo atesoraré —exclamó mientras apretaba las prendas contra su cuerpo. Definitivamente ese tipo era RARO.
—Otra cosa, puedes servirte todo lo que hay aquí en la cocina, respecto a la comida y eso, no hace falta que colabores, puedo encargarme.
—Ví que hay unos quemadores eléctricos, si gustan puedo cocinar, soy bueno en eso.
—No tenemos implementos para cocinar, por el momento todo será de delivery.
—¿Tú no cocinas?
—Odio cocinar, hay tanto trabajo que cuando llego a casa lo que menos quiero hacer es ponerme en esas faenas. No te preocupes, por lo general pedimos el servicio de un restaurante cercano y sus menús son bastantes sanos, de vez en cuando pedimos pizzas, pero en general, consumimos menús bastante equilibrados. Si no te gusta puedes comprarte tu propia comida.
—O puedo cocinar.
—Escucha, te necesito armando los ramos y haciendo los pedidos, ¿ok? Concéntrate en lo importante, no te pagaré por cocinar. Aprenderás de Mike y de mí el arte de armar ramos, coronas, trenzados, en fin. Aquí tienes un par de guantes, te recomiendo que los uses si no quieres terminar con los dedos todos tajeados, hay plantas cuyas hojas son extremadamente filosas. Cuando termines de desayunar te enseñaré respecto a las heladeras, te vas a encargar de fijarte que la temperatura se mantenga estable y rotarás los baldes con las flores cada tres horas. Cuando lleguen las nuevas cargas te enseñaré como colocarlas en los baldes y como alinearlas. Debes prestar atención, no te voy a explicar las cosas dos veces.
—Aprendo rápido, jefe, soy bueno en eso.
Erwin lo miró sin mucha fe y luego se giró para buscar un paquete de galletas dulces. Lo abrió y puso el contenido en un cuenco encima de la mesa. Se quitó la campera y se preparó un café con leche. Levi no le quitaba los ojos de encima, cosa que empezaba a crisparle los nervios.
—¿Qué? —preguntó el rubio de mala gana.
—¿Qué de qué?
—¿Que qué me miras tanto? ¿Acaso tengo algún agujero en la ropa o está manchado en alguna parte?
—No, es solo... eres muy lindo, es eso.
El dueño del lugar afiló la mirada y sintió que le subía la bilis por la garganta.
—Escucha, Levi, que me adules no va a lograr que te pague más, así que NO lo hagas.
—Mmm, no sé si pueda cumplirte con eso, jefe. No puedo evitarlo.
Antes de que Erwin respondiera, Mike entró al recinto y sonrió al ver a Levi.
—Buenos días a todos. Bienvenido compañero, al fin alguien que realmente nos va a ayudar.
Erwin se apoyó contra un pilar y no dijo nada, se concentró en terminar de desayunar.
—¿Puedo hacerme otro té? —preguntó Levi.
—Sírvete lo que necesites, las veces que quieras —indicó Mike que se notaba de buen humor, exactamente lo contrario a Erwin.
Muy a su pesar, Erwin tuvo que aceptar que Levi era en extremo eficiente. Incluso con Mike se quedaron con la boca abierta cuando por la urgencia del momento se puso a armar un ramo por su propia cuenta y había quedado hermosísimo. De hecho, era un arreglo digno de una foto. Ambos lo miraron curioso.
—Bueno, yo solo, estuve mirando un poco en internet estos días, viendo unos tutoriales. ¿Lo hice bien?
—¡Lo hiciste fantástico, compa! —lo felicitó Mike palmeándole la espalda.
—De acuerdo, creo que puedes empezar a tomar los pedidos de los ramos particulares, Levi —organizó Erwin—. Mike, nosotros seguiremos con las coronas que aún nos faltan seis para los tres funerales de esta tarde. No olvides lo que te enseñé del vivero y las heladeras —le recordó al nuevo.
Fue un día de mucho trabajo, pero con la ayuda de Levi adelantaron bastante.
Erwin colocó el cartel de cerrado y puso llave a la puerta, estiró su espalda porque le dolía de tantas horas de pie y bostezó. Cuando volvió a la cocina suspiró cansado al ver que aún quedaban varias cajas de flores para acomodar. ¿A qué hora podría irse hoy? Mike ya se estaba colocando su campera.
—Lo siento, Erwin, tengo a mi hermana enferma y tengo que ayudarle con mis sobrinos.
—No hay cuidado, Mike, espero que se recupere, hazme saber si necesitas algo.
—Adiós, Levi, nos vemos mañana.
—Adiós.
