¡Saludos, queridos lectores!

La historia a actualizar este fin de semana, es esta, la cual, yo sé que han estado esperando, pues sé que los he dejado con mucha curiosidad de saber cómo es que Sasuke y Karin rompieron su relación amistosa, pero antes de ello, hay que seguir viendo cómo su relación se ha ido transformando n.n

No haré muy larga la introducción, así que simplemente los dejaré con la actualización n.n


Los niños se habían hecho a la idea de que no se verían sino hasta que entraran a la universidad, pues aunque al despedirse Fugaku les había comentado que quizá se verían a finales de año, no le creyeron.

Increíblemente, el cabecilla de los Uchiha cumplió, aunque el encuentro fue de un sólo día. Uno que no iban a olvidar.

Era diez de diciembre cuando Karin fue a la mansión Uchiha. Habían pasado nueve meses desde su último encuentro y aunque Fugaku tenía renuencia por ver a la niña en esas fechas por los recuerdos pasados, aceptó que hiciera una breve visita.

Como sería una visita de un sólo día, les permitió a los niños descansar de sus deberes.

Para este nuevo encuentro, Karin ya no abrazó a Sasuke a modo de saludo y su interacción inicial, resultó más bien formal.

No era que no se extrañaran, ni que el miedo de sentir aquella inquietud por la cercanía de la última vez los detuviera. Era más bien que Sasuke había aprovechado el número que ella le dió para hacerse llamadas a escondidas, lo que les permitió actuar con mayor facilidad que comenzaban dominar sus emociones.

—¿Cómo has estado? —ella preguntó con una sonrisa.

—Bien. ¿Qué hay de ti?

—Bien. Sigo aprendiendo mucho —respondió ella manteniendo ese distanciamiento para convencer a Fugaku, aunque ambos sabían que no debían actuar demasiado bien o los descubrirían— Traje el regalo que te prometí.

Karin señaló la gran bolsa que llevaba para esa visita y Sasuke vio que ella tenía toda la intención de abrirla y sacar dicho obsequio. Sin embargo, Fugaku intervino.

—Entremos a la casa —ordenó y con una mirada diferente a cada uno, les hizo recordar que aún no cumplían con la etiqueta.

—Fugaku-san, papá Minato le envía un obsequio de Navidad —Karin detuvo al hombre cuando este iba a dejarlos solos en la sala.

La adolescente, que ya tenía catorce años, le entregó una caja mediana envuelta en papel navideño.

—Gracias.

El hombre inclinó la cabeza al recibir el obsequio y se retiró.

Sasuke podía notar que Karin era bastante ceremoniosa al dirigirse a su padre, lo que le sorprendió. Es decir, ella siempre lo había tratado con respeto, pero se notaba que se sentía intimidada en su presencia y ahora, ella pareció solemne. El miedo o nervios del pasado prácticamente se habían apagado.

¿Nueve meses eran demasiado?

—Mamá Kushina también les envió un regalo a ti y a Itachi-niisan —Karin se dirigió a él con más ánimo cuando Fugaku se perdió de vista. Ella sacó dos cajas más pequeñas que la que dió a su padre y le entregó una— ¿Itachi-niisan, no está? ¿O es que está enfermo?

—Aún está en la universidad. Vendrá para el día veinte —respondió Sasuke— Avisó por la noche que debía hacer unas prácticas.

—Entonces no podré verlo en esta ocasión. Y yo que le había preparado más galletas —dijo la pelirroja sacando una bolsa grande de papel celofán repleta del bocadillos— Supongo que bien guardadas, podrían durar lo suficiente para que las pruebe.

—Yo me las comeré, si quieres —dijo Sasuke impulsivamente y no supo la razón.

—Las galletas se conservan bien. Especialmente si se guardan adecuadamente. ¿Puedes encargarte de eso, por favor?

Sasuke frunció el ceño, pero no se negó a recibirlas cuando ella se las dió. De nuevo estaba ese sentimiento que le produjo cuando ella le ofrecía las galletas a su hermano.

