Al día siguiente, que era domingo, Harry había quedado con Elyon para enseñarle a volar con su escoba, cosa que en Beauxbatons no estaba muy remunerada y que apenas les gustaba.
Esa mañana Elyon estaba muy contenta, Harry lo notó en cuanto la vio entrar por la puerta del gran comedor para desayunar. Se había puesto una especie de maya de gimnasia muggle y una camiseta de tirantes a juego ambas negras (como siempre) y cruzadas por un par de líneas verdes; aunque lo más interesante de su indumentaria esa mañana era que llevaba el pelo suelto. Nadie la había visto nunca en el colegio con el pelo suelto, siempre llevaba una coleta agarrando su larga y ondulada melena negra.
Entró hablando con Zabini, al cual se le caía la baba por ella. Todas las Slytherin se le quedaban mirando a su paso y no era para menos, según los chicos de todas las casas del colegio, Elyon estaba considerada una de las chicas más bellas y se llevaba de calle a los chicos más guapos y de mejor reputación del colegio: el impresionante Blaise Zabini, el intocable Harry Potter y el frío Draco Malfoy. También entraban en su lista Ernie Macmillan y Steve Dolph de Huffelpuff, Víctor Jameson y Royer Strokes de Ravenclaw y Ronald Weasley y Gael Stern de Gryffindor.
Cuando terminó de desayunar se encaminó hacia la mesa de Gryffindor y le dijo a su primo que la esperara en el vestíbulo porque tenía que recoger su escoba. A las 10:15 se encaminaban hacia el campo de Quidditch que estaba completamente desierto.
En ese mismo momento, en la biblioteca, la Sra. Pince ayudaba a Hermione a buscar información para Aritmancia en la Sección Prohibida.
- Bien señorita Granger, aquí tiene todo lo que he podido recopilar en la segunda estantería espero que le sea útil.
- Muchas gracias – dijo Hermione sin fijarse en que alguien la observaba.
Hermione estaba sola en la biblioteca, él lo sabía y por eso aprovechó el momento justo para abordarla en cuanto la Sra. Pince salió de la Sección Prohibida hacia su despacho.
- Qué haces Granger?
- Me has dado un susto de muerte Malfoy. Qué es lo que quieres?
- Simplemente paseo Granger, acaso está prohibido?
- Te debe encantar pasear Malfoy, ya que en estas últimas 5 semanas te has cruzado en mi camino todos los días mientras paseabas – Hermione lo miró ceñuda – qué es lo que estás tramando?
Y de repente sin previo aviso Draco se abalanzó sobre Hermione y la besó poniendo en ese beso toda la pasión que llevaba guardada durante mucho tiempo. En ese momento, Elyon se precipitaba al vacío al caer de su escoba...
- Elyon!!! – gritó Harry mientras aceleraba su Saeta de Fuego para alcanzar a su prima antes de que ésta llegase al suelo.
Justo cuando el cuerpo de Elyon estaba a pocos metros del suelo Harry conseguía agarrar a la chica inconsciente por la cintura.
- Elyon! Abre los ojos, por favor! Elyon!
Los ojos de Elyon se abrieron y dos lágrimas resbalaron por sus mejillas.
- Lo ha hecho – dijo la chica en un susurro.
- Hecho? El qué? Quién?
- La ha besado y no se da cuenta de lo que acaba de hacer, de lo que ha desencadenado. Se ha condenado! – dijo la chica con un grito desgarrador.
Harry la llevó a la enfermería y no volvió a tocar el tema en el tiempo en que Madam Pomfrey tardaba en reponer a Elyon del susto. Al dejar la estancia para dirigirse a comer, Harry le hizo una pregunta a su prima:
- Te referías a Malfoy, no es así?
Elyon no contestó, se limitó a mirar a su queridísimo primo directamente a los ojos como intentando decir con ellos lo que con su boca no quería afirmar.
Durante la comida ni Harry ni Hermione dijeron ni una palabra y apenas comieron. Ambos guardaban un secreto con respecto a dos personas que no se habían presentado en el comedor a esa hora.
- Dónde está Draco? – preguntaba Pansy Parkinson a Blaise Zabini cuando este se acababa de sentar en la mesa de Slytherin.
- En la habitación.
- Por qué no ha venido a comer?