Cuando Mike se fue Erwin regresó y miró a Levi que ya estaba agachado separando las flores en los baldes.
—Oye, no es obligatorio que te quedes.
—Está bien, no tengo planes de todas maneras —respondió mientras seguía trabajando con diligencia—. Está bien si no me pagas las horas extras, quiero ayudarte para que no tengas que irte tan tarde.
—¿Qué contigo y esa actitud de "no necesito el dinero"? Nadie trabaja gratis. Haz valer tu trabajo, Levi, además... eres eficiente.
—Te dije que era bueno trabajando, no me creías.
—De acuerdo, supongo que te debo una disculpa —dijo mientras se sentaba en un banco bajo y se ponía a trabajar a la par del alpha.
—Noté que el depósito está un poco desordenado.
—Mmm, sí, nunca tenemos tiempo de arreglarlo, para ser honesto. Creo que voy a contratar a un servicio de limpieza este sábado.
—Yo puedo limpiar, soy bueno en eso.
—Mmm, parece que tú quieres hacer todo, no te vayas a agotar.
—No, de hecho, tengo hiperactividad o algo como eso, necesito estar ocupado, tengo mucha energía, no es un problema para mí.
—Bien, supongo que puedo darte la oportunidad, veremos que tal limpias. Que sepas que mis estándares son estrictamente altos.
—Bueno, no seré muy alto, pero puedo cumplir tus estándares.
Por primera vez Erwin soltó una sutil risa, Levi se detuvo y lo miró con atención.
—Que hermosa sonrisa —dijo de manera espontánea y Erwin de inmediato se puso a la defensiva, por lo que volvió a mover sus manos y bajar la cabeza.
—Ya te dije que te guardes tus halagos.
—Es difícil, quiero decir... eres jodidamente atractivo, mis ojos te buscan todo el tiempo.
El rubio se quedó de piedra, pero ¿qué...? ¿Qué acaba de escuchar? No pudo evitar sentir los pómulos calientes.
—No digas cosas innecesarias, me pones incómodo.
—Lo siento.
Trabajaron por una hora más, entre dos personas fue más sencillo acomodar y dejar todo en orden. Erwin programó las heladeras, verificó los regadores del vivero y dio por finalizada la jornada. Levi lo estaba esperando para el cierre del negocio, seguía con el buzo que le había dado en la mañana, pero por la noche refrescaba demasiado. Erwin se quitó su bufando, una de color beige y se la colocó al hombre, tal como una madre arropa un hijo. Levi volvió a mirarlo con los ojos llenos de brillos.
—Supongo que tienes donde pasar la noche.
—Sí, en lo de un amigo.
—Bueno, nos vemos mañana, si quieres dormir un poco más y entrar a las nueve, no hay problema, ya quedó todo bastante bien.
—Hasta mañana, jefe, que descanses.
Erwin se subió a su coche y recordó las palabras del alpha: "Eres jodidamente atractivo". Apretó el volante y se miró en el espejo retrovisor, estaba sonrojado, pero de inmediato pinchó toda esperanza, Levi solo estaba agradecido y por eso decía esas cosas, capaz tuvo una vida dura y solo quiere ganarse su favor.
—Es muy malo que digas esas cosas solo para caerle bien al otro y nada más —se habló a si mismo con un tono teñido de decepción.
Cuando llegó a su departamento Birdo se quejó a más no poder, se disculpó con el puto pájaro. No podía culparlo esta vez, lo dejaba mucho tiempo solo. El problema, iban a ser los reclamos de sus vecinos, pero estaba demasiado cansado como para preocuparse demás.
Se dio un baño rápido y cayó en peso muerto en la cama, a duras penas logró taparse. Al día siguiente sus ojeras eran notables, pero ya era viernes. Ya faltaba menos para el fin de semana. Llegó a las ocho y cuarto y se sorprendió de ver a Levi ahí, tenía los ojos cerrados y se balanceaba sobre sus pies. Estaba usando otro de los buzos de la florería y la bufanda que le había prestado el día anterior. Se la regalaría, era obvio que la necesitaba y él tenía demasiadas en casa.
—Buenos días, jefe —saludó con voz adormilada.
—Buenos días, Levi, ¿pudiste descansar bien?
—Sí, bastante bien.
—¿No te sientes dolorido por el duro trabajo ayer?
—Para nada, ¿y usted?
Abrió la puerta y lo dejó pasar.
—Ya estoy acostumbrado.
Levi pasó derecho a la cocina, mientras Erwin terminaba de sacar la reja y acomodar el mostrador. Cuando fue adentro se sorprendió de encontrar su jarro con una café con leche recién echo.