—Dijiste que tenías un regalo para mí —dejó las galletas en la mesa de centro y se acercó a tratar de ver qué más había en la bolsa, pero parecía vacía.

—¿Vamos al jardín? —Karin le preguntó con timidez, como si la chica segura que había sido tan formal hacía muy poco hubiese desaparecido para que la niña que él recordaba, tomara su lugar.

Sasuke asintió confundido por la petición. Hizo una seña con su mano e invitó a la chica a tomar camino.

El niño esperó que su amiga tomara la bolsa en la que había cargado todos esos regalos para entregarle el suyo, pero ella la dejó en la sala sin darle ninguna importancia.

—¿Para qué querías venir aquí? —preguntó Sasuke viendo a su amiga sentarse en la banca en la que habían estado sentados la última vez, pero se mantuvo parado frente a ella.

—Quería ver el jardín una última vez.

—¿Última vez? —preguntó confundido y alarmado.

—No había querido decirte, porque tenía miedo que te exaltaras e hicieras una locura —respondió la pelirroja y comenzó a dudar en decirle. Sin embargo, era mejor aprovechar el momento y dio unas palmadas en la banca para pedirle que se sentara a su lado.

—¿Qué cosa? —preguntó el joven preocupado, pero su rostro mostraba enojo.

—Por favor —pidió la pelirroja suplicante y él terminó cediendo.

Sasuke pudo ver cómo su amiga parecía buscar las palabras adecuadas, pero esto lo estaba impacientando, pues sospechaba, y aunque lo hacía acertadamente sin saberlo, que lo que ella tenía que decirle estaba relacionado con su padre.

—Karin…

—¿Recuerdas que te dije que me enviarían a un internado? —preguntó apresuradamente para no hacer esperar más a su amigo. Él asintió con el ceño fruncido— Iban a enviarme allí durante el verano para iniciar el ciclo escolar allí.

—¿Ya no te enviarán? —preguntó sorprendido, pero esperanzado de que su padre hubiese cambiado de opinión. Aún si ella seguía viviendo en Uzushio, podrían llamarse por teléfono.

—No. Es que hubo un problema administrativo con mi admisión y mi ingreso tuvo que aplazarse —respondió la pelirroja y su ánimo pareció decaer— Pero ya casi todo está listo y voy a iniciar el curso en el internado al terminar las vacaciones de invierno.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué no me dijiste antes?! —el chico se levantó de la banca bastante enojado, pero en ese momento no sabía si lo estaba por la insistencia de su padre por enviarla al internado o porque ella le ocultaba cosas.

Desde su último encuentro, Sasuke ya había percibido aquella incomodidad que le causaba ver qué la confianza que tenían de niños no era la misma, pero aquella confesión le hacía pensar que se estaba desmoronando cada vez más sin poder solucionarlo, aún cuando durante sus llamadas furtivas, habían intentado ir llenando el vacío que se había formado entre ambos.

—Porque tenía miedo que fueras a reclamarle a Fugaku-san y que en el arrebato, se te escapara decirle sobre que él va a visitarnos —respondió la adolescente tomando a su amigo de la mano para pedirle que regresara a su asiento— Quería estar presente para decírtelo y detenerte, aunque no estaba muy segura si tú padre aceptaría dejarme venir tan pronto.

El chico no se sentaba a pesar de la petición muda de su amiga, su cuerpo estaba tenso por el enojo, pero antes de dejarse llevar por él, notó un detalle en las palabras de la pelirroja.

—¿Tu le pediste a padre que te dejara venir?

—Si.

No podía quejarse de poder ver a su amiga mucho antes de lo previsto, pero a Sasuke le enfadaba darse cuenta que a pesar de todas las veces que él le suplicó por poder ver a su amiga, su padre ni siquiera dudaba al decirle que no. Empero, su amiga había logrado convencerlo.

Esto no se trataban de celos de que su padre hubiese escuchado a la chica y no a él, sino más bien que demostraba que su padre estaba actuando tan arbitrario que ya ni siquiera parecía que él estuviese ayudando a Karin a convertirla en su mano derecha, sino que tenía acciones azarosas sin sentido.