- Dijo que no tenía ganas. Me pasas el zumo de calabaza?
- Cógelo tú mismo – dijo Pansy con cara de fastidio al recibir tan simple respuesta del moreno.
- Oye, has visto a Elyon?
- NI SÉ DÓNDE ESTÁ NI ME IMPORTA ESA ESTÚPIDA TRIESHEN! – respondió Pansy voceando a los cuatro vientos y dejando claro el resentimiento que tenía hacia el Diamante Negro.
Esa misma tarde al acabar sus clases Harry tenía entrenamiento de Quidditch así que se dirigió al campo con el resto del equipo.
- Bien chicos – decía Angelina – este curso es decisivo en mi carrera en este deporte y quiero que me ayudéis bajo cualquier circunstancia a conseguir la copa de Quidditch...
- Porque tu vida depende de ello – continuó Ginny con deje aburrido en sus palabras – nos lo has dicho un millón de veces, es que acaso crees que estamos sordos???
- Lo siento, pero es la ilusión de mi vida!
- Estás perdonada Angie, pero tómatelo con más calma, ok?
- Está bien, comencemos – y dicho esto lanzó la Quaffel al centro del campo donde ya volaban a sus anchas el resto de las pelotas.
Cuando ya llevaban unas 2 horas entrenando, Ron llamó a Harry para avisarle que su prima estaba en las gradas. Éste descendió de una altura de unos 200 pies para ver qué tal se encontraba Elyon.
- Hola preciosa! Qué tal te encuentras?
- Hola Harry! – dijo ella sonriendo. Tenía la cara ligeramente sonrojada y parecía feliz.
- Perece que estás muy bien, o me equivoco?
- Pues... bueno, se puede decir que sí. He estado hablando con Zabini, ya sabes, el mejor amigo de Draco, él me contó lo que yo ya había visto esta mañana en mi visión y al parecer no estaba sorprendido; dijo que ya se lo esperaba desde hacía tiempo, puesto que a Draco le gusta ella desde hace mucho.
- Y por eso vienes tan colorada y sonriente?
- Esto... yo... – Elyon no sabía hacia donde mirar – jejeje – rió – tuve una premonición cuando Zabini me estaba dando un abrazo para consolarme y...
- Y...
- Pues que le gusto mucho... bueno en realidad está enamorado de mí – se volvió a sonrojar.
- Y a ti te gusta él?
- Pues la verdad es que es un amigo incondicional y siempre está ahí para mí, siempre me escucha y jamás te ha criticado, en mi presencia por lo menos. Además es guapo y el Quidditch se le nota tanto como a ti – dijo Elyon alabando el bien formado cuerpo de su primo.
- Bueno, bueno. He de reconocer que Zabini es uno de los pocos Slytherin a los que no he oído metiéndose conmigo. Ahora, - continuó Harry con cara seria - me vas a contar quien fue la persona que viste cuando te caíste de la escoba?
- Está bien, pero con una condición, que bajo ningún concepto le cuentes esto a nadie aunque lo creas necesario por amistad, bajo ningún concepto – volvió a repetir Elyon.
- Por amistad? – se extrañó Harry – está bien lo prometo.
- La persona que hará caer a Draco, la que se arriesgó a besar esta mañana en la biblioteca y la misma que lo ama con la misma pasión y amargura que él a ella, es... Hermione Granger.
- Qué? – susurró Harry – dime que no es cierto por favor – él sabía que su prima no le mentía, pero era demasiado increíble – Elyon, no puede ser cierto; ella lo odia.
- Ella lo quiere desde hace casi tres años y le ha dolido cada una de las palabras que la maldecían salidas de la boca de Draco y cada una de las veces que la ha hecho quedar en ridículo. No tienes ni idea de cuanto lo desea, de cuantas veces ha llorado escondida entre las sábanas, de noche en su habitación, y cuanto tiempo lleva esperando ese beso.
Harry tenía que asimilarlo, tenía que sentarse a pensar, tenía... tendría que callarse y no parecer demasiado preocupado por su mejor amiga, aunque le hubiese ocultado eso durante tres años.