—No lo endulcé porque no sé cómo le gusta.
—Oye, no es necesario que hagas esto.
—¿Por qué no? No me cuesta nada.
Erwin miró con desconfianza la taza, dudando, pero terminó por echarle tres cucharadas soperas de azúcar refinada. Sería de mal gusto rechazar el ofrecimiento. Cuando sus labios hicieron contacto con la bebida quedó asombrado. Vaya, ese era un café de extraordinario buen sabor, Levi sonrió de manera sutil, confiado.
—Soy bueno preparando cafés, trabajé en muchas cafeterías el último tiempo. La mayoría no saben sacarle provecho al café instantáneo, aunque si quiere mi opinión, recomiendo el café torrado. ¿Le ha gustado?
—Admito que está bastante bien. Por cierto, puedes tutearme, quiero decir, está perfecto que haya un trato formal porque nuestra relación es laboral, sin embargo, no es necesario que me trates de usted.
—De acuerdo, me gusta que podamos volvernos cercanos.
—Laboralmente —volvió a remarcar Erwin, abrió su mochila y sacó una bolsa con croissants rellenos de nutella de una panadería cercana—. Sírvete, y no te preocupes por dejarle a Mike, él vendrá a las nueve recién.
—Iré a chequear las heladeras, ya regreso —indicó Levi cuando su celular comenzó a sonar—. Programé alarmas cada tres horas para no olvidarme —explicó.
Erwin se sentó y suspiró, a decir verdad, le dolía un poco el cuello, la tensión de seguro. Se refregó para relajar un poco la zona, cuando el hombre regresó luego de unos minutos lo observó.
—¿Quieres un masaje? —Erwin lo miró sombrío—. Que sepas que trabajé en un spa un par de meses, aprendí algunas cosas muy provechosas.
—¿Hay algo que no sepas hacer? —exclamó con cierta burla implícita.
—Mmm, no soy muy buen hijo, eso dice mi madre siempre, tampoco se me da muy bien la carnicería —ante la mirada de sospecha de su jefe, explicó—. Intenté trabajar en el rubro, ahí me despidieron la primera vez, el dueño, un tipo tacaño, solo quería venderle puras porquerías a la gente, había carne que lavaban con lejía, los denuncié, pero la policía no hizo nada.
—¿Cómo es que nunca duras demasiado en tus trabajos? Es decir, en tu hoja de vida aparecía una lista interminable de lugares donde no estuviste más de dos o tres meses.
Levi sonrió complacido y comenzó a prepararse una taza de té negro para sentarse a disfrutar del pan que todavía esta crujiente y tibio.
—¿Te causa gracia lo que te pregunté? —Insistió Erwin, ¿qué cosas turbias escondía ese alpha?
—No, me pone de buen humor que quieras saber más de mí.
—Pues necesito saber la clase de gente que contrato.
—Soy un trotamundos, nunca me quedo demasiado tiempo aquí o allí. En los últimos dos años estuve en cinco países diferentes, aprendí dos idiomas, o una parte de ellos, lo necesario para poder manejarme.
—¿Eres prófugo o de qué estás huyendo? —soltó con tono alarmante.
—No, no, nada como eso, no tengo antecedentes. Bueno, no voy a negar que una que otra vez he llegado a irme a las manos con gente idiota, pero no es como que busco pleito, no me gusta la violencia. Solo estoy conociendo el mundo, mi familia pensaba que era un bueno para nada, y si bien al principio intenté demostrar que podía mantenerme por mis propios medios, a lo mejor me terminé acostumbrando a este estilo de vida. He aprendido más en las calles que en todos los años de universidad que hice.
El omega lo miró con curiosidad, pero no dejaba de tenerle cierta desconfianza, las personas podían aparentar ser cosas que en realidad no eran.
—¿Y cuánto tiempo tienes pensado quedarte aquí?
—¿Por qué lo preguntas? ¿Me vas a extrañar si me voy?
Erwin enarcó una ceja y frunció la boca desconcertado.
—Realmente no me interesa qué harás de tu vida, solo que, si piensas irte, dame al menos unos días para conseguir un reemplazo, por eso lo pregunté.
—Cuando me conozcas mejor verás que soy irremplazable —habló con orgullo.
—Nadie es irremplazable, Levi.
Erwin decidió no conversar más, ese tipo siempre iba por rumbos demasiado incómodos. Llevó un croissant a los labios y dio un gran mordisco, era notable lo mucho que lo estaba disfrutando, el alpha no le quitaba los ojos de encima.
