Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 5: Malestar matutino

29 de marzo

Puaj.

Kikyo se enjuagó otra vez la boca y escupió. Fuera cual fuera el virus que había pillado en esta jungla desamparada, le estaba haciendo sentirse horrible. Odiaba el bosque. Odiaba los bichos que picaban. Odiaba los ataques de demonios. De verdad que odiaba el agua sin filtrar. Odiaba todas y cada una de las cosas de este penoso lugar.

Tras coger otro puñado de agua para enjuagarse el sabor de la boca, Kikyo suspiró. No era este lugar lo que tanto odiaba, era estar lejos de su marido y de su hija lo que la estaba carcomiendo.

Los echaba de menos.

Echaba de menos contarle historias a Kaede antes de que se fuera a dormir. Echaba de menos la cálida sonrisa de su marido cuando la saludaba cada día. Echaba de menos los besos por la mañana. Echaba de menos los baños calientes de burbujas. Echaba de menos su ración diaria de helado. Echaba de menos ir a clase para poder seguir aprendiendo sobre su nuevo mundo. Incluso echaba de menos oír roncar a Hojo por la noche, resultaba difícil dormir sin eso.

Solo habían pasado dos días, pero parecía toda una vida.

El agua había goteado de entre sus dedos, así que recogió un poco más. Esta vez, dio varios sorbos y empezó a remover la asquerosa agua llena de virus. Oh, bueno, era mejor que el sabor de su desayuno regurgitado. El pescado cocinado en la fogata no había sabido demasiado bien al comerlo. Fue incluso peor cuando volvió a subir. ¿Cómo había vivido así durante tanto tiempo? Echaba de menos los gofres con bayas y las torrijas con mantequilla y los cereales con azúcar y leche helada.

Odiaba de verdad este lugar.

¿Volvería a casa alguna vez? ¿Volvería a ver a su familia otra vez? ¿Estaba atrapada en esta horrible pesadilla para siempre? Lo único que evitaba que se volviera loca era el hecho de que la joya ya no parecía darle importancia a ella. Mientras no estuviera atada a la joya, todavía había una posibilidad de que pudiera encontrar de nuevo su propio mundo… bueno… su NUEVO propio mundo.

A menos que… a menos que necesitase el poder de la joya para volver. Después de todo, sí que la había tenido cuando se fue por primera vez.

Kikyo dejó que su mirada cayera sobre Kagome pensativamente.

La chica era irritantemente animada y buena. Aunque sí que tenía una constitución ligeramente atlética, todavía había suavidad en ella. Probablemente no sería demasiado difícil quitarle la joya, incluso si eso suponía una pelea. Simplemente tendría que encontrar una forma de conseguir que la chica estuviese sola…

Un escalofrío recorrió la espalda de Kikyo.

Giró lentamente la cabeza mientras paraba de remover el agua en su boca por un momento. Inuyasha la estaba fulminando con la mirada, sus ojos dorados prácticamente chispeaban fuego. La mano de su espada parecía estar temblando y su cuerpo parecía estarse preparando para una batalla.

El agua se escurrió por su barbilla mientras sonreía y soltaba una pequeña carcajada. Giró la cabeza rápidamente para escupir el agua y luego se limpió la boca. Le divertía. Inuyasha pensaba que era una amenaza para su compañera. Hubo una vez en que la había protegido así a ella. Aunque nunca con tanta cantidad de ferocidad.

Pero ¿la chica era de verdad su compañera? Por la forma en la que la protegía y la miraba, nadie dudaría de que la había escogido como su compañera. Pero no dormían juntos. Kikyo nunca los había visto besarse o tocarse en forma alguna que fuera muy íntima, ni siquiera se daban la mano. Eran tontos si estaban esperando. La vida era demasiado incierta como para no agarrarse al amor con ambas manos y no soltarlo nunca. Cuando volviese con Hojo, no iba a volver a dejar que saliese de su vista.

¿Le había dicho que lo amaba aquella noche? ¿Sabía cuánto lo amaba en realidad, cuánto significaba para ella? ¿Por qué no se lo había dicho más a menudo? ¡Y ni siquiera lo había besado lo suficiente! Una vez por la mañana, una vez cuando llegaba a casa, una vez mientras hacía la cena y un par de veces antes de irse a dormir simplemente no eran suficientes. ¿Por qué no lo había besado en cada oportunidad que había tenido?

—¿Te encuentras algo mejor? —preguntó Kagome mientras se acercaba.

Los dedos de Kikyo picaron por coger la joya, por encontrar una forma de obligarla a que la llevase a casa de regreso con su marido y su hija. Un gruñido agresivo le hizo guardarse las manos, ya que ser destripada por el hanyou no estaba exactamente en su lista de cosas que hacer ese día.

—Sí, gracias.

—Encontraremos una forma de arreglar esto —dijo la chica con seriedad.

Kikyo cerró los ojos.

—Eso espero.

El zorrito arrugó la nariz cuando se puso al lado de Kagome.

—Hueles raro —le dijo a Kikyo.

Ella entrecerró los ojos.

—Acabo de vomitar por todas partes. Me preocuparía más que no oliese raro después de eso. —Se le aligeró el corazón durante un breve instante cuando Kagome soltó una risita. Pero lo aplastó, sintiéndose un poco culpable por el desliz. ¿Cómo podía ser tan egoísta como para disfrutar nada hasta que encontrase una forma de volver con su familia?

—Claro que sí, está embarazada —dijo Inuyasha mientras se acercaba y cogía al zorrito por la cola y lo ponía en los brazos de Kagome.

—¿Qué? —Kikyo se quedó boquiabierta.

Todos los que estaban en el campamento pararon de moverse.

—¿Qué? —preguntó Inuyasha mientras todos se le quedaban mirando.

—Qué delicado —dijo Miroku riéndose desde la fogata antes de que Sango le hiciera callar.

Kagome sonrió con empatía, se puso de rodillas al lado de Kikyo y preguntó con amabilidad:

—¿Tienes una falta?

Kikyo inspeccionó rápidamente sus recuerdos, intentando recordar frenéticamente la fecha de su último período. Oh, sí. Tenía una falta bastante grande.

—Eso… eso no significa nada…

—¿Cuánto tiempo llevas encontrándote mal por la mañana?

—No puede ser cierto —dijo, ignorando la pregunta de la joven miko—. No puedo… estoy… no… ahora no… ¡no mientras estoy AQUÍ!

Iba a tener un bebé. Pero Hojo no estaba allí para compartir esto con ella. Puede que nunca fuera a estar con ella otra vez. Y Kaede…

Kikyo se lanzó frenéticamente hacia Kagome con intención de coger la joya. Antes de que pudiera parpadear, Inuyasha estuvo delante del cuerpo de Kagome con la espada desenvainada. Kikyo lanzó un puñetazo. Dolió horrores, muy posiblemente se había roto algunos huesos de la mano, pero no paró de golpear. O de dar patadas. O de tirar del pelo que encontró y de arañar cualquier trozo de piel que encontró. TENÍA que llegar a casa. Tenía que volver con su familia. Kagome y la joya eran las únicas llaves.

—¡MÁNDAME A CASA AHORA MISMO!