- Bajo ningún concepto debe enterarse de que lo sabes, y mucho menos de mis premoniciones. Si ella llegase a sospechar que tú lo sabes se alejaría de Draco y eso provocaría que Draco se oscureciese, provocaría que se entregase a su padre y a Voldemort – la cara de Elyon se tornó oscura y dejó de sonreír – la quiere y no le va a hacer daño, te lo prometo. Pero sólo saldrá bien si es él quien decide el ritmo de las cosas. Tendrá que sobrepasar muchas barreras, primero la incoherencia de su paso, después el rechazo de los Slytherin y por último la aceptación de los Gryffindor. Si todo sale bien, quizá no tengas que luchar sólo contra Voldemort y la profecía te será favorable.
- Cómo sabes tú lo de la profecía? – dijo Harry muy sorprendido y asustado.
- Harry!!! – llamó Ron desde las alturas.
- Qué quieres Ron?
- Nos vamos, se ha acabado el entrenamiento.
- Está bien, yo acompañaré a mi prima al castillo.
- Harry creo que debemos dejar esta conversación para otro momento – dijo Elyon cuando llegaron al castillo – nadie debe enterarse y la verdad es difícil de asimilar.
- Pero tengo derecho a saberlo, soy el elegido, el que arriesgará su vida – dijo Harry casi con lágrimas en los ojos.
- Te lo haré saber, en algún momento entenderás y entonces serás lo suficientemente fuerte. Tranquilo, sólo ten paciencia.
Y Elyon se fue hacia las mazmorras a la casa Slytherin dejando a Harry sólo.
Algunas semanas después, mientras dormía, Harry sintió la calidez de una mano rozando su cara, abrió sus ojos y vio a su prima, que lo miraba con dulzura, pero cuando levantó la vista hacia la estancia se dio cuenta de que no estaba en su dormitorio, ni siquiera estaba en su cama, sino tirado en el suelo de una especie de espacio sin paredes ni puertas ni fin ni principio, donde todo era blanco.
- Dónde estamos? – preguntó Harry a su prima.
- En el Plano Onírico – contestó con voz calmada su prima.
- Eres real?
- Sí Harry, quizá no mi cuerpo ni el tuyo lo sean pero tanto mi mente como la tuya son reales en este lugar.
- Cómo hemos llegado aquí? Para qué me has traído?
- Yo no te he traído, aquí vienes tú todas las veces que sueñas, lo único que he hecho ha sido entrar en tu Plano Onírico con mis poderes mentales y mucha concentración para responder a tus preguntas de manera que nadie pueda encontrarnos y de manera que nadie pueda saber lo que te voy a decir.
- Yo también puedo entrar en tu Plano Onírico o en el de cualquier otro?
- Sí, pero hay dos formas de entrar, la primera precisa mucha concentración y conocimiento de la persona, en ese caso entrarás en su mente sólo para ver sus sueños, sin poder modificarlos ni tampoco comunicarte con él; para hacer lo que yo he hecho ahora necesitas mucho poder, conocimientos antiguos, buenas intenciones y un lazo de sangre (impuesto o creado). Cuesta mucho aprender a utilizar este poder y muy pocos magos lo tienen, algunos nacen con el poder, otros lo consiguen tras mucho esfuerzo y entrenamiento mental. En mi caso nací con él, pero cada una de estas sesiones me provoca un cansancio mental que me deja inconsciente durante varias horas, por ello debo usarlo de noche.
- Cómo supiste que tenías el poder?
- Tú también lo tienes, corre por tu sangre, mi madre me enseñó a usarlo, se transmite a todas las generaciones de nuestra familia y aunque todos lo tienen muy pocos aprenden a usarlo y la mayoría no saben que lo poseen.
- Cómo puedo aprender a usarlo?
- No lo sé, quizá debas hablar con Dumbledore, él siempre sabe lo que hay que hacer.
- Ya es hora de que me digas lo que debo saber – sentenció Harry muy serio.
- Soy la llave de tu destino, por eso estoy aquí.
- La llave de mi destino?, no había nada de eso mencionado en la profecía.