—Paladar dulce —determinó y luego decidió probar el pan él también—. Oh, esto es delicioso.
—Ciertamente.
—Ya sé que traer mañana para el desayuno.
—No es necesario, no te voy a cobrar por esto.
—Quisiera colaborar un poco.
—De acuerdo, has lo que te plazca.
—¿Y tú? No es común que un omega maneje por si solo un negocio tan próspero.
—No sé con qué omegas te habrás cruzado en tu camino, me gusta ser autosuficiente, no necesito que nadie me mantenga.
—¿Dije algo que te haya ofendido?
—No, es solo... bueno, eres alpha, la mayoría de las cosas que dicen los alphas son humillantes, ustedes son así por naturaleza.
—Pues, no sé con qué clase de alphas te habrás cruzado, Erwin —replicó con suavidad—, pero yo no soy como los que conoces.
—¿Y tú qué sabes qué alphas conocí yo?
—Es evidente que han sido alphas que te han subestimado o te han maltratado de alguna manera. Es notable que ante la presencia de uno te pones a la defensiva.
¿En qué momento la conversación se había vuelto tan íntima? Erwin apretó los labios en línea recta. Se puso de pie para lavar su taza, demostrando que no tenía ganas de continuar la conversación. Sin embargo, allá fue el alpha a hacerle compañía también, parecía un perro que uno recoge de la calle y que se vuelve insistentemente fiel.
—Quiero hacerte una propuesta, te va a convenir —sin esperar a que replicara largó todo de un tirón—. Si me dejas tener un colchón aquí y una manta, puedo quedarme por las noches y vigilar, gratis.
—¿Qué se supone que vas a vigilar? ¿Que no se escapen las flores?
—Bueno, uno nunca sabe, la zona se ha puesto peligrosa.
—Por supuesto, lo más razonable del mundo es que te de la llave del negocio, a una persona que conocí hace dos días, que buena oferta.
—Hasta que tengas confianza en mí, puedes dejarme encerrado cuando te vayas, de todas maneras, no iré a ninguna parte. Tendré tiempo de limpiar y acomodar el cobertizo, y otros lugares, adelantaré mucho.
—No, Levi, no te voy a dejar encerrado, y NO, no te puedes quedar a dormir aquí, no lo repetiré —dijo con molestia, mientras sacudía las manos para quitar el exceso de agua luego de lavar.
—Ya veo. Entonces, ¿conoces a alguien que pueda alquilarme una pieza?
—Oh, ya veo, hubieras empezado por ahí, no tienes donde quedarte.
—Bueno, mi amigo no tiene problemas, pero necesito mi espacio, por eso.
—No conozco a nadie que alquile piezas, busca en el diario.
—Bien.
Erwin se fue al vivero para comenzar las actividades, Levi terminó de desayunar, lavó lo suyo y fue detrás del omega para aprender más sobre lo que estaba haciendo. El más alto lo miró con desconfianza, pero luego trató de relajarse. Le signó algunas tareas y allí se quedaron trabajando.
—¿Qué es lo que te molesta de mí, Erwin? —preguntó con cautela—. ¿Es porque soy alpha?
—No me molestas.
—Si hay algo que pueda hacer para que las cosas entre nosotros sean mejores, solo dime.
—Trabaja en silencio, eso sería genial para empezar.
—Ok.
—Buenos días a todos —giraron su cabeza, era Mike que acababa de llegar.
—Hola, Mike, prepara las cosas en el mostrador, ya iré para allí —informó Erwin.
—Hola Mike.
Luego de un rato verificando que solo faltaban cinco minutos para las nueve, Erwin se retiró, vino Mike en su reemplazo.
—¿Todo bien? —preguntó el de bigotes al alpha.
—Más o menos.
—¿Pasó algo? ¿Discutieron de nuevo?
—No exactamente, parece que hay algún problema conmigo. Tú lo conoces mejor, ¿tienes idea que puede ser?
—No lo sé, Erwin es el tipo más agradable que conozco, es un amigo, además. Y nunca lo había visto actuar así. No quisiera hablar en su nombre, pero solo se me ocurre que puede ser porque...
—¿Soy un alpha?
Mike lo miró sin saber muy bien cómo responder a eso.
—Sí, también pienso que puede ser eso. ¿Acaso ha tenido problemas con alguno?
—Con todos —Levi lo miró curioso—. Pero no me corresponde a mi ventilar las intimidades de Erwin, no estaría bien. Solo digamos que todos los problemas que ha tenido a lo largo de su vida han involucrado alphas, tampoco te preocupes demasiado, si trabajas como estás haciendo hasta ahora verás que te ganarás su favor.
