Como ya saben nada de esto nos pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer, la autora de esta hermosa historia es la autora FyreByrd y la traducción es de AlePattz, Sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo permiso de la autora para publicar la traducción.
Thank you Fyrebyrd for allowing us to share this beautiful story in Spanish.
Nota de la autora: Edward ha llegado a Seattle.
Capítulo 7: Prohibido girar en U
EPOV
Llegué a Seattle ayer a última hora de la tarde y debí haberme reunido con la señora Hale entonces, ya que no pude dormir una mierda. Mi mente se agitó durante toda la noche, haciéndome sentir inquieto e incómodo. Más vale que sus razones sean justas, porque podría estrangularla si resulta que no es nada.
Después de reservar mi vuelo, fijamos una reunión para esta mañana a las once. Apenas son las siete y ya llevo horas despierto. El sueño que he tenido ha estado lleno de pesadillas en las que María fingía preocuparse por Seth para recuperarme. Solo pensar en ello me produce escalofríos.
Me pongo unos pantalones cortos de baloncesto y una camiseta sin mangas y me dirijo al gimnasio del hotel para intentar eliminar algunas de mis frustraciones. Esta reunión me tiene en vilo. No puedo precisarlo, pero siento que se avecina algo, algo sobre lo que no tendré ningún control, y eso hace que me arda el estómago.
Ansío tener el control en todos los aspectos de mi vida. Desde la cocina, hasta la forma de criar a mi hijo, pasando por el sexo, estoy al mando. Esa es la razón por la que voy a abrir mi propio restaurante. Después de volver a Chicago, conseguí un trabajo en Bleu. Es un establecimiento de alta cocina y, cuando el jefe de cocina se dio cuenta de mi potencial, pude crear mis propios platos de autor. Eso me encendió el fuego, avivó mi pasión. El hecho de que los clientes me pidieran específicamente que les cocinara algo único me hizo darme cuenta de que tenía lo que había que tener. Así empezó el proceso de abrir mi propio local. Aunque todavía estoy en las primeras etapas, el bullicio ya ha comenzado.
Cuando llego al gimnasio, voy directamente a la cinta de correr. Primero necesito aflojar los músculos y hacer que mi corazón bombee. Cuando termino allí, me dirijo a las pesas libres. Levanto, hago curl y bench (1) hasta que soy un desastre de sudor. Cuando el ardor de mis músculos coincide con el de mi estómago, sé que es hora de parar.
Alguien me llama cuando estoy a punto de salir por la puerta.
Me detengo y me giro, buscando a la persona que interrumpe mi retirada. Mis ojos se posan en una alta rubia fresa, vestida con pantalones de yoga y una camiseta de tirantes. Se balancea por la habitación en mi dirección.
Levanto una ceja. "¿Puedo ayudarle?"
Una sonrisa socarrona se levanta en la comisura de su labio. "Esperaba poder ayudarte".
Dejo que mis ojos la recorran de pies a cabeza. Incluso sin maquillaje, es una mujer impresionante; alta, de complexión voluptuosa, resaltada por un buen busto y los ojos más azules que he visto nunca. Pero incluso con todo eso a su favor, no puedo responder. No me llama. No siento nada más allá de este ardor en el estómago, que se ha apoderado de mí y no se saciará hasta que sepa por qué estoy aquí.
"Lo siento, no creo que eso sea posible hoy. Tal vez otro día y en otras circunstancias", le digo, dedicándole la sonrisa más encantadora que puedo. Me doy la vuelta y la dejo con una expresión de confusión en la cara.
Cuando llego a mi habitación, decido ducharme y dirigirme al hospital. ¿Y qué pasa si llego un poco antes? Me estaciono en el primer lugar que encuentro y apago el coche rentado, permanezco sentado, agarrando el volante con fuerza bajo mis dedos. Las respiraciones profundas me ayudan a calmar los latidos del corazón, pero el ardor sigue presente.