- Harry, cuando nací Dumbledore aprovechó que mi padre se había ido de viaje, para visitar a mi madre y para verme a mí. Mi padre no aprobaba el hecho de que mi madre estuviese en contacto con él así que sólo podían hablar en muy pocas ocasiones. Mi madre y tu padre eran primos carnales, lo cual quiere decir que compartimos bisabuela, fue ella quien avisó a Dumbledore de que una profesora de adivinación sería la clave de la caída del mal y fue ella quien al preconizar mi nacimiento tres generaciones después, sentenció mi destino. Mi madre me crió al amparo de todos los consejos de Dumbledore y con la esperanza de que mi destino se cumpliese, pero para ello todo debería ser milimétricamente calculado. Yo no debería encariñarme con nadie, debería aprender a confiar en mí misma y a ser fría y calculadora. Eso sorprendió a mi padre, ya que él pensaba que mi madre lo hacía porque quería que fuese como él, lo que él no sabía era que yo tenía en mi interior mucho más poder del que jamás tendría él y que nunca sería utilizado para el mal. Mi madre contrató a Gustav Vladaski para darme clases y enseñarme a controlar mi don; para ocultarle mi don a mi padre se inventó que los profesores le habían dicho que flojeaba en adivinación, mi padre me castigó durante un año entero por bajar en mis calificaciones, su castigo constaba en no poder ir con él a las reuniones de altos cargos del ministerio y a no poder dirigirme a él si él no reclamaba mi presencia, fue el año más tranquilo de mi vida. El año pasado, Dumbledore movió hilos en el ministerio para que enviaran a mis padres a Gran Bretaña, de esa manera me tendría más vigilada y mi madre estaría más tranquila. Mi padre se alegró que fuese al mismo colegio que él y me retó a que superase sus calificaciones "a ver si eres capaz de superar a tu padre en Hogwarts, el nivel de estudios es un poco más alto aunque no son tan rectos y refinados como en Beauxbatons" – dijo Elyon imitando la voz socarrona de su padre – Para su desgracia lo he superado con creces. Una vez aquí ya sabes el resto.
- Pero, por qué la llave de mi destino?
- Yo debo estar presente en esa lucha, y la diferencia con mi ausencia estando en el otro lado, está en que serás mucho más fuerte y poderoso ya que la misma sangre corre por nuestras venas.
- Quieres decir que cuando esto pase tú estarás al lado de Voldemort?
- Eso debe pasar, Draco y yo debemos estar de ese lado.
- Malfoy también?
- Si todo sale bien, sí. Lo predije hace dos años, un chico rubio con una gran pena en su interior, que luchaba en su corazón contra el amor que cada vez era más fuerte y el odio que se desvanecía. Fue mi madre quien puso sobre aviso a Dumbledore y éste quien descubrió que era Draco. Me cercioré de ello cuando lo conocí este verano.
- Pero si eso es cierto, te perderé. Y... espera... eso quiere decir que Hermione también sufrirá por culpa de Malfoy.
- Para eso aún falta tiempo, sólo confía en mí. Es un sufrimiento menor, un sufrimiento mucho menor que la muerte. Lo que nos espera a Draco y a mí nadie lo sabe, ni siquiera Dumbledore al preguntarme si quería continuar con esto, fue capaz de negarme que quizá perdiese la vida con ello.
- No puedo ponerte en peligro, significas demasiado para mí. Lo siento Elyon, pero no puedo aceptar que pierdas la vida por mí, ni tú ni Malfoy.
- No Harry, tú ya no puedes hacer nada porque la decisión ya está tomada, lo he pensado bien y si yo soy el eslabón perdido, significa que mi destino es irremediable aunque intente escapar de él. Al menos he de hacer bien las cosas. Y por Draco no te preocupes, está destinado a ello, al igual que tú y que yo.
Se hizo un silencio incómodo, Harry intentaba encontrarle sentido a todo eso, debería perder a su prima sólo para poder salvarse y Hermione debería perder la razón de su amor por él también. Elyon lo abrazó y le susurró al oído:
- No te creas culpable, en todo esto tú eres otra pieza más del puzzle y nadie te ha asegurado que salgas ileso de ello, lo vas a hacer no sólo por ti, sino por todos los que sufrirán y sufrieron a manos de Voldemort.
- Yo... No me olvides, aunque la oscuridad te cubra, recuerda que sigues estando en mi corazón.
En ese momento la luz se apagó y Harry se sintió caer, cuando abrió los ojos estaba otra vez en su cama, empapado en sudor y temblando, y Elyon ya no estaba a su lado.