—¿Realmente lo crees?
—¿Por qué no lo haría? Es una persona muy razonable.
—Puedes decirme... ¿qué tipo de golosinas le gustan?
Mike esta vez lo observó con auténtica sorpresa.
—¿No puedes? Anda, aunque sea una sola.
—¿Por qué quieres saber eso?
—Para comprársela, claro está, le gustan las cosas dulces.
—Eh, no creo que puedas tenerlo de tu lado comprándole golosinas.
—Eso no se sabrá hasta que lo haga. Anda, dime.
Mike suspiró.
—¿Erwin te interesa Levi? Quiero decir, en un sentido diferente al profesional.
—Por supuesto —respondió sin titubear y el hombre se quedó con la boca abierta—. Solo míralo, es tan hermoso, habría que estar loco para no estar interesado en él. ¿Acaso ustedes tienen esa clase de relación?
—No, no, somos amigos, además yo tengo mi propio novio en estos momentos.
—Bien, él no está en pareja en estos momentos, ¿cierto?
—No, pero-
—Entonces tengo el camino libre. ¿Me dirás alguna golosina que le guste?
—Escucha, Levi, te daré un consejo, no trates de cortejarlo si quieres conservar el trabajo. Eres rápido y te necesitamos aquí, lamentaría mucho que te despida.
—Seré sutil, lo prometo.
Mike volvió a suspirar, ese hombre era demasiado testarudo.
—¡Levi! Tengo seis pedidos de ramos en curso, ven a hacerte cargo. Mike, ¿puedes sacar los baldes?
Tuvieron una mañana ajetreada, apenas si pudieron detenerse unos minutos a tomar un vaso de agua. Pero al menos estaban cumpliendo con todo y de forma satisfactoria. para el almuerzo Erwin pidió tallarines caseros con salsa boloñesa, con el frío fue muy agradable llenar sus estómagos con tan buena comida. Una vez que terminaron Levi hizo tés digestivos para todos y luego de un bolsillo del pantalón sacó algunos caramelos de leche que dejó sobre la mesa. Erwin tomó uno, esos le gustaban mucho.
—¿Cómo está tu hermana? —consultó el omega a Mike.
—Mucho mejor, le ha bajado la fiebre. Hoy fue al médico, me mandó un mensaje, tiene reposo por cuarenta y ocho horas más.
Sintieron que golpeaban la puerta.
—Oh, la nueva carga de rosas, claveles y tulipanes. Tendremos que ayudar a descargar.
Salieron a la vereda, el repartidor abrió las puertas del camión y todos se quedaron asombrados cuando Levi levantó tres enormes cajas con una facilidad pasmosa. En dos descargas ya tenían todo adentro.
—¡Vaya, tú sí que eres fuerte! —elogió Mike.
—Sí, siempre he tenido mucha fuerza de manera natural.
Cuando Levi llevó las cajas adentro, Mike se acercó a Erwin y le susurró.
—Más te vale que a este lo conserves.
La tarde pasó rápidamente, tal vez porque estuvieron muy ocupados de nuevo. Lo bueno es que al día siguiente solo trabajarían media jornada. Antes de cerrar Levi se acercó a Erwin y le mostró un corazón hecho de alambre al cual le había adosado pequeñas rosas blancas, helechos y flores secas convirtiéndolo en un arreglo llamativo.
—¿Te gusta?
—¿Qué es esto?
—Un corazón florido, vi un tutorial de uno más grande y lo adapté. Se acerca San Valentín, creo que se venderían muy bien. Son fáciles de hacer y no parece que otras florerías los tengan. Serán la sensación.
—Habría que ver los costos —dijo Erwin sosteniéndolo entre sus manos—, pero sin dudas se ve muy bonito.
—Costó cuatro dólares hacerlo, tranquilamente se puede vender a diez, incluso podríamos comprar algunas tarjetas para que le pongan dedicatorias.
Mike se acercó y miró el arreglo.
—Sin dudas tienes talento para los arreglos, quedó muy bien.
—¿Qué dices, Mike? —preguntó Erwin—. ¿Lo comprarías a diez dólares?
—Sí, si lo haría, sería un excelente presente para el día del amor. Bueno, chicos, me retiro. ¿Necesitas que haga algo más?
—No, Mike, gracias por tu trabajo.
—Hasta mañana.
Una vez que se retiró Levi palpó sus bolsillos, sacó diez dólares y se los dio a Erwin.
—Lo compraré.
