Star Wars pertenece a Disney (creado por George Lucas)
Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Harem de Anakin: Padme Amidala, la futura maestra del consejo Adi Gallia, las caballeras Jedi Bultar Swan y Luminara Onduli.
Harén de Harry Potter: Hermione Granger, Susan Bones, Daphne y Astoria Greengrass, Parvati y Padma Patil. Aayla Secura y Maris Brood.
Star Wars: El Nuevo Camino
Capítulo 41: Por el Balance.
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Rykkan lanzó una carcajada, ante las palabras de su Padawan, mientras se preguntaba, si acaso algún usuario del Lado Oscuro del pasado, algún Lord Sith presente en el Gran Periodo Manifiesto o alguno presente durante los hechos de la Gran Guerra Híperespacial, no hubiera aceptado tomar a Harry, como su Padawan oscuro. ―La Fuerza misma, te otorgó tu título oscuro. Darth Tharto: El Revolucionario. Causarás un gran conflicto en la Galaxia, cuando volvamos y una vez, que decidas venir. Jedi o Sith, serás verdaderamente alguien a quien se tendrá en cuenta.
Harry no pudo evitar, que algunas lágrimas, asomaran por sus ojos y colocar una mano en el hombro del antiguo Darth Revan. ―Gracias por sus palabras, Maestro. No sabe usted, lo mucho que estas significaban para mí. ―Una Molly Weasley, todavía enfadada por la forma en la cual Harry Potter, estaba hablándole a Dumbledore, le sirvió su comida de mala manera, aunque si él lo vio así o no lo hizo, entonces no realizó comentarios o directamente, no se fijó en eso.
Todos comieron, pero pronto apareció un león fantasmal, entrando por la ventana. ― ¡Mortífagos en Maidstone!
Rainee meditó por un segundo, para saber el nombre, rostro y trabajo del dueño de ese Patronus y le pasó la información a Harry, gracias a su enlace, por ser maestra y Padawan. ― ¿Rufus Scrimgeour, renunció a su trabajo solo para informarte sobre los ataques Mortífagos? ―preguntó Harry sorprendido. Dumbledore lo miraba con los ojos muy abiertos, pues no sabía que Harry conocía a ese hombre.
―Quién lo diría de Scrimgeour, ¿verdad? ―Dijo Lily divertida. ―Más de uno, creería que llegaría a obtener los puestos de Jefe de Aurores y Ministro de Magia, algún día.
― ¿Y en qué trabaja el pobre, ahora que ha perdido su trabajo, por culpa de sí mismo, al negarse a firmar el contrato y ya no poder seguir como Auror? ―preguntó Harry mientras miraba fijamente a Dumbledore, haciéndolo saber que le culpaba por la situación de Rufus y otros. El pelinegro se puso de pie, tan pronto como terminó de comer, caminando hacía la chimenea.
―Él, junto a antiguos Aurores, quienes perdieron sus trabajos, por no firmar los nuevos contratos, pero no estaban aliados con Dumbledore, tienen una oficina de detectivismo privada y trabajo de escolta ―contestó Sirius, sonriente ―no parece que les vaya mal... ―solo entonces, todos se dieron cuenta del resplandor verde de llamas. Harry, se había ido mientras que ellos discutían.
Dumbledore se apresuró en llegar a la chimenea y agarró un puñado de polvos Flu. No podía permitirse, que El-Niño-Que-Vivió, murieran en manos de unos Mortífagos, en un ataque al azar. Esto no era un plan a gran escala, ni en grandes proporciones, ni tan siquiera significativo. Si tuviera pistas de que Tom estaría involucrado, entonces no intentaría detener el ataque de Harry, pues podría concretar la profecía (a pesar de que ya sabía, que Harry no era un Horrocrux y que la profecía no se concretaría, como él había creído por casi una década) pero no era así. ¡Harry necesitaba urgentemente de su orientación, para que pudieran ganar la guerra! Cuando salieron en una casa cualquiera, que estaba conectada al Flú, vieron a Harry quien se estaba colocando una máscara sobre su rostro. ―Señor...
―Si llevo una máscara, es por un motivo ―le interrumpió el pelinegro enmascarado. Dumbledore se puso literalmente recto. No estaba acostumbrado a que le interrumpieran, pero incluso después de casi cinco años, todavía se creía una figura de autoridad gubernamental o institucional, cuando solo lo era ante los ojos de los miembros de la Orden del Fénix. ―No digas mi nombre en voz alta y a cambio, no les provocaré más problemas a ti y a tu grupito de rebeldes, con el Ministro Fudge y Amelia Bones ―Vio a Rainee salir junto a Harry y a Rykkan cubriendo su rostro, con una máscara parecida a la de Harry. Los tres salieron primero y extendieron sus manos, atrayendo a dos Mortífagos hacía ellos, para luego tocar sus frentes y hacerles caer al suelo.