—¿Hiciste algo particular para que aceptara dejarte venir? —preguntó Sasuke tratando, aunque fuese una última vez, explicar el proceder de su padre.
—Nada que me pidiera a cambio, pero supongo que estaba satisfecho con los premios que obtuve en la escuela en las competencias académicas de las que te hablé.

Él había ganado varias en su escuela a través de los años y su padre jamás cedió a sus peticiones. Sin embargo, según lo dicho por su amiga, no tuvo inconvenientes en acceder a la petición de ella…

¿Qué se supone que significaba eso? ¿Por qué su padre actuaba como si tirara los dados para decidir sus acciones? ¿Por qué diablos no permitía que ellos estuvieran juntos como antes, cuando había sido su idea presentarlos?

Fueran cuáles fueran las respuestas a aquellas preguntas, él sólo podía seguir sintiéndose frustrado y muy rencoroso con su padre. No había explicación, y si la hubiese, él no creía que hubiese una lo suficientemente buena como para aceptar las acciones de su padre.

—¡Sasuke! ¡No vayas! —suplicó la pelirroja tomando más fuerte el brazo del niño. De hecho, se había levantado de la banca para sostenerlo.

El aludido no se había dado cuenta que su cuerpo actuaba involuntariamente y aunque su mente repasaba todos aquellos pensamientos, sus pies querían llevarlo hasta su padre para poder reclamarle todo eso.

Cuando oyó la voz de su amiga, fue que pudo notar lo que pasaba y aunque paró sus pasos, su gesto y pose, daban a entender que podría ir a buscar a su padre en cualquier momento.

—¡Debe darnos una explicación! ¡No puede seguir actuando así!

—Me siento igual que tú, Sasuke, pero vamos a empeorar las cosas haciendo eso. Ya sabes que odia la desobediencia —respondió la pelirroja— Tengamos un poco más de paciencia. Si me dejó visitarte hoy, quizá haya más oportunidades de vernos antes de la universidad.

—Pero…

—Tengo tu regalo —Karin lo había interrumpido y al ser una declaración que no esperaba en ese contexto, dejó confundido al joven.

Un desvío tan abrupto del tema estaba sirviendo para bajar ese enojo y al hacerlo, Sasuke se hizo consciente de lo fuertemente abrazada que su amiga estaba de su brazo.

De nuevo la tenía cerca. Demasiado cerca, por lo que podía volver a percibir su aroma a lilas.

—Estas muy cerca —señaló Sasuke inquieto, porque una parte de él no quería alejarla, pero otra, quería hacerlo para dejar de sentirse incómodo y gustoso con la sensación que tenerla cerca le provocaba.

—Yo… lo siento, pero no puedo soltarte, así sin más —respondió la pelirroja y aunque aflojó su agarre y desvío la mirada, no lo soltó— ¿Me prometes que no saldrás corriendo a buscar a Fugaku-san?

—De acuerdo, no iré, pero suéltame —contestó el chico sonrojado.

—Debemos ser inteligentes —insistió ella soltándolo lentamente aún temerosa de que él se le escapara.

—Lo sé, lo entiendo —respondió él soltándose de la chica— Mejor, dime ¿qué hay de ese regalo?

Sasuke seguía muy enojado, pero había recuperado su dominio para mantenerse dentro del plan, pues sabía que Karin tenía razón. No podían hacer nada, por lo menos hasta que fueran un poco más grandes y usar el tema del regalo podría ayudar a distraerse.

—Cierra los ojos.

—¿Para qué? —preguntó confundido, pues ella ni siquiera tenía consigo aquella bolsa donde había llevado el resto de los regalos.

—Sólo ciérralos, por favor —ella insistió. Parecía un poco avergonzada.

—Está bien —respondió obedeciendo la petición. Si no hubiese notado ese sonrojo, quizá no habría cedido, pero de nuevo estaba viendo a la niña tímida que conoció y no pudo negarse.