—Oh, bueno, eres parte de la florería ahora, no voy a cobrarte el valor regular, solo dame los cuatro dólares de costo —indicó Erwin dándole el vuelto y el arreglo.
—De acuerdo. Toma, para ti —dijo extendiéndoselo, el omega lo miró serio—. Es un regalo.
—¿Por qué aceptaría flores cuando soy dueño de una florería?
Levi rodó los ojos, cosa que a Erwin le fastidió.
—¿Acaso tienes un arreglo como éste? No, entonces toma, para ti. Si mañana no tienes planes por la tarde, vamos a tomar algo, te estoy invitando.
El rubio estaba estupefacto. Ahí iba de nuevo Levi arrasando con todo y con su habitual intrepidez, estúpida intrepidez, por cierto.
—Momento. ¿Me estás invitando a salir?
—Puedes ponerle el nombre que quieras, acepta, por favor. Te vas a divertir, soy un gran conversador, así podremos conocernos mejor.
—No, no quiero salir contigo —respondió de manera tajante.
—¿Por qué no? No estás en pareja actualmente, yo tampoco, es solo tener una merienda distinta, no tomará mucho, dos horas a lo sumo.
—No se trata de estar soltero o no, simplemente no me agradas.
—Eso es porque no me conoces lo suficiente.
—Tengo planes, no puedo.
—¿Qué planes?
—No son de tu incumbencia.
—Bien, entonces el domingo, vamos ese día, o el lunes a cenar, o el martes, o el miér-
—¡Basta ya! ¿Por qué tanta insistencia?
—Me gustas, eres hermoso.
Erwin quedó en shock, se refregó el rostro y miró de nuevo al alpha. Lo miraba con seguridad, le estaba ofreciendo salir, a la vista de todo el mundo, a una cita formal, y aunque ese alpha no era ni de lejos su ideal de pareja, no pudo evitar sentirse conmovido. ¿Cuánto tiempo había anhelado tener una cita de verdad? ¿Pero porqué con ese hombre?
—Por favor, acepta una salida conmigo, Erwin. Si no te gusta, prometo que no volveré a invitarte, tienes mi palabra.
—El domingo, por la mañana, un desayuno, eso solamente.
Levi sonrió tanto que se le vieron todos los dientes, no era una bonita sonrisa, era más bien aterradora y Erwin ya se estaba arrepintiendo de su decisión.
—De acuerdo, pasaré a buscarte, te pediré la dirección por mensaje.
—No, nada de ir a mi casa. Nos veremos aquí, en la puerta del negocio, a las nueve en punto.
—Bien, está bien —Levi se acercó y se puso en puntas de pie y tomó de la solapa de la chamarra que tenía puesta a Erwin para inclinarlo hacia él.
¿Qué estaba por hacer ese estúpido alpha? A tiempo le puso su enorme mano sobre el rostro y empujó para alejarlo.
—¿Qué estabas por hacer?
—Lo siento, lo siento —dijo el hombre rojo como un camarón hervido—. Yo pensé, bueno, me puse demasiado contento.
—Ni se te ocurra intentarlo de nuevo.
—¿No? ¿Ni un beso en la mejilla? ¿Un pequeño adelanto, por favor?
—¿Un adelanto de qué exactamente?
Levi retrocedió al ver como se le desfiguraba el rostro a su jefe.
—Perdón, perdón, no te enojes, yo solo, solo quería, es solo que me gustas mucho.
—¡¿Esperas que me acueste contigo, es eso?!
Recién entonces Levi fue consciente de que su acercamiento idiota había lastimado mucho a Erwin, levantó sus manos en alto como para que se calmara, y luego se agachó, la mitad de su cuerpo, suplicando piedad en una reverencia.
—Discúlpame, Erwin, fue un impulso tonto, te pido me disculpes, no era mi intención dar a entender eso. Por favor...
Erwin inspiró y trató de calmarse.
—Creo que mejor lo cancelamos.
—¡No, no, por favor! —el alpha se arrodilló, su expresión era de franca angustia.
Erwin rodó los ojos y tiró de su brazo para que se levantara.
—Haré lo que sea, lo que sea, no canceles, por favor.
—No vuelvas a intentar ninguna treta conmigo, Levi, mi mano es pesada, no dudaré en defenderme, ¿lo tienes claro?
—Si.
—Y otra cosa, te pido extrema confidencialidad con esto, que no me entere yo que se lo contaste a Mike.
—Seré una tumba.
—Bueno, ahora vete.
—Sí, sí, gracias —tomó el buzo de la florería y salió con rapidez, pero se detuvo en el marco de la puerta—. Erwin, gracias por aceptar la salida, estoy muy feliz.