La Orden del Fénix salió de la casa y vieron a Rainee extraer de entre sus ropas, un artefacto pequeño y alargado, que brillaba con un color azul. ― ¡¿Qué está haciendo?! ―se preguntó Dumbledore confundido y atemorizado.
―Albus, el miedo ―dijo Harry, calmado y cruzado de brazos, viendo a su maestra actuar, inyectando esos dos Mortífagos. ―No lo olvides... La lección del maestro Yoda.
―El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. ―Dijo Nymphadora "No me llames Nymphadora" Tonks. ―El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento.
― "Exactamente" ―susurró Harry ―En cuanto a esto: Es suero de la Verdad.
―Veritaserum ―tradujo Lily calmada.
― ¿Cuántos Mortífagos, acabaron en Azkaban? ―preguntó Harry, mientras miraba los alrededores y vio a algunos Trolls, alargó su mano derecha y los calmó lentamente, mientras que la Orden del Fénix, comenzaba a enfrentarlos y así, Harry se permitió liberarlos.
―Diez, quizás ―gruñó Alastor "Ojo Loco" Moody.
―Encárguense de que no los libere ―dijo Harry. ―Junto a todos los otros encarcelados, entonces será así, como mantendremos el Balance.
Dumbledore apretó los puños y su mandíbula se puso rígida. Balance y más balance. Era lo único de lo que hablaba Harry. Pero él era más viejo y sabio, sabía que la oscuridad debía de ser derrotada para siempre, matando a Tom Ryddle y permitiendo que los Mortífagos, reflexionaran dentro de Azkaban, sobre sus malos actos y cuando se arrepintieran, al entender lo que la luz ofrecía, entonces se les daría una nueva oportunidad.
Cuando quiso darse cuenta, solo sus reflejos, le permitieron desviar tres maldiciones que iban hacía él. Parpadeó y vio que ahora se encontraba en una guerra campal. Pero viéndolo mejor, reconoció a los Aurores repartidos, la Orden del Fénix, formaba parejas para atacar y defender. Entonces, buscó con la mirada, esperando encontrarse con los hombres de togas negras y máscaras de cráneo, solo para quedar aún más confundido que antes, al reconocer personas con máscaras que solo cubrían su nariz, boca y mentón. ― ¡ESAS NO SON LAS MÁSCARAS DE LOS MORTÍFAGOS! ―pensó sorprendido, mientras se defendía y contraatacaba, aturdiéndolos o usando la Maldición de Cuerpo Entero (Petrificus Totalus). ― ¿Por qué nos atacan, entonces?, ¿atacarán acaso a todos los que se metan en su camino o saben que estos son Aurores y la Orden del Fénix y en realidad, ellos trabajan para Tom?
Uno de los desconocidos enemigos, esquivó un aturdidor de alguien y respondió con una maldición que tenía muchos picos aquí y allá y que golpeó a Arthur Weasley, haciéndolo caer al suelo― ¡Morsmordre! ―Las nubes nocturnas se tornaron verdes y formaron el cráneo, con la serpiente saliendo de su boca.
― ¡Son nuevos reclutas Mortífagos! ―chilló Dumbledore, al ver el símbolo en el cielo. Sin quitarle la vista de encima ―Pero... pero se supone, que solo su círculo íntimo podía saber... ―Dumbledore fue golpeado en el estómago, por un Flipendo. Se escuchó, como si algo desgarrara el aire, múltiples veces. El anciano abrió sus ojos y miró alrededor. ― "Aurores" ―susurró, mientras veía a los Policías Mágicos, hacer acto de aparición. También llegaron los "Soldados Mágicos": los Magos y Brujas de Choque, enfrentando a los Mortífagos, quienes, al verse abrumadoramente superados en grupo, se marcharon mediante la Aparición.
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Cuando estos volvieron ante su maestro, él los castigó dolorosamente con el Cruciatus, por haber huido y sin entender o querer comprender, que eran superados diez a uno. ―El Ministerio, parece estar siendo un enemigo difícil de derrotar ―gruñó Voldemort ―un hueso duro de roer. Pero jamás me hubiera imaginado que tanto.