Con los ojos cerrados, Sasuke esperaba alguna indicación o quizá que lo tomara de la mano y lo condujera de regreso a donde estaba la bolsa, pero por un rato, no oyó ni sintió nada. Es más, creyó que quizá ella lo había dejado allí y había corrido de regreso a la sala, así que abrió un poco los ojos para asegurarse.

No, Karin estaba frente a él, dándole la espalda y parecía rebuscar algo en las bolsas de su suéter.

¿Qué estaba planeando? ¿Realmente iba a darle un obsequio? ¿Por qué tardaba tanto? Sólo tenía que sacar lo que sea que le compró y dárselo. ¿O sería que…?

Después de su último encuentro, Itachi comentó algo que Sasuke había ignorado por completo porque pensó que su hermano sólo estaba tratando de molestarlo, pero ahora se preguntaba si era verdad.

"Tu y Karin-chan ya no son más unos niños. Son adolescentes y ella ya debe tener intereses de chica".

Aquel señalamiento, Itachi se lo había hecho cuando Fugaku le preguntó qué tanto habían estado haciendo en su tiempo libre y él le había contestado que sólo hablaron porque ella no parecía querer hacer nada.

No era que a él no le hubiese gustado hablar con ella después de tanto tiempo, pero cuando había respondido aquella pregunta, aún había esa sensación de que las cosas habían cambiado y su tono al contestar había sonado disgustado.

Sí, Sasuke pensó que su hermano le había dicho aquellas palabras para fastidiarlo, porque por algún motivo, pensó que su amiga jamás se comportaría cómo esas niñas molestas de la escuela que lo perseguían, alababan y lo miraban pestañeando y usando un tono meloso. Eso no parecía propio de Karin, pero ahora que prestaba un poco más de atención, comenzó a dudar.

Desde que la conoció, Karin siempre llevaba puestos pantalones o shorts, con playeras que, aunque de vez en cuando tenían estampados de flores, animales o princesas, jamás se había detenido a pensar demasiado al respecto. Es más, ni siquiera le sorprendía las veces que llegaba a ponerse un vestido a pesar de que era inusual, pero es que aquellas ocasiones sólo ocurrían cuando había una fiesta o una reunión.

El uniforme de la escuela era otro conjunto con falda que solía usar muy seguido y ella siempre prefería usar tenis en lugar de zapatos, pero sí la vio usándolos. Sin embargo, en las últimas dos visitas, ella iba vestida más femenina para tratarse de un día cualquiera, llevaba colores pastel, perfume y unos brazaletes.

Incluso la vez anterior ella había llegado con el cabello recogido y ahora, aunque lo llevaba suelto, tenía un pasador con la figura de una flor morada en el cabello. Se veía bastante formal y femenina.

—¿Por qué tardas tanto? —preguntó Sasuke cerrando los ojos de nuevo tratando de apresurar aquello. Le estaba incomodando pensar en todo aquello.

Ella era su amiga, siempre la vio como tal y aunque conocía todo lo que le gustaba o le disgustaba, al menos de niños, era la primera vez que hacía consciente el hecho de que ella era una chica y él era un chico y eso le hizo preguntarse con más énfasis qué era lo que ella iba a regalarle si la bolsa de los obsequios no estaba allí y ella le había pedido ir al jardín.

Un beso, fue lo que le vino a la mente y la idea la había tenido porque había visto en más de una ocasión en la escuela, que algunas niñas pedían al niño que les gustaba que cerraran los ojos para robarles un beso. Él había tenido muchas de esas peticiones, pero al saber de qué se trataba, sólo daba la media vuelta y se iba.

—Sólo un poco más —pidió ella y al poco de ello, él sintió que tomó una de sus manos— No hagas trampa.

—No.

Sentir el toque lo puso nervioso lo que lo hizo apretar los ojos, pero de inmediato se tornó confundido cuando sintió que ella depositó algo en su mano.

—Ya puedes abrirlos.