Pasaron los meses y las cosas parecían progresar, Hermione hacía escapadas muy extrañas a horas más que extrañas y Draco, según les contaba Zabini a Elyon y Harry, también. Draco comenzó a ser muy borde con los Slytherin que no eran sus amigos, de manera que comenzaron a pasar mucho de él y también de Zabini; de ese modo podía tener más tranquilidad a la hora de hacer cualquier cosa porque ya no lo vigilaban ni lo intentaban complacer a todas horas. Hermione por su parte promovía la integración de los alumnos de otras casas en actividades extraescolares de manera que Draco y ella, además de un montón de gente más de otras casas, podían pasar más tiempo juntos. A Hermione le complació mucho ver a Harry con Elyon y Zabini, y ver que éstos a su vez comenzaban a llevarse muy bien con los otros Gryffindor como, por ejemplo, Ron, Lavender, Dean, Seamus, Parvati, Neville, los gemelos Weasley,...
Hacia mediados de marzo, Draco había tomado la decisión de decir la verdad a los que se habían convertido en sus mejores amigos, ya había dado dos pasos y aquel era el tercero y último, y ya sería libre.
Dumbledore les había dejado la sala de los menesteres para sus reuniones, ya que eran un grupo heterogéneo y numeroso. El grupo en cuestión estaba formado por: Harry, Ron, Hermione, Ginny, Luna, Lavender, Parvati, Dean, Neville, Seamus, Padma Patil, Henri Mcmillan, Justin Finch-Flecher, Blaise Zabini, Draco Malfoy, Pansy Parkinson y Elyon Trieshën.
Cuando entraron en la sala, Draco les pidió silencio y comenzó a hablar:
- Bueno, tengo algo que contaros. Sé que os puede parecer extraño o incoherente, pero… estoy enamorado de Hermione y somos novios desde noviembre – Draco dijo esto mirando a Hermione directamente a los ojos y después levantó la vista al resto de los integrantes del grupo.
- QUÉ? – dijo repentinamente Pansy – TÚ, TRAIDOR DE SANGRE, ESTÚPIDO INCONSCIENTE, QUE CREES QUE ESTÁS HACIENDO??? ME HE INTEGRADO EN ESTE GRUPO INCOHERENTE Y VOMITIVO POR TI, A PESAR DE QUE NO TRAGO AL CARARRAJADA, NI A WEASLEYPIS, NI A LA CHULA PERFECTA DE TRIESHEN Y MUCHO MENOS A LA SABIHONDA SANGRE-SUCIA-GRANGER, Y AHORA VIENES TÚ A DECIRME QUE ERES SU NOVIO? AHORA VIENES A DECIRME QUE VAS A TRAICIONAR A TUS PADRES, A TUS VERDADEROS AMIGOS Y A MÍ??? DRACO MALFOY VAS A SABER REALMENTE LO QUE ES LA CRUELDAD Y EL DOLOR!!! VAS A SUFRIR EN TU PROPIA CARNE EL DOLOR DE MI CORAZÓN ROTO Y EL DE LA MALDAD DE TU PADRE EN CUANTO SE LO DIGA!!! – y dicho esto se encaminó hacia la puerta, pero de repente 14 rayos de luz se dirigieron directamente a la espalda de Pansy - Ahh! – gritó ella al recibir el fuerte impacto.
Todos los allí presentes excepto Hermione, Draco y Elyon decidieron dar a Pansy lo merecido por sus palabras y su intención.
- No! Qué habéis hecho? – exclamó Draco yendo al momento al lado del cuerpo inconsciente de Pansy.
- Pero Draco, iba a delatarte, no puede decírselo a tu padre, si no…
- Si no qué? – ahora era Elyon quien hablaba – si no sólo adelantará lo inevitable? Si no sólo hacer que Draco se dé cuenta de que se había equivocado?
- Qué? Pero Elyon…
- Nada de peros primo, no sé que estúpida idea era esta y creo que Pansy tiene razón, donde nos hemos metido? Yo no soy como vosotros, yo no soy una blandengue ni una niña dulce ni nada que se asemeje a vosotros. Yo soy fuerte y mucho más poderosa e inteligente que ninguno de vosotros, incluido tú mi querido primo – en este momento los ojos de Elyon se volvieron negros, como la noche al igual que sus labios, que tornaron del rosa pálido al oscuro tono del carbón.
- Elyon – dijo Pansy ya recuperada y con un tono de miedo en su voz – Sólo fingías?