Me dirijo a los ascensores y subo a la planta de la señora Hale, la tensión aumenta a cada paso que doy. Cuando llego al escritorio de la secretaria, ella levanta la vista y una lenta sonrisa se dibuja en su rostro. "Buenos días, señor, ¿en qué puedo ayudarle hoy?".
¿Soy yo o todas las mujeres a la vista están actuando de forma sugerente hoy? No tengo tiempo para ello. "Soy Edward Masen, vengo a ver a Rosalie Hale".
Se aclara la garganta y parece avergonzada. "Por supuesto, puede tomar asiento y le haré saber que está aquí".
Asiento con la cabeza y me dirijo a los sillones para tomar asiento. Ojeo los títulos de las revistas que hay en la mesa auxiliar de cerezo y finalmente me decido por la última revista de cocina. Después de hojear unas cuantas páginas, resoplo y vuelvo a dejar la revista donde la encontré.
La secretaria levanta la cabeza. "¿Le divierte algo, señor Masen?" Levanta una ceja.
En cualquier otro momento, este tipo de coqueteo me parecería simpático, pero ahora no. En este momento simplemente lo encuentro molesto. "Si lo fuera, no sería de su incumbencia. Tiene que coger el teléfono y avisarle a la señora Hale de mi llegada", le digo.
Parece avergonzada antes de volver a su trabajo. Casi me da pena, pero entonces recuerdo las circunstancias en las que estoy aquí y la ira se apodera rápidamente de mí. Es una secretaria, joder, es su trabajo.
Finalmente, coge el teléfono y llama a la señora Hale, haciéndole saber que estoy esperando. "La señora Hale dice que estará con usted en breve". Asiento con la cabeza y cojo otra revista para mantenerme ocupado e ignorar que ella está en la habitación.
Después de varios minutos más de estar sentado fingiendo, se abre la puerta del despacho de la señora Hale. Para mi sorpresa, sale un hombre. Va vestido con pantalones de vestir y una chaqueta abotonada y, cuando pasa, me fijo en la placa que lleva en la cadera. ¿Tal vez algún tipo de policía?
El ardor se intensifica.
De ninguna manera tiene que ver con el motivo por el que estoy aquí, razono para mí mismo. Es solo una coincidencia. Llego temprano y por casualidad me encuentro con su reunión anterior. Podría ser la seguridad del hospital o cualquier otra cosa. No hay razón para dejar que mi mente vaya a lugares que no están justificados.
Cuando la puerta de la señora Hale se abre de nuevo, una mujer rubia que probablemente tenga treinta y muchos o cuarenta y pocos años está de pie en la puerta. Sus ojos se abren imperceptiblemente. "¿Señor Masen?" Se dirige hacia mí con la mano extendida. Me levanto y cojo la suya. "Soy Rosalie Hale, gracias por venir en persona".
Resoplo. "¿Tenía elección?"
Se ríe ligeramente, pero hay algo más. Algo que no puedo determinar. "No, señor Masen, no tenía elección. Le habría traído aquí de una forma u otra".
Retiro mi mano. "Sigue diciendo eso, pero no puedo imaginar ninguna razón para que un tribunal me ordene venir aquí".
Su rostro se torna sombrío. "Le aseguro que después de que hablemos lo entenderá". Se da la vuelta y se retira a su despacho dejando la puerta abierta tras ella.
Hago caso a la señal y la sigo. "Bueno, vamos a ello entonces, estoy cansado de toda esta mierda de capa y espada".
Ella suspira. "Lo comprendo, señor Masen, como lo demuestra que haya venido aquí. Por favor, siéntese y vayamos al grano. Créame; esto va a ser casi tan difícil para mí como para usted".
"Mire, ahí está otra vez". La señalo. "¡Todos estos pequeños comentarios que sigue haciendo! ¿Qué carajo podría decirme que vaya a ser 'difícil'?" Hago comillas al decir la palabra. "No dejé nada pendiente en Seattle cuando me fui y, maldita sea, nunca planeé volver". Me cruzo de brazos. "Ahora que me tiene aquí, señora Hale, le sugiero que empiece a hablar antes de que salga por esa maldita puerta".