Y al fin se fue. El omega suspiró largo y tendido, ¿qué carajos con ese tipo? ¿Y por qué había terminado aceptando? Luego se rio, toda la situación era tan bizarra, pero al fin tendría una cita, una donde al parecer nadie lo tendría escondido.
El domingo Erwin había madrugado, ya había masticado y procesado la situación. Se había relajado, ni modo, iba a disfrutar de lo que fuera que le deparara el destino.
—Putooooo, puuuutooooo —reclamó Birdo, cuyo silencio fue comprado con semillas de girasol.
—Te llevaría a la florería para que no estuvieras tan solo, pero eres muy malhablado, Birdo.
—Chupame las boooolas, las booolas.
—Argh, cállate de una vez o te meteré adentro —amenazó y regresó a su habitación.
Se miró de nuevo al espejo. Ya era hora de comprarse algo de ropa nueva, le había costado encontrar un atuendo acorde. Era temprano, decidió caminar, le gustaba el frío de las mañanas invernales, y hacía mucho que no daba una caminata por la ciudad. El olor de las panaderías y cafés invadía las calles y se le despertó el apetito. Se preguntaba adonde podrían ir a desayunar a gusto, pero grande fue su sorpresa cuando llegó.
Levi lo estaba esperando, se notaba que le gustaba la puntualidad o madrugar. Estaba muy bien vestido, se notaba el esmero que había puesto en arreglarse, y eso le gustó bastante. Se había peinado con el cabello hacia atrás, lo que dejaba ver unas lindas facciones, tenía que aceptar que Levi tenía su encanto, piel bonita, nariz pequeña, ojos rasgados, pero de un bonito azul. Llevaba un saco de paño blanco, una polera de cuello alto negra debajo y unos pantalones negros de corte recto, zapatos brillosos, ¿de dónde había sacado esa ropa?
—Buenos días —saludó el rubio como era habitual.
—Ahora se pusieron buenos, quiero decir, buenos días.
Notó que el alpha sostenía una canasta de mimbre bastante grande, lo que llamó su atención.
—¿Y eso?
—Nuestro desayuno. Estuve revisando los alrededores, hay un claro muy bonito en una plaza cercana. Te llevaré allí, ¿vamos?
Erwin enarcó una ceja, ¿Levi había preparado un desayuno con sus propias manos? Oh, eso era, diferente a lo que había esperado. Cuando se giró, el alpha estaba acomodando la canasta en la parte delantera de una bicicleta campestre de color marrón claro.
—No conseguí limusina —bromeó Levi—, pero nos servirá, ven, puedes sentarte aquí —dijo señalando la parte trasera del vehículo donde había un lugar para sentarse.
—Uh, si sabes manejar eso, ¿no? Mira que soy alto y grande.
—Ven de una vez, estarás a salvo, lo prometo.
Con cautela Erwin se sentó, sus pies llegaban al suelo, por lo que Levi le pidió que los subiera en unos apoyos que había a los costados para que fuera cómodo. Se nota que había estado atento a los detalles. Se acomodó y no pudo evitar sonreír. Esto era inesperado, pero también interesante.
Levi silbó alegre el resto del camino, que habrán sido unos quince minutos. Llegaron a una plaza que Erwin conocía bien, se destacaba por el verde y por tener enormes árboles por los alrededores. Había mucha gente yendo y viniendo por todas partes, estaba bastante concurrido, porque si bien era invierno aún, el cielo despejado y el sol se había hecho presente y todos querían aprovechar.
Descendieron de la bici y Levi lo condujo hasta un lugar bonito, debajo de un árbol grande. De la canasta sacó un mantel verde obispo y lo extendió en la grana. Invitó a Erwin a sentarse y luego se arrodilló para comenzar a desplegar el arsenal de cosas que había traído.
Dos frascos con mermeladas, una de frutos rojos y otra de damasco, sacó un par de tuppers con la tapa transparente, uno tenía medialunas, otro, tostadas de salvado, otros biscochos de grasa, otro, cubitos de fiambres, sacó un repasador que extendió y colocó un platillo con manteca y otro con queso untable. Cubiertos, cucharas, un tarrito de miel y otro de azúcar blanca en cubos (¿aún fabricaban esas cosas?), sacó una vajilla muy fina. Dos enormes tazas blancas de porcelana, con el borde y las azas de color dorado y platillos a juego. Finalmente sacó dos termos. Uno tenía café con leche y otro tenía té negro. Y, por último, sacó un trenzado de rosas, dos rojas y una blanca con algunas hojas de helechos pequeños que puso al medio. Finalmente, miró al omega como pidiéndole su aprobación.