- Sí Parkinson, y para ti soy Trieshën, para ti y para todos los que osen dirigirse a mí, me habéis oído?
- Draco, - dijo Hermione temerosa - Draco háblame, dime que no eres como ella, dime que no eres…
- Cállate! – sonó tronadora la voz de Draco, que estaba de espaldas – no te atrevas a hablarme nunca más, olvida mis palabras y todo el contacto conmigo. Me das asco y me doy asco por haber estado a tu lado. Te odio y no entiendo como he podido hacer esto durante tanto tiempo – de repente Draco se giró y todos pudieron comprobar que sus ojos eran del mismo color que los de Elyon, negros y llenos de maldad – no entiendo que clase de embrujo me has hecho pero desde luego ya no surte efecto Granger. Ya nada me ata a ti asquerosa sangre su...
En ese instante la mano de Hermione se estampaba en la cara de Draco callando sus palabras y dejando que fuese ella quien vociferase su furia:
- Retorcido gusano asqueroso, que te crees que has hecho? Qué extraño ser eres? Nadie es tan asqueroso y tan rastrero... – lágrimas – nadie es tan negro – más lágrimas – nadie tiene tanta maldad, ni siquiera el mismísimo Voldemort!!!
- Hermione – intentó tranquilizar Harry fallidamente.
- Muérete Malfoy, tú y tus estúpidos amigos. Nadie como vosotros merece vivir. No mereces mis lágrimas, ni mi dolor; no mereces nada mío así que sal de mi vista y olvídate incluso de que existo porque tú para mí has dejado de existir – Hermione pronunció todas estas palabras chillando, sacándose de dentro el miedo, el dolor y el corazón. Y dejó de llorar, no hubo ni una lágrima más, nada; ni una frase que contuviese su nombre, ni una mirada hacia él, nada.
A partir de este momento el Trío Dorado estaría en segundo plano, acababa de nacer el Círculo Negro: El Diamante Negro (Elyon Trieshën), El Dragón de Plata (Draco Malfoy), La Serpiente Venenosa (Pansy Parkinson) y El Ángel de la Oscuridad (Blaise Zabini). Su historia se tornó oscura, eran temidos por todos y cada uno de los alumnos del colegio, incluso por algún profesor, sabían que eran muy poderosos, sabían que juntos eran demasiado poderosos.
Harry se entregó a los estudios para no levantar sospechas ya que él sabía que las cosas no eran lo que parecían, o por lo menos quería creer las cosas que su prima le había confesado en el sueño, pero y si eran mentira? Dudas, dudas, nada más que dudas y una pequeña esperanza que se escindía poco a poco en su cabeza. Dumbledore lo había instado a recibir clases de Oclumancia, pero esta vez sería él quien se las diese. Hermione se había vuelto más estudiosa y cerrada que nunca, sólo hablaba con Ron y Harry. Ron se había preocupado de mantener en secreto todo lo que habían visto y oído aquel día fatal, era un experto con los Olibiate así que sólo recordarían el incidente Harry, Hermione y él. Además había sido instado por Harry a estudiar todo lo que pudiese.
Por mandato de Dumbledore, y sin aparente razón, se había cancelado la temporada de Quidditch (para mala suerte de Angelina).
Junio llegó y con él el último día de clase. Se encontraban todos en el gran comedor preparados para escuchar el discurso de final de curso del director:
- Queridos alumnos, después de todo un espléndido curso lleno de actividad, estudio y amistad, los profesores y yo queremos hacer una mención especial a ciertos alumnos que han destacado muy sobresalientemente en sus estudios y que por ello los creemos merecedores de un hueco en la sala de honor de Hogwarts.
Todos seguían con mucha expectación los premios:
- Al señor Draco Malfoy y al señor Blaise Zabini, por haber superado con 7 matrículas de honor y 2 sobresalientes todas sus materias – dijo con claro orgullo el profesor Snape.
- Al señor Ronald Weasley y al señor Harry Potter, por haber superado con 8 matrículas de honor y 1 sobresaliente todas las materias cursadas – dijo muy satisfecha la profesora McGonagall.