"Siéntese", exige, señalando la silla de mi izquierda.
Obedezco, pero solo porque quiero algunas malditas respuestas. Estoy harto de esta puta mierda. Todo lo que parece hacer es cabrearme más. Retorcerle el cuello es cada vez más probable.
"Primero, necesito preguntarle sobre su esposa".
"¿Qué coño pasa con ella?" Si esa perra es la razón de esta visita, tal vez tenga que perseguirla.
Le sorprende la hostilidad de mi tono. "Quiero decir, ¿dónde está?"
"Se ha ido".
"Siento su pérdida", me consuela.
Yo suelto una carcajada. "No lo sienta. Era una perra que no podía amar a su hijo. Que le vaya bien".
"Oh, ¿divorciado entonces?", indaga más.
"Mire, señora Hale, María se fue antes de que Seth tuviera siquiera seis meses. No la hemos visto desde entonces, no forma parte de nuestras vidas. ¿Es por eso que estoy aquí? ¿Algo qué ver con ella?"
Ella sacude la cabeza. "No, es que no quería excluirla, ya que esto también le concierne a ella, ya que es la madre de Seth".
Pongo los ojos en blanco ante la idea. "No es su madre y ha renunciado a sus derechos. Mientras no se trate de ella, no tiene nada que ver con ella".
Asiente con la cabeza. "Es posible que haya que ponerse en contacto con ella después de escuchar lo que tengo que decir".
Resoplo. "Ni hablar, pero adelante, vamos a escucharlo".
"Señor Masen", empieza ella. "No sé cómo prepararle para lo que voy a decir, así que escupirlo parece la mejor opción".
Asiento con la cabeza y me preparo para esta información "difícil".
"Voy a necesitar que me proporcione un hisopo de mejilla para el análisis de ADN, y aunque sé lo que encontraremos, esto lo hará oficial", dice, mirándome directamente a los ojos.
"¿Oficializar qué? ¿Y a qué carajo se refiere con un hisopo de ADN?" Exijo. Ya está otra vez hablando en círculos sin ir al grano.
"Verá, cuando nació su hijo, Seth Masen, hubo otro niño que nació aproximadamente dos minutos después que él". Asiento con la cabeza, sin entender qué tiene que ver eso con nada. Ella respira profundamente. "De alguna manera, estos dos bebés se mezclaron antes de recibir sus brazaletes de identificación. Seth fue entregado a usted y a la señora Masen, y Jacob a otra familia. Ya la policía está involucrada y puedo asegurarle que, si fue con malicia, el culpable será encerrado".
Mi mente da vueltas mientras repite sus palabras una y otra vez. El ardor que había retrocedido comienza a crecer y a florecer hasta convertirse en un infierno en mi interior. Repaso una y otra vez sus palabras. Por supuesto, Seth nos fue dado, es nuestro hijo. ¿Y quién es Jacob? ¿Por qué lo ha mencionado?
"Señora Hale, lo siento, pero no entiendo a dónde quiere llegar. Por supuesto, Seth nos fue entregado", digo, tratando de comprender sus palabras.
"Sí, pero eso fue un error. Los brazaletes de identificación se pusieron en los bebés equivocados. Su hijo no es realmente el bebé que llevaba su mujer. Lo siento", se disculpa.
El infierno explota.
Salto de mi asiento haciéndolo caer detrás de mí. "¿Con quién coño cree que está jugando, señora Hale? ¿La ha contratado María para que me gaste esta broma de mierda? Demandaré a este hospital y haré que cierre sus puertas por joderme así". Me salpica saliva de la boca mientras le escupo toda mi rabia contenida.
Se pone de pie para igualar mi posición, sin retroceder. "Señor Masen, entiendo que esté molesto, pero esto no es una broma. Seth Masen no es su hijo biológico".