Sasuke vio una pequeña bolsita de regalo navideña en su mano. Era lo suficientemente pequeña para que la tuviera guardada en la bolsa de su suéter y aunque se seguía sintiendo confundido, estaba curioso.

—¿Puedo abrirlo? —preguntó y ella asintió.

—Yo… quería regalarte algo así como un relicario o un collar de Best Friends, de esos que al juntarse forman una figurita. Mamá Kushina dice que son los mejores obsequios a darle a una persona que casi nunca ves y aprecias mucho, pero supuse que no es algo que te gustaría llevar, así que me costó mucho pensar en otra cosa.

Karin balbuceaba, estaba nerviosa al entregar ese obsequio y veía cómo era que su amigo abría la bolsita y sacaba un llavero de madera con firmeza de bokken y en el filo de la espada estaba tallado el nombre de Sasuke.

—¿Dónde conseguiste algo así? —preguntó el chico sorprendido. Obviamente aquella artesanía estaba hecha a mano y no era muy común.

—¿Recuerdas que te hablé de un chico con el que juego Shōgi en el parque? Él es bueno tallando madera y le pedí que me lo hiciera —dijo avergonzada de confesarlo.

—¿Él lo hizo porque se lo pediste? —preguntó incómodo con la idea. El regalo le gustaba, pero por algún motivo le molestaba que lo hubiese hecho un chico por petición de ella.

—No, tuve que hacer una apuesta con él y ganarle para que aceptara hacerlo —confesó ocultando su sonrojo mirando a otro lado— Es muy perezoso para hacer las cosas, pero cuando las hace, las hace bien. ¿Verdad?

Si, el trabajo era muy bueno, y ella había pensando en algo que él podría llevar. De hecho, el regalo era muy bueno y la sensación en el pecho se había calmado cuando ella dijo que tuvo que ganar una apuesta para conseguirlo, pero le disgustaba los halagos que ella le hacía al chico.

—Gracias.

—¿No te gustó? —preguntó ella con tristeza ante el seco agradecimiento.

—Sí, sí me gustó —respondió el chico tratando de sonar más alegre.

—¿Habrías preferido otra cosa? Naruto-niisan dijo que debí haberte comprado una loción o un reloj, pero papá Minato dijo que esos regalos se le suelen dar a la gente que no conoces. ¿Me equivoqué?

—No, me gusta. Lo usaré —le aseguró sonriendo más sincero— También tengo un regalo.

—¿De verdad? —preguntó Karin contenta, pero más bien de que a él le gustara el obsequio.

—Espérame aquí.

Sasuke señaló la banca para pedirle a su amiga que se sentara y cuando ella lo hizo, él fue a buscar el regalo que le había preparado.

No le tomó ni cinco minutos ir a su habitación y regresar. En cuanto se paró frente a ella, le ofreció una pequeña cajita blanca con un listón rojo.

Aquel obsequio, era algo que Sasuke había preparado para ella la Navidad en que ambos perdieron a sus familiares, pero que no había podido dárselo. Al principio, por la separación repentina que Fugaku los obligó a tener y después, porque dudó en dárselo, pues aquel obsequio, Mikoto le había ayudado a elegir y una parte de él no quería desprenderse de ello.

Sin embargo, sería absurdo mantenerlo guardado dejando que se pudra. Además, sería un buen obsequio si iban a permanecer separados mucho tiempo. Habría algo de él y de Mikoto con ella.

—No es la gran cosa.

Como si se le iluminara el rostro, Sasuke vio una luz particular en la cara de su amiga cuando le entregó la caja de regalo, y pareció brillar aún más cuando vio el contenido.

—¡Es hermoso! —exclamó emocionada y al poco se lo entregó al azabache— ¿Me lo pones?

Cuando Mikoto vivía, Sasuke y Karin se veían prácticamente a diario, por lo que no necesitaban algo para recordarse. Empero, cuando los padres de la niña se la llevaron por causa de su trabajo, por primera vez habían sentido la ausencia del otro.