- Y por último, y no menos importante, a la señorita Hermione Granger y a la señorita Elyon Trieshën, por haber llevado un curso tan perfecto y haber conseguido 10 matrículas de honor, teniendo en cuenta que las dos cursaban una asignatura de más – exclamó muy contento el director - Ruego a los premiados que tras la comida se acerquen a mi despacho para felicitarlos personalmente. Y ahora... A COMER!
Harry, Hermione y Ron se dirigían al despacho del director cuando derrepente escucharon un grito terrible, que salía del aula de Encantamientos. Salieron corriendo hacia allí y...
- VOLDEMORT! –exclamó Harry con los ojos llenos de rabia y sorpresa a sus pies yacía tendida una niña que debía ser de primer curso.
- Así es joven Potter, y esta vez no habrá nadie para salvarte. Tendré mi venganza ante los mismos ojos de Dumbledore y no lo sabrá hasta que alguien os encuentre muertos a ti y a tus amigos. Pero además – dijo mientras alzaba la mano derecha - esta vez seré precavido y no podrás usar uno de tus trucos, créeme, mis mortífagos – señaló hacia la espalda de Harry – no dejarán que falle nada.
- Ahora ya no soy el chico al que te enfrentaste hace dos años, esta vez no usaré un simple expeliarmus, esta vez no te daré tiempo – susurró Harry apretando la mano de Hermione y el hombro de Ron.
- Ya sé que no lo harás, te he estado observando muy de cerca, recibí todos los días desde el 1 de septiembre informes sobre tus logros.
- Mientes! – exclamó Ron – no has estado aquí, ninguno de ellos ha estado aquí – dijo señalando a los mortífagos.
- Claro que no he estado aquí, pero no necesito estar aquí, mis pupilos han hecho ese trabajo por mí, verdad?
Entonces entraron por una puerta lateral todos los miembros del Círculo Negro. Nadie dijo una palabra, pero uno de ellos ya sabía el final de aquella batalla.
- Eso que llevas colgado del cuello es el último Horcrux, verdad?
- Muy inteligente Potter – dijo Voldemort – Qué sabes tú de mis Horcruxes?
- Todo, todos y cada uno de los detalles de tu asquerosa existencia. De verdad creías que Dumbledore no me había preparado para algo así, de verdad creíste que iba a ser tan iluso?
- De todas maneras Potter, el Señor Oscuro es lo suficientemente poderoso como para seguir viviendo sin horcruxes tras una nueva batalla contra ti - dijo Malfoy adelantándose y poniéndo se al lado de un de los 3 mortífagos que acompañaban a Voldemort.
- Acaso creías que no habíamos planeado todo desde el principio? – lo secundó Zabini posicionándose al lado de otro de los mortífagos.
- Eres demasiado benevolente "querido primo" – dijo Elyon mirando directamente a los ojos a Harry – crees que todos tenemos algo dentro que nos va a hacer cambiar y ser buenos, no? – y se colocó delante de el último mortífago.
Voldemort disfrutaba viendo la escena desde la parte contraria a Harry en aquel círculo y se jactaba de su poder de embaucamiento.
- Qué os pasa ahora niños bonitos? – se rio Pansy – ya no tenéis a Dumbledore, verdad?
- No, - dijo Harry con una sonrisa – pero los tenemos a ellos.
- Ellos? – exclamó Voldemort derrepente.
Miró a su alrededor y vio a sus mortífagos en el suelo, inmovilizados y atados de pies y manos.
Derrepente las voces de Elyon, Draco y Blaise hicieron que la total atención recayese sobre ellos:
- Yo negaré el mal de mi propia existencia desde el bando contrario...
- ...todo lo que he sido o pude ser...
- ...y todo aquello que quisiste darme para llevarte mi alma...
- ...TODO AQUELLO QUE NUNCA SERÉ
Y sin saber como una luz los unió a todos alrededor de Voldemort, haciendo que solo estuviese él en medio, y alguien más recitó junto a ellos el resto de la maldición:
- Todo aquello que su corazón no aceptará, el miedo y el dolor de tu vida inmortal a costa de la suya – dijo Hermione.
- Aunque nuestras vidas se vayan contigo – dijo Ron.
- Sólo uno vivirá – dijo Harry alzando la varita – Avada Kedavra.
Derrepente, se hizo el silencio. Un silencio que traspasó los muros, un silencio que abrió todas las puertas, un silencio que reconfortó todos los corazones.