—Wow, estoy... impresionado.
Levi sonrió confiado y procedió a servir las tazas.
—Prueba el pan que gustes, los bizcochos y las medialunas están calientes aún.
Erwin tomó el de las medialunas y al abrirlo, un exquisito aroma a pan recién horneado le golpeó las fosas nasales. De inmediato se le hizo agua la boca. Tomó una y le dio un gran mordisco, estaban rellenas con crema pastelera. Muy rico.
—Oh, debes decirme de inmediato donde compraste esto, es una orden —dijo una vez que tragó el bocado.
—Pues resulta que no lo encontrarás en ninguna panadería de la ciudad, porque las hice yo. Trabajé un tiempo en una panificadora, y el maestro panadero me enseñó algunos de sus trucos.
—¿Tú hiciste esto? Creo que ahora siento algo de envidia la verdad.
—Puedo enseñarte cuando quieras.
—Lo pensaré.
—Te lo dije, tienes que darme una oportunidad para conocerme mejor.
—Incluso si te la diera —pensó en voz alta, luego de beber un sorbo del exquisito café con leche—, tú no eres de los que se queda en un lugar, ¿cierto? Tú mismo lo dijiste, eres un trotamundos. Te irás en algún momento.
Levi no dijo nada, se quedaron algunos minutos en silencio, luego observó a Erwin y le habló de nuevo con esa sobrada confianza que lo caracterizaba tanto.
—Nunca dije que no podía echar raíces. Si encuentro el lugar adecuado, junto a la persona adecuada —y en este punto miró al omega—, entonces tal vez me establezca.
—Demasiadas condiciones, mejor vete —soltó con picardía.
—Ya veremos.
aunque nunca dejó de estar alerta, al menos Erwin se permitió el disfrutar sin tantos prejuicios. Levi era un gran conversador, cuando no se dirigía al otro de manera petulante y soberbia, se podía tener una charla muy estimulante, ya que parecía tener experiencia en casi todo. Cuando estuvieron satisfechos, Erwin asentó ambas palmas sobre el suelo para darse un punto de apoyo y observó el bonito cielo sobre ellos. Pronto sintió como una mano intrusa se colocaba encima de una de las suyas. Lo miró cono advirtiéndole que no se sobrepasara.
—Mira, nuestras manos se ven muy bien juntas.
—¿Cuál es tu tipo de omega?
—¿Eh, tipo de omega?
—Sí, cómo te gustan, ¿robustos, altos quizás? De seguro quieres que te aprieten o te dominen.
—¿Eh? —Levi se veía realmente perdido—. No tengo un tipo de omega que me guste, quiero decir físicamente. Me gustan las personalidades fuertes, las personas decididas, eso fue lo primero que me llamó la atención de ti, no te tiembla el pulso, dicen las cosas que sientes sin más. Eso es, francamente, muy atractivo. Claro que tú además eres hermoso desde todos los ángulos. ¿Y cuál es tu tipo de alpha?
Erwin estaba abrumado, al parecer ese hombre no andaba tras sus huesos solo para complacer deseos morbosos, lo cual era un alivio, pero tampoco se iba a hacer ilusiones, tranquilamente podía estar mintiéndole. Pero si eso fuese cierto, que bonito sería. Pensó unos minutos, ¿tenía un tipo de alpha que le gustara? A su mente vino la imagen de Nile, aunque no estaba seguro.
—me has tomado por sorpresa, la verdad nunca me he puesto a pensar en eso con seriedad. Creo que tampoco tengo un tipo específico de alpha que me guste.
—¿Lo ves? Ya tenemos algo en común —aseguró contento, y aprovechó para entrelazar sus dedos.
El primer impulso del rubio fue quitar su mano, pero en realidad, estaba fresco, y el toque se sentía cálido.
Lo siguiente fue inesperado, de una rama del árbol cercano a ellos, cayó una ardilla, justo en la cabeza de Levi. Erwin nunca había visto a alguien correr con tanta velocidad. El animal chilló, Levi chilló y ambos rodaron luego por el pasto hasta que el roedor salió disparado como bala hacia otro lugar. El omega fue a ayudar al otro que estaba un poco paniqueado y cubierto de hojarasca y pasto.
Lo ayudó a ponerse de pie, y luego estalló en carcajadas. Levi cedió a la risa también, y lo que cedió también, fue otra parte de su corazón, porque la risa de Erwin era para enamorarse.
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Luna de Acero.-