Fue en ese momento, que mientras Sasuke pensaba en un regalo para su amiga, su madre le sugirió obsequiarle un relicario. La idea, era que irían al centro comercial a sacarse una foto con Santa Claus y pondrían esa foto en el relicario y aunque sí se tomaron aquella foto antes de que Mikoto fuera a buscar a los padres de la niña, el accidente hizo que el regalo y la foto quedaran en el olvido.

Ahora, Sasuke le estaba entregando ese regalo y se lo colocaba alrededor del cuello. Era una joya de plata en forma de corazón, su madre había insistido en la forma, y aunque era pequeña y discreta, tenía adornos muy finos.

—Está vacío —la resplandeciente sonrisa de su amiga se había apagado cuando abrió el relicario.

La foto de aquel entonces había quedado perdida, así que Sasuke no pudo ponerla. Es más, sospechaba que quizá su madre la llevaba consigo durante el accidente y él no se atrevió a poner otra. Es decir, no era que no se hubiesen tomado otras fotos juntos, pero él pensó que ella querría usar los espacios para poner las fotos de sus padres y eso era algo que él no poseía.

—Se supone que tú debes llenarlo —respondió el joven.

—Me lo estás dando porque estamos mucho tiempo separados. ¿No? Deberías haber puesto una foto tuya o de los dos en el corazón —reclamó la chica y enseguida se puso colorada con la mención de la forma de la joya.

—No tengo una foto para eso.

—Tampoco tenemos una cámara para tomarnos una —comentó Karin con tristeza.

—Podrías meter una foto de tus padres —él le sugirió, esperando que la idea la animara.

—Sí, eso creo.

Ambos adolescentes se veían insatisfechos con sus regalos, sin entender por qué el otro se veía así. En su momento, se habían esforzado por conseguir el regalo perfecto para su amistad, y aunque sabían que estaban recibiendo un obsequio igual de considerado, era como si algo faltara.

—Vamos a ver si ya está el desayuno —sugirió Sasuke cuando permanecieron callados y ella asintió.

El resto del día fue más tranquilo. No hacían muchas actividades porque no podían encontrar algo en lo que ambos estuvieran de acuerdo sin que pareciera que el otro se sintiera forzado a hacerlo, pero sentarse en la banca del jardín a platicar siempre ayudaba bastante. Hablar los hacía conocerse de nuevo.

Karin era quien más hablaba y Sasuke se sentía tranquilo cada vez que ella le hablaba de lo feliz que era con su familia adoptiva, pero no podía evitar sentirse desplazado, lo que le causaba celos. Es decir, él siempre había sido el centro de atención de su amiga, pero ahora que convivía con más personas y comenzaba a dejar atrás su timidez para desenvolverse con otras personas, se llenaba de nuevas amistades con las que pasaba el tiempo, jugaba y se divertía. Mientras tanto, él debía cerrarse por su propio bienestar y estaba tan concentrado en obedecer las órdenes de su padre que ni siquiera tenía interés en tener amigos.

Dicho lo anterior, era de suponerse que Sasuke apenas hablara. No tenía mucho qué contar y al mismo tiempo, no se atrevía a confesarle a la chica que sentía que tarde o temprano ella iba a olvidarlo entre toda esa gente con la que convivía.

—Se fue muy rápido el día ¿verdad? —señaló Karin que había estado platicándole a Sasuke sobre una competición de ortografía en su escuela, pero que al notar que el cielo comenzaba a tornarse rojo, no pudo evitar hacer el comentario.

—Trataré de convencer a padre de que pases las fiestas con nosotros.

—No lo hagas, no es muy buena idea —dijo Karin suplicante. Ambos se miraron a los ojos y sin decirse nada, sabían que sin importar cuánto rogaran, Fugaku no iba a permitir que eso sucediera— Tiene que haber otras oportunidades.

—Pero…

—Sasuke, hace nueve meses no creíamos que nos volveríamos a ver sino hasta la universidad y ahora estamos aquí —ella lo miraba con insistencia— Si seguimos obedeciendo, quizá nos veamos durante las vacaciones de verano o del próximo invierno.