"¡Váyase a la mierda, puta mentirosa! Puede irse directamente al infierno con esta mierda", le espeto y salgo furioso por la puerta, oyendo cómo se estrella contra la pared con un fuerte golpe mientras me dirijo al ascensor.
Aprieto y suelto los puños mientras desciendo y salgo del hospital. Es todo lo que puedo hacer para mantenerme con la rabia que fluye a través de mí. Salgo furioso hacia mi coche y me dirijo directamente al primer bar por el que paso. Me apetece un buen trago.
Tomo asiento y llamo la atención del camarero. "Un chupito de bourbon".
Lo deja caer delante de mí en un santiamén y yo lo trago y bajo el vaso de golpe. "Que sea doble esta vez".
Él levanta una ceja, pero se mueve para cumplir.
"Qué casualidad encontrarte aquí. ¿Un lugar diferente, unas circunstancias diferentes?", pregunta.
Dejo que mis ojos se deslicen hacia la voz que ya reconozco. La rubia fresa de esta mañana. Deslizo mi mano hacia ella y la pongo sobre su muslo, deslizándola hasta el borde de la falda. "¿Es esto lo que quieres? ¿Conocer a un tipo en un bar y dejar que te lleve a casa y te folle? ¿Sin nombres, sin sentimientos?" Aprieto su falda con la mano. "Lo siento, no soy ese tipo, incluso en un día como hoy. Especialmente en un día como hoy. Hazte un favor y piérdete". Suelto mi mano y me tiro la bebida a la garganta.
El escozor del alcohol solo intensifica el ardor que he sentido durante todo el día. Sabía que esa maldita reunión era una mala idea, pero no puedo dejar de oír lo que ha dicho. Está ahí, agitándose y chisporroteando como la lava de un volcán antes de una erupción. Me levanto de mi asiento y salgo del bar. En lugar de ir a mi coche, empiezo a caminar.
Caminando y pensando.
Mi hijo, mi pequeño, no es realmente mío. Pero biológico o no, es mi hijo, el niño al que he amado y cuidado durante tres años. Soy el único padre que ha conocido y nadie puede quitarme eso. ¿Pueden? No tengo ni puta idea. ¿Ya han avisado a los otros padres? Y si es así, ¿quieren a mi hijo? Pero también hay otro niño, parte de mi sangre. ¿Lo quiero? No a costa de Seth, pero está ahí fuera y podría necesitarme. ¿Qué mierda se supone debo hacer?
¡Joder! Me agarro el pelo con fuerza con ambos puños. Demasiadas preguntas para las que no tengo respuestas. Mi mente da vueltas y vueltas hasta que se me ocurre dónde podría obtener esas respuestas. Rosalie Hale. La he fastidiado con ella y he perdido la calma, pero seguro que lo entiende. Imagino que no todos los días le dice a un padre que su hijo no le pertenece y que su hospital tiene la culpa.
Dejo de caminar y me doy cuenta de que estoy a tan solo una manzana del hospital. Incluso en este estado volátil, mi mente sabe lo que tengo que hacer. Aprovecho el resto de mi caminata para centrarme. No puedo ir allí a medias y con rabia. Tengo que ser razonable y asertivo. Obtener las respuestas que necesito sin dar mucha información sobre mi vida y la de Seth.
Mientras estoy de pie en la acera frente al hospital, respiro profundamente varias veces y las suelto lentamente. La lava que se ha ido acumulando empieza a retroceder. Pienso en mi hijo en casa y en lo que él necesita que yo haga. Necesita que yo sea su padre y eso es exactamente lo que haré.
Saco el móvil y hago una llamada antes de entrar. Necesito sentir la conexión ahora mismo. "¿Qué pasa, hermano, has averiguado lo que quería esa señora?" pregunta Jay, en lugar de un saludo.
"Pon a Seth al teléfono", suspiro en la línea.