La mirada de su amiga era suplicante, pero al mismo tiempo, los dos dudaban de que las cosas fueran a ser así. Y es que, aunque Fugaku les había dado la sorpresa de permitir ese encuentro, lo cierto es que pasaba por la mente de ambos que lo más probable, era que Fugaku no permitiría un nuevo encuentro hasta la universidad sin importar lo bien que se portaran o les fuera en la escuela. Es decir, si no les había permitido verse en todo ese tiempo cuando tenían posibilidades, no creían que él fuera a permitirlo cuando un internado era demasiado estricto con los momentos de salida y entrada al lugar.

Ambos pensaban igual, pero no se habían atrevido a hablarlo entre ellos porque no querían mermar la esperanza del otro y porque de alguna forma, sentían que al hablarlo, no sólo lo hacían real en su mente, sino que sentían que ello podría quitarles fuerzas y motivación.

—Tienes que llamarme antes de que te lleven a ese lugar —pidió con firmeza, pues quería poder escucharla una última vez antes de que volvieran a verse incomunicados.

—Si, claro que lo haré y también te voy a llamar todos los días antes de eso —ella le aseguró conteniendo las lágrimas. De nuevo veía a la niña que conocía en contraste con aquella que se había comportado bajo la etiqueta y elegancia que su edad le permitía, durante el desayuno y la comida.

Karin estaba cambiando y él podía verlo, pero también él lo estaba haciendo y sólo observándola a ella era que se daba cuenta de los cambios en sí mismo.

—Nos volveremos a ver —él le aseguró para consolarla y sin darse cuenta tomó el rostro de su amiga para limpiar una de las lágrimas que se había alcanzado a escapar— Yo te buscaré si es necesario.

Sasuke quiso reafirmar su promesa. Sentía que si ambos habían cambiado, tenía que repetir aquellas palabras para asegurarle que a pesar de ello, él todavía deseaba estar a su lado.

—Si, confío en ti —ella le sonrió y de nuevo su rostro pareció tener luz, aunque ahora, aquella luz se veía rojiza gracias al sol que se ocultaba lentamente en el horizonte.

Ambos se miraban a los ojos en esa despedida, alejados de las miradas del mundo, porque cuando llegara el momento de separarse, el adiós debía ser menos emotivo. En esa ocasión, las inquietudes y sentimientos extraños volvieron a aparecer en ambos, pero sabiendo que sería la última vez que se verían en un tiempo, decidieron ignorarlos.

—Cierra los ojos —ordenó Sasuke de repente, porque viendo sus ojos, se dio cuenta cuál era la insatisfacción de su obsequio.

—¿Para qué?

—Sólo ciérralos y no vayas a abrirlos para nada hasta que yo te diga —fue más duro con su orden y retiró la mano con la que había limpiado sus lágrimas.

Karin iba a volver a preguntar al respecto, pero la forma en que Sasuke se lo había dicho le quitaron las ganas de hacerlo y simplemente obedeció.

El adolescente de catorce años, al ver que ella cerraba los ojos, miró alrededor y una vez que se aseguró que no había nadie, se inclinó y juntó sus labios con los de ella.


¿Habrá otro encuentro antes de que terminen las vacaciones de invierno? ¿Fugaku se está volviendo más flexible? ¿Karin realmente se irá al internado? ¿Se esperaban ese beso?

Me encantará ver sus teorías y otras dudas que aún tengan en los comentarios n.n

Bokken: es una espada de madera que se usa en algunas artes marciales, entre ellas, el kendo.

Agradezco a todos el apoyo y la paciencia, pues las historias de la Horror Week SasuKarin, aún seguirán actualizarse una por semana hasta terminada la semana del Día blanco. Sin embargo, volveremos a dos actualizaciones por semana. Por cierto, la semana del Día blanco inicia el próximo fin de semana, así que falta muy poco para volver a las dos actualizaciones por semana. Claro, la próxima semana tendremos historias del Día blanco que espero les gusten cuando las lean n.n

Sin más, los dejo por ahora n.n

¡Hasta la próxima actualización!