"¿Qué se te ha metido en el culo?"
No puedo ni empezar con esta mierda ahora mismo, no cuando no tengo ninguna respuesta. "Mira, hombre, solo consigue a Seth para mí. Te llamaré esta noche y podremos hablar".
"Suena siniestro", dice, y luego se gira y grita llamando a Seth.
Resoplo. "¿Tú crees?"
"Vamos, hombre, no puedes dejarme colgado si es tan malo", se queja.
"Jay, ahora mismo no puedo, pero te prometo que tendrás noticias mías más tarde, ¿vale?". Mi voz le suplica que comprenda y me dé el espacio que necesito ahora mismo.
"Vale, hombre, aquí está el pequeño".
"Oye, papá, ¿cuándo vas a venir a casa?" El solo hecho de escuchar su voz entierra la lava más profundamente.
Sonrío para mis adentros. "No lo sé, amigo. Pero volveré en cuanto pueda. ¿Te estás divirtiendo en casa de Jay y Vic?"
Se pone a contar historias de ver películas y del escondite, y me cuenta todos los momentos desde que lo dejé ayer por la mañana. Cuanto más habla, más me relajo al imaginarlo haciendo todo lo que describe.
Me río cuando me dice que estuvo escondido dos horas enteras jugando al escondite. "¿Dos horas?"
"Sí, papá. El tío Jay tuvo que venir a buscarme porque Jared y Joseph no pudieron encontrarme", dice como si fuera lo más obvio del mundo.
"Vaya que sí fue un buen escondite". Le sigo la corriente.
"Sí, es un secreto. Te lo diré si no se lo dices a nadie".
"Papá te ama, Seth", digo en voz baja al teléfono. Su total confianza en mí, convirtiéndome en un padre ñoño.
"Yo también te amo. ¿Estarás pronto en casa?", pregunta con esperanza en su voz.
"Papá te verá pronto". No sé si volveré a Chicago o lo traeré aquí, pero en cualquier caso, me reuniré con Seth lo antes posible. Lo necesito a mi lado ahora más que nunca. "Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?"
"Vale, voy a jugar, adiós, papá".
"Adiós, amigo", digo en un receptor silencioso. Ya ha terminado la llamada.
Mi atención se centra de nuevo en el hospital; es ahora o nunca. Empiezo a caminar hacia la entrada, solo que esta vez voy con los ojos bien abiertos.
Soy un hombre con una misión, una misión de respuestas.
Me paseo despreocupadamente por los pasillos e incluso subo las escaleras. Todo lo que puedo hacer para tranquilizarme más. Necesito los minutos extra. Minutos para controlarme y mantenerlo.
Cuando por fin llego a la planta de la señora Hale, ni siquiera me molesto con la secretaria. La señora Hale me verá ahora. Me dirijo directamente a su puerta. "Señor, señor, no puede..."
Sus palabras cesan cuando empujo la puerta y entro en el despacho. Allí, sentada en la silla que yo había ocupado anteriormente, hay una mujer de pelo castaño.
La cabeza de la señora Hale se dirige a mí. "Señor Masen, ha vuelto".
Al oír mi nombre, la mujer se levanta de un salto y me mira. Se tapa la boca con las manos y se le escapa un jadeo. "Jacob", dice en un murmullo jadeante.
Me concentro en sus ojos y veo que se le acumulan las lágrimas. Unos ojos muy parecidos a los de mi Seth que me sumergen en un mar de confusión. Esos mismos ojos giran hacia su cabeza antes de que su cuerpo se quede sin fuerzas.
Me abalanzo sobre ella y la atrapo justo antes de que caiga al suelo.
(1) Curl se refiere a una flexión bien del brazo o de la pierna en la que se trabaja el bíceps o el femoral respectivamente; y bench es un ejercicio compuesto que entrena los pectorales (músculos del pecho), los tríceps y los deltoides frontales (hombros). Es un gran potenciador de la masa muscular de la parte superior del cuerpo